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El terror “humanista”

Tribunales revolucionarios
y paredón en Cuba
(1959)

Colección TEstimonio

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El terror “humanista”
Tribunales revolucionarios
y paredón en Cuba
(1959)

Jacobo Machover

Prólogo de Raúl Rivero

ehc
editorial hispano cubana

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El terror “humanista”. Tribunales revolucionarios y paredón en Cuba (1959)
© Jacobo Machover

© Reservados todos los derechos de la presente edición a favor de:


Editorial Hispano Cubana, Madrid, 2011.

Primera edición: Enero de 2011


ISBN: 978-84-937423-3-1
Depósito Legal: M.1445-2011

Diseño de portada: Pablo Guzmán Luna

Editorial Hispano Cubana.


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Impreso en España.

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Índice

Introducción........................................................................... 9

Primera parte: Los juicios y las ejecuciones


en el diario Revolución......................................................... 13
1) Enero: “Los fusilamientos evitarán
más sangre”..................................................................... 14
2) Febrero: “¡Merece veinte muertes!”........................... 46
3) Marzo: “Lentos los juicios”........................................ 62
4) Abril: “La revolución no se ha ensañado
con nadie”....................................................................... 79
5) Mayo: “Humanismo revolucionario”......................... 91
6) Junio: “Los complotados”.......................................... 96

Fotos: La muerte en imágenes


en la revista Bohemia........................................................... 99

Segunda parte: La muerte en imágenes


en la revista Bohemia (Edición de la libertad).................. 117
Primera parte (17 de enero):
“Contra el comunismo”................................................ 118
Segunda parte (18 de enero):
“Reportajes sensacionales”........................................... 127
Tercera parte (1 de febrero):
“Más de un millón de cubanos”.................................... 135

Conclusión......................................................................... 151

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Introducción

A pesar de las apariencias y las leyendas interesadas, la


revolución cubana ha sido, durante medio siglo, sinóni-
mo de represión para la población de la isla. Más allá de
las imágenes heroicas de Fidel Castro y su Ejército de
barbudos, gracias a la eficacia del aparato policial y de
seguridad de Raúl Castro, los Tribunales Revolucionarios
y los pelotones de fusilamiento han funcionado sin cesar,
condenando a muerte o a veinte años de cárcel a miles y
miles de personas supuestamente convictas de crímenes
cometidos durante la dictadura de Fulgencio Batista. Po-
cos minutos bastaban para enviar a un acusado al paredón,
sin la menor duda por parte de los guerrilleros repenti-
namente transformados en jueces, cuya labor consistía
en aplicar a la letra las sentencias dictadas por la única
voluntad del Comandante en jefe. Una parte importante
de la población, en el mejor de los casos, cerraba los ojos;
en el peor, aplaudía frenéticamente y festejaba el ruido
de las descargas en la antigua fortaleza colonial de La
Cabaña, en La Habana, convertida en gigantesca prisión
con paredón incluido, bajo el mando del comandante
Ernesto Che Guevara, o en cualquier cuartel de provincia
donde se fusilaba a mansalva. Los primeros meses del

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proceso revolucionario, así como los años que siguieron,
vieron una sucesión de juicios públicos, difundidos en
documentales de actualidad en los cines o transmitidos
en directo por televisión, que concluían sistemáticamente
con la condena a muerte de los principales acusados. No
sólo eso: los fusilamientos eran filmados y proyectados
por los mismos canales. Los diarios y las revistas no que-
daban a la zaga. Las fotos, a veces secuencias fotográficas
completas, ocupaban las portadas y la casi totalidad de
las publicaciones. Las autoridades castristas no preten-
dían ocultar nada de esos procedimientos bárbaros. Sus
simpatizantes a través del mundo no veían en ello nada
chocante. Después de más de medio siglo, sin embargo,
la opinión de muchos de esos partidarios de la primera
hora se ha modificado. Sin embargo, nunca se han que-
rido cuestionar sus posiciones iniciales. Pero ¿cómo han
podido olvidar? ¿Podrán, acaso, pretender que no sabían,
cuando el propósito deliberado del gobierno era precisa-
mente el dar a conocer sus exacciones al mayor número
posible, dentro y fuera de Cuba, para infundir, a la vez,
el terror (inspirado por el de la Revolución Francesa) en
los que pretendieran levantar una voz de protesta, y una
complicidad en los que se callaran?
Las condenas y las ejecuciones se han perpetuado prácti-
camente hasta nuestros días. Sus principales responsables,
los hermanos Castro, siguen aferrándose al poder para
no tener que rendir cuentas, mientras estén en vida, ante
nadie. Este trabajo es un ejercicio de memoria, un tributo
a las víctimas que no han podido expresarse.

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PRIMERA PARTE
Los juicios y las ejecuciones en el diario
Revolución

Durante sus primeros meses, la revolución cubana optó


por saldar cuentas con el antiguo régimen. Las ejecuciones
de supuestos “torturadores” y de “esbirros” de la dictadura
de Fulgencio Batista tuvieron lugar a lo largo y ancho de
la isla. Figuraron en primera plana de todos los periódicos
cubanos, provocando protestas en el extranjero, particu-
larmente en Estados Unidos, a pesar de la simpatía inicial
que allí tuvieron los guerrilleros victoriosos.
El diario Revolución, órgano del Movimiento 26 de julio
de Fidel Castro, se hizo eco cotidiano de esos fusila-
mientos, anunciándolos y recabando numerosos pronun-
ciamientos a favor de ellos, sobre todo por parte de los
intelectuales, a quienes abría generosamente sus páginas.
Algunos de ellos tomaron más tarde el camino del exilio.
Son pocos los que se cuestionaron sus posturas iniciales.
Los artículos publicados en aquella época no figuran, por
supuesto, en las distintas recopilaciones de sus obras.
Todos prefirieron olvidar aquellos errores.
Desenterrar estos escritos puede ser una manera de en-
tender su recorrido, a menudo caótico, y las profundas
rupturas entre lo escrito en Cuba y lo elaborado en exilio,

13
hasta el punto de que puede surgir la pregunta de si real-
mente se trata de los mismos autores.

1) Enero: “Los fusilamientos evitarán más sangre”


El 2 de enero de 1959 aparece públicamente, por primera
vez como diario, Revolución, el órgano del Movimiento 26
de julio. Lleva, sin embargo, el número 23 y la mención
“Segundo año”. Antes de la huida de Batista, durante la
noche del 31 de diciembre de 1958 al 1 de enero de 1959,
se trataba de un periódico clandestino y confidencial del
movimiento insurreccional. En primera plana, al pie de
página, el coronel Ramón Barquín, quien ha asumido
provisionalmente el poder en un intento de frustrarles a
los guerrilleros su victoria, anuncia:
“Estamos aquí para dar fin a la guerra civil”.
En la página 2, sin embargo, se pone de relieve en carac-
teres gruesos una consigna diferente:
“Depuración del Ejército de la tiranía y la integración
de uno nuevo que tenga como núcleo principal el
Ejército Rebelde”.
Se trata sin duda de una respuesta al coronel Barquín. La
totalidad del poder radicará muy pronto, en efecto, en las
manos de los revolucionarios. Pero, sobre todo, el texto
proclama a continuación:
“Disolución de todos los cuerpos represivos de la tira-
nía y castigo de los asesinos y torturadores”.
Nada permite aún saber qué clase de “castigo” recibirán
los principales responsables de la represión batistiana.
Pero el anuncio demuestra que aun antes de la toma del

14
poder, una decisión sobre la suerte que iban a correr
esos hombres ya había sido tomada. De hecho, en varios
lugares de la isla, las ejecuciones ya han empezado a
producirse.
El 3 de enero, Revolución anuncia:
“Entró en La Cabaña el comandante Ernesto “Che”
Guevara”.
Es precisamente allí, dentro de la prisión de La Cabaña,
que se llevarán a cabo la mayor parte de los juicios suma-
rísimos bajo la férula de los tribunales revolucionarios.
Los fusilamientos tendrán lugar en los fosos de la vieja
fortaleza colonial, bajo la responsabilidad directa del
guerrillero argentino.
Al día siguiente, sin embargo, Fidel Castro en persona
pronuncia, en un discurso efectuado en una ciudad de pro-
vincia, durante su recorrido triunfal hacia la capital, esta
afirmación reproducida en primera plana el 4 de enero:
“No habrá ya más sangre”.
El “Líder” o “héroe-guía”, tal como se le designa en esas
páginas, parece brindar garantías en cuanto a una tran-
sición pacífica entre el antiguo y el nuevo régimen, que
será presidido, durante un corto período (hasta el mes
de julio) por el juez Manuel Urrutia, quien simboliza la
intención inicialmente proclamada de instaurar un Estado
de derecho.
Fidel Castro llega a La Habana el 8 de enero. Ese mismo
día, se nombra públicamente en primera plana al hombre
que será director de Revolución hasta 1965, año de su fu-
sión con el diario del Partido socialista popular (el antiguo
partido comunista) Hoy bajo el título de Granma, diario
15
único del partido único desde entonces y hasta nuestros
días. Se trata de Carlos Franqui, que dirigió Radio Re-
belde, la radio de los guerrilleros en la Sierra Maestra, y
que tomará más tarde el camino del exilio, a raíz de las
declaraciones de apoyo de Castro a la invasión de Che-
coslovaquia por las tropas soviéticas en 1968.
Bajo su responsabilidad, no pasará prácticamente un día en
que el periódico deje de publicar informaciones relativas
a los juicios y a las ejecuciones que se desarrollan en el
conjunto de la isla.
La publicidad dada a esos hechos responde a la vez a
la voluntad de desafiar a la opinión pública, sobre todo
americana, a un deseo de venganza frente a las exacciones
cometidas por la dictadura anterior y, también, sin duda,
a la decisión de implantar el miedo, o el terror, contra los
opositores, pasados, presentes y futuros. Los juicios se
celebran en pocos minutos y la aplicación de las senten-
cias, salvo en casos contados, es casi inmediata.
El 13 de enero, el periódico publica en primera plana la
noticia siguiente:
“Justicia revolucionaria. Cuatro fusilamientos en San-
tiago de Cuba”.
El artículo, en su introducción, aporta algunas precisiones:
“En juicio celebrado en la Audiencia de la heroica
ciudad de Santiago de Cuba, situada junto al célebre
cuartel Moncada, se condenó a muerte a cuatro miem-
bros de los cuerpos represivos de la tiranía a los cuales
se probó sus crímenes y torturas. Fueron fusilados en
horas de la madrugada del lunes. Se hacía justicia re-
volucionaria, no como un acto de revancha, sino como

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ejemplar castigo al crimen, como fecunda enseñanza
para las generaciones venideras”.
También en primera plana, hay otro artículo titulado:
“Que no se detenga la justicia ejemplar”.
El texto está destinado a justificar los términos de aquella
consigna:
“A doce días del establecimiento del Gobierno Revolu-
cionario y del restablecimiento de la Ley, comienzan ya
a alzarse voces disonantes pidiendo cierta sospechosa
misericordia para los que acusados de cientos de crí-
menes repugnantes contra la integridad de la persona,
comienzan ya a purgar sus delitos frente al ejemplar
pelotón de fusilamiento.
No somos espíritus morbosos sedientos de sangre y de
castigo. En la guerra, frente al adversario que no per-
donaba, fuimos generosos. En esa generosidad estriba
nuestra fuerza y parte de nuestro triunfo.”
“Fuimos generosos”. He aquí una de las constantes de
los discursos de Fidel Castro durante el medio siglo en
que ejerció el poder a pesar de las ejecuciones y de las
pesadas condenas a sus opositores. ¿A qué clase de ge-
nerosidad se refiere el artículo? La idea es incongruente
frente a los hechos.
En la página 2, aparece una de aquellas “voces disonantes”
a las que el texto anterior aludía, en un artículo titulado:
“Niégase a fusilar al asesino de su hermano”.
Se trata de Olga Guevara, una combatiente de la Sierra
Maestra cuya foto se reproduce al lado del periodista que
la interroga, Julio César Martínez. Sus declaraciones a

17
propósito del de un militar, el capitán Grau, encarcelado
en la prisión de La Cabaña, donde funcionaban sin parar
los tribunales revolucionarios y el pelotón de ejecución,
desentonan frente a los demás escritos:
“Ese militar mató a mi hermano y a treinta ciudadanos
más en Pilón, pero yo no podría disparar contra él a
sangre fría”.
“A sangre fría”. Es así precisamente como funcionó la
represión durante esos primeros meses de la revolución.
No fueron actos de venganza espontáneos ni al calor de
ningún combate.
Olga Guevara precisa luego:
“A mí me dijeron que si quería estar en el pelotón que
lo iba a fusilar, pero yo no tengo valor para eso. A veces
creo que lo perdono… No sé si es una debilidad. Lo
que sí sé es que soy sincera en no odiarlo”.
Esa toma de posición contraria a los fusilamientos pro-
viene de las filas mismas de los que combatieron contra
la dictadura de Batista. Será la primera y una de las pocas
veces que una opinión de ese tipo se podrá expresar en
las páginas del diario.
En ese mismo número se publica una página cultural,
titulada “Nueva generación”, retomando así la denomina-
ción de una revista literaria y artística del final de los años
40. En esa página se expresan numerosos escritores que
adhieren incondicionalmente, en los primeros tiempos, a
los principios revolucionarios.
Uno de los primeros textos de apoyo al gobierno revolu-
cionario y de apología de las ejecuciones es un poema,
bastante inadecuado en su forma, la décima popular, y en
18
su contenido mórbido. Su título:
“Dos décimas revolucionarias”
I
Muera quien tiñe el asfalto
con sangre tibia y espesa
muera el chacal que de un salto
se apodera de su presa,
muera quien humilde besa
la mano que lo castiga.
Muera la voz enemiga
Que transita por el cielo.

¡Siga el festival del Duelo,


El festín del Duelo siga!

II
Árboles de sangre estallan
en medio de las praderas,
doradas enredaderas
de arterias los ametrallan.
Por donde quiera batallan
la sangre helada y la muerte,
me puse de pronto a verte
por tu propia sangre
ahogada
y se iluminó la Nada
me decidí a defenderte.

El autor de esas décimas es el futuro escritor exiliado


Severo Sarduy. En aquella época, antes de su salida defi-

19
nitiva para París al año siguiente, fue asiduo colaborador
del diario, firmando textos sobre José Martí así como
algunas críticas de arte pero también una ficción, “El
torturador”, publicada el 6 de febrero en la página 15, en
la que retoma el tema de las ejecuciones, apoyándolas
con un entusiasmo sorprendente conociendo su destino.
En su obra posterior, se negará a abordar directamente la
temática revolucionaria, excepto por medio de la ironía,
como en el relato “La entrada de Cristo en La Habana”,
parodia de la entrada de Castro en La Habana, un relato
incluido en su obra De donde son los cantantes.
Otro futuro exiliado, Guillermo Cabrera Infante, no es-
cribe en la página cultural de Revolución, pero sí en las
demás páginas del periódico, en textos con un contenido
editorial en su mayoría. Su primer artículo sale publicado
en la página 7. Lleva por título:
“Una reforma necesaria.”
Su tema es el necesario “saneamiento” de la Escuela de
Periodismo, en la que él mismo estudió. Aboga por el
despido de varios de sus profesores:
“Hay que vigilar este proceso de saneamiento muy de
cerca. La hora no es de revanchas, sino de justicia; no
de revanchas, sino de legalidad.”
El mismo Cabrera Infante, bajo el seudónimo de “G.
Caín”, el mismo que utilizaba en la revista Carteles para
sus críticas cinematográficas, firma en otra página un
comentario sobre un western cuyo título en español es
Venganza mortal.
Revolución sólo concibe la justicia como una sucesión de
ejecuciones sumarísimas o como exclusivas periodísticas.

20
Así, el 14 de enero, el diario anuncia en primera plana
una noticia aterradora, como si de los resultados de un
concurso o de la lotería se tratara:
“¡Exclusivo! Vea la lista de los fusilados en Santiago
de Cuba. En la pág. 6”.
Efectivamente, en la página 6, aparecen los nombres de
cerca de setenta personas ejecutadas por los hombres al
mando de Raúl Castro.
Durante las primeras semanas de la revolución triunfante,
las noticias relacionadas con reformas políticas o sociales
brillan por su ausencia en las columnas del diario. Los
anuncios de las ejecuciones, junto con los discursos de
Fidel Castro, ocupan lo esencial de su espacio.
Numerosos intelectuales, jóvenes y no tan jóvenes, ad-
hirieron con entusiasmo a la nueva política. Los princi-
pales temas que abordaban, esencialmente en la sección
“Nueva generación”, eran los crímenes cometidos por
la dictadura de Fulgencio Batista, derrocada unos días
antes, y la justificación de las ejecuciones perpetradas
por el nuevo poder…
La evocación del pasado inmediato sirve solamente para
justificar la violencia desatada por el nuevo poder.
Las fotos de torturas o de crímenes cometidos bajo la
dictadura anterior comparten a menudo la primera plana
con el anuncio de nuevas ejecuciones. Así, el 15 de ene-
ro, paralelamente a una foto cuya leyenda recuerda “La
espantosa masacre del Moncada”, la represión desatada
por las tropas de Batista después del asalto frustrado por
los hombres de Fidel Castro al cuartel Moncada el 26 de
julio de 1953, aparece un nuevo anuncio macabro:

21
“19 ejecutados en Camagüey involucrados en torturas
y atropellos”.
El gobernador militar de la provincia de Camagüey, en
aquel entonces, era el comandante Huber Matos, uno de
los principales jefes rebeldes, quien será condenado unos
meses más tarde a veinte años de cárcel por intento de
sedición y, después de su liberación en 1979, al exilio…
En la página 8, la redacción del diario responde a las
críticas de la prensa americana a las ejecuciones, que
constituyen el primer objeto de enfrentamiento entre el
nuevo gobierno revolucionario y los Estados Unidos. Se
reproduce el artículo de Time en facsímil. En las ilustra-
ciones reproducidas se ve a un hombre atado a un poste de
fusilamiento, así como una secuencia fotográfica de otro,
dirigiéndose hacia el lugar donde va a ser ejecutado, de-
teniéndose frente a los soldados (a los que no se muestra)
y, luego, se ve su sombrero volando por los aires después
de que hubiera recibido una descarga. La respuesta a la
publicación americana se titula:
“La revista Time y la revolución cubana”:
“La revista Time de esta semana entra en la confabu-
lación norteamericana contra la justicia revolucionaria
en Cuba. Pintan un paisaje de venganza que nadie ha
visto por ninguna parte. Hablan de fusilamientos en
‘juicios populares’, omitiendo que los ajusticiamien-
tos se celebran de acuerdo con la ley militar cubana
y previas investigaciones y juicios de los Tribunales
Revolucionarios”.
La foto publicada por Time fue, sin embargo, abundante-
mente mostrada en la misma prensa cubana. La secuencia,

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así como otras, fue filmada y difundida por la televisión
y en los documentales de actualidad en los cines. La
prensa castrista no busca de ninguna manera ocultar las
ejecuciones practicadas. Al contrario. Las reivindica
como expresión de la justicia revolucionaria, justificán-
dola por los crímenes de Batista. Numerosas fotos de los
crímenes anteriores aparecen en la página 11 del diario,
bajo el título:
“¿Qué sanción que no fuera el ajusticiamiento se pu-
diera aplicar a los que hicieron esto?”
El 16 de enero, la primera plana de Revolución está casi
enteramente dedicada a denunciar los crímenes y la co-
rrupción bajo la dictadura de Batista y, también, al anuncio
de nuevas ejecuciones. Uno de los titulares reza:
“Apoyan las ejecuciones. Pastores bautistas norteame-
ricanos piden continúen”.
Para enfrentar las protestas provenientes de los Estados
Unidos, el diario convoca a los sectores más incon-
gruentes de la sociedad americana, en este caso ciertos
pastores bautistas. Pero, como aquello no es suficiente
para justificar la continuación de los juicios expeditivos,
conviene convocar también a una movilización de masas
del pueblo cubano:
“Concentración popular a las 5”.
El tema único de esa concentración está resumido en la
consigna:
“Castigo a los asesinos”.
Otro titular, sacado de un discurso de Fidel Castro, afirma
al mismo tiempo:

23
“No se castigará a los inocentes”.
Fidel Castro no es el único, sin embargo, en criticar las
protestas de la prensa americana. El presidente de la
República en funciones, Manuel Urrutia, nombrado por
Castro, pero que solamente desempañará su cargo hasta
julio de 1959 antes de tener que asilarse en la embajada
de Venezuela y de partir al exilio, también asume esa
tarea. La posición de Urrutia queda resumida en otro
titular:
“Refutó Urrutia la insidiosa campaña en el extranjero”.
El juez Manuel Urrutia había sido designado presidente
provisional de la República desde los tiempos de la Sierra
Maestra, por haber emitido un voto particular al negarse a
condenar a los expedicionarios del yate Granma, después
de su desembarco en diciembre de 1956. Durante los
siete meses en que ocupó su cargo, tuvo numerosas dis-
crepancias con Fidel Castro, quien fue nombrado Primer
ministro en febrero de 1959, en sustitución de José Miró
Cardona. Pero tampoco emitió reserva alguna sobre los
fusilamientos llevados a cabo durante su mandato.
Las demandas de ejecuciones son siempre impersonales
en Revolución, como lo muestra un título en la página 3:
“Reclaman el castigo de los asesinos de ‘Bilike’”
La petición proviene de dos ciudadanos que se presentaron
en la sede del diario para denunciar a dos “esbirros” por
el asesinato de un joven revolucionario.
Ese mismo día, en la página 7, la de “Nueva Generación”,
dedicada a la sección literaria, aparecen dos futuros exi-
liados: Antonio Alfonso Benítez (Antonio Benítez Rojo),
fallecido en 2005 en Estados Unidos, y Sabá Cabrera, el
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hermano de Guillermo Cabrera Infante, también pintor y
cineasta, fallecido en 2002 en Estados Unidos.
El poema de Benítez es una loa al “Líder”. Se titula:
“Himno de la victoria”.
Se alza en el mausoleo
de los mártires, la cruz,
y una aureola de gran luz
que en toda Cuba se advierte
reza: ¡Libertad o muerte!
¡Viva Fidel Castro Ruz!
Cabe notar la visión cristiana de Castro redentor, una
constante desde la Sierra Maestra y durante los primeros
meses de la revolución.
El texto escrito por Sabá Cabrera, al igual que los demás
artículos suyos, presentan un contraste fundamental con
el resto de los artículos. No figura en ellos la más míni-
ma alusión política. El primero está muy alejado de las
preocupaciones del momento. Lleva por título:
“Dolabela, el Areópago y la Mujer de Esmirna.”
Más tarde, sin embargo, Sabá Cabrera se encontrará en el
centro de la polémica que llevará a Fidel Castro a pronun-
ciar, en junio de 1961, sus “Palabras a los intelectuales”,
por haber realizado, junto con Orlando Jiménez-Leal, el
cortometraje P.M., un documental cuyo objeto era sim-
plemente mostrar la vida nocturna de La Habana y que
por ello no se enmarcaba dentro de la ideología política
del régimen. Desde los inicios, Sabá Cabrera asumió una
marginalidad que lo llevó al exilio. Su hermano Guillermo
Cabrera Infante, fallecido en Londres en 2005, no seguía,
en aquella época, los mismos derroteros. Al contrario. En
25
la página 15, aparece el artículo más violento de todos los
que fueron publicados en aquel período. Se titula:
“Somos actores de una historia increíble.”
Después de una extraña referencia a Marcel Proust, sin
ninguna relación con el contenido del texto, Cabrera
Infante justifica las ejecuciones de la manera siguiente:
“¿Es que políticos perdidosos caen bajo las balas de sus
adversarios triunfadores? Nada de eso. Es un simple
caso de justicia, de la más elemental e inmediata. Los
fusilados son connotados criminales; sus crímenes han
sido cantados por ellos mismos; un pueblo de siempre
sentimental no ha movido un dedo para que sigan los
ajusticiamientos; hasta los familiares de los ajusticia-
dos saben que se obra con espíritu de honradez.”
Los familiares de los “ajusticiados” no tuvieron, en reali-
dad, ninguna posibilidad de expresar lo que sentían frente
a la muerte de sus padres, hijos o hermanos. Cabrera
Infante concluye su diatriba con una nueva referencia a
Proust, como si pudiera servir de justificación a los pan-
fletos más extremistas:
“Es el futuro el que trabaja por nosotros. Ése es el
tiempo que debemos recobrar.”
Naturalmente, este artículo no figura en ninguna de las
numerosas recopilaciones de textos de Guillermo Cabrera
Infante. Más valía ocultar por todos los medios este frag-
mento de memoria tan molesta.
Al día siguiente, 17 de enero, un recuadro publicado en
la página 6 anuncia:
“Cabrera Infante, delegado en el Instituto de Cultura.”

