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El cielo, la realización humana absoluta

Leonardo BOFF*

Ante el cielo deberíamos callar. Estamos ante la sos espacios vacíos del cosmos, sino que alcanzó su
absoluta realización humana. Ya no nos encontra- plenitud completa y logró el punto más alto que po-
mos en el umbral sino dentro de la casa del amor y damos imaginar de penetración en el misterio de
en la patria de la identidad. Todo cuanto el hombre Dios.
soñó, todo lo que sus utopías le proyectaron, todo lo
que estaba escondido en su naturaleza y que se re- El cielo no es la parte invisible del mundo. Es el
torcía por salir a la luz, ahora brota y florece. El mismo mundo, pero en su modo de completa per-
«homo absconditus» emerge al fin totalmente como fección e inserto en el misterio de la convivencia di-
«homo revelatus». Lo aún no experimentado y siem- vina. Como veremos mejor más adelante, el cielo no
pre anhelado, lo aún no encontrado y siempre bus- es un lugar hacia el que vamos, sino la situación de
cado, el descanso permanente en el grado más alto cuantos se encuentran en el amor de Dios y de
de concentración de todas las actividades, la identi- Cristo. Por eso el cielo ya está aconteciendo aquí en
dad última consigo mismo en unión con el Misterio la tierra (cfr. Lc 10,10; Flp 4,3; Ap 20,15). Su pleni-
inefable de Dios y la presencia íntima a todas las tud, con todo, todavía está por venir.
cosas sin residuo alguno de alineación: todo ello ha
llegado por fin a su máxima convergencia. San Pa-
blo, a quien le fue concedido vislumbrar la absoluta 2. EL CIELO ES PROFUNDAMENTE HUMANO
realización humana, habla el lenguaje del silencio:
«Lo que nunca ojo vio ni oído oyó, ni jamás penetró Si hemos dicho que el cielo consiste en la con-
en el corazón del hombre, es lo que Dios ha prepa- vergencia de todos los dinamismos del hombre que
rado para los que lo aman» (1Cor 2,9). El cielo es la claman por su absoluta realización, deberemos en-
realización del principio-esperanza del hombre, del tonces afirmar igualmente que el cielo es profun-
que hemos hablado varias veces en nuestras re- damente humano. El cielo realiza al hombre en to-
flexiones. El cielo es la convergencia final y comple- das sus dimensiones: la dimensión orientada al
ta de todos los deseos de ascensión, realización y mundo en cuanto presencia e intimidad fraterna
plenitud del hombre en Dios. con todas las cosas, la dimensión orientada al otro
en cuanto comunión y hermanación perfectas y la
dimensión orientada a Dios en cuanto unión filial y
1. ¿POR QUÉ PRECISAMENTE CIELO? acceso definitivo a un encuentro último con el
amor. Todo esto en la tierra lo podemos soñar y
¿Por qué los hombres han llamado a la absoluta suspirar por ello, pero nunca lo vemos realizado en
realización humana cielo? Cielo significa el firma- manera permanente y duradera.
mento casi infinito que está sobre nuestras cabezas.
Las religiones uránicas de los cazadores y de los La vida es dialéctica: la violencia campea al lado
nómadas, que tematizaron profundamente la expe- de la bondad, el amor se ve amenazado por el odio y
riencia de la grandiosidad del cielo y del sol, veían por la envidia, nuestra comprensión de las cosas y
en ello el símbolo de la realidad divina. El cielo es el de los hombres es opaca y se extravía en exteriori-
«lugar» donde Dios mora. «Allá arriba», el cielo, no dades. El bien y el mal son ingredientes de toda si-
debe entenderse localmente, sino como la pura tuación y nunca pueden ser vencidos radicalmente.
