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Crepusculario

Farewell y los sollozos


Farewell
4
Amor que se reparte en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno y puede ser fugaz.
Amor que quiere liberarse para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca.
Amor divinizado que se va.

Residencia en la tierra
Madrigal escrito en invierno
En el fondo del mar profundo,
en la noche de largas listas como un caballo cruza corriendo tu callado nombre.
Alójame en tu espalda,
ay refúgiame,
aparéceme en tu espejo,
de pronto, sobre la hoja solitaria,
nocturna, brotando de lo oscuro,
detrás de ti.
Flor de la dulce luz completa,
acúdeme con tus besos,
violenta de separaciones,
determinada y fina boca.
Ahora bien, en lo largo y largo,
de olvido residen conmigo los rieles,
el grito de la lluvia:
lo que la oscura noche preserva.
Acógeme en la tarde de hilo,
cuando el anochecer trabaja su vestuario y palpita en el cielo una estrella llena de viento.
Acércame tu ausencia hasta el fondo,
pesadamente,
tapándome los ojos,
crúzame tu existencia,
suponiendo que mi corazón esta destruido.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada


15 (Me gustas cuando callas......)
Me gusta cuando callas porque estas como ausente,
y me oyes desde lejos y mi voz no té toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas
las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas,
llenas del alma mía.
Mariposa de sueño,
te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estas como distante.
Y estas quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos,
y mi voz no te alcanza: Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lampara,
simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella,
tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estas como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa basta.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Cien sonetos de amor
XVII(No te amo......)
No te amo como si fueras rosa de sal,
topacio o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí,
escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber como,
ni cuando, ni de donde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Los versos del capitán


Tu risa
Quítame el pan si quieres quítame el aire,
pero no me quites tu risa.
No me quites la rosa,
la lanza que desangras,
el agua que de pronto estalla en tu alegría,
la repentina ola de planta que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa sube buscándome y abre para mi todas las puertas de la vida.
Amor mío,
en la hora mas oscura desgrana tu risa,
y si de pronto ves que a mi sangre mancha las piedras de la calle,
ríe,
porque tu risa será para mis manos como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar su cascada de espuma,
y en primavera,
amor,
quiero tu risa como la flor que yo esperaba,
la flor azul,
la rosa de mi patria sonora.
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles torcidas de la isla,
ríete de este torpe muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz la primavera,
pero tu risa nunca porque moriría.

Estravagario
Con ella
Como es duro este tiempo espérame: vamos a vivirlo con ganas.
Dame tu pequeñita mano: vamos a subir, vamos a sentir y saltar.
Somos de nuevo la pareja que vivió en lugares de hirsutos,
en nidos ásperos de roca.
Como es largo este tiempo,
espérame con una cesta,
con tu pala,
con tus zapatos y tu ropa.
Ahora nos necesitamos no solo para los claveles,
no solo para buscar miel:
necesitamos nuestras manos para lavar y hacer el fuego,
y que se atreva el tiempo duro a desafiar el infinito de cuatro manos y cuatro ojos.

Los versos del capitán


Si tu me olvidas
Quiero que sepas una cosa.
Tu sabes como es esto:
si miro la luna de cristal,
la rama roja del lento otoño en mi ventana,
si te toco junto al fuego la implacable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña.
Todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran de pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme dejare de quererte poco a poco.
Si de pronto me olvidas no me busques que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a
la orilla del corazón en que tengo raíces,
piensa que en ese día,
a esa hora levantare los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.
Pero si cada día cada hora sientes que a mi estas destinada con dulzura implacable.
Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en ti todo ese fuego se repite,
en mi nada se apague ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.

