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La humanización de Dios.

Ensayo de cristología
Introducción
José M. CASTILLO*

Las religiones tienen como finalidad explicar, central de la cristología. Porque, si hablamos de la
justificar y organizar la relación de los seres huma- unión de Dios con el ser humano, tal afirmación
nos con Dios. Pues bien, supuesto este plantea- nos enfrenta a una disyuntiva que orienta la vida
miento elemental del hecho religioso, el cristianismo entera en dos direcciones distintas. Quiero decir:
presenta una notable variante respecto a las demás ¿qué significa y qué representa Jesús para cual-
religiones. La originalidad del cristianismo consiste, quier ser humano?, ¿significa y representa un pro-
entre otras cosas, en que no se limita a hablar de la yecto de divinización o significa y representa un
relación de Dios con el ser humano, sino que, proyecto de humanización? En definitiva, ¿se trata
además de eso, establece como punto de partida la de que la misión del cristianismo y de la Iglesia
unión de Dios con el ser humano. Porque eso, en consiste en divinizarnos o, más bien, la cuestión
realidad, es lo que representa Jesucristo. Jesús, en está en que esa misión consiste en humanizarnos?
efecto, fue un hombre. Pero, como bien sabemos, la Se dirá que ambas cosas. De acuerdo. Pero, ¿cómo
Iglesia afirma que Jesús no fue sólo un hombre. se ha de explicar esa unión para que en ella se res-
Además de hombre e incluso antes que un hombre, pete su razón de ser, su verdadera naturaleza y su
Jesús es la encarnación de Dios en este mundo. Con finalidad?
lo cual la Iglesia se ha visto (y se ve) ante la exigen-
cia de explicar cómo es eso posible, es decir, cómo y Insisto en que no basta con decir que el cristia-
en qué sentido se puede afirmar que Jesús es, a la nismo y la Iglesia tienen por misión divinizarnos y
vez, Dios y hombre. Una tarea, no sólo enormemen- humanizarnos, lo uno y lo otro. Precisamente por-
te complicada, sino además de imprevisibles conse- que se dice eso, porque en Jesús se unen lo divino y
cuencias. No olvidemos que la distancia entre lo di- lo humano, por eso en la Iglesia y en la vida cristia-
vino y lo humano es infinita. Más aún, no sólo se na se pretende unir lo que es propio de Dios con lo
trata de una distancia infinita, sino algo mucho que es propio del ser humano. Pero ocurre que,
más problemático. Porque lo divino y lo humano se cuando se quiere unir lo divino con lo humano, ya
sitúan en dos ámbitos de la realidad tan radical- sea que eso suceda en la conciencia y en la vida de
mente distintos que, si se pretende unirlos, corre- una persona con creencias religiosas, ya sea que
mos el peligro de desnaturalizarlos. Es decir, bien eso se produzca como fenómeno social y público,
puede ocurrir que presentemos lo divino y lo huma- entonces se suceden dos hechos de enorme impor-
no como realmente no son. En este libro intento ex- tancia: 1) como es lógico, entre personas verdade-
plicar la complejidad de este problema. Sin duda al- ramente religiosas o en ambientes marcados por la
guna, el problema más profundo que tiene que religión, el peso y la influencia de lo divino supera
afrontar y resolver la Iglesia. con mucho el peso y la influencia de lo humano; 2)
lo divino se asocia con «lo religioso» y «lo sagrado»,
Desde ahora advierto que no se trata de un pro- mientras que lo humano se relaciona espontánea-
blema meramente teórico, que nos remite a cuestio- mente con «lo profano» y «lo laico». De donde resulta
nes especulativas y sin incidencia en las realidades que cuando la cristología se limita a la afirmación
concretas de la vida. Precisando más, este libro se dogmática de la unión en Cristo de lo divino y lo
