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ENSAYO SOBRE EL TRABAJO ETNOGRÁFICO DE LOS CAMPOS DE AUSCHWITZ, DE LA Dª PAZ MORENO

FELIU, (2010) “EN EL CORAZÓN DE LA ZONA GRIS. UNA LECTURA ETNOGRÁFICA DE LOS CAMPOS DE

AUSCHWITZ ”. Editorial Trotta.

TITULO:
Buscando el significado de la “Zona gris”, y de las diferentes relaciones sociales que en ella se dieron.

INTRODUCCIÓN:

Para comprender a que se refiere Primo Levi con el término la “Zona Gris”, considero necesario analizar primero que
significaban, representaban y constituían los campos de exterminio de Auschwitz. Este conocimiento además hay que

aplicarlo tanto en los aspectos de organización de las infraestructuras físicas como en los aspectos de estructuras y
relaciones sociales. Aunque actualmente podamos pensar que estos hechos, ocurridos a mediados del pasado siglo XX,

son casos extremos, resulta necesario saber de dónde vienen y cuáles son los intereses políticos, sociales y económicos,
que hacen que una sociedad muy avanzada intelectual y económicamente, pueda reaccionar como fué el caso de la

alemana. Una sociedad en la que desaparecía la gente, a través de la “esterilización social”.


Por otro lado, también es necesario comprender como fue el proceso de deshumanización de las víctimas y las

relaciones sociales en los campos de Auschwitz, en qué consistía esta percepción fragmentaria en la que convivieron
más de cien mil personas de toda Europa, de diferentes etnias, religiones e ideologías políticas. Personas que en la

mayoría de los casos procedían de culturas diferentes y en algunos casos ni se entendían por qué no hablaban la misma
lengua. Estas personas fueron sometidas a sobrevivir al extremo, desposeídas de identidad y de los conceptos

temporales. Estos son los factores clave para entender cómo se llegó a conseguir estas condiciones de vida y ese
determinado sistema de organización social, con sus correspondientes jerarquías en los campos.

Desde la Antropología considerando esta una ciencia de la humanidad, existen pocas publicaciones sobre lo acontecido
en el campo de exterminio de Auschwitz. Sin embargo, la línea de investigación que aquí tratamos ofrece un campo de

análisis relevante para el estudio de los procesos de victimización y las relaciones victima-vedugo interpretados desde la
antropología social.

CUERPO:

Para Primo Levi 1 la “Zona gris” es una definición de las vivencias de las personas que estuvieron recluidas en los

campos de concentración y exterminio de Auschwitz. De cómo era la relación entre víctimas y verdugos, verdugos y
víctimas, en una situación en la que las propias víctimas se estaban financiando su propia destrucción.

Al respecto del término “Zona gris”, la antropóloga Dª Paz Moreno Feliu (2010), ha publicado recientemente un
trabajo, titulado “En el corazón de la zona gris. Una lectura etnográfica de los campos de Auschwitz”, E.d. Trotta, en el

que se analiza el significado de este concepto, sobre el cual se basa este ensayo.

1Primo Levi (Turín, 1919-1987), es un escritor italiano de origen judío sefardita, resistente antifascista y superviviente al Holocausto. Fué conocido
por sus testimonios como prisionero del campo de exterminio de Auschwitz. Su principal obra escrita fue: Si esto es un hombre, Ed. El Aleph, 6ª Ed.
2003. Información extraída de: http://es.wikipedia.org/wiki/Primo_Levi ,última actualización el 16 de agosto de 2010, a las 14:24.
Un aspecto destacable para la comprensión del significado del campo de exterminio es que estaba ubicado a 40 Km de

Cracovia (Polonia). El hecho de que los campos se ubicasen en el exterior de la Alemania nazi nos aporta reflexiones
sobre como el sistema nazi intentó que no se apreciara en su sociedad la idea de la “esterilización social”.

El campo de concentración de Auschwitz fue construido para dar cabida y exterminar, a las personas que a través de la
“esterilización social” 2 nazi. Lo que significa eliminar a personas que el sistema no consideraba dignas de reproducción

según el nuevo orden social nazi. Además de prisioneros de guerra y personas contrarias al régimen, entre otras.
Auschwitz representó el mayor centro de reclusión durante el nazismo, además de un espacio para la experimentación

médica y para el exterminio de alrededor de aproximadamente 2 a 3 millones de personas, la gran mayoría de religión
judía y de étnia gitana.

