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Capítulo I

Reflexiones teóricas sobre la violencia criminal o bandas.

Colombia ha recibido, particularmente en los últimos años, el marcado influjo de


los delitos violentos, encasillables de ordinario dentro de los bienes jurídicos de la
Propiedad, Vida e Integridad Personal, al igual que gran cantidad de conductas
íntimamente emparentadas con las actividades subversivas. Este fenómeno no es
sólo aplicable a nuestro país, pues los varios estudios verificados en América y
Europa demuestran que el mundo actual se ha visto sacudido por crecientes
oleadas de violencia y terrorismo internacional, patrocinadas por las bandas
organizadas de criminales, cada día más tecnificadas y por los grupos subversivos
representantes de ideologías extremas.

Por tales motivos, los espectros de inseguridad, desempleo y zozobra colectivos


se ciernen cada vez mas amenazantes sobre la faz de los estados civilizados, que
dedican una mayor cantidad del presupuesto a los programas de estudios y
operaciones en materia preventiva, y a los mecanismos de especialización,
aumento de pie de fuerza, y estímulos específicos a los organismos policiales.

En 1980, se ha comprobado que las siguientes modalidades, todas ellas en


elevada proporción sobrecargadas de violencia, se han acrecentado en términos
generales y su frecuencia ha reflejado ahora la suma de 149.500, en contra de
132.335 presentadas en1979, lo cual evidencia, en sana lógica, una proporción
preocupante en su aumento. Sin embargo, advertimos que no todas ellas, miradas
individualmente, presentan alza; como si ocurre en las lesiones personales
comunes, robo agravado, lesiones personales en accidentes de tránsito, robo,
homicidio, piratería, rebelión, sedición, asonada, delitos contra funcionarios
públicos, concusión, incendio e inundación, delitos contra el sentimiento religioso y
respeto a los difuntos, contra la autonomía personal, detención arbitraria,
secuestro de personas, abusos deshonestos, calumnia, injuria, infanticidio,
despojo, extorsión, etc. (Revista Criminalidad Volumen 23 de 1980, pág., 7).

Por creerlo oportuno. Abordaremos en forma especial, algunos conceptos de


tratadistas, que en criminología son frecuentemente confundidos: el de la
criminalidad, el del delincuente y el de la delincuencia.

José M. Rico en su libro Crimen y Justicia define la criminalidad como “aquel


fenómeno de masas constituido por el conjunto de las infracciones que se
cometen en un tiempo y lugar dados” (1).

1
( ) Rico, José M. Crimen y Justicia, Ed. Siglo XXI 1977. Pág. 34.
(2) Reyes, Echandia Alfonso, Criminología, Ed. V. 1980, pág. 39
En nuestro medio también, se ha tomado la criminalidad como: “Conjunto de
delitos y contravenciones cometidos en un tiempo y espacio determinados” (2)

El delincuente se define como aquella persona que realiza un acto criminal o


ayuda a cometerlo como cómplice o encubridor.

De otra parte: “La delincuencia se determina como la calidad o condición de


delincuente, comisión o ejecución de un delito; también como la criminalidad o
conjunto de delitos clasificados, o como la totalidad de las infracciones en un
tiempo y lugar dados” (3).

En relación con el delito se omite en esta oportunidad presentar una definición


dogmática, por razón del carácter relativo de dicho concepto, pues es realmente
difícil dar una visión universal del mismo, aunque como dice Carrara: “Es la
infracción de la ley del Estado, promulgada para proteger la seguridad de los
ciudadanos, resultante de un acto externo del hombre, positivo o negativo,
moralmente imputable y políticamente dañoso” (4). Nuestra Legislación Penal
asimilándolo al hecho punible lo condiciona a ser típico, antijurídico y culpable.
(Revista Criminalidad Volumen 24 de 1981, pág., 12).

Hay delitos que permiten intercambios para ocultarlos, infracciones que permiten
negociaciones para que no sean registradas, investigaciones que permiten
manipulaciones para no seguir adelante, juicios cuyas sentencias son negociables.
Así como se puede enumerar los delitos que involucran la participación de
servidores públicos, también se puede enumerar los delitos que a menudo
involucran a políticos y empresarios, cuya frecuencia es también baja, casi cero,
en las encuestas oficiales. ¿No sería la mayor parte de todos esos crímenes e
ilegalismos desviada del proceso de discriminación y persecución simplemente por
la interposición de un mercado ilegal que realiza transacciones exactamente de
desvío? Mercancías como “criminar” o “incriminar” o no, pueden ser valiosas si
son ofrecidas de forma obligatoria a los clientes. Identificar la capacidad del
Estado para controlar efectivamente lo que puede ser crucial para describir
conceptualmente la variedad de estas prácticas y como se conectan a otras que
reciben una reacción legal y moral menos tolerante o más fuerte. Eso permitirá
evaluar qué parte de estas prácticas es integrada o no en el reconocimiento
hegemónico de su “normalidad”, por así decirlo, esto es, de aquello que siendo
ilegal es sin embargo ampliamente tolerado en una ciudad.

¿Cómo se puede suponer que haya más asesinatos que crímenes en contra de
los consumidores, más violaciones que fraude en el comercio o los crímenes
contra la economía popular? ¡O que haya mil veces más robos con armas de
fuego que delitos de evasión de impuestos? Las estadísticas policiales nos indican
el ocultamiento tácito de lo que el Estado no crimina, aunque lo criminalice. Las
rutas habituales seguidas por la policía tienden a seleccionar los delitos más
impacto moral, como los crímenes violentos. Sin embargo, incluso estos, cuando
se vinculan a mercados ilegales, alcanzan tal extensión que

(3) Cabanellas, Guillermo. Diccionario de Derecho Usual.


(4) Carrara en Programa de Derecho Criminal.
son ellos mismos trivializados, especialmente cuando la mayoría de las víctimas
son consideradas como miembros o participantes de estos mercados (Misse et al,
2013, 20-21).
La representación de una sociedad en la que las fronteras entre las instituciones y
el mundo criminal son tenues si no indiscernibles es común en los informes de
criminales, y más aún cuanto más creíble es la referencia que sirve para
neutralizar la culpa de sus propia, como nos muestra Carlos Augusto Magalhaes
en la entrevista que le da un convicto: “La justicia es una mafia. La policía es una
mafia. El promotor es mafia. Todo es bandidaje. Todo es delito. Todos son
bandidos. El bandido con universidad cursada roba con la pluma” (Misse et al,
2013, 28-29).

La desmovilización paramilitar condujo a la desaparición de un grupo armado


hegemónico y a un fenómeno de competencia entre múltiples agentes, dado que
ella permitió el retorno de las Farc a la región, de un lado, y, del otro, condujo a la
aparición de nuevos grupos delincuenciales denominados oficialmente bandas
criminales (Giraldo et al, 2013, p. 63). Para 2011, en el Bajo Cauca la extorsión
ejercida por las Farc, Los paisas, Los Rastrojos y Los Urabeños se calculó en
poco más de un millón de dólares, solo para la fase extractiva del oro, sin contar la
transformación ni la comercialización (Giraldo et al, 2013, 63-67).

Desde los albores de la Administración Santos (2010), el tema de la minería ilegal


empezó a difundirse en los medios de comunicación y a posicionarse en la agenda
política. Ya en el segundo año del gobierno, el ministro de Minas aseguraba que
“a la minería ilegal hay que darle el mismo tratamiento que al narcotráfico. Es un
fenómeno muy similar. ¿Qué pasa cuando la Policía agarra un laboratorio? Lo
destruye”. Algunos meses después el entonces Director de la Policía Nacional
refrendaba esta convicción ante la pregunta de un periodista sobre la mayor
amenaza para la seguridad del país: “Diría que es la minería ilegal, porque
alrededor de ella se está generando una subcultura de violencia, de delincuencia y
eso ha llevado a cientos de familias de colombianos a hacer parte de una cultura
de la ilegalidad”, fue su respuesta (Giraldo et al, 2013, 64).

Por supuesto, que el gobierno nacional estaba haciendo uso de lo que llama la
falacia legalista para hacer una operación de equivalencia entre una actividad no
legal, pero no sólo licita sino también permitida durante siglos, y una actividad
criminal; como de hecho lo ratificó el propio Presidente de la República al usar la
expresión “minería criminal” en un anuncio de medidas contra esta actividad
económica. La primera medida adoptada fue el decreto 2261 (2 de noviembre
2012) para controlar la importación, transporte y uso de maquinaria pesada de
insumos químicos que se puedan dedicar a la explotación de oro. Otras dos
previstas son un decreto que autorizaría, incluso, “la destrucción de la maquinaria”
y una reforma al Código Penal para tipificar el delito de minería ilegal (Giraldo et
al, 2013, 64-65).

Precisamente esta semana 04/08/2015 Colombia aprobará La Ley Minera para


luchar contra la minería ilegal, que se ha convertido en una de las principales
fuentes de financiamiento de las guerrillas y que podrían llegar hasta los 2450
millones de dólares, según informa el medio Russia Today.

De esta forma, se espera que la nueva ley contemple una serie de medidas de
enorme contundencia contra este tipo de actividades. En concreto, se prevén
penas de hasta 20 años de cárcel por la extracción ilegal del preciado metal. Así,
tras un desprendimiento de tierra producido el año pasado en la mina ilegal de oro
situada en Vereda San Antonio, en el oeste de Colombia, que causó 12 muertos,
ya se produjo un intento de poner fin a este tipo de actividades. Además, hay que
precisar que el método de extracción tradicional de oro que practican en la zona
está permitido por la ley; pero al no contar con los permisos necesarios, acaban
trabajando para grupos delictivos (Americaeconomica.com / 04-08-2015).

El narcotráfico como negocio involucra operaciones económicas muy distintas


entre sí que van desde la siembra de la materia prima en selvas tropicales hasta el
lavado de dinero en las grandes ciudades. Estas variaciones implican a su vez
diferencias en las necesidades de las organizaciones que ejecutan las
operaciones del negocio. Los apremios de capital para un cocalero, por ejemplo,
están centrados en la adecuación de un pedazo de selva para el cultivo de coca
durante el tiempo suficiente de cada cosecha, mientras que un capo del
narcotráfico afronta necesidades de capital que alcanzan los varios millones de
dólares en efectivo para transformar la base de coca en cocaína y organizar su
transporte al mercado internacional. Para un lavador en una gran ciudad, por su
parte, el problema no es la disponibilidad de capital sino de transacciones legales
para esconder un capital que sobresale por su abundancia. Se trata entonces de
una clara división del trabajo con sus respectivas particularidades de acuerdo a la
ubicación geográfica de cada una de las fases del negocio.

Un criterio simple, para clasificar la división del trabajo en el narcotráfico es el


grado de especialización de cada fase en el manejo de la droga como mercancía o
como capital. Las fases iníciales del negocio, aquellas que comprende la
producción agraria, se especializan en el manejo de mercancía. Las fases
intermedias, aquellas que comprenden la transformación de los insumos en droga
y su colocación en el mercado final, involucran tanto el manejo de la mercancía
como transacciones de capital.

Finalmente las fases finales, aquellas que involucran el lavado de activos, se


especializan en el manejo del capital. Tan simple deducción no tiene nada de
novedoso. Casi todos los trabajos sobre narcotráfico abordan esta clasificación de
manera explícita e implícita. Sin embargo, la simpleza de la división del trabajo no
ha sido abordada desde una asociación que también resulta obvia por la misma
abundancia de evidencia. A simple vista es evidente que la división del trabajo en
el narcotráfico desde la distinción mercancía/capital coincide con la geografía del
estado. La especialización en el manejo de la mercancía está asociada a
regiones periféricas donde el estado es menos fuerte y donde la protección del
negocio recae en organizaciones de coerción privada. Estas organizaciones
eventualmente concentran tanto poder que se convierten en el estado de facto de
las regiones periféricas especializadas en la producción de drogas. A medida que
la operaciones involucran en mayor proporción a la variable capital en relación a la
variable mercancía el estado incrementa su presencia al punto que en las grandes
ciudades la organización de la violencia por narcotraficantes tiende a reducirse a
asuntos criminales o al control de barrios marginales. El soborno se convierte en el
principal mecanismo de intervención de los narcotraficantes en las decisiones de
poder político. La relación entre geografía del estado y división del trabajo del
narcotráfico no es un asunto inocuo. Involucra ni más ni menos que la influencia
potencial del narcotráfico sobre las relaciones de poder en una sociedad. Al mismo
tiempo, debido a la menor capacidad represiva del estado y a la baja acumulación
de capital en la periferia los efectos del narcotráfico sobre el orden de estas
sociedades son mucho mayores (Duncan et al, 2013, 116-117). Por consiguiente
el narcotráfico hace parte de una forma particular del capitalismo descrito por
Weber: el capitalismo político. Mafiosos y políticos producen el poder necesario
para que el negocio de las drogas sea viable y este poder se convierte en una
renta cuando el costo de la protección se agrega a los costos de producción en el
precio final de la mercancía. Es así que la diferencia tan alta que existe entre el
precio final de la droga y sus costos de producción en el resultado de los pagos
realizados a organizaciones especializadas en la producción del poder (Duncan et
al, 2013, p. 133).

En cualquier comunidad agobiada por los atracos, los homicidios, las amenazas
de muerte y el secuestro se trataría de fortalecer la capacidad de los policías, los
jueces y los fiscales. En Colombia no. Emulando a las sociedades pacificas
marginalmente incomodas por la delincuencia juvenil, pretendemos enfrentar
poderosas organizaciones armadas y criminales con una especie de cabildo
abierto, mayor gasto social, llamados a la convivencia y campañas para la
solución amigable de conflictos.

¿Por qué fue Colombia, el modelo económico e institucional del continente, un


campo fértil para la consolidación del crimen organizado? ¿Por qué países vecinos
con una situación social parecida, o peor, pudieron enfrentar con éxito los
movimientos subversivos? Por qué le tenemos tan poco apego a la justicia penal?
¿Cuál es la contribución del conflicto armado al número de muertes que
anualmente ocurren en el país? ¿Por qué tardamos tanto en otorgarle atención
prioritaria a ese indicador básico de salud social, la tasa de homicidios? ¿Los
homicidas en Colombia en Colombia, son muchos o muy pocos? ¿Por qué pudo el
país seguir creciendo satisfactoriamente en medio de una violencia explosiva?
¿Por qué empezaron a disminuir las muertes violentas a principio de esta década?
¿Cuál es la lógica, la economía política, del conflicto armado? ¿Qué significa ese
anhelo de todos los colombianos, la paz? ¿Cuál es el escenario el escenario más
probable de la guerra en los próximos años?

Pero la política es terca. O el cansancio de la sociedad colombiana ante la


violencia es tan grande que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa en nombre
de la paz. Hasta sacrificar elementales principios. O desconocer la evidencia.

Las instituciones o las reglas del juego –ha dicho Douglass North- no necesaria, ni
frecuentemente, se crean o modifican para ser socialmente eficientes; surgen y
evoluciona para servir los intereses de quienes tienen tiene el suficiente poder
para imponerlas. A pesar de lo que repiten los guiones basados en tipologías
marxistas sin reconocer la evidencia de un país que, por el contrario, parece tener
ya dificultades para identificar a sus nuevas elites, económicas o políticas. Que del
proceso que se está iniciando vaya a resultar un país más justo, más igualitario,
con mayor potencial de riqueza, con más variados canales de participación
política, con niveles razonables de transparencia en el manejo de los recursos
públicos, con unas organizaciones armadas ahora si sujetas a la autoridad civil o,
por lo menos, con un menor número de muertes violentas, son cosas sobre las
cuales no se puede estar tan seguro. (Rubio, Mauricio, Crimen e Impunidad
Precisiones sobre la Violencia. TM EDITORES – CEDE. 1999).

Capítulo II

El escenario de la violencia criminal en barranquilla.

Durante los años 80 y 90, el escenario de Barranquilla y las inversiones en tierras


de los narcotraficantes fueron vertiginosos.
Por Atlántico no pasó la violencia de los 50. Pero el 9 de abril del 48, en
Barranquilla hubo levantamientos, incendios, saqueos y muertos. En la ciudad hay
luchas obreras desde 1910, cuando los coteros se declararon en huelga, el primer
conflicto laboral del país, que se repitió en el 17. La tradición liberal del puerto
tiene como antecedente la guerra de 1885, cuando el general liberal Gaitán Obeso
se rebeló contra el Gobierno en Guaduas, se tomó el rio Magdalena, y en
Barranquilla se enfrentó a los ejércitos conservadores. En una sangrienta batalla el
liberalismo fue derrotado y después, el presidente Núñez sentenció: “La
Constitución del 63 ha dejado de existir”.

Lo que si hubo fueron conflictos agrarios, aunque el peso económico y político de


la región es determinado por el acelerado crecimiento de Barranquilla, la
agricultura es secundaria. Sólo en los 60 se comenzó a sentir el problema agrario,
en el sur del departamento.

El paramilitarismo y el narcotráfico tuvieron especial interés y auge en Atlántico.


Se invirtieron millones de dólares en el sector financiero y en bienes inmuebles.
Una nueva clase política surgió acaballada en esos capitales, lo que aumentó la
seguridad en el lavado de activos. En agosto de 2002 se dio la operación
Marejada, que, según la Policía y la Fiscalía, desbarató el cartel de la costa
atlántica encabezado por “Caracol”. Con él cayeron 30 personas más, por tráfico
de estupefacientes y lavado de activos, una de las cuales – Libardo de Jesús
Parra González- tiene un papel importante en la historia de Tamarindo.

“Jorge” (Rodrigo Tovar Pupo) tenía un eje militar entre sus bases de Malambo,
Soledad, Sabanalarga y Galapa. “Sólo en 2004 en Atlántico hubo 730 asesinatos,
mientras que en 2005 y 2006 hubo 637 y 609, respectivamente. Barranquilla fue la
ciudad más afectada por los paramilitares con 1.664 asesinatos entre 2003 y
2006, seguida por Soledad, con 572, y Malambo, con 116”. El desangre creó un
terror irrefrenable, condición e instrumento del desplazamiento.

Según CODHES, entre 1999 y 2001 llegaron a Barranquilla 24.958 personas, de:
Magdalena (29%), Bolívar (22%), Cesar (13%) y Sucre (7%). La estrategia de las
AUC se amplió a amenazas y asesinatos de dirigentes sindicales y defensores de
derechos humanos. El eje era corredor de narcotráfico, como lo indica la siguiente
denuncia: “Entre 2003 y 2006 los narcotraficantes, según la DIJIN, lograron sacar
más de 100 toneladas de cocaína con permiso de miembros de la Policía del
Atlántico, que se cobraba por transitar por (el) territorio bajo su control”. Más
significativo: “Los paramilitares cobraban hasta dos millones de dólares de
impuesto a los embarques de narcóticos que pasaban por el Atlántico. (Molano,
Alfredo, Barranquilla y el caso Tamarindo. (El Espectador. 31 marzo 2013 - 9:00
PM).
Las autodefensas participaron en la conformación de empresas privadas de
seguridad y en la organización de grupos de prestamistas en la modalidad de
presta y paga-diario, en barrios humildes de la ciudad de Barranquilla,
específicamente al suroriente y suroccidente que limitan con el municipio de
Soledad; lo mismo ocurrió en Malambo y Puerto Colombia.

La presión de las AUC sobre los habitantes de estos barrios, les permitió impedir
la consolidación o expansión de milicias de la guerrilla. En efecto, según el Informe
de Riesgo N° 28 del 30 de abril de 2004 emitido por el SAT de la Defensoría del
Pueblo dice, “Las AUC, a través del Frente de Guerra Zona Norte “Tomas Felipe
Guillen”, en su proceso de implantación y posicionamiento político en el área
Metropolitana de Barranquilla, ha focalizado su acción en los sectores
suroccidente de la ciudad y suroccidente de Soledad, en algunos barrios de los
municipios de Malambo y Puerto Colombia. La actividad de las AUC estaría
especialmente dirigida contra la población desplazada y las regiones de las
sabanas de la Costa Atlántica, organizaciones sindicales, comunitarias y sociales,
algunos ediles, miembros de juntas de acción comunal, docentes, periodistas,
defensores de derechos humanos que han sido manifiesta y sistemáticamente
señalados y estigmatizados como colaboradores de la insurgencia y, en
consecuencia, amenazados”.

Estas bandas criminales tomaron el nombre de genérico de Águilas Negras y


empezaron a actuar en el sur de Barranquilla, según el gobierno distrital una de
las consecuencias más notables de la presencia de las bandas criminales se
refleja en el incremento de los hurtos, atracos, atracos callejeros y fleteos.

Barranquilla fue el municipio más afectado por los homicidios entre 2003 y 2006
con 1664 (el 61% del total departamental).
Entre 2003 y 2006 Barranquilla se constituye nuevamente en el municipio más
afectado con 26 (83%) del total de los secuestros. En el mismo periodo por
recepción de desplazados Barranquilla recibe 14.584 (47%). En cuanto a la
expulsión, en el periodo 2003-2006, Barranquilla concentra el mayor número de
personas expulsadas con 880. (Diagnóstico Departamental Atlántico del Programa
Presidencial de DDHH y DIH Vicepresidencia de la República Fuente base
cartográfica: Igac)
Capítulo II.1

Contexto Social, Económico y Político de Barranquilla 1980-2012.

Barranquilla es la capital del departamento del Atlántico. Barranquilla es la 4ª


ciudad más poblada del país después de Bogotá ,Medellín y Cali. Barranquilla
se divide en cinco localidades así: Sur Oriente, Sur Occidente, Norte-Centro
Histórico, Metropolitana y Riomar. Barranquilla y su metrópoli, que incluye
municipios como Soledad, Galapa, Malambo y Puerto Colombia, tiene una
población de unos 2,3 millones de personas. Según el censo poblacional
realizado por el DANE en 2005 Barranquilla cuenta con 1.113.016 habitantes
(52% del total), distribuida en 1.109.067 personas en el área metropolitana y
3.949 en la zona rural. Es el puerto más grande de Colombia y el centro
industrial y comercial más importante de la región del Caribe. Las actividades
económicas fundamentales están en el comercio, entre los productos industriales
que se producen están aceites y grasas vegetales, productos químicos,
farmacéuticos, industriales, textiles, bebidas, calzado, carrocerías para buses,
comestibles, jabones, ladrillos, confecciones y embarcaciones (Pagina Web
Alcaldía Distrital de Barranquilla).

En 1977 Primer campeonato logrado por el equipo Junior dirigido por la Bruja
Verón.
Alcaldes nombrados por decreto:

1978 – 1981 Roberto Pacini Solano – Grupo Político de José Name Terán.
Renunció en enero de 1981. En este año es inaugurado el Aeropuerto Ernesto
Cortizos.

1982 – 1983 Ernesto Suarez Flórez

1983 – 1984 Jacobo Acosta Bendeck Liberal independiente

1984 – 1986 Guido Borrero Duran Partido Conservador

17/03/1986 – 1987 Ramiro Besada Lombana


1987 Álvaro de la Espriella Arango

1/4/1987 - 16/11/1987 Myriam Llinás de Ovalle - Liberal - Primera alcaldesa

17/11/1987 - 4/6/1988 Daniel Moreno Villalba - Movimiento Mayorías Liberales

ALCALDES ELEGIDOS POR VOTO POPULAR:

1988 - 1989 Jaime Pumarejo Certain - Coalición Pedro Martin Leyes, Roberto
Gerlein, Juan Slebi, Eduardo Crissien y Emilio Lébolo. Su obra sobresaliente fue la
reconstrucción de la Avenida Murillo entre carreras 8 y 46 como parte de la
preparación de la ciudad para las eliminatorias del Mundial Italia 1990. Dejó al
municipio con superávit.
1989 Gustavo Certain - Coalición de Jorge Gerlein, José Name Terán. Abel
Carbonell. Jaime Vargas, Hernán Berdugo, Moisés Tarud y Ricardo Rosales.

Miguel Bolívar Acuña - 1990 - 1991. Partido Libera. Reconoció que no pudo
llevar a cabo ninguna obra material de importancia para la ciudad.

Bernardo Hoyos Montoya – 1992 – 1994. Movimiento ciudadano. Fue el primer


alcalde elegido bajo la constitución de 1991. Su primer gobierno se centró en
obras de infraestructura para los sectores pobres y en expansión de los servicios
públicos de acueducto y alcantarillado. Se firmó la concesión de los servicios de
acueducto, alcantarillado y aseo por 20 años con la empresa española Triple A.
Trasladó la alcaldía de Barranquilla al paseo de Bolívar. Donde actualmente se
ubica.

Edgard George González – 1995 – 1997 – Partido Liberal Colombiano. Ejecutó


obras de infraestructura como la canalización del Caño del Mercado, pero dejó
una deuda superior a la que recibió de su antecesor.

Bernardo Hoyos Montoya – 1998 – 2000 – Movimiento Ciudadano.

Humberto Caiaffa Rivas – 2001 – 2003. Remodeló el Paseo de Bolívar, la carrera


40, los bulevares de la carrera 46 y 54, y el Parque de los Músicos; construyó el
Parque Metropolitano y los primeros puentes peatonales de la ciudad; reubicó a
los vendedores del desaparecido almacén Ley de la calle 72 a un costado de la
gradería oriental del Estadio Romelio Martínez. Instaló un polémico sistema de
parqueo que hacía uso del espacio público. Inició el proyecto de sistema de
transporte masivo Transmetro.

Guillermo Hoenigsberg - 2004 – 2006 – Movimiento Ciudadano. Fue suspendido


el 19 de diciembre del 2007 por corrupción durante los dos mandatos del padre
Bernardo Hoyos cuando era tesorero en la alcaldía en la administración de 1994 y
Secretario de Hacienda en la administración de 1998. Demolió las manzanas
detrás del Edificio de la Caja Agraria para ampliar el Paseo de Bolívar, y
construyó allí la Plaza de La Concordia (2006). Mediante el cobro de Valorización
I, inició la ampliación de la Avenida Circunvalar entre Avenidas Murillo y
Cordialidad. Actualmente fue condenado a 10 años de prisión junto a Bernardo
Hoyos Montoya por la presunta compraventa de los terrenos El Vesubio y
Santuario.
Juan García Estrada – 2006 – 2007. Encargado después de la suspensión de
Hoenigsberg. Intentó ser candidato a la alcaldía de Barranquilla, pero fue vencido
unilateralmente por Elsa Noguera.

Alejandro Char – 2008- 2011 – Partido Cambio Radical – Saneo las finanzas de la
ciudad, eliminó las concesiones o contratos a empresas privadas que
administraban bienes públicos, entre ellas Metrotránsito, el Instituto Distrital de
Recreación y Deporte, y la recaudación de impuestos que estaba a cargo de la
firma Métodos y Sistemas, inauguro el sistema de transporte masivo Transmetro,
implementó un ambicioso plan de infraestructura educativa y de salud,
pavimentación, recuperó espacio público. Construyó el puente de la Circunvalar
con la carrera 38 y la Vía 40, construyó la glorieta que une la Vía 40 con la
Circunvalar, construyó la unidad deportiva “Carlos Valderrama”, con la
participación del Ministerio de Cultura recuperó la plaza de San Nicolás. Sus
grandes lunares fueron la movilidad vehicular y el espacio público. Fue el alcalde
de mayor aceptación de Colombia alcanzando niveles de popularidad superiores
al 90%

Elsa Noguera – 2012 – 2015 – Partido Cambio Radical – Primera alcaldesa


elegida por voto popular.

Capítulo II. 2

Contexto constatación empírica de la violencia.

Un informe de riesgo emitido por el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) de


la Defensoría del Pueblo y entregado a la Comisión Intersectorial de Alertas
Tempranas en cabeza del Ministerio del Interior, destaca que durante el primer
semestre se registraron 145 homicidios en el Distrito de Barranquilla y a la
Defensoría del Pueblo le preocupa particularmente los homicidios que causan un
alto impacto social

Cifras de la Consejería para la Seguridad y Convivencia Ciudadana local con


corte al 30 de junio de 2013 muestran que en Barranquilla se presentaron 156
homicidios, 23 casos menos frente al mismo periodo del año anterior cuando se
registraron 179 asesinatos. Las muertes se produjeron en acciones de sicariato,
hurtos, ajustes de cuentas o asaltos.

En cuanto al uso de armas de fuego el 80% de los homicidios se produce por


esta vía y el 48% son en hombres cuyas edades oscilan entre los 20 y 34 años,
con una concentración de los asesinatos en fines de semana en las noches de
sábado y madrugada del domingo. El Espectador. Investigación 6 de agosto de
2013. Por: Norbey Quevedo H.

No basta con saber si aumentan o disminuyen los homicidios, las lesiones o


cualquier otro delito, es necesario comprender el comportamiento de cada delito,
en su temporalidad como en el ámbito geográfico, y con base en esto poder
concentrar los esfuerzos y las acciones. Por ejemplo para el año 2007 ocurrieron
en la ciudad 348 homicidios por cada 100000 habitantes

Si Barranquilla se compara con las ciudades capitales de Colombia, en términos


de tasas de homicidios por cada 100.000 habitantes del año 2007, es menos
violenta que ciudades como Ibagué, Medellín, Armenia, Cali, Cúcuta, entre otras, y
con relación a las ciudades capitales de los departamentos de la Costa, se sitúa
por encima de San Andrés, Sincelejo, Cartagena, Montería, y por debajo de
Riohacha, Valledupar y Santa Marta.

Ahora, si se compara a Barranquilla (año 2007) con los demás municipios del Área
Metropolitana en términos de tasa de homicidios, se tiene que Galapa es el
municipio que más ha logrado reducir este indicador, seguido de Soledad y
Barranquilla.

En términos de la concentración de este delito en la ciudad, se tiene que en el


8.7% de los barrios que componen la ciudad (según datos suministrados por la
Administración, la ciudad tiene 207 barrios) ocurren el 50% de los homicidios y en
el 23% ocurren el 80% de los casos, siendo Rebolo, Santo Domingo de Guzmán,
El Bosque, El Centro y Chiquinquirá, los barrios con mayor número de homicidios.
(Acero Velázquez, Hugo. Violencia y Delincuencia. Barranquilla, Colombia, 2008).

Capitulo II.3

Lógico, naturaleza y características de la violencia criminal.

Capítulo III

Políticas públicas para afrontar las dinámicas de la violencia criminal.

1. Presentación

Situación de violencia y delincuencia en Barranquilla – 2013


 Comportamiento y concentración de la violencia homicida.
 Lesiones personales.
 Comportamiento de los demás delitos de impacto social.
 Muertos y lesionados en accidentes de tránsito.
 Extorsión y secuestro.
 Violencia intrafamiliar.
 Percepción de seguridad y victimización.

II. Balance de gestión misional.


1.- Estructura organizacional.
2.- Objetivos estratégicos y metas.
3.- Ejecución de líneas estratégicas:
3.1.- Fortalecimiento de la gestión Distrital de la Política de Convivencia y
Seguridad Ciudadana.
3.2. Programas y Proyectos de Convivencia y Prevención de la Violencia y la
Delincuencia.
3.3. Fortalecimiento de la Capacidad Institucional y de respuesta de los
organismos de Seguridad y Justicia.

II.- Balance administrativo y financiero.


Ejecución presupuestal 2013.
Conclusiones

Conclusiones:

Bibliografía:
Giraldo R, Jorge Economía Criminal y Poder Político. Universidad EAFIT. 2013.
Rubio, Mauricio Crimen e Impunidad Precisiones Sobre la Violencia.
Acero Velázquez, Hugo. Violencia y Delincuencia. Barranquilla, Colombia, 2008

Anexos

El Espectador. Investigación 6 de agosto de 2013. Por: Norbey Quevedo H.

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Pagina Web Alcaldía Distrital de Barranquilla

Diagnóstico Departamental Atlántico del Programa Presidencial de DDHH y DIH


Vicepresidencia de la República Fuente base cartográfica: Igac
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ciudad-211928