ha escrito desde la convicción según la cual, si que- humano, la primera consecuencia que de eso se si-
remos decir algo verdaderamente serio sobre Jesús, gue es que los creyentes en Cristo se sienten es-
es imprescindible tomar como punto de partida una pontáneamente inclinados a ver en Jesús más a
cuestión que me parece determinante para la cristo- Dios que a un hombre. Surge así una especie de
logía. Esta cuestión se puede formular así: cuando «monofisismo larvado», algo que muchas personas
hablamos de la unión de Dios con el ser humano, no saben formulárselo, pero que lo viven de forma
¿se trata primordialmente y ante todo de la humani- que, siendo consecuentes con ese modo de ver a
zación de lo divino o más bien estamos hablando de Jesús, le dan más importancia a lo celestial que a lo
la divinización de lo humano? Por supuesto, la en- terrenal, aprecian más el espíritu que la carne, va-
carnación de Dios supone ambas cosas. Pero este loran más el amor a Dios que el amor a los seres
libro se ha escrito desde la convicción de que, con humanos, sienten más respeto por lo sagrado que
afirmar que Jesús es «perfecto en la divinidad y per- por lo profano, luchan con más ardor por presuntos
fecto en la humanidad» (definición del concilio de derechos divinos que por los derechos humanos, y
Calcedonia)1, sólo con eso no resolvemos el problema así sucesivamente. Pero no sólo esto. Además,
2 LA HUMANIZACIÓN DE DIOS

cuando la Iglesia afirma que Jesús es verdadero Leyendo no pocos libros de teología y, más en
Dios y verdadero hombre, sin más, en la práctica concreto, algunas cristologías, se tiene la impresión
vemos lo que viene ocurriendo. La Iglesia, desde ese de que los autores de tales libros conocen a Dios
presupuesto cristológico, insiste más en lo divino con más seguridad y más claridad que a Jesús.
que en lo humano, y defiende más lo sagrado que lo Empezando por la clásica pregunta: ¿Jesús es Dios?
profano, con todo lo que eso lleva consigo: aparecer Como es lógico, el que hace esa pregunta, lo que en
y estar en la sociedad de forma que, de facto, deja a realidad está diciendo es que él ya sabe quién es
la institución religiosa anclada en tiempos lejanos, Dios y cómo es Dios. Y, dado que ya se conoce a
los tiempos pasados, previos a la Ilustración. Una Dios, se quiere saber además si lo que sabemos de
institución irreconocible como portadora de un Dios se puede aplicar también a Jesús. De donde
mensaje que, en la cultura actual, pueda tener la resulta que, si efectivamente es Dios quien nos re-
debida recepción. No nos extrañemos, pues, si a la vela a Jesús y nos dice quién es Jesús, lo que en
gran mayoría de las gentes de nuestro tiempo, lo realidad estamos haciendo es anular una de las
que dice la Iglesia es un mensaje que ni se entiende, grandes afirmaciones del Nuevo Testamento según
ni le interesa. la cual «a Dios nadie lo ha visto jamás». Y por eso,
es «el Hijo unigénito del Padre [Jesús] quien nos lo
Soy consciente de que, al decir estas cosas, estoy ha dado a conocer» (Jn 1,18). De esta manera, al-
vinculando el problema de la cristología con el pro- gunos libros de cristología le arrebatan a Jesús (sin
blema de la Iglesia. Es así. Y lo hago a ciencia y darse cuenta) la misión central de ser él precisa-
conciencia. Porque cada día veo más claro que se mente el Revelador de Dios, el que nos da a conocer
trata de dos problemas inseparables. Hoy no se a Dios. Pero no sólo eso. Porque, si hacemos una
pueden tratar con seriedad los problemas cristológi- cristología desde el supuesto de que ya sabemos
cos sin tener en cuenta, al mismo tiempo, los pro- quién es Dios y cómo es Dios, toda la cristología se
blemas eclesiológicos. Por la sencilla razón de que, descompone y, en buena medida, pierde su razón
si hoy la Iglesia se ve confrontada a problemas que de ser, como indicaré a partir del capítulo segundo