El campo de concentración de Auschwitz fue edificado tras la invasión nazi de Polonia en 1939 durante la II Guerra
Mundial y estuvo activo bajo la dirección de Heinrich Himmer, desde su apertura en mayo de 1940 hasta enero de 1945

año en que fue intervenido y liberado por el ejército soviético.


Lo constituían tres campos principales y treinta y nueve campos subalternos. Auschwitz I, Stammlager era el campo

principal. Fué construido por presos comunes alemanes, a diferencia de otros centros de internamiento, estos presos se
convirtieron en los primeros funcionarios del campo.

Auschwitz II o Birkenau, represento el principal campo de exterminio equipado con salas de baño y crematorios, en él
se investigo sobre los efectos del “Zyklon B” (insecticida a base de cianuro). En este campo estaban las rampas de los

trenes que portaban miles de personas de diferentes lugares de la Europa que iban conquistando los nazis, tras
clasificarlos en aptos para el trabajo. Al resto se los enviaba a las cámaras de gas.

Auschwitz III o Monowitz, el más conocido por Primo Levi, estaba constituido por varios subcampos, era un campo de
trabajo destinado a la producción de caucho sintético construido por la compañía IG Farben. Es considerado un ejemplo

de la relación existente entre la industria alemana, las SS y la utilización de mano de obra de prisioneros.

Desde el punto de vista de los intereses políticos, sociales y económicos, el régimen nazi encontró en las élites
universitarias, científicas e industriales la colaboración para llevar a término su proyecto de nuevo orden étnico y social.

Aún que el objetivo de los campos fuese el de eliminar población no deseada por el régimen nazi, las funciones de los
prisioneros podían variar conforme a las necesidades de la guerra.

A través del concepto político nacionalsocialista se aisló en los primeros campos a los que consideraban sus enemigos
ideológicos, de esta forma los sindicalistas, socialdemócratas, comunistas y simpatizantes o enemigos del nazismo

fueron la primera mano de obra para la construcción y el mantenimiento de los campos de concentración.
Para la mayoría de concentrados la idea era que el trabajo les proporcionaría la libertad, y esta idea se convirtió en el

objetivo de sus prioridades. Sabemos a través de las demandas interpuestas por asociaciones de víctimas del holocausto
que empresas alemanas se beneficiaron del trabajo forzado en los campos de concentración aún que por la información

2 Como ampliación del concepto “esterilización social” o esterilización forzosa, podemos destacar en la historia de la humanidad 3, en Estados
Unidos alrededor de 65.000 personas con minusvalías mentales y físicas (ceguera, sordera y epilepsia) a finales del s.XIX. Japón durante la era
Showa, principios del s.XX. Y Alemania durante el Tercer Reich de A. Hitler, la masacre más importante del s.XX, tambien conocida como Eugenesia
nazi. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Esterilización_forzosa. Última actualización el 5 dic 2010, a las 02:25.
de que se dispone no se puede considerar que era el objetivo explícito del movimiento nazi, pudo ser considerado por
los nazis como una forma de colaboración con el régimen.

Respecto al proyecto político y el proyecto ideológico el objetivo base era aumentar el “espacio vital” (P. Moreno 2010:
48), para el pueblo alemán ocupando territorios de otros países, expulsando o recluyendo en campos de concentración a

sus habitantes, exceptuando a los que denominaban de “raza aria” y colonizar estos nuevos territorios con los alemanes
considerados de raza pura.

Para comprender en qué consistía la condición de ser víctima tambien es necesario analizar como fue el proceso de

deshumanización de las víctimas y las relaciones sociales en los campos.


La idea que transmite de forma más clara la condición de víctima/verdugo, verdugo/víctima y que me ha llamado más la

atención sobre cómo de cruel puede ser la deshumanización de las personas, es la que encontramos en las memorias de
Elia Canetti, “El suplicio de las moscas” 3. Es sorprendente cómo la condición de víctima no excluye a las personas de

poder aplicar dolor a otros seres vivos (aún que sean moscas).
El proceso de deshumanización es aplicado como un ritual de iniciación a través de diferentes fases. Las personas eran

detenidas y confinadas en guetos y prisiones, donde experimentaban la muerte social de sus vidas anteriores, aún que las
víctimas ignoraban que estaban siendo iniciadas en algo, con esto se les separaba de la sociedad. Después eran

transportados en trenes de ganado, en la peor de las condiciones, hacia no sabían muy bien donde, aun que los rumores
les orientaban “hacia el Este”. En esta fase aun están constituidos como grupo social o familiar. El viaje tiene su fin con

