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“¿Cómo puedo serle fiel a Dios?


Esta pregunta se la han hecho muchas personas desde tiempos antiguos. Incluso Pablo, quien tuvo un
encuentro único con Jesús, en un punto de su vida se dio cuenta que le resultaba difícil dejar de pecar y ser
fiel a Dios en un 100 %. En su carta a los Romanos escribió:

«Realmente no me entiendo a mí mismo, porque quiero hacer lo que es correcto


pero no lo hago. En cambio, hago lo que odio. Pero si yo sé que lo que hago está
mal, eso demuestra que estoy de acuerdo con que la ley es buena. Entonces no soy
yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí. Yo sé que en mí, es
decir, en mi naturaleza pecaminosa no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es
correcto, pero no puedo. Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero
hacer lo que está mal, pero igual lo hago. Ahora, si hago lo que no quiero hacer,
realmente no soy yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí. He
descubierto el siguiente principio de vida: que cuando quiero hacer lo que es
correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal. Amo la ley de Dios con todo mi
corazón, pero hay otro poder dentro de mí que está en guerra con mi mente. Ese
poder me esclaviza al pecado que todavía está dentro de mí. ¡Soy un pobre
desgraciado! ¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte?
¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor…» (Romanos 7:15-
25 NTV)
Pablo es muy honesto cuando habla sobre sus luchas internas, pero por medio de su reflexión llega a la
solución ante este problema. En el versículo 25 afirma que «la respuesta está en Jesucristo nuestro Señor»;
es decir, si queremos ser fieles a Dios, la única forma de hacerlo es acercándonos más a Él. Por más que
tengamos la buena intención de serle leales, si Él no está en nuestras vidas, en algún punto nos dejaremos
guiar por nuestros deseos y haremos algo que le desagrada. Es por esta razón que la mejor opción que
tenemos para ser fieles a Dios es teniendo una relación cercana y personal con Él.

Pablo es muy honesto cuando habla sobre sus luchas internas, pero por medio de su reflexión llega a la
solución ante este problema. En el versículo 25 afirma que «la respuesta está en Jesucristo nuestro Señor»;
es decir, si queremos ser fieles a Dios, la única forma de hacerlo es acercándonos más a Él. Por más que
tengamos la buena intención de serle leales, si Él no está en nuestras vidas, en algún punto nos dejaremos
guiar por nuestros deseos y haremos algo que le desagrada. Es por esta razón que la mejor opción que
tenemos para ser fieles a Dios es teniendo una relación cercana y personal con Él.

Para lograrlo podemos comenzar por leer la Biblia y estudiarla a fondo. Esto es con el fin de conocer qué
promesas tenemos para nuestras vidas y también no dejarnos guiar por las mentiras que otros pueden
decirnos. Lo otro que debemos hacer es orar en todo momento. El propósito de la oración no es el de pedir
para nuestra conveniencia, sino para examinar nuestros propios corazones y permitir que Dios haga su
voluntad en nuestras vidas. Además de leer la Biblia y orar, debemos buscar el apoyo de personas que
compartan nuestra fe. Rodearnos de buena influencia nos ayudará a mantenernos enfocados en Dios y no
desviar nuestra mirada a cosas que no valen la pena

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para
radio cristiana CVCLAVOZ.