transcendencia, es decir, como aquella dimensión La realidad es conflictiva a todos los niveles, desde
de la realidad que se nos escapa infinitamente como el biológico hasta el espiritual. Y ese conflicto no
se nos escapan las distancias inconmensurables del puede ser conjurado, a lo sumo puede ser elevado
cielo-firmamento. Cielo es aquella realidad ultrate- de un nivel a otro. El hombre se siente extraño ante
rrestre que constituye la atmósfera de Dios, infinita, sí mismo. El hombre y la mujer buscan insaciable-
plena y sumamente realizadora de todo cuanto el mente ser una única carne en el amor. Y sin em-
hombre puede soñar y aspirar de grande, de bello, bargo permanecen la separación y la soledad insu-
de reconciliador y de plenificante. La palabra cielo perable.
quiere simbolizar la absoluta realización del hombre
en cuanto sacia su sed de infinito. El cielo es sim- Con gran esfuerzo se logran algunas síntesis en
plemente sinónimo de Dios y, para el Nuevo Testa- las que los opuestos y las realidades negativas se
mento, de Jesucristo Resucitado. Por su ascensión equilibran en un grado soportable con las positivas,
al cielo no penetró en las estrellas o en los inmen- pero el esfuerzo es penoso y el equilibrio que de él
2 EL CIELO, LA REALIZACIÓN HUMANA ABSOLUTA

surge es frágil y peligroso. Y sin embargo, el hombre transparencia de uno para con otro en la comunión
sigue soñando, hoy como ayer; sigue soñando en la íntima de la vida a todos los niveles.
reconciliación de todo con todo, en la revelación del
sentido latente y último de todas las cosas, en la El encuentro nunca se da por acabado; siempre
paz y el descanso y en la armonía de todas las acti- está abierto a un más y puede crecer indefinida-
vidades. Y la fe nos dice optimista: merece la pena mente. Cuando Dios es el término del encuentro del
esperar porque no estamos condenados a soñar hombre, entonces ya no tiene fin; se implanta en
utopías ni a percibir meros espejismos. Creamos ese encuentro una fuerza que no se agota ni queda
utopías y entrevemos espejismos porque está en no- limitada sino que se va abriendo a dimensiones ca-
sotros la semilla de la esperanza y porque el cielo ya da vez más nuevas y diversas del multiforme miste-
ha comenzado en el interior de este mundo. Vamos rio del Amor.
gozando ya de antemano y en pequeñas dosis las
fuerzas del mundo futuro (cfr. Hb 6,5). Nos gustaría
que irrumpiese inmediatamente. Con impaciente 3. EL CIELO COMO PATRIA Y HOGAR DE LA IDENTIDAD
paciencia y con temblor aguardamos y suspiramos.
Tampoco somos aún perfectamente hombres; nos Si el cielo consiste en la confluencia de todos los
vamos hominizando lentamente. Como decía San dinamismos latentes en el mundo que entonces
Ignacio de Antioquía en el s. II († 107): «cuando lle- afloran plenamente en Dios, no deberemos repre-
gue allá (al cielo), entonces seré hombre» («A los sentarnos ese aflorar como un acto de magia divina
Romanos», 6,2). Sólo en el cielo seremos hombres que crease un nuevo cielo y una tierra nueva. Dios
tal como Dios nos quiso desde toda la eternidad, no crea otra realidad; hace nueva la vieja. Y la hace
como imagen y semejanza perfecta de él (Gn 1,26). nueva llevando a su plenitud y conduciendo a su
meta todo lo que está depositado como virtualidad
Si el cielo es profundamente humano, será un en el interior de la historia del mundo y en la de ca-
encuentro radical. Bien entendida, esta categoría da persona. Nuestros propios esfuerzos de creci-
podría hacernos vislumbrar, mejor que cualquier miento no se perderán. Con ellos vamos dándole
otra imagen, la realidad plenificante y dinámica del una forma concreta, aunque imperfecta, al cielo fu-
cielo. turo. Pero serán reasumidos por Dios que los hará
desembocar en su objetivo final. Quizás un ejemplo
Encuentro significa la capacidad de ser en los tomado de la banalidad de la vida podrá concretar
otros sin perder la propia identidad. El encuentro lo que queremos decir.