no acierta a resolver, en el fondo tales problemas no de este libro. Por lo demás, si es Dios el que nos da
encuentran la adecuada solución porque están, en a conocer a Jesús, es evidente que con eso le esta-
buena medida, determinados y condicionados por mos dando a «lo divino» un valor que está por enci-
problemas cristológicos acuciantes sobre los que ma de «lo humano». Lo cual es lógico si este asunto
tenemos que trabajar, indagar y pronunciarnos con se considera desde el punto de vista del «ser». Pero
la seriedad, honestidad intelectual y con toda la li- es absolutamente ilógico si todo esto se piensa des-
bertad que nos sea posible. Quiero decir, por lo tan- de el punto de vista del «conocer». Dicho de otra
to, que en la actualidad no es posible afrontar co- manera, «ontológicamente», Dios es, por supuesto,
rrectamente un simple ensayo de cristología, si en infinitamente superior al ser humano, lo cual quiere
él se prescinde de problemas muy serios que la Igle- decir que Dios se sitúa en otro orden del ser que es
sia se ve obligada a resolver. Como, a su vez, ocurre absolutamente distinto del nuestro. Por eso decimos
que no pocos problemas de la Iglesia no acaban de que «epistemológicamente», Dios es el Trascendente,
encontrar la correcta solución porque no se abor- es decir, trasciende nuestra capacidad de conoci-
dan, incluso con peligro de no acertar, determina- miento y, por tanto, ni está ni pude estar a nuestro
dos problemas muy fundamentales que tiene plan- alcance. De ahí que Dios es siempre el desconocido,
teados la cristología. que no puede ser nunca el referente desde el que
los seres humanos podemos conocer lo que más
Pero hay algo que seguramente es más impor- cerca tenemos y lo que mejor conocemos, el ser
tante. Dada la situación que acabo de explicar su- humano, concretamente y en el caso de la cristolog-
mariamente, lo peor que ha ocurrido en la teología ía, el ser humano que fue Jesús.
cristiana es que los intentos por renovar la cristo-
logía se han quedado a medio camino. Es decir,
tengo la impresión de que no se han afrontado, con 2. JESÚS Y LA RELIGIÓN
tiempo y con la necesaria profundidad, problemas
muy serios que ya tendrían que estar analizados de Sabemos por los evangelios que la historia de
forma que, a estas alturas, existiera un suficiente Jesús estuvo marcada por el enfrentamiento con la
consenso en los ambientes teológicos. Pero el hecho religión. Un enfrentamiento que llegó hasta el ex-
es que en buena medida ese trabajo está aún por tremo de la exclusión total hasta la muerte. Es de-
hacer. Indico algunas cuestiones que me parecen cir, tanto los dirigentes de la religión como el propio
especialmente apremiantes. Jesús vieron que ellos y él eran incompatibles. Este
hecho, en su conjunto, está sobradamente atesti-
guado en los relatos evangélicos. Ahora bien, esto
1. CONOCIMIENTO DE DIOS supuesto, la cuestión que se plantea está en saber
si aquel enfrentamiento fue un incidente coyuntu-
INTRODUCCIÓN 3

ral, que puede ocurrir o no ocurrir, o por el contra- aprobado y promulgado por el mismo emperador,
rio, en el conflicto de Jesús con la religión se nos que ostentaba el título de Pontifex Maximus2, el
revela algo mucho más profundo y hasta radical. «Sumo Pontífice», un título que los emperadores
Quiero decir, ¿se trata de que Jesús no se entendió conservaron hasta Teodosio I, que presidió el se-
con los sumos sacerdotes, ancianos, letrados y fari- gundo concilio ecuménico. Precisamente fue en el
seos?, ¿o el problema está en que el proyecto de 383 cuando san Ambrosio consiguió que el empera-
Jesús y el proyecto de la religión son incompatibles? dor renunciara a utilizar semejante título3. A la vis-
