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“El Pueblo Mapuche y el Estado de Chile, origen y transformación de un

conflicto histórico y cultural.” (Ensayo).


David G. Miranda
Introducción

La historia del pueblo mapuche ha estado marcada por la resistencia a la


intervención cultural y territorial llevada a cabo inicialmente por el imperio Inca, luego por
el colonizador español, y finalmente por el Estado chileno, en más de cinco siglos de
enfrentamientos casi continuos. Ante estos hechos hay que recalcar que el pueblo mapuche
no tiene en sí una cultura de “guerra”, de hecho, a la llegada de colonizador español, no
poseía estructura militar alguna, sino que su organización ante la invasión es ocasional. Si
bien la resistencia ante el colonizador español fue la única en todo el continente que no
cedió, resulta significativo, y a la vez paradójico, que del cruce de ambos pueblos surgiera
el mestizaje que sería uno de los pilares del nacimiento de la sociedad chilena, junto al
nacimiento del elemento “criollo” (hijos de españoles nacidos en América), quienes unidos
forjarían una identidad nueva para dar paso al surgimiento de las naciones
latinoamericanas. Precisamente, el conflicto surge desde aquel momento, ya que con el
nacimiento de los nuevos estados no se consideró a los pueblos indígenas como un factor
“necesario” para forjar naciones que adoptarían modelos europeos de sociedad. Al menos
no desde las cúpulas del poder. Desde entonces, las posibilidades de los pueblos indígenas
aparecen como un eterno dilema entre la inminente integración a una sociedad
modernizada(o transmoderna) o la preservación de su cultura en los límites entre lo urbano
y lo rural.
Desde el punto de vista del Estado, la frontera histórica delimitada por los territorios
mapuches, ha sido la “piedra en el zapato” de la república durante casi dos siglos. Procesos
violentos como la “Pacificación de la Araucanía”1 han infundido el miedo sobre el cual se
instaura la obediencia civil del habitante chileno, donde el Ejército de Chile y
posteriormente las FFAA, han tenido un rol protagónico, al nacer institucionalmente para
combatir a un enemigo que se encuentra al interior de la nación, interviniendo según el

1
Desde el nacimiento de la república, entre 1810 y 1818, el enfrentamiento del Estado de Chile con el pueblo
mapuche se extiende hasta 1883.

1
historiador Gabriel Salazar, veintitrés veces en contra de la clase trabajadora, integrada
históricamente por población indígena y mestiza.
De esta forma se configura en el Chile del s.XIX un escenario de guerra casi
permanente, desde los inicios de la república, con una guerra prácticamente heredada desde
la colonia, como lo fue la guerra de Arauco con más de trescientos años de duración, donde
murieron mas de cincuenta mil españoles, al punto que un gobernador se atrevió a afirmar
que “la guerra de Arauco cuesta más que toda la conquista de América”. El carácter
indómito del pueblo mapuche hizo que esta región de América fuese caracterizada en
España como una “tierra de guerra”, situación que se mantuvo hasta que, poco a poco, la
población mapuche fue sucumbiendo a los embates de una (trans)-modernidad naciente.
En la actualidad, el pueblo mapuche en Chile es el pueblo originario más numeroso
al interior de dicha nación, con un 87,3% del total de la población indígena del país. (aprox.
1.000.000 hab.). En las últimas décadas, las precarias condiciones de la vida rural e
indígena del país, han motivado un importante fenómeno de migración hacia las ciudades,
el mapuche ha debido introducirse en el núcleo de la sociedad chilena para buscar mejores
condiciones de vida, enfrentando una fuerte discriminación por su condición étnica. El
rechazo de la sociedad chilena a lo indígena ha sido un factor histórico de conflicto a nivel
social y estatal. Desde el punto de vista cultural, ha sido un elemento más bien “mitificado”
que resaltado desde su valor intrínseco, como aquel pueblo que no se doblegó ante el
colonizador, pero siendo a la vez despojado de su territorio ancestral y discriminado en
términos sociales y económicos.
El (re)nacimiento del concepto de Nación Mapuche, se trata de un fenómeno
político que cuestiona la soberanía de los estados nacionales de Chile y Argentina,
agregando un elemento de suspicacia sobre la reafirmación de la identidad nacional en base
a métodos violentos y la creación de símbolos patrios, como ha sido tradicional en la
historia de los países latinoamericanos. Hoy, la violencia de estado está presente en la
región de la Araucanía, pese a no configurarse un escenario de guerra, por diversos
motivos, se trata de un antagonismo declarado entre un pueblo que busca preservar su
cultura y su forma de vida, y un estado que busca, por una parte, refirmar su autoridad
“ordenadora” de una nación, y por otra, alcanzar una integración “políticamente correcta”,