supone el vigor de aceptar lo diferente como diferen-
te, de acogerlo y de dejarse enriquecer por ello. Conocemos el ojo y su capacidad de visión. Esa
capacidad se ejercita dentro de una escala muy va-
Rompemos el mundo de nuestro yo y damos a la riada de posibilidades. El recién nacido puede ver
sorpresa, a la aventura y hasta al riesgo. Todo en- poco; lentamente su órgano se va perfilando: distin-
cuentro es un riesgo porque en él se produce una gue objetos, diferencia las personas y poquito a po-
apertura a lo imprevisible y la libertad. Donde hay co va percibiendo las distancias. A medida que el
libertad todo es posible, el cielo y el infierno. El cielo hombre crece va desarrollando su capacidad de vi-
en cuanto encuentro quiere decir que el hombre, en sión: percibe la multiplicidad de los colores, acumu-
la medida en que se abre cada vez más hacia nue- la experiencias y diferencia con penetración crecien-
vos horizontes divinos y humanos, se encuentra te los objetos. Puede desarrollar su visión hasta el
también más consigo mismo y constituye, junto con punto de transcender el mero ver físico de las cosas:
aquel a quien ha encontrado, una comunión vital. capta los símbolos y ve realidades y valores espiri-
tuales representados por ellos. El artista capta los
Paradigmas del encuentro son la amistad y el matices, detecta formas secretas, ve el mensaje de
amor. Cuanto más se diferencie uno de otra perso- las piedras y acoge el lenguaje luminoso de los cie-
na tanto más será enriquecido por ella. Encontrarse los.
es poder percibir la unidad y la comunión en la di-
ferencia; no lo es el convertir a todos en iguales o en La vista puede volverse tan aguda que gracias a
homogéneos. Eso haría infeliz al mundo y convertir- ella podemos captar el alma de las personas, sus
ía al cielo en una eterna monotonía. Un amigo sabe sentimientos y secretos. A pesar de toda esta gama
acerca del otro; ambos se comprenden y permiten de posibilidades nuestra visión puede todavía des-
que uno participe de la vida y del destino del otro. arrollarse indefinidamente.
Sólo quien entiende de amistad puede comprender
la profundidad de las palabras que Juan le hace de- El cielo es la total realización de las posibilidades
cir a Jesús: «Os he llamado amigos porque todo lo de ver, no la superficie de las cosas, sino su co-
que oí de mi Padre os lo he comunicado» (Jn 15,15). razón. El cielo es la fiesta de los ojos hasta el punto
La amistad que crece hasta el amor es la total que la visión del ojo terreno puede ser considerada
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como una forma de ver a través de un espejo y con-


fusamente (cfr. 1Cor 13,12), cuando se la compara Las nupcias profundizan el sentido del banque-
con el tipo de visión en situación de cielo. Eso es lo te. Las nupcias no celebran el acto biológico de la
significado cuando decimos que el cielo es la con- simpatía sexual sino el acto humano de la mutua
vergencia de todas las posibilidades y dinamismos entrega en el amor. En las nupcias se festeja la ge-
del mundo y del hombre, que es la patria y el hogar nerosidad benevolente de la existencia que se extas-
de la identidad en donde todas las cosas se encuen- ía en la experiencia del amor humano como fusión
tran consigo mismas en su última profundidad y vigorosa entre instinto y espíritu, entre materia y
realización. consciencia. «La materia recibe el resplandor y la
claridad de la luminosidad del espíritu que penetra
No se debe contraponer el cielo a este mundo. e ilumina su peso; el espíritu adquiere profundidad,
Hay que contemplarlo como plenitud de este mun- calor maternal y fuerza de lo terreno y corporal que
do, libre ya de todo cuanto lo limita y hiere, lo divi- se le une» (Ratzinger). El banquete nupcial nos pue-
de y ata. Jesucristo resucitado nos da una idea de de dejar entrever la realidad del cielo.
lo que puede ser el cielo: en él todo transparenta y
refleja, nada de cuanto sea humano queda margi- Y con todo, el banquete nupcial no existe de ma-
nado sino que es asumido y plenificado: su cuerpo, nera perfecta. La alegre belleza del banquete no nos
sus palabras, su presencia, su capacidad de comu- permite olvidar la mesa triste del pobre hambriento.
