Está en la página 1de 1

El Hacedor

"Porque tu esposo es tu Hacedor, el


SEÑOR de los ejércitos es su nombre; y
tu Redentor es el Santo de Israel, que se
llama Dios de toda la tierra." Isaías 54:5
Nadie sabe cómo de sus inicios laborales como mecánico llego a tener un
capital accionario de ciento noventa y nueve millones de pesos, la cantidad justa
dibujada por Miguel Ángel, su Director Contable, evitando así llegar a los doscientos
millones y tener que pagar el impuesto a la riqueza. Ni tampoco cuántos testaferros
tiene con cifras análogas. Lo que sí sabemos es que él se considera un Hacedor,
dicho con tono doctoral, por ser parte del empresariado.
Como él hay otros que dictan cátedra a los gobiernos de lo que deben hacer en
aras de favorecer sus negocios, aumentar sus ganancias e impedir que se vayan a la
ruina. Se nota que es un tipo “que mira hacia adelante”, como un caballo con
anteojeras elude ver lo que lo rodea, en este caso, la triste devastación circundante
que, si quisiera, podría ayudar a solucionar, aunque sea para mejorar el paisaje. Y eso
que afirma hablar “desde el amor" y que "se le estruja el corazón" al ver un 50% de
pobreza y desocupación. Todo esto dicho sin que se le mueva un pelo o, mejor dicho,
le tiemble la voz.
Su pertenencia a la Cámara de Comercio le hizo conocer la Argentina de norte
a sur, o sea, viajo de arriba, y aprendió a “encontrarle el agujero al mate”. Es un hábil
cuentacuentos. Está visto que tal vez el Cardenal Newman sea un impedimento a la
oratoria. Da ejemplos de casos específicos, que los oídos incautos podrían
universalizar, para apoyar sus afirmaciones. Usa términos objetivamente valiosos y
les asigna una finalidad diabólica: austeridad, prudencia, visión, trabajo, educación,
son algunos ellos.
Se incluye entre los responsables de la debacle (las administraciones, los
hacedores y los sindicatos) dejando ver que la verdadera culpa es del Estado que está
sobredimensionado y de los impuestos que debe pagar el consumidor sobre la
producción industrial. La forma de resolver el tema de la pobreza en un país rico es
bajar el gasto público del 45% del PBI al 25%.
Propone dejar de lado las ideologías, no discutir el pasado, ni cargar culpas. El
Estado tiene que comprender que lo que tiene que poner en marcha es la actividad
privada en lugar de asignar planes teniendo en cuenta que “el argentino es laburante y
prefiere trabajar”, usando otros términos, nos dice que necesita una provisión de mano
de obra barata. El emprendedor tiene que motivar porque darles una propina es un
desprecio. Hay que sacarlos de la villa y del afano, aunque sea durante las horas que
trabajarían en su fábrica.
Según él, todos dejamos algo. En lugar de un aporte extraordinario por única
vez a las grandes fortunas propone un bono patriótico por el Covid, que no traería
problemas jurídicos, pagadero a veinte años y adquirido “a voluntad”, léase, que el
país se endeude a favor de sus nietos. Es un optimista que no se quiere ir del mejor
país del mundo y un poeta para quien la esperanza es el sueño de los que estamos
despiertos.
Este señor es un claro ejemplo de los canallas a los cuales hago referencia al
utilizar la palabra. Se cree un salvador que en lugar de dar propina da trabajo (y se
enriquece con la plusvalía). El gran problema es que todo piojo resucitado sueña con
ser empresario para poder explotar a muchos trabajadores y tirar la plata como
manteca al techo. Es por ésto que estamos perdidos. Nos merecemos el meteorito.
© Edith Fiamingo 2021. Dedicado a un contador amigo que alguna vez me dijo: “Yo
también soy artista, mis clientes me llaman Miguel Ángel.”