2
aunque con serias contradicciones y no menos dificultades y carencias culturales que hacen
que la paz real sea, hasta el momento, una meta difícil de alcanzar.
_____________________________________

A modo de “método”

Una de las argumentaciones que nos da Álvaro Jara sobre la lentitud de la conquista
en Chile, en comparación a lo ocurrido tanto en México como en Perú, da cuenta del nivel
de desarrollo del concepto de Estado en cada región. Al parecer, la asimilación de la
dominación española por parte de los pueblos indígenas sería directamente proporcional
con dicha característica, que implica existencia de toda una serie de modalidades en la
estructura de la sociedad, que no son sólo políticas, sino también sociales y económicas.
Precisamente, el pueblo mapuche no tenía una organización política que se asemejara al
estado de los incas o los mayas, ni tampoco una compleja estratificación social o una rígida
organización del trabajo, característica que unida a su altivez natural hizo que cualquier
intento de dominación fuese muy complicado. A partir de la llegada del español, la defensa
del pueblo mapuche de su territorio fue acérrima, dando origen a la Guerra de Arauco,
permanente durante toda la colonia hasta la guerra de la independencia, en una de las
guerras más largas de la historia, que duraría más de trescientos años; nacería así lo que se
conocería como “la última frontera”, el lugar donde la dominación española acababa. 2
Una de las implicancias más potentes de dicha frontera es el hecho de que su
existencia propiciaba el desarrollo de una sociedad distinta hacia el sur del Bío-bío, un
lugar sin leyes ni costumbres europeas, el llamado Meli-wixan-mapu o Wallmapu.
Precisamente, el establecimiento de dicha frontera propiciaría diversas situaciones, como la

2
Luis Vitale señala en “Interpretación marxista de la historia de Chile”. T.II, pág, 98. “En el Parlamento de
Quilín, celebrado el 6 de enero de 1641, los españoles reconocieron -al menos en palabras escritas la
autonomía del pueblo mapuche y su territorio al sur del Bío Bío. La paz de Quilín -afirma Bengoa- tuvo gran
importancia para los mapuches, ya que "todos los parlamentos posteriores se basarán en lo allí acordado:
frontera en el Bío-Bío y territorio independiente, comprendidos entre el Bío-Bío y el Toltén. Se constituyó
éste en un territorio no perteneciente a la Capitanía General de Chile, relacionado directamente -como nación
independiente- con la Colonia”.
En el Parlamento de Negrete, realizado el 13 de febrero de 1726, se volvió a reconocer el carácter
independiente del territorio mapuche al sur de la frontera del río Bío-Bío. No obstante, los españoles violaron
reiteradamente estos acuerdos”.

3
convivencia entre ambos bandos, algo característico de las guerras de larga duración,
además del surgimiento de las primeras “relaciones diplomáticas” entre mapuches y
españoles, o la aparición del “indio amigo”, aquel que servía al español en tiempos de paz,
y a veces en tiempos de guerra. Durante la Guerra de Arauco, se produjo el fenómeno de la
esclavitud indígena, ya que se estableció que aquellos indios que fueran capturados en
combate serían considerados como esclavos y vendidos en el interior o exportados al Perú.3
Con el advenimiento de la guerra de la independencia, a inicios del s.XIX, el pueblo
mapuche se hizo parte de aquella lucha, con la esperanza de lograr mejores condiciones
para su desarrollo, sus hombres se integraron entonces al ejército chileno4. Posteriormente,
ante el nacimiento de las instituciones y de la nueva administración pública nacional,
inspiradas en los modelos de la revolución francesa y la norteamericana, los pueblos
indígenas fueron dejados nuevamente al margen de dicho orden5, (re)creando un conflicto
histórico entre mapuches y no-mapuches, o “wingkas” (palabra de origen mapuche usada
para señalar al no-mapuche, que en su origen quiere decir “ladrón”).
Desde 1818, hasta 1883 se gestó el conflicto mapuche-chileno. El pueblo mapuche,
establecido más allá de la frontera del Bío-Bío, con su propio sistema de vida y costumbres,
había empezado a tener fluidas relaciones comerciales con Chile, toda clase de artefactos
del gusto del indígena llegaban a sus tierras, con terratenientes que obtenían cada vez más
salvoconductos para ingresar al territorio mapuche. Posteriormente, se fue modificando la
legislación de venta de tierras indígenas, con el pretexto de “proteger” los intereses de los
mapuches, ante lo cual se establecía una regulación que pasaba por la Gobernación; poco a
poco el sistema de venta fue mostrando sus vicios, las ventas eran cada vez más, ante lo
cual los nuevos propietarios no dudaban en “tomarse” los predios colindantes ampliando
los cercos, muchos mapuches fueron tomados presos obligándoles a vender sus tierras a
cambio de su libertad, todo esto con el consentimiento de los jueces y ministros de justicia.

