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COMO BARRO EN MANOS DEL ALFARERO

por Alfonso Herrera


El pasaje que veremos hoy es parte del lema de este congreso, lo que Dios está haciendo con
tu vida, el trato que Dios quiere hacer en tu vida; El nos moldea y nos da forma de acuerdo a su
diseño, el proceso duele pero vale la pena ser transformado.
Jeremías 18:10-11: 1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 2 Levántate y vete
a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 3 Y descendí a casa del alfarero, y he
aquí que él trabajaba sobre la rueda. 4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder
en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
Y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Dios está tratando con
nosotros y no puede usarnos si no ha tratado antes con nosotros; el trato de Dios es
indispensable e importante, es un proceso mediante el cual moldea nuestras vidas, donde Dios
va limpiándonos de toda impureza y aunque muchas veces parte de ese proceso es doloroso, a
fin de cuentas trae un filo para que podamos ser usados por Dios.
En un ocasión un padre tomó a su pequeño, tenía 6 años; el papá llamó a su hijo y le dijo: hijo
quiero enseñarte la lección número uno en la vida. Lo llevó al patio de su casa y le dijo: te vas a
subir a aquel árbol (el niño tenía 6 años), el padre tomó una escalera y se la puso al pie del
árbol; el niño con un poco de miedo subió y cuando ya estaba en la parte más alta, el papá
quitó la escalera. El niño se quedó asombrado viendo hacia abajo porque el papá había quitado
la escalera. Y el niño dijo: ¿papá que hago? Y el papá le contestó: quiero que te avientes desde
allá porque yo te voy a tomar en mis brazos, y el niño le dijo: papá pero ¿y si me caigo? el papá
le dijo: ¡No! tú confía en mí, yo te voy a sostener en mis brazos; "pero papá es que me da
miedo"; el papá volvió a reiterarle: hijo aviéntate porque yo te tomo en mis brazos.
El papá tenía los brazos abiertos; después de unos momentos el niño se aventó, pero cual fue
la sorpresa que cuando el niño iba en el aire el papá cerró los brazos, se hizo a un lado y el
niño cayó al piso, se ensució, se rompió la nariz, sangró y estuvo llorando; lo que más le había
roto fue su corazón; no le dolió tanto su nariz, le dolió que su papá le haya mentido.
Después de un rato el niño se levantó y le dijo: papá ¿por qué me hiciste esto? El papá le
respondio: bien, ahora veme fijamente a los ojos, quiero enseñarte la lección número uno en la
vida y que nunca se te olvide, ¡nunca confíes en la gente! Ese niño creció con esa idea : ¡nunca
confíes en la gente!.
Un día ese niño conoció a Cristo y decidió servir al Señor, se convirtió en un líder prominente
de una congregación grande, pero en su corazón siempre había eso : ¡nunca confíes en la
gente!
Cada vez que el empezaba a compartir le decía a la gente : confíen en Dios, pero dentro de él
había una gran lucha; cada vez que decía : oren unos por otros, dentro de él había una gran
lucha porque siempre aprendió la lección número uno en la vida que su padre le dijo: ¡nunca
confíes en la gente! Siendo él un gran predicador tuvo que abrir su corazón delante de la
congregación y decirles: perdónenme porque por muchos años les he enseñado lo que yo
mismo no he aprendido y en este momento voy a entrar en un proceso para pedirle a Dios que
transforme mi vida y que me cambie.
Dejó el ministerio por el lapso de un año, y en ese lapso entró en un conflicto interno porque el
deseaba ser transformado, él deseaba ser cambiado, hasta que un día entendió que el proceso
aunque le iba a doler sería decisivo en su vida; o Dios trataba con su vida y lo moldeaba o
cambiaba toda su vida a pesar de la experiencia cristiana que él tenía, o nunca más iba a
volver a pararse detrás de un púlpito; el Señor le cambió, pero el proceso fue duro.
