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Nombre: Diego Esteban Ávila Ruiz

Profesora: Diana Pinillos Galán


Fecha: 15 de septiembre de 2020
Clase: Practica Archivística Colonial
Martínez B., Alberto; Castro, Jorge O. y Noguera, Carlos E. “Maestro, escuela
y vida cotidiana en Santafé colonial”. Sociedad Colombiana de Pedagogía.
Bogotá, 1999.
Reseña
El escenario propuesto para el trabajo de la investigación es la ciudad de Santa Fe
de Bogotá, centro de la parte política y económica del Virreinato de la Nueva
Granada. Este lugar se escoge para mirar las diferentes problemáticas que
ocurrían en ella, hay que tener en cuenta que para la época ya había ocurrido la
revolución de los comuneros, el terremoto de 1785 y la publicación del folleto de
los derechos del hombre y del ciudadano.
Se empieza hablando en el texto del “correo curioso” el cual era la única
publicación periodística semanal de la época, la cual su primera publicación fue en
el año 1801. Este diario tenía como objetivo mostrar la realidad a través de la tinta,
la cual a veces no se mostraba por parte de los criollos y los españoles, también
servía para hacer un conteo de personas o de casas, lo cual ayudaba a saber la
cantidad aproximada de población que estaba viviendo en la región, asimismo,
para tener una concepción clara de cómo estaba conformada la ciudad en barrios
y parroquias. Algo que cabe resaltar es el concepto de “parroquia”, ya que este no
hace énfasis en solo una iglesia, sino en un conjunto de casas, las cuales estaban
regidas por un ente religioso, que en este caso en la iglesia. Se puede decir que
para esta época ya se evidenciaba una preocupación notoria en la falta de
intelectualidad en la población neogranadina.
Aproximadamente para el año 1791, se empieza a ver una disputa entre los
pobres de Santafé por las migajas o sobras que arrojaban las comunidades
religiosas diariamente, desde este punto se empieza a mirar con claridad qué tipo
de persona es en realidad pobre, aunque esto también contrajo una polémica al
momento de observar el acto caritativo. La llegada de la pobreza al Nuevo Reino
de Granada fue un hecho importante, puesto que, se empieza a limitar el número
de personas pobres, ya que, esto conllevaba a que se propagaran las diferentes
enfermedades a los ciudadanos. El gobierno centró su mirada en los pobladores,
pero no para brindarles una mejor calidad de vida, sino para determinar el nivel de
perjuicio que podrían traer a la ciudad.
Con la salida de los jesuitas del Nuevo Reino de Granada, se dejó al sector del
cual estaban encargados sin protección, este era el de la educación, esto trajo
como consecuencia que muchas personas se quejasen por la falta de maestro
para sus hijos, ya que ellos no sabían leer, ni escribir, de igual manera, con el
transcurrir del tiempo, en los diferentes sectores de la región se seguía
escuchando quejas por la carencia de enseñanza para los jóvenes. De modo
semejante, existía un problema y es que la legislación mostraba que la educación
ya no iba a quedar de manera autónoma en la familia o en la Iglesia, sino que el
Estado iba a tomar el control total de la educación, ya que, ellos eran los únicos
que mostraban el interés por la educación de los jóvenes.
Por otra parte, se muestra que las personas que impartían la educación no eran ni
clérigos, ni curas, ni religiosos de órdenes, sino que eran sujetos que enseñaban a
cambio de cobrar para así poder subsistir. Se puede decir que este personaje es
el inicio del maestro de la escuela, el cual con el transcurrir del tiempo se fue
consolidando y se fue profundizando en su oficio. Como el uso fue siendo más
abundante de estos personajes, se autorizó que se les pagará el sueldo con los
fondos recaudados por el Cabildo, los cuales provenían casas de juego y
chicherías.
El texto destaca la importancia que tiene la creación del cargo de maestro público,
caracterizado por ser sujeto de la intervención del gobierno en su designación y
control. Este acontecimiento, que ocurre primeramente en la capital, después de
expulsar al rey Carlos III en 1767 y a los jesuitas de sus dominios de España y
ultramar, se extendió con rapidez a diferentes ciudades y villas del virreinato. Entre
estos nuevos agentes del saber, seleccionados por los cabildos locales y
reconocidos por el poder del reino, unos pocos privilegiados recibían su salario del
ramo de temporalidades, constituido con los bienes incautados a los jesuitas en
aquellos lugares en los cuales tuvieron escuelas, adecuadamente financiadas con
capitales impuestos a censo, con lo cual tenían garantizada su adecuada
financiación.
En cambio, los más de aquellos abnegados apóstoles de la educación de los niños
debían reclamar con insistencia el pago de sus servicios de los escasos fondos del
ramo de propios, es decir, de las arcas de la administración municipal, que de
ordinario alegaba otras prioridades para dilatar el pago debido al educador. A
partir del rastreo de los numerosos expedientes que reposan en los archivos,
enviados al superior gobierno por maestros angustiados por la necesidad, los
autores destacan los siguientes rasgos que, como marcas de familia, se vienen
repitiendo durante más de doscientos años:
1. Desde que la voz del maestro hizo su aparición en la historia, lo que predomina
y resuena es su reclamo suplicante por el pago de los sueldos atrasados,
acompañado, por la solicitud de un aumento que le permita subsistir con dignidad
y levantar su familia.
2. Su carácter de intelectual y dependiente, sometido a otros intelectuales, el cura
y los miembros del cabildo local, los funcionarios nacionales, departamentales y
municipales, sujeción que oscila, pero no desaparece en el tiempo.
3. La delimitación precisa del saber que compete a los maestros, escogidos
mediante exámenes de oposición, ajustados al manual de enseñanza, elaborado
entonces por intelectuales españoles que buscaban instruir al maestro en las
tareas propias del oficio. Allí, dicen los autores, "estaba registrado todo lo que un
buen maestro tenía que saber para ejercer la enseñanza, como hoy está en los
libros de texto lo que necesita saber un docente y aprender los estudiantes".
Vale la pena mencionar cómo en Villa de la Candelaria de Medellín, en 1790, un
sector del clero y los miembros del cabildo se opusieron a que el doctor José
Joaquín Gómez Londoño, abogado titulado, fuera designado para el cargo de
maestro público de primeras letras porque, según decían, su demasiado saber se
convertiría en obstáculo para el ejercicio de su oficio, y apoyaron a su adversario,
un español, sacador de aguardiente en la real fábrica, cuya bella caligrafía
elevaban como la mayor cualidad que un maestro debía tener.
4. La llamada "ilusión intelectual del maestro", a la cual los autores dan un énfasis
especial, puesto que el caso del maestro Torres es un claro ejemplo de ello. En
efecto, desde su nombramiento en 1775 hasta su jubilación en 1820, ya bajo la
república, don Agustín desempeñó el oficio de maestro de primeras letras de la
escuela de San Carlos, en un aula del primer piso del edificio de San Bartolomé.
Los autores lo designan como "símbolo del maestro público en nuestro país", por
ser uno de los pioneros en el ejercicio de la enseñanza como funcionario público,
además de ser el más importante del país en su momento, y a tal punto ser el
mejor remunerado por haber sido el primero en publicar, en 1797, un texto
pedagógico al que tituló Cartilla lacónica de las cuatro reglas de Aritmética
práctica.
Por otra parte, la vida cotidiana de la capital es descrita con rasgos acertados. El
lector es llevado a una ciudad de 20.000 habitantes aproximadamente, en la que
800 chicherías sirven de refugio a los numerosos paseantes, vagos y mal
entretenidos, a los que inútilmente trataban de poner bajo las leyes de policía. En
contraste, los 13 conventos, en los cuales vivían más de 1.200 personas
consagradas a la oración, la penitencia, y el servicio divino, así como los 31
templos, que marcaban las divisiones urbanas y anexaban los fieles a cada
parroquia, dan prueba.
Para concluir, este texto es relevante para el tema de la instrucción en el Nuevo
Reino de Granada, porque contextualiza un periodo donde estaba llegando la
educación a esta región y explica cómo era la situación social, política y
económica en la ciudad de Santa Fe de Bogotá. Asimismo, es uno de los pocos
libros donde se muestra la influencia que tuvo el Estado en la instrucción en esta
época, puesto que, como se sabe la mayoría de libros se preocupan más por el
papel de la Iglesia en la instrucción. No obstante, también aborda las
consecuencias que dejo la exclusión de los jesuitas como encargado de la
instrucción, y que soluciones se decretaron que perduraron por mucho tiempo y
las cuales se están cumpliendo actualmente.