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La Iglesia

Vamos a intentar en estos encuentros descubrir la ―misión fundamental de la Iglesia


en este mundo tan complicado en qué vivimos‖. Y ―tu misión imprescindible como
miembro de ella‖.

La palabra Iglesia (ecclesia en latin y ekklesia en griego) significa: reunión,


asamblea; y también: convocada, llamada.
Por tanto podemos decir que es una asamblea llamada, convocada, por alguien y para
algo.

Vamos a conocer brevemente la historia de nuestra querida Iglesia. Una historia que
no ha sido fácil en muchas ocasiones y que ha sido rechazada.
Muchas veces en la historia, y también ahora, han deseado acabar con ella, ya que es
la presencia de Dios en el mundo. Y el mundo quiere acabar con lo que no se amolda
a sus principios.

Ya nos lo avisó Jesucristo: ―Ellos no son del mundo, pero están en el


mundo….presérvalos del maligno‖ (Jn 17, 11-17). ―En el mundo tendrán que
sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo‖(Jn 16,33).

Vamos a profundizar en algunos elementos de la Iglesia.

1) Estructura sacramental

La Persona está formada por: Espíritu: alma, aliento divino signo invisible
Materia: cuerpo signo visible

No hay otra manera de comunicarnos que con signos, símbolos, que los demás
perciban, para entendernos: lenguaje, escritura, gestos. Las personas utilizamos este
lenguaje. El espíritu invisible, impalpable, los afectos íntimos... del hombre se
comunican a la otra persona por medio de este lenguaje externo de signos. De
espíritu a espíritu solo, no nos podemos relacionar.

Cuando una persona desea trasmitir un afecto de amor interno a otra persona lo
realiza por medio de hechos externos: un beso, un regalo.

Si tenemos un sufrimiento grande en nuestro interior el modo de expresarlo son las


lágrimas. Así como si tenemos un gran gozo lo expresamos con una sonrisa, un grito
de alegría.

No tenemos otro modo de comunicarnos.

Dios es Invisible. Pero en su inmensidad, en su sabiduría y amor, ha querido dialogar


con la persona humana, ha querido darse a conocer, ha querido darle su amor ¿cómo
hacerlo? Dios es Espíritu, en cambio la persona es Espíritu y Materia.
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Y Dios se abaja a la humanidad utilizando su mismo lenguaje para hacerse
comprender.

En la Teología es lo que se llama estructura sacramental.

En esta historia de amor de Dios hacia el ser humano, Dios utilizará una serie de
sacramentos (signo visible para comunicar un don invisible) para hacerles comprender
su inmensidad, su sabiduria, su misericordia y amor infinitos. Es la Historia de
salvación.

Y lo hará por medio de signos externos, para poder expresarlo y que el hombre lo
comprenda, que llamamos “Sacramentos”

Un sacramento es un signo sensible y eficaz mediante el cual se evoca y se


manifiesta la gracia divina. Proviene del latín sacramentum, término conformado a su
vez por las expresiones sacrare, que significa 'hacer santo', y el sufijo
mentum, que quiere decir 'medio para'.

Por tanto un sacramento es un medio para hacer santo a una persona.

2) La Creacion

Es el primer signo visible con el que Dios quiso darse a conocer a la humanidad y
manifestarle su amor.

En la creación descubrimos a Dios lleno de amor por la humanidad, poderoso, sabio,


la armonía, la belleza, que desea expresar su amor a la humanidad dándole ―la mejor
Casa –el jardín del edén‖ para que creciera y viviera: ―crezcan y multiplíquense.

“Al principio Dios creó el cielo y la tierra…..Y Dios vio que esto era
bueno….. Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra
semejanza…Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los
creó varón y mujer…..Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos,
multiplíquense, llenen la tierra y sométanla… y vio que era muy bueno‖ (Gn
1,1-31)
Es un signo sacramental Universal, para toda la humanidad.

Podrimos decir que es Historia de Salvación natural para todo el género humano.
Así nos lo explica San Pablo en la carta a los Romanos: “Porque todo cuanto de se
puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a
conocer, ya que sus atributos invisibles –su poder eterno y su divinidad– se
hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por
medio de sus obras. (Rm. 1, 19-20)

En este signo podemos encontrar un ―límite‖: Es algo impersonal, no hay


comunicación personal.

El hombre puede quedarse en el signo, en el medio y no llegar a la relación con Dios,


que es el fin, como nos indica San pablo.

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Por tanto, Dios no puede comunicar del todo su salvación y amor al hombre.

