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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. CURSO 2017/18.

SEGUNDA PARTE: LA FILOSOFÍA MODERNA Y


CONTEMPORÁNEA.
TEMA 7. PROBLEMAS FILOSÓFICOS EN LA MODERNIDAD.

RESUMEN. La filosofía moderna es la que hace en Europa entre los siglos XVI y XVIII. Durante
esta época el ser humano y la vida terrenal adquieren mucha más relevancia cultural que en la Edad
media. La economía, la sociedad, la organización política y la cultura se desvinculan parcialmente
de la religión. En cuanto al pensamiento, la filosofía parece dar un giro “idealista”, en cuanto
antepone los problemas referidos al origen de las ideas y el conocimiento a las cuestiones
ontológicas y teológicas típicas del periodo anterior. A la vez, la Revolución científica de los siglos
XVI y XVII genera una atmósfera de optimismo racional en cuanto a la posibilidad de comprender
el mundo con la sola razón. Ahora bien, la racionalidad científica se limita a la descripción
matemática de la naturaleza, dejando de lado las cuestiones metafísicas o morales, que no parecen
tener cabida en la visión mecanicista y determinista de la ciencia. Comienza así la escisión entre
ciencias experimentales y filosofía (o entre ciencias de la naturaleza y del espíritu). La filosofía
moderna se ocupará preferentemente de problemas epistemológicos, morales y políticos.

ÍNDICE DEL TEMA.

1. La filosofía moderna.
1.1. Definición y características de la época moderna.
1.2. Breve historia de la filosofía y el pensamiento moderno.
1.3. Algunos temas y problemas de la filosofía moderna.

CONTENIDOS MÍNIMOS.
- Características de la modernidad.
- Problemas filosóficos en la modernidad.
1. LA FILOSOFÍA MODERNA.

1.1. Definición y características de la época moderna.

Suele denominarse filosofía moderna a aquella que se produce en Europa y su entorno más cercano,
aproximadamente durante el periodo que los historiadores han dado en llamar “moderno” (siglos XVI al
XVIII de nuestra era), si bien sus raíces se sitúan claramente a finales de la Edad media (siglos XIV Y XV).
La época moderna presenta numerosos rasgos relativamente nuevos en relación a la cultura medieval, el más
importante de los cuales es el renacimiento de una cultura profana y “burguesa” relativamente independiente
de la religión y la Iglesia. La época moderna deja de ser exclusivamente “teocéntrica” (centrada en Dios y la
religión) y se abre a un nuevo modo de concepción del mundo más “antropocéntrica” (centrada en el hombre
y la vida terrenal). Quizás esto explique, en parte, porque la filosofía moderna va a concentrarse en los
problemas del “sujeto” humano (el conocimiento, la política…) antes que en los problemas ontológicos
(acerca del ser y lo real) que, desde la Edad media, resultaban casi indistinguibles de los problemas
teológicos. Otro elemento a considerar es el creciente prestigio de las ciencias experimentales; la revolución
científica de los siglos XVI y XVII va a provocar un progresivo alejamiento entre filosofía y ciencia natural
(prolongado hasta nuestros días) y, de otro lado, un incremento del interés por los problemas
epistemológicos.1 Por último, la separación entre la Iglesia y el Estado (con la consecuente desacralización
del poder político) y el ascenso imparable de la burguesía (cuyo éxito social y económico está ligado a las
libertades individuales2) van a suponer cambios políticos y nuevas teorías filosóficas que los conciban y los
justifiquen.