26
Se trata sin duda de un premio a la firmeza ideológica
proclamada desde los primeros días de la revolución.
La primera plana de Revolución dejaba, sin embargo,
entrever una ligera esperanza, como rezaba uno de sus
titulares, publicado al pie de página:
“Suspenden ejecuciones.”
Pero, inmediatamente, la esperanza se veía matizada por
el subtítulo siguiente:
“‘Con carácter momentáneo’, anunció Raúl Castro.”
Las decisiones eran tomadas al más alto nivel, por los
hermanos Castro. La suspensión de las ejecuciones fue im-
perceptible. Fue anunciada y al mismo tiempo desmentida.
En efecto, siempre en primera plana, Revolución resalta
algunos extractos de uno más de los discursos del “doctor
Fidel Castro Ruz”:
“No tendremos bombas atómicas, pero sí la razón: -
Fidel Castro”.
Mucho más tarde, durante la crisis de los misiles de 1962,
Fidel Castro aceptará la instalación en territorio cubano de
rampas de cohetes nucleares soviéticos dirigidos contra
Estados Unidos, y pedirá su utilización en los momentos
más álgidos de mayor amenaza para el mundo. En relación
con las ejecuciones, Castro agrega:
“Los esbirros que en total van a ser fusilados, son me-
nos que los que asesinaron ellos en un solo pueblo.”
Ninguno de los testimonios históricos existentes permite
concluir que haya habido, bajo la dictadura de Batista,
un número de ejecuciones en un solo pueblo que haya

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alcanzado la cifra de los fusilados después de la toma
del poder por los revolucionarios. Lo que se desprende
de esa primera plana de Revolución es, sobre todo, la
contradicción sobre la suspensión o no de las ejecuciones.
Esa confusión parece deliberada. Tiene como objetivo
enfrentar, con ciertos amagos de indulgencia, las protestas,
cada vez más numerosas, dentro y fuera del país.
En la página 2 se anuncia la ejecución de un militar:
“Fue fusilado en Colón el capitán I. López Quintero.”
Un recuadro afirma que las “Mujeres Revolucionarias de
Cuba piden castigo para criminales de guerra”.
También en páginas interiores sale publicado un análisis
de Segundo Cazalis, bajo el título:
“El extraño caso de los torturadores.”
El artículo aborda la cuestión del número de muertos
provocado por la dictadura de Batista:
“En Cuba ocurrieron aproximadamente diez mil
crímenes. Tal vez quince o veinte mil. Muchachos
habaneros; jóvenes orientales; estudiantes de San-
ta Clara o Bayamo. Muertos a palos, ahorcados al
amanecer en un camino cualquiera, torturados en una
mazmorra. Para ellos no hubo juicio público. Su delito
era simple: amaban a la patria. Y sin embargo, ni los
embajadores de los gobiernos americanos ante la OEA
o las NN.UU., ni los reporteros de TIMES parecieron
preocuparse mucho. ¿Veinte mil muertos? ¡Bah! Los
gobiernos americanos tenían cosas más importantes
en que gastar su tiempo.”
Imperceptiblemente, el autor del artículo, exiliado más

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tarde en Venezuela, pasa de la cifra de diez mil a la de
quince mil y luego a la de veinte mil. Diez mil muertos
más o menos, poco importa. Serán veinte mil. Esa cifra,
que había sido avanzada anteriormente por la revista
Bohemia, que había apoyado a Fidel Castro desde la
represión que siguió el asalto al cuartel Moncada el 26
de julio de 1953, se volvió uno de los peores estigmas de
la dictadura de Batista. Manifiestamente exagerada, los
“veinte mil muertos” sirvieron a relativizar la importan-
cia numérica de las ejecuciones llevadas a cabo por la
revolución triunfante.
A la lectura del diario el 19 de enero, se puede constatar
que la suspensión de las ejecuciones anunciada por Raúl
Castro no fue efectiva. Se siguen desarrollando, no como
iniciativas individuales sino como parte de una política
gubernamental deliberada.
Un llamamiento en primera plana convoca a una mani-
festación de masas:
“¡Todos al Palacio Presidencial!
Trabajadores:
Desde el fondo de sus tumbas millares de patriotas
esperan justicia. Sus madres, huérfanos y viudas de-
mandan que se aplique a los asesinos la sanción que
corresponda.
Que el castigo de los crímenes de ayer evite que ma-
ñana vuelvan a repetirse.
¡Por la aplicación de la justicia revolucionaria!”
La convocatoria viene firmada, en nombre del “Movi-
miento nacional obrero del 26 de julio”, por David Salva-

29
dor, quien será condenado en 1962 a treinta años de cárcel
después de su ruptura con el régimen. La revolución es
como Saturno…
El diario publica en página 2 un llamado a la delación
que, aunque no esté directamente ligado a las ejecucio-
nes, muestra el contexto en que los juicios se desarrollan.
Aquí las denuncias están relacionadas con los bienes mal
adquiridos por los principales responsables de la dictadura
de Batista. El titular es explícito:
“Pueden mandar denuncias a Revolución.”
El texto precisa que las denuncias pueden ser anónimas.
Éstas están alentadas por el director del diario en persona,
Carlos Franqui, con el acuerdo total de las autoridades
gubernamentales:
“Por indicación de nuestro Director, invitamos a todos
nuestros lectores a enviar cualquier denuncia sobre
bienes mal adquiridos por los personeros del batistato.
REVOLUCIÓN publicará una sección en que se re-
cogerán esas denuncias, las cuales pueden ser hechas
sin que necesariamente se exija el nombre del denun-
ciante. El Ministerio de Faustino Pérez se ocuparía de
comprobar la verdad de la denuncia.”
Lo más importante en el diario siguen siendo las ejecu-
ciones. En página 3, un titular anuncia:
“Para escapar del fusilamiento, se ahorcó el capitán I.
López Quintana.”
El capitán López Quintana estaba condenado a muerte
de todos modos, sin ninguna clase de juicio. Más abajo,
al pie de una foto de cinco hombres rodeando a otro, una
leyenda explica:

30
“Detención de conocido ‘chivato’ en Güines.”
Con toda probabilidad, el hombre será ejecutado. En la
página 8, una noticia parece anunciar cierta clemencia,
provisional:
“Liberan soldados exentos de delito. Quedaron también
en libertad numerosos policías que no estaban macu-
lados. Arrestan por faltas a once rebeldes.”
El texto desarrolla las razones de la detención de los once
rebeldes, es decir, de soldados del nuevo gobierno, sin
entrar en los detalles de los delitos cometidos:
“Por contravenciones y otras faltas sancionadas por
las leyes de la Revolución, que quiere dar ejemplo de
elevada moral en especial entre sus hombres…”
Aquí queda subrayada la idea de la moral revolucionaria.
Las ejecuciones formarían parte de ella. En nombre de
esa moral serán pronunciadas las condenadas a muerte,
constantes y masivas.
Para justificar los nuevos fusilamientos, Revolución publi-
ca, en página 9, un llamamiento de la “sección obrera “26
de julio” de la Federación de Trabajadores de la Medicina”
que pretende dar a las ejecuciones un carácter oficial y
ordenado. El texto afirma:
“Debe evitarse que las masas tomen por sí la venganza.”
El título del artículo es particularmente explícito:
“Suspender fusilamientos sería irritar al pueblo.”
En nombre de esa supuesta irritación, las ejecuciones se
van a recrudecer. Así, sus responsables no harían sino
responder al deseo de las masas.

31
La realidad de las ejecuciones y de los juicios, que em-
piezan a desarrollarse por medio de los tribunales revolu-
cionarios, se verifica en las páginas interiores del diario,
con las siguientes noticias:
La primera adopta un tono neutral:
“Continúan hoy los juicios en Holguín.”
La segunda hace referencia a los juicios en la fortaleza
de La Cabaña, donde se producirá el mayor número de
ejecuciones, bajo la supervisión del comandante Ernesto
Che Guevara:
“Darán inicio en La Cabaña los juicios. Se calcula que
hay 650 detenidos.”
Luego viene la sentencia para un gran número de ellos:
“Anunció Fidel Castro en Pinar del Río que continua-
rán las ejecuciones.”
Para justificar los fusilamientos, el argumento principal es
siempre el mismo: su objetivo sería evitar la venganza por
parte de las masas. En principio, tendrían que lograr menos
derramamiento de sangre. Así el 20 de enero: dos titulares
en primera plana ilustran ese objetivo. El primero reza:
“Los fusilamientos evitarán más sangre.”
El segundo retoma una declaración de Fidel Castro:
“Evitaremos venganzas. El Gobierno aplicará sólo
justicia, afirma F. Castro.”
Distintos sectores de la sociedad cubana parecen apoyar
los planteamientos de Fidel Castro. Es el caso del “Frente
Cívico de Mujeres Martianas”, cuya posición sale publi-
cada en la página 2:

32
“Brindan apoyo a la justicia Revolucionaria.”
En la página 3, son otras mujeres, las de la “Unidad Feme-
nina Revolucionaria”, las que reclamen lo mismo, como
lo muestra la leyenda de una foto de mitin publicada en
página 3:
“Mujeres revolucionarias piden justicia.”
Todas esas declaraciones, provenientes de sectores de la
sociedad revolucionaria, tienen como objetivo oponerse
a las protestas de la prensa americana, como lo muestra
este título publicado en la página 8:
“La opinión pública de E.U. debe ser informada de los
asuntos positivos de la Revolución.”
Otro artículo hace referencia al mismo tema:
“Propaganda en el extranjero por los enemigos de la
gran justicia. Poderosos intereses defienden con su
actitud a asesinos y criminales de guerra.”
Los juicios y las ejecuciones se vuelven un instrumento
de afirmación de la soberanía nacional y un arma contra
la política de Estados Unidos.
Los nombres de las víctimas de los fusilamientos son
públicos. El 21 de enero, una noticia publicada en la
página 3 anuncia:
“Ejecutaron al sargento Juan Leonard.”
A veces, las ejecuciones vienen acompañadas de procla-
mas que pretenden mostrar cierta indulgencia. Los con-
denados a muerte gozarían de un buen trato, mucho más
humano que el que se les reservaba a los revolucionarios
bajo la dictadura de Batista. Es ése el sentido del artículo
publicado en la página 6:
33
“La Revolución facilita que visiten a batistianos presos.
Sin embargo, cuando los revolucionarios guardaban
prisión sus familiares eran vejados e insultados por los
carceleros de la tiranía. Ya no se tortura ni atropella.”
Es una constante de las autoridades, y de Fidel Castro en
persona, afirmar que en Cuba no se tortura, afirmación
contradicha por innumerables testimonios. Una cosa es
fusilar después de juicios sumarísimos, otra es torturar.
Esa idea sirve, también, para relativizar el peso de las
condenas a muerte.
Al día siguiente, 22 de enero, un inmenso titular en pri-
mera plana y una foto enorme intentan demostrar el apoyo
de la población, a través de una concentración convocada
la víspera:
“Justicia..! Justicia..! Justicia..! El pueblo dijo: ¡Sí!”
Fidel Castro calcula así el número de personas que asis-
tieron al acto:
“‘Medio millón no; millón y medio de personas’,
Fidel”
El número de personas que supuestamente asistirán a los
mítines de apoyo a la revolución girará, de allí en adelante,
alrededor del millón, independientemente del tema por
el que se convoquen y de la época en que se desarrollen.
Las masas se apoderan del tema de la justicia. Ya no
son sólo los tribunales revolucionarios, que se reúnen a
puerta cerrada y que dictan al momento sus sentencias,
los que se pronuncian a favor de las condenas a muerte.
La multitud también aprueba las ejecuciones. Se trata de
asociar al pueblo a las decisiones tomadas por el Coman-
dante en jefe.
34
La primera plana de Revolución demuestra la voluntad
de Fidel Castro de asumir abiertamente las razones de
esas ejecuciones en nombre de la justicia. El diario sigue
exhibiendo los textos favorables a esa resolución, sin du-
darlo un solo instante. La movilización popular sirve de
apoyo indiscutible a esa política. Las masas se vuelven,
de hecho, cómplices.
En la página 3, se anuncia:
“Sentencias de treinta años.”
Los juicios se produjeron en Jatibonico. Aparentemente, el
Tribunal demostró cierta clemencia en aquella ocasión, ya
que la enumeración de las sentencias sólo incluye largos
años de prisión, excepto, no obstante, para “el ex militar
Alberto Fundora González” condenado a “ser ajusticiado
por fusilamiento”.
Otros juicios son suspendidos provisionalmente en Man-
zanillo:
“Aplazan juicios.”
Pero siguen en otras partes.
El apoyo exterior llega ahora de influyentes políticos
latinoamericanos, como lo muestra el título siguiente:
“José Figueres, ex presidente de Costa Rica, opina
sobre los fusilamientos en Cuba”
Figueres escribe:
“En mi país no existe la pena de muerte, ni se ha sentido
la necesidad de ella en este siglo, por fortuna. Pero cada
sociedad y cada momento histórico tienen sus propias
necesidades de supervivencia, las cuales suelen ser el
menor de varios males posibles. En las circunstancias
35
actuales de Cuba, que yo conozco bastante bien, la
severidad puede ser un mal menor que la impunidad.”
Sin aprobar del todo el principio de las ejecuciones,
el ex presidente de Costa Rica ofrece una justificación
circunstancial, en nombre de la necesidad para Cuba de
acabar con la impunidad. Acepta la pena de muerte en
otro país que el suyo. En Cuba, sin embargo, la pena de
muerte había sido abolida antes de la toma del poder por
Fidel Castro.
A partir de enero de 1959, fue aplicada en forma masiva.
Así, en la página 6 del diario, esta noticia ilustra la apli-
cación inmediata de las palabras pronunciadas por Castro:
“Más de setenta criminales ajusticiados en Santiago.
Ofrecida en Palacio relación oficial de los mismos,
con expresión de los delitos probados a cada uno de
ellos, los que fueron sancionados con la ejecución
inmediata.”
Los anuncios de ejecuciones masivas o individuales se
suceden en Revolución. En cierto modo, permiten llevar a
cabo cierta contabilidad en cuanto a las condenas a muerte
pronunciadas durante los primeros meses de la revolución.
Las denuncias con vistas a la aplicación de la pena de
muerte son abiertamente alentadas. En la página 7, se
publica la información siguiente, relativa a los detenidos
en La Habana:
“130 detenidos en el Morro en espera de los cargos.
Trátase de oficiales, clases y alistados de la Marina.
Cualquier ciudadano que tenga cargos que formular
contra ellos podrá hacerlo ante el Estado Mayor de
ese cuerpo.”

36
Las denuncias podrán llevar a numerosos acusados ante
el paredón.
El apoyo de la población es absolutamente imprescindible
al buen desarrollo de los juicios. Revolución resume así
las reacciones al discurso sobre ese tema pronunciado
por Fidel Castro:
“Adhesión al gobierno revolucionario.
-Respaldo total y absoluto a su justiciera acción.
-Sanción ejemplar para los sicarios del batistato.
-Apiñada multitud entusiasta y jubilosa.”
Los intelectuales no se quedan atrás. La página “Nueva
generación” publica una “Carta a Fidel” de Ana Núñez
Machín, un texto lleno de alabanzas hiperbólicas.
El ejemplo principal en esos juicios que se desarrollan bajo
la mirada de todos y en medio de la participación popular
es el que se le atenta a Jesús Sosa Blanco, considerado
como uno de los principales responsables de la represión.
Un primer juicio se desarrolla en las instalaciones de la
Ciudad Deportiva, en medio de los gritos de la multitud y
ante las cámaras de televisión, que transmiten el proceso
al conjunto de la población cubana.
Un procedimiento inédito, que se volverá a producir con
ligeras variantes, a lo largo de medio siglo de proceso
revolucionario.
El 23 de enero, en primera plana, dos titulares comple-
mentarios muestran la inmediatez de las sentencias:
“Evidente culpabilidad de Sosa Blanco. Condenado a
muerte Sosa Blanco.”

