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Gracias y Adiós Maestro

Yo admiraba mucho a Pánfilo Cuiza, un verdadero maestro de maestros, y lamente mucho su


partida pues empobrece aún más a este mundo de por si pobre.

Como profesor don Pánfilo era un paragón, cuyo empeño sobrehumano de ampliar en
nuestras mentes el portento de la matemática más allá de los estrechos límites de la simple
teoría de la vasta ciencia hasta los mismísimos confines del arte, caía muchas veces en saco
roto y aun así cual paladín no claudicaba sino duplicaba sus empeños para vencer la ignorancia
o al menos hasta hacer comprensible lo que para nuestra joven imaginación solo podían ser
arcanos misterios.

Era, descubrí, el último representante de una distinguida cadena de juristas, científicos y


auténticos aymaras dedicados a la enseñanza. Había abandonado las terrenales ambiciones de
una familia propia, y los asuntos prácticos habían dado lugar a la pura erudición. Según se,
había sido un estudiante notable de matemática, astronomía, y folclore en la Universidad
Mayor. Aunque estos datos son solo rumores, pues yo nunca había oído nada de él, y en
nuestras escuetas charlas nunca presumió de detalles autobiográficos. Sin embargo,
comprendí inmediatamente que era hombre de carácter, educación e inteligencia, pues su
vida recluida lo había apartado de todo conocimiento meramente mundano y lo predisponía
hacía las ciencias puras.

Este gran señor veía en la enseñanza un arte. Hoy se hace la enseñanza por la enseñanza, y la
enseñanza es un fin. Y si la enseñanza es un arte es para pocos, pues como el arte o es inmoral
o es falso aquí en la tierra de los pobres y oprimidos. Así que este verdadero educador
impartió saberes en los más renombrados colegios y en los menos recordados pobres
arrabales, así pues hijos de militares, jueces y lustrabotas fueron bendecidos por igual, para él
su arte, repartido con generosidad, que es y será lo único moral y verdadero pues aun hoy
rompe cadenas y cambia mentes pequeñas, el eco del pasado resuena compartiendo su
sabiduría y su tiempo con aquellos que no la tienen ni tienen con que comprarla. Enseñó pues
a hablar el mismísimo idioma de la matemática a toda una generación, y gracias a él muchos lo
hablamos tan bien como si fuéramos nativo de sus fantásticas tierras, aunque no pocos fuimos
lerdos alumnos en lo referente a ser gran persona cómo su nobleza enseñaba.

Cientos o quizá miles de profesionales llorarían su partida si supieran que se fue, pero es solo
otra noticia trágica perdida entre tantas otras y casi nadie fue a despedirlo a su ultima morada,
después de treinta años antiguos estudiantes dirán gracias y dirán adiós en sus redes sociales,
él tan humilde en su grandeza sin duda lo hubiera preferido así. Su legado no solo es en gran
formación sino en gran humanidad y aun así este hombre que dedico su vida a crear grandes
hombres y mujeres nunca tendrá un homenaje digno, nadie hará estudios ni de su
personalidad ni de su obra. Un escueto epitafio en una lápida será la única redacción de las
diversas facetas de su personalidad, del matemático, el poeta ni del hombre harán justicia
alguna.

Poco a poco aún los recuerdos que tengo de Pánfilo Cuiza se perderán en las nieblas del olvido,
otras preocupaciones terrenales o rostros amigables ocuparan su lugar. Mi profesor, mi amigo,
que estas palabras tan mal escritas sean pues mi homenaje, aunque se pierdan en la nada o en
el mismísimo corazón del todo, intentare una vez más calcular los límites del infinito tal y como
usted me enseño, así pues habré cumplido un homenaje de justicia a quien nunca claudico en
sus empeños de mejorar la niñez y la juventud, con lo vasto de su talento y su espíritu, así pues
el amor de sus alumnos y la dignidad, honor y orgullo de su patria lo acompañen por siempre.
Profesor Pánfilo Cuiza, nos toca ahora a nosotros llevar la luz del saber y pelear contra las
sombras de la ignorancia, dar un poco de humanidad, y tal vez hacer comprensibles los
arcanos misterios a las jóvenes mentes. Su eterna batalla por fin ha terminado ahora descanse
en paz.