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Dahl, Robert - Análisis político moderno

I. ¿Qué es la política?
Un sistema político es cualquier modelo persistente de relaciones humanas que implique, en
una extensión significativa, poder, mando o autoridad.
Muchas asociaciones que la mayoría de la gente no considera como “políticas” poseen
sistemas políticos: clubs privados, empresas, sindicatos, organizaciones religiosas, grupos
cívicos, tribus primitivas, clanes, quizás incluso familias. Tres consideraciones: 1) Se puede
describir el gobierno de una entidad como dictatorial, democrático, representativo o
autoritario; 2) Un sistema político es sólo un aspecto de una asociación: las personas no
experimentan sólo relaciones de poder y autoridad, sino también muchas otras de amor,
respeto, dedicación, creencias comunes, etc.; 3) Nuestra definición no dice prácticamente nada
de los motivos humanos.
El análisis político trata de poder, mando o autoridad. La economía se interesa por los recursos
escasos o por la producción y distribución de bienes y servicios. La política es un aspecto de
una gran variedad de instituciones humanas; la economía es otro aspecto.
Las definiciones nos pueden ayudar a comprender nuestro lenguaje; ellas, a solas no nos
ayudan a comprender lo que está sucediendo en el mundo. Por esto, necesitamos
proposiciones empíricas que afirmen algo más que una definición, algo que, al menos en
principio, pueda ser confirmado o refutado por la experiencia.

Sistemas y subsistemas. Cualquier colección de elementos que de algún modo actúan


interdependientemente entre sí puede ser considerada un sistema: una galaxia, un equipo de
fútbol, una legislatura, un partido político. Cuatro puntos para recordar que pueden aplicarse a
sistemas de cualquier tipo: 1) Llamar a algo sistema es una forma abstracta de considerar las
cosas concretas; 2) Necesitamos especificar los límites del sistema; 3) Un sistema puede ser un
elemento, un subsistema, de otro; 4) Algo puede ser un subsistema de dos o más sistemas
diferentes que se sobreponen sólo parcialmente.

Gobierno y Estado. En todas las sociedades, la gente tiende a desarrollar suposiciones más o
menos estandarizadas de cómo se comportarán ellos y otras personas en diversas
situaciones, se denominan “roles”. Todos nosotros tenemos varios “roles” y muchas veces
cambiamos rápidamente de uno a otro.
Cuando un sistema político es complejo y estable, los “roles” políticos se desarrollan. Quizás los
“roles” políticos más obvios son representados por personas que crean, interpretan e
imponen leyes que obligan a los miembros de un sistema político. Estos “roles” son cargos, y
el conjunto de cargos de un sistema político constituye el gobierno de este sistema. En
cualquier momento dado, estos cargos o “roles” son ejercidos por individuos determinados.
Pero en muchos sistemas los “roles” se mantienen igual, incluso cuando son ejercidos por una
sucesión de individuos (por ejemplo, el presidente).
El Gobierno es cualquier gobierno que define con éxito su derecho a la regulación exclusiva
del uso legítimo de la fuerza física para imponer sus normas dentro un área territorial dada. El
sistema político formado por los residentes de esta área territorial y el gobierno de esta área
es un “Estado”.
Cuando un gran número de personas, en un territorio determinado, empieza a dudar o a negar
la pretensión del Gobierno de regular la fuerza, entonces el Estado existente se halla en peligro
de disolución.

II. ¿Qué es el análisis político?


Prácticamente nadie está fuera del alcance de algún sistema político. La política es un hecho
ineludible de la existencia humana, también sus consecuencias.
El análisis político ayuda a comprender el mundo en que uno vive, ayuda a escoger más
inteligentemente entre las alternativas con las que uno se enfrenta, y a influir en los cambios
inherentes a todos los sistemas políticos. Para obrar de un modo inteligente en política es
necesario escoger cuidadosamente los objetivos y alcanzar el mayor número posible de ellos al
mínimo coste.
Según qué pregunta sea el centro de la atención en un momento dado en análisis político, se
puede hablar de análisis político, de análisis normativo, de análisis empírico y de análisis
semántico.
- Análisis empírico: los científicos tratan sistemáticamente de describir, explicar y predecir
acontecimientos dentro de su campo de investigación. Intentan descubrir y describir
relaciones estadísticas, probabilistas, funcionales y causales entre acontecimientos, cosas y
personas. En general, la validez de las proposiciones empíricas depende de cómo el hombre
percibe e interpreta el mundo. Las proposiciones pueden ser alteradas o refutadas a la luz de
nuevas observaciones, percepciones, experimentos o interpretaciones. Cuando hablamos de
una orientación empírica, pensamos en una especie de pregunta implícita; la respuesta explícita
puede ser errónea.
- Análisis normativo: es característico de la religión y de la filosofía. Al igual que la orientación
empírica, es una parte inevitable de nuestros actos y creencias. Trata de descubrir normas, o
criterios, para enjuiciar alternativas.
- Análisis político: trata de hallar políticas o acciones encaminadas a acortar distancias entre
el estado de cosas actual y un posible futuro que fuese mejor. Uno ve algo que no es
satisfactorio, quiere hacer que las cosas marchen mejor, y busca una solución: una política que
le traslade desde donde está hasta donde quiere estar. La esencia de la orientación política es la
consideración de alternativas y de sus consecuencias. En la práctica, el análisis de la política de
un modo sistemático suele reflejar las características especiales de una situación concreta, los
objetivos particulares, y un análisis empírico extraído de algún campo especializado del saber.
- Análisis semántico: intenta esclarecer el significado, y en particular el significado de los
conceptos clave.

El análisis político es una combinación específica aplicada a circunstancias concretas de análisis


empírico y de suposiciones normativas.
Tener ideas claras acerca de los términos suele ayudarle a uno a tener las ideas claras acerca de
la política, actividad en la que el lenguaje es ambiguo y empleado con frecuencia con fines
propagandísticos. Sin embargo, nada del mundo político real puede resultar ser verdadero o
falso a través de la mera definición de un término. Para eso necesitamos proposiciones
empíricas, que dicen más que una definición, algo que puede, aunque solamente en principio,
ser confirmado o refutado por la experiencia.
El análisis político empírico es un arte, en la medida en que varios aspectos del análisis se
adquieren con mayor facilidad a través de la práctica y de la experiencia bajo supervisión de
una persona ya especializada en este campo, y en la medida en que produce proposiciones
probadas de considerable generalidad, se puede considerar científico en sus resultados.
La incertidumbre parecer constituir una de las características principales de toda vida política.
El análisis político sistemático puede reducir un poco dicha incertidumbre.
La destreza en analizar la política no es lo mismo que la destreza en practicarla. La rápidamente
creciente complejidad de la moderna política nacional e internacional requiere el
correspondiente aumento de la competencia analítica de los dirigentes políticos.

III. Poder, influencia, autoridad


El análisis del “poder” no es simplemente una empresa teórica, sino un asunto de la mayor
practicidad. La manera de actuar en la vida política depende directamente de las creencias
que tiene una persona acerca de la naturaleza, distribución y prácticas de poder en el sistema
político con el que se enfrenta. Si se actúa con la creencia de que el poder está distribuido
ampliamente entre la comunidad, cuando en realidad está muy concentrado, o si alguien actúa
suponiendo que el poder está sostenido por unos pocos cuando en realidad está distribuido
entre una serie de individuos y grupos que tienen que negociar, regatear, persuadir y adular
para estar de acuerdo, entonces es probable que se cometan disparates políticos serios.
Nada es más posible que conduzca a estrategias políticas erróneas que el comprender
equivocadamente el sentido del “poder”, el comprender mal la “estructura del poder”, ya que
al engañarse en cuanto al poder es engañarse acerca de las posibilidades y los medios de
estabilidad, cambio y revolución.
Los politólogos usan una gran variedad de términos: poder, influencia, autoridad, control,
persuasión, decisión, fuerza, coacción. Nos permitiremos, por conveniencia, llamar a todos ellos
“términos de autoridad”.
Influencia es una relación entre individuos, grupos, asociaciones, organizaciones, estados. Es
una relación entre agentes por la que un agente induce a otros agentes a actuar de una forma
en la que de otro modo ellos no actuaría. Esquema entre un agente A y un agente B:

- A ejerce una influencia manifiesta en B hasta el punto que las acciones de A (intentos de
influencia) provocan un cambio en la conducta de B.
- La conducta incluye predisposiciones, sentimientos, actitudes y creencias al igual que
actos públicos.
- Un intento de influencia tiene éxito cuando el cambio de B, causado por A, se manifiesta
de la siguiente forma: B hace lo que A quería que hiciese cuando A intentó influenciarle.