nicación. Libre ya de todo lo que le limitaba a las El banquete puede degenerar en orgía. Las nupcias
coordenadas de este mundo espacio-temporal, está no suprimen lo terriblemente cotidiano y la mono-
ahora situado en el corazón del mundo y del hom- tonía de cada día. El instinto puede prevalecer so-
bre, uniendo y amando todo. Está en situación de bre el espíritu y la voluntad puede aplastar el amor.
cielo porque ya ha alcanzado el término de toda la El cielo son las nupcias sin amenazas, el banquete
creación. en el gozo sonriente de la comunión fraterna sin las
limitaciones que la historia terrena nos impone.

4. LAS IMÁGENES BÍBLICAS DE! CIELO • El cielo como visión beatífica. En su condición
terrena el hombre no puede ver a Dios (cfr. Ex
Sobre la realidad del cielo no podemos hablar 33,20). Sólo por la fe ve sus signos en el mundo. En
con un lenguaje propio. Nuestro lenguaje es siem- el cielo veremos a Dios a rostro descubierto (2Cor
pre ambiguo y refleja el mundo en el que vivimos. 3,18). No debemos imaginar ese ver a Dios estáti-
Ante el cielo deberíamos callar: es lo inefable. Pero camente; no son los ojos los que ven más en el
como no somos piedras hablamos, aunque nuestro hombre. Ver supone conocer, sentir y manifestarse
modo de hablar sea siempre figurado y simbólico. inmediatamente sin ningún tipo de mediación des-
personalizadora. Ver es amar en profundidad.
La Biblia describe el cielo con innumerables fi- «Cuando te digo que te quiero ver, entiendes que te
guras sacadas todas ellas de un contexto humano, amo muchísimo».
así como: reino de Dios, vida eterna, paz, alegría,
casa paterna, día sin ocaso, gloria celestial, banque- Cuando el hijo distante regresa a su patria, va a
te celestial, banquete nupcial satisfacción sin tedio, ver a su madre. No la ve escrutador; la ve amando.
visión beatífica, luz, armonía, etc. Queremos desta- Está en la casa materna, en la atmósfera en la que
car el contenido simbólico de algunas de estas imá- todas las cosas se reconcilian, donde existe el
genes: perdón y la aceptación y donde el mal se integra y el
bien invade la atmósfera de comunión. Cuando al-
• El cielo como banquete nupcial. En esta expre- guien ve a la persona que ama, no la ve con los
sión de banquete nupcial se configuran los dos ins- ojos; participa totalmente del estar juntos, del abra-
tintos fundamentales del hombre: el instinto de nu- zo, de la intimidad, de los intereses y de las preocu-
trición y el instinto sexual. Mediante el banquete el paciones. El cielo consiste en la máxima potencia-
hombre eleva su instinto meramente animal de co- ción de esta experiencia que ya hacemos aquí en la
mer (matar el hambre) al nivel espiritual y humano tierra aunque de forma deficiente.
de hacer un banquete. El banquete representa la
comunión amistosa de los hombres entre sí, que go- • El cielo como vida eterna. Tal vez sea ésta la
zan juntos de la bondad de las cosas. En el banque- expresión más usada en la Biblia para designar el
te parece que la vida se reconcilia: de hostil y dura cielo (Mt 19,16.29; 25,46; Jn 3,16; 6,27; 10,28;
se transforma en alegre «a manos llenas, con el ges- 17,3; Rom 2,7; 6,22; Gal 6,8; Tit 1,2; 3,7; 1Jn 2,25).
to del regalo generoso de la alegría imperturbable» La vida es el don por excelencia experimentado por
(Ratzinger). El banquete se inscribe en el mundo de el hombre. Existe un milagro permanente y que es
la fiesta en la que consciente o inconscientemente el mayor de todos: ¡Yo existo! Nada postula mi exis-
decimos: ¡Bienvenido sea todo! tencia; no he escogido el vivir; y sin embargo existo.