3) Pueblo de Dios

El libro del Genesis, nos explica quién es el que convoca, llama para formar una
comunidad, asamblea y con quien habla para realizarlo.

“El Señor dijo a Abram: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al


país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré;
engrandeceré tu nombre y serás una bendición.” (Gc.12 1-2)

Vemos a Dios y a Abraham. Ya no es algo impersonal lo que une a Dios y la


humanidad. Ha aparecido la Palabra. Dios se acerca al hombre. Dios llama y habla
con Abraham. Y le dice que le hará una nación grande. Que salga de su tierra que El
le llevara a la tierra Prometida y le bendecirá.

Abraham no tiene hijos y se pregunta como sucederá lo que Dios le ha prometido. De


nuevo Yahveh habla con Abraham y le promete un descendiente. Y hace Alianza con
el.

¿Acaso hay algo imposible para el Señor? Cuando yo vuelva a verte para esta
época, en el año entrante, Sara habrá tenido un hijo‖.(Gn 18, 13-14)

Esta relación personal de Dios y su Pueblo y la alianza, las ira renovando con los
descendientes de Abraham: Isaac, Jacob...

Con Moisés, después de la salida de Egipto, del paso del mar rojo, de la liberación
hará de ellos su Pueblo, el Pueblo de Israel. Realizará la gran Alianza y les dará el
Decálogo= las 10 Palabras (mandamientos).

“Moisés subió a encontrarse con Dios. El Señor lo llamó desde la montaña y


le dijo: «Habla en estos términos a la casa de Jacob y anuncia este mensaje
a los israelitas…. Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza, serán mi
propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me
pertenece”. (Ex 19,3 – 5)

El Pueblo de Israel, aun con sus dificultades, defectos, errores, idolatrías a lo largo de
toda su historia, se convierte en signo para los demás pueblos, por medio de la
alianza, son un pueblo de sacerdotes para “contar las maravillas de Dios”.

La salvación de Dios se hace presente por medio de su pueblo: comunidad y signos


(circuncisión, pascua). Lo comunica por medio de hechos: culto, y palabras:
alabanza, acción de gracias, intercesión.

“Sin embargo, quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados,


sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y
le sirviera con una vida santa. Eligió, pues, a Israel para pueblo suyo, hizo una alianza
con él y lo fue educando poco a poco. Le fue revelando su persona y su plan a lo largo
de su historia y lo fue santificando. Todo esto, sin embargo, sucedió como

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preparación y figura de su alianza nueva y perfecta que iba a realizar en Cristo [...],
es decir, el Nuevo Testamento en su sangre, convocando a las gentes de entre los
judíos y los gentiles para que se unieran, no según la carne, sino en el Espíritu”
(Catecismo de la Iglesia Catolica no. 781)

Este es el camino que Dios ha tenido con su Pueblo Israel, con su Iglesia y con cada
uno de nosotros: Amor – elección - palabra - escucha – libertad – respuesta –
compromiso

4) Jesucristo: Sacramento Perfecto de la Salvación de Dios

Gracias a la Encarnación del Hijo de Dios, Dios invisible se hizo visible. Jesucristo
asume la ley de la sacramentalidad de todo hombre

Sacramento: Realidad invisible = El Hijo de Dios

Realidad visible=La humanidad, Jesús que trasmite la vida divina

Perfecto: porque la unión de lo visible e invisible se da en la misma y única Persona


Divina.

No tiene límites, no rompe la alianza. Con su Cruz y Resurrección ha realizado para


siempre una alianza eterna y sin defecto. Siempre será el Mediador – Sacerdote -
entre Dios y toda la humanidad entera. El Único Salvador.

“Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9)

Jesucristo, el Señor, después de la Resurrección asciende al cielo. Pero no deja de ser


el único y perfecto mediador: Hb 7,25; 1 Jn 2,1; 1 Tm 2,5.
Pero sí es necesario otro signo visible que trasmita y haga presente la gracia, la
salvación de Cristo a los hombres en la historia.

Este signo es su cuerpo = la Iglesia. El Nuevo Pueblo de Dios, que comunica la


salvación de Dios, por la fuerza del Espíritu Santo, a la humanidad.

Es Jesús quien convoca, llama y forma la comunidad.

“Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de


Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha
revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el
poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra,
quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará
desatado en el cielo”. (Mt 16, 16-19).

5) La Iglesia sacramento de Cristo Glorioso

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La Iglesia no sustituye a Cristo, sino que es signo que continua, prolonga, comunica
en la historia y a la humanidad, la gracia = salvación = vida divina, lograda por Cristo
con su muerte y resurrección. (Puebla 224).

