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La desintegración del campo socialista llevó a Cuba a una crisis extrema mostrando su fragilidad

económica, manifestando su pobreza en recursos energéticos y su dependencia con el exterior. Estos


hechos dejaron ver la incapacidad de la Isla para generar los recursos necesarios para subsistir y
desarrollarse. A pesar de esto se llevó a cabo la implementación de una estrategia de período
especial que incluía reformas económicas irreversibles, significando para el cubano común
incertidumbre y zozobra. La industria y gran parte de los servicios, comercios, restaurantes se
paralizaron, el transporte colapsó, el combustible dejó de llegar, los cortes de energía eléctrica fueron
largos y continuos; quedando entonces sola frente a Estados Unidos, quien mantuvo un férreo
bloqueo económico. Llevando al estallido de la primera manifestación de protesta en contra del
régimen de la Revolución, miles de cubanos se embarcaron en balsas para intentar llegar a las costas
de Florida, dando inicio a la crisis de los balseros el 5 de agosto de 1994.

Con la migración masiva de cubanos hacia Florida Estados Unidos se vio en la necesidad de poner
en marcha la Operación Costa Distante, plan concebido por el Servicio de Inmigración y
Naturalización de EU en el mes de abril de 1994, con la finalidad de evitar tanto que barcos cubanos
llegaran a las costas de Miami, e impedir que barcos de Miami se dirigieran a recoger ciudadanos
cubanos. En agosto Clinton anuncia las siguientes medidas: prohibir el envío de remesas de dinero
de cubanos de Miami a la Isla; reducir las categorías de personas residentes en EU para viajar a
Cuba; incrementar los recursos económicos y horas de transmisión de Radio y TV Martí; solicitar al
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condenar al gobierno de Castro por violaciones a los
derechos humanos. Acabando así con 28 años de una política migratoria que dejaba el paso libre de
los cubanos hacia Estados Unidos. Pero el éxodo no paro, el guardacostas estadounidense reportó
sólo en un fin de semana de agosto recogieron a 2401 balseros. Lo que llevó a Castro y Clinton a
negociar un acuerdo migratorio y el problema de fondo: el bloqueo económico de EU contra Cuba.
Pero Estados Unidos sólo acordó renegociar su política migratoria.

Fidel Castro, en lo económico: cambiar para subsistir y desarrollarse. En lo político: “no renunciar
jamás” al sistema socialista. Gobierno cubano mantuvo los rasgos esenciales de su sistema político
durante los cuatro primeros años del periodo especial. En Cuba había un común denominador: Nadie
contra la Revolución, pero los cuadros querían cambios: mayor apertura política, espacio para la
crítica y la autocrítica, tolerancia para el que piensa y opina diferente. Pero el IV Congreso celebrado
en 1991 apagó las expectativas: nada de cambios espectaculares ni de reformas que alteren el
proyecto de la revolución socialista. La única resolución novedosa fue la recomendación para que las
futuras elecciones a la Asamblea Nacional del Poder Popular y sus pares municipales fueran por voto
directo y secreto.

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El 12 de julio de 1992 es modificada la Carta Magna de la Revolución cubana. Modificando 73
artículos, 14 se derogaron y 10 se introdujeron. La nueva Constitución tiene 15 capítulos en lugar de
los 13 anteriores. 137 artículos en lugar de 141. Esta nueva Constitución no hace mención a la Unión
Soviética y a los países ex socialistas como lo hacia la anterior. Se aprobaron los artículos que
volvieron laico al Estado cubano después de más de 15 años de “ateísmo” y que “proscriben” y
“sancionan” la discriminación por motivos religiosos; la nueva Constitución plantea que la propiedad
estatal socialista será sobre “los medios fundamentales de producción” y ya no sobre “la totalidad” de
ellos.

Obligado por las circunstancias, el gobierno de Castro inicio reformas internas impensables en una
economía socialista: uso de dólares, trabajo por cuenta propia, sistema de Cooperativas Agrícolas,
una política fiscal y financiera de corte capitalista. Tras el Habanazo y la crisis de los balseros en
agosto de 1994, el gobierno de Castro liberó parcialmente sectores del mercado interno. Sin la
posibilidad de satisfacer la demanda de bienes básicos, el régimen cubano devolvió la iniciativa a
diversos productores y prestadores de servicios de manera parcial. A finales de 1994 autorizó un
Mercado Agropecuario y un Industrial y Artesanal para vender “excedentes de producción”. Lo que
significó un respiro para los cubanos.

