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BIOPOLÍTICA, GUERRA MICROBIOLÓGICA

Y NUEVO ORDEN MUNDIAL

Poder y Dominación en la Ciencia Política

Henry Álvaro Pinto Dávalos - Compilador

2020
Propósito general

‘Todo sistema de educación es una forma


política de mantener o de modificar la
adecuación de los discursos, con los
saberes y los poderes que implican’

Michel Foucault
‘El Orden del Discurso’

La biopolítica en tiempos de coronavirus


Jessica Navarro

El filósofo e historiador francés Michel Foucault (1926-1984) a principios de la década de


los 70 analizó las transformaciones de los mecanismos utilizados para gestionar la vida
individual y social en occidente, por lo cual, desarrolló tres conceptos muy populares e
influyentes en las ciencias sociales durante los últimos tiempos: Biopolítica, Biopoder y
Gubernamentalidad. En principio el pensador explicó que, durante la Edad Media, y hasta
inicios del siglo XVIII aproximadamente, la gestión de las sociedades estaba sujeta al
prototipo de la soberanía. En este paradigma, “el arte de gobernar” se centraba en la
imagen de un soberano; cuyo poder principalmente se ejercía a través de la gestión de
un territorio, teniendo para ello la autoridad de imponer leyes o castigos, así como de dar
muerte a los habitantes de ese territorio cuando no acataran sus normas.

Posteriormente a partir del XVIII, con la llegada de las ideologías liberales de gobierno,
entre otras cosas, la vida dejó de estar sometida a las decisiones de la figura del soberano,
pasando a ser el centro de la gestión política de una nueva autoridad: el Estado. El viejo
derecho del soberano medieval fue remplazado por esta nueva gestión, cuyo propósito
ya no se centra en sustraer el elemento de la vida de la población, sino en un poder que
administra la vida, la produce, regula y la hace eficiente. Este autor indica que en este
siglo se inició la llamada medicina social, por lo cual la salud y las enfermedades se vuelven
competencia del poder político, constituyendo además una de las herramientas a través
de las cuales los gobernantes ejercen mayor control sobre los gobernados, a esto le llamo
biopolítica, es decir “la forma en que… se han intentado racionalizar los problemas que
planteaban a la práctica gubernamental, fenómenos propios de un conjunto de seres vivos
constituidos como población: salud, higiene, razas, etc.”

Es así que en el año 1975 publica su obra “Vigilar y castigar” uno de los libros más
influyentes del siglo XX, llegando a convertirse en un clásico del pensamiento político,
sociológico y filosófico de la época. Según este pensador las enfermedades no solo
constituyen fenómenos biológicos de afectación individual, sino también “problemas
económicos y políticos que se plantean en las colectividades”

Cuidar la vida, la seguridad humana, la salud, la vejez son aspectos que sin duda tienen,
un dominante componente económico, y por tanto las sociedades deben producir los
recursos materiales, legales y financieros capaces de atender esas necesidades, además
de otros elementos de orden cultural, éticos y políticos, que inciden sustancialmente en
el desarrollo de la vida en general. Es aquí donde el concepto de la biopolítica toma
nuevamente un rol protagónico a nivel global, en caso de que las políticas públicas no
sean eficaces y adecuadas, habrá consecuencias en la gobernabilidad de la sociedad en
todas las esferas de la comunidad humana.

El fenómeno del coronavirus ubica a la biología, la ecología y a la medicina en primera


fila, dándoles un rol preponderante en el poder de la gestión de gobierno, y en la
preservación del bien común. El estado tiene un rol, una responsabilidad para intervenir,
negociar y administrar las tareas y los recursos necesarios para lograr la superación de la
crisis.

Después de la globalización del virus, nadie duda de la necesidad del Estado, el debate
radica en cuáles y qué sistemas de gobierno fueron o siguen siendo más eficaces en el
manejo integral de la pandemia. Cuáles actuaron o están actuando con responsabilidad,
eficacia, honestidad y transparencia y cuáles se aprovechan de la tragedia mundial para
tratar de ocultar los objetivos de la dominación y a la vez esconder sus limitaciones,
desigualdades, corrupción y precariedades
Índice
Foucault: anatomía política del “nuevo” control social ..................................................................... 1
CORONAVIRUS, A las puertas de un nuevo orden mundial ............................................................... 8
Aprendiendo Del Virus ..................................................................................................................... 11
Pánico global y horizonte aleatorio.................................................................................................. 21
La geopolítica del miedo CORONAVIRUS ......................................................................................... 28
Encerrar y vigilar............................................................................................................................... 33
Contagio social ................................................................................................................................. 42
Biopolítica y coronavirus .................................................................................................................. 60
Un análisis Marxista del CORONAVIRUS .......................................................................................... 62
El pasado de los miedos ................................................................................................................... 75
Entrevista a Giorgio Agamben.......................................................................................................... 77
Soberanía en tiempos de biopolítica: estado de alarma y derechos fundamentales ...................... 79
La estrategia de securitización de la salud ....................................................................................... 83
La tormenta perfecta de autoritarismo ........................................................................................... 85
La última resaca................................................................................................................................ 88
El discurso del miedo ....................................................................................................................... 89
“La pandemia democratiza el poder de matar” ............................................................................... 91
CORONAVIRUS: Lecciones de filosofía ............................................................................................. 94
Análisis coprosocial del COVID-19.................................................................................................... 98
La agricultura capitalista y el COVID-19: una combinación fatal ................................................... 100
Economía o salud: una falsa dicotomía para silenciar el crimen sanitario del capital ................... 107
Para un prestigioso científico argentino, “el coronavirus no merece que el planeta esté en un
estado de parate total” .................................................................................................................. 111
Guerra y peste ................................................................................................................................ 117
La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa
desde Berlín.................................................................................................................................... 119
La pandemia como coartada .......................................................................................................... 125
La Sociedad de Riesgo Mundial: coronavirus, miedo y plagas globales ........................................ 126
La política anticapitalista en la época del COVID-19 ...................................................................... 128
‘Cúnico’ ........................................................................................................................................... 136
Líderes ............................................................................................................................................ 137
Los nuevos muros de la prisión global, un ensayo de John Berger ................................................ 139
Proyecto de ley municipal pide a cochabambinos arrepentirse por sus pecados y ayuno ante
coronavirus..................................................................................................................................... 146
Coronavirus | "Con la pandemia puede pasar como en los 80: había un goce respecto a la
sexualidad y de repente apareció el sida y la culpa regresó al cuerpo" ........................................ 147
“La pregunta es qué se hace con el virus del capitalismo” ............................................................ 151
Marxismo microbiano .................................................................................................................... 156
El ‘Homo deus’ ha muerto.............................................................................................................. 157
Los culpables .................................................................................................................................. 158
Fronteras o algoritmos ................................................................................................................... 162
Glosario Médico-Covid ................................................................................................................... 165
Glosario político ............................................................................................................................. 166
Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Foucault: anatomía política del “nuevo”


control social
Javier Occhiuzzi
La Izquierda Diario

Millones de personas en el mundo fueron confinadas a la reclusión domiciliaria. En el siglo


XXI las medidas sanitarias medievales vuelven a tener plena vigencia. ¿Monitorear y curar?
o ¿vigilar y castigar? Releemos críticamente a Foucault al calor de esta nueva realidad.
Corría el año de 1975 cuando el filósofo e historiador francés Michel Foucault (1926-1984)
publicaba uno de los libros más influyentes del siglo XX, que pasará a convertirse en un
clásico del pensamiento político, sociológico y filosófico, Vigilar y castigar. Nacimiento de
la prisión. Dicho libro es un examen de los mecanismos sociales y teóricos que hay detrás
de los cambios masivos que se produjeron en los sistemas penales occidentales durante la
Edad Moderna.
Cuenta Foucault que en la Edad Media no había “castigos” sino “suplicios”. Los delitos o
las faltas (dependiendo de su gravedad) eran ataques directos a la figura personal del Rey,
por lo tanto, esas faltas debían ser rectificadas de forma pública y ejemplar. Son muchas las
historias que nos llegan por documentos de esa época en donde los verdugos con capucha
puesta impartían la justicia monárquica y eclesiástica con hacha y garrote, todo en el marco
de un espectáculo público y festivo a cielo abierto (para que Dios vea el castigo) en donde
los plebeyos y vasallos concurría con su familia para ver cómo el Rey ajustaba cuentas con
sus súbditos “desleales”.
Con el paso del tiempo y la revolución política que impuso la Revolución francesa, surge
una nueva corriente de pensamiento jurídico-filosófico a manos de la burguesía conocida
como Ius naturalismo o derecho natural, que plantea la igualdad de nacimiento de todos los
hombres sin distinción entre nobles y plebeyos. En ese marco, el “suplicio” es cuestionado
como una tortura “in-humana”, se lo considera un acto de venganza más que de justicia. El
cambio económico y social que surgió con la Revolución industrial, conocido como
capitalismo, generó un aumento de la riqueza, lo que llevó a que la burguesía se tensione
más en combatir los crímenes contra la propiedad que los crímenes contra sujetos
individuales. El castigo ya no puede concebirse como una venganza, sino que se justifica a
partir de la defensa de la sociedad y de su utilidad para el cuerpo social. Aparece, así, la
importancia de la prevención del delito. Por lo tanto, según Foucault, lo que piden los
reformadores a lo largo de todo el siglo XVIII es “no castigar menos, sino castigar mejor;
castigar con una severidad atenuada, quizá, pero para castigar con más universalidad y
necesidad; introducir el poder de castigar más profundamente en el cuerpo social”1.
Sin embargo, para Foucault, estas críticas progres que la burguesía naciente le cuestionaba
o criticaba a la monarquía medieval escondían algo más profundo: la búsqueda de una nueva
“economía del castigo”. Hay que castigar exactamente lo bastante para impedir.

1 Foucault Michel, Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión, Bs. As., Ed. Siglo XXI, 2005, p. 86.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Las nuevas herramientas


La nueva forma de dominación debía ser más coercitiva que el miedo al castigo medieval
(que se imponía a latigazo, mazmorra, hacha, hoguera e infierno) y más hegemónica que la
mirada atenta de los funcionarios, curas confesores y soldados del Rey. La síntesis de esa
necesidad política-social capitalista vio por primera vez la luz en la forma de sociedad
carcelaria.
Son dos las herramientas que se van a usar para crear la sociedad carcelaria. La primera de
ellas es la Disciplina. Un arte que se ha ejercido por años en los talleres, los monasterios y
los ejércitos. Pero que a manos de la burguesía se transforma en una herramienta de
producción.
La modalidad, en fin: implica una coerción ininterrumpida, constante, que vela sobre los
procesos de la actividad más que sobre su resultado y se ejerce según una codificación que
retícula con la mayor aproximación el tiempo, el espacio y los movimientos. A estos métodos
que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción
constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad, es a lo que se
puede llamar las "disciplinas"2.
A lo largo de la historia de la humanidad hubo varios métodos de Disciplina. Pero según
Foucault las disciplinas han llegado a ser en el trascurso de los siglos XVII y XVIII unas
“fórmulas generales de dominación”. La escuela, el hospital, la fábrica, son las instituciones
insignia de esta época y todas son hijas innegables de la prisión.

El panóptico
La autodisciplina, con formato moral-ético, que se autoimpone el ciudadano responsable por
medio de su adhesión al “Contrato Social”, lo cohesiona para que siga la disciplina
comunitaria “voluntariamente” aceptada. Pero el control hegemónico del nuevo territorio
(que ya no es un reino sino un Estado-nación) hay que optimizarlo, lo que presupone reducir
el personal a cargo de la inspección ocular. Y para desarrollar esa tarea se incorpora al
arsenal lo último en arquitectura-carcelaria: el panóptico.
El panóptico era un tipo de arquitectura carcelaria ideada por el filósofo utilitarista Jeremy
Bentham hacia fines del siglo XVIII. El objetivo de la estructura panóptica era permitir a su
guardián, guarecido en una torre central, observar a todos los prisioneros, recluidos en celdas
individuales alrededor de la torre, sin que estos puedan saber si eran observados. El efecto
más importante del panóptico es inducir en el detenido un estado consciente y permanente
de visibilidad que garantizaría el funcionamiento automático del poder, sin que ese poder se
esté ejerciendo de manera efectiva en cada momento, puesto que el prisionero no puede saber
cuándo se le vigila y cuándo no.

2 Ibídem, p. 83.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El Panóptico es una colección zoológica real; el animal está remplazado por el hombre, por
la agrupación específica la distribución individual, y el rey por la maquinaria de un poder
furtivo. Con esta diferencia: el Panóptico, también, hace obra de naturalista. Permite
establecer las diferencias: en los enfermos, observar los síntomas de cada cual, sin que la
proximidad de las camas, la circulación de los miasmas, los efectos del contagio mezclen los
cuadros clínicos; en los niños, notar los hechos singulares (sin que exista imitación o copia),
localizar las aptitudes, y en relación con una evolución normal, distinguir lo que es "pereza
y terquedad" de lo que es "imbecilidad incurable"; en los obreros notar las aptitudes de cada
cual, comparar el tiempo que tardan en hacer una obra, y si se les paga por día, calcular su
salario consiguientemente3.
Este edificio debía crear un “sentimiento de omnisciencia invisible” sobre los detenidos, en
donde cada sujeto se reduce a su mínima unidad, en donde, gracias al panóptico, se garantiza
el orden y no hay peligro de complots. El panóptico puede ser también utilizado como
máquina de hacer experimentos y modificar el comportamiento o reencausar la conducta de

3 Ibídem, p. 183.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

determinados individuos. Es un lugar privilegiado para hacer posible la experimentación con


humanos. En cierta forma es un laboratorio de poder. Su origen es polivalente: puede usarse
para corregir presos, guardar locos, hacer trabajar a mendigos y vagos, vigilar obreros e
instruir alumnos. Es una jaula cruel y sabia. En resumen, podemos decir que el “panoptismo”
es el principio general de una nueva “anatomía política” cuyo objeto y fin no son las
relaciones de soberanía sino las relaciones de disciplina. Disciplinas que funcionan cada vez
más como técnicas que fabrican individuos útiles.

Los orígenes del Biopoder


Michel Foucault incluyó al conjunto de estos primeros elementos de dominación en la
historia de lo que denominó bio-poder. Según él, este nuevo tipo de poder consiste en
“técnicas diversas y numerosas para obtener la sujeción de los cuerpos y el control de las
poblaciones. Se inicia así la era de un ‘bio-poder’4.
El primer ejemplo que se utiliza en Vigilar y castigar para ejemplificar y mostrar cómo
funciona y se controlan los cuerpos a nivel estatal es el caso del Reglamento sanitario de
fines del siglo XVIII para el manejo de la peste. Según Foucault, aquí surge el modelo
paradigmático en la política para el control de poblaciones, que va a derivar en el modelo
disciplinario, surgido sobre el tratamiento de la peste.
El modelo del reglamento sanitario tomado en Europa contra la peste negra era un calco de
la ley mosaica del Antiguo Testamento o Pentateuco (Biblia) en donde los antiguos israelitas
separaban a los leprosos de la población, piedrazo mediante en el caso de ser necesario, con
el fin de evitar la propagación de la enfermedad. Antiguamente, el tratamiento de la lepra se
reducía a la simple expulsión de los infectados, el modelo disciplinario de la peste desarrolló
grandes dispositivos de vigilancia y gestión del espacio con el objetivo de controlar la
conducta de sus usuarios sanos. El objetivo ya no era excluir a los enfermos, sino regular el
comportamiento de aquellos que podían infectarse. Para lograrlo, la gestión de la peste
siempre se hacía mediante un control estricto de la movilidad y los hábitos de todos los
ciudadanos, indicando a la población cuándo podían salir, cómo, a qué horas, qué debían
hacer en sus casas, qué tipo de alimentación debían seguir, qué tipos de contacto podían
tener y cuáles no, obligándoles incluso a presentarse periódicamente ante inspectores o a
dejarles entrar en sus casas. En palabras del propio Foucault, el modelo disciplinar “persigue
el adiestramiento minucioso y concreto de las fuerzas útiles”5 de cada individuo.

El sueño político del soberano


Durante el control de las epidemias el poder estatal puede realizar “registros patológicos”
constantes y centralizados, la gran revista de los vivos y los muertos. Contra la peste que es
caos y desorden, la disciplina aparece y hace valer su poder de análisis. La peste como forma
a la vez real e imaginaria del desorden tiene por correlato médico y político la disciplina.
La ciudad apestada, toda ella atravesada de jerarquía, de vigilancia, de inspección, de
escritura, la ciudad inmovilizada en el funcionamiento de un poder extensivo que se ejerce
de manera distinta sobre todos los cuerpos individuales, es la utopía de la ciudad
perfectamente gobernada6.

4 Foucault Michel, Historia de la sexualidad. Vol.1 La voluntad de saber, Bs. As., Ed. Siglo XXI, 2007, p. 169.
5 Foucault Michel, Vigilar y castigar, ob. cit., p. 131.
6 Ibídem, p. 202.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Todo apunta a lo mismo: el gran encierro de una parte de la población y el buen


encauzamiento de la conducta de otra. La lepra y la peste. Una está estigmatizada, la otra
analizada y guardada. El exilio del leproso y la detención de la peste no llevan consigo el
mismo sueño político. El uno es el de una comunidad pura, el otro el de una sociedad
disciplinada. Según Foucault, los filósofos contractualistas y sus juristas, para hacer
funcionar la teoría “pura” de los derechos y las leyes (que todos los ciudadanos somos
iguales ante ellas), tuvieron que imaginar un estado de naturaleza; los gobernantes: para ver
funcionar esas disciplinas perfectas, soñaban con el estado de peste.

La arqueología del Biopoder


El concepto de Biopoder, o Biopolítica, Foucault lo utilizó por primera vez, en el tomo I de
su obra Historia de la sexualidad (1976), en el último capítulo "Derecho de muerte o poder
sobre la vida", donde explica cómo en los dos últimos siglos se ha dado un paso en la forma
de ejercer el poder por parte de los Estados: el derecho de muerte tendió a “desplazarse” en
las exigencias de un poder que administra la vida, y a conformarse a lo que reclaman dichas
exigencias.
El viejo derecho del soberano medieval era “hacer morir o dejar vivir”, y fue remplazado
por el Biopoder de “hacer vivir o dejar morir”. Ahora es en la vida y a lo largo de su
desarrollo donde el poder establece su fuerza; la muerte es su límite; el suicidio llegó a ser
durante el siglo XIX una de las primeras conductas que entraron en el campo del análisis
sociológico; hacía aparecer en las fronteras y los intersticios del poder que se ejerce sobre la
vida, el derecho individual y privado de morir. Ese poder sobre la vida se desarrolló desde
el siglo XVII en dos formas principales. Uno de los polos, al parecer el primero en formarse,
fue centrado en el cuerpo como máquina: su educación, el aumento de sus aptitudes, el
arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento paralelo de su utilidad y su docilidad, su
integración en sistemas de control eficaces y económicos. El segundo se desarrolló hacia
mediados del siglo XVIII; fue centrado en el cuerpo-especie, en el cuerpo controlado por la
mecánica de lo viviente y que sirve de soporte a los procesos biológicos: la proliferación, los
nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad, con
todas las condiciones que pueden hacerlos variar. Todos esos problemas los toma a su cargo
una serie de intervenciones y controles reguladores: una biopolítica de la población. Las
disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos polos alrededor
de cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida. Según el autor, ese Biopoder
fue un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo.
La ultima que vez que Foucault trabajó el concepto de Biopoder fue en sus cursos en el
Collège de France entre 1978 y 79, cuando publicó Nacimiento de la Biopolítica. En dicha
obra trabaja el concepto de biopolítica y establece el punto sobre el que se produce este
“desplazamiento” desde la “analítica del poder” a la categoría de “gubernamentalidad”, y
desde esta a la ética. De esta forma, en Nacimiento de la Biopolítica trata de continuar la
investigación del curso de 1978 sobre la razón de Estado que aparece en Europa en el siglo
XVI, señalando la ruptura que supone el liberalismo al introducir un dispositivo crítico
interno al propio arte de gobernar y destinado a evitar sus excesos. Una racionalidad crítica.
Una racionalidad que se autorregula sobre los principios de la economía política (límite y
principio de la razón gubernamental). Una racionalidad que tuvo “la necesidad de gobernar
fenómenos biológicos que conectan a las poblaciones con la naturalidad de los procesos
económicos… nacimiento, enfermedad, longevidad…”7.

7 Foucault, Michel, Nacimiento de la Biopolítica: Curso en el Collège de France: 1978-1979, Bs. As., Ed. FCE, 2007, pp. 35-40.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El curso de 1979, que tiene por objetivo dedicarse al análisis de la biopolítica en el sentido
que venimos viendo desde Vigilar y castigar, termina analizando el marco general en el que
aparece el liberalismo y sus versiones contemporáneas: ordo liberalismo alemán y
neoliberalismo norteamericano. La conclusión final a la que llega en dicho seminario es que
el neoliberalismo es la constatación de la inutilidad de las críticas, bajo la idea de que este
régimen económico sería: “siempre lo mismo y siempre lo mismo para peor… no permiten
aprehenderlo en su especificidad. Ni laissez faire, ni sociedad del espectáculo-consumo-
masas, ni gulag planetario; el neoliberalismo es otra cosa, gran cosa o no gran cosa, no sé,
pero sin duda algo”8.
Foucault tiene la certeza de que vivimos en un sistema económico, mercantil-capitalista, que
se reconstruye y escapa de cualquier intento de análisis. Y no importa qué modelo político
sea el que gobierna, todos por igual dominan a la población por medio del Biopoder, por lo
tanto, no hay salida estratégica para este laberinto llamado capitalismo, y tenemos que
resignarnos a resistir los embates del poder de turno. Salir no se puede, solo queda resistir.
A pesar de estos aportes, Foucault no ve salida estratégica a las penurias de las masas. Su
teoría del poder, que se hace eco del enorme desarrollo que han tenido los mecanismos de
control social, tiende a borrar toda distinción de las formas de dominación y regímenes
políticos bajo la categoría de un totalitarismo todopoderoso, dejando de lado todo
antagonismo de clase. La concepción del dominio absoluto del Biopoder lleva a entender el
“estado de excepción” como fundamento de base de la política Occidental. Lo cual no hace
más que ocultar los objetivos de la dominación y sus operadores reales, así como el papel
del Estado capitalista y la incompatibilidad de los intereses de las clases sociales9.

Cuerpos confinados
Los gobiernos actuales están dando grandes saltos en los mecanismos de control. Es un
hecho que la crisis del coronavirus es aprovechada por los poderes estatales para
instrumentalizar el pánico y fortalecer los mecanismos de control de las calles y las
poblaciones. El miedo se crea, se alimenta y proporciona una oportunidad sin precedentes
para que los gobernantes y las clases dominantes obtengan el consenso, al tiempo que se
refuerza su capacidad coercitiva.
Hoy por hoy, los cuerpos pueden ser examinados y confinados. Los cuerpos pueden ser
controlados por geolocalización, en tiempo real y sin autorización. Los Estados hoy, gracias
al consenso general que les dio el COVID-19, han aplicado medidas de los más autoritarias
como hace años que no se veía, desde prohibir el derecho a huelga (Portugal), pasando por
autorizar el espionaje a la población civil para ver quien está infectado (Israel) hasta el riesgo
de pasar 5 años en prisión por violar la cuarentena (Rusia).
Es necesario examinar la relación actual entre la coerción y el consenso para comprenderla,
cuestionarla y transformarla. Ya que cuando pase la crisis del Covid-19, los Estados no van
a retroceder en las medidas de control social, en perspectiva de los futuros escenarios de
luchas de clases que se van a abrir.

8Ibídem, pp. 156-157.


9Para profundizar en una crítica marxista de la teoría foucaultiana de la violencia y la tesis del biopoder, ver Emilio Albamonte y Matías
Maiello, Estrategia socialista y arte militar, Bs. As., Ediciones IPS, 2017.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El freno de emergencia
La pandemia actual no surge en cualquier momento de la historia del capitalismo. Sino en
un periodo de crisis, desde el 2008, que no encuentra formas de generar riqueza ni ganancia,
y que con su desfinanciamiento de la salud pública en todas sus variantes no hizo más que
agravar la situación.
Las organizaciones de la clase trabajadora deben intervenir en esta crisis con un programa
independiente de las distintas fracciones capitalistas, enfrentando el poder de las clases
dominantes que explotan irracionalmente el planeta y la clase trabajadora de todo el mundo.
Los recursos necesarios para afrontar esta crisis se pueden obtener afectando los intereses de
los grandes capitalistas.
Giorgio Agamben, el filósofo y pensador italiano, dijo hace unos 10 años
(aproximadamente) que el “paradigma Biopolítico de Occidente” es el “campo de
concentración”10, eufemísticamente también llamados campos de refugiados (villa miseria
también podría entrar en la categoría). Los gobiernos mundiales frente a las nuevas
necesidades de millones de desplazados por guerras y pobres nuevos que el mismo
capitalismo genera no tienen otra forma de reaccionar que seguir acumulando cuerpos en
aislamiento. Este reforzamiento actual de los aspectos de control de la población es el
preparativo indispensable de los capitalistas para las posibles rebeliones que vaya a generar
la guerra que nos han declarado. Porque el capitalismo es barbarie más o menos disimulada
en tiempos saludables, pero abiertamente descarnada cuando las crisis económicas, sociales
y políticas se aceleran por la quiebra de una compañía global de servicios financieros, como
en 2008, o la aparición de un coronavirus como en 2020.
Este sistema social muestra que solo tiene para ofrecer la destrucción de vidas humanas, el
crecimiento de la pobreza y la desigualdad. Es también un momento especialmente
importante para mostrar el rol “esencial” de la clase trabajadora en la sociedad y mostrar que
existe otra alternativa, otra salida a la crisis.

___________0___________

10 Agamben, Giorgio, Homo Sacer. El poder soberano y la vida desnuda, Valencia, Pre-textos, 2006, p. 230.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

CORONAVIRUS, A las puertas de un


nuevo orden mundial
El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar
la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en
cuanto al control social de la población.
Raúl Zibechi

La pandemia supone la profundización de la decadencia y crisis del sistema que, en el tiempo


corto, habría comenzado en 2008, y en el largo se extiende desde la revolución mundial de
1968. Entramos en un período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para
la formación de un nuevo orden global.
En efecto, las principales tendencias en curso —militarización, declive hegemónico de
Estados Unidos y ascenso de Asia Pacífico, fin de la globalización neoliberal, reforzamiento
de los Estados y auge de las ultraderechas— son procesos de largo aliento que se aceleran
en esta coyuntura.

Desde una mirada geopolítica, China ha mostrado


capacidad para salir adelante, sobreponerse a las
dificultades y continuar su ascenso como potencia global
que en pocas décadas será hegemónica
Desde una mirada geopolítica, China ha mostrado capacidad para salir adelante,
sobreponerse a las dificultades y continuar su ascenso como potencia global que en pocas
décadas será hegemónica. La cohesión de la población y un Gobierno eficiente son dos
aspectos centrales que explican en gran medida la resiliencia/resistencia china.
La dura experiencia vivida por su pueblo en los dos últimos siglos —desde las guerras del
opio hasta la invasión japonesa— ayuda a explicar su capacidad para sobrellevar tragedias.
La revolución socialista de 1949, además de la nacionalista de 1911, y la notable mejora en
la calidad de vida del conjunto de la población, explican la cohesión en torno al Partido
Comunista y al Estado, más allá de las opiniones que se tengan de esas instituciones.
Por el contrario, la división interna que vive la población estadounidense —evidenciada en
las últimas elecciones y en la epidemia de opiáceos que ha disminuido la esperanza de
vida— se conjuga con un Gobierno errático, imperial y machista, del que desconfían incluso
sus más cercanos aliados.
La Unión Europea está aún peor que Estados Unidos. Desde la crisis de 2008 perdió su
brújula estratégica, no supo despegarse de la política de Washington y del Pentágono y evitó
tomar decisiones que incluso la benefician, como la finalización del gasoducto Nord Stream
2, paralizado por presiones de Trump. El euro no es una moneda confiable y la nunca
concretada salida del Reino Unido de la Unión Europea enseña la debilidad de las
instituciones comunes.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni qué


decir de los países latinoamericanos, sufrirán los efectos
económicos de la pandemia con mucha mayor intensidad
que los asiáticos
La financiarización de la economía, dependiente de la gran banca corrupta e ineficiente, ha
convertido la eurozona en una “economía de riesgo”, sin rumbo ni orientación de larga
duración. La impresión es que Europa está destinada a acompañar el declive estadounidense,
ya que ha sido incapaz de romper el cordón umbilical amarrado desde el Plan Marshall.
Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni qué decir de los países latinoamericanos,
sufrirán los efectos económicos de la pandemia con mucha mayor intensidad que los
asiáticos. Estos han mostrado, desde Japón y China hasta Singapur y Corea del Sur, una
notable capacidad para superar esta adversidad.
Una reciente encuesta de Foreign Policy entre doce intelectuales destacados concluye que
Estados Unidos perdió su capacidad de liderazgo global y el eje del poder mundial se traslada
a Asia. La pandemia es la tumba de la globalización neoliberal, en tanto la del futuro será una
globalización más “amable”, centrada en China y Asia Pacífico.

Hegemonía Tecnológica
En las principales y decisivas tecnologías, China está a la cabeza. Se mantiene al frente en
la construcción de redes 5G, en inteligencia artificial, computación cuántica y
superordenadores. El economista Óscar Ugarteche, del Observatorio Económico de América
Latina (Obela), sostiene que “China es la fuente de cinco ramas de la economía mundial:
farmoquímica, automotriz, aeronáutica, electrónica y telecomunicaciones”.
De modo que el cierre de las fábricas frena la producción de estas cinco ramas en el mundo.
China producía ya en 2017 el 30% de la energía solar del mundo, por encima de la UE y el
doble que Estados Unidos. La lista Top500 de los mayores superordenadores del mundo
revela que China posee 227 de 500 (el 45%), frente a solo 118 de Estados Unidos, su mínimo
histórico. Diez años atrás, en 2009, China tenía solo 21 superordenadores frente a 277 de la
entonces superpotencia.

En las principales y decisivas tecnologías, China está a la


cabeza. Se mantiene al frente en la construcción de redes
5G, en inteligencia artificial, computación cuántica y
superordenadores
El triunfo chino en la carrera tecnológica no quiere decir que su sociedad sea la deseable
desde el punto de vista de quienes deseamos una sociedad pos capitalista, democrática y no
patriarcal. El control social en China es asfixiante: desde los millones de cámaras que vigilan
a las personas hasta el diabólico sistema de “crédito social” que otorga y quita puntos según
el comportamiento correcto de sus ciudadanos, así como la estigmatización y discriminación
de las personas LGBTI.
En el resto del mundo las cosas no van mejor. El hecho de que las “democracias” europeas
hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población. “El


mundo ha aprendido del país asiático”, destaca el periódico empresarial El Economista.
El auge de los fascismos en Europa y en Américas Latina —no solo a nivel de partidos, sino
ese fascismo social difuso pero contundente, focalizado contra disidentes y emigrantes
porque lucen comportamientos distintos y otro color de piel— va de la mano del vaciamiento
de las democracias. Estas van quedando apenas como ejercicios electorales que no
garantizan el menor cambio, ni la menor influencia de la población en las políticas estatales.
Los movimientos sociales que han hecho de la manifestación y otras acciones públicas su
eje central son los más afectados. Sin embargo, los de base territorial tienen una situación
potencialmente mejor. A todos nos afecta, empero, la militarización
La experiencia del Gobierno de Syriza en Grecia, así como del Partido de Trabajadores en
Brasil, debería ser motivo de reflexión para las izquierdas del mundo sobre las dificultades
para mover la aguja de la economía y la política. Aun concediendo que se llevaron adelante
con las mejores intenciones, el saldo de sus gestiones no solo es pobre, sino regresivo en los
aspectos macroeconómico y respecto al empoderamiento de las sociedades.
El panorama para los movimientos es más que complejo, pero no es uniforme. Los que han
hecho de la manifestación y otras acciones públicas su eje central son los más afectados. Sin
embargo, los de base territorial tienen una situación potencialmente mejor. A todos nos
afecta, empero, la militarización.
Los pueblos originarios y negros de América Latina, con destaque del zapatismo, los
nasamisak de Colombia y los mapuches, están en mejores condiciones. Algo similar puede
suceder con los proyectos auto gestionados, las huertas o los espacios colectivos con
posibilidades de cultivar alimentos.
En todo caso, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control poblacional son
enemigos poderosos que, aunados, pueden hacernos un daño inmenso, al punto de revertir
los desarrollos que han tejido los movimientos desde la anterior crisis.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Aprendiendo Del Virus


La gestión política de las epidemias pone en escena la
utopía de comunidad y las fantasías inmunitarias de una
sociedad, externalizando sus sueños de omnipotencia de
su soberanía política
Sr. García
Paul B. Preciado

Si Michel Foucault hubiera sobrevivido al azote del sida y hubiera resistido hasta la
invención de la triterapia tendría hoy 93 años: ¿habría aceptado de buen grado haberse
encerrado en su piso de la rue Vaugirard? El primer filósofo de la historia en morir de las
complicaciones generadas por el virus de inmunodeficiencia adquirida, nos ha legado
algunas de las nociones más eficaces para pensar la gestión política de la epidemia que, en
medio del pánico y la desinformación, se vuelven tan útiles como una buena mascarilla
cognitiva.
Lo más importante que aprendimos de Foucault es que el cuerpo vivo (y por tanto mortal)
es el objeto central de toda política. Il n’y a pas de politique qui ne soit pas une politique des
corps (no hay política que no sea una política de los cuerpos). Pero el cuerpo no es para
Foucault un organismo biológico dado sobre el que después actúa el poder. La tarea misma
de la acción política es fabricar un cuerpo, ponerlo a trabajar, definir sus modos de
reproducción, prefigurar las modalidades del discurso a través de las que ese cuerpo se
ficcionaliza hasta ser capaz de decir “yo”. Todo el trabajo de Foucault podría entenderse
como un análisis histórico de las distintas técnicas a través de las que el poder gestiona la
vida y la muerte de las poblaciones. Entre 1975 y 1976, los años en los que publicó Vigilar
y castigar y el primer volumen de la Historia de la sexualidad, Foucault utilizó la noción de
“biopolítica” para hablar de una relación que el poder establecía con el cuerpo social en la
modernidad. Describió la transición desde lo que él llamaba una “sociedad soberana” hacia

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

una “sociedad disciplinaria” como el paso desde una sociedad que define la soberanía en
términos de decisión y ritualización de la muerte a una sociedad que gestiona y maximiza la
vida de las poblaciones en términos de interés nacional. Para Foucault, las técnicas
gubernamentales biopolíticas se extendían como una red de poder que desbordaba el ámbito
legal o la esfera punitiva convirtiéndose en una fuerza “somatopolítica”, una forma de poder
espacializado que se extendía en la totalidad del territorio hasta penetrar en el cuerpo
individual.
Durante y después de la crisis del sida, numerosos autores ampliaron y radicalizaron las
hipótesis de Foucault y sus relaciones con las políticas inmunitarias. El filósofo italiano
Roberto Espósito analizó las relaciones entre la noción política de “comunidad” y la noción
biomédica y epidemiológica de “inmunidad”. Comunidad e inmunidad comparten una
misma raíz, munus, en latín el munus era el tributo que alguien debía pagar por vivir o
formar parte de la comunidad. La comunidad es cum (con) munus (deber, ley, obligación,
pero también ofrenda): un grupo humano religado por una ley y una obligación común, pero
también por un regalo, por una ofrenda. El sustantivo inmunitas, es un vocablo privativo que
deriva de negar el munus. En el derecho romano, la inmunitas era una dispensa o un
privilegio que exoneraba a alguien de los deberes societarios que son comunes a todos. Aquel
que había sido exonerado era inmune. Mientras que aquel que estaba desmunido era aquel
al que se le había retirado todos los privilegios de la vida en comunidad.
Roberto Espósito nos enseña que toda biopolítica es inmunológica: supone una definición
de la comunidad y el establecimiento de una jerarquía entre aquellos cuerpos que están
exentos de tributos (los que son considerados inmunes) y aquellos que la comunidad percibe
como potencialmente peligrosos (los demuni) y que serán excluidos en un acto de protección
inmunológica. Esa es la paradoja de la biopolítica: todo acto de protección implica una
definición inmunitaria de la comunidad según la cual esta se dará a sí misma la autoridad de
sacrificar otras vidas, en beneficio de una idea de su propia soberanía. El estado de excepción
es la normalización de esta insoportable paradoja.

El virus actúa a nuestra imagen y semejanza, no hace más


que replicar y extender a toda la población, las formas
dominantes de gestión biopolítica y necropolítica que ya
estaban trabajando sobre el territorio nacional
A partir del siglo XIX, con el descubrimiento de la primera vacuna antivariólica y los
experimentos de Pasteur y Koch, la noción de inmunidad migra desde el ámbito del derecho
y adquiere una significación médica. Las democracias liberales y patriarco-coloniales
europeas del siglo XIX construyen el ideal del individuo moderno no solo como agente
(masculino, blanco, heterosexual) económico libre, sino también como un cuerpo inmune,
radicalmente separado, que no debe nada a la comunidad. Para Espósito, el modo en el que
la Alemania nazi caracterizó a una parte de su propia población (los judíos, pero también los
gitanos, los homosexuales, los personas con discapacidad) como cuerpos que amenazaban
la soberanía de la comunidad aria es un ejemplo paradigmático de los peligros de la gestión
inmunitaria. Esta comprensión inmunológica de la sociedad no acabó con el nazismo, sino
que, al contrario, ha pervivido en Europa legitimando las políticas neoliberales de gestión de
sus minorías racializadas y de las poblaciones migrantes. Es esta comprensión inmunológica
la que ha forjado la comunidad económica europea, el mito de Shengen y las técnicas de
Frontex en los últimos años.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

En 1994, en Flexible Bodies, la antropóloga de la Universidad de Princeton Emily Martin


analizó la relación entre inmunidad y política en la cultura americana durante las crisis de la
polio y el sida. Martin llegó a algunas conclusiones que resultan pertinentes para analizar la
crisis actual. La inmunidad corporal, argumenta Martin, no es solo un mero hecho biológico
independiente de variables culturales y políticas. Bien al contrario, lo que entendemos por
inmunidad se construye colectivamente a través de criterios sociales y políticos que
producen alternativamente soberanía o exclusión, protección o estigma, vida o muerte.
Si volvemos a pensar la historia de algunas de las epidemias mundiales de los cinco últimos
siglos bajo el prisma que nos ofrecen Michel Foucault, Roberto Espósito y Emily Martin es
posible elaborar una hipótesis que podría tomar la forma de una ecuación: dime cómo tu
comunidad construye su soberanía política y te diré qué formas tomarán tus epidemias y
cómo las afrontarás.
Las distintas epidemias materializan en el ámbito del cuerpo individual las obsesiones que
dominan la gestión política de la vida y de la muerte de las poblaciones en un periodo
determinado. Por decirlo con términos de Foucault, una epidemia radicaliza y desplaza las
técnicas biopolíticas que se aplican al territorio nacional hasta al nivel de la anatomía
política, inscribiéndolas en el cuerpo individual. Al mismo tiempo, una epidemia permite
extender a toda la población las medidas de “inmunización” política que habían sido
aplicadas hasta ahora de manera violenta frente aquellos que habían sido considerados como
“extranjeros” tanto dentro como en los límites del territorio nacional.
La gestión política de las epidemias pone en escena la utopía de comunidad y las fantasías
inmunitarias de una sociedad, externalizando sus sueños de omnipotencia (y los fallos
estrepitosos) de su soberanía política. La hipótesis de Michel Foucault, Roberto Espósito y
de Emily Martin nada tiene que ver con una teoría de complot. No se trata de la idea ridícula
de que el virus sea una invención de laboratorio o un plan maquiavélico para extender
políticas todavía más autoritarias. Al contrario, el virus actúa a nuestra imagen y semejanza,
no hace más que replicar, materializar, intensificar y extender a toda la población, las formas
dominantes de gestión biopolítica y necropolítica que ya estaban trabajando sobre el
territorio nacional y sus límites. De ahí que cada sociedad pueda definirse por la epidemia
que la amenaza y por el modo de organizarse frente a ella.
Pensemos, por ejemplo, en la sífilis. La epidemia golpeó por primera vez a la ciudad de
Nápoles en 1494. La empresa colonial europea acababa de iniciarse. La sífilis fue como el
pistoletazo de salida de la destrucción colonial y de las políticas raciales que vendrían con
ellas. Los ingleses la llamaron “la enfermedad francesa”, los franceses dijeron que era “el
mal napolitano” y los napolitanos que había venido de América: se dijo que había sido traída
por los colonizadores que habían sido infectados por los indígenas… El virus, como nos
enseñó Derrida, es, por definición, el extranjero, el otro, el extraño. Infección sexualmente
transmisible, la sífilis materializó en los cuerpos de los siglos XVI al XIX las formas de
represión y exclusión social que dominaban la modernidad patriarcocolonial: la obsesión por
la pureza racial, la prohibición de los así llamados “matrimonios mixtos” entre personas de
distinta clase y “raza” y las múltiples restricciones que pesaban sobre las relaciones sexuales
y extramatrimoniales.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Lo que estará en el centro del debate durante y después


de esta crisis es cuáles serán las vidas que estaremos
dispuestos a salvar y cuáles serán sacrificadas
La utopía de comunidad y el modelo de inmunidad de la sífilis es el del cuerpo blanco
burgués sexualmente confinado en la vida matrimonial como núcleo de la reproducción del
cuerpo nacional. De ahí que la prostituta se convirtiera en el cuerpo vivo que condensó todos
los significantes políticos abyectos durante la epidemia: mujer obrera y a menudo
racializadas, cuerpo externo a las regulaciones domésticas y del matrimonio, que hacía de
su sexualidad su medio de producción, la trabajadora sexual fue visibilizada, controlada y
estigmatizada como vector principal de la propagación del virus. Pero no fue la represión de
la prostitución ni la reclusión de las prostitutas en burdeles nacionales (como imaginó Restif
de la Bretonne) lo que curó la sífilis. Bien al contrario. La reclusión de las prostitutas solo
las hizo más vulnerables a la enfermedad. Lo que curó la sífilis fue el descubrimiento de los
antibióticos y especialmente de la penicilina en 1928, precisamente un momento de
profundas transformaciones de la política sexual en Europa con los primeros movimientos
de descolonización, el acceso de las mujeres blancas al voto, las primeras despenalizaciones
de la homosexualidad y una relativa liberalización de la ética matrimonial heterosexual.
Medio siglo después, el sida fue a la sociedad neoliberal heteronormativa del siglo XX lo
que la sífilis había sido a la sociedad industrial y colonial. Los primeros casos aparecieron
en 1981, precisamente en el momento en el que la homosexualidad dejaba de ser considerada
como una enfermedad psiquiátrica, después de que hubiera sido objeto de persecución y
discriminación social durante décadas. La primera fase de la epidemia afectó de manera
prioritaria a lo que se nombró entonces como las 4 H: homosexuales, hookers —trabajadoras
o trabajadores sexuales—, hemofílicos y heroin users —heroinómanos—. El sida
remasterizó y reactualizó la red de control sobre el cuerpo y la sexualidad que había tejido
la sífilis y que la penicilina y los movimientos de descolonización, feministas y
homosexuales habían desarticulado y transformado en los años sesenta y setenta. Como en
el caso de las prostitutas en la crisis de la sífilis, la represión de la homosexualidad sólo
causó más muertes. Lo que está transformando progresivamente el sida en una enfermedad
crónica ha sido la despatologización de la homosexualidad, la autonomización
farmacológica del Sur, la emancipación sexual de las mujeres, su derecho a decir no a las
prácticas sin condón, y el acceso de la población afectada, independientemente de su clase
social o su grado de racialización, a las triterapias. El modelo de comunidad/inmunidad del
sida tiene que ver con la fantasía de la soberanía sexual masculina entendida como derecho
innegociable de penetración, mientras que todo cuerpo penetrado sexualmente (homosexual,
mujer, toda forma de analidad) es percibido como carente de soberanía.
Volvamos ahora a nuestra situación actual. Mucho antes de que hubiera aparecido la Covid-
19 habíamos ya iniciado un proceso de mutación planetaria. Estábamos atravesando ya, antes
del virus, un cambio social y político tan profundo como el que afectó a las sociedades que
desarrollaron la sífilis. En el siglo XV, con la invención de la imprenta y la expansión del
capitalismo colonial, se pasó de una sociedad oral a una sociedad escrita, de una forma de
producción feudal a una forma de producción industrial-esclavista y de una sociedad
teocrática a una sociedad regida por acuerdos científicos en el que las nociones de sexo, raza
y sexualidad se convertirían en dispositivos de control necro-biopolítico de la población.
Hoy estamos pasando de una sociedad escrita a una sociedad ciberoral, de una sociedad
orgánica a una sociedad digital, de una economía industrial a una economía inmaterial, de

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

una forma de control disciplinario y arquitectónico, a formas de control microprostéticas y


mediático-cibernéticas. En otros textos he denominado farmacopornográfica al tipo de
gestión y producción del cuerpo y de la subjetividad sexual dentro de esta nueva
configuración política. El cuerpo y la subjetividad contemporáneos ya no son regulados
únicamente a través de su paso por las instituciones disciplinarias (escuela, fábrica, caserna,
hospital, etcétera) sino y sobre todo a través de un conjunto de tecnologías biomoleculares,
microprostéticas, digitales y de transmisión y de información. En el ámbito de la sexualidad,
la modificación farmacológica de la conciencia y del comportamiento, la mundialización de
la píldora anticonceptiva para todas las “mujeres”, así como la producción de la triterapias,
de las terapias preventivas del sida o el viagra son algunos de los índices de la gestión
biotecnológica. La extensión planetaria de Internet, la generalización del uso de tecnologías
informáticas móviles, el uso de la inteligencia artificial y de algoritmos en el análisis de big
data, el intercambio de información a gran velocidad y el desarrollo de dispositivos globales
de vigilancia informática a través de satélite son índices de esta nueva gestión semiótico-
técnica digital. Si las he denominado pornográficas es, en primer lugar, porque estas técnicas
de biovigilancia se introducen dentro del cuerpo, atraviesan la piel, nos penetran; y, en
segundo lugar, porque los dispositivos de biocontrol ya no funcionan a través de la represión
de la sexualidad (masturbatoria o no), sino a través de la incitación al consumo y a la
producción constante de un placer regulado y cuantificable. Cuanto más consumimos y más
sanos estamos mejor somos controlados.
La mutación que está teniendo lugar podría ser también el paso de un régimen patriarco-
colonial y extractivista, de una sociedad antropocéntrica y de una política donde una parte
muy pequeña de la comunidad humana planetaría se autoriza a sí misma a llevar a cabo
prácticas de predación universal, a una sociedad capaz de redistribuir energía y soberanía.
Desde una sociedad de energías fósiles a otra de energías renovables. Está también en
cuestión el paso desde un modelo binario de diferencia sexual a un paradigma más abierto
en el que la morfología de los órganos genitales y la capacidad reproductiva de un cuerpo no
definan su posición social desde el momento del nacimiento; y desde un modelo
heteropatriarcal a formas no jerárquicas de reproducción de la vida. Lo que estará en el centro
del debate durante y después de esta crisis es cuáles serán las vidas que estaremos dispuestos
a salvar y cuáles serán sacrificadas. Es en el contexto de esta mutación, de la transformación
de los modos de entender la comunidad (una comunidad que hoy es la totalidad del planeta)
y la inmunidad donde el virus opera y se convierte en estrategia política.

Inmunidad y política de la frontera


Lo que ha caracterizado las políticas gubernamentales de los últimos 20 años, desde al menos
la caída de las torres gemelas, frente a las ideas aparentes de libertad de circulación que
dominaban el neoliberalismo de la era Thatcher, ha sido la redefinición de los estados-nación
en términos neocoloniales e identitarios y la vuelta a la idea de frontera física como
condición del restablecimiento de la identidad nacional y la soberanía política. Israel,
Estados Unidos, Rusia, Turquía y la Comunidad Económica Europea han liderado el diseño
de nuevas fronteras que por primera vez después de décadas, no han sido solo vigiladas o
custodiadas, sino reinscritas a través de la decisión de elevar muros y construir diques, y
defendidas con medidas no biopolíticas, sino necropolíticas, con técnicas de muerte.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La Covid-19 ha legitimado y extendido esas prácticas


estatales de biovigilancia y control digital
normalizándolas y haciéndolas “necesarias” para
mantener una cierta idea de la inmunidad
Como sociedad europea, decidimos construirnos colectivamente como comunidad
totalmente inmune, cerrada a Oriente y al Sur, mientras que Oriente y el Sur, desde el punto
de vista de los recursos energéticos y de la producción de bienes de consumo, son nuestro
almacén. Cerramos la frontera en Grecia, construimos los mayores centros de detención a
cielo abierto de la historia en las islas que bordean Turquía y el Mediterráneo y fantaseamos
que así conseguiríamos una forma de inmunidad. La destrucción de Europa comenzó
paradójicamente con esta construcción de una comunidad europea inmune, abierta en su
interior y totalmente cerrada a los extranjeros y migrantes.
Lo que está siendo ensayado a escala planetaria a través de la gestión del virus es un nuevo
modo de entender la soberanía en un contexto en el que la identidad sexual y racial (ejes de
la segmentación política del mundo patriarco-colonial hasta ahora) están siendo
desarticuladas. La Covid-19 ha desplazado las políticas de la frontera que estaban teniendo
lugar en el territorio nacional o en el superterritorio europeo hasta el nivel del cuerpo
individual. El cuerpo, tu cuerpo individual, como espacio vivo y como entramado de poder,
como centro de producción y consumo de energía, se ha convertido en el nuevo territorio en
el que las agresivas políticas de la frontera que llevamos diseñando y ensayando durante
años se expresan ahora en forma de barrera y guerra frente al virus. La nueva frontera
necropolítica se ha desplazado desde las costas de Grecia hasta la puerta del domicilio
privado. Lesbos empieza ahora en la puerta de tu casa. Y la frontera no para de cercarte,
empuja hasta acercarse más y más a tu cuerpo. Calais te explota ahora en la cara. La nueva
frontera es la mascarilla. El aire que respiras debe ser solo tuyo. La nueva frontera es tu
epidermis. El nuevo Lampedusa es tu piel.
Se reproducen ahora sobre los cuerpos individuales las políticas de la frontera y las medidas
estrictas de confinamiento e inmovilización que como comunidad hemos aplicado durante
estos últimos años a migrantes y refugiados —hasta dejarlos fuera de toda comunidad—.
Durante años los tuvimos en el limbo de los centros de retención. Ahora somos nosotros los
que vivimos en el limbo del centro de retención de nuestras propias casas.

La biopolítica en la era ‘farmacopornográfica’


Las epidemias, por su llamamiento al estado de excepción y por la inflexible imposición de
medidas extremas, son también grandes laboratorios de innovación social, la ocasión de una
reconfiguración a gran escala de las técnicas del cuerpo y las tecnologías del poder. Foucault
analizó el paso de la gestión de la lepra a la gestión de la peste como el proceso a través del
que se desplegaron las técnicas disciplinarias de espacialización del poder de la modernidad.
Si la lepra había sido confrontada a través de medidas estrictamente necropolíticas que
excluían al leproso condenándolo si no a la muerte al menos a la vida fuera de la comunidad,
la reacción frente a la epidemia de la peste inventa la gestión disciplinaria y sus formas de
inclusión excluyente: segmentación estricta de la ciudad, confinamiento de cada cuerpo en
cada casa.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Nuestra salud no vendrá de la imposición de fronteras o


de la separación, sino de un nuevo equilibrio con otros
seres vivos del planeta
Las distintas estrategias que los distintos países han tomado frente a la extensión de la Covid-
19 muestran dos tipos de tecnologías biopolíticas totalmente distintas. La primera, en
funcionamiento sobre todo en Italia, España y Francia, aplica medidas estrictamente
disciplinarias que no son, en muchos sentidos, muy distintas a las que se utilizaron contra la
peste. Se trata del confinamiento domiciliario de la totalidad de la población. Vale la pena
releer el capítulo sobre la gestión de la peste en Europa de Vigilar y castigar para darse
cuenta que las políticas francesas de gestión de la Covid-19 no han cambiado mucho desde
entonces. Aquí funciona la lógica de la frontera arquitectónica y el tratamiento de los casos
de infección dentro de enclaves hospitalarios clásicos. Esta técnica no ha mostrado aún
pruebas de eficacia total.
La segunda estrategia, puesta en marcha por Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong-Kong,
Japón e Israel supone el paso desde técnicas disciplinarias y de control arquitectónico
modernas a técnicas farmacopornográficas de biovigilancia: aquí el énfasis está puesto en la
detección individual del virus a través de la multiplicación de los tests y de la vigilancia
digital constante y estricta de los enfermos a través de sus dispositivos informáticos
móviles. Los teléfonos móviles y las tarjetas de crédito se convierten aquí en instrumentos
de vigilancia que permiten trazar los movimientos del cuerpo individual. No necesitamos
brazaletes biométricos: el móvil se ha convertido en el mejor brazalete, nadie se separa de él
ni para dormir. Una aplicación de GPS informa a la policía de los movimientos de cualquier
cuerpo sospechoso. La temperatura y el movimiento de un cuerpo individual son
monitorizados a través de las tecnologías móviles y observados en tiempo real por el ojo
digital de un Estado ciberautoritario para el que la comunidad es una comunidad de
ciberusuarios y la soberanía es sobre todo transparencia digital y gestión de big data.
Pero estas políticas de inmunización política no son nuevas y no han sido sólo desplegadas
antes para la búsqueda y captura de los así denominados terroristas: desde principios de la
década de 2010, por ejemplo, Taiwán había legalizado el acceso a todos los contactos de los
teléfonos móviles en las aplicaciones de encuentro sexual con el objetivo de “prevenir” la
expansión del sida y la prostitución en Internet. La Covid-19 ha legitimado y extendido esas
prácticas estatales de biovigilancia y control digital normalizándolas y haciéndolas
“necesarias” para mantener una cierta idea de la inmunidad. Sin embargo, los mismos
Estados que implementan medidas de vigilancia digital extrema no se plantean todavía
prohibir el tráfico y el consumo de animales salvajes ni la producción industrial de aves y
mamíferos ni la reducción de las emisiones de CO2. Lo que ha aumentado no es la inmunidad
del cuerpo social, sino la tolerancia ciudadana frente al control cibernético estatal y
corporativo.
La gestión política de la Covid-19 como forma de administración de la vida y de la muerte
dibuja los contornos de una nueva subjetividad. Lo que se habrá inventado después de la
crisis es una nueva utopía de la comunidad inmune y una nueva forma de control del cuerpo.
El sujeto del technopatriarcado neoliberal que la Covid-19 fabrica no tiene piel, es intocable,
no tiene manos. No intercambia bienes físicos, ni toca monedas, paga con tarjeta de crédito.
No tiene labios, no tiene lengua. No habla en directo, deja un mensaje de voz. No se reúne
ni se colectiviza. Es radicalmente individuo. No tiene rostro, tiene máscara. Su cuerpo
orgánico se oculta para poder existir tras una serie indefinida de mediaciones semio-técnicas,

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

una serie de prótesis cibernéticas que le sirven de máscara: la máscara de la dirección de


correo electrónico, la máscara de la cuenta Facebook, la máscara de Instagram. No es un
agente físico, sino un consumidor digital, un teleproductor, es un código, un pixel, una cuenta
bancaria, una puerta con un nombre, un domicilio al que Amazon puede enviar sus pedidos.

La prisión blanda: bienvenido a la telerrepública de tu


casa
Uno de los desplazamientos centrales de las técnicas biopolíticas farmacopornográficas que
caracterizan la crisis de la Covid-19 es que el domicilio personal —y no las instituciones
tradicionales de encierro y normalización (hospital, fábrica, prisión, colegio)— aparece
ahora como el nuevo centro de producción, consumo y control biopolítico. Ya no se trata
solo de que la casa sea el lugar de encierro del cuerpo, como era el caso en la gestión de la
peste. El domicilio personal se ha convertido ahora en el centro de la economía del
teleconsumo y de la teleproducción. El espacio doméstico existe ahora como un punto en un
espacio cibervigilado, un lugar identificable en un mapa google, una casilla reconocible por
un dron.
Si yo me interesé en su momento por la Mansión Playboy es porque esta funcionó en plena
guerra fría como un laboratorio en el que se estaban inventando los nuevos dispositivos de
control farmacopornográfico del cuerpo y de la sexualidad que habrían de extenderse a la a
partir de principios del siglo XXI y que ahora se amplían a la totalidad de la población
mundial con la crisis de la Covid-19. Cuando hice mi investigación sobre Playboy me llamó
la atención el hecho de que Hugh Hefner, uno de los hombres más ricos del mundo, hubiera
pasado casi 40 años sin salir de la Mansión, vestido únicamente con pijama, batín y pantuflas,
bebiendo Coca-Cola y comiendo Butterfingers y que hubiera podido dirigir y producir que
la revista más importante de Estados Unidos sin moverse de su casa o incluso, de su cama.
Suplementada con una cámara de video, una línea directa de teléfono, radio e hilo musical,
la cama de Hefner era una auténtica plataforma de producción multimedia de la vida de su
habitante.
Su biógrafo Steven Watts denominó a Hefner “un recluso voluntario en su propio paraíso.”
Adepto de dispositivos de archivo audiovisual de todo tipo, Hefner, mucho antes de que
existiera el teléfono móvil, Facebook o WhatsApp enviaba más de una veintena de cintas
audio y vídeo con consigas y mensajes, que iban desde entrevistas en directo a directrices de
publicación. Hefner había instalado en la mansión, en la que vivían también una docena
de Playmates, un circuito cerrado de cámaras y podía desde su centro de control acceder a
todas las habitaciones en tiempo real. Cubierta de paneles de madera y con espesas cortinas,
pero penetrada por miles de cables y repleta de lo que en ese momento se percibía como las
más altas tecnologías de telecomunicación (y que hoy nos parecerían tan arcaicas como un
tam-tam), era al mismo tiempo totalmente opaca, y totalmente transparente. Los materiales
filmados por las cámaras de vigilancia acababan también en las páginas de la revista.
La revolución biopolítica silenciosa que Playboy lideró suponía, más allá la transformación
de la pornografía heterosexual en cultura de masas, la puesta en cuestión de la división que
había fundado la sociedad industrial del siglo XIX: la separación de las esferas de la
producción y de la reproducción, la diferencia entre la fábrica y el hogar y con ella la
distinción patriarcal entre masculinidad y feminidad. Playboy acató esta diferencia
proponiendo la creación de un nuevo enclave de vida: el apartamento de soltero totalmente
conectado a las nuevas tecnologías de comunicación del que el nuevo productor semiótico
no necesita salir ni para trabajar ni para practicar sexo —actividades que, además, se habían

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

vuelto indistinguibles—. Su cama giratoria era al mismo tiempo su mesa de trabajo, una
oficina de dirección, un escenario fotográfico y un lugar de cita sexual, además de un plató
de televisión desde donde se rodaba el famoso programa Playboy after
dark. Playboy anticipó los discursos contemporáneos sobre el teletrabajo, y la producción
inmaterial que la gestión de la crisis de la Covid-19 ha transformado en un deber ciudadano.
Hefner llamó a este nuevo productor social el “trabajador horizontal”. El vector de
innovación social que Playboy puso en marcha era la erosión (por no decir la destrucción)
de la distancia entre trabajo y ocio, entre producción y sexo. La vida del playboy,
constantemente filmada y difundida a través de los medios de comunicación de la revista y
de la televisión, era totalmente pública, aunque el playboy no saliera de su casa o incluso de
su cama. En ese sentido, Playboy ponía también en cuestión la diferencia entre las esferas
masculinas y femeninas, haciendo que el nuevo operario multimedia fuera, lo que parecía
un oxímoron en la época, un hombre doméstico. El biógrafo de Hefner nos recuerda que este
aislamiento productivo necesitaba un soporte químico: Hefner era un gran consumidor de
Dexedrina, una anfetamina que eliminaba el cansancio y el sueño. Así que paradójicamente,
el hombre que no salía de su cama, no dormía nunca. La cama como nuevo centro de
operaciones multimedia era una celda farmacopornográfica: sólo podría funcionar con la
píldora anticonceptiva, drogas que mantuvieran el nivel productivo en alza y un constante
flujo de códigos semióticos que se habían convertido en el único y verdadero alimento que
nutría al playboy.
¿Les suena ahora familiar todo esto? ¿Se parece todo esto de manera demasiado extraña a
sus propias vidas confinadas? Recordemos ahora las consignas del presidente francés
Emmanuel Macron: estamos en guerra, no salgan de casa y teletrabajen. Las medidas
biopolíticas de gestión del contagio impuestas frente al coronavirus han hecho que cada uno
de nosotros nos transformemos en un trabajador horizontal más o menos playboyesco. El
espacio doméstico de cualquiera de nosotros está hoy diez mil veces más tecnificado que lo
estaba la cama giratoria de Hefner en 1968. Los dispositivos de teletrabajo y telecontrol están
ahora en la palma de nuestra mano.
En Vigilar y castigar, Michel Foucault analizó las celdas religiosas de encierro unipersonal
como auténticos vectores que sirvieron para modelizar el paso desde las técnicas soberanas
y sangrientas de control del cuerpo y de la subjetivad anteriores al siglo XVIII hacia las
arquitecturas disciplinarias y los dispositivos de encierro como nuevas técnicas de gestión
de la totalidad de la población. Las arquitecturas disciplinarias fueron versiones secularizada
de las células monacales en las que se gesta por primera vez el individuo moderno como
alma encerrada en un cuerpo, un espíritu lector capaz de leer las consignas del Estado.
Cuando el escritor Tom Wolfe visitó a Hefner dijo que este vivía en una prisión tan blanda
como el corazón de una alcachofa. Podríamos decir que la mansión Playboy y la cama
giratoria de Hefner, convertidos en objeto de consumo pop, funcionaron durante la guerra
fría como espacios de transición en el que se inventa el nuevo sujeto prostético,
ultraconectado y las nuevas formas consumo y control farmacopornográficas y de
biovigilancia que dominan la sociedad contemporánea. Esta mutación se ha extendido y
amplificado más durante la gestión de la crisis de la Covid-19: nuestras máquinas portátiles
de telecomunicación son nuestros nuevos carceleros y nuestros interiores domésticos se han
convertido en la prisión blanda y ultra conectada del futuro.

