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TEMA 8

LOS JUECES: GEDEÓN, SANSÓN Y SAMUEL

Iluminación
“Los israelitas ofendieron al Señor con su conducta y dieron culto a los ídolos.
Abandonaron al Señor, Dios de sus antepasados, que los había sacado de Egipto; se
fueron detrás de los dioses de los pueblos vecinos y los adoraron, provocando con ello
la ira del Señor. Abandonaron al Señor y dieron culto a Baal y Astarté. La ira del Señor
se desató contra Israel; los entregó en manos de asaltantes que los saquearon…
Entonces el Señor suscitó jueces que los libraron de la banda de asaltantes” (Jue 2,
11-16).

1. Introducción
Como ya se anotó arriba, la conquista de la tierra prometida no fue rápida y
triunfal, sino lenta y laboriosa. La posesión total no fue una realidad hasta los días de
Saúl y David. Los casi doscientos años que van desde la muerte de Josué (hacia el
1200 a.C.) hasta el establecimiento de la monarquía (hacia el 1030 a.C.) son los años
que corresponden al período de los jueces, durante el cual, las tribus continúan la
conquista, consolidan la posesión de sus respectivos territorios y adquieren su
identidad definitiva, a la vez que tienden a unirse y federarse.
Este proceso de consolidación y unificación está presidido por los jueces
mayores y menores. A los mayores mejor les sería llamarles “libertadores” o
“salvadores”. Se trata de hombres y mujeres que la tradición israelita recuerda con
admiración porque en determinados momentos de crisis se pusieron al frente de una o
más tribus y salvaron al pueblo de caer en manos externas (cananeos, madianitas,
moabitas, amonitas, filisteos, etc.). Los jueces no eran muy relevantes en su origen,
pero sobre los que venía el espíritu del Señor y los convertía en guías y jefes
carismáticos.
Los jueces mayores son: Otniel, Ehúd, Débora (y Barac), Gedeón, Jefté,
Sansón y Samuel. Los jueces menores son: Sangar Tolá, Yair, Ibsán, Elón, Abdón. La
función de los jueces menores era la administración de la justicia, sin excluir otros
poderes de mando y gobierno más amplios.
Cada uno de los jueces tuvieron intervenciones muy importantes para liberar al
pueblo de Israel cuando después de haber pecado y entregado en manos enemigas,
se arrepentían y querían volver al Dios verdadero. La historia de cada uno de los
jueces mayores lo encontramos en el libro de los Jueces. Cuando Dios suscita a estos
personajes nos quiere dar un mensaje de esperanza. Lo mismo que en el pasado el
Señor quiere responder con el perdón y la salvación al clamor sincero del pueblo
arrepentido. Además, el Señor quiere poner de manifiesto que la obra es suya porque
escoge a los que el mundo considera débiles para confundir a los fuertes. Todos ellos
no eran prototipo de sabiduría, sin embargo Dios los escoge para una misión que
cumplen a cabalidad.