37
Una foto muestra a Jesús Sosa Blanco ante sus acusado-
res y ante el numeroso público presente en el juicio. La
leyenda indica:
“El acusado ante el tribunal… ante el pueblo…”.
En páginas interiores, Revolución publica varias fotos del
juicio bajo el título:
“En La Habana la justicia revolucionaria.”
En ellas se puede ver al acusado en persona frente a un
micrófono, así como a algunos de los testigos de cargo,
al fiscal Jorge Serguera, al abogado defensor, a varios de
los asesores y a los miembros del Tribunal, compuesto por
tres miembros, uno de los cuales, el comandante Hum-
berto Sorí Marín, será también juzgado y fusilado más
tarde, en 1961. Las autoridades nunca intentaron darle un
carácter confidencial a los juicios. Al contrario. La justi-
cia revolucionaria era un espectáculo durante el cual las
masas podían expresar sus impulsos. El juicio intentado
contra Sosa Blanco no concluirá inmediatamente. Por su
exhibición pública, será objeto de múltiples reacciones.
Uno de los objetivos de ese proceso, denunciado por el
acusado como digno de un “circo romano”, consiste en
mostrarlo como un arma contra las numerosas protestas
expresadas en los Estados Unidos. Durante una rueda
de prensa, Fidel Castro arremete contra esas tomas de
posición:
“Necesitamos paz, no intromisión.”
En su argumentación, recibe un apoyo importante a través
de la persona de Herbert L. Matthews, reportero del New
York Times, el primer periodista en haber realizado, en
febrero de 1957, un reportaje sobre la guerrilla de la Sierra
38
Maestra y en haber entrevistado a Fidel Castro. Sus decla-
raciones aparecen en primera plana al lado de las de Castro:
“Satisfacen los rebeldes demanda de justicia. Dijo
Matthews ante el Club de Prensa de New York. ‘No
hay comparación entre esto y las muertes por Batista.’”
En la página 2, sin embargo, el jurista Napoleón Seuc
publica una columna de opinión titulada, entre comillas,
“La revolución como fuente de derecho”, cuestionando
la legitimidad del derecho dictado por las circunstancias
y relativizando el alcance de la justicia revolucionaria:
“El derecho, nuevo producto de la Revolución triun-
fante o del golpe de estado es positivo en cuanto que es
válido amén de reunir los requisitos formales de toda
norma jurídica: generalidad, obligatoriedad, universa-
lidad, publicidad. (…) El consentimiento en cualquiera
de sus manifestaciones es requisito esencialísimo a
la positividad del nuevo orden. Incluso carente de
contenido de Justicia por la pasividad mayoritaria del
conglomerado social deviene en Conjunto Normativo
positivo y vigente aunque sea más injusto que el des-
plazado. Se le acepta como mal menor hasta que una
coyuntura favorable permita el regreso del antiguo
orden o la creación de otro nuevo más justiciero que
el impuesto por las circunstancias.”
Aquí la nueva justicia revolucionaria se considera como
un “mal menor” provisional, en espera de una “coyuntura
favorable”, lejos de la “gran justicia” proclamada por la
propaganda del régimen y los discursos del ex abogado
Fidel Castro, quien no había dudado, en otros tiempos, en
criticar la misma concepción del derecho que luego justi-
ficaría, cuando, el 24 de marzo de 1952, había planteado

39
un recurso ante el Tribunal de Urgencia de La Habana
contra el golpe de estado de Fulgencio Batista, que se
había producido dos semanas antes, el 10 de marzo. El
mismo Batista se presentaba a sí mismo, por cierto, como
autor de una “revolución”.
La confusión entre distintas funciones formaba parte de
la justicia implementada por el nuevo régimen. Se podía
ser un día presidente de un Tribunal revolucionario y al
día siguiente fiscal ante ese mismo Tribunal. No existían
las más mínimas garantías jurídicas, sin hablar de la
duración de los juicios, a veces pocos minutos o pocas
horas, ni del plazo para la aplicación de las sentencias.
Las ejecuciones se producían durante la noche que seguía,
incluyendo el plazo de apelación. El mismo Fidel Castro
podía transformarse en testigo de cargo, como fue el caso
en numerosas ocasiones durante las cinco décadas en que
se mantuvo en el poder.
Revolución era, en aquel momento, una de las principales
correas de transmisión de la línea gubernamental, dictada
por el Comandante en jefe y los demás dirigentes, que
efectuaban frecuentes visitas a la redacción del diario.
Así, en la página 3, debajo de una foto del revolucionario
argentino, una leyenda apunta:
“Visita el Che Guevara la redacción de Revolución. El
jefe de La Cabaña, que es colaborador de Revolución
y miembro destacado de nuestro Movimiento departió
amablemente con nosotros interesándose por la labor
periodística del Movimiento 26 de Julio.”
El comandante revolucionario es designado, pues, como
colaborador del periódico, en cuyas páginas publicará
parte de sus recuerdos de la guerrilla en la Sierra Maestra

40
pero, sobre todo, como “jefe de La Cabaña”, la antigua
fortaleza colonial de La Habana, que sirvió de prisión y
donde fueron juzgados y fusilados la mayor parte de los
condenados a muerte por el régimen revolucionario.
En La Cabaña, son pocos los que logran escapar a la muer-
te. Es sin embargo el caso del actor Otto Sirgo, portavoz
de Fulgencio Batista durante sus mítines, por sus lazos
con algunos miembros de la jerarquía revolucionaria, en
particular con el comandante Camilo Cienfuegos. En la
página 13, Revolución relata, sin entrar en detalles, la
desaparición del expediente del actor, lo que le permitirá
no ser ejecutado:
“Roban la hoja penal de Otto Sirgo. Efectuada la sus-
tracción del archivo número 5 del Registro Central de
Criminales del Ministerio de Justicia.”
El 24 de enero, un artículo en primera plana vuelve a insis-
tir sobre el apoyo de distintas personalidades extranjeros,
incluso en los Estados Unidos, a las ejecuciones:
“‘Los juicios en Cuba son justos’, Charles O. Porter.”
En este caso se trata de un representante demócrata del
estado de Oregón.
También en primera plana, el diario publica una decla-
ración de Ernest Hemingway, recogida en Seattle, que
no hace referencia sin embargo ni a los juicios ni a las
ejecuciones:
“Momento decente. Expresa Hemingway respecto al
actual gobierno cubano.”
El escritor americano, residente en Cojímar, saldrá más
tarde en foto pescando con Fidel Castro. Abandonará, no

41
obstante, Cuba para establecerse en los Estados Unidos,
donde se suicidará poco tiempo después, en 1961.
Las opiniones que expresan ciertos grupos, periódicos o
personalidades provenientes de los Estados Unidos ocu-
pan un lugar cada vez más importante en la argumentación
a favor de las ejecuciones. Revolución opone al rechazo
de éstas por la opinión pública americana ciertas tomas
de posición de publicaciones poco importantes.
Así, en la página 4, el diario reproduce, al lado del origi-
nal en inglés, la traducción de un artículo del periódico
Atlanta Constitution, con el siguiente titular:
“Dejen que los Tribunales de Castro juzguen a los
asesinos de Batista.”
Al relativizar las protestas, esas opiniones se vuelven, para
los lectores del diario, tan importantes como aquellas.
Pero el apoyo esencial a las medidas represivas viene del
interior de la isla. En la página 6, un artículo abunda en
ese sentido:
“Apoyan las ejecuciones alumnos de periodismo. Los
de la Universidad de Villanueva reiteran su respaldo al
Gobierno Revolucionario. Demandan castigo.”
El texto elaborado por el “Comité Revolucionario de los
Estudiantes de Villanueva” es particularmente explícito
en sus conclusiones:
“El pueblo pide el castigo de los asesinos y los traido-
res. Estamos convencidos de que si no se hace justicia
por el Gobierno, correríamos el riesgo de ver nuestro
país inundado de sangre porque el pueblo, que tanto ha
sufrido, haría justicia por sus propias manos.”

42
Las ejecuciones sólo serían, pues, una forma de evitar
la venganza popular. He aquí el centro de la retórica gu-
bernamental: derramar sangre para evitar más sangre. La
realidad, sin embargo, es que no hubo actos espontáneos
de venganza por parte de los ciudadanos comunes. Lo
que sí hubo fueron denuncias y participación en juicios
públicos.
En la página 5, la letanía de los juicios prosigue:
“Juicios mañana en Santa Clara.”
El 26 de enero, en la página 9, Revolución anuncia una
nueva detención:
“Capturaron a otro verdugo de la tiranía. Trátase del
ex Capitán Jiménez, autor de asesinatos.”
El acusado nunca es presumido inocente.
El diario sigue mencionando apoyos de otros sectores:
“Excombatientes de la segunda guerra respaldan al
Gobierno. Es muy lamentable -expresan- que ciertos
periódicos americanos se hayan dejado influenciar por
los actos de justicia revolucionaria.”
Las principales críticas van siempre dirigidas contra la
prensa americana. El 27 de enero, Revolución relata, en
primera plana, un juicio contra otro militar del Ejército de
Batista. Su principal acusador es el comandante Camilo
Cienfuegos, quien no podía haber sido testigo directo de
los hechos, ya que se encontraba en la guerrilla. El título
reproduce una frase de la acusación:
“Entre grandes asesinos del mundo está Morejón. Ex-
presó Camilo Cienfuegos en la sala del juicio. Concen-
tró a campesinos, seleccionó a trece y los ametralló.”

43
Los dirigentes revolucionarios manejan a menudo la hi-
pérbole. La historia universal, no obstante, no ha retenido
el nombre de Morejón entre sus mayores criminales. En
primera plana, el periódico anuncia nuevos arrestos:
“Detenidos ex militares.”
Los crímenes que se les reprochan no tienen nada que ver
con su actuación bajo la dictadura de Batista sino con la
que tuvieron desde el advenimiento del nuevo gobierno.
En la página 3, se anuncian nuevas condenas:
“Sanciones en Tunas contra los criminales. Les impu-
sieron 20 años por maltratar a asesinados.”
Estos últimos tuvieron una suerte relativa. Las “sancio-
nes” son sólo de veinte años. Otros no tuvieron derecho
a ese privilegio.
En la página 8, un artículo anuncia:
“Dictadas cinco penas de muerte.”
Es el Tribunal revolucionario de Remedios el que pro-
nuncia esas sentencias de muerte.
En la misma página se anuncia otra pena capital:
“Fue condenado a muerte el capitán Guerrero Padrón.”
La palabra “muerte” se proclama sin rodeos. Ya no se trata
de “ajusticiamientos” ni de “pena capital”. La sucesión de
los anuncios es significativa. Provoca entre los lectores
una sensación de rutina y, seguramente, de miedo.
Mientras tanto, en la página “Nueva generación”, los
jóvenes intelectuales pueden mostrar cierta creatividad
literaria. Entre ellos se encuentran, otra vez, Sabá Cabrera
y Severo Sarduy.
44
El primero publica un texto que no tiene nada que ver con
las exigencias revolucionarias. Es una constante en él:
un rechazo total de lo político. Pero la política no tendrá
piedad de él.
Por su lado, Severo Sarduy es, en aquella época, uno de los
escritores más comprometidos con la literatura panfletaria.
En esta entrega publica un texto titulado “El general”, una
sátira del militar que se muere en la bañera, lejos de los
combates con los que soñaba.
Un cuento sin demasiadas pretensiones, que tiene poco
que ver con su obra posterior pero que sirve para aclarar
un recorrido, una evolución y, sobre todo, numerosos
silencios.
El 28 de enero, el diario publica en primera plana otra
noticia macabra:
“Pena de muerte a 6 criminales en Santa Clara.”
En la página 8, no obstante, una noticia anuncia la libera-
ción por el mismo Tribunal, el de Santa Clara, de algunos
acusados:
“En libertad numerosos ex militares y civiles. No fue-
ron encontrados culpables.”
Noticias de ese tipo son tan raras que merecen ser subra-
yadas. Esa entrega del diario está dedicada al aniversario
del nacimiento de José Martí. La opinión de Fidel Castro
ocupa naturalmente la primera plana:
“Fidel Castro en el homenaje al apóstol Martí.”
Aparte del homenaje a Martí, la noticia más destacada
concierne al ex-dictador, que busca un lugar donde poder
residir, casi un mes después de su huida de Cuba:

45
“Niegan a Batista asilo en Francia. ‘El momento no
es oportuno para que venga aquí’, expresó un vocero
del Ministerio del Exterior.”
Ese mismo día, Revolución menciona el apoyo brindado
por otra personalidad extranjera al proceso revolucionario,
bajo el título:
“Pablo Neruda saluda a los cubanos.”
Poco antes del poeta chileno, su compatriota Salvador
Allende, que sólo era senador en aquel entonces, había
hecho lo mismo.
Durante varios días, el diario dejará de anunciar los juicios
y las ejecuciones en sus páginas. Las protestas provenien-
tes del extranjero y ciertas manifestaciones de duda entre
los integrantes de los tribunales revolucionarios dejan
entrever que las medidas más extremas se irán aplazando.
La esperanza será de corta duración.

2) Febrero: “¡Merece veinte muertes!”


La letanía de los juicios retoma su rumbo el 9 de febrero.
En la página 9, un titular reza:
“Pena capital para varios ex militares. Acusados de
asesinar prisioneros en Manzanillo.”
En Sagua la Grande también, se desarrollan nuevos jui-
cios:
“Prueban a ex militares de Sagua numerosos crímenes.
Como resultado de la abrumadora prueba testimonial
aportada en el proceso, varios de los 22 acusados serán
condenados a muerte.”

46
Así algunas de las sentencias se conocen de antemano.
Junto con esa noticia, un anuncio bajo forma de exclusiva
periodística intenta atraer la atención del lector:
“Fotos para mañana.”
Al día siguiente, 10 de febrero, las condenas a muerte
vuelven a aparecer en primera plana:
“Tres condenados a muerte en La Cabaña. Integraron
el grupo represivo del ex capitán Manuel Ponce. 32
testigos declararon en su contra. Mataron a 7.”
El número de testigos en contra de los acusados se pone
así de relieve. Nunca se mencionan los testigos de la
defensa, si los hay.
Otro titular retoma los principales puntos de la “Ley Fun-
damental” adoptada por el nuevo régimen, sustituyendo
así la Constitución democrática de 1940; entre esos pun-
tos, conviene mencionar el último:
“Che Guevara, cubano por nacimiento.”
En aquel entonces, Ernesto Che Guevara es el comandante
en jefe de la fortaleza de La Cabaña, donde se desarro-
llan, bajo sus órdenes, muchos de los procesos y de las
ejecuciones.
En páginas interiores, se reproducen otras noticias repe-
titivas:
“Condenan a muerte a once criminales. Fueron sancio-
nados por el Tribunal Revolucionario de Santa Clara.
Operaban en la zona de Sagua la Grande.”
En otra ciudad también, los tribunales revolucionarios
adoptan las mismas sanciones:

47
“Condenan a muerte ocho ex soldados. También en
Bayamo.”
El 11 de febrero, Revolución publica el nombre de otro
fusilado y anuncia nuevas ejecuciones:
“Fusilado S. Junco. Confirman 4 penas. Detenido el
brigadier S. Gómez.”
Otro titular se refiere al traslado de varios militares a la
prisión de La Cabaña, donde tienen lugar los juicios “su-
marísimos” y la mayor parte de los fusilamientos:
“Salabarría a La Cabaña. También dos Jefes del Prín-
cipe. Investigación.”
En la página 2, el diario abre sus columnas a varios ar-
tículos de opinión. Entre ellos figura un punto de vista
de Napoleón Seuc, quien anteriormente había emitido
un juicio crítico sobre el tema de la “revolución como
fuente de derecho”. Esta vez, su perspectiva parece haber
cambiado radicalmente. En otros términos, el jurista se
ha retractado. Su artículo se titula:
“Justicia verdadera.”
La conclusión no admite discusión. Figura en mayúsculas:
“JUSTICIA VERDADERA ES PUES LA JUSTICIA
DEL PUEBLO.”
En la página 6, la práctica le sucede a la teoría, con la
misma letanía macabra de siempre:
“Tres fusilados en Pinar del Río.”
Sin embargo, ciertas discrepancias se dejan ver entre los
que están encargados de juzgar a los hombres que van a
ser ejecutados o condenados a largas penas de prisión.

48
En efecto, todos los acusados de Pinar del Río no fueron
condenados a muerte, lo que provoca, según un artículo
del diario en la página 8, la ira de parte de la población:
“Disgusto en Pinar del Río por rebaja de penas a
criminales. Algunas de las impuestas por el Tribunal
Revolucionario, han sido rebajadas por el Tribunal
Superior de Guerra.”
Al principio, la intención proclamada de los revolucio-
narios consistía en imponer un Estado de derecho, regido
por la Constitución de 1940. Por ello, el juez Manuel
Urrutia había sido designado Presidente de la República,
mientras el abogado José Miró Cardona ocupaba el puesto
de Primer Ministro.
A mediados de febrero, Miró Cardona fue forzado a
dimitir en provecho del abogado Fidel Castro. En julio,
Urrutia corrió la misma suerte, sustituido en su cargo,
esencialmente honorífico a partir de entonces, por el
abogado Osvaldo Dorticós. José Miró Cardona y Manuel
Urrutia tuvieron que tomar el camino del exilio. En 1976,
Fidel Castro ocupó el conjunto de los puestos de mando,
oficialmente secundado, hasta su retirada oficial en 2008,
por su hermano Raúl.
Durante los primeros meses de la revolución, coexistían
en ella una tendencia democrática y una fracción que em-
pujaba hacia una radicalización acelerada. Dentro de las
estructuras jurídicas, o de lo que quedaba de ellas, eso se
traducía por la aparición de importantes contradicciones
entre los que pensaban restablecer un nuevo marco legal
después de un periodo caótico, y los principales dirigentes
de la guerrilla, cuyo objetivo consistía en eliminar todos
los vestigios del antiguo régimen, que incluían la dicta-

49
dura de Batista, por supuesto, pero también los anteriores
periodos democráticos.
El 12 de febrero, Revolución abre su primera plana con
cuatro fotos del Che Guevara.
Los principales titulares publicados debajo de esas fotos
conciernen las condenas a muerte y las ejecuciones. El
primero reza:
“Condenado a muerte el ex comandante Fernández.”
El segundo abarca el mismo tema:
“Fusilados cinco más. Penas de muerte para F. Bécquer
y Sánchez Gómez.”
A pesar de las protestas internacionales, provenientes de
diversos sectores políticos o religiosos, numerosos son los
que apoyan los juicios que se celebran en Cuba.
El 13 de febrero, Revolución publica, en primera plana,
las declaraciones de los diputados demócrata-cristianos
chilenos José Musalén Sassie y Alfredo Lorca Valencia
que emprendieron el viaje a La Habana para apoyar el
proceso revolucionario hasta sus últimas consecuencias:
“Justos y generosos consideran en Chile los ajusticia-
mientos en Cuba.”
De esa manera, la opinión de los dos diputados se trans-
forma en la del conjunto de los chilenos. Cabe notar
también el empleo del término “generosos”. A lo largo
de sus cincuenta años en el poder, Fidel Castro repetirá
como una constante: “La Revolución ha sido generosa.”
También en primera plana, el diario narra el desarrollo
de un juicio ante “el más importante de los consejos de

50
guerra sumarísimos”, el de la fortaleza de La Cabaña,
adelantando la suerte del acusado:
“Prueban que Jesús Inzúa es criminal.”
Ese día, Revolución empieza a dar noticias de uno de
los juicios más importantes de ese periodo, el que tiene
lugar en Santiago de Cuba contra un número importante
de pilotos en razón de su actuación durante la lucha in-
surreccional:
“Pena de muerte para 40 pilotos. Pertenecían a la fuerza
aérea de la dictadura y causaron cientos de muertes en
la población civil de Oriente.”
En realidad, se trata sólo de la demanda del fiscal. A pesar
de la intervención personal de Fidel Castro, algunos de
los acusados le escaparán a la muerte.
En ese momento se produce uno de los primeros trastornos
en la buena marcha de los juicios. El proceso contra los
pilotos y el que atañe a Jesús Sosa Blanco serán los prin-
cipales exponentes de las discrepancias, que se hacen cada
día más evidentes, en el aparato judicial revolucionario.
Sosa Blanco había sido juzgado dentro de las instalaciones
de la Ciudad Deportiva y condenado a muerte. Él mismo
había denunciado ante el público presente y las cámaras
de televisión las condiciones de su proceso.
Ante el escándalo formado, las autoridades tuvieron que
organizar un segundo proceso en La Habana, anunciado
por Revolución en primera plana, el 14 de febrero:
“Juicio contra Sosa Blanco. El lunes se revisará la
sentencia que fue apelada.”

51
El plazo de vida otorgado a Sosa Blanco será, no obstante,
de corta duración.
En cuanto al juicio colectivo contra los pilotos, que tiene
lugar en Santiago de Cuba, el Tribunal revolucionario
se niega a seguir la demanda inicial del fiscal, que había
reclamado la pena de muerte para cuarenta de ellos. La
segunda demanda es “sólo” para un poco más de veinte,
mientras otros acusados se benefician de una clemencia
mayor, como lo anuncia un artículo en la página 15:
“Piden pena de muerte para veinte pilotos y tres artille-
ros. Anuncia el Fiscal Dr. Cejas que solicitará también 10
años de prisión para los restantes acusados por los bom-
bardeos a poblaciones civiles. Dos alegaron inocencia.”
Durante los días que siguen, es el juicio contra Sosa Blan-
co el que ocupa la primera plana del diario, relegando las
demás noticias sobre los procesos a las páginas interiores.
El 16 de febrero, un titular reza:
“Iniciado el juicio contra Sosa Blanco.”
La información señala también otras apelaciones, que no
darán lugar a una nueva sentencia y que serán tan expe-
ditivas como los procesos iniciales:
“Reabierta la causa con motivo de los asesinatos per-
petrados en la zona de Oriente. Recurso de Bécquer.”
Otros militares, ligados a Jesús Sosa Blanco y conside-
rados como “esbirros”, son capturados. Su culpabilidad,
según el diario, no deja lugar a dudas:
“Fállale a esbirros huir al extranjero.”
En la página 9, el periódico prosigue con la eterna letanía,
en otra ciudad, y con acusaciones vagas:

52
“Inician hoy juicios en Cienfuegos. Acusados por
crímenes.”
En la página cultural “Nueva generación”, un dibujo de
Chago muestra simplemente a un soldado revoluciona-
rio apuntando con su fusil a un condenado a muerte, sin
más comentarios. También figura en la misma página un
cuento de Sivino Ruiz Miyares sobre el mismo tema, titu-
lado “Justicia”. Severo Sarduy también publica un texto,
“Contra los críticos”, que no tiene nada que ver con las
ejecuciones esta vez, sino con la pintura.
En la página 23, el diario da a conocer la traducción de
un artículo de B. Z. Goldberg, escrito en yiddish, publi-
cado en The Day Jewish Journal de Nueva York. Bajo el
título “Fusilamientos en Cuba”, Goldberg, a pesar de su
repulsión por el espectáculo transmitido por televisión,
apoya abiertamente las ejecuciones, en estos términos:
“No es muy agradable leer, aparte de verlo por la tele-
visión, cómo los revolucionarios en Cuba fusilan a gen-
tes. Mas yo debo decir que no me puedo unir a los que
protestan y exigen, que los Estados Unidos soliciten
a Castro que termine con los juicios revolucionarios.”
Castro, de todas formas, no da por concluidos los proce-
sos. Éstos no se desarrollan siempre según las previsiones,
particularmente los que tienen como acusados a Jesús Sosa
Blanco, por un lado, y a los aviadores, por otro.
El 17 de febrero, Revolución evoca de nuevo en primera
plana el juicio contra Sosa Blanco, dejando entrever la
sentencia final:
“Continúa el juicio. Fueron desfavorables a Sosa
Blanco las pruebas.”