3
Situación establecida por la Real Cédula de mayo de 1608 por el rey Felipe III; en ella se establecía que los
indios mayores de diez años y medio y las mujeres de nueve años y medio, que fuesen cautivados en la guerra
de Arauco, podrían ser considerados esclavos. Cabe señalar que dicha cédula sería una respuesta a una
situación pre-existente.
4
“Los indios, que vivían sin participar de los beneficios de la sociedad y morían cubiertos de oprobio y
miseria, para lo sucesivo deberán ser llamados ciudadanos chilenos y libres, como los demás habitantes del
Estado...” 4 de marzo de 1819-Bando Supremo de Bernardo O´Higgins.
5
“Si el gobierno continúa, por un año más, castigando a estos salvajes ladrones, la tranquilidad de la
Araucanía quedará asegurada para siempre y nuestras fuerzas podrán ocupar las riberas del Cautín...” 5 de
Abril de 1869 – Diario “El Mercurio” de Valparaíso.

4
Dicha situación desembocó en el octavo alzamiento general de los mapuches, en 1868, con
una movilización de más de cinco mil indígenas de diversas tribus6. Dicho alzamiento fue
combatido por el ejército de Chile, y posteriormente el de Argentina, en lo que sería la
derrota militar más significativa del pueblo mapuche, que se produciría finalmente en 1883.
No era la primera vez en la historia que ambos ejércitos intentaban coordinar sus campañas
de exterminio. Desde la época colonial, las autoridades de Santiago y Buenos Aires venían
haciendo acuerdos para realizar acciones conjuntas con el fin de derrotar a los mapuches.
Si bien podemos apreciar que los alzamientos de los mapuches a fueron
sistemáticos, éstos perseguían siempre el mismo fin, defender su territorio y su cultura. Sus
avances nunca llegaron a querer dominar a su adversario, sino a mantenerlo fuera de sus
territorios. De hecho, tanto Alvaro Jara como Luis Vitale señalan que en su método de
lucha pocas veces estaba el enfrentamiento directo, ya que no atacaban si no estaban
seguros de su victoria, adoptando una mezcla de estrategias elaboradas bajo su propia
experiencia en su lucha contra los españoles. Ante la ocupación chilena del siglo XIX, su
actuación fue más osada, al atacar ciudades ajenas a su territorio, donde lograron algunas
victorias, aunque luego su osadía les costaría la derrota más grande, lo que se conoce hoy
como la “Pacificación de la Araucanía” (y la llamada “Conquista del desierto en
Argentina”), proceso de dominio territorial por parte del Estado de Chile (y de Argentina)
que culminó de forma violenta y sangrienta a ambos lados de la cordillera.
Por otro lado, las motivaciones de las naciones chilena y argentina para llegar a
estos enfrentamientos, concuerdan plenamente con la tesis de Mary Kaldor sobre las “viejas
guerras” que servían para afianzar el poder del Estado sobre su espacio geográfico y sus
habitantes, generando un control territorial y económico, aún así, ambos procesos (el
chileno y el argentino) podrían calificarse como guerra civil, en tanto enfrenta a ciudadanos
de una misma nación, con un móvil étnico y cultural, además de económico y estructural,
por tratarse de una zona rica en recursos naturales que sería fundamental para el desarrollo
de ambos países. Desde esa óptica, la presencia mapuche ha sido vista históricamente como
un obstáculo para el desarrollo desde la administración central y desde los intereses

6
Luis Vitale señala en “Interpretación marxista de la historia de Chile”. T.II, p.110: “En las rebeliones
anteriores (1550, 1598, 1655, 1723, 1766, 1818, 1859-60), habían logrado que sus enemigos no pasaran la
zona del Bío-Bío. En cambio, a partir de la década de 1870 el Ejército comenzó a controlar la región de
Malleco”.