Las medidas adoptadas para estimular la producción no significan una renuncia al sistema de
economía planificada, estos mecanismos de mercado pueden ser un complemento útil para enfrentar
la situación actual. Al estilo capitalista, el productor impone sus precios y el Estado supervisa la
gestión mercantil. Sólo que los productos que se ofrecieron son sólo los excedentes de las
producciones agropecuarias e industriales contratadas por el estado. Hasta octubre de 1994 los
cubanos sólo podían acceder a productos agropecuarios a través de la Libreta de Racionamiento, en
tiendas que venden en dólares o por intermedio del próspero mercado negro. El régimen castrista
intenta tener un Estado socialista con mecanismos capitalistas de control administrativo.
Acostumbrados a la gratuidad, los cubanos empezaron a pagar impuestos. Si la Revolución se los
quitó como otra de sus conquistas, la misma Revolución se los impuso como una necesidad para su
sobrevivencia.

Los críticos del régimen de la Habana reconocen que el bloqueo obstaculizaba el desarrollo
económico de Cuba, pero afirman que no es la causa fundamental de sus carencias. Para ellos la
causa es de orden interno, errores de planeación e incapacidad de la economía cubana para producir
y generar divisas que le permitieran importar lo necesario para sobrevivir. Roberto Robaina, ministro

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cubano rechazó tal tesis. Dijo: el bloqueo si prohíbe la compra de productos, sobre todo del mercado
más cercano, y prohíbe que compremos a quienes lo perciben. Si hay tanta seguridad en que el
bloqueo es un pretexto, ya lo hubieran levantado.

La aprobación del proyecto de Ley Helms-Burton en 1996, eliminó casi toda posibilidad de arreglo
entre Washington y el régimen de Castro, ya que condiciona la normalización de relaciones con la Isla
a un cambio de su sistema de gobierno. Esta ley, ha deteriorado las relaciones exteriores pero no ha
provocado la fuga de inversionistas en la Isla, también ha fracasado en su propósito de promover la
democracia en Cuba, más bien sucede lo contrario, es usada por el gobierno de Castro como
pretexto perfecto para justificar su inmovilidad política y congelar su incipiente reforma económica.
Cuba aprobó en 1996 su ley antídoto la Ley de la Reafirmación de la Dignidad y Soberanía Cubana,
reclama a Washington indemnizaciones por daños ocasionados por el bloqueo.Contra lo que se cree,
decenas de compañías efectúan negocios con Cuba desde mediados de la década pasada en áreas
de comunicaciones, telecomunicaciones, industria farmacéutica y alimentos. Aprovechan los
resquicios legales del embarco económico. Al finalizar 1994 unas 100 empresas estadounidenses
firmaron cartas de intención con el gobierno de Castro. Incluso el propio gobierno estadounidense ha
negociado con Cuba acuerdos sobre medios de comunicación.

“Sólo el socialismo y sólo la Revolución habrían podido enfrentar un golpe tan terrible como el que
hemos recibido….” (Castro, 1992). Doy la razón a Castro al expresar esta frase ya que si no hubiera
sido por la experiencia del socialismo con la que cuenta Cuba, se hubiera cedido frente al capitalismo;
un bloqueo económico de esa magnitud impuestos por los Estados Unidos, quien por su ubicación
geográfica sería el país idóneo para apoyar. Regularmente la imagen que Estados Unidos promueve
y trata de presentar al mundo, es de ser protector y estar interesado por el bienestar, la paz y la
democracia, cuando realmente lo que busca es el obtener más y más poder. Tal vez el radicalismo de
Fidel no sea la mejor decisión, pero la sumisión de los gobernantes de nuestro país tampoco ha sido
la mejor estrategia, pues hemos podido ver como poco a poco dirigen y mueven las cuerdas de los
títeres que nos gobiernan.

Referencias
o Semo, E. (1991). Crónica de un derrumbe. (pp. 25-139). México: Editorial Grijalbo.
o Campa, H. y Pérez, O. (1997). Cuba los años duros. Una isla rodeada de capitalismo. (pp.13-87).
México: Plaza & Janés Editores.
o Campa, H. y Pérez, O. (1997). Cuba los años duros. Todo pasa y todo queda. (pp. 89-136). México:
Plaza & Janés Editores.
o Campa, H. y Pérez, O. (1997). Cuba los años duros. Regreso al Futuro. (pp.157-218). México: Plaza &
Janés Editores.
o Campa, H. y Pérez, O. (1997). Cuba los años duros. Entre elmito y la realidad. (pp.219-234). México:
Plaza & Janés Editores.
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