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Aunque el móvil del hombre sea el deseo egoísta de progresar, el

egoísmo inteligente lo llevará al sendero del servicio, la ruta más


directa para alcanzar su meta.
El hombre se distingue por dos características que son realmente
una: la búsqueda de la felicidad y la del conocimiento.
“Esparce la luz adquirida...” dice el mismo libro. Es notable
observar cuán poco nos damos cuenta que atesorar conocimiento
es tan reprobable como acumular cualquier otra clase de riqueza y
poder, y que de nada sirve poseer un gran conocimiento
superficial sin haberlo asimilado y trasmitido correctamente y sin
estar a disposición de quien lo necesita y demanda.
“El agua que corre se purifica a sí misma”, dice un antiguo
axioma. TOMA Y DA, CONOCE Y REALIZA, son esenciales
para que el hombre mantenga sin cesar su progreso y desarrollo
en rítmica armonía.

Qué difícil parece a veces establecer hábitos nuevos en nuestra


vida, en la mayoría de los casos en que se suelen afianzar, se
deben a profundos motivos relacionados con razones de salud, de
hastío, aburrimiento, y otras tantas. El hecho de estar conscientes
de nuestra propia consciencia también implica mantener un hábito
de contacto y mantenimiento de esa relación, que se debe
alimentar a diario. El sabernos infinitos conlleva también
establecer una disciplina diaria, que llega a nuestra vida con una
fuerza gratificante, que nos hace percibir nuestro ser nuestro
entorno y los seres que lo habitan, de un modo bastante diferente
a lo que lo percibíamos antes de estar plenamente conscientes. En
esa nueva disciplina, y para evitar el olvido nuevamente,
debemos crear el hábito constante de recononocernos como el
alma que supervisa los asuntos de la vida diaria, lo que implica
ciertos reconocimientos secundarios:
a. Que él es esencialmente divino.
b. Que las cualidades de la divinidad son sus características
naturales la pureza, la verdad y el amor, en el sentido más
profundo..
c. Que “estamos en el mundo, pero no somos del mundo”.
d. Que la meta de la evolución, en lo que respecta a la familia
humana, es capacitarnos de forma individual para que caminemos
en el plano físico y actuemos como dioses.
Que también es importante decir que este proceso es lento y suele
ser doloroso, siendo imposible sin nuestro pleno consentimiento.

Las tres características del alma son mucho más amplias de lo que
parece, cuando se las ve superficialmente. Son las cualidades que
caracterizan a la divinidad solar (en este sistema planetario) y al
propio Logos planetario.

La pureza
Esta palabra ha sido en gran parte limitada a una de sus
acepciones más inferiores, pureza y control sexual, así como
también pureza del cuerpo físico. Su significado fundamental es
algo más que esto. La palabra proviene de la raíz sánscrita “pu”,
limpiar, separar de toda materia extraña sin mezcla alguna con
otra sustancia. Básicamente, pureza significa dos cosas:
a. Liberación de la materia misma o de la forma.
b. Liberación de las relaciones grupales o dominio de las vidas en
los planos inferiores.
El alma es esencialmente inmaculada y está libre de la materia de
los tres mundos, pero debe demostrar esta liberación en el plano
físico (el más inferior de los tres) controlando y usando
conscientemente los vehículos y las circunstancias.

Pureza es la cualidad del primer aspecto de la divinidad.


Concierne a lo abstracto y tiene que ver con la libre actuación del
verdadero hombre en su propio plano, de allí el consiguiente
control de sus actividades en los tres mundos.
A medida que se lleva a cabo el proceso de purificación son
posibles otros acontecimientos más importantes, y las palabras de
Cristo se convierten en realidad: “Los puros de corazón verán a
Dios”. Se ha dicho que “como un hombre piensa en su corazón
así es él”, por lo tanto, la pureza tiene que ver con la vida mental;
la pureza, desde el punto de vista del hombre mientras está
encarnado, es la cualidad de los tres subplanos superiores del
plano mental, y desde allí trata de
expresarse con perfecta libertad, cosechando los resultados de las
diversas encarnaciones y liberándose del uso de las formas y de
toda materia inferior mediante el uso consciente e inteligente.

