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FRIEDRICH SCHLEIERMACHER (1768) Alemania

Si, en su mayor parte, la actividad humana produce lo bello, entonces producir y recibir
son lo mismo. No podemos resolver aún la cuestión del arte como imitación de la
naturaleza porque no hemos determinado adecuadamente el concepto de lo bello ni el
concepto del arte. Al cabo, podríamos decir que el mundo entero es una obra de arte y
que, si no nos lo parece, la culpa corresponde a la imperfección de nuestra perspectiva
y a lo limitado de nuestra observación. El goce de este arte divino se ha considerado
siempre el destino más elevado del hombre, mediante el cual tendría que volver a
sentirse artísticamente conmovido (música eterna y poesía de la revelación).
Lo carente de arte es la inmediata identidad de la excitación y la expresión.
En la función cognoscitiva se encuentra, en primer lugar, el saber con su correlato, el
lenguaje. El arquetipo es la fuente de la medida y, al ser consciente al mismo tiempo,
cuanto más intervenga menos aparecerá lo pasional, que es inconsciente.
El arte es un juego en contraposición a la actividad organizativa, que es un trabajo, y al
conocimiento objetivo, que es también una tarea, una ocupación que consiste en
percibir el mundo tal y como se da, según la contraposición relativa entre hombre y
mundo; por el contrario, el arte, que no depende de esa contraposición, es un
entretenimiento del hombre consigo mismo, un juego, y no tiene otro objeto que la
propia contraposición. Puesto que el arte en general surge del confuso juego de la
fantasía, su perfección consistirá en el modo en que se opone a ese juego.
El juego confuso es la masa, es decir, la multiplicidad indeterminada, en la que la
unidad y la pluralidad no se distinguen y no se sabe si se tiene delante una serie de
representaciones o una sola representación que se está desarrollando.
Por el contrario, el arquetipo de una obra de arte es una tensión de opuestos y, por
tanto, unidad y pluralidad determinadas, y tiene que distinguirse de dos modos del
juego confuso. Por un lado, mediante la determinación de la singularidad, en la que
consiste la perfección elemental, y por otro mediante el modo en que la pluralidad,
como totalidad, se cierra en sí misma, en la que consiste la perfección orgánica.
El contenido del arte y el de la ciencia son el mismo, pero la ciencia es receptividad y
el arte es productividad. Pero, en la actividad formativa, todo lo singular está, si no
recíprocamente condicionado, en una conexión universal y adecuada a un fin.
En el arte, por el contrario, todo es expresión carente por completo de finalidad.
La unificación de las artes lleva igualmente a la diferencia entre el arte antiguo y el
moderno, pues esa unión es distinta en cada uno de ellos. En el arte antiguo
encontramos un impulso mayor de las artes a reunirse, y en el moderno un impulso
mayor a separarse. Los antiguos expresaban su idea del mundo en el ciclo mitológico.
El tipo general del arte moderno es musical, subjetivo; el tipo general del arte antiguo
es plástico y objetivo. La verdad de la vida real está en la falta de medida, porque la
medida es una perturbación, quiero decir una perturbación de lo que la dirección
singular por sí sola habría podido producir a través de la infinita multiplicidad de los
estímulos entrelazados. Si se plantea esta cuestión de cuál es la verdadera utilidad del
arte y no se tiene a la vista nada más que la totalidad de la vida en la tierra y su
perfeccionamiento, entonces contestaremos que el arte hace que llegue correctamente
la plenitud de la moderación a ser intuición y que desaparezca lo inmoderado cada vez
más de la vida, para que la moderación penetre todo cada vez más.
Es lo que decían los griegos: el arte purifica las pasiones.