4 EL CIELO, LA REALIZACIÓN HUMANA ABSOLUTA

Vivir es pura gratuidad pues no repugna en absolu- sentarse sobre mi trono y yo y mi Padre nos senta-
to que yo no exista. La vida que vivimos es precaria, remos en su trono» (Ap 3,21). Mayor intimidad e in-
constantemente amenazada; una gota de agua tercambio de amor no se puede imaginar. El poder
podría ahogarla. Y sin embargo la protegemos cui- divino se hace debilidad en la creatura para elevarla
dadosamente y la amamos con ardor. El sueño del por la fuerza del amor.
hombre es poder ser eterno.
«Al que venciere le daré del maná escondido y le
La eternidad no consiste en prolongar el tipo de entregaré una piedra blanca. En ella está escrito el
vida que vivimos indefinidamente, envejeciendo ca- nombre nuevo que ninguno conoce sino aquél que
da vez más. Quizás el infierno podría consistir en el lo recibe» (Ap 2,17). La imagen de la piedra blanca
eternizar la vida que poseemos y que va, impertur- con el nombre grabado en ella está sacada del
bablemente, desgastándose cada vez más. Anhela- mundo del deporte griego. El vencedor en los juegos
mos una vida de eterna juventud, una vida sin en- recibía su nombre escrito sobre una tablilla blanca.
vejecimiento y sin muerte. Queremos una vida ple- En el cielo cada uno recibe el nombre que corres-
na. ponde a su misterio. Su última radicalidad sólo la
puede penetrar Dios; ni el amigo, ni el esposo o la
La eternidad pretende ser expresión, no de un esposa, ni quizá nosotros mismos podemos. En el
tiempo indefinido, sino de la plenitud y de la abso- cielo, Dios en persona revelará el hombre al hombre
luta perfección de un ser. Por eso la eternidad es la mismo; nos llamará con el nombre que nos hace vi-
manera de ser propia de Dios. El cielo consiste en brar hasta los últimos escondrijos de nuestro ser.
poder vivir la vida de Dios, que en consecuencia Será el nombre de su amor hacia nosotros. Oiremos
será una vida perfecta, plena y totalmente realizada. la Palabra que Dios eternamente pronunció cuando
nos llamó, eternamente, a la existencia.
• El cielo como victoria. Es otra figura que apare-
ce con frecuencia en la Sagrada Escritura. Hoy • El cielo como reconciliación total. El cielo signifi-
quizás hablaríamos de realización. Pablo dice: «Co- ca la realización de las utopías humanas. En primer
rred de modo que alcancéis el premio. Los que com- lugar la reconciliación del hombre consigo mismo,
piten se abstienen de muchas cosas. Ellos lo hacen la reconciliación del consciente con el inconsciente,
por una gloria pasajera, pero nosotros por algo im- de la arqueología del saber que transportamos en
perecedero» (1Cor 9,25). El que vencía en los juegos nuestro interior con las estructuras generadoras del
olímpicos era coronado y festejado en su tierra na- consciente, reconciliación de las sombras con las
tal, como sucede hoy con los héroes del deporte. luces de nuestra personalidad, en una síntesis su-
Eso para los antiguos era el símbolo del cielo, en perior indefectible. A continuación se dará también
cuanto victoria y máxima realización del hombre la reconciliación del hombre con el cosmos y del
después de duros combates. cosmos consigo mismo.

La vida es corno una competición lúdica. Cada El Antiguo Testamento habla en un lenguaje
uno da de sí lo que puede. El que luche seriamente utópico cuando dice: «El lobo será huésped del cor-
vencerá. Santiago nos consuela: «Feliz del que dero, la pantera se echará al pie del cabrito, el toro
aguanta la prueba, porque, una vez probado, reci- y el león pastarán juntos y un niño los conducirá.
