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Fatherhood, Formula, and Other F Words

Story: Fatherhood, Formula, and Other F Words


Storylink: https://www.fanfiction.net/s/8898342/1/
Category: Twilight
Genre: Romance/Humor
Author: FungysCullen13
Authorlink: https://www.fanfiction.net/u/2543117/
Last updated: 04/14/2014
Words: 131063
Rating: M
Status: Complete
Content: Chapter 1 to 38 of 38 chapters
Source: FanFiction.net

Summary: Cuando la vida del gigolo mal hablado, Edward Cullen, toma un giro inesperado, se encuentra solo con un
bebé al que criar. Con la ayuda de una amigable vecina aprende que a veces, lo inesperado puede ser lo mejor que te
pueda pasar en la vida. Todos humanos. TRADUCCIÓN.
*Chapter 1*: Famous Last Words
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is anhanninen, I just translate.

Thanks anhanninen for this opportunity!

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Por: anhanninen

Capítulo 1: Famosas Últimas Palabras

Si tú me preguntas cuál es mi cosa favorita de todo el mundo, te diría que está debajo de mí. Ella era sexy, buena en la
cama y no parecía ser del tipo que se comprometen. Bien para mí y bien para ella. No me iba a atar con nadie. Tenía
toda mi maldita vida frente a mí. Había terminado la residencia —jodidamente gracias a Dios— y estaba a punto de
comenzar mi carrera como cirujano. Como dije, tenía toda mi vida delante de mí. Y desde este ángulo, se veía
malditamente brillante.

Las chicas tenían algo con los doctores; no era un secreto. Aprendí eso en mi tercer año en la escuela de medicina. El
uniforme, la bata de laboratorio, joder, el estetoscopio… Todo eso las atraía. Ellas llegaban a mí y, Dios mío, me
encantaba. Como ella, la chica debajo de mí. Me quería por mi profesión. Sus primeras palabras fueron, y estoy
citando: —Vamos a jugar al doctor.— Demonios sí, nena. Jugaremos al doctor. Jugaremos al doctor toda la jodida
noche.

La chica era buena. Su boca era jodidamente genial. Créanme. Descubrí eso bastante rápido. Aun así, nunca la
volvería a ver, y eso estaba bien conmigo. Era buena, pero no tan buena.

—¡Oh, doctor! —gritó mientras yo embestía dentro de ella.

—Sí, nena. ¿Te gusta? —susurré con voz ronca en su oído.

—¡Mmm, sí!

No me tomó mucho tiempo soltar mi carga. Se sintió jodidamente increíble. Me quedé dormido junto a