Análisis de la influencia de un agente:


1) ¿A qué otros agentes influencia? Se llama su dominio.
2) ¿En qué clase de asuntos puede él influenciarles? ¿En su manera de votar? ¿En la marca de
pasta de dientes que compra? ¿En sus creencias acerca de la libertad, justicia, poder e
igualdad? A estas materias se las llama el campo o alcance influenciable de una persona.
3) ¿Qué medios usa para influenciarles? ¿Dinero? ¿Amenaza de usar la fuerza? ¿Amor? Los
medios al alcance de uno son llamados de varias maneras: recursos políticos, recursos de
influencia, bases de influencia.
4) ¿En qué medida es segura esta influencia en ellos? Es decir, ¿Cuántas probabilidades hay de
que ellos respondan?, ¿Cuántas veces tienen éxito sus intentos de influenciarles?
5) ¿Cuán fuerte es su influencia en ellos? En otras palabras, ¿Hasta qué punto puede él superar
la aversión o resistencia de ellos a hacer algo? Si él puede influenciarles sólo a hacer algo que a
ellos les parece poco importante o a hacer algo que implica sólo un cambio trivial en su
conducta, entonces su influencia es relativamente débil. Pero si él puede influenciarles a hacer
algo a lo que de otra manera ellos estarían totalmente opuestos, entonces su influencia es
fuerte.
6) ¿Cuánto le cuesta a nuestro agente usar su influencia en los demás agentes? ¿Puede
conseguir lo que quiere con un pequeño sacrificio por su parte, a través de unos medios que él
considera relativamente baratos? ¿O tiene que hacer grandes sacrificios, teniendo que hacer
uso de muchos de los medios que son costosos para él?

Para llegar a comprender un sistema político se pregunta ¿Cuál es la influencia relativa de los
distintos actores?
Cinco formas de comparar la influencia:
1) El grado de cambio en la posición del agente influenciado. No siempre es satisfactorio e
incluso no es posible medir de esta forma la influencia relativa de los diferentes agentes
políticos, porque no siempre sabemos cuáles eran las posiciones iniciales de los distintos
agentes, ni tampoco cuánto han cambiado en realidad. En política muchas veces los individuos
adoptan posiciones extremas con intención de negociar.
2) La fuerza de la influencia de A medida según los “costes” de B al someterse. Ejemplo: hace
falta más influencia para persuadir a los pacifistas a que apoyen el servicio militar obligatorio
que a los militaristas. En la práctica esta medida fundamental no se puede aplicar siempre,
dado que no siempre sabemos cuáles son las diferencias en el coste psicológico real de
cumplimiento de los distintos individuos, particularmente si los costes tienen que juzgarse (y así
debería ser) desde la perspectiva de la persona que ha de sufrirlos.
3) El grado de diferencia en la probabilidad (o frecuencia) de la sumisión. Paradójicamente,
puede parecer que alguien tenga de verdad influencia y, sin embargo, no tener ninguna. Si 59
de los 60 senadores demócratas votan a favor de un proyecto de ley propuesto por el
Presidente Demócrata, sería prematuro concluir que el Presidente tiene gran influencia en su
partido del Congreso; tenemos que indagar es cuántos senadores habrían votado por esta
medida de todas maneras, incluso si el Presidente no hubiera adoptado ninguna posición al
respecto. Tampoco es totalmente satisfactoria porque no tiene en cuenta ninguna de las dos
dimensiones previas: el grado de cambio de posición y los costes de sumisión.
4) Diferencias en el alcance de las respuestas. Se ha prestado poca atención a la posibilidad de
que personas que son consideradas líderes de una comunidad pueden ser influyentes en
algunos asuntos y en otros no. Incluso cuando los distintos sectores influenciables están
claramente determinados, puede que sea difícil o imposible decir cuál de los varios agentes es
el más influyente en toda la extensión de la influencia de cada uno de ellos. El estudioso debe
tener precaución y ser claro al comparar la influencia en varias áreas.
5. El número de personas que responden. Parece perfecto, pero tiene sus limitaciones. Si
Green controla 5.000 votos y Thompson 10.000, parece razonable decir que Thompson tiene
más influencia que Green en las elecciones. Pero Green puede ser capaz de persuadir a sus
votantes a llevar a cabo un cambio en su posición mayor que el que puede conseguir
Thompson, quizás el control de Green es mucho más definido, o es capaz de controlar a sus
votantes en una gama más extensa de asuntos, o con esos votos puede ganar cualquier tipo de
elección.

Las cinco medidas fundamentales de influencia ayudan a poner en claro algunos aspectos
importante de la influencia pero tienen limitaciones.
Cuatro métodos básicos para estudiar la influencia manifiesta; cada uno tiene algo positivo y
también limitaciones:
1) Se puede suponer que la influencia manifiesta de un agente es estrechamente correlativa a
su posición en una jerarquía oficial o semioficial. ¿Quién ocupa los cargos en un sistema
político? ¿Quién retiene los cargos más importantes? ¿Y los menos importantes? ¿Quién no
ocupa cargos? ¿Qué grupos están excesivamente representados o lo están poco entre los que
ocupan cargos? Ventaja: facilidad, bajo costo y sencillez. Debilidad: una posición formal no
tiene necesariamente correlación con el poder y la influencia; este método no incluye a la
eminencia gris, al patrón político, al cacique, al confidente.
2) Se puede confiar en jueces bien situados (asesores, confidentes). También es relativamente
sencillo, rápido y económico. Desventaja: ¿Cómo vamos a determinar quiénes son los mejores
jueces?
3) Se puede intentar penetrar la fachada de la posición formal y de la reputación estudiando la
participación en las decisiones. ¿Cuáles son los actores que más a menudo participan en el acto
de tomar decisiones dentro de este o aquel ámbito de actividad? Ventaja: se centra en lo que la
gente hace, y no se fija en el cargo formal o en su reputación. Desventajas: reconstruir la
historia exacta de una decisión lleva mucho tiempo; participación o actividad no es equivalente
a poder.
4) Se puede intentar pesar las actividades de los distintos participantes en las decisiones
según su importancia.

Diferentes investigadores no sólo usan métodos distintos para observar y medir la influencia
manifiesta, sino que también centran su atención en tipos diferentes de sistemas políticos.
Las razones por cuales unos individuos o ciertos grupos adquieren una influencia manifiesta
mayor que la de otros en ciertos tipos de decisiones parece que son reducibles a tres: 1)
algunos agentes tienen más recursos políticos a su disposición que otros; o 2) dados los
recursos que cada uno tiene a su disposición, algunos agentes hacen más uso de ellos para
ganarse influencia política; o 3) dados los recursos a su disposición, algunos agentes los usan
con mayor habilidad o efectividad que otros.
Es importante diferenciar entre la influencia pasada o presente de un agente determinado
dentro de una gama de decisiones, su influencia futura probable y su influencia máxima
potencial, en el que caso que usara todos sus recursos políticos existentes con una destreza
óptima para adquirir influencia dentro de esta gama de decisiones. La influencia presente de un
agente en cualquier gama dada, siempre (o casi siempre) es menor que su influencia máxima
potencial.
Cuando a un agente se le supone con acceso a los recursos políticos, se puede decir que tiene
influencia potencial incluso cuando él no ejerce influencia manifiesta. Las estimaciones de la
influencia potencial son complejas y están sujetas a errores (sobre o subestimación). Es esto,
entre otras cosas, lo que hace excitante ciertos aspectos de la política y muchas veces la hace
impredecible.
La influencia potencial es una forma de influencia implícita. Revela uno de los muchos
aspectos del poder, que es aún tema de muchas controversias en la ciencia política, en parte
porque es muy difícil de estudiar este fenómeno en concreto, y en parte porque da origen a
ciertas paradojas. Por ejemplo, podría ser que A tuviera influencia implícita a pesar de que
nunca ejerce influencia manifiesta, sino simplemente porque los que toman decisiones creen
que A tiene recursos políticos que puede usar y que usará en el caso que ellos tengan que
tomar decisiones a A no le gusten. Sin embargo, es posible que los que toman decisiones estén
totalmente equivocados acerca de A, acerca de sus recursos, de sus ganas de usarlos, de sus
deseos, quizás incluso acerca de su existencia.

Lasswell: “Poder es la participación en la toma de decisiones (...) Es la amenaza de las


sanciones lo que diferencia el poder de la influencia en general”.
El poder o influencia legítima generalmente se llama autoridad. Coacción significa poder
ilegítimo que implica sólo la posibilidad de una gran pérdida.

Errores comunes que hay que evitar:


1) Omitir distinguir claramente entre participar de una decisión, influenciarla y ser afectado
por sus conscuencias.
2) Omitir el identificar la extensión dentro de la cual se dice que un agente es influyente.
3) Omitir el distinguir los diferentes grados de poder, por ejemplo, al equiparar la frase: un
poder está distribuido desigualmente en un sistema político, con la frase: un sistema está
gobernado por una clase dominante.
4) Confundir el poder pasado o presente de un agente con su potencial, particularmente al
suponer que cuanto más grandes sean los recursos políticos a los que un agente tiene acceso,
mayor será su poder.
5) Equiparar el poder esperado en el futuro de un agente con su poder potencial,
particularmente al ignorar las diferencias de incentivos y habilidad.
6) Olvidar que la reputación de la influencia de un agente sólo representa un recurso y que,
por lo tanto, puede ser una mala previsión de su influencia potencial, en particular si carece de
otros recursos o de la habilidad e incentivos para usar sus recursos.
7) Ignorar la posibilidad de que si A tiene un poder potencial, B quizás también. Si A intenta
hacer uso de sus recursos, B quizá también. Y además los costes de A por ejercer su poder
pueden subir. Sabiendo esto por anticipado, A puede decidir que el juego no vale la pena. En
consecuencia: no pensar sólo en los recursos de A y olvidar los de B.

