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“Año de la Universalización de la Salud”

SEMINARIO TEOLÓGICO DE LA IGLESIA DIOS DE

LA PROFECIA

TRABAJO

CURSO : Realidad Nacional y Globalización.

DOCENTE : Antropologo David Ortiz Muñoz.


PRESENTADO POR: Gisella Olinda Rosales Manrique.

Chimbote-Perú

a
RESUMEN
I.-SOBRE REALIDAD NACIONAL Y LA GLOBALIZACION.
En el Perú, la globalización se tiene como un proceso de liberalización de
movimientos de capitales económicos, bienes y servicios.
Desde inicio de los años de 1990 se adoptó el modelo sobre el desarrollo teniendo en
cuenta la competencia que pretende que la actividad económica en el Perú sea
regulada por los mercados.

II.-REALIDAD NACIONAL.
Nuestra Realidad Nacional en la historia republicana, se tiene desde el año 1821, el
cual ha pasado por un sinfín de situaciones en distintos contextos, de tal forma que
nuestro concepto de lo nacional, puede ser único pero complejo, diverso a la vez
cambiante, o significativo pero no inclusivo. Y ello en virtud de una realidad que es
absolutamente heterogénea y que se resiste, por momentos, a aceptar su diversidad y
aprender de sus diferencias. En medio de esas diferencias y esa complejidad es que
debemos entender nuestra realidad política, económica, cultural, social, ética,
constitucional y jurisdiccional, ya que nuestra realidad nacional implica descartar una
mirada monocromática y plana, y enfrentar nuestro contexto objetiva y críticamente,
exigiendo que los distintos sucesos que la historia nos reporta pasen inevitablemente
por un rasero analítico y que vaya a lo profundo de sus orígenes, que tome en cuenta la
realidad que los obliga y que prevea las consecuencias que de ella se derivan.
Nuestra realidad indica que somos un país con una rica tradición cultural y que nuestra
diversidad étnica ha permitido un mayor conocimiento (ancestral) de la naturaleza
humana y de la naturaleza propiamente dicha. Sin embargo, aún no hemos logrado
obtener todo el provecho y beneficio que las culturas originarias nos puedan brindar.
Muy por el contrario, nuestra historia republicana heredó de la colonia un desprecio
injustificado hacia lo indígena y a lo autóctono. Es posible que podamos hallar las
raíces de nuestra fractura con lo pluriétnico y multicultural, a partir de la llegada de los
europeos a nuestras tierras, pues es común denominador que los colonizadores no
llegaron con un credo pacífico y de intercambio mutuo de ideas y de respeto, sino todo
lo contrario. La imposición de ideas y el combate agresivo de los conquistadores, tuvo
por idea principal aplastar todo vestigio de conocimiento y creencia que tuvieran todos
aquellos que no compartían su fe o su concepción del mundo. Es por ello que durante
los tres siglos que duró el colonialismo, el indio fue postergado y rebajado, sin ninguna
justificación, por el solo hecho de ser nativo. Esta degeneración del otro y su falta de
reconocimiento se pasaron sin miramientos a la República, donde se tuvo que esperar
todavía un largo tiempo para que el indígena de la sierra o de la Amazonía peruana,
pueda obtener derechos y libertades, porque sus obligaciones siempre estuvieron muy
bien reforzadas, claras y definidas. Ahora bien, si durante más de tres siglos
condenamos a un grupo de personas por el hecho de ser distintos a esa minoría blanca
que se impuso en una tierra distinta a la de ellos (por ejemplo los europeos venían de
sociedades mayormente homogéneas y con tendencia a excluir), es necesario corregir
ello a partir de políticas diversas que permitan comprender a la ciudadanía de la
convergencia que podemos tener entre todos nosotros, a partir justamente de nuestras
a
diferencias. Nuestra diversidad no encontrará mayor riqueza si valoramos la sabiduría
de los pueblos originarios, su arte y sus formas de vida. Por lo mismo, hay que
comprender que la civilización no pasa solo por manejar aparatos electrónicos o
figurar en las redes sociales. La civilización, no pasa necesariamente, pos ostentar
éxito y notoriedad, sino que la civilización pasa por todo lo que podemos aprender y
convivir entre aquellos que nos llamamos diversos y diferentes, enmarcado en un
contexto democrático.
III.- QUIENES SON LOS NEOPENTECOSTALES.

