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RUBÉN DARÍO (1867-1916)

Primeras poesías
(influencias Encuentra su estilo propio:
¡Oh Cisne! / [...] / bajo tus alas blancas la nueva Poesía / concibe en una gloria de luz y armonía / la Helena eterna y pura que encarna el ideal.
becquerianas)

último fragmento de “Divagaciones” Azul (1888-1890), la obra inaugural del Modernismo literario
Un maravilloso poema amoroso
con ricas imágenes... Prosas profanas (1896-1901), donde encontramos al Darío más típicamente modernista,
Ámame japonesa, japonesa con poemas extensos, con un lenguaje culto, rico, colorista, brillante, sensual... para expresar
antigua, que no sepa de naciones el sentimiento e inquietudes del fin de siglo: melancolía, cansancio de la gris vida burguesa,
occidentales; tal una princesa anhelo de evasión hacia mundos antiguos o de cuento de hadas, gusto por lo decadente,
con las pupilas llenas de visiones,
que aun ignorase en la sagrada Kioto,
cosmopolitismo, erotismo... El esteticismo, el culto a la belleza, es la principal seña de
en su labrado camarín de plata identidad del movimiento modernista.
ornado al par de crisantemo y loto, Sonatina
la civilización del Yamagata. Una parábola sobre la esperanza del amor verdadero, con el esteticismo más típicamente modernista
O con amor hindú que alza sus llamas
en la visión suprema de los mitos, La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
y hacen temblar en misteriosas bramas Los suspiros se escapan de su boca de fresa, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
la iniciación de los sagrados ritos. que ha perdido la risa, que ha perdido el color. ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
En tanto mueven tigres y panteras La princesa está pálida en su silla de oro, Y están tristes las flores por la flor de la corte,
sus hierros, y en los fuertes elefantes está mudo el teclado de su clave sonoro, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
sueñan con ideales bayaderas y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
los rajahs, constelados de brillantes. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
O negra, negra como la que canta Parlanchina, la dueña dice cosas banales, Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en su Jerusalén al rey hermoso, y vestido de rojo piruetea el bufón. en la jaula de mármol del palacio real;
negra que haga brotar bajo su planta La princesa no ríe, la princesa no siente; el palacio soberbio que vigilan los guardas,
la rosa y la cicuta del reposo... la princesa persigue por el cielo de Oriente que custodian cien negros con sus cien alabardas,
Amor, en fin, que todo diga y cante, la libélula vaga de una vaga ilusión. un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
amor que encante y deje sorprendida ¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
a la serpiente de ojos de diamante o en el que ha detenido su carroza argentina (La princesa está triste, la princesa está pálida)
que está enroscada al árbol de la vida. para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
Ámame así, fatal cosmopolita, ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
universal, inmensa, única, sola o en el que es soberano de los claros diamantes, —la princesa está pálida, la princesa está triste—,
y todas; misteriosa y erudita: o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? más brillante que el alba, más hermoso que abril!
ámame mar y nube, espuma y ola. ¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa —«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
Sé mi reina de Saba, mi tesoro; quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
descansa en mis palacios solitarios. tener alas ligeras, bajo el cielo volar; en el cinto la espada y en la mano el azor,
Duerme. Yo encenderé los incensarios. ir al sol por la escala luminosa de un rayo, el feliz caballero que te adora sin verte,
Y junto a mi unicornio cuerno de oro, saludar a los lirios con los versos de mayo y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
tendrán rosas y miel tus dromedarios. o perderse en el viento sobre el trueno del mar. a encenderte los labios con un beso de amor».

Cantos de vida y esperanza (1905)


Etapa más intimista y reflexiva, rozando a veces lo existencialista.