2. Gedeón (Cfr. Jue 6,1-8,32).


“Cuando el Señor hacía surgir jueces, Él estaba con el juez y los libraba de sus
enemigos mientras vivía el juez, porque el Señor se compadecía al oírlos gemir bajo la
tiranía de sus opresores. Pero cuando moría el juez, volvían a pecar y se comportaban
peor que sus antepasados; se iban detrás de otros dioses, les daban culto y los
adoraban, sin abandonar sus maldades ni su terca conducta” (Jue 2, 18-19).
Una de esas veces que ofenden al Señor con su conducta, el Señor los entregó
en poder de los madianitas durante siete años. Los madianitas que eran numerosos
como langostas, arrasaban los campos sembrados de la región y no dejaban víveres
en Israel: ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.
Un día el Señor se dirige a Gedeón, un agricultor, mediante su ángel y le dice:
“Vete, que con tu fuerza salvarás a Israel del poder de Madián. Yo te envío. Gedeón
respondió: Por favor, Señor, ¿Cómo salvaré yo a Israel? Mi familia es la más
insignificante de Manasés y yo soy el último de la familia de mi padre. Respondió el
Señor: Yo estaré contigo, y tú derrotarás a los madianitas como si se tratara de un solo
hombre. Gedeón pide señales y el Señor se lo da. Aquella misma noche el Señor le
pidió que derribara el altar de Baal y destruyera su imagen y construyera otro para
ofrecer en holocausto un toro de su padre. Gedeón hace tal como el Señor se lo había
pedido.
Los madianitas, los amalecitas y los del oriente se unen, cruzan el Jordán y
acampan en la llanura de Jezrael. Asimismo a Gedeón se unen los de Abiezer,
Manasés, Aser, Zabulón y Neftalí. Hubo algo que le terminó de convencer. Gedeón
oyó a un hombre que contaba a su vecino: He tenido un sueño: una hogaza de pan de
cebada rodaba por el campamento de Madián, llegó hasta la tienda, chocó contra ella
y la volcó de arriba abajo. Su vecino respondió: Esto no puede significar más que la
espada de Gedeón, el israelita. Dios ha entregado en sus manos a Madián y a todo el
campamento. Gedeón atacó por sorpresa a los madianitas con 300 hombres y
persiguió al enemigo más allá del Jordán hasta que los mató.
Madián quedó humillado ante los israelitas y no volvió a levantar cabeza. La
región gozó de paz durante los cuarenta años que vivió Gedeón. Los israelitas
quisieron elegirle rey, pero él se negó diciéndoles: El Señor es vuestro rey.

3. Sansón (Jue 13,1-26, 31)


Los israelitas ofendieron de nuevo al Señor con su conducta, y el Señor los
entregó en poder de los filisteos durante cuarenta años. Un ángel del Señor se
apareció a la esposa de Manóaj y le dijo: “Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero
concebirás y darás a luz un hijo; procura no beber vino ni bebidas alcohólicas, ni
comas nada impuro, porque vas a concebir y darás a luz un hijo. No pasará la navaja
sobre su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el vientre de su
madre. Él empezará a salvar a Israel del poder de los filisteos” (Jue 13, 3-5). Manóaj,
en agradecimiento ofreció un holocausto al Señor. Nació Sansón y el Señor le
bendecía. El Espíritu del Señor comenzó a actuar en él en el campamento de Dan,
entre Sorá y Estaol.
El Señor había dispuesto que se enamorara de una filistea buscando un
pretexto contra ellos. Mientras iba a buscar a Timná, la joven filistea, un león le salió al
paso y Sansón con la fuerza que le había dado el Señor desgarró al león como si
fuese un cabrito. Algún tiempo después cuando regresaba para casarse con Timná vio
en los huesos del león que había matado, un panal de abejas con miel, sacó la miel y
se fue comiendo y al llegar a casa convidó a los padres de la joven. Ya con los filisteos
Sansón les puso una adivinanza: “Del que come salió comida y del fuerte salió
dulzura” (Jue 14,14). Los filisteos aceptaron el desafió creyendo que sería capaces de