Me llama la atención el pasaje de Jeremías 18 donde dice: El Señor volvió y la hizo otra
vasija, según le pareció mejor hacerla.
Tú y yo somos barro en sus manos y Dios está dispuesto a hacer algo en nosotros, hay
diferentes vasijas pero todas tienen el mismo origen, pero así sea una vasija mas bonita que
otra tienen el mismo material, polvo; si ves una vasija el polvo es muy fino pero no fue así, para
que pudiera este polvo ser fino tuvo que ser molido, tuvo que ser pisado.
Los antiguos alfareros en los tiempos bíblicos, cuándo tomaban el barro, lo tomaban casi como
piedras y lo que ellos hacían era ponerlo en una especie de fuente y después ellos se paraban
y comenzaban a pisarlo, después de estarlo pisando lo trituraban completamente para que
pudiera ser maleable, un barro que pudiera moldearse, un barro que pudiera usarse.
Quiero decirles con esto, que el alfarero que toma este barro, lo primero que quiere hacer es
algo que quizás no nos guste mucho: lo primero que quiere hacer es quebrantarnos, tomarnos
y empezar a tratar con nosotros; el primer proceso que Dios quiere hacer en tu vida es
precisamente eso, un quebrantamiento, triturar áreas de tu vida en la que Dios quiere empezar
a hacerte dúctil, moldeable, porque El desea hacer algo excelente de tu vida, El desea hacerte
una vasija útil para toda buena obra, pero para hacerte una vasija útil para toda buena obra,
tiene que tratar contigo.
No sé si están sirviendo en alguna congregación o en alguna área, pero quiero decirte que si tú
no has pasado por el proceso de ser tratado por Dios no estás muy lejos, porque Dios quiere
tratar con tu vida, Dios quiere hacerte efectivo para el reino de los cielos. A lo largo de las
Escrituras, los hombres que Dios usó, siempre pasaron por esa área de quebrantamiento.
Yo veo a un hombre que fue llamado para llevar (dicen algunos historiadores) a más de dos
millones de personas: Moisés. Un hombre que a la edad de 40 años después de haber sido
instruido en las mejores letras y haber estudiado con los mejores maestros en Egipto, de tener
grandes habilidades, de ser un hombre fuerte, Dios lo sacó de ahí, lo llevó al desierto y por 40
años, Dios estuvo quebrantándolo.
En el libro de los Hechos dice que Moisés era un hombre poderoso en palabra, que era un
hombre que sabía mucho, pero después de 40 años, después del trato que Dios había hecho,
cuando Dios decide llamarlo y se le aparece en una zarza, dice la Escritura que una de sus
objeciones fue: Señor, no sé hablar.. ¿Cuál era la diferencia de uno y de otro? Un hombre
quebrantado, un hombre que creyó que a través de su mano iba a venir la liberación, pero no
era el tiempo porque Dios quería tocar su vida, Dios quería quebrantarlo.
Alguien decía que los molinos de Dios muelen despacio pero muelen muy fino, Dios quiere
tratar con tu vida.
Me llamó la atención cuando vi el letrero que está ahí: "El nos moldea y da forma conforme a
su diseño" ; el proceso duele, pero vale la pena ser transformados, aunque el proceso duela.
Antiguamente se decía que las mejores espadas eran las españolas, pero el proceso para
hacer una de esas espadas era un proceso que muchas veces simboliza el proceso con el cual
Dios quiere tratar con nosotros.
Después de moldear una espada, es tomada y metida al fuego, hasta que aquel fierro se pone
al rojo vivo, la sacan e inmediatamente la meten en agua fría, después de enfriarla vuelven a
meterla al fuego y cuando estaba al rojo vivo la pasan al agua; la pasan un buen rato del fuego
al agua, del agua al fuego; lo que hacían era una espada que en la guerra no se rompiera,
querían hacer una espada fuerte para cuando llegara el momento de que fuera útil, no tuvieran
que dudar de ella, eran espadas "templadas".