En la década de 1960 los neopentecostales en Estados Unidos fueron


identificados como personas con mentalidad pentecostal que no abandonaron las
denominaciones evangélicas y en las que promovieron una renovación espiritual.
Algunos teólogos e historiadores estadounidenses que subrayan la continuidad
neopentecostales-carismáticos prefieren este último término para referirse al
movimiento. En general, entre los rasgos doctrinales distintivos de los
neopentecostales se señalaba que reconocían la autoridad de la Biblia, adoptaban
posturas como la actitud evangélica, el renovacionismo, cierto ecumenismo, y
buscaban la unidad de la experiencia carismática a través de las fronteras
denominacionales.

IV.- LA HISTORIA POLITICA DE LOS EVANGELICOS.


El crecimiento de las iglesias evangélicas en Latinoamérica, en particular las
pentecostales, constituye uno de los tópicos más interesantes e innovadores en lo que
respecta al estudio de los fenómenos religiosos. Su explosión demográfica, que en la
mayoría de los países del cono sur sitúa al movimiento evangélico como la primera
minoría religiosa y en ascenso, ha reconfigurado las relaciones al interior del campo
religioso, en la medida en que ha sido acompañada por un aumento de su visibilidad y
capacidad de acción en los diferentes estratos del espacio público latinoamericano. En
las últimas tres décadas diversas investigaciones han constatado la proyección de las
comunidades evangélicas en la vida política, social y cultural de los países
latinoamericanos, no sólo a partir de la expansión de sus estrategias proselitistas en el
espacio público y en los medios masivos de comunicación, sino también por
intermedio de pronunciamientos e intervenciones en cuestiones políticas, sea
defendiendo sus intereses en tanto comunidad minoritaria o bien
participando en diversos proyectos políticos.

V.- LA POSMODERNIDAD Y SU EFECTO EN LAS IGLESIAS:


La creciente pluralidad religiosa, nos desafía con su avasalladora hambre por lo
trascendente, pero también con su avidez de pervertir y convertir al cristianismo, y a la
religión en general en un exclusivismo religioso. Lo cual, no sólo es alarmante, sino
que nos alerta, para que en la búsqueda de ser pertinentes y relevantes, no convirtamos
al cristianismo, en una religión a la carta, superfluo y vano. Quedan todavía algunos
efectos por analizar, tales como la pertinencia de los sistemas de gobierno
eclesiásticos, las estrategias y métodos a utilizar para alcanzar al hombre posmoderno,
a
y la participación en la vida social del cristiano de hoy. Sin embargo, quiero enlistar
una serie de principios que sin ser absolutos sí son útiles para las iglesias evangélicas
latinoamericanas en su ser y quehacer en el día de hoy: 1. Un principio sociológico: la
Posmodernidad nos ha dejado en claro que es imposible ser iglesia sin atención al
contexto La Biblia ha de ser entendida en su contexto, pero también vivida en un
contexto particular. Las iglesias evangélicas no pueden seguir pretendiendo “escapar”
del mundo, como si esto las hiciera mas “santas”. Todo lo contrario, es en ese contexto
en que las iglesias están insertas, en que su vida y misión toma relevancia y
pertinencia. Es verdad, que el mundo sigue representando ese lugar de tinieblas,
pecado, y rechazo del Dios Verdadero, pero, ¿no es acaso este el campo “fértil” en el
que el Señor las ha dejado para ser sal y luz? No se puede seguir visualizando al
“mundo” como enemigo del cual hay que escapar. Todo lo contrario, hemos de verlo,
como ese lugar, que está repleto de hombres y mujeres necesitados urgentemente del el
amor, la paz, y la justicia de Jesucristo. Hacer caso omiso, es condenarse a un
aislacionismo y eclesiocentrismo lastimero y a un lastre que históricamente ha dañado
a las iglesias evangélicas. Teología y cultura 7 (agosto 2007) 123 2. Un principio
religioso: La Posmodernidad nos ha dejado en claro que es impostergable el replantear
una nueva eclesiología y misiología Esas profundas diferencias que en otro tiempo se
señalaban como insuperables entre las diferentes denominaciones, hoy, existen cada
vez menos y están cerca de extinguirse por completo. El dialogo religioso y
confesional es ineludible. Esto significa, que es inoperable que las iglesias sigan
amoldadas a sus odres viejos y caducos. Ya no podemos seguir “haciendo iglesia”
como llaneros solitarios, como si sólo nosotros existiéramos en el planeta tierra. Este
es el tiempo de la cooperación, que no sólo trasciende barreras denominacionales, sino
también raciales, de idioma y de liturgia. La manera de ser y hacer iglesia, se ha
revolucionado de tal manera que es inaplazable hacer los “ajustes” necesarios a esas
eclesiologías y misiologías de importación, que sin relación con el contexto latino
fueron implantadas y aun más ensalzadas como la “única” manera de ser y hacer
iglesia. Toca ahora a las iglesias evangélicas, hacer una reflexión propia para llegar a
una “nueva eclesiología y misiología” que sin perder las bases bíblicas, sí pueda ser
representativa de esta parte del mundo tan diferente a otros lares del planeta. 3. Un
principio espiritual: La Posmodernidad nos ha dejado en claro que es insustituible una
espiritualidad pagana y/o demoninacional por la espiritualidad bíblica La nueva
configuración religiosa del presente tiempo, es todo un reto especialmente para esta
región latinoamericana que se caracteriza por tener una herencia religiosa ancestral
ajena al Dios a quien adoramos, y que ha sido y seguirá siendo campo fértil para casi
cualquier movimiento religioso. La confusión actual entre hambre y perversión por lo
espiritual, es cada vez mas es notorio en el entorno latino. Esto ha permeado
especialmente en los movimientos pentecostales y carismáticos, visualizándose un
sincretismo, o el llamado cristiano-paganismo. A la vez, es notable que las llamadas
denominaciones históricas, sigan soslayando “su liturgia” como si ésta fuera latina y
bíblica, negando así no sólo las enseñanzas de la misma, sino alejándose del contexto
que les rodea. Todo esto, nos alerta a hacer una reflexión profunda y seria de las
Escrituras, para encontrar en ella, el significado pleno de la espiritualidad que el Señor
desea del ser humano en el contexto particular en que vive y se desarrolla. Es menester
entonces, dejar a un lado los modelos de espiritualidad de importación que no sólo
históricamente han tenido como satánico todo lo que huela a cultura latina, sino que
han sido exaltados como los únicos e inequívocos, lo que a la postre ha provocado
a
división, incredulidad y sospecha. 4. Un principio ministerial: La Posmodernidad nos
ha dejado en claro que es importantísimo formar un nuevo tipo de líder En una cultura
dominada por el consumismo, hedonismo, lo acelerado, lo instantáneo, etc,. Se
requiere de hombres y mujeres que tengan de Dios la imaginación, sabiduría, y la
inteligencia suficiente no sólo para conocer su Biblia y la teología, sino para que de
manera creativa traigan al “aquí y al ahora” el mensaje de Dios. El modus operandis de
los teólogos no puede seguir igual que en otros tiempos. Significa entonces que las
teorías, las ideas, los sueños, han de ser traídos y probados en la realidad en que
vivimos. No podemos seguir formando a líderes que como dijera John A. Mackay: son
teólogos del balcón. Cuando deberíamos bajarnos de él, y ser como el apóstol Pablo,
teólogos del camino, de la vida diaria. José Pacheco, “La posmodernidad y su efecto
en las iglesias evangélicas...”. Un principio escriturario: la Posmodernidad nos ha
dejado en claro que es implacable con aquellos que la ignoran o la ensalzan ¿Qué
sucederá con todas aquellas iglesias evangélicas que en vez de ver en este fenómeno
una oportunidad para ser de influencia con su mensaje celestial, lo ven con miedo,
sospechoso y peligroso, lo cual les motiva a encerrarse en su “propio mundo”?
¿Estarán destinadas a desaparecer aquellas denominaciones que ignoran esta nueva
lectura de la realidad? ¿Aprovecharemos fielmente este tiempo como una oportunidad
de Dios, para más que nunca hacer pertinente y relevante Su mensaje de salvación?
¿Qué peligros corren aquellas iglesias que en el afán de contextualizarse diluyan el
significado y sentido de ser cristiano? La Posmodernidad ha llegado para quedarse por
mucho tiempo, ignorarla, es el principio de nuestro fin. Que aunque esto no significa
necesariamente la extinción total de las denominaciones históricas, sí, implicará una
pérdida casi absoluta de la razón de ser iglesia. A la vez, visualizar a la Posmodernidad
como “amiga” del cristianismo, no sólo es peligroso, sino es un error que nos puede
costar muy caro. Más que nunca, no podemos pasar por alto, el anhelo expresado en la
oración de Jesús, cuando dijo: Padre, no te pido que los saques del mundo sino que los
guardes del mal. Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad (Jn. 17:15,17).