Así ve su producción anterior... Canción de otoño en primavera:


Un canto a la juventud desde la madurez, y un repaso a su experiencia amorosa
Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había Juventud, divino tesoro, cual no pensé encontrar jamás. sin pensar que la Primavera
que era alondra de luz por la mañana. ¡ya te vas para no volver! Pues a su continua ternura y la carne acaban también...
El dueño fui de mi jardín de sueño, Cuando quiero llorar, no lloro... una pasión violenta unía. Juventud, divino tesoro,
lleno de rosas y de cisnes vagos; y a veces lloro sin querer... En un peplo de gasa pura ¡ya te vas para no volver!
el dueño de las tórtolas, el dueño Plural ha sido la celeste una bacante se envolvía... Cuando quiero llorar, no lloro...
de góndolas y liras en los lagos; historia de mi corazón. En sus brazos tomó mi ensueño y a veces lloro sin querer.
y muy siglo diez y ocho y muy antiguo Era una dulce niña, en este y lo arrulló como a un bebé... ¡Y las demás! En tantos climas,
y muy moderno; audaz, cosmopolita; mundo de duelo y de aflicción. Y te mató, triste y pequeño, en tantas tierras siempre son,
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo, Miraba como el alba pura; falto de luz, falto de fe... si no pretextos de mis rimas
y una sed de ilusiones infinita. sonreía como una flor. Juventud, divino tesoro, fantasmas de mi corazón.
Era su cabellera obscura ¡te fuiste para no volver! En vano busqué a la princesa
pero ahora afirma... hecha de noche y de dolor. Cuando quiero llorar, no lloro... que estaba triste de esperar.
de desnuda que está, brilla la estrella. Yo era tímido como un niño. y a veces lloro sin querer... La vida es dura. Amarga y pesa.
Ella, naturalmente, fue, Otra juzgó que era mi boca ¡Ya no hay princesa que cantar!
para mi amor hecho de armiño, el estuche de su pasión; Mas a pesar del tiempo terco,
Melancolía Herodías y Salomé... y que me roería, loca, mi sed de amor no tiene fin;
Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. Juventud, divino tesoro, con sus dientes el corazón. con el cabello gris, me acerco
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. ¡ya te vas para no volver! Poniendo en un amor de exceso a los rosales del jardín...
Voy bajo tempestades y tormentas Cuando quiero llorar, no lloro... la mira de su voluntad, Juventud, divino tesoro,
ciego de ensueño y loco de armonía. y a veces lloro sin querer... mientras eran abrazo y beso ¡ya te vas para no volver!
Ese es mi mal. Soñar. La poesía Y más consoladora y más síntesis de la eternidad; Cuando quiero llorar, no lloro...
es la camisa férrea de mil puntas crüentas halagadora y expresiva, y de nuestra carne ligera y a veces lloro sin querer...
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas la otra fue más sensitiva imaginar siempre un Edén, ¡Mas es mía el Alba de oro!
dejan caer las gotas de mi melancolía.
Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
ya veces que es muy corto...
Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía? Poema del otoño (1910)
Libro más sencillo,
menos modernista
Lo fatal: Serena reflexión sobre el sinsentido de la vida
Reelaboración del tópico Poesías sueltas (1912-16)
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, del carpe diem
y más la piedra dura porque esa ya no siente, Y, no obstante, la vida es bella,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, Triste, muy tristemente:
por poseer Hermosa expresión de la tristeza existencial, con el
ni mayor pesadumbre que la vida consciente. la perla, la rosa, la estrella
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, típico simbolismo modernista...
y la mujer.
y el temor de haber sido y un futuro terror... [...] Un día estaba yo triste, muy tristemente
Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y nuestras vidas son la espuma viendo cómo caía el agua de una fuente.
y sufrir por la vida y por la sombra y por de un mar eterno! Era la noche dulce y argentina. Lloraba
lo que no conocemos y apenas sospechamos, [...] la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba
y la carne que tienta con sus frescos racimos, Cojamos la flor del instante; la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, la melodía diluía la lágrima de un misterioso artista.
¡y no saber adónde vamos, de la mágica alondra cante Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
ni de dónde venimos!... la miel del día! que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.

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