5
privados. Contrariamente a lo establecido por Paul Collier, dicha guerra civil no
representaba un beneficio económico para los mapuches, ya que tenían un sistema de vida
que no obedecía a criterios mercantiles, su lucha era de sobrevivencia, algo más asimilable
a la perspectiva de Huntington, ya que se trataba de una guerra cultural, un (des)encuentro
entre civilizaciones, donde efectivamente la presencia del invasor constituía una amenaza
para la sobrevivencia del pueblo mapuche (situación largamente distinta a lo que ocurre en
EEUU en la actualidad). Aún así, nunca estuvo en los planes del pueblo mapuche ejercer
una dominación cultural ni territorial sobre su adversario, ya que dentro de su cultura esa
idea no tenía mucho sentido, si bien su actuación en la guerra era feroz, fue siempre
defensiva.
Es necesario señalar además que durante el siglo XIX Chile vivió distintas guerras
donde se decidiría su destino como nación, prácticamente una guerra por generación, entre
1808 y 1891. Éstas serían: las guerras de la Independencia, que dejaron como consecuencia
la creaci6n del nuevo Estado y que se prolongaron en la “guerra a muerte” contra los
realistas del Sur y en la campaña para la liberaci6n del Perú, bajo el mando de San Martín.
Más tarde se suceden, a lo largo del siglo, la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana
de Santa Cruz (1836-1839), la guerra naval contra España (1864-1866), la guerra del
Pacifico (1879-1883), vivida como guerra nacional, y por ultimo la guerra civil de 1891.
Dentro de ese escenario bélico, el conflicto con los mapuches aparece casi como un
conflicto menor para una nación con fuertes rasgos nacionalistas que pretendía “dominar el
pacífico para siempre”, como lo señalaba Diego Portales en su carta a Blanco Encalada en
la víspera de la guerra con la Confederación Perú-Boliviana7. Vemos entonces como los
conflictos bélicos darían forma al estado de Chile, junto a la creación de sus símbolos, las
intervenciones militares han sido mayoritariamente hacia el interior de la nación, en un
intento permanente de acallar las voces de la clase trabajadora a lo largo de dos siglos de
historia, esto incluido el pueblo mapuche, quien fuera el “enemigo común” de dos naciones
durante el siglo XIX, y que posteriormente, diezmado en su población, se ha integrado
precariamente a una sociedad transmoderna que aspira a un desarrollo cultural lejano a sus

7
Góngora, Mario; “Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX.”, Santiago
de Chile, Ediciones La ciudad, p.10,11. [en línea]. Disponible en www.dibam.cl

6
fuentes de origen, y que no logra un estado de modernidad debido a su escaso desarrollo
económico e industrial y a su fuerte fragmentación social.
En estas nuevas condiciones, el pueblo mapuche ha sobrevivido durante el siglo XX
y XXI inmerso en las ciudades, al igual que el resto de la antigua población rural del país,
formando parte de los cordones periféricos urbanos, integrándose a la clase popular, siendo
discriminado por su etnicidad en la sociedad chilena. Su población en la actualidad alcanza
al millón de habitantes aproximadamente, siendo una minoría con poca participación en la
vida política del país, y por lo tanto con pocas posibilidades de generar una movilización
similar a las de antaño. Aún así, la lucha del pueblo mapuche se mantiene. A partir de la
década de los noventa, coincidente con el advenimiento de la democracia en Chile, la
problemática indígena se hace más visible en América Latina, incluido Chile. La
intervención de Endesa-España en el Alto Bío-bío fue el detonante para el resurgimiento de
la violencia en la Araucanía, alrededor de cincuenta familias que se mantenían en sus
terrenos ancestrales fueron alejados de ahí por diversos métodos, se les ofreció dinero,
tierras de dudoso valor en otros predios, o finalmente el desalojo, avalado nuevamente por
el Estado de Chile, esta vez no a través del ejército, sino a través de Carabineros de Chile,
en un intento solapado de hacer ver el conflicto desde una óptica de derecho civil, que se
ha transformado paulatinamente en una estigmatización mediática y legal que ha
transformado a los comuneros mapuches en “terroristas”, situación que hace que los
procesos “legales” llevados a cabo en su contra tengan un castigo dos veces más severo en
sus condenas, sin acceso a los beneficios que puede acceder cualquier reo común.
Es conocido el caso de Patricia Troncoso (profesora de religión de origen mapuche),
quien fue condenada por ley antiterrorista por la quema de predios “privados” en la región
de Arauco. Condenada a 10 años de prisión sin derecho a beneficios, por un delito que ante
la legislación ordinaria no superaría los 5 años, luego de cumplir la mitad de su condena
decidió iniciar una huelga de hambre que duró 110 días solicitando los beneficios que le
fueron negados por la mencionada ley (como la salida dominical). Ante los ojos de la
comunidad internacional, Chile arriesgaba nuevamente una sanción al descuidar el estado
de salud de Patricia Troncoso, debiendo responder a las exigencias de la ONU en cuanto a
su salud, y mediando el conflicto el obispo Alejandro Goic. Finalmente Patricia depuso su
huelga ante la promesa del gobierno de brindarle acceso a los beneficios de un reo común.