Estravagario
Amor
Tantos días,
ay tantos días viéndote tan firme y tan cerca,
como lo pago, con que pago?
La primavera sanguinaria de los bosques se despertó,
salen los zorros de sus cuevas,
las serpientes beben rocío,
y yo voy contigo en las hojas,
entre los pinos y el silencio,
y me pregunto si esta dicha debo pagarla como y cuando.
De todas las cosas que he visto a ti quiero seguir viendo,
de todo lo que he tocado,
solo tu piel quiere ir tocando:
amo tu risa de naranja,
me gustas cuando estas dormida.
Que voy a hacerle, amor, amada,
no se como quieren los otros,
no se como se amaron antes,
yo vivo viéndote y amándote,
naturalmente enamorado.
Me gustas cada tarde más.
Dónde estará? Voy preguntando si tus ojos desaparecen.
Cuánto tarda! Pienso y me ofendo.
Me siento pobre, tonto y triste,
y llegas y eres una ráfaga que vuela desde los duraznos.
Por eso te amo y no por eso, por tantas cosas y tan pocas,
y así debe ser el amor entrecerrado y general, particular y pavoroso,
embanderado y enlutado,
florido como las estrellas y sin medida como un beso.

Cien sonetos de amor


XLIV (Sabrás que no te amo...)
Sabrás que no te amo y que te amo puesto que de dos modos es la vida,
la palabra es un ala del silencio, el fuego tiene mitad de frío.
Yo te amo para comenzar a amarte,
para recomenzar el infinito y para no dejar de amarte nunca:
por eso no te amo todavía.
Te amo y no te amo como si tuviera en mis manos las llaves del destino
y un incierto destino desdichado.
Mi amor tiene dos vidas para amarte.
Por eso te amo cuando no te amo y por eso te amo cuando te amo.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada


XX (Puedo escribir los versos...)
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche esta estrellada, y tritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira entre el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos!
La bese tantas veces bajo el cielo infinito!
Ella me quiso, a veces yo también la quería!
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo.
Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, mas inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como el pasto al rocío.
Que importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no esta conmigo.
Eso es todo.
A lo lejos alguien canta.
A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no esta conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos arboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto! Pero cuanto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro.
Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro.
Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta, la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla
perdido.
Aunque este sea él ultimo dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le
escribo.

Para nacer he nacido


Un amor
Por ti junto a los jardines recién florecidos me duelen los perfumes de primavera.
He olvidado tu rostro, no recuerdo tus manos, cómo besan tus labios?
Por ti amo las blancas estatuas que no tienen voz ni mirada.
He olvidado tu voz tu voz alegre, he olvidado tus ojos.
Como una flor a su perfume, estoy atado a tu recuerdo impreciso.
Estoy cerca del dolor como una herida, si me tocas me dañarás irremediablemente.
Tus caricias me envuelven como las enredaderas a los muros sombríos.
He olvidado y tu amor y sin embargo te adivino detrás de todas las ventanas.
Por ti me duelen los pesados perfumes del estío: por ti vuelvo a acechar los signos que
precipitan los deseos, las estrellas de fuga, los objetos que caen.

Cuaderno de Temuco
Nunca
Se hará noche mi vida porque no oí tu voz en el torturamiento de la más agria duda y yo que
soñé el santo poema del amor tendré en mis labios tristes una mueca desnuda.
La Primavera se hará trizas.
Nunca cantaré en el silencio mi divina canción... Jamás... y como un nudo vibrará mi dulzura
por los vientos heridos de mi desolación.

Cuaderno de Temuco
Aquel
Porque era un chiquillo bueno y resignado y muy tristemente solía pasar bajo tu mirada,
porque un amargado corazón veías tras de su mirar....
Tú nunca le amaste.
Ensueño dorado que con blancas alas se ve aletear fuiste un pobre chiquillo olvidado con su
pena grande: tristeza de amar....
Pero en un bulliceo de tus alegrías o en el fatigado rodar de tus días amargos,
tú nunca podrás encontrar el cariño grande de aquel ignorado corazón que siempre quedóse
amargado por la pena grande de amar y amar...

