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TRABAJO FINAL

(EL DERECHO PENAL Y SU RELACIÓN ESTRECHA CON LOS DERECHOS


HUMANOS)
INTRODUCCIÓN

El objetivo de este trabajo es establecer cuáles son los condicionamientos que sobre el
contenido del derecho penal tiene la vigencia .de los denominados "derechos fundamentales".
La garantía de los derechos humanos en todas las fases por las que transcurre el sistema
penal, constituye, sin duda, un criterio politicocriminal básico. La asunción del mismo
responde a un determinado punto de partida. ideológico, aquel que propugna un modelo
social personalista, esto es, de orientación hacia el individuo, de consideración del Estado
como instrumentó al servicio de la persona, como medio para lograr la vigencia real de los
denominados derechos humanos y no a la inversa, de entender que el individuo y sus
derechos solamente tienen sentido dentro del Estado, que adquiere una consideración
autónoma respecto a aquellos que le integran.

El estudio de las relaciones entre el derecho penal y los derechos fundamentales no debe
dejar de tener presente que estos afectan a todo el ordenamiento penal. Y que su listado,
número y límites están históricamente acuñados, pues en los mismos convergen factores de
muy diversa índole y son fruto de la elaboración diaria en una determinada sociedad.
Las limitaciones que generan los derechos fundamentales sobre el contenido del derecho
penal pueden aparecer vinculadas, bien al Estado de Derecho, bien al carácter democrático
del mismo.

Entre las limitaciones derivadas del Estado de Derecho aparece en primer término el
principio de legalidad, plasmado en el conocido aforismo nullum crimen nulla poena sine
lege. El automatismo con que se asume este principio por la inmensa mayoría de los
ordenamientos vigentes hace que muchas veces se recuerden únicamente sus garantías
formales -la criminal, la penal, la jurisdiccional y la de ejecución que alcanzan a todas las
fases del sistema penal, pero que, en cambio, se obvien Y se pasen por alto los materiales,
vinculadas al propio origen de este principio.

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El principio de legalidad es, como afirma Sax , un hijo de la Ilustración, al ser una
consecuencia del Estado que allí se construye y que reposa sobre el principio de división de
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poderes. En este marco, afirmaba BECCARIA , "Solo las leyes pueden decretar las penas
sobre los delitos y esta autoridad no puede residir más que en el legislador que representa
toda la sociedad unida por un contrato social". Es decir, el principio de legalidad se afirma en
función de la necesidad de garantizar frente a la acción del Estado una serie de derechos
calificados como fundamentales y supone no solo la satisfacción de una serie de necesidades
jurídicas -al conocerse con anterioridad qué conductas son delictivas y qué penas les
corresponden-, sino la garantía derivada del principio de división de poderes de que
solamente el poder legislativo, formado por representantes del pueblo, determinará qué
comportamientos deben ser calificados como delitos y qué penas deben ser impuestas. Luego
la afirmación de la vigencia del principio de legalidad en un determinado ordenamiento está
vinculada a que el contenido de los preceptos penales sea claro. Y que las penas sean precisas
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, y también a la a veces olvidada exigencia de que la ley sea expresión de la voluntad
general manifestada por intermedio de los representantes democráticamente elegidos en el
Parlamento. Pues esto es lo que posibilita calificar al principio de legalidad como principio
que corresponde, no solo al Estado de derecho, sino también a las exigencias del Estado
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democrático . En cuanto únicamente con este presupuesto pueden llegar a estar
representados los intereses de todos los miembros de la comunidad en los preceptos penales.
Así, el principio de legalidad penal se resiente materialmente cuando se acude a la vía de
urgencia, al decreto o al decreto legislativo, o se emplea la técnica de las leyes penales en
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blanco y, por el contrario, más respetuoso será el ordenamiento con las garantías que
emanan de este principio, cuanto mayores sean las exigencias respecto de la elaboración de
los textos penales (20).

Los derechos humanos desde el punto de vista del derecho penal lleva una aparejada y
estrecha relación, ambas ramas del derecho tienen una similitud. Los derechos humanos en
cuanto a su protección y el derecho penal al ejercicio punitivo que corresponde al Estado; sin
embargo, la vulneración de los derechos humanos por parte del Estado es a través de los
servidores públicos y de las instituciones.

En consecuencia, a partir de que se habla de ponderación y/o protección a los derechos, es


aplicable para todas las ramas jurídicas y, a la convivencia social y su contexto, ya que no
requiere someterse a distintos procedimientos jurídicos de diversas naturalezas, ni ante
autoridades administrativas o del trabajo. Debido a esto, es necesario mencionar que el
Estado debe prevenir conductas que no vayan acorde a la sociedad, o que en términos
jurídicos, sean contrarias a derecho por encontrarse reguladas en la norma, por ello, se
proponen políticas públicas sobre las mismas normas. Desde mi perspectiva, éstas se
encuentran rebasadas por el contexto social y como consecuencia existe una prevención
deficiente de conductas antisociales.