Pero entonces, si esto fuera efectivamente así, ta de estos hechos, y utilizando una semejanza que
¿habría que deducir de ahí que Jesús pretendió ini- no resulta extravagante, no es fácil imaginarse la
ciar un movimiento no-religioso? Leyendo los evan- credibilidad y la recepción que hoy podría tener un
gelios con la objetividad que nos es posible, resulta concilio de la Iglesia que fuera convocado y costeado
evidente que Jesús fue un hombre profundamente por el presidente de los Estados Unidos, celebrado
religioso. Su relación con el Padre y sus enseñanzas en la Casa Blanca y promulgado por el gobernante
sobre la relación con el Padre ponen de manifiesto más poderoso del mundo en este momento. Por su-
la experiencia y el proyecto de un hombre para el puesto, no se pueden extrapolar ni los hechos ni las
que la religiosidad es central en su vida. Pero el situaciones históricas. Pero, en cualquier caso y con
problema no está en eso. El problema está en saber todas las reservas que sea necesario tener en cuen-
qué tipo o qué proyecto de religiosidad es el que ta, resulta difícil entender cómo los especialistas en
quiso Jesús. Pues bien, si el problema se plantea cristología han analizado hasta el último detalle los
desde este punto de vista, está fuera de duda que la términos y conceptos de los dogmas cristológicos,
religiosidad de Jesús, no sólo no se ajustó a la reli- pero no han tenido debidamente en cuenta los con-
giosidad establecida, sino que sobre todo entró en dicionantes políticos que determinaron de forma de-
conflicto con ella. Lo cual plantea uno de los pro- cisiva el contenido de tales dogmas. Si Jesús re-
blemas más serios que debe afrontar la cristología. probó severamente a «los jefes de las naciones y a
El problema que consiste en saber si, desde las cla- los grandes que las oprimen» (Mc 10,42 par), ¿hasta
ves de comprensión que lleva consigo «lo religioso» y qué punto pueden analizarse los dogmas sobre
«lo sagrado», es posible entender a un hombre que Jesús, que se formularon de acuerdo con tales jefes
intencionadamente vivió de forma que acabó cruci- y prescindiendo de que se trata de una teología
ficado por los representantes oficiales de lo religioso aceptada por quienes el propio Jesús rechazó tan
y lo sagrado; y además quiso vivir como un laico, en ásperamente?
el ámbito de «lo secular» y «lo profano». Una cristo-
logía que prescinde de la condición secular y laica
de Jesús no puede entender ni lo que Jesús vivió, ni 4. JESÚS COMO FACTOR DE DIVISIÓN
cómo vivió su relación con Dios, ni qué modelo de
religiosidad nos quiso enseñar. En definitiva, una No pocas cristologías se han escrito de forma
cristología que interpreta a Jesús desde la «rejilla que la conclusión que de ellas se deduce es que
hermenéutica» de «lo sagrado» no puede ni entender Jesús es el único Salvador y el único Mediador entre
ni explicar quién fue Jesús y qué es lo que él real- Dios y los seres humanos. Más aún, tales cristolog-
mente pretendió. ías dan pie para pensar que, efectivamente, la Igle-
sia es el «nuevo pueblo de Dios», el «nuevo pueblo
elegido» y preferido sobre los demás pueblos y, des-
3. LA «CRISTOLOGÍA POLÍTICA» DE LA IGLESIA ANTIGUA de luego, sobre las demás religiones. Ahora bien, es
claro que, desde el momento en que a Jesús se le
Se sabe que el dogma cristológico se planteó, se vincula con una religión que se sitúa por encima de
discutió, se definió y se promulgó en los cuatro pri- las demás, existe el peligro de que el Evangelio, en
meros concilios ecuménicos, Nicea, Constantinopla lugar de unir a los seres humanos, en sus diversas
I, Éfeso y Calcedonia. Especialmente en Nicea y culturas y tradiciones religiosas, sirva para dividir,
Calcedonia. Pues bien, lo primero que llama la separar, alejar y enfrentar a los humanos entre sí.