Cien sonetos de amor


LXVI (No te quiero... )
No te quiero sino porque te quiero y de quererte a no quererte llego y de esperarte cuando no
te espero pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero solo porque a ti te quiero,
te odio sin fin,
y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero, su rayo cruel,
mi corazón entero, robándome la llave del sosiego.
En esta historia solo yo me muero y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Cien sonetos de amor


XXII (Cuantas veces, amor,...)
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias,
en un mediodía quemante: era sólo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa en Angol,
a la luz de la luna de junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra que toqué en las tinieblas
y sonó como el mar desmedido.
Te amé sin que yo lo supiera,
y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero ya sabía como eras.
De pronto mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
Cien sonetos de amor
XVII (No te amo... )
No te amo como si fueras rosa de sal,
topacio o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí, escondida.
La luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo,
ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Los versos del capitán


La muerta
Si de pronto no existes, si de pronto no vives, yo seguiré viviendo.

No me atrevo, no me atrevo a escribirlo, si te mueres.


Yo seguiré viviendo.
Porque donde no tiene voz un hombre allí, mi voz.
Donde los negros sean apaleados, yo no podré estar muerto.
Cuando entren en la cárcel mis hermanos entrare yo con ellos.
Cuando la victoria, no mi victoria, sino la gran victoria llegue aunque esté mudo debo hablar:
yo la veré aunque esté ciego.
No, perdóname.
Si tú no vives, si tú, querida, amor mío, si tu te has muerto,
todas las hojas caerán en mi pecho, lloverá sobre mi alma noche y día,
la nieve quemará mi corazón, andaré con frío y fuego y muerte y nieve,
mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes,
pero seguiré vivo,
porque tú me quisiste sobre todas las cosas indomable, y, por amor,
porque tú sabes que soy no solo un hombre sino todos los hombres.

Los versos del capitán


La infinita
Ves estas manos? Han medido la tierra,
han separado los minerales y los cereales,
han hecho la paz y la guerra,

han derribado las distancias de todos los mares y ríos,

y sin embargo cuando te recorren a ti,

pequeña, grano de trigo, alondra,

no alcanzan a abarcarte,

se cansan alcanzando las palomas gemelas que reposan o vuelan en tu pecho,

recorren las distancias de tus piernas,

se enrollan en la luz de tu cintura.


Para mí eres tesoro más cargado de inmensidad que el mar y sus racimos y eres blanca y azul
y extensa como la tierra en la vendimia.
En ese territorio, de tus pies a tu frente, andando, andando, me pasaré la vida.

El río invisible
Primeros poemas
Desde que tu te fuiste...
Desde que tú te fuiste,
yo siento la amargura infinita de haberte callado tantas cosas: de haber
callado, mártir, esta blanda ternura que oculté como pueden ocultarse las rosas,
y de no haberte dicho las palabras fragantes que llevaba en la boca cuidadas y sumisas;
que esperé tantas veces que salieran vibrantes
y que siempre se helaron en una cruel sonrisa.
Ahora que te fuiste sufro dolor intenso de haber callado,
mártir de mí mismo el inmenso tesoro de dulzura que floreció en mi amor.
Pero sé que si un día volvieras a mi vida,
al buscar vanamente las palabras perdidas.......

Sellaría mis labios el oculto amargor.

El río invisible
Helios
Con las manos vacías
Cada vez que te tengo - amor - entre las manos no sé cómo te llegas ni sé cómo te vas,
cuando voy a buscarte te encuentro tan lejano que me parece que no volverás.
Era invierno de angustia la última vez.
Viniste.
Se retoñó mi cuerpo de un poco de alegría.
Y cuando ya pensaba que no todo era triste me estremecí de nuevo, con las manos vacías...

El río invisible
Helios
La copla del amor perdido
I
El amor que no le dije me está entristeciendo ahora
No salió de mis labios y pasó por su lado como una suave sombra!
No lo supo mirar, no lo supo sentir, y mi boca tampoco se lo pudo decir...
Se perdió como un canto que se muere en los labios, se murió como un buque que se pierde
en el mar.
Pasó como una sombra... No lo supo sentir... no lo supo sentir... no lo supo mirar...!
II
Silencioso amor.
Campana sin metal. Silencio.
Estoy triste ahora.
Tarde. Recuerdo.
Silencio. Soledad. Amor...
Si lo hubiera dicho en aquel atardecer...
Para qué lo callaría... ?
Para qué?!