Mutación o sumisión
Pero todo esto puede ser una mala noticia o una gran oportunidad. Es precisamente porque
nuestros cuerpos son los nuevos enclaves del biopoder y nuestros apartamentos las nuevas

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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células de biovigilancia que se vuelve más urgente que nunca inventar nuevas estrategias de
emancipación cognitiva y de resistencia y poner en marcha nuevos procesos antagonistas.
Contrariamente a lo que se podría imaginar, nuestra salud no vendrá de la imposición de
fronteras o de la separación, sino de una nueva comprensión de la comunidad con todos los
seres vivos, de un nuevo equilibrio con otros seres vivos del planeta. Necesitamos un
parlamento de los cuerpos planetario, un parlamento no definido en términos de políticas de
identidad ni de nacionalidades, un parlamento de cuerpos vivos (vulnerables) que viven en
el planeta Tierra. El evento Covid-19 y sus consecuencias nos llaman a liberarnos de una
vez por todas de la violencia con la que hemos definido nuestra inmunidad social. La
curación y la recuperación no pueden ser un simple gesto inmunológico negativo de retirada
de lo social, de cierre de la comunidad. La curación y el cuidado sólo pueden surgir de un
proceso de transformación política. Sanarnos a nosotros mismos como sociedad significaría
inventar una nueva comunidad más allá de las políticas de identidad y la frontera con las que
hasta ahora hemos producido la soberanía, pero también más allá de la reducción de la vida
a su biovigilancia cibernética. Seguir con vida, mantenernos vivo como planeta, frente al
virus, pero también frente a lo que pueda suceder, significa poner en marcha formas
estructurales de cooperación planetaria. Como el virus muta, si queremos resistir a la
sumisión, nosotros también debemos mutar.
Es necesario pasar de una mutación forzada a una mutación deliberada. Debemos
reapropiarnos críticamente de las técnicas de biopolíticas y de sus
dispositivos farmacopornográficos. En primer lugar, es imperativo cambiar la relación de
nuestros cuerpos con las máquinas de biovigilancia y biocontrol: estos no son simplemente
dispositivos de comunicación. Tenemos que aprender colectivamente a alterarlos. Pero
también es preciso desalinearnos. Los Gobiernos llaman al encierro y al teletrabajo. Nosotros
sabemos que llaman a la descolectivización y al telecontrol. Utilicemos el tiempo y la fuerza
del encierro para estudiar las tradiciones de lucha y resistencia minoritarias que nos han
ayudado a sobrevivir hasta aquí. Apaguemos los móviles, desconectemos Internet. Hagamos
el gran blackout frente a los satélites que nos vigilan e imaginemos juntos en la revolución
que viene.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Pánico global y horizonte aleatorio


Álvaro García Linera

Hemos entrado en tiempos paradójicos propios de una sociedad mundial en transición.


Tiempos de inestabilidad generalizada en la que los horizontes compartidos se diluyen y
nadie sabe si lo que viene mañana es la repetición de lo de ahora, o un nuevo orden social
más preocupado por el bienestar de las personas… o el abismo. La angustiosa contingencia
del porvenir es la única certidumbre.
Y es que ahora no estamos ante los azares regulares de la cotidianidad como, por ejemplo,
cuando tomábamos un metro para dirigirnos al trabajo y no podíamos prever con quiénes
nos encontraríamos en el vagón o si llegaríamos a tiempo. La incertidumbre actual es más
profunda, es de destino, porque uno no sabe en realidad cuándo volverá a tomar el metro, si
tendrá trabajo al cual dirigirse o, llegado el extremo, si estaremos vivos para entonces. Lo
de hoy es pues un derrumbe absoluto del horizonte de las sociedades en la que la aleatoriedad
del porvenir es de tal naturaleza que todo lo imaginable, incluida la nada, pudiera suceder.
Un diminuto virus de entre los cientos de miles que existen está llevando a que más de 2.600
millones de personas suspendan sus actividades regulares, que una gran parte de los trabajos
con los que la gente reproduce sus condiciones de existencia esté paralizada, y que los
gobiernos implementen estados de excepción sobre la posibilidad de desplazarse y
agruparse. Un pánico global se ha apoderado de los medios de comunicación y una niebla
de sospecha sobre el otro cercano, portador de la enfermedad, quiere encumbrarse en el
espíritu de la época.

Las imposturas de la globalización


Y lo paradójico resulta del hecho que, en momentos de exaltación de la globalización de los
mercados financieros, de las cadenas de suministros, de la cultura de masas y de las redes,
el principal cuidado que se despliegue ante una enfermedad globalizada sea el aislamiento
individual. Es como una confesión de derrota de esos mercados globales y sus sacerdotes
ante la necesaria persistencia de los Estados, la sanidad pública y las familias como núcleos
imprescindibles de socialidad y protección. De ahí que resulte hasta grotesco ver a los
profetas del libre comercio y del “Estado mínimo” que ayer exigían derribar las fronteras
nacionales y deshacerse de los “costosos” sistemas de derechos sociales (salud, educación,
jubilación y otros), salir ahora a aplaudir el cierre profiláctico de las fronteras y exigirle al
Estado medidas más drásticas para atender a los ciudadanos y reactivar las economías
nacionales.
Que la euforia globalizadora como destino final de la humanidad solo se aferre al encierro
individual y que la única organización política prevaleciente ante la emergencia de una
enfermedad global, resultante del propio curso de la globalización, solo sea el Estado, habla
de una farsa sin atenuantes. Algo anda mal en esa paradoja: o bien la globalización como
proyecto político-económico fue y es una estafa colectiva para el rédito de pocos o bien las
sociedades aún no comprenden las “virtudes” del mundo global, lo que equivale a decir a si
la realidad no se acomoda a la retórica, la que está fallando es la realidad y no la retórica
sobre esa realidad. La verdad es que no hay respuesta globalizada a un drama global y ahí
ya existe una sentencia histórica sobre una época aciaga.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Se trata en definitiva de un descomunal fracaso de la globalización tal como hasta ahora se


la ha construido y, sobre todo, del discurso político que la acompañó y de las ideologías
normativas que la secundaron.
Claro, si se globalizan los mercados de acciones, pero no la protección social; si se globalizan
las cadenas de suministros, pero no el libre desplazamiento de las personas; si se globalizan
las redes sociales, pero no los salarios ni las oportunidades, entonces la globalización es más
una coartada de unos cuantos países, de unas cuantas personas para imponer su dominio, su
poder y su cultura, que una verdadera integración universal de los logros humanos en
beneficio de todos.
Se trata de una manera mutilada de globalizar la sociedad que, al tiempo de generar más
desigualdades e injusticias, debilita los mecanismos de protección y cuidado creados a lo
largo de décadas por los diferentes Estados nacionales.
Hoy vemos que los mercados financieros no curan enfermedades globales, solo intensifican
sus efectos en los más débiles; hoy vemos que el libre comercio ha llevado a un retroceso en
las condiciones de igualdad similares a las de inicios del siglo XX. Según Piketty, el 1 % de
los más ricos de Estados Unidos, quienes el año 1975 llegaron a concentrar el 20 % de la
propiedad del total de los activos inmobiliarios, profesionales y financieros, al año 2018 han
aumentado su participación hasta en un 40 %, similar al año 1920; hoy sabemos que ninguna
institución global tiene la más mínima posibilidad de cohesionar las voluntades sociales para
enfrentar las adversidades globales, en cambio el Estado sí lo viene logrando. Es como si la
“mano invisible” de Smith no solo fuese inservible para los cuidados de la humanidad, sino
más peligrosa que la propia pandemia. Y es que la globalización hasta ahora funciona como
un modo de acrecentar ganancias privadas de las empresas grandes del mundo, en
contraparte es inútil para promover la protección de las personas.
La actual epidemia no es la primera de carácter global. Ya se han presentado otras desde el
inicio del mercado mundial a principios del siglo XVI, durante la colonización de América
cuando la viruela redujo entre el 70 y 80 % de la población originaria; luego, en distintos
lugares del planeta las infecciones del cólera, de la gripe rusa en el siglo XIX, la gripe
española, la gripe aviar, el VIH, recientemente el SARS 1, H1N1 y demás.
Las enfermedades globales emergen de los modos de subsunción formal y real de la
naturaleza viva a la racionalidad de la producción mercantil que fracturan los procesos,
regulados en la transmisión de enfermedades entre distintas especies animales. Subsunción
formal, cuando se presiona a la pequeña economía agraria a internarse cada vez más en
bosques y áreas ecológicamente autosostenibles para mercantilizar la flora y la fauna;
subsunción real, cuando la producción plenamente capitalista impone ilimitadamente en los
bosques modos de trabajo agrícolas extensivos articulados a los mercados de los
commodities. En ambos casos la interface entre la vida silvestre y los seres humanos que se
regulaba gradualmente durante décadas y siglos a través de la difusión en pequeñas
comunidades, ahora se comprime en días o semanas en gigantescos conglomerados
humanos, estallando en contagios fulminantes, masivos y devastadores.
Detrás de cada pandemia está una manera de definir la riqueza social como ilimitada
acumulación privada de dinero y bienes materiales y que, por tanto, convierte a la naturaleza,
con sus componentes de seres vivos e inanimados, en una simple masa de materia prima
susceptible de ser procesada, depredada y financiarizada. Es un modo enceguecido de
producir cada vez más dinero, pero impotente para producir un modo global para proteger a
las personas y mucho menos a la naturaleza. El resultado es un orden dominante de sociedad

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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que no comprende que su compulsiva manera de devorar la naturaleza en el altar de la


ganancia es una manera de devorarse a sí misma.
Que los mercados y las instituciones globales ahora se escuden detrás de las legitimidades
estatales para intentar contener los demonios destructivos que esta forma de globalización
ha desatado es la constatación de un doble fracaso: de las instituciones globales para
proponer factibles respuestas globales para proteger la salud de las personas de todos los
países; y de los mercados globales para impedir el descalabro económico mundial acelerado
por la pandemia.
Al estancamiento económico de los últimos años ahora le sigue la recesión global, es decir,
un decrecimiento de las economías locales que va a llevar a un cierre viral de empresas, al
despido de millones de trabajadores, a la destrucción del ahorro familiar, al aumento de la
pobreza y el sufrimiento social. Y nuevamente los sacerdotes de la globalización, insuflados
en su mezquindad, se cruzan de brazos a la espera de que los Estados nacionales gasten sus
últimas reservas, hipotequen el futuro de al menos dos generaciones para contener el enojo
popular y atemperar el desastre que los arquitectos de la globalización han ocasionado.
Cuando la pujanza global era evidente, ella tenía muchos padres, cada cual más enardecido
respecto a la fingida superioridad histórica del libre mercado. Y ahora que la recesión
mundial asoma las orejas, ella se presenta como huérfana y sin responsables. Y tendrá que
ser el vapuleado Estado el que intente salir al frente para atenuar los terribles costos sociales
de una orgía económica de pocos.

Regreso del Estado


Ciertamente asistimos y asistiremos a una revalorización general del Estado, tanto en su
función social-protectiva, como económica financiera. Ante las nuevas enfermedades
globales, pánicos sociales y recesiones económicas, solo el Estado tiene capacidad
organizativa y la legitimidad social como para poder defender a los ciudadanos.
Estamos ante un momento de regresión colectiva a los miedos sociales que, a decir de Elías,
son los fundamentos de las construcciones estatales. Pero por ahora solo el Estado, bajo su
forma integral gramsciana de aparato administrativo y sociedad civil politizada y organizada,
puede orientar voluntades sociales hacia acciones comunes y sacrificios compartidos que
van a requerir las políticas públicas de cuidado ante la pandemia y la recesión económica.
Bajo estas circunstancias, el Estado aparece como una comunidad de protección ante los
riesgos de muerte y crisis económica. Y si bien es cierto que el destino de muchos ha de
depender de la decisión de pocos que monopolizan las decisiones estatales, y por eso Marx
hablaba de una “comunidad ilusoria”, estas decisiones habrán de ser efectivas para crear un
cuerpo colectivo unificado en su determinación de sobreponerse a la adversidad siempre y
cuando logre dialogar con las esperanzas profundas de las clases subalternas.
Incluso la recesión global halla en el Estado nacional a la única realidad social capaz de
reorganizar la flecha temporal del flujo de la riqueza de las naciones para adelantar hoy a
todos lo que se producirá mañana, a fin de dar un empujón a los ingresos laborales, al
consumo interno, a la generación estatal de empleo y al crédito productivo.
Cuánto durará este re-torno al Estado, es difícil saberlo. Lo que sí está claro es que, por un
largo tiempo ni las plataformas globales, ni los medios de comunicación, ni los mercados
financieros ni los dueños de las grandes corporaciones tienen la capacidad de articular
asociatividad y compromiso moral similar a los Estados. Que esto signifique un regreso a
idénticas formas de estado de bienestar o desarrollista de décadas atrás no es posible porque
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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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existe unas interdependencias técnico económicas que ya no pueden dar marcha atrás para
erigir sociedades autocentradas en el mercado interno y el asalariamiento regular. Pero, sin
Estado social preocupado por el cuidado de las condiciones de vida de las poblaciones
seguiremos condenados a repetir estos descalabros globales que agrietan brutalmente a las
sociedades y las dejan al borde del precipicio histórico.
Las formas emergentes de Estado tendrán que combinar una revalorización del mercado
interno, la protección social ampliada a asalariados, no asalariados y formas híbridas de
trabajo autónomo, profundas políticas de democratización de la propiedad y las decisiones
sobre el futuro, con la articulación controlada de las distintas cadenas de suministros
mundiales, la fiscalización radical de los flujos financieros e inmediatas acciones de
protección del medioambiente planetario.
Ahora, otra de las paradojas del tiempo de bifurcación aleatoria como el actual es el riesgo
de un regreso pervertido del Estado bajo la forma de keynesianismos invertidos y de un
totalitarismo del big data como novísima tecnología de contención de las clases peligrosas.
Si el regreso del Estado es para utilizar dinero público, es decir, de todos, para sostener las
tasas de rentabilidad de unos pocos propietarios de grandes corporaciones no estamos ante
un Estado social protector, sino patrimonializado por una aristocracia de los negocios, como
ya sucedió durante todo el periodo neoliberal que nos ha llevado a este momento de
descalabro societal.
Y si el uso del big data es irradiado desde el cuidado médico de la sociedad a la
contrainsurgencia social, estaremos ante una nueva fase de la biopolítica devenida ahora en
data-política, que de la gestión disciplinaria de la vida en fábricas, centros de reclusión y
sistemas de salud pública pasa al control algorítmico de la totalidad de los actos de vida,
comenzando por la historia de sus desplazamientos, de sus relaciones, de sus elecciones
personales, de sus gustos, de sus pensamientos y hasta de sus probables acciones futuras,
convertido ahora en datos de algún algoritmo que “mide” la “peligrosidad” de las personas;
hoy peligrosidad médica; mañana peligrosidad cultural; pasado mañana peligrosidad
política.

La irreductibilidad del cuerpo


La realidad es que el cuerpo, los trazos del cuerpo en el espacio-tiempo social siempre han
sido el obsesivo destino de todas las relaciones de poder y hoy lo es de manera absoluta.
Decía Valery, en uno de sus diálogos, que lo más profundo de las personas es la piel y no se
equivocaba. En la piel del cuerpo están grabados los códigos de la sociedad y por eso lo que
más se extraña en el encierro es el encuentro de cuerpos, la acción de los cuerpos cercanos,
el lenguaje de los cuerpos que nos hablan y nos educan sin tomar conciencia de ello.
Así pues, pareciera que también estamos enterrando en la angustia del encierro la cara
tecnicista de la utopía liberal del individualismo autosuficiente que pretendía sustituir la
realidad social por la realidad virtual. Es que los cuerpos, sus interacciones son y seguirán
siendo imprescindibles para la creación de sociedad y de humanidad. Ahora sabemos que
los empleos virtuales, el “teletrabajo”, importantes y en aumento, no son el modo
predominante de la generación de riqueza de las naciones; que la fuerza de trabajo es siempre
una composición de esfuerzo físico y mental; que las sociedades nacionales se paralizan si
no hay actividad humana corporal interactuando con otras corporeidades. Es como si la piel
y el cuerpo fueran fuerzas productivas de la sociedad en general y de las formas de
comunidad en particular, comenzando por la familiar, nacional y mundial.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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Un like en el Facebook es una convergencia cerrada de inclinaciones que no produce algo


nuevo más que el incremento contable de adherencias anónimas. Una asamblea en cambio
es una permanente construcción social-corporal de conocimientos prácticos y experiencias
comunes.
El desasosiego y sensación de mutilación con las que la gente reacciona ante el necesario y
temporal encierro revela que el cuerpo no es meramente un estorboso receptáculo de un
cerebro capaz de dar el salto a la virtualidad absoluta. No, el cuerpo no es un cajón de
neuronas organizadas; el cuerpo es la prolongación del cerebro en la misma medida que el
cerebro es la prolongación del cuerpo y, por tanto, los mecanismos de conocimiento, de
invención, de afectos y de acción social son actividades integrales de todo el cuerpo en su
vinculación con otros cuerpos, con la humanidad entera y la naturaleza entera.
El cuerpo es, pues, un lugar privilegiado de conocimiento social y de producción de la
sociedad.
Que los límites de la virtualidad global forzada saquen a la luz el valor de las experiencias
del cuerpo es también otra de las paradojas del tiempo ambiguo. Y si bien es probable que
de aquí a unos años esta experiencia angustiante sea olvidada, muchos saldrán a las calles
con el cuello doblado hacia el celular, pero podrán hacerlo porque la gente está ahí, a la
mano, interactuando con uno mismo, a través de las miradas y los gestos del cuerpo, aunque
nuestra conciencia esté en el diálogo del wasap. Pero también es probable que la
desesperación por el encuentro con los otros vuelva a manifestarse recurrentemente si es que
no sabemos sacar ahora las lecciones de este tipo de globalización mezquina que no se
preocupa ni por la gente común ni por la naturaleza en común; y quizá el pavor se convierta
en un estado permanente de la convivencia social.
Los seres humanos somos seres globales por naturaleza y nos merecemos un tipo de
globalización que vaya más allá de los mercados y los flujos financieros. Necesitamos una
globalización de los conocimientos, del cuidado médico, del tránsito de las personas, de los
salarios de los trabajadores, del cuidado de la naturaleza, de la igualdad entre mujeres y
hombres, de los derechos de los pueblos indígenas, es decir, una globalización de la igualdad
social en todos los terrenos de la vida, que es lo único que enriquece humanamente a todos.
Mientras no acontezca eso, como tránsito a una globalización de los derechos sociales, es
imprescindible un Estado social plebeyo que no solo proteja a la población más débil, que
amplíe la sanidad pública, los derechos laborales y reconstruya metabolismos mutuamente
vivificantes con la naturaleza; sino que además democratice crecientemente la riqueza
material y el poder sobre ella, por tanto, también la política, el modo de tomar decisiones
que deberán ir cada vez más de abajo hacia arriba y cada vez menos de arriba hacia abajo,
en un tipo de Estado integral que permita ir irradiando la democrática asociatividad
molecular de la sociedad sobre el propio Estado.

Universidad en tiempos de caos planetario


Finalmente, la universidad pública es parte del Estado; de hecho, es una de sus instituciones
más importantes en la formación de las múltiples legitimidades estatales y no estatales:
universaliza la educación regular, distribuye los bienes educativos en la sociedad, construye
capilaridades para el surgimiento de nuevos oficios y, por, sobre todo, produce conocimiento
social y modos de integración intelectual, lógica y moral de la sociedad con el Estado.
En tiempos neoliberales, a la par con el desmoronamiento del Estado social, las élites
abrazaron vías de legitimación externas, las tecnocracias de universidades del norte, los
consultores de organismos internacionales que se dedicaron a crear una liturgia en torno a

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las bondades de la expropiación de recursos públicos y la externalización del excedente


económico nacional. Ello trajo una cadena de desprecios coloniales hacia el conocimiento
local y las universidades públicas.
Ninguna sociedad es capaz de autodeterminarse, esto es de definir por sí misma su destino,
sin producción de conocimiento de sí y del mundo. Por ello las universidades tienen hoy un
doble reto: ampliar su capacidad de generación de conocimiento propio, esto es no solo
repetir y difundir lo que otros han hecho en otras partes del mundo. Ciertamente el acceso a
otros conocimientos locales es imprescindible para producir cosas nuevas; pero lo que
sucede en cada patria ni es la validación empírica de lo que otros han teorizado en otros
lugares ni mucho menos la “desviación” temporal de un destino al que hay que apegarse
tarde o temprano.
Hay que tener la osadía de producir nuevos conocimientos, nuevas estructuras conceptuales
que vuelvan inteligible esta huracanada de acontecimientos anteriormente inexistentes que
sean capaces de dialogar con esquemas conceptuales producidos en otras partes del mundo
y, también, de explicar de mejor manera, con categorías más lógicas, lo que sucede acá y lo
que acontece también en esas otras zonas del planeta. Hoy es un momento excepcional para
las ciencias sociales por la propia excepcionalidad de todo lo que viene aconteciendo en
todos lados y en todos los terrenos de la experiencia social.
La sociedad latinoamericana a lo largo de su historia pasada y presente ha dado ejemplos de
una inigualable audacia política y social para impugnar las múltiples relaciones de poder,
para producir combinaciones institucionales novedosas, para levantar formas de acción
colectiva vanguardistas muchas de las cuales sirven como ejemplo o referente de otras
sociedades del mundo; y lo mismo debería suceder con la producción de conocimiento y
teoría social. De hecho, eso ya viene sucediendo, solo que nos falta ver con mayor atención
a lo que pasa en nuestro horizonte interior como fuente también de conocimiento universal.
Encima, contamos con una forma de proceder más plural y de cierta manera cosmopolita
intelectualmente. A diferencia de las academias de los países centrales en la que cada
universidad prestigiosa y cada intelectual reconocido, fruto del previsible efecto de
competencia de las posiciones intelectualmente dominantes, practican un silencioso
desprecio por lo que se produce en otras naciones, en una suerte de vergonzoso nacionalismo
intelectual; en nuestros países, en cambio, existe una avidez, a veces sobredimensionada, por
conocer la producción académica de otros países, especialmente si son dominantes. Esto que
en principio es un lastre, fácilmente es y puede ser una gran ventaja si sumamos una
irrefrenable pasión por lo propio, incluido lo propio continental. A eso es lo que finalmente
podríamos llamar como producción de conocimiento universal mucho más potente que
muchos conocimientos regionalistas y localistas dominantes que hoy simulan ser universales
por el solo hecho del efecto, en la teoría, de la posición económicamente dominante en el
planeta de los lugares donde se producen esos conocimientos.
Y, en segundo lugar, está el compromiso del estudiante, el profesor e investigador con la
sociedad. Frente a una lectura distorsionada de la recurrida “neutralidad valorativa” que
ilusiona hallar personas despojadas del conjunto de valores, inclinaciones políticas y apegos
morales que atraviesan sus estructuras mentales, cosa que es ya en sí misma una valoración
mágica del mundo; es por demás evidente que el investigador no puede desprenderse de su
ser social ni de la trama de relaciones de poder que lo rodean. En estricto sentido, por lo
general, la fuerza interior de cada buena investigación radica precisamente en la correcta
administración de esa trama constitutiva del ser social del investigador. Una consciencia de
esas determinaciones para inicialmente plantear el problema de investigación es el mejor

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punto de partida. Pero esta consciencia implacable de los criterios valóricos que ayudan a
formular el hecho social a estudiar no puede ni servir para someter a las mismas razones el
proceso ni el resultado de la investigación, porque entonces ya no se investiga, sino que se
convalida algo que ya era sabido antes de la investigación, y el hecho social no emerge de
una articulación de causalidades sino de deseos, anulando así el proceso de conocer.
La pertinencia de los compromisos sociales del investigador han de estar al momento de
visibilizar los hechos a estudiar, al momento de formular las preguntas sobre los hechos que
habrá que resolver, porque cada manera de ubicarse en el mundo habilita con mayor o menor
evidencia un espacio de infinitas preguntas enmarcadas en las expectativas y juicios que se
tienen sobre el curso del mundo.
La lealtad a los compromisos, si estos son críticos sobre la realidad del mundo, debe ponerse
a prueba en la multidiciplinariedad y heterodoxia de las herramientas conceptuales para
adoptar, retorcer, fusionar e inventar aquellas que mejor capten la dinámica de los
acontecimientos. La propia investigación necesariamente va a hacer brotar en su desarrollo
conceptos y esquemas lógicos que expresen de mejor manera las regularidades detectadas,
y no hay que rehuir a estas. Los modos de obtener y medir los datos de los procesos sociales
igualmente deberán adecuarse a cubrir la mayor parte de la cualidad del hecho escudriñado,
en tanto que la articulación lógica de los resultados deberá estar guiada por la intensión de
volver evidente, casi apodíctico, el flujo de las causalidades, tanto lógicas como prácticas de
las personas involucradas en el hecho social. Así el compromiso social será tanto más válido
por la fuerza argumentativa de los hechos, que por la retórica
Conocimiento social, el resurgimiento del Estado y los tiempos de incertidumbre estratégica
de las sociedades abren un espacio infinito de posibilidades de creatividad social, de
compromisos políticos y despliegue de herramientas académicas capaces de contribuir la
autorreflexión de la sociedad e impactar en políticas públicas.
El mundo se encuentra atrapado en un vórtice de múltiples crisis ambientales, económicas,
médicas y políticas que están licuando todas las previsiones sobre el porvenir; y lo peor es
que ello viene con un inminente riesgo de que se impongan “soluciones” en las que las clases
subalternas sean sometidas a mayores penurias que las que ya se tolera hoy. Pero la condición
de subalternidad social o nacional tiene en ese torbellino planetario también un momento de
suspensión excepcional de las adhesiones activas hacia las decisiones y caminos propuestos
por las élites dominantes. El desasosiego planetario por la fragilidad de horizontes a los
cuales aferrarse es también de las creencias dominantes, con lo que el sentido común se
vuelve poroso, apetente de nuevas certidumbres. Y si ahí, el pensamiento crítico, en general,
y la academia pública, en particular, ayudan a formular las preguntas del quiebre moral entre
dominantes y dominados, y coadyuvan a visibilizar las herramientas de autoconocimiento
social, entonces es probable que, en medio de la contingencia del porvenir, se refuerce aquel
curso sostenido en las actividades de la comunidad, la solidaridad y la igualdad, que es el
único lugar donde los subalternos pueden emanciparse de su condición subalterna.
Solo así el horizonte que emerja, sea el que sea o el nombre que quiera dársele, será propio;
el que la sociedad es capaz de darse a sí mismo; y por el que vale la pena arriesgar todo lo
que hasta hoy somos.

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La geopolítica del miedo CORONAVIRUS


La globalización del miedo
La negación de la globalización desde algunas políticas conservadoras, dentro el propio
capitalismo, con la que iniciamos este nuevo tiempo, hacía pensar y alentar a algunos
políticos e intelectuales tanto de la derecha como de la propia izquierda, la idea de que el
Capitalismo asumiría una mirada cada vez más local desde la perspectiva de Trump o de los
propios europeos, permitiendo que el mundo pueda desarrollar una idea cada vez más
democrática e integradora de la humanidad. Sin embargo la geopolítica del poder nos trajo
de vuelta a la realidad, y las confrontaciones bélicas por los recursos fundamentales
energéticos estuvieron acompañados de invasiones, guerras y genocidios por no sólo la
pérdida de recursos específicos necesarios para sostener el sistema del primer mundo, sino
sobre todo para sostener una lucha por la hegemonía mundial, donde EUA, llevaba las de
perder frente a un mercado cada vez más adverso que lo ha convertido en el Estado con
mayor deuda interna en el mundo y prácticamente hipotecado frente al poderío industrial
chino.
De esta manera, las convulsiones mundiales, fueron parte no sólo de esta disputa sino
también por la de generar mercado a la tecnología bélica de las empresas norteamericanas
que continúan siendo de las primeras en el mercado mundial, y el sostén fundamental de sus
gobiernos sean estos demócratas o republicanos. Lo propio respecto a los grandes
contingentes de soldados desplazados en las más de 600 bases militares emplazadas en todo
el mundo, que le permite al estado norteamericano desplazar un gran contingente humano,
sin un real empleo, en las tareas propias de la dominación mundial; así como ingentes
cantidades de material bélico que son proporcionadas por las empresas de la guerra que
lucran vendiendo su producción al dominio norteamericano como a todos los estados
involucrados o por involucrar en guerras de distinto nivel. Sin embargo de todo ello, las
confrontaciones por el mercado, hace mucho que se vieron complementadas con otros
medios que van más allá de lo bélico.
Las guerras de la información se convirtieron en un frente fundamental, tanto en los canales
de información clásicos como en las nacientes redes sociales, que generaron una infinidad
de posibilidades de influir en la sociedad y los individuos, sobre sus comportamientos y
elecciones posibles, junto a una vigilancia que se cierne sobre la ciudadanía mundial. Pero
aún más se han estado ensayando desde hace muchas formas de intervención que permitan
además de producir las bajas esperadas en una confrontación, las consecuencias del desarme
moral del considerado enemigo y sobre todo la extensión irrestricta del miedo como parte
de la estrategia de la geopolítica de dominación.

Las guerras bacteriológicas


De esta manera la llamada guerra bacteriológica que ha sido desencadenada por el belicismo
norteamericano, ha experimentado con virus y bacterias que han sido parte de las pandemias
desatadas en el último tiempo; y ahora confirmada por los investigadores de que el caso del
Corona Virus, ha sido introducido en China por el ejército norteamericano, como parte de
esta confrontación mundial por la hegemonía de los mercados y las fuentes energéticas. Sólo
que, en un riesgo no controlado, la pandemia en un mundo globalizado, ha logrado
expandirse a prácticamente casi todos los países del planeta.

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Sin embargo, en un efecto no esperado, pero que resulta de la conformación autoritaria de


los estados en el capitalismo; encontramos que, bajo la estrategia del miedo, el poder
autoritario del Estado vuelve a cobrar vigencia a nombre de todos por la salud y la seguridad
de todos. El miedo que nos atomiza y nos deja en la inseguridad absoluta de manera personal
y familiar busca seguridad, y como dice Zcisec, la soledad que ya el sistema capitalista ha
generado entre nosotros y principalmente en el primer mundo, es todavía más acentuada en
el aislamiento al que los sistemas de cuarentena de los estados han sometido a sus
poblaciones: como buscando imprimir en la psiquis de la ciudadanía, que sólo existes si el
Estado quiere que existas. Esta condición se ve reflejada en el siguiente testimonio:
“…Todo encaja para un guion. Unos días antes el miedo desata una paranoia
colectiva, la gente se vuelca a las calles para vaciar los supermercados, comprar,
comprar y arrasar con los productos de higiene se convierte en un objetivo en sí,
hay tensión entre la ciudadanía… Los grupos totalitarios se ensañan contra una
comunidad a la que se le considera causante del mal, la xenofobia se propaga
igual que el virus… Los que pueden se desplazan a otras ciudades
desesperadamente, esto ocasiona una tensión entre la ciudadanía, el rechazo a la
gente desplazada se viraliza, en algunos lugares hacen barricadas para impedir
que la gente desplazada ingrese a las ciudades”.
La prensa alimenta en miedo. Mientras tanto el Estado planifica las estrategias para someter
la voluntad de la población, la ley marcial empieza de forma paulatina en diferentes ciudades,
nadie puede salir de sus casas, salvo excepciones, la policía y el ejército salen a las calles
para reprimir a la disidencia, los drones sobrevuelan para disuadir, protección civil hace sus
recorridos por las calles con un altavoz que advierte que no puedes salir, la gente se alía con
la policía para señalar a la gente que se salta las normas, se cierran las fronteras y las casas
se convierten en cárceles… Mientras eso sucede EEUU despliega 30. 000 soldados en
Europa inmunes al virus, llegan para iniciar la Europe Defender 20. Se trata de un ejército
militar diseñado para probar estrategias que deben utilizarse en una hipotética guerra…”
(Testimonio de Mauri G. migrante boliviana en España).
Ya los miedos occidentales se vieron plasmados en decenas de películas que expresan y
difunden el miedo a lo desconocido, y que en definitiva trae consecuencias catastróficas para
la humanidad, pero además individualizando el temor y la salvación, en los individuos y sus
familias, con el final feliz que todos esperan. También la literatura nos ha ofrecido entre
muchos, obras como las de Saramago o Camus, para reflexionar no la salvación de la
catástrofe, sino el comportamiento moral de las personas en su relación con el poder, cuando
la sobrevivencia está en cuestión y se tiene la opción o del sálvese quien pueda aceptando
plenamente el autoritarismo estatal al que el sistema nos empuja (y que en definitiva
seleccionara a los más aptos para la sobrevivencia, contemplando sus interés, recursos y
privilegios de clase), o de fortalecer los lazos comunitarios que nos permitirán ver por todos
y recuperarnos como humanidad.
Es evidente de que si en el análisis nos quedamos en una visión oficial del poder
eminentemente sanitarista, donde se escarban sobre todo nuestros miedos, que se acrecientan
e intensifican en los medios y en las creencias populares que complementan las
inseguridades; y que tienen como tema fundamental crear certidumbres en el poder vigente
personificado en el estado, que es a quien se atribuye la mágica voluntad de ordenarlo todo
y de volvernos al pacto original de perder nuestra libertad a cambio de un sentido iluso de
seguridad que en realidad no existe.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Bolivia: pandemia y legitimidad estatal


En Bolivia con un Estado que asumió plenamente la herencia colonial y republicana, donde
los pocos ejercieron la dominación, principalmente a través de las armas del ejército, y
atreviéndose a los escasos momentos de decisión popular donde siempre procuraron amarrar
las decisiones del voto a la matriz colonial de quienes están llamados a mandar y quienes
solo a votar; encontramos que el poder de las minorías siempre se diluyó en la de sus interés
personales, familiares, logieros o de clase; pero nunca en la perspectiva de la mayoría,
quienes para ellos simbolizaron históricamente la razón de la dominación colonial y
republicana; pero al propio tiempo necesarios por su trabajo, para seguir teniendo un país
del que esa minoría pueda seguir sacando réditos, trátese de dictaduras o democracias.
Luego de 14 años en los que históricamente se buscó construir un Estado Plurinacional, que
contemplara las mayorías que finalmente son parte de la ciudadanía; se generó un liderazgo
importante que dio lugar a grandes cambios y transformaciones que más allá de las propias
condiciones económicas, dieron lugar a la ciudadanía intercultural, que dio protagonismo a
lo indígena originario y campesino en la política y las transformaciones económicas y
sociales. En este marco distinto es que se enfrentaron diversas epidemias, en las que, a pesar
de admitir las grandes carencias en el sistema de salud, se tuvo el liderazgo fundamental y
la legitimidad de quién conducía el proceso de cambio y generaba credibilidad, a pesar de
las torvas miradas discriminadoras de las minorías que incluían al gremio de los médicos,
quienes encabezaron las principales protestas políticas de la clase media y del movimiento
“pitita”.
Hoy en el país, con una presidenta de transición, cuyo partido las pasadas elecciones obtuvo
un respaldo de menos del 5% de la votación; que para sostenerse en el golpe de estado tuvo
que acudir a las fuerzas armadas y la policía, para asesinar a más de 35 personas, herir a
otras 850 y encarcelar a otras 1000; junto a una persecución permanente sobre los dirigentes
sociales. Aún más cuando nos referimos a las elecciones que debería celebrarse el próximo
3 de mayo, todas las encuestas señalan como claro ganador al MAS-IPSP con porcentajes
que van entre el 33 y el 38,5% (e incluso encuestas que fueron impedidas de difusión que le
dan cifras porcentuales cercanas o incluso mayores al 50%, suficiente para lograr la victoria
en primera vuelta electoral) y el partido de la presidenta de facto, donde ella es candidata,
que ni con los ingentes recursos gubernamentales logra superar el 18%.
En estas condiciones, no existe legitimidad para liderar a nombre de todos el enfrentar la
pandemia del Corona Virus sino es a través del miedo instalado a nivel mundial y difundido
localmente, que justifique a nombre del bien de todos, el volver a instalar el poder represivo
del Estado a través de las fuerzas armadas y la policía. Y es que en Bolivia han confluido la
crisis mundial del capitalismo enfrentado, junto a la crisis política local que provocó un golpe
de Estado y ahora una crisis sanitaria, que debe ser leída o interpretada de manera integral.
Por eso las medidas sanitarias impulsadas desde el poder a nombre de todos, son medidas de
contenido político, que no velan por el conjunto sino principalmente por las minorías
privilegiadas que además de mantener sus posesiones y ganancias, quieren blindarse
sanitariamente frente a la mayoría potencialmente infectada por pobre e insalubre.
Pero todavía más a nombre de esta representación de la fuerza, de la represión consensuada
por el miedo, se suspenden elecciones y se conduce un régimen de golpe continuado,
montado en la fuerza de los acontecimientos y la emergencia de las condiciones mundiales
y locales.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Las soluciones del desastre


En medio de la improvisación estatal, que tiene como razón fundamental el sostenerse el
mayor tiempo posible en el poder, para desarticular no sólo la estatalidad plurinacional
creada en el país sino sobre todo la desarticulación de las organizaciones sociales que han
acompañado ese proceso; el factor tiempo es importante para disminuir los porcentajes que
sigue sosteniendo el MAS-IPSP sobre la oposición, para generar una suerte de culpa
histórica sobre la gestión del proceso de cambio sobre la crisis que económica que ellos no
supieron controlar, sobre la crisis sanitaria que también para ellos se yergue con el argumento
de falta de inversión en salud y equipamiento.
Es evidente que la oposición en su conjunto no tiene una propuesta país que ofrecer, más
allá de la oposición unificada frente al proceso de cambio, es así que ahora cuando la fuerza
estatal se hace más necesaria que nunca para organizar al conjunto social en torno a tareas y
responsabilidades comunes, sólo atinan a dictar medidas autoritarias, amenazas y
encarcelamientos que evidencian su falta de legitimidad para dirigir de manera integral una
crisis como la que vivimos. Su mayor solución, además imitando lo ocurrido en otros países
en contextos diferentes, es la del aislamiento, la personificación del problema, pues eres
culpable si no te quedas en tu casa, parece el mensaje vedado de si te mueres es tu problema
y hazlo en tu casa.
Por eso las soluciones pasan por vaciar las calles, asumiendo además desde la perspectiva
de las minorías de que todos tienen trabajo seguro, y con sueldo, y no un país donde la
mayoría vive del comercio informal o de labores que implican el esfuerzo diario para la
sobrevivencia. Entonces el propósito de las medidas antes de cuidar a la ciudadanía es la
reivindicar al poder de Estado, desmovilizar a las mayorías, poner en evidencia que más allá
de las elecciones se les recuerda quienes mandan en el país y lo seguirán haciendo, y que
bajo ese mandato nos mandan a casa a morir; por cuanto no existe ninguna estrategia
sanitaria en positivo, que como poder pudiera haber desarrollado en beneficio de todos.
Desde la experiencia mundial y la demanda social se hace necesario que el estado sea un
gestor de certidumbres mínimas, que más allá de la represión y el aislamiento se preocupe
en esta crisis de emergencia sanitaria por adquirir los insumos necesarios de medicinas y
vacunas que ya han dado resultados en otros países, desde el lograr apoyo médico de quienes
tienen ya adquirida la experiencia para enfrentar esta pandemia.
Existe la necesidad de generar una legitimidad que corresponsabilice a la ciudadanía del
control y la participación social, donde no sean los soldados los que realicen un control
sanitario en el que no están capacitados, sino la organización barrial o comunal que permita
detectar sospechosos, y coordinar con el sistema médico, que además debería crear las
condiciones para atender a una población potencial a ser afectada, como una labor de Estado.
Que la solidaridad sea la marca fundamental de la confrontación con la pandemia, que nos
afirme socialmente frente al sálvese quien pueda de algunos, que podamos preocuparnos por
los más indefensos y desvalidos, que podamos acompañar las condiciones de quienes no
pueden guardar cuarentena frente a la disyuntiva de morir de hambre o contagiarse con el
Corona Virus, con medidas económicas que no sólo pospongan el hambre y las deudas sino
que las detengan junto al acompañamiento de las carencias alimenticias a las mayorías que
deberá ser una labor permanente de Estado.
En definitiva es necesario recomponer la legitimidad social de la autoridad, aún en medio de
situaciones conflictivas como las que vivimos, para recomponernos socialmente, y que el
poder de decisión se encuentre más allá del autoritarismo que solo quiere deshacerse del

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

problema, afectando lo menos posible a las minorías, y generando consecuencias para una
mayoría, que no sólo debe lidiar con los miedos reales e impuestos, sino con la sobrevivencia
de cada día, que a la larga será el temor mayor, y será justamente el que prevalecerá en contra
del poder del autoritarismo.
Mientras no se reponga la legitimidad de la Democracia debemos seguir construyendo
ciudadanía intercultural todos los días, que el autoritarismo no nos haga olvidar el camino
recorrido, sino que sea una razón fundamental para que en tiempos como en los que vivimos,
sigamos tejiendo solidaridad y comunidad, organización y lucha con todos por un mundo en
el que siempre quepamos todos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Encerrar y vigilar
La gestión de las epidemias como un reflejo de la
soberanía política
Paul. B. Preciado

El filósofo Trans de origen español elabora en este artículo imprescindible una detallada
lectura sobre cómo pensar al coronavirus a partir de Foucault, que fue víctima de un virus.
Las conclusiones a las que llega son tan originales como los conceptos que crea para nombrar
la novedad de lo que sucede. Por qué la biopolítica es una farmacopornográfica. Qué
significa la biovigilancia, la telerepública y el ciberautoritarismo. Cómo es el sujeto del
technopatriarcado del Covid. Y el desafío al que nos enfrentamos: “Sabemos que llaman a
la descolectivización y al telecontrol. Utilicemos el tiempo y la fuerza del encierro para
estudiar las tradiciones de lucha y resistencia minoritarias que nos han ayudado a
sobrevivir hasta aquí. Apaguemos los móviles, desconectemos Internet. Hagamos el
gran blackout frente a los satélites que nos vigilan e imaginemos juntos en la revolución que
viene”.
Si Michel Foucault hubiera sobrevivido al azote del sida y hubiera resistido hasta la
invención de la triterapia tendría hoy 93 años: ¿habría aceptado de buen grado haberse
encerrado en su piso de la rue Vaugirard? El primer filósofo de la historia en morir de las
complicaciones generadas por el virus de inmunodeficiencia adquirida, nos ha legado
algunas de las nociones más eficaces para pensar la gestión política de la epidemia que, en
medio del pánico y la desinformación, se vuelven tan útiles como una buena mascarilla
cognitiva.
Lo más importante que aprendimos de Foucault es que el cuerpo vivo (y por tanto mortal)
es el objeto central de toda política. Il n’y a pas de politique qui ne soit pas une politique des
corps (no hay política que no sea una política de los cuerpos). Pero el cuerpo no es para
Foucault un organismo biológico dado sobre el que después actúa el poder. La tarea misma
de la acción política es fabricar un cuerpo, ponerlo a trabajar, definir sus modos de
reproducción, prefigurar las modalidades del discurso a través de las que ese cuerpo se
ficcionaliza hasta ser capaz de decir “yo”. Todo el trabajo de Foucault podría entenderse
como un análisis histórico de las distintas técnicas a través de las que el poder gestiona la
vida y la muerte de las poblaciones. Entre 1975 y 1976, los años en los que publicó Vigilar
y castigar y el primer volumen de la historia de la sexualidad, Foucault utilizó la noción de
“biopolítica” para hablar de una relación que el poder establecía con el cuerpo social en la
modernidad. Describió la transición desde lo que él llamaba una “sociedad soberana” hacia
una “sociedad disciplinaria” como el paso desde una sociedad que define la soberanía en
términos de decisión y ritualización de la muerte a una sociedad que gestiona y maximiza la
vida de las poblaciones en términos de interés nacional. Para Foucault, las técnicas
gubernamentales biopolíticas se extendían como una red de poder que desbordaba el ámbito
legal o la esfera punitiva convirtiéndose en una fuerza “somatopolítica”, una forma de poder
espacializado que se extendía en la totalidad del territorio hasta penetrar en el cuerpo
individual.
Durante y después de la crisis del sida, numerosos autores ampliaron y radicalizaron las
hipótesis de Foucault y sus relaciones con las políticas inmunitarias. El filósofo italiano

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Roberto Espósito analizó las relaciones entre la noción política de “comunidad” y la noción
biomédica y epidemiológica de “inmunidad”. Comunidad e inmunidad comparten una
misma raíz, munus, en latín el munus era el tributo que alguien debía pagar por vivir o
formar parte de la comunidad. La comunidad es cum (con) munus (deber, ley, obligación,
pero también ofrenda): un grupo humano religado por una ley y una obligación común, pero
también por un regalo, por una ofrenda. El sustantivo inmunitas, es un vocablo privativo que
deriva de negar el munus. En el derecho romano, la inmunitas era una dispensa o un
privilegio que exoneraba a alguien de los deberes societarios que son comunes a todos. Aquel
que había sido exonerado era inmune. Mientras que aquel que estaba desmunido era aquel
al que se le había retirado todos los privilegios de la vida en comunidad.
Roberto Espósito nos enseña que toda biopolítica es inmunológica: supone una definición
de la comunidad y el establecimiento de una jerarquía entre aquellos cuerpos que están
exentos de tributos (los que son considerados inmunes) y aquellos que la comunidad percibe
como potencialmente peligrosos (los demuni) y que serán excluidos en un acto de protección
inmunológica. Esa es la paradoja de la biopolítica: todo acto de protección implica una
definición inmunitaria de la comunidad según la cual esta se dará a sí misma la autoridad de
sacrificar otras vidas, en beneficio de una idea de su propia soberanía. El estado de excepción
es la normalización de esta insoportable paradoja.
A partir del siglo XIX, con el descubrimiento de la primera vacuna antivariólica y los
experimentos de Pasteur y Koch, la noción de inmunidad migra desde el ámbito del derecho
y adquiere una significación médica. Las democracias liberales y patriarco-coloniales
europeas del siglo XIX construyen el ideal del individuo moderno no solo como agente
(masculino, blanco, heterosexual) económico libre, sino también como un cuerpo inmune,
radicalmente separado, que no debe nada a la comunidad. Para Espósito, el modo en el que
la Alemania nazi caracterizó a una parte de su propia población (los judíos, pero también los
gitanos, los homosexuales, los personas con discapacidad) como cuerpos que amenazaban
la soberanía de la comunidad aria es un ejemplo paradigmático de los peligros de la gestión
inmunitaria. Esta comprensión inmunológica de la sociedad no acabó con el nazismo, sino
que, al contrario, ha pervivido en Europa legitimando las políticas neoliberales de gestión de
sus minorías racializadas y de las poblaciones migrantes. Es esta comprensión inmunológica
la que ha forjado la comunidad económica europea, el mito de Shengen y las técnicas de
Frontex en los últimos años.
En 1994, en Flexible Bodies, la antropóloga de la Universidad de Princeton Emily Martin
analizó la relación entre inmunidad y política en la cultura americana durante las crisis de la
polio y el sida. Martin llegó a algunas conclusiones que resultan pertinentes para analizar la
crisis actual. La inmunidad corporal, argumenta Martin, no es solo un mero hecho biológico
independiente de variables culturales y políticas. Bien al contrario, lo que entendemos por
inmunidad se construye colectivamente a través de criterios sociales y políticos que
producen alternativamente soberanía o exclusión, protección o estigma, vida o muerte.
Si volvemos a pensar la historia de algunas de las epidemias mundiales de los cinco últimos
siglos bajo el prisma que nos ofrecen Michel Foucault, Roberto Espósito y Emily Martin es
posible elaborar una hipótesis que podría tomar la forma de una ecuación: dime cómo tu
comunidad construye su soberanía política y te diré qué formas tomarán tus epidemias y
cómo las afrontarás.
Las distintas epidemias materializan en el ámbito del cuerpo individual las obsesiones que
dominan la gestión política de la vida y de la muerte de las poblaciones en un periodo
determinado. Por decirlo con términos de Foucault, una epidemia radicaliza y desplaza las

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

técnicas biopolíticas que se aplican al territorio nacional hasta al nivel de la anatomía


política, inscribiéndolas en el cuerpo individual. Al mismo tiempo, una epidemia permite
extender a toda la población las medidas de “inmunización” política que habían sido
aplicadas hasta ahora de manera violenta frente aquellos que habían sido considerados como
“extranjeros” tanto dentro como en los límites del territorio nacional.

La gestión política de las epidemias pone en escena la


utopía de comunidad y las fantasías inmunitarias de una
sociedad, externalizando sus sueños de omnipotencia (y
los fallos estrepitosos) de su soberanía política.
La hipótesis de Michel Foucault, Roberto Espósito y de Emily Martin nada tiene que ver con
una teoría de complot. No se trata de la idea ridícula de que el virus sea una invención de
laboratorio o un plan maquiavélico para extender políticas todavía más autoritarias. Al
contrario, el virus actúa a nuestra imagen y semejanza, no hace más que replicar,
materializar, intensificar y extender a toda la población, las formas dominantes de gestión
biopolítica y necropolítica que ya estaban trabajando sobre el territorio nacional y sus
límites. De ahí que cada sociedad pueda definirse por la epidemia que la amenaza y por el
modo de organizarse frente a ella.
Pensemos, por ejemplo, en la sífilis. La epidemia golpeó por primera vez a la ciudad de
Nápoles en 1494. La empresa colonial europea acababa de iniciarse. La sífilis fue como el
pistoletazo de salida de la destrucción colonial y de las políticas raciales que vendrían con
ellas. Los ingleses la llamaron “la enfermedad francesa”, los franceses dijeron que era “el
mal napolitano” y los napolitanos que había venido de América: se dijo que había sido traída
por los colonizadores que habían sido infectados por los indígenas… El virus, como nos
enseñó Derrida, es, por definición, el extranjero, el otro, el extraño. Infección sexualmente
transmisible, la sífilis materializó en los cuerpos de los siglos XVI al XIX las formas de
represión y exclusión social que dominaban la modernidad patriarcocolonial: la obsesión por
la pureza racial, la prohibición de los así llamados “matrimonios mixtos” entre personas de
distinta clase y “raza” y las múltiples restricciones que pesaban sobre las relaciones sexuales
y extramatrimoniales.
La utopía de comunidad y el modelo de inmunidad de la sífilis es el del cuerpo blanco
burgués sexualmente confinado en la vida matrimonial como núcleo de la reproducción del
cuerpo nacional. De ahí que la prostituta se convirtiera en el cuerpo vivo que condensó todos
los significantes políticos abyectos durante la epidemia: mujer obrera y a menudo
racializada, cuerpo externo a las regulaciones domésticas y del matrimonio, que hacía de su
sexualidad su medio de producción, la trabajadora sexual fue visibilizada, controlada y
estigmatizada como vector principal de la propagación del virus. Pero no fue la represión de
la prostitución ni la reclusión de las prostitutas en burdeles nacionales (como imaginó Restif
de la Bretonne) lo que curó la sífilis. Bien al contrario. La reclusión de las prostitutas solo
las hizo más vulnerables a la enfermedad. Lo que curó la sífilis fue el descubrimiento de los
antibióticos y especialmente de la penicilina en 1928, precisamente un momento de
profundas transformaciones de la política sexual en Europa con los primeros movimientos
de descolonización, el acceso de las mujeres blancas al voto, las primeras despenalizaciones
de la homosexualidad y una relativa liberalización de la ética matrimonial heterosexual.
Paul B. Preciado, ex Beatriz, es un filósofo experto en teoría Queer y filosofía de género.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Medio siglo después, el sida fue a la sociedad neoliberal heteronormativa del siglo XX lo
que la sífilis había sido a la sociedad industrial y colonial. Los primeros casos aparecieron
en 1981, precisamente en el momento en el que la homosexualidad dejaba de ser considerada
como una enfermedad psiquiátrica, después de que hubiera sido objeto de persecución y
discriminación social durante décadas. La primera fase de la epidemia afectó de manera
prioritaria a lo que se nombró entonces como las 4 H: homosexuales, hookers —trabajadoras
o trabajadores sexuales—, hemofílicos y heroin users —heroinómanos—. El sida
remasterizó y reactualizó la red de control sobre el cuerpo y la sexualidad que había tejido
la sífilis y que la penicilina y los movimientos de descolonización, feministas y
homosexuales habían desarticulado y transformado en los años sesenta y setenta. Como en
el caso de las prostitutas en la crisis de la sífilis, la represión de la homosexualidad sólo
causó más muertes. Lo que está transformando progresivamente el sida en una enfermedad
crónica ha sido la despatologización de la homosexualidad, la autonomización
farmacológica del Sur, la emancipación sexual de las mujeres, su derecho a decir no a las
prácticas sin condón, y el acceso de la población afectada, independientemente de su clase
social o su grado de racialización, a las triterapias. El modelo de comunidad/inmunidad del
sida tiene que ver con la fantasía de la soberanía sexual masculina entendida como derecho
innegociable de penetración, mientras que todo cuerpo penetrado sexualmente (homosexual,
mujer, toda forma de analidad) es percibido como carente de soberanía.
Volvamos ahora a nuestra situación actual. Mucho antes de que hubiera aparecido la Covid-
19 habíamos ya iniciado un proceso de mutación planetaria. Estábamos atravesando ya, antes
del virus, un cambio social y político tan profundo como el que afectó a las sociedades que
desarrollaron la sífilis. En el siglo XV, con la invención de la imprenta y la expansión del
capitalismo colonial, se pasó de una sociedad oral a una sociedad escrita, de una forma de
producción feudal a una forma de producción industrial-esclavista y de una sociedad
teocrática a una sociedad regida por acuerdos científicos en el que las nociones de sexo, raza
y sexualidad se convertirían en dispositivos de control necro-biopolítico de la población.
Hoy estamos pasando de una sociedad escrita a una sociedad ciberoral, de una sociedad
orgánica a una sociedad digital, de una economía industrial a una economía inmaterial, de
una forma de control disciplinario y arquitectónico, a formas de control microprostéticas y
mediático-cibernéticas. En otros textos he denominado farmacopornográfica al tipo de
gestión y producción del cuerpo y de la subjetividad sexual dentro de esta nueva
configuración política. El cuerpo y la subjetividad contemporáneos ya no son regulados
únicamente a través de su paso por las instituciones disciplinarias (escuela, fábrica, caserna,
hospital, etcétera) sino y sobre todo a través de un conjunto de tecnologías biomoleculares,
microprostéticas, digitales y de transmisión y de información. En el ámbito de la sexualidad,
la modificación farmacológica de la conciencia y del comportamiento, la mundialización de
la píldora anticonceptiva para todas las “mujeres”, así como la producción de la triterapias,
de las terapias preventivas del sida o el viagra son algunos de los índices de la gestión
biotecnológica. La extensión planetaria de Internet, la generalización del uso de tecnologías
informáticas móviles, el uso de la inteligencia artificial y de algoritmos en el análisis de big
data, el intercambio de información a gran velocidad y el desarrollo de dispositivos globales
de vigilancia informática a través de satélite son índices de esta nueva gestión semiotio-
técnica digital. Si las he denominado pornográficas es, en primer lugar, porque estas técnicas
de biovigilancia se introducen dentro del cuerpo, atraviesan la piel, nos penetran; y en
segundo lugar, porque los dispositivos de biocontrol ya no funcionan a través de la represión
de la sexualidad (masturbatoria o no), sino a través de la incitación al consumo y a la
producción constante de un placer regulado y cuantificable. Cuanto más consumimos y más
sanos estamos mejor somos controlados.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La mutación que está teniendo lugar podría ser también el paso de un régimen patriarco-
colonial y extractivista, de una sociedad antropocéntrica y de una política donde una parte
muy pequeña de la comunidad humana planetaría se autoriza a sí misma a llevar a cabo
prácticas de predación universal, a una sociedad capaz de redistribuir energía y soberanía.
Desde una sociedad de energías fósiles a otra de energías renovables. Está también en
cuestión el paso desde un modelo binario de diferencia sexual a un paradigma más abierto
en el que la morfología de los órganos genitales y la capacidad reproductiva de un cuerpo no
definan su posición social desde el momento del nacimiento; y desde un modelo
heteropatriarcal a formas no jerárquicas de reproducción de la vida. Lo que estará en el centro
del debate durante y después de esta crisis es cuáles serán las vidas que estaremos dispuestos
a salvar y cuáles serán sacrificadas. Es en el contexto de esta mutación, de la transformación
de los modos de entender la comunidad (una comunidad que hoy es la totalidad del planeta)
y la inmunidad donde el virus opera y se convierte en estrategia política.

Inmunidad y política de la frontera


Lo que ha caracterizado las políticas gubernamentales de los últimos 20 años, desde al menos
la caída de las torres gemelas, frente a las ideas aparentes de libertad de circulación que
dominaban el neoliberalismo de la era Thatcher, ha sido la redefinición de los estados-nación
en términos neocoloniales e identitarios y la vuelta a la idea de frontera física como
condición del restablecimiento de la identidad nacional y la soberanía política. Israel,
Estados Unidos, Rusia, Turquía y la Comunidad Económica Europea han liderado el diseño
de nuevas fronteras que por primera vez después de décadas, no han sido solo vigiladas o
custodiadas, sino reinscritas a través de la decisión de elevar muros y construir diques, y
defendidas con medidas no biopolíticas, sino necropolíticas, con técnicas de muerte.
Como sociedad europea, decidimos construirnos colectivamente como comunidad
totalmente inmune, cerrada a Oriente y al Sur, mientras que Oriente y el Sur, desde el punto
de vista de los recursos energéticos y de la producción de bienes de consumo, son nuestro
almacén. Cerramos la frontera en Grecia, construimos los mayores centros de detención a
cielo abierto de la historia en las islas que bordean Turquía y el Mediterráneo y fantaseamos
que así conseguiríamos una forma de inmunidad. La destrucción de Europa comenzó
paradójicamente con esta construcción de una comunidad europea inmune, abierta en su
interior y totalmente cerrada a los extranjeros y migrantes.
Lo que está siendo ensayado a escala planetaria a través de la gestión del virus es un nuevo
modo de entender la soberanía en un contexto en el que la identidad sexual y racial (ejes de
la segmentación política del mundo patriarco-colonial hasta ahora) están siendo
desarticuladas. La Covid-19 ha desplazado las políticas de la frontera que estaban teniendo
lugar en el territorio nacional o en el superterritorio europeo hasta el nivel del cuerpo
individual. El cuerpo, tu cuerpo individual, como espacio vivo y como entramado de poder,
como centro de producción y consumo de energía, se ha convertido en el nuevo territorio en
el que las agresivas políticas de la frontera que llevamos diseñando y ensayando durante
años se expresan ahora en forma de barrera y guerra frente al virus. La nueva frontera
necropolítica se ha desplazado desde las costas de Grecia hasta la puerta del domicilio
privado. Lesbos empieza ahora en la puerta de tu casa. Y la frontera no para de cercarte,
empuja hasta acercarse más y más a tu cuerpo. Calais te explota ahora en la cara. La nueva
frontera es la mascarilla. El aire que respiras debe ser solo tuyo. La nueva frontera es tu
epidermis. El nuevo Lampedusa es tu piel.
Se reproducen ahora sobre los cuerpos individuales las políticas de la frontera y las medidas
estrictas de confinamiento e inmovilización que como comunidad hemos aplicado durante

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

estos últimos años a migrantes y refugiados —hasta dejarlos fuera de toda comunidad—.
Durante años los tuvimos en el limbo de los centros de retención. Ahora somos nosotros los
que vivimos en el limbo del centro de retención de nuestras propias casas.