Eso es lo que Dios hace con nosotros; muchas veces algunos nos quebramos en la guerra y es
porque todavía falta un tiempo de proceso en el cual Dios tiene que tratar con nosotros. Moisés
fue un hombre en los 40 años en el desierto lo único que aprendió fue a confiar en Dios;
después de haber confiado en sus propias fuerzas y haber matado a un egipcio queriendo dar
liberación, el Señor lo lleva al desierto y en el desierto le enseña a confiar en Dios.
¿Recuerdas cuando Jesús inició su ministerio? Lo inicio también después de haber estado 40
días en el desierto, ¿Recuerdas de dónde venía predicando Juan el Bautista? Del desierto.
La mayoría de nosotros nos gusta estar en lugares de gran fiesta, de gran júbilo y cuando se
habla de desierto decimos: no, yo no quiero. A veces estamos postergando el tiempo del trato
de Dios, a veces lo estamos aplazando y decimos: mejor mañana o, pasado, porque no quiero.
Hay un lugar en el cual Dios quiere hablar a tu vida, en el cual Dios quiere quebrantarte, Dios
quiere verte y hablarte cara a cara, porque en ese lugar surgen las grandes cosas.
Oseas 2:14: 14 Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su
corazón. La llevaré al desierto: está hablando del pueblo de Dios. Vivimos en un mundo
donde las voces se oyen a veces más fuertes, donde a veces cuesta mucho trabajo tomar
decisiones; vivimos en un mundo donde no te faltan consejeros, medio mundo te dice lo que
tienes que hacer y a veces tomas la decisión errada por oír tantas voces y no saber ni que es lo
que debes hacer.
Hay un lugar donde las voces se apagan, donde lo único y la única salida que tienes es
aprender a confiar en Dios, ese lugar es : el desierto.
Dios le dice a Jeremías hablando del pueblo de Israel, Oseas vivió en un tiempo de apostasía
en donde la religión no era tan popular, en donde cada quien hacía lo que bien le parecía, en
donde algunos cumplían con sus ritos religiosos nada más, pero no había ninguna relación con
Dios, solo había un cumplir, era un día de fiesta, tenían que ir a la fiesta. Era un ritual religioso,
tenían que ir al ritual, una vida completamente vacía, pero llega el momento en que Dios le dice
a Oseas, vé, porque yo voy hacer algo con mi pueblo y lo que voy hacer dice en el versículo 14:
yo la voy a traer a mí y después dice a donde la va a llevar, al desierto.
Como que no encaja esto; Señor, si tu me llevas a ti ¿para que me llevas al desierto? Si tú me
llevas a ti yo quiero estar allí, yo quiero estar donde hay gran bendición, donde todo está bien.
Una ocasión el Señor tomó a tres de sus discípulos y los llevó a un monte alto; ellos subieron y
dice la Escritura que mientras Jesús estaba allí, vino una nube que descendió del cielo y
empezó a hablar con Moisés y Elías. De repente la nube desapareció, los personajes
desaparecieron y el Señor les dijo a sus discípulos: vamos, descendamos y cuando ellos iban a
descender los discípulos le dijeron: Señor ¿para qué descendemos, para que vamos allá? allá
hay problemas, mejor aquí nos quedamos, aquí las cosas están bien, hagamos tres
enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías y aquí nos quedamos.
Muchas veces vienes a una reunión, y en la reunión la presencia de Dios baja de tal forma que
tú sientes tal paz, que no tienes ganas ni siquiera de regresar a casa. Dices: yo me quiero
quedar aquí; como que te dan ganas de hacer una enramada y de decirle a alguno de los
líderes, dénme chance de vivir aquí ¿para que regreso a donde hay problemas? Así era la
situación de éstos discípulos, pero hay que bajar.