Es el medio ordinario querido por Dios para que los hombres se salven. Aquí radica la
importancia de la Iglesia, es el Cuerpo de Cristo. Es el instrumento universal de
redención, y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra (Mt,
5,13-16; 28). Entra en la historia de la humanidad, si bien transciende los tiempos y
fronteras de los pueblos.

El sacramento fundamental, primordial y necesario es Jesucristo, pero necesita un


sacramento a nivel de historia que el hombre pueda percibir.

La iglesia ofrece la salvación que renueva y penetra todas las esferas de la


humanidad: cultura, política, relaciones….Esto se realiza por medio de sus acciones:
sacramentos, comunidad de fe, esperanza y caridad, el culto, acciones socio-
caritativas, etc.
- ―Analogía con el misterio del Verbo encarnado‖.Un elemento divino: La cabeza
es Cristo y de Él recibe la salvación, el Espíritu Santo la diviniza, unifica y la guía. Es
su vida, comunidad de fe, esperanza y caridad, comunidad espiritual.

- Un elemento humano: la formamos personas, los fieles, que somos santos y


pecadores; las estructuras de la Iglesia; muchas de las actividades apostólicas,
instituciones

- Así como en Cristo el principio de unión y vida es el Hijo, en la Iglesia el


principio que une y vivifica es el Espíritu Santo.

En Cristo habita la plenitud de la divinidad, en la Iglesia es cuerpo y plenitud de Cristo


glorioso (Lumen Gencium 8-9)

La S.E. utiliza muchos término, imágines para denominar la Iglesia. Vamos a fijarnos
en tres: Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo, Pueblo de Dios

6) La Iglesia Cuerpo de Cristo

Quizás esta imagen es la que mejor nos muestra el misterio y la realidad de la Iglesia,
y la que más nos ayuda a entenderla.

No se trata de un cuerpo físico, ni un cuerpo moral. La Iglesia es el cuerpo místico de


Cristo. Oculto, en cierto modo misterioso. Pues tiene un principio interior activo que
reside en el todo y en cada miembo. Este principio que unifica, es tan superior, que
supera los demas lazos. Es el Espíritu Santo. Este principio es irrompible y su unidad
también, como la de la cabeza y el cuerpo.

Misterio de unidad: La plenitud de la Iglesia no se da sin Cristo, y podríamos decir,


que en sentido, la plenitud de Cristo no se consuma sin el complemento de la Iglesia.
El Cristo Total.

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Misterio de colaboración: La Iglesia colabora con Cristo en la obra de la salvación, lo
mismo que en un cuerpo colaboran la cabeza y los miembros.

Misterio de dependencia: no solo de autoridad que tiene la cabeza sobre los


miembros, sino existencial. Cristo es el Salvador de la Iglesia, le ha dado la vida, el
ser, la ha fundado con su muerte y resurrección: Ef 5, 23.25; 5,2; Gal 1,4; 1 Tm 2,6;
4,10; Hch 20, 28; 1 Pd ―No han sido comprados con oro….sino con la sangre
del cordero, Cristo‖

Misterio de subsistencia: No solo dio la vida por ella y la fundó creándola, sino que a
lo largo de la historia la cuida y alimenta, le da el existir continuo: Ef 5,29 nadie
aborrece a su cuerpo…; Jn 10, 11 el Buen Pastor da su vida por sus ovejas; Jn6,53 si
no comen pan que yo les dare….no tendrán vida; Hb 7,25 en el cielo sigue siendo el
mediador.

Misterio de esperanza: Cristo cabeza resucitó, primogénito de entre los muertos Col
1, 18-19; pero lo que la cabeza ya goza Rm 6,9 ya no muere más, también el cuerpo
gozará Col 3,4. Ef 2, 6 ―Dios nos resucitó con Cristo y nos sentó con Él en los cielos‖.

¿Cómo nace esta imagen?

San Pablo tuvo una experiencia religiosa, de fe imborrable, que influirá en su visión de
la Iglesia. Fue el encuentro con Cristo, cuando iba persiguiendo a los cristianos. Oyó
una voz que le decía: ―Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Quién eres tu? Yo soy
Jesús a quien tú persigues le respondió la voz‖ (Hch 9,4; 22, 7; 26, 14).

