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Ejercicios

Ejercicio 1
Pronuncie las siguientes palabras:

• Paloma, Anita, Lola, Esperanza, Ramona, Marta, Pilar, Isabel.


• Alfredo, Pepe, Alberto, Timoteo, Felipe, Vicente, Pablo, Fernando.
• Lima, Roma, París, Lisboa, Venecia, Berlín, Londres, Pekín, Moscú.
• Médico, pintor, abogado, militar, arquitecto, dentista, periodista, torero.
• Rosa, violeta, jazmín, nardo, clavel, amapola, tulipán, lila.
• Mirlo, alondra, tordo, gorrión, golondrina, jilguero, ruiseñor, verderón.
Ejercicio 2 trabalenguas
Cuando cuentes cuentos. Cuenta cuantos cuentos cuentas. Porque si no cuentas
cuantos cuentos cuentas. Nunca sabrás cuantos cuentos cuentas.
Parra tenía una perra y Guerra tenía una parra. La perra de Parra subió a la parra
de Guerra. Guerra pegó con la porra a la perra de Parra, y Parra le dijo a Guerra,
“¿por qué has pegado con la porra a la perra de Parra? y Guerra le contestó “Si la
perra de Parra no hubiera subido a la parra de Guerra, Guerra no hubiese pegado
con la porra a la perra de Parra”.
Si tu gusto gustara del gusto que gusta mi gusto, mi gusto gustaría del gusto que
gusta tu gusto. Pero como tu gusto no gusta del gusto que gusta mi gusto, mi gusto
no gusta del gusto que gusta tu gusto.
Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero he querido sin querer y
estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero quieres que te quiera más,
¿Qué más quieres? ¿Quieres más?
Ejercicio 3
Texto 1

¡Vaya!, ¡qué su-bli-me! Jamás había visto algo así. Me lo habían contado muchas veces,
una y otra vez: que mira que tienes que ir, que es im-pre-sionan-te. Pero yo nada, has-ta
hoy ¡Qué ma-ra-vi-llo-so!

• En negrita: más rápido


• En guiones: más lento

Luego, léelo:
• Como si estuvieses muy alegre.
• Como si estuvieses muy enojado.
TEXTO 2

Nunca sabré por qué me dijiste eso. ¿POR QUÉ ME DIJISTE ESO?, ¿CÓMO FUISTE CAPAZ? Claro
que alguno pensará que me lo merecía. ¡MENTIRA! YO JAMÁS LO HUBIESE HECHO. No deberías
haberme traicionado así.

• Subrayado: intensidad baja


• Normal: intensidad media
• Mayúsculas: intensidad alta

Luego, léelo:

• Como si hubiese mucho ruido a tu alrededor y tuvieses que gritar.


• Como si estuvieras entre el público asistente a una conferencia y tuvieras que hablar muy
bajo.
Texto 3

Las campanas siempre sonaban pobres y melancólicas cuando te sentía lejos, pero
repicaban pizpiretas y divertidas, sonoras y alegres cuanto más cerca te mostrabas.
Ahora ya no importa cómo suenen, dinámicas y sombrías, porque sé que no volverán.

Normal: tono medio


En negritas: tono grave
Subrayado: tono agudo
Ejercicio 4. Giglico1 (Lee el texto e interprétalo)
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en
hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él
procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y
tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas
se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como
el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de
cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado
ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus
orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba,
los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante
de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del
merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la
cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se
vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas
de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el
límite de las gunfias.

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Ejercicio 4. Gíglico 2
Como no le melga nada que la contradigan, la señora Fifa se acerca a la Tota y ahí nomás le flamenca la cara de un
rotundo mofo. Pero la Tota no es inane y de vuelta le arremulga tal acario en pleno tripolio que se lo ladea hasta el
copo.
– ¡Asquerosa! – brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa.
Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivorearle un suño a la Tota que se
desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abrocojantes bocinomias. Por segunda vez se le
arrumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, pero nadie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener
que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro
peticuras de esas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgandose de ida y de vuelta cuando se ve
precivenir al doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas.
– ¡Payahás, payahás! – crona el elegantiorum, sujetirando de las desmecrenzas empebufantes. No ha terminado de
halar cuando ya le están manocrujiendo el fano, las colotas, el rijo enjuto y las nalcunias, mofo que arriba y suño al
medio y dos miercolanas que para qué.
– ¿Te das cuenta? – sinterrunge la señora Fifa.
– ¡El muy cornaputo! – vociflama la Tota.
Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si no se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en
plena tetamancia; son así las tofitas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan
tan plopas.

La inmiscusión terrupta - Julio Cortázar - Cuentos cortos - Jitanjáforas - YouTube


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