birá la corona de la vida que Dios ha prometido a La vaca y el oso confraternizarán, sus crías repo-
los que lo aman» (1,12). sarán juntas y el león comerá paja como el buey. El
niño de pecho jugará junto a la hura de la víbora y
San Juan en su Apocalipsis desarrolla el tema el pequeño meterá la mano en la cueva del escor-
de la victoria: «el vencedor no sufrirá la segunda pión» (Is 11,6-9). El Apocalipsis (21) promete un cie-
muerte» (2,11). Le será entregado el poder y recibirá lo nuevo y una tierra nueva donde ya no habrá
en galardón el lucero de la mañana (2,26). El lucero muerte, ni luto, ni clamor, ni dolor, porque todo eso
de la mañana puede aludir a Jesucristo mismo ya ha acabado (21,4). En la ciudad de Dios no
(22,16) o bien ser una metáfora que indique que el habrá necesidad de sol ni de luna porque la gloria
vencedor recibirá poder y gloria en el nuevo día del de Dios la iluminará (21,23).
mundo de Dios y de Jesucristo. Más adelante se di-
ce: «El que venciere será vestido de blancas vestidu- Detrás de semejantes utopías está la fuerza del
ras y jamás borraré su nombre del libro de la vida, y principio-esperanza. En el cielo esa utopía se trans-
yo confesaré su nombre ante mi Padre y ante sus formará en topía, preanunciada ya en la predicación
ángeles» (Ap 3,5). La vestidura blanca significa el de Jesús acerca del Reino de los cielos y manifesta-
cuerpo resucitado. Cristo en persona introducirá al da como posible por su resurrección. La afirmación
vencedor en su comunión con el Padre. Esa intimi- de que «Jesús vino a mostrarnos el cielo» resume en
dad queda expresada de manera todavía más pro- una fórmula, quizá ya gastada y sin gran vigor vital,
funda cuando San Juan dice: «Al vencedor lo haré el verdadero sentido de Cristo. Él vino no sólo para
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indicarnos cómo ha de ser la existencia humana si- Cuando amamos a una persona, amamos algo
no también para decirnos cuál es la meta de la vida más que una persona; amamos el secreto que ella
(el cielo) y cómo debemos y podemos alcanzarla. En oculta y revela. Por eso todo verdadero amor trans-
el cielo se dará la reconciliación de todo; esto quiere ciende a la persona amada. La persona es el puente
decir que todas las cosas serán transparentes unas hacia el secreto que encarna pero que simultánea-
respecto a las otras; ya no serán obstáculos a la re- mente la sobrepasa. El amor sólo es feliz cuando
velación de Dios; serán como auténticos espejos que hace que dos que se aman caminen juntos en la
reflejarán desde ángulos diversos el mismo rostro misma dirección indicada por el amor: entonces
afable y amoroso de Dios. Todo será como una ad- caminan hacia Dios como el inefable secreto latente
mirable sinfonía en la que la diversidad de tonos y en cada cosa que nos rodea. El cielo consiste en que
de notas se articulará en una música divina e inde- amemos a Dios en cada cosa. «Amad a los animales,
ciblemente armoniosa. amad a las plantas, amadlo todo. Si amáis cada co-
sa, comprenderéis el misterio de Dios en las cosas»,
enseñaba Dostoyewski en los «Hermanos Karama-
5. EL CIELO EN CUANTO DIOS: TODO EN TODAS LAS zov». Entonces empezaremos a comprender cómo
COSAS Dios es todo en todas las cosas.

Esta osada expresión proviene de San Pablo


(1Cor 15,28). Con ella no se afirma un panteísmo 7. EN EL CIELO VEREMOS A DIOS TAL COMO ES
que destruya las individualidades hasta el punto de
afirmar que «todo es lo mismo, la piedra, el animal, La situación-de-cielo no está constituida única-
yo, etcétera..., todo es Dios». En la expresión «Dios mente por la potenciación de todo lo que aquí en la
será todo en todas las cosas» la fe pretende dar ex- tierra puede vislumbrar y soñar el hombre; significa
presión a la verdad de que en el cielo veremos cómo también la entrada en un nuevo mundo, en el que
Dios es el principio, el corazón y el fin de cada cosa. Dios constituye la gran novedad. Al justo y santo le
Las cosas seguirán siendo cosas, los hombres se- es concedido gozar en el cielo del proceso divino, de
guirán siendo hombres, pero intuiremos que el sen- cómo el Padre eternamente genera al Hijo y juntos
tido profundo de todos los seres es Dios mismo. Él expiran el Espíritu Santo. Quizás eso constituya la
constituye la luz con la que veremos todo, la fuente felicidad suma: poder ver y contemplar y participar
de la que todo mana y el amor que todo lo sustenta con todas las fibras del ser de la «autogeneración»
y atrae. del mismo Dios.