Imperativos para el estudioso de la política:


1) Recordar que el concepto de influencia abarca una enorme variedad de relaciones. Cuanto
menos cuidado se tenga al especificar exactamente lo que se piensa, mayor será la ambigüedad
en el análisis.
2) Cuando se intente hacer una estimación de la influencia relativa de los diferentes agentes,
búsquese información que le capacite para usar tantas medidas como sea posible.
3) Adáptese la comparación al tipo de información disponible.
4) Especifíquese. Un paradigma para cualquier comparación de poder podría ser: “_____ es
más influyente que ______ con respecto a ______ medido con _____ y _____”.
5) Ser consciente constantemente de lo que se ha tenido que dejar fuera del análisis.

IV. Similitudes en los sistemas políticos


Existen dos opiniones extremas, y sin embargo comunes, acerca de los sistemas políticos. Según
una, los sistemas políticos nunca varían en sus aspectos realmente importantes (teoría de las
élites). Según la otra, son tan plásticos que pueden moldearse para satisfacer los deseos del
corazón (refundacionismo, extinción de la política).
Cada una de las opiniones extremas contiene algo de verdad pero, al mismo tiempo, cada una
de ellas es incompleto.
¿Cuántos sistemas políticos hay en el mundo? Dada la amplia definición de “sistema político”
que se usa aquí, se pueden calcular millones: países, estados, condados, municipios, empresas,
sindicatos, familias, etc. Nuestro saber sistemático abarca sólo una pequeña porción del
funcionamiento de un reducido número de estos sistemas.

Regularidades empíricas esperables en cualquier sistema político amplio:


1) Control irregular de los recursos políticos. El control de los recursos políticos está distribuido
desigualmente. Un recurso político es un medio a través del cual una persona puede influenciar
la conducta de otras personas; incluyen dinero, información, alimentos, la amenaza de la
fuerza, empleos, amistad, estatus social, el derecho a elaborar leyes, votos y una gran variedad
de cosas.
Cuatro razones por las que el control de los recursos políticos está distribuido desigualmente
en casi todas las sociedades: 1) Especialización de funciones en la sociedad; 2) A causa de las
diferencias que se heredan, no todas las personas empiezan a vivir con los mismos accesos a
los recursos, y los que empiezan con ventaja a menudo la aumentan; 3) La diferencia de
herencia biológica y social, junto con las diferencias de experiencias, provoca diferencias en
los incentivos y objetivos de gente diferente de una sociedad. A su vez, las diferencias en
motivación llevan a diferencias en habilidad y en recursos; 4) Algunas diferencias de
incentivos y objetivos normalmente son estimuladas en las sociedades con el fin de proveer a
los individuos para las diferentes especialidades.
2) La búsqueda de la influencia política. Algunos miembros del sistema político buscan obtener
influencias sobre las políticas, leyes y decisiones impuestas por el gobierno, es decir, influencia
política. La gente quiere tener influencia política no sólo para disfrutarla en sí misma, sino
también porque el control del gobierno les ayuda a conseguir uno o más de sus objetivos.

3) Desigual distribución de la influencia política. La influencia política está desigualmente


distribuida entre los miembros de un sistema político. Algunos observadores lo justifican
(Aristóteles) y otros lo atacan (Rousseau, Marx). Razones de la distribución desigual: a causa de
las desigualdades en la distribución de los recursos, a causa de las diferencias de habilidad con
que los diferentes individuos utilizan sus recursos políticos, a causa de la diferencia del ámbito
en que los diferentes individuos usan sus recursos con finalidades políticas.
Todo sistema tiene líderes políticos. Definición de “líder”: los individuos que ejercen la
máxima influencia en un sistema político.

4) La persecución y resolución de objetivos en conflicto. Los miembros de un sistema político


persiguen objetivos en conflicto, que son arbitrados, entre otras maneras, por el Gobierno del
sistema político por otros medios. Conflicto y acuerdo son dos importantes aspectos de
cualquier sistema político. Las personas que viven juntas nunca están de acuerdo en todo, pero
si tienen que continuar viviendo juntas no pueden estar totalmente en desacuerdo en sus
objetivos. Las opiniones extremas acerca de la disposición a la cooperación y al conflicto van
normalmente acompañadas de las opiniones extremas en cuanto al Estado.
El Gobierno no interviene necesariamente cada vez que los objetivos y actos de los diferentes
individuos entran en conflicto. En las sociedades complejas, una gran parte de los conflictos
son arreglados, arbitrados, suprimidos, resueltos o tratados de alguna manera por unos
sistemas políticos que no son el Estado. El gobierno interviene siempre que se considere que
se considera que el conflicto va más lejos de un arreglo mediante medios no políticos o
mediante gobiernos diferentes al del Estado: 1) cuando los conflictos pueden tener influencias
graves en unas terceras partes influyentes, como en el caso de una huelga de una industria
clave; 2) cuando algunos individuos actúan o amenazan actuar en contra de unas normas tan
básicas que se juzga necesario el castigo organizado y grave en nombre de la sociedad, como el
asesinato, incendio premeditado, robo y otros actos de violencia; 3) cuando un conflicto crea
un peligro de violencia grave, prolongada o extendida entre los miembros de la sociedad; 4)
cuando los individuos en conflicto no son miembros de ningún otro sistema político capaz de
mediar en el conflicto, excepto el Estado.

5) La adquisición de la legitimidad. Los líderes de un sistema político intentan asegurar que


cada vez que se usan medios gubernamentales para tratar un conflicto, las decisiones a las que
se llega sean ampliamente aceptadas no sólo por miedo a la violencia, castigo o coacción, sino
también por la creencia de que es moralmente correcto y adecuado el hacerlo.
Los líderes intentan convertir su influencia en autoridad, que es una forma muy eficiente de
influencia. No es sólo de más confianza y más duradera que la coacción al desnudo, sino que
además capacita al gobernante para gobernar con un mínimo de recursos políticos. Sería
imposible basarse en el miedo y el terror para llevar a cabo las complejas tareas de una
organización grande, moderna y burocrática.
Probablemente sería también imposible o, al menos, mucho más costoso, el basarse
simplemente en la remuneración directa, ya que esto requeriría un sistema a destajo difícil de
manejar. Cuando un subordinado considera las órdenes y tareas como moralmente
obligatorias, sólo hace falta una pequeña cantidad de recursos, normalmente en forma de
salarios o sueldos, para asegurar una situación satisfactoria.

6) Desarrollo de una ideología. Los líderes de un sistema político normalmente abrazan un


conjunto de doctrinas más o menos persistentes e integradas que intentan explicar y
justificar su liderato en el sistema. A menudo, a un conjunto de doctrinas de este tipo se le
llama ideología política (Mosca lo llama “fórmula política”). Una ideología dominante indica las
suposiciones morales, religiosas, reales y otras para justificar el sistema. Los líderes no pueden
inventar arbitrariamente y manipular una ideología dominante, porque cuando una ideología
política es muy aceptada en su sistema político los líderes también se convierten en
prisioneros, ya que corren el riesgo de minar su propia legitimidad si violan las normas.
Sin embargo, sería poco realista suponer que una ideología dominante es un cuerpo unificado y
consistente de creencias aceptado por todos los miembros de un sistema político. Una
ideología no es necesariamente estática; situaciones nuevas crean la necesidad de
explicaciones nuevas y el poner énfasis en objetivos nuevos y, por ello, se introducen
elementos nuevos sin relación o incluso inconsistentes. Sin embargo, un cierto grado de
ambigüedad también es a veces una ventaja positiva, precisamente porque permite
flexibilidad y cambio. Una ideología dominante probablemente nunca es aceptada
uniformemente por todos los miembros de un sistema, y puede ser rechazada. A veces la
ideología revolucionaria de una época se convierte en ideología dominante del período
siguiente.