descifrar la adivinanza, pero no fue así. Tuvieron que recurrir a la mujer de Sansón, la
cual con sus halagos y lágrimas arrancó el secreto a su marido. Esto fue un pretexto
para que el espíritu del Señor invada a Sansón y mate a treinta filisteos. Regresó
enfurecido a su casa mientras que su mujer fue entregada a uno de los muchachos
que estaba en su boda.
Algún tiempo después, en tiempo de cosecha del trigo volvió a ver a su mujer
pero su suegro le comunica que la había entregado a otro porque le parecía que no la
quería. Sansón se fue, casó trescientos zorros y preparó antorchas; ató a los zorros,
cola con cola y puso una antorcha entre las dos colas; después prendió las antorchas
y soltó a los zorros por los campos sembrados de los filisteos, quemando así el trigo,
las viñas y los olivares. Los filisteos al saber el motivo por el cual Sansón actuó así,
quemaron a su mujer y a su familia. Por esta razón y en venganza les golpeó
duramente causándoles muchos daños y se retiró a las cuevas de Etán. Los filisteos
se organizaron y acamparon en Judá en busca de Sansón. Unos tres mil hombres de
Judá ataron a Sansón, le sacaron de la cueva y se disponían a entregarlo a los
filisteos. Estos a verlo festejaron de antemano mientras que el espíritu del Señor
invadió a Sansón, rompió la cuerdas con que estaba atado, y viendo cerca una
quijada de burro, aún fresca, la tomó y mató con ella a mil hombres.
En otra ocasión Sansón fue a Gaza, ciudad filistea ubicada más al sur, entra en
casa de una prostituta y los filisteos le rodean esperando que salga al amanecer.
Sansón salió a media noche, arrancó las puertas de la ciudad y lo llevó a la cumbre de
la montaña que está frente a Hebrón. Después de esto se enamoró de otra mujer
filistea: Dalila. Los jefes de los filisteos subieron donde se encontraba ella y le
propusieron darle dinero si lograba averiguar de dónde le venía su fuerza. Dalila
insistió una y otra vez hasta que Sansón le dijo que si le cortaran su cabellera sería
como los demás hombres. Entonces, hizo dormir a Sansón sobre sus rodillas y llamó a
un filisteo para que cortara su cabellera. Dalila gritó: “!Sansón los filisteos! Él se
despertó pensando que saldría victorioso como siempre pero el Señor le había
abandonado. Entonces los filisteos lo apresaron, le sacaron los ojos y le llevaron a
Gaza. Lo ataron con doble cadena de bronce y lo pusieron a trabajar en el molino de la
prisión. Pero el pelo de su cabeza comenzó a crecer inmediatamente después de
cortárselo.
Los jefes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón,
su dios, y llenos de alegría proclamaban: Nuestro dios nos ha entregado a Sansón,
nuestro enemigo. En medio de su alegría dijeron traigan a Sansón para divertirnos con
él. “Entonces, Sansón dijo al joven que lo llevaba de la mano: Llévame hasta las
columnas sobre las que descansa el edificio para que pueda apoyarme en ellas. El
edificio estaba lleno de hombres y mujeres. Estaban todos los jefes de los filisteos, y
había en la terraza unos tres mil hombres y mujeres divirtiéndose a costa de Sansón.
Sansón invocó al Señor así: Señor, Señor, te suplico que te acuerdes de mí; dame al
menos por esta vez la fuerza necesaria para vengarme de un solo golpe de todos los
filisteos por la pérdida de mis ojos. Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las
que descansaba el edificio e hizo presión sobre ellas... Y gritó: ¡Muera yo con los
filisteos! Las sacudió con su fuerza, y el edificio se derrumbó sobre los jefes y sobre
todo el pueblo que estaba allí. Y los que mató al morir fueron más que los que mató en
vida. Sus hermanos y toda la familia de su padre bajaron y se lo llevaron. Lo
sepultaron entre Sorá y Estaol, en la tumba de Manoj, su padre. Sansón actuó como
juez en Israel durante veinte años en la época de los filisteos” (Jue 16, 26-31).