El Amor
El amor es cualidad del segundo aspecto de la divinidad.
Concierne a la relación del espíritu puro con su polo opuesto, la
materia; trata de su fusión, produciendo con ella resultados que
promoverán el mejoramiento de la forma, convirtiéndola en una
mejor expresión de la energía que mora internamente. Por lo
tanto, como frecuentemente se dice, es la cualidad constructora de
la forma que
produce todas las formas existentes de materia. Implica tanto el
motivo como el cumplimiento de la ley; es impulso y karma
combinados y el incentivo que está detrás de todo lo que ES.
En sentido oculto, el amor no es esa cosa tonta, sentimental,
devocional, como la mayoría de la gente cree, sino el poder
motivador de toda manifestación y esto se aplica lo mismo a un
hombre que a un dios, a la entidad que se manifiesta como un ser
humano en el plano físico y a la gran Existencia que se expresa a
Sí Misma por medio del sistema solar. Esta idea involucra:

a. El reconocimiento de la necesaria dualidad esencial de toda


existencia manifestada y de aquello mediante lo cual la energía
impulsora (humana o divina) se manifiesta.
b. La comprensión de la identificación temporaria y progresiva
con el objeto del deseo o del amor y con la forma que hace
posible la manifestación.
c. El desenvolvimiento consciente y eventual de una vibración
sincronizada entre la forma y aquello que emplea la forma, entre
el cuerpo objetivo y la energía subjetiva.

El amor es la cualidad del plano astral o emocional desde el punto


de vista del hombre en los tres mundos. Es principio-cualidad del
alma, y los estudiantes de esotéricos deben tener presente el hecho
fundamental de que hay una conexión esotérica directa entre el
alma que es amor, los centros del plano emocional y el corazón
del hombre.
Existe un alineamiento especial que constituye la línea de
menor resistencia para muchas personas. Quisiera señalar que el
cuerpo o forma astral es de vital importancia pues es el reflejo, en
la personalidad, del segundo aspecto; es también el único cuerpo
completo del triple hombre, pues la manifestación superior y el
ser inferior son duales. En el plano mental el hombre se
manifiesta en los niveles abstractos por medio del cuerpo del alma
y de la
envoltura mental. En el plano físico el cuerpo físico es dual,
formado por el cuerpo etérico y la envoltura densa.

La Verdad
Se refiere principalmente a la manifestación en el plano físico así
como los otros dos se relacionan con el plano astral y mental. Es
esencialmente el reconocimiento y la revelación de la realidad que
está detrás de todas las formas; esta revelación necesariamente
depende del perfeccionamiento gradual de las formas. Toda la
naturaleza revela y desarrolla gradualmente la energía subjetiva
que palpita en todo lo visible y tangible, y sólo a medida que esta
energía se hace sentir se conoce y siente el propósito espiritual.
¿Cuál es ese propósito en su plenitud y cuál la verdadera
naturaleza de esa gran existencia que está detrás de todas las
formas? Sólo en ciclos venideros serán revelados en su plena
gloria. Esto es así respecto al macro y al microcosmos.
Todo hombre revela algo de la divinidad interna; la forma que
ocupa los lineamientos de su rostro y las circunstancias de su
medio ambiente revelan al verdadero buscador la “verdad” acerca
de él, indicándole su lugar en la evolución.

La verdad es para cada hombre todo lo que la forma puede revelar


y lo que puede expresar y reconocer de lo Real. El tercer aspecto
que es la verdad revela al segundo que es amor por el impulso
del primer aspecto que es pureza. Por lo tanto, a estos aspectos se
debe la necesidad de demostrar la verdad que existe en nosotros
mediante el empleo de todas las formas por las cuales existimos
y con las que estamos relacionados. Interroguémonos: ¿Qué
verdad revelamos a través de las formas de nuestros cuerpos, de
nuestra vida diaria, de nuestros propósitos y tendencias? Esta es
una tarea difícil.
¿Están preparados para la ardua tarea y tratan de cumplir cada día
la ley y ajustarse a las reglas para vivir la vida del espíritu?
la condición esencial que se le impone es una regeneración total
de la mente: tiene que observar rígidamente la integridad de
propósitos y la pureza de intención en sus deseos y acciones a
través de su vida

Resumiendo,
La santificación de la mente, al extremo de que las emociones y
los malos sentimientos no hallen cabida en ella, se logra mediante
la perfecta concentración de la mente en un único objeto; el objeto
apropiado para este propósito es el OM, el cual por mi
conocimiento imperfecto del idioma o más bien por su pobreza
me obliga a traducirlo como el “Infinito Uno”. En verdad la
concentración de la mente sobre un solo tema y especialmente un
tema como el OM, Dios, es una tarea difícil, pero no hay
dificultad por grande que sea que pueda oponérsele a un hombre
realmente
decidido.