El dualismo moderno.
La aparición de una cultura más mundana y “antropocéntrica” no quiere decir que la Edad moderna sea una época irreligiosa. La
inmensa mayoría de la población (incluyendo artistas, científicos y filósofos) sigue siendo profundamente cristiana. Lo que sí
ocurre es una relativa separación entre el ámbito mundano y el ámbito estrictamente religioso. Esta distinción entre lo profano y lo
sagrado (entre la razón y la fe), que aparece ya durante los últimos siglos de la Edad media (ss. XIV y XV), va a tener
consecuencias en todos los aspectos de la cultura.
(a) En la economía triunfa un modo de producción (propio de la burguesía) desvinculado de los valores religiosos tradicionales. La
libertad de producción, comercio y consumo, la usura, la inversión del tiempo en el negocio, la preocupación por lo material…
Todo esto se entiende compatible con las creencias religiosas en cuanto éstas se refieren ahora a un ámbito (el de la espiritualidad
privada) distinto al de la vida práctica y mundana. Tras la reforma protestante, el éxito económico pasa a ser considerado, incluso,
como una muestra del favor de Dios.
(b) En lo político culmina la separación entre la Iglesia y el Estado. Se entiende que ambas instituciones tienen ámbitos propios y
relativamente autónomos de actuación, y no deben interferir la una en la otra. Ahora bien: esto da lugar a una distinción más
profunda. La justificación medieval del poder político de la Iglesia era que ésta ostentaba la autoridad moral que debe legitimar al
poder y las leyes. Al separar lo político de lo religioso, se separa también a la ley de lo moral, que queda, como lo religioso mismo,
del lado de la espiritualidad individual. Esta distinción entre lo público y lo privado se mantiene hasta nuestras días y supone que
la “moral pública” o política se reduce a un conjunto mínimo de leyes sostenidas por un consenso o “contrato social”, mientras que
la “moral privada”, que puede ser muy distinta, está referida al mundo de valores y creencias (religiosas o no) de cada individuo
(es decir, a un ámbito donde no se precisa de racionalización ninguna). En suma, que los valores fundamentales (la ética) no son un
asunto público ni racional.
(c) Dado que la nueva economía se basa en la libertad individual, y que, como hemos dicho, la espiritualidad religiosa y los valores
éticos se entienden como circunscritos al ámbito también privado e individual, la época moderna presenta una clara distinción
entre individuo y sociedad. El individualismo moderno supone que lo que dota de valor y sentido a las actividades humanas es el
interés particular (que además es inescrutable, subjetivo, “sagrado” e intocable), mientras que la sociedad es no más que el aparato
mínimo y necesario para garantizar la realización de tales intereses individuales (para algunos la sociedad no debe ser más que un
mercado mínimamente regulado para garantizar los derechos y libertades de los que participan en él).
(d) La distinción entre lo mundano y lo sagrado, entra la razón y la fe, y entre la ley y los valores, se plasma y acentúa en la
distinción entre ciencia y filosofía. La revolución científica supone el triunfo de una concepción del conocimiento basado en la
experimentación (en la precisa observación del mundo y en el interés por los hechos cotidianos y las leyes que los regulan). Dado
que este método solo puede aplicarse a lo visible, la esfera entera de los valores, las ideas, la racionalidad pura, etc. (es decir, lo
que no se ni se deja manipular en los laboratorios), pasa a ser considerada como incognoscible y confinada al ámbito de lo
religioso, la subjetividad particular o… la filosofía. En este sentido, la filosofía (que precisamente se ocupa de los valores, la razón
y las ideas, y no de hechos comprobables) empieza a ser vista –por los propios filósofos— como una disciplina imposible o
“sobrante” que, o bien habría que encajar cerca de las ciencias (como una ciencia de ciencias, reducida a la reflexión y la crítica del
conocimiento), o bien del lado de lo “sagrado”, como una teología recalcitrante obstinada en conocer lo que (valores, ideas,
principios últimos) quizás no se puede conocer. Entre los propios filósofos se crea una escisión entre los que defienden la primacía

1
En especial por el propio estatus cognoscitivo de la filosofía. ¿Qué tipo de conocimiento representa la filosofía? ¿Qué la legitima, en
comparación, sobre todo, con el modo de conocer científico? Kant será, como veremos, el filósofo que más profundamente va a plantearse estos
problemas.
2
La libertad para trabajar, producir, poseer propiedades, comerciar, consumir, etc. (Libertades que, aunque no os lo creáis, no existían durante la
Edad media)
del conocimiento sensible (materialistas, empiristas…) y los que persisten en concebir los valores y las ideas como algo sujeto a
comprensión racional (racionalistas, idealistas…). Al cabo, la filosofía moderna acaba adoptando, por lo general (con notables
excepciones) una concepción dualista (muy propia de la época) en la que “naturaleza” y “espíritu”, “hechos” y “valores”, “cosas
físicas” e “ideas”, han de concebirse por separado, bajo formas distintas de racionalidad (“ciencias” y “humanidades”, o “ciencias”
y “letras”), unas más legítimas que otras según unos… y otros.

1.2. Breve historia de la filosofía y el pensamiento moderno.

La filosofía y la cultura moderna son enormemente complejas y difíciles de homogeneizar. Cabe distinguir
en ellas varios periodos (el Renacimiento, la época del Barroco, la Ilustración). Pero también desarrollos
localmente diferentes: no es lo mismo lo que ocurre durante toda esta época en el norte que en el centro y sur
de Europa 3 (y el elemento religioso es a este respecto decisivo: el triunfo de la reforma protestante en el
norte y la contrarreforma católica en el sur). De otro lado, la Edad moderna no supone, como ya sabemos,
una ruptura clara con la Baja Edad Media, sino en gran medida una prolongación de tendencias históricas y
culturales que están ya vivas en los siglos XIV y XV (Esta prolongación y lenta transición puede verse,
especialmente, en el Renacimiento). En este sentido, hay más relación a veces entre algunos filósofos
modernos y medievales que entre los propios filósofos modernos 4. Finalmente (y consecuentemente con lo
que decíamos), hay varias maneras de ser “moderno” en filosofía. Básicamente dos: una manera idealista y
racionalista, heredera de la filosofía clásica (Platón, Aristóteles) y la escolástica medieval; y otra manera,
materialista y empirista, procedente de la crítica a la escolástica de la filosofía bajo-medieval (Guillermo de
Occam y otros). La primera va a cultivarse preferentemente en la zona continental de Europa, la segunda va
a prender especialmente en al mundo anglosajón, sobre todo Inglaterra. Con objeto de que os situéis
históricamente (y localicéis a los distintos autores y corrientes filosóficas) podéis considerar este “mapa”
histórico. En negrita los autores y corrientes que más nos interesan.

(A) Renacimiento (siglos XV-XVI aprox.).


- Humanismo renacentista (platonismo y aristotelismo no escolásticos): M. Ficino, J. Pico de la Mirándola, F.
Melanchton, P. Pomponazzi...
- Escepticismo (M. de Montaigne, F. Sánchez), neoestoicismo (J. Lipsio), epicureos (P. Gassendi, L. Valla)...
- La escolástica española: F. de Vitoria, y F. Suárez...
- El pensamiento reformista religioso: “Devotio moderna”, Nicolás de Cusa, Erasmo de Rotterdam, Lutero,
Calvino...
- El pensamiento político: Maquiavelo, T. Moro, Thomas Hobbes...
- El naturalismo renacentista y la “nueva ciencia”: Paracelso, N. Copérnico. G. Bruno. R. Bacon. J. Kepler. G.
Galilei...

(B) La época del Barroco (siglo XVII aprox.)


- Racionalismo: R. Descartes. B. Pascal. B. Spinoza. G. Leibniz...
- Empirismo: John Locke. G. Berkeley. D. Hume...
- Otros autores: G. Vico. Shaftesbury. Hutcheson...
- El triunfo de la “Revolución científica”: I. Newton...

(C) La Ilustración (siglo XVIII).


- Ilustración inglesa: Empiristas, A. Smith...
- Ilustración francesa: Montesquieu. J. J. Rousseau. Voltaire...
- Ilustración alemana: Inmanuel Kant.
- El desarrollo científico: Euler, Farenheit, Celsius, Volta, Lovoisier, Linneo...

1.3. Algunos temas y problemas de la filosofía moderna.

(A) La centralidad del sujeto y sus representaciones (idealismo). Suele decirse que la filosofía moderna
representa un “giro copernicano” que coloca como objeto central de reflexión al propio hombre o sujeto
(desplazando de ese centro al objeto o ser, es decir, al problema de qué es lo real). Los filósofos modernos
parecen descubrir que la realidad es, primaria o inmediatamente, la realidad de nuestro pensamiento. Todo
objeto existe, antes que nada, como representación en la mente del sujeto, por lo que lo primero e inmediato
(para nosotros) es esa representación, la idea (la idea no como realidad platónica, sino como contenido de
3
Cabe ya hablar de una cierta distinción entre filosofía anglosajona y filosofía continental (distinción típica de la filosofía contemporánea).
4
Así, Descartes se entiende mejor relacionándolo con el pensamiento de Tomás de Aquino (o San Agustín) que con la filosofía empirista inglesa.
nuestro pensamiento). De ahí que en ocasiones se denomine a la filosofía moderna como “idealismo” (si bien
de un idealismo muy diferente al platónico). Con su famosa afirmación “cogito ergo sum” (“pienso, luego
existo”) Rene Descartes afirmaba que se podía dudar de la existencia real de todo, menos de la del propio
sujeto que duda y piensa. Toda otra realidad nos es conocida a través de nuestro pensamiento y, dado que
este es activo y configura el objeto al percibirlo o pensarlo, la realidad externa es o bien algo que nos llega
transformado por la mente (nunca conocemos las cosas tal como son en sí), como afirman la mayoría de los
filósofos modernos (idealismo gnoseológico), o bien es algo que podría estar creando la propia mente, de
manera que no hubiera otra cosa real más que esa mente creadora (idealismo metafísico o absoluto,
solipsismo5).

Contra el idealismo absoluto.


Los filósofos modernos rara vez se abandonan a un idealismo absoluto o solipsista. Algunos, como Descartes, reparan en que
ciertas representaciones mentales (las de infinitud, perfección…) obligan a aceptar la existencia de un ser real fuera de la mente
que posea la infinitud y la perfección de la que esta carece (este ser ha de ser Dios, claro), y que por su misma perfección (moral)
garantice la existencia extra-mental del mundo 6. Otros, como los empiristas, dado que creen que las representaciones mentales
tienen su origen en la experiencia, han de admitir la existencia del mundo exterior como origen de tal experiencia.

(B) La concepción determinista de la naturaleza y el problema de la libertad humana. La filosofía y la ciencia


modernas consideran a la naturaleza un objeto tan digno de estudio como puedan serlo Dios o los asuntos
teológicos. La naturaleza es, además, el lugar donde tiene su ámbito propio y autónomo la razón (en
oposición a la fe). Esta revalorización del conocimiento racional de la naturaleza, ligado al interés por el
progreso material (propio de la nueva cultura burguesa), da alas a la naciente (o renaciente) ciencia
experimental. Para la ciencia y la filosofía moderna, el mundo es concebido en ocasiones como un
organismo o una máquina determinada por leyes universales y reducible a entidades y propiedades
matematizables (partículas movidas por fuerzas) 7. Ahora bien, la concepción del mundo como un
“mecanismo de relojería” completamente determinado por causas eficientes y leyes exactas, no parece dejar
espacio al espíritu y la libertad humana. De ahí que los filósofos se planteen problemas como los de la
relación entre la mente (o alma) y el cuerpo, o el ya viejo problema medieval del libre albedrío 8.

Distintas concepciones de la libertad.


Para los filósofos más racionalistas, la realidad es por entero (incluyendo al hombre) racional y, como tal, sujeta al “principio de
razón suficiente” (todo ocurre por alguna razón). La libertad humana supone reconocer nuestra propia sujeción a razones. Los
filósofos empiristas no mantienen este presupuesto racionalista; no todo ocurre por razón. La voluntad humana puede actuar
espontáneamente, o por emociones. Queda por discutir si actuar así es o no es “libertad”.

(C) La autonomía de la razón y el problema de sus límites. En general, el pensamiento moderno representa
un cierto optimismo racional. Muchos filósofos y científicos creen que la realidad puede llegar a ser
conocida con la razón y la experiencia (sin ayuda de la fe y sin recurrir a dogmas o prejuicios). Otros tantos
le ponen severos límites, aduciendo que ciertas realidades quedan fuera del ámbito de la razón.
Especialmente escépticos son los empiristas, que desconfían del uso de la razón desvinculado de la
experiencia, por lo que las realidades no sujetas a comprobación experimental no podrían ser objeto de
conocimiento racional. El filósofo Inmanuel Kant será el que trate con más profundidad el problema de los
límites de la razón.