Dice la Escritura en Oseas que Dios le dijo al pueblo de Israel, la traeré a mí y después los voy
a llevar al desierto. Dios quiere atraerte a ti pero también quiere llevarte al desierto, porque en
el desierto ocurren cosas preciosas también; no huyas; el versículo 14 dice: 14 Pero he aquí
que yo la atraeré y la llevaré al desierto, ( ¿y que va hacer Dios allí? ) y hablaré a su
corazón.
En el desierto no hay tantas voces, solo una voz, la voz de Dios, la dirección de Dios; ese
desierto es el trato de Dios, donde Dios muestra el diseño, el propósito por el cual fuiste
creado, porque aunque no lo creas tú fuiste creado con un propósito, fuiste creado para cumplir
o ser parte de los propósitos de Dios. Muchas veces estás oyendo tantas voces que no
escuchas la voz de Dios y no sientes que Dios habla a tu corazón, así que Dios tiene que
tomarte y llevarte al desierto y empezar a tratar contigo en el desierto y hablar a tu corazón; eso
es parte del quebrantamiento, es parte del trato de Dios, es parte de ese triturarte, para que
pueda ser moldeada tu vida. Una vida que sirva a Dios tiene que ser triturada, quebrantada.
Versículo 15: 15 Y le daré sus viñas desde allí ( ¿desde dónde? Del desierto), y el valle de
Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como
en el día de su subida de la tierra de Egipto.
En el desierto tú y yo aprendemos a confiar en Dios; el Apóstol Pablo de hecho también antes
de iniciar su ministerio estuvo en el desierto de Arabia, yo no encuentro ningún hombre en las
Escrituras que haya sido usado tan poderosamente por Dios y que no haya sido tratado por El.
Y es que las cosas de Dios no son al "ahí se va", Dios quiere tratar contigo y muchas veces
(vuelvo a repetir) el trato duele, pero al fin de cuentas hay un filo muy importante y ese filo es el
que produce la presencia de Dios en un corazón quebrantado.
David en el Salmo 51 expresa a quien Dios escucha, a qué vasija está dispuesto a escuchar;
David cuando escribe el Salmo 51 lo escribe en una situación de arrepentimiento porque había
pecado:
(Salmo 51:1-2)
1
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2
Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
El termina diciendo algo, versículo 17:
17
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
El corazón contrito, el sacrificio de Dios es un corazón quebrantado; Jesús dijo: de cierto de
cierto te digo: que si el grano de trigo no cae en tierra y muere no lleva fruto, pero si el grano de
trigo cae en tierra y muere entonces si lleva fruto.
Cuando Juan el Bautista inició su ministerio y vio a Jesús dijo: es necesario que yo mengue,
que yo me haga más pequeño para que El crezca. Si tú quieres que Cristo crezca en tu vida, tú
necesitas menguar, necesitas ser quebrantado.
Tú y yo tenemos un tesoro en vasos de barro, dentro hay un tesoro pero para que ese tesoro
empiece a fluir tiene que haber un quebrantamiento, tiene que haber un trato de Dios.
En una ocasión una mujer llegó a los pies de Jesús con un vaso de alabastro, donde traía un
perfume muy caro; vino, se postró a los pies de Jesús y empezó a lavar los pies de Jesús con
sus lágrimas, después los secó con sus cabellos y luego derramó aquel perfume, perfume que
llenó de olor toda la casa.
No va haber una presencia grata si tu vida no se empieza a romper, si no se rompe el vasito de
alabastro; algunos somos tan celosos que no permitimos que Dios trate con nosotros, venimos
a la congregación solo pidiendo: Dios dame esto, Dios dame lo otro, pero cuando se trata del
trato de Dios con nosotros, cuando se trata de quebrantamiento, cuando se trata de romper
nuestros vasos para que el perfume empiece a fluir y a llenar toda la casa (me refiero al cuerpo
de Cristo), somos tan celosos que no permitimos ni queremos que Dios toque nuestro cántaro;
nos sentimos tan orgullosos, es que tanto trabajo que me ha costado guardar mi cántaro, y no
hay nada...
¿Sabes? tú tienes que ser tratado por Dios, cuando el Señor te lleve al desierto, allí te hablará
cara a cara, allí Dios te va a hablar y desde ese desierto van a surgir los cantos más
agradables a Dios.
Hace unos 6 años, parecía que las cosas en la iglesia iban bien, no teníamos problemas, todas
las áreas estaban funcionando, los ministerios, toda la congregación, pero vino un tiempo difícil,
un tiempo de prueba. donde empezó a derribarse todo mi mundo, un tiempo de crisis. Entonces
empecé a clamar a Dios y a decirle: ¿Señor, que pasa? Y parecía que no había respuesta; las
noches se empezaron hacer eternas para mí, había noches en que no dormía, había
situaciones muy difíciles que teníamos que solucionar y yo no sabía ni por donde empezar.
Una noche eran como 3, 4 de la mañana, estaba recostado y yo no había podido dormir en
varios días, me había enfermado literal y físicamente, mi esposa también. Pero esa noche me
levante y me fui a la sala y empecé a llorar; me arrodillé, pero después de un rato quedé
tendido en el piso y lo único que pude hacer fue llorar y decirle: ¿Señor, ya no sé que hacer, ni
qué voy hacer? Yo no sé cuanto tiempo pase allí, pero lo cierto es que cuando abrí los ojos ya
era de mañana; todo el piso donde yo estaba, se encontraba lleno de lágrimas, pero desde
aquel día al levantarme me fui a la oficina y vi la vida diferente, algo pasó en esa madrugada en
que precisamente Dios habló a mi corazón y me dijo: si me has de servir tienes que aceptar
parte del quebrantamiento que Yo quiero hacer contigo.
Dios no puede usar a personas que no han sido quebrantadas, no puede surgir perfume de un
vaso de barro si no se ha abierto, si no se ha roto; si tú quieres servir a Dios tienes que
entender que Dios quiere tomarte como toma el alfarero primeramente el polvo y lo tritura
porque quiere moldearlo.
Y si lees detenidamente Jeremías 18 dice: que lo moldea como él quiere, no como tú quieres;
el vaso de barro no le dice al alfarero: oye, házme así, pónme una oreja de este lado, mira
jálale acá, ¡No! el alfarero tiene todo el dominio y todo el control de hacer del barro el vaso que
él quiere.
Dios quiere que tú le entregues a El todo el control, que tú le entregues todo el dominio. Estoy
seguro que muchos de ustedes han estado rehuyendo al trato de Dios, han estado rehuyendo
la voz de Dios y han cerrado sus oídos y le han dicho : otro día Señor, ahora estoy ocupado.
Quieres algunas cosas de Dios, pero no quieres el paquete completo en donde parte de la
cláusula que viene es el quebrantamiento, es el trato que Dios quiere hacer contigo, pero yo te
aseguro que si tu vida va a ser útil al Señor tiene que pasar ese quebrantamiento.
Veamos cuando Jesús inicia su ministerio, Lucas 4:1: 1 Jesús, lleno del Espíritu Santo,
volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto.
Jesús, lleno del Espíritu Santo: algunas veces creemos, que cuando pasamos tiempo de
quebrantamiento simple y sencillamente es que andamos en pecado; No, en ocasiones sí, pero
hay veces que Dios quiere llevarte al desierto porque quiere hacer algo mejor contigo, dice el
versículo 1: Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu
( hacía dónde? ) al desierto.
¿Quién lo llevó? El Espíritu Santo, así que por 40 días estuvo ayunando y después de esos 40
días como que hay una palabra que nos enseña algo diferente Lucas 4:14a: 14 Y Jesús volvió
en el poder del Espíritu a Galilea,
Entiende una cosa, primero el Espíritu lo llevó al desierto y estaba lleno del Espíritu Santo, pero
después en el desierto cuando el Señor Jesús viene del desierto no sólo viene lleno del Espíritu
Santo, sino viene en el Poder del Espíritu. La Escritura dice que iremos de poder en poder, esto
es cierto, pero no se si tú estás dispuesto a decirle: Señor, aquí estoy, trata conmigo.
Hay un canto que dice: Quiero ser como tú, ver la vida como tú, quiero reflejar tu gloria ... Ese
es un canto que sólo lo puede decir la gente que esta dispuesta a ser quebrantada y tratada
por Dios, no es nada más: Señor, yo quiero; hay un precio a pagar y ese es el trato de Dios que
dolerá; vas a ser quebrantado.
Quiero contarte una historia: En la India, había un hombre que trabajaba llevando agua a casa
de su amo todos los días; para eso el usaba dos cántaros, uno que ponía siempre a su lado
izquierdo y otro a su lado derecho. Cada mañana ese era su trabajo, él se levantaba, lo ponía
sobre sus hombros e iba hacía el pozo, cuando llegaba tomaba el agua, lo vertía sobre el
cántaro y luego tomaba otro poco de agua y lo ponía sobre el otro cántaro. Después de
descansar, aquel hombre tomaba otra vez los cántaros y los ponía en sus hombros, pero ahora
llenos de agua y emprendía su camino a casa de su amo.
Así pasaron los años, pero un día, cada vez que uno de los cántaros se llenaba con agua, al
llegar a casa del amo estaba casi vacío, no llegaba con la misma cantidad de agua y es que se
dio cuenta de un problema en aquel cántaro; había una grieta, estaba resquebrajado. Así que
cuando aquel hombre ponía agua ésta perdía poco a poco y cuando llegaba a la casa de su
amo llegaba con la mitad del agua.
Una mañana aquel cántaro se enojó y le dijo a su amo: ¿Oye, sabes? ¿estoy cansado? yo no
soy como el otro cántaro que tú lo llenas y llega con la misma cantidad de agua y lo que tú
pones en mí se va cayendo en el camino; ya no sirvo, ya no quiero seguir funcionando sin
cumplir mi propósito.
Aquel hombre le dijo: mira, yo quiero que mañana tú me hagas un favor; quiero que después
que ponga agua sobre ti, veas que es lo que hay a la orilla del camino por donde vamos
pasando; y así sucedió.
Se levantó de mañana, llegó el hombre y puso agua en los dos cántaros y aquel cantarito
abriendo sus ojos, empezó a darse cuenta que a la orilla del camino donde iba tirando agua
había un seto muy largo de flores, en cambio en el otro lado donde el otro cántaro que iba lleno
y que nunca tiraba agua no había flor alguna y en la que tiraba agua estaba lleno de flores y
con cada gota que caía las flores surgían. Cuando llegó a la casa del amo, el hombre le dijo:
¿qué viste?: flores, dijo. Mira, yo después de que termino mi labor, mi amo siempre come con
un ramo de flores sobre la mesa, así que después que yo le pongo el agua en la mesa, regreso
por el camino que tú regaste y tomó algunas flores y se las pongo a mi amo. El día que mi amo
no ve flores ese día no está contento y lo que tú haces es algo importante, tú riegas.
Quiero decírtelo porque quizás en este día te sientas como una vasija un poco rota, que algo
que ponen en tu vida se va perdiendo, que al fin de cuentas no estás cumpliendo el propósito,
te sientes medio vacío, sientes que lo que has escuchado no cumple todas la expectativas que
quizás Dios tiene contigo, pero yo quiero decirte, que Dios tiene un propósito y que al igual que
aquel barro que fue tomado otra vez y que hizo otra vasija según le pareció mejor hacerla, Dios
quiere hacer algo contigo.
Me llama mucho la atención que el alfarero no toma el barro y dice: esto no sirve y lo bota, sino
que otra vez con toda la paciencia, el alfarero empieza a moldear aquel barro conforme él
quiere hacerlo.
Quizás estés un poco frustrado, sino es que mucho y te sientes mal y te ves como una vasija
media rota, pero es que Dios quiere tratar contigo.
Una ocasión el Apóstol Pablo orando, le dijo al Señor: Señor quita el aguijón que yo tengo en
mí carne, Pablo tenía un problema y oró a Dios y le dijo: ¡Señor, quítalo! ¡Señor haz algo en mí!
y el Señor no le quitó nada, el Señor le dijo al Apóstol Pablo: bástate mi gracia (2Corintios
12:9), porque mi poder se perfecciona en la debilidad.
Si tú hoy reconoces que eres una vasija frágil, que eres una vasija agrietada pero reconoces
que Dios quiere hacer algo contigo, que no te va a desechar sino que te va a cambiar, para ti
es este mensaje. Dios quiere tocar tu vida, Dios quiere hacer una nueva vasija de barro y
cumplir un propósito para el cual tú fuiste diseñado. Dios te hizo a ti para puedas cumplir el
propósito y El quiere tomarte en sus manos, Dios quiere transformarte y quiere cambiarte.
Quiero que hoy entiendas que no importa si tu vida está como esa vasija resquebrajada, Dios
quiere cumplir un propósito contigo, Dios quiere moldearte otra vez, Dios quiere tocarte, quiere
restaurarte; algunos de ustedes jóvenes, a pesar de la corta vida que tienen se sienten
frustrados, sientes que tu vida ha sido tan vacía, tan hueca y solo ha habido unos destellos,
unos chispazos nada mas, pero en realidad quizás toda tu vida ha sido tan vacía y te ves
resquebrajado, te ves una vasija inservible, crees que no estás cumpliendo el propósito de
Dios, crees que tu vida está tan lejana de ser lo que Dios quiere.
Si tú quieres abrir tu corazón y decirle: quiero ser más como tú, quiero parecerme a ti, quiero
ser un ser cambiado por ti, no importando que vasija sea, lo que yo quiero es ser restaurado
como una vasija nueva y transformada.
Vasijas vacías, vasijas agrietadas, tu vida no está acabada, no termina aquí y no tienes que
seguir viviendo así, lo único que hoy tienes que hacer es decirle: Señor, ayúdame a cambiar.
Si tú no has recibido a Jesús hoy puedes abrir tu corazón y recibir a Cristo como el Señor de tu
vida, abre tu corazón y entrégale tu vida a El.
Dile al Señor con tu voz:
Padre Celestial, ven a mi vida, quiero restaurarme, haz de mi la vasija que tú quieres, ven y
ayúdame a cambiar, ven y renuévame en este día, hazme una vasija útil para toda buena obra,
hazme un vaso honroso que viva para ti y que te de la gloria.
Hoy toma mi vida, hoy toma mis frustraciones, hoy toma mis desilusiones, mis caídas y ven a
transformarme, moldéame en tus manos, dame la forma que tú quieres, moldéame a la imagen
de Jesús, que Cristo sea formado en mi vida, Amén.
Aquí estamos vasijas un poco agrietadas, algunas desilusionadas pero con todo el deseo de
ser tocados y ser transformados, con todo el deseo de que el tesoro que hay en nosotros
empiece a surgir, de que el perfume empiece a perfumar toda tu casa.
Pon Señor una unción fresca sobre cada joven, pon una gracia de lo alto, trae un ánimo a sus
vidas, que tu presencia Señor, empiece hoy a inundarles, que salgan como vasos nuevos,
útiles para toda una buena obra. Señor, gracias por lo que tú vas hacer, gracias por lo que tú
estás haciendo. Te adoramos y te bendecimos Jesús, Amén.
Ahora que vas a casa, recuerda: va a haber áreas en las que Dios va a tratar contigo y Dios te
va a decir lo que tienes que hacer.

Mensaje dado en el Centro Cristiano Calacoaya, con motivo del III congreso de
adolecentes 2001
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