El río invisible
La provincia y el mundo
Palabras de amor
En la noche de estrellas te he besado las manos...
Piensa, yo te he visto perdida y recobrada; piensa,
yo que me alejo de ti cuando me esperas; piensa,
esta dolorosa paz del campo dormido oloroso a las flores y a las frutas primeras...
Todo lo sabes, todo.
Lo has escuchado todo con los inmensos ojos perdidos a lo lejos;
cuando callo me miras y de mi boca cae como una flor cortada para tu boca un beso.
(Ésta es la despedida cuando apenas llegaba, esto es tocar apenas los puertos y partir...
Que me amarren tus brazos,
que no me dejen irme para tocar apenas otro amor y partir!)
Tú escuchas mis palabras y recoges mis besos,
y prolongamos juntos el silencio del campo rayado por el duro ladrido de los perros
y por la numerosa canción de nuestros pasos.
... En la noche de estrellas te he besado las manos...
Cruzo de despedida tu amor y me detienes.
Voy a decirte adiós y me queman tus ojos;
te voy a dar la angustia que golpea mis sienes y galopa en mis venas como centauro loco,
pero mi voz se ha vuelto cantarina y ardiente y mis dedos revuelven tu cabellera oscura;
en la noche de estrellas mis palabras se pierden y caminamos ebrios de la misma dulzura.
... Todo lo sabes, todo. Lo has escuchado apenas, pero lo sabes todo.

Los versos del capitán


El olvido
Todo el amor en una copa ancha como la tierra,
todo el amor con estrellas y espinas te di,
pero anduviste con pies pequeños,
con tacones sucios sobre el fuego, apagándolo.
Ay gran amor, pequeña amada!
No me detuve en la lucha.
No dejé de marchar hacia la vida, hacia la paz,
hacia el pan para todos,
pero te alcé en mis brazos y te clavé a mis besos y te miré como jamás volverán a mirarte
ojos humanos.
Ay gran amor, pequeña amada!
Entonces no mediste mi estatura,
y al hombre que para ti te apartó la sangre, el trigo,
el agua confundiste con el pequeño insecto que te cayó en la falda.
Ay gran amor, pequeña amada!
No esperes que te mire en la distancia hacia atrás,
permanece con lo que te dejé,
pasea con mi fotografía traicionada, yo seguiré marchando,
abriendo anchos caminos contra la sombra, haciendo suave la tierra,
repartiendo la estrella para los que vienen.
Quédate en el camino.
Ha llegado la noche para ti.
Tal vez de madrugada nos veremos de nuevo.
Ay gran amor, pequeña amada!

Veinte poemas de amor y una canción desesperada


XII (Para mi corazón basta.... )
Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma. Es en ti la ilusión de
cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen pájaros que dormían en tu alma.

Jardín de Invierno
Jardín de Invierno
Llega el invierno. Espléndido dictado me dan las lentas hojas vestidas de silencio y amarillo.
Soy un libro de nieve, una espaciosa mano, una pradera, un circulo que espera, pertenezco a
la tierra y a su invierno.
Creció el rumor del mundo en el follaje, ardió después el trigo constelado por flores rojas como
quemaduras, luego llego el otoño a establecer la escritura del vino: todo paso, fue cielo
pasajero la copa del estío, y se apago la nube navegante.
Yo espere en el balcón tan enlutado, como ayer con las yedras de mi infancia, que la tierra
extendiera sus alas en mi amor deshabitado.
Yo supe que la rosa caería y el hueso del durazno transitorio volvería a dormir y a germinar: y
me abrigue con la copa del aire hasta que todo el mar se hizo nocturno y el arrebol se convirtió
en ceniza. La tierra vive ahora tranquilizando su interrogatorio, extendida la piel de su silencio.
Yo vuelvo a ser ahora el taciturno que llego de lejos envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra la voluntad de mis germinaciones.