7) El impacto de otros sistemas políticos. La manera de comportarse de un sistema político


está influenciada por la existencia de otros sistemas políticos. Descartados los casos
excepcionales, todo sistema político entabla relaciones con el sistema extranjero porque las
acciones a las que tiene acceso están afectadas por las acciones pasadas o probables de los
demás. Una ciudad no puede ignorar la existencia de un Gobierno nacional, los Gobiernos
nacionales tienen que adaptar sus acciones al hecho de que también existen otros Gobiernos
nacionales, alianzas, coaliciones y organizaciones internacionales.
Las utopías políticas normalmente son descritas sin las limitaciones molestas impuestas por
las relaciones exteriores, las cuales se eliminan, ya sea ignorándolas completamente. La
influencia del pensamiento griego ha sido perniciosa porque el énfasis de los teóricos griegos
ponían en las virtudes de un Estado pequeño autónomo y autárquico y la suposición de que la
guerra era la relación natural e inevitable entre Estados, les llevó a ignorar los problemas
comunes de los asuntos exteriores cuando los Estados no están en guerra.
¿Cómo podemos distinguir un sistema político de otro?, ¿Cuáles son los límites de un sistema
político? A menudo se fijan convencionalmente. Por ejemplo, de Estados Unidos, de California,
del Senado americano, del AFL-CIO, etc.
Pero también es posible determinar los límites de un sistema político sin tener en cuenta que
estos límites “analíticos” sean acertados según criterios legales o morales. Para propósitos de
análisis políticos, se puede fijar el límite de un sistema político donde quiera que exista una
mengua marcada del poder del gobierno del sistema para influenciar acciones.
Pueden existir muchos descensos en la curva de poder de un Gobierno; si es así, muchos
puntos distintos pueden ser considerados como los límites del sistema político. Y el conjunto
de puntos que una persona usa para marcar el límite de un sistema, depende del problema en
particular que se esté analizando. Por ejemplo, el “partido” puede incluir sólo a los líderes o a
los activistas, por ejemplo, o a todos los partidarios inscritos o, para algunos fines, a todos los
que se “identifican” con el partido.

8) La inevitabilidad del cambio. Desde tiempos inmemoriales los observadores políticos han
señalado la mutabilidad de los sistemas políticos.

V. Diferencias en los sistemas políticos


Con los sistemas políticos ocurre lo mismo que sucede con la gente: las diferencias están más
allá de nuestra capacidad para poder enumerarlas.

Sobre la inundación de datos. Si todos los hechos son tratados por un igual, pronto estaremos
inundados de datos. Durante muchos siglos, la información de los diferentes sistemas políticos
eran no sólo seleccionada cuidadosamente sino incluso era escasa y de tipo impresionista. Post
segunda guerra mundial: explosión de información en el estudio de la política.

El diluvio de tipologías, o formas propuestas de clasificación de sistemas políticos. Aristóteles


hizo una clasificación basada en dos criterios: en el número relativo de ciudadanos autorizados
a gobernar, ya fueran éstos uno solo, unos pocos o muchos; y en que los gobernantes
gobernaran en “el interés común” o para sus intereses egoístas.
Weber redujo su atención a los sistemas en los que el Gobierno era aceptado como legítimo,
basándose en tres principios: tradición, carisma, legalidad; a a cada uno de estos tres niveles
principales de legitimidad corresponde una forma “pura” de autoridad. En un sistema político
real pueden encontrarse los tres tipos de autoridad legítima a la vez.

Después del diluvio. ¿Existe una tipología que sea la mejor? Obviamente, no. Existen miles de
criterios diferentes para clasificar los sistemas políticos.

Diferencias que interesan. A pesar de que pueden aplicarse hasta un cierto punto a los
sistemas políticos de todos los tipos, el marco de referencia es el sistema político de un país:
1) Caminos seguidos hasta el presente. Cada sistema político ha tenido en algunos aspectos un
pasado único. La herencia del pasado presiona sobre el presente e influencia el futuro.
2) El “nivel” o grado socio-económico de “modernidad”. Hay diferencias entre profundas entre
un país y otro en la cantidad de ingresos per cápita, alfabetización, educación, conocimiento
técnico, industrialización, urbanización, circulación de periódicos y revistas, comunicaciones
electrónicas, facilidades de transporte y similares. Todas estas diferencias tienden a estar
altamente interrelacionadas.
3) Distribución de los recursos políticos y de la habilidad política. Aunque están desigualmente
distribuidos en todos los sistemas el grado de desigualdad varía de un sistema a otro. Por
ejemplo, el saber es un recurso político que contribuye a la habilidad política. También la
riqueza. El grado en que las desigualdades están correlacionadas también varía de una sociedad
a otra.
Supongamos que en un sistema político determinado cada persona fuera colocada según su
estado relativo en relación con los recursos políticos más importantes de aquella sociedad,
como riqueza, ingresos, saber, popularidad, control de los medios de comunicación y mando de
la policía y fuerzas militares. Si el estado relativo de cada uno fuera el mismo en todo, y de ello
resultara una correlación perfecta, las desigualdades de recursos serían totalmente
“cumulativas”. Cuanto más pudiera un individuo usar un recurso, más podría hacer uso de los
demás. Sin embargo, si la situación del individuo en una categoría no estuviera relacionada con
su situación en otra (es decir no hubiera correlación) las desigualdades de recursos estarían
totalmente “dispersas”. Obviamente la dispersión no quiere decir igualdad: en un sistema con
desigualdades totalmente dispersas, podría existir desigualdad extrema con respecto a cada
recurso político. Sin embargo, la diferencia entre desigualdades cumulativas y desigualdades
dispersas es crucial, porque en una sociedad de desigualdades dispersas la gente en desventaja
con respecto a un recurso en particular puede suplir esta deficiencia mediante un control
mayor de otros recursos.
Ningún tipo existe en su forma pura. Ciertamente hay una tendencia a la desigualdad
cumulativa en todos los sistemas. En las últimas etapas de la industrialización, mientras las
rentas y el consumo de las masas continúan aumentando, hay una mayor difusión de técnica y
tecnología, de alfabetización, de educación, de abundancia, de comunicación de masas, de
grupos de interés, de habilidad política y en general del sufragio. A pesar de que las
desigualdades de los recursos políticos aún persisten, se convierte en menos cumulativas y más
dispersas. Se hace más y más difícil identificar a una élite pequeña, bien definida que “lleve la
nación” claramente, porque cada recurso importante tiene sus élite propia, y las relaciones
entre estas élites se vuelven muy complejas,
4) Bases de división y cohesión. Los modelos de desacuerdo, conflicto y coalición política
tienen causas diferentes en sistemas diferentes. Las explicaciones monistas no pueden
mantenerse simplemente frente a los datos que hoy están al alcance. Los tipos de
características de individuos y de grupo que en ciertos países están asociados con el conflicto
político, incluyen no sólo diferencias en estado social, clase económica, rentas, riquezas y
ocupación, sino también diferencias en educación, ideología, religión, lengua, región y orígenes
familiares. Y esta diversidad de factores crea modelos distintos de división y cohesión política
de un país a otro.
5) La magnitud o severidad de los conflictos. El rigor del conflicto varía a lo largo del tiempo
dentro de un sistema determinado y también varía, en el mismo período de tiempo, de un
sistema a otro. Rebeliones armadas, guerra civil, revolución violenta, guerra de guerrillas,
luchas en la calle, exilio de masas: éstos son conflictos de rigor extremo. Discursos, debates,
asambleas pacíficas y elecciones pacíficas no lo son. En cualquier país determinado, el clima de
conflicto político fluctúa por regla general. Sin embargo, durante un período de tiempo
determinado, unos países están más calmados que otros en su política interna.
6) Instituciones para compartir y ejercer el poder. Corolario: los sistemas políticos también
difieren en la distribución del poder. Los procesos en los que se deciden las políticas
gubernamentales son muy complejos. En todos los países, el Gobierno toma sus decisiones
como resultado de alguna combinación de participación directa o indirecta de los ciudadanos,
activistas y élites, que actúan mediante la persuasión, amenazadas, promesas, manipulación
directa, adaptación, engaño y coacción. Pero el balance entre estos elementos varía mucho.
Las instituciones difieren en dos aspectos que son especialmente cruciales para la
participación y ejercicio del poder: grado del sufragio y libertad de la oposición. En un
extremo están las hegemonías cerradas que deniegan el sufragio y suprimen a todos aquellos
que se oponen al Gobierno. En el otro extremo están las poliarquías inclusivas que conceden el
sufragio universal y protegen en forma eficaz la libertad de expresión, la libertad de formar o
adherirse a organizaciones, el acceso a fuentes de información, las elecciones libres y honradas,
la competencia de los líderes políticos para ganarse apoyos y votos y las instituciones
necesarias para hacer que los programas políticos del Gobierno dependen de los votos y otras
expresiones de preferencia.
Las demás se clasifican desde hegemonías muy represivas, que extirpan toda expresión pública
de oposición, hasta oligarquías que permiten ciertas libertades de oposición al Congreso.