atención es que estos cuatro concilios no fueron ni Cosa, por lo demás, que no es una mera hipótesis,
convocados, ni presididos, ni promulgados por los sino una penosa realidad que ha manchado la his-
papas correspondientes, sino por los emperadores. toria del cristianismo. Y que sigue siendo motivo de
Este hecho es especialmente significativo, por ejem- incesantes confrontaciones, incluso entre los mis-
plo, en el caso del concilio de Nicea, en el que se de- mos creyentes en Jesucristo. Así las cosas, a cual-
finió el Símbolo de la fe, el Credo de la Iglesia, y de- quiera se le ocurre que un Jesús excluyente y causa
ntro de eso, el dato dogmático fundamental de que de enfrentamientos no puede ser el verdadero
Jesucristo es «de la misma naturaleza» (homoúsios) Jesús. Además, lo preocupante en este asunto no es
que el Padre. El concilio fue convocado por el empe- ya la dificultad del tema en sí mismo, sino, además,
rador Constantino, fue costeado por él, presidido la resistencia que se palpa en la alta dirección de la
por él en su propio palacio imperial, y al final fue Iglesia para aceptar un planteamiento y la gestión
4 LA HUMANIZACIÓN DE DIOS

eficaz del diálogo con otras creencias religiosas. Es- bro tiene su explicación en la profunda crisis reli-
te hecho agrava las cosas porque genera una co- giosa que estamos viviendo. Estoy convencido de
rriente de miedo entre quienes tendrían que afron- que el Evangelio tiene algo muy importante que de-
tar, estudiar con libertad y resolver el problema. cir en este momento. Como igualmente pienso que
el cristianismo primitivo tiene una actualidad palpi-
tante, bastante mayor de lo que muchos imaginan.
5. LA VIOLENCIA DE LA CRISTOLOGÍA Desde hace algunos años, me viene llamando la
atención la cantidad de libros que se publican sobre
Dado que la cristología es indisociable de la sote- el tema de Dios, libros escritos por ateos o agnósti-
riología, parece razonable pensar que cualquier es- cos, desde un proyecto de ateísmo (o agnosticismo)
tudio sobre Jesucristo debe tener muy presente, de militante, y, además, libros que pronto se erigen en
principio a fin, que la teología de la redención y de notables éxitos editoriales4. Señal evidente de que
la salvación, asociadas a la teología de la cruz y del los temas de Dios y de la religión interesan. Pero
dolor, han servido, en muchos casos, más para ale- parece que, sobre esos temas precisamente, inter-
jar a la gente de la fe en Jesús que para acercarla a esa más lo que piensan y dicen los ateos que lo que
Dios. Por la sencilla razón de que tales teologías no escriben los teólogos. Da la impresión de que la
afrontan debidamente el problema del mal. Y, lo que «producción teológica» de siempre se está agotando
es peor, platean el tema del sufrimiento de forma en su capacidad de decir algo que pueda interesar a
que la solución rebota contra Dios mismo, hasta los más amplios sectores de la opinión publica,
convertirlo en el «dios-vampiro», sádico y cruel, del mientras que la «producción atea», siendo de una
que tantas veces se ha hablado con más resenti- calidad teológica muy discutible y con frecuencia
miento y demagogia que con el debido respeto que bastante débil, sin embargo es un hecho que son
merecen asuntos tan serios para muchas personas. muchos los que en eso encuentran un sentido y
El hecho es que, a estas alturas, se sigue enseñan- una respuesta que no suelen encontrar en los que
do que Dios quiso la muerte de su Hijo, que nece- hablamos o escribimos desde la etiqueta de «profe-
sitó el dolor y la sangre de su hijo para salvarnos sionales» de la teología. El hecho es que el esoteris-
del pecado. Con lo que el mensaje que se le envía a mo o la crítica teológica interesan más y a bastante
la gente es que el camino más derecho para acer- más gente que la teología erudita con cuño de orto-
carse a este extraño Padre es sufrir, privarse de tan- doxia.
