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COMENTARIO DE LA OBRA:

LA RENDICIÓN DE
GRANADA
APROXIMACIÓN HISTÓRICA Y ARTÍSTICA A LA OBRA
DE FRANCISCO PRADILLA

La rendición de Granada por Francisco Pradilla

Historia Medieval de España


Quílez Ravell, Guillem
Romero Baladón, Víctor
Quílez, G. & Romero, V. Facultad de Geografía e Historia H. Medieval de España

ÍNDICE

1. Introducción.

2. Contexto histórico.

a. Contexto histórico de la obra.

b. Contexto histórico del autor.

3. Descripción formal.

a. Biografía del autor.

b. Estilo y elementos técnicos.

c. Bases documentales del autor para la elaboración de la obra.

4. Análisis temático.

a. La figura de los Reyes Católicos y Boabdil.

b. El confesor de Talavera, la mano derecha de la reina.

c. La rendición de Granada como una consecuencia directa de las

Capitulaciones de Granada o el Tratado de Granada.

d. La figura de Gonzalo Fernández de Córdoba y su relación con Boabdil

e. Simbología heráldica.

f. Aproximación a otros aspectos sociales.

5. “Errores” históricos en la obra.

6. Conclusiones.

7. Bibliografía.

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"Estas llaves es lo último que quedó a los árabes de España. Tomad pues nuestro
Reino, nuestros bienes y nuestras personas. Son vuestras pues (así) lo ha
decretado Dios."1

BOABDIL A FERNANDO

1. Introducción

Las fuentes históricas son uno de los elementos básicos a la hora de estudiar sucesos y
acontecimientos. En este caso, nos centraremos en una fuente secundaria, concretamente
una obra pictórica, la cual recibe el nombre de La rendición de Granada, de Francisco
Pradilla y Ortiz.

Esta obra data del siglo XIX, momento en el que grandes pintores plasmaron
acontecimientos históricos en sus pinturas, principalmente de la época medieval,
motivados por las ideologías romanticistas de exaltación del pasado. Además, la demanda
a la hora de realizar este tipo de cuadros aumentó a raíz de la celebración de las diversas
Exposiciones Nacionales acaecidas durante la segunda mitad de siglo. La rendición de
Granada es, sin lugar a dudas, uno de los principales y más famosos exponentes de esta
exaltación al pasado.

Para poder comprender la información histórica que nos aporta esta obra, la cual plasma
uno de los momentos más icónicos de la etapa final de la Reconquista, analizaremos las
diversas figuras y elementos presentes en el cuadro, así como su veracidad histórica, con
el fin de comprobar hasta qué punto esta obra, sin dejar de lado su objetivo
propagandístico, nos aporta información histórica como fuente secundaria. Para ello,
compararemos lo que nos transmite el cuadro con los testimonios y documentos que han
perdurado hasta nuestro tiempo.

1
Aunque muchos historiadores dudan sobre la veracidad de estas frases, los acontecimientos fueron
relatados por Andrés Bernáldez, cronista de los Reyes Católicos en tiempos de la guerra contra Granada.
La obra, titulada Crónica de los Reyes Católicos, se encuentra digitalizada en la Biblioteca Virtual de
Andalucía. Extraída de:
http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/es/consulta/registro.cmd?id=1000553

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2. Contexto histórico
a. Contexto de la obra:

La obra La rendición de Granada se enmarca en el período de la historia de la Península


Ibérica conocido como la Reconquista. Más precisamente, dentro del conjunto de
campañas militares cristianas en territorio musulmán entre 1482 y 1492 que reciben el
nombre de Guerra de Granada (Federico, 2011, p. 99). Así pues, la obra de Francisco
Padilla representa el final de estos largos y convulsos períodos históricos, con las
Capitulaciones de Granada y la entrega de las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos
por parte del rey Boabdil.

En este sentido, las capitulaciones de Granada no pueden entenderse sin las razones, no
solo históricas, sino sociales, económicas y políticas que producirán tal desenlace.
Alejándose de nacionalismos y sensacionalismos, la Batalla de Covadonga (718 o 722)
es la primera victoria conocida de las fuerzas militares cristianas en la Península Ibérica
des de la intervención militar de las fuerzas combinadas árabe-bereber de 711 (Federico,
2011, pp. 32-35). Aunque la victoria no fue ni mucho menos decisiva, la historiografía
española la ha considerado “el principio del fin” de la ocupación árabe de la península,
que culminaría 780 años después con la toma de Granada.

Sin embargo, el avance constante de los recién formados reinos cristianos, las luchas
intestinas en el sí de la política árabe y las diversas invasiones de grupos bereberes,
hicieron menguar el territorio, la estabilidad y el poder de los gobernantes árabes, los
cuales iban quedando relegados a un pequeño espacio territorial al sur de la Península
Ibérica (Federico, 2011, pp. 45-47 y 50-52). El Reino Nazarí de Granada nacía en el 1238
y se consolidaba con el Pacto de Jaén (1246) entre Fernando III y Alhamar “el Rojo”,
estableciendo las fronteras y obligando al nazarí a pagar parias para conseguir paces de
veinte años. Tiempo después, los territorios del reino irán disminuyendo hasta convertirlo
de facto en un reino vasallo de Castilla (Wert, 1994, p. 4).