VI. Conflicto político, coacción y gobierno popular


Si todos estuvieran de acuerdo totalmente con los objetivos y los medios, nunca nadie
necesitaría cambiar el comportamiento de otro, por lo tanto no surgirían relaciones de
influencia o poder. Y, por lo tanto, no existiría ningún sistema político. Pero si se permite que
una persona frustre a otra en la persecución de sus objetivos, ya aparece el germen de un
sistema político. Porque, entonces, uno intentará cambiar la conducta del otro. Si así lo hace,
dándole la esperanza de unas recompensas o de unas privaciones considerables, entonces
nacen las relaciones de poder.
Conflicto y política son gemelos inseparables. Sin embargo, los conflictos pueden ser tratados
de diferentes maneras: con discusiones, negociaciones, regateos, confrontaciones, supresión,
violencia, guerra, genocidio…
De una forma muy general, las personas que entran en conflicto en la búsqueda se enfrentan
con tres tipos de alternativas:
1) Punto muerto: existe punto muerto mientras cada persona continúe obstaculizando a la otra
sin conseguir cambiar su conducta. Significa: “no hay trato”. Se presenta siempre que las
personas no están de acuerdo y el resultado del mismo (a menudo el status quo) parece
tolerable.
2) Coacción: todos los Estados hacen uso de la coacción para asegurar el cumplimiento de la
política del Gobierno. La coacción ha sido una táctica común en las relaciones entre Estados; en
política internacional la guerra o la amenaza de guerra han sido a menudo usadas como una
alternativa para paralizar o para llegar a un arreglo pacífico.
3) Arreglo pacífico: ambas partes se dan cuenta de que hay una alternativa más provechosa
que el punto muerto y la coacción, y adaptan su conducta a una línea que les llevará a ella.

La probabilidad de un arreglo pacífico de un conflicto aumenta si existen mecanismos


institucionales que animen la consulta, negociación, exploración de alternativas y búsqueda de
soluciones beneficiosas para todos.
Por el contrario, las perspectivas de punto muerto y coacción aumentan si los mecanismos
institucionales prohíben severamente estas actividades.

Las posibilidades de un acuerdo pacífico, como método opuesto a la coacción, son un poco
mayores en los sistemas de poliarquía que en los sistemas no poliárquicos.
Normalmente en una poliarquía es difícil coaccionar a un gran número de personas, incluso
cuando no llega a ser una mayoría. Pues, si bien es verdad que la coacción extensiva provoca
una tensión sobre cualquier sistema político, incluyendo las dictaduras, los gobiernos populares
son los que encuentran mayores dificultades para ello. Si se ha de evitar la desobediencia civil a
gran escala o incluso una guerra civil, un gobierno ocupado en coaccionar a grandes minorías
necesita tener a su disposición una diversidad imponente de fuerzas de coacción: sistema
policíaco centralizado y disciplinado; policía secreta; estructuras judiciales, militares y
burocráticas cómplices dispuestas a obedecer al gobierno cuando el “servicio” requiera
coaccionar a un elevado número de conciudadanos; y un cuerpo de ley, doctrina constitucional
y prácticas que permitan al gobierno usar estas fuerzas.
Una colección tan imponente de medios de coacción en manos del gobierno sería una tentación
permanente para líderes poco escrupulosos y un peligro fijo para cualquier oposición. Aunque
se pueda concebir que un gobierno popular coaccione una gran porción de la población en
ocasiones poco frecuentes, y a pesar de ello sobreviva, cuantas más veces haga esto más se
reducirán sus posibilidades de sobrevivir.
Los gobiernos populares no sólo no pueden confiar en la coacción, sino que, además, les será
peligroso el punto muerto. Aunque el punto muerto no sea raro en las poliarquías, la
incapacidad continua de un gobierno de enfrentarse con los problemas que un gran número de
ciudadanos cree urgentes, tiende a socavar su legitimidad.
La coacción y el punto muerto reducen las posibilidades de una poliarquía, mientras que las
instituciones de la poliarquía tienden a crear arreglos pacíficos.

Ya que el camino que cada país ha recorrido hasta el presente es de alguna forma único, cada
país tiene un legado de condiciones un tanto distinto, relacionado con las posibilidades de
poliarquía y de arreglo pacífico.
Tres variantes dignas de atención:
1) Proceso histórico de cambio: en algunos países, las revoluciones violentas (particularmente
las guerras revolucionarias de independencia nacional) han contribuido a unir a la gente,
mientras que en otros países las revoluciones han provocado divisiones permanentes.
Algunos países han gozado de siglos de independencia nacional a lo largo de los cuales han sido
capaces de acumular experiencia política, desarrollar sus instituciones, crear fidelidades, hacer
desaparecer diferencias culturales, establecer un sentido de nación y encontrar formas de
solucionar sus conflictos. Otros países se han independizado sólo recientemente después de
décadas o siglos de gobierno extranjero y colonialismo. Estos países son nuevos, aún en lucha
por conseguir su identidad nacional, aún sufriendo la época turbulenta de la cual a menudo
nacen las naciones; por lo tanto, estos países están afligidos por conflictos declarados o en
potencia y son aún incapaces, según creen sus élites, de permitirse el lujo de una poliarquía, y
aún se basan en gran medida en la coacción para conservar intacta la nación y sus instituciones.
Una de las influencias más poderosas en un sistema político es el “modernismo” o el “nivel
socio-económico de un país. En todos los países del mundo, las posibilidades de arreglo
pacífico de los conflictos políticos son mayores cuanto más elevado es el PNB per cápita y
otros índices de “modernización” asociados con el PNB per cápita. En todos los países del
mundo, la frecuencia de los sistemas de política competitiva y de poliarquía es mayor según el
PNB per cápita y otras variables asociadas con el PNB per cápita.
Sin embargo, las posibilidades de política competitiva y poliarquía en ninguna forma dependen
solamente de los niveles socio-económicos, porque existen excepciones y anomalías para
explicarlos.
El caso dramáticamente más divergente es el de Estados Unidos. A principios del siglo XIX,
cuando la poliarquía echó sus raíces en los EEUU, estaba extremadamente “subdesarrollado”
según la mayor parte de los índices que se usan para comparar los niveles socioeconómicos.
En cambio, en los 60, la URSS, Alemania Oriental y Checoslovaquia pasaban más allá del umbral
de un PNB per cápita de 700-800 dólares y, sin embargo, retenían regímenes hegemónicos de
un solo partido.
Y lo que es más, la evidencia no sostiene la opinión de que por encima de algunos elevados
niveles de desarrollo exista una “democratización” siempre en aumento. Por ejemplo,
durante la primera mitad del siglo XX, los EEUU han gozado del PNB per cápita más elevado del
mundo, pero comparándolo con otras poliarquías también ha tenido uno de los índices más
bajos de votantes en las elecciones nacionales y uno de los peores índices de exclusión y
coacción de una minoría importante.
Igualdad y desigualdad: la distribución de los recursos políticos. La forma en que los recursos
políticos están distribuidos entre la gente de un país tiende a variar con su nivel de desarrollo
socioeconómico. Con algunas excepciones importantes, las desigualdades en la distribución de
los recursos políticos son mayores en los países de sociedades agrarias, menores en los países
industrializados y aún más pequeñas en los países en el estadio de elevado consumo de las
masas.
Las sociedades agrícolas son particularmente propensas a desigualdades acumulativas, ya que
el valor de la tierra que posee un hombre no sólo determina su riqueza y renta total, sino
también en gran parte fija su status social, sus oportunidades educativas y su habilidad política,
administrativa y militar. Por lo tanto, la distribución de los recursos políticos y del poder
también tiende a ser desigual. Este es el por qué un gobierno popular es poco probable que
exista en una sociedad agrícola, a menos que la propiedad territorial esté ampliamente
distribuida.
Cuando un país avanza desde los primitivos estadios de desarrollo hacia los posteriores, la
agricultura se ve cada vez más desplazada por el comercio y la industria. Aunque los recursos
políticos se vuelven ahora menos cumulativos, ya no están tan monopolizados por una élite
pequeña, los conflictos aumentan al mismo tiempo que los sectores hasta ahora latentes de la
población desarrollan expectativas crecientes y empiezan a pedir más educación, seguridad
económica, empleo fijo, igualdad social y económica, reconocimiento, participación,
democracia, etc. Cuando las condiciones favorables a la política competitiva y a la poliarquía se
desarrollan, también aumenta el número y la intensidad de los conflictos. Luego, un sistema de
política competitiva quizás empiece a desarrollar sólo para llegar a ser hundido por conflictos
que no puede solucionar.
Sin embargo, más tarde, cuando un país se vuelve más industrializado crea un “sobrante”
económico bastante mayor de lo que necesita para subsistir, que puede destinarse a facilitar
los arreglos pacíficos de los conflictos. Incluso si el número de conflictos se mantiene alto, su
intensidad disminuye cuando se solucionan antiguos rencores, se reducen las desigualdades
más humillantes y agravantes, la gente espera que los nuevos conflictos se solucionen
probablemente con compromisos satisfactorios, posibles gracias al dicho “sobrante”; y los
recursos políticos, a pesar de que aún están distribuidos en forma desigual, se dispersan de una
forma tan amplia que quedan muy pocos grupos totalmente indefensos.
¿Cómo la existencia de un “sobrante” facilita un acuerdo? Esencialmente aumentando el
número de situaciones conflictivas para las que hay soluciones provechosas para ambas
partes. Un sobrante facilita que las partes enfrentadas en un conflicto puedan ser
“sobornadas”.
La práctica en Estados Unidos muchas veces ha consistido en “pasar por encima de los
problemas -evitarlos- en lugar de solucionarlos”.
Por el contrario, es probable que la coacción aumente en el caso que desaparezca o disminuya
un sobrante. Un sobrante disminuye si la cantidad de mercancías y servicios disminuye (como
en una depresión económica), si aumentan las necesidades de subsistencia (como resultado
de cambios en las actitudes e ideas presentes en una sociedad), o si ambas cosas suceden. Esto
ayuda a explicar por qué muchas revoluciones y otros disturbios civiles ha seguido a épocas de
prosperidad creciente, dado que durante largos períodos en que los standards de vida están
elevándose, se crean nuevas expectativas; la pobreza agobiante del pasado ya no es aceptable.
De aquí que, cuando la decadencia o el paro económico se encuentra con una curva creciente
de expectativas, las posibilidades de revolución u otras formas de coacción posiblemente
aumentarán.
Hay dos formas distintas para reducir las desigualdades cumulativas y para aumentar las
posibilidades de un gobierno popular. Una, sugerida por Harrington en Inglaterra, Rousseau en
Francia y Jefferson en Estados Unidos, consiste en reducir el grado de desigualdad en la
distribución de recursos políticos (por ejemplo, mediante una redistribución de la tierra,
reformando los impuestos y ampliando las oportunidades para la educación). A pesar de que
muchos países han ido en esta dirección, ninguno ha conseguido eliminar las diferencias
considerables, con respecto al menos a algunos recursos políticos clave, como son rentas,
educación, medios de comunicación, afiliación a un partido, u otros. La otra forma consiste en
dispersar las desigualdades que quedan, de manera que los individuos o grupos en peor
condición respecto a algunos tipos de recursos, estén en mejor situación respecto a otros. Este
es el modelo que existe en EEUU y probablemente en un número de otras naciones muy
industrializadas. Las dos soluciones no se excluyen mutuamente.
Sin embargo, incluso en las sociedades de elevado consumo de masas en las que las
desigualdades están lo bastante dispersas como hacer posible la existencia de poliarquía, las
desigualdades que persisten probablemente serán una fuente de descontento y de demandas
de una democratización mayor. Nuevos conflictos: al igual que una industrialización avanza
favorece la democratización política en la forma de una poliarquía, la etapa del alto consumo
de las masas y etapas posteriores quizás estimulen esfuerzos mayores para democratizar
muchas instituciones -de tipo político, social, económico, educativo- en las que persisten las
desigualdades.