(D) El modelo de la física-matemática y el problema de la legitimidad de la metafísica.


El éxito de la revolución científica supone la erección de la física matemática (tal como la conciben Galileo o
Newton) como modelo de conocimiento de la naturaleza, o incluso como modelo de conocimiento en
general. Para los filósofos más racionalistas, el poder de la razón se muestra en la potencia de las
matemáticas como instrumento para comprender y describir la naturaleza. Los más empiristas inciden en la

5
Algunos autores mantienen la hipótesis de que la única realidad demostrable es la de la propia mente, la del “yo” particular que piensa. Tanto el
mundo como las otras mentes o sujetos podrían ser no más que una “representación” de esa sola mente particular. A esta idea se le denomina
“solipsismo”, que vendría a decir que “solo existo yo mismo”.
6
Al menos, en cuanto a sus propiedades primarias o matematizables.
7
Los científicos y filósofos modernos distinguen en la naturaleza las propiedades que llaman “primarias”, y que se pueden cuantificar o
matematizar (el volumen, densidad, velocidad, etc.), y propiedades o cualidades “secundarias”, no matematizables y serían de carácter subjetivo
(color, sonido, textura)…
8
Para los filósofos medievales la libertad era igual de problemática que para los modernos; aquellos veían en la providencia y omnisciencia divina
el obstáculo para la libertad (si Dios lo ha dispuesto y lo sabe todo, ¿qué libertad queda al hombre?), los modernos ven el mismo problema en
relación al funcionamiento de la naturaleza (Si la naturaleza es como un reloj en donde todo ocurre por algo según leyes inflexibles, ¿qué
posibilidad hay de elegir un curso de acción u otro?).
importancia del experimento9. Lo que se cuestiona es el lugar de la filosofía. Los racionalistas aspiran a
convertirla en una “mathesis universalis”, un saber racional universal en el que se describa y comprenda la
totalidad de lo real con la exactitud y el rigor lógico de las matemáticas (se pone de moda escribir tratados de
filosofía al “modo geométrico”) 10. Los empiristas la reducen a un saber de segundo orden que, dado que no
se refiere al ámbito de la experiencia, no puede proporcionar verdadero conocimiento (a lo más reflexiones o
ensayos, más o menos lúcidos, acerca del conocimiento y la moral). Kant la entiende como un saber crítico
dedicado a la reflexión rigurosa acerca de la posibilidad misma del conocimiento.

(E) El problema del origen y del criterio adecuado de conocimiento. Dado el “giro” antropocéntrico e
idealista de la filosofía moderna, se entiende la prioridad de los problemas epistemológicos sobre otros
asuntos filosóficos. Así, importará mucho saber cómo funciona la mente al conocer, cómo construye el sujeto
sus representaciones y con qué criterio se deben verificar (para asegurarnos que son verdaderas o adecuadas).
Nos ocuparemos de este asunto en el próximo punto.

Material elaborado por Víctor Bermúdez Torres (IES “Santa Eulalia”. Mérida, 2012.)

BIBLIOGRAFÍA Y OTROS MATERIALES COMPLEMENTARIOS.


Gaarder, J. El mundo de Sofía. Siruela. Madrid, 1994. * (b) (La época moderna comienza a partir de la
página 229).
Russell, B. Historia de la filosofía occidental. Espasa: Madrid, 1999 (Libro II). *
Yourcenar, M. Opus Nigrum. (Varias editoriales). (Una novela histórica maravillosa que te sumerge en la
filosofía y la ciencia del Renacimiento.) *

Los libros señalados con asterisco son especialmente accesibles a estudiantes de bachillerato. Y los señalados con (b) se encuentran
en la biblioteca del centro.

9
Para estos, la razón y la matemática no bastan para describir científicamente el mundo. Las descripciones matemáticas son hipótesis que han de
someterse al tribunal de la experiencia.
10
Es el viejo ideal de los pitagóricos, sostenido después por sus innumerables sucesores (entre ellos, los cabalistas del Renacimiento). Descartes
llegó a plantearse su posibilidad. Leibniz la tenía por el objeto último del conocimiento humano. Spinoza (y otros) adotan el “método
geométrico” para escribir obras… ¡Incluso de ética!

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