Está en la página 1de 3

LA MÁQUINA DE AMAR POETAS IV

Tal vez un puente posible entre el poeta y la gente sea esta página de
diario, donde se desactivan temores y prejuicios para acceder a un
discurso estético y cultural (y, por lo mismo, siempre social) que se
construye desde el centro de la palabra.

CLAUDIA
(A Claudia Vaio que caminó buscando a su hijo por las calles de Rosario
y que hoy camina buscando justicia)

1.
Camina
rasgada de incertezas
por esos adoquines que supuran el dolor
de las veredas
de las esquirlas
de los vidrios rotos.

Camina
desde el mundo que explotó en un alarido
que atraviesa los puentes de su sangre.

Deambula
con un crucifijo entre los dedos
y el nombre de Santiago
en cada cuenta de un rosario.

Camina por las plazas


y las estaciones de trenes
y por la mugre de un baldío
invencible
infatigable
tenaz
desamparada
camina
con un río de miedo
en la matriz
y un hilo de esperanza en la garganta.

2.
Desde entonces
todas las mañanas
vuelve a morir Santiago.
(…)
Daniel Ruiz Rubini es poeta, narrador y novelista. Coordina talleres
literarios en la ciudad de Pergamino, terruño que le abrió los brazos y el
corazón desde hace muchos años, cuando dejara su San Nicolás natal.
Este poema (incompleto) está dedicado a la mamá de Santiago, víctima
de la explosión de calle Salta en el año 2013. Daniel puede hacer verbo
el dolor del otro, la dicha del otro, la desmesura del otro, el derrumbe
del otro. Así, cada uno de los poemas del libro “Porque te duele el mundo
en las palabras” toca con los dedos de la poesía la experiencia humana.

REVERBERA

con brillo
de gota
de rocío
reverbera
aquí
al lado
una de las lunas
el enigma
de la espuma
que tenaz
hubiera de morir
en
la sombra de tus ojos
cuando abrasa
la terribilidad
y tirita
la musitación

Orlando Valdez, poeta a quien hace muchos años Rosario le abrió los
brazos y el corazón, cuando dejara su San Nicolás natal, tiene varios
libros publicados y una presencia activa en el quehacer de la cultura de
la ciudad. Este poema pertenece a “el mezquino trazo del acto”. Ya el
título nos invita a corrernos de la línea recta por donde transita el
lenguaje en su versión más utilitaria y revela que la poesía no está
sometida al impulso, sino que reverbera, repercute en el lector que se
vuelve poeta en el acto de leer poesía.

DONDE UN DÍA FUIMOS


No te voy a pintar los pies
con mis manos que han muerto tantas veces,
ni a rezar a tus santos en mi país ateo;
no voy a talar mis robles en tu verde aguacero,
porque desde ahora
exilio al yo ingenuo que bebía de tu ser;
la bestia en mi cuerpo
arrastrará tus besos,
azotará tu piel
y dejará que desnuda dances
en la tumba donde un día fuimos,
tú y mi perverso yo desnudo.
Gabriel Cisneros Abedrabbo, es poeta, gestor cultural, comunicador
social y vicepresidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Este
poema que pertenece a su libro “20 giros en la pólvora y otros textos”,
juega en un necesario vaivén de opuestos que nos llevan al hondo
quejido de la memoria, allí donde el sujeto poético anhela aquello que
fue placer y hoy es herida. El tema del amor, de la desgarradura que
provoca la pérdida, acaso sea el primer saber que un novel lector de
poesía ponga en juego al momento de leer un poema. Pues sí, la gran
energía humana del amor y del eros encuentra su mejor cauce en la
poesía por su síntesis, por su potencialidad polisémica, por el intersticio
que abre y que le cede al lector para que él lo habite y, en el acto de
leer, comparta con el poeta, el instante creador. Así, la experiencia del
poeta se actualiza. Así, la necesidad de esta página de convertirse en
puente.

Miriam Cairo
cairo367@yahoo.com.ar