tas cosas que, según decimos, Dios ha puesto en la
vida y nos hacen felices, hasta hacer de la vida cris- Así las cosas, pienso que o abrimos caminos
tiana un proyecto de dolor y desgracia, en lugar de nuevos a la teología o la teología termina por ago-
una oferta de paz, alegría y felicidad. Está claro que tarse en sí misma. Porque nuestra cultura y nues-
en esto la Iglesia, la teología y la espiritualidad tie- tros problemas son, en cosas muy fundamentales,
nen una «asignatura pendiente». Y además, una distintos de los problemas que se vivían en la cultu-
asignatura que hay que aprobar con urgencia. ra en la que nació y se gestó la teología que hoy se
tolera en los ambientes eclesiásticos normales. Por
Comprendo que, si estas cuestiones se toman en eso, entre otras razones, este libro no pretende ser
serio y se afrontan con el firme propósito de buscar- nada más que un «ensayo». Es decir, una propues-
les solución, tendríamos que plantearnos cambios ta, hecha con modestia y sencillez, por más que
importantes en la teología cristiana, en la orienta- aquí se digan las cosas con firmeza y después de
ción y la presencia de la Iglesia en la sociedad, y en cuatro años de serio estudio. Así expreso mis con-
tantas otras cosas que se ven con inseguridad, vicciones. Con tanta firmeza como humildad. Desde
quizá con miedo y, en todo caso, como algo inalcan- supuestos y hacia propuestas que considero compa-
zable. En cualquier caso, no he pretendido hacer tibles con la fe que ha dado y puede seguir dando
una operación de marketing para que el producto sentido a la vida de muchas personas que buscan
que presento obtenga mejor acogida en determina- precisamente eso, una forma de vivir las creencias
dos sectores. O, en otras palabras, no he escrito es- religiosas que pueden dar el sentido último a sus
te libro para tratar cuestiones que están de moda. vidas.
La motivación que me ha llevado a escribir este li-

2
*
CASTILLO, J. M., «Introducción», en Id., La humaniza- H. Ch. Brennecke, «Nicäa»: Theologische Realenzy-
ción de Dios. Ensayo de cristología, Madrid, Trotta, 2009, klopädie 24 (1994), p. 429.
p. 11-19. 3
A. Cameron, «Gratian’s Repudiation of the Pontifical
1
DH 301. Con la sigla DH, que en lo sucesivo se inclu- Role»: Journal of Roman Studies 58 (1968), pp. 96-109. Si
ye dentro del texto, remito a H. Denzinger y P. Hüner- bien hay quienes piensan que Teodosio renunció al título
mann, El magisterio de la Iglesia, Herder, Barcelona, 2006. ya en el 379. Cf. F. Paschoud, Cinq études sur Zosime, Be-
lles Lettres, Paris, 1975, pp. 63-90. Cf. E. Cortese, Le
INTRODUCCIÓN 5

grandi linee della storia giuridica medievale, Il Cigno GG


Edizioni, Roma, 102008, pp. 32-33.
4
Algunos ejemplos: R. Dawkins, El espejismo de Dios,
Espasa-Calpe, Madrid, 2007; Ch. Hitchens, Dios no es
bueno, Debate, Barcelona, 2008; F. Savater, La vida eter-
na, Ariel, Barcelona, 2007; É. Barnavi, Las religiones ase-
sinas, Turner, Madrid, 2006; M. Onfray, Tratado de ateo-
logía, Anagrama, Barcelona, 2006; J. Kirsch, Dios contra
los dioses, Ediciones B, Barcelona, 2006; R. Sánchez Fer-
losio, God & Gun, Destino, Barcelona, 2008; P Odifreddi,
Por qué no podemos ser cristianos y menos aún católicos,
RBA, Barcelona, 2008; D. Dennet, Breaking the Spell. Reli-
gion as a Natural Phenomenon, Penguin, London, 2006; S.
Harris, The End of Faith: Religion, Terror and the Future of
Reason, Norton, New York, 2004; S. Taylor, The Fall, Orbis
Books, New York, 2005; M. Martin, The Cambridge Com-
panion to Atheism, CUP, Cambridge, 2006; J. Konner, La
biblia del ateo. Una ilustre colección de pensamientos irre-
verentes, Seix-Barral, Barcelona, 2008; G. Puente Ojea,
Elogio del ateísmo. Los espejos de una ilusión, Siglo XXI,
Madrid, 1995; A. García-Santesmases, Laicismo, agnosti-
cismo y fundamentalismo, Biblioteca Nueva, Madrid, 2007.
Referencias a este fenómeno, en F. Duque, «Sobre la esen-
cia del fundamentalismo, o sobre la violencia», en P Lance-
ros y F. Diez de Velasco (eds.), Religión y violencia, UAM,
Madrid, 2008, pp. 69-117.