2) Bases de división: subculturas. El nivel de consensos de un país y, por lo tanto, las


posibilidades de arreglo pacífico y de poliarquía, están influenciados por el grado de
diversidad subcultural y por la manera como son tratadas estas diferencias de subculturas.
Una herencia de diferencias subculturales aumenta el área de conflicto potencial. No
sorprende que sean más comunes las poliarquías en los países homogéneos que en los países
con numerosas diferencias subculturales.
Pero las formas como los países tratan sus diferencias subculturales también ayuda a explicar
los niveles de acuerdo y conflicto, según hayan evitado o sostenida la discriminación.

En países distintos, los diferentes factores examinados actúan entre sí de formas diferentes.
Quizás más frecuentemente se refuerzan una a la otra y, por lo tanto, aumentan o disminuyen
dramáticamente las posibilidades de una poliarquía y de un arreglo pacífico.

3) El trato a la clase obrera. Los países que se hallan en la etapa de la revolución industrial
están sujetos al creciente conflicto provocado por las demandas de mejora de su suerte por
parte del proletariado en expansión. Además, la manera como se tratan los motivos de queja
de los trabajadores manuales, tanto urbanos como rurales, en el proceso de industrialización
deja una herencia de resentimientos o de lealtades.
Cuando los países se acercan a la etapa de consumo de masas, parece que los antagonismos
declinan y aumentan las áreas de acuerdo. Sin embargo, algunos tipos de problemas como los
de política exterior y la distribución del poder, renta, riqueza y otras formas de privilegios no se
prestan a soluciones técnicas ni a respuestas finales. Es razonable pensar que sobre estos
problemas surgirán nuevos conflictos y nuevas ideologías -seguramente, ya hayan empezado a
surgir- incluso (quizás en su mayor parte) en países de mayor abundancia.
La política no desaparecerá bajo ningún concepto. Habrá nuevas diferencias, nuevas
ideologías (o viejas disfrazadas con vestidos nuevos) y nuevos conflictos. No puede
garantizarse que la solución de estos conflictos sea pacífica, que los ideales democráticos se
realicen más plenamente, que surjan nuevas poliarquías o incluso que las poliarquías existentes
sobrevivan. Pero no es irrazonable esperar que igual que nuestro conocimiento de los
problemas centrales de este capítulo aumenta, los hombres serán capaces de actuar más
sabiamente para reducir la coacción, para arreglar sus conflictos pacíficamente y para mejorar
la actuación de los gobiernos, medidos según los exigentes y no logrados standards de la
democracia.

VII. El hombre político


En sentido amplio se puede decir (con Aristóteles) que el hombre es un animal político. Sean
cuales fueran sus escalas de valores y sus intereses como ser social, el hombre inevitablemente
está implicado en los sistemas políticos (tanto si le gusta como si no, o incluso tanto si se da
cuenta del hecho como si no).
Sin embargo, los individuos que se encuentran dentro de los límites de un sistema político no
están de ningún modo igualmente interesados por la vida política. Se distinguen cuatro
grupos:
1) El estrato apolítico: en todas las poliarquías, parece que un considerable número de
ciudadanos son apáticos en cuanto a política y relativamente inactivos: son apolíticos. Existen
variaciones significativas entre un sistema y otro, y entre una época y otra. Pero el que un
considerable cuerpo de ciudadanos no se aproveche de las oportunidades de participar en la
vida política parece que es un fenómeno casi universal.
Razones por las que la gente no se interesa por la política:
- 1) Las personas se prestan menos a comprometerse en política si valoran poco las
recompensas que se pueden sacar de los compromisos políticos, comparándolos con
las recompensas que se pueden esperar de otros tipos de actividad humana. Para
muchos las recompensas del compromiso político son lejanas e indefinidas, mientras
que las recompensas de otras actividades son más inmediatas y concretas. En pocas
palabras, para muchos los costes de una oportunidad de comprometerse políticamente
son simplemente demasiado elevados para que ello valga la pena. Estas personas no
desean renunciar a los beneficios o gratificaciones inmediatos, seguros y concretos que
se derivan de las actividades no políticas, para obtener los beneficios más remotos,
inciertos y abstractos que pueden sacarse de la participación política. El hombre no es
por instinto un ser nacional, que razone con sentido cívico. Muchos de sus deseos más
imperiosos y la fuente de sus gustos más poderosos pueden atribuirse a viejas
persistentes tendencias, necesidades y deseos biológicos y fisiológicos. La vida política
organizada llegó tarde en la evolución del hombre. El evitar el dolor, las molestias y el
hambre, el satisfacer las tendencias de satisfacción sexual, amor, seguridad y respeto,
estas necesidades son insistentes y primordiales. Los medios para satisfacerlas
rápidamente y concretamente por regla general se encuentran fuera de la vida política.
- 2) Una persona está menos dispuesta a comprometerse en política si cree que no hay
diferencia entre las alternativas que se le presentan y cree, en consecuencia, que lo
que él haga no importa.
- 3) Un individuo estará menos dispuesto a comprometerse en política si cree que lo que
él hace no importará porque, de todos modos, él no puede cambiar significativamente
el resultado. Cuanto más débil sea el “sentimiento de eficacia política” menos dispuesto
se está a comprometerse. En los Estados Unidos la confianza política en uno mismo -el
sentimiento de eficacia política- tiende a aumentar cuanto más elevada es la renta, el
nivel social, la experiencia política y, sobre todo, la educación. Por otro lado, el
optimismo o pesimismo acerca de las posibilidades de influenciar un plan político esté
probablemente relacionado con factores más profundos de la personalidad.
- 4) La gente está menos dispuesta a comprometerse en política si cree que el resultado
será relativamente satisfactorio para ellos sin su compromiso. Al igual que la poca
confianza en la eficacia política propia desanima la participación, también una gran
confianza en la justicia, legitimidad, estabilidad y honradez de las decisiones del sistema
político pueden parecer innecesaria la participación. Luego es de esperar que el
compromiso político disminuya en períodos de prosperidad y aumente durante las
depresiones.
- 5) Una persona está menos dispuesta a comprometerse en política si cree que su saber
es demasiado limitado para que su decisión sea efectiva.
- 6) Finalmente, cuanto mayores sean los obstáculos colocados en el camino de una
persona, menos dispuesta está a comprometerse en política.