Cien sonetos de amor


XXVII (Desnuda... )
Desnuda eres tan simple como una de tus manos, lisa, terrestre, mínima, redonda,
transparente, tienes líneas de luna, caminos de manzana, desnuda eres delgada como el trigo
desnudo.
Desnuda eres azul como la noche en Cuba, tienes enredaderas y estrellas en el pelo, desnuda
eres enorme y amarilla como el verano en una iglesia de oro.
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas, curva, sutil, rosada hasta que nace el día y te
metes en el largo subterráneo del mundo como en un largo túnel de trajes y trabajos: tu
claridad se apaga, se viste, se deshoja y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

Cien sonetos de amor


LIX (Pobres poetas... )
Pobres poetas a quienes la vida y la muerte persiguieron con la misma tenacidad sombría y
luego son cubiertos con impasible pompa entregados al rito y al diente funerario.
Ellos - oscuros como piedrecitas - ahora detrás de los caballos arrogantes, tendidos van,
gobernados al fin por los intrusos, entre los edecanes, a dormir sin silencio.
Antes y ya seguros de que esta muerto el muerto hacen de las exequias un festín miserable
con pavos, puercos y otros oradores.
Acecharon su muerte y entonces la ofendieron: solo porque su boca esta cerrada y ya no
puede contestar su canto.

Canto General
Alturas de Macchu Picchu
XII
Sube a nacer conmigo, hermano.
Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra, labrador, tejedor, pastor callado: domador de guanacos
tutelares: albañil del andamio desafiado: aguador de las lágrimas andinas: joyero de los dedos
machacados: agricultor temblando en la semilla: alfarero en tu greda derramado: traed la
copa de esta nueva vida vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco, decidme: aquí fui castigado, porque la joya no
brilló o la tierra no entregó a tiempo la piedra o el grano: señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron, encendedme los viejos pedernales, las viejas lámparas, los
látigos pegados a través de los siglos en las llagas y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
A través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados y desde el fondo habladme
toda esta larga noche como si yo estuviera con vosotros anclado, contadme todo, cadena a
cadena, eslabón a eslabón, y paso a paso, afilad los cuchillos que guardasteis, ponedlos en mi
pecho y en mi mano, como un río de rayos amarillos, como un río de tigres enterrados, y
dejadme llorar, horas, días, años, edades ciegas, siglos estelares.
Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apegadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre.

Odas elementales
Oda a la sencillez
Sencillez, te pregunto: me acompañaste siempre?
O te vuelvo a encontrar en mi silla, sentada?
Ahora no quieren aceptarme contigo, me miran de reojo, se preguntan quien es la pelirroja.
El mundo, mientras nos encontrábamos y nos reconocíamos, se llenaba de tontos tenebrosos,
de hijos de fruta tan repletos de palabras como los diccionarios, tan llenos de viento como una
tripa que nos quiere hacer una mala jugada y ahora que llegamos después de tantos viajes
desentonamos en la poesía.
Sencillez, que terrible lo que nos pasa: no quieren recibirnos en los salones, los cafés están
llenos de los más exquisitos pederastas, y tu y yo nos miramos, no nos quieren.
Entonces nos vamos a la arena, a los bosques, de noche la oscuridad es nueva, arden recién
lavadas las estrellas, el cielo es un campo de trébol turgente, sacudido por su sangre sombría.
En la mañana vamos a la panadería, tibio esta' el pan como un seno, huele el mundo a esta
frescura de pan recién salido.
Romero, Ruiz, Nemesio, Rojas, Manuel, Antonio, panaderos.
Que parecidos son el pan y el panadero, que sencilla es la tierra en la mañana, mas tarde es
más sencilla, y en la noche es transparente.
Por eso busco nombres entre la hierba.
Cómo te llamas? Le pregunto a una corola que de pronto pegada al suelo entre las piedras
pobres ardió como un relámpago.
Y así, sencillez, vamos conociendo los escondidos seres, el secreto valor de otros metales,
mirando la hermosura de las hojas, conversando con hombres y mujeres que por solo ser eso
son insignes, y de todo, de todos, sencillez, me enamoras.
Me voy contigo, me entrego a tu torrente de agua clara.
Y protestan entonces: Quién es esa que anda con el poeta?
Por cierto que no queremos nada con esa provinciana.
Pero si es aire, es ella el cielo que respiro.
Yo no la conocía o recordaba.
Si me vieron antes andar con misteriosas odaliscas, fueron solo deslices tenebrosos.
Ahora, amor mío, agua, ternura, luz luminosa o sombra transparente, sencillez, vas conmigo
ayudándome a nacer, enseñándome otra vez a cantar, verdad, virtud, vertiente, victoria
cristalina.