4. Samuel (1Sm 1, 1-7, 17)


Era hijo de Elcaná y Ana, dos israelitas muy creyentes. Ana era estéril, por eso
la otra esposa de su marido la humillaba continuamente. Ana lloraba de continuo y ya
no quería ni comer. Sucedió que un año cuando subieron a rezar en la Casa de
oración de Israel en Siló, Ana se quedó bastante tiempo junto al altar rezando con
mucha fe y gran fervor. Y el sacerdote Elí al verla mover tanto los labios le dijo: Usted
debe estar borracha y así no debería venir acá. Ella le respondió: No estoy borracha,
lo que estoy es muy angustiada y he venido a implorar el favor de mi Dios. El
sacerdote le dijo: Vete en paz, que el Señor ha escuchado tu oración.
Entonces Ana le hizo a Dios esta promesa: Si me concedes un hijo varón, te lo
ofreceré para que se dedique a servirte a Ti en la Casa de oración. Y se volvió
contenta a su casa. Al cabo de un tiempo Ana tuvo su primer hijo, al cual le puso por
nombre Samuel, que significa "Dios me ha escuchado", porque ella decía "Dios ha
escuchado la oración que yo le hice pidiéndole un hijo". Cuando el niño ya fue
grandecito, la mamá lo llevó a la Casa de oración en Siló y se lo ofreció a Dios para
que se dedicara para siempre a servir junto al altar. Y llevó de regalo al templo un
novillo de tres años, un bulto de harina y una vasija de vino y entonó un hermoso
himno diciendo: “Mi corazón se alegra en el Señor, mi fuerza está en mi Dios, mi boca
se ríe de mis enemigos, porque me alegro con tu salvación. No hay Santo como el
Señor, no existe otro como Tú, no hay roca como nuestro Dios. No hablen con tanta
arrogancia, aparten la insolencia de su boca, porque el Señor es un Dios sabio, un
Dios que pesa las acciones. El arco de los fuertes se rompe y los débiles se revisten
de valor. Los hartos se contratan en busca de pan y los hambrientos ya no se fatigan.
La mujer estéril da a luz siete hijos y la madre de muchos ya no concibe. El Señor da
la muerte y la vida, hunde en el abismo y saca de él. El Señor empobrece y enriquece,
humilla y enaltece, levanta del polvo al desvalido, saca al pobre de la miseria, para
sentarlo con los nobles y asignarle un puesto de honor. Porque del Señor son los
pilares de la tierra y sobre ellos asentó el mundo. El guarda los pasos de sus fieles,
mientras los malvados perecen en las tinieblas, porque el hombre no triunfa por su
fuerza. El Señor aniquila a sus enemigos, truena el Altísimo en el cielo. El Señor juzga
los confines de la tierra. Él da poder a su rey y engrandece el honor de su ungido”
(1Sm 2, 1-10)
Elí tenía dos hijos muy atrevidos que cometían muchas fechorías y maldades y
el papá no se atrevía a corregirlos. Los pecados de esos jóvenes disgustaban mucho a
Dios y se propuso enviarles un castigo (Cfr. 1Sm 2, 12-36)
El joven Samuel se quedaba cada noche a dormir en la Casa de oración para
cuidarla. Y una noche oyó que lo llamaban diciendo: "¡Samuel! ¡Samuel!". El jovencito
creyó que era Elí el que lo llamaba y corrió a donde el sacerdote y le dijo: Aquí estoy
señor. ¿Me ha llamado?. Elí le dijo: No te he llamado. Vete a dormir en paz. Pero la
voz de Dios volvió a llamar: ¡Samuel!, ¡Samuel!. El jovencito corrió otra vez donde Elí
para ver para qué lo necesitaba. Y así sucedió por tres veces. Entonces Elí se dio
cuenta que era Dios el que lo llamaba y le dijo: "Si te vuelve a llamar le dirás: Habla
Señor que tu siervo escucha. Y así lo hizo Samuel cuando Dios lo volvió a llamar y
entonces oyó que Dios le decía: Voy a castigar a Elí y a sus hijos con terrible mal,
porque los hijos hicieron grandes males y el padre no los ha corregido. Y sucedió
entonces que los filisteos atacaron al pueblo de Israel, se dio una gran batalla y los
filisteos derrotaron a los israelitas e hicieron una gran matanza y asesinaron a los dos
hijos de Elí y se robaron el Arca de la Alianza. Cuando un mensajero llegó a contar a
Elí que habían matado a sus dos hijos y se habían robado el Arca, cayó de su silla
hacia atrás contra la puerta, se desnucó y murió (Cfr. 1Sm 3; 4; 5).
El pueblo eligió entonces como sacerdote y juez al joven Samuel y Dios
empezó a traerle sus mensajes y a guiarlo en todo, porque Samuel era un santo. Los
filisteos devolvieron el Arca de la Alianza y no volvieron a invadir el territorio de Israel.
También hubo paz entre Israel y los Amorreos (Cfr. 1Sm 6; 7, 1-14).
Samuel actuó como juez en Israel durante toda su vida (Cfr. 1Sm 7, 15-17).

PARA RECORDAR:
1. ¿Qué significa que Dios es Todopoderoso?
Dios se ha revelado como «el Fuerte, el Valeroso» (Sal 24, 8), aquel para quien
«nada es imposible» (Lc 1, 37). Su omnipotencia es universal, misteriosa y se
manifiesta en la creación del mundo de la nada y del hombre por amor, pero sobre
todo en la Encarnación y en la Resurrección de su Hijo, en el don de la adopción filial y
en el perdón de los pecados. Por esto la Iglesia en su oración se dirige a «Dios
todopoderoso y eterno» («Omnipotens sempiterne Deus...») (CCEC 50).