La biopolítica en la era ‘farmacopornográfica’


Las epidemias, por su llamamiento al estado de excepción y por la inflexible imposición de
medidas extremas, son también grandes laboratorios de innovación social, la ocasión de una
reconfiguración a gran escala de las técnicas del cuerpo y las tecnologías del poder. Foucault
analizó el paso de la gestión de la lepra a la gestión de la peste como el proceso a través del
que se desplegaron las técnicas disciplinarias de espacialización del poder de la modernidad.
Si la lepra había sido confrontada a través de medidas estrictamente necropolíticas que
excluían al leproso condenándolo si no a la muerte al menos a la vida fuera de la comunidad,
la reacción frente a la epidemia de la peste inventa la gestión disciplinaria y sus formas de
inclusión excluyente: segmentación estricta de la ciudad, confinamiento de cada cuerpo en
cada casa.
Las distintas estrategias que los distintos países han tomado frente a la extensión de la Covid-
19 muestran dos tipos de tecnologías biopolíticas totalmente distintas. La primera, en
funcionamiento sobre todo en Italia, España y Francia, aplica medidas estrictamente
disciplinarias que no son, en muchos sentidos, muy distintas a las que se utilizaron contra la
peste. Se trata del confinamiento domiciliario de la totalidad de la población. Vale la pena
releer el capítulo sobre la gestión de la peste en Europa de Vigilar y castigar para darse
cuenta que las políticas francesas de gestión de la Covid-19 no han cambiado mucho desde
entonces. Aquí funciona la lógica de la frontera arquitectónica y el tratamiento de los casos
de infección dentro de enclaves hospitalarios clásicos. Esta técnica no ha mostrado aún
pruebas de eficacia total.
La segunda estrategia, puesta en marcha por Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong-Kong,
Japón e Israel supone el paso desde técnicas disciplinarias y de control arquitectónico
modernas a técnicas farmacopornográficas de biovigilancia: aquí el énfasis está puesto en la
detección individual del virus a través de la multiplicación de los tests y de la vigilancia
digital constante y estricta de los enfermos a través de sus dispositivos informáticos
móviles. Los teléfonos móviles y las tarjetas de crédito se convierten aquí en instrumentos
de vigilancia que permiten trazar los movimientos del cuerpo individual. No necesitamos
brazaletes biométricos: el móvil se ha convertido en el mejor brazalete, nadie se separa de él
ni para dormir. Una aplicación de GPS informa a la policía de los movimientos de cualquier
cuerpo sospechoso. La temperatura y el movimiento de un cuerpo individual son
monitorizados a través de las tecnologías móviles y observados en tiempo real por el ojo
digital de un Estado ciberautoritario para el que la comunidad es una comunidad de
ciberusuarios y la soberanía es sobre todo transparencia digital y gestión de big data.
Pero estas políticas de inmunización política no son nuevas y no han sido sólo desplegadas
antes para la búsqueda y captura de los así denominados terroristas: desde principios de la
década de 2010, por ejemplo, Taiwán había legalizado el acceso a todos los contactos de los
teléfonos móviles en las aplicaciones de encuentro sexual con el objetivo de “prevenir” la
expansión del sida y la prostitución en Internet. La Covid-19 ha legitimado y extendido esas
prácticas estatales de biovigilancia y control digital normalizándolas y haciéndolas
“necesarias” para mantener una cierta idea de la inmunidad. Sin embargo, los mismos
Estados que implementan medidas de vigilancia digital extrema no se plantean todavía
prohibir el tráfico y el consumo de animales salvajes ni la producción industrial de aves y
mamíferos ni la reducción de las emisiones de CO2. Lo que ha aumentado no es la inmunidad

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

del cuerpo social, sino la tolerancia ciudadana frente al control cibernético estatal y
corporativo.
La gestión política de la Covid-19 como forma de administración de la vida y de la muerte
dibuja los contornos de una nueva subjetividad. Lo que se habrá inventado después de la
crisis es una nueva utopía de la comunidad inmune y una nueva forma de control del cuerpo.
El sujeto del technopatriarcado neoliberal que la Covid-19 fabrica no tiene piel, es intocable,
no tiene manos. No intercambia bienes físicos, ni toca monedas, paga con tarjeta de crédito.
No tiene labios, no tiene lengua. No habla en directo, deja un mensaje de voz. No se reúne
ni se colectiviza. Es radicalmente individuo. No tiene rostro, tiene máscara. Su cuerpo
orgánico se oculta para poder existir tras una serie indefinida de mediaciones semio-técnicas,
una serie de prótesis cibernéticas que le sirven de máscara: la máscara de la dirección de
correo electrónico, la máscara de la cuenta Facebook, la máscara de Instagram. No es un
agente físico, sino un consumidor digital, un teleproductor, es un código, un pixel, una cuenta
bancaria, una puerta con un nombre, un domicilio al que Amazon puede enviar sus pedidos.

La prisión blanda: bienvenido a la telerrepública de tu


casa
Uno de los desplazamientos centrales de las técnicas biopolíticas farmacopornográficas que
caracterizan la crisis de la Covid-19 es que el domicilio personal —y no las instituciones
tradicionales de encierro y normalización (hospital, fábrica, prisión, colegio)— aparece
ahora como el nuevo centro de producción, consumo y control biopolítico. Ya no se trata
solo de que la casa sea el lugar de encierro del cuerpo, como era el caso en la gestión de la
peste. El domicilio personal se ha convertido ahora en el centro de la economía del
teleconsumo y de la teleproducción. El espacio doméstico existe ahora como un punto en un
espacio cibervigilado, un lugar identificable en un mapa google, una casilla reconocible por
un dron.
Si yo me interesé en su momento por la Mansión Playboy es porque esta funcionó en plena
guerra fría como un laboratorio en el que se estaban inventando los nuevos dispositivos de
control farmacopornográfico del cuerpo y de la sexualidad que habrían de extenderse a la a
partir de principios del siglo XXI y que ahora se amplían a la totalidad de la población
mundial con la crisis de la Covid-19. Cuando hice mi investigación sobre Playboy me llamó
la atención el hecho de que Hugh Hefner, uno de los hombres más ricos del mundo, hubiera
pasado casi 40 años sin salir de la Mansión, vestido únicamente con pijama, batín y pantuflas,
bebiendo coca-cola y comiendo Butterfingers y que hubiera podido dirigir y producir que la
revista más importante de Estados Unidos sin moverse de su casa o incluso, de su cama.
Suplementada con una cámara de video, una línea directa de teléfono, radio e hilo musical,
la cama de Hefner era una auténtica plataforma de producción multimedia de la vida de su
habitante.
Su biógrafo Steven Watts denominó a Hefner “un recluso voluntario en su propio paraíso.”
Adepto de dispositivos de archivo audiovisual de todo tipo, Hefner, mucho antes de que
existiera el teléfono móvil, Facebook o WhatsApp enviaba más de una veintena de cintas
audio y vídeo con consigas y mensajes, que iban desde entrevistas en directo a directrices de
publicación. Hefner había instalado en la mansión, en la que vivían también una docena
de Playmates, un circuito cerrado de cámaras y podía desde su centro de control acceder a
todas las habitaciones en tiempo real. Cubierta de paneles de madera y con espesas cortinas,
pero penetrada por miles de cables y repleta de lo que en ese momento se percibía como las
más altas tecnologías de telecomunicación (y que hoy nos parecerían tan arcaicas como un

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

tam-tam), era al mismo tiempo totalmente opaca, y totalmente transparente. Los materiales
filmados por las cámaras de vigilancia acababan también en las páginas de la revista.
La revolución biopolítica silenciosa que Playboy lideró suponía, más allá la transformación
de la pornografía heterosexual en cultura de masas, la puesta en cuestión de la división que
había fundado la sociedad industrial del siglo XIX: la separación de las esferas de la
producción y de la reproducción, la diferencia entre la fábrica y el hogar y con ella la
distinción patriarcal entre masculinidad y feminidad. Playboy acató esta diferencia
proponiendo la creación de un nuevo enclave de vida: el apartamento de soltero totalmente
conectado a las nuevas tecnologías de comunicación del que el nuevo productor semiótico
no necesita salir ni para trabajar ni para practicar sexo —actividades que, además, se habían
vuelto indistinguibles—. Su cama giratoria era al mismo tiempo su mesa de trabajo, una
oficina de dirección, un escenario fotográfico y un lugar de cita sexual, además de un plató
de televisión desde donde se rodaba el famoso programa Playboy after
dark. Playboy anticipó los discursos contemporáneos sobre el teletrabajo, y la producción
inmaterial que la gestión de la crisis de la Covid-19 ha transformado en un deber ciudadano.
Hefner llamó a este nuevo productor social el “trabajador horizontal”. El vector de
innovación social que Playboy puso en marcha era la erosión (por no decir la destrucción)
de la distancia entre trabajo y ocio, entre producción y sexo. La vida del playboy,
constantemente filmada y difundida a través de los medios de comunicación de la revista y
de la televisión, era totalmente pública, aunque el playboy no saliera de su casa o incluso de
su cama. En ese sentido, Playboy ponía también en cuestión la diferencia entre las esferas
masculinas y femeninas, haciendo que el nuevo operario multimedia fuera, lo que parecía
un oxímoron en la época, un hombre doméstico. El biógrafo de Hefner nos recuerda que este
aislamiento productivo necesitaba un soporte químico: Hefner era un gran consumidor de
Dexedrina, una anfetamina que eliminaba el cansancio y el sueño. Así que paradójicamente,
el hombre que no salía de su cama, no dormía nunca. La cama como nuevo centro de
operaciones multimedia era una celda farmacopornográfica: sólo podría funcionar con la
píldora anticonceptiva, drogas que mantuvieran el nivel productivo en alza y un constante
flujo de códigos semióticos que se habían convertido en el único y verdadero alimento que
nutría al playboy.
¿Les suena ahora familiar todo esto? ¿Se parece todo esto de manera demasiado extraña a
sus propias vidas confinadas? Recordemos ahora las consignas del presidente francés
Emmanuel Macron: estamos en guerra, no salgan de casa y teletrabajen. Las medidas
biopolíticas de gestión del contagio impuestas frente al coronavirus han hecho que cada uno
de nosotros nos transformemos en un trabajador horizontal más o menos playboyesco. El
espacio doméstico de cualquiera de nosotros está hoy diez mil veces más tecnificado que lo
estaba la cama giratoria de Hefner en 1968. Los dispositivos de teletrabajo y telecontrol están
ahora en la palma de nuestra mano.
En Vigilar y castigar, Michel Foucault analizó las celdas religiosas de encierro unipersonal
como auténticos vectores que sirvieron para modelizar el paso desde las técnicas soberanas
y sangrientas de control del cuerpo y de la subjetivad anteriores al siglo XVIII hacia las
arquitecturas disciplinarias y los dispositivos de encierro como nuevas técnicas de gestión
de la totalidad de la población. Las arquitecturas disciplinarias fueron versiones secularizada
de las células monacales en las que se gesta por primera vez el individuo moderno como
alma encerrada en un cuerpo, un espíritu lector capaz de leer las consignas del Estado.
Cuando el escritor Tom Wolfe visitó a Hefner dijo que este vivía en una prisión tan blanda
como el corazón de una alcachofa. Podríamos decir que la mansión Playboy y la cama
giratoria de Hefner, convertidos en objeto de consumo pop, funcionaron durante la guerra

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

fría como espacios de transición en el que se inventa el nuevo sujeto prostético,


ultraconectado y las nuevas formas consumo y control farmacopornográficas y de
biovigilancia que dominan la sociedad contemporánea. Esta mutación se ha extendido y
amplificado más durante la gestión de la crisis de la Covid-19: nuestras máquinas portátiles
de telecomunicación son nuestros nuevos carceleros y nuestros interiores domésticos se han
convertido en la prisión blanda y ultraconectada del futuro.

Mutación o sumisión
Pero todo esto puede ser una mala noticia o una gran oportunidad. Es precisamente porque
nuestros cuerpos son los nuevos enclaves del biopoder y nuestros apartamentos las nuevas
células de biovigilancia que se vuelve más urgente que nunca inventar nuevas estrategias de
emancipación cognitiva y de resistencia y poner en marcha nuevos procesos antagonistas.
Contrariamente a lo que se podría imaginar, nuestra salud no vendrá de la imposición de
fronteras o de la separación, sino de una nueva comprensión de la comunidad con todos los
seres vivos, de un nuevo equilibrio con otros seres vivos del planeta. Necesitamos un
parlamento de los cuerpos planetario, un parlamento no definido en términos de políticas de
identidad ni de nacionalidades, un parlamento de cuerpos vivos (vulnerables) que viven en
el planeta Tierra. El evento Covid-19 y sus consecuencias nos llaman a liberarnos de una
vez por todas de la violencia con la que hemos definido nuestra inmunidad social. La
curación y la recuperación no pueden ser un simple gesto inmunológico negativo de retirada
de lo social, de cierre de la comunidad. La curación y el cuidado sólo pueden surgir de un
proceso de transformación política. Sanarnos a nosotros mismos como sociedad significaría
inventar una nueva comunidad más allá de las políticas de identidad y la frontera con las que
hasta ahora hemos producido la soberanía, pero también más allá de la reducción de la vida
a su biovigilancia cibernética. Seguir con vida, mantenernos vivo como planeta, frente al
virus, pero también frente a lo que pueda suceder, significa poner en marcha formas
estructurales de cooperación planetaria. Como el virus muta, si queremos resistir a la
sumisión, nosotros también debemos mutar.
Es necesario pasar de una mutación forzada a una mutación deliberada. Debemos
reapropiarnos críticamente de las técnicas de biopolíticas y de sus
dispositivos farmacopornográficos. En primer lugar, es imperativo cambiar la relación de
nuestros cuerpos con las máquinas de biovigilancia y biocontrol: estos no son simplemente
dispositivos de comunicación. Tenemos que aprender colectivamente a alterarlos. Pero
también es preciso desalinearnos. Los Gobiernos llaman al encierro y al teletrabajo. Nosotros
sabemos que llaman a la descolectivización y al telecontrol. Utilicemos el tiempo y la fuerza
del encierro para estudiar las tradiciones de lucha y resistencia minoritarias que nos han
ayudado a sobrevivir hasta aquí. Apaguemos los móviles, desconectemos Internet. Hagamos
el gran blackout frente a los satélites que nos vigilan e imaginemos juntos en la revolución
que viene.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Contagio social
Guerra de clases microbiológica en China (Chuang)
Anónimo

Compartimos la traducción de un artículo sobre las repercusiones del sistema capitalista


mundial en otra epidemia viral. En este caso, el coronavirus en la población china. Fue
publicado el 6 de febrero de 2020 en el sitio web de Chuang (que puede traducirse
aproximadamente como «libérate; ataca, carga; rompe las líneas enemigas; actúa
impetuosamente»), un grupo de comunistas chinos que critican tanto el «capitalismo de
Estado» del Partido Comunista Chino como la versión neoliberal de los movimientos de
«liberación» de Hong Kong. En su sitio web publican, además de los artículos de su blog,
una revista temática que ya tiene una edición en inglés.

El horno
Wuhan es conocido coloquialmente como uno de los «cuatro hornos» (四大火炉) de China
por su verano húmedo y caluroso y opresivo, compartido con Chongqing, Nankín y
alternativamente con Nanchang o Changsha, todas ciudades bulliciosas con largas historias
a lo largo o cerca del valle del río Yangtsé. Sin embargo, de las cuatro, Wuhan también está
salpicada de hornos en sentido estricto: el enorme complejo urbano actúa como una especie
de núcleo para el acero, el concreto y otras industrias relacionadas con la construcción de
China. Su paisaje está salpicado de altos hornos de enfriamiento lento de las restantes
fundiciones de hierro y acero de propiedad estatal, ahora plagado de sobreproducción y
obligado a una nueva y polémica ronda de reducción, privatización y reestructuración
general, que ha dado lugar a varias huelgas y protestas de gran envergadura en los últimos
cinco años. La ciudad es esencialmente la capital de la construcción de China, lo que
significa que ha desempeñado un papel especialmente importante en el período posterior a
la crisis económica mundial, ya que ésos fueron los años en que el crecimiento chino se vio
impulsado por la canalización de los fondos de inversión hacia proyectos estatales reales de
infraestructura e inmobiliarios. Wuhan no sólo alimentó esta burbuja con su exceso de oferta
de materiales de construcción e ingenieros civiles, sino que también, al hacerlo, se convirtió
en la ciudad del boom inmobiliario por parte del Estado. Según nuestros propios cálculos,
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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

en 2018-2019 la superficie total dedicada a obras de construcción en Wuhan equivalía al


tamaño de la isla de Hong Kong en su conjunto.
Pero ahora este horno que impulsa la economía china después de la crisis parece, al igual
que los hornos que se encuentran en sus fundiciones de hierro y acero, estar enfriándose.
Aunque este proceso ya estaba en marcha, la metáfora ya no es simplemente económica, ya
que la ciudad, antaño bulliciosa, ha estado sellada durante más de un mes y sus calles han
sido vaciadas por mandato del gobierno: «La mayor contribución que pueden hacer es: no
se reúnan, no causen caos», decía un titular del diario Guangming, dirigido por el
departamento de propaganda del Partido Comunista Chino (PCCh). Hoy en día, las nuevas
y amplias avenidas de Wuhan y los relucientes edificios de acero y cristal que las coronan
están todos enfriados y huecos, ya que el invierno disminuye durante el Año Nuevo Lunar y
la ciudad se estanca bajo la constricción de la amplia cuarentena. Aislarse es un buen consejo
para cualquier persona en China, donde el brote del nuevo coronavirus (recientemente
rebautizado como «SARS-CoV-2» y su enfermedad «COVID-19») ha matado a más de dos
mil personas; más que su predecesora, la epidemia de SARS de 2003. El país entero está
encerrado, como lo estuvo durante el SARS. Las escuelas están cerradas y la gente está
encerrada en sus casas en todo el país. Casi toda la actividad económica se detuvo por el
feriado del Año Nuevo Lunar, el 25 de enero, pero la pausa se extendió por un mes para
frenar la propagación de la epidemia. Los hornos de China parecen haber dejado de arder, o
por lo menos se han reducido a brasas de suave brillo. En cierto modo, sin embargo, la
ciudad se ha convertido en otro tipo de horno, ya que el coronavirus arde a través de su
población masiva como una fiebre enorme.
El brote ha sido culpado incorrectamente de todo, desde la conspiración y/o la liberación
accidental de una cepa de virus del Instituto de Virología de Wuhan —una afirmación
dudosa difundida por los medios sociales, particularmente a través de publicaciones
paranoicas en Facebook de Hong Kong y Taiwán, pero ahora impulsada por medios de
comunicación conservadores e intereses militares en Occidente— hasta la propensión de los
chinos a consumir tipos de alimentos «sucios» o «extraños», ya que el brote de virus está
relacionado con murciélagos o serpientes vendidas en un «mercado mojado» semilegal
especializado en vida silvestre y otros animales raros (aunque ésta no fue la fuente
definitiva). Ambos temas principales exhiben el evidente belicismo y orientalismo común
en los reportajes sobre China, y varios artículos han señalado este hecho básico. Pero incluso
estas respuestas tienden a centrarse sólo en cuestiones de cómo se percibe el virus en la
esfera cultural, dedicando mucho menos tiempo a indagar en la dinámica mucho más brutal
que se oculta bajo el frenesí de los medios de comunicación.
Una variante un poco más compleja comprende al menos las consecuencias económicas,
aunque exagera las posibles repercusiones políticas por efecto retórico. Aquí encontramos
los sospechosos habituales, que van desde los políticos estándar matadragones bélicos hasta
los que se aferran a la perla derramada del alto liberalismo: las agencias de prensa, desde
la National Review hasta el New York Times, ya han insinuado que el brote puede provocar
una «crisis de legitimidad» en el PCCh, a pesar de que apenas se percibe el olor de un
levantamiento en el aire. Pero el núcleo de la verdad de estas predicciones está en su
comprensión de las dimensiones económicas de la cuarentena, algo que difícilmente podría
perderse en los periodistas con carteras de acciones más gruesas que sus cráneos. Porque el
hecho es que, a pesar de la llamada del gobierno a aislarse, la gente puede verse pronto
obligada a «reunirse» para atender las necesidades de la producción. Según las últimas
estimaciones iniciales, la epidemia ya provocará que el PIB de China se reduzca a un 5 %
este año, por debajo de su ya de por sí débil tasa de crecimiento del 6 % del año pasado, la

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

más baja en tres décadas. Algunos analistas han dicho que el crecimiento en el primer
trimestre podría disminuir en un 4 % o menos, y que esto podría desencadenar algún tipo de
recesión mundial. Se ha planteado una pregunta impensable hasta ahora: ¿qué le sucede
realmente a la economía mundial cuando el horno chino comienza a enfriarse?
Dentro de la propia China, la trayectoria final de este evento es difícil de predecir, pero el
momento ya ha dado lugar a un raro proceso colectivo de cuestionamiento y aprendizaje de
la sociedad. La epidemia ha infectado directamente a casi 80 000 personas (según la
estimación más conservadora), pero ha supuesto una conmoción para la vida cotidiana bajo
el capitalismo de 1 400 millones de personas, atrapadas en un momento de autorreflexión
precaria. Este momento, aunque lleno de miedo, ha hecho que todos se hagan
simultáneamente algunas preguntas profundas: ¿qué me sucederá a mí? ¿A mis hijos, a mi
familia y a mis amigos? ¿Tendremos suficiente comida? ¿Me pagarán? ¿Pagaré la renta?
¿Quién es responsable de todo esto? De una manera extraña, la experiencia subjetiva es algo
así como la de una huelga de masas, pero una que, en su carácter no-espontáneo, de arriba
hacia abajo y, especialmente en su involuntaria hiperatomización, ilustra los enigmas básicos
de nuestro propio presente político estrangulado de una manera tan clara como las verdaderas
huelgas de masas del siglo anterior dilucidaron las contradicciones de su época. La
cuarentena, entonces, es como una huelga vaciada de sus características comunales pero que
es, sin embargo, capaz de provocar un profundo choque tanto en la psique como en la
economía. Este hecho por sí solo la hace digna de reflexión.
Por supuesto, la especulación sobre la inminente caída del PCCh es una tontería predecible,
uno de los pasatiempos favoritos de The New Yorker y The Economist. Mientras tanto, los
protocolos normales de supresión de los medios de comunicación están en marcha, en los
que los artículos de opinión abiertamente racistas de los medios de comunicación de masas
publicados en los medios de comunicación tradicionales son contrarrestados por un enjambre
de artículos de opinión en la web que polemizan contra el orientalismo y otras facetas de la
ideología. Pero casi toda esta discusión se queda en el nivel de la representación —o, en el
mejor de los casos, de la política de contención y de las consecuencias económicas de la
epidemia—, sin profundizar en las cuestiones de cómo se producen esas enfermedades en
primer lugar, y mucho menos en su distribución. Sin embargo, ni siquiera esto es suficiente.
No es el momento de un simple ejercicio de «Scooby-Doo marxista» que quite la máscara
al villano para revelar que, sí, de hecho, ¡fue el capitalismo el que causó el coronavirus todo
el tiempo! Eso no sería más sutil que los comentaristas extranjeros olfateando el cambio de
régimen. Por supuesto que el capitalismo es culpable, pero ¿cómo se interrelaciona
exactamente la esfera socioeconómica con la biológica, y qué tipo de lecciones más
profundas se podrían sacar de toda la experiencia?
En este sentido, el brote presenta dos oportunidades para la reflexión. En primer lugar, se
trata de una apertura instructiva en la que podríamos examinar cuestiones sustanciales sobre
la forma en que la producción capitalista se relaciona con el mundo no-humano a un nivel
más fundamental: en resumen, el «mundo natural», incluidos sus sustratos microbiológicos,
no puede entenderse sin referencia a la forma en que la sociedad organiza la producción
(porque, de hecho, ambos no están separados). Al mismo tiempo, esto es un recordatorio de
que el único comunismo que vale la pena nombrar es el que incluye el potencial de un
naturalismo plenamente politizado. En segundo lugar, también podemos utilizar este
momento de aislamiento para nuestro propio tipo de reflexión sobre el estado actual de la
sociedad china. Algunas cosas sólo se aclaran cuando todo se detiene de forma inesperada,
y una desaceleración de este tipo no puede evitar hacer visibles tensiones previamente
ocultas. A continuación, pues, exploraremos estas dos cuestiones, mostrando no sólo cómo

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

la acumulación capitalista produce tales plagas, sino también cómo el momento de la


pandemia es en sí mismo un caso contradictorio de crisis política, que hace visibles a las
personas los potenciales y las dependencias invisibles del mundo que les rodea, al tiempo
que ofrece otra excusa más para la extensión creciente de los sistemas de control en la vida
cotidiana.

La producción de plagas
El virus que está detrás de la actual epidemia (SARS-CoV-2), al igual que su predecesor, el
SARS-CoV de 2003, así como la gripe aviar y la gripe porcina que la precedieron, se
gestaron en el nexo de economía y epidemiología. No es casualidad que tantos de estos virus
hayan tomado el nombre de animales: la propagación de nuevas enfermedades a la población
humana es casi siempre producto de lo que se llama transferencia zoonótica, que es una
forma técnica de decir que tales infecciones saltan de los animales a los humanos. Este salto
de una especie a otra está condicionado por cosas como la proximidad y la regularidad del
contacto, todo lo cual construye el entorno en el que la enfermedad se ve obligada a
evolucionar. Cuando esta interfaz entre humanos y animales cambia, también cambia las
condiciones dentro de las cuales tales enfermedades evolucionan. Detrás de los cuatro
hornos, por lo tanto, se encuentra un horno más fundamental que sostiene los centros
industriales del mundo: la olla a presión evolutiva de la agricultura y la urbanización
capitalistas. Esto proporciona el medio ideal a través del cual plagas cada vez más
devastadoras nacen, se transforman, son inducidas a saltos zoonóticos y luego son
vectorizadas agresivamente a través de la población humana. A esto se añaden procesos
igualmente intensos que tienen lugar en los márgenes de la economía, donde las personas
que se ven empujadas a incursiones agroeconómicas cada vez más extensas en ecosistemas
locales encuentran cepas «salvajes». El coronavirus más reciente, en sus orígenes «salvajes»
y su repentina propagación a través de un núcleo fuertemente industrializado y urbanizado
de la economía mundial, representa ambas dimensiones de nuestra nueva era de plagas
político-económicas.
La idea básica en este caso es desarrollada más a fondo por biólogos de izquierda como
Robert G. Wallace, cuyo libro Big Farms Make Big Flu («Las grandes granjas hacen la gran
gripe»), publicado en 2016, expone exhaustivamente la conexión entre la agroindustria
capitalista y la etiología de las recientes epidemias, que van desde el SRAS hasta el
Ébola11. Al rastrear la propagación del H5N1, también conocido como gripe aviar, resume
varios factores geográficos clave para esas epidemias que se originan en el núcleo
productivo:
Los paisajes rurales de muchos de los países más pobres se caracterizan ahora
por una agroindustria no regulada que se ejerce presión sobre los barrios de
barrios periféricos. La transmisión no controlada en zonas vulnerables aumenta
la variación genética con la que el H5N1 puede desarrollar características
específicas para el ser humano. Al extenderse por tres continentes, el H5N1 de
rápida evolución también entra en contacto con una variedad cada vez mayor
de entornos socioecológicos, incluidas las combinaciones locales específicas de

11Mucho de lo que explicaremos en esta sección es simplemente un resumen más conciso de los propios argumentos de Wallace, dirigido a un
público más general y sin la necesidad de «hacer el caso» a otros biólogos mediante la exposición de una argumentación rigurosa y una amplia
evidencia. Para aquellos que cuestionen las pruebas básicas, nos referimos a la obra de Wallace y sus compatriotas.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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los tipos de huéspedes predominantes, los modos de cría de aves de corral y las
medidas de sanidad animal12.
Esta propagación está, por supuesto, impulsada por los circuitos mundiales de mercancías y
las migraciones regulares de mano de obra que definen la geografía económica capitalista.
El resultado es «un tipo de selección demoníaca en aumento» a través del cual el virus se
plantea un mayor número de vías evolutivas en un tiempo más corto, permitiendo que las
variantes más aptas superen a las demás.
Pero éste es un punto fácil de señalar, y uno ya común en la prensa dominante: el hecho de
que la «globalización» permite la propagación de esas enfermedades más rápidamente;
aunque aquí con una adición importante, observando cómo este mismo proceso de
circulación también estimula al virus a mutar más rápidamente. La verdadera cuestión, sin
embargo, viene antes: antes de que la circulación aumente la resiliencia de esas
enfermedades, la lógica básica del capital ayuda a tomar cepas virales previamente aisladas
o inofensivas y a colocarlas en entornos hipercompetitivos que favorecen los rasgos
específicos que causan las epidemias, como ciclos rápidos de vida del virus, la capacidad de
salto zoonótico entre especies portadoras y la capacidad de desarrollar rápidamente nuevos
vectores de transmisión. Estas cepas tienden a destacar precisamente por su virulencia. En
términos absolutos, parece que el desarrollo de cepas más virulentas tendría el efecto
contrario, ya que matar antes al huésped da menos tiempo para que el virus se propague. El
resfriado común es un buen ejemplo de este principio, ya que generalmente mantiene niveles
bajos de intensidad que facilitan su distribución generalizada en la población. Pero en
determinados entornos, la lógica opuesta tiene mucho más sentido: cuando un virus tiene
numerosos huéspedes de la misma especie en estrecha proximidad, y especialmente cuando
estos huéspedes pueden tener ya ciclos de vida acortados, el aumento de la virulencia se
convierte en una ventaja evolutiva.
De nuevo, el ejemplo de la gripe aviar es un ejemplo destacado. Wallace señala que los
estudios han demostrado que «no hay cepas endémicas altamente patógenas [de influenza]
en las poblaciones de aves silvestres, que son el reservorio-fuente último de casi todos los
subtipos de gripe»13. En cambio, las poblaciones domesticadas agrupadas en granjas
industriales parecen mostrar una clara relación con esos brotes, por razones obvias:
Los crecientes monocultivos genéticos de animales domésticos eliminan
cualquier cortafuego inmunológico que pueda existir para frenar la transmisión.
Los tamaños y las densidades de población más grandes facilitan mayores tasas
de transmisión. Tales condiciones de hacinamiento reducen la respuesta
inmunológica. El alto rendimiento, que forma parte de cualquier producción
industrial, proporciona un suministro continuamente renovado de susceptibles,
el combustible para la evolución de la virulencia14.
Y, por supuesto, cada una de estas características es una consecuencia de la lógica de la
competencia industrial. En particular, la rápida tasa de «rendimiento» en tales contextos
tiene una dimensión biológica muy marcada: «Tan pronto como los animales industriales

12 Robert G. Wallace, Big Farms Make Big Flu: Dispatches on Influenza, Agribusiness, and the Nature of Science, Monthly Review Press, 2016, p. 52.

13 Ibid., p. 56.

14 Ibid., pp. 56-57.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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alcanzan el volumen adecuado, son sacrificados. Las infecciones de influenza residentes


deben alcanzar rápidamente su umbral de transmisión en cualquier animal dado.
Cuanto más rápido se produzcan los virus, mayor será el daño al animal»15. Irónicamente, el
intento de suprimir tales brotes mediante la eliminación masiva - como en los recientes casos
de peste porcina africana, que provocaron la pérdida de casi una cuarta parte del suministro
mundial de carne de cerdos - puede tener el efecto no deseado de aumentar aún más esta
presión de selección, induciendo así la evolución de cepas hipervirulentas. Aunque tales
brotes se han producido históricamente en especies domesticadas, a menudo después de
períodos de guerra o catástrofes ambientales que ejercen una mayor presión sobre las
poblaciones de ganado, es innegable que el aumento de la intensidad y la virulencia de tales
enfermedades ha seguido a la expansión de la producción capitalista.

Historia y etiología
Las plagas son en gran medida la sombra de la industrialización capitalista, mientras que
también actúan como su precursor. Los casos evidentes de viruela y otras pandemias
introducidas en América del Norte son un ejemplo demasiado simple, ya que su intensidad
se vio aumentada por la separación a largo plazo de las poblaciones a través de la geografía
física; y esas enfermedades, sin embargo, ya habían adquirido su virulencia a través de las
redes mercantiles precapitalistas y la urbanización temprana en Asia y Europa. Si en cambio
miramos a Inglaterra, donde el capitalismo surgió primero en el campo a través de la limpieza
masiva de campesinos de la tierra para ser reemplazados por monocultivos de ganado,
vemos los primeros ejemplos de estas plagas distintivas del capitalismo. Tres pandemias
diferentes ocurrieron en la Inglaterra del siglo XVIII, abarcando 1709-1720, 1742-1760 y
1768-1786. El origen de cada una fue el ganado importado de Europa, infectado por las
pandemias precapitalistas normales que siguieron a los combates. Pero en Inglaterra, el
ganado había comenzado a concentrarse de nuevas maneras, y la introducción del ganado
infectado se propagaría por la población de manera mucho más agresiva que en Europa. No
es casual, entonces, que los brotes se centraran en las grandes lecherías de Londres, que
ofrecían entornos ideales para la intensificación de los virus.
En última instancia, cada uno de los brotes fue contenido mediante una eliminación selectiva
y temprana en menor escala, combinada con la aplicación de prácticas médicas y científicas
modernas; en esencia similares a la forma en que se sofocan esas epidemias hoy en día. Éste
es el primer ejemplo de lo que se convertiría en una pauta clara, imitando la de la propia
crisis económica: colapsos cada vez más intensos que parecen poner a todo el sistema en un
precipicio, pero que en última instancia se superan mediante una combinación de sacrificios
masivos que despejan el mercado/población y una intensificación de los avances
tecnológicos; en este caso prácticas médicas modernas más nuevas vacunas, que a menudo
llegan demasiado poco y demasiado tarde, pero que sin embargo ayudan a limpiar las cosas
tras la devastación.
Pero este ejemplo de la patria del capitalismo también debe ir acompañado de una
explicación de los efectos que las prácticas agrícolas capitalistas tuvieron en su periferia.
Mientras que las pandemias de ganado de la Inglaterra capitalista temprana fueron
contenidas, los resultados en otros lugares fueron mucho más devastadores. El ejemplo con
mayor impacto histórico es probablemente el del brote de peste bovina en África que tuvo
lugar en la década de 1890. La fecha en sí no es una coincidencia: la peste bovina había

15 Ibid., p. 57.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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asolado Europa con una intensidad que seguía de cerca el crecimiento de la agricultura en
gran escala, sólo frenada por el avance de la ciencia moderna. Pero a finales del siglo XIX
se produjo el apogeo del imperialismo europeo, personificado en la colonización de África.
La peste bovina fue traída de Europa al África oriental con los italianos, que trataban de
alcanzar a otras potencias imperiales colonizando el Cuerno de África mediante una serie de
campañas militares. Estas campañas terminaron en su mayor parte en fracaso, pero la
enfermedad se propagó luego a través de la población ganadera indígena y finalmente llegó
a Sudáfrica, donde devastó la primera economía agrícola capitalista de la colonia, llegando
incluso a matar al rebaño en la finca del infame y autoproclamado supremacista blanco Cecil
Rhodes. El efecto histórico más amplio fue innegable: al matar hasta el 80-90 % de todo el
ganado, la plaga provocó una hambruna sin precedentes en las sociedades
predominantemente pastoriles del África subsahariana. A esta despoblación le siguió la
colonización invasiva de la sabana por el espino, que creó un hábitat para la mosca tse-tsé,
que es portadora de la enfermedad del sueño e impide el pastoreo del ganado. Esto aseguró
que la repoblación de la región después de la hambruna fuera limitada, y permitió una mayor
expansión de las potencias coloniales europeas en todo el continente.
Además de inducir periódicamente crisis agrícolas y producir las condiciones apocalípticas
que ayudaron a que el capitalismo surgiera más allá de sus primeras fronteras, esas plagas
también han atormentado al proletariado en el propio núcleo industrial. Antes de volver a
los muchos ejemplos más recientes, vale la pena señalar de nuevo que simplemente no hay
nada exclusivamente chino en el brote de coronavirus. Las explicaciones de por qué tantas
epidemias parecen surgir en China no son culturales: se trata de una cuestión de geografía
económica. Esto queda muy claro si comparamos China con Estados Unidos o Europa,
cuando estos últimos eran centros de producción mundial y de empleo industrial masivo16. Y
el resultado es esencialmente idéntico, con todas las mismas características. La muerte del
ganado en el campo se produjo en la ciudad debido a las malas prácticas sanitarias y a la
contaminación generalizada. Esto se convirtió en el centro de los primeros esfuerzos
liberales-progresistas de reforma en las zonas de clase trabajadora, personificados en la
recepción de la novela de Upton Sinclair La jungla, escrita originalmente para documentar
el sufrimiento de los trabajadores inmigrantes en la industria de la carne, pero que fue
retomada por los liberales más ricos preocupados por las violaciones de la salud y las
condiciones generalmente insalubres en las que se preparaban sus propios alimentos.
Esta indignación liberal por la «inmundicia», con todo su racismo implícito, todavía define
lo que podríamos pensar como la ideología automática de la mayoría de las personas cuando
se enfrentan a las dimensiones políticas de algo como las epidemias de coronavirus o SARS.
Pero los trabajadores tienen poco control sobre las condiciones en las que trabajan. Más
importante aún, mientras que las condiciones insalubres se filtran fuera de la fábrica a través
de la contaminación de los suministros de alimentos, esta contaminación es realmente sólo
la punta del iceberg. Tales condiciones son la norma ambiental para aquellos que trabajan
en ellas o viven en asentamientos proletarios cercanos, y estas condiciones inducen
descensos en el nivel de salud de la población que proporcionan condiciones aún mejores
para la propagación del vasto conjunto de plagas del capitalismo. Tomemos, por ejemplo, el
caso de la gripe española, una de las epidemias más mortíferas de la historia. Fue uno de los
primeros brotes de influenza H1N1 (relacionada con brotes más recientes de gripe porcina y
aviar), y durante mucho tiempo se supuso que de alguna manera era cualitativamente

16Esto no quiere decir que las comparaciones de Estados Unidos con China hoy en día no sean también informativas. Como Estados Unidos tienen su
propio sector agroindustrial masivo, contribuyen enormemente a la producción de nuevos virus peligrosos, por no mencionar las infecciones
bacterianas resistentes a los antibióticos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

diferente de otras variantes de la influenza, dado su elevado número de muertes. Si bien esto
parece ser cierto en parte (debido a la capacidad de la gripe de inducir una reacción excesiva
del sistema inmunológico), en exámenes posteriores de la bibliografía y en investigaciones
epidemiológicas históricas se comprobó que tal vez no fuera mucho más virulenta que otras
cepas. En cambio, su elevada tasa de mortalidad probablemente se debió principalmente a
la malnutrición generalizada, el hacinamiento urbano y las condiciones de vida generalmente
insalubres en las zonas afectadas, lo que fomentó no sólo la propagación de la propia gripe
sino también el cultivo de superinfecciones bacterianas sobre la viral subyacente17.
En otras palabras, el número de muertes de la gripe española, aunque se presenta como una
aberración imprevisible en el carácter del virus, recibió un impulso equivalente por las
condiciones sociales. Mientras tanto, la rápida propagación de la gripe fue posible gracias al
comercio y la guerra a escala mundial, que en ese momento se centró en los imperialismos
rápidamente cambiantes que sobrevivieron a la Primera Guerra Mundial.
Y volvemos a encontrar una historia ya conocida de cómo se produjo una cepa tan mortal de
influenza en primer lugar: aunque el origen exacto sigue siendo algo turbio, se supone ahora
que se originó en cerdos o aves de corral domesticados, probablemente en Kansas. El
momento y el lugar son notables, ya que los años posteriores a la guerra fueron una especie
de punto de inflexión para la agricultura estadounidense, que presenció la aplicación
generalizada de métodos de producción cada vez más mecanizados y de tipo industrial. Estas
tendencias sólo se intensificaron a lo largo de la década de 1920, y la aplicación masiva de
tecnologías como la cosechadora indujo tanto a una monopolización gradual como a un
desastre ecológico, cuya combinación dio lugar a la crisis del Dust Bowl y a la migración
masiva que siguió. La concentración intensiva de ganado que marcaría más tarde las granjas
industriales no había surgido todavía, pero las formas más básicas de concentración y
rendimiento intensivo que ya habían creado epidemias de ganado en toda Europa eran ahora
la norma. Si las epidemias de ganado inglesas del siglo XVIII fueron el primer caso de una
plaga de ganado claramente capitalista, y el brote de peste bovina de la década de 1890 en
África el mayor de los holocaustos epidemiológicos del imperialismo, la gripe española
puede entenderse entonces como la primera de las plagas del capitalismo sobre el
proletariado.

La Edad Dorada
Los paralelismos con el actual caso chino son sobresalientes. COVID-19 no puede
entenderse sin tener en cuenta las formas en que el desarrollo de China en las últimas décadas
en y a través del sistema capitalista mundial ha moldeado el sistema de salud del país y el
estado de la salud pública en general. Por consiguiente, la epidemia, por novedosa que sea,
es similar a otras crisis de salud pública anteriores a ella, que suelen producirse casi con la
misma regularidad que las crisis económicas y que se consideran de manera similar en la
prensa popular, como si se tratara de acontecimientos aleatorios, «cisnes negros», totalmente
impredecibles y sin precedentes. La realidad, sin embargo, es que estas crisis sanitarias
siguen sus propios patrones caóticos y cíclicos de recurrencia, hechos más probables por una
serie de contradicciones estructurales incorporadas en la naturaleza de la producción y la
vida proletaria bajo el capitalismo. Como en el caso de la gripe española, el coronavirus fue
originalmente capaz de arraigarse y propagarse rápidamente debido a una degradación
general de la atención sanitaria básica entre la población en general. Pero precisamente
17Cf. J. F. Brundage y G. D. Shanks, «What really happened during the 1918 influenza pandemic? The importance of bacterial secondary infections»,
en The Journal of Infectious Diseases, vol. 196, núm. 11, diciembre de 2007, pp. 1717-1718, respuesta del autor 1718-1719; D. M. Morens y A. S. Fauci,
«The 1918 influenza pandemic: Insights for the 21st century», en The Journal of Infectious Diseases, vol. 195, núm. 7, abril de 2007, pp. 1018-1028.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

porque esta degradación ha tenido lugar en medio de un crecimiento económico


espectacular, se ha ocultado detrás del esplendor de las ciudades brillantes y las fábricas
masivas. La realidad, sin embargo, es que los gastos en bienes públicos como la atención
sanitaria y la educación en China siguen siendo extremadamente bajos, mientras que la
mayor parte del gasto público se ha dirigido a la infraestructura de ladrillos y mortero:
puentes, carreteras y electricidad barata para la producción.
Mientras tanto, la calidad de los productos del mercado interno suele ser peligrosamente
mala. Durante décadas, la industria china ha producido exportaciones de alta calidad y alto
valor, hechas con los más altos estándares globales para el mercado mundial, como los
iPhones y los chips de computadora. Pero los productos que se dejan para el consumo en el
mercado interno tienen normas pésimas, lo que provoca escándalos regulares y una profunda
desconfianza del público. Los muchos casos tienen un eco innegable de La jungla de Sinclair
y otros cuentos de los Estados Unidos de la «Edad Dorada». El caso más grande que se
recuerda, el escándalo de la leche de melamina de 2008, dejó una docena de niños muertos
y decenas de miles de personas hospitalizadas (aunque tal vez cientos de miles de personas
se vieron afectadas). Desde entonces, varios escándalos han sacudido al público con
regularidad: en 2011, cuando se encontró «aceite de cañerías» reciclado de trampas de grasa
que se utilizaba en restaurantes de todo el país, o en 2018, cuando las vacunas defectuosas
mataron a varios niños, y luego un año más tarde, cuando docenas de personas fueron
hospitalizadas al recibir vacunas falsas contra el VPH. Las historias más suaves son aún más
rampantes, componiendo un telón de fondo familiar para cualquiera que viva en China:
mezcla de sopa instantánea en polvo con jabón para mantener los costos bajos, empresarios
que venden cerdos muertos por causas misteriosas a las aldeas vecinas, chismes detallados
sobre qué tiendas callejeras son más propensas a enfermar.
Antes de la incorporación pieza por pieza del país al sistema capitalista mundial, servicios
como la atención de la salud en China se prestaban antes (principalmente en las ciudades)
en el marco del sistema danwei de prestaciones empresariales o (sobre todo, pero no
exclusivamente, en el campo) en clínicas locales de atención de la salud atendidas por
abundantes «médicos descalzos», todos ellos prestados de forma gratuita. Los éxitos de la
atención de la salud de la era socialista, al igual que sus éxitos en la esfera de la educación
básica y la alfabetización, fueron lo suficientemente importantes como para que incluso los
críticos más duros del país tuvieran que reconocerlos. La fiebre del caracol, que asoló al país
durante siglos, fue esencialmente eliminada en gran parte de su núcleo histórico, para volver
a entrar en vigor una vez que se empezó a desmantelar el sistema de atención sanitaria
socialista. La mortalidad infantil se desplomó y, a pesar de la hambruna que acompañó al
Gran Salto Adelante, la esperanza de vida pasó de 45 a 68 años entre 1950 y principios de
la década de 1980. La inmunización y las prácticas sanitarias generales se generalizaron, y
la información básica sobre nutrición y salud pública, así como el acceso a los medicamentos
rudimentarios, fueron gratuitos y accesibles a todos. Mientras tanto, el sistema de médicos
descalzos ayudó a distribuir conocimientos médicos fundamentales, aunque limitados, a una
gran parte de la población, contribuyendo a construir un sistema de atención de la salud
robusto y ascendente en condiciones de grave pobreza material. Vale la pena recordar que
todo esto tuvo lugar en un momento en que China era más pobre, per cápita, que el país
medio del África subsahariana de hoy.
Desde entonces, una combinación de abandono y privatización ha degradado
sustancialmente este sistema al mismo tiempo que la rápida urbanización y la producción
industrial no regulada de artículos domésticos y alimentos ha hecho aún más fuerte la
necesidad de una atención sanitaria generalizada, por no hablar de los reglamentos sobre

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

alimentos, medicamentos y seguridad. Hoy en día, el gasto público de China en salud es de


323 dólares estadounidenses per cápita, según las cifras de la Organización Mundial de la
Salud. Esta cifra es baja incluso entre otros países de «ingresos medios-altos», y es alrededor
de la mitad de lo que gastan Brasil, Bielorrusia y Bulgaria. La reglamentación es mínima o
inexistente, lo que da lugar a numerosos escándalos del tipo mencionado anteriormente.
Mientras tanto, los efectos de todo esto se dejan sentir con mayor fuerza en los cientos de
millones de trabajadores migrantes, para los que todo derecho a prestaciones básicas de
atención de la salud se evapora por completo cuando abandonan sus ciudades de origen
rurales (donde, en virtud del sistema hukou, son residentes permanentes independientemente
de su ubicación real, lo que significa que no se puede acceder a los recursos públicos
restantes en otro lugar).
Ostensiblemente, se suponía que la asistencia sanitaria pública había sido sustituida a finales
de la década de 1990 por un sistema más privatizado (aunque gestionado por el Estado) en
el que una combinación de las contribuciones de los empleadores y los empleados se
encargaría de la atención médica, las pensiones y el seguro de vivienda. Sin embargo, este
sistema de seguridad social ha sufrido de una mala remuneración sistemático, hasta el punto
de que las contribuciones supuestamente «requeridas» por parte de los empleadores son a
menudo simplemente ignoradas, dejando a la abrumadora mayoría de los trabajadores pagar
de su bolsillo. Según la última estimación nacional disponible, sólo el 22 % de los
trabajadores migrantes tenía un seguro médico básico. Sin embargo, la falta de
contribuciones al sistema de seguridad social no es simplemente un acto de rencor por parte
de jefes individualmente corruptos, sino que se explica en gran medida por el hecho de que
los estrechos márgenes de beneficio no dejan espacio para los beneficios sociales. En nuestro
propio cálculo, encontramos que pagar el seguro social en un centro industrial como
Dongguan reduciría los beneficios industriales a la mitad y llevaría a muchas empresas a la
bancarrota. Para colmar las enormes lagunas, China estableció un plan médico
complementario para cubrir a los jubilados y los trabajadores por cuenta propia, que sólo
paga unos pocos cientos de yuanes por persona al año en promedio.
Este asediado sistema médico produce sus propias y aterradoras tensiones sociales. Cada año
mueren varios miembros del personal médico y docenas de ellos resultan heridos en ataques
de pacientes enfadados o, más a menudo, de familiares de pacientes que mueren a su cargo.
El ataque más reciente ocurrió en la víspera de Navidad, cuando un médico de Beijing
fue apuñalado hasta la muerte por el hijo de un paciente que creía que su madre había muerto
por falta de cuidados en el hospital. Una encuesta de médicos encontró que un asombroso
85 % había experimentado violencia en el lugar de trabajo, y otra, de 2015, dijo que el 13 %
de los médicos en China habían sido agredidos físicamente el año anterior. Los médicos
chinos ven cuatro veces más pacientes por año que los estadounidenses, mientras que se les
paga menos de 15 000 dólares estadounidenses por año; en perspectiva, eso es menos que el
ingreso per cápita (16 760 dólares), mientras que en Estados Unidos el salario promedio de
un médico (alrededor de 300 000 dólares) es casi cinco veces más que el ingreso per cápita
(60 200 dólares). Antes de que se cerrara en 2016 y sus creadores fueran arrestados, el ya
desaparecido proyecto de blogs de seguimiento de Lu Yuyu y Li Tingyu registró al menos
unas cuantas huelgas y protestas de trabajadores médicos cada mes18. En 2015, el último año
completo de sus datos meticulosamente recopilados, se produjeron 43 eventos de este tipo.
También registraron docenas de «incidentes de [protesta] de tratamiento médico» cada mes,
encabezados por familiares de los pacientes, con 368 registrados en 2015.

18 Cf. «Picking Quarrels», en el segundo número de nuestra revista: http://chuangcn.org/journal/two/picking-quarrels/

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

En estas condiciones de desinversión pública masiva del sistema de salud, no es sorprendente


que COVID-19 se haya establecido tan fácilmente. Combinado con el hecho de que nuevas
enfermedades transmisibles surgen en China a un ritmo de una cada 1-2 años, las condiciones
parecen estar dadas para que tales epidemias continúen. Como en el caso de la gripe
española, las condiciones generalmente pobres de salud pública entre la población proletaria
han ayudado a que el virus gane terreno y, a partir de ahí, a que se propague rápidamente.
Pero, de nuevo, no es sólo una cuestión de distribución. También tenemos que entender cómo
se produjo el virus en sí mismo.

No hay ninguna tierra salvaje


En el caso del brote más reciente, la historia es menos sencilla que la de los casos de gripe
porcina o aviar, que están tan claramente asociados con el núcleo del sistema agroindustrial.
Por una parte, los orígenes exactos del virus no están todavía del todo claros. Es posible que
se originara en los cerdos, que son uno de los muchos animales domésticos y salvajes que se
trafican en el mercado mojado de Wuhan que parece ser el epicentro del brote, en cuyo caso
la causalidad podría ser más similar a los casos anteriores de lo que podría parecer. La mayor
probabilidad, sin embargo, parece apuntar hacia el virus originado en murciélagos o
posiblemente en serpientes, ambos de los cuales suelen ser recogidos en el medio silvestre.
Sin embargo, incluso en este caso existe una relación, ya que el declive de la disponibilidad
e inocuidad de la carne de cerdo debido al brote de peste porcina africana ha significado que
el aumento de la demanda de carne ha sido a menudo satisfecho por estos mercados mojados
que venden carne de caza «salvaje». Pero sin la conexión directa de la ganadería industrial,
¿puede decirse que los mismos procesos económicos tienen alguna complicidad en este brote
en particular?
La respuesta es sí, pero de una manera diferente. Una vez más, Wallace señala no una sino
dos rutas principales por las que el capitalismo ayuda a gestar y desatar epidemias cada vez
más mortales: la primera, esbozada anteriormente, es el caso directamente industrial, en el
que los virus se gestan dentro de entornos industriales que han sido totalmente subsumidos
en la lógica capitalista. Pero el segundo es el caso indirecto, que tiene lugar a través de la
expansión y extracción capitalista en el interior del país, donde virus hasta ahora
desconocidos son esencialmente recogidos de poblaciones salvajes y distribuidos a lo largo
de los circuitos mundiales de capital. Por supuesto, ambos no están totalmente separados,
pero parece ser el segundo caso el que mejor describe la aparición de la epidemia actual19. En
este caso, el aumento de la demanda de los cuerpos de animales salvajes para el consumo, el
uso médico o (como en el caso de los camellos y el MERS) una variedad de funciones
culturalmente significativas construye nuevas cadenas mundiales de mercancías en bienes
«salvajes». En otros, las cadenas de valor agroecológicas preexistentes se extienden
simplemente a esferas anteriormente «salvajes», cambiando las ecologías locales y
modificando la interfaz entre lo humano y lo no-humano.
El propio Wallace es claro al respecto, explicando varias dinámicas que crean enfermedades
peores a pesar de que los propios virus ya existen en entornos «naturales». La expansión de

19 A su manera, estos dos caminos de producción de la pandemia reflejan lo que Marx llama subsunción «real» y «formal» en la esfera de la
producción propiamente dicha. En la subsunción real, el proceso de producción propiamente dicho se modifica mediante la introducción de
nuevas tecnologías capaces de intensificar el ritmo y la magnitud de la producción, de manera similar a como el entorno industrial ha modificado
las condiciones básicas de la evolución viral, de modo que se producen nuevas mutaciones a un ritmo mayor y con mayor virilidad. En la subsunción
formal, que precede a la subsunción real, estas nuevas tecnologías aún no se aplican. En cambio, las formas de producción anteriormente existentes
se reúnen simplemente en nuevos lugares que tienen alguna interfaz con el mercado mundial, como en el caso de los trabajadores del telar manual que
se colocan en un taller que vende su producto con fines de lucro, y esto es similar a la forma en que los virus producidos en entornos «naturales» se
sacan de la población silvestre y se introducen en las poblaciones domésticas a través del mercado mundial.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

la producción industrial por sí sola «puede empujar a los alimentos silvestres cada vez más
capitalizados hacia lo último del paisaje primario, desenterrando una mayor variedad de
patógenos potencialmente protopandémicos. En otras palabras, a medida que la acumulación
de capital subsume nuevos territorios, los animales serán empujados a zonas menos
accesibles donde entrarán en contacto con cepas de enfermedades previamente aisladas, todo
ello mientras que estos mismos animales se están convirtiendo en objetivos de la
mercantilización ya que «incluso las especies de subsistencia más salvajes están siendo
enlazadas en las cadenas de valor de la agricultura». De manera similar, esta expansión
empuja a los humanos más cerca de estos animales y estos ambientes, lo que «puede
aumentar la interfaz (y la propagación) entre las poblaciones silvestres no-humanas y la
ruralidad recientemente urbanizada». Esto le da al virus más oportunidad y recursos para
mutar de una manera que le permite infectar a los humanos, aumentando la probabilidad de
una propagación biológica. La geografía de la industria en sí nunca ha sido tan limpiamente
urbana o rural de todos modos, así como la agricultura industrial monopolizada hace uso
tanto de las explotaciones agrícolas a gran escala como de las pequeñas: «en la pequeña
propiedad de un contratista [una granja industrial] a lo largo de la orilla del bosque, un animal
de alimentación puede atrapar un patógeno antes de ser enviado a una planta de
procesamiento en el anillo exterior de una gran ciudad».
El hecho es que la esfera «natural» ya está subsumida en un sistema capitalista totalmente
mundial que ha logrado cambiar las condiciones climáticas de base y devastar tantos
ecosistemas precapitalistas20 que el resto ya no funciona como podría haberlo hecho en el
pasado. Aquí reside otro factor causal, ya que, según Wallace, todos estos procesos de
devastación ecológica reducen «el tipo de complejidad ambiental con el que el bosque
interrumpe las cadenas de transmisión». La realidad, entonces, es que es un nombre
equivocado pensar en tales áreas como la «periferia» natural de un sistema capitalista. El
capitalismo ya es global, y también totalizante. Ya no tiene un borde o frontera con alguna
esfera natural no-capitalista más allá de él, y por lo tanto no hay una gran cadena de
desarrollo en la que los países «atrasados» sigan a los que están delante de ellos en su camino
hacia la cadena de valor, ni tampoco ninguna verdadera zona salvaje capaz de ser preservada
en algún tipo de condición pura e intacta. En su lugar, el capital tiene simplemente un interior
subordinado, que a su vez está totalmente subsumido en las cadenas de valor mundiales. Los
sistemas sociales resultantes —incluyendo todo, desde el supuesto «tribalismo» hasta la
renovación de las religiones fundamentalistas antimodernas— son productos totalmente
contemporáneos, y casi siempre están conectados de facto a los mercados globales, a
menudo de forma bastante directa. Lo mismo puede decirse de los sistemas biológico-
ecológicos resultantes, ya que las zonas «salvajes» son en realidad inmanentes a esta
economía mundial tanto en el sentido abstracto de dependencia del clima y los ecosistemas
conexos como en el sentido directo de estar conectados a esas mismas cadenas de valor
mundiales.
Este hecho produce las condiciones necesarias para la transformación de las cepas virales
«salvajes» en pandemias globales. Pero COVID-19 no es la peor de ellas. Una ilustración
ideal del principio básico y del peligro global puede encontrarse en el Ébola. El virus del
Ébola21 es un caso claro de un reservorio viral existente que se extiende a la población

20Sin embargo, es un error equiparar estos ecosistemas con los «prehumanos». China es un ejemplo perfecto, ya que muchos de sus paisajes naturales
aparentemente «primitivos» fueron, de hecho, el producto de períodos mucho más antiguos de expansión humana que eliminaron especies que antes
eran comunes en el continente de Asia oriental, como los elefantes.

21 Técnicamente, éste es un término general para unos cinco virus distintos, el más mortal de los cuales se denomina simplemente virus del Ébola, antes
virus del Zaire.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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humana. Las pruebas actuales sugieren que sus huéspedes de origen son varias especies de
murciélagos nativos de África occidental y central, que actúan como portadores pero que no
se ven afectados por el virus. No ocurre lo mismo con los demás mamíferos salvajes, como
los primates y los duikers, que contraen periódicamente el virus y sufren brotes rápidos y de
gran mortandad. El Ébola tiene un ciclo de vida particularmente agresivo más allá de sus
especies reservorias. A través del contacto con cualquiera de estos huéspedes silvestres, los
humanos también pueden infectarse, con resultados devastadores. Se han producido varias
epidemias importantes, y la tasa de mortalidad de la mayoría ha sido extremadamente alta,
casi siempre superior al 50 %. En el mayor brote registrado, que continuó esporádicamente
de 2013 a 2016 en varios países de África occidental, se produjeron 11 000 muertes. La tasa
de mortalidad de los pacientes hospitalizados en este brote fue del 57 al 59 %, y mucho más
alta para los que no tenían acceso a los hospitales. En los últimos años, varias vacunas han
sido desarrolladas por empresas privadas, pero la lentitud de los mecanismos de aprobación
y los estrictos derechos de propiedad intelectual se han combinado con la falta generalizada
de una infraestructura sanitaria para producir una situación en la que las vacunas han hecho
poco por detener la epidemia más reciente, centralizada en la República Democrática del
Congo (RDC) y que ahora es el brote más duradero.
La enfermedad se presenta a menudo como si fuera algo parecido a un desastre natural; en
el mejor de los casos al azar, en el peor se culpa a las prácticas culturales «inmundas» de los
pobres que viven en los bosques. Pero el momento en que se produjeron estos dos grandes
brotes (2013-2016 en África occidental y 2018-presente en la República Democrática del
Congo) no es una coincidencia. Ambos han ocurrido precisamente cuando la expansión de
las industrias primarias ha desplazado aún más a los habitantes de los bosques y ha
perturbado los ecosistemas locales. De hecho, esto parece ser cierto en más casos que en los
más recientes, ya que, como explica Wallace, «cada brote del Ébola parece
estar relacionado con cambios en el uso de la tierra impulsados por el capital, incluso en el
primer brote en Nzara (Sudán) en 1976, donde una fábrica financiada por el Reino Unido
hilaba y tejía el algodón local». Del mismo modo, los brotes de 2013 en Guinea se produjeron
justo después de que un nuevo gobierno comenzara a abrir el país a los mercados mundiales
y a vender grandes extensiones de tierra a conglomerados agroindustriales internacionales.
La industria del aceite de palma, notoria por su papel en la deforestación y la destrucción
ecológica en todo el mundo, parece haber sido particularmente culpable, ya que sus
monocultivos devastan las robustas redundancias ecológicas que ayudan a interrumpir las
cadenas de transmisión y al mismo tiempo atraen literalmente a las especies de murciélagos
que sirven de reservorio natural para el virus22.
Mientras tanto, la venta de grandes extensiones de tierra a empresas comerciales
agroforestales supone tanto el despojo de los habitantes de los bosques como la perturbación
de sus formas locales de producción y cosecha que dependen del ecosistema. Esto a menudo
deja a los pobres de las zonas rurales sin otra opción que internarse más en el bosque al
mismo tiempo que se trastorna su relación tradicional con ese ecosistema. El resultado es
que la supervivencia depende cada vez más de la caza de animales salvajes o de la
recolección de flora y madera locales para su venta en los mercados mundiales. Esas
poblaciones se convierten entonces en los representantes de la ira de las organizaciones
ecologistas mundiales, que las denuncian como «cazadores furtivos» y «madereros ilegales»
responsables de la misma deforestación y destrucción ecológica que las empujó a esos
comercios en primer lugar. A menudo, el proceso toma entonces un giro mucho más oscuro,
como en Guatemala, donde los paramilitares anticomunistas que quedaron atrás en la guerra
22 Cf. Megan Ybarra, Green Wars: Conservation and Decolonization in the Maya Forest, University of California Press, 2017.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

civil del país se transformaron en fuerzas de seguridad «verdes», encargadas de «proteger»


el bosque de la tala, la caza y el narcotráfico ilegales que eran los únicos oficios disponibles
para sus residentes indígenas, que habían sido empujados a tales actividades precisamente
por la violenta represión que habían sufrido de esos mismos paramilitares durante la
guerra.13 Desde entonces, el patrón se ha reproducido en todo el mundo, animado por los
puestos de los medios de comunicación social en los países de altos ingresos que celebran la
ejecución (a menudo literalmente capturada en cámara) de «cazadores furtivos» por parte de
las fuerzas de seguridad supuestamente «verdes»23.

La contención como ejercicio en el arte del Estado


COVID-19 ha captado la atención mundial con una fuerza sin precedentes. El Ébola, la gripe
aviar y el SARS, por supuesto, todos tuvieron su frenesí mediático asociado. Pero algo acerca
de esta nueva epidemia ha generado un tipo diferente de resistencia. En parte, esto se debe
casi con seguridad a la espectacular escala de la respuesta del gobierno chino, que ha dado
lugar a imágenes igualmente espectaculares de megalópolis vaciadas que contrastan con la
imagen normal de los medios de comunicación de China como superpoblada y contaminada.
Esta respuesta también ha sido una fuente fructífera para la especulación normal sobre el
inminente colapso político o económico del país, dado un impulso adicional por las
continuas tensiones de la fase inicial de la guerra comercial con Estados Unidos. Esto se
combina con la rápida propagación del virus para darle el carácter de una amenaza mundial
inmediata, a pesar de su baja tasa de mortalidad24.
Sin embargo, a un nivel más profundo, lo que parece más fascinante de la respuesta del
Estado es la forma en que se ha llevado a cabo, a través de los medios de comunicación,
como una especie de ensayo general melodramático para la plena movilización de la
contrainsurgencia nacional. Esto nos da una idea real de la capacidad represiva del Estado
chino, pero también pone de relieve la incapacidad más profunda de ese Estado, revelada
por su necesidad de confiar tanto en una combinación de medidas de propaganda total
desplegadas a través de todas las facetas de los medios de comunicación y las movilizaciones
de buena voluntad de la población local que, de otro modo, no tendría ninguna obligación
material de cumplir. Tanto la propaganda china como la occidental han hecho hincapié en la
capacidad represiva real de la cuarentena: la primera de ellas como un caso de intervención
gubernamental eficaz en una emergencia y la segunda como otro caso más de extralimitación
totalitaria por parte del distópico Estado chino. La verdad no dicha, sin embargo, es que la
misma agresión de la represión significa una incapacidad más profunda en el Estado chino,
que en sí mismo está todavía completamente en construcción.
Esto en sí mismo nos ofrece una ventana para contemplar la naturaleza del Estado chino,
mostrando cómo está desarrollando nuevas e innovadoras técnicas de control social y
respuesta a las crisis capaces de ser desplegadas incluso en condiciones en las que la
maquinaria básica del Estado es escasa o inexistente. Esas condiciones, por su parte, ofrecen
un panorama aún más interesante (aunque más especulativo) de cómo podría responder la

23 Ciertamente es incorrecto dar a entender que toda la caza furtiva es llevada a cabo por la población rural pobre local, o que todas las fuerzas de
guardabosques en los bosques nacionales de diferentes países operan de la misma manera que los antiguos paramilitares anticomunistas, pero los
enfrentamientos más violentos y los casos más agresivos de militarización de los bosques parecen seguir esencialmente este patrón. Para un amplio
panorama del fenómeno, véase el número especial de 2016 de Geoforum (69) dedicado al tema. El prefacio puede encontrarse aquí: Alice B. Kelly y
Megan Ybarra, « Introduction to themed issue: “Green security in protected áreas”», en Geoforum, vol. 69, 2016, pp. 171-175.
http://gawsmith.ucdavis.edu/uploads/2/0/1/6/20161677/kelly_ybarra_2016_green_security_and_pas.pdf

24Con mucho la más baja de todas las enfermedades mencionadas aquí, su alto número de muertes ha sido en gran parte el resultado de su rápida
propagación a un gran número de huéspedes humanos, lo que ha dado lugar a un elevado número de muertes absolutas a pesar de tener una tasa de
mortalidad muy baja.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

clase dirigente de un país determinado cuando una crisis generalizada y una insurrección
activa causen averías similares incluso en los Estados más robustos. El brote viral se vio
favorecido en todos los aspectos por las deficientes conexiones entre los niveles de gobierno:
la represión de los médicos «denunciantes» por parte de los funcionarios locales en contra
de los intereses del gobierno central, los ineficaces mecanismos de notificación de los
hospitales y la prestación extremadamente deficiente de la atención sanitaria básica son sólo
algunos ejemplos. Mientras tanto, los diferentes gobiernos locales han vuelto a la normalidad
a ritmos diferentes, casi completamente fuera del control del Estado central (excepto en
Hubei, el epicentro). En el momento de redactar este texto, parece casi totalmente aleatorio
qué puertos están en funcionamiento y qué locales han reanudado la producción. Pero esta
cuarentena de bricolaje ha hecho que las redes logísticas de larga distancia entre ciudades
sigan perturbadas, ya que cualquier gobierno local parece ser capaz de impedir simplemente
el paso de trenes o camiones de carga a través de sus fronteras. Y esta incapacidad a nivel
de base del gobierno chino le ha obligado a tratar con el virus como si fuera una insurgencia,
jugando a la guerra civil contra un enemigo invisible.
La maquinaria estatal nacional comenzó a funcionar realmente el 22 de enero, cuando las
autoridades mejoraron las medidas de respuesta de emergencia en toda la provincia de
Hubei, y dijeron al público que tenían la autoridad legal para establecer instalaciones de
cuarentena, así como para «recoger» el personal, los vehículos y las instalaciones necesarias
para la contención de la enfermedad, o para establecer bloqueos y controlar el tráfico (con
lo que se sellaba un fenómeno que sabía que ocurriría a pesar de todo). En otras palabras, el
pleno despliegue de los recursos estatales comenzó en realidad con un llamamiento a los
esfuerzos voluntarios en nombre de los habitantes de la localidad. Por un lado, un desastre
tan masivo pondrá a prueba la capacidad de cualquier Estado (véase, por ejemplo, la
respuesta a los huracanes en Estados Unidos). Pero, por otra parte, esto repite una pauta
común en el arte de gobernar de China, según la cual el Estado central, al carecer de
estructuras de mando formales y eficaces que se extiendan hasta el nivel local, debe basarse
en una combinación de llamamientos ampliamente difundidos para que los funcionarios y
los ciudadanos locales se movilicen y una serie de castigos a posteriori para los que peor
respondan (enmarcados en la lucha contra la corrupción). La única respuesta verdaderamente
eficaz se encuentra en zonas específicas en las que el Estado central concentra el grueso de
su poder y su atención, en este caso, Hubei en general y Wuhan en particular. En la mañana
del 24 de enero, la ciudad ya se encontraba en un cierre total efectivo, sin trenes que entraran
o salieran casi un mes después de que se detectara la nueva cepa del coronavirus. Las
autoridades sanitarias nacionales han declarado que las autoridades sanitarias tienen la
capacidad de examinar y poner en cuarentena a cualquier persona a su discreción. Además
de las principales ciudades de Hubei, docenas de otras ciudades de toda China, incluidas
Beijing, Cantón, Nankín y Shanghái, han puesto en marcha cierres de diversa gravedad para
los flujos de personas y mercancías que entran y salen de sus fronteras.
En respuesta al llamamiento del Estado central a movilizarse, algunas localidades han
tomado sus propias iniciativas extrañas y severas. Las más espantosas de ellas se encuentran
en cuatro ciudades de la provincia de Zhejiang, en las que se han expedido pasaportes locales
a 30 millones de personas, lo que permite que sólo una persona por hogar salga de su casa
una vez cada dos días. Ciudades como Shenzhen y Chengdu han ordenado que cada barrio
sea cerrado, y han permitido que edificios enteros de departamentos sean puestos en
cuarentena durante catorce días si se encuentra un solo caso confirmado del virus en su
interior. Mientras tanto, cientos de personas han sido detenidas o multadas por «difundir
rumores» sobre la enfermedad, y algunas que han huido de la cuarentena han sido arrestadas
y sentenciadas a un largo tiempo de cárcel, y las propias cárceles están experimentando ahora

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

un grave brote, debido a la incapacidad de los funcionarios de aislar a los individuos


enfermos incluso en un entorno literalmente diseñado para un fácil aislamiento. Este tipo de
medidas desesperadas y agresivas reflejan las de los casos extremos de contrainsurgencia,
recordando muy claramente las acciones de la ocupación militar-colonial en lugares como
Argelia o, más recientemente, Palestina. Nunca antes se habían llevado a cabo a esta escala,
ni en megalópolis de este tipo que albergan a gran parte de la población mundial. La conducta
de la represión ofrece entonces una extraña lección para quienes tienen la mente puesta en
la revolución mundial, ya que es, esencialmente, un simulacro de reacción liderada por el
Estado.

Incapacidad
Esta particular represión se beneficia de su carácter aparentemente humanitario, ya que el
Estado chino puede movilizar un mayor número de personas para ayudar en lo que es,
esencialmente, la noble causa de estrangular la propagación del virus. Pero, como es de
esperar, estas medidas de restricción siempre resultan contraproducentes. La
contrainsurgencia es, después de todo, una especie de guerra desesperada que se lleva a cabo
sólo cuando se han hecho imposibles formas más sólidas de conquista, apaciguamiento e
incorporación económica. Es una acción costosa, ineficiente y de retaguardia, que traiciona
la incapacidad más profunda de cualquier poder encargado de desplegarla, ya sean los
intereses coloniales franceses, el menguante imperio estadounidense u otros. El resultado de
la represión es casi siempre una segunda insurgencia, ensangrentada por el aplastamiento de
la primera y aún más desesperada. Aquí, la cuarentena difícilmente reflejará la realidad de
la guerra civil y la contrainsurgencia. Pero incluso en este caso, la represión ha fracasado a
su manera. Con tanto esfuerzo del Estado enfocado en el control de la información y la
constante propaganda desplegada a través de todos los aparatos mediáticos posibles, el
malestar se ha expresado en gran medida dentro de las mismas plataformas.
La muerte del Dr. Li Wenliang, uno de los primeros denunciantes de los peligros del virus,
el 7 de febrero sacudió a los ciudadanos encerrados en sus casas en todo el país. Li fue uno
de los ocho médicos detenidos por la policía por difundir «información falsa» a principios
de enero, antes de contraer el virus él mismo. Su muerte provocó la ira de los ciudadanos y
una declaración de arrepentimiento del gobierno de Wuhan. La gente está empezando a ver
que el Estado está formado por funcionarios y burócratas torpes que no tienen ni idea de qué
hacer pero que, sin embargo, ponen una cara fuerte25. Este hecho se reveló esencialmente
cuando el alcalde de Wuhan, Zhou Xianwang, se vio obligado a admitir en la televisión
estatal que su gobierno había retrasado la publicación de información crítica sobre el virus
después de que se produjera un brote. La propia tensión causada por el brote, combinada con
la inducida por la movilización total del Estado, ha empezado a revelar a la población en
general las profundas fisuras que se esconden detrás del retrato tan fino como el papel que
el gobierno se pinta a sí mismo. En otras palabras, condiciones como éstas han expuesto las
incapacidades fundamentales del Estado chino a un número cada vez mayor de personas que
anteriormente habrían tomado la propaganda del gobierno al pie de la letra.

25En una entrevista en podcast, Au Loong Yu, citando a amigos en el continente, dice que el gobierno de Wuhan está efectivamente paralizado por la
epidemia. Au sugiere que la crisis no sólo está desgarrando el tejido social, sino también la maquinaria burocrática del PCCh, que sólo se intensificará
a medida que el virus se extienda y se convierta en una crisis cada vez más intensa para otros gobiernos locales en todo el país. La entrevista es de
Daniel Denvir de The Dig, publicada el 7 de febrero: https://www.thedigradio.com/podcast/hong-kong-with-au-loong-yu/

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Si se pudiera encontrar un solo símbolo para expresar el carácter básico de la respuesta del
Estado, sería algo como el video de arriba, grabado por un local en Wuhan y compartido con
el Internet occidental a través de Twitter en Hong Kong26. Esencialmente, muestra a un
número de personas que parecen ser médicos o socorristas de algún tipo equipados con un
equipo de protección completo tomándose una foto con la bandera china. La persona que
filma el video explica que están fuera de ese edificio todos los días para varias operaciones
fotográficas. El video sigue a los hombres mientras se quitan el equipo de protección y se
quedan parados platicando y fumando, incluso usando uno de los trajes para limpiar su auto.
Antes de irse, uno de los hombres arroja sin ceremonias el traje protector en un cesto de
basura cercano, sin molestarse en tirarlo al fondo donde no se vea. Videos como éste se han
difundido rápidamente antes de ser censurados: pequeñas lágrimas en el fino velo del
espectáculo autorizado por el Estado.
En un nivel más fundamental, la cuarentena también ha comenzado a ver la primera ola de
reverberaciones económicas en la vida personal de las personas. Se ha informado
ampliamente sobre el aspecto macroeconómico de esta situación, ya que una disminución
masiva del crecimiento chino podría provocar una nueva recesión mundial, especialmente si
se combina con un estancamiento continuo en Europa y una reciente caída de uno de los
principales índices de salud económica en Estados Unidos, que muestra una repentina
disminución de la actividad comercial. En todo el mundo, las empresas chinas y las que
dependen fundamentalmente de las redes de producción chinas están estudiando ahora
sus cláusulas de «fuerza mayor», que permiten los retrasos o la cancelación de las
responsabilidades que entrañan ambas partes en un contrato comercial cuando ese contrato
se vuelve «imposible» de cumplir. Aunque de momento es poco probable, la mera
perspectiva ha hecho que se restablezca una cascada de demandas de producción en todo el
país. La actividad económica, sin embargo, sólo se ha reactivado en un patrón de retazos,
todo funcionando ya sin problemas en algunas áreas mientras que en otras todavía está en
pausa indefinida. Actualmente, el 1 de marzo se ha convertido en la fecha provisional en la
que las autoridades centrales han pedido que todas las zonas fuera del epicentro del brote
vuelvan a trabajar.
Pero otros efectos han sido menos visibles, aunque posiblemente mucho más importantes.
Muchos trabajadores migrantes, incluidos los que se habían quedado en sus ciudades de
trabajo para el Festival de Primavera o que pudieron regresar antes de que se aplicaran varios
cierres, están ahora atrapados en un peligroso limbo. En Shenzhen, donde la gran mayoría
de la población es migrante, los lugareños informan de que el número de personas sin hogar
ha empezado a aumentar. Pero las nuevas personas que aparecen en las calles no son
personas sin hogar de larga duración, sino que tienen la apariencia de ser literalmente
abandonadas allí sin ningún otro lugar a donde ir, todavía con ropa relativamente bonita, sin
saber dónde es mejor dormir a la intemperie o dónde obtener comida. Varios edificios de la
ciudad han visto un aumento en los pequeños robos, sobre todo de comida entregada a la
puerta de los residentes que se quedan en casa para la cuarentena. En general, los
trabajadores están perdiendo salarios a medida que la producción se estanca. Los mejores
escenarios durante los paros laborales son las cuarentenas de dormitorios como la impuesta
en la planta de Shenzhen Foxconn, donde los nuevos retornados son confinados a sus
cuarteles durante una o dos semanas, se les paga alrededor de un tercio de sus salarios
normales y luego se les permite regresar a la línea de producción. Las empresas más pobres

26El vídeo es auténtico, pero cabe señalar que Hong Kong ha sido un semillero de actitudes racistas y teorías de conspiración dirigidas a los habitantes
del continente y al PCCh, por lo que gran parte de lo que se comparte en los medios sociales por los hongkoneses sobre el virus debe ser
cuidadosamente comprobado.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

no tienen esa opción, y el intento del gobierno de ofrecer nuevas líneas de crédito barato a
las empresas más pequeñas probablemente no sirva de mucho a largo plazo. En algunos
casos, parece que el virus simplemente acelerará las tendencias preexistentes de reubicación
de fábricas, ya que empresas como Foxconn amplían la producción en Vietnam, India y
México para compensar la desaceleración.

La guerra surrealista
Mientras tanto, la torpe respuesta temprana al virus, la dependencia del Estado de medidas
particularmente punitivas y represivas para controlarlo, y la incapacidad del gobierno central
para coordinar eficazmente entre las localidades para hacer malabarismos con la producción
y la cuarentena simultáneamente, todo indica que una profunda incapacidad permanece en
el corazón de la maquinaria del Estado. Si, como nuestro amigo Lao Xie argumenta, el
énfasis de la administración Xi ha sido en la «construcción del Estado», parece que queda
mucho trabajo por hacer en ese sentido. Al mismo tiempo, si la campaña contra el COVID-
19 puede leerse también como un simulacro de lucha contra la insurgencia, es notable que
el gobierno central sólo tenga la capacidad de proporcionar una coordinación eficaz en el
epicentro de Hubei y que sus respuestas en otras provincias —incluso en lugares ricos y bien
considerados como Hangzhou— sigan siendo en gran medida descoordinadas y
desesperadas. Podemos tomar esto de dos maneras: primero, como una lección sobre la
debilidad que subyace en los bordes duros del poder estatal, y segundo, como una
advertencia sobre la amenaza que aún representan las respuestas locales descoordinadas e
irracionales cuando la maquinaria del Estado central está abrumada.
Estas son lecciones importantes para una época en que la destrucción causada por la
acumulación interminable se ha extendido tanto hacia arriba en el sistema climático mundial
como hacia abajo en los substratos microbiológicos de la vida en la Tierra. Tales crisis sólo
se harán más comunes. A medida que la crisis secular del capitalismo adquiera un carácter
aparentemente no-económico, nuevas epidemias, hambrunas, inundaciones y otros desastres
«naturales» se utilizarán como justificación de la ampliación del control estatal, y la
respuesta a esas crisis funcionará cada vez más como una oportunidad para ejercer nuevas
herramientas no probadas para la contrainsurgencia. Una política comunista coherente debe
comprender ambos hechos juntos. A nivel teórico, esto significa comprender que la crítica
al capitalismo se empobrece cuando se separa de las ciencias duras. Pero en el plano práctico,
también implica que el único proyecto político posible hoy en día es el que es capaz de
orientarse en un terreno definido por un desastre ecológico y microbiológico generalizado,
y de operar en este estado perpetuo de crisis y atomización.
En una China en cuarentena, empezamos a vislumbrar tal paisaje, al menos en sus contornos:
calles vacías del final del invierno desempolvadas por la más mínima película de nieve
intacta, rostros iluminados por teléfono que se asoman por las ventanas, barricadas de
casualidad atendidas por unas cuantas enfermeras, policías, voluntarios de repuesto o
simplemente actores pagados encargados de izar banderas y decirles que se pongan la
máscara y vuelvan a casa. El contagio es social. Por lo tanto, no debe sorprender que la única
manera de combatirlo en una etapa tan tardía es librar una especie de guerra surrealista contra
la sociedad misma. No se reúnan, no causen el caos. Pero el caos también se puede construir
en el aislamiento. Mientras los hornos de todas las fundiciones se enfrían hasta convertirse
en brasas que crepitan suavemente y luego en cenizas heladas, las muchas desesperaciones
menores no pueden evitar salir de esa cuarentena para caer juntos en un caos mayor que un
día, como este contagio social, podría ser difícil de contener.
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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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Biopolítica y coronavirus
Roberto Esposito

«Secciones enteras de la población, consideradas en riesgo, pero también portadores de


riesgo de contagio, se ven afectadas por prácticas profilácticas, protegidas y mantenidas a
distancia —escribe Esposito—. Es el resultado del síndrome inmune real que durante tiempo
ha caracterizado el nuevo régimen biopolítico. Lo que se teme, incluso más que el daño en
sí mismo, es su circulación incontrolada en un cuerpo social expuesto a procesos de
contaminación generalizados».
Cuando comenzamos a hablar de biopolítica, la noticia fue recibida con cierto escepticismo.
Parecía una noción apenas verificable en la realidad. De pronto la situación cambió
rápidamente. Y la retroalimentación se ha vuelto cada vez más densa, hasta que ahora
alcanza cotas impresionantes.
Desde procedimientos biotecnológicos, dirigidos a modificar eventos que antes se
consideraban naturales, pasando por el terrorismo suicida, hasta la crisis de inmigración más
reciente, los problemas de vida y muerte se han asentado en el centro de las agendas y los
conflictos políticos. Hasta la explosión del coronavirus, con las consecuencias geopolíticas
que ya vamos viendo, estamos llegando al clímax de la relación directa entre la vida
biológica y las intervenciones políticas.
Habría tres pasos básicos. El primero es el cambio del objetivo político de los individuos a
ciertos segmentos de la población. Secciones enteras de la población, consideradas en riesgo,
pero también portadores de riesgo de contagio, se ven afectadas por prácticas profilácticas,
al mismo tiempo protegidas y mantenidas a distancia. Este es también el resultado del
síndrome inmune real que durante mucho tiempo ha caracterizado el nuevo régimen
biopolítico. Lo que se teme, incluso más que el daño en sí mismo, es su circulación
incontrolada en un cuerpo social expuesto a procesos de contaminación generalizados. Por
supuesto, la dinámica de la globalización ha aumentado este miedo, en un mundo que parece
haber perdido todas las fronteras internas. El contraste violento con la inmigración por parte
de los partidos soberanistas, más que como una continuación del viejo nacionalismo, debe
interpretarse en esta clave inmune.
Hasta la explosión del coronavirus, con las consecuencias geopolíticas que ya vamos viendo,
estamos llegando al clímax de la relación directa entre la vida biológica y las intervenciones
políticas
El segundo paso de la dinámica bipolítica en curso tiene que ver con el doble proceso de
medicalización de la política y politización de la medicina. También en este caso es una
transformación que se remonta al nacimiento de la medicina social. Pero la aceleración en
progreso parece cruzar el umbral de la guardia. Por un lado, la política, desvaneciendo sus
coordenadas ideológicas, ha acentuado cada vez más un carácter protector contra riesgos
reales e imaginarios, persiguiendo temores que a menudo se produce a sí misma. Por otro
lado, la práctica médica, a pesar de su autonomía científica, no puede dejar de tener en cuenta
las condiciones contextuales dentro de las cuales opera. Por ejemplo, las consecuencias
económicas y políticas que determinan las medidas sugeridas. Esto explica de alguna manera
la sorprendente diversidad de opiniones entre los principales virólogos con respecto a la
naturaleza y los posibles resultados de los coronavirus.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El tercer síntoma, quizás aún más perturbador, del entrelazamiento de la política y la vida
biológica es el cambio de los procedimientos democráticos ordinarios hacia disposiciones
de emergencia. El decreto urgente también tiene una larga historia. Se basa en la idea de que,
en condiciones de alto riesgo, en lugar de la voluntad del legislador, se aplica el estado de
necesidad. Por ejemplo, si un terremoto destruye un territorio, se determina un estado de
urgencia que puede pasar fácilmente a un estado de excepción.
La práctica médica, a pesar de su autonomía científica, no puede dejar de tener en cuenta las
condiciones contextuales dentro de las cuales opera. Por ejemplo, las consecuencias
económicas y políticas que determinan las medidas sugeridas
Esto es lo que está sucediendo en los últimos días, con las medidas aprobadas, por un lado,
por algunos gobiernos y, por otro, por las regiones, con el riesgo de una superposición
indebida entre las dos potencias. Este impulso hacia el estado de excepción es aún más
perturbador porque tiende a estandarizar los procedimientos políticos de los estados
democráticos a los de los estados autoritarios como China. Con la advertencia de que, en
este terreno, los estados autoritarios, por la propia naturaleza de su tipo de poder, siempre
estarán por delante de los democráticos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Un análisis Marxista del CORONAVIRUS


La Marx y Reagrupamiento Hacia el PST
Daniel Campos

Introducción
La crisis global del capitalismo tiene una de sus más graves expresiones en el surgimiento
de la pandemia del Coronavirus. Los gobiernos del G7, de China, la ONU, la Organización
Mundial de la Salud (OMS), han tenido una política de desastrosa improvisación que ha
costado miles vidas. Esto es producto de su interés por defender el capitalismo, y de su
ignorancia respecto de la pandemia. Los líderes capitalistas no saben en forma precisa cómo
se contagia el virus, no saben exactamente cómo se previene, no saben cuánto dura, y, por
lo tanto, no saben cómo se cura.
Argumentan que su desconocimiento es el producto de que la enfermedad comenzó hace
pocos meses, pero es falso. No fueron tomados por sorpresa. Hace años los expertos llevan
tiempo advirtiéndonos de una próxima gran pandemia, simplemente los líderes del
capitalismo nunca los escucharon. ¿De dónde surgió el Coronavirus? ¿Es la primera vez que
se desarrolla una pandemia en el capitalismo? Numerosas teorías de la conspiración indican
que el coronavirus fue creado en un laboratorio, o que fue armado para perjudicar a China,
u otras teorías disparatadas.
Quienes afirman que el coronavirus fue creado en un laboratorio desconocen la historia del
capitalismo. En los últimos 100 años el capitalismo ha desarrollado 8 pandemias, y
numerosas epidemias cada vez más grandes y peligrosas. Era cuestión de tiempo que
surgiera el SARS-CoV-2. Y estamos sin duda frente a una crisis de escala global e histórica,
porque después del Coronavirus el mundo no volverá a ser el mismo, como ocurrió siempre
tras cada acontecimiento histórico como la Guerra de Vietnam, la caída del Muro de Berlín,
la caída de las Torres Gemelas, o la guerra de Irak.
Con su política corrupta y siniestra los líderes del mundo capitalista llevan a la muerte a los
más pobres y desprotegidos. Pero por otro lado colocan uno sobre otro los pilares de la
revolución. El huracán de la revolución mundial contra el capitalismo que viene soplando
fuerte el año 2019, a partir del Coronavirus, soplará con mayor fuerza. Y los marxistas

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

debemos sacar todas las conclusiones científicas y prácticas del Coronavirus para afrontar y
dirigir la revolución que se viene.

Parte I: Que es el SARS-CoV-2, y como el mundo lo


conoció

Una ilustración de la proteína de pico de SARS-CoV-2


Los científicos Peng Zhou, Xing- Lou Yang, y Zheng- Li Shi miembros del Instituto de
Virología de Wuhan, y de la Academia de Ciencias de China, publicaron el 3 de febrero en
la prestigiosa revista Nature la detección de un nuevo virus en la ciudad de Wuhan. La OMS
ya había anunciado el 7 de enero la identificación de este nuevo virus, ubicado en la capital
de la Provincia de Hubei. El artículo de Nature indica que el virus desató una epidemia el 12
de diciembre de 2019, y el Comité Internacional de Taxonomía de Virus denominó al nuevo
virus SARS- CoV- 2. La enfermedad causada por el SARS-CoV-2 provoca un síndrome
respiratorio agudo, un brote de neumonía con síntomas de fiebre, tos, dificultades para
respirar, dolor de garganta, jaqueca y diarrea. El 11 de Febrero del 2020, la enfermedad
causada por el SARS-CoV-2 fue denominada por la OMS COVID-19 (en inglés,
Coronavirus Disease 2019) mediante una conferencia de prensa de su Director Tedros
Adhanom Ghebreyesus. El 11 de marzo la OMS la declaró pandemia.
Según el artículo de Nature, el SARS-CoV-2 es en un 96% idéntico al coronavirus de
Murciélagos. Éste virus pasó de los murciélagos a un animal desconocido, el cual a su vez
los transmitió a los humanos. Se sabe en qué fecha se transmitió el virus a los humanos, fue
en noviembre del 2019. Pero no se sabe que animal produjo esta transmisión, un dato que
resulta fundamental para avanzar en la investigación. Los coronavirus se conocen desde el
año 1968, y se les llamó así porque en el microscopio electrónico aparecen en la imagen
picos con punta de bulbo que dan la apariencia de que el virus tiene una corona. Son virus
ARN monocatenarios positivos, pertenecientes al Grupo IV de la clasificación del biólogo y
Premio Nobel de Medicina norteamericano David Baltimore.
Baltimore llevó a cabo una clasificación de los virus dependiendo de su genoma, y su método
de replicación. Al encuadrarlos en las mismas categorías, la clasificación de Baltimore
permite el conocimiento de que los virus se comportarán básicamente de la misma manera,
lo cual facilita las investigaciones. Inicialmente se situó el foco original del contagio del
SARS-CoV-2 en el mercado de mariscos de Wuhan debido a que la mayoría de afectados
eran trabajadores del mercado. Pero no existen pruebas concluyentes de ello, según el
artículo de la revista Science firmado por Jon Cohen el 26 de enero de 2020.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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Respecto del SARS-CoV-2, la infección comienza cuando una partícula viral se inserta en
una célula humana, y entonces el material genético instruye a la célula para que se
reproduzca. El SARS-CoV-2 crece en algunas células pulmonares que ayudan a que el aire
se filtre en los pulmones, así como en células que recubren la garganta. Lo que le da al
SARS-CoV-2 mayor potencial infeccioso es una peculiaridad en cuanto a cómo actúa su
proteína S, que se activa ante la acción de algunas enzimas. Esto no sucede con otros
coronavirus. Sí ocurre con otros virus muy infecciosos como el de la gripe, el VIH o el Ébola.
La mayor parte del daño es causada por el propio sistema inmune del afectado, cuando
millones de células del sistema inmune invaden el área infectada para combatir el virus, pero
a la vez, causan un gran daño al órgano afectado.
En esa instancia, el desafío para los trabajadores de la salud es apoyar al paciente y mantener
la sangre oxigenada mientras el órgano afectado se está reparando. El SARS-CoV-2 contagia
niños, pero la mayoría desarrolla síntomas leves y hay relativamente pocas muertes
infantiles. Normalmente, los niños propagan enfermedades, pero con este virus, no está claro
hasta qué punto contribuyen a propagarlo. La mayoría de las personas menores de 40 años
parecen recuperarse rápidamente, pero para las personas mayores resulta más difícil
recuperarse. A medida que se desarrolla la pandemia, más claro queda que en los gobiernos
del G7, la ONU, y la OMS predomina la ignorancia sobre muchos aspectos de este virus. No
saben aspectos de cómo causa enfermedades. No saben de qué forma interactúa el SARS-
CoV-2 con las proteínas dentro de la célula. No saben sobre la estructura de las proteínas
que forman los nuevos virus. No saben cómo trabajan algunos de los mecanismos básicos
del SARS-CoV-2 para copiar virus. No saben tampoco cómo responderá SARS-CoV-2 a los
cambios estacionales, ni de temperatura. No saben cuánto perdura la inmunidad que los seres
humanos desarrollamos contra el virus. Por todas estas razones no hay una cura para el
SARS-CoV-2.
Uno de los elementos que aporta a este desconocimiento general, es que los líderes del
capitalismo imperialista mundial desoyeron las alertas que la comunidad científica ha
lanzado desde hace muchos años sobre el advenimiento de las pandemias, que como
desarrollamos en la parte siguiente se vienen desarrollando en forma cada vez más peligrosa
en la medida en que se agrava la crisis mundial del capitalismo. Del mismo modo como
desprecian las advertencias acerca del cambio climático, los irresponsables y corruptos
líderes del imperialismo global debieron haber escuchado las advertencias, y debieron haber
invertido en recursos, ciencia e investigación para prevenir los virus que están en desarrollo.
Si lo hubiesen hecho, el COVID- 19 nunca hubiera provocado los daños que está
provocando.
Pero además los gobiernos del imperialismo mundial y China ocultan datos fundamentales
que la ciencia requiere para investigar. Los casos que se han reportado en todo el mundo es
sólo una fracción del número total de infecciones, y las cifras son aún más confusas por el
ocultamiento, la persecución que sufren científicos, las voces acalladas de los trabajadores
que construyen hospitales, los enfermeros que relatan las penurias de su trabajo en la batalla
por la vida de sus pacientes. Todo eso es ocultado por los gobiernos de los líderes del
capitalismo mundial lo cual no hace más que entorpecer el trabajo de la ciencia. Por ejemplo,
se calcula que China ha ocultado miles de muertes y de infectados un dato fundamental para
calcular la tasa de mortalidad del COVID- 19.

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Parte II Expansión de las pandemias capitalistas y


desarrollo del COVID- 19

Imágenes de la pandemia de Influenza de 1918 en la I Guerra Mundial


El capitalismo ha desarrollado ocho pandemias en los últimos 100 años, y junto a ellas,
varias epidemias que son cada vez más grandes y peligrosas. Cuatro de estas pandemias
aparecieron en el siglo XX, y cuatro en el siglo XXI. Vamos a analizar ahora como se
desarrollaron estas pandemias y cómo llegamos al Coronavirus del 2020. En estos últimos
100 años el capitalismo ha entrado en términos históricos en su etapa senil, caracterizada por
el surgimiento de las multinacionales y monopolios, que han disparado los niveles de
concentración de la riqueza y desigualdad social a niveles nunca vistos en la historia de la
humanidad.
La etapa denominada por el marxismo como Imperialismo en la elaboración de Lenin de
1916, presentó las siguientes pandemias reconocidas por la ciencia:
La Influenza de 1918: La primera pandemia conocida en el siglo XX fue la gripe de Influenza
de 1918, que causó la muerte de entre 20 y 50 millones de personas durante la Primera Guerra
Mundial. Se considera una de las pandemias más devastadoras de la historia, pues se calcula
que acabó afectando a alrededor de 500 millones de personas o un tercio de la población
mundial. Las explicaciones del carácter destructor de esta pandemia fueron la pobreza, las
muertes ocasionadas por la guerra, el hacinamiento masivo de soldados durante el transporte
de tropas, y el hecho de que no había vacuna ni antibióticos para tratar las infecciones
asociadas. Las políticas se limitaron a las cuarentenas, la buena higiene personal, uso de
desinfectantes y la limitación de concentraciones públicas.
Las tres pandemias siguientes se dieron durante la posguerra del siglo XX. Estas fueron:
La gripe "asiática" de 1957 y 1958: La segunda pandemia capitalista del siglo XX fue entre
los años 1957 y 1958 la gripe "asiática", causada por un nuevo virus de la influenza A H2N2,
que se reportó en Singapur. Fue controlado con vacunas y medicamentos, pero tras 10 años
de evolución, este virus de gripe "asiática" dio lugar a un subtipo que acabó provocando una
nueva pandemia, la gripe denominada "gripe de Hong Kong".

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La "gripe de Hong Kong" de 1968: La tercera pandemia capitalista del siglo XX fue la del
virus H3N2 que se dio en 1968 llamada "gripe de Hong Kong", originada en China y
altamente contagiosa. La OMS calcula que cada una de esas enfermedades causó entre 1 y
hasta 4 millones de muertes en el mundo.
La del virus VIH- SIDA de 1980: La cuarta pandemia capitalista del siglo XX que golpeó
al mundo fue la del virus VIH- SIDA. Los primeros casos del virus de la inmunodeficiencia
humana (VIH) se identificaron a principios de la década de los 80 en EE.UU. Se estima que,
desde que surgió, unos 32 millones de personas han muerto por causas relacionadas con el
VIH, y actualmente "sigue siendo uno de los mayores desafíos de salud pública del
mundo", según la OMS. Hasta hoy no hay cura para la infección por el VIH, pero sí se ha
desarrollado un tratamiento antirretrovírico que permite mantener controlado el virus y
prevenir la transmisión a otras personas.
De las 4 pandemias que se produjeron en el siglo XX, tres se dieron en la posguerra
atravesando el período de "boom" de la economía capitalista mundial. Este fue un período
de ascenso y decadencia del régimen keynesiano de acumulación capitalista como lo
identificamos en el tratado marxista "El Fin de las Multinacionales" (1) Son pandemias
destructivas que se produjeron con un intervalo de una década aproximadamente, pero, aun
así, mucho menos devastadoras que las que comenzaron en el siglo XXI.
Las cuatro siguientes grandes pandemias que registra la ciencia se producen en el siglo XXI
en el marco del comienzo de una grave crisis mundial del capitalismo. Como establecimos
en el "El Fin de las Multinacionales", la crisis global del capitalismo que actualmente
estamos viviendo tuvo inicio con la crisis de las "punto.com" en el año 2000, cuando la
explosión de la "burbuja" de empresas de informática abrió la etapa de agotamiento del
régimen de acumulación capitalista conocido como "globalización".
Durante todo este período de veinte años 2000- 2020, se abrió un pico agudo de crisis en el
capitalismo en el año 2007 cuando quebraron los Conglomerados Globales que dominan la
economía mundial y comenzaron los "Salvatajes". Durante todo este período se
desarrollaron pandemias más agresivas, acompañadas de epidemias menores, pero
peligrosamente destructivas. Consideremos que en el siglo XX tras la I y II Guerras
Mundiales se produjeron 3 pandemias en un período de 55 años, mientras que en siglo XXI
se produjeron 4 pandemias en tan sólo 20 años.
Si entre las tres pandemias de posguerra del siglo XX hubo un intervalo de aproximadamente
diez años, entre las que se produjeron en el siglo XXI el intervalo se acorta y es menor de
apenas 4 a 5 años. El carácter más destructivo de estas pandemias, así como el acortamiento
del intervalo de sucesión de una tras otra, es la expresión de la aceleración, crisis y
exacerbación de todas las contradicciones del capitalismo lo cual ratifica, desde el punto de
vista de la medicina, lo que explicamos desde el punto de vista de la economía política en "El
Fin de las Multinacionales".
Las cuatro pandemias que se dieron durante el siglo XXI son las siguientes:
El SARS del 2002- 2004 en China. La primera pandemia capitalista del siglo XXI fue el
Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), una neumonía atípica que apareció en
noviembre del 2002, en la provincia de Guandong (Canton) en China. Se propagó a las
vecinas Hong Kong y Vietnam a finales de febrero del 2003, y luego a otros países. La
enfermedad ha tenido una tasa promedio de mortalidad global cercana a un 13 %, que varió
en cada país. La OMS y los laboratorios clasificaron a este virus como SARS- CoV, un tipo
de coronavirus no conocido con anterioridad en seres humanos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La gripe porcina de EE.UU y México en los años 2009- 2010: La segunda pandemia
capitalista del siglo XXI fue la denominada "gripe porcina" con el virus A H1N1, un nuevo
virus de gripe tipo influenza A, identificado por primera vez en EE.UU que contenía una
combinación de "genes de la gripe que no habían sido previamente identificados ni en
animales ni en personas", según la OMS. Al menos una de cada cinco personas en el mundo
resultó infectada con el H1N1 durante el primer año de la pandemia que duró entre los años
2009 y 2010, lo que obligó a usar por primera vez a la OMS la definición de "pandemia" en
junio del 2009, cuando se habían detectado casos en 74 países.
El Síndrome Respiratorio de Medio Oriente (MERS) del 2012: La tercera pandemia
capitalista del siglo XXI fue el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS). Comenzó
en el año 2012 en Arabia Saudita con una más alta tasa de mortalidad, próxima al 30 %. Las
secreciones nasales de los camellos fueron transmisores de la enfermedad, y ciertas especies
de murciélago actuaron como reservorio del virus.
Las epidemias concomitantes: En forma alternativa, pero a la vez íntimamente relacionadas
con estas pandemias se desarrollaron epidemias menores, pero no por ello, menos peligrosas
y destructivas. Estas fueron en el 2014 la epidemia del Ébola en Guinea, África, una
epidemia que se propagó a Sierra Leona. Y la epidemia de cólera que estalló en los campos
de refugiados de Dohuk y Erbil en el norte de Irak, entre los años 2007 y 2012.
El COVID- 19 del 2019: La cuarta pandemia capitalista del siglo XXI es el COVID- 19 que
hemos presentado en la Parte I de este trabajo. La explicación de su surgimiento y desarrollo
son los brutales índices de pobreza y miseria en un mundo capitalista donde el 1 por ciento
de la población es dueña del 90 por ciento de la riqueza global, mientras entre seis y siete
mil millones de personas carecen de comida, salud, salarios, viviendas, y padecen
condiciones espantosas de vida.
El SARS-CoV-2 se desarrolla en medio de una crisis civilizatoria, porque los monopolios y
Conglomerados Globales que dominan la economía capitalista mundial también están
destruyendo el Medio Ambiente y la naturaleza. Este panorama de destrucción de las
condiciones de millones de personas y de la naturaleza fue alertado hace ya varias décadas
por León Trotsky, el revolucionario ruso, quien afirmó que el capitalismo ya no puede
desarrollar las fuerzas productivas. Esto es lo que precisamente estamos presenciando con
el caso de le expansión sin precedentes del Coronavirus SARS-CoV-2.
Con el desarrollo de la crisis mundial del capitalismo millones de personas de todos los
países del mundo entero se hundieron en espantosas condiciones de pobreza y miseria. A su
vez el capitalismo experimentó con aberrantes métodos de superexplotación de los
trabajadores en lugares como China. Desde que comenzaron los "Salvatajes" hace 12 años,
el mundo cambió para siempre: Los niveles de desigualdad alcanzaron los índices más altos
de la historia, los niveles de hambre, pobreza, miseria y destrucción ambiental pusieron en
alerta rojo a la humanidad. Los gobiernos capitalistas agudizaron la crisis con planes de
ajuste globales que amenazan la vida de millones mientras un puñado de capitalistas vive
una vida de lujo con yates, islas privadas, y mansiones, porque recibieron millones de dólares
gratis producto de los "Salvatajes".

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Parte III COVID- 19 y lucha de clases

Producto del desconocimiento existente acerca del SARS-CoV-2 los gobiernos capitalistas
improvisan diferentes políticas para afrontar la pandemia, en un peligroso y macabro curso
de ensayo-error que resulta muy costoso para la población mundial en términos de infectados
y muertos. Entre las diversas medidas que los gobiernos van tomando está el distanciamiento
social y las cuarentenas capitalistas, así como la combinación de estas medidas con tests,
montaje de improvisados hospitales e insumos de emergencia. Todas estas diferentes
acciones de los gobiernos capitalistas están fundamentalmente relacionadas a la situación
política de la lucha de clases de cada país y región, además de los diferentes niveles de
desarrollo de la crisis mundial del capitalismo.
Cuando se desató la epidemia el 12 de diciembre de 2019, el gobierno de China, y los
gobiernos capitalistas de todo el mundo, la OMS, y la ONU, minimizaron la amenaza. El
gobierno capitalista de China encabezado por Xi- Jinping y un partido de corruptos
dictadores que se autodenominan "Partido Comunista" al llegar las fiestas de fin de año del
2019, y en conocimiento hacía ya 15 días de la existencia del SARS-CoV-2 autorizaron a la
población a viajar para visitar a sus parientes al interior. De este modo millones de personas
viajaron por todo el país y expandieron el virus poniendo en riesgo una población de más de
1000 millones de personas.
Los ignorantes e irresponsables gobernantes capitalistas fanfarrones y corruptos como Xi-
Jinping de China, Donald Trump de EE.UU, Boris Johnson de Inglaterra también
minimizaron la amenaza, e incluso asumieron una actitud "negacionista" afirmando como
dijo Bolsonaro en Brasil que se trataba de una "gripezinha" que no significaba gran cosa.
Así fue como todos los irresponsables e ignorantes gobiernos capitalistas desataron un
desastre. Para empeorar las cosas, la dictadura China mantuvo en secreto constantemente lo
que ocurría. El virus impactó en el sudeste asiático, y luego empezó su expansión global
imparable, para cuando comenzó el virus a arrasar con la población de Wuhan, el gobierno
chino pegó un "volantazo" a la política opuesta. Como demostración de la improvisación,
irresponsabilidad e ignorancia los gobiernos capitalistas pasaron de "minimizar" la cuestión,
del "negacionismo" al confinamiento masivo, a la eliminación de la circulación en algunos
países militarizado, con imposición de diferentes niveles de aislamiento social en la
población.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Pronto, la OMS y la mayoría de los gobiernos capitalistas del mundo adoptaron la estrategia
de la "cuarentena capitalista", y el resultado fue que para fines de marzo alrededor de más
de 3.500 millones de personas se encontraban en diferentes tipos de "cuarentenas
capitalistas". Las cuarentenas han implicado bloqueos de ciudades, paralización de entrada
y salida del transporte, postergación de los cursos escolares, receso en centros laborales, y
prohibición de las actividades con asistencia masiva como conciertos, encuentros deportivos
o marchas. Según los especialistas, cuando hablamos de cuarentena nos referimos a
mantener alejadas del resto a aquellas personas que parecen estar sanas, para evitar que se
infecten. Por otro lado, el aislamiento implica apartar a quien fue diagnosticado para evitar
el contagio.
Pero tanto la "cuarentena capitalista" y otras medidas de distanciamiento social no son para
la curación de la enfermedad, ni para impedir que se expanda la infección. Desde el punto
de vista de los gobiernos capitalistas son medidas que adoptan para que la enfermedad
avance más lentamente adaptando las penurias de la población al desastre en que se
encuentran bajo el capitalismo los sistemas de salud. Como lo explican los gobiernos
capitalistas, lo que buscan con estas medidas es "aplanar la curva" de la cantidad de personas
que se enferman, es decir, que no se enfermen sectores de la población todos juntos, sino
que lo hagan por partes y de a poco. Los gobiernos capitalistas son conscientes que han
destruido por décadas los hospitales y han atacado los derechos laborales de médicos,
científicos y enfermeros. Y ahora tienen que enfrentar la pandemia que ellos mismos han
generado, con sistemas de salud destruidos por sus propios planes económicos. Para fines de
marzo y comienzos de abril del 2020 el aumento de los casos alcanzó una proporción global
de 80.000 infectados por día, y un promedio de 8.000 muertos diarios
Sin embargo el "giro" abrupto de los irresponsables gobiernos capitalistas no impidió el
estallido del COVID- 19 en todos los continentes. El SARS-CoV-2 entró en Europa e hizo
un desastre en Italia, y España, se extendió por todo el continente y luego avanzó en Francia
y Gran Bretaña. El primer caso de la pandemia de enfermedad por coronavirus de 2020 en
Europa se detectó el 25 de enero, en Francia de un hombre procedente de la provincia de
Hubei. Los casos iniciales se informaron en Francia, Alemania, pero el 21 de febrero se
informó un gran brote en Italia, y el 13 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la
Salud declaró a Europa el nuevo epicentro del virus. El 28 de febrero de 2020, la UE abrió
un proceso de licitación con el fin de comprar equipos médicos relacionados con el COVID-
19, y pronto el Banco Central Europeo (BCE) comenzó a inyectar "salvatajes" a las grandes
Corporaciones capitalistas europeas de 1 billón (trillón en inglés y portugues) plata gratis
para los bolsillos de los dueños de los grandes monopolios capitalistas, que se enriquecen
con el sufrimiento de los más pobres.
Los "coronabonos", es un negocio de los grandes especuladores capitalistas que lucran con
la pandemia. Los distribuye la directora del BCE Christine Lagarde quien fue ya sindicada
de casos de corrupción durante su mandato al frente del FMI. A principios de marzo, el brote
golpeó a Italia más que en cualquier otro lugar de la UE, a pesar de que su presidente
Giuseppe Conte extendió la cuarentena a todo abril. Las fanfarronadas de Boris Johnson
terminó con el propio Boris Johnson internado en terapia intensiva porque dio positivo al
test de COVID-19 el día 27 de marzo. En Gran Bretaña la expansión del virus alcanzó un
número impresionante.
El principal país capitalista del mundo, Estados Unidos, ocupa ahora el primer lugar en la
pandemia a escala global, y Nueva York, la ciudad más emblemática del país, se ahoga en
el desarrollo de la crisis. La respuesta de la administración de Trump fue un desastre, el 26
de febrero dijo que creía que el virus desaparecería "como un milagro". En los estados, los

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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gobernadores comenzaron a declarar cuarentenas sin hacer caso a lo que hiciera o dijera
Trump. El "milagro de Trump" nunca se produjo y a partir del 26 de marzo de 2020, Estados
Unidos se convirtió en el país con más casos de COVID-19 en el mundo, superando a China.
La Reserva Federal de los Estados Unidos y el Parlamento del país anunciaron un paquete
de "salvatajes" de 2.5 billones U$S para los poderosos conglomerados como JP Morgan
Chase, Goldman Sachs, Bank of America o Wells Fargo.
Hay quienes apuntan las cifras de infectados y muertos en EE.UU como resultado de la
demora de Trump en establecer la cuarentena, y otras medidas de aislamiento social. Sin
duda la improvisación, fanfarronería e ignorancia de Trump ha contribuido fuertemente a
este resultado. Pero lo que fundamentalmente actúa permitiendo el avance incontenible del
COVID- 19 es la ausencia un sistema público de salud en EE.UU, al que puedan acceder los
sectores populares. En EEUU, la salud es inaccesible y muy costosa para cualquier
trabajador, para los más oprimidos, para los inmigrantes o latinos. Esta, y no otra, es la
explicación de los estragos y desastres que el COVID-19 está haciendo en el país más
importante del capitalismo mundial.
Y estas conclusiones para EE.UU, se aplican para el mundo entero. No está claro que las
cuarentenas capitalistas den resultado en la lucha contra la pandemia, los especialistas
debaten mucho sobre esta cuestión, y existen datos muy contradictorios. Países como
Taiwán, Hong Kong, Japón donde la pandemia ha avanzado en menor medida que en otros
países, prácticamente no han existido cuarentenas, lo mismo que en Suecia, Islandia, Nueva
Zelandia, etc. Lo mismo hay casos de "cuarentenas capitalistas lights" menos agresivas
como el caso de México o Chile. También hay horribles casos de desidia y la ausencia de
medidas más elementales como el caso de Ecuador, el mismo EE.UU, Gran Bretaña o Brasil.
Está todo sujeto a debate.
Pero hay algo acerca de lo que no existe ninguna controversia, ni debate. Lo que realmente
es efectivo para el combate al COVID- 19 son los hospitales, los médicos, enfermeros, la
ciencia, los insumos y los especialistas. De esto no hay duda alguna, esto es lo que necesita
la población y sobre todo los sectores más desprotegidos y vulnerables. Y es precisamente
esta cuestión lo que pone de relieve la situación de Estados Unidos. En el corazón del
capitalismo mundial, la salud es un lujo para pocos, lo que abre las puertas de par en par para
las pandemias, y toda clase de padecimientos para las masas.
Los grandes multimillonarios reciben los salvatajes, mientras la economía capitalista
mundial se hunde en la depresión. Después de un largo curso de crisis que lleva décadas, la
economía capitalista global va camino a la depresión, pero la política de los gobiernos
capitalistas golpea a los trabajadores, a los pueblos, a los más oprimidos y desprotegidos.
Las cuarentenas capitalistas y los confinamientos del estado capitalista son un horror para
quienes menos tienen, son imposibles de cumplir para quienes no tienen trabajo, o lo
perdieron. Son terribles para las mujeres, porque los niveles de femicidios se dispararon en
todo el mundo por la violencia machista y patriarcal. A su vez, el virus hizo un desastre sobre
los negros, los latinos, los inmigrantes, los indígenas, y ahora amenaza a los países más
pobres del hemisferio sur, África, América Latina, Oceanía, el Sudeste- asiático, y las
regiones sobre las cuales se aproxima el invierno
Las voces de los oprimidos comienzan a hacerse oír en todo el mundo. A pesar de la
represión que la dictadura capitalista del Partido Comunista de China ha lanzado contra las
masas las voces se alzan. Li Wenliang el médico que alertó sobre la pandemia, fue detenido
por la policía y murió después de contraer el virus. Li se ha transformado en un héroe para
miles en Wuhan. En todo el mundo y en China se ha lanzado la campaña para encontrar a

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Ai Fen la directora del Hospital Central de Wuhan que fue arrestada junto a sus compañeros.
Ha comenzado una campaña de solidaridad con Ai Fen, al igual que con el equipo del
profesor Zhang Yongzhen del Centro Clínico de Salud Pública de Shanghái que logró
secuenciar el virus el 5 de enero, pero el régimen cerró su laboratorio porque hizo públicas
las muestras .
Activistas como Xu Zhangrun, He Weifang o Zhong Nanshan, son ahora conocidos en todo
el mundo. También la población negra en EE.UU alza sus reclamos en la ciudad de Nueva
York, el epicentro de la pandemia en EE.UU., hasta el 8 de abril el 28% de las 4.009 muertes
por covid-19 eran personas de raza negra, según datos revelados por el gobernador Andrew
Cuomo, mientras que en Chicago, la sexta ciudad más poblada del país y una de las pocas
que había publicado este tipo de datos, hasta el 5 de abril cerca de la mitad de los casi 5.000
contagiados era negros, con 1.824 afroamericanos, frente a 847 blancos, 478 hispanos y 126
personas de origen asiático.
En todo el mundo, los médicos, enfermeras, técnicos de emergencias médicas y otros
trabajadores de la salud se enfrentan a condiciones terribles, tratando desesperadamente de
salvar la mayor cantidad de vidas posible, mientras que ellos mismos se ven privados de los
equipos de protección adecuados, los recursos médicos necesarios o, en algunos casos,
incluso de una baja por enfermedad remunerada. Y los trabajadores de supermercados, carne,
alimentos, reparto, transporte público, continúan trabajando en lugares de trabajo
abarrotados, casi universalmente sin protecciones básicas, como máscaras faciales y guantes.
Las huelgas para protestar por estas condiciones con frecuencia están surgiendo como
acciones que están generando la ira de los trabajadores por sus disculpas por la inacción de
las empresas y su propia indiferencia. Como frente al Hospital Harlem en Nueva York para
protestar por la falta de equipo de protección, con sentadas de enfermeras en los hospitales
de Detroit, o en el oeste de Pensilvania, donde decenas de enfermeras salieron de un centro
de rehabilitación el jueves pasado, protestando por la negativa de la gerencia a
proporcionarles máscaras N95 para que las lleven alrededor de los residentes mayores.
También se han movilizado los trabajadores de Amazon en Nueva York en Staten Island,
Chicago y Detroit durante la última semana
En Pakistán, los médicos lanzaron una huelga el martes en salas no críticas en Baluchistán,
la provincia más pobre del país. En China arrecian las protestas contra el régimen a pesar de
la represión de la dictadura. En el hospital en Zibo, provincia de Shandong, el 9 de marzo,
donde el personal médico exigió el pago de los salarios adeudados de tres meses. Y entre los
manifestantes laborales se encuentran, una vez más, los trabajadores de la construcción. La
ira y la frustración entre la clase trabajadora se ilustra mejor con el alto nivel de "incidentes
masivos" en todo el país. La lucha de clases se va a intensificar en el próximo período y dará
lugar a nuevas revoluciones, caída de gobiernos y crisis revolucionarias en muchos países y
regiones.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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Parte IV- Ninguna confianza en los funcionarios de la


OMS y los gobiernos capitalistas. Las propuestas del
marxismo

Tedros Adhanom Ghebreysus director de la OMS y Xi-Jinping presidente de China


Sectores importantes de las masas del mundo desconocen que los funcionarios de la OMS y
de los principales gobiernos capitalistas, son corruptos personajes dedicados a lavado de
dinero, tráfico de influencias, y sirvientes fieles de los Conglomerados Globales que
dominan la economía mundial. La salud y la ciencia son para ellos, nada más que negocios.
Por lo tanto, los consejos de estos personajes deben ser tomados con desconfianza. Basta ver
los antecedentes de Tedros Adhanom Ghebreysus el director de la OMS. Fue Ministro de
Salud del gobierno capitalista de Etiopía de Meles Zenaw y el Frente Democrático
Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE) entre los años 2005 y 2012 que aplicó brutales
ajustes contra los trabajadores y el pueblo de Etiopía, en acuerdo con el FMI y el Banco
Mundial. Tedros fue acusado de encubrir tres epidemias de Cólera en Etiopía, y actualmente
maneja la organización Fondo Global, con sede en Suiza, que fue denunciada por el Banco
Mundial por malversación de fondos y fraudes relacionados con fondos repartidos a
Mauritania, Zambia, Malí y Yibuti. Fue Ministro de Relaciones Exteriores del Ministro del
gobierno Hailemariam Desalegne durante el período (2012-2016) una dictadura acusada por
Human Rights Watch de violar los derechos democráticos, por lo que su candidatura a dirigir
la OMS causó mucha controversias.
Tedros planteó que el manejo de la batalla contra la pandemia del COVID- 19 está en manos
de un equipo de trabajo encabezado por Michael "Mike" Joseph Ryan, funcionario de la
OMS y quien encabeza la Red Global de Alerta y Respuesta a Brotes (GOARN, por sus
siglas en inglés). Pero GOARN es una entidad financiada por los monopolios y
multinacionales capitalistas que dominan la economía mundial como lo explican en su
trabajo "El papel de la OMS y de otras organizaciones supranacionales" José Mª Martín-
Moreno, y Lydia Gorgojo Jiménez, catedráticos de Medicina y de Ciencia Política de la
Universidad de Valencia, quienes plantean que estas organizaciones son financiadas por
instituciones como el Banco Mundial y reciben aportes de "filántropos
internacionales" como Bill Gates, la Fundación Rockefeller controlada por el conglomerado
JP Morgan Chase o Warren Buffett quien controla el conglomerado Wells Fargo.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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¿Sabe la población del mundo que entidades como GOARN y los funcionarios de la OMS
están financiados por estos "filántropos internacionales"? ¿Podemos tener expectativas y
confiar en que estos funcionarios financiados por el 1% de los billonarios que dominan el
capitalismo global? Estos multimillonarios son los responsables del desastre que sufren
miles de millones en el mundo. Nada podemos esperar de los corruptos funcionarios que
trabajan para ellos. Estos funcionarios de la OMS como Bruce Aylward no solo son fieles
empleados de la oligarquía que domina el mundo. También son defensores de la dictadura y
los regímenes más siniestros como el que tuvo Etiopía para el cual trabajó Tedros, el
presidente de la OMS
Bruce Aylward es un funcionario criticado internacionalmente por su complicidad con la
dictadura del PCC de China. El 28 de marzo de 2020 Aylward fue entrevistado en Radio
Televisión de Hong Kong (RTHK) y se negó a reconocer a Taiwán como un país
independiente. Taiwán no ha sido admitido por la OMS por las presiones de la dictadura del
PCC de China que plantea que Taiwán les pertenece, y se niega a reconocer su
independencia. La entrevista de Aylward ha sido descrita como emblemática de la influencia
de China sobre las organizaciones internacionales, según denuncia la BBC de Londres, los
funcionarios de la OMS son cómplices de la represión, amenazas, encubrimiento y falseo de
datos que ha hecho la dictadura de China, que tanto daño ha hecho a la humanidad en
términos de vidas humanas, y obstáculos para encontrar la cura del COVID- 19.
También el representante de la OMS en China, Gauden Galea, se llenó de alabanzas para el
corrupto gobierno de Xi- Jinping. Ahora, que la pandemia se extiende por el mundo y devora
vidas humanas, la OMS se encuentra en el ojo de la tormenta, y hasta el siniestro Donald
Trump critica la gestión de la OMS. Pero se trata de señalar que éstos casos de funcionarios
corruptos son una muestra de que tanto la OMS, así como la ONU, el Banco Mundial, el G7,
el G20, la FAO, el FMI, o los gobiernos de Trump, Johnson, Conte, Macron, Xi-Jinping, son
representantes de un pequeño grupo de millonarios, del 1% que domina el capitalismo
mundial. Y que no debemos depositar la más mínima confianza en sus planes.
Debemos tomar las organizaciones obreras, populares y sociales, los trabajadores, activistas,
expertos, científicos, enfermeros y médicos, en nuestras manos la lucha para derrotar la
pandemia. ¿Está segura nuestra salud en manos de la OTAN, el Pentágono, el G7, Donald
Trump, Bolsonaro, Xi- Jinping o la OMS? Lo único que garantiza nuestra salud son los
médicos, los hospitales, la ciencia. Y debemos tomarlas en nuestras manos uniéndonos los
activistas del mundo, obreros, populares, democráticos, feministas, de la juventud, LGTB,
etc, dando asistencia a la población afectada, distribuyendo insumos, medicamentos,
alimentos, medidas preventivas haciendo test cotidianos, organizando establecimientos,
poniendo todos los recursos del estado para ello. Pero esto solo es posible hacerlo en forma
efectiva movilizando a las fuerzas vivas de la sociedad, en un trabajo en conjunto con los
mejores dirigentes de las organizaciones sociales, sindicales, políticas junto a profesionales
y científicos de la salud, en cada país, y también a escala global. Es así como es necesario
llevar adelante la lucha contra la pandemia.
De hecho este proceso está comenzando. En fábricas, barrios, y establecimientos, son los
trabajadores los que impusieron las primeras medidas, el cese de tareas, las demandas por
insumos, la distribución y atención a quienes la necesitan, así como en los barrios los
activistas distribuyen comida y atienden a miles de personas necesitadas. Las comisiones
vecinales, barriales, las comisiones internas, los cuerpos de delegados, los centros de
estudiantes, las organizaciones de derechos humanos están repletos de activistas que
conocen a la perfección a sus compañeros, vecinos, trabajadores, estudiantes. Muchos de
ellos son profesionales de gran capacidad que tienen las mejores condiciones para organizar,

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Henry Álvaro Pinto Dávalos

es así como es necesario llevar adelante la lucha contra la pandemia. Te invitamos a sumarte
a este proyecto sin importar a que país, región, idioma, raza, sexo, perteneces. Llego la hora
de concretar la propuesta histórica del marxismo "Trabajadores de todos los países Uníos",
más presente, actual y vital que nunca, para la lucha por el Socialismo Global
Luchamos por estas medidas:
Suspensión inmediata de Salvatajes de los Bancos Centrales (Fed, BCE, BoJ, BofE, BdPCh,
BofC) a Wall Street, bolsas, CEO´s y banqueros. Suspensión de pagos de deuda externa al
FMI de todas las naciones. Destino de esos billones de dólares a producción global de
insumos, respiradores, medicamentos, hospitales e incorporación inmediata de todos los
profesionales, y trabajadores necesarios para derrotar la pandemia capitalista.
 Aumento inmediato de salarios de médicos, enfermeros y trabajadores del sector afectados
a la emergencia con actualización por inflación. Equipamiento adecuado de los hospitales,
incorporación con estabilidad laboral pase a plantilla de precarios y trabajadores en negro y
nuevos contingentes de médicos y trabajadores para la atención adecuada.
 Prohibición de despidos, suspensiones, descuentos salariales, licencias para trabajadores
de todas las ramas a cargo del empleador, privado o estatal. Apoyo estatal para trabajadores
informales, desocupados y todos aquellos que viven al día. Congelamiento de alquileres,
deudas de créditos, tarjetas de crédito, y exención de todo impuesto, o IVA, al consumo y
vivienda. Servicios gratuitos de agua potable, luz eléctrica, gas e internet, etc. Impuestos
progresivos a grandes rentas y fortunas.
 Habilitación de espacios de acogida para los trabajadores sin techo, población sin hogar, y
toda la población considerada vulnerable. Financiación de proyectos de investigación
médico- científico, y desarrollo de nueva tecnología para prevenir ésta y toda otra
enfermedad que expanda el capitalismo
 Rechazo de toda militarización, toque de queda, estado de sitio, u ocupación militar. Pleno
derechos a reunión, petición, movilización y organización para formar comités de higiene y
salubridad electos en lugares de trabajo o barrios para coordinar el accionar contra la
pandemia. Controlar las medidas sanitarias. Reparto de insumos como alcohol en gel,
barbijos, lavandina, desinfectantes, guantes de látex, jabón y de cualquier medicación
necesaria para atender la pandemia capitalista en coordinación con las organizaciones
sindicales, populares, políticas y sociales.

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El pasado de los miedos


Gustavo Rodrígez Ostria

En 1978, el historiador francés Jan Delumeau publicó su libro, hoy clásico, El miedo en
Occidente. A su entender, a lo largo de los siglos XIV al XVIII, dos tipos de temores habían
asolado en Europa a hombres y mujeres de clase alta y baja. Unos derivados de la naturaleza,
como pestes, hambrunas o catástrofes naturales; y los otros emergentes de procesos
culturales, como pavor al pobre, al errante o al bandido.
Releyendo estas luminosas páginas no es difícil hallar pistas para entender los
comportamientos colectivos frente a la pandemia del coronavirus COVID-19. Parecería que
una sociedad más tecnológica y racional podría conjurar sus temores de una manera distinta
a la de las masas y sus gobernantes del pasado, alborotadas por lo desconocido o amenazante.
Pero lo que hemos visto en estos días nos lleva a preguntarnos si estas distancias de siglos
realmente existen. Al volverse nuevamente colectivos, los temores pueden, como en el
pasado, transformarse en pánico, en un camino ya recorrido
En 1878, justo un siglo antes de la obra de Delumeau, en Cochabamba, La Paz y Chuquisaca
se produjo una inmensa sequía, seguramente asociada al fenómeno de El Niño. Dejó de
llover y las cosechas de maíz y trigo disminuyeron drásticamente. La plebe, acosada por el
hambre y la peste, no halló mucha solidaridad de los poderosos, que dejaron que las leyes
del mercado fijen los precios de los alimentos. Los latifundistas y comerciantes acapararon
los granos y los precios se elevaron por las nubes. Los más pobres, como siempre, pagaron
la factura y dejaron de comer, debilitando sus ya frágiles cuerpos.
Quizá un poco antes o un poco después, lo mismo da, se desató una peste de tifus, que halló
ambiente propicio en una comunidad malnutrida. La muy precaria —o ninguna— salud
pública quedó sobrepasada, y la gente plebeya, atrapada sin salida entre el hambre y la peste,
agonizaba y moría por decenas en las calles, en las iglesias o acurrucada en los pórticos.
Voluntarios, orando por no ser contagiados, amontonaban los cuerpos en los extramuros para
quemar los cuerpos enflaquecidos. Contados tenían la fortuna de ser sepultados.
A fines de 1878, cuando la situación se presentaba insostenible, masas de artesanos mestizos
y labriegos indígenas, sacando fuerzas de donde pudieran, se amotinaron por su subsistencia
al grito de “pan barato”. Asaltaron silos y depósitos de granos, tomaron haciendas y
amenazaron la vida de patrones y patronas, de comerciantes y especuladores. En respuesta,
los curas salieron en procesión con crucifijos, entonando cánticos y rezos, que poco sirvieron
para apaciguar a la variopinta plebe amotinada. En la prensa se expresó el miedo del poder
criollo cuando algunos articulistas hablaron de la posibilidad de que se repitiera la Comuna
de París, sin ley ni orden.
Para fortuna de todos y todas, 1879, nefasto por otras razones, empezó con prometedoras
lluvias que vaticinaban buenas cosechas y precios bajos. La peste, como actuando en
consuno con la naturaleza, se esfumó, dejando tras de sí un tendal de cadáveres. Para
olvidarse de tantos pesares y exorcizar el pasado temor, la sociedad en todos sus estamentos
sociales y étnicos se aprestó a celebrar un colorido y ruidoso carnaval. No sabía, o no quería
saber, que otra amenaza de la mano de intereses mercantiles se aprestaba a interrumpir la
música, para sustituirla por el redoble del tambor militar. El 14 de febrero, Chile ocupó el
puerto de Antofagasta y otro miedo, el del fragor de la guerra, con su carga de heridos,
muertos y mutilados, golpeó a bolivianas y bolivianos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Quizá, como hizo Demelau, escribir sobre la historia de nuestros miedos colectivos nos
ayude a exorcizar aquellos que ahora se presentan.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Entrevista a Giorgio Agamben


Nicolas Truong

–En un texto publicado por Il Manifesto, usted escribió que la pandemia mundial de
COVID-19 era “una supuesta epidemia”, nada más que “una especie de influenza”. En
vista del número de víctimas y de la rápida propagación del virus, en particular en
Italia, ¿se arrepiente de esas palabras?
–No soy ni virólogo ni médico, y en el artículo en cuestión, que data de hace un mes, me
limitaba a citar textualmente lo que entonces era la opinión del Consejo Nacional de
Investigación italiano. Pero no voy a entrar en las discusiones entre los científicos sobre la
epidemia; lo que me interesa son las gravísimas consecuencias éticas y políticas que se
derivan de ella.
Cuando se habla de invención en un ámbito político, no hay que olvidar que no debe
entenderse en un sentido puramente subjetivo. Los historiadores saben que hay
conspiraciones, por así decirlo objetivas, que parecen funcionar como tales sin ser dirigidas
por un sujeto identificable. Como lo mostró Michel Foucault antes que yo, los gobiernos
securitarios no funcionan necesariamente produciendo la situación de excepción, sino
explotándola y dirigiéndola cuando se produce. Ciertamente no soy el único que piensa que
para un gobierno totalitario como el de China la epidemia era la forma ideal de probar la
posibilidad de aislar y controlar una región entera. Y el hecho de que en Europa podamos
referirnos a China como modelo a seguir muestra el grado de irresponsabilidad política al
que nos ha arrojado el miedo. Deberíamos preguntarnos si es al menos extraño que el
gobierno chino declare de repente la epidemia cerrada cuando le conviene.
–¿Por qué el estado de excepción es, en su opinión, injustificado, cuando el
confinamiento parece ser para los científicos uno de los principales medios para
detener la propagación del virus?
–En la situación de confusiones babélicas de las lenguas que nos caracterizan, cada categoría
persigue sus propias razones particulares sin tener en cuenta las razones de las demás. Para
el virólogo, el enemigo a combatir es el virus; para los médicos, el objetivo es la curación;
para el gobierno, se trata de mantener el control, y yo puedo hacer lo mismo al recordar que
el precio a pagar por esto no debe ser muy alto. En Europa ha habido epidemias mucho más
graves, pero a nadie se le había ocurrido declarar un estado de emergencia como el que, en
Italia y Francia, prácticamente nos impide vivir. Teniendo en cuenta que la enfermedad ha
afectado hasta ahora a menos de una de cada mil personas en Italia, uno se pregunta qué se
haría si la epidemia empeorara realmente. El miedo es un mal consejero y no creo que
convertir el país en un país pestífero, donde cada uno mira al otro como una ocasión para el
contagio, sea realmente la solución correcta. La falsa lógica es siempre la misma: así como
frente al terrorismo se afirmaba que la libertad debía ser suprimida para defenderla, también
se nos dice que la vida debe ser suspendida para protegerla.
–¿Asistimos a la instauración de un estado de excepción permanente?
–Lo que la epidemia muestra claramente es que el estado de excepción, al que los gobiernos
nos han familiarizado desde hace tiempo, se ha convertido en la condición normal. Los
hombres se han acostumbrado tanto a vivir en un estado de crisis permanente que no parecen
darse cuenta de que su vida se ha reducido a una condición puramente biológica y ha perdido
no sólo su dimensión política sino también cualquier dimensión humana. Una sociedad que

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

vive en un estado de emergencia permanente no puede ser una sociedad libre. Vivimos en
una sociedad que ha sacrificado su libertad por las llamadas “razones de seguridad” y que
así se ha condenado a vivir continuamente en un estado de miedo e inseguridad.
–¿En qué sentido estamos experimentando una crisis biopolítica?
–La política moderna es de principio a fin una biopolítica, donde la puesta en juego última
es la vida biológica como tal. El nuevo hecho es que la salud se está convirtiendo en una
obligación jurídica que debe cumplirse a toda costa.
–¿Por qué el problema, en su opinión, no es la gravedad de la enfermedad, sino el
colapso o la caída de cualquier ética y política que haya producido?
–El miedo hace que aparezcan muchas cosas que uno pretende no ver. Lo primero es que
nuestra sociedad ya no cree en nada más que en la nuda vida. Es evidente para mí que los
italianos están dispuestos a sacrificar prácticamente todo, las condiciones normales de vida,
las relaciones sociales, el trabajo, incluso las amistades, los afectos y las convicciones
políticas y religiosas ante el peligro de contaminarse. La nuda vida no es algo que una a los
hombres, sino que los ciega y los separa. Los demás seres humanos, como en la peste descrita
por Manzoni en su novela Los novios, no son más que agentes de contagio, a los que hay
que mantener al menos a un metro de distancia y encarcelar si se acercan demasiado. Incluso
los muertos –esto es verdaderamente bárbaro– ya no tienen derecho a un funeral y no está
claro qué pasa con sus cadáveres.
Nuestro prójimo ya no existe y es verdaderamente espantoso que las dos religiones que
parecían regir en Occidente, el cristianismo y el capitalismo, la religión de Cristo y la religión
del dinero, permanezcan en silencio. ¿Qué pasa con las relaciones humanas en un país que
se acostumbra a vivir en tales condiciones? ¿Y qué es una sociedad que ya no cree en nada
más que en la supervivencia?
Es un espectáculo verdaderamente triste ver a toda una sociedad, enfrentada a un peligro por
lo demás incierto, liquidar en bloque todos sus valores éticos y políticos. Cuando todo esto
termine, sé que ya no podré volver al estado normal.
–¿Cómo cree que será el mundo después de esto?
–Lo que me preocupa no es sólo el presente, sino también lo que vendrá después. Así como
las guerras han legado a la paz una serie de tecnologías nefastas, de la misma manera es
muy probable que se buscará continuar, después del fin de la emergencia sanitaria, los
experimentos que los gobiernos no habían conseguido realizar aún: que las universidades y
las escuelas cierren y sólo den lecciones en línea, que dejemos de reunirnos y hablar por
razones políticas o culturales y sólo intercambiemos mensajes digitales, que en la medida
de lo posible las máquinas sustituyan todo contacto –todo contagio– entre los seres
humanos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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Soberanía en tiempos de biopolítica: estado


de alarma y derechos fundamentales
La declaración de un estado de alarma ante una crisis
sanitaria no es una decisión que responda únicamente a
razones puramente científicas. Es un modelo de gestión
de la población propio de un régimen disciplinar
orientado al control de la conducta de los individuos
Jorge León Casero
PROFESOR DE FILOSOFÍA. UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

"Los filisteos atacados por la peste en Azoth" (Nicolas Poussin)

Según el Instituto Nacional de Estadística, la última campaña de gripe en España causó


525.300 casos y 6.300 muertes. A escala mundial, las epidemias por gripe pueden llegar a
causar hasta 5 millones de casos de enfermedades graves y unas 650.000 muertes por año.
Por su parte, de los 80.000 casos de coronavirus detectados en China desde el comienzo de
la crisis, más de 60.000 están curados, la mayor parte de los mismos sin un tratamiento mayor
que el aplicado en un simple catarro. Por supuesto, no estamos diciendo que no se deban
tomar precauciones y modificar en cierta medida aquellos comportamientos que puedan
poner en riesgo a las partes más vulnerables de la población. Simplemente creemos que
deberíamos preguntarnos por qué se declara el estado de alarma en el caso del coronavirus
y no en el de la gripe. ¿Somos realmente conscientes de lo que supone anular algunos de
nuestros derechos más fundamentales, como es el derecho de reunión pacífica recogido en
el art. 21 de la Constitución Española o el derecho a circular libremente por el territorio
nacional del art. 19? Y lo que es más preocupante aún, ¿somos realmente conscientes de la
facilidad con la que renunciamos a nuestros derechos y otorgamos potestades soberanas al
poder ejecutivo cada vez que se produce una situación de alarmismo social?

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Después de que Naomi Klein mostrase en La doctrina del shock (2007) que la mayor parte
de modificaciones sustanciales de los regímenes políticos acaecidas durante el último medio
siglo siempre han sido precedidas de agresivas campañas propagandísticas orientadas a
provocar el miedo y el alarmismo social como estrategia de aceptación de las medidas
adoptadas, deberíamos plantearnos seriamente la posibilidad de que la declaración del
Estado de alarma en España haya sido motivada por factores políticos y económicos ajenos
a un planteamiento puramente “científico” o “biológico” de la crisis.

La peste y la viruela
Según Foucault, existen dos modelos paradigmáticos en la política de poblaciones, que
derivan directamente de dos posibles formas de enfrentarse a una epidemia: el modelo
disciplinar, derivado del tratamiento de la peste, y el modelo securitario, derivado del
tratamiento de la viruela. Mientras que el modelo del tratamiento de la lepra se reducía a la
simple expulsión de los infectados, el modelo disciplinar desarrolló grandes dispositivos de
vigilancia y gestión del espacio con el objetivo de controlar la conducta de sus usuarios
sanos. El objetivo ya no era excluir a los enfermos, sino regular el comportamiento de
aquellos que podían infectarse. Para lograrlo, la gestión de la peste siempre se hacía mediante
un control estricto de la movilidad y los hábitos de todos los ciudadanos, indicando a la
población cuándo podían salir, cómo, a qué horas, qué debían hacer en sus casas, qué tipo
de alimentación debían seguir, qué tipos de contacto podían tener y cuáles no, obligándoles
incluso a presentarse periódicamente ante inspectores o a dejarles entrar en sus casas. En
palabras del propio Foucault, el modelo disciplinar “fija los procedimientos de
adiestramiento progresivo y control permanente” de cada individuo.

Es preocupante la facilidad con la que renunciamos a


nuestros derechos más fundamentales y otorgamos
potestades soberanas al poder ejecutivo cada vez que se
produce un alarmismo social.
Por su parte, el modelo securitario no busca tanto la normalización de la conducta de cada
individuo como asegurar que el conjunto de la población se mantiene dentro de unos
márgenes controlados que no se alejan demasiado de la media estadística (de individuos
sanos). En este sentido, el control de la viruela no limitaba en modo alguno la libertad ni la
movilidad espacial de los individuos, sino que se ejercía mediante prácticas obligatorias de
inoculación (vacunación), que asegurasen que siempre iba a haber un número suficiente de
individuos con los anticuerpos necesarios para no desarrollar, ni por tanto contagiar y
diseminar, el virus. Las muertes de una minoría de implicados eran aceptadas como algo
completamente normal siempre y cuando existiese la garantía de que hay un número de
personas no vulnerables a la enfermedad que impiden su propagación a escala epidémica.
Concretamente, Norbert Wiener mostró hace más de medio siglo que las matemáticas con
las que puede calcularse el riesgo de propagación de un virus eran prácticamente las mismas
con las que se calculaba el riesgo de propagación de un incendio. En el primer caso, se trata
de la proporción existente entre el número de individuos susceptibles de contagio frente al
que han desarrollado los anticuerpos. En el segundo, de la proporción existente entre el
número de partículas combustibles frente al de partículas incombustibles. Tal y como
afirmaba Foucault, el “problema fundamental va a ser saber cuántas personas son víctimas
de la viruela, a qué edad [se producen la mayor parte de los casos], con qué efectos, qué
mortalidad, qué lesiones o secuelas [tiene], y qué riesgos se corren al inocularse”.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Desde este punto de vista, la gran diferencia entre la gripe y el coronavirus radica en que
todas las epidemias mundiales de gripe que se suceden anualmente cuentan con rápidas y
efectivas campañas de vacunación que aseguran que la epidemia no se descontrolará. En el
caso del coronavirus en cambio, aún no hay vacuna, si bien cada vez son más las personas
curadas que han desarrollado o se espera que desarrollen en los próximos días los anticuerpos
necesarios que les permitan funcionar socialmente como unos cortafuegos de la epidemia.
El Estado de alarma se ha tomado como una medida preventiva para el control de contagios
que funciona según el modelo disciplinar de gestión de la peste, mientras la mayor parte de
infectados genera en su casa los anticuerpos necesarios que permitan volver a instaurar un
modelo de gestión securitario. A nivel de gestión de epidemias esto es algo suficientemente
conocido que no supone mayor problema. El problema que realmente debería preocuparnos
a nivel social no es tanto el control del virus ―cosa que se va a hacer tarde o temprano―,
como el origen económico de las principales presiones a las que ha sido sometido el poder
ejecutivo de España para declarar el Estado de alarma, y la facilidad con la que dicha
decisión ha sido obedecida por las instituciones políticas, así como socialmente aceptada (e
incluso aplaudida y bienvenida) por la mayor parte de la población.

Soberanía y Biopoder
Guste o no escucharlo, hace ya décadas que España no es un Estado soberano. La
Constitución Española podrá afirmar en su primer artículo que “la soberanía nacional reside
en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, si bien la práctica totalidad
de las competencias que Jean Bodin o Carl Schmitt atribuían a la soberanía, como eran el
poder de emitir moneda o el derecho de última instancia, ya no se encuentran entre los
poderes del Estado. Del mismo modo, el principal atributo del soberano según Schmitt ―la
capacidad de declarar los estados de sitio o excepción―, en nuestro caso reducido al estado
de alarma, es una decisión cuyo origen último debería ser buscado más en unos poderes
fácticos que tratan de dar una apariencia de dominio efectivo de la situación, ante unos
posibles disturbios sociales que suman al país en “la anarquía”, que como una medida única
y exclusivamente sanitaria. Lo que la declaración del estado de alarma está diciendo al
mundo no es que Europa es capaz de controlar una epidemia, sino que Europa tiene un
soberano que no es tanto el Parlamento o “el pueblo” como el Banco Central Europeo (BCE).
Si en el pasado el soberano era aquel capaz de declarar el estado de guerra, y por tanto de
identificar al enemigo público, ello se debía a que durante la mayor parte de la historia la
guerra ha sido uno de los mayores miedos de la población. En la actualidad, en cambio, si
bien el terrorismo sigue siendo uno de los leitmotivs principales con los que ejercer el poder
soberano en perjuicio de los derechos fundamentales de los individuos, está claro que el
miedo a una pandemia es una cuestión todavía más efectiva para ejercer un poder soberano
que garantice el control de la movilidad de los individuos, y ello con el pleno consentimiento
de los mismos.

Lo primero que deberíamos temer no es tanto la epidemia


en sí como nuestro oscuro deseo de un Leviatán que lo
solucione todo “con mano firme”
En un mundo cada vez más conectado y con una densidad poblacional nunca vista
―recordemos que desde el año 2000 más del 50% de la población mundial vive en ciudades
y que el porcentaje se espera que llegue al 80% para 2050―, las crisis epidémicas a nivel
mundial van a ser cada vez más habituales. A este respecto, resulta crucial tener en cuenta

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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que el modo en que gestionemos esta crisis sanitaria va a servir como pauta y modelo para
una gran cantidad de casos futuros. El coronavirus pasará, pero las decisiones políticas
tomadas durante esta crisis es probable que duren mucho más. Debido a ello, deberíamos
reflexionar mínimamente si el recurso inmediato al alarmismo social, el saqueo de
supermercados y la gestión soberana-autoritaria de la crisis por parte de los poderes políticos,
desde el momento en que el BCE dice que hay que tomar medidas drásticas, es el mejor
protocolo que podemos desarrollar.
En el caso de Roma, el paso de la República al Imperio se debió a una gestión soberana del
poder que pusiera fin a los disturbios y las guerras civiles. Del mismo modo, el origen de la
mayor parte de los Estados y monarquías absolutas europeas a lo largo del siglo XVII fue
consecuencia de las crisis y disturbios originados por las guerras de religión. En la era de la
biopolítica y la movilidad tecnológica, lo más probable es que en caso de producirse un
nuevo devenir autoritario de los regímenes políticos occidentales, ello sea justificado por
una gestión de los disturbios sociales que pueda provocar una epidemia y/o un posible
escenario de carencia de recursos. A este respecto, no deberíamos olvidar nunca que es
precisamente en los casos de mayor alarmismo social cuando todo el mundo reclama un
soberano que venga y lo proteja. Ante esta situación, lo primero que habría que temer no
sería tanto la epidemia en sí como nuestro oscuro deseo de un Leviatán que lo solucione todo
“con mano firme”. Ahora más que nunca, la primera cosa que deberíamos recordar no es
otra que la primera consigna de todo auténtico revolucionario libertario. Precisamente
aquella que fue negada por el Hegel más conservador en su defensa del Estado: Fiat iustitia,
pereat mundus! (“Que se haga Justicia, aunque perezca el mundo”).

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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La estrategia de securitización de la salud


Luciana Jáuregui Jinés y Marcelo Arequipa Azurduy

En las últimas semanas el crecimiento exponencial de los casos de coronavirus ha enfrentado


a la humanidad a una experiencia poco común. No es que las epidemias sean algo nuevo,
sino que la globalización suscita una rápida viralización espacial de la enfermedad como
fruto de la intensificación de los flujos de personas, bienes y servicios y la poca capacidad
de acción de los Estados nacionales para contenerla. El fenómeno ha puesto en cierto modo
en cuestión el credo liberal, obligando, en la mayoría de los casos, a revitalizar las estructuras
estatales, a fin de responder al desborde de la accesibilidad y la capacidad efectiva de los
sistemas de salud privatizados. Quizás la novedad sea la forma en que la pandemia ha
instalado un nuevo germen de organización de la sociedad, aunque aún ni el derrotero
pedagógico o disciplinador del proceso abierto con la enfermedad se vislumbre con nitidez.
Lo cierto es que la salud se ha convertido progresivamente en un tema de seguridad nacional,
en la medida en que la expansión de la enfermedad afecta considerablemente a la población
y a la economía del Estado. En correspondencia, se ha puesto en marcha un proceso de
securitización de la salud como un recurso práctico de resolución de la crisis por medio de
una movilización inusual de recursos técnicos y económicos, pero a su vez de despliegue de
un dispositivo de poder que se nutre de la retórica del peligro a fin de justificar medidas
excepcionales que operan por fuera de los mecanismos ordinarios de decisión política. La
securitización de la salud supone su desplazamiento de la esfera pública a un ámbito
restringido de las normas y procedimientos democráticos establecidos, en la que los
gobernantes buscan dotarse de atribuciones excepcionales enmarcando la enfermedad dentro
de una situación de amenaza y monopolizando el manejo de aquellos temas que han sido
securitizados. Desde esta perspectiva, interesa menos abordar las causas estructurales y
ecológicas de los problemas de salud y más construir un sistema de vigilancia
epidemiológico que proteja coyunturalmente a los Estados de las enfermedades infecciosas.
Así, se construye progresivamente un discurso político en el que la protección de la
población y la gestión de la nueva inseguridad -la enfermedad- debe darse transgrediendo
las competencias tradicionales del uso de la fuerza.
Sin embargo, este no es un proceso unidireccional. La vulnerabilidad humana frente a una
economía de la salud mercantilizada y una lógica que replica el darwinismo social de antaño
instala una predisposición subjetiva que evoca una añoranza colectiva cuasi hobbesiana del
retorno del Estado. La securitización de la salud supone también un modo por el cual el
Gobierno encauza los miedos sociales en un determinado sentido, legitimando el aumento
de sus prerrogativas e intervenciones estatales con amplia aceptación colectiva. Para esto,
despliega una narrativa de la enfermedad que construye una dicotomía entre un adentro
susceptible de verse afectado por un afuera ya infectado, que insta a solapar las divergencias
internas y encumbrar una supuesta unidad nacional. En correspondencia, se implementa una
respuesta que se asume global y “universal” y que tiende a homogenizar a las poblaciones
privilegiando ciertas racionalidades y valores en un contexto de heteronegeidad. De ese
modo, la narrativa de la enfermedad como inseguridad reorganiza a los actores políticos y
las relaciones entre los sujetos, haciendo incluso que ciertas realidades, espacios y
poblaciones sean visibles y se conviertan en sujetos de intervención.
Lo cierto es que las dimensiones políticas, ideológicas, culturales y económicas en las que
se inserta la enfermedad son en cada lugar definitivamente otras. En Bolivia el virus penetra

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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cada vez más en las grietas estructurales y coyunturales de una sociedad que nunca ha podido
ser una. El discurso de la securitización de la salud se instala en el marco de la precariedad
institucional, la falta de cohesión política y la desigualdad social. Las circunstancias más
próximas remiten efectivamente a una coyuntura electoral decisiva en la que el gobierno
transitorio busca sortear su continuidad en medio de la crisis sanitaria, mientras que en
perspectiva la pandemia ensombrece la carencia de un proyecto post hegemónico de poder.
El Gobierno actuó hasta ahora al margen de una política integral y bajo dos modalidades
contradictorias: primero, mostrando señales tardías de decisión política enfocados casi
exclusivamente en los conglomerados públicos en contraposición a la efectividad mostrada
en los niveles subnacionales; segundo, y como efecto del desborde de lo anterior, optando
por la vía violenta, el control, la vigilancia, y la persecución mediante la acción de las fuerzas
de seguridad. Aquí la securitización de la salud opera profundizando las grietas
sociopolíticas de las que emergió el gobierno, que bajo el discurso de la “unidad nacional”
y el vaciamiento de lo político proyecta la división masismo/antimasismo esta vez desde el
clivaje civilización vs. barbarie. El efecto procura preservar al gobierno, incluso por encima
de los intereses de la sociedad, reconfigurando el tablero político para debilitar la posición
del medio, y poblar a la luz de la crisis, los extremos.
En todo caso, la pandemia como problema público ha develado la desigualdad
socioeconómica de varios segmentos sociales que no sólo no pueden permitirse una
cuarentena, sino que la sostienen materialmente. A su vez, ha exacerbado las fracturas
sociales activas ya durante la crisis política de octubre, estigmatizando a los sectores
populares bajo las etiquetas de salvajes e ignorantes, sin detenerse en comprender los
procesos sociales que han configurado históricamente una relación de desconfianza y hasta
de antagonismo de los indios y los pobres con el Estado.
El Gobierno, carente de legitimidad alguna, ha encontrado oxígeno en la crisis, escondiendo
su incapacidad bajo la alfombra y dando curso a una tendencia autoritaria ya visible desde
el principio, pero esta vez bajo el discurso de la securitización de la salud que de momento
pone a la política en un callejón sin salida. El panorama se pone oscuro si la política de salud
se reduce al ayuno matinal y a la militarización. Dado que no hay nada más político que la
vida, cabe sacar de una vez por todas a la política de la cuarentena.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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La tormenta perfecta de autoritarismo


La crisis sanitaria amplía el poder policial en nuestras
instituciones y normaliza el acoso social. Tenemos una
patrulla ciudadana tras cada visillo. La España de los
balcones es el país de los chivatos de terraza
César Rendueles

Marea roja es una película de 1995 cuyo argumento gira en torno al conflicto que estalla en
un submarino atómico norteamericano entre el capitán de la nave y el segundo de a bordo,
en el contexto de una crisis internacional que amenaza con desencadenar una guerra nuclear.
Al poco de empezar la misión se produce un incendio en el submarino. Mientras los equipos
de emergencia tratan de sofocar el fuego, el capitán pide al resto de la tripulación que realice
unos ejercicios de combate. Su ayudante se desespera hasta el límite de la insubordinación
ante lo que le parece una irresponsabilidad en una situación crítica. Cuando todo acaba, el
capitán le explica que ese era el momento idóneo para hacer unas maniobras, lo más parecido
que cabía imaginar a las condiciones de estrés y caos que se dan en una batalla real.
La respuesta al incendio del coronavirus está siendo no solo una movilización general de
todos los recursos sanitarios públicos, sino también de las fuerzas y cuerpos de seguridad
del Estado e incluso el Ejército, con atribuciones sin precedentes en la historia de nuestra
democracia. Seguramente son medidas inevitables, pero plantean desafíos evidentes por lo
que toca a la salvaguarda de las libertades ciudadanas y al mantenimiento de los límites
legales del uso de la fuerza por parte del Estado. Hay gente a la que la preocupación por un
problema como ese, mientras miles de muertos se amontonan en las morgues, le resulta
irresponsable y frívola. El deterioro de la democracia puede parecer un fenómeno transitorio
y, sobre todo, un precio a pagar razonable en el contexto de una catástrofe sin parangón. En
mi opinión, las cosas son justo, al contrario. La fortaleza del Estado de derecho se demuestra
en los momentos de crisis. Pensar que los derechos civiles son para cuando nos los podemos
permitir es sencillamente no creer en los derechos civiles. Si en algún momento necesitamos
que funcionen los mecanismos de control de las fuerzas de seguridad es cuando les
otorgamos poderes extraordinarios. Y con frecuencia las pérdidas en libertades no son
transitorias, sino que dejan secuelas en las instituciones y la cultura política de un país. De
hecho, España sufre un déficit histórico, heredado del franquismo, en lo que respecta a la
supervisión ciudadana del monopolio de la fuerza por parte del Estado. Se trata de un

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problema que se acentuó en el contexto de la lucha antiterrorista, cuando cualquier duda


sobre las actuaciones judiciales o policiales era interpretada como un signo de deslealtad o
complicidad con la violencia.
¿De verdad es razonable que la policía haya impuesto 150.000 sanciones relacionadas con
el coronavirus en 12 días (el triple que en Italia en un mes)? Además, hay indicios razonables
de que la vigilancia policial del confinamiento está deparando, como mínimo, algunos
abusos de poder no meramente anecdóticos. En las redes sociales proliferan los vídeos y
testimonios que documentan los excesos policiales y, sobre todo, un repertorio asombroso
de arbitrariedades. Hace unos días, el administrador de una cuenta de Facebook que reúne a
una gran cantidad de policías (tiene más de 130.000 seguidores), lanzaba un mensaje de
alarma que resume bastante bien el problema: “Os pido calma y mano izquierda,
compañeros. (…) Esto se ha convertido en una cacería absurda, en un descontrol de
mecanismo uniformado. Somos policías”. Es comprensible que los agentes estén abrumados
por una tarea gigantesca y que en ocasiones la tensión o el cansancio les lleven a cometer
errores. Tampoco estoy sugiriendo de ningún modo que sea una pauta generalizada. El
problema es el clima de impunidad que ampara esas conductas minoritarias.

Proliferan vídeos y testimonios que documentan los


excesos policiales y un repertorio asombro de
arbitrariedades
Porque lo cierto es que muchas personas justifican e incluso jalean los abusos de poder. Esta
especie de masoquismo ciudadano, de subordinación entusiasta, forma parte de un fenómeno
más amplio de normalización del linchamiento social. Las personas que vigilan desde la
ventana de su casa a sus vecinos y acosan a quienes salen a la calle por un motivo que no les
parece apropiado se han convertido en el paisaje social de muchos barrios durante el
confinamiento. Esta especie de comunitarismo represivo era bastante previsible, en realidad.
A menudo, las catástrofes aumentan la cohesión, pero al precio de un incremento de la
coacción social. El resultado es que ahora tenemos una patrulla ciudadana tras cada visillo.
La España de los balcones era el país de los chivatos de terraza. Los medios de comunicación
han señalado que muchas veces las víctimas del acoso balconero son, en realidad, personas
que disfrutan de alguna excepción legal al confinamiento: niños con trastornos de la
conducta, enfermos que necesitan caminar por prescripción médica o personas que salen de
su domicilio para ayudar a familiares dependientes. Incluso ha llegado a surgir alguna
iniciativa para que quienes tienen derecho a salir a la calle durante el confinamiento lleven
una prenda distintiva que los vecinos al acecho puedan reconocer desde sus ventanas. Como
si el problema fuera la puntería de los chivatos. Tal vez aún más estremecedora es su falta
de empatía cuando aciertan, su incapacidad para preguntarse qué puede haber llevado a
alguien a quebrantar el confinamiento arriesgándose a una multa y a los reproches de sus
vecinos. Hay mucha gente imprudente e insolidaria, sin duda, pero hay también personas
desesperadas, que viven muy solas y están asustadas, hacinadas en pisos diminutos o en
situaciones familiares insostenibles, con problemas graves de ansiedad...

Pensar que los derechos civiles son para cuando nos los
podemos permitir es no creer en los derechos civiles
La resaca que dejará la ampliación del poder policial en nuestras instituciones combinada
con la normalización del acoso social puede producir una tormenta perfecta de autoritarismo.
En especial, porque se solapa sobre una tendencia aún no generalizada, pero sí creciente

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hacia la normalización de la democracia iliberal en nuestro país. Es un proceso que tiene


hitos legales, como la Ley de Partidos y la ley mordaza, pero en el que también está
desempeñando un papel destacado el Poder Judicial. La Audiencia Nacional parece haberse
especializado en la persecución de supuestos delitos de opinión completamente triviales. Del
mismo modo, en el contexto de la crisis catalana hemos asistido a una intensísima
movilización judicial de dudosa compatibilidad con la separación de poderes. ¿Qué ocurrirá
cuando se levante el confinamiento y la catástrofe económica que se avecina empiece a dar
lugar a movilizaciones laborales o sociales? ¿Jueces y policías se dejarán arrastrar por la
inercia represiva creada durante el estado de alarma? ¿Se seguirá apelando a la
excepcionalidad de la situación y a la unidad frente a la catástrofe? ¿Continuarán las
metáforas bélicas para exhortarnos a acatar las decisiones del Gobierno?
En muchos lugares del mundo la derecha radical se está imponiendo como una alternativa al
derrumbe de la globalización neoliberal, ofreciendo una promesa de orden y retorno a los
viejos buenos tiempos anteriores a la Gran Recesión. Las inmensas conmociones
económicas que va a desencadenar la pandemia del coronavirus son un escenario perfecto
para una extrema derecha capaz de conjugar un programa económico posneoliberal con una
gestión inteligente del rencor social y el miedo colectivo. En realidad, un país en cuarentena
se parece mucho a las distopías políticas de la nueva ultraderecha: el Ejército en la calle,
llamamientos a la unidad nacional, limitación del poder autonómico, comunitarismo
represivo y ruedas de prensa en prime time a cargo de un general cuyos comunicados
parecen un diálogo desechado de La escopeta nacional.
César Rendueles es profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid.

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La última resaca
Xavier Jordán

Yo soy de los que se tocan el cuerpo entero y también soy de los que tocan. Saludo con
abrazos, beso en las mejillas, toco los hombros y las espaldas, hago el amor, doy la mano,
pero jamás la otra mejilla. No creo en la distancia social, ni creo en los barbijos, ni en los
guantes de látex, ni en los preservativos. Creo en la piel y la saliva, en el sudor y la sangre,
creo en el goce y en los vicios, creo que uno vive para vivir y para exagerar, odio los
gimnasios y las dietas, odio la estúpida prolongación del tiempo y odio la vida sana porque
todos vamos a morir y que yo sepa nadie se muere sano, pero algunos moriremos felices.
Odio los encierros, no porque ame a la gente (la mayoría me es indiferente o le tengo bronca)
sino porque la experiencia social está también en las miradas casuales, en los roces eróticos,
en los atropellos y los empujones, en el buenos días, dos pesos de pan por favor, a ver
chiquito dame campo, en la esquina maestro, tachero hijo de puta. Soy en veces misántropo
y camino aislado del ruido en el ruido de los headphones, soy a veces cortés y a quién le
importa, soy el que busca la sombra de la calle, el aire de los vientos, la humedad de las
tempestades. Soy parte de la ciudad y soy, con todos, habitante de su memoria y de sus
silencios.
Por eso es que esta perra suerte, este miedo idiota no me detiene. No le voy a dar gusto a los
cobardes, no voy a sucumbir al pánico, no voy a dejar atrás la costumbre de sonreír, de
saludar, de putearse, de abofetearse, de gritarse insultos o zalameras bendiciones. Cuando
toda esta mierda termine voy a ser el mismo, el otro, el indecible ¿Qué esperaban? ¿Que un
organismo invisible borre la memoria de los cuerpos? ¿Que un gobierno inútil elija tus
terrores para siempre y te confine a la inmovilidad y el silencio? Cuando todo ésto haya
pasado sobreviviré como una salamandra sobrevive al apocalipsis y pasearé mi feo rostro
triunfante por las calles que todavía no me han olvidado. Todavía no se ha esculpido mi
sepulcro, éste mal trago, esta borrachera solitaria no es ni siquiera el presagio de mi última
resaca.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El discurso del miedo


Yuri F. Tórrez

Cochabamba –como La Paz y Sucre–, entre 1878 y 1879, soportó una peste diezmando a la
población. Cavaban fosas comunes. El cementerio desbordó de cadáveres. Para la élite
oligárquica esta peste era la pandemia del cólera morbus, igual que el coronavirus (COVIC-
19), venía de Asia y Europa haciendo estragos. Posteriormente, historiadores coincidieron
que no fue el cólera morbus, sino el tifus, conjuntamente la hambruna por la sequía,
provocaron la devastación sanitaria. Esta calamidad pública fue usada con
fines biopolíticos (diría Michel Foucault): para el control social y el disciplinamiento
individual. Por ello el uso del miedo, con fines políticos, fue decisivo.
El uso del miedo a la expansión del supuesto cólera morbus servía para disciplinar a la
población, especialmente a la plebe. Entonces, esta peste se convirtió en un pretexto
civilizador. Así, se configuró no solamente un discurso sanitario, sino un discurso moralista
y un discurso político para someter a la población. Así se construyó el discurso del chivo
expiatorio: la plebe a la cual se urdió un discurso estigmatizador atribuyendo a sus hábitos
insalubres como la causa de la peste sanitaria. Esta estigmatización posibilitó a la élite tener
un control biopolítico para que, en nombre de la “higiene”, el “progreso” y las “buenas
costumbres”, ocupar física y simbólicamente el espacio urbano público cochabambino. Esta
mirada al pasado es insoslayable para detectar conexiones discursivas en el
manejo biopolítico del coronavirus (COVIC-19).
Ya sabemos, el miedo y la esperanza tienen el poder de cambiar el mundo, aunque por
caminos diametralmente opuestos. En el curso de esta crisis sanitaria por el coronavirus
(COVIC-19), los diferentes gobiernos asumieron el discurso del miedo o, por el contrario,
el discurso de la esperanza. Así, por ejemplo, el presidente en ejercicio del Ecuador, Otto
Sonnenholzner -quien remplazó a Lenín Moreno que en medio de esta crisis sanitaria se
refugió en Galápagos por razones de salud—, propaló un discurso tranquilizador: “No
perdamos la esperanza”, decía uno de sus tweets. Ecuador registra los datos más dramáticos
de América Latina del coronavirus: 1,627 personas infectadas y 41 fallecidos. Mientras
tanto, Jeanine Añez, titular del gobierno boliviano de facto en un tweet exigía que “la
cuarentena es una medida muy dura y tenemos que llevarla con disciplina”. Este mensaje
recurre al miedo, era previsible, ya que desde el golpe de Estado, este gobierno demostró su
cariz autoritario. Entonces, su estrategia política de procesar la crisis sanitaria solo confirma
este su rasgo despótico. Ese discurso del miedo a la pandemia apela al estado de excepción,
privilegiando el “orden y la seguridad”, inclusive totalitario, a sabiendas de la subjetividad
de los sectores conservadores de la sociedad.
Desde su inicio, la política represiva del gobierno de Añez no respetó la vida: masacró a
gente pobre como parte de su estrategia disciplinaria. Y, en el orden simbólico, los
estigmatizó racialmente llamándolos “salvajes”. No es casual, por lo tanto, en el contexto de
la crisis sanitaria, el gobierno –en complicidad con varios medios de comunicación—halla
desacreditado a los vecinos alteños, porque alguno de ellos haya desacatado la cuarentena,
llamándolos nuevamente de “salvajes”. Acto seguido, en un acto biopolítico, militariza la
urbe alteña, territorio de resistencia al golpe de Estado de noviembre, en nombre de la salud
pública. Valga la ironía, en la urbe alteña no hay ningún caso de infección por el coronavirus
(COVIC-19), mientras Santa Cruz –en su capital se gestó el golpe de Estado–, es el
departamento con más infectados de esta pandemia en Bolivia, pero no está militarizada.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Esta estrategia autoritaria de control biopolítico de la crisis sanitaria obedece a que este
gobierno carece de la legitimidad democrática y, por lo tanto, es difícil que apele a un
discurso de convencimiento para que los bolivianos se queden en sus casas. Este gobierno
que masacró y hoy usa el discurso de “salvar vida” provoca un ruido, por eso recurre al
miedo, mecanismo coercitivo para hacer respetar la cuarentena. En un contexto de
polarización, las derivas represivas del miedo son peligrosas por sus desenlaces imprevistos
para la democracia y la propia vida de los bolivianos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

“La pandemia democratiza el poder de


matar”
Diogo Bercito

El coronavirus está cambiando la forma en que pensamos sobre el cuerpo humano. Se


convirtió en un arma, dice el filósofo camerunés Achille Mbembe. Después de salir de casa,
después de todo, podremos contraer el virus o transmitirlo a otros. Ya hay más de 783.000
casos confirmados y 37.000 muertes en todo el mundo. “Ahora todos tenemos el poder de
matar”, dice Mbembe. “El aislamiento es solo una forma de regular ese poder”.
Mbembe, de 62 años, acuñó el término «necropolítica» en 2003. Investiga, en su trabajo, la
forma en que los gobiernos deciden quién vivirá y quién morirá, y cómo vivirán y morirán.
Enseña en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo. El pasado viernes (27 de
marzo), Sudáfrica registró las primeras muertes por el coronavirus.
La necropolítica también aparece en el hecho de que el virus no afecta a todos por igual.
Existe un debate acerca de priorizar el tratamiento de los jóvenes y dejar morir a las personas
mayores. Todavía hay quienes, como el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, insisten en que
la economía no puede detenerse incluso si parte de la población necesita morir para
garantizar esta productividad. “¿Van a morir algunos? Van a morir. Lo siento, así es la vida”,
dijo recientemente el mandatario brasileño.
“El sistema capitalista se basa en la distribución desigual de la oportunidad de vivir y morir”,
explica Mbembe. “Esta lógica de sacrificio siempre ha estado en el corazón del
neoliberalismo, que deberíamos llamar necroliberalismo. Este sistema siempre ha
funcionado con la idea de que alguien vale más que otros. Los que no tienen valor pueden
ser descartados «.

PREGUNTA: ¿Cuáles son sus primeras impresiones de


esta pandemia?
ACHILLE MBEMBE – Por ahora, estoy abrumado por la magnitud de esta calamidad. El
coronavirus es realmente una calamidad y nos trae una serie de preguntas incómodas. Este
es un virus que afecta nuestra capacidad de respirar.
— Y obliga a los gobiernos y hospitales a decidir quién continuará respirando.
Sí. La pregunta es cómo encontrar una manera de asegurar que cada individuo pueda respirar.
Esa debería ser nuestra prioridad política. También me parece que nuestro miedo al
aislamiento, a la cuarentena, está relacionado con nuestro miedo a enfrentar nuestro propio
fin. Este miedo tiene que ver con no poder delegar nuestra propia muerte a otros.
— ¿El aislamiento social nos da algún poder sobre la muerte?
Sí, un poder relativo. Podemos escapar de la muerte o posponerla. Contener la muerte está
en el corazón de estas políticas de contención. Este es un poder. Pero no es un poder absoluto
porque depende de otras personas.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

— ¿Depende de otras personas aislarse también?


Sí. Otra cosa es que muchas de las personas que han muerto hasta ahora no han tenido tiempo
de decir adiós. Varios de ellos fueron incinerados o enterrados inmediatamente, sin demora.
Como si fueran basura de las que debemos deshacernos lo antes posible. Esta lógica de
eliminación ocurre precisamente en un momento en que necesitamos, al menos en teoría, a
nuestra comunidad. Y no hay comunidad sin poder despedirse de los que se fueron, organizar
funerales. La pregunta es: ¿cómo crear comunidades en tiempos de calamidad?
— ¿Qué consecuencias dejará la pandemia en la sociedad?
La pandemia cambiará la forma en que nos relacionamos con nuestros cuerpos. Nuestro
cuerpo se ha convertido en una amenaza para nosotros mismos. La segunda consecuencia es
la transformación de la forma en que pensamos sobre el futuro, nuestra conciencia del
tiempo. De repente, no sabemos cómo será el mañana.
— Nuestro cuerpo también es una amenaza para los demás si no nos quedamos en
casa…
Sí. Ahora todos tenemos el poder de matar. El poder de matar ha sido completamente
democratizado. El aislamiento es precisamente una forma de regular ese poder.
— Otro debate que evoca la necropolítica es la pregunta sobre cuál debería ser la
prioridad política en este punto, salvar la economía o salvar a la población. El gobierno
brasileño ha estado haciendo señas para que se priorice el ahorro de la economía.
Esta es la lógica del sacrificio que siempre ha estado en el corazón del neoliberalismo, que
deberíamos llamar necroliberalismo. Este sistema siempre ha funcionado con un aparato de
cálculo. La idea de que alguien vale más que otros. Los que no tienen valor pueden ser
descartados. La pregunta es qué hacer con aquellos que hemos decidido que no valen nada.
Esta pregunta, por supuesto, siempre afecta a las mismas razas, las mismas clases sociales y
los mismos géneros.
— Como en la epidemia del VIH, en la que los gobiernos se demoraron en actuar
porque las víctimas estaban al margen: ¿negros, homosexuales, consumidores de
drogas?
En teoría, el coronavirus puede matar a todos. Todos están amenazados. Pero una cosa es
estar confinado en un suburbio, en una segunda residencia en una zona rural. Otra cosa es
estar en primera línea. Trabajar en un centro de salud sin máscara. Hay una escala en cómo
se distribuyen los riesgos hoy.
— Varios presidentes se han referido a la lucha contra el coronavirus como una guerra.
¿Importa la elección de palabras en este momento? Usted escribió en su trabajo que la
guerra es un ejercicio claro en necropolítica.
Es difícil dar un nombre a lo que está sucediendo en el mundo. No es solo un virus. No saber
lo que está por venir es lo que hace que los estados de todo el mundo reanuden las viejas
terminologías utilizadas en las guerras. Además, las personas se están retirando dentro de las
fronteras de sus estados nacionales.
— ¿Hay un mayor nacionalismo durante esta pandemia?
Sí. La gente está volviendo a «chez-soi», como dicen en francés. A su hogar. Como si morir
fuera de casa fuera lo peor que podía pasar en la vida de una persona. Las fronteras se están

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

cerrando. No estoy diciendo que deberían estar abiertas. Pero los gobiernos responden a esta
pandemia con gestos nacionalistas, con esta imagen de la frontera, del muro.
— Después de esta crisis, ¿volveremos a ser como antes?
La próxima vez, seremos golpeados aún más fuerte que durante esta pandemia. La
humanidad está en juego. Lo que revela esta pandemia, si lo tomamos en serio, es que nuestra
historia aquí en la tierra no está garantizada.
No hay garantía de que estaremos aquí para siempre. El hecho de que sea plausible que la
vida continúe sin nosotros es el tema clave de este siglo.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

CORONAVIRUS: Lecciones de filosofía


F. A. Pineda

Núcleo conceptual
El filósofo es como la lechuza, llega por la noche, cuando los acontecimientos del día ya
pasaron. Y solo entonces, inicia la tarea de la reflexión sobre lo acontecido. Para los griegos
la lechuza era el emblema de Atenea, la diosa de la sabiduría. El coronavirus, aún sin haber
pasado, ya deja algunas lecciones de filosofía para tomar y para dejar.

Contrario al sociólogo, que se hace presente en el “acontecer de los sucesos”, el filósofo


llega más tarde, toma distancia de lo ocurrido y reflexiona sobre ello. La expresión latina
“Primum vivere, deinde philosophari” (Primero vivir, después filosofar) cobra sentido en el
individuo que observa, y luego, colocado a una distancia prudente, elabora conjeturas sobre
la realidad concebida de modo problemático. Este acto cognitivo busca responder preguntas,
pero no cualquier tipo de preguntas, sino aquellas que son escasas, aquellas que la gente no
suele formularse. Preguntas que se constituyen en “no-preguntas”.
Con el coronavirus ocurre lo mismo. No existe, ni se espera que exista, una comprensión
última y cerrada de su significado en sentido ontológico y epistemológico, más allá de lo
que proponen los biólogos, epidemiólogos y los distintos especialistas en cada uno de los
campos del saber que entran en acción en el estudio del virus.
Dado lo que ya ha ocurrido, se puede mirar hacia atrás y lanzar algunas cuestiones, siempre
golpeando sobre lo obvio, porque lo obvio es parte de la ceguera que limita la observación
rigurosa de la realidad. ¿Cuáles son esas lecciones filosóficas que pueden extraerse
reflexionando sobre el coronavirus?

El coronavirus es político
El coronavirus no es un problema solo sanitario. Es una cuestión económica, social y
política. Cada vez que Donald Trump dice: “virus chino”, está convirtiendo el problema en
político, tratando de demarcarse de un tema que le puede costar la reelección. Esa manera
de referirse al coronavirus, aún cuando la OMS señala que no se conoce su origen, denota
un desprecio a los chinos, los culpabiliza y los minimiza, en una actitud evidentemente
racista. Precisamente el interés de construir una narrativa que sea impuesta como
“verdadera” es un acto político.
Lo es también, porque el avance del coronavirus en suelo norteamericano puede tirar por la
borda los logros defendidos por la administración actual, y desencadenar un rechazo furioso
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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

de parte de la población, que mira cómo en China ya se ha contralado la situación mientras


en su país, el mismo presidente negaba que el virus fuera un problema. El coronavirus, en el
entorno de Trump, es un hecho político, como también lo es en España, en Italia, en Brasil
y en la misma China.

El coronavirus como argumento ideológico


No nos engañemos, cada uno construye su objeto de interés respondiendo a un punto de vista
particular, porque es parte de la condición humana ver la realidad no tanto como ella es, sino
como ella aparenta ser, cuando no, como queremos que ella sea. Por eso, el Covid-19 será
definido en función de los intereses de actores claves en posiciones políticas y económicas,
y según la fuerza y los medios de que dispongan para imponer como verdadera su narrativa.
En una época moldeada por los medios y las redes, la verdad se reduce a una narrativa
exitosa.
El coronavirus es utilizado como argumento ideológico cada vez que lo utilizamos para
justificar nuestros puntos de vistas, nuestros sesgos. Rush Limbaugh, periodista defensor de
la figura de Donald Trump, dijo que “el coronavirus es el resfriado común”, pero que los
medios de izquierda trataban de amplificarlo para impedir que Trump gane las próximas
elecciones. Del otro lado de la puerta, la revista The New Yorker denunciaba que Trump no
sabía nada de enfermedades infeccionas, como si para ser presidente haya que ser
especialista en la materia. El virus es el mismo, pero las opiniones son distintas.
Ramón González Férriz, en un artículo titulado: “El coronavirus es también un arma
ideológica (para darnos la razón)”, relata cómo los enemigos de las fronteras abiertas asumen
que la entrada de inmigrantes y refugiados puede estar vinculada a la propagación del virus
(caso de Matteo Salvani en Italia), y los partidarios de las fronteras abiertas apuntan a que la
propagación pone en evidencia la ausencia de un sistema sanitario de alcance global, y no
solo local. El mundo vuelve a ser del color del cristal con que se mire. Nuevamente, el virus
es uno, pero las opiniones, diversas.

El Covid-19 es económico
Lo es no solo ahora, sino que lo será cuando la crisis haya sido superada. Así lo demuestra
Boris Johnson en Inglaterra, Trump es Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil. Desde esta
perspectiva neoliberal y nefasta también, a quien hay que salvar no es a la gente, sino a la
economía. Por eso, los primeros recursos no van dirigidos al campo de la salud, sino al de
las empresas. Hay que salvar aerolíneas, bancos, industrias, etc.
Paul Krugman, abiertamente crítico contra la era Trump, sugiere tres principios de política
económica para enfrentar al Covid-19: primero, centrarse en las dificultades, y no en el PIB,
segundo, dejar de centrarnos en los incentivos para trabajar, y el tercero, no confiar en
Trump, a quien en otras ocasiones ha nombrado como “el gran mentiroso”.
Los sectores empresariales buscan ser subvencionados por el Estado, cuando en condiciones
normales niegan la intervención del mismo en sus asuntos internos (liberales en un momento,
socialistas en otros).
En una economía basada en la especulación y no en la producción, un discurso, un titular de
periódico, puede hacer tambalear las bolsas de valores de todo el mundo, afectando la vida
de millones de trabajadores. Quienes conocen este engranaje saben sacar beneficios, como
el caso de dos senadores republicanos que vendieron sus acciones justo antes del desplome
de Wall Street.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Noam Chomsky es enfático al señalar al coronavirus como un fracaso del mercado. Un


ejemplo de ello son las camas eliminadas de los hospitales en nombre de la eficiencia. Como
se ve, la realidad es compleja, y prueba de ello es que un problema originalmente sanitario,
deriva en problema eminentemente económico.

El coronavirus es una oportunidad verde


Se abre la posibilidad de aprender una lección: reiniciar la economía girando hacia lo verde,
enfatizando el interés en un mundo empresarial más comprometido con el cambio climático
y la sociedad. A partir del coronavirus, no basta con tener la capacidad de responder, sino la
de prever. Y dado el esfuerzo que hay que hacer para levantar la economía, es correcto, al
menos deseable, prever un giro ecológico en el desempeño de la economía post coronavirus.
Para hacerlo, habría que negar primero, la infeliz afirmación de Milton Friedman de que “La
responsabilidad social de un empresario es aumentar sus ganancias”.
En tono más pesimista, hay razones para creer que el giro verde será solo una oportunidad,
no un hecho seguro. El capitalismo continuará su agitado curso, sin apenas extraer lecciones
del trago amargo del momento actual. Los estados fuertes inyectarán dinero de los
contribuyentes al gran capital, salvarán a las empresas, y de lo que sobre, las empresas
emplearán mano de obra entonces disponible y probablemente más barata. No existe ninguna
razón para esperar que, si nos salvamos del virus, nos salvaremos del autoritarismo del gran
capital.

Biopolítica y propagación del coronavirus


En el caso de la lepra, al enfermo se le excluía como medida sanitaria. En la peste, se aislaba
a la población para que no se contagiara utilizando un modelo disciplinario. Con la viruela
se buscaba la inmunidad. Otra vez: el virus es uno, pero las poblaciones no. Dime tu
idiosincrasia y te diré como responderás frente a la amenaza del virus. Los chinos, con su
disciplina asiática propia, responden acatando la estrategia estatal de romper la cadena de
contagio, y para eso adoptaron el aislamiento social. Los italianos, todavía están en fiestas,
mientras que los estadounidenses responden comprando armas, porque la defensa de la
propiedad y la vida no se delega al Estado.
Asia está ganando la carrera en la lucha contra el virus. Europa la está perdiendo. Lo malo,
según Byung Chul-Han, es que el motivo se encuentra en que los asiáticos tienen sociedades
más autoritarias y ciudadanos más obedientes. Lo bueno, que los ciudadanos asiáticos son
menos inclinados al individualismo y más abiertos a la comunidad.
Byung Chul-Han observa cómo regresa la tentación del estado de excepción y el soberano
que tiene el poder de cerrar fronteras. Europa cierra sus fronteras, una medida estúpida
porque Europa es hacia donde nadie quisiera ir en este momento. Mientras Zizek sostiene
que el virus es un golpe al capitalismo, Chul-Han nos está diciendo que no es así. Por el
contrario, el aislamiento social no producirá ningún tipo de revolución, y que lo opuesto, la
compra del sistema de vigilancia digital chino por parte de los europeos es lo más probable
que ocurra.
El estado de excepción de Agamben está más cerca con el coronavirus. No hay mal que por
mal no venga. Lo que se avecina, será parecido a una biopolítica digital, como ya se vive en
China.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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La jubilación del prójimo


El gran afectado con este virus es el prójimo (Agamben ya lo ha dicho). Los cristianos de
vanguardia cedieron el lugar a los cristianos más conservadores, y estos tienen como
epicentro de su fe la lucha contra el aborto y el matrimonio homosexual. Lo central del
cristianismo, el amor al próximo, ha sido olvidado. La tragedia del fundamentalismo
religioso es que tolera la realidad presente, incluso, la vive como condición necesaria para
obtención de una vida eterna libre de la maldad presente. El neo pentecostalismo no es mejor:
la salvación, en tanto que asunto individual, debe ser agenciada evidenciando la prosperidad
como forma de modelar lo que se promete en el más allá. Los valores tradicionales del
cristianismo, la solidaridad, y convivencia social bajo la doble implicación ética de “todas
las cosas que deseen que los demás hagan con nosotros, así también debemos hacer nosotros
con los demás”, son secundarios.

Conclusión
En un muro de Facebook ha aparecido una pregunta con un sentido filosófico cargada de
pesimismo, pero provocadora en términos de antropología filosófica:
¿Y si la pandemia somos nosotros y el virus la cura?
La pregunta la hace Laura Muñiz, consultora psicológica. El coronavirus no será la fórmula
de la redención humana. Vendrán virus peores y serán superados. Aún así, queda la pregunta
de si seremos capaces de extraer lecciones que hagan de esta vida un proyecto más
significativo de lo que hoy resulta ser.
De nuevo, es obligatorio citar a Zizek cuando dice que necesitamos un virus que alcance a
toda la humanidad: el virus de la solidaridad, que vaya más allá del estado nación que hoy
conocemos. Ojalá llegue y no encontremos la vacuna.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Análisis coprosocial del COVID-19


Miguel González

Como diría Lacan: “La realidad tiene estructura de ficción”, y cómo será cierto esto que,
ante la presencia mundial de una amenaza potencial, somos incrédulos o nos creemos
invulnerables, y nuestras primeras reacciones quizás no son las adecuadas; esto hasta que la
parca toca a la puerta. En un mundo frívolo, como es esta era de Caín, donde importa muy
poco lo que pueda pasarle a tu hermano, preocupa menos el vecino que el colega.
Globalizados y sometidos al frenesí del consumo, carentes del más mínimo indicio de
empatía, cada quien se ocupa solo de salvar su trasero. Quizás esta sería la primera
explicación a priori de por qué en momentos de crisis mundial, gran parte de los ciudadanos
corren a los centros comerciales para dotarse de papel higiénico.
Se puede pensar que este encuentro con la realidad o el súbito corte de su cotidianidad
atormenta al sujeto, devolviéndole su humanidad y provocando que termine hundido en el
terror de la muerte inminente, abandonado a su suerte se defeca de miedo. Sería otra de las
razones por las cuales se abarrotan del papel higiénico de los escaparates; es decir, podría
explicarse como un ataque de pánico.
Lo peligroso de esta situación se da cuando el miedo se desborda y las precauciones se
exageran y algunos ciudadanos se empieza a surtir de todo, pretendiendo llenar su búnker en
espera del holocausto. Una verdadera actitud de porquería, si consideramos que esta
dinámica afecta al otro, al vecino, al amigo, directamente en sus necesidades. Se mete con
el derecho de los demás, aunque este detalle poco importe en ese momento.
Al parecer uno de los primeros síntomas antes del contagio del Covid-19 es una diarrea
mental, que se presenta en forma de declaraciones de ignorancia plena en los medios y en
las redes sociales. Memes y afirmaciones que podrían servir de abono a todo el país. Se
escucha decir que el virus es estrategia política, que solo se contagia de noche, que no es real
y que no acatarán una cuarentena porque es exagerada. Todo esto da cuenta de la necesidad
inmediata de un gran corcho o “marlo” que tape el derrame, en otras palabras: Educación
(Freiriana), formación e información.
El pestilente derrame de esta sociedad se debe a que tuvo casi una quincena de años de
mentiras y engaños con frases como “se les va a quitar todo”, “la luna se va a esconder y el
sol se escapará” o quizás llevamos así cientos de años. Pero allí no termina la cosa. Creyendo
que nos libramos de esto, las autoridades actuales salen con un bono para la niñez (todo se
resuelve con dinero) a costos exorbitantes, en vez de invertir en hospitales o respiradores.
De esta forma, el mencionado bono se excreta a pocos días de una elección nacional.
El coronavirus y las cepas que irán mutando aun, se crea o no que son producto de la
bioingeniería, son los nuevos habitantes del planeta, que ya bastante sucio se encuentra. Y
vinieron para quedarse, así como la sífilis o la viruela. A lo que debemos apuntar, al menos
en nuestro intento más próximo, es a erradicar o extinguir la ignorancia que resulta ser más
peligrosa que la tos con diarrea. La falta de conciencia social es como un gran excremento
que se va pisado y esparcido por todos lados y en todas las regiones.
Obviamente este corcho del que hablé antes, es apenas un paliativo a mediano plazo que
debería ser prioridad nacional y desde el cual se puede actuar desde el próximo Gobierno.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Sin duda es un primer paso para ejercer un verdadero papel “higiénico “que nos limpie de
eses y “esos”, que permita o laxe el camino hacia la mejora de la cultura de todo un país.

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La agricultura capitalista y el COVID-19:


una combinación fatal
Artículo aparecido en el sitio Climate & Capitalism. Traducción de Santiago
Entraigas para Izquierda Web

El nuevo coronavirus mantiene al mundo en un estado de shock. Pero en vez de combatir las
causas estructurales de la pandemia, el gobierno elige centrarse en las medidas de
emergencia.
Yaak Pabst, para la revista socialista Marx21, hablo con el biólogo evolutivo Rob Wallace,
autor de “Big Farms Make Big Flu” sobre los peligros del Covid-19, la responsabilidad del
agronegocio y las soluciones sustentables para combatir estas enfermedades.

Marx21: ¿Qué tan peligroso es el nuevo coronavirus?


Rob Wallace: Depende en que punto esté la epidemia en tu lugar de residencia ¿temprano,
el pico del contagio, o tardío? ¿Qué tan buena es la respuesta de la salud pública ahí? ¿Cómo
es su demografía? ¿Qué tan viejo eres? ¿Estás inmunológicamente comprometido? ¿Cómo
es tu salud? Para preguntar por una posibilidad no diagnosticable, hay estudios
inmunogenéticos, la genética detrás de tu respuesta inmune ¿Está en sintonía con la el virus
o no?

¿Entonces todos estos líos respecto al virus son solo


tácticas de miedo?
No, ciertamente no. A un nivel poblacional, Covid-19 estuvo entre un 2-4% de mortalidad
al comienzo del brote en Wuhan. Fuera de allí, la mortalidad parece disminuir hacia el 1%
o incluso menos, pero con picos aquí y allá incluyendo lugares en Italia y los Estado
Unidos… Su rango no es comparable a, digamos, el SARS con 10%, la gripe de 1918 con
un 5 a 20%, la gripe aviar H5N1 con un 60% o incluso el ébola con un 90%. Pero ciertamente
excede el 0,1% de mortalidad de la gripe común. Sin embargo, el peligro no es solo una
cuestión de la tasa de muerte. Tenemos que fijarnos en lo que se define como penetración o
“community attack rate”: que tanta población está siendo afectada por el virus.

¿Podrías ser más específico?


La red mundial de viajes está en una conectividad récord. Sin vacunas o antivirales
específicos para el coronavirus, ni a este punto algún grupo inmune del que se sepa, incluso
con el 1% de mortalidad presenta un peligro considerable. Con un período de incubación de
hasta dos semanas y con cada vez más evidencia de transmisión antes de presentar síntomas
pocos lugares podrían estar libres de infección. Si, digamos, Covid-19 registra solo un 1%
de fatalidad en el curso de infectar a 4 mil millones de personas, eso serían 40 millones de
muertos. Una escasa proporción de un gran número puede seguir siendo un gran número.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Estos números asustan un poco para un patógeno menos


que virulento…
Definitivamente y nosotros estamos solo al comienzo del brote. Es importante entender que
muchas infecciones cambian durante el curso de la epidemia, infectividad, virulencia o
ambos pueden atenuarse. Por otro lado, otros brotes estallan en virulencia. La primera ola de
la pandemia de influenza en la primavera de 1918 fue una infección relativamente leve, pero
fueron la segunda y tercera ola junto al invierno de 1919 lo que mató a millones.

Pero el escéptico argumenta que muchos menos pacientes


se han infectado y muerto por el coronavirus que por la
gripe común. ¿Qué piensas al respecto?
Sería el primero en celebrar si esta epidemia resulta ser una farsa. Pero los esfuerzos para
rechazar al Covid-19 como un posible peligro citando otras enfermedades mortales,
especialmente la influenza, es un truco retórico mal empleado para negar la preocupación
sobre el coronavirus

Entonces la comparación con la gripe común no sería


válida…
No tiene mucho sentido comparar dos patógenos que están en diferentes partes de su curva
epidemiológica. Si, la gripe común infecta muchos millones en el mundo, matando, según
la OMS, hasta 650.000 personas al año. Covid-19, en cambio, solo está comenzando su viaje
epidemiológico. Y a diferencia de la gripe, no tenemos vacuna o algún grupo inmune para
retrasar la infección y proteger a las poblaciones vulnerables.

Incluso si la comparación confunde, ambas enfermedades


son causadas por virus, por un grupo específico, los virus
RNA. Ambos causan enfermedades. Ambos afectan las
zonas de la boca y la garganta, a veces los pulmones.
Ambos son bastante contagiosos
Esas son similitudes superficiales que pierden una parte crítica al comparar dos patógenos.
Sabemos mucho sobre la dinámica de la influenza. Sabemos muy poco sobre la del Covid-
19. Están distanciados por las incógnitas. De hecho, hay mucho sobre el Covid-19 que no lo
sabremos hasta que la pandemia se desarrolle por completo. Al mismo tiempo, es importante
entender que no se trata de Covid-19 vs la gripe. Si no de Covid-19 y la gripe. La emergencia
de múltiples infecciones con capacidad para ser pandemia, atacando poblaciones en
combinación, debería ser el centro de la preocupación.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Has investigado epidemias y sus causas por muchos años.


En tu libro “Big Farms Make Big Flu” intentaste
establecer algunas conexiones entre las prácticas
industriales de agricultura, la agricultura orgánica y la
epidemiología viral ¿Cuáles son tus ideas?
El peligro real de cada nuevo brote es el fracaso -o mejor dicho- el expediente rechazo para
aceptar que cada nuevo Covid-19 no es un caso aislado. El incremento en las apariciones de
virus está íntimamente relacionado con la producción de alimentos y las ganancias de las
corporaciones multinacionales. Cualquiera que intente entender por qué los virus se están
volviendo más peligroso debe investigar el modelo industrial de agricultura y, más
específicamente, la producción de ganado. En el presente, pocos gobiernos, y pocos
científicos, están preparados para hacerlo. Caso contrario, cuando surgen nuevos brotes, los
gobiernos, los medios e incluso la mayoría de los establecimientos médicos se concentran
en cada emergencia por separado que olvidan las causas estructurales que están llevando a
que muchos patógenos marginados pasen a ser celebridades mundiales, uno detrás del otro.

¿De quién es la culpa?


Yo diría que, de la agricultura industrial, pero hay una mirada con mayor alcance. El capital
está avanzando sobre los últimos bosques vírgenes y las granjas de los pequeños propietarios
en todo el mundo. Estos avances traen consigo la deforestación y el desarrollo que llevan a
emergencias por enfermedades. La diversidad y complejidad que estas enormes masas de
tierras representan están siendo reducidas de forma que los patógenos allí encerrados se
esparcen sobre el ganado y las comunidades locales. En resumen, los centros de capital,
lugares como Londres, Nueva York, y Hong Kong, deberían ser considerados como nuestros
puntos primarios de enfermedad.

¿Para qué enfermedades sería este caso?


A este punto ya no hay patógenos “libres de capital”. Incluso los más lejanos están siendo
afectados. Ébola, zika, los coronavirus, la fiebre amarilla, una variedad de influenzas aviares
y la fiebre porcina africana están entre los muchos patógenos que logran salir de sus remotas
ubicaciones y se insertan en circuitos peri-urbanos, capitales regionales, y finalmente en la
red global de viajes. De murciélagos de la fruta en el Congo a matar bañistas de Miami en
pocas semanas.

¿Cuál es el rol de las empresas multinacionales en este


proceso?
El planeta tierra es en gran medida el planeta granja a este punto, tanto en biomasa como en
tierra usada. El agronegocio apunta a la esquina del mercado alimenticio. Casi la totalidad
del proyecto neo-liberal está organizado alrededor de apoyar los esfuerzos de las compañías
basado en que los países más industrializados se apropien de la tierra y recursos de los más
débiles. Como resultado, muchos de estos nuevos patógenos antes contenidos por los
ecosistemas de grandes bosques se empiezan a esparcir libremente, amenazando al mundo
entero.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

¿Qué efecto tienen los métodos de producción del


agronegocio en esto?
La agricultura guiada por el capital que reemplaza los ecosistemas más naturales ofrecen los
medios exacto por los que los patógenos pueden evolucionar en los más violentos y
virulentos fenotipos. No podrías diseñar un mejor sistema para crear enfermedades mortales.

¿Cómo es eso?
Criar monoculturas genéticas de animales domésticos remueve cualquier defensa inmune
que haya para detener la transmisión de enfermedades. Poblaciones cada vez más grandes y
densas crean mayores tasas de transmisión. Semejantes condiciones de hacinamiento
deprimen la respuesta inmune. Un mayor rendimiento, parte de cualquier producción
industrial, provee una reserva continua de susceptibles, el combustible para la evolución de
la virulencia. En otras palabras, el agronegocio está tan centrado en las ganancias que elegir
un virus que podría matar mil millones de personas se ve como un riesgo razonable.

¡¿Qué?!
Estas compañías pueden externalizar los costos de sus epidemiológicamente peligrosas
operaciones en todos los demás. Desde los propios animales a los consumidores, granjeros,
el ambiente local y gobiernos de todas las jurisdicciones. Los daños son tan extensivos que
si se volvieran esos costos en las planillas de balance de las compañías, el agronegocio como
lo conocemos terminaría para siempre. Ninguna podría el costo del daño que produce.

En muchos medios se dice que el punto inicial del


coronavirus fue un “mercado de comida exótica” en
Wuhan. ¿Es fiel esta descripción?
Si y no. Hay pistas a favor de esa idea. Un seguimiento de contactos vinculó las infecciones
con el mercado mayorista de mariscos del sur de china en Wuhan, donde se venden animales
silvestres. Muestras ambientales parecen apuntar al extremo oeste del mercado, donde se
tenían estos animales.
Pero ¿Qué tan atrás y con qué amplitud debemos investigar? ¿Cuándo exactamente comenzó
la emergencia? Centrarse en el mercado pierde el origen de la agricultura silvestre en el
interior del territorio y su creciente capitalización. Globalmente, y en China, la comida
salvaje se está convirtiendo cada vez más en un sector económico. Pero su relación con la
agricultura industrial se extiende más allá de compartir las mismas bolsas de mercado. Como
la producción industrial -cerdos, aves, y similares- se expande hacia el bosque primario, y
presiona a los operadores de la vida silvestre para explorar más adentro de los bosques en
busca de poblaciones originarias, incrementado el contacto con, y el contagio de, nuevos
patógenos, incluido el Covid-19.

Covid-19 no es el primer virus en desarrollarse en China


que el gobierno trata de ocultar.
Sí, pero no es exclusivo de China. Los Estado Unidos y Europa han servido como
incubadoras de nuevas influenzas también, recientemente H5N2 y H5Nx, y sus
multinacionales y nodos neocoloniales condujeron a las emergencias de ébola en el oeste de

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

África y zika en Brasil. Las oficiales de salud de Estados Unidos cubrieron el agronegocio
durante los brotes de H1N1 y H5N2.

La OMS acaba de declarar una “emergencia sanitaria de


carácter internacional”. ¿Es este procedimiento correcto?
Si. El peligro de este patógeno es que las autoridades de salud no tienen forma de medir la
distribución del riesgo. No tenemos idea de como va a responder este nuevo patógeno.
Pasamos de un brote en un mercado a infecciones en todo el mundo en cuestión de semanas.
El virus podría simplemente agotarse. Eso sería genial. Pero no lo sabemos. Mejores
preparaciones aumentan nuestras chances de detener la propagación del virus.
La declaración de la OMS también es parte de lo que llamo “circo pandémico”.
Organizaciones internacionales han muerto por inacción. Se me viene a la mente la Sociedad
de las Naciones. El grupo de organizaciones en las Naciones Unidas siempre está
preocupado por su relevancia, poder y fondos. Pero ese accionar puede también converger
en preparación y prevención que el mundo necesita para romper las cadenas de transmisión
del Covid-19

La reforma neoliberal del sistema de salud ha empeorado


tanto la investigación como el tratamiento general de
pacientes, por ejemplo, en los hospitales. ¿Qué diferencia
podría causar un sistema de salud mejor para combatir el
virus?
Esta la terrible pero cierta historia del empleado del servicio médico de Miami quien luego
de regresar desde China con síntomas de gripe hizo lo correcto para su familia y su
comunidad y pidió una prueba de Covid-19 en un hospital local. Él estaba preocupado de
que su opción mínima de Obamacare no pudiera cubrir el test. Y tenía razón. Se encontró de
pronto con un costo de 3270 dólares.
Una demanda americana podría ser una orden de emergencia que estipule que durante una
pandemia todas las cuentas médicas relacionadas a testear la infección y el tratamiento
siguiente a un positivo sean pagadas por el gobierno federal. Queremos alentar a la gente a
que busque ayuda, después de todo, antes que esconderse -infectando a otros- porque no
pueden pagar el tratamiento. La solución obvia es un servicio nacional de salud -lleno de
personal y equipamiento para manejar estas emergencias- para que un problema ridículo
como desalentar la cooperación de una comunidad entera nunca surja.

Tan pronto como el virus se descubrió en nuestro país,


todos los gobiernos reaccionaron con medidas
autoritarias y punitivas, como una cuarentena compulsiva
de áreas y ciudades enteras. ¿Semejantes medidas están
justificadas?
Usar una pandemia para probar lo último en control autocrático post-pandemia es el
capitalismo del desastre desbarrancando. En términos de salud pública, yo consideraría el

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

lado de la confianza y compasión, que son variables epidemiológicas importantes. Sin estas,
las jurisdicciones pierden el apoyo popular.
Un sentido de solidaridad y respeto es una parte crítica para provocar la cooperación que
necesitamos para sobrevivir estas amenazas juntos. Cuarentenas con apoyo de brigadas de
vecinos, camiones repartiendo comida puerta a puerta, seguro contra el desempleo y
suspensión del trabajo pueden construir ese tipo de cooperación, que todos estamos juntos
en esto.

Como sabrás, en Alemania con el AfD (Alternativa para


Alemania, NdT.) tenemos un partido nazi con 94 asientos
en el parlamento. La Derecha Nazi y otros grupos en
asociación con políticos del AfD usan la Corona-Crisis
para su propaganda. Ellos reparten reportes falses sobre
el virus y demandan medidas más autoritarias al
gobierno: restringir vuelos y frenar la entrada de
inmigrantes, cierre de fronteras y cuarentenas forzadas…
Prohibir los vuelos y cerrar las fronteras son demandas con las que la derecha radical quiere
tornar racial lo que ahora es una epidemia global. Esto es, por supuesto, un sin sentido. EN
este punto, dado que el virus ya está en camino de esparcirse por todo el mundo, lo que hay
que hacer es trabajar en desarrollar el tipo de salud pública con resiliencia en donde no
importa quien se muestre con la infección, se tendrán los medios para tratarlo y curarlo. Por
supuesto, parar de robar la tierra de la gente y los consiguientes éxodos en primer lugar, y
podríamos evitar que los patógenos siquiera surjan.

¿Cuáles serían cambios sustentables?


En orden para reducir la emergencia de nuevos brotes de virus, la producción alimenticia
debe cambiar radicalmente. Autonomía para los granjeros y un fuerte sector público pueden
frenar desastres ambientales e infecciones. Introducir variedad en el ganado y los cultivos -
y ciclos de cultivo estratégicos- a nivel tanto de granja como regional. Permitir al ganado
reproducirse in-situ para que se hereden inmunidades. Conectar producción justa con
circulación justa. Subsidiar ayudas económicas y programas de compra para la producción
agroecológica. Defender estos experimentos tanto de la compulsión neoliberal que se
impone sobre los individuos y las comunidades como de la amenaza de represión por parte
del estado guiada por el capital.

¿A qué debemos llamar los socialistas en la creciente


dinámica de los brotes de enfermedades?
El agronegocio como un modo de reproducción social debe ser eliminado solo como un
asunto de salud pública. Una alta capitalización de la producción de alimentos depende de
prácticas que ponen en peligro al total de la humanidad, en este caso dejando que se desate
una nueva pandemia.
Debemos demandar que los sistemas alimenticios se socialicen de una forma en que
patógenos tan peligrosos no emerjan en primer lugar. Eso requeriría primero reintegrar la

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

producción alimenticia con las necesidades de las comunidades rurales. También requeriría
prácticas agroecológicas que protejan al ambiente y los granjeros mientras cultivan nuestra
comida. En resumen, debemos curar las grietas que separan nuestra economía de nuestra
ecología. Tenemos un planeta que ganar.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Economía o salud: una falsa dicotomía


para silenciar el crimen sanitario del capital
Los Gobiernos de todo el mundo presentan sus políticas
ante el coronavirus como las únicas posibles. Lo que se
evita es cuestionar los intereses de los grandes
capitalistas y la destrucción de los sistemas de salud para
reducir el gasto público.
Eduardo Castilla

El debate recorre el mundo. Periodistas, médicos o economistas: privilegiar la economía o


la salud. Pero el dilema es falso. Se sostiene sobre una regla de oro: oponer al despliegue del
coronavirus los pobres recursos de sistemas sanitarios en crisis, al borde del colapso,
herencia de décadas de ajuste fiscal. Se ampara, también, en la decisión estatal de no tocar
las ganancias del capital. Al contrario, el camino que recorren los Gobiernos del mundo es
el de nuevos y masivos salvatajes a las empresas.
El debate exige, además, olvidar una premisa: el virus podría haber sido previsto si se
hubieran seguido desarrollando diversas investigaciones, lo que facilitaba la creación de una
vacuna. Para los grandes laboratorios y para los dueños del poder político esa nunca fue
opción. Para los primeros, porque curar es más redituable que prevenir. Para los segundos,
por su carácter de fieles sirvientes del orden capitalista.

¿Dos modelos?
Boris Johnson, apologista temprano de un neomalthusianismo que proponía ofrendar a “los
más viejos” para salvar la economía, tiene coronavirus. Entró, involuntariamente, en el
listado de los que él consideraba “prescindibles”. Hace días, obligado por la realidad, había
abandonado su programa inicial.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

A miles de kilómetros, Donald Trump insiste en volver a llenar iglesias y shoppings el 12 de


abril, cuando se celebre Semana Santa. El hombre que ocupa el Salón Oval se concentra en
el calendario electoral. Su reelección se juega en conquistar algo parecido a la “normalidad”.
Sin embargo, la pandemia escala en territorio norteamericano: el país ya alberga a la mayor
cantidad de personas contagiadas en el mundo. Simultáneamente, las consecuencias
económicas escalan, con la desocupación haciendo punta.
Al sur, llegando a la infranqueable frontera argentina, Bolsonaro propone volver a llenar las
calles. Con casi 100 personas fallecidas, se anima a una ironía decadente, la de que el
brasileño “no se contagia con nada” porqué “vive saltando o sumergido en las cloacas”.
En el otro extremo, naciones como Italia y España cuentan las víctimas por varios centenares
en cada jornada. Los contagios crecen en forma exponencial. Allí, discursivamente, se
privilegia la salud a la economía. Pero las cuarentenas forzosas, por sí mismas, presentan el
mismo grado de impotencia ante la pandemia.
Un punto unifica los dos “modelos”: la negativa a impulsar de manera temprana el testeo
masivo de la población, medida que se evidenció fundamental en Corea del Sur o Alemania,
países que parecen estar controlando el virus. Ambos paradigmas desnudan, también, la
decadencia de sistemas sanitarios colapsados ante la pandemia. La cara más cruel de esa
moneda son las miles de enfermeras y de médicos contagiados de coronavirus. El Estado
capitalista, una vez más, es el máximo responsable.

Cuarentena peronista
En la Argentina, el Gobierno y sus voceros proponen el mismo (falso) dilema. La cuarentena
es presentada como ejemplo de la elección por la salud. La decisión obliga a pedir
“paciencia” a quienes se hunden junto a la economía.
Frente a la pandemia, la política oficial repite una receta fallida: no haber iniciado testeos
masivos para evaluar la curva del contagio, determinando las zonas más comprometidas. Sin
conocer cómo se despliega el virus por el mapa nacional, el plan gubernamental propone y
sostiene el encierro masivo de la población, imponiendo el confinamiento con métodos
crecientemente policiales.
Recién por estas horas, luego de los reiterados reclamos opositores -en particular del Frente
de Izquierda-, el testeo avanza lentamente. Se extiende a provincias y laboratorios, pero lo
hace con desigualdad y desorganizadamente. Sigue aún muy lejos de alcanzar los niveles de
masividad necesarios. Lo crucial de este tema debería obligar al Gobierno a presentar un
plan serio. No es, señalemos, lo que ocurre.
La contracara de esa tardanza es la celeridad para imponer retenes en cada ruta del país. Son
los patrullajes en cada barriada y los aprietes policiales contra la juventud humilde. Es el
verde oliva entrando en La Matanza o en Quilmes para hacer “contención social”.
El plan oficial semeja una tensa espera que lo peor no llegue nunca. El eventual colapso del
sistema sanitario es anunciado a gritos. La corporación mediática, agitada, publicita ese
futuro caótico. “Quédate en tu casa”, completan conductores y cronistas.
Mientras, la salud privada y los grandes laboratorios siguen contabilizando ganancias. El
Gobierno anuncia algunas pocas y tibias medidas que resuelven menos de lo que incomodan
al empresariado. A la Salud pública le siguen faltando camas, enfermeras, médicos e
insumos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Aquí, al sur del mundo, en esta cárcel en la que se pretende encerrar a 44 millones de almas,
las ganancias del gran capital siguen intactas. Los múltiples y constantes anuncios oficiales
prácticamente no rozan sus intereses. Ni bancos, ni privatizadas, ni petroleras han tenido que
aportar un dólar en esta “guerra”. Los Rocca, Macri, Madanes o Pagani, los dueños del poder
económico, no han sido invitados al esfuerzo. Los Coto o los Braun Menéndez han tenido
vía libre para elevar precios y desabastecer. Las reiteradas amenazas de sanciones
gubernamentales se parecen a los tanques del General Alais: siempre estar por llegar...
La cuarentena, como todo hecho verdaderamente social, arrastra sus marcas de clase. Sus
consecuencias no son iguales para quien vive de changas que para los dueños del poder. Los
ricos y poderosos pueden disfrutarla en countries, mansioneso yates. Los más humildes,
sufrirla hacinados en las barriadas sin luz o agua potable. O en las comisarías, donde pueden
terminar luego del eventual “baile” policial.
Esa distancia social se ilustra en las estadísticas. Este viernes más de un millón y medio de
personas se anotaron para cobrar el limitado monto de $ 10 mil decretado para quienes están
en la informalidad. La Argentina precaria hace fila en internet para recibir un magro subsidio.

Cuarentena, crisis económica y crisis social


La llamada “paz social” podría ser la próxima víctima de la cuarentena, un politólogo
norteamericano señalaba que “en este momento, la gente está asombrada por lo que está
sucediendo. Pero pronto se despertarán y se darán cuenta de que han sido arruinados
económicamente”.
El problema es global. Los números de la catástrofe económica que se anuncian infunden un
temor lógico. La OIT ya habla de 25 millones de nuevos desocupados. El FMI contabiliza
una recesión que está llegando.
Esa ruina económica ya se vive en vastas fracciones de la sociedad argentina. La cúpula del
poder mira preocupada al conurbano bonaerense, lugar que concentra masivamente pobreza
y población. Ese Estado Golem -al decir de los politólogos- donde la informalidad inunda
cada rincón.
La función de “contención” asignada a las FF.AA. mensura ese malestar social. Las grandes
catástrofes desatan vendavales de furia popular, justificados estallidos de odio contra todo
aquello que los hambrea o los oprime. Hoy, al presentar el falso dilema de salud o economía,
el Gobierno y la oposición patronal acrecientan las condiciones para el desarrollo de ese
malestar.
Bajo estas premisas, un sector del establishment y el gran capital se abre a cuestionar la
cuarentena. La Nación, por momentos, aparece como vocera explícito de la posición. De
fondo está también la creciente desorganización de la economía, la reducción de los
márgenes de ganancia y la cuestión de abonar salarios sin producción. Con una calculadora
en cada mano, el empresariado mide sus pasos. La salud de la población trabajadora le es
completamente ajena. Lo ejemplifican los miles de casos que hemos venido denunciando
en La Izquierda Diario.
Que ese planteo venga de los eternos predicadores de la flexibilización laboral y la represión
a la protesta social funciona como alerta. No hay ninguna salida progresiva para las grandes
mayorías sino se atacan los intereses del gran capital. Si no se avanza en la perspectiva del
control obrero sobre el conjunto de la producción, para garantizar que ésta sirva a la sociedad
y no al lucro privado. Si no se impulsa la organización desde abajo para que la salud de la
población trabajadora esté por encima de las ganancias capitalistas.
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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

En esa perspectiva se orientan las propuestas que vienen planteando las fuerzas del Frente
de Izquierda desde el inicio de esta crisis.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Para un prestigioso científico argentino, “el


coronavirus no merece que el planeta esté
en un estado de parate total”
Pablo Goldschmidt, un reconocido virólogo, habló con
Infobae desde Mónaco -donde vive y transcurre su
cuarentena francesa- y lanzó polémicas definiciones
sobre el número de casos y la idoneidad de la OMS, la
oscura razón de tantos muertos en Lombardía, Italia, y
culpó por los decesos, más que al virus, a los deficientes
sistemas de salud
Hugo Martin

El virólogo argentino Pablo Goldschmidt


Como alguien que nada contra la corriente, el doctor Paul Goldschmidt (nacido en nuestro
país hace 65 años -los cumplió hace dos días-, que vive hace 40 en Francia), lleva desde hace
años una lucha contra el pánico a los virus. Su libro “La gente y los microbios”, donde
explica la psicosis que generaron la gripe H1N1 y el SARS, así lo atestigua.
Ahora, este virólogo jubilado del Ministerio de Salud de Francia, que pasa sus días en su
departamento de Mónaco, la emprende contra los cálculos que la Organización Mundial de
la Salud hizo sobre los alcances del coronavirus COVID-19, que ya contagió a 595953
personas y mató a 27333 (690 y 17 respectivamente en la Argentina) aunque Goldschmidt
lo relativizará.
“Estamos todos encerrados. Hay drones en Niza que le hacen multas a la gente desde el aire.
Mire donde llegó este control. Hay que leer a Hannah Arendt, mirar cómo fueron los orígenes
del totalitarismo. Cuando alguien le mete miedo al pueblo, hace lo que quiere con él…”,
sostiene. Y si se le hace notar que por su edad está en el grupo de riesgo, lo asumirá: “Pero
claro… todos estamos en riesgo. Pero hay gente de 80 que está fantástica".
- ¿Por qué sostiene que hay una paranoia injustificada con el coronavirus?
-Mire, este tipo de enfermedades no merecen que el planeta esté en un estado de parate total,
salvo que haya predicciones que sean realistas.
- ¿Y no las hay?
-En el Imperial College de Londres, que tiene un servicio muy bueno de epidemiología y de
predicciones matemáticas, hay un profesor, (Neil) Ferguson, que hizo el modelo de las
curvas que se achatan, o no, en epidemiología. Y que fue tomado para todas las decisiones
políticas gubernamentales por consejo de la Organización Mundial de la Salud, sin discutir
ni poner en tela de juicio las ecuaciones. Yo desde el principio empecé a analizar esto y vi
que había algo raro. A mi eso no me cerraba. Anteanoche, este señor Ferguson dijo que la

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

proyección que hicieron debía ser masivamente disminuida -tal la palabra que usó en inglés-
con respecto a las cifras de muertes.
- ¿Qué significa?
-Que, por ejemplo, para los Estados Unidos él proyectó con su modelo -que todo el mundo
está utilizando en este momento sin siquiera cuestionarlo-, 2.200.000 fallecimientos; y 500
mil en el Reino Unido si no se tomaban las medidas de achatar la curva y todo lo que
significaba eso. Ahora dice que no, que las predicciones no parecen ser exactas. Lo mismo
que sucedió con el H1N1. Predijeron muchísimas menos muertes ahora, siempre que se
mantengan las medidas de cierre como las que tomaron los gobiernos. Las estimaciones son
mucho más bajas.
-Pero por el bloqueo...
-Dice que el bloqueo las va a mantener. Pero el bloqueo para achatar la curva se hizo en
función de los primeros cálculos, que daban un coeficiente de transmisibilidad y mortalidad
mayor. Pero ahora dice que ya no es como le daba antes, que está en el orden del 3 o 2,5,
dentro de los valores de la gripe. Y dijo el miércoles que, por las estimaciones que revisó y
las medidas de cierre adoptadas por el gobierno británico, los hospitales van a atender a la
gente infectada y morirán más o menos 20 mil personas por el virus... o por la excitación
que van a provocar otras dolencias asociadas al virus.
- ¿Qué tipo de dolencias?
-Infartos, accidentes cerebro vasculares… Porque usted va al hospital y si muere por un
infarto, dirán que murió por el virus. El problema es que ahora se mezcla todo. Una persona
que llegue por una tentativa de suicidio y que se tomó un remedio por estar resfriada, murió
por el virus. Alguien con un ACV mal manejado, si está resfriado, murió por el virus, no por
el accidente cerebro vascular. Él dice que hay que corregir la cifras porque solo se está
considerando eso. Por supuesto, en Oxford hay otro epidemiólogo que dice estar sorprendido
porque se haya aceptado de manera tan incondicional por parte de las organizaciones
internacionales el modelo de Imperial College. Ellos están haciendo otro tipo de modelo
predictivo y dicen que este virus se ha propagado de una manera invisible y descontrolada
por lo menos un mes antes de lo que cualquiera hubiera sospechado, y si se empieza a hacer
test a la población probablemente la mitad haya sido infectada, y que entonces la mortalidad
es mucho más baja y el riesgo también. Si eso es verdad, uno de cada mil infectados sería el
que enferme y necesitaría hospitalización, porque el 86 por ciento no tiene síntomas serios.
Esto apareció ayer en Inglaterra.
- ¿Qué cambia esto para el sistema sanitario?
-De cada 100 personas que van a consultar, 86 por ciento padecen síndrome gripal. El
médico, en ese caso, le va a hacer un análisis de sangre y le pedirá cuatro parámetros, que el
laboratorio le puede hacer en media hora o una hora. Ahí se puede saber si la persona tiene
o no una infección viral. No le va a decir si tiene coronavirus. Tiene un virus. Influenza,
adeno, cualquier otro. Pero se necesitan laboratorios que puedan hacer dímeros, proteínas C
reactivas, recuento globular… Si los dímeros positivos dan altos, alguna lastimadura tendrá
en el pulmón. Y se hacen enzimas hepáticas y se pide un ionograma para ver cómo está el
potasio. Si dan, la persona tiene un virus, sea corona o no. Si esas cosas no están alteradas,
lo mandan a la casa y le dan tratamiento de gripe. ¿Entiende? Hasta aquí no hace falta pánico,
y hablamos del 85 por ciento de la gente. Pasó en Corea, China, y en todo el mundo.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

- ¿Qué sucede con el 15 por ciento que sí da infección viral?


-Puede ser grave. La única manera de saberlo es hacer un test PCR, que no es accesible en
todas las ciudades, provincias o laboratorios. El costo de cada test es de 30 o 40 dólares y se
necesita personal muy bien formado y materiales. Yo justamente estuve en la Argentina en
diciembre, y dí una charla sobre cómo desarrollar test de biología molecular casero y que no
sea caro. Pero para desarrollarlos hay que esperar por lo menos dos meses. Hay que comprar
los de Corea, porque los chinos en este momento tienen un problema bastante serio, mucha
gente no los quiere comprar más. Pero inclusive comprando el mejor test de Corea hay un
20 por ciento de falsos negativos.
- ¿Y si el resultado es coronavirus COVID-19?
-Si tiene una infección viral, y dice tengo fiebre (más de 38,5 durante dos días), estoy
cansado, tosiendo, siento que me falta el aire y, además, por una razón muy rara, pierde el
gusto y el olfato, la única salida es una resonancia o una tomografía de pulmón. No hay otra.
Una radiografía no siempre da buenos resultados. Si el radiólogo dice que hay infección
compatible con neumonía por coronavirus, esa persona tiene que ser internada en terapia
intensiva, pero eso es para un máximo del cinco por ciento de las personas. Ahora, si no
tiene resonadores o tomógrafos, ¿qué hace? No se sabe, y ahí empiezan los problemas.
- ¿No hay solución en ese caso?
-Lo que hacen los coreanos, y ahora los franceses se atribuyen la paternidad, es dar un
antibiótico, como puede ser la amoxicilina con clavulánico y la hidroxicloroquina.
- ¿Sirve la hidroxicloroquina?
-Es lo único que se puede dar ahora. No hay pruebas contundentes, pero es mejor que nada.
Se trata como una neumonía. La diferencia con la neumonía clásica es que, esta vez, se le
agrega la hidroxicloroquina, pero solamente si el médico le hace un electrocardiograma y
mide el potasio del paciente. Porque cambia la conductividad cardíaca, y al cabo de tres
pastillas los electrocardiogramas traen sorpresas. No se le puede dar a cualquier persona. Por
eso en Francia hubo una negociación entre Salud Pública y el profesor de Marsella que tomó
los procedimientos de Corea (Didier Raoult) y dijeron que eran para todo el mundo… pero
no. Es para quienes tienen un médico que los sigue, porque si tienen un trastorno del ritmo
cardíaco, si baja el potasio, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Pero, en definitiva,
estamos hablando de que a esa gente hay que internarla. Y acá viene la gran pregunta.
- ¿Cuál es?
-Que tiene que estar en un servicio de terapia intensiva con gente formada. ¿Hay gente
formada en todos los países y ciudades para terapia intensiva? ¿Hay suficiente gente que
sepa meter un laringoscopio para intubar a los pacientes? ¿Hay enfermeros y médicos a
quienes el Estado se hizo responsables de formarlos para hacer frente a eso? La respuesta es
“no”. Y tampoco hay suficientes máquinas. En Alemania hay seis veces más respiradores
que en Italia. Y diez veces menos muertos por la misma patología. En Europa hay 80 mil
camas de terapia con personal formado, un promedio de 12 cada 100 mil habitantes; en los
Estados Unidos hay 28 cada 100 mil; en Alemania, 29; en Portugal, 4,2; en España, 10,3,
pero el problema es que allí el 78 por ciento de quienes atienden esas camas está entrenado
para terapia médico quirúrgica y unidad coronaria, gente que sabe manejar infartos y ACV27,

27 Accidente cerebro Vascular


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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

pero el Estado no formó neumonólogos para hacerse cargo de este tipo de crisis. Entonces,
¿hasta dónde es solamente el virus responsable?
-¿E Italia, el país donde dicen que se hizo todo mal?
-El problema de Italia e mucho más serio y necesita un análisis aparte. Allí la mortalidad es
muy alta, y la gente está cantando el himno, pero no sabe que desde hace 25 años cierran
camas y no crean cargos de médicos. Y mucho menos, médicos de terapia intensiva que
trabajen en los hospitales. Lo que esto habla es que no es sólo el virus. Hay 75 mil personas
diagnosticadas y 7400 muertos, el 9 por ciento de muertos. Algo significa.
-¿Cómo ve al sistema de salud argentino?
-No lo podría decir. El sistema argentino es complicado. Hay hospitales estatales, privados,
municipales, de sindicatos. Cuando estuve el año pasado, en el Hospital Fernández todo
funcionaba, pero al Clínicas no puede ir porque no andaba el ascensor. Y en cuanto a los
profesionales, no se en este momento cómo está la neumonología. Hay buenas
individualidades, gente brillante, pero en lo general, no se.
-Usted dice que no hay que tener paranoia, y está bien. Pero si en China tuvieron que
crear hospitales de la nada, esto es distinto a una gripe común, algo pasa...
-Mire. Cualquier persona que tose va a terapia intensiva. El año pasado, en los Estados
Unidos hubo 460 mil personas con neumonía, en terapia. Este año no se si va a haber 100
mil. La cosa no es así. La gente corre al hospital por cualquier cosa. Y los enfermeros y
médicos no fueron formados, porque hasta hace tres meses no importaba. A los pacientes les
ponen máscaras de oxígeno, y sobre 100 ancianos, en un geriátrico del sur de Roma murieron
11 en una mañana. ¿Los mató el virus? Quizás estaban con el corona. Pero, ¿qué hubiera
pasado si los atendían correctamente? ¡No tenían ni procedimientos! En China, al principio
la mortalidad era del 9 por ciento, y ahora están en el uno. En Italia están en el 9, pero está
bajando porque están aprendiendo a trabajar. Que están aprendiendo significa que no los
formaron, que no había infraestructura. Está el sentido patriótico, la gente sale a la ventana,
pero los médicos no son héroes, son trabajadores que va a poner el lomo pero no están
formados. Los ponen frente a situaciones dramáticas, y muchos no saben lo que deben hacer.
Los procedimientos no estaban escritos. Recién ahora la cosa se sabe. Por eso yo pregunto
¿es el virus sólo el responsable de estas muertes? Dicen que se acumulan los cadáveres, pero
en España, ayer, mostraron que el año pasado hubo la misma cantidad de muertos.
-¿Pero muertos por qué causa?
-Por infartos o neumonías. Ahora resultan todos por COVID-19. Pero el año pasado no se
ponían a sacarles muestras nasales a todos los muertos.
-¿Usted quiere decir que lo que llaman muertes por COVID-19 no son por esa causa?
-Por ahí son por COVID-19, pero por ahí había también el año pasado por otros virus
respiratorios. Seguro que hubo, porque la influenza mató a muchísima gente en España e
Italia. Pero morían de neumonía, sin ponerles etiquetas. Ahora bien. Ya analizamos la falta
de respiradores, de formación, personal, médicos y enfermeras, que en Italia gritan todos los
días porque no abren cargos en hospitales públicos. Prácticamente no había servicios de
terapia en las ciudades chicas. Hasta ahí uno razona, pero empujando el razonamiento al
máximo, yo me pongo a mirar las causas de muerte en Lombardía, donde murió más gente.
Y lo que le voy a comentar no lo publicó nadie.
-¿Qué vió?

114
Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

-En Italia, en Lombardía, es donde más mueren por mesotelioma. Todas las fábricas de
fibrocemento que usaban amianto estaban ahí. Hasta 1992, que lo prohibieron, estaba en
techos y aislante de fábricas. Las paredes tenían amianto, que larga cristalcitos que llegan al
pulmón, que luego puede cicatrizar, o no. El mesotelioma es el cáncer de pulmón producido
por asbestosis o amianto. En las autopsias que se hicieron en Lombardía en los últimos diez
años, el 85 por ciento eran por exposición laboral. Tumores malignos con localización
pulmonar y peritoneal. Y hasta el 92 nadie prohibió el uso. Lombardía tiene diez millones
de habitantes, es el lugar que tiene más empleados en la industria del amianto, el lugar del
mundo con más asbestosis. Pero, además, el amianto se pega a la ropa, a las fibras. La ropa
de alta costura del norte de Italia las hacen señoras costureras. Puede creer que entre el 2000
y el 2012 hubo 4442 mesoteliomas malignos (2850 en hombres y 1592 en mujeres), cáncer
de pulmón invasivo por exposición al amianto. Y crece más. Este año hubo 3,6 por ciento
más que en años anteriores en hombres y 3,3 en mujeres mayores de 65 años. Y hasta el
2030 habrá 20 mil más.
-¿Qué relación existe con el coronavirus?
-Que en esa región, castigada por falta de medios, el cierre de camas, falta de aparatos de
respiración, se encuentra la gente mayor, con pulmones con cáncer o lastimaduras crónicas,
que hace que una infección viral se transforme en una infección mortal. Un pulmón agredido
por una fibra mineral, tendrá una reacción distinta a un pulmón sano. Y no es casualidad que
muera más gente donde están las fábricas de amianto.
-Pero el COVID-19 mata más que la gripe común...
-Todas las infecciones virales pueden ser mortales. La diferencia es que con esta se armó
pánico y con las otras no. El año pasado murió mucha gente de gripe y nadie cerró el
planeta. Entonces, ¿qué pasa ahora?
-Se lo pregunto a usted, ¿qué pasa?
-No se…
-Pero qué percibe, ¿una conspiración?
-No, eso se detecta enseguida. El año pasado hubo 36 millones de personas con gripe en los
Estados Unidos. Fueron internadas 370 mil y 22 mil se murieron. ¿Queda claro? Y nadie
cerró ningún aeropuerto. En Francia hay 33 mil casos, pero cuando murieron 23 mil viejitos
en los geriátricos por una ola de calor el país tampoco se cerró. Hay algo muy raro aquí.
Pablo Goldschmidt
-Por eso insisto, ¿qué ve usted?
-Un error grave de los peritos de la OMS, lo que denuncié desde un principio. ¿Sabe qué
quiere decir pandemia? No significa enfermedad grave o severa. Quiere decir que muchos
países tienen una enfermedad. ¡Todos los años hay pandemia de resfrío, y nadie cierra
nada! ¿No hay que relativizar todo esto?
-Pero el COVID-19 es muy contagioso, doctor…
-Sí, como el resfrío, que es como muere la gente en los geriátricos. Antes no los contaban,
ahora si. Hubo más de medio millón de casos de neumonía en el mundo el año pasado. Hay
un millón de personas que se pueden agarrar meningitis en África, y se transmite por la
saliva, y los aviones van y vienen. Y a nadie le importa nada. Hay 135 mil personas que van
a andar con tuberculosis en América Latina, y nadie hace escándalo. A mi, cuando algo hace

115
Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

mucho ruido como con el corona… Se está teatralizando mucho. Desde el primer día dije
que las cuentas no daban, como cuando apareció la gripe H1N1.
-¿Y qué haría usted?
-No soy una autoridad para decir que haría, pero veo que falta formación y materiales.
Entonces, primero, formaría al personal para lo que viene. En tres semanas, cuando vean las
señas de la enfermedad, ellos van a ser los que inciten las nuevas medidas. Mire lo que pasa
en Alemania. La mortalidad es diez veces más baja porque hay especialistas en
neumonología y terapia intensiva pulmonar. Bueno, hagamos cursos en la Argentina, y en
todo el mundo. A los médicos no los pueden largar improvisadamente frente a una persona
que no puede respirar. Cuando esa gente se forme, las cifras van a demostrar que ese cinco
por ciento de casos graves va a poder ser atendido en los hospitales. Y que lo demás se va a
caer por su propio peso.
-¿Hay que parar la cuarentena?
-Cuando el sistema esté en condiciones, con personal formado, equipos, medicamentos e
infraestructura, sí, no tiene ningún sentido. Como está ahora la situación, no se puede decir
nada sobre la cuarentena porque no se sabe cuánta gente va a estar infectada y si las camas
de terapia intensiva y el personal alcanzarán para el 5 por ciento de ellos. La medida no es
por el virus, sino por el riesgo de no poder hacerse cargo de la gente que está en situación
crítica. No sé si está mal, porque no hay cifras objetivas. A lo sumo, está bien que hayan
parado porque les forzó la mano la OMS, y una vez que se larga la cuarentena no se puede
parar. Pero habría que comparar con las cifras de muertes del año pasado. El pánico es
absurdo. Hay 690 positivos…¿a cuantos se les hizo el test? ¿A 30 millones o a
mil? Fallecieron 17, yo quiero ver cuantos murieron en geriátricos o en su casa de neumonía
por neumococo o hemofilus, que hay muchísima en la Argentina, el año pasado.
-¿Cómo evalúa lo que está haciendo el gobierno, entonces?
-Dicho lo anterior, a mi me parece que el gobierno actúa muy bien y con mucha cautela.
Pero la autoridad internacional les empuja la mano con las cifras de mortalidad que ponen
los peritos de la OMS, que hacen cuentas matemáticas. Pero no es mala fe, sino
incompetencia. No hay nadie detrás. Pero insisto, en la Argentina están haciendo las cosas
bien y con seriedad. Ginés me parece muy bueno. Y Carla Vizzotti es una mujer que sabe lo
que hace, es muy competente, conoce, estudia. Cuando usted está con personas que son
estudiosas, que no son panfletarias, que son serias, le dan confianza. Charlé con ella y me
impresionó. Nunca vi en la Salud Pública ese nivel de formación. Hacen las cosas lo mejor
que se pueden hacer con el presupuesto del que disponen.
-Pero no piensa lo mismo de la Organización Mundial de la Salud.
-Para nada.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Guerra y peste
No es fácil responder estas y otras preguntas, pero el
primer paso es hacerlas y desprenderse de la lectura
épica de Querejazu
Gustavo Rodríguez Ostria

Por razones comprensibles, este 2020 las celebraciones del 23 de marzo no tuvieron el vuelo
patriótico de otros años. El “Día del mar” fue resultado en gran parte por la construcción de
la narrativa nacionalista de la post Guerra del Chaco. Allí jugó un rol capital la obra de Carlos
Montenegro, quien puso énfasis en los efectos de las pérdidas territoriales, principalmente
del acceso al océano Pacífico, en la configuración simbólica y material del Estado-nación en
Bolivia.
Entre las deudas pendientes de la confrontación con Chile está contar con una nueva historia
de lo ocurrido entre 1879 y 1880. La verdad es que el único texto disponible es el escrito por
Roberto Querejazu, publicado en 1979, justo —y no casualmente— en la celebración de la
toma por la fuerza (y no la razón) del puerto de Antofagasta. La mirada de Querejazu es
tributaria de la historiografía positivista, y a la manera de Leopold von Ranke, centra su
atención en la política y la batalla. Sus páginas son una combinación de héroes y otros no
tanto, de entregas y traiciones, de altas y bajas en la diplomacia. Aun con estas limitaciones,
incluso documentales, Querejazu forjó el imaginario que alimenta hoy por hoy nuestra
posición frente a Chile en el espinoso tema marítimo.
La historia de una guerra o una invasión, como se quiera, no puede leerse ni entenderse
solamente acudiendo al estruendo de los cañones o los escritos de los diplomáticos; requiere
en cambio recuperar la presencia de quienes en carne y hueso llevaron la peor parte en las
derrotas y las victorias. ¿Cómo estaba conformado el Ejército de Bolivia, que desde abril de
1879 marchó por miles de kilómetros al sur de Perú o deambuló por los desiertos de Lípez?
¿Cómo se vistieron, habitaron y comieron? ¿Qué sentían los soldados, lejos de sus pagos y
con la amenaza de la muerte a flor de piel? ¿Cómo vivieron y murieron? No es fácil
responder estas y otras preguntas, pero el primer paso es hacerlas y desprenderse de la lectura
épica de Querejazu.
Nuestro Ejército en campaña era una tropa que podríamos llamar familiar. Junto con los
varones, en su mayoría (un 90% aproximadamente) de artesanos y trabajadores mestizos de
raíz indígena, marchaba a pie una masa no cuantificada, pero numerosa, de mujeres: las
rabonas y sus guaguas. Compañeras en la vida y en la muerte, alimentaban, remendaban y
daban sustento a los soldados. Una buena parte se estableció en la ciudad peruana de Tacna,
pero no solo en ésta. Allí, ellas y sus vástagos sufrieron los rigores de la guerra.
Ahora que nos azota una pandemia, habrá que recordar que en el siglo XIX un campo de
batalla se libraba también contra enemigos invisibles, cuyo origen, y por tanto prevención y
cura, desconocían. Ciertamente no disponían de muchos recursos para defenderse, como lo
revelan los estudios de demografía a partir de los registros de defunciones analizados, como
lo han hecho recientemente los historiadores chilenos Casanova, A. Díaz y D. Castillo,
Las malas condiciones de salubridad, agua contaminada, la carencia de hospitales, el
hacinamiento y la deficiente alimentación hicieron que las pestes endémicas de tifus, cólera,

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

disentería y viruela causaran muchas bajas entre ellas y sus hijos e hijas. La tropa y no pocos
oficiales tampoco se libraron de estos proyectiles. Sin embargo, nuestro Ejército no era una
unidad social homogénea, sino que estaba cruzado por una heterogeneidad y desigualdad
social y étnica, que reproducía la que existía en Bolivia. De modo que los oficiales criollos,
cuyas condiciones de vida eran mucho mejores y seguras que las de su tropa y sus familias,
resultaron menos vulnerables a las enfermedades patógenas. Algo así —la gramática del
biopoder— como ocurre actualmente cuando el coronavirus COVID-19 recorre nuestras
calles.
Gustavo Rodríguez Ostria, historiado

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La emergencia viral y el mundo de mañana.


Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano
que piensa desde Berlín
Los países asiáticos están gestionando mejor esta crisis
que Occidente. Mientras allí se trabaja con datos y
mascarillas, aquí se llega tarde y se levantan fronteras
Byung-Chul Han

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema. Al parecer Asia tiene mejor
controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos
infectados. En Taiwán se registran 108 casos y en Hong Kong 193. En Alemania, por el
contrario, tras un período de tiempo mucho más breve hay ya 15.320 casos confirmados, y
en España 19.980 (datos del 20 de marzo). También Corea del Sur ha superado ya la peor
fase, lo mismo que Japón. Incluso China, el país de origen de la pandemia, la tiene ya
bastante controlada. Pero ni en Taiwán ni en Corea se ha decretado la prohibición de salir de
casa ni se han cerrado las tiendas y los restaurantes. Entre tanto ha comenzado un éxodo de
asiáticos que salen de Europa. Chinos y coreanos quieren regresar a sus países, porque ahí
se sienten más seguros. Los precios de los vuelos se han multiplicado. Ya apenas se pueden
conseguir billetes de vuelo para China o Corea.
Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Parece que
Europa no puede controlar la pandemia. En Italia mueren a diario cientos de
personas. Quitan los respiradores a los pacientes ancianos para ayudar a los jóvenes. Pero
también cabe observar sobreactuaciones inútiles. Los cierres de fronteras son evidentemente
una expresión desesperada de soberanía. Nos sentimos de vuelta en la época de la soberanía.
El soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Es soberano quien cierra fronteras.
Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada. Serviría de mucha más
ayuda cooperar intensamente dentro de la Eurozona que cerrar fronteras a lo loco. Entre tanto
también Europa ha decretado la prohibición de entrada a extranjeros: un acto totalmente
absurdo en vista del hecho de que Europa es precisamente adonde nadie quiere venir. Como
mucho, sería más sensato decretar la prohibición de salidas de europeos, para proteger al
mundo de Europa. Después de todo, Europa es en estos momentos el epicentro de la
pandemia.

Las ventajas de Asia


En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes
para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong,
Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural
(confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa.
También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón
la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para
enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan
que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos,
sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de
paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital
proclamarían que el big data salva vidas humanas.
La conciencia crítica ante la vigilancia digital es en Asia prácticamente inexistente. Apenas
se habla ya de protección de datos, incluso en Estados liberales como Japón y Corea. Nadie
se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos. Entre tanto China ha
introducido un sistema de crédito social inimaginable para los europeos, que permite una
valoración o una evaluación exhaustiva de los ciudadanos. Cada ciudadano debe ser
evaluado consecuentemente en su conducta social. En China no hay ningún momento de la
vida cotidiana que no esté sometido a observación. Se controla cada clic, cada compra, cada
contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, a quien
tiene trato con críticos del régimen o a quien pone comentarios críticos en las redes sociales
le quitan puntos. Entonces la vida puede llegar a ser muy peligrosa. Por el contrario, a quien
compra por Internet alimentos sanos o lee periódicos afines al régimen le dan puntos. Quien
tiene suficientes puntos obtiene un visado de viaje o créditos baratos. Por el contrario, quien
cae por debajo de un determinado número de puntos podría perder su trabajo. En China es
posible esta vigilancia social porque se produce un irrestricto intercambio de datos entre los
proveedores de Internet y de telefonía móvil y las autoridades. Prácticamente no existe la
protección de datos. En el vocabulario de los chinos no aparece el término “esfera privada”.
En China hay 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una
técnica muy eficiente de reconocimiento facial. Captan incluso los lunares en el rostro. No
es posible escapar de la cámara de vigilancia. Estas cámaras dotadas de inteligencia artificial
pueden observar y evaluar a todo ciudadano en los espacios públicos, en las tiendas, en las
calles, en las estaciones y en los aeropuertos.
Toda la infraestructura para la vigilancia digital ha resultado ser ahora sumamente eficaz
para contener la epidemia. Cuando alguien sale de la estación de Pekín es captado
automáticamente por una cámara que mide su temperatura corporal. Si la temperatura es
preocupante todas las personas que iban sentadas en el mismo vagón reciben una notificación
en sus teléfonos móviles. No en vano el sistema sabe quién iba sentado dónde en el tren. Las
redes sociales cuentan que incluso se están usando drones para controlar las cuarentenas. Si
uno rompe clandestinamente la cuarentena un dron se dirige volando a él y le ordena regresar
a su vivienda. Quizá incluso le imprima una multa y se la deje caer volando, quién sabe. Una
situación que para los europeos sería distópica, pero a la que, por lo visto, no se ofrece
resistencia en China.
Los Estados asiáticos tienen una mentalidad autoritaria. Y los ciudadanos son más
obedientes
Ni en China ni en otros Estados asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán
o Japón existe una conciencia crítica ante la vigilancia digital o el big data. La digitalización
directamente los embriaga. Eso obedece también a un motivo cultural. En Asia impera el
colectivismo. No hay un individualismo acentuado. No es lo mismo el individualismo que
el egoísmo, que por supuesto también está muy propagado en Asia.
Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de
fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa. Sin embargo, a causa de la
protección de datos no es posible en Europa un combate digital del virus comparable al
asiático. Los proveedores chinos de telefonía móvil y de Internet comparten los datos
sensibles de sus clientes con los servicios de seguridad y con los ministerios de salud. El

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Estado sabe por tanto dónde estoy, con quién me encuentro, qué hago, qué busco, en qué
pienso, qué como, qué compro, adónde me dirijo. Es posible que en el futuro el Estado
controle también la temperatura corporal, el peso, el nivel de azúcar en la sangre, etc. Una
biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a las
personas.
En Wuhan se han formado miles de equipos de investigación digitales que buscan posibles
infectados basándose solo en datos técnicos. Basándose únicamente en análisis de
macrodatos averiguan quiénes son potenciales infectados, quiénes tienen que seguir siendo
observados y eventualmente ser aislados en cuarentena. También por cuanto respecta a la
pandemia el futuro está en la digitalización. A la vista de la epidemia quizá deberíamos
redefinir incluso la soberanía. Es soberano quien dispone de datos. Cuando Europa proclama
el estado de alarma o cierra fronteras sigue aferrada a viejos modelos de soberanía.
La lección de la epidemia debería devolver la fabricación de ciertos productos médicos y
farmacéuticos a Europa
No solo en China, sino también en otros países asiáticos la vigilancia digital se emplea a
fondo para contener la epidemia. En Taiwán el Estado envía simultáneamente a todos los
ciudadanos un SMS para localizar a las personas que han tenido contacto con infectados o
para informar acerca de los lugares y edificios donde ha habido personas contagiadas. Ya en
una fase muy temprana, Taiwán empleó una conexión de diversos datos para localizar a
posibles infectados en función de los viajes que hubieran hecho. Quien se aproxima en Corea
a un edificio en el que ha estado un infectado recibe a través de la “Corona-app” una señal
de alarma. Todos los lugares donde ha habido infectados están registrados en la aplicación.
No se tiene muy en cuenta la protección de datos ni la esfera privada. En todos los edificios
de Corea hay instaladas cámaras de vigilancia en cada piso, en cada oficina o en cada tienda.
Es prácticamente imposible moverse en espacios públicos sin ser filmado por una cámara de
vídeo. Con los datos del teléfono móvil y del material filmado por vídeo se puede crear el
perfil de movimiento completo de un infectado. Se publican los movimientos de todos los
infectados. Puede suceder que se destapen amoríos secretos. En las oficinas del ministerio
de salud coreano hay unas personas llamadas “tracker” que día y noche no hacen otra cosa
que mirar el material filmado por vídeo para completar el perfil del movimiento de los
infectados y localizar a las personas que han tenido contacto con ellos.
Ha comenzado un éxodo de asiáticos en Europa. Quieren regresar a sus países porque ahí se
sienten más seguros
Una diferencia llamativa entre Asia y Europa son sobre todo las mascarillas protectoras. En
Corea no hay prácticamente nadie que vaya por ahí sin mascarillas respiratorias especiales
capaces de filtrar el aire de virus. No son las habituales mascarillas quirúrgicas, sino unas
mascarillas protectoras especiales con filtros, que también llevan los médicos que tratan a
los infectados. Durante las últimas semanas, el tema prioritario en Corea era el suministro
de mascarillas para la población. Delante de las farmacias se formaban colas enormes. Los
políticos eran valorados en función de la rapidez con la que las suministraban a toda la
población. Se construyeron a toda prisa nuevas máquinas para su fabricación. De momento
parece que el suministro funciona bien. Hay incluso una aplicación que informa de en qué
farmacia cercana se pueden conseguir aún mascarillas. Creo que las mascarillas protectoras,
de las que se ha suministrado en Asia a toda la población, han contribuido de forma decisiva
a contener la epidemia.
Los coreanos llevan mascarillas protectoras antivirus incluso en los puestos de trabajo. Hasta
los políticos hacen sus apariciones públicas solo con mascarillas protectoras. También el

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

presidente coreano la lleva para dar ejemplo, incluso en las conferencias de prensa. En Corea
lo ponen verde a uno si no lleva mascarilla. Por el contrario, en Europa se dice a menudo
que no sirven de mucho, lo cual es un disparate. ¿Por qué llevan entonces los médicos las
mascarillas protectoras? Pero hay que cambiarse de mascarilla con suficiente frecuencia,
porque cuando se humedecen pierden su función filtrante. No obstante, los coreanos ya han
desarrollado una “mascarilla para el coronavirus” hecha de nano-filtros que incluso se puede
lavar. Se dice que puede proteger a las personas del virus durante un mes. En realidad es
muy buena solución mientras no haya vacunas ni medicamentos. En Europa, por el contrario,
incluso los médicos tienen que viajar a Rusia para conseguirlas. Macron ha mandado
confiscar mascarillas para distribuirlas entre el personal sanitario. Pero lo que recibieron
luego fueron mascarillas normales sin filtro con la indicación de que bastarían para proteger
del coronavirus, lo cual es una mentira. Europa está fracasando. ¿De qué sirve cerrar tiendas
y restaurantes si las personas se siguen aglomerando en el metro o en el autobús durante las
horas punta? ¿Cómo guardar ahí la distancia necesaria? Hasta en los supermercados resulta
casi imposible. En una situación así, las mascarillas protectoras salvarían realmente vidas
humanas. Está surgiendo una sociedad de dos clases. Quien tiene coche propio se expone a
menos riesgo. Incluso las mascarillas normales servirían de mucho si las llevaran los
infectados, porque entonces no lanzarían los virus afuera.
En la época de las ‘fake news’, surge una apatía hacia la realidad. Aquí, un virus real, no
informático, causa conmoción
En los países europeos casi nadie lleva mascarilla. Hay algunos que las llevan, pero son
asiáticos. Mis paisanos residentes en Europa se quejan de que los miran con extrañeza
cuando las llevan. Tras esto hay una diferencia cultural. En Europa impera un individualismo
que trae aparejada la costumbre de llevar la cara descubierta. Los únicos que van
enmascarados son los criminales. Pero ahora, viendo imágenes de Corea, me he
acostumbrado tanto a ver personas enmascaradas que la faz descubierta de mis
conciudadanos europeos me resulta casi obscena. También a mí me gustaría llevar mascarilla
protectora, pero aquí ya no se encuentran.
En el pasado, la fabricación de mascarillas, igual que la de tantos otros productos, se
externalizó a China. Por eso ahora en Europa no se consiguen mascarillas. Los Estados
asiáticos están tratando de proveer a toda la población de mascarillas protectoras. En China,
cuando también ahí empezaron a ser escasas, incluso reequiparon fábricas para producir
mascarillas. En Europa ni siquiera el personal sanitario las consigue. Mientras las personas
se sigan aglomerando en los autobuses o en los metros para ir al trabajo sin mascarillas
protectoras, la prohibición de salir de casa lógicamente no servirá de mucho. ¿Cómo se puede
guardar la distancia necesaria en los autobuses o en el metro en las horas punta? Y una
enseñanza que deberíamos sacar de la pandemia debería ser la conveniencia de volver a traer
a Europa la producción de determinados productos, como mascarillas protectoras o
productos medicinales y farmacéuticos.
A pesar de todo el riesgo, que no se debe minimizar, el pánico que ha desatado la pandemia
de coronavirus es desproporcionado. Ni siquiera la “gripe española”, que fue mucho más
letal, tuvo efectos tan devastadores sobre la economía. ¿A qué se debe en realidad esto? ¿Por
qué el mundo reacciona con un pánico tan desmesurado a un virus? Emmanuel Macron habla
incluso de guerra y del enemigo invisible que tenemos que derrotar. ¿Nos hallamos ante un
regreso del enemigo? La “gripe española” se desencadenó en plena Primera Guerra Mundial.
En aquel momento todo el mundo estaba rodeado de enemigos. Nadie habría asociado la
epidemia con una guerra o con un enemigo. Pero hoy vivimos en una sociedad totalmente
distinta.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

En realidad hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos. La guerra fría
terminó hace mucho. Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado
a zonas lejanas. Hace exactamente diez años sostuve en mi ensayo La sociedad del
cansancio la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma
inmunológico, que se basa en la negatividad del enemigo. Como en los tiempos de la guerra
fría, la sociedad organizada inmunológicamente se caracteriza por vivir rodeada de fronteras
y de vallas, que impiden la circulación acelerada de mercancías y de capital. La globalización
suprime todos estos umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la
promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos
vitales, eliminan la negatividad del desconocido o del enemigo. Los peligros no acechan hoy
desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como
exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación. La negatividad del
enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva. La represión a cargo
de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación
voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo
contra sí mismo.
Umbrales inmunológicos y cierre de fronteras.
Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del
capitalismo global irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales
inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros
mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. El pánico desmedido en vista
del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción
inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin
enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror
permanente.
Pero hay otro motivo para el tremendo pánico. De nuevo tiene que ver con la digitalización.
La digitalización elimina la realidad. La realidad se experimenta gracias a la resistencia que
ofrece, y que también puede resultar dolorosa. La digitalización, toda la cultura del “me
gusta”, suprime la negatividad de la resistencia. Y en la época posfáctica de las fake news y
los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus
de ordenador, el que causa una conmoción. La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar
en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica
en función de esta conmoción por la realidad.
La reacción pánica de los mercados financieros a la epidemia es además la expresión de
aquel pánico que ya es inherente a ellos. Las convulsiones extremas en la economía mundial
hacen que esta sea muy vulnerable. A pesar de la curva constantemente creciente del índice
bursátil, la arriesgada política monetaria de los bancos emisores ha generado en los últimos
años un pánico reprimido que estaba aguardando al estallido. Probablemente el virus no sea
más que la pequeña gota que ha colmado el vaso. Lo que se refleja en el pánico del mercado
financiero no es tanto el miedo al virus cuanto el miedo a sí mismo. El crash se podría haber
producido también sin el virus. Quizá el virus solo sea el preludio de un crash mucho mayor.
Zizek afirma que el virus asesta un golpe mortal al capitalismo, y evoca un oscuro
comunismo. Se equivoca
Žižek afirma que el virus ha asestado al capitalismo un golpe mortal, y evoca un oscuro
comunismo. Cree incluso que el virus podría hacer caer el régimen chino. Žižek se equivoca.
Nada de eso sucederá. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo
de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aún con más

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza. Y los turistas
seguirán pisoteando el planeta. El virus no puede reemplazar a la razón. Es posible que
incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino. Como ya ha
dicho Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo
sistema de gobierno. También la instauración del neoliberalismo vino precedida a menudo
de crisis que causaron conmociones. Es lo que sucedió en Corea o en Grecia. Ojalá que tras
la conmoción que ha causado este virus no llegue a Europa un régimen policial digital como
el chino. Si llegara a suceder eso, como teme Giorgio Agamben, el estado de excepción
pasaría a ser la situación normal. Entonces el virus habría logrado lo que ni siquiera el
terrorismo islámico consiguió del todo.
El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus
es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún
sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia
supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad
que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la
revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana.
Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y
restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva
movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta.
Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista surcoreano que imparte clases en la Universidad
de las Artes de Berlín. Autor, entre otras obras, de ‘La sociedad del cansancio’, publicó hace
un año ‘Loa a la tierra’, en la editorial Herder.
Traducción de Alberto Ciria.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La pandemia como coartada


El intento de acaparar poder amparándose en la
emergencia por parte de algunos líderes políticos alerta
del riesgo que corren las democracias en tiempos de
vulnerabilidad como los actuales
MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO

El atropello de las instituciones que conforman la espina dorsal de nuestras democracias es


siempre indicio de autoritarismo, y por eso dispara las alarmas. Pero arremeter contra las
instancias que garantizan un Estado de derecho —con todas las deficiencias que se quiera,
pero legalista— en circunstancias excepcionales como las que vivimos es, además, una
muestra de indecencia. Amparados en la crisis del coronavirus —la pandemia como gran
coartada—, algunos líderes políticos están dando un recital de impudicia.
La Hungría de Orbán pretende extender sine die el estado de excepción para gobernar por
decreto, y así poder meter en la cárcel, hasta cinco años, a aquellos periodistas que difundan
noticias falsas —id est, las que él considere que lo son— sobre la Covid-19. En Israel, el
Likud ha intentado secuestrar el Parlamento provocando un grave bloqueo en momentos en
los que se necesita precisamente lo contrario, acciones de consuno. Ambos hechos suceden
estos días, de los pocos que se sustraen —y no del todo— al coronavirus.
Ambas maniobras son comprensibles viniendo como vienen de líderes fuertes, autoritarios,
como Orbán, que puede sacar adelante su propósito gracias a la mayoría absoluta de que
goza, o un Netanyahu que se resiste a perder el poder (y la inmunidad que conlleva)
instrumentando arteramente la emergencia mediante una jugada maestra. Pero lo más grave
es que llueven sobre mojado: sobre el terreno propicio de una creciente desafección
democrática, abonado hoy por el miedo. El último estudio del Centro para el Futuro de la
Democracia de la Universidad de Cambridge constata que la insatisfacción ciudadana con la
democracia no ha dejado de aumentar en los países desarrollados desde 1995 —inicio de la
investigación—, hasta alcanzar el año pasado un nada despreciable rango del 48% al 58%,
según los 154 países objeto de la muestra. Desafección significa frustración, expectativas
truncadas por la gran crisis de 2008 —y vértigo ante el abismo económico que viene—, un
acre sentimiento de desubicación en el concierto, o desconcierto, global. La clase media
abocada al mórbido declive de comunidades enteras. En esta prolongada depresión
emocional y material, vivida como un extrañamiento forzoso ya antes del confinamiento,
caen cual chaparrón sobre el desierto las baladronadas de estos líderes, máxime ante el
incierto día después de la emergencia. Porque Orbán, Netanyahu, Bolsonaro y el resto de
innombrables tienen más eco en una sociedad atenazada por el miedo.
Por eso, cuando se discute la pertinencia de las metáforas bélicas para glosar la lucha contra
el virus, convendría remendar el lenguaje, tan disminuido tras lustros de bulos y
posverdades. Reasumir, resignificándolas, palabras clave hace tiempo en desuso que nos
harán más fuertes para superar la pandemia y esquivar los ardides de quienes intenten sacar
provecho de ella: decoro, sacrificio, entereza, entrega, conmiseración, deber, disciplina...
Desprovistas de todo sesgo religioso o militarista, simple y llanamente como ejercicios de
autodefensa.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La Sociedad de Riesgo Mundial:


coronavirus, miedo y plagas globales
Henry A. Pinto Dávalos

Fue Ulrich Beck, con su libro ‘La Sociedad del Riesgo.Hacia una nueva modernidad’ -
publicado en el año 1986 (la edición en castellano es de Paidós, del año 1998) - que ha dado
lugar a un nuevo enfoque en la disciplina que podríamos denominar “sociología del riesgo”,
ya que tratar de comprender los retos de esta nueva o ‘segunda’ modernidad que vivimos
hoy, caracterizada, como bien él apunta, por el nacimiento de un peligro global compartido
que sacude y pone en tela de juicio la seguridad misma de la sociedad mundial, llevándonos
a la necesidad de emplear un nuevo marco de referencia para comprender esta sociedad del
riesgo global. De hecho, va a ser Ulrich Beck quien va a destacar que uno de los rasgos
esenciales de estos tiempos, es la existencia de ‘riesgos no localizados’, y la existencia de
un ‘peligro global’ expresado principalmente en (i) las crisis ecológicas; (ii) las crisis
financieras globales y (iii) las redes terroristas internacionales.
Visto así, Beck, es uno de los teóricos en las ciencias sociales más destacados en cuanto a
buscar vías cognitivas para entender los procesos de cambio en las instituciones de vida del
hombre en la cultura y la sociedad, invitandonos a reflexionar, desde las ciencias sociales,
en especial desde la sociología y la politología, a la sociedad en sus entornos conflictivos
para pensar el futuro de las instituciones del hombre en su quehacer social y cultural. De
hecho, Beck observa en su libro lo siguiente: ‘[...] riesgo es el enfoque moderno de la
previsión y control de las consecuencias futuras de la acción humana, las diversas
consecuencias no deseadas de la modernización radicalizada. Es un intento
(institucionalizado) de colonizar el futuro, un mapa cognitivo. Toda sociedad [...] ha
experimentado peligros. Pero el régimen de riesgo es una función de un orden nuevo: no es
nacional, sino global’ (p. 5).
La existencia de esta ‘globalidad de peligros’, de ‘amenazas transnacionales’, a su vez ponen
en jaque los viejos conceptos soberanos del Estado, ya que estos peligros compartidos como
el caso del coronavirus – COVID 19, solo pueden enfrentarse en el marco de una alianza
global, que supere el unilateralismo diplomático, frente a estos riegos ‘no localizados’; de
hecho, va a destacar la necesidad de consolidar una ‘cooperación transnacional’, que permita
superar intereses locales y ‘transnacionalizar’ alianzas en pos de soluciones y políticas
compartidas, invitándonos a transitar de la vieja noción soberana de ‘Estado vigilante’ hacia
una de ‘Estado abierto al mundo’, dando paso a un ‘Sistema de Estados Cosmopolita’ basado
en el reconocimiento de la otredad legitima de los demás actores.
Los recientes sucesos en torno al COVID 19 o coronavirus, en los hechos van a confirmar
en parte las previsiones expuestas por Beck en sentido de que hoy más que nunca, el mundo
se vio amenazado por un peligro global compartido, que no fue una red terrorista ni una
crisis financiera internacional, sino algo más sutil: una plaga microbiológica global, capaz
de rebasas fronteras sin ser vista, menos vigilada, generando una crisis de salud pública
generalizada, que en los más de los casos han recibido respuestas soberanas desde la vieja
concepción de Estado: aislándose, cerrando fronteras, cuarentenas colectivas más duras
incluso que los estados de sitio de las dictaduras del Plan Cóndor, restricciones migratorias
y disminución descarada de derechos y libertades democráticas.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Es así cómo empezamos esta nueva era de plagas microbiológicas compartidas que bien
puede marcar un tiempo distinto a nivel mundial, una suerte de reconfiguración de las
relaciones internacionales, azuzados esta vez no por un avión con insurgentes islámicos, ni
tampoco por una bomba nuclear, sino por millones de bacterias, invisibles, diminutas,
imperceptibles pero letales, que han puesto en jaque a todos los gobiernos del mundo,
traspasando fronteras sin necesidad de visas, autorización o pasaporte; generando muchas
muertes sin disparar una arma ni detonar una bomba, así como también inmovilizado
ejércitos enteros sin declararles previamente la guerra, muestra suficientes de esta sociedad
de riesgo global en la que vivimos hoy, donde los viejos conceptos de soberanía, seguridad
nacional, estado, territorio, fronteras y guerra asumen otros contornos y contenidos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La política anticapitalista en la época del


COVID-19
Por David Harvey

Cuando trato de interpretar, entender y analizar el flujo diario de las noticias, tiendo a ubicar
lo que está sucediendo en el contexto de dos maneras un tanto distintas (y cruzados) que
aspiran a explicar cómo funciona el capitalismo.
El primer nivel es un mapeo de las contradicciones internas de la circulación y acumulación
del capital como flujos de valor monetario en busca de ganancias a través de los diferentes
«momentos» (como los llama Marx) de producción, realización (consumo), distribución y
reinversión. Este modelo de la economía capitalista como una espiral de expansión y
crecimiento sin fin, se complica bastante a medida que se elabora a través de, por ejemplo,
los lentes de las rivalidades geopolíticas, desarrollos geográficos desiguales, instituciones
financieras, políticas estatales, reconfiguraciones tecnológicas y un red siempre cambiante
de las divisiones del trabajo y de las relaciones sociales.
Sin embargo, también creo que este modelo debe inscribirse en un contexto más amplio de
reproducción social (en los hogares y las comunidades), en una relación metabólica
permanente y en constante evolución con la naturaleza (incluida la «segunda naturaleza» de
la urbanización y el entorno construido) y todo tipo de formaciones culturales, científicas
(basadas en el conocimiento), religiosas y sociales contingentes, que las poblaciones
humanas suelen crear a través del espacio y el tiempo.
Estos últimos «momentos» incorporan la expresión activa de los deseos, necesidades y
anhelos humanos, el ansia de conocimiento y significado y la búsqueda evolutiva de la
satisfacción en un contexto de arreglos institucionales cambiantes, disputas políticas,
enfrentamientos ideológicos, pérdidas, derrotas, frustraciones y alienaciones, todo ello en un
mundo de marcada diversidad geográfica, cultural, social y política.
Este segunda manera constituye, por así decirlo, mi comprensión de trabajo del capitalismo
global como una formación social distintiva, mientras que el primero trata de las
contradicciones dentro del motor económico que impulsa esta formación social a lo largo de
ciertos caminos de su evolución histórica y geográfica.

En espiral
Cuando el 26 de enero de 2020 leí por primera vez acerca de un coronavirus – que ganaba
terreno en China – pensé inmediatamente en las repercusiones para la dinámica mundial de
la acumulación de capital. Sabía por mis estudios del modelo económico que los bloqueos
(encierros) y las interrupciones en la continuidad del flujo de capital provocarían
devaluaciones y que si las devaluaciones se generalizaban y se hacían profundas, eso
indicaría el inicio de una crisis.
También sabía muy bien que China es la segunda economía más grande del mundo y que
fue la potencia que rescató al capitalismo mundial tras el período 2007-2008. Por tanto
cualquier golpe a la economía de China estaba destinado a tener graves consecuencias para
una economía global que, en cualquier caso, ya se encontraba en una situación lamentable.

128
Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El modo existente de acumulación de capital está en muchos problemas. Se estaban


produciendo movimientos de protesta en casi todas partes (desde Santiago hasta Beirut),
muchos de los cuales se centraban en que un modelo económico dominante que no funciona
para la mayoría de la población.
Este modelo neoliberal se basa cada vez más en el capital ficticio y en una gran expansión
de la oferta monetaria y en la creación masiva de deuda. Este modelo ya estaba enfrentando
una insuficiente “demanda efectiva” para “realizar” los valores que el capital es capaz de
producir.
Entonces, ¿cómo podría el sistema económico dominante, con su legitimidad decadente y su
delicada salud, absorber y sobrevivir al inevitable impacto de una pandemia de la magnitud
que enfrentamos?
La respuesta depende en gran medida del tiempo que dure la perturbación, ya que, como
señaló Marx, la devaluación no se produce porque los productos básicos no se puedan
vender, sino porque no se pueden vender a tiempo.
Durante mucho tiempo había rechazado la idea de que la «naturaleza» estuviera fuera y
separada de la cultura, la economía y la vida cotidiana. He adoptado un punto de vista más
dialéctico de la relación metabólica con la naturaleza. El capital modifica las condiciones
ambientales de su propia reproducción, pero lo hace en un contexto de consecuencias no
deseadas (como el cambio climático) y en el contexto de fuerzas evolutivas autónomas e
independientes que están reconfigurando perpetuamente las condiciones ambientales.
Desde este punto de vista, no existe un verdadero desastre “natural”. Los virus mutan todo
el tiempo para estar seguros. Pero las circunstancias en las que una mutación se convierte en
una amenaza para la vida dependen de las acciones humanas.
Hay dos aspectos relevantes en esto. Primero, las condiciones ambientales favorables
aumentan la probabilidad de mutaciones poderosas. Por ejemplo, es plausible esperar que el
suministro de alimentos intensivos (o caprichosos) en los sub-trópicos húmedos puedan
contribuir a ello. Tales sistemas existen en muchos lugares, incluyendo la China al sur del
Yangtsé y todo el Sudeste Asiático.
En segundo lugar, las condiciones que favorecen la rápida transmisión varían
considerablemente. Las poblaciones humanas de alta densidad parecen ser un blanco fácil
para los huéspedes. Es bien sabido que las epidemias de sarampión, por ejemplo, sólo
florecen en los grandes centros de población urbana pero mueren rápidamente en las regiones
poco pobladas. La forma en que los seres humanos interactúan entre sí, se mueven, se
disciplinan u olvidan lavarse las manos afecta a la forma en que se transmiten las
enfermedades.
En los últimos tiempos el SRAS, la gripe aviar y la gripe porcina parecen haber salido del
sudeste asiático. China también ha sufrido mucho con la peste porcina en el último año,
obligando a una matanza masiva de cerdos y al consiguiente aumento de los precios de la
carne de cerdo. No digo todo esto para acusar a China.
Hay muchos otros lugares donde los riesgos ambientales de mutación y difusión viral son
altos. La Gripe Española de 1918 puede haber salido de Kansas.El VIH puede haber
incubado en Africa, el Ébola se inició en el Nilo Occidental y el Dengue parece haber
florecido en América Latina. Pero los impactos económicos y demográficos de la
propagación de los virus dependen de las grietas y vulnerabilidades preexistentes en el
sistema económico hegemónico.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

No me sorprendió demasiado que COVID-19 se encontrara inicialmente en Wuhan (aunque


todavía se desconoce si se originó allí). Claramente los efectos locales pueden llegar a ser
importantes . Pero dado que este es un gran centro de producción, su impacto puede tener
repercusiones económicas globales.
La gran pregunta es cómo ocurre el contagio y su difusión y cuánto tiempo durará (hasta que
se pudiera encontrar una vacuna). La experiencia anterior ha demostrado que uno de los
inconvenientes de la creciente globalización es lo imposible que es detener una rápida
difusión internacional de nuevas enfermedades. Vivimos en un mundo altamente conectado
donde casi todo el mundo viaja. Las redes humanas de difusión potencial son vastas y
abiertas. El peligro (económico y demográfico) es que la interrupción dure un año o más.
Si bien hubo un descenso inmediato en los mercados de valores mundiales cuando se dio la
noticia, fue sorprendentemente seguido por alza de los mercados. Las noticias parecían
indicar que los negocios eran normales en todas partes, excepto en China.
La creencia parecía ser que íbamos a experimentar una repetición del SRAS, que fue
rápidamente contenido y tuvo un bajo impacto mundial, a pesar de su alta tasa de mortalidad.
Después nos dimos cuenta que el SRAS creó un pánico innecesario en los mercados
financieros. Entonces, cuando apareció COVID-19, la reacción fue presentarlo como una
repetición del SRAS, y por lo tanto ahora la preocupación era injustificada.
El hecho de que la epidemia hiciera estragos en China, movió rápida y despiadadamente al
resto del mundo a tratar erróneamente el problema como algo que ocurría «allá» y, por lo
tanto, fuera de la vista y de la mente de nosotros los occidentales (acompañado de signos de
xenofobia contra los chinos).
El virus que teóricamente habría detenido del crecimiento histórico de China fue incluso
recibido con alegría en ciertos círculos de la administración Trump.
Sin embargo, en pocos días, se produjo una interrupción de las cadenas de suministros
mundiales , muchas de las cuales pasan por Wuhan. Estas noticias fueron ignoradas o
tratadas como problemas para determinadas líneas de productos o de algunas corporaciones
(como Apple). Las devaluaciones eran locales y particulares y no sistémicas.
También se minimizó, la caída de la demanda de los consumidores – aunque algunas
corporaciones, como McDonald’s y Starbucks, que tenían operaciones dentro del mercado
interno chino tuvieron que cerrar sus puertas -. La coincidencia del Año Nuevo Chino con
el brote del virus enmascaró los impactos a lo largo de todo el mes de enero. Y la
autocomplacencia de occidente se ha demostrado escandalosamente fuera de lugar.
Las primeras noticias de la propagación internacional del virus fueron ocasionales y
episódicas, con un grave brote en Corea del Sur y en algunos otros puntos calientes como
Irán. Fue el brote italiano el que provocó la primera reacción violenta. La caída del mercado
de valores a mediados de febrero osciló un poco, pero a mediados de marzo había llevado a
una devaluación neta de casi el 30% en los mercados de valores de todo el mundo.
La escalada exponencial de las infecciones provocó una serie de respuestas a menudo
incoherentes y a veces de pánico. El Presidente Trump realizó una imitación del Rey Canuto
frente a una potencial marea de enfermedades y muertes.
Algunas de las respuestas han sido extrañas. El hecho de que la Reserva Federal bajara los
tipos de interés ante un virus parecía insólito, incluso cuando se reconocía que la medida
tenía por objeto aliviar el impacto en los mercado en lugar de frenar el progreso del virus.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Las autoridades públicas y los sistemas de atención de la salud fueron sorprendidos en casi
en todas partes por la escasez de mano de obra. Cuarenta años de neoliberalismo en toda
América del Norte y del Sur y en Europa han dejado a la población totalmente expuesta y
mal preparada para hacer frente a una crisis de salud pública de este tipo, esto a pesar que
anteriores epidemias -provocadas por el SRAS y el Ébola – proporcionaron abundantes
advertencias y lecciones sobre lo que se deberíamos hacer.
En muchas partes del mundo supuestamente «civilizado», los gobiernos locales y las
autoridades estatales – que invariablemente constituyen la primera línea de defensa en las
emergencias de salud pública- se habían visto privados de fondos gracias a una política de
austeridad destinada a financiar recortes de impuestos y subsidios a las empresas y a los
ricos.
Las grandes farmacéuticas tiene poco o ningún interés en la investigación no remunerada de
enfermedades infecciosas (como los coronavirus que se conocen desde los años 60). La
“Gran Farma” rara vez invierte en prevención. Tiene poco interés en invertir ante una crisis
de salud pública. Solo se dedica a diseñar curas. Cuanto más enfermos estamos, más ganan.
La prevención no es una fuente de ingresos para sus accionistas.
El modelo de negocio aplicado a la salud pública eliminó la capacidad que se requeriría para
enfrentar una emergencia. La prevención no era ni siquiera un campo de trabajo lo
suficientemente atractivo como para justificar las asociaciones público-privadas.
El Presidente Trump había recortado el presupuesto del Centro de Control de Enfermedades
y disuelto el grupo de trabajo sobre pandemia del Consejo de Seguridad Nacional, con el
mismo espíritu con el que había recortado toda la financiación de la investigación, incluida
la relativa al cambio climático.
Si quisiera ser antropomórfico y metafórico, concluiría que el COVID-19 es la venganza de
la naturaleza por más de cuarenta años de maltrato burdo y abusivo del medio ambiente, a
manos de un extractivismo neoliberal violento y no regulado.
Tal vez sea sintomático que los países menos neoliberales, China y Corea del Sur, Taiwán y
Singapur, hayan superado hasta ahora la pandemia en mejor forma que Italia.
Hay muchas pruebas de que China manejó inicialmente mal la pasada epidemia del SARS.
Pero esta vez con el CONVI-19 el Presidente Xi se apresuró en ordenar total transparencia;
tanto en la presentación de informes como en las pruebas.
Aun así, China perdió un tiempo valioso ( fueron sólo unos pocos días, pero importantes).
Sin embargo , lo que ha sido notable en que China, logro confinar la epidemia a la provincia
de Hubei con Wuhan en su centro. La epidemia no se trasladó a Beijing ni al Oeste, ni más
al Sur.
Las medidas tomadas para confinar el virus geográficamente fueron draconianas. Sería
difícil replicarlas en otro lugar por razones políticas, económicas y culturales. China y
Singapur desplegaron sus poderes de vigilancia personal. Al parecer han sido
extremadamente eficaces, aunque si estas medidas se hubieran puesto en marcha sólo unos
días antes, se podrían haber evitado muchas muertes.
Esta es una información importante: en cualquier proceso de crecimiento exponencial hay
un punto de inflexión más allá del cual la masa ascendente se descontrola totalmente
(obsérvese aquí, la importancia de la masa en relación con la tasa). El hecho de que Trump

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

haya perdido el tiempo durante tantas semanas puede resultar costoso en muchas vidas
humanas.
Los efectos económicos están ahora fuera de control sobre todo fuera de China. Las
perturbaciones que se produjeron en las cadenas de valor de las empresas y en ciertos
sectores resultaron más sistémicas y sustanciales de lo que se pensaba originalmente.
El efecto a largo plazo puede consistir en acortar o diversificar las cadenas de suministros y,
al mismo tiempo, avanzar hacia formas de producción que requieran menos mano de obra
(con enormes repercusiones en el empleo) y a una mayor dependencia de los sistemas de
producción con inteligencia artificial.
La interrupción de las cadenas de producción conllevan el despido o la cesantía de muchos
trabajadores, lo que disminuirá la demanda final, mientras que la demanda de materias
primas está disminuyendo el consumo productivo. Estos impactos por el lado de la demanda
producirán por sí mismos una recesión.
Pero la mayor vulnerabilidad del sistema esta enquistada en otro lugar. Los modos de
consumismo que explotaron después de 2007-8 se han estrellado con consecuencias
devastadoras. Estos modos se basaban en reducir el tiempo de rotación del consumo lo más
cerca del cero.
La avalancha de inversiones en estas formas de consumismo tuvo todo que ver con la
máxima absorción de volúmenes de capital mediante el aumento exponencial de las formas
de consumismo, que tienen , a su vez , el menor tiempo de rotación posible.
En este sentido turismo internacional es emblemático. Las visitas internacionales
aumentaron de 800 millones a 1.400 millones entre 2010 y 2018. Esta forma de consumismo
instantáneo requería inversiones masivas de infraestructura en aeropuertos y aerolíneas,
hoteles y restaurantes, parques temáticos y eventos culturales, etc.
Esta plaza de acumulación de capital ahora está muerto: las aerolíneas están cerca de la
quiebra, los hoteles están vacíos y el desempleo masivo en las industrias de la hospitalidad
es inminente. Comer fuera no es una buena idea. Los restaurantes y bares han sido cerrados
en muchos lugares. Incluso la comida para llevar parece arriesgada.
El vasto ejército de trabajadores de la economía del trabajo autónomo y del trabajo precario
está siendo destruido sin ningún medio visible de apoyo gubernamental. Eventos como
festivales culturales, torneos de fútbol y baloncesto, conciertos, convenciones empresariales
y profesionales, e incluso reuniones políticas y elecciones son canceladas. Estas formas de
consumismo vivencial «basadas en eventos» están prácticamente suprimidas . Los ingresos
de los gobiernos locales se han reducido. Las universidades y escuelas están cerrando.
Gran parte del modelo de vanguardia del consumismo capitalista contemporáneo es
inoperante en las condiciones actuales. El impulso hacia lo que André Gorz describe como
«consumismo compensatorio» ha sido aplastado. ( un recurso que suponía que los
trabajadores alienados podrían recuperar su espíritu a través de un paquete de vacaciones en
una playa tropical)
Pero las economías capitalistas contemporáneas están impulsadas en un 70 o incluso 80 por
ciento por el consumismo. En los últimos cuarenta años, los sentidos básicos del consumidor
se han convertido en la clave para la movilización de la demanda efectiva y el capital se ha
vuelto cada vez más dependiente de estas demandas, artificiales en muchos casos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Esta fuente de energía económica no había estado sujeta a fluctuaciones repentinas – como
la erupción volcánica de Islandia que bloqueó los vuelos transatlánticos durante un par de
semanas. Pero el COVID-19 no es una fluctuación repentina. Es un shock verdaderamente
poderoso en el corazón del consumismo que domina en los países más prósperos.
La forma en espiral de acumulación de capital sin fin se está colapsando hacia adentro desde
una parte del mundo a la otra. Lo único que puede salvarla es un consumismo masivo
financiado por el gobierno, conjurado de la nada. Esto requerirá socializar toda la economía
de los Estados Unidos, por ejemplo, sin llamarlo socialismo por supuesto.

Las líneas del frente


Existe un conveniente mitología de que “las enfermedades infecciosas no reconocen barreras
y límites de clase”. Como muchos de esos dichos, hay una cierta verdad en esto. En las
epidemias de cólera del siglo XIX, la horizontalidad de la enfermedad entre clase sociales
fue lo suficientemente dramática como para dar lugar al nacimiento de un movimiento por
una sanidad pública (que más tarde se profesionalizó) y, que ha perdurado hasta hoy en día.
No ha quedado claro si este movimiento estuvo destinado a proteger a todos o sólo a las
clases altas. Pero hoy las diferencias de clase y los efectos sociales son una historia muy
diferente.
Ahora, el impacto económico y social se cuelan a través de las discriminaciones
«consuetudinarias» , que están instaladas en todas partes. Para empezar, la fuerza de trabajo
que trata a un creciente número de enfermos es típicamente sexista, y racializada en la mayor
parte del mundo occidental . Estos trabajadoras y trabajadores se aprecian fácilmente, por
ejemplo, en los servicios más despreciados, en los aeropuertos y otros sectores logísticos.
Esta «nueva clase trabajadora» está en la vanguardia y soporta el peso de ser la fuerza de
trabajo que más riesgo corre de contraer el virus por el carácter de sus empleos. Si tienen la
suerte de no contraer la enfermedad a probablemente serán despedidos más tarde debido a
la crisis económica que traerá la pandemia.
Está, también, la cuestión de quién puede trabajar en casa y quién no. Esto agudiza la división
social. No todos pueden permitirse el lujo de aislarse o ponerse en cuarentena (con o sin
remuneración) en caso de contacto o infección.
En los terremotos de Nicaragua (1973) y México D.F. (1995), aprendí en terreno que los
sismos fueron en realidad «un terremoto para los trabajadores y los pobres” .
Por tanto, la pandemia del COVID-19 exhibe todas las características de una pandemia de
clase, género y raza. Si bien los esfuerzos de mitigación están convenientemente encubiertos
en la retórica de que «todos estamos juntos en esta guerra», las prácticas, en particular por
parte de los gobiernos nacionales, sugieren motivaciones más aciagas.
La clase obrera contemporánea de los Estados Unidos (compuesta predominantemente por
afroamericanos, latinos y mujeres asalariadas) se enfrenta a una horrible elección : la
contaminación por el cuidado de los enfermos y el mantenimiento de la subsistencia
(repartidores de tiendas de comestibles, por ejemplo ) o el desempleo sin beneficios atención
sanitaria adecuada.
El personal asalariado (como yo) trabaja desde su casa y cobra su salario como antes,
mientras los directores generales se trasladan en jets privados y helicópteros.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Las fuerzas de trabajo en la mayor parte del mundo han sido socializadas durante mucho
tiempo para comportarse como buenos sujetos neoliberales (lo que significa culparse a sí
mismos o a Dios si algo sale mal pero nunca atreverse a sugerir que el capitalismo podría
ser el problema).
Pero incluso los buenos sujetos neoliberales pueden apreciar hoy que hay algo muy malo en
la forma en que se está respondiendo a la pandemia.
La gran pregunta es: ¿cuánto tiempo durará esto? Podría ser más de un año y cuanto más
tiempo pase, más devaluación habrá , incluso para la fuerza de trabajo. Es casi seguro que
los niveles de desempleo se elevarán a niveles comparables a los de la década de 1930, en
ausencia de intervenciones estatales masivas que tendrían que ir en contra de la lógica
neoliberal.
Las ramificaciones inmediatas para la economía así como para la vida social diaria son
múltiples y complejas. Pero no todas son malas. El consumismo contemporáneo sin lugar a
dudas es excesivo, Marx lo describió como «consumo excesivo e insano, monstruoso y
bizarro”.
La imprudencia del consumo excesivo ha desempeñado un papel importante en la
degradación del medio ambiente. La cancelación de los vuelos de las aerolíneas y la
reducción radical del transporte – y del movimiento- han tenido consecuencias positivas con
respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero.
La calidad del aire en Wuhan ha mejorado mucho, al igual que en muchas ciudades de los
Estados Unidos. Los sitios eco-turísticos tendrán un tiempo para recuperarse del pisoteo de
los viajeros. Los cisnes han vuelto a los canales de Venecia. En la medida en que se frene el
gusto por el sobreconsumo imprudente y sin sentido, podría haber algunos beneficios a largo
plazo. (Menos muertes en el Monte Everest podría ser algo bueno).
Y aunque nadie lo dice en voz alta, el sesgo demográfico del virus podría terminar afectando
las pirámides de edad con efectos a largo plazo para la Seguridad Social y para el futuro de
la «industria del cuidado”.
La vida diaria se ralentizará y, para algunas personas, eso será una bendición. Las reglas
sugeridas de distanciamiento social podrían, si la emergencia se prolonga lo suficiente,
conducir a cambios culturales. La única forma de consumismo que casi con seguridad se
beneficiará es lo que yo llamo la economía «Netflix», que atiende a los » consumidores
compulsivos».
En el frente económico, las respuestas han estado condicionadas por la forma en que se ha
producido la salida de la crisis de 2007-8. Esto ha supuesto una política monetaria ultra laxa
, el rescate de los bancos y un aumento espectacular del consumo productivo mediante una
expansión masiva de la inversión en infraestructuras ( incluso en China).
Esto no puede repetirse en la escala requerida. Los planes de rescate establecidos en 2008 se
centraron en los bancos, pero también entrañaron la nacionalización de facto de General
Motors. Tal vez sea significativo que, ante el descontento de los trabajadores y el colapso de
la demanda, las tres grandes empresas automovilísticas de Detroit estén cerrando, al menos
temporalmente.
Si China no puede repetir el papel que jugó en 2007-8, entonces la carga de la salida de la
actual crisis económica se trasladará a los Estados Unidos y he aquí la gran ironía: las únicas
políticas que funcionarán, tanto económica como políticamente, son mucho más socialistas

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

que cualquier cosa que pueda propone Bernie Sanders. Los programas de rescate tendrán
que iniciarse bajo la égida de Donald Trump, presumiblemente bajo la máscara de «Making
América Great Again».
Todos los republicanos que se opusieron visceralmente al rescate de 2008 tendrán que
comerse el cuervo o desafiar a Donald Trump. Este personaje podría llegar a cancelar las
elecciones “por la emergencia” e imponer una presidencia autoritaria del Imperio para salvar
al capital y al mundo de «los disturbios y de la revolución».
David Harvey, geógrafo y teórico social británico

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

‘Cúnico’
¿Cambiarán los humanos sus vidas, como exigen los
clérigos? Lo dudo, pues no vivíamos tan mal: el cambio
más deseable es acabar con la epidemia
Fernando Savater

Empleadas municipales limpian el hospital de campaña que la Guardia Civil y el


Ayuntamiento de Sant Andreu de la Barca (Barcelona) han instalado este jueves en un
polideportivo. QUIQUE GARCÍA EFE
En cuestión de pánicos virales, las cosas no han cambiado tanto desde aquellos terrores del
año mil a los que dedicó su tesis Ortega. Se supone siempre que se trata de castigos divinos,
no meros accidentes. Antaño los merecimos por nuestra impiedad, por entregarnos a la
blasfemia y a la lujuria, por no pagar el diezmo a la Iglesia, por la arrogancia del Rey frente
al Papa. Ahora no es Dios propiamente quien nos castiga, sino las contradicciones del
capitalismo, y los pecados se llaman consumismo, individualismo, heteropatriarcado,
rechazo al diferente, ecocidio, afán de lucro... En cualquier caso, retornan los flagelantes:
“¡Arrepentíos, el día se acerca...!”. Algunos escépticos señalan que, si se trata de castigos,
Dios o sus franquicias no tienen buena puntería porque fulminan a quien menos lo merece.
El gran terremoto de Lisboa (1755) ocurrió la mañana de un día festivo y los fieles que
estaban en misa perecieron bajo los escombros de las iglesias. Según Voltaire, si se trataba
de escarmentar a los ateos hubiera sido mejor un seísmo a la hora punta de tabernas y
burdeles. Por cierto, también Voltaire lanzó un lema que animará a los que hoy lamentan su
encierro: “Le paradis est où je suis”.
El terror viral se alimenta de conspiraciones. Antaño, los judíos envenenando las fuentes
públicas, los curas repartiendo caramelos ponzoñosos a los niños... Hoy, los americanos
difundiendo pandemias antichinas, la derecha recortando la sanidad pública para favorecer
a la privada, etcétera... En la web inventan una nueva todas las semanas. ¿Cambiarán los
humanos sus vidas, como exigen los clérigos? Afortunadamente, lo dudo, pues no vivíamos
tan mal: el cambio más deseable es acabar con la epidemia. Por lo demás, como dice el viejo
chiste, “¡tranquilos, que no panda el cúnico!”.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Líderes
Slavoj Zizek: "Todos somos hoy Julian Assange,
encerrados y sin visitas"
Antonio Heredia Rebeca Yanke

"Hoy todos somos Julian Assange", sostiene el filósofo esloveno Slavoj Zizek desde su
cuarentena, "encerrado, en prisión y sin visitas", añade respecto a la situación del activista
político y fundador de WikiLeaks, hoy preso en Reino Unido. "Necesitamos más personas
como él. Ahora nuestras armas son el teléfono e internet. Y el Gobierno puede cortarlas
cuando considere".
Habla así quien ha escrito el primer ensayo sobre la situación que hoy vive el mundo entero,
una pandemia sin precedentes de la que, nos recuerda Zizek, hace tiempo que nos estaban
avisando. "No se trataba de si sucedería sino de cuándo sucedería", piensa.
Pandemic! Covid-19 shakes the world, editado por OR/ Books, pone palabras a lo que ahora
parece estar en un segundo plano, dada la magnitud de la emergencia sanitaria, y es que hasta
el gobierno más sólido de Occidente puede tambalearse en estos momentos.
"Comunismo o barbarie, ¡tan sencillo como eso!", se atreve a decir. Y despeja para EL
MUNDO algunos de los entresijos de su pensamiento actual, salpicados de anécdotas sobre
sus compañeros Assange y Yanis Varoufakis, que recientemente, ya con el coronavirus
expandiéndose, mantuvieron el siguiente diálogo: "Assange le dijo a Varoufakis en una
breve conversación telefónica que 'esta nueva fase de crisis, al menos, nos deja claro que
ahora todo es posible".
"Desde lo mejor hasta lo peor", matiza el esloveno, para quien la pandemia del coronavirus
es un tremendo golpe al sistema capitalista y lo compara con el sopapo marcial que Uma
Thurman efectuaba sobre su antagonista en la película de Quentin Tarantino Kill Bill 2.
Así lo explicaba en uno de sus últimos artículos, publicado el 27 de febrero en la web RT:
"Beatriz usa la técnica de los cinco puntos de las artes marciales. El movimiento consiste en
una combinación de presiones en el cuerpo del contrincante que provocan que el corazón
explote".
Si recuerdan el filme, tras el golpe Bill tiene tiempo todavía para hacer las paces con Beatriz,
luego da unos pasos y finalmente muere. Es en ese instante entre haber sido golpeado y morir
en el que se fija el filósofo esloveno para sostener que la epidemia a la que nos enfrentamos
es "un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista global".
Es decir, actualmente estaríamos efectuando esos pequeños pasos que daba Bill en la
película, y podemos aún conseguir prevalecer, sólo que los cambios necesarios para
conseguirlo, dice Zizek, deben ser "radicales".
"En algunas partes del mundo puede suceder que el poder del Estado se desintegre, o que los
señores de la guerra locales controlen sus territorios al estilo de Mad Max, especialmente si
surgen nuevas amenazas, como el hambre tras la invasión de las langostas. Puede suceder
también que los grupos extremistas adopten estrategias nazis, es más, una versión capitalista
más refinada de tal recaída en la barbarie ya se debate abiertamente en los Estados Unidos".

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Zizek, memoria de elefante y verbo rápido, comienza a enumerar y a hacer correlaciones.


El tuit de Donald Trump del domingo 22 de marzo en el que afirmaba que "la cura podría
ser peor que el problema mismo", refiriéndose al aislamiento. Las declaraciones del
vicepresidente Mike Pence sobre el regreso al trabajo de quienes ya han sufrido el
coronavirus. La columna de Bret Stephens en The New York Times en la que se afirmaba
que comparar el virus con la Segunda Guerra Mundial "debe ser cuestionado antes de
imponer soluciones posiblemente más destructivas que el virus mismo".
"Dan Patrick, teniente gobernador de Texas", continúa, "acudió a Fox News para argumentar
que prefería morir antes que ver que las medidas de salud pública dañan la economía
estadounidense y dijo que creía que 'muchos abuelos en todo el país estarían de acuerdo con
él'".
Respiremos. Porque si el coronavirus ya es demasiado las reflexiones sobre el mismo pueden
sobrepasarnos. Por eso escuchar a Zizek puede ser pertinente, porque es uno de los filósofos
que más tiempo y profundidad de reflexión está atreviéndose a realizar en este momento
sobre esta cuestión primordial.
A quienes ven esta "crisis como un momento apolítico" en la que, con sencillez incluso,
habría que aceptar las instrucciones del gobierno y esperar a que todo se reconduzca en un
futuro no muy lejano, les recomienda releer a Kant sobre las leyes del Estado: "Obedezca,
pero piense, mantenga la libertad de pensamiento".
Defiende el esloveno lo que Kant llamaba el "uso público de la razón". "Esto es lo que no
comprenden los que señalan que esto es sólo una epidemia con un número relativamente
pequeño de muertos: sí, es sólo una epidemia, pero ahora nos damos cuenta de que las
advertencias sobre epidemias estaban completamente justificadas, y que no existe fin para
ellas".
El comunismo que debería prevalecer ahora no es un sueño oscuro sino lo que ya está
ocurriendo. El Estado debe asumir un papel mucho más activo
En este punto es donde Zizek introduce la idea de comunismo que, según él, debería
emplearse ahora. "No se trata de un sueño oscuro sino de ponerle un nombre a lo que ya está
sucediendo. El Estado debe asumir un papel mucho más activo, organizando la producción
de lo que se necesite con urgencia, como mascarillas, kits de prueba y respiradores, usando
hoteles y otros centros turísticos, garantizando el mínimo de supervivencia de todos los
nuevos desempleados. Piensa en los millones de personas cuyos trabajos se perderán, como
los de la industria del turismo: sus vidas no deberían dejarse en ningún caso a merced de
meros mecanismos de mercado o estímulos únicos".
La parte buena es que, para este filósofo casi tan rápido como la actualidad, "estamos
creando una nueva humanidad unificada". Sabe que otros filósofos contemporáneos,
como Alain Badiou y Byung Chul Han, critican sus postulados y hasta "se mofan" de ellos
cuando habla del comunismo en relación al coronavirus. No le afecta sino que responde.
"Han dice que los países occidentales están reaccionados de forma exagerada porque se
estaban acostumbrando a vivir sin enemigos abiertos y tolerantes, sin mecanismos de
inmunidad, por lo que cuando surgió una amenaza real entraron en pánico. ¿De verdad? ¿No
está todo nuestro espectro político y social impregnado de visiones apocalípticas, amenazas
de catástrofe ecológica, miedo a los refugiados musulmanes, defensa del pánico de nuestra
cultura tradicional contra el universo LGBT y la teoría de género? Intenta hacer una broma
y sentirás inmediatamente la fuerza de la censura de lo políticamente correcto. Nuestra
permisividad hace años que se convirtió en lo opuesto".
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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Los nuevos muros de la prisión global, un


ensayo de John Berger
MAL SALVAJE

La extraordinaria poeta estadounidense Adrienne Rich dijo hace poco en una conferencia
que: “Un informe elaborado este año por la Oficina de Estadísticas de Justicia revela que
una de cada 36 personas que habitan el territorio estadounidense está detrás de las rejas -
muchas de ellas en la cárcel, sin condena”.
En esa misma charla citó al poeta griego Yannis Ritsos:
“En el campo la última golondrina se había demorado
Suspendida en el aire como una cinta negra en la manga del otoño
No quedaba nada. Sólo las casas quemadas ardiendo quietas”.
Apenas atendí el teléfono, supe que eras vos llamándome inesperadamente desde tu
departamento en la Via Paolo Sarpi. (Dos días después de los resultados electorales y el
retorno de Berlusconi.) La velocidad con que identificamos una voz familiar surgida de
buenas primeras resulta reconfortante, aunque a la vez un poco misteriosa. Porque las
medidas, las unidades que empleamos para calcular la clara distinción que hay entre una voz
y otra no tienen ni fórmula ni nombre. No tienen un código. En estos tiempos, todo se vuelve
cada vez más codificado.
De ahí que me pregunte si no habrá otras medidas, también sin codificar pero precisas, para
poder calcular otras presunciones.
Por ejemplo, la dimensión de libertad circunstancial que existe en una situación dada, su
alcance y sus límites estrictos. Los presos se vuelven expertos en esta cuestión. Desarrollan
una sensibilidad especial respecto de la libertad, no como principio, sino como sustancia
granular. Detectan casi inmediatamente fragmentos de libertad apenas éstos aparecen.
En un día normal, de ésos en que no está pasando nada y las crisis anunciadas a cada hora
son las viejas conocidas -y los políticos se presentan como la única alternativa posible a la
CATASTROFE – las personas cuando se cruzan intercambian miradas para verificar si los
otros estarán pensando lo mismo al decirse para sus adentros: ¡Esto es la vida, entonces!
Generalmente, están pensando lo mismo y en ese instante de experiencia compartida nace
una especie de solidaridad anterior a todo lo que pueda decirse o hablarse.
Estoy buscando las palabras para describir el período de la historia que vivimos. Decir que
es sin precedente significa muy poco porque todas las épocas han sido sin precedente ¡desde
que se descubrió la Historia!
No estoy buscando una definición compleja del período que estamos atravesando -hay
muchos pensadores, como Zygmunt Bauman, embarcados en esa tarea esencial. Lo que yo
busco no pasa de ser una imagen figurativa que sirva como signo distintivo. Los signos
distintivos no se explican totalmente a sí mismos, pero ofrecen un punto de referencia
susceptible de ser compartido. En eso se parecen a los supuestos tácitos contenidos en los
dichos populares. Sin puntos de referencia, se corre el gran riesgo humano de dar vueltas en
círculo.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El signo distintivo que encontré es la prisión. Nada menos. A lo largo y a lo ancho del
planeta, estamos viviendo en una prisión.
Como el término “nosotros”, tanto impreso como pronunciado en las pantallas, se ha vuelto
sospechoso desde que lo emplean continuamente quienes están en el poder en la afirmación
demagógica de que también hablan en nombre de aquellos a los que se niega el poder,
hablaremos de nosotros como “ellos”. “Ellos” están viviendo en una prisión. ¿Qué clase de
prisión?
¿Cómo está construida? ¿Dónde está? ¿O sólo estoy usando la palabra como figura del
discurso?
No, no es una metáfora, el encarcelamiento es real, pero para describirlo debemos pensar
históricamente.
Qué clase de prisión?
Michel Foucault mostró gráficamente que la penitenciaría fue un invento de fines del siglo
XVIII, comienzos del XIX, estrechamente ligado a la producción industrial y a sus fábricas
y su filosofía utilitaria. Anteriormente, había prisiones que eran prolongaciones de la jaula y
de la mazmorra. Lo que distingue a la penitenciaría es la cantidad de presos que puede alojar,
y el hecho de que todos están bajo vigilancia permanente -gracias al modelo del Panóptico,
concebido por Jeremy Bentham, quien introdujo el principio de la contabilidad en la ética.
La contabilidad requiere que se lleve un registro de cada transacción. De ahí las paredes
circulares de las penitenciarías, las celdas distribuidas en círculos y la torre de observación
giratoria en el centro. Bentham, que fue tutor de John Stuart Mill a comienzos del siglo XIX,
fue el principal apólogo utilitarista para el capitalismo industrial.
Hoy, en la era de la globalización, el mundo está dominado por el capital, no industrial, sino
financiero, y los dogmas que definen la criminalidad y la lógica del encarcelamiento han
cambiado radicalmente. Las penitenciarías todavía existen y se construyen cada vez más y
más. Pero las paredes de la prisión ahora sirven propósitos diferentes. Ha habido una
transformación en lo que constituye el área de encarcelamiento.
Hace veinticinco años Nella Bielski y yo escribimos Cuestión de geografía, una obra sobre
el Goulag. En el Acto Segundo, un Zek (preso político) le habla a un muchacho que acaba e
ingresar sobre sus posibilidades de opción, sobre los límites de lo que se puede elegir en un
campo de trabajos forzados.
Cuando vuelves arrastrándote de un día de trabajo en la taiga, cuando te traen marchando de
regreso, medio muerto de cansancio y de hambre, te dan una ración de sopa y pan. Con la
sopa no hay opción -hay que tomarla mientras está caliente o mientras está por lo menos
tibia. Con los 400 gramos de pan puedes optar. Por ejemplo, puedes cortarlo en tres trozos
pequeños: uno para comer ahora con la sopa, otro para llevarte a la boca antes de dormirte
en tu litera, y el tercero para guardarlo hasta la mañana siguiente a las diez, cuando estás
trabajando en la taiga y sientes el vacío de tu estómago como una piedra.
Vacías una carretilla llena de piedras. En cuanto a empujar la carretilla hasta la pila no tienes
opción. Ahora, cuando está vacía puedes optar. Puedes regresar con la carretilla como
llegaste o -si eres inteligente, y la supervivencia te vuelve inteligente – la empujas así, casi
vertical. Si optas por esta segunda forma les das un descanso a tus hombros. Si eres un Zek
y te designan jefe de equipo, tienes la opción de jugar a que eres un matón, o no olvidar
nunca que eres un Zek.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

El Goulag ya no existe. Millones de personas continúan sin embargo trabajando en


condiciones que no son muy diferentes. Lo que cambió es la lógica forense aplicada a
trabajadores y criminales.
En la época del Gulag, los presos políticos, clasificados como criminales, eran reducidos a
esclavos trabajadores. En la actualidad, millones de trabajadores brutalmente explotados
están siendo reducidos al estatus de criminales.
La ecuación del Gulag: criminal = trabajador esclavo fue reescrita por el neoliberalismo para
convertirse en trabajador = criminal oculto. El drama de la migración global se expresa en
esta nueva fórmula: los que trabajan son criminales latentes. Cuando se los acusa, son
hallados culpables de tratar, a toda costa, de sobrevivir.
Quince millones de mexicanos, hombres y mujeres, trabajan en Estados Unidos sin papeles,
siendo por ende ilegales. Un muro de hormigón de 1.200 km y una muralla “virtual ” de
1.800 torres de observación, están siendo proyectados sobre la frontera entre Estados Unidos
y México. Se encontrarán por supuesto formas -todas ellas peligrosas – de eludirlos.
Entre el capitalismo industrial, que dependía de la manufactura y las fábricas, y el
capitalismo financiero -dependiente de la especulación del libre mercado y los encargados
de compras y ventas (las transacciones financieras especulativas ascienden cada día a 1, 3
billón de dólares; 50 veces más que la suma de los intercambios comerciales)- el área de
encarcelamiento cambió. La prisión es ahora tan grande como el planeta y las zonas que
tiene asignadas varían y pueden expresarse como lugar de trabajo, campo de refugiados,
centro comercial, periferia, ghetto, complejo de oficinas, favela, suburbio. . . Lo esencial es
que los reclusos en estas zonas, son compañeros de prisión.
Estamos en la primera semana de mayo y en las laderas y las montañas, sobre las avenidas
y alrededor de los portales, en el hemisferio norte, las hojas de los árboles están cayendo.
No sólo siguen siendo claras todas sus diferentes variedades de verde sino que la gente
también tiene la impresión de que cada hoja es distinta, y es así como descubre, no billones
(el dólar corrompió el término), una multitud infinita de hojas nuevas.
Para los prisioneros, los pequeños signos visibles de la continuidad de la naturaleza siempre
fueron, y continúan siendo, un estímulo secreto.
Hoy el objetivo de la mayoría de los muros de la prisión (hormigón, electrónicos, patrullados
o para interrogatorios) no es guardar a los prisioneros y corregirlos, sino mantener a los
reclusos “apartados” y excluirlos.
La mayoría de los excluidos son anónimos -de ahí la obsesión de todos los efectivos de
seguridad con la identidad. También son incalculables. Por dos razones. Primero porque su
número fluctúa; cada hambruna, desastre natural e intervención militar (¡ahora lo llaman
gestión policial!) los hace disminuir o aumentar. Y, en segundo lugar, porque evaluar su
número implica confrontar la verdad de que constituyen la mayor parte de los que viven en
la superficie de la tierra -y enfrentarlo es caer en el absurdo más absoluto.
Seguramente todos lo habrán notado -los productos pequeños son cada vez más difíciles de
sacar de su envase. Algo similar ha sucedido con las vidas de los empleados que ganan bien.
Aquellos que tienen un empleo legal y no son pobres viven en un espacio muy reducido que
les permite cada vez menos y menos opciones -salvo la alternativa binaria continua de
obediencia y desobediencia. Sus horarios de trabajo, su lugar de residencia, sus habilidades
y su experiencia anteriores, su salud, el futuro de sus hijos -todo, exceptuando su función
como empleados – ha adquirido un segundo lugar insignificante al lado de las exigencias

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

enormes e impredecibles del Beneficio Neto. Más aún, la Rigidez de esta norma de la casa
se llama Flexibilidad. En la prisión, las palabras se dan vuelta patas para arriba.
La presión alarmante de las condiciones de trabajo en puestos elevados obligó hace poco a
la justicia de Japón a reconocer y definir una nueva categoría forense de “Muerte por exceso
de trabajo”.
No hay otro sistema posible, se les dice a los que ganan bien. No hay alternativa. Tome el
ascensor. El ascensor es tan pequeño como una celda.
“Les peuples n’ont jamais que le degré de liberté que leur audace conquiert sur la peur”
Los pueblos nunca tienen otro grado de libertad que el que su audacia conquista al miedo)
Observo a una niña pequeña de cinco años tomando su clase de natación en una pileta
municipal cubierta. Lleva un traje de baño azul marino. Sabe nadar y sin embargo todavía
no tiene confianza suficiente para nadar sola sin ayuda. La instructora la lleva a la parte
profunda de la pileta. La chiquita va a saltar al agua aferrándose a una barra larga que la
profesora le extiende. Es una forma de superar su miedo al agua. Ayer hicieron lo mismo.
Hoy ella quiere que la niña salte sin sostenerse de la barra. ¡Uno, dos, tres! La chiquilla salta
pero a último momento toma la barra. Ni una palabra. Una débil sonrisa pasa entre la mujer
y la niña. La chiquita, desenvuelta, la mujer, paciente.
La chiquita se trepa por la escalera para salir de la pileta y vuelve al borde. ¡Déjeme saltar
otra vez!, exclama. La mujer asiente. La niña toma aire ruidosamente y salta, con las manos
al costado, sin agarrarse de nada. Cuando sube nuevamente a la superficie, la punta de la
barra está allí, frente a su nariz. Da dos brazadas hasta la escalera sin tocar la barra. ¡Bravo!
En ese instante que la niña saltó sin la barra, ninguna de las dos estaba en la prisión.
Analicemos la estructura de poder de este mundo sin precedente que nos rodea, y cómo
funciona su autoridad. Cada tiranía encuentra e improvisa su propio juego de controles. Por
eso a menudo, al principio, no son reconocidos como los controles viciosos que son. Las
fuerzas del mercado que dominan el mundo afirman que son inevitablemente más fuertes
que cualquier Estado-nación. La afirmación es corroborada a cada minuto. Desde una
llamada telefónica no solicitada para convencer a un abonado de que contrate un seguro de
salud o una jubilación privada, hasta el ultimátum más reciente de la Organización Mundial
de Comercio.
El resultado es que la mayoría de los gobiernos no gobiernan. Un gobierno ya no avanza
hacia el destino que eligió. La palabra horizonte, con su promesa de futuro anhelado, ha
desaparecido del discurso político tanto en la derecha como en la izquierda. Lo único que
queda para debatir es cómo medir lo que hay. Las encuestas de opinión reemplazan el rumbo
y reemplazan el deseo.
La mayoría de los gobiernos no guían, juntan el rebaño. (En el argot carcelario
estadounidense, uno de los muchos términos para los carceleros es pastores).
En el siglo XVIII, el encarcelamiento durante mucho tiempo fue definido con tono aprobador
como “muerte cívica”. Tres siglos más tarde, los gobiernos están imponiendo por la ley, la
fuerza, las amenazas económicas y toda su batahola, regímenes masivos de “muerte cívica”.
Vivir bajo cualquier tiranía, ¿no era acaso en el pasado una forma de encarcelamiento? No
en el sentido que estoy describiendo. Lo que se vive hoy es nuevo debido a su relación con
el espacio.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Es aquí donde el pensamiento de Zygmunt Bauman resulta esclarecedor. El señala que las
fuerzas corporativas del mercado que dirigen ahora el mundo son “extraterritoriales”, o sea,
“libres de las limitaciones territoriales, las limitaciones de la localidad”. Son constantemente
remotas, anónimas y por lo tanto nunca deben tener en cuenta las consecuencias físicas,
territoriales de sus acciones. Cita a Hans Tietmeyer, presidente del Banco Federal de
Alemania: “El desafío actual es crear condiciones favorables para la confianza de los
inversores”. La única prioridad suprema.
Así, la tarea asignada a los gobiernos nacionales obedientes es el control de las poblaciones
mundiales, formadas por los productores, los consumidores y los pobres marginados.
El planeta es una prisión y los gobiernos obedientes, a sean e izquierda o de derecha, son los
pastores.
El sistema carcelario opera gracias al ciberespacio. El ciberespacio otorga al mercado una
velocidad de intercambio que es casi instantánea, y que es utilizada en todo el mundo de día
y de noche para negociar. Con esta velocidad, con esta rapidez, la tiranía del mercado
adquiere su licencia extraterritorial. Dicha velocidad, sin embargo, tiene un efecto patológico
en sus usuarios; los anestesia. Pase lo que pase, Business As Usual.
En esa velocidad no hay lugar para el dolor: participaciones del dolor quizá, pero no su
padecimiento. La condición humana queda, pues, eliminada, excluida, de quienes operan el
sistema. Los operadores están solos por ser completamente desalmados.
Antes, los tiranos eran crueles e inaccesibles, pero eran vecinos que estaban sujetos al dolor.
Ya no es así y a largo plazo ésa será la falla fatal del sistema.
Las altas puertas vuelven a cerrarse
Estamos en el patio de la prisión
En una nueva estación.
Tomas Transtömer
Ellos (nosotros) son compañeros de prisión. Ese reconocimiento, más allá del tono de voz
en que sea enunciado, contiene un rechazo. En ningún lugar como en la prisión el futuro es
calculado y esperado como algo totalmente opuesto al presente. Los encarcelados nunca
aceptan el presente como definitivo.
Entretanto, ¿cómo vivir este presente? ¿Qué conclusiones sacar? ¿Qué decisiones tomar?
¿Cómo actuar? Tengo algunas pautas para sugerir, ahora que el punto de referencia ya está
establecido.
De este lado de los muros la experiencia es escuchada, a ninguna experiencia se la considera
obsoleta. Aquí se respeta la supervivencia y es un lugar común que la supervivencia a
menudo depende de la solidaridad entre los compañeros de prisión. Las autoridades lo saben:
de ahí su uso del confinamiento solitario, ya sea a través del aislamiento físico o su
manipulador lavado de cerebro, mediante el cual las vidas individuales son aisladas de la
historia, de la herencia, de la tierra y, por sobre todo, de un futuro en común.
Ignoremos el palabrerío del carcelero. Naturalmente, hay carceleros malos y carceleros
menos malos. En determinadas condiciones, es útil notar la diferencia. Pero lo que dicen -
aun los menos malos – es una basura. Sus himnos, sus lemas, sus palabras mágicas como
Seguridad, Democracia, Identidad, Civilización, Flexibilidad, Productividad, Derechos
Humanos, Integración, Terrorismo, Libertad, son repetidos incesantemente para confundir,
dividir, distraer y sedar a todos los compañeros de prisión. De este lado de los muros, las

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

palabras dichas por los carceleros carecen de sentido y ya no son útiles para el pensamiento.
No atraviesan nada. Hay que rechazarlas aun cuando se piensa en silencio para sí mismo.
En cambio, los prisioneros se sirven de un vocabulario propio para pensar. Muchas palabras
son mantenidas en secreto y muchas son locales, con innumerables variaciones. Palabras y
frases pequeñas, pequeñas pero cargadas de un mundo, como: Yo te mostraré cómo, a veces
me pregunto, pajarillo, algo pasa en el sector B, desvalijado, guardate este aro, murió por
nosotros, dale, etc.
Entre los compañeros de prisión hay conflictos, a veces violentos. Todos los prisioneros
están marginados; aunque existen distintos grados de marginación y las diferencias de grado
provocan envidia. De este lado de los muros la vida es mezquina. El hecho de que la tiranía
global no tenga rostro alienta las cacerías para encontrar chivos expiatorios, para encontrar
enemigos definibles instantáneamente entre los otros prisioneros. Las celdas asfixiantes se
transforman así en manicomio. Los pobres atacan a los pobres, los invadidos saquean a los
invadidos. A los compañeros de prisión no hay que idealizarlos.
Sin idealización, tomar nota simplemente de lo que tienen en común -que es su sufrimiento
innecesario, su resistencia, su malicia – resulta más significativo, más elocuente, que aquello
que los separa. Y a partir de esto, nacen nuevas formas de solidaridad. Las nuevas
solidaridades comienzan con el reconocimiento muto de las diferencias y de la multiplicidad.
¡Esto es la vida entonces! Una solidaridad, no de masas sino de interconexión, mucho más
apropiada para las condiciones de la vida en prisión.
Las autoridades se esfuerzan sistemáticamente al máximo por mantener a los compañeros
de prisión desinformados acerca de lo que está pasando en otras partes de la prisión mundial.
No adoctrinan, en el sentido agresivo de la palabra. El adoctrinamiento queda reservado para
entrenar a la pequeña elite de responsables de las transacciones de compra y venta y los
expertos en gestión y mercados. Para la masa de la población carcelaria el objetivo es no
activarla, sino mantenerla en un estado de incertidumbre pasiva, recordarle sin
remordimiento que en la vida no hay nada más que riesgo y que la tierra es un lugar inseguro.
Esto se realiza gracias a una información cuidadosamente seleccionada, con desinformación,
con comentarios, rumores, ficciones. Mientras la operación es exitosa, propone y mantiene
una paradoja alucinante, pues engaña a una población carcelaria haciéndole creer que la
prioridad para cada uno de ellos es tomar medidas destinadas a propia protección personal y
adquirir de alguna manera, pese a estar encarcelados, su exención particular del destino
común.
La imagen de la humanidad, tal como la transmite esta visión del mundo, es una vez más sin
precedente. La humanidad es presentada como cobarde; sólo los ganadores son valientes.
Además, no hay dones; solamente hay premios.
Los prisioneros siempre han encontrado una vuelta para comunicarse entre sí. En la prisión
global actual el ciberespacio puede ser utilizado en contra de los intereses de quienes en un
primer momento lo instalaron. De esa manera, los prisioneros se informan sobre lo que el
mundo hace cada día y rastrean historias eliminadas del pasado y así se mantienen hombro
a hombro con los muertos.
Al hacerlo, redescubren pequeños dones, ejemplos de coraje, una rosa solitaria en una cocina
donde la comida no alcanza, dolores indelebles, lo infatigable de las madres, la risa, la ayuda
mutua, el silencio, la resistencia cada vez más amplia, el sacrificio voluntario, más risa. . .
Los mensajes son breves, pero se extienden en la soledad de sus (nuestras) noches.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

La sugerencia final no es táctica sino estratégica.


El hecho de que los tiranos del mundo sean extraterritoriales explica el alcance de su poder
de vigilancia aunque también señala su debilidad futura. Operan en el ciberespacio y moran
en condominios cerrados. No tienen ningún conocimiento de la tierra que los rodea. Más
aún, desprecian ese conocimiento por superficial y sin profundidad. Sólo cuentan los
recursos extraídos. No saben escuchar a la tierra. En la superficie son ciegos. A nivel local
están perdidos.
Para los compañeros de prisión es justo al revés. Las celdas tienen paredes que se tocan a lo
largo y a lo ancho del mundo. Los gestos eficaces de resistencia sostenida están integrados
a lo local, cercano y lejano. La resistencia interior, escuchar a la tierra. La libertad está siendo
lentamente encontrada no afuera sino en las profundidades de la prisión.
No sólo reconocí inmediatamente tu voz, hablando desde tu departamento de la Via Paolo
Sarpi, también pude adivinar, a través de tu voz, cómo te sentías. Percibí tu exasperación o,
más bien, una resistencia exasperada, unida -y eso es algo tan típico en vos – a los pasos
presurosos de nuestra próxima esperanza.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Proyecto de ley municipal pide a


cochabambinos arrepentirse por sus
pecados y ayuno ante coronavirus
Cochabamba-Bolivia

Proyecto de ley municipal pide a cochabambinos arrepentirse por sus pecados y ayuno
ante coronavirus.
En Twitter circulan imágenes de un proyecto de ley que supuestamente fue remitido por
el alcalde José María Leyes al Concejo Municipal de Cochabamba, cuya disposición final
indica: “Como pueblo nos sentimos por nuestro pecados y maldad, por lo que pedimos
perdón de Dios, convocando a toda la población de Cochabamba a ayuno y oración durante
este tiempo de cuarentena y declaramos que el único que puede ayudarnos y librarnos de
esta pandemia es Dios, ya que queda claro que la ciencia del hombre es insuficiente”.
ChequeaBolivia verificó que es verdadero.
Contactado por ChequeaBolivia, el concejal Edwin Jiménez informó que el 27 de marzo por
la mañana, ingresó al Concejo Municipal un proyecto de ley municipal de declaratoria de
emergencia sanitaria por el brote de coronavirus (Ver imágenes en galería). Explicó que el
proyecto tiene 13 artículos, una disposición derogatoria y una disposición final. Esta última
señala exactamente lo citado en el primer párrafo.
Sostuvo, además, que el artículo cinco del proyecto de ley municipal solicita que se permita
la circulación de vehículos y personal de varias instancias de la Alcaldía, entre ellas:
Secretaría General, Administrativa y Financiera, Desarrollo Humano, Gestión Integral,
Protección al Ciudadano e Infraestructura. También de algunas instancias descentralizadas.
En el artículo 8 se pide delegar la competencia legislativa a la Alcaldía.
La concejal Rocío Molina también informó a ChequeaBolivia que el proyecto de ley
remitido por la Alcaldía de Cercado es real y que podría tratarse el lunes en el Concejo
Municipal.
Jiménez observa que el proyecto de ley no menciona cuánto presupuesto debe designarse
para atender la emergencia por Coronavirus ni a qué rubros se destinarán los recursos.
Desde Comunicación de la Alcaldía de Cercado, se confirmó que el documento fue enviado
al Concejo Municipal.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Coronavirus | "Con la pandemia puede


pasar como en los 80: había un goce
respecto a la sexualidad y de repente
apareció el sida y la culpa regresó al
cuerpo"
El escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka, autor en
2006 del libro "La Enfermedad", reflexiona en diálogo
con BBC Mundo sobre el coronavirus, la muerte y cómo
puede cambiar nuestra vida.

¿Cómo cambiará el contacto después del coronavirus?


De repente, una enfermedad inesperada de un ser querido para la que no hay respuesta lo
cambia todo.
Es el argumento de "La Enfermedad", la premiada novela de 2006 de Alberto Barrera
Tyszka que ahora ofrece reflexiones válidas en el contexto de la pandemia del coronavirus.
"Todo esto nos devuelve a la conciencia de la fragilidad", dice el escritor venezolano de 60
años, afincado en México, en una entrevista con BBC Mundo sobre el temor a enfermarnos
y nuestra impotencia ante la falta de remedio.
Lo que sigue es un extracto de la conversación.

Alberto Barrera Tyszka es uno de los escritores venezolanos de mayor éxito editorial.
La pandemia ha sido algo súbito que aún nos tiene perplejos. Tras varias semanas,
¿qué reflexión hace de lo que está pasando?
Lo que está pasando tiene un elemento de sorpresa, pese a que había advertencias políticas
y científicas.
Todo esto nos devuelve a la conciencia del cuerpo y de la vulnerabilidad, nos devuelve a la
conciencia de la fragilidad.
En Occidente se venía construyendo una nueva utopía en relación con la salud y esa idea de
que podemos controlar nuestra salud y nuestro futuro.
La idea de que si comes lo que te decimos y haces los ejercicios que debes, el cuerpo será
casi eterno. Y la pandemia te devuelve a una noción más primitiva, pero quizás más real: no
importa lo que hagas, un contagio en una esquina del mundo produce una hecatombe total.
Esa cultura que había creado nuevos altares en los gimnasios, las farmacias y en la comida
orgánica, de repente se tambalea.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

¿Qué es lo que más puede cambiar en nuestra vida una vez que lo superemos?
Pasó algo similar en los años 80, que había un goce respecto al cuerpo y a la sexualidad y de
repente apareció el sida y la culpa regresó al cuerpo.
Aquí pueden venir temores y culpabilizaciones respecto al manejo del cuerpo en relación
con los otros, al toque, al roce…
Estamos inciertos sobre cómo será este futuro. Puede haber un replanteamiento de la
intimidad y de qué lugar vuelve a tener la responsabilidad de los seres humanos con respecto
al cuerpo, a una interacción con los otros.
Se agitan muchos fantasmas de todo tipo.
¿Seremos más precavidos o cree que tras la cuarentena habrá un efecto rebote en
nuestra manera de disfrutar de la vida, del cuerpo, con los demás?
Siento que va a haber temor y prudencia. El riesgo es grande. Los Estados promoverán la
prudencia. Esa administración del temor va a ser importante en el futuro.
"EE.UU. tiene una tradición individualista... Es posible que allí se tomen las primeras
decisiones de profundo calado ético y que dividirán a la humanidad"
La distancia social que impone el coronavirus puede ser la nueva realidad por un tiempo.
Este virus no sólo es invisible, sino que sus efectos son difíciles de visualizar también.
No hay muchas imágenes y sí números. ¿Esto hace que nos esté costando asimilar más
la magnitud?
Es parte de una estrategia pública. Esta muerte debe ser bastante terrible porque tiene que
ver con la incapacidad sanitaria. Muchos mueren porque no hay manera de atenderlos y eso
en una enfermedad pulmonar tiene que ser horrible.
La perspectiva de verte en el espejo de la asfixia debe ser aterradora. Te mueres no solo por
la enfermedad, sino también porque no somos capaces de atenderlos. No solo falla el cuerpo,
sino el sistema de salud.
Y a eso se agrega la imposibilidad de un duelo normal cuando pierdes a un ser querido.
Mi novela se basaba en el poder terapéutico de la palabra. El que va a morir lo que no quiere
es morir en silencio.
Aquí se muere en lugares donde no se conoce a nadie y en un ambiente de guerra donde solo
hay apuro, donde hasta pueden desear que se muera rápido para darle la cama a otro.
No hay cuerpo visible, uno tiene la sensación de que esto es una pesadilla y de que mañana,
cuando acabe la cuarentena, saldrás y verás a tu padre.
Esto nos lleva a una de las grandes ideas de su novela, resumida en la pregunta de
"¿por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?"
Corromperse es una de las condiciones del cuerpo humano. Hay algo que va a cambiar en la
manera de pensar: que una pandemia, que pertenecía al género de la ciencia ficción, ahora
se ha vuelto un relato realista.
No somos capaces de defendernos y el planeta aparece de repente como un sitio súper frágil.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Alberto Barrera reflexiona en la novela "La Enfermedad" sobre nuestra respuesta ante la
muerte.
El protagonista de su novela, un médico, se lamenta de los límites de la medicina. Es
algo que pasa ahora también, que no entendemos cómo no somos capaces de parar esto.
Los seres humanos tenemos una idea mágica de la medicina y entonces aparece un fenómeno
como éste. Nos dicen que para que llegue una vacuna va a tardar un año. Y nos parece una
cosa insólita, nos parece imposible que la ciencia no pueda reaccionar con absoluta
velocidad.
Su novela habla también de que tememos más a la enfermedad que a la muerte.
En nuestra cultura se ha sustituido el terror a la muerte por el terror a la enfermedad. Todos
vivimos preparándonos para la muerte. Hay recursos, religiones para enfrentar eso.
Pero la idea de que la llegada de esa muerte sea un proceso clínico, doloroso, es aterradora.
La experiencia del dolor produce una conciencia nueva.
Pasa con los enfermos que han sobrevivido a un cáncer o una enfermedad casi terminal. Su
idea de lo que es importante es lo primero que cambia.
¿Nos va a pasar eso? ¿Piensa que vamos a cambiar nuestra escala de valores?
Eso en términos masivos no sé cómo será posible, pero el dolor y la vulnerabilidad cambian
la mirada sobre la vida.
A la enfermedad se suma la soledad por la imposibilidad de ver a los seres queridos.
Se utiliza mucho la idea de que estamos en una guerra, pero vemos a los caídos a través
de un aluvión de cifras difíciles de asimilar.
Hablamos de una guerra, pero lo que estamos haciendo es defendernos. Es que no se ve al
enemigo, sólo sabes que te arrasa.
La única posibilidad de heroicidad son los médicos y los enfermeros. Los demás solo somos
víctimas probables.
Lo único que queda no es enfrentarlo, sino ver cómo huimos. Es una guerra un poco
particular. Es muy rara. No vamos a derrotar a nadie, estamos tratando de que el virus nos
mate menos, así que la metáfora de la guerra tiene sus matices.
Si escribiera una novela de lo que está pasando, ¿qué aspecto le llamaría más la
atención para su relato?
Me van a interesar los médicos o enfermeras que de la noche a la mañana se enfrentaron a
la decisión de quién vive y quién muere. Ahí hay un relato trágico durísimo.
En su novela también hay un elogio a las personas ancianas, que son quienes peor
paradas salen de esta pandemia porque les afecta más y porque tienen las de perder en
esa decisión que enfrentan los médicos.
Me llamaba la atención que Madrid era una de las mejores ciudades para vivir siendo una
persona mayor. Veía a la cantidad de gente mayor en la calle disfrutando de los planes de la
ciudad, de los museos.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Y eso de la noche a la mañana se convierte en un peligro.


La enfermedad siempre ataca a los mayores y ahora hay un sistema de salud no preparado
que tiene que decidir sacrificar a los mayores de la manada.
Estamos hablando en términos animales y eso introduce dilemas morales.
Es una manera muy injusta de llegar al final de tus días pasar por un trámite hospitalario con
ese apuro, con esa urgencia y con esa soledad.

Alejandro Horowicz,
ENSAYISTA Y DOCTOR EN CIENCIAS SOCIALES

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

“La pregunta es qué se hace con el virus del


capitalismo”
El sociólogo argentino Alejandro Horowicz, profesor de
Los cambios en el sistema político mundial, explica por
qué las crisis de los mercados han superado los límites de
lo real
Eliezer Budasoff

El ensayista Alejandro Horowicz en un bar de Buenos Aires, Argentina. NICOLÁS SAVINE


A comienzos de este año, cuando Alejandro Horowicz volvió a Buenos Aires después de
celebrar su cumpleaños 70 en Nueva York, el nuevo coronavirus era apenas una “misteriosa
neumonía china” y el adjetivo “histórico” recién empezaba a saltar de los titulares sobre los
incendios en Australia a las noticias sobre la decisión del príncipe Harry y Meghan Markle
de ser normales. En febrero estalló el contagio en Europa, pero las noticias sobre el virus
tardaron casi un mes en volverse algo “histórico”: el 28 de febrero, después de siete días en
picada, los mercados bursátiles de todo el mundo informaron sus mayores caídas en una
semana desde la crisis financiera de 2008. Una caída histórica, la primera de varias en la
carrera descendente de los mercados, seguida por otro récord histórico en Estados Unidos,
en este caso ascendente: el de los números de desempleo.
“Los mercados practican el socialismo al revés: las pérdidas son de todos, las ganancias son
de los mercados”, dirá después Horowicz, un miércoles por la mañana, del otro lado de la
pantalla. Horowicz es ensayista, doctor en Ciencias Sociales, profesor en la Universidad de
Buenos Aires y autor de varios libros, entre ellos Los cuatro peronismos, un clásico del
pensamiento político en Argentina. El año pasado publicó su último libro, El huracán
rojo (un estudio sobre las revoluciones desde la de Francia en 1978 hasta la de Rusia en
1917), fruto de años de investigación y escritura. El trabajo, que tenía previsto lanzarse en
España este año, “no es una visita al museo de las revoluciones”, advierte la sinopsis; por el
contrario, la obra lee las revoluciones en tiempo presente: como condición de posibilidad de
la democracia política, la transformación tecnológica o la educación masiva que conocemos
hoy.
El escritor Rodolfo Fogwill decía que siempre se escribe en contra de algo; Horowicz parece
la prueba de que siempre se piensa y se enseña (mejor) en contra de algo. En esta entrevista,
por ejemplo, contra las explicaciones vacías y las miradas ahistóricas del presente.
Pregunta. Desde que empezó la crisis por el coronavirus, todo el tiempo leemos que tal Bolsa
de valores o tal moneda se han desplomado por el temor de los mercados. ¿Quiénes son “los
mercados”? ¿De quiénes estamos hablando?
Respuesta. Los mercados forman parte del género literario de los anónimos, a los cuales se
les puede hacer decir prácticamente cualquier cosa, porque uno los “interpreta” como le
viene en gana. Existen los llamados supuestos datos objetivos de los mercados, que son el
precio al que cotizan los valores. Pero para poder creerles a los mercados es preciso ser,
fundamentalmente, muy ignorante. ¿Por qué digo esto? Si vos mirás la deuda pública
soberana del conjunto de los países de este mundo y sumás ese valor, y sumás los productos

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

brutos, el ingreso de esos mismos países, vas a ver un fenómeno por lo menos muy curioso
que no registran los mercados: que la deuda soberana es cuatro veces mayor a la producción
anual de riqueza del planeta Tierra. Entonces, la pregunta es: ¿cómo puede ser que se deba
cuatro veces lo que existe?
Los economistas tienen un modo muy divertido y encantador de explicar lo que no explican
y que consiste en decir que eso es capital ficticio. Entonces, la pregunta se traslada: ¿qué es
el capital ficticio? Porque convengamos en que, cuando yo digo que esto es una ficción,
sabemos que no rige el estatuto de la verdad.
Los mercados te muestran simplemente una aspecto, que es la compra y la venta de un bien,
y parten de la presuposición de que ese precio es el precio justo. Pero esto surge de
transformar en abstractas y en igualdades cuestiones que de ninguna manera son iguales
entre sí. Por ejemplo, a nadie se le ocurre que un señor que vende su fuerza de trabajo es
igual al capitalista que se la compra. Porque ahí estamos frente a lo que Marx llamaba “la
libertad de morirse de hambre”. Esa es la libertad de los mercados: la de que te podés morir
democrática y libremente de hambre, de coronavirus o de cualquier otra maldita peste. La
primer cuestión, cuando decimos “los mercados”, es que estamos hablando de procesos que
ignoramos, cuya profundidad desconocemos, que no nos proponemos averiguar y que
simplemente estamos formulando una respuesta que vale tanto como el abracadabra.
P. ¿Qué significan entonces las crisis de los mercados?
R. ¿Qué es una crisis en términos de mercado? Una ruptura de un conjunto de determinados
equilibrios. ¿Cuál es ese equilibrio? Pues bien, que el gasto público esté por encima de las
posibilidades de esa determinada sociedad. Por lo tanto, en aceptación al dictamen de los
mercados, la Unión Europea, por ejemplo, tiene reglas extremadamente duras sobre cuál
debe ser el comportamiento de cada uno de sus Estados nacionales miembro respecto del
gasto público. Ahora, ese gasto público tiene algunas curiosidades inenarrables. La primera
curiosidad es que en 2010, la deuda de los países respecto del gasto era de la mitad. Esto es:
debían la mitad de lo que producían. Uno puede decir que está bien, que está mal, pero
todavía no es ficción literaria pura. No estamos frente a una esquizofrenia. Estamos frente a
algo que se comporta según patrones convenidos previamente. Pues bien, entre el 2010 y el
2020, ¿viste esa transformación de 0,5 a 4,2? [la deuda soberana de los países pasó de ser la
mitad a ser cuatro veces lo que producían]. Lo que vos ves es una fenomenal transferencia
de ingresos de los sectores productivos al sistema financiero internacional. ¿Esta es la
primera vez que lo ves? No, de ninguna manera. Esto es una política constante.
Si vos mirás la crisis de 2008 en los Estados Unidos, ves que un conjunto de bancos quiebran.
¿Por qué quiebran? Porque hicieron préstamos chatarra, acumularon los préstamos chatarra,
emitieron títulos sobre los préstamos chatarra, no tenían ninguna clase de control, prestaban
a cualquiera de cualquier modo, hacían diferencias siderales hasta que, por supuesto, la bola
de nieve... pasó lo que tenía que pasar; es decir, se cayó a pique. El dislate consiste en que
el valor de mercado no tiene nada que ver con el de la producción de bienes reales, porque
el mercado no registra la producción de bienes reales en rigor de verdad, sino las operaciones
y los flujos financieros.
¿Cuál es el sentido de esos flujos financieros? Pues bien, como los bancos hicieron lo que
hicieron, quebraron. En el momento en que quiebran los bancos descubrimos qué es el
mercado: el mercado es la incapacidad de autorregularse; porque si la lógica del mercado
funciona librada a su propio modo de operar, lo que sucede es que el mercado y las
sociedades reguladas de este modo se van al mismísimo carajo. ¿Qué hace el Gobierno de
los Estados Unidos, que tiene una cierta comprensión fanática de algunos principios

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

económicos, pero que no se suicida tan sencillamente? Establece una inyección de 750.000
millones de millones de fondos públicos para rescatar a los bancos. ¿Qué nos enseña la
economía de mercado? Que si yo pongo la plata, yo soy el dueño. Ustedes, muchachos,
quebraron, entonces los bancos son públicos, son de aquellos que pagamos los impuestos.
Pero no, los mercados practican el socialismo al revés: las pérdidas son de todos, las
ganancias son de los mercados; es decir, del sistema financiero internacional.
Entonces, cuando hablamos de los mercados no hablamos de ninguna otra cosa que del
sistema financiero internacional. Y cuando hablamos del coronavirus, de lo que hablamos es
del efecto que una gramática mercantil que se extiende sobre todo, produce como efecto
destructivo sobre todo. Yo no soy un infectólogo, no soy médico y no pretendo dar lecciones
de aquello que ignoro, ni mucho menos. No sé cómo se combate específicamente esta
pandemia, pero sé como se combate el sistema y la lógica de las pandemias. Es decir: si los
mercados siguen regulando la producción, y el planeta Tierra se explota como una especie
de granja sin límites, donde el único concepto de los mercados, que es la rentabilidad, puede
destruir todo, incluido el mercado, lo van a hacer. Sin ninguna duda. Entonces, zafemos o
no zafemos del coronavirus, la pregunta es qué se hace con el virus del capitalismo. Ese es
un virus altamente peligroso.
El autor de “Los cuatro peronismos” en uno de sus espacios de trabajo.NICOLÁS SAVINE
P. Cuando empezaron a colapsar los mercados, recuerdo haber visto varios posteos en redes
sociales que decían: de pronto estamos descubriendo que, al final, a la economía la sostenían
los cuerpos que trabajan. ¿Esto es así o gran parte de las ganancias de los flujos de capital
que vemos son simplemente ficticias? O sea, no se corresponden con…
R. Se corresponden con las necesidades del capital, no con las necesidades de la actividad.
Y las necesidades del capital tienen que ver con la rentabilidad. Y esto tiene una ecuación
matemática enormemente sencilla. Tomemos el ejemplo de los autos de Fórmula 1. Cuando
vos mirás los corredores de autos Fórmula 1, ves que la diferencia entre el primero y el
último son unas centésimas de segundo, un segundo. Entonces vos decís: ¿qué relevancia
tiene esto en andar en auto? Ninguna. Es decir: si tu auto tiene un pique de una fracción de
segundo sobre 400 kilómetros respecto del mío y hace que tengas una ventaja de cuatro
segundos en llegar. ¿Qué es lo que sucede con tu auto? ¿Por qué es mejor que el mío? ¿Se
puede usar ese auto? ¿Vos podés subirte al auto y usarlo en una carretera? No. Esta es la
fantasía de los mercados y de la productividad infinita a cualquier precio.
La idea de tardar menos para hacer una cosa es importante si yo tardo 30 días en llegar desde
Madrid a Buenos Aires en barco; cuando yo voy en avión, la cosa cambia. Y si el avión, en
lugar de ir a 900 kilómetros por hora, puede ir a 1.800 kilómetros por hora, está bien. Pero
hay un momento en que se constituye lo que se llama un límite fisiológico; esto es: a esa
velocidad los cuerpos se desintegran. Por lo tanto no es una velocidad útil, no nos sirve, le
sirve a otra cosa. La sociedad humana ha llegado a un punto donde la economía de tiempo
ha alcanzado, en muchos de sus elementos —no digo en todos—, topes imposible de superar,
por así decirlo. Vos fíjate que esto hasta nos produce un efecto subjetivo. Una carta tardaba,
en alguna época, cuando el correo funcionaba de verdad, seis días, cinco días en llegar de
Buenos Aires a Londres. Ida y vuelta, 15 días. Hoy, cuando yo tengo que esperar 15 segundos
en la computadora para entrar a mi charla de Zoom con vos, digo: “¡Qué lenta que está esta
máquina, carajo!”. Ahora, esta percepción es una percepción real. No es un disparate. Pero
someter a esta percepción el conjunto de las decisiones de la existencia de un planeta sí es
un disparate. Este es el punto.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Tenemos estructuras de medición y evaluación absolutamente arbitrarias. Y estamos


acostumbrados a un ejercicio que destruye todas las especificidades. Ahí vemos el final de
esta lógica, que es básicamente una lógica teológica. Una lógica que no admite sino un Dios
único todopoderoso. Hemos construido un Dios único, todopoderoso, que es la gramática
mercantil y su altar son los mercados.
P. ¿Cuál ha sido el comportamiento de los mercados en otros momentos críticos de la historia
reciente? Más allá de la crisis de 2008, ¿ha habido momentos que hayan sido esenciales para
transformar la relación entre el capital y los Estados nacionales?
R. Sin duda. Cuando vos ves el fenómeno que arranca en 1890, que desemboca en la Primera
Guerra Mundial, ves la ampliación del mercado nacional como un mercado insuficiente.
Viene la lógica de esto que estamos planteando como lógica de los mercados. ¿Cuándo es
insuficiente el mercado nacional? Yo puedo decir que es insuficiente porque hay una
sobreoferta. Esa es una lectura. La segunda lectura es que la demanda es demasiado pobre,
es demasiado incapaz.
Cuando vos mirás al interior de los Estados nacionales y ves, por ejemplo, una comparación
entre Alemania y Francia, ves que Alemania, teniendo un mercado mucho más grande que
Francia —numéricamente la población alemana es casi dos veces la población francesa— al
mismo tiempo tiene una demanda muy baja. ¿Por qué? Porque las sociedades campesinas
que no han hecho la revolución democrática son muy incapaces de comprar. En
consecuencia, vos necesitás vender fuera lo que no podés vender dentro. Esta necesidad de
ampliación de mercado se expresa como imperialismo geográfico, como el imperialismo
más elemental y obvio. Y entonces ves en ese mismo período previo, entre 1860 y 1890, que
Gran Bretaña quintuplica sus posesiones coloniales. Y se mastica, ni más ni menos, que a la
India. No estamos hablando de una pequeña cuestión, no estamos hablando de las Falklands
[las Islas Malvinas], estamos hablando de la India, de un tamaño descomunal, con una
sociedad que tiene varias decenas de veces la población y la extensión de Gran Bretaña.
Entonces nos damos cuenta de que estamos frente a un fenómeno de otro nivel.
Cuando vemos cómo ingresa el mercado y el capitalismo en Japón, vemos que ingresa con
las cañoneras. Cuando vemos cómo ingresa el capitalismo en China, vemos que ingresa con
una guerra de opio. Cuando vemos cómo se amplía el mercado mundial, vemos exactamente
mecanismos político-militares relativamente atroces. Este ajuste es permanente y para cada
ciclo tenés nuevos ajustes. Porque no es que vos ingresaste al mercado mundial en 1848 y
por lo tanto, en la crisis posterior de 1946, te va bien. En 1848 Gran Bretaña hegemonizaba
el mercado mundial. En 1946, Gran Bretaña era la gran perdedora del mercado mundial.
Termina endeudada con los Estados Unidos y, de la potencia colonial imperial que era, tiene
que retroceder, perder la India, perder su lugar, poner fin al imperio de la reina Victoria.
Entonces no hay ninguna duda de que hay una relación directa entre una cosa y la otra. Lo
que tenemos que tener muy, muy en claro, es que esta relación no es amable.
Cuando Marx escribe “hay un adentro y un afuera del mercado mundial”, el afuera del
mercado mundial es todavía más grande que el mercado mundial. Con la caída del Muro de
Berlín y la implosión de la Unión Soviética, el mercado mundial y el planeta Tierra se han
vuelto lo mismo. Tenemos un dominio globalizado que no tiene ninguna forma de control
democrático. ¿Quién elige al presidente del Fondo Monetario Internacional, al presidente del
Banco Mundial, al conjunto de sistemas que en rigor son los que gobiernan y deciden en
última instancia?
Hemos visto cómo el mercado mundial cambiaba al primer ministro de Italia, al primer
ministro de Grecia. Hemos visto cuestiones que, con los estándares que usábamos para

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Henry Álvaro Pinto Dávalos

caracterizar los golpes de Estado en América Latina, se llamaban golpe de Estado. Sin
embargo, nadie se inmutó demasiado. Nadie creyó que esto era particularmente grave. Nadie
se plantea que el problema... el problema sigue siendo cuál es el déficit, el déficit fiscal es lo
que nos quita el sueño, porque esto es lo que pone nervioso a los mercados. ¿Y qué es, en
definitiva? Lo que te está diciendo es que lo único que se propone es garantizar que pagues
lo que debes, no que clausures la deuda. Están planteando una transferencia sistémica de
bienes, permanente, que no tiene modo de ser soportada por esa estructura sin derrumbarse.
En Marx, la noción de competencia y la noción de crisis son prácticamente iguales. La
competencia entre capitales supone, obviamente, la derrota de los más débiles, la
reconcentración y la crisis como modo de saldar esta actividad. Lo que tenemos que entender
es que el volumen, la importancia, la intensidad y la calidad de todo esto ha llegado a un
punto en que, desde la bomba atómica para acá, militarmente, y ahora financieramente,
somos capaces de poner fin a la existencia de la vida en el planeta Tierra. Esta es la novedad
que los diarios no ponen en tapa.

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Marxismo microbiano
Sin las epidemias no se entienden las caídas y los
ascensos de grandes imperios desde Roma y Estados
Unidos, pasando por el de Bonaparte
Lluís Bassets

Estamos avanzando. Penosamente. Dolorosamente, a la vista de las cifras trágicas, propias


de una guerra. Pero avanzamos muy despacio, ayudados por los mismos métodos de
aislamiento y distancia social que se han venido usando desde la más remota historia de las
plagas. Y así será mientras no existan medicamentos que curen y vacunas que prevengan.
Los avances diferenciales los proporcionan los datos y las proyecciones matemáticas.
Sabemos con mayor precisión y antelación lo que antes tardaba años en conocerse, y esto
nos permite corregir, planificar y mejorar.
Los epidemiólogos confiesan su ignorancia. Han sustituido a los politólogos, que saben
menos todavía sobre las consecuencias de la pandemia. Caerán Gobiernos, sin duda.
Quebrarán regímenes. Sufrirán las democracias. En todos los sistemas de gobierno
multinivel, Estados federales y similares, la tensión llega al límite. En Brasil y en Estados
Unidos, por ejemplo, donde Donald Trump acumula todo el poder, pero no asume ninguna
responsabilidad, y todo lo deciden los Estados federados.
La economía mundial encogerá. Saldrá transformada, a pesar de la pugna entre viejas y
nuevas fuerzas sobre la sostenibilidad medioambiental, el mantenimiento de las cadenas de
valor globales, ahora rotas y en crisis, la digitalización y el reparto fiscal de las cargas. Ya
están cambiando las formas de relación y de vida social, el transporte, el urbanismo y la
vivienda. Es una incógnita saber cómo serán la cultura y los espectáculos, también los
deportivos, con distancia social y mucha tecnología.
No hay que hacer marxismo microbiano para entender que epidemias como la que ahora
sufrimos explican mejor las transformaciones de nuestras sociedades que las estructuras
económicas, los movimientos sociales o la influencia de ideas políticas y filosóficas. No son
el objeto exclusivo de los epidemiólogos, sino un campo de interés para la explicación de
los grandes cambios, según ha contado magistralmente Frank Snowden, historiador de la
medicina y autor de Epidemias y sociedad. Desde la peste negra hasta hoy.
Según este profesor de Yale, las epidemias explican el declive de Atenas, la caída del
Imperio Romano, el hundimiento de las civilizaciones precolombinas, el fracaso de
Napoleón en Rusia e, incluso, su renuncia al imperio americano. Al igual que Estados Unidos
duplicó su territorio gracias a la fiebre amarilla, que obligó a los franceses a salir de Haití y
vender la Luisiana, ahora también China quiere salir vencedora del coronavirus.

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El ‘Homo deus’ ha muerto


Jaime García Cantero

La investigación científica convierte el dinero en conocimiento; la tecnología, ese


conocimiento en dinero. El capitalismo digital primó esta última y descuidó la primera. Si la
tecnología es el viaje de vuelta, la ciencia es el de ida.
Dice la filósofa Ana Carrasco Conde que a. C. y d. C. tendrán un nuevo significado después
de esta pandemia. Antes o después del Coronavirus. Un cambio de era en el que también un
dios ha muerto: el Homo deus de Yuval Noah Harari y sus dataístas.
Decían que la tecnología nos permitiría dominar la naturaleza, eliminar las enfermedades,
ser inmortales. Lacovid-19 ha demostrado que mentían. ¿Dónde están ahora los
transhumanistas y su vida eterna, los que prometían que la inteligencia artificial anticiparía
el futuro?
Contaba Zigmunt Bauman que el 9 de noviembre de 1989, mientras Günter Schabowski
dictaba la apertura de fronteras entre las dos Alemanias, se celebraba un gran congreso de
sovietólogos. Ninguno de ellos había visto venir la caída del muro. Tampoco ninguno de los
poderosos algoritmos que nos rodean supo detectar la plaga que hoy asola la Tierra.
Y el problema no es no poder ver: es estar mirando hacia otro lado. Los algoritmos saben
qué película vas a comprar, pero han sido incapaces de anticipar la mayor crisis global del
último siglo. No es un problema de tecnología, el problema es al servicio de qué se ha
puesto.
La innovación digital se ha centrado en hacer más ricos a unos pocos en vez de mejorar la
vida de muchos. Una visión mercantilista que reducía la inversión en ciencia, fascinada por
los cantos de sirena tecnológicos.
La investigación científica convierte el dinero en conocimiento; la tecnología, ese
conocimiento en dinero. El capitalismo digital primó esta última y descuidó la primera. Si la
tecnología es el viaje de vuelta, la ciencia es el de ida. Ambas son imprescindibles, pero su
foco no debería ser la eternidad del poderoso Homo deus sino la dignidad del frágil hombre
mortal.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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Los culpables
"Áñez y sus ministros apelan al miedo. Más que una
búsqueda de consenso y concientización, se apoyan en el
miedo y en una actitud policial para la que todo aquel es
visto como enfermo. Vigilar y castigar", reflexiona en
este ensayo el escritor paceño Gabriel Mamani Magne,
premio Nacional de Novela.
Gabriel Mamani Magne

Sanitario tomando la temperatura con un termómetro infrarrojo. Cortesía.

Los culpables
Mientras la crisis mundial producida por la pandemia exige un mayor grado de humanidad
y sensibilidad, en Bolivia nos hemos enfrascado en un proceso de deshumanización del otro.
Donde debiera haber solidaridad y empatía hoy abundan adjetivos que a estas alturas, para
muchos, ya son sinónimos casi exactos. “Salvajes”, “ignorantes”, “irresponsables”,
“alteños”, “terroristas”, “masistas”, “hordas” son palabras usadas sin distinción y siempre
en la misma dirección, es decir, en contra de aquellas personas, en especial aymaras, que
lanzan críticas al régimen actual. Todos están en la misma bola. Así pudo verse en las
opiniones que surgieron luego del cacerolazo de la semana pasada (cacerolazo que, según
mi opinión, fue menos barullento de lo que sus promotores vislumbraban). En el ojo
“demócrata”, los que protestaban eran “pobres masistas que tenían para petardos y no para
comprarse un maple de huevos”. Caramba. Como si protestar fuera sinónimo de ser masista,
como si estar en contra de Áñez te convirtiese automáticamente en pobre.
Toda crisis política, a su término, produce relatos. Luego de octubre de 2003, venció la
narrativa que decía que el neoliberalismo había sido lo peor que le podía haber pasado a este
país y que la democracia partidaria no servía. A su vez, al caer Evo, se empezó a diseminar
un discurso nada novedoso, por cierto, que animalizaba a los alteños y por extensión a todo
lo que fuera tocado por lo aymara. Se trata de una narrativa todavía en pugna con otras, pero
que va ganando cuerpo a medida que las crisis política y sanitaria avanzan en Bolivia. Una
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muestra del potencial de este relato, que produce imaginarios fuertes, es esa idea de que los
fallecidos en Senkata merecían la tumba “porque querían hacer explotar la planta de gas”.
La animalización aquí opera en base a dos explicaciones: primero, a que “se supone que los
alteños son tan ignorantes” que querían hacerse explotar a sí mismos; y segundo, porque “su
estupidez” los habría hecho merecedores de la muerte, por lo cual no se debería derramar
una lágrima por los fallecidos o, incluso, el hecho debería ser celebrado.
Al igual que en noviembre del año pasado, son tiempos en los que muchos buscan culpables.
Se cimienta un relato en el que el único responsable de la propagación del virus es “la gente”.
Lo interesante es que “esa gente” jamás incluye a uno mismo. Tenemos más de 2 mil
infectados porque la gente no es responsable, porque la gente tiene malos hábitos, porque la
gente no es higiénica, porque la gente no valora su vida. Ojo que cuando se habla de “la
gente” solo se incluye a las personas provenientes de extractos populares, a quienes, por
cierto, se les atribuye automáticamente una afinidad al MAS. Es así que, al empezar la
cuarentena, mientras en barrios de clase media como Miraflores la gente salía a la calle con
bicicletas y monopatines cual día del peatón, la rabia del internauta se concentraba solo en
las personas de barrios de El Alto o de laderas de La Paz. La animalización no toca al mundo
que empieza después de la Plaza del Estudiante, de la misma forma que la culpabilidad por
el virus jamás recaerá en Europa: la mirada acusatoria y prejuiciosa trumpista en otras
palabras se direcciona en culpar y estigmatizar a los chinos pero jamás a los italianos o
españoles, cuyas naciones, no está demás decirlo, fueron el punto de partida del contagio de
muchos países latinoamericanos.
Así, el péndulo de la culpa se mueve entre el asiático que está al otro lado del mundo o los
aymaras que salen a vender para poder sobrevivir. ¿La Zona Sur? ¿Europa? Bien gracias. La
salvajada irresponsable solo puede tener piel cobriza.

El gobierno transitorio ayuda en muchos casos de modo frontal, como en los famosos tuits
de la presidenta en los que habla de “hordas” y “salvajes” a la estigmatización de los
pobladores de ciertas zonas. El relato gubernamental del virus (y de casi cualquier problema
que atraviesa el país) se apoya en la convicción tan inamovible como el fanatismo religioso
de la primera mandataria de que los responsables de la propagación del virus son o bien
masistas o bien personas irresponsables alentadas por el MAS. Sustentan su prejuicio en
base a publicaciones desafortunadas de redes sociales (como la de ese pobre diablo que pidió
que le inyectaran COVID 19) y al pétreo prejuicio que predomina las opiniones de aquellos
internautas que se jactan de haber luchado en noviembre: que toda persona que tiene afinidad

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

el gobierno anterior es ignorante. De ese modo, los setecientos bolivianos varados en el


municipio de Colchane fueron acusados de ser masistas cuyo objetivo era desestabilizar al
gobierno de Áñez (de hecho, el prejuicio gubernamental era tan grande que un ministro acusó
de ser masista a un alcalde chileno). Según esa narrativa, cualquier inconformidad con el
actual gobierno solo puede producirse por gente afín a Evo que atiza a las masas poco
preparadas. ¿En verdad piensan que la gente que viola la cuarentena lo hace por órdenes de
un youtuber imbécil y no por necesidad? Dentro del actual gobierno, encabezado por un
séquito de ministros dedicados más a amenazar que a buscar paz en medio de tanta
polarización, no existe la chance de que surja inconformidad a partir del criterio propio de
la gente. El pueblo, según ellos, no tiene el suficiente raciocinio para efectuar sus propias
protestas.
Áñez y sus ministros apelan al miedo. Más que una búsqueda de consenso y concientización,
se apoyan en el miedo y en una actitud policial para la que todo aquel es visto como enfermo.
Vigilar y castigar. Somos tratados como infectados si violamos la cuarentena (se nos acusa
de atentar contra la salud pública), pero no somos vistos como infectados si queremos
hacernos una prueba al instante. Según el gobierno, lo incontrolable del virus en Bolivia se
debe solo o bien a la indisciplina de “la gente” o a las malas políticas de salud el pasado
gobierno. Nunca a la ineficacia de la gestión de los gobernantes actuales. Los culpables
siempre son los otros. Basta oír las declaraciones del ministro Murillo para entender por
dónde se decanta el relato gubernamental de la pandemia. Su tufo amenazante y su vocación
disciplinaria asustan tanto como la pasividad con la que la ciudadanía acepta las amenazas y
calla ante los arrestos apresurados. (Ni siquiera en los casos de feminicidio hay tanta
celeridad como para quienes violan la cuarentena).
Las redes sociales son la pantalla perfecta para diseminar la estigmatización y cimentar un
discurso de odio que, si bien se arrastra desde hace al menos dos siglos, hoy por hoy, debido
al avance tecnológico y la llegada al poder de grupos conservadores que legitiman el racismo
y la xenofobia, se expande con celeridad y genera imaginarios fijos que son tomados por
verdades. El virus limita el mundo a lo que vemos en una pantalla plana. Martín Caparrós
ya lo escribió en un artículo: el mundo de hoy es plano. Nuestra concepción y nuestra
principal fuente de aprendizaje, incluso antes de la pandemia, se rige por lo que los
algoritmos de la pantalla touch de nuestro teléfono nos ponen frente a los ojos. Esta suerte
de terraplanismo involuntario reduce nuestra apertura a lo que Facebook quiere que veamos
y a las opiniones de gente que piensa como nosotros. Una foto de comerciantes vendiendo
en El Alto basta para que la masa virtual estigmatice a esa ciudad y a sus habitantes, obviando
el hecho de que muchas juntas vecinales se han organizado para coordinar acciones y
controlar el comercio y que dicha ciudad, así como cualquier otro municipio, es mucho más
grande que dos o tres barrios que aparecen en las noticias.

La ecuación racismo + redes sociales + pandemia crea la figura de un enemigo común, un


responsable único de la situación por la que atravesamos. Y ese responsable, en la tabla de
pigmento, siempre se aproxima más al cobre. No importa que el gobierno haya tenido casi
cincuenta días de cuarentena para prepararse y que aun así nos pida aguantar más porque no
estamos preparados. No importa que El Alto, ciudad aymara por antonomasia, tenga menos
infectados que la ciudad de La Paz; no importa que en barrios de clase media como
Miraflores o Sopocachi haya personas que aprovechan el paseo del perro para estirar las
piernas; no importa que allegados al gobierno actual admitan haber hecho mal uso de bienes
estatales… quien paga la condena de hambre, de estigma, de cárcel es el pobre, aquella
persona que se ve obligada a salir, ya sea porque no le alcanza para el delivery, el

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

comerciante que debe vender para pagar el alquiler o el trabajador de La Paz Limpia o de la
misma policía (sí, los uniformados también son trabajadores) que debe cumplir su deber no
por heroísmo, sino porque de eso depende su salario mensual.
Criticar la estigmatización no es romantizar a un sector determinado, como abogan muchos
que intentan justificar un racismo hoy por hoy legitimado o al menos no cuestionado por el
gobierno central. Y aunque no es mentira que hay violaciones frecuentes a la cuarentena (por
parte de pobladores de todos los estratos sociales), pretender transferir toda la culpabilidad
al pueblo es despojar al Estado de su ración de responsabilidades, que en estos momentos es
grande y, en muchos casos, de su exclusividad. Atravesamos un momento difícil, único en
la historia del mundo. Resulta paradójico que, en el intento de salvar vidas humanas, estemos
perdiendo la humanidad al animalizar a ciertos sectores. La paradoja se hace más cruel si
recordamos cómo una buena parte de “los civilizados” esos que tildan de ignorantes a todos
los que critican el régimen de Áñez se lavan la boca con Jesucristo y celebran el sobrevuelo
de más de diez mil dólares de un helicóptero que rociaba agua común hecha pasar por
bendita.
“Ignorantes terroristas”, suelen decir muchos de los que vieron con buenos ojos aquel acto,
olvidando que el supuesto hijo de su dios también fue arrestado, injustamente, por sedición.

Gabriel Mamani Magne


Escritor y Premio Nacional de Novela 2019

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

Fronteras o algoritmos
Lluís Amiguet

Europa ha gestionado la pandemia peor que Asia, porque se ha enfrentado a


ella con los instrumentos del siglo XIX: confinamientos y fronteras. Los
asiáticos, en cambio, han sabido atajarla con los del siglo XXI: algoritmos y
tests. Aquí, además, aún sufrimos la necropolítica de la recesión y sus recortes
sanitarios, las decisiones que los gobiernos tomaron a sabiendas de que
costarán vidas. Francis me regala su Virus de la filosofía y le correspondo con
mi Homo rebellis , donde se explica, siguiendo a Cell , que nuestra conciencia
nos fue inoculada por un virus. Y que los asiáticos son más gregarios y
disciplinados que nosotros desde la cuna: se individualizan –tienen su primer
recuerdo– a los cinco años; nosotros, a los tres. El futuro es una red y Asia lo
está tejiendo antes y mejor.
¿Cuál es la filosofía del virus?
Los virus existen antes que los humanos, pero solo son cuestión de Estado desde 1942...
¿Acaso antes las pandemias no diezmaban naciones?
Claro, pero los estados solo se consideran responsables de la salud de sus ciudadanos desde
que el Reino Unido adopta ese año el plan Beveridge, que incluye los servicios de salud.
El seguro de enfermedad también se instituye en España ese año: en 1942.
Y es una fecha clave para los virus, porque el Estado moderno pasa entonces de ser solo
responsable de que no mataran a los ciudadanos a serlo también de su salud.
Y eso tiene un coste enorme.
No solo económico. También en nuestras libertades. A cambio de asegurar la salud, el Estado
se arroga la capacidad de vigilarla y tutelarla, que es lo que hace ahora.
Foucault hablaba de biopolítica.
Y los estados así también vigilan la salud mental: es decir nuestras mentes.
La psiquiatría mal ejercida deviene un modo de eliminar la diversidad política.
Fue así en el franquismo. Ahora yo diría que hemos ido incluso más allá de la biopolítica y
vivimos en una bioarzquía : del alemán arz (médico); un Estado medicalizado.
Los griegos distinguían entre bíos, la vida humana, y zoás , la existencia animal.
Las personas libres las vivimos a la vez, pero si los estados abusan de su poder con la excusa
de la pandemia acabaremos renunciando a la bíos para vivir solo como zoás . Por miedo a
perder la existencia, renunciamos a la vida.
¿No se trataría de buscar la salud sin renunciar a lo que hace la vida deseable?
Sí, pero eso no es posible si entronizamos el criterio médico como si la medicina fuera una
ciencia.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

¿Y no lo es?
Por supuesto que no. La medicina es una técnica que aplica criterios científicos y es, por
tanto, desgraciadamente inexacta.
Lo vamos comprobando, sí; pero sin medicina ¿qué nos quedaría?
Lo que es peligroso es que la bioarzquía no acepte sus límites y no admita su ignorancia.
¿Tenemos derecho a saber que no saben? ¿No saben al menos más que nosotros?
Somos o al menos deberíamos ser lo bastante maduros para admitir que los médicos solo
son profesionales que intentan luchar contra la enfermedad con abnegación; pero también
que esta es desconocida y que no hay ninguna fórmula matemática infalible para derrotarla.
¿Y no lo hacemos?
En cuatro días, por ejemplo, el criterio sanitario ha pasado de dudar de la mascarilla a
imponerla so pena de multa.
¿Qué ha pasado?
El político se apropia de forma oportunista de la razón farmacéutica para empoderarse. Y el
poder económico espera utilizarla también para aumentar beneficios.
¿Pero todos, como dice Tusquets, saldremos de esta más tontos y más pobres?
La gran arma del neoliberalismo ha sido el terror al paro que le permitía controlar la
sociedad; hoy el factor de control es el virus.
¿No hemos copiado el paradigma chino de confinamiento total frente al virus?
Los europeos hemos intentando gestionar el virus con herramientas del siglo XIX: fronteras
estatales y confinamientos masivos; en cambio, los países asiáticos más avanzados, como
explica Byung-Chul Han, han afrontado la pandemia con herramientas del siglo XXI:
algoritmos, apps, tests masivos...
¿Asia no ha impuesto así una dictadura del algoritmo?
Detrás de la broma de que el virus es el 5-G chino, hay una parte de verdad. Occidente aún
juega a la guerra fría, pero China hace tiempo que nos va ganando al go. Y empieza por el
control absoluto que Pekín ha logrado imponer sobre los propios chinos.
Pero el marco de confinar a todos y no solo a los grupos de riesgo es el chino.
Lo que se ha intentado es imponer es el virus como política que dicta cómo tenemos que
comportarnos aun cambiando el criterio médico. Y ese ethos decide nuestra obediencia
futura y una nueva forma de vivir.
¿No influye en esa mansa aceptación el envejecimiento de nuestra población?
Nuestros mayores levantaron el sistema sanitario y han sido ahora el 75% de los muertos por
el virus. Eso es necropolítica.
Defina necropolítica.
No derivar a los ancianos de las residencias a hospitales; que no haya respiradores; que hayan
muerto por recortes presupuestarios que han precarizado nuestra respuesta a la pandemia. La

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necropolítica son decisiones tomadas por políticos a sabiendas de que generarán muertes;
pero las toman.
Por ejemplo.
En su día sabían que si recortabas el sistema sanitario y la vigilancia epidemiológica acabaría
pasando lo que ha pasado. La necropolítica es gestionar la vida utilizando la muerte y la
enfermedad para empoderarse. Y ahora los farmaestados se consolidarán con contratos del
siglo para las vacunas.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
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Glosario Médico-Covid
aislamiento
Separar a una persona o grupo de personas que se sabe o se cree que
están infectadas con una enfermedad transmisible de aquellas que no están
infectadas, para prevenir la propagación de la enfermedad. (Comparar con
cuarentena)
asintomático
No tener ningún síntoma de enfermedad.
coronavirus
Un grupo de virus que incluye muchos tipos diferentes, algunos de los cuales pueden
causar enfermedades en humanos.
COVID-19
El nombre dado a la enfermedad causada por el nuevo coronavirus que surgió en China
en diciembre de 2019.
cuarentena
Separar a una persona o grupo de personas que se sabe o se cree que han
estado expuestos a una enfermedad contagiosa pero aún no sintomáticas de otras que
no han estado tan expuestas, para prevenir la posible propagación de la enfermedad.
(Comparar con aislamiento)
La cuarentena incluye:
-- Usar higiene estándar, como lavarse las manos con frecuencia y no tocarse la cara
-- No compartir cosas como toallas y utensilios con otras personas que comparten el
mismo hogar
-- Quedarse en casa y no tener visitantes
-- Mantenerse al menos 6 pies de distancia de otras personas en su hogar
No es necesario que tenga síntomas de COVID-19 para la cuarentena. Los cuidadores
que han viajado o están saliendo de sus hogares con frecuencia para hacer mandados
pueden optar por la cuarentena, especialmente en las zonas peligrosas de COVID-19.
distanciamiento social
Medidas tomadas para evitar la propagación de la enfermedad al permanecer fuera de
lugares públicos abarrotados, evitar reuniones masivas y mantener una distancia de al
menos 6 pies o 2 metros de otros cuando sea posible.
epidemia
Ocurrencia en una comunidad o región de casos de una enfermedad, comportamiento
específico relacionado con la salud u otros eventos relacionados con la salud
claramente superiores a la expectativa normal. La comunidad o región y el período en
que ocurren los casos se especifican con precisión. La cantidad de casos que indican
la presencia de una epidemia varía según el agente, el tamaño y el tipo de población
expuesta, la experiencia previa o la falta de exposición a la enfermedad, y el tiempo y
el lugar de ocurrencia. (Comparar con pandemia)
inmunidad
La capacidad de resistir una infección por la acción del sistema inmune del cuerpo.
pandemia
Una epidemia que ocurre en todo el mundo, o en un área muy amplia, que cruza las
fronteras internacionales y generalmente afecta a un gran número de personas.
(Comparar con epidemia)
pródromo

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El período de tiempo durante el cual una persona infectada puede no haber


desarrollado síntomas muy específicos o graves. Es posible que no se den cuenta de
que están enfermas, pero aún pueden estar transmitiendo el virus.
SARS-CoV-2
El nombre científico del coronavirus específico que causa la COVID-19. SARS-CoV-
2 significa "coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo". Este nombre fue
elegido porque el virus está genéticamente relacionado con el coronavirus responsable
del brote de SARS de 2003; es importante comprender que, si bien están relacionados,
los dos virus son diferentes, y el SARS y la COVID-19 son enfermedades diferentes.

Glosario político
 Absolutismo: Ejercicio completo del poder gubernamental sin restricción alguna.
 Ambientalismo: Ideología política cuyo propósito principal es la protección y
recuperación del medio ambiente.
 Autarquía: Independencia total de fuentes externas. Un país autárquico se sostiene con
sus propios recursos.
 Balance de Poder: Teoría que explica las alianzas políticas, militares o económicas entre
países como estrategias contra estados de extremado poder. Por ende, estas alianzas crean
el llamado balance de poder.
 Burocracia: Organización jerárquica del proceso administrativo en la que oficiales y
funcionarios públicos siguen un código de reglas claras.
 Cartel: Acuerdo entre productores de una comodidad o producto para controlar la
producción y dictar un precio sobre el producto.
 Censo: Cuenta oficial de la población nacional organizada por el gobierno.
 Censura: Supresión de alguna forma de contenido bajo cargo de inmoralidad o potencial
de volatilidad política.
 Certificación: Sistema de verificación impuesto por el gobierno de los Estados Unidos a
otros países en el que se decide si existen las condiciones básicas para recibir su
asistencia. El criterio de certificación se basa en varios factores, tales como el desempeño
en derechos humanos y cooperación y efectividad en la lucha antidrogas entre otros.
 Coerción: Uso del poder para conseguir conformidad por medio de miedo e intimidación.
 Demagogia: Estilo político en el que se intenta conseguir la simpatía y lealtad de los
votantes por métodos que despierten las emociones y pasiones básicas de las personas.
 Depresión: Largo de período de recesión económica como el ocurrido en 1929 después
de la caída de la bolsa en los Estados Unidos.
 Descentralización: Proceso de asignar mayor responsabilidad administrativa a las
distintas secciones regionales de la maquinaria gubernamental, de tal manera que el poder
decisivo y administrativo no se concentre en una sola institución o área.
 Gabinete: Grupo de asesores presidenciales en temas específicos conformado
principalmente por los dirigentes de cada ministerio.
 Globalización: Proceso de vinculación de países a la comunidad internacional, de tal
manera que se establecen vínculos de interdependencia económica y política.
 Guerra Civil: Guerra entre facciones o grupos nacionales dentro del mismo país.
 Ideología: Doctrina o Sistema de pensamiento sistemático y causal que intenta explicar
de una manera coherente una serie de eventos políticos.
 Laissez Faire: Concepto central de la política económica liberal según el cual el mercado
es capaz de auto-regularse e incluso es más eficiente cuando es libre de regulaciones
gubernamentales.

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Biopolítica, guerra microbiológica y nuevo orden mundial.
Henry Álvaro Pinto Dávalos

 Participación Política: Índice de votos en una elección con relación al número de


votantes activos.
 Pluralismo: Nivel de aceptación frente a opiniones o fuerzas opuestas a la ideología o
política del gobierno en el poder. Se habla de pluralismo cuando distintas ideologías o
posiciones políticas coexisten en una cultura política o régimen.
 Plutocracia: Sistema de gobierno en el que personas con riqueza y dinero controlan el
estado.
 Poder Hegemónico: Estado que por su incomparable poder e influencia asume el papel
de regulador en el sistema internacional.
 Política Comparativa: Área académica dentro de las Ciencias Políticas que estudia las
similitudes y patrones entre distintos sistemas políticos.
 Políticas Públicas: Se refiere a los proyectos sociales o urbanos que el gobierno
desarrolla. Por lo general, estas políticas tienen un fuerte contenido administrativo.
 Privatización: Proceso de venta de entidades públicas o estatales al sector privado con
el propósito de aliviar la carga administrativa al gobierno e incrementar la eficiencia.
 Proteccionismo: Conjunto de políticas cuyo propósito es controlar el numero o el tipo
de productos que entran a un país por medio de importaciones, de tal manera que los
sectores de producción nacional no se vean afectados por competencia excesiva.
 Relaciones Internacionales: Vínculos o relaciones establecidas por un país con otro, o
con una comunidad de países por medio de instituciones como el servicio diplomático u
organizaciones internacionales.
 Terrorismo: Uso indiscriminado de la fuerza y la violencia contra personas o
propiedades con el propósito de intimidar gobiernos, individuos o entidades a aceptar
demandas políticas.
 Tratado: Acuerdo legal entre dos naciones. Por lo general, debe ser firmado por el
ejecutivo y ratificado por el legislativo.
 Unilateralismo: Se refiere a acciones tomadas por un gobierno que no toman en
consideración las repercusiones directas o indirectas que pueden tener sobre otros actores

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Abogado y Politólogo. Docente de las asignaturas de Derecho Procesal
Constitucional y Derecho Constitucional en la Universidad Mayor de San
Simón, Universidad Simón I. Patiño, Universidad Franz Tamayo,
Universidad Domingo Sabio, Universidad de Aquino de Bolivia. Docente
de post grado en la Maestría en Altos Estudios Nacionales de la
Universidad de la Fuerzas Armadas de Bolivia y la Escuela de Altos
Estudios Nacionales “Cnel. Eduardo Abaroa Hidalgo” en la asignatura
Defensa Legal del Estado, así como de la Escuela de Abogados del Estado
de la Procuraduría General de Bolivia, en las asignaturas Auditoria
Jurídica, Defensa Legal del Estado, Sentencias Constitucionales, Acciones
de Defensa y Derechos Humanos. Docente de postgrado de las
Universidad Autónoma Amazónica de Pando, Universidad Autónoma del
Beni “José Ballivián”, la Universidad Autónoma de Oruro “Tomas Frías”
y la UTEPSA en Santa Cruz de la Sierra. Consultor del Ministerio de
Obras Publica, Viviendas y Servicios; Ministerio de Justicia y Derechos
Humanos; y Ministerio de Hidrocarburos como Jefe de la Unidad Legal
del Comité Nacional de Despacho de Carga (CNDC). Director a.i. del
Centro de Investigaciones de la Carrera de Ciencia Política (UMSS). Autor
del libro “Derecho Procesal Constitucional en Bolivia”, “Principios,
Valores y Derechos en el Estado Plurinacional de Bolivia” y “Sistema de
Precedentes Constitucionales”.