7
Precisamente en esa semana, el gobierno de Chile decidió impulsar la aprobación del
Protocolo de acuerdo nº 169 de la OIT en el Congreso Nacional8, donde se establecen los
derechos colectivos de los pueblos indígenas, en cuanto mantienen una identidad cultural
propia y un territorio legítimo, entre otras garantías. Personalmente, tuve la oportunidad de
asistir a dicha sesión del senado, donde pude apreciar un amplio consenso para la
ratificación de dicho protocolo de acuerdo, luego de más de 18 años en que Chile fue
incapaz de aprobarlo, en condiciones que “no iba en contra de ningún artículo de la
Constitución Política del Estado” en palabras de más de un senador en dicha sesión. Según
los parlamentarios, ese sería el punto de inicio de un reconocimiento pleno de la
multiculturalidad del estado chileno, que sería ratificado posteriormente con una reforma
constitucional.
Dichos avances políticos deben ser duda, complementados por políticas que apunten
a terminar con los prejuicios sociales de ambas partes. De lo contrario, estaremos
nuevamente ante un escenario de “igualdad ante la ley” y “desigualdad de facto”, por lo que
está por verse si la voluntad política es real o sólo estaría motivada por intereses
relacionados con la imagen internacional del país.
De esta forma vemos como la transformación del conflicto desde el s.XIX al XX ha
sido categórica, ya no es una “guerra directa”, las formas de lucha son diferentes. La
violencia en la actualidad es una violencia estructural y cultural hacia el pueblo mapuche.
También se utiliza la violencia directa por parte de ambos bandos, los enfrentamientos con
la policía, la recuperación de terrenos por parte de los comuneros mapuches, detenciones
ilegales y los procesos ilícitos que van configurando un escenario de criminalización por
parte del Estado cada vez más potente. El Estado afirma su autoridad en cuanto hace valer
el “estado de derecho”, de un derecho parcial, sesgado y discriminatorio, pero derecho al
fin. Resulta evidente entonces que las veintitrés intervenciones militares perpetradas por el
ejército de Chile en contra del “enemigo interno” a lo largo de 201 años de historia
republicana, han sido con el afán de instituir la llamada “obediencia civil” que caracteriza,
según algunos cronistas, al pueblo de Chile, aunque la historia diga lo contrario.

8
Registro realizado durante la sesión ordinaria del Senado de la república de Chile realizado en mp3,
Congreso Nacional de Chile, en Valparaíso, 3 de marzo del 2008.

8
Dichas intervenciones han sido motivadas, como lo señala Gabriel Salazar9, por la
capacidad de la clase popular chilena de reconstruir su identidad una y otra vez, por su
predisposición a la lucha por una sociedad más justa y por condiciones más dignas para su
desarrollo. A partir del siglo XX, con el proceso de migración rural-urbana (la más
importante en América Latina hasta nuestro días), el pueblo mapuche se ha transformado
mayoritariamente en población urbana, por lo que indudablemente ha estado presente en
estas luchas, al ser fundamentalmente clase popular, debido a la fuerte discriminación de la
que ha sido objeto.
Estamos ante un panorama de violencia social cultural determinado por el factor de
etnicidad, ante una violencia estructural determinado por la estructura económica y
educacional del país, y ante una violencia directa que se presenta en la zona del alto Bío-
Bío en el sur del país. Las reivindicaciones del pueblo mapuche pasan ya no solamente por
la recuperación de sus terrenos ancestrales, muchos de ellos inundados por las centrales
hidroeléctricas de Endesa, construidas para abastecer de energía a Santiago, sino también
por la liberación de sus presos políticos, tildados injustificadamente de “terroristas”, ya que
sus ataques tienen motivaciones políticas y nunca han cobrado vidas humanas, a diferencia
de Carabineros de Chile, que con sus ataques ya ha cobrado la vida Alexis Lemún y Matías
Catrileo, ambos estudiantes mapuches, además de otras víctimas anteriores.
Inexplicablemente, ningún carabinero ha sido procesado por dichos actos, a lo más habrá
sido dado de baja el responsable del asesinato de Alexis Lemún. Sin duda, el actuar
irreflexivo y soberbio del Gobierno de Chile al respecto, no ha hecho otra cosa que
complicar cualquier perspectiva de transformación del conflicto hacia una solución de paz
social. Queda entonces el desafío político y social de buscar espacios de entendimiento e
interacción para la búsqueda de un desarrollo armónico de ambas partes, que sin duda se
necesitan y se complementan culturalmente dadas las contingencias de la historia.

9
Salazar, Gabriel; “Sujetos populares, democracia y rol de las fuerzas armadas en Chile, siglos XIX y XX”,
conferencia dictada en Casa de las Américas, 8 de julio del 2008.