2) El estrato político: a la inversa, una persona estará más dispuesta a comprometerse en


política: 1) cuanto más valor dé a las recompensas, 2) cuanto más importantes le parezcan las
alternativas, 3) cuanto más seguro esté de que pueda contribuir a cambiar el resultado, 4)
cuanto menos satisfactorio crea que será el resultado si él no actúa, 5) cuanto más
conocimientos o prácticas tenga, o crea que tiene relacionados con el asunto entre manos, 6)
cuanto más pequeños sean los obstáculos que tiene que vencer para actuar.
A causa de estos factores y otros, personas están interesadas en política, les importa y están
políticamente informadas y verdaderamente participan en la vida política. Esta gente
constituye el estrato político.
Pero parece que las mismas fuerzas operan dentro del estrato político: algunas personas están
mucho más interesadas, preocupadas, informadas y son más activas que otras. Dentro del
estrato político hay un substrato de los que buscan el poder y un substrato de los líderes
poderosos.
Dos preguntas importantes: ¿Por qué algunas personas aspiran más al poder que otras? Y ¿Por
qué algunas personas consiguen más poder que otras?

3) Los que buscan el poder. La pregunta de por qué algunos hombres hacen uso de sus
recursos para ganar poder pueden agruparse en tres categorías:
- 1) Se dice que el hombre aspira al poder para conseguir el bien colectivo. Sócrates da
un argumento normativo y Trasímaco uno empírico.
- 2) Se ha argüido que los hombres buscan el poder en la consciente persecución de sus
propios intereses. Este era el argumento de Trasímaco. El concepto de “interés propio”,
que parece tan claro, es en realidad muy complejo. Lo que uno ve como su “propio yo”
depende de las identificaciones de cada uno, y está modelado por la educación,
experiencia, tradición y cultura. Segunda objeción al uso de interés propio racional:
Freud demostró que los “deseos, terribles por su salvaje desorden” hacen algo más que
poner en conflicto a los seres humanos entre sí (como argüía Hobbes); también
provocan que los seres humanos entren en conflicto con ellos mismos.
3) Algunos estudiosos actuales de la política arguyen que los hombres buscan poder por
motivos inconscientes. Lasswell: el buscador de poder persigue el poder como medio
para compensar privaciones psicológicas de falta de respeto y afecto sufridas durante la
niñez. En su niñez, adolescencia o quizás más tarde el buscador de poder llega a creer
que con el poder él será importante, querido, respetado, admirado. El que busca poder
no se apercibe necesariamente del por qué él aspira al poder; racionaliza su búsqueda
de poder en términos aceptables a sus valores conscientes y quizás en términos
aceptables a la ideología dominante entre aquellos con los que se identifica. Salvedades
que señala el propio Lasswell: 1) el buscador de poder no necesariamente busca poder
en el Gobierno, quizás lo busque en otras instituciones; 2) un perjuicio a la estimación
propia “puede estar más allá de toda compensación posible” y quizás no produzca la
búsqueda de poder, sino “resignación, retirada y, en casos extremos, suicidio”; 3) un
bajo sentimiento de estimación propia puede ser sublimado de alguna forma que no sea
mediante la actividad política (por ejemplo, el arte); 4) una persona que busque el poder
para compensar su propio sentido de insuficiencia quizás no sea efectiva en su
consecución de poder, dado que seguramente estimulará demasiado desagrado y
desconfianza en los demás; 5) los sentimientos de confianza en uno mismo y de la
efectividad personal están muy relacionados con la participación política; 6) uno puede
buscar poder por muchos motivos diferentes, la necesidad de compensar el sentido
dañado del valor personal es sólo uno de estos.
Ninguna de las tres explicaciones es enteramente satisfactoria. Algunas conclusiones:
1) Sean cuales fueran sus intenciones, algunas personas buscan poder más
intencionalmente que otras.
2) El conocimiento científico de la personalidad y de los motivos de los que buscan
poder es aún insuficiente.
3) Según la cultura, sociedad, economía y sistema político, el poder puede usarse
para adquirir fama, reverencia, seguridad, respeto, afecto, riqueza y muchos
otros valores. Por lo tanto, no es de extrañar que los hombres busquen poder,
ni necesariamente debemos suponer que buscarlo es anormal o patológico.
4) La búsqueda de poder, al igual que otras conductas, normalmente es una
composición de motivos conscientes e inconscientes.
5) Parece improbable que todos los buscadores de poder tengan personalidades
similares en sustancia.

4) Los poderosos. Dos fuentes aclaratorias posibles para explicar las diferencias en la cantidad
de poder, las diferencias en la cantidad de recursos utilizados y las diferencias en la habilidad o
eficacia con que se aplican los recursos: 1) algunos usan más recursos que otros para ganar
poder, 2) algunos usan los recursos que tienen con mayor eficacia, con mayor destreza.
¿Por qué algunas personas usan más recursos? Porque esperan “ganar más” haciéndolo así. Yo
puedo “ganar más” que otro en una acción determinada, ya sea porque la acción me “cuesta
menos” o porque el resultado de la acción es “más valioso” para mí.
Hay tres causas posibles que pueden provocar diferencias de habilidad entre dos personas: 1)
diferencias genéticas, 2) diferencias en las oportunidades para aprender, 3) diferencias en los
incentivos para aprender. Las dos primeras son diferencias de situación, la tercera es una
diferencia de motivación.
5 factores que ayudan a explicar las variedades del hombre político:
1) Su personalidad o carácter.
2) La cultura general o, más específicamente, la cultura política que comparte con otros
en su tribu, pueblo, ciudad, país o región del mundo.
3) Sus primeras orientaciones políticas y su forma de adquirirlas, es decir su socialización
política.
4) Sus propias experiencias y circunstancias personales, la situación de su vida.
5) La situación particular con la que se enfrenta o cree que se enfrenta, en un momento
histórico específico.

Valores, actitudes, opiniones y trazos del carácter que configuran una personalidad
democrática:
1) Hacia uno mismo: una creencia en el valor y la dignidad de uno mismo.
2) Hacia los demás: una creencia en el valor y la dignidad de los demás.
3) Hacia la autoridad: énfasis en la autonomía personal y en el mantenimiento de cierta
distancia o incluso desconfianza hacia la autoridad poderosa; contrariamente a la
personalidad autoritaria, ausencia de la necesidad de dominar o someter.
4) Hacia la comunidad: sinceridad, rápida aceptación de las diferencias, deseo de
compromiso y cambio.
5) Hacia los valores: persecución de muchos valores, en vez de un objetivo único y
absorbente, y una disposición a compartir, en vez de acumular o monopolizar.

Características de la “personalidad autoritaria”: si una persona es convencional de una forma


rigurosa; sumiso y que no critica la autoridad; agresivo y que castiga a la gente que viola los
valores convencionales; opuesto a las formas subjetivas, imaginativas y flexibles de pensar
sobre el mundo; preocupado por el poder y la dureza; cínico, interesado por las cosas salvajes y
peligrosas que están sucediendo en el mundo; y particularmente obsesionado por los “sucesos
sexuales”.
Pero la conexión entre la personalidad y las acciones abiertamente políticas es compleja, oscura
y aparentemente vaga. No hay dudas que es una hipótesis razonable la que afirma que un
gobierno popular tendría muchas dificultades para sobrevivir en una población compuesta
principalmente de individuos con fuertes personalidades autoritarias. Pero es posible que la
cultura política pueda canalizar bastante las salidas de una personalidad democrática o
autoritaria. En una cultura predominantemente “democrática”, en la que las normas,
instituciones y prácticas democráticas tengan un elevado grado de legitimidad, algunos
individuos con “personalidad autoritaria” pueden adquirir una capa de creencias y hábitos
democráticos que les ayuden a funcionar “democráticamente”.
Hay muchas razones para creer que las orientaciones autoritarias o democráticas están muy
modeladas por la cultura y los procesos de la socialización política.
Agitador y negociador. El negociador es una persona inclinada al compromiso. Si el agitador
siente desprecio por la conducta “sin principios” del negociador, el negociador está confundido
por la intransigencia del agitador, que sacrifica ganancias inmediatas por principios
abstractos. El negociador está más interesado en una solución aceptable del conflicto que en
una solución justa o perfecta.
El negociador en política es esa figura muy menospreciada, la del político pragmático o incluso
oportunista. En un caso extremo, el político pragmático y el agitador mantienen opiniones
totalmente opuestas acerca de la importancia de la opinión pública en boga. El político
pragmático intenta sólo ajustarse a la opinión pública; el agitador intenta que la opinión pública
se ajuste a él.
Dado a que él acepta la opinión presente como cosa dada, el político pragmático es el
instrumento de las mayorías presentes. Dado que él acepta la opinión pública como un objeto
que ha de cambiarse, el agitador ayuda a crear mayorías futuras.
Los gobiernos populares se verían perjudicados si estuvieran ausentes tanto el negociador
como el agitador. Los negociadores aumentan las posibilidades de arreglo pacífico de los
conflictos. Pero, a la corta, los arreglos pacíficos pueden tener lugar sin tener en cuenta las
actuales alternativas poco populares, o pueden producirse a expensas de los grupos que no
tienen portavoces y que están representados inadecuadamente. A menudo el agitador centra
su atención en estas alternativas o grupos descuidados y, a pesar de que parezca paradójico,
con ello puede contribuir al descubrimiento de mejores soluciones a la corta y a la larga.
Pero la cultura política también juega un papel. En algunos países los valores culturales
dominantes acentúan las virtudes del consenso y de ahí la necesidad de esforzarse por una
reconciliación y un compromiso, para evitar conflictos. Cuando una persona madura en una
cultura así, se socializa gradualmente de esta forma. Aprende a comportarse tal como se espera
que se comporte. Luego, en algunos países aprende a una temprana edad que es mejor
negociar que lanzarse a la agitación.
Pero incluso en una cultura política marcada por su moderación y conciliación, un individuo en
particular puede desviarse de las normas prevalecientes: sus necesidades quizás le lleven a
desafiar las normas. Aún más importante es el hecho de que las experiencias personales y las
situaciones históricas específicas puedan alterar sus prácticas políticas, sus orientaciones,
incluso su estilo de vida y su cultura política.