Cuando alguien nos ama, amamos todo cuanto Todavía más. En Dios podremos ver cómo son
pueda amar la persona amada. La ciudad, las pie- creados y mantenidos en la existencia todos los se-
dras, los paisajes, los colores, las montañas, el mar, res; nos será concedido participar de aquello que
las calles, se relacionan con el ser amado. ¿Qué nos escapa totalmente y que constituye el misterio
hace el amor? Da color a todas las cosas y restituye de todas las ciencias: la irrupción de todas las cosas
la juventud a la naturaleza. Las calles siguen siendo de la nada por el acto creador de Dios. No sólo ve-
calles, el mar sigue siendo mar, la ciudad sigue remos los seres existentes sino también todos los
siendo ciudad, y sin embargo, son diferentes, por- seres posibles que hayan existido, los que existen
que vemos la ciudad, el mar, las calles, penetradas tal vez en otros mundos y existirán en otros planes
por el amor. Pues bien, en el cielo nuestro amor es divinos. Un concilio regional de París en 1528 de-
Dios, y vemos, oímos y sentimos que todo habla y claraba: «A los bienaventurados se les manifiesta
recuerda a Dios; percibimos cómo cada ser, del más por igual el espejo divino en el que resplandece todo
pequeño al más grande, vibra debido a la realidad cuanto les interese» (Mansi 32, 1174).
amorosa de Dios. Percibimos entonces que Dios es
todo en todas las cosas.
8. ¿EN EL CIELO SEREMOS TODOS CRISTO?

6. LA GRANDEZA Y LA ESENCIA DEL MUNDO ES SER La encarnación de la segunda persona de la


PUENTE Santísima Trinidad llevó a cabo una posibilidad ins-
crita en la naturaleza humana. Si Dios se encarnó
Si Dios lo es todo en todas las cosas, entonces es porque el hombre «podía» ser asumido por Dios.
cada ser posee su sentido en cuanto que revela a Jesús es un hombre como nosotros; es nuestro
Dios y apunta hacia él. Todo es puente hacia él. Su hermano. Eso significa que tanto en él como en no-
grandeza y esencia es ser puente, ser precursor de sotros existe la posibilidad de llegar a ser asumidos
la meta que es Dios. por Dios. Nuestra naturaleza espiritual es en conse-
cuencia una estructura capaz de infinito. En la tie-
rra sólo Jesús de Nazaret pudo realizar esa posibili-
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dad pues él fue el Hombre asumido por Dios. Si con por toda la eternidad. El hombre, por ser finito y
anterioridad hemos dicho que en el cielo se reali- creado, no puede, en un solo acto, abarcar las di-
zarán plenamente todas nuestras posibilidades, de- mensiones infinitas del Misterio de Dios o del Dios
beremos consecuentemente concluir que también se del Misterio. Sólo lo alcanza en actos sucesivos. Es-
realizará la de poder ser asumidos por Dios y for- to es así no en razón de nuestra situación terrena
mar con él una unidad inmutable e individual. de peregrinos, sino a causa de nuestro estatuto
creatural. Jamás seremos como Dios pero podremos
Ya en la tierra estamos en Cristo y formamos parecernos cada vez más a él a medida que pene-
con él un único cuerpo. Fuimos creados a imagen y tremos en su Misterio y se nos vaya revelando la
semejanza de Dios y de Cristo. Somos hijos de Dios. profundidad sin límites de su Amor.