53
En la página 3, el diario sigue insistiendo sobre el proceso
contra los aviadores:
“Siguen juzgando a cuarenta aviadores. Ratifican las
declaraciones de los testigos de los crímenes contra la
población civil.”
Ésos no son los únicos procesos en curso. En la página 8,
el diario anuncia un nuevo juicio:
“Presos cuatro ex militares por crímenes. Cometidos
durante la tiranía. Serán juzgados.”
En la página 14, un titular precisa la conclusión de un
proceso de apelación:
“Condenados a muerte 3 agentes de policía. Ratificada
la última pena al ex teniente Bécquer, jefe de la planta
de la Policía Nacional. Rebajan de 30 a 10 años.”
Por un lado, unos ven confirmada su condena a muerte,
otros ven su sentencia aliviada. El 18 de febrero, el diario
anuncia en primera plana que la sanción contra el coman-
dante del Ejército de Batista, Jesús Sosa Blanco, ratificada
por el Tribunal revolucionario que lo volvió a juzgar en
La Cabaña luego de un primer juicio público en la Ciudad
Deportiva, ha sido finalmente aplicada:
“Fusilado en La Cabaña Jesús Sosa Blanco.”
La información viene ampliada más abajo, con todos los
detalles de la ejecución:
“Cumplen sanción. Fue fusilado a las 12 y 15 esta
madrugada.”
En páginas interiores, el periódico publica fotos del juicio,
a cargo del Tribunal revolucionario, presidido por Hum-

54
berto Sorí Marín, quien será a su vez fusilado en 1961.
Están acompañadas por las leyendas siguientes:
“Momentos en que el presidente del tribunal, coman-
dante Sorí Marín, leía al acusado la pena de muerte
por fusilamiento.”
“El fiscal, doctor Colón, de la Marina de Guerra, pide
la pena de muerte. En el curso del juicio había excla-
mado: ‘¡Merece veinte muertes!’”
“Antes de salir de la Sala del Tribunal Superior de
Guerra, el ex comandante estrecha la mano del defensor
que no pudo salvarle la vida.”
Así concluye el juicio más mediatizado de los inicios de
la revolución.
El juicio contra los aviadores, de una duración inhabitual,
se sigue desarrollando en Santiago de Cuba. Se trata esta
vez de la apelación, como lo indica una información en
la página 6:
“Contra criminales inician más juicios. Conocerá el
Tribunal Revolucionario de Santiago de Cuba un caso
de apelación. Pilotos que asolaron pueblos.”
En el diario, como de costumbre, se siguen publicando
declaraciones de apoyo a las medidas más extremas. Esta
vez son los propios militantes del Movimiento 26 de julio
de Fidel Castro los que se encargan de darle la mayor
publicidad a los juicios, bajo la forma de una muestra
pública, como se indica en la página 8:
“La Revolución sí hará justicia. Afírmanlo miembros
del Movimiento 26 de Julio a los familiares de asesinos
y confidentes. Amplia exposición.”

55
El texto desarrolla la idea de la generosidad de la revo-
lución con respecto a los condenados y a sus familiares:
“Los Tribunales Revolucionarios les conceden a estos
inhumanos y sádicos asesinos la oportunidad de ser
juzgados, de defenderse protegiéndose en el Código,
de presentar pruebas que aleguen de su culpabilidad,
de apelar… Pero… si al final resultan verdaderos cul-
pables de las atrocidades que se les imputa, deberán
ser condenados a la pena que les corresponda y no
habremos saciado necesariamente un deseo de ven-
ganza ni habremos apelado a la Ley de Talión, sino
simplemente habremos hecho justicia… pero eso sí…
¡Justicia completa!”
Los derechos más elementales aparecen de este modo
como un favor que les hacen a los acusados los tribunales
revolucionarios.
En la página 3, una nueva información concierne a otro
militar que conocerá, sin duda, un destino parecido al de
muchos de sus antiguos compañeros de armas:
“Capturado el ex sargento Clausell que detuvo a la
doctora Milanés.”
El 19 de febrero, el diario anuncia en primera plana el
arresto de otro militar, hermano de uno de los coroneles
más importantes del Ejército de Batista:
“Detenido O. Carratalá.”
En la página 4, se mencionan nuevas detenciones:
“Sorprendidos tres esbirros en Aguacate. Acusados de
conspirar. Quiso escapar uno de ellos.”
A éstos no se les reprocha su responsabilidad en los

56
crímenes cometidos bajo la dictadura sino un intento
de conspiración contra el nuevo poder revolucionario.
El calificativo de “esbirros” sólo sirve para alimentar la
confusión.
Mientras tanto, sigue teniendo lugar, en Santiago de Cuba,
el juicio contra los pilotos, detallado en otro artículo en
la misma página:
“Nuevos testimonios de bombardeo en Oriente. Decla-
raron numerosos testigos, muchos heridos y mutilados
contra la acción de los pilotos y artilleros de la tiranía.”
El 20 de febrero, en primera plana, Revolución da el
nombre de un nuevo condenado:
“Condenado a muerte el ex cabo Mirabal.”
En la página 8, un titular induce un inicio de clemencia
para algunos acusados pero reafirma la severidad de uno
de los tribunales revolucionarios hacia otro de ellos:
“Revocan pena a dos esbirros. El Tribunal de Apela-
ciones. La confirmó a un tercero.”
En la página 14, se indica otra condena, no a muerte, sino
“sólo” a treinta años de prisión:
“Condenado a 30 años.”
Al día siguiente, 21 de febrero, dos titulares en primera
plana mencionan nuevas condenas máximas. El primero
reza simplemente:
“Pena de muerte.”
No se trata de una sino de varias penas de muerte, entre
ellas las de Demetrio Clausell, cuya captura había sido
anunciada pocos días antes. El segundo trata de otro

57
caso, cuya sentencia ha sido dictada, pero deja traslucir
algunas dudas:
“Última pena a José M. Alfaro. Será apelada la senten-
cia. Considerada muy severa. Graves contradicciones
entre los testigos. Informe favorable.”
Los dirigentes revolucionarios siguen recibiendo con
grandes honores a los que han apoyado las ejecuciones
en el extranjero. El diario se refiere, en primera plana, a la
visita de un senador demócrata americano, que se expresó
en ese sentido desde los primeros momentos:
“Charles Porter visita Santiago.”
El juicio contra los aviadores ocupa aún algunas de las
principales noticias del diario, con nuevas contradicciones
entre los testigos:
“Sigue el juicio contra los aviadores criminales. De-
claran a favor de los acusados soldados y aviadores
del Ejército Rebelde. Algunos no cumplían órdenes.”
Ciertas señales de duda y de descontento se dejan entrever,
incluso entre los ex guerrilleros que estuvieron bajo las
órdenes de Fidel Castro.
Para apoyar las acusaciones contra ellos e intentar elimi-
nar las dudas, Revolución publica en primera plana, el
23 de febrero, varias fotos de un bombardeo efectuado
en noviembre de 1958, atribuido a los pilotos que siguen
siendo juzgados, bajo el título:
“Exclusivo: Fotos del bombardeo a Manatí.”
Las personalidades extranjeras que apoyan la revolu-
ción, incluyendo las ejecuciones, reciben sistemática-
mente invitaciones por parte de las autoridades cubanas,

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entre ellas el antiguo presidente de Costa Rica, José
Figueres:
“Figueres viene a Cuba. Invita Revolución a don Pepe
Figueres.”
El diario, cuyo director, Carlos Franqui, goza de exten-
sas atribuciones de poder, detalla así los motivos de la
invitación:
“Ahora REVOLUCIÓN le invita a pasar unos días en-
tre nosotros y conocer de cerca la Revolución cubana,
que Figueres ha defendido con entereza y comprensión.
Aquí, entre nuestros barbudos y los hombres jóvenes
que guían el país, Don Pepe se sentirá como en su
propia casa, estamos seguros.”
No es una razón suficiente para suspender las ejecuciones,
que algunas personalidades latinoamericanas no dudan en
justificar. También en primera plana, el periódico anuncia:
“Fusilado F. Bécquer.”
Al día siguiente, 25 de febrero, dos artículos en páginas
interiores prosiguen con la macabra letanía.
El primero señala nuevas ejecuciones en Oriente:
“Fusilamientos en Guantánamo.”
El segundo se refiere a otras ejecuciones en el extremo
occidental de la isla:
“4 fusilamientos en Pinar del Río.”
Los subtítulos se refieren a nuevos fusilamientos y con-
denas:
“Confirmada una sentencia.”

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“Más sentencias de muerte.”
“Fusilado el ex tte coronel Luis Grao.”
El 26 de febrero, las ejecuciones, en otra región del país,
vuelven a la primera plana:
“Condenas a muerte. Impuestas en Cienfuegos a cri-
minales de guerra.”
En Oriente, también prosiguen las ejecuciones, así como
el juicio contra los aviadores, como lo indica otro titular
en primera plana:
“Fusilados en Holguín. Piden pena de muerte para
pilotos de la tiranía.”
En la página 4, se precisa la sentencia de otro juicio an-
terior, al tiempo que se muestra una relativa clemencia
para otros acusados:
“Fusilarán a Mirabal. Responsable de la muerte del
joven Julio Álvarez. Conmutan penas de muerte.”
El 27 de febrero, Revolución anuncia, en primera plana,
el inicio de un nuevo proceso, el de los soldados acusados
de haber matado a los asaltantes, que no pertenecían al
Movimiento 26 de julio, del cuartel Goicuría, en Matan-
zas, durante la lucha contra la dictadura de Batista:
“Juzgan en Matanzas asesinos del Goicuría. Uno de los
acusados que había atentado contra su vida, compare-
ció acompañado de una enfermera. Severo castigo.”
Junto con el texto aparece una foto de uno de los respon-
sables de las antiguas fuerzas represivas, rodeado por
sus soldados, observando los cadáveres de algunos de
los asaltantes.

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Los juicios y las ejecuciones se suceden con un ritmo
rápido. Siempre en primera plana, un titular anuncia:
“Será fusilado Salas Cañizares.”
Otra noticia señala una ejecución y otras sentencias:
“Fusilado Mirabal. Pertenecía al grupo de Ventura.
Otras condenas.”
En la página 3, una noticia se refiere a un nuevo juicio
colectivo:
“Juicios hoy en la Marina.”
Al día siguiente, 28 de febrero, ese proceso ocupa la
primera plana del diario, bajo un título que señala la de-
manda del fiscal:
“Pena de muerte a altos oficiales de la Marina. Solicí-
tala el fiscal para el contralmirante Casanova, el como-
doro Arias y otros miembros de ese instituto armado.”
Un artículo resume el balance del día anterior, bajo el
título “Juicios”:
“Condenado ‘El Aviador’”.
“Última pena a otros.”
“Ex capitán fusilado.”
Revolución publica también, en primera plana, la foto
de dos hombres sonrientes uno al lado de otro. Se trata
de Fidel Castro y de Salvador Allende, en aquella época
senador de la República de Chile, que le aporta un apoyo
incondicional al Comandante en jefe y al proceso revo-
lucionario, hasta sus últimas consecuencias. La leyenda
de la foto precisa el marco de ese encuentro amistoso:

61
“Un buró del Palacio Presidencial sirve para improvi-
sar un comedor, cuando el Senador chileno Salvador
Allende charla con Fidel mientras ambos comen. Fue
anoche, durante un receso del Consejo. Allende invitó
a Fidel a visitar su país.”
La visita de Fidel Castro a Chile sólo tendrá lugar años
más tarde, en 1971, durante el periodo de la Unidad Po-
pular con Salvador Allende a su cabeza. Durará cerca de
un mes, con una gira espectacular por todo el país, que
será determinante para la historia chilena y el trágico
destino de Allende.

3) Marzo: “Lentos los juicios”


Numerosos son los intelectuales y artistas cubanos que,
al igual que ciertas personalidades extranjeras, expresan
su apoyo a las medidas más violentas y sanguinarias de
la revolución. Entre ellos, cabe destacar, por su determi-
nación, a la bailarina Alicia Alonso, que hace desde los
Estados Unidos las declaraciones siguientes, publicadas
en primera plana de Revolución el 2 de marzo:
“Lentos los juicios, dice Alicia Alonso. Durante una
entrevista para periodistas de los EE.UU. calificó a los
criminales como enfermos mentales.”
En el transcurso de su interminable carrera artística, Alicia
Alonso siempre tomará la defensa del régimen castrista,
pronunciándose a menudo a favor de las medidas más radi-
cales, como el encarcelamiento de disidentes o la ejecución
de jóvenes fugitivos durante la Primavera Negra de 2003.
La lentitud que critica Alicia Alonso encuentra su origen
en el juicio de oficiales de la Marina, que conocerá, al
62
igual que el que se sigue contra los aviadores, bastantes
peripecias contradictorias.
Otro titular del diario, en primera plana, anuncia la peti-
ción del fiscal en ese proceso:
“Mantienen la petición. Pena de muerte para 14 altos
oficiales de la Marina.”
Otro hombre arriesga también la pena de muerte, según
las prácticas habituales:
“Capturan al ‘Eléctrico’”.
En medio de los juicios que se suceden, parecidos unos a
otros, hay uno que focaliza la atención de la prensa y del
público: se trata del de los aviadores, a los que el Tribunal
revolucionario se niega a condenar a muerte. Fidel Castro
se ve entonces obligado a expresarse personalmente para
denunciar la clemencia de los jueces. El 3 de marzo, Re-
volución publica en primera plana su opinión:
“Sorprende a Fidel la absolución a pilotos.”
En esa misma página, se puede constatar la consecuencia
inmediata de la intervención de Castro:
“Será apelada la sentencia de los aviadores.”
La apelación no proviene de los acusados sino del gobier-
no revolucionario.
Paralelamente, otro juicio, el de los oficiales de la Marina,
parece seguir el mismo curso caótico.
El diario relata en la página 7 los pormenores de ese pro-
ceso y anuncia otro nuevo, intentado esta vez contra los
responsables del golpe de Estado de Fulgencio Batista,
realizado el 10 de marzo de 1952:

63
“Concluso para sentencia el juicio en la Marina. Juz-
gan por delito ‘Contra la forma de Gobierno’ a 14 ex
oficiales complotados en el golpe del 10 de marzo.”
“El Fiscal pide pena de muerte para 12. Tesis.”
En esa misma página, se anuncia el arresto de otras per-
sonalidades del antiguo régimen:
“Detenidos Pérez Carrillo y el ex comandante A.
Baeza.”
En el artículo, los subtítulos siguientes hacen referencia
a otras detenciones:
“Arrestado un piloto.”
“Detenido por asesinato.”
“Capturan un teniente.”
“Enviado a La Cabaña.”
Los tribunales revolucionarios siguen dictando penas de
muerte por todo el país, en este caso en Santiago de Cuba,
como lo muestra un titular en la página 8:
“4 condenados a última pena.”
El proceso contra los pilotos abrió una brecha en la
sucesión de ejecuciones expeditivas ordenadas por los
tribunales revolucionarios.
Al rechazar Fidel Castro la absolución de varios de los
acusados, hubo que hacer un nuevo juicio. El 4 de marzo,
Revolución precisa, en primera plana, sus modalidades:
“Nuevo Fiscal en el juicio a aviadores. ‘Se evitará que
por un fallo erróneo se ponga en libertad a notoriamente
culpables’, Doctor Augusto Martínez.”

64
Otras condenas a muerte son anunciadas, como lo muestra
un titular en la página 3:
“Juicio revolucionario se inicia hoy en Santa Clara.
Por la muerte del revolucionario Chichi Padrón. Dos
condenados a la pena capital en Sancti Spíritus. Re-
capturan dos prófugos de la cárcel villareña. Notas.”
En la página 6, prosigue el recuento de las condenas:
“Última pena a 3 acusados. Treinta años y penas me-
nores para otros. Protestan fallo de aviadores.”
En ese contexto, una sentencia, pronunciada en Cárdenas,
se destaca por su particular clemencia:
“Condenado a dos años un ex militar.”
En la página 7, bajo la foto de cuatro acusados, la leyenda
precisa:
“Culpables de diversos asesinatos y torturas.”
Ninguno de ellos goza de una posible presunción de ino-
cencia, por supuesto.
En la página 14, se anuncia el proceso contra el antiguo
jefe del BRAC, el Buró de represión de actividades co-
munistas, al que no se le reprochan actos sangrientos.
Sin embargo, Ernesto Che Guevara deseaba su condena
a muerte, por razones ideológicas:
“Juzgan a Castaño. También a varios de sus agentes.
Formulan contra él graves acusaciones.”
En páginas interiores, aparecen las fotos de los pilotos, que
pudieron creer en un milagro, pero que fueron juzgados de
nuevo, por la intervención personal de Fidel Castro en su
juicio. El objetivo del nuevo proceso se afirma claramente:

65
“‘Operación Verdad’ de Revolución. Los crímenes de
los aviadores no deben quedar impunes.”
Al día siguiente, 5 de marzo, el diario publica en primera
plana las sentencias:
“Última pena a aviadores. Para 19 y 3 artilleros. 30,
10 y 5 años para el resto.”
Un editorial del periódico critica duramente, bajo el título
de “Pilotos asesinos y leguleyos revolucionarios”, a los
jueces del Tribunal revolucionario de Santiago de Cuba,
que se habían negado a condenar en primera instancia a
los pilotos.
Los antiguos jueces se vuelven, a su vez, acusados. Para
explicar su decisión, éstos habían escrito:
“No ha podido justificarse plenamente y sin que quede
la menor duda de quiénes de los acusados que aquí se
juzga fueron los que produjeron las muertes, lesiones
y daños a que se refiere el resultado anterior.”
Una nueva ejecución se anuncia en primera plana:
“Fusilado G. Rojas.”
El mismo artículo anuncia otra condena:
“Sentencia de muerte.”
El proceso contra los miembros de la Marina es objeto de
controversias, al igual que el de los aviadores, con menos
publicidad alrededor de su causa. En efecto, la noticia se
publica sólo en la página 3:
“Piden se revise causa a marinos.”
En la página 5, varias informaciones dejan presagiar
nuevas ejecuciones:

66
“Última pena a ex sargento. Detenido uno de los ase-
sinos de Escalona.”
Un condenado a muerte logró, sin embargo, salvar su
vida. La pena capital fue sustituida por otra, de “sólo”
veinte años de cárcel:
“Le conmutaron la pena.”
La represión no se ejerce únicamente bajo la forma de
las ejecuciones. Así, el comandante Manuel Piñeiro, que
dirigirá las operaciones clandestinas en América Latina
bajo el seudónimo de “Barbarroja” antes de morir en
extrañas circunstancias en 1998, declara:
“Vigilamos a los enemigos de la Revolución.”
Esa vigilancia dará lugar, más tarde, a la creación de los
Comités de Defensa de la Revolución, los CDR, encar-
gados de consignar todas las actuaciones de los vecinos
en cada barrio, a lo largo y ancho de la isla.
El 6 de marzo, el periódico anuncia en primera plana las
nuevas peripecias de los procesos contra los pilotos y los
marinos, en los cuales se deja ver cierta confusión, motiva-
da por los desacuerdos entre las peticiones de los distintos
fiscales y las sentencias pronunciadas por los Tribunales:
“Sentencia a aviadores. Juicio en la Marina.”
Al mismo tiempo, empieza a cuajar una polémica en torno
a la filmación de la película Our man in Havana, según
la novela de Graham Greene. Nydia Sarabia, autora de
un artículo de opinión publicado en la página 2, critica
duramente al escritor inglés. La tribuna concluye con una
clara advertencia, que tendrá repercusiones durante las
semanas siguientes:

67
“Si Graham Greene ha escrito alguna novela basada
en la Revolución presente, que sepa cuidarse de lo
que dice, pues no se puede lucrar con el dolor de un
pueblo.”
En la página 5, una foto muestra a un hombre rodeado
de guardias. Se trata de un antiguo responsable sindical
partidario de Eusebio Mujal, antiguo dirigente de una
organización sindical cercana al régimen de Batista. La
leyenda explica:
“Detenido el mujalista Aldo Barrios.”
En la página 6, un artículo da cuenta de una nueva sen-
tencia de apelación, bastante clemente, ya que son sólo
dos años de prisión:
“Confirma el Supremo sentencia al Dr. Pino.”
Las protestas contra la justicia revolucionaria se ampli-
fican, no solamente en el extranjero. Las discrepancias
surgidas en el seno de los tribunales revolucionarios ya
no permiten llevar a cabo ciertos juicios de manera tan
expeditiva.
Revolución se ve obligado a publicar algunas opiniones
que llegan a cuestionar el entusiasmo proclamado por
las sanciones dictadas. En la página 6, un titular reza,
retomando la protesta que había emitido, en los primeros
días de enero, Olga Guevara, la hermana de una víctima
de la dictadura de Batista:
“Defiende a un sancionado la viuda de una víctima.
Alega que es inocente y no llegó a tiempo de decla-
rarlo así en el juicio. Ordenan investigaciones por
doble asesinato de revolucionarios en Guantánamo.
Notas.”
68
En la página 5, sin embargo, varias fotos muestran a los
marinos acusados, así como al fiscal. La leyenda que
acompaña el rostro de este último explica:
“El Alférez de Navío, capitán auditor Jaime Durán
Badué, pidió pena de muerte y años de privación de
libertad en la causa número 5 iniciada ayer tarde.”
Otro artículo prosigue con la letanía de siempre:
“Dos condenados a última pena.”
El 7 de marzo, en primera plana, Revolución relata nuevas
ejecuciones y anuncia otras por venir:
“Dos fusilados en Holguín. Acusados de crímenes de
guerra. Juzgan a otros.”
Otras noticias en el mismo artículo dan cuenta de otros
futuros condenados, algunos de ellos acusados de perte-
necer al grupo paramilitar conocido como los “Tigres”
de Masferrer, un antiguo revolucionario partidario luego
del régimen de Batista:
“Juzgan más criminales.”
“Preso pariente de Masferrer.”
“Trató de escapar.”
“‘Tigre’ criminal.”
En la página 5, se anuncian otros procesos:
“A juicios por el bombardeo. De Cienfuegos algunos
pilotos.”
Este juicio también conocerá peripecias ulteriores.
El más importante, intentado en Santiago de Cuba contra
los otros aviadores, ve llegar su epílogo. El 9 de marzo, el

69
diario anuncia en primera plana, retomando las declara-
ciones del fiscal que, en una extraña mezcla, es también
ministro:
“Se ha hecho justicia con los pilotos y artilleros asesi-
nos. Nos declara el Dr. Augusto R. Martínez Sánchez,
ministro de Defensa y Fiscal que tuvo a su cargo la
petición de pena en la revisión de la causa en Santiago
de Cuba.”
Las exigencias formuladas por Fidel Castro fueron final-
mente, pero sólo en parte, cumplidas.
Los tribunales revolucionarios tienen aún muchas tareas
por delante, particularmente contra los marinos de Cien-
fuegos, como lo anuncia otro titular en primera plana:
“Reanudan hoy juicios contra 40 ex miembros de la
Marina.”
En la página 7, otro artículo anuncia nuevas condenas
capitales, dictadas durante un juicio de apelación que tuvo
lugar dentro del cuartel Moncada de Santiago de Cuba,
donde se había desarrollado la primera gesta militar de
Fidel Castro, el 26 de julio de 1953:
“Ratifican varias penas de muerte.”
El 10 de marzo, en primera plana, el diario anuncia nuevas
penas, de prisión esta vez:
“Condenados varios ex militares ayer.”
Otros militares ven sus penas de muerte conmutadas a
largos años de prisión, según un artículo publicado en la
página 4. En la página 6, el diario vuelve sobre el juicio
seguido contra los marinos, destacando las nuevas de-
mandas contra ellos:

70
“Reanudan juicio por los sucesos en Cienfuegos.
Modificará peticiones el Fiscal contra 40 ex miem-
bros de la Marina. Aparecen acusados de asesinato y
prevaricación.”
En la página 13, se muestran las fotos de diez hombres
detenidos en la fortaleza de La Cabaña, en La Habana, que
son objeto de una encuesta por parte de la “Comisión de
investigación y depuración”, al mando del Che Guevara.
Están invitadas a presentarse ante ella todas las personas
que tuvieran cargos que formular contra los acusados.
El 11 de marzo, el proceso contra los marinos de Cienfue-
gos sigue ocupando la primera plana del diario:
“Concluso el juicio. A ex oficiales de la Marina por
sucesos de Cienfuegos.”
Las condenas resultan bastante clementes, como muestra
de las discrepancias que agitan algunos de los tribunales
revolucionarios. Así aparecen, en primera plana, el 12
de marzo:
“Condenan marinos. De 12 años a 6 meses a 13 acu-
sados. 14 los absueltos.”
Un editorial sin firma, titulado “La pena de muerte”, jus-
tifica plenamente las numerosas condenas pronunciadas
durante los primeros meses de la revolución.
El Comandante en jefe esgrime la amenaza en sus dis-
cursos, extendiéndola incluso a los que están acusados de
corrupción y no sólo a los presuntos culpables de crímenes
cometidos bajo la dictadura de Batista:
“Exclusivo: Texto del discurso de Fidel en Santiago.
Pena de muerte para malversadores.”

71
En la página 3 se muestra una foto de tres acusados. La
leyenda dice:
“Sentenciados a la pena capital.”
En la página 8, se anuncia otra detención:
“Arrestado el ex cdte. Casal.”
En la página 15, un artículo anuncia otros juicios, al
tiempo que concluye el proceso contra los marinos, en
Cienfuegos:
“Catorce juicios en Cienfuegos.”
Los juicios tienen lugar en todo el territorio, como lo
muestra esta noticia, publicada en primera plana el 13
de marzo:
“Ratifican pena de muerte en P. del Río.”
Algunos de esos procesos siguen planteando problemas y
desatando polémicas, incluso después de concluidos. Es
el caso del de los pilotos, primero absueltos, luego con-
denados como consecuencia de la intervención personal
de Fidel Castro.
El 14 de marzo, Revolución publica este titular en primera
plana:
“Justo el fallo a los aviadores, declara el Colegio Na-
cional de Abogados.”
Según otro artículo, los abogados no dudan en apoyar la
nueva legalidad:
“Apoyan los abogados la justicia revolucionaria.”
“‘En el juicio seguido contra los aviadores se respeta-
ron las normas legales’, declara el Colegio Nacional.”

72
Los Tribunales que dictan sentencias que no reciben el
visto bueno gubernamental empiezan a ser desautorizados,
como lo muestra un artículo en la página 3:
“Demandan nuevo tribunal para la Causa N° 77.”
En la página 15, se anuncian nuevos arrestos. Un primer
artículo precisa:
“Detienen a dos ex militares.”
El segundo se refiere a otro arresto y a un juicio ya en
curso:
“Preso un acusado de la muerte de Escalona. Continúa
el lunes el juicio por la muerte de Escalona.”
El 16 de marzo, en la página 11, el diario da cuenta de
otra ejecución:
“Fusilado ‘El Tigre.’”
También se anuncia un nuevo juicio:
“Juzgarán al que asesinó a siete.”
El 17 de marzo, en la página 4, nuevas condenas son
señaladas:
“Penas de prisión a varios acusados.”
El 18 de marzo, en primera plana, se siguen anunciando
juicios masivos:
“Juicio en la Marina. Ciento treinta acusados de ase-
sinatos y otros delitos.”
El diario precisa también las medidas que se empiezan
a tomar contra los magistrados demasiado clementes,
que se niegan a seguir las consignas del gobierno revo-
lucionario:

73
“Terminan depuración. Separados magistrados de
Santiago de Cuba y Habana.”
Nuevas ejecuciones siguen señaladas en dos artículos pu-
blicados en la página 8. El primero da una noticia escueta:
“Fusilados dos ex militares.”
El segundo es más preciso:
“Cinco fusilados en Santiago de Cuba.”
El 19 de marzo, en primera plana, el director de Revolu-
ción, Carlos Franqui, escribe un editorial titulado “Los
fusilados”. En él se justifican sin matices las ejecuciones,
a pesar de todas las protestas, internas e internacionales,
en nombre del pueblo que, pretendidamente, las apoya
de forma unánime:
“Cuando la Revolución más ordenada, más pacífica y
más humana del mundo subió al Poder, convocó a la
Nación y le preguntó qué debía hacer con los princi-
pales criminales de guerra.
El pueblo dijo sí, pidiendo su ajusticiamiento. Perio-
distas, abogados, sacerdotes; todos dijeron sí.
En la “Operación Verdad”, también dijeron sí, los
periodistas honestos de todo el Continente.
Pero la Revolución que no es fría, maquiavélica ni
calculadora, que pudo fusilar a los criminales de guerra
en una semana, por la convicción material y moral de
sus crímenes, prefirió el procedimiento del más amplio
y exhaustivo derecho, con todas las oportunidades para
el acusado, basado en el concepto de la mejor justicia:
que ni un solo inocente fuera ejecutado, aunque los
juicios demoraran meses y la campaña de calumnias

74
y aislamiento contra la Revolución cubana se desatara
con la mayor violencia.
Hoy puede decirse con satisfacción: Ni un solo ino-
cente ha sido castigado. Incluso algunos culpables han
sido puestos en libertad por falta de pruebas (…)”
Años más tarde, en 1968, Carlos Franqui tomaría el ca-
mino del exilio, transformándose, al igual que Guillermo
Cabrera Infante, en uno de los principales opositores al
castrismo.
Pero son muchos los que no han olvidado esos escritos,
en el que justificaba y alentaba las ejecuciones, abundan-
temente comentadas día tras día en el diario del que fuera
director desde el principio al fin.
Esos escritos tendrán consecuencias inmediatas, como en
el juicio anunciado al lado del editorial:
“Inician juicio por la muerte de Cusido.”
Junto con los responsables del periódico, algunos ciuda-
danos reclaman venganza. En la página 4 aparece la foto
de un revolucionario muerto. Su madre reclama el castigo
del responsable de su muerte:
“Pide justicia.”
Algunos magistrados siguen mostrando señales de incon-
formidad con las medidas exigidas por el gobierno. Un
artículo en la página 8 alude a esos desacuerdos:
“Causas por asesinatos. En los Tribunales Revolucio-
narios de Holguín. Se inhibe la Audiencia.”
El 20 de marzo se anuncian otros juicios en la página 7,
sin peticiones de muerte:

75
“Juicios a ex oficiales y marinos por asesinato. Pertene-
cían los acusados a la Marina de Guerra. Pide el Fiscal
la pena de 20 años de prisión y trabajos forzados para
los siete acusados presentes.”
Otros no tienen la misma suerte. En otro artículo, de
manera cada vez más escueta, aparecen las menciones
“Fusilados”, luego “Fusilado” y, finalmente, “Ratifican
pena”.
El periódico sigue resaltando en primera plana, el 21 de
marzo, el apoyo reafirmado por ciertas personalidades
extranjeras, como el ex presidente de Costa Rica, José
Figueres, recibido por Carlos Franqui, entre otras perso-
nalidades.
En la página 17, se anuncian otro arresto, el del ex militar
implicado en la muerte del dirigente revolucionario Frank
País, y otro juicio:
“Detenido un ex teniente. Redactó en Santiago de Cuba
las actuaciones en la muerte de Frank País.”
También se anuncia en el artículo:
“Juzgan criminal de guerra.”
El 23 de marzo, en primera plana, no aparece ninguna
ejecución, sólo la foto de un desfile en que se concen-
traron, como siempre durante los cincuenta años de la
revolución, “un millón” de trabajadores. En la página 7,
José Figueres manifiesta su adhesión a la revolución por
medio de una nota manuscrita:
“Aquí estoy, en la Tribuna del Palacio Presidencial, con
el Sr. Presidente Urrutia y Sra., con Fidel, con Cuba,
viendo desfilar la Historia.”

76
El 24 de marzo, en la página 8, el diario publica once
fotos de prisioneros, con la identidad de cada uno y con
la leyenda siguiente:
“Otro grupo de detenidos en La Cabaña. Las personas
que tengan cargos contra ellos pueden concurrir a esa
fortaleza y formular las correspondientes denuncias.”
A cada instante, pues, se alienta la participación popular,
ya sea para denunciar a los sospechosos, ya sea para
aplaudir su ejecución.
Al mismo tiempo, el gobierno revolucionario anula los
delitos cometidos por algunos revolucionarios durante
la lucha contra Batista, como lo explica un artículo en la
página 8:
“Anulan procesamientos por delitos revolucionarios.”
Los arrestos se siguen sucediendo. En la página 8, debajo
de una foto, aparece este titular:
“Detenido”.
Luego, en la página 14:
“Ex alcalde de Güines detenido en Guanabo.”
El 28 de marzo, en primera plana, un titular reza:
“Será sensacional el juicio contra Portela.”
En este caso, no se trata de un ex militar sino del antiguo
director de la “Casa de Beneficiencia y Maternidad” de La
Habana, acusado de corrupción. La amenaza de los juicios
se va extendiendo a amplios sectores de la sociedad.
El 27 de marzo, Revolución publica una noticia que no
tiene relación con la anterior dictadura. Los arrestados son

77
acusados de otro tipo de delito, esta vez contra el poder
revolucionario:
“Frustran complot. Cinco los detenidos. Pretendían dar
muerte a Fidel Castro.”
Ahora son los profesores insuficientemente vinculados
a la revolución los que forman uno de los blancos prin-
cipales del poder. El 30 de marzo, en primera plana, el
diario proclama:
“Estudian bases para depurar a maestros. Afectará a
los dirigentes de los Colegios que están maculados
por su vinculación a la tiranía. Aulas a los eminentes.”
El juicio contra los marinos de Cienfuegos prosigue:
“Reanudan los juicios. En la Marina por los sucesos
de Cienfuegos. Otros.”
En la página 9, otro artículo menciona:
“Capturado un prófugo condenado a 30 años.”
El gobierno interviene a menudo directamente en los
juicios, dictando o modificando las sentencias, cuando
éstas no le convienen. Así, los miembros de los tribuna-
les revolucionarios se reúnen con Fidel Castro, como lo
precisa el mismo artículo:
“Informan al doctor Fidel Castro sobre juicios.”
En la página 9, el diario informa sobre la campaña de
depuración en los medios educativos:
“Prosiguen depurando en la Universidad.”
Los profesores apartados de las escuelas, públicas y pri-
vadas, así como de las universidades, son inmediatamente
sustituidos por otros, considerados como más revolucio-

78
narios, como anunciado en primera plana por el diario el
31 de marzo:
“Maestros eminentes serán nombrados en nuevas aulas.”
En la página 4, se habla de un nuevo arresto y de futuras
condenas:
“Ex fiscal detenido. Piden pena de muerte.”
En la página 9, aparecen nuevas fotos de detenidos en
La Cabaña. Esta vez son dieciséis, en espera de nuevos
cargos y de futuros juicios.
La leyenda precisa sus nombres y los presenta como
sospechosos, sin precisar de qué:
“En las prisiones militares de La Cabaña se encuentran
detenidos y sujetos a cargos que se puedan formular
contra ellos (…)”
La fortaleza de La Cabaña fue el mayor centro de repre-
sión revolucionaria. Las ejecuciones allí eran cotidianas,
bajo la supervisión y la participación directa del coman-
dante Ernesto Che Guevara.

4) Abril: “La revolución no se ha ensañado con nadie.”


El 2 de abril, la primera plana de Revolución viene
ocupada por la cuestión de las escuelas privadas y de la
depuración de los profesores:
“Respaldo a depuración.”
En la página 6, se menciona nuevamente el juicio seguido
contra los marinos:
“Terminan prueba testifical en el juicio de la Marina.”

79
En opinión de los dirigentes, de ciertos editorialistas y
artistas, los juicios no son bastante rápidos. Por ello se
implementan medidas para su aceleración, esencialmente
con la designación de nuevos magistrados que sustituyen a
los que se niegan a aplicar sanciones demasiado radicales.
Así lo indica un titular del periódico en primera plana,
el 3 de abril:
“Activarán los juicios. Designado personal para Tri-
bunales Revolucionarios.”
Las sanciones judiciales no sólo se aplican a los antiguos
militares de la dictadura de Batista. También van dirigidas,
aunque de manera más moderada, contra los trabajadores
que no apoyan lo suficientemente la causa revolucionaria.
Éstos arriesgan la expulsión de sus puestos de trabajo. En
la página 5, se anuncia:
“Justicia Revolucionaria se aplicó a los telefonistas.”
Pero, al mismo tiempo, el diario sigue anunciando, en la
página 6, nuevas condenas y penas de muerte:
“Condenas de 30 años para asesinos de la dictadura. Se
trata de la causa seguida por la muerte de San Román,
Brito y José M. Pérez. Solicitan pena de muerte para
el patrón de la lancha ‘4 de septiembre’. Defensas.”
El 7 de abril, en la página 7, el diario relata una nueva
detención:
“Delator detenido.”
El 9 de abril, en primera plana, Revolución trata del caso
de un condenado a muerte, no por haber cometido crí-
menes bajo la dictadura de Batista, sino por otra clase de
delito, completamente distinto:

80
“Apela mariguanero condenado a muerte.”
De ese modo, la represión se extiende mucho más allá de
las acusaciones contra los “esbirros” y los “torturadores”.
Al mismo tiempo, en la página 2, el diario publica la
entrevista por G. Caín (seudónimo de Guillermo Cabrera
Infante) a un intelectual americano que brinda su apoyo
a la revolución, el dramaturgo Tennessee Williams, bajo
el título:
“El Tennessee desemboca en La Habana.”
El 10 de abril, un titular en primera plana retoma los tér-
minos de un discurso de Fidel Castro que hace referencia,
nuevamente, a las ejecuciones:
“La Revolución no se ha ensañado con nadie.”
Paralelamente, el diario anuncia un acontecimiento impor-
tante, que explica la relativa moderación de esa proclama:
el primer viaje de Fidel Castro a los Estados Unidos desde
que asumió el poder.
El 14 de abril, dos noticias en primera plana aluden a la
represión. La primera se titula:
“Sanción por una muerte. 20 y 15 años por la muerte
de Rafael Escalona Almeida.”
La segunda anuncia un nuevo arresto:
“Explican la detención de Juan Luis Martín.”
En la página 8, dos artículos dan la noticia de dos nuevas
detenciones:
“Capturan a 2 ex miembros de la policía.”
“Preso en La Cabaña el Dr. Pichín Larraz.”

81
Revolución publica también una página entera de fotos de
Korda, acompañadas de un texto de G. Caín, que tienen
por tema el equipo de filmación de la película Nuestro
hombre en La Habana. En una de las fotos, Cabrera
Infante aparece al lado del autor de la novela, Graham
Greene. Ambos vivirán más tarde en la misma ciudad,
Londres, donde Cabrera Infante pasará la mayor parte de
su vida de exiliado.
El 15 de abril, en primera plana, el diario anuncia, en un
artículo titulado “‘Our man in Havana’ y la Revolución”,
la interrupción de la filmación de la película, por orden
de la “Comisión de Orden Público del Ministerio de Go-
bernación”. La censura empieza a funcionar.
Las consignas contra los profesores insuficientemente
allegados al nuevo gobierno son también aplicadas, a
semejanza de los juicios seguidos en otros sectores:
“Tribunal depurador.”
Otro titular en primera plana relata una salida pública del
Comandante en jefe:
“Veinte mil fanáticos ovacionaron a Fidel Castro en
el nuevo Stadium.”
Precisemos que el término “fanáticos” se utiliza aquí
solamente para designar a los fans de béisbol.
Las ejecuciones no cesan, como anunciado en la página 2:
“3 fusilamientos esta madrugada.”
Otra noticia se refiere a un nuevo arresto, en la página 4:
“Detenido el ex líder telefónico Rubiera.”
En la página 8, más ejecuciones:

82
“Fusilados dos ex militares.”
En la página 11, se señala otro proceso en perspectiva:
“No han fijado aún el juicio a Meruelo.”
Los opositores a la revolución que no tuvieron responsabi-
lidades bajo la dictadura de Batista son también detenidos,
ya que aparecen nuevos amagos de conspiración contra
el nuevo gobierno:
“A La Cabaña nuevos conspiradores.”
El 16 de abril, un editorial en primera plana justifica la
instauración de la censura cinematográfica:
“Hay que evitar que filmen películas difamatorias.”
Al lado, se publica la noticia de una condena relativamente
clemente infligida a un ex militar:
“Condenado a 5 años Alberto Boix Comas.”
En la página 6, un nuevo proceso viene anunciado:
“Inician juicio en la Marina.”
Los acusados y condenados por los tribunales revolucio-
narios protestan en las prisiones contra los juicios a los
que son sometidos. El 17 de abril, Revolución publica en
primera plana un artículo titulado:
“Falsa la huelga de hambre en la Cabaña.”
A pesar de las protestas dentro y fuera del país, los pro-
cesos se siguen desarrollando con la misma intensidad,
como lo muestra esta noticia en la página 8:
“Piden pena de muerte para dos acusados de delación.
También solicita el Fiscal seis años a otros acusados
ante el tribunal de la Marina de Guerra. Comprome-

83
tida situación de un acusado por la muerte de Jorge
Agostini.”
Otros procesos son también mencionados, esta vez en
Oriente:
“Juicios en Manzanillo.”
Otro artículo señala una nueva detención:
“Capturado un delator.”
El movimiento de protesta de los presos se amplifica,
sobre todo dentro de la prisión militar de La Cabaña.
Sus familiares toman el relevo. Un titular en primera
plana, el 18 de abril, rechaza las informaciones sobre el
arresto de las esposas y otras mujeres de las familias de
los prisioneros:
“Falsa versión sobre la detención de damas.”
“Pese a estar tomando fotos interiores en La Cabaña se
les trató correctamente por los oficiales del Ejército.”
También se anuncia un nuevo arresto:
“Detenido el ex jefe de policía de Palacio.”
A partir del 20 de abril, es el viaje de Fidel Castro a los
Estados Unidos y a otros países de América Latina el que
ocupa los titulares en primera plana. Uno de los enviados
especiales encargados de cubrir el periplo del Comandan-
te en jefe es Guillermo Cabrera Infante, junto con otro
futuro exiliado, el cineasta Emilio Guede. En la página
31, Revolución publica fotos de Korda alrededor de ese
viaje. En una de ellas, Castro aparece junto a Pedro Luis
Díaz Lanz, “jefe de la Aviación Rebelde”, quien será uno
de los primeros militares de alto rango en romper con el

84
régimen y transformarse en uno de sus más acérrimos
enemigos. En otra foto, Castro aparece rodeado de un
grupo de colegialas. La leyenda precisa que se dirige
a ellas en un “precario inglés”. Ninguna alusión de ese
tipo a propósito del Comandante en jefe será permitida
posteriormente.
En la página 2, aparece una entrevista con Graham Greene,
que había sido criticado anteriormente en varias ocasio-
nes. La línea política en relación con los intelectuales y
la censura no está aún perfectamente definida en esos
primeros meses.
Las ejecuciones no cesan. En la página 7, un artículo
lleva por título:
“Cinco sancionados a la pena capital.”
El 21 de abril, otro proceso, contra uno de los voceros de
la dictadura de Batista, vuelve a ocupar la primera plana
del diario:
“Juzgan a Meruelo.”
“Mañana en La Cabaña. Pide el fiscal la última pena.”
En la página 5, a pesar del viaje de la estancia de Castro en
los Estados Unidos, se siguen reportando nuevos juicios
y ejecuciones:
“Piden pena de muerte para dos acusados de delación.
Concluso para sentencia el juicio seguido en la Marina
de Guerra Revolucionaria contra agentes del batistato.
Piden también condena de 6 años para otros.”
La represión abarca también a los traficantes o a los sim-
ples consumidores de drogas, como lo atesta un artículo
publicado en la página 7:

85
“Presos varios mariguaneros.”
El 22 de abril, un titular en primera plana relata la abso-
lución de otro hombre, por delitos que no tienen nada que
ver por el antiguo régimen:
“Anulan sentencia a un mariguanero.”
Otro acusado no tendrá derecho a la misma clemencia:
“Piden 20 años a Martínez Sáenz.”
Un artículo en la página 7 anuncia que los juicios en la
Marina llegan a su conclusión:
“Condenan a ex marinos. Dictaron sentencias de 20,
10 y 2 años contra varios acusados de delaciones.”
En el interior de las prisiones, la situación no es óptima,
como lo deja entrever esta información a propósito del
Castillo del Príncipe, otra cárcel de La Habana:
“Riña entre dos presos.”
El 23 de abril, es el juicio contra Otto Meruelo el que
ocupa la primera plana:
“Juzgan a Meruelo.”
En la página 11, el diario desarrolla la información, acom-
pañada de una serie de fotos:
“Pide el fiscal para Otto Meruelo pena de muerte por
fusilamiento.”
“Iniciado el juicio en La Cabaña por los delitos de
calumnias, injurias, amenazas, vejaciones y asesinato
imperfecto.”
Otro comentario muestra el interés morboso del público
en los procesos:

86
“Insuficiente el local para el público que deseaba ver
juzgar al más despreciable de los voceros de la tiranía.”
La justicia revolucionaria se esfuerza en eliminar los obs-
táculos que pudieran frenar los procesos, como lo anuncia
un titular en primera plana del diario ese mismo día:
“Depuran abogados.”
En la página 5, el diario relata otros arrestos, por motivos
diversos:
“Varios detenidos por tráfico de mariguana.”
“14 detenidos.”
En la página 14, un artículo muestra la extensión de la
represión por robo o por corrupción:
“Detenidos acusados de robar $75.000.”
Otros son acusados de conspiración:
“Arrestan a dos individuos a quienes le ocuparon
armas.”
En la misma página, se pueden ver nuevas acusaciones
contra responsables de la dictadura de Batista:
“Pide el fiscal 20 años de prisión para Martínez Sáenz.
Solicitan también la pena de muerte contra varios
acusados de cometer diversos crímenes en el Presidio
de Isla de Pinos.”
Los familiares de los presos, comunes en este caso, se
manifiestan para pedir clemencia:
“Demandarán amnistía para presos comunes.
Otto Meruelo logró salvar su vida, como lo anuncia el
diario en primera plana el 24 de abril:

87
“30 años a Meruelo.”
Mientras tanto, Cabrera Infante sigue relatando la cróni-
ca del viaje de Castro en una serie de artículos titulados
“Viajando con Fidel”. Ese día viene encabezada por una
cita de un discurso del Comandante en jefe:
“Terminarán juntos exilios y dictaduras.”
No será así para Cabrera Infante, muerto en el exilio.
En la página 6, la letanía de las condenas prosigue, esta
vez contra un antiguo oficial del Servicio de Inteligencia
Militar, el SIM:
“Imponen especial condena a un ex capitán del SIM.”
“Estaba acusado de maltrato a prisioneros y de homi-
cidio imperfecto y le impusieron 26 años de prisión e
inhabilitación ciudadana de por vida.”
La represión viene acompañada de una campaña de
moralización que abarca la prostitución, los salones de
juego, los casinos. En la página 7, se anuncia el cierre de
prostíbulos, al tiempo que se vuelve a plantear el tema de
la polémica alrededor de la película inspirada en la novela
de Graham Greene:
“Nuevos prostíbulos fueron cerrados.”
“Actuó la viuda de Marcelo Salado para evitar una
escena discriminatoria en el film ‘Nuestro hombre en
La Habana.’”
El 28 de abril, otro juicio vuelve a la primera plana, bajo
el título:
“Termina el juicio. Seguido a Martínez Sáenz y otros.
Dictarán el fallo.”

88
En la página 5, se anuncian varias condenas a muerte en
un mismo artículo:
“Pena capital a un agente del Buró.”
“Pena de muerte.”
El presidente del Tribunal revolucionario es el capitán
Orlando Borrego, designado más tarde como ministro,
que acabará suicidándose años después.
La reorganización de los Tribunales sigue su curso, como
lo señala un artículo en la página 7:
“Fueron designados numerosos jueces.”
La depuración se extiende a la universidad. Sus profe-
sores, así como los de la Escuela de Periodismo, se ven
obligados a adherir a los principios del poder revoluciona-
rio, si no quieren ser despedidos. Igualmente, las escuelas
privadas tienen que cerrar progresivamente sus puertas.
El 29 de abril, Revolución publica en primera plana el
siguiente titular:
“Inician depuración en la Universidad.”
“Comienzan a funcionar los tribunales el lunes próximo.”
No se trata en este caso de tribunales revolucionarios
sino de “tribunales depuradores”. Son ellos los encarga-
dos de llevar a cabo las sanciones contra los profesores
recalcitrantes.
La represión incluye también a antiguos sindicalistas
tildados de corruptos, como lo indica un artículo en la
página 5:
“Piden castigo ejemplar para un ex líder que robó
fondos.”

89
En la página 14, un nuevo artículo señala las sentencias
de distintos procesos, bajo el título:
“Juicios en La Cabaña.”
Una primera noticia es igual a las anteriores:
“Condenados a muerte.”
Otra, sin embargo, sorprende más bien agradablemente:
“Absuelto Martínez Sáenz.”
Otro artículo, sin embargo, viene a corregir cualquier idea
de clemencia:
“Tres fusilamientos esta madrugada en La Cabaña.”
El 30 de abril, el viaje de Fidel Castro por los Estados
Unidos y América Latina ocupa la primera plana y varias
páginas interiores. Guillermo Cabrera Infante firma otra
vez la crónica, justificando de nuevo las ejecuciones, como
lo había hecho en escritos anteriores, de manera menos
enfática, no obstante:
“La Revolución Cubana deja detrás estela de positivo
entendimiento.”
“En Washington había un periodista que me juraba
que tenía copia fotostática de los respectivos carnets
del Partido Comunista de Raúl Castro y de Ernesto
Guevara. En Nueva York un chofer de taxi creía que
Batista había sido electo en Montreal. Un hombre de
negocios que pensaba que en Cuba se fusilaba a los
que no creían en la revolución. En Houston un joven
empleado que jamás había oído hablar de los crímenes
de Ventura ni de las torturas de Carratalá y confundía
a Sosa Blanco con un soldado cumplidor del deber.”

90
Al tiempo que prosigue el viaje oficial de Fidel Castro,
los arrestos en Cuba siguen su curso, según un artículo
publicado en la página 15:
“Detención de varios confidentes en la ciudad de Ca-
magüey.”
Las depuraciones también continúan. Afectan a los sec-
tores más insospechados, como la Cruz Roja:
“Depuraciones en la Cruz Roja Cubana. Irradiados de
la Orden de Honor y Mérito numerosos ex militares
de la dictadura. Expulsan a sancionados.”
La represión va afectando paulatinamente a amplios
sectores de la población, mucho más allá de los acusados
de haber cometido crímenes bajo la dictadura de Batista

5) Mayo: “Humanismo revolucionario”


Los procesos no cesan. El 4 de mayo, se anuncia en pri-
mera plana, entre otros, el del general Cantillo, acusado de
haber autorizado la huida de Batista y de haber intentado
frustrar la victoria de los revolucionarios:
“Juzgan esta semana a Eulogio Cantillo.”
“Solicita el Fiscal la pena de muerte para dicho ex gene-
ral. Tratará, el martes la apelación de la doctora Herrera.”
Una página interior está dedicada a la bailarina Alicia
Alonso, que se había pronunciado a favor de los juicios
y de las ejecuciones. Las fotos son de Jesse Fernández,
que morirá exiliado en Francia.
El 5 de mayo, las depuraciones en la universidad ocupan
la primera plana de Revolución, con la puesta en práctica

91
de Tribunales específicos:
“Está depurándose ya la Universidad. Funcionan los
Tribunales designados para realizar dicha labor. Diez
días para presentar denuncias. (…)”
Por su parte, los otros Tribunales, encargados de condenar
a los acusados, siguen funcionando, como lo muestra un
titular en la página 2:
“Resolverán hoy apelación de la Dra. Herrera.”
Otras noticias en el artículo aluden a otros procesos:
“Señalan para el lunes el juicio de Cantillo. Absueltos
seis acusados.”
En la página 7, el diario relata el trágico final de un con-
denado que había logrado escapar a sus carceleros:
“Se suicidó al verse cercado. Un condenado que se
fugó. Mató a un soldado rebelde que lo perseguía.”
Las autoridades nombran a fiscales allegados, para no
sufrir ninguna contestación en los tribunales revolucio-
narios, como lo explica un artículo en la página 8:
“Identificados los fiscales con ideal revolucionario.
‘Hemos salido de nuestros castillos para adentrarnos
en el alma del pueblo’, declaró ante el Presidente
Urrutia el Fiscal del Supremo. Necesaría la integridad
para ser Fiscal.”
El presidente de la República, Manuel Urrutia, deberá a
su vez abandonar sus funciones poco después, en julio,
para tomar el camino del exilio.
El 6 de mayo, un editorial del diario comenta en primera
plana el viaje de Fidel Castro, que se prolongó más allá

92
de la fecha prevista por tierras latinoamericanas, y califica
de este modo la ideología del nuevo régimen:
“Humanismo revolucionario.”
En la página 3, se relatan nuevos juicios, ilustrando en
qué consiste ese “humanismo revolucionario”:
“Piden pena de muerte para Elpidio Núñez.”
“Juicio contra Aldo Barrios.”
El 7 de mayo, en primera plana, el diario parece anunciar
cierta clemencia hacia una categoría particular de presos:
“Estudian amnistía a presos comunes.”
En la página 14, otros hechos vienen a contradecir las
ilusiones de una mayor indulgencia:
“Condenado un acusador. Piden pena de muerte para
tres acusados.”
El 8 de mayo, en la página 8, el diario trata de otro pro-
ceso en curso:
“Declaró Cantillo en la Marina de Guerra. Fue en el
juicio que siguen al capitán de Corbeta López Campos,
a quien piden 10 años de prisión. Los testigos.”
El 11 de mayo, el diario confirma, en primera plana, las
sentencias, ya antiguas, dictadas contra los aviadores:
“Los pilotos no serán juzgados nuevamente.”
De regreso a Cuba, Fidel Castro se interesa a la vez por los
juicios y por la filmación de la película Nuestro hombre
en La Habana, que es objeto de arduas polémicas. Bajo
una foto en primera plana del Comandante en jefe junto
con la actriz Maureen O’Hara, un titular reza:

93
“Presenció Fidel la filmación de escenas de ‘Our man
in Havana’. Cambió impresiones con los intérpretes y
directores Carol Reed, Maureen O’Hara y Alec Gui-
ness. Explicación por un incidente. ‘Cuba es un país
maravilloso’, dijeron.”
Así se da por cerrado el “incidente” que causó un inicio
de censura. Los protagonistas de la película, sin embargo,
no pronuncian declaraciones a favor de la revolución.
En la página 14, el diario sigue dando noticias sobre la
represión:
“Varios detenidos por malversadores.”
El 14 de mayo, la primera plana de Revolución sigue
refiriéndose a la depuración en la Universidad:
“Depuran a profesores. Formulan cargos a más de 200
en la Universidad.”
Otro titular da cuenta de una nueva condena:
“Fue condenado un ex alcalde. Imponen 30 años de
trabajo forzado al de Caibarién.”
Otro artículo alude a la represión:
“Capturan prófugos.”
Un nuevo juicio tiene lugar:
“Hoy será juzgado Ernesto de la Fe.”
Siempre en primera plana, las declaraciones de uno de
los actores de la película Nuestro hombre en La Habana,
Alec Guiness, intentan dar la impresión de un inicio de
apoyo al proceso revolucionario:
“Elogia A. Guiness a técnicos cubanos.”

94
En la página 14, cierta indulgencia hacia los presos co-
munes es de nuevo anunciada:
“Estudian proyecto de rebaja de penas.”
En la página 15, siguen las informaciones sobre un pro-
ceso en marcha:
“Concluso para sentencia un juicio en la Marina. Pide
el Fiscal en el mismo 10 años de privación de libertad
para el capitán de corbeta Adolfo López Campos.
Declaraciones.”
Un proceso importante no llega a tener lugar:
“Suspenden juicio a Cantillo Porras.”
El 22 de mayo, en la página 4, el diario se refiere a una
nueva amenaza hacia otra categoría de acusados:
“Sancionarán a delatores.”
En la página 14, las informaciones retoman su curso
habitual:
“Siguen juicios por el golpe del 10 de marzo. Encausa-
das 210 personas de las cuales sólo 44 están detenidas.
El resto en rebeldía. Separan al ex Gral. E. Cantillo.”
La represión judicial abarca cada vez más sectores, como
lo muestra un artículo en la página 15:
“Envían a los Tribunales a comerciantes que especulan.”
El 26 de mayo, en primera plana, Revolución prosigue
con la depuración universitaria:
“Aceptan la renuncia del profesor Junco. Ratificadas
en la Universidad de La Habana 81 denuncias contra
profesores, alumnos y empleados. Un recurso.”

95
El 27 de mayo, en primera plana, el diario comenta otro
de los procesos pendientes:
“Dictarán hoy sentencia por el golpe del Diez de
Marzo.”
Un artículo anuncia:
“Muerte a viciosos. Informan sobre las proyecciones
judiciales.”
De esa manera, la pena de muerte se va extendiendo hacia
categorías indefinidas de la población, mucho más allá de
lo inicialmente anunciado.
Las antiguas instituciones judiciales son severamente
cuestionadas, como lo precisa un artículo en la página 5:
“Declaran como enemigo público a un abogado.”
El 28 de enero, el principal proceso en curso, seguido
hacia los responsables del golpe de Estado de Batista, el
10 de marzo de 1952, vuelve a aparecer en primera plana:
“Pena de 30 años. Solicita el fiscal para los complota-
dos del marzato.”
El 29 de mayo, en primera plana, los que son objeto de
amenazas ya no son antiguos militares sino nuevos cul-
pables de delitos contra la revolución:
“Envían al Juzgado más especuladores.”
Todas las categorías de la población saben, de allí en
adelante, que pueden ser objeto de persecuciones ante
unos Tribunales particularmente severos.

96
6) Junio: “Los complotados”
El 1 de junio, Revolución vuelve a retomar en primera pla-
na la continuación del juicio seguido contra los presuntos
responsables del golpe de Estado de Batista:
“Dictan hoy sentencia a los que colaboraron con el
golpe del 10 de Marzo.”
El 2 de junio, el diario anuncia las sentencias en primera
plana:
“Imponen 25, 20, 15, 10 y 5 años a los complotados.”
Esta vez no hay pena de muerte.
Así concluyen los anuncios casi diarios de procesos se-
guidos contra los antiguos responsables de la dictadura
de Fulgencio Batista. Revolución deja desde entonces
de publicar las noticias relativas a las condenas y a las
ejecuciones. Sin embargo, éstas seguirán produciéndose
durante medio siglo de castrismo en el poder.
Las autoridades entendieron finalmente que la publicidad
dada a los fusilamientos en la prensa podía acabar por
dañar la imagen de la revolución en el exterior de la isla.
Periódicamente, sin embargo, nuevos juicios reaparecerán
en la prensa cubana, tanto en Revolución como, después
de la desaparición del diario, en su sucesor, Granma.
Las ejecuciones asumidas ante la opinión pública fueron
una constante de la revolución cubana. Durante largos
meses, desde la toma de poder por Fidel Castro el 1 de
enero de 1959, las noticias relativas a los juicios fueron
publicadas en primera plana de Revolución, como un
desafío lanzado a las protestas que se dejaron oír. Buena
parte de los que apoyaron esas medidas fueron, a su vez,

97
reprimidos u obligados al exilio. Sus escritos permanecen,
como prueba fehaciente de lo que la ideología naciente
de la revolución consideraba como un “humanismo re-
volucionario”.
FOTOS
La muerte en imágenes en la revista Bohemia
Izq. y dcha.: Ajusticiamiento de García Olayón (secuencia).
Prisión y muerte de Joaquín Casillas (secuencia).
Muerte de Jacinto Menocal.
Fusilamiento de Cornelio Rojas (secuencia).
Ajusticiamiento de Juan Centellas (secuencia).
Izq. y dcha.: Fusilamiento del teniente Despaigne (secuencia).
Izq. y dcha.: Fusilamientos en Manzanillo (secuencia).
Juicio a Sosa Blanco.
Sosa Blanco hablando a la multitud.
Una mujer señala y acusa a Sosa Blanco.
Sosa Blanco entre rejas.
Muerte de Casillas Lumpuy,
intentando arrebatarle el fusil a un soldado.
SEGUNDA PARTE
La muerte en imágenes en la revista Bohemia
(Edición de la libertad)

La revista Bohemia, fundada en 1908, fue la mejor aliada


de Fidel Castro desde los días posteriores a su asalto al
cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Fue censurada en
distintas ocasiones por la dictadura de Fulgencio Batista
por haber criticado enérgicamente los actos de violencia
y de tortura cometidos por el Ejército contra los revolu-
cionarios pero logró salir a la luz con bastante regularidad
mientras duró la lucha insurreccional, dándoles la palabra
a los insurrectos y a Fidel Castro personalmente. Lógica-
mente, se sumó a la victoria castrista pero con tal fervor
que logró hacerle competencia a los órganos de la prensa
revolucionaria.
La óptica por la que se guiaba la publicación era, no
obstante, muy diferente de las publicaciones revolucio-
narias. Sus objetivos esenciales consistían en denunciar
los crímenes cometidos por la dictadura pasada. Fue ella
la que primero adelantó la cifra arbitraria y sumamente
exagerada (pero retomada de forma sistemática por la
propaganda del régimen) de los “veinte mil muertos”. Sus
redactores, la mayoría de los cuales se exiliaron posterior-
mente, siguieron la línea política generalizada tendiente
a glorificar las ejecuciones ordenadas por los tribunales

117
revolucionarios, publicando secuencias fotográficas que
mostraban a las víctimas de los pelotones de fusilamiento
desde el momento en que salían de sus celdas hasta su
llegada al paredón detallando, incluso, el tiro de gracia en
la nuca. Esas fotos macabras eran vistas por el conjunto
de la población. El público de la revista era, en efecto,
muy amplio y fiel.
Bohemia publicó tres números especiales, reagrupados
bajo el título de Edición de la libertad para celebrar el
triunfo de la revolución. La tirada del primer número fue
de un millón de ejemplares.
Más tarde, Miguel Ángel Quevedo, el director de la re-
vista, que había contribuido a la elaboración de los mitos
forjados por el castrismo, se exilió en Venezuela, donde
se suicidó.
En esas primeras publicaciones post-revolucionarias del
semanal, que sigue existiendo en Cuba pero que está to-
talmente controlado por el Estado, empezaba a despuntar
el culto a la personalidad de Fidel Castro.

Primera parte (17 de enero): “Contra el comunismo”


El primero de los tres números de la Edición de la libertad
de Bohemia, fechado del 11 de enero de 1959, muestra en
su portada un retrato dibujado de Fidel Castro de perfil,
mirando hacia arriba, sin duda hacia el porvenir, mientras
aparece atrás otro dibujo, el de un soldado rebelde, empu-
ñando un fusil y dando un grito de victoria. El titular reza:
“Honor y gloria al HÉROE NACIONAL”
“Héroe Nacional” figura en caracteres más gruesos. Es la

118
calificación que le atribuye Bohemia a Fidel Castro. De ese
modo, la revista elige magnificar su figura y presentarlo
como el salvador de la patria.
No obstante, el objetivo primordial de Bohemia consiste
en construir un acta de acusación contra la dictadura de
Batista, una constante en su política editorial desde el gol-
pe de Estado del 10 de marzo de 1952. El primer artículo
de la revista, sin firma, se titula:
“Los muertos mandan”
La revista denuncia los crímenes de Batista, sin dudar un
instante en comparar la policía del antiguo régimen con
la Gestapo:
“Los defensores de la satrapía, nacidos de la misma
cuna y ligados por la misma sangre a los demás hijos
de la Isla, trataron a sus conciudadanos de igual modo
que la Gestapo nazi y el ejército de Hitler se ensañaron
con las poblaciones vencidas.”
Para subrayar el paralelismo, el artículo retoma nueva-
mente la misma comparación:
“La policía del tirano Batista procedió como una Ges-
tapo importada.”
De ese modo, la represión llevada a cabo bajo la dictadu-
ra batistiana iba a poder justificar los juicios contra sus
principales responsables. Los tribunales revolucionarios
serían, así, meras prolongaciones del tribunal de Núrem-
berg contra los principales dignatarios nazis.
Este último, sin embargo, fue menos expeditivo en sus
condenas. En Cuba, ninguna garantía legal y ningún plazo
de apelación razonable fueron concedidos a los acusados.

119
Bohemia muestra luego a plena página una foto poco agra-
dable de Batista, con traje civil y pronunciando una aren-
ga. En la página de enfrente, figura un artículo titulado:
“QUE NO VUELVA JAMÁS EL MONSTRUO”
La palabra “monstruo” está citada en tres ocasiones,
conjuntamente con otras expresiones parecidas como “la
Bestia” o, también, “el déspota”. No había llegado la hora
de analizar la larga carrera política de Batista, que había
sido elegido presidente de la República entre 1940 y 1944,
antes de ejercer una férrea dictadura entre 1952 y 1958.
En otro artículo, sin embargo, uno de los principales
intelectuales cubanos, Jorge Mañach, que desempeñó un
papel importante en la lucha contra la dictadura antes de
exiliarse bajo el régimen castrista para morir más tarde
en Puerto Rico, procede a un balance más matizado del
pasado inmediato, bajo el título:
“El drama de Cuba.”
Se trata, en realidad, de un largo texto escrito durante la
lucha revolucionaria, que tenía que haber sido publicado
en la revista Cuadernos durante la primavera de 1958,
pero cuya difusión fue bloqueada por la censura.
Mañach se refiere en estos términos a Fidel Castro, quien
entonces era sólo el jefe de la guerrilla en la Sierra Maes-
tra, pero que había adquirido una estatura internacional a
raíz de la entrevista realizada por el periodista americano
Herbert L. Matthews en febrero de 1957:
“… la figura juvenil y audaz de Fidel Castro, que ha
captado la imaginación de los reporteros norteame-
ricanos y aún las simpatías de algunos órganos de
expresión tan importantes como el New York Times.”
120
En su conclusión, Mañach ensalza nuevamente al futuro
Líder Máximo, con elogios dignos de un incipiente culto
a la personalidad:
“Si Fidel Castro llegase a triunfar en ella se abriría para
Cuba la incógnita natural de toda mutación semejante,
pero bajo un signo de indudable fervor patrio. Si, por des-
gracia, pereciese Castro en la contienda, es de temer que
el proceso cubano no cambiaría sino en la superficie.”
Aunque intuyera que la revolución cubana se iba a identi-
ficar con la personalidad de Fidel Castro, Mañach estaba
muy lejos de imaginar el curso que iba a seguir su régimen.
Él mismo, en el crepúsculo de su vida, tuvo que imple-
mentar su propia experiencia, particularmente amarga.
Numerosos fueron los que después de haber celebrado
la caída de la dictadura de Batista y la victoria castrista
en las páginas de Bohemia, obligados a tomar el camino
del exilio: José Pardo Llada, Antonio Ortega y muchos
más. Antes de ser considerados como traidores, habían
contribuido ampliamente a forjar el prestigio de Castro y
de sus compañeros.
Los dirigentes revolucionarios, entre ellos Ernesto Che
Guevara, Camilo Cienfuegos y el presidente de la Repú-
blica, Manuel Urrutia, visitaron los locales de la redacción
para dejar constancia de su gratitud por el apoyo que la
revista les había brindado. El homenaje más elocuente
era, naturalmente, el de Castro:
“A la revista Bohemia, mi primer saludo después de la
victoria porque fue nuestro más firme baluarte. Espe-
ro que nos ayude en la paz como nos ayudó en estos
largos años de lucha, porque ahora comienza nuestra
tarea más difícil y dura.”
121
Efectivamente, Bohemia cumplió con la tarea que le ha-
bía sido asignada, apoyando constantemente el proceso
revolucionario sin jamás llevar a cabo la más mínima
crítica consecuente.
En ese número, la revista publica dos editoriales. El pri-
mero lleva por título:
“De las tinieblas a la luz”
El texto retoma lo esencial del pensamiento y de los
discursos de Fidel Castro, aunque fueran profundamente
contradictorios con los hechos:
“La revolución quiere quedar limpia de toda mácula.
Los responsables de hechos de sangre y de toda clase de
delitos contra el pueblo serán juzgados por Tribunales
Revolucionarios, dentro de un procedimiento judicial
rodeado de toda clase de garantías. A pesar de los
muchos atropellos que han sufrido los revolucionarios
en su carne y en su espíritu, no les anima un propósito
revanchista. No quieren ellos castigar el crimen con el
crimen, sino con la ley, posición vertical y noble que ha
sembrado extraordinaria confianza entre las inevitables
confusiones del momento. Fidel Castro ha dicho con
grandeza que en esta guerra no ha habido vencidos,
sino vencedores y que la victoria ha correspondido
plenamente al pueblo de Cuba. Y ha añadido que la
revolución podrá permitirse el lujo de ser generosa
porque hará justicia y la justicia, por muy rigurosa que
sea, es incompatible con la venganza.”
Más adelante, no obstante, para contradecir o para ilustrar
esos propósitos (según la interpretación que cada uno
quiera darle), una serie de fotos particularmente macabras
ocupan una doble página, bajo el título:
122
“¡Exclusivo! Ajusticiado García Olayón.”
Se trata de la primera ejecución mostrada con múltiples
detalles gráficos por Bohemia. La página de la izquierda
lleva tres fotos del momento en que el condenado es
arrastrado hacia el paredón. En la de la derecha, se pue-
den ver otras: unas en las que se ve el cuerpo del hombre
atravesado por las balas, con el polvo que una de ella
levanta en el muro que se encuentra detrás de él, y otras
en que primero se ve el cadáver de cuerpo entero, luego
el detalle de la cabeza con el orificio producido por el tiro
de gracia final. Una de las leyendas precisa:
“El tiro de gracia es visible en la gráfica. La justicia
revolucionaria había ejecutado a otro sádico criminal.”
Las otras leyendas que acompañan la secuencia fotográ-
fica explican apenas de quién se trataba, un “esbirro”
según la retórica habitual, mencionando las acusaciones
vertidas contra él, centradas en el asesinato de un revo-
lucionario. Hasta el último momento, el hombre negó
cualquier culpabilidad en ese crimen. No tuvo realmente
la oportunidad de defenderse.
El hombre que dio la orden final de la ejecución no se escu-
da, por su parte, detrás de ninguna voluntad de anonimato:
“El Capitán René Rodríguez -veterano del M-26 -7 y
expedicionario del Granma-, ordenó la descarga de las
carabinas automáticas.”
El capitán René Rodríguez, al contrario de los miembros
del pelotón encargado de la ejecución, es perfectamente
visible en las fotos. Durante largos años ocupará impor-
tantes funciones en distintos organismos oficiales del
nuevo régimen.

123
El fusilamiento de García Oyalón es la primera referencia
a las ejecuciones en la Edición de la libertad de Bohemia.
No será la última.
Las páginas de la revista vienen plagadas de fotos
mostrando los crímenes de la dictadura de Batista, in-
tercaladas entre las secuencias que muestran los nuevos
fusilamientos. Así se justifican las sentencias de muerte
y las ejecuciones.
Más lejos, Bohemia publica un artículo sobre otro militar
del antiguo régimen, titulado:
“El que a hierro mata… Prisión y muerte de Joaquín
Casillas.”
La referencia a Prisión y muerte de Joaquín Murrieta, de
Pablo Neruda, es clara. En el caso de Joaquín Casillas, un
ex coronel acusado de ser culpable de numerosos críme-
nes, no se trata de una ejecución sino de un intento de fuga
que se saldó con su muerte. Al pie de una foto mostrando
su cadáver sanguinolento, la leyenda dice:
“Después su propio miedo le hizo intentar algo imposi-
ble: la fuga. Y en ese intento halló la muerte. Con ello
no hizo más que anticiparse pues de todas maneras la
Revolución iba a juzgarle y era muy difícil que con tal
hoja de crímenes no se le condenara a muerte.”
Más claro no podía ser: de todos modos, el hombre no le
podía escapar a la muerte. El juicio, que finalmente no
tuvo lugar, no hubiera significado ningún cambio para él.
Otra foto muestra a los autores de la muerte de Casillas
posando orgullosamente. El mismo número de Bohemia
relata el final de otro “esbirro”, que también había inten-
tado darse a la fuga antes de ser herido de muerte, lo que
124
no le impidió suicidarse. Dos páginas, abundantemente
ilustradas, vienen dedicadas a ese suceso, bajo el título:
“La caza del Implacable Jacinto Menocal. El pueblo
y los milicianos lo cercaron y herido de muerte se
suicidó.”
Dos fotos del cadáver resultan particularmente impactan-
tes. La primera lleva la leyenda siguiente:
“Así apareció el cadáver del comandante Jacinto Me-
nocal.”
La segunda tiene como objetivo acentuar la responsabi-
lidad del ex militar en la represión llevada a cabo por la
dictadura:
“Otra vista del enemigo número uno del pueblo.”
La atribución del título de “enemigo número uno del pue-
blo” es evidentemente exagerada para un militar que no era
tan famoso y cuyo nombre cayó rápidamente en el olvido.
En las páginas siguientes, las ejecuciones ceden el lugar
a la instalación oficial del presidente de la República
designado por los revolucionarios, el magistrado Manuel
Urrutia, pero, sobre todo, a la entrada triunfal de Fidel
Castro en La Habana el 8 de enero, bajo el título:
“Apoteosis en la capital”
Una foto muestra a Castro pronunciando su primer discur-
so en el campamento de Columbia, en el momento justo
en que dos palomas blancas le rodean y una de ellas se
posa sobre su hombro. Un símbolo de paz en medio de
un derroche de violencia. La leyenda de la foto resulta
por lo menos ambigua, tomando en cuenta las fotos que
ilustran buena parte de la revista:

125
“Y, como un símbolo, una paloma de inmaculado plu-
maje se posa sobre el hombro de Fidel.”
Otro editorial, sin firma, resultará con el tiempo parti-
cularmente cuestionable, habida cuenta de la evolución
ideológica posterior de la revolución cubana. Su título:
“Contra el comunismo”
El comentario de la revista se refiere a las propias decla-
raciones de Castro:
“Pero la conciencia y la acción de nuestro pueblo han
madurado lo bastante para que no logre nadie desviar-
lo, en el instante de reconquistar la democracia, hacia
ideologías que niegan la libertad.
Un suceso muy reciente confirma este aserto: la declara-
ción que acaba de hacer el jefe de la Revolución, doctor
Fidel Castro, anunciando que el nuevo gobierno negará
todo trato a los estados regidos dictatorialmente, y
mencionando en primer término a la Unión Soviética.”
El resto del editorial es un ataque contra los principios
anti-democráticos del comunismo, refiriéndose particu-
larmente a la represión contra la insurrección húngara
de 1956.
Pero uno de los elementos principales de este número de
Bohemia se encuentra sólo al final. Se trata del número de
víctimas atribuido al régimen batistiano. El título afirma:
“Más de veinte mil muertos arroja el trágico balance
de la dictadura de Batista”
“Veinte mil muertos”: esa cifra, completamente arbitraria,
avanzada con el fin de realzar el carácter sanguinario de
Batista (que no necesitaba de ninguna exageración para

126
ello) así como la dimensión épica de la guerrilla castris-
ta, se impuso rápidamente como una verdad inalienable
para el pueblo cubano y para numerosos estudiosos de la
revolución cubana. Bohemia hace un recuento detallado
de las acciones represivas llevadas a cabo desde el golpe
de Estado del 10 de marzo de 1952, pero estamos muy
lejos de la cuenta. Esa cifra servirá de justificación per-
manente a las ejecuciones ordenadas por los tribunales
revolucionarios.
Ese primer número de la Edición de la libertad de Bo-
hemia pasó a la historia esencialmente a causa de esa
cifra inverosímil, que se impuso sin embargo como una
verdad colectiva e indiscutible.
La revista exageraba manifiestamente el número de
víctimas de la represión para darles a sus lectores una
información falsa pero sensacionalista. Eso se produjo
en múltiples ocasiones, no sólo en Cuba.

Segunda parte (18 de enero): “Reportajes sensacionales”


La segunda entrega de la Edición de la libertad de Bo-
hemia es, aparentemente, más neutral que la precedente.
En la portada aparece un dibujo estilizado de una mujer
con una gorra roja adornada con una estrella, gritando
de dolor. Eso significa que la revista va a insistir nueva-
mente sobre la represión llevada a cabo por la dictadura
de Batista. Debajo del dibujo, se anuncia, simplemente:
“Reportajes sensacionales”
Las imágenes sensacionalistas de Bohemia marcarán
indeleblemente el inicio de la historia en marcha.

127
La primera foto en páginas interiores es la de un joven,
rubio, armado de un fusil, rodeado por combatientes más
maduros. La leyenda resume el significado de la foto:
“¡Esta es nuestra juventud!”
Luego desfilan nuevas imágenes destinadas a denunciar
los crímenes del régimen derrocado: fotos de jóvenes,
vestidos de civil, asesinados, así como de los principales
responsables de la represión, uniformados.
Más adelante, un texto del poeta popular El Indio Naborí
ocupa una doble página, para saludar de manera ditirám-
bica la gesta revolucionaria:
“Fidel fidelísimo, retoño martiano,
asombro de América, Titán de la hazaña
que desde las cumbres quemó las espinas del llano
y ahora riega orquídeas ¡flores de montaña!
Y esto que las hieles se volvieran miel,
se llama… ¡Fidel!
Y esto que la ortiga se hiciera clavel,
se llama… ¡Fidel!
Y esto que la Patria no sea un cuartel,
se llama… ¡Fidel!
Y esto que la bestia fuera derrotada por el bien
[del hombre,
esto que la bestia se volviera luz,
esto tiene un nombre sólo un nombre:
FIDEL CASTRO RUZ.”
Los cantos a Fidel fueron declinados desde los inicios de
la revolución. No fueron forjados después de que su figura
se hubiera vuelto indiscutible. El culto a su personalidad
se hizo de manera espontánea. No fue producto de una
mera manipulación por un aparato propagandístico ela-
128
borado a partir de largos años de experiencia, basada en
el precedente estalinista.
La revolución no trae en su mochila un futuro de paz.
Bohemia parece deleitarse con las imágenes de las eje-
cuciones practicadas por el nuevo régimen.
La revista reproduce las últimas palabras, bastante enig-
máticas, pronunciadas por el coronel Cornelio Rojas poco
antes de caer bajo las balas del pelotón de fusilamiento:
“Ya tienen la revolución: No la pierdan… -dijo poco
antes de morir el coronel Cornelio Rojas”
La secuencia fotográfica es efectivamente sensacional,
como lo anunciaba la portada. La primera foto muestra al
ex coronel de la policía de Batista, vestido de civil, detrás
de los barrotes dirigiéndose a un hombre.
La leyenda precisa la significación de la escena:
“Momentos en que el coronel Cornelio Rojas recibía
los auxilios religiosos de un ministro evangélico”
La segunda es la del hombre, con sombrero, caminando
solo:
“El coronel Rojas sale de la prisión, camino del lugar
de ejecución”
En la tercera, el hombre, seguido esta vez por un grupo
de jóvenes soldados armados cuyos rostros no son disi-
mulados, se dirige con paso decidido hacia el paredón:
“Seguido del pelotón de fusilamiento, el coronel Rojas
se acerca al paredón”
La cuarta foto es la más impresionante. Recoge el instante
en que Cornelio Rojas recibe la descarga de los fusiles. Su

129
sombrero vuela por los aires mientras él parece quedarse
clavado al muro que está detrás:
“Instantes en que el coronel Cornelio Rojas recibe la
descarga del pelotón de fusilamiento”
La quinta es un detalle de ese momento, como si no bastara
una visión de conjunto:
“Al recibir la descarga el sombrero salta por el aire”
La última imagen es un primer plano de la cabeza del
hombre ejecutado, con los ojos desorbitados, en medio
de un charco de sangre. La leyenda dice, simplemente:
“Después del fusilamiento”
Son las imágenes de la barbarie ordinaria de los inicios de
la revolución. No hubo indignación frente a esas escenas
que el pueblo cubano tuvo que ver hasta la saciedad, en
las páginas de la revista pero también en las actualidades
cinematográficas, difundidas antes de cada película.
La represión afecta a la vez a los antiguos oficiales y a los
simples soldados del Ejército de Batista, como lo muestra
el titular siguiente en la página siguiente:
“El ajusticiamiento de ‘JUAN CENTELLAS’”
El texto que acompaña esa secuencia fotográfica retoma
las justificaciones avanzadas por el poder revolucionario:
“Ésta es la hora de rendir cuentas -una de ellas, una
de tantas horas en que los hombres que cometieron
crímenes y tropelías a la sombra del tirano tienen que
pagarlos.
El gobierno, por boca de sus líderes, lo ha dicho: los
que no hayan cometido crímenes nada tienen que te-

130
mer; pero los que estén manchados de sangre, nadie
podrá salvarlos.
Nadie ha podido salvar al terrible “Juan Centellas”
(Juan Rodríguez) en la zona de Vega Alta, las Villas.
Estas fotos registran los últimos momentos del antes
temible soldado de Camajuaní.”
Las leyendas que acompañan las cuatro fotos publicadas
son tan macabras como las imágenes:
“El soldado Juan Rodríguez (“Juan Centellas”) en
prisión.”
“El condenado a muerte recibe los auxilios de un mi-
nistro evangélico. No se arrepintió de nada.”
“Momento en que recibió la primera descarga.”
“Y ahí terminó todo: Juan Rodríguez ha pagado sus
crímenes.”
Aún colocando esos terribles textos e imágenes en su
contexto particular, de una violencia extrema, el tiempo no
logra atenuar la sensación que se desprende de esas fotos
ni de la delectación que parecen expresar los autores (fo-
tógrafos y redactores) de esos “reportajes sensacionales”.
En esta segunda entrega de la Edición de la libertad de
Bohemia, aparecen también los que, después de haber
sido juzgados, esperan a ser fusilados. Un reportaje de la
revista lleva por título:
“Historia de horrores. La gavilla de asesinos del co-
mandante Menocal”
Las fotos muestran a cinco hombres que intentan defen-
derse frente al autor del artículo, que hace las veces de

131
acusador, Luis Rolando Cabrera, quien deja entrever a sus
lectores la suerte que les ha sido reservada a los acusados:
“Antes mataron fríamente; ahora, ante la inminencia
del castigo, se culpan unos a otros.”
Una escena recurrente se muestra en las fotos: la de las
últimas palabras de los que van a morir a un cura, como
lo subraya la leyenda:
“Un sacerdote franciscano se acerca a la reja del es-
trecho calabozo para impartir consuelo espiritual a los
asesinos que esperan la llegada de su hora.”
Otro artículo de alabanza a Fidel Castro llama la atención.
Se titula:
“Fidel: no nos falles”
Su autor: Agustín Tamargo. Fallecido en 2006, Tamargo
fue durante muchos años una de las principales voces del
exilio en Radio Mambí, la emisora más escuchada por la
comunidad cubana de La Florida.
Su radicalismo en contra del régimen castrista era legen-
dario. Pero no siempre fue así. En la introducción de su
artículo publicado en Bohemia, escribía:
“Ahogados por la emoción del triunfo y humedecida
de lágrimas nuestra alma por el precio que por él he-
mos pagado, retornamos de nuevo a nuestra línea de
combate periodístico.”
De ese modo, la revista era considerada como simple
auxiliar del nuevo poder. La desilusión posterior del
periodista frente a Fidel Castro corre paralela al en-
tusiasmo manifestado en los primeros instantes de la
revolución.

132
Otro desilusionado frente al castrismo fue el comandan-
te Humberto Sorí Marín, que elaboró la primera ley de
Reforma agraria en la Sierra Maestra antes de ser uno de
los principales responsables en el seno de los tribunales
revolucionarios para ser luego nombrado ministro de
Agricultura. En las páginas de la revista, aparece con
su uniforme de comandante. Acabará siendo fusilado en
1961 después de haber enviado al paredón a numerosos
acusados.
El editorial de la revista alude, por su parte, a las protestas
de la prensa internacional contra las ejecuciones. Se titula:
“Cubanos peores que las fieras”
El texto justifica la actuación de los tribunales revolucio-
narios recurriendo nuevamente al ejemplo del tribunal de
Núremberg:
“Lo que no se reprochó a Núremberg, que no se le
censure a Cuba.”
El autor no duda en comparar los dos tipos de justicia.
Defiende las ejecuciones, minimizando su alcance frente
a los crímenes de la dictadura derrocada:
“Resulta irritante para la opinión pública nacional
que los mismos personajes que no levantaron su voz
mientras la tiranía de Batista ensangrentaba a la Isla
y era baldón de la humanidad civilizada; los que no
estimaron reconvenir a la dictadura por sus atentados
al derecho de gentes, sus múltiples crímenes y sus
bombardeos de ciudades indefensas, se estremecen
teatralmente ahora por unos pocos actos de justicia
que nadie en Cuba discute. Y los que no protestaron a
tiempo del crimen cuando las mismas calles céntricas

133
de la capital daban evidencia de cadáveres inocentes,
no tienen derecho a protestar cuando se sanciona a
sus asesinos.”
No hubo sólo ejecuciones en esos momentos. También
hubo suicidios, como el de un joven teniente del Ejército
rebelde, que acabó con su vida prácticamente ante los
ojos de Fidel Castro y de Ernesto Che Guevara, por no
haber logrado evitar un robo de armas dentro de su propio
cuartel. El titular de Bohemia reza:
“La trágica decisión del teniente Chinea.”
Según la revista, las últimas palabras del teniente al Co-
mandante en jefe fueron las siguientes:
“¡Creo en ti, Fidel; creo en la revolución!”
Más adelante, Bohemia relata la estancia de Fidel Castro
en los locales de la revista, mostrando en foto el abrazo
entre él y el director, Miguel Ángel Quevedo, quien se
suicidará en el exilio, bajo el título:
“La visita del Héroe.”
Curiosamente, la Edición de la libertad abre sus columnas
a un hombre acusado de haber sido uno de los principales
portavoces de Batista y de haber denunciado a varios
revolucionarios: Otto Sirgo.
Encarcelado en la fortaleza de La Cabaña, había logrado
fugarse gracias a la benevolencia del comandante Camilo
Cienfuegos, antes de pedir asilo en la embajada argentina.
De allí pudo lograr hacer llegar sus palabras a la redacción,
que decidió publicarlas:
“Mi defensa frente a la calumnia. ¡Juro por Dios que
soy inocente!”

134
Otto Sirgo será el primero y único acusado autorizado a
presentar su defensa en una publicación revolucionaria.
La última escena de muerte que aparece en esta entrega
concierne a otro ex militar batistiano, que no llegó a ser
fusilado:
“Así murió el criminal. Último minuto de Casillas
Lumpuy.”
Una foto muestra los últimos instantes del hombre que,
antes de ser fusilado, prefirió arrojarse sobre el arma de
uno de los soldados para arrebatársela con la intención de
suicidarse o de disparar contra sus guardias.
El texto colindante es categórico:
“El criminal logró frustrar las formalidades de la eje-
cución, pero la justicia popular se cumplió de todos
modos.”
Lo importante no son las “formalidades” de la muerte
sino la muerte en sí misma, como consecuencia ineluc-
table de la “justicia popular”.