La supervivencia del Emirato de Granada responde a varias razones: su condición de


vasallo del rey castellano, su conveniencia como refugio de la población musulmana, el
carácter montañoso del reino (complementado con una consistente red de fortalezas
fronterizas), el apoyo norteafricano, la crisis castellana bajomedieval y la indiferencia de
Aragón, que se hallaba ocupado en su expansión mediterránea. No obstante, con el fin de

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la Guerra Civil Castellana hacia el 1480 y el definitivo asentamiento de Isabel I en el


trono, se daban por primera vez en Castilla las condiciones necesarias para realizar la
conquista total de Granada, que se veían favorecidas por la crisis policía y económica en
el Reino Nazarí. En este sentido, la conquista de Granada representa uno de los objetivos
primordiales de la política territorial y religiosa emprendida por los Reyes Católicos, que
se consolidará, una vez conquistado el Reino nazarí, con la expulsión de los judíos (Wert,
1994, p. 31).

Es en este momento, con la estabilización definitiva del Reino de Castilla i Aragón,


cuando dará comienzo la Guerra de Granada (1481-1492). Los preparativos finalizaron
el 1484, dando inicio a una larga y tenaz serie de asedios utilizando la novedosa artillería
que condujo a la toma progresiva de las plazas granadinas una tras otra. Durante los diez
años de guerra se siguieron las campañas con un ritmo estacional, iniciadas en primavera
y suspendidas durante el invierno (Wert, 1994, p. 30). Mientras el bando musulmán se
veía afectado por los enfrentamientos internos, los cristianos supieron integrar en una
misión comuna los poderes locales, la nobleza y el clero castellano debajo la autoridad de
la emergente Monarquía Católica.

La ciudad y la fortaleza-palacio de la Alhambra caía el 2 de enero de 1492, entregando,


Boabdil, las llaves de Granada (Federico, 2011, p. 112).

b. Contexto del autor:

Por otro lado, el contexto propio del autor es fundamental para acabar de entender la obra
y lo que representa. Finalizada el 1882 y enmarcada en el sí del eclecticismo español, la
obra coge prestados elementos del romanticismo y el realismo para acabar configurando
uno de los mayores éxitos profesionales de Pradilla (Rincón, 1986, p. 32).

El eclecticismo constituye uno de los momentos menos brillantes de la pintura española.


Los modelos se han agotado y las innovaciones técnicas también. Frente a la atonía
ibérica, en el resto de Europa se incuban movimientos renovadores, como el Realismo o
el Impresionismo, que sólo muy levemente se dejaron sentir en España (Rincón, 1986, p.
48). El eclecticismo toma este nombre de su intención de aprovechar lo mejor de todos
los estilos conocidos, amalgamándolo para conseguir una pintura "muy bien pintada",
pero sin la menor trascendencia. Tal como muestra la obra de Pradilla, el tema favorito

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de los pintores eclécticos fue la Historia de España, especialmente la de la Edad Media y


el período de los Reyes Católicos.

La obra fue encargada por Manuel García Barzanallana, presidente del Senado, para
decorar el Salón de Conferencias del Senado con personajes y acontecimientos
destacados de España (Rincón, 1986, pp. 53-54). El objetivo de la obra, escribe
Barzanallana en una de sus cartas, es “ilustrar la rendición de Granada, o entrega de
llaves por Boabdil a los Reyes Católicos, como representación de la unidad española;
punto de partida para los grandes hechos realizados por nuestros abuelos bajo aquellos
gloriosos soberanos”2. La intención del artista era, pues, representar una escena clave en
la historia de España, pero de una forma común y cuotidiana, hecho que nos recuerda al
realismo europeo. Sin embargo, y, por otro lado, la propia elección de este acontecimiento
histórico, así como su representación en el lienzo, denota cierto grado de idealización,
icónica en el estilo romántico (Rincón, 1986, p. 91). Así pues, La rendición de Granada
amalgama, no solo la propia visión artística conservadora y constante española, sino que
se aventura a incorporar a su obra elementos modernos y transgresivos tan usados en los
demás países europeos.

3. Descripción formal

Como ya hemos mencionado anteriormente, esta obra pictórica data del año 1882, y fue
pintada por Francisco Pradilla y Ortiz.

a. Biografía del autor

Primero de todo, nos centraremos en la figura del pintor. Francisco Pradilla y Ortiz,
nacido el 24 de julio de 1848, en Zaragoza, concretamente en Villanueva de Gállego, es
un reconocido pintor español del siglo XIX. Su formación inicial como artista se basó en
los aprendizajes que obtuvo junto a Mariano Pescador. Posteriormente, influenciado por
este último, acudiría a la Real Academia de Bellas Artes de San Luis (Rincón, 1986, pp.
294-295).

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La carta emitida por el senado el 17 de agosto de 1878 se encuentra en el Fondo Histórico del Senado,
pero sin digitalizar. Si se quiere más información, vale la pena leer la obra de Carlos Reyero Hermosilla
(1999). El Arte en el Senado, Madrid, España: Fondo Histórico del Senado. Pp. 294, 296 y 298.

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En 1886 se fue a vivir a Madrid, donde trabajó como ayudante de Ferri y de Basauto, dos
conocidos escenógrafos. En este mismo lugar, combino su tarea como ayudante con sus
estudios en la Escuela Superior de Pintura y Escultura. Además, con el fin de completar
su formación, acudió a la Sociedad de Acuarelistas. De esta forma, se convirtió en uno de
los artistas más prometedores del momento, lo que provocó que llamase la atención del
director de la Academia Española de Roma, José Casado del Alisal. Animado por este
último, se presentó a las oposiciones para convertirse en pensionado, puesto que ocuparía
durante tres años (1874-1876). El primero de estos tres años vivió en Roma, completando
los trabajos que tenía que cumplir como pensionado. Los dos años restantes pudo viajar
por Europa, visitando ciudades famosas por su perfil artístico. Pero, sin lugar a duda, su
función más destacada en el pensionado fue durante su tercer año, cuando pintó Doña
Juana la Loca. La idea de esta obra parece ser que estuvo influenciada por el propio
Casado del Alisal, que le impulsó a tratar escenas históricas. Esta obra fue mostrada en la
Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, obteniendo la Medalla de Honor, tanto en
esta exposición como, posteriormente, en la Exposición Universal de Viena (Rincón,
1986, pp. 294-297).

Este reconocimiento le sirvió para empezar a ganar fama, lo que le llevaría a recibir
encargos pictóricos, principalmente de temática histórica. De esta forma, el Senado le
encargaría un tapiz sobre la rendición de Granada. Este tapiz acabó siendo sustituido por
un lienzo, dando lugar al cuadro estudiado en este trabajo. En 1882 acabaría su trabajo
que, juntamente con Doña Juana la Loca, sería una de sus obras más representativas.

b. Estilo y elementos técnicos

Volviéndonos a centrar en el cuadro, vemos que sus proporciones son de 3,30 por 5,50m,
y se trata de un óleo sobre lienzo. Al parecer, en un inicio, Pradilla lo nombró La entrega
de Granada (Rincón, 1986, p. 301), y, como hemos mencionado anteriormente, se trataba
de un encargo del Senado, pues pretendían exponerlo en la Sala de Conferencias del
Palacio del Senado. Este encargo fue realizado por el presidente del Senado, el marqués
de Barzanallana, tal y como hemos podido ver con anterioridad. Gracias a la
documentación y correspondencia conservada, podemos saber que él encargó se realizó
el 17 de agosto de 1878. Pradilla tardo casi 4 años en poder acabar el cuadro, siendo
enviado al Senado el 13 de junio de 1882 (Ladero, 2006, p. 165).

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Esta obra pictórica la podemos enmarcar dentro del estilo de pintura histórica y dentro
del eclecticismo, siendo este el más trabajado por Pradilla, aunque también se movió por
el costumbrismo. La parte más trabajada y cuidada de Pradilla, tal y como dicen los
expertos, es el paisaje, pues era la clave para unir todos los personajes de un hecho
histórico en el mismo lugar. Si bien es cierto que el paisaje es un elemento fundamental
de sus obras, este quedó eclipsado por el propio hecho histórico representado. Algunos
contemporáneos a Pradilla, como Hermenegildo Estevan, mencionaron que, en cierto
modo, si Pradilla se hubiese dedicado únicamente al estilo paisajista, habría conseguido
incluso más reconocimiento (Rincón, 1986, pp. 302-303).

Siguiendo con el tema estilístico, como ya hemos mencionado anteriormente, pertenece


al eclecticismo español, además de mezclar conceptos realistas y romanticistas.

En cuanto a la disposición interna del cuadro, vemos que se conforma en dos grupos, uno
frente al otro, con un espacio vacío en el medio, marcando una clara separación entre
vencidos y vencedores, así como una diferenciación religiosa, marcada por símbolos
como la cruz. Así pues, se trata de una composición cerrada, donde todos se dirigen hacia
un punto central. En cuanto al movimiento, observamos que es una composición dinámica
y con gran profundidad en la perspectiva.

Tanto por la mayor presencia de colores vivos y cálidos, como por el número de
personajes representados, el bando de los reyes católicos es el más llamativo, lo que hace
que el espectador centre la atención en estos. Pasando a mencionar brevemente la
iluminación del cuadro, vemos que se trata de una luz natural, repartida de forma
homogénea por todo el cuadro.

c. Bases documentales del autor para la elaboración de la obra

Obviamente, para poder pintar una obra con tal magnitud de detalles, el autor tuvo que
realizar un estudio previo.

Pradilla, con el fin de poder representar los personajes con el mayor número de detalles
posibles, así como el paisaje, estuvo viviendo en Granada durante un tiempo,
concretamente en la ciudad de Darro, lo que le permitió conocer los panoramas y vistas,
así como la historia de los sucesos que iba a representar. A pesar de esto, pintó su obra en
Roma, es decir, solo acudió a Granada para documentarse (Rincón, 1986, p. 301).

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Por otro lado, para poder ilustrar este hecho histórico, Pradilla, probablemente, se basó
en la información proporcionada por la obra de Modesto Lafuente, Historia de España,
pues así lo hizo cuando pinto Doña Juana la Loca. Además, aunque no lo podemos
confirmar, utilizaría otras fuentes, como es el caso de Historia de Granada:
comprendiendo la de sus cuatro provincias Almería, Jaén, Granada y Málaga desde
remotos hasta nuestros días, escrito por Miguel Lafuente Alcántara, e Historia del
reinado de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, de William Hickling Prescott. A estas
obras hay que añadir otros trabajos de autores como Jerónimo Zurita y Castro y Leopoldo
Eguilaz (Ladero, 2006, p. 165). Pero, sin duda alguna, más allá de los estudios de estos
autores, se centró en las reconstrucciones arqueológicas, como es el caso de la espada de
Boabdil, la ropa que vestían en la época, los objetos reales de Isabel, los retratos de los
reyes, las coronas conservadas en la Capilla Real de la catedral granadina… (Ladero,
2006, p. 165; Rincón, 1986, p. 301) (algunos de estos elementos los comentaremos
posteriormente con mayor profundidad).

4. Análisis temático
a. La figura de los Reyes Católicos y Boabdil

Probablemente, las figuras más importantes que encontramos en esta pintura son, sin
lugar a dudas, Boabdil y los Reyes Católicos, los protagonistas del cuadro y
representantes de ambos bandos.

A la izquierda del cuadro, sobre un caballo negro, tenemos a Muhammad XII, más
conocido por su nombre cristiano, Boabdil. Boabdil fue hijo de Abū al-HasanՙAlī
(conocido, por las crónicas cristianas, como Muley Hacén) y Fātimah al-Hasan, y nació
en 1464, en Granada (Cabello, 2018, pp. 118-119).

Al inicio de la década de 1480, encontramos una situación caracterizada por los


constantes conflictos fronterizos entre los reyes católicos y la resistencia musulmana del
sur de la Península. En 1482, Boabdil se convirtió en emir, gracias a un golpe de Estado
contra su padre, apoyado por la familia de los Abencerrajes, consiguiendo obtener el
mando y control de Guadiz y Granada. Esto generó tensiones internas entre los propios
musulmanes (Cabello, 2018, pp. 119-120).

En 1843, durante una campaña cuyo fin era asediar Lucena, Boabdil fue capturado
(Eguilaz, 1986, pp. 16-18). Tras cinco meses de cautiverio, Boabdil firmo un tratado de

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paz con los monarcas cristianos. Obviamente, esto supuso una mala propaganda para él,
pues fue visto como un acto de sumisión por las altas esferas religiosas musulmanas, por
lo que volvió a perder el trono frente a la autoridad de su padre.

El tratado de paz firmado entre Boabdil y los Reyes Católicos se basaba en el compromiso
de Boabdil a pagar un tributo anual, liberar un número determinado de cristianos y a
intervenir en la guerra cristiana contra su padre. Pero, sin duda alguna, lo más importante
de este tratado era el hecho de que se formaba una tregua de un periodo de dos años con
aquellos territorios donde Boabdil fuese reconocido como legitimo soberano (Cabello,
2018, pp. 120-122).

Muley Hacén, padre de Boabdil, cedió el trono a su hermano, Muhàmmed ibn Sad az-
Zaghal (conocido como al-Zagal) en 1485 (otras fuentes defienden que, tras la muerte
repentina de Muley Hacén, su hermano reclamó el trono, por lo que no le fue otorgado
directamente). Pero, a inicios de 1486, se produjo una especie de golpe de Estado dirigido
por Boabdil, con el pretexto de que, con su mandato, se establecería la paz. Esta
sublevación acabó con el establecimiento de un acuerdo entre tío y sobrino: al-Zagal
conservaba el título de emir, así como la zona de la capital y las ciudades de costa,
mientras que Boabdil obtuvo el control de las comarcas orientales (Peinado, 1992, p.14).

Después de llegar a este acuerdo con su tío, Boabdil se dirigió a Loja, donde fue,
nuevamente, capturado por los cristianos, aunque esta vez, conforme con el pacto que
habían firmado en 1483, le dejaron libre, con el fin de que consiguiese el apoyo de algunas
ciudades (serviría para desestabilizar al sector musulmán que quedaba en la Península)
(Cabello, 2018, pp. 119-120). De esta forma, Boabdil se dirigió a Albaicín, donde se
volvieron a originar conflictos entre sus partidarios y los de su tío. En esta ocasión,
Boabdil contaba con suministros proporcionados por el rey Fernando, lo que le
permitieron alargar las protestas y sublevaciones. Al final, Boabdil se acabó haciendo con
el poder de Granada el 29 de abril de 1847, aprovechando la ausencia de su tío (Cabello,
2018, pp. 122-123).

De esta manera, los conflictos entre los musulmanes liderados por al-Zagal y los
cristianos siguieron sucediendo, destacando el de Baza. Al-Zagal acabó siendo sometido
en 1490, pero, esto no supuso el final de la guerra, pues Boabdil, inesperadamente, rompió
los pactos de paz que había firmado, y opuso resistencia, pero esta fue en vano, pues,

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viendo que era imposible lograr la victoria, Boabdil acabo firmado las Capitulaciones de
Granda el 25 de noviembre de 1491 (Poutrin, 2008-2010, pp. 11-12).

Por otro lado, encontramos a los reyes católicos. Esta pareja, formada por Isabel I de
Castilla y Fernando II de Aragón, se casó en octubre de 1469. De esta forma, cuando
Fernando II heredó la corona aragonesa en 1479, se unieron dos centros de gran poder
dentro de España.

Hay que mencionar que, Isabel I de Castilla, más conocida como Isabel la Católica, tuvo
ciertos conflictos a la hora de conseguir el trono, pues ella era la hermana de Enrique IV,
el rey, pero este tenía una hija. A pesar de tener una hija, mediante el pacto de los Toros
de Guisando, producido en 1468, reconocía a su hermana como la heredera, pero, como
Isabel se casó con Fernando sin autorización de su hermano, Enrique IV, este decidió
dejar a su hija como heredera. Cuando Enrique IV murió, se inició un conflicto armado
entre Juana la Beltraneja (hija de Enrique IV), la cual contaba con el apoyo de Alfonso V
de Portugal, e Isabel I, que, obviamente, contaba con el apoyo de su esposo, Fernando II.
El enfrentamiento acabó con la victoria de Isabel, consiguiendo así el trono de Castilla, y
uniéndolo con el de Aragón (Valdeón. 2005, pp. 7-8).

El reinado de los reyes católicos se caracterizó, como su propio nombre indica, por la
importancia de la religión, ya que, por una parte, en 1478, se implantó la Inquisición, y
en 1492 se produjo la expulsión de los judíos. Por otro lado, también fue un reinado
caracterizado por los triunfos, como el de la finalización de la Reconquista y la llegada
de Colón a las Américas (Valdeón. 2005, pp. 7-8).

b. El confesor de Talavera, la mano derecha de la reina

Situado en una posición central en la composición, la figura del monje Fray Hernando de
Talavera se encuentra justo al lado de Fernando II de Aragón, y representa uno de los
personajes más importantes de esta época. Considerado la mano derecha y el confesor de
la reina, Hernando de Talavera se consolidará como figura clave en la toma de decisiones
de la Corte y, tal como afirma Fidel Fernández, en promover y apoyar la guerra contra
Granada (Fernández, 1942, p. 111).

Es indispensable presentar un breve esbozo biográfico de nuestro personaje. Hernando de


Talavera nació en la villa homónima, en 1428 o 1430, según diversas opiniones (Ladero,
2008, p. 7). Su carrera universitaria empezó en Salamanca, donde estudió Artes y

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Teología entre 1445 y 1460 y, una vez acabó sus estudios, impartió clases como profesor
de teología moral entre 1463 y 1466 (Menéndez, 1992, pp. 815-820). Poco después,
alejándose de la vida universitaria, se centró en el perfeccionamiento religioso personal;
pero esta vida le duró poco, ya que, a comienzos de 1475, la reina Isabel lo escogió como
confesor y consejero, impresionada por la claridad de sus criterios religiosos y morales,
la rectitud de su vida personal y su excepcional capacidad intelectual y práctica (Ladero,
2008, pp. 6-7). En este momento, Talavera se verá absorbido por la vida política,
ayudando a la reina en diferentes aspectos y, sobre todo, administrando los recursos
financieros indispensables para la conquista de Granada (Ladero, 2008, p. 7).

Así pues, Hernando de Talavera se vio arrastrado por esta guerra de Granada (aunque él
intentó no involucrarse, ya que, tal como afirma Azcona, era arzobispo de Ávila). La
mentalidad religiosa que aportó al conflicto es clave para entender la propia guerra en sí,
pues para él, la guerra contra el islam para recuperar tierras usurpadas era justa y además
santa porque ayudaba a extender la fe cristiana (Ladero, 2008, p. 22). No había en
Talavera ninguna concesión hacia el islam como tal, por considerarlo religión o “secta”
errónea, ni hacia su poder político usurpador e ilegítimo3.

Como acompañante de Isabel, Talavera hizo toda la campaña de Granada, asistiéndola


constantemente, sin abandonarla ni un instante. Él fue en todo momento su consejero y
su mentor. Él ayudó a organizar ejércitos, proveer de víveres, otorgar mandos militares y
discutir paces o capitulaciones. Él fue, en resumen, el confidente, consejero y eficaz
arrimo de la Reina a lo largo de aquellos años en que se jugó la última carta contra el
islam peninsular (Fernández, 1942, p. 112). En este sentido, el cuadro no se puede
entender sin la figura del fraile, tan decisiva en todo momento. Pedro Mártir de Anglería
llegó a escribir que fue por él por quien se recuperó del poder de los moros el reyno de
Granada.

Por último, después de la caída de Granada, Hernando de Talavera, se convirtió en el


arzobispo de la ciudad y fue uno de los principales protagonistas de la expulsión de los
judíos y los “cristianos nuevos” (Fernández, 1942, pp. 114-116).

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Tales ideas se expresan con toda claridad en el Oficio de la toma de Granada, que compuso en 1492 para
su uso en las misas de celebración y conmemoración de aquel suceso.

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c. La rendición de Granada como una consecuencia directa de las


Capitulaciones de Granada o el Tratado de Granada

Tal como hemos mencionado, la toma de la capital nazarí no se produjo por la fuerza, al
contrario, el 25 de noviembre de 1941 Boabdil y los Reyes Católicos firmaban en secreto
las Capitulaciones de Granada (García, 1998, p. 43). Este hecho es fundamental para
entender la entrega pacífica de llaves por parte del monarca musulmán.

A grandes rasgos, Boabdil, sultán de Granada, renuncia a la soberanía del reino nazarí de
Granada a favor de los monarcas cristianos, quienes garantizaron una serie de derechos a
los musulmanes, incluida la tolerancia religiosa y su justo tratamiento en compensación
por una rendición incondicional y capitulación (García, 1998, pp. 54-57). El cuadro, tal
como expone Julio Quesada (2010), muestra la ratificación de los acuerdos
ejemplificados con la entrega de llaves por parte de Boabdil.

Para explicar el contenido del documento nos hemos basado en la transcripción realizada
por Milagros Soler Cervantes según el texto publicado por Camilo Álvarez de Morales
en su obra Muley Hacén, El Zagal y Boabdil (2000). Granada, España: Editorial
Comares4. Así pues, basándonos en este texto, las condiciones son las siguientes:

- El hijo mayor de Boabdil y todo su séquito, retenidos como señal para cumplir los
pactos de Lucena, serán liberados. Todos los prisioneros refugiados en Granada
serán indultados.
- Los musulmanes serán juzgados por sus leyes y podrán seguir ejerciendo la
religión musulmana. Las mezquitas estarán bajo el control de los alfaquíes.
- Los musulmanes serán libres de vender o arrendar sus propiedades y marcharse a
África.
- No estarán obligados ni a llevar ningún tipo de distintivo (al contrario que los
judíos), ni a enrolarse al ejército.
- Estarán exentos de pagar impuestos durante los primeros tres años y luego lo harán
en función de la ley nazarí.

4
El archivo original, titulado Privilegio rodado de asiento y capitulaciones para la entrega de la ciudad
de Granada a los Reyes Católicos; en este privilegio se confirma la escritura de capitulación hecha el 25
de noviembre de 1491 entre los Reyes Católicos y los alcaides Yusef ibn Comixa y Abu-Casim al Muley,
en nombre de Boabdil, rey de Granada, se encuentra en el Archivo Histórico de la Nobleza, FRIAS,
CP.285, D.18. Se encuentra digitalizado y se puede encontrar en:
http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/3967398

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Así pues, en forma de resumen, las Capitulaciones de Granada buscaban una solución
pacífica y lógica al conflicto, estableciendo ciertos límites religiosos, económicos y
sociales a la población musulmana. Dos meses más tarde, el 2 de enero de 1492, las dos
partes se encontraron otra vez, ahora delante las puertas de Granada. La rendición de la
ciudad no hubiera sido posible sin las negociaciones previas.

d. La figura de Gonzalo Fernández de Córdoba y su relación con Boabdil

Escondido entre los miembros de la Corte, la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba


se encuentra a la derecha de la reina Isabel. El también llamado Gran Capitán, constituye
la dicotomía perfecta entre la guerra y la paz. Principal impulsor y partícipe de la Guerra
de Granada, que también fue, paradójicamente, uno de los amigos de Boabdil, con quien
tuvo relación hasta después de rendir la ciudad (Toca y Martínez, 2008, pp. 43-44).

Si a Hernando de Talavera se le conoce por sus reformas religiosas, a Gonzalo Fernández


de Córdoba se le rememora por sus hazañas bélicas, pues fue el creador del primer ejército
profesional español (Granados, 2006, p. 84). Por otro lado, la figura del Gran Capitán es
importante en el contexto de la rendición de Granada, ya que, aparte de ser el comandante
del asedio de la ciudad, fue el encomendado para establecer con Boabdil los términos del
tratado de rendición de la capital nazarí (Toca y Martínez, 2008, pp. 66-67).

Tal como afirma Antonio Soler en su obra Boabdil, un hombre contra el destino, Gonzalo
Fernández de Córdoba y Boabdil se conocieron después de la batalla de Lucena, en 1483,
cuando Boabdil fue hecho prisionero por los Reyes Católicos. Gonzalo fue la persona que
durante los meses de cautiverio estuvo más cerca de él, negociando una alianza con Isabel
y Fernando, y compartiendo largas horas de conversación. Lo que comenzó como una
relación política acabó convirtiéndose no solamente en una visión compartida de la
realidad, sino en una estrecha amistad, hasta el punto de que, cuando Boabdil fue puesto
en libertad bajo la condición de dejar en Castilla a su hijo primogénito -para asegurar de
ese modo que cumplirá el pacto alcanzado con Isabel y Fernando-, solo aceptó ese
requisito si su hijo quedaba bajo la tutela personal de Gonzalo Fernández de Córdoba,
quien aceptó el encargo y de este modo se convirtió en el responsable de la educación del
pequeño (Soler, 2012, pp. 75-79).

El Gran Capitán fue el principal protagonista de las Capitulaciones de Granada y de la


rendición de la ciudad. Si no fuera por él, el cuadro que conocemos no hubiera sido nunca
pintado o, al menos, no de esta manera.

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e. Simbología heráldica

Dentro del cuadro también encontramos otros puntos destacables. Uno de estos elementos
a destacar es, sin duda, la heráldica y la simbología de los reyes católicos, la cual vemos
en algunos de los ropajes de los miembros del bando cristiano. Este escudo tenía una
partición cuartelada, una de las representaciones heráldicas más comunes de la época.
Este emblema servía como constatación y representación del poder del rey (Narganes,
2008, p. 8).

Algunos de los símbolos más representativos de los Reyes Católicos, junto con este
emblema (que representaba la unión de Castilla y del reino de León), serán el Águila de
San Juan (que representaba, principalmente, a Isabel, pues ya lo había usado antes de
llegar al trono), el yugo y las flechas (Narganes, 2008, p. 15).

f. Aproximación a otros aspectos sociales.

Uno de los aspectos que más llama la atención en el cuadro es el ejército de los personajes
presentes. ¿Ahora bien, Pradilla hizo una buena representación de las armas y vestimenta
de esa época? ¿O acaso se movió por el sensacionalismo, idealizando a los personajes?

Respecto al ejército nazarí, tenemos que diferenciar a la unidad yaish, que englobaba
elementos de caballería e infantería, con el ejército regular o yund, que incluía a una
guardia de élite formada por conversos al islam de origen cristiano, conocidos como
“elches” y que formaban la guardia palatina desde 1375 (Follana, 2018, pp. 83-84). Así
pues, en La rendición de Granada, podemos apreciar a la guardia de élite, ya que se
encontraba custodiando a Boabdil.

Uno de los elementos que resalta entre los soldados nazaríes es la espada jineta. Esta
producción, genuinamente nazarí, correspondía a un tipo de espadas rectas, de doble filo
con canal hasta la mitad, de empuñadura osiforme y con pomo redondo. Pero sin duda,
tal como se muestra en la obra, su característica más importante era el grandioso trabajo
y calidad de los materiales con los que se fabricaban las empuñaduras (Villén, 2020, pp.
103-105).

Por otro lado, el ejército español, aunque difuminado al fondo, destaca por sus lanceros y
sus soldados a caballo. Las picas sobresalen por detrás del todo. En este sentido, la unión
de los diversos elementos evidencia la evolución bélica que se está viviendo, y que

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culminará, en cierto modo, con la formación de los tercios españoles (Martínez, 2017, p.
24).

5. “Errores” históricos en la obra


A pesar de los diferentes estudios realizados por Pradilla, así como el realismo que
caracteriza la propia ilustración de los personajes, hay algunos elementos que podríamos
tachar de “errores” históricos (aunque, obviamente, pueden haber sido usados
intencionadamente por el propio autor). De esta forma, hablaremos sobre algunos de los
elementos del cuadro, los cuales, comparándolo con diversas fuentes, son erróneos.

Primero de todo, hay que mencionar que la mayoría de las crónicas que hablan sobre el
suceso de la entrega de llaves fueron publicadas con bastante posterioridad al suceso, y,
en algunos casos, fueron escritas por autores no contemporáneos. Además, como
podemos imaginar, las crónicas describían este suceso a partir de testimonios de terceros.
Por lo tanto, es difícil conocer completamente el suceso histórico plasmado en esta obra
(Samper, 2016, pp. 62-63).

Probablemente, para muchos expertos del tema, como Miguel Ángel Ladero Quesada, el
“error” más destacado de la obra, según algunas crónicas, sea la presencia de la reina
Isabel en la entrega de llaves (Ladero, 2006, p. 187). Gracias a diversos testimonios y
crónicas, se cree que Fernando fue el único que se reunió con Boabdil en la entrega de
llaves, mientras que Isabel, juntó al príncipe y a su hija Juana, esperaron a las afueras de
Granada. Esto lo podemos ver, principalmente, en la crónica de Hernando de Pulgar
(Villaseñor, 2009, p.162):

“[...]El rey e la reyna, a dos dias de enero, partieron del real con toda la hueste de
la via de Granada. La reyna y el príncipe e la infanta doña Juana se pusieron en un
cerro cerca de Granada, y el rey con la gente junto a la ciudad, cabe el río Genil,
adonde salió el rey moro, y le entregó las llaves, e se quiso apear e le besar las manos.
Y el rey lo uno ni lo otro consintió, e le besó en el brazo, e diole las llaves […] y
encima de la torre de Comares alzaron la cruz e luego la bandera real. E dixeron con
altas voces: Granada, Granada por los reyes don Fernando e doña Isabel. [...]”

H. Pulgar, Crónica de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel
de Castilla y de Aragón, Capitulo CXXXIII.

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Por lo tanto, si confiásemos en la veracidad de esta crónica, el uso de la figura de la reina


Isabel en la pintura podría tener un fin más propagandístico que histórico. Pero, por otro
lado, hay que tener en cuenta que hay otras crónicas y obras que nos dicen lo contrario,
como es el caso de este fragmento perteneciente a Andrés Bernáldez:

“[...] E el rey Moro le besó el brazo e le dio las llaves, e le dijo: «Tomad, Señor,
las llaves de tu Cuidad, que yo y los que estamos dentro somos tuyos» e el rey
dos Fernando tomó las llaves e dióselas a la reyna, y la reyna se las dió al príncipe
[don Juan], y el príncipe las dió al conde de Tendilla, al qual, con el duque de
Escalona, marqués de Villena, e con otros muchos caballeros, e con tres mil de a
caballo e dos mil espingarderos, envió entrar en el Alhambra e se apoderar de
ella [...]”

Andrés Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos D. Fernando y Dª. Isabel:


crónica inédita del siglo XV, Capitulo CII

En este fragmento observamos que, según el autor y los testimonios recogidos por el
mismo, ambos reyes estarían presentes en la entrega de las llaves de la ciudad, juntó con
el príncipe.

De esta forma, vemos que entre las mismas crónicas hay diversas opiniones a la hora de
describir un hecho, por lo que no podemos concluir la total veracidad histórica de este.
Por este mismo motivo, es muy probable que Pradilla se adaptase a aquella crónica que
le beneficiase más a la hora de mostrar la importancia y magnitud del acontecimiento.

Dejando a un lado el tema de la presencia de Isabel la Católica, también hay que


mencionar que el pintor reduce, seguramente de forma intencional, los contingentes del
bando de Boabdil, siendo este el único de su grupo en ir a caballo. Esto, sin duda, se debe
a que el pintor trata de demostrar la superioridad del bando cristiano frente al musulmán
(Ladero, 2006, p. 187).

Por último, cabe destacar la ausencia del Cardenal Mendoza (Samper, 2016, pp. 62-63),
una figura clave en la conquista de Granada (pues se cree que fue el encargado de
penetrar, con sus tropas, en la ciudad), el cual, si ha sido representado en otras muchas
obras, y sobre todo grabados, como los de Felipe Bigarny.

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6. Conclusiones
Después de ver los diferentes elementos presentes en el cuadro, así como su contexto,
podemos observar que tiene un claro objetivo “propagandístico”, tal y como expresa
Barzallana en su carta, pues, lo que se pretende al pedir esta obra es rememorar un pasado
glorioso, ya que se busca incitar a tener unos valores similares, como es el caso de la
unidad. Por otro lado, esta intencionalidad no le quita valor histórico al cuadro, es decir,
esta obra nos aporta mucho más que este supuesto sentimiento de unidad, tal y como decía
el marqués en su pedido, pues nos hace ver uno de los momentos más importantes de la
conquista, que, sin duda alguna, gracias a esta obra, se ha vuelto un icono de la victoria
cristiana sobre los musulmanes, así como del triunfo de los Reyes Católicos, lo que les
permitía recuperar su territorio.

Obviamente, como ya hemos podido observar, el cuadro tiene presentes ciertos elementos
históricos que podríamos tildar de erróneos o, como mínimo, debatir sobre su veracidad,
pero, en defensa del propio pintor, hay que mencionar que las crónicas de la época no
daban un único punto de vista, por lo que es difícil demostrar completamente lo sucedido.

Por un lado, si bien esta obra representa un momento histórico clave en la reconquista,
pues es la victoria de los reyes católicos sobre Granada, en ningún momento significa la
expulsión de los musulmanes de la Península, pues, ciertamente, en 1492, es decir, en el
mismo año de este suceso, se decretó la expulsión de los judíos, pero, en el caso de los
musulmanes, siguieron manteniéndose en la Península, bajo el poder de los reyes
católicos (Poutrin, 2008-2010, pp. 11-12).

Por otra parte, es innegable la importancia histórica de este acontecimiento, así como la
de la pintura, pues, no solo ha ayudado a darle fama a la entrega de llaves de Boabdil,
convirtiéndola en una de las imágenes más famosas y reconocidas de la Reconquista, y,
probablemente, de la historia medieval de España, sino que, a pesar de haber sido pintada
varios siglos después, es, indudablemente, una fuente secundaria directa de gran valor
histórico, pues nos aporta información clave para poder comprender algunos elementos
de la época, tanto de la que representa (por ejemplo, el ropaje o la importancia de algunas
de las figuras o símbolos presentes) como en la que se pinta, es decir, la contemporánea
al autor (nos da a entender la necesidad de recordar un pasado glorioso).

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Por último, el cuadro es una buena representación de las vestimentas y atuendos de esa
época, tanto del bando musulmán como cristiano, y un perfecto ejemplo de la realidad
medieval, con sus costumbres, pactos y psicología. Esto nos demuestra que Pradilla
estudió el contexto histórico de la obra, es decir, fue más allá del acontecimiento en sí,
por lo que no solo nos transmite información de la entrega de llaves, sino que nos aporta
datos sobre más conceptos medievales. Así pues, La rendición de Granada expone a la
perfección no solo las prácticas sociales y jurídicas de la época, sino también el propio
imaginario medieval.

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