En el cielo se revelará en toda su profundidad lo
que esto significaba. A semejanza de Cristo seremos En el cielo se producirá la complejidad de todas
sus hijos muy amados. Dios lo será todo en noso- las paradojas: será un dinamismo en el descanso,
tros, de manera que nos será más íntimo que lo que tranquilidad en la actividad, paz en el movimiento
somos nosotros para con nosotros mismos. Respe- de la novedad, crecimiento sin perder nada del pa-
tando las diferencias de Creador y creaturas, forma- sado. «Allí descansaremos y veremos. Veremos y
remos una unidad última de amor a semejanza de amaremos. Amaremos y alabaremos. Esta es la
la que se da entre Jesús de Nazaret y la Segunda esencia del fin sin fin. Pues ¿qué fin puede sor más
Persona de la Santísima Trinidad. nuestro que el llegar al reino que no tendrá fin?» (S.
Agustín, «De civ. Dei», 30,5).
Esto constituye la vocación definitiva del hombre
y su misterio más profundo. Quedará hasta tal
punto inserto en el misterio del mismo Dios que 10. EL CIELO COMIENZA EN LA TIERRA
nuestra historia será una articulación de la propia
historia de Dios. El significado de estas palabras El cielo no es el fruto de especulaciones difíciles
casi se nos escapa. para la inteligencia y para la fantasía. Es la poten-
ciación de lo que ya experimentamos en la tierra.
Pronunciamos un misterio ante el cual debemos Cada vez que en la tierra hacemos la experiencia del
callar para poder, en el mayor respeto, venerarlo. bien, de la felicidad, de la amistad, de la paz y del
Únicamente balbucimos lo Inefable de Dios y de amor, ya estamos viviendo, de forma precaria pero
nuestra vocación para recogernos de nuevo en el real, la realidad del cielo. En la vida se dan momen-
hogar del Silencio. tos de profunda tranquilidad y transparencia. Como
por encanto las cosas grandes y pequeñas se desta-
can en sus debidas proporciones. Sentimos el mun-
9. SI EL CIELO ES UN DESCANSO... do en una última reconciliación y con un sentido
acogedor. Esos momentos pueden ser fugaces, pero
¿Habrá un crecimiento y una trans-historia en el pueden acontecer. Cuando acontecen, hemos expe-
cielo? La vida junto a Dios ha sido comúnmente rimentado dentro de la tierra el germen de lo que es
presentada como un descanso y como visión beatífi- el cielo. Cada vez que experimentamos algo profun-
ca, representaciones que sugieren la idea de la mo- damente humano hacemos simultáneamente la ex-
notonía y el aburrimiento. El pueblo, como reac- periencia de lo ilimitado, de algo «más» que circunda
ción, ha acuñado un dicho gracioso pero teológica- todas las cosas: es el adviento y la parusía del cielo.
mente muy profundo: «Si el cielo es un descanso, Con razón cantaba el Padre Duval:
prefiero vivir cansado». Con él indicaba que en el
cielo debe haber una actividad auténticamente crea- «¡Cuando te vi, Dios mío,
tiva y plenificante. En verdad la historia continúa a través de las cosas,
en el cielo, pero no con la ambigüedad del tiempo el cielo no estaba lejos en absoluto!
terreno en el que el bien y el mal andan siempre ¡Cuando te vi, Dios mío,
juntos. Será la historia del hombre con Dios, la his- a través de las cosas,
toria de amor y la indefinida divinización de la crea- era ya nuestra amistad lo que empezaba!»
tura. Por eso se dará un crecimiento en el cielo, in-
definidamente...

Dios no aumentará, pero sí la participación de la *


BOFF, L., «El cielo, la realización humana absoluta»,
creatura en Dios. Dios es un misterio infinito y no en Id., Hablemos de la otra vida (Alcance, 3), Santander,
un enigma que se disuelve una vez conocido. El Sal Terrae, 8s/f, p. 73-90.
hombre penetra cada vez más en el misterio de
Dios; se le va revelando en infinitas facetas, maravi-
llando al hombre con su novedad y sorpresa; y eso,