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te miércoles, el escritor 

y periodista Jorge Fernández Díaz fue reconocido por la


Legislatura porteña como personalidad destacada en el ámbito de la cultura. En
un acto sin público, debido a las restricciones por el coronavirus, se distinguió su
trayectoria de más de 40 años.

POLÉMICO COMIENZO DEL JUICIO CONTRA LA EXSECRETARIA


DE MEDIO AMBIENTE DEL KIRCHNERISMO ROMINA PICOLOTTI

Entre los participantes estuvieron los diputados Roy Cortina (PS), Guillermo


Suárez, Cecilia Ferrero y Paola Michielotto (VJ). Y, también, el filósofo
argentino Juan José Sebreli, que en su discurso repasó el largo y fructífero
camino de Jorge Fernández Díaz.

“En la actual encrucijada de la Argentina, cuando todo parece indicar que los
delincuentes (que además son ineptos) podrían arrasar nuestra Nación
y convertirla en una gigantesca Formosa sin libertades públicas, sin actividad privada
y con una casta dinástica apropiándose de los resortes del poder, Jorge
Fernández Díaz es un faro, un intelectual cuya elegante sencillez discursiva le
confiere un inusitado valor en la lucha contra el autoritarismo”, subrayó Sebreli,
durante el acto que fue transmitido por YouTube. Y agregó: “Su rastreo y
denuncia diarios de cada desviación, de cada acto de corrupción, de cada avance
en el sendero del autoritarismo y la mercantilización de la política son hoy el
indispensable combustible con el cual los ciudadanos podemos defendernos”.

CUANDO LOS VOTOS CONDICIONAN LA POLÍTICA DE PRECIOS

Tras repasar el camino intelectual que recorrió el periodista en los últimos


veinte años, el ensayista destacó la versatilidad de la obra de Jorge Fernández
Díaz. Así, luego de enumerar a los periodistas que unieron la literatura con la
política, “como Sarmiento o la primera época de Jorge Lanata con Página/12”,
apuntó: “Contra la corriente, él ha retomado esa tradición y sus columnas, que
son de reflexión y logran de modo sutil combinar esos dos mundos.
Especialmente se destaca en lo que podríamos llamar la crónica. Hubo una
época en que escribía en La Nación historias de gente desconocida cuyas
peripecias permitían entrever los entretelones de la realidad política, del mismo
modo que en la novela negra, género que él también cultiva, se puede ver como
telón de fondo del crimen policial el trasfondo de la sociedad”.

Imágenes del reconocimiento al escritor Jorge Fernández Díaz

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.@MGEstevarena
👇▶️ pic.twitter.com/dvdg6968EY
— Legislatura CABA (@LegisCABA) February 17, 2021

También destacó sus columnas radiales que, junto a sus artículos en La Nación,
“constituyen una verdadera columna de hierro frente a los embates fascistas, y lo
convierten en un auténtico referente de nuestro tiempo que denunciaba cada
tropelía, cada atropello, cada nuevo robo”. “Y no aflojó en ese cometido durante
la larga noche del kirchnerismo, y lo sigue haciendo contra las engañosas
alianzas del cristinismo”, aseveró Sebreli.

El discurso completo de Juan José Sebreli


Dos aspectos notables hay en la trayectoria intelectual de Fernández Díaz: su
giro desde su juvenil populismo hacia la democracia liberal y republicana, por
un lado, y la recuperación de una tradición argentina que en gran medida se ha
perdido, el periodismo cultural que imbrica literatura y política.

Hay algo que nos conecta: por razones cronológicas yo pasé antes que él por una
experiencia similar. En los años 50, a la salida del primer peronismo, formé
junto con Oscar Masotta y Carlos Correas un grupito que ingenuamente
pretendía ligar dos corrientes: el peronismo y la izquierda, e incluso esos tintes
populistas se advertían en algunos de mis libros, como Evita, aventura o
militante o la primera versión de Buenos Aires, vida cotidiana y alienación. En
el caso de Fernández Díaz, que nació 30 años después que yo, ese
deslumbramiento por el populismo se produjo en los años 80, influido por las
lecturas de dos personajes a quienes conocí mucho: Jorge Abelardo Ramos y
Arturo Jauretche. Por eso la llegada de la democracia, en 1983, sorprendió a
Jorge en una postura que creía ver en Alfonsín a un político burgués y seguía
viendo en el peronismo un movimiento vanguardista y revolucionario, sin
advertir todavía que Ítalo Lúder y toda la burocracia sindical apoyaban el
indulto a los genocidas mientras que los llamados “demócratas burgueses”
estaban dispuestos a juzgarlos con la ley y la Constitución en la mano y a
condenar sus crímenes de lesa humanidad cuando se probaran.

Para ese entonces yo ya había girado hacia posiciones afines a la democracia


liberal, prueba de lo cual es mi libro Los deseos imaginarios del peronismo,
presentado una tarde en la librería Clásica y Moderna con una concurrencia tan
desbordante que llegaba a ocupar parte de la calzada de la avenida Callao. En
esa obra yo llamaba a los montoneros “fascistas de izquierda”. Germinaba en mí
lo que después llamé liberalismo de izquierda, siguiendo ideas de John Stuart
Mill, Norberto Bobbio, Anthony Giddens o John Rawls.

Fueron necesarios aún algunos años para que Jorge atravesara ese purgatorio e
iniciara el pasaje decidido hacia la defensa de la democracia republicana y el
liberalismo de izquierda. Pero al hacerlo, al comprender sobre todo en el nuevo
siglo que el populismo tenía solo la fachada de progresista pero que en realidad
ensuciaba y traficaba la democracia, al ente