Variedades de políticos pragmáticos. Se diferencian estilos políticos variados a partir de dos


dimensiones: la actividad-pasividad en cumplir su rol, y el afecto positivo-negativo hacia su
actividad.

Actividad alta Actividad baja

Disfrute alto del cargo I II

Disfrute bajo del cargo III IV

Político tipo I: orientado hacia la productividad. Como presidente o como legislador es el activo
innovador, con frecuencia es el líder exuberante que goza claramente con los desafíos que le
presenta su tarea.
Político tipo II: como presidente emula al monarca constitucional, intenta reinar pero no
gobernar. Como legislador, se contenta con ser un espectador.
Político tipo III: un legislador puede ser un “publicista”, un abogado joven, quizás ansioso de
ganarse un nombre para beneficiarse en su práctica de la abogacía. Como presidente puede ser
un trabajador esforzado desdeñoso de la retórica y el ceremonial y muy sensible a los insultos y
problemas que inevitablemente se le presentan en su camino.
Político tipo IV: es el funcionario reacio, que normalmente sólo se encuentra en cargos
relativamente poco importantes.

¿Cómo se explican estos diferentes estilos políticos? Conjetura según la cual un estilo político
surge relativamente pronto en la vida, a fines de la adolescencia o a principios de la madurez,
cuando en algunas situaciones particulares los motivos, recursos y oportunidades se combinan
para producir lo que parece ser una estrategia con éxito, que luego sirve para el resto de la
vida.
Sin embargo, las características concretas de los líderes varían mucho en los distintos sistemas
políticos, épocas diferentes y situaciones diversas. Los líderes tienen orígenes sociales distintos,
recursos distintos, prácticas distintas, personalidades distintas.

VIII. Evaluación política


Acción política, al igual que otras acciones humanas, consiste en tomar decisiones:
escogiendo de alguna manera entre las alternativas y luego intentando que la acción propia sea
efectiva.

Los elementos principales de la evaluación política. Las decisiones que uno toma están
influenciadas por la manera como uno valora el mundo y su lugar en él. Las estimaciones en las
que se basa una decisión pueden ser conscientes o inconscientes, simples o complejas,
deliberadas o temerarias, basadas en mucha información o en poca, inteligentes o estúpidas.
Tipos principales de estimaciones que influencian las decisiones:
1) Las decisiones dependen de cuáles se considera que son las vías alternativas de la
acción, si hay alguna, que están “abiertas” o que son “accesibles”. Uno de los objetivos
importantes del análisis político es aumentar el conocimiento de la variedad de
alternativas posibles en la política.
2) Las decisiones dependen de lo que cada cual cree que son las consecuencias probables
de la persecución de cada una de las vías alternativas de acción. Influencia de las
predicciones.
3) Las decisiones dependen del valor que cada uno le atribuye a las consecuencias de
cada alternativa.

A causa de la importancia claramente crítica de la inseguridad, las decisiones a menudo están


influenciadas por varios tipos adiciones de apreciaciones:
4) En situaciones de inseguridad, la decisión depende de las suposiciones, sospechas o
estimaciones acerca de la probabilidad de que las consecuencias diversas ocurran en
realidad.
5) En situaciones de inseguridad, la decisión dependerá de las orientaciones hacia el
riesgo, inseguridad y el juego.

En las decisiones más cruciales se ha comprobado que los modelos matemáticos por el
momento tienen poco valor.
El análisis político sistemático, particularmente cuando se aplica a problemas persistentes de la
política, generalmente contiene tanto juicios reales como morales.
La calidad de los juicios reales. El conocimiento predictivo fidedigno sobre los sistemas
humanos y sociales ha sido mucho más difícil de conseguir que el saber empírico fidedigno
sobre los sistemas físicos o estrictamente biológicos. De aquí que la mayor parte del
conocimiento predictivo que se usa al tomar decisiones políticas debe estar a un nivel
relativamente bajo de confianza. Una gran parte del conocimiento político es de carácter
precientífico o no científico. También a menudo uno se tiene que fiar de una inferencia
obtenida obtenida de un conjunto de experiencias, tristemente limitado y sin analizar.
Cualquiera que tome decisiones políticas la mayoría de las veces tiene que actuar basándose en
información real muy incompleta.

El elemento extra para decidir sobre la validez de las proposiciones es algún criterio (o conjunto
de criterios) de valor, mérito moral o bondad.

¿Cuáles son las estrategias de examen que ayudan a mejorar la calidad de las decisiones
políticas en medio de las inevitables seguridad? Se puede distinguir dos tipos importantes:
1) Estrategias de ciencia pura: una ciencia empírica de la política estaría interesada
exclusivamente en la validez de los elementos reales o empíricos. Su conocimiento se aplicaría
a la acción; pero la validez de los fines, objetivos o valores que se pretendían en la acción
quedarían, como tales, fuera del dominio de la ciencia pura.
Ventajas de los datos cuantitativos: facilitan el análisis causal, pueden analizarse mucho más
eficientemente que los datos cualitativos.
Con respecto a cualquier característica en que difieran los sistemas políticos, cuanto mayor sea
la cantidad de variaciones o diferencias que un análisis puede explicar, más útil y “poderoso” es
el análisis.
Incluso con una suposición muy optimista de la proporción del aumento de nuestro
conocimiento real, en el presente y en el futuro próximo una gran cantidad de opciones
políticas obligatoriamente estarán rodeadas de una nube de inseguridad. En comparación con
las ciencias naturales o incluso la medicina o la ingeniería, ciencias en las que los juicios sobre
valor, calidad moral o bondad de las alternativas ordinariamente están ausentes o son
relativamente sencillos, en la política los juicios morales son persuasivos, poderosos y
complejos. La importancia relativa de un “hecho” depende de los modelos propios de valor.

2) Estrategias de racionalidad limitada: dado que las posibilidades políticas normalmente están
ensombrecidas por las inseguridades acerca del hecho y del valor, algunos investigadores de
“decision-making” han intentado desarrollar estrategias adaptadas realisticamente a
situaciones de conocimiento limitado.
Su enfoque es considerado más una reacción contra las estrategias de raciocinio perfecto,
llamados a veces enfoques sinópticos o globales, descritos de la siguiente forma:
1) Enfrentado con un problema determinado.
2) Un hombre racional primero aclara sus metas, valores u objetivos y después los clasifica
o los organiza en su mente.
3) Luego hace un lista de todas las formas posibles importantes de políticas a seguir para
conseguir sus propósitos.
4) E investiga todas las consecuencias importantes que se derivarían de cada una de las
políticas alternativas.
5) Y, en este momento, está en posición de comparar las consecuencias de cada política
con sus propósitos.
6) Y de ahí escoge la política concreta cuyas consecuencias sean las más emparejadas con
sus objetivos.

La racionalidad perfecta es inalcanzable en política, como en todo. En la práctica,


probablemente nadie está nunca en una situación de adquirir todos los conocimientos que se
necesitan para una decisión completamente racional en cuanto a problemas políticos
importantes.
En la práctica, la gente se las arregla para luchar con la inseguridad de muchas maneras útiles.
Buscar soluciones satisfactores en vez de perfectas para los problemas. Tomar una decisión
tentadora y ver lo que pasa. Aprovecharse de la retroacción (“feedback”) o de la información
creada por la misma decisión inicial. También se puede suponer normalmente que la decisión
que se va a tomar es una serie sin fin de pasos, de forma que los errores pueden corregirse al
mismo tiempo que se efectúa. Por lo tanto, frecuentemente, aunque no siempre, se puede
adoptar una estrategia “incrementalista”.

Ningún enfoque, ni sinóptico ni más limitado, puede garantizar que lleve al descubrimiento de
las alternativas más asequible. Hay una necesidad indispensable en el análisis político de una
imaginación informada; de especulación, guiada por el conocimiento, que sobrepase las
verdades recibidas; de proyecto in contemplación de utopías; de deseos de pensar mucho
desde las alternativas impensables hasta las soluciones demasiado fáciles de pensar.

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