Cien sonetos de amor


XCII (Amor... )
Amor mío, si muero y tu no te mueres, amor mío, si mueres y no muero, no demos al dolor
mas territorio: no hay extensión como la que vivimos.
Polvo en el trigo, arena en las arenas, el tiempo, el agua errante, el viento vago nos llevo
como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.
Esta pradera en que nos encontramos, oh pequeño infinito! Devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado.

Y así como no tuvo nacimiento no tiene muerte, es como un largo río solo cambia de tierras y
de labios.

Tercera residencia
Vals
Yo toco el odio como pecho diurno, yo sin cesar, de ropa en ropa vengo durmiendo lejos.
No soy, no sirvo, no conozco a nadie, no tengo armas de mar ni de madera, no vivo en esta
casa, de noche y agua esta mi boca llena.
La duradera luna determina lo que no tengo.
Lo que tengo esta en medio de las olas.
Un rayo de agua, un día para mí: un fondo férreo.
No hay contramar, no hay escudo, no hay traje, no hay especial solución insondable, ni
párpado vicioso.
Vivo de pronto y otras veces sigo.
Toco de pronto un rostro y me asesina.
No tengo tiempo.
No me busquéis entonces descorriendo el habitual hilo salvaje o la sangrienta enredadera.
No me llaméis: mi ocupación es esa.
No preguntéis mi nombre ni mi estado.
Dejadme en medio de mi propia luna, en mi terreno herido.

Odas elementales
Oda al vino
Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino,
estrellado hijo de la tierra, vino, liso como una espada de oro, suave como un desordenado
terciopelo, vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, nunca has cabido en una copa,
en un canto, en un hombre, coral, gregario eres, y cuando menos mutuo.
A veces te nutres de recuerdos mortales, en tu ola vamos de tumba en tumba, picapedrero de
sepulcro helado, y lloramos lágrimas transitorias, pero tu hermoso traje de primavera es
diferente, el corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma
inmóvil. El vino mueve la primavera, crece como una planta de alegría, caen muros, peñascos,
se cierran los abismos, nace el canto.
Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, dijo el viejo poeta. Que el cántaro
de vino al beso del amor sume su beso.
Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa, tu pecho es el racimo, la luz del
alcohol tu cabellera, las uvas tus pezones, tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de
vasija, y tu amor la cascada de vino inextinguible, la claridad que cae en mis sentidos, el
esplendor terrestre de la vida.
Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida, sino amistad de los
seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores.
Amo sobre una mesa, cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino.

Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura que
trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial
de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes, a propagar el cántico del fruto.

La rosa separada
La isla
XXII
Amor, amor, oh separada mía por tantas veces como nieve y distancia, mínima y misteriosa,
rodeada de eternidad, agradezco no solo tu mirada de doncella, tu blancura escondida, rosa
secreta, sino el resplandor moral de tus estatuas, la paz abandonada que impusiste en mis
manos: el día detenido en tu garganta.