Se considera que es aquí el punto de partida del Estado para aplicar el derecho penal, lo es
para velar por los particulares, pues no basta con decir que esta rama del derecho es pública
por las razones expuestas con anterioridad, y tal parece que es ahí donde comienza el
ejercicio de los derechos de todas las personas, buscando no menoscabar la integridad y la
dignidad humana.

El autor Pablo Hernandez Romo Valencia hace referencia a la armonía del derecho penal con
otras ramas jurídicas y refiere que “El ordenamiento jurídico es una unidad y el derecho penal
es una rama más de los que integran el ordenamiento jurídico. Todas las ramas que lo
integran se relacionan entre sí en mayor o menor medida; por lo tanto, todas las normas del
derecho penal deben convivir armónicamente con la de los otros sectores”.1

Concretamente, cabe mencionar que el derecho penal no sólo busca aplicar sanciones e
imponer penas, sino que comprende una amplia gama de elementos que el Estado, en el caso
de personas acusadas de una conducta ilícita y en su momento imputadas por ello, tiene que
acreditar con veracidad a través y del análisis del entorno y de la forma en cómo sucedieron
los hechos con apariencia de delito.

Por ello, se considera que la relación de los derechos humanos y el derecho penal comienza a
partir de un hecho o una conducta, y del análisis de los elementos jurídicos, retomado desde
una conducta tipificada por la norma como delito. Es aquí, como parte del proceso penal en
donde esa relación de ramas jurídicas cobra importancia para que no se violenten los
derechos humanos emanados del procedimiento penal.

A partir de que el órgano de procuración de justicia conoce un hecho con apariencia de delito
cuando debe comenzar su análisis minucioso sobre los elementos del tipo penal de esa
conducta.
Algo de suma importancia, primeramente, porque a las personas sujetas a un proceso penal
se les deberá, por parte de la autoridad, garantizar todos y cada uno de los derechos emanados
por la Constitución, así como de los tratados internacionales a los que el Estado mexicano
está adherido, debiendo garantizar el derecho al debido proceso; es decir, que se lleve a cabo
con las garantías de igualdad, legalidad, certeza jurídica, por mencionar algunos. No obstante
que, de la conducta se desprendan elementos que nos lleven a la conclusión de cuál fue el
actuar, a través de qué medios y razones, bajo qué circunstancias y si las características llevan
a deducir si fue cometido de forma culposa o de manera dolosa.

El lector preguntara acerca de qué es lo que tiene que ver con los derechos humanos, todo
esto que se menciona, es simple, las garantías mencionadas líneas arriba pueden ser
consideradas como violaciones procesales, por fallas en el procedimiento, y existen los
recursos para combatir dichas violaciones a las garantías y a los derechos fundamentales.

La relación de la que se habla no sólo es teoría, sino también de actuaciones por parte de las
autoridades, en la que las personas acusadas o imputadas sufren menoscabos en su integridad,
ya sea física o emocional. Vamos a citar el siguiente caso en el que agentes aprehensores se
dedican a la localización y detención de una persona “x”, la llevan a cabo en el domicilio de
la persona “y” sin ninguna autorización judicial ni mediando mandamiento emitido por
alguna autoridad competente que haya autorizado un cateo, agrediendo los agentes a la
familia de “x”, imponiendo violencia física o moral y posteriormente agrediendo al sujeto “x”
¿cuántas violaciones a los derechos humanos, así como a los tratados internacionales, se han
cometido hasta el momento en este caso?

Para comenzar a abundar acerca del tema planteado con anterioridad, es necesario que el
lector a través de este documento, conozca que la relación que guarda el derecho penal con
los derechos humanos es primordialmente por la amplia gama de derechos que protege. De
acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos el imputado, la victima u ofendido
tiene aproximadamente sesenta y ocho derechos humanos, así mismo, un marco jurídico
nacional e internacional que comprende veintitrés tratados internacionales y protocolos.

Continuando con este análisis, cabe destacar que estar frente al ejercicio punitivo del Estado,
sin hacer distinción del sujeto procesal de quien se trate, y si no se garantiza la aplicación de
los derechos humanos, lo que conocemos como justicia, carecería de seguridad y certeza
jurídica, que son garantías de gran relevancia plasmadas en la Carta Magna, vulnerando el
órgano de poder, y el mínimo respeto a las personas.

Al día de hoy existe una gran animadversión hacia las instituciones encargadas de la
procuración e impartición de justicia, así como de las instituciones de Seguridad Publica y
llegando tal nivel de desconfianza, incluso en las instituciones castrenses, que en el presente
realizan funciones de seguridad pública.