9
Una breve discusión teórica

Si pensamos en el triángulo ACI de Galtung, nos daremos cuenta que conflicto


chileno-mapuche cabría dentro de los parámetros clásicos de un conflicto. Actitudes,
Conductas e Incompatibilidades aparecen como elementos a tomar en cuanta para buscar
una transformación positiva, que tenga rasgos “creativos y no violentos”, en un
“mesonivel”, es decir, al interior de una nación. La idea de que dicho conflicto se desarrolle
al interior de una nación es una idea esencialmente chilena, que tiene su origen en la guerra
de la independencia, como lo vimos anteriormente, Bernardo O`Higgins dictó el bando
supremo donde se declara a los pueblos originarios como “chilenos”, situación que dista
mucho de la realidad debido a su falta de integración real a la sociedad en “igualdad y
derechos” como lo establece la Constitución política del Estado.
Por otra parte, vimos como el Meli Wixan Mapu o Wallmapu, tuvo históricamente
un reconocimiento como territorio autónomo, lo que sería la Nación Mapuche, espacio que
fue finalmente invadido a partir de 1870 con la dominación del Ejército que no culminó
sino hasta 1883. Desde ese momento, el pueblo mapuche empieza a quedar sin su más
preciado valor, aquello que les da sentido de existencia, y hasta su nombre, la tierra. (mapu:
tierra che: hombre). Aún así, las comunidades que aún resisten en el Sur, y que se han
hecho visibles desde 1997 en su conflicto con las forestales y las hidroeléctricas, han tenido
la fuerza suficiente para reclamar aquello que les perteneció durante siglos. Hoy piden
justicia y se les niega sistemáticamente de forma más cruenta aún por el hecho de ser
indígenas. El Estado de Chile nunca ha tenido la intención real de reconocer el derecho de
los pueblos a ejercer su propia forma de vida, con su cultura y sus tradiciones en un
territorio, ante el temor del surgimiento de “un estado dentro de un estado”, como un temor
político; y por otra parte el deseo de explotación económica de un lugar tan rico en recursos
naturales. La actitud del Estado de Chile ha sido la de forzar una asimilación cultural que
resulta destructiva para el patrimonio cultural mapuche, al interior de las ciudades, dejando
de lado su idioma, sus costumbres y sus creencias.
Hasta el año 2002, durante el último censo, también podemos dar cuenta de una
asimilación autodestructiva por parte del mapuche urbano, que en la búsqueda de una no-
discriminación, ha dejado incluso de auto-reconocerse como mapuche o como legítimo

10
descendiente. La lucha del pueblo mapuche, al hacerse cada vez más visible y violenta a la
vez, ha provocado una mayor identificación del mapuche urbano con su cultura, así como el
respaldo de muchos wingkas chilenos que han formado grupos de apoyo por la causa
mapuche, creando conciencia en la población civil.
Por otra parte, debo señalar que la ratificación del protocolo de acuerdo nº 169 de la
OIT por parte del senado de Chile, sólo constituye una acción simbólica hasta el momento,
ya que si bien dicho protocolo establece una serie de derechos colectivos de los pueblos
originarios, donde se incluye un territorio autónomo, el senado de chile lo ratificó bajo el
prisma de lo que la comisión respectiva de trabajo denominó una “interpretación de dicho
protocolo de acuerdo”, es decir casi un “según se estime conveniente” su aplicación. Aún
así, dicha ratificación deberá ser estudiada por la OIT para ser considerada válida. Queda
pendiente la reforma constitucional donde se declare la multiculturalidad del estado chileno
(ya bastante lejano del plurinacional), que vaya acompañada de una serie de políticas
orientadas a producir una integración real a partir del respeto y la valoración de la
diversidad cultural como para lograr producir un cambio que sea significativo.
Si bien autores como Mario Góngora señalan que en Chile hubo un inicio y un fin
para el llamado “estado portaliano”, inspirado por Diego Portales en el s.XIX, quien
propugnaba un estado liberal, centralizado, con un fuerte sentido de autoridad concentrado
en su gobernante, Gabriel Salazar no duda en afirmar que aquella noción de estado sigue
más vigente que nunca, Chile es un país dominado por “mercaderes y especuladores” en las
palabras del propio Salazar, situación propiciada por Portales en la liberalización
económica que atrajo a un sinnúmero de empresarios extranjeros, y que por cierto, fue una
de las causas de su asesinato; donde la figura del gobernante continúa siendo preponderante
y central en la conducción del estado. Según Salazar, las clases populares chilenas, en sus
constantes levantamientos, caídas a manos del ejército, y reconstrucciones de identidad
histórica, ha ido aprendiendo a exigir a sus gobernantes, poco a poco, lección dada nada
menos que por el movimiento estudiantil secundario, actitud donde estaría la clave para un
cambio positivo para la sociedad en su conjunto.
La noción de Estado actual en Chile se mantiene como un Estado sumamente
vertical, que no se cuestiona a menos que se encuentre entre la espada y la pared, por lo
tanto, si las masas populares no exigen cambios profundos, es difícil que aquello ocurra de