La barcarola
Te amo
Amante, te amo y me amas y te amo: son cortos los días, los meses, la lluvia, los trenes: son
altas las casas, los arboles, y somos mas altos: se acerca en la arena la espuma que quiere
besarte: transmigran las aves de los archipiélagos y crecen en mi corazón tus raíces de trigo.
No hay duda, amor mío, que la tempestad de Septiembre cayo con su hierro oxidado sobre tu
cabeza y cuando, entre rachas de espinas té vi caminando indefensa, tome tu guitarra de
ámbar, me puse a tu lado, sintiendo que yo no podía cantar sin tu boca, que yo me moría si no
me mirabas llorando en la lluvia.
Porque los quebrantos de amor a la orilla del río, porque la cantata que en el pleno crepúsculo
ardía en mi sombra, por que se encerraron en ti, chillajena fragante, y restituyeron el don y el
aroma que necesitaba mi traje gastado por tantas batallas de invierno?
Los versos del capitán
La carta en el camino
Adiós, pero conmigo serás, iras adentro de una gota de sangre que circule en mis venas o
fuera, beso que me abrasa el rostro o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe el gran amor que salió de mi vida y que en ti no encontraba territorio como
el explorador perdido en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después de la tormenta, la lluvia lavo el aire y en el agua tus dulces pies
brillaron como peces.
Adorada, me voy a mis combates.
Arañare la tierra para hacerte una cueva y allí tu Capitán te esperara con flores en el lecho. No
pienses mas, mi dulce, en el tormento que paso entre nosotros como un rayo de fósforo
dejándonos tal; vez su quemadura.
La paz llego también porque regreso a luchar a mi tierra, y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste para siempre, y como llevo las manos llenas de tu ser
desnudo, mírame, mírame, mírame por el mar, que voy radiante, mírame por la noche que
navego, y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte: mi tierra será tuya, yo voy a conquistarla, no solo para dártela, sino
para todos, para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida crecerán en mis manos acostumbradas antes a la pólvora. Y sabré
acariciar las nuevas flores porque tu me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada, vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo porque en mi corazón viven
tus besos como banderas rojas, y si caigo, no solo me cubrirá la tierra sino este gran amor que
me trajiste y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo, en esa hora te espero, en esa hora y en todas las horas, en todas las horas
te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio a golpear a tu puerta, dile que yo te espero y cuando la
soledad quiera que cambies la sortija en que esta mi nombre escrito, dile a la soledad que
hable conmigo, que yo debí marcharme porque soy un soldado, y que allí donde estoy, bajo la
lluvia o bajo el fuego, amor mío, te espero.
Te espero en el desierto más duro y junto al limonero florecido, en todas partes donde este la
vida, donde la primavera esta naciendo, amor mío, te espero.
Cuando te digan: "Ese hombre no te quiere", recuerda que mis pies están solos en esa noche,
y buscan los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan que te olvidé, y aun cuando sea yo quien lo dice, cuando yo te lo diga,
no me creas, quien y como podrían cortarte de mi pecho y quien recibiría mi sangre cuando
hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle, detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda: es una flor cerrada que cada vez me llena con su aroma y que se
abre de pronto dentro de mí como una gran estrella.
Amor mío, es de noche.
El agua negra, el mundo dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora, y yo mientras tanto te escribo para decirte: "Te amo".
Para decirte "Te amo", cuida, limpia, levanta, defiende nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegara un día en que un hombre y una mujer, iguales a nosotros, tocaran este amor y
aun tendrá fuerza para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Que importa?
Tocaran este fuego y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre y el mío, el nombre que tu
sola supiste porque tu sola sobre la tierra sabes quien soy, y porque nadie me conoció como
una, como una sola de tus manos, porque nadie supo como, ni cuando mi corazón estuvo
ardiendo: tan solo tus grandes ojos pardos lo supieron, tu ancha boca, tu piel, tus pechos, tu
vientre, tus entrañas y el alma tuya que yo desperté para que se quedara cantando hasta el fin
de la vida.
Amor, te espero.
Adiós, amor, te espero.
Amor, amor, te espero.
Y así esta carta se termina sin ninguna tristeza: están firmes mis pies sobre la tierra, mi mano
escribe esta carta en el camino, y en medio de la vida estaré siempre junto al amigo, frente al
enemigo, con tu nombre en la boca y un beso que jamas se aparto de la tuya.