Al respecto y para efecto de fijarnos distintas perspectivas de lo planteado, Sergio García


Ramírez menciona que “El sistema penal constitucional recoge los postulados del
individualismo jurídico: la persona física como centro y razón del orden normativo y del
Estado. Se añaden las aportaciones de la corrienre social del derecho, reflejadas,
particularmente, en las normas sobre readaptacion social y menores infractores. La suma de
ambas tendencias produce el nuevo concepto de derechos humanos, o mejor aún, derecho
humano ante el Estado nacional, los otros individuos, los organos del poder formal y la
comunidad internacional. Ese derecho humano característico (el resultado de las
denominadas tres generaciones de los derechos del hombre) tiene como objeto el desarrrollo
de las potencialidades del individuio. Apareja libertad, justicia, seguridad y bienestar, si
alguno falta, se merma la vigencia real del derecho del hombre”.

En efecto el autor antes citado, encuentra un conjunto de elementos compuestos por el


individuo, por la norma escrita y por el estado, es este último quien lleva a cabo el ejercicio
punitivo; sin embargo, violentar derechos de las personas con otros fines que no sea la
justicia en su sentido más puro, no sería justicia como tal, ya que el control del Estado se
perdería.

A mayor abundamiento acerca de lo que se habla, se cita lo siguiente:

“El Derecho penal, tanto en los casos que sanciona, como en la forma de sancionarlos, es,
pues, violencia; pero no toda la violencia es Derecho penal. La violencia es una característica
de todas las instituciones sociales creadas para la defensa o protección de determinados
intereses, legítimos o ilegítimos. La violencia es, por tanto, consustancial a todo sistema de
control social. Lo que diferencia al Derecho penal de otras instituciones de control social es
simplemente la formalización del con- trol, liberándolo, dentro de lo posible, de la

espontaneidad, de la sor- presa, del coyunturalismo y de la subjetividad propia de otros


sistemas de control social. El control social jurídico-penal es, además, un control normativo,
es decir, se ejerce a través de un conjunto de normas creadas previamente al efecto”.2

Ambos autores mencionan el control social por parte del derecho penal; sin embargo, este es
ejercido por un conjunto de normas para ese efecto y que sin esa formalización del derecho
penal no habría forma de sancionar.

De acuerdo a los autores que cito en este ensayo, por inercia las ramas jurídicas del derecho
se entrelazan para crear bloques de protección, pero es el derecho penal a través del control
social, quien busca encontrar la justicia, es decir, que sea justo con todas las personas que
intervienen directa o indirectamente. Si bien, se ha tenido un avance hacia el respeto por los
derechos humanos con el paso de los años, por los criterios emitidos por la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, así como por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que
ha sancionado a Estados por violaciones a los derechos de las personas.

Está claro que la relación de ambas materias jurídicas emana de la norma, ya sea nacional o
internacional; sin embargo, ésta requiere que las partes que intervienen en las etapas del
procedimiento penal, en primer término, se encuentren debidamente capacitados y, sobre
todo, que sus acciones, derivadas de las actuaciones que practiquen, son de carácter
preponderante para salvaguardar la integridad de las personas. La misma norma nos indica el
pleno respeto a los derechos humanos en cualquier ámbito, pero al referirnos al derecho penal
podemos comenzar a citar el artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos que dice que “En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los
derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los
que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo
ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que
esta Constitución establece”.
El Código Nacional de Procedimientos Penales, en su numeral 2, puntualiza que éste “tiene
por objeto establecer las normas que han de observarse en la investigación, el procesamiento
y la sanción de los delitos, para esclarecer los hechos, proteger al inocente, procurar que el
culpable no quede impune y que se repare el daño, y así contribuir a asegurar el acceso a la
justicia en la aplicación del derecho y resolver el conflicto que surja con motivo de la
comisión del delito, en un marco de respeto a los derechos humanos reconocidos en la
Constitución y en los Tratados Internacionales de los que el Estado mexicano sea parte”.

Dentro del ámbito jurídico, se considera que existe una sobrada cantidad de ordenamientos
normativos, así como tratados, obras, estudios, entre otros, que hablan sobre derechos
humanos; sin embargo, debemos de hacer hincapié que de nada sirve que la relación entre el
derecho penal y los derechos humanos se encuentre en los documentos mencionados, se
necesita más que eso. En primer término, dejar las prácticas obsoletas que las instituciones y
servidores públicos desempeñaban de conformidad con el anterior sistema de justicia, está
claro que se torna complejo el transitar de un procedimiento oscuro y turbio como es el
sistema tradicional de justicia y, pasar en cuestión de ocho años a un sistema adversarial que
entre otros objetivos, fue creado bajo el contexto de eliminar toda aquella praxis fuera de
procedimiento que otorgará ventajas a alguna de las partes, donde además los testigos son
percibidos y escuchados a través del interrogatorio en presencia de los intervinientes, pero
sobre todo de los jueces de tribunal, y así, generar la convicción del testimonio, para acreditar
o desacreditar un hecho.

Se pudiera llegar a coincidir que la relación entre los derechos humanos y el derecho penal,
solamente es encontrada en la norma, hay casos de excepción; sin embargo, pudiéramos
llegar a creer que las malas prácticas, la transición de un sistema tradicional al sistema actual
de corte adversarial aún no ha permitido establecer en su totalidad la salvaguarda del bien
jurídico más relevante, la persona

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