11
forma unilateral. Dentro de esa clase popular, cabe perfectamente el mapuche urbano,
aunque precisamente, su gran debilidad es que se encuentra disperso, poco cohesionado y
con objetivos poco claros desde su concepción urbana, a diferencia de sus pares que
mantiene la lucha por sus territorios en el sur.
Indudablemente, las formas de lucha han cambiado desde el siglo XIX, ha llegado a
las ciudades con reivindicaciones que involucran a la sociedad civil, a través de sitios de
Internet, grupos de difusión de su cultura en los centros urbanos, organización y
autogestión de los grupos urbanos, acciones de apoyo y ayuda a sus pares en el sur, etc.
Uno de los elementos de presión más fuerte ha sido sin duda, la proyección internacional
del conflicto, presión que ha surgido efecto en el caso de Patricia Troncoso, y en la
ratificación de los derechos de los pueblos originarios. Aún así, dicha presión desde mi
perspectiva es un arma de doble filo, ya que al cuestionar internacionalmente el accionar
del Gobierno de Chile, éste busca reafirmar su autoridad a través de métodos violentos y
represivos, y por otra parte , realizar un “lavado de imagen” ante la comunidad
internacional. Vemos entonces como las actitudes generan nuevas conductas y perpetúan
las incompatibilidades.
Los conflictos pueden generar violencia si se trata de eliminarlos, constreñir su
potencial y manejarlos con más violencia, es precisamente lo que se ha hecho. Mientras no
se detenga la violencia directa, cultural y estructural, el conflicto va a generar más violencia
desde ambas parte. Indudablemente, dicho objetivo requiere un proceso largo de reflexión e
interiorización de nuevo paradigmas y valores en las relaciones cívicas y estructurales en la
sociedad chilena, ya que la posibilidad de la Nación Mapuche de alcanzar autonomía se ve
lejana debido a su condición de minoría étnica.
La pregunta que cabe hacerse es:
¿Cuál sería el primer tipo de violencia en detenerse para producir efectos
positivos?
Desde mi punto de vista, la violencia estructural, producir reformas que favorezcan
el desarrollo de la población indígena tanto en su entorno como en la sociedad civil, es una
condición necesaria para llegar al respeto mutuo en condiciones dignas, incluyendo
evidentemente el fin de la criminalización. Luego, en un proceso largo vendría el fin de la
violencia cultural: educación en la multiculturalidad para todos. Fomentar la

12
multiculturalidad como un valor, dicha premisa incluye un amplio margen de pueblos
originarios que habitan en Chile con una riquísima cultura tradicional, como lo son los
Rapa Nui, los Aymarás, los Atacameños, los Diaguitas, etc. Sólo así podría acabar la
violencia directa, buscando la “paz plural” que menciona Dietrich en las vías de un
desarrollo armónico y no violento.
En términos culturales se menciona la llamada “antropología de la mutua
transferencia”, donde ambas partes entran en una relación dialéctica de investigación y
enriquecimiento cultural mutuo. Tiende a abolir distancias y descalificaciones apriorísticas
sustanciadas en el correlato saber-poder; e inaugura un escenario de compatibilidades capaz
de garantizar la aceptación recíproca de un implícito (no-formalizado) contrato de
transferencia de conocimientos, y diversos modos o estrategias culturales de acceder a
ellos.
Sin duda, el desafío es grande y nos plantea profundos cuestionamientos que van
desde lo valórico hasta lo estructural y cultural, debe ser la sociedad en su conjunto la que
asuma la responsabilidad de buscar una convergencia positiva y constructiva ante la
diversidad cultural, el pluralismo y el sentido de justicia que se necesitan para construir paz
social

______________________________________

Notas al pie

1]
Desde el nacimiento de la república, entre 1810 y 1818, el enfrentamiento del Estado de Chile con
el pueblo mapuche se extiende hasta 1883.
[2]
Luis Vitale señala en “Interpretación marxista de la historia de Chile”. T.II, pág, 98. “En el
Parlamento de Quilín, celebrado el 6 de enero de 1641, los españoles reconocieron -al menos en
palabras escritas la autonomía del pueblo mapuche y su territorio al sur del Bío Bío. La paz de
Quilín -afirma Bengoa- tuvo gran importancia para los mapuches, ya que "todos los parlamentos
posteriores se basarán en lo allí acordado: frontera en el Bío-Bío y territorio independiente,
comprendidos entre el Bío-Bío y el Toltén. Se constituyó éste en un territorio no perteneciente a la
Capitanía General de Chile, relacionado directamente -como nación independiente- con la Colonia”.

13
En el Parlamento de Negrete, realizado el 13 de febrero de 1726, se volvió a reconocer el carácter
independiente del territorio mapuche al sur de la frontera del río Bío-Bío. No obstante, los
españoles violaron reiteradamente estos acuerdos”.

[3]
Situación establecida por la Real Cédula de mayo de 1608 por el rey Felipe III; en ella se
establecía que los indios mayores de diez años y medio y las mujeres de nueve años y medio, que
fuesen cautivados en la guerra de Arauco, podrían ser considerados esclavos. Cabe señalar que
dicha cédula sería una respuesta a una situación pre-existente.
[4]
“Los indios, que vivían sin participar de los beneficios de la sociedad y morían cubiertos de
oprobio y miseria, para lo sucesivo deberán ser llamados ciudadanos chilenos y libres, como los
demás habitantes del Estado...” 4 de marzo de 1819-Bando Supremo de Bernardo O´Higgins.
[5]
“Si el gobierno continúa, por un año más, castigando a estos salvajes ladrones, la tranquilidad de
la Araucanía quedará asegurada para siempre y nuestras fuerzas podrán ocupar las riberas del
Cautín...” 5 de Abril de 1869 – Diario “El Mercurio” de Valparaíso.
[6]
Luis Vitale señala en “Interpretación marxista de la historia de Chile”. T.II, p.110: “En las
rebeliones anteriores (1550, 1598, 1655, 1723, 1766, 1818, 1859-60), habían logrado que sus
enemigos no pasaran la zona del Bío-Bío. En cambio, a partir de la década de 1870 el Ejército
comenzó a controlar la región de Malleco”.
[7]
Góngora, Mario; “Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y
XX.”, Santiago de Chile, Ediciones La ciudad, p.10,11. [en línea]. Disponible en www.dibam.cl
[8]
Registro realizado durante la sesión ordinaria del Senado de la república de Chile realizado en
mp3, Congreso Nacional de Chile, en Valparaíso, 3 de marzo del 2008.
[9]
Salazar, Gabriel; “Sujetos populares, democracia y rol de las fuerzas armadas en Chile, siglos
XIX y XX”, conferencia dictada en Casa de las Américas, 8 de julio del 2008.

Bibliografía

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ISBN 956-310-120-0

CEPAL, Panorama social de América Latina, , cap. II : Pueblos indígenas de América


Latina: antiguas inequidades, realidades heterogéneas y nuevas obligaciones para las
democracias del siglo XXI, Santiago de Chile, 2006. [en línea] disponible en:

14
http://www.eclac.cl/cgi-
bin/getProd.asp?xml=/publicaciones/xml/0/27480/P27480.xml&xsl=/tpl/p9f.xsl

CEPAL, Etnicidad, raza y equidad en América Latina y el Caribe, Agosto del 2007.

Góngora, Mario; “Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y
XX.”, Santiago de Chile, Ediciones La ciudad, p.10,11. [en línea]. Disponible en
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Hernández, Isabel; Autonomía o ciudadanía incompleta: el pueblo mapuche en Chile y


Argentina, CEPAL, Santiago de Chile, Julio de 2003. [en línea], disponible en:
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Jara, Alvaro; Guerra y sociedad en Chile, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1971.
Inscripción nº 39266

Parentini, Luis; “Introducción a la Etnohistoria Mapuche”, Ediciones de la Direcci6n de


Bibliotecas, Archivos y Museos, Santiago de Chile, 1996. ISBN 956-244-052--1

Vitale, Luis; “Interpretación marxista de la historia de Chile”. T.I,II y IV [en línea]


disponible en:
http://mazinger.sisib.uchile.cl/repositorio/lb/filosofia_y_humanidades/v2002729144vitale1
0.pdf

Documentales

“Entrevista a Julio Wetrenkura”; entrevista, Chile, 2006. duración aprox. 30 min. DVD.

“Voces de la Tierra”; Documental, Chile, 2007, duración aproximada, 25 min. DVD.

15
“Apaga y Vámonos”, Documental, España-Chile, 2005. Duración aproximada 80 min.
Cine.

Conferencias

Salazar, Gabriel; “Sujetos populares, democracia y rol de las fuerzas armadas en Chile,
siglos XIX y XX”, conferencia dictada en Casa de las Américas, 8 de julio del 2008.

Sesión ordinaria del Senado de la república de Chile, Valparaíso, 3 de marzo del 2008.
Ratificación del convenio nº169 de la OIT, referente a los derechos colectivos de los
pueblos originarios.

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