Cien sonetos de amor


LXIX (Tal vez no ser... )
Tal vez no ser sin que tu seas, sin que vayas cortando el mediodía como una flor azul, sin que
camines mas tarde por la niebla y los ladrillos, sin esa luz que llevas en la mano que tal vez
otros no verán dorada, que tal vez nadie supo que crecía como el origen rojo de la rosa, sin
que seas, en fin, sin que vinieras brusca, incitante, a conocer mi vida, ráfaga de rosal, trigo del
viento, y desde entonces soy porque tu eres, y desde entonces eres, soy y somos y por amor
seré, serás, seremos.

Cien sonetos de amor


LXXXIX (Cuando yo muera ... )
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas pasar una vez mas sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambio mi destino.
Quiero que vivas mientras que yo, dormido,
te espero, quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos y que sigas pisando la arena que pisamos.
Quiero que lo que amo siga vivo y a ti te ame y cante sobre todas las cosas,
por eso sigue tu floreciendo, florida,
para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.

Cien sonetos de amor


XLV (No estés lejos... )
No estés lejos de mi un solo día, porque como,
porque, no se decirlo, es largo el día,
y estaré esperando como en las estaciones cuando en alguna parte se durmieron los trenes.
No te vayas por una hora porque entonces en esa hora se juntan las gotas de desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa venga a matar aun mi corazón perdido.
Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia: no te vayas un minuto,
bienamada, porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzare toda la tierra preguntando si volverás o si me dejaras muriendo.

La barcarola
El amor
Te ame sin porque, sin de donde, te ame sin mirar,
sin medida, y yo no sabia que oía la voz de la férrea distancia,
el eco llamando a la greda que canta por las cordilleras,
yo no suponía, chilena, que tu eras mis propias raíces,
yo sin saber como entre idiomas ajenos leí el alfabeto que tus pies menudos
dejaban andando en la arena y tu sin tocarme acudías al centro
del bosque invisible a marcar el árbol de cuya corteza volaba el aroma perdido.

La barcarola
Poderes
Tal vez el amor restituye un cristal quebrantado en el fondo del ser,
una sal esparcida y perdida y aparece entre sangre y
silencio como la criatura el poder que no impera sino adentro del goce y
del alma y así en este equilibrio podría fundarse una abeja o encerrar
las conquistas de todos los tiempos en una amapola,
porque así de infinito es no amar y esperar a la orilla de un río redondo
y así son transmutados los vínculos en el mínimo reino recién descubierto.

Residencia en la tierra
Débil del alma
El día de los desventurados,
el día pálido se asoma con un desgarrador olor frío,
con sus fuerzas en gris, sin cascabeles,
goteando el alba por todas partes:
es un naufragio en el vacío, con un alrededor de llanto.
Porque se fue de tantos sitios la sombra húmeda,
callada, de tantas cavilaciones en vano,
de tantos parajes terrestres en donde debió ocupar hasta el designio de las raíces,
de tanta forma aguda que se defendía.
Yo lloro en medio de lo invadido,
entre lo confuso, entre el sabor creciente,
poniendo el oído en la pura circulación, en el aumento,
cediendo sin rumbo el paso a lo que arriba,
a lo que surge vestido de cadenas y claveles.
Yo sueño, sobrellevando mis vestigios morales.
Nada hay de precipitado, ni de sangre, ni de forma orgullosa,
todo aparece haciéndose con evidente pobreza,
la luz de la tierra sale de sus párpados no como la campanada,
sino más bien como las lágrimas: el tejido del día,
su lienzo débil, sirve para una venda de enfermos,
sirve para hacer señas en una despedida,
detrás de la ausencia; es el color que sólo quiere reemplazar,
cubrir, tragar, vencer, hacer distancias.
Estoy solo entre materias desvencijadas, la lluvia cae sobre mí,
y se me parece, se me parece con su desvarío,
solitaria en el en el mundo muerto,
rechazada al caer, y sin forma obstinada.

Los versos del capitán


La Reina
Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, mas altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay mas bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal,
nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.
Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo,
sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo.
Sólo tú y yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos.