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EL JUEGO DE MARICELA

GUERRERO

[Fotografía @Erik Moya]

Por Carlos Vicente Castro

Entrevista publicada en Casa Bukowski

Doy clic a la cuenta de Spotify de Maricela Guerrero y me encuentro con que los
últimos artistas que ha escuchado son Amy Winehouse, Billie Holiday y Teddy
Wilson. Voy un poco más allá: su playlist Distancias, armada para ir en busca de
sus raíces en carretera, comienza con Los Panchos… La imagino en su oficina, con
los audífonos puestos y tarareando. Teléfono es otra cosa: de Cri-cri pasa por
Timbiriche y Leo Dan para rematar con Marco Antonio Solís y Puerto Candelaria,
todo un alucine dedicado al invento de Antonio Meucci.
Maricela llegó como un trenecito —ineludible— a la escena literaria mexicana
con Desde las ramas una guacamaya y a partir de entonces con cada libro le
descoloca los sentidos al lector. Es una poeta adictiva, en su obra y en su persona.
Por su destreza con el lenguaje, su capacidad de escarbar con palabras el
significado de otras palabras, de armar poemas-juego, juguetes semánticos y
sonoros, de sumergirse de lleno en una vorágine plagada de recursos, de guiños a
la cultura popular, de extrañezas y asociaciones.

Nada más disfrutable que su conversación en videoconferencia.

¿Habría que buscar nuevas maneras de poetizar?

Sí, ¿no? Es muy valioso. Tengo un asunto muy de impulsividad, de seguir la


intuición a veces con conciencia y a veces muy inconscientemente. Y hay algo más:
la poesía tiene que ver con lo vital y lo espléndido que es respirar.

¿Tus caricaturas o animaciones predilectas?

Don Gato y su Pandilla. El castillo vagabundo es una de mis películas favoritas. Los
Estudios Gibli son un laboratorio poético. El increíble mundo de Gumball es muy
divertida y tiene algunos capítulos sumamente irónicos de cómo nos vinculamos con
el mundo laboral. Y en ese sentido, Aggretsuko trata el tema de las oficinistas y está
increíble. Hay algo ahí que me identifica, jajaja.

¿Los poetas merecen trato especial?

No, definitivamente no. Más bien habría que quitarle lo especial a cualquier trato. Lo
que habría que universalizar son buenas condiciones de vida para todas las
personas.

¿Qué música sueles escuchar?

Con mis hijos adolescentes de pronto me llegan cosas nuevas. Empezamos a


escuchar Caravan Palace, una maravilla. Con Sofi estoy escuchando Jack Stauber,
que usa muchas animaciones para sus videos. Desde que empecé a hacer una
revisión y una búsqueda de mover los imaginarios y las ideas hacia otro lado, he
escuchado música africana: Youssou N’Dour, Salif Keïta, todos estos músicos que
recuperan algo del folclor africano y lo mezclan con jazz, rock. Ahorita está de moda
volver al rock latinoamericano… procuro mover bastante los gustos musicales.

¿Cómo te relacionas con tu vida oficinesca?

Desde hace un rato he ido imaginando que mi trabajo oficinil es como un buen
marido, con quien he llegado a tener una relación bastante amable, cordial, llevamos
bien las apariencias. Ante todo, hacemos una buena pareja. Hay diferencias o
desavenencias, pero como en todo, volvemos bien siempre. Sin embargo, tengo
una amante de tiempo completo, con quien me divierto, la paso muy bien, a gusto,
me sigue la corriente y me permite conocer y disfrutar. Y esa amadísima amante es
la escritura de poemas y todo lo que pasa alrededor.

¿Qué poetas mexicanos te laten?

Sor Juana por siempre. He estado leyendo Primero sueño durante la pandemia y
todo lo que se traduce de ahí es muy importante para la vida. Se tiene una idea
equivocada de este poema. No es un poema platónico, no aboga por el mundo de
las ideas, sino por el mundo material y físico, donde percibimos e inteligimos a través
de las percepciones.

De las contemporáneas me gusta mucho lo que hace Xel-Ha López Méndez. Mi


devoción por Sisi (Xitlalitl Rodríguez) y Paula (Abramo) es de siempre. Minerva
Reynosa, toda la experimentación que puede hacer en un poema. El último libro de
Rodrigo Flores, Ventanas cerradas, me parece extraordinario.

Ahora hay como una súper producción de contenidos. Y hay muchas voces muy
novedosas, geniales. Por ejemplo, lo de Nicté Toxqui. Erik Moya hace unas cosas
loquísimas. Son unas voces rompedoras y personales.

¿Qué te gustaba jugar de niña?

Andar en bicicleta. Jugar a las atrapadas, a la trais, encantados. Me gustaban las


rondas infantiles y jugar a las Barbies.

Películas favoritas…
Volví a ver en la pandemia La estrategia del caracol. Es colombiana, una belleza.
Imagina el mundo desde la posibilidad y la locura colectiva para cambiar el mundo
material aquí y ahora. Nirvana, que es de la época de Matrix. Y de Almodóvar, Todo
sobre mi madre.

Película que abominas…

Garfield 3D.

Películas que te han hecho llorar…

Todas. Por prescripción familiar me prohibieron ver Bambi. Vimos Soul, y cuando
se muere el personaje, ya estaba llore y llore.

Comida predilecta…

Verdolagas.

¿Te gusta cocinar?

Muchísimo.

¿El guacamole?

Sí, sin limón.

Un libro imprescindible…

Los mil y un años de la lengua española, de Antonio Alatorre. Nos dice mucho de lo
que significa estar en esta lengua. Escribimos en la lengua del colonizador, por eso
justo, la chamba es hacer lo que se nos pegue la gana con esta lengua que ya es
nuestra para amarla y expresar e invocar muchísimo.
Si pudieras viajar de nuevo, ¿qué libro llevarías en el avión?

La última vez que viajé en avión fue para presentar Kilimanjaro en Los Ángeles y ya
había comprado Balún Canán para leerla. Estaba haciendo la maleta y no la
encontraba, entonces le dije a Rosario: “Mira, Rosario, esta es la última oportunidad
de que te lea, si no apareces, ni modo, ya no te voy a poder leer”. Por arte de magia
volteé los ojos y estaba en el librero. Llevaba más de una hora buscándolo. Rosario
me escuchó.

¿Novelistas latinoamericanos?

La declaración de las canciones oscuras, de Luis Felipe Fabre, me ha hecho muy


feliz, me entusiasma por su engolosinamiento con el lenguaje. El animal sobre la
piedra, de Daniela Tarazona, la he disfrutado mucho. Y acabo de terminar El libro
mayor de los negros. Me fascinó. Recrea la historia de una mujer esclavizada en el
siglo XVIII, es una novela conmovedora y poderosa. Memorias de España, de Elena
Garro, me emocionó. Canción de tumba, de Julián Herbert, es también
espectacular.

¿Se puede vivir de la poesía?

No lo sé. En mi caso, sé que no podría vivir sin la poesía.

¿En qué momento la estética del poema queda en segundo o tercer lugar?

Un poema es estética y lo que dice. Es un conjunto.

En tus poemas juegas con el lenguaje, hay una acumulación no solo de


palabras sino de recursos…

Me parece que el espacio del poema es uno de los más libres que he podido
experimentar por el momento. Ahí tú mandas, la patrona eres tú. Siguiendo esta
intuición con el lenguaje y las cosas que me interesan, cuando me pongo a trabajar
en un poema se acumulan capas de significado. A veces tienes un significado muy
claro, y cuando lo empiezas a desbrozar, cuando llegas a la carnita, pasan muchas
cosas. La posibilidad de libertad que me ofrece el trabajo con el lenguaje, con el
poema, es brincar lo argumentativo y racional para quedarme solo con la percepción
y la intuición.
¿Qué te agrada más de Gerardo Deniz?

Su debraye. Esta cosa que tiene de… como cuando estás con los cuates y
empiezas con un tema y luego ya sobre ese tema vas hilando cosas y se convierte
en una cosa súper barroca y divertida.

¿Feminismo?

Interseccional. No va a ser la primera vez que lo diga, pero mi política entre mi lucha
de clase, mi lucha de raza y mi lucha de género están vinculadas. Y no voy a
prescindir nunca de ninguna por treparme en el rollo feminista mainstream.

¿Y qué con el sentido del humor?

Ahhh, pues todo el tiempo, ¿no? Jejejeje. Que alguien venga y me explique cómo
se puede vivir seriamente. Sin el sentido del humor no habría cordura. Una de las
cosas que nos mantienen cuerdos es enloquecer.

¿Qué te viene a la mente cuando piensas en Chile?

Lo de Chile que tengo en mi corazón y en mi imaginario viene de amigos muy


queridos. Y de una historia latinoamericana leída, compartida, escuchada.

¿Dulce que prefieres cuando llega el antojo?

Muy recientemente, chocolate fino. Amargo y si tiene almendras, huy, ya me morí.


**

Los siguientes poemas pertenecen a De lo perdido, lo hallado y El sueño de toda


célula:

PERDIDO

Algo se me perdió esta mañana.

Eran como palabras alegres: como

espora,

cereza

y remolacha:

andaban por ahí bailando en un papel de florecitas

Eran palabras brillantes y frescas como para ensalada de amistad en esas


tardes de

té en que todo se nos va en partidas de dominó y payasadas.


LAMENTACIÓN EN QUE SE RETOMA UN TÓPICO SORJUANESCO

¿Qué humor puede ser más raro

que el que falto de consejo,

él mismo empaña el espejo

y siente que no esté claro?

Sor Juana Inés de la Cruz

Ay, el más querido y que fuera como todas, ay:

la presa, el acecho, desdenes y pañuelitos levantados;

el mono proveedor, la mantis,

la elección del macho

—pavorreales—

ay, la etología:

tanta podredumbre del fragor de la naturaleza,

como todas lloro, como todas, ay

entonces el músculo iridiscente se mostró en tu espalda,

ay, la biología:
el macho la hembra —acechos—

la violencia de las astas, el parricidio, filicidio

hay pan y leche en la alacena

camino sola —sólo cercanía— dijimos

¿de cuál? ¿del xix victoriano, cielo?

a Wilde lo encarcelaron;

entonces sor Juana, y qué otra:

río:

los monos, a pesar de todo, no inventan chistes;

estribo de la singularidad del mono amoroso

querer ir contra la Pachamama y niñas

a las que por promiscuas (dicen Usos y Costumbres) apedrean

les arden el sexo en la sierra: naturaleza social de bestias, xenofobia

violencia del fragor, ¿eso corazón?, ay

ay de la selección de las especies

ay amor y yo te amaba en la desnudez apalabrada

desde la lengua de mi punta hasta las


aladas uñas de mis pies

ay, te amaba, derrames

amor intellectualis, Ortega;

no la presa, el cazador casado:

usura, violencia de neuroconectores, testosterona, ay

naturaleza de palabras y poesía, ay.

CHARLES BUKOWSKI & THAT WOMAN

Y lo conocí.

Sí lo conocí, y bueno, no le dije crápula, pero casi.

Y que me le voy encima,

a quitarle los puntitos negros, los barritos:

extraer celosamente esa sustancia blancuzca y deleznable,

dilatarme en la exprimidera, a veces en el coche,

el tianguis, la cocina y en medio de ese placer, coger.

Hasta que el hombre se quedó sin puntos que exprimir


y un poco sin mi amor.

Hallé los pelitos que salían de sus orejas,

de su nariz, los saqué uno a uno con las pinzas:

los arranqué, ¡qué sensación!

con las pincitas, hasta que se quedó sin pelitos

¡Lástima! Pensé.

Sin barros ni pelitos.

Lo intenté, sí quise. Le sustraje

cerilla de la oreja... traté pero no pude, amarlo.

Así que agarré mis garritas y me largué

¡Qué hombre tan mezquino! ¡Tan sin sustancia! Pensé.

Esa mujer

LA FORMA DE LAS HOJAS

La maestra Olmedo nos mostró un método

que podríamos seguir alrededor del árbol y de la forma


de las hojas:

para distinguir si vienen en foliolos varios o en una

sola que llamaríamos simple:

por su forma:

aciculares, redondas, lineares, oblongas,

elípticas, acorazonadas, ovadas, lanceoladas,

oblolanceoladas.

[Un día nos puso a dibujar un catálogo de la forma de las hojas con la técnica
que gustásemos: ¡gustásemos es lindo!: acuarela, óleo, hacer fotografía,
carbón, lo que sea con tal de considerar la forma de las hojas como una
forma de recuperarnos. De resistir el miedo a las sustracciones y la pérdida
de los grandes depredadores: dibujar hojas y árboles es respirar: gustamos.]

por su borde:

liso, dentado o lobulado.

También hizo hincapié en que pese a las miles de clasificaciones las formas varían y
que tal vez, muy probablemente, las hojas no encajen totalmente con esta
clasificación.
Que recolectar hojas y reconocer árboles es una forma hermosa de resistir: devenir
sueño de células: dibujarlas y respirar.

Ahora que estás aquí: dibujemos un olmo chino:

Que nos recuerde el camino rumbo a la escuela y los días en que podíamos ver
cerros.

Una llamada telefónica nos informa que a dieciséis kilómetros de distancia una
bacteria ha invadido algunas células de la maestra Olmedo y hay un virus
acechando.

Miro en tus ojos el miedo siento en mis rodillas el miedo: lo abrazamos y


tarareamos una canción de cuna hasta quedarnos dormidos.

YERBABUENA

En la Edad Media los médicos elaboraban libros con las ilustraciones de las plantas
medicinales conocidas.

Dibujemos una yerbabuena.

Coloquemos unas hojitas de yerbabuena en el agua fresca: notas gustativas en esta


historia de células que devienen juntas: frescura: un ritual alegre y simple.

A quince metros de distancia, en la jardinera del estacionamiento de la unidad de


departamentos donde vivimos, crece una silvestre tipo enredadera: se esparce.
Alguien nos dijo que si la siembras junto a una menta la absorbe y la menta deja de
ser menta: que la yerbabuena se expande y no permite que crezcan otras yerbas
aromáticas a sus alrededores.

La pregunta es, ¿requerimos una planta que en su hermosura impida el crecimiento


de otras plantas?, otra pregunta, ¿las plantamos en macetas separadas o
intentamos su convivencia?, una más, ¿tú crees que todas las cosas horribles que
hemos dicho se puedan poner en una maceta para que germinen plantas alegres?

En el baldío de al lado, además de dátiles crece epazote y anís.

PREGUNTAS

¿Escribimos poemas para preservar la especie?

Escribimos poemas y trazamos rutas para

transmitir una información que muestre cómo

seguir la vocación de alegría:

luciérnagas

bacterias luminosas.
Echarse al lomo de la loba bosque arriba.

Detener es otra forma de fluir.

MAPA EN 3D

Soñé que recibía un bosque en un mapa de 3d y podía verle sus cañadas sus ríos sus
tipos de suelo, las transformaciones de sus componentes, con el bosque llegaba un
san bernardo, me lamía, paseábamos por la maqueta en tercera dimensión tamaño
real olía a tierra recién llovida y no había nadie: sustracciones era la sensación del
san bernardo y mía. Recordé que mis hermanos y yo vimos miles de veces la
película del san bernardo que tocaba el piano y reíamos mucho para evitar esa
sensación de que los adultos habían sido sustraídos.

Caminamos por el terreno y claramente hicimos un censo de árboles –a caballo


dado, no se le ve colmillo– sin embargo, esos eucaliptos eran un problema para el
san bernardo y para mí, venían solos no traían koalas mamás, ni koalas bebés y a
sus alrededores el suelo era un desastre de desnutrición y altos niveles de tristeza.

El san bernardo tomó la libreta y escribió la palabra endémico fosforesciendo. Me


guiñó un ojo y luego fue la loba y se echó a correr con su manada por los mapas del
bosque.
De las semillas endémicas, que el san bernardo esparció por el mapa, brotaron
árboles frondosos, ahuehuetes encinos y miles de yerbas que dieron cobijo a
liebres, zanates y otras aves como patos silvestres: en un momento me tendí en la
tierra y de mí brotaron musgos, líquenes y hongos y estuve así: hasta el presente.

Células que provienen de otras células y que contienen el mismo material


hereditario: tus hermosos ojos y la risa.

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