Tercera parte (1 de febrero): “Más de un millón


de cubanos”

La Edición de la libertad debía tener solamente dos nú-


meros. Pero la demanda fue tan importante (un millón de
ejemplares para la primera entrega) que la revista decidió
sacar una continuación. Su publicación fue retrasada una
semana para brindar a sus lectores más fotos de ejecuciones.
La portada de ese tercer número no se refiere ya directa-
mente a Fidel Castro sino a José Martí, para conmemorar

135
el “Natalicio del Apóstol”, el 28 de enero de 1853. ¿Signi-
fica eso un cambio en la orientación de la redacción? En
absoluto. Castro siempre afirmó su voluntad de aparecer
como el heredero del héroe de la independencia cubana.
Las referencias a Martí tienen como objetivo la legitima-
ción histórica de la revolución.
Después de haber proclamado su filiación martiana, Bo-
hemia abre sus páginas sobre una cifra que también se ha
vuelto mítica, al igual que la de los “veinte mil muertos”
de la dictadura de Batista. Encima de la foto de un mitin
de masas destinado a apoyar las ejecuciones, el titular de
la revista reza:
“En un acto sin precedentes, más de un millón de cu-
banos ratifican todo el apoyo de la patria al gobierno
de la revolución”
A los redactores de la revista les gustaban las cifras
redondas, imposibles de verificar. Durante medio siglo,
esa cifra permanecerá inamovible, como prueba de la
capacidad de movilización del gobierno revolucionario,
por cualquier motivo.
Las páginas siguientes son muy particulares. En la de
la izquierda se puede ver a una anciana rezando, con la
leyenda siguiente:
“Estoy aquí para pedir por todos. Para pedir por los
que sufrieron persecuciones.”
La página siguiente lleva por título:
“Plegaria por Cuba.”
Hay un retrato de la anciana en la otra página: se trata de
la señora Lina Ruz, viuda de Castro, es decir, la madre de

136
Fidel y de Raul Castro. Todavía estaba lejos la revolución
cubana de proclamar al comunismo como doctrina oficial
del país y de su Comandante en jefe.
Bohemia, sin embargo, vuelve rápidamente a lo que
parece provocar el interés mórbido de sus lectores: los
fusilamientos. El artículo siguiente no está firmado por un
periodista cubano sino por Jules Dubois, un gran repor-
tero americano, “presidente de la comisión de libertad de
prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa”. Se titula:
“Las ejecuciones en Cuba”
La justificación de Dubois es la siguiente:
“Las ejecuciones de “criminales de guerra” después
de ser juzgados y convictos por los Tribunales Re-
volucionarios parece que han creado la convicción
errónea de que un baño de sangre de venganza se ha
desatado en Cuba.
Nada más lejos de la verdad y la realidad de la situa-
ción.”
Jules Dubois, uno de los primeros periodistas extranjeros
en apoyar la revolución castrista, cambiará rápidamente
de posición. Por ello, será ferozmente criticado por los
revolucionarios en el poder, particularmente por el Che
Guevara. Pero su artículo permanece, como una huella in-
deleble de la ceguera que afectó a buena parte del mundo.
Tres fotos ilustran las declaraciones de Dubois. Están
acompañadas por las leyendas siguientes:
“El teniente Enrique Despaigne, acusado de 53 ase-
sinatos.”
“El pelotón que fusiló a Despaigne toma puntería.”

137
“Despaigne ha pagado su deuda con el pueblo.”
La última foto muestra al teniente Despaigne, un negro
corpulento, vestido de blanco, herido de muerte, antes de
caer hacia atrás en un foso situado a sus espaldas.
Al igual que las del fusilamiento de Cornelio Rojas, esas
imágenes fueron difundidas también en varios documen-
tales fílmicos. Viéndolas hoy, producen un impacto que
sus autores no habían imaginado. Resulta imposible, no
obstante, justificar esos actos recurriendo al contexto po-
lítico de la época o a la represión pasada, bárbara sin duda
pero menos visible, menos asumida, menos calculada.
La mayoría de las páginas de Bohemia son ilustradas
por fotos de cadáveres ejecutados en forma sumaria por
las fuerzas represivas de la dictadura de Batista, policía,
ejército o grupos paramilitares como los “Tigres de Mas-
ferrer”. Se podría concluir de ello que las ejecuciones
practicadas por el nuevo poder son sólo una respuesta a
aquellas. Pero los revolucionarios asumen y reivindican
abiertamente esos fusilamientos, mostrando desde los
primeros hasta los últimos instantes de los condenados,
con el apoyo del pueblo y una voluntad de desafío espec-
tacular frente al mundo entero. Además, al principio, nadie
se esperaba una venganza parecida por parte de los revo-
lucionarios, cuya doctrina se definía como “humanista”.
Fidel Castro, en todo caso, se declaraba partidario de esa
doctrina. A pesar de todo, éste teoriza la necesidad de los
juicios y de las ejecuciones, a través de unas palabras que
figuran en un artículo titulado:
“Fidel Castro y la revolución”
“Donde hay justicia no hay crimen, y donde hay crimen

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no hay libertad de prensa; donde hay crimen se oculta
lo que se hace…
Este pueblo no es un pueblo bárbaro, ni es un pueblo cri-
minal. Éste es el pueblo más noble sensible de todos…
Estamos ajusticiando a aquellos que el pueblo hubiera
castigado de no haberle pedido nosotros que tuviese fe
en la justicia de la Revolución…”
De las sentencias de Castro se desprende que, por un lado,
el carácter público de los juicios, aunque sean expediti-
vos, garantiza el implemento de una justicia imparcial,
que, por otro, la responsabilidad de las ejecuciones le
incumbe a todo el pueblo cubano y no solamente a los
revolucionarios y que, finalmente, la función de la justicia
revolucionaria es impedir los ajustes de cuenta contra los
“esbirros” de Batista.
En ese artículo, Castro reafirma la esencia de su pensa-
miento, sorprendente a raíz de la evolución ideológica
posterior de la revolución cubana:
“Yo no soy comunista. Mi ideología política es bien
clara. Nosotros, antes que nada, sentimos los intereses
de nuestra patria y de nuestra América, que es también
una patria grande…”
El futuro exiliado Agustín Tamargo parece adherir a esta
doctrina al definir al Comandante en jefe, a raíz de un
encuentro entre Castro y un grupo de exiliados españoles
que le regalaron un retrato de Cervantes, como “caballero
de los derechos humanos”.
En ese mismo artículo, Tamargo se lanza en una diatriba
anti-imperialista que se esforzará en olvidar una vez en
el exilio:
139
“A esto hay que añadirle, en primera línea, la presión
directa e inmediata del imperialismo norteamericano,
que no pudo atajar a la Revolución, pero que tratará de
frustrarla por todos los medios a su alcance.”
Al mismo tiempo, Tamargo distribuye felicitaciones a
algunos de los intelectuales que se van a volver portavoces
del régimen:
“La Revolución tiene que acabar, entre otras cosas, con
los halagos mutuos y las felicitaciones. Pero antes de
que eso llegue, permítame el lector felicitar a tres com-
pañeros a quienes considero puntales del nuevo país
que se va a hacer. Son ellos: Carlos Franqui, dirigente
nacional del 26 de julio y director de “Revolución”,
un idealista de todos los tiempos; Guillermo Cabrera,
el más culto de los periodistas jóvenes, y Ángel del
Cerro, con Mario Parajón, el más sobresaliente pino
de nuestra nueva intelectualidad.”
Cabrera Infante, Mario Parajón y Carlos Franqui murie-
ron desterrados, el primero en Inglaterra, el segundo en
España, el tercero en Puerto Rico. Ninguno cuestionó
su pasado ni su influencia en el seno de la intelligentsia
de Fidel Castro. Las mutaciones ideológicas no han sido
exclusividad de Fidel Castro.
En la página siguiente, se publica un retrato de Nicolás
Guillén, “el poeta de Cuba”, quien, a pesar de ciertas
discrepancias, pronto superadas, siguió siendo a lo largo
de todos estos años el poeta oficial del régimen.
Bohemia no se detiene mucho sobre el caso de los inte-
lectuales. Lo que les interesa a sus lectores, por razones
inconfesables, son las fotos de las ejecuciones.

140
Otras fotos de procesos y ejecuciones ocupan tres páginas
de la revista, bajo el título:
“Los fusilamientos en Manzanillo. El pueblo juzgó a
los bárbaros “Tigres” de Masferrer y los llevó ante el
paredón”
La secuencia fotográfica incluye imágenes de los juicios,
de los pelotones de fusilamiento, de los condenados y de
los sacerdotes que les brindan el último consuelo. Apa-
recen también un grupo conducido, en pleno día, ante
el paredón, dos prisioneros con los ojos vendados, los
cuerpos de los fusilados tendidos bajo los árboles Las
puestas en escena macabras ya ni siquiera se comentan.
Sólo un titular reza:
“Distintas escenas previas a los fusilamientos de
Manzanillo.”
Las ejecuciones tuvieron lugar ante la vista y a sabiendas
de todos. Los “bárbaros” no eran sólo los que eran desig-
nados como tales en el título del artículo. El objetivo era,
sin duda, transformar a una parte del pueblo cubano en
cómplice de esos actos.
Entre dos tandas de fotos macabras, la revista publica un
artículo de reflexión de uno de los principales intelectuales
cubanos, Herminio Portell Vilá, titulado:
“Tesis sobre el suicidio en la historia política de Cuba.”
Ese tema será retomado mucho más tarde por Guillermo
Cabrera Infante, ya exiliado en Londres.
El editorial de esta tercera entrega de la revista es com-
parable a los otros ya publicados. Se trata de una com-
paración entre los crímenes de Batista y los de los nazis:

141
“Los cubanos no tenemos porqué asombrarnos de
Dachau y Lidice.”
La ideología castrista aún no está completamente defi-
nida. Según las declaraciones del Líder y de los demás
dirigentes revolucionarios, no tiene nada que ver con el
comunismo, como lo afirma de nuevo el Padre Guillermo
Sardiñas, quien ofició como sacerdote en el seno de la
guerrilla en la Sierra Maestra:
“Esta revolución es genuinamente democrática y
cubana.”
El viaje de Castro al extranjero, a Venezuela concretamen-
te, moviliza por supuesto a los reporteros de Bohemia.
Son dos periodistas los que cubren esa estancia: Lisandro
Otero, uno de los más férreos defensores del régimen hasta
su muerte, a pesar de ciertos desvíos pasajeros, y Agustín
Alles, un exiliado más.
El tono es naturalmente elogioso. Entre las fotos publi-
cadas figura la del encuentro entre el Comandante en jefe
y el poeta chileno Pablo Neruda en la Universidad de
Caracas. La leyenda dice:
“El guerrero y el poeta.”
Los autores del artículo transcriben de este modo una
frase de Neruda:
“Neruda dijo que cuando se escriba su biografía quería
que en ella se dijera en lugar preponderante que una
vez en su vida había estrechado la mano del Libertador
de Cuba.”
Mientras tanto, en la isla, periodistas y caricaturistas
empiezan a ser reducidos al silencio. A estos últimos,

142
que habían forjado en el pasado la fortuna de Bohemia,
la revista lanza una advertencia clara, exigiéndoles no
tomar como blanco a los revolucionarios:
“Estos hombres necesitan ayuda, puesto que les faltan
muchas cosas y tienen lo más preciado: la honesta
intención de salvar al país de sus males peores. Les
faltan planes, coordinación, equipos, concentración de
propósitos; luchan arduamente, fatigosamente, contra
la tradicional indisciplina, frivolidad, personalismo y
limitación de espíritu sembrados en Cuba por 400 años
de desgobierno. Bohemia cree sinceramente, sin olvi-
dar todo su respeto invariable a la libertad de expresión,
que no se les debe brindar chistes, sino sugerencias
constructivas y vigilante apoyo.”
El aviso se pone en seguida en práctica. Los caricaturis-
tas se ponen a criticar no a Fidel Castro sino al dictador
derrocado, Fulgencio Batista. De ese modo, el dibujante
Pecruz muestra a éste refugiado en una isla, Santo Domin-
go, donde había conseguido un asilo provisional, cubierta
de cráneos alineados, con la siguiente leyenda:
“Niega Francia asilo a Batista.”
El antiguo dictador pregunta entonces:
“¿Dónde me pongo?... ¿Dónde me pongo?”
No habrá nunca caricaturas de Castro, ya considerado
como un semi-dios, en la prensa cubana. Se autorizará sin
embargo a criticar a todos los presidentes de Estados Uni-
dos, siempre representados bajo los rasgos del Tío Sam.
Los adversarios sólo pueden provenir desde el exterior.
La revista muestra en sus páginas un momento particu-
larmente “romántico”: el de la boda de dos guerrilleros,

143
Raúl Castro, hermano de Fidel, y Vilma Espín, su com-
pañera de lucha en la Sierra Maestra, quien fungirá como
presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas hasta su
muerte, mientras Raúl Castro le sucederá en el poder a su
hermano a partir de la enfermedad de éste.
Pero Bohemia pasa rápidamente a asuntos más serios: un
juicio y la ejecución subsiguiente. Aquí se trata del pro-
ceso contra Jesús Sosa Blanco, transmitido en directo por
televisión, no sólo en Cuba sino también en varios países
de América Latina, desde las instalaciones de la Ciudad
Deportiva, ante un numeroso público (“más de diecisiete
mil personas”). El titular anuncia anticipadamente el final:
“El fin de un criminal de guerra. … Y se hizo justicia
con Sosa Blanco.”
No obstante, habrá que esperar varias semanas y un se-
gundo juicio antes de que la primera sentencia se cumpla.
El aspecto más relevante del proceso lo constituyen las
palabras del acusado:
“Señores, si estoy en el Coliseo de Roma, entonces no
tengo nada que decir…”
La propia defensa de Jesús Sosa Blanco, denunciando
las condiciones de su proceso, obligará a las autoridades
castristas a un nuevo juicio de apelación, más discreto. La
revista reconoce la eficacia de sus dichos como “una más
de sus arteras e inteligentes piezas de artillería oratoria”.
Frente a Sosa Blanco, las fotos muestran a los testigos de
la acusación: “una nerviosa guajirita”, como precisa la
leyenda, que designa con el dedo al acusado, una anciana
que tiene dificultades para avanzar hacia el lugar donde
se encuentra el detenido, y un niño, que pasa a su lado.

144
El redactor de la leyenda parece captar la significación
de su mirada:
“Hay piedad en el gesto del niño Ángel Mora Mora
cuando pasa por el lado de Sosa Blanco, tras declarar
como testigo ante el Tribunal.”
El “Tribunal Sumarísimo de la Jurisdicción de Guerra”,
según la terminología oficial, está compuesto por tres
comandantes uniformados del Ejército Rebelde, entre
ellos Humberto Sorí Marín, que correrá la misma suerte
que el acusado pocos años más tarde.
El juicio se desarrolló durante más de doce horas, durante
la noche, con una interrupción de cuatro horas. Una foto
muestra a Sosa Blanco, a las seis de la mañana, mientras
escucha “impasible su sentencia de muerte”.
De las fotos de Bohemia se desprende cierto disfrute en
la letanía continua de los juicios y las ejecuciones. Los
redactores de la revista entendían que la muerte podía
constituir un espectáculo.
Además, el pueblo parece apoyar masivamente los fusi-
lamientos. La Edición de la libertad muestra una imagen
de un mitin masivo destinado a aprobar las medidas de
Fidel Castro al respecto, bajo el título:
“Más de un millón de ciudadanos reiteró una vez más
su apoyo al gobierno revolucionario.”
Los tribunales revolucionarios no dudan en solicitar el
testimonio de niños para condenar a los acusados. En una
de las fotos aparecen algunos pidiendo la pena de muerte
para los “criminales de guerra”. Durante medio siglo, los
niños serán utilizados como instrumento de propaganda
para realzar la figura triunfante del Líder Máximo.

145
Otro niño se ve en otra foto, cuya leyenda precisa:
“Fidel Castro, Jr. Se suma a la inmensa concentración
vistiendo el uniforme de miliciano.”
El hijo legítimo de Castro, fruto de su matrimonio con
Mirta Díaz-Balart, de quien se divorció cuando estaba
en prisión entre 1953 y 1955, sale a la palestra pública
por primera vez. Más tarde, será rodeado de una mayor
discreción.
Otra foto atrae la atención. Se trata de cinco muchachas
vestidas de uniforme. Cada una lleva en su ropa una de
las letras del nombre del Comandante en jefe. La primera
lleva la F, la segunda la I, la tercera la D, la cuarta la E, la
quinta la L. Todos los ingredientes del condicionamien-
to de la juventud y del culto a la personalidad están ya
reunidos.
Más adelante, la revista sigue ofreciéndoles a sus lectores
nuevos “reportajes sensacionales” sobre su tema predi-
lecto: las ejecuciones.
Uno de esos reportajes gráficos, prácticamente sin texto,
con simples leyendas, se titula:
“Un verdugo ante sus jueces.”
En realidad, las fotos no muestran a un solo condenado a
muerte sino a dos: el ex capitán López Quintana y el ex
sargento Leonard.
La primera leyenda relata, con numerosos detalles, el
destino de López Quintana:
“Nótese la cara de terror que puso el asesino López
Quintana al serle comunicada la sentencia de muerte.
Después, ya en su calabozo, quiso ahorcarse pero el

146
cordón usado por él no resistió su peso y se rompió.
Así no pudo impedir que la sentencia se cumpliera.
Días después era fusilado.”
Bohemia no retrocede ante nada para subrayar el miedo
del condenado a muerte, haciendo gala, al contrario, de
cierto deleite, pocas veces experimentado a lo largo de
la Historia.
La revista no se olvida del segundo condenado, un sar-
gento negro:
“Al sargento Leonard se le acusaba, igualmente, de
numerosos crímenes que pagó ante el pelotón de fu-
silamiento, días después de la muerte del ex capitán.”
La última ejecución relatada por Bohemia en su Edición de
la libertad es la del soldado José Rodríguez, alias “Pepe
Caliente”, en estos términos:
“Juicio fusilamiento de ‘Pepe Caliente’.”
Las fotos son publicadas con simples leyendas, sin texto
explicativo, como si los redactores estuvieran cansados
de tener que dar tantas explicaciones.
Una de las imágenes muestra a un grupo de mujeres re-
clamando castigo contra el hombre durante su proceso:
“Mientras se efectuaba el juicio, un grupo de mujeres
enlutadas: familiares víctimas de la tiranía se man-
tenían frente al colonial castillo de San Severino en
espera de que la Revolución hiciese justicia.”
Otra leyenda detalla el destino final del acusado:
“Flanqueado por dos soldados de la triunfante Revo-
lución, ‘Pepe Caliente’ ojeroso y envejecido, confiesa

147
el asesinato de los hermanos Almeida. Horas después
el tribunal pronunciaba la sentencia, la que se cumplía
-ejemplarmente- poco después.”
La Edición de la libertad de Bohemia concluye con dos
páginas de caricaturas, tituladas “El humorismo y la
Revolución”. Aunque no pudieran hacer caricaturas de
Fidel Castro, los humoristas, a diferencia de sus colegas
redactores y fotógrafos, preferían no abordar en sus dibu-
jos el tema de las ejecuciones. Esa ausencia les permitía
a los lectores de aquella época y a los de nuestros días,
respirar un poco, después de haber visto decenas y decenas
de páginas con imágenes de muerte.
Una de esas viñetas humorísticas, firmada por el dibu-
jante Niko, muestra a un camarero y a un campesino con
sombrero adornado por una estrella, ambos muy felices.
El diálogo es el siguiente:
“-¿Qué desea, Liborito?
-Eso ni se pregunta: ¡Cuba Libre!”
Esa imagen de libertad y de felicidad colectivas, apenas
esbozada en los tres números de la Edición de la liber-
tad de Bohemia, es finalmente la que permanecerá en la
memoria colectiva, a pesar de todos los horrores anterior-
mente mostrados.
En el inconsciente de los pueblos, incluso dentro de Cuba,
las ejecuciones, que se desarrollaban a la vista de todos,
han caído en el olvido.
Un olvido perfectamente asumido, del que emergen ine-
vitablemente numerosos cuestionamientos, unos sobre
la capacidad del ser humano y de la opinión pública a
cerrar los ojos ante lo que les puede molestar, otros sobre
148
las verdaderas características de una libertad proclamada
tantas veces y durante tanto tiempo.
Esas preguntas siguen sin respuesta.

149
CONCLUSIÓN

Desde que, el 31 de julio de 2006, Fidel Castro le entregó


provisionalmente el poder a su hermano Raúl, para luego
oficializar ese traspaso en febrero de 2008, nada ha cam-
biado en Cuba. O tan poco: unas cuantas medidas de fa-
chada para hacerles creer a los que aún se interesan por el
estado en que está la isla, sobre todo a los más ilusos, que
la situación evolucionaba o estaba en camino de hacerlo.
Pero esa sucesión no les ha brindado ninguna esperanza
a los que aún quedan presos.
El raulismo no es más que la continuación del castrismo
por otros medios. Un régimen implacable que cumplió
más de cincuenta años, una duración bastante excepcional
en la historia contemporánea.
Desde hace pocos años, sin embargo, la simpatía desple-
gada hacia el castrismo ha ido en descenso. La redada
emprendida contra los disidentes durante la Primavera
Negra de 2003 y el fusilamiento de tres jóvenes cubanos
han mostrado que la represión sigue en pie y que, incluso,
se puede incrementar en cualquier momento: sentencias de
cárcel exorbitantes, condenas a muerte, actos de repudio,
delación constante.

151
La revolución cubana, lejos de ser la epopeya libertaria
que muchos se han querido imaginar, se ha basado, desde
el primer momento, en una represión multiforme que los
observadores del mundo entero, en su mayoría, no han
querido ver.
El castrismo, bajo el mando del Líder Máximo o el de su
hermano menor, ha ejercido su poder con una voluntad
represiva que sus propagandistas, de dentro y de fuera,
han tildado de “humanista”, contra cualquier evidencia.
La verdad, sin embargo, acabará por abrirse paso. Será
el único tributo que se les pueda rendir a las incontables
víctimas de un terror que se puso en marcha desde el
primer día de lo que se anunciaba como una nueva era
en realidad, una sangrienta utopía.

152
Este libro se terminó de imprimir en España,
en enero de 2011.

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