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¿De quién tratan tus redes sociales?

16 ENERO, 2017 | Jairo Namnún

Este año quise hacer una resolución diferente. Además de leer la Biblia en un año y de mantener un
diario de oraciones, quise tomar una fotografía cada día y compartirla en Instagram. Mi
propósito es simple: Quiero recordarme a mí mismo a detenerme y mirar con otros ojos lo
que sucede a mi alrededor. Claro, también quiero mejorar mis (limitadas) habilidades como
fotógrafo, y poder mirar atrás y ver en fotografías qué Dios ha hecho en mi vida y en quienes
me rodean. Como Piper dijo, “A cada momento Dios está haciendo un millón de cosas en tu
vida y tú estás al tanto de quizás tres”; quisiera ver atrás y quizás apercibirme de una cuarta
o una quinta obra de Dios.

Muchas veces los cristianos somos muy reactivos y poco proactivos. Lamentablemente,
tenemos una marcada tendencia a hacer las cosas sin meditar en por qué lo hacemos. Y
últimamente lo he visto en la forma que usamos las redes sociales. Al punto: Creo que
nuestras redes sociales están demasiado llenas de nosotros mismos.

Déjame dejar claro que esta no es una diatriba en contra de Facebook o Twitter. Creo que
estas son herramientas muy útiles y valiosas, y Dios las ha estado utilizando de una manera
sorprendente para la propagación de su evangelio. A la vez, quisiera reflexionar en lo que
nos dice el Espíritu Santo en Gálatas 2:20: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo
el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por
la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

En el contexto, el apóstol Pablo está haciendo una comparación entre la salvación por las
obras de la ley y la herencia judía, y la verdadera salvación que viene solo por la fe en la
persona de Jesús. Si lees Gálatas dos, Pablo está diciendo “A mí no me importa haber nacido
como Judío, ni que haya otros apóstoles antes de mí, ni que yo haya buscado cumplir la ley,
ni que tenga el favor de los principales de la iglesia: a mí lo que me importa es ser hallado en
Cristo. Mi vida no es mía”. Llegar a este nivel de entrega, donde genuinamente ya no
confiamos en nosotros ni estamos buscando ser nosotros los primeros, es solo posible por la
gracia de Dios, obrando en nosotros un esfuerzo de matar el yo cada día.

¿Qué tiene que ver con las redes? Bueno, abre tu red social preferida, y mira a ver si puedes
decir “en mi Facebook, ya no soy yo el que vive”. ¿De quién se tratan tus posts? ¿Quién es
el protagonista principal de todas tus fotos? Y mira que entiendo perfectamente que muchos
usamos Facebook como nuestra forma de comunicarnos con amigos y familiares. No te
sientas juzgado: estamos en esto juntos. Entonces, ¿quién sale a relucir en tus comentarios?
¿En tus interacciones con los demás? ¿Queda claro que ya no vives tú?

¿Qué tal vamos en Twitter? Confieso que esta es mi red social favorita. ¿De quién tuiteamos?
¿Te imaginas que esta fuera realmente la cuenta del apóstol Pablo?
A. Pablo Saul@elapostolsaul
Con hambre y frío. Ojalá y Timoteo ya esté de camino...
9:33 - 16 ene. 2017

A. Pablo Saul@elapostolsaul
#agradecido: RT @jnamnun: La verdad es que las cartas del Apostol Pablo son increíbles.
La gracia y convicción que reflejan no tienen igual.
10:07 - 16 ene. 2017

A. Pablo Saul@elapostolsaul
Dios me bendijo con la oportunidad de escribirle a mis hermanos en Filipo.
9:39 - 16 ene. 2017
A. Pablo Saul@elapostolsaul
¡Dios sigue abriendo puertas para predicar el evangelio! #bendecido
10:08 - 16 ene. 2017

Resulta gracioso, pero si nos descuidamos, así mismo pueden lucir nuestras redes, saturadas
de nosotros mismos, de felicitaciones a lo que nosotros hacemos, de nuestras opiniones y
nuestros deseos y nuestras vidas, aun cuando no tenemos una mala intención y genuinamente
queremos apuntar al Señor.

Por último, ¿qué tal vamos en nuestro Instagram? ¿Qué tantas fotos son de nosotros mismos,
aun haciendo la obra de Dios? El principio detrás de orar en nuestro aposento, en secreto (Mt.
6:6), de no dejar saber nuestras ofrendas (Mt. 6:3), y de que nuestro ayuno no sea evidente
(Mt. 6:17) debe hacernos dudar, pienso yo, de promocionar lo que estamos haciendo para
Dios. ¿Qué habrá en nuestros corazones cuando andamos subiendo cada foto que nos
tomamos? Es una pregunta genuina: no sé qué hay en cada corazón, pero sí te pido que me
acompañes a orar para ver cómo podemos dejar evidente que nuestra gloria no está en
nosotros sino en el Señor crucificado.
Entonces, ¿de quién se tratan tus redes sociales? ¿Cómo están colaborando para que tú luzcas
pequeño y Cristo se mire bien grande? ¿Cómo anuncian que tú estás crucificado, que Cristo
vive en ti, y que la vida que vives lo haces en la fe en el hijo de Dios? Que este sea un año
donde Dios nos encuentre fieles, para su gloria y nuestro verdadero gozo. Porque es necesario
que nosotros mengüemos, aun en nuestros perfiles, para que Él crezca.