Es la identificación total y plena de Cristo con sus miembros, los cristianos. Esto le
acompañará siempre y quizás explica la preferencia que tiene por esta imagen al
hablar de la Iglesia: 1 Cor 6,15; 1 Cor 12, 27; Ef 5, 30).

La Iglesia tiene su origen y existencia en Cristo, podemos resumir en tres momentos:


Nace de Cristo, con la elección de los 12 Apóstoles Mc 3,13; en la cruz, consumó su
obra en la tierra (Jn 19); en Pentecostés, recibe el Espíritu Santo y es su
manifestación (Hch 2).

Es imposible separar Cristo – cabeza, de su cuerpo - la Iglesia. Por tanto es fácil


comprender que, si la Iglesia es el cuerpo de Cristo, las acciones de la Iglesia son
acciones de Cristo, estas acciones son los sacramentos. Los sacramentos son
encuentros personales entre dos personas: Jesucristo y yo. No son ritos mágicos y
simples acciones cultuales, sino comunión y diálogo entre dos personas.

Por el Bautismo entramos a formar parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia somos
criaturas nuevas, (1Cor 12,3) porque nos hacemos uno con Cristo (Rm 6) nos hace
hijos de Dios.

Con el pan que compartimos en la Eucaristía Cristo nos da su vida y es comunión con
el cuerpo de Cristo, es decir con todos los miembros. Todos formamos un cuerpo,
como un solo pan.‖Yo soy el pan vivo bajado del cielo…el que come de este pan vivira
para siempre‖

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7) La Iglesia Templo del Espíritu Santo

“Creo en el Espíritu Santo,


Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe
una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.”
Asi recitamos en el credo.

El espiritu Santo, que Cristo prometio a la primera comunidad reunida con los
Apostoles, es Su mismo Espiritu.

“Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con
ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque
no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece
con ustedes y estará en ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el
Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he
dicho. (Jn 14, 14-16.26).

―Mirad Yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte
permaneced en la ciudad hasta que seais revestidos de poder desde lo alto‖ (Lc24,49)

Y que el dia de Pentecostes derramara sobre toda la comunidad reunida con Maria, la
Madre se Jesus y los Apostoles COPIARLO HECHOS 2

San Pablo expresara perfectamente la mision del Espiritu Santo y lo que realiza en la
personam cuando lo recibe.

"La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu
de su Hijo que clama: Abbá, Padre" (Ga 4, 6).

En la Carta a los Romanos, san Pablo lo sintetiza con estas palabras:


«Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Pues... habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos:
“Abba, Padre”. Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que
somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también somos herederos; herederos
de Dios y coherederos con Cristo, de modo que, si sufrimos con Él, seremos
también glorificados con Él» (Rm 8,14-17).
El Espíritu Santo es el manantial inagotable de la vida de Dios en nosotros.
Los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares desean una vida plena y
bella, justa y buena; una vida que no esté amenazada por la muerte, sino que
madure y crezca hasta su plenitud.
El hombre es como un peregrino que, atravesando los desiertos de la vida, tiene sed
de un agua viva, fluyente y fresca, capaz de saciar en profundidad su deseo de luz,
amor, belleza y paz. Todos sentimos este deseo. Y Jesús nos da esta agua viva ―Jesus
dijo: ―el que beba el agua que yo le de, no tendra sed juamas, sino que se convertira
en una fuente que brota para la vida eterna‖.

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Esa agua es el Espíritu Santo, que procede del Padre y que Jesús derrama en nuestros
corazones. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn
10,10), nos dice Jesús.
Por tanto El Espíritu Santo edifica, anima y santifica la Iglesia.

El Espíritu Santo es la fuerza que inspira y crea la nueva vida y la transformación del
hombre y del mundo. El quien con su presencia «renueva la faz de la tierra».

Los carismas del Espiritu son: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad,
lealtad, modestia, autocontrol» (Ga 5,22-23). El Espíritu Santo nos introduce en la
vida divina como «hijos en el Hijo Unigénito».

Lo primero que descubrimos del Espíritu Santo es que nunca deja las cosas como
están.
Marca siempre una diferencia. Un antes y un después. Un nuevo comienzo.
Tal vez por eso no sea casualidad que en la Biblia se le suele mencionar en los inicios.
Al inicio del Antiguo Testamento se nos habla de Él, presente “en el principio”, en la
creación del mundo, cuando “la tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del
abismo”, Él “aleteaba por encima de las aguas (ver Gen 1, 2).
Al inicio del Nuevo Testamento, en los dos Evangelios que contienen las narraciones
de la infancia de Jesús, se anuncia que, el Espiritu Santo fecundó el vientre virginal de
María, para engendrar a Jesús, Hijo de Dios Padre (ver Mt 1,18; Lc 1,35).
Al inicio del ministerio público de Jesús, el Espíritu Santo lo lanzó al desierto, a pasar
cuarenta días y cuarenta noches en oración y ayuno (ver Mc 1,12), y luego cuando
Jesús fue bautizado, bajó sobre Él en forma de paloma (ver Mt 3,16).
Al inicio de Su predicación, Jesús eligió proclamar el texto de Isaías que dice: “el
Espíritu de Dios está sobre mí...” (Lc 4, 17-18s).
Al inicio de la Iglesia, se dejó sentir como viento huracanado y descendió sobre María
y los Apóstoles en forma de lenguas de fuego (ver Hch 2, 1-4).
Definitivamente hay un ‗antes‘ y un ‗después‘ de las acciones del Espíritu Santo en la
historia.RELIGIOSA

Tambien en cada uno de nosotros el Espiritu realiza todas estas maravillas.


Terminamos con unas palabras del Papa Francisco que nos habla del Espiritu Santo
que nos hace hijos de Dios, y hace de la Iglesia templo del Espiritu Santo.

“Este es el don precioso que el Espíritu Santo trae a nuestro corazón: la vida misma
de Dios, vida de auténticos hijos; una relación de confianza, de libertad y de
esperanza en el amor y en la misericordia de Dios, que tiene también como efecto
una mirada nueva hacia los demás, cercanos y lejanos, contemplados como hermanos
y hermanas en Jesús a quienes hemos de respetar y amar. El Espíritu Santo nos
enseña a mirar con los ojos de Cristo, a vivir la vida como la vivió Cristo, a
comprender la vida como la comprendió Cristo. He aquí por qué el agua viva que es el
Espíritu sacia la sed de nuestra vida: porque nos dice que somos amados por Dios
como hijos, que podemos amar a Dios como sus hijos y que con su gracia podemos
vivir como hijos de Dios, como Jesús. Y nosotros, ¿escuchamos al Espíritu Santo?
¿Qué nos dice el Espíritu Santo? Dice: “Dios te ama”. Nos dice esto. “Dios te ama,
Dios te quiere”. Nosotros, ¿amamos de verdad a Dios y a los demás, como Jesús?
Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, dejemos que Él nos hable al corazón y nos
diga esto: “Dios es amor, Dios nos espera, Dios es el Padre, nos ama como verdadero
papá, nos ama de verdad y esto lo dice solo el Espíritu Santo al corazón”; escuchemos

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al Espíritu Santo y sigamos adelante por este camino del amor, de la misericordia y
del perdón. Gracias.” (Papa Francisco 8 Mayo 2013)

8) La Iglesia el Nuevo Pueblo de Dios

―Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un
pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a
su admirable luz‖:VER EL TEXTO

10 ustedes, que antes no eran un pueblo, ahora son el Pueblo de Dios; (1 Pd 2,10???

La Iglesia por tanto es el Nuevo Pueblo de Dios tiene características que le distinguen
claramente de todos los grupos religiosos, étnicos, políticos o culturales de la historia:

— Es el Pueblo de Dios: Dios no pertenece en propiedad a ningún pueblo. Pero Él ha


adquirido para sí un pueblo de aquellos que antes no eran un pueblo: "una raza
elegida, un sacerdocio real, una nación santa" (1 P 2, 9).

— Se llega a ser miembro de este cuerpo no por el nacimiento físico, sino por el
"nacimiento de arriba", "del agua y del Espíritu" (Jn 3, 3-5), es decir, por la fe en
Cristo y el Bautismo.

— Este pueblo tiene por Cabeza a Jesús el Cristo [Ungido, Mesías]: porque la misma
Unción, el Espíritu Santo fluye desde la Cabeza al Cuerpo, es "el Pueblo mesiánico".

— "La identidad de este Pueblo, es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios en


cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo" (Lumen Gentium 9)

— "Su ley, es el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo mismo nos amó
(cf. Jn 13, 34)". Esta es la ley "nueva" del Espíritu Santo (Rm 8,2; Ga 5, 25).

— Su misión es ser la sal de la tierra y la luz del mundo (cf. Mt 5, 13-16). "Es un
germen muy seguro de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género
humano" (LG 9)

— "Su destino es el Reino de Dios, que El mismo comenzó en este mundo, que ha de
ser extendido hasta que El mismo lo lleve también a su perfección" (L.G. 9)

M.V. Bru

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