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Los fundamentales de... Me enamoré de los libros cuando todavía no había aprendido lo que significaba la pasión.

Mis padres lo hicieron posible, que nunca señalaron mayor límite a mi curiosidad que aquel
que imponía el alcance de mis manos infantiles. Escrudiñando los ejemplares apilados en

David Lorenzo escarpadas estanterías con famélica avaricia descubrí que leer es dialogar y habitar la pa-
labra, darle forma y esencia en nosotros mismos. Y, también, que a través de los libros el
tiempo se detiene y los relatos y las ideas cobran dimensión y voz inmortal. De entre todas
mis lecturas destaco obras variadas como la Ilíada, que me enseñó el valor del coraje y la
lealtad; la tierna sensualidad de los Poemas de Safo, las Meditaciones de Marco Aurelio y
Ovidio y sus Metarmorfosis. No me olvido de La Divina Comedia de Dante ni de Utopía, de
Tomás Moro, y tampoco de la claridad y agudeza de los Ensayos de Michel de Montaigne,
maestro a quien acudo habitualmente, de Voltaire y su Tratado sobre la tolerancia, lectura
de rabiosa actualidad, ni del brillante análisis sobre la condición humana de Hannah Arendt
en Eichmann en Jerusalén. Y luego están relatos tan fascinantes como emocionantes: Hadjí
Murat, de León Tolstói, que considero con creces la mejor novela jamás escrita; La balada
del café triste, de Carson McCullers, de una delicadeza refrescante; y Las olas, de Virginia
Woolf, poliédrica y estremecedoramente poética.

Ilíada Homero
Poemas Safo de Mitilene
Metamorfosis Ovidio
Meditaciones Marco Aurelio
La divina comedia Dante Alighieri
Utopía Tomás Moro
Ensayos Michel de Montaigne
Tratado sobre la tolerancia Voltaire
Hadjí Murat León Tolstói
Las olas Virginia Woolf
La balada del café triste Carson McCullers
Eichmann en Jerusalén Hannah Arendt

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