la llegada a “la rampa de Auschwitz” donde eran seleccionados los aptos para el trabajo y, el resto continuaba su viaje
en camiones hasta las duchas/cámaras de gas. Para las personas seleccionadas como aptos para el trabajo continuaba el

proceso de deshumanización, eran desposeídos de todas sus pertenencias físicas y materiales, se les asignaba un número
tatuado que sería su nuevo identificatívo y se les daba ropa de prisionero y calzado. Esas personas pasaban por un

proceso de despersonalización por la pérdida de su identidad y la sensación de pertenecer a una masa de personas en las
peores condiciones posibles. Después de pasar por las duchas, en este caso para un proceso de desinfección, y estar

aislados durante unas semanas se les incorporaba a los comandos de trabajo. Entonces tenían el primer contacto con los
prisioneros más antiguos y les imponían identificatívos jerárquicos con un sistema de triángulos de diferentes colores de

acuerdo con la nacionalidad, étnia, religión, orientación política, etc. Ese era el momento en el que tomaban conciencia
de que no volverían a ver con vida a sus familias y adquirían la nueva identidad de prisionero (Häftling)4 , con la pérdida

total de la condición de ser humano y pertenencia a la raza humana.


El concepto del tiempo representó otra forma de dominio sobre los presos, las referencias temporales quedaban

eliminadas: de la triada pasado-presente-futuro que preside la mayoría de decisiones sociales, el pasado quedaba atrás,

3 “Una de mis compañeras de habitación había llegado a dominar el arte de cazar moscas. Tras estudiar pacientemente a estos animales, descubrió
el punto exacto en el que había que introducir la aguja para ensartarlas sin que murieran. De este modo confeccionaba collares de moscas vivas y se
extasiaba con la celestial sensación que el roce de las desesperadas patitas y las temblorosas alas producía en su piel”
Elia Canetti, El suplicio de las moscas. Trad. C. García Ohrlich, Anaya/Mario Muchnick, Madrid, 1994: 135-136

4 Häftling, me he enterado de que soy un Häftling. Me llamo 174517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo
izquierdo... Parece que ésta ha sido la iniciación real y verdadera: sólo “si enseñas el número” te dan pan y la sopa. Hemos necesitado varios días y
no pocos bofetones y puñetazos para que nos acostumbrásemos a enseñar el número diligentemente, de manera que no entorpeciésemos las
operaciones cotidianas de abastecimiento (Levi, 1987:29)
el presente era sobrevivir y el futuro era perpetuar la supervivencia del presente (P. Moreno 2010. 93-94). De forma que
la organización de tiempo a diario para los prisioneros se dividía en conceptos como: madrugar-despertar-formación,

trabajo, regreso-formación-cena. Esta era la estructura diacrónica de las actividades de la jornada, pero su duración
podía ser muy diferente de un día a otro. De acuerdo con las cosas ocurridas en el campo se podía variar el tiempo

dedicado a cada concepto, lo cual ocurría habitualmente. Esta variabilidad aumentaba la dificultad para racionalizar el
espacio temporal.

El sistema de organización social y sus correspondientes jerarquías en los campos estaba dominado por una cúpula poco
numerosa de SS y guardianes auxiliares dedicados a la administración global del campo y vigilancia. El control sobre

prisioneros y sobre los trabajos adjudicados a cada batallón, así como la administración rutinaria del campo e incluso
gran parte de la maquinaria de exterminio, estaba en manos de los prisioneros, mediante la organización administrativa

de una especie de Self-rule que funcionaba, con sus jefes controlando las vidas de sus subordinados, de manera casi
análoga a su modelo colonial y a los experimentos de ingeniería social que los propios nazis habían llevado a cabo en

los guetos de los países del este (Hilberg, 2005: 230-292).


Cabe destacar que todo el peso y responsabilidad cae sobre los propios presos que son encargados de ejecutar las

órdenes directas de las autoridades del campo. El que fuera comandante de Auschwitz hasta 1943, Rudolf Höss, expresa
claramente cómo el antagonismo y la atomización insólita entre los prisioneros eran una de las bases políticas sobre la

que descansaban los campos de concentración 5.


Otra forma de organización interna fue un sistema de identificación con triángulos que estratificaban a los presos en

función de su origen, religión, orientación sexual, ideología política y etnia, un triángulo rojo definía a los prisioneros
políticos y la resistencia anti-nazi, uno verde para delincuentes comunes, uno negro para los denominados asociables y

de etnia gitana, dos triángulos superpuestos formando una estrella para los judíos, un triángulo rosa para homosexuales
y uno violeta para testigos de Jehová. Con una P definían a los prisioneros de origen polaco, con una F a los franceses,

etc. Este sistema de identificación por un lado tenía una función burocrática de control y por otro proporcionaba
información a los otros prisioneros ademas de desconfianza.

Como ya comentaba al principio de este trabajo, se basa en el contenido del libro “En el corazón de la zona gris. Una
lectura etnográfica de los campos de Auschwitz” de la Dª Paz Moreno Feliu, Catedrática de Antropología Social en la

Universidad Nacional de Educación a Distancia. Moreno es autora de otros trabajos de investigación como en Galicia y
el norte de Portugal e investigaciones que abordan distintos problemas de la Antropología Económica. Moreno también

es autora de diversas publicaciones sobre el racismo, los genocidios y las condiciones de vida en la situación extrema de
los campos de concentración, como: Racismo, Heterofobia y Nacionalismo; Voces de Auschwitz; Sin parientes; La

economía política del Exterminio, e Introducción a los genocidios: una aproximación a la violencia en el genocidio
ruandés.

CONCLUSIÓN:

5 En los campos de concentración las rivalidades eran alentadas y mantenidas por las autoridades para impedir cualquier vínculo fuerte entre los
prisioneros. No sólo las diferencias políticas, sino también el antagonismo entre las distintas categorías de prisioneros. Por muy poderosas que fuesen
las autoridades del campo, no hubiese sido posible controlar o dirigir a los miles de prisioneros sin servirse de sus antagonismos mutuos. Cuanto más
antagonismo y más feroz era la lucha por el poder, más fácil resultaba controlar el campo. Divide et imperia. Esta máxima que nunca debe
subestimarse, tiene la misma importancia en un campo de concentración que en la alta política. (Höss,1978: 57)
Considerando lo expuesto cabe destacar que estos hechos ocurrieron en una de las sociedades más avanzadas en la
época ubicada en un occidente guardián de las libertades humanas y democracias sociales. Es fundamental destacar

como a través de la eliminación de las masas criticas se consigue un estado de implantación de miedo/terror, y que
existen diversas formas de implantación del miedo en la sociedad. Ello nos lleva a deducir que es posible que algunas

de las formas actuales de dominación sean herencia de las prácticas ejercidas en el Holocausto. El libro ”En el corazón
de la zona gris. Una lectura etnográfica de los campos de Auschwitz” nos explica la vivencia de las personas que

estuvieron allí y en qué consistió su condición de víctima. Después de sobrevivir al extremo, estas victimas fueron
recibidas sin ninguna gloria, interpretadas como sospechosas en una especie de “Darwinismo social a la inversa” (P.

Moreno, en entrevista en Radio Sefarad, 11/3/2010) es decir, sospechosos de haber vivido a costa de los demás.
Como primera conclusión de lo expuesto, se puede deducir que una forma de camino hacia el poder pasa por una

estratégica implantación de miedo a base de la selección y jerarquización de las personas. Una segunda conclusión a
que llegamos es que es el poder lo que más desea la raza humana para sobrevivir en un contexto determinado.

Para una mejor comprensión sobre cómo funcionan los procesos de deshumanización considero necesario el análisis
sobre el poder y como este es ejercido a través de sus diferentes canales, entre ellos la comunicación. Un buen ejemplo

que demuestra como en un momento dado se pueden crear las condiciones para manipular a un grupo hacia una moral
dogmática y excluyente lo encontramos en la película “La ola” (Die Welle en alemán, 2008) del director Dennis Gansel.

La forma en que sentimos y pensamos determina nuestra manera de actuar, tanto individualmente como colectivamente.

Es cierto que la coacción y la capacidad para ejercerla, legítimamente o no, constituyen una fuente básica de poder, pero
la coacción por sí sola no puede afianzar la dominación. La capacidad para lograr el consentimiento o al menos para

instilar miedo y resignación respecto al orden existente es fundamental para imponer las reglas que gobiernan las
instituciones y las organizaciones de la sociedad. (M. Castells, Comunicación y Poder, 24. 2009. Alianza Editorial).

Bibliografía:

1. “En el corazón de la zona gris. Una lectura etnográfica de los campos de Auschwitz” Paz Moreno Feliu. Editorial
Trotta. 2010.

2. Película “La ola” (Die Welle en alemán, 2008) dirigida por Dennis Gansel.
3. “Poder y Comunicación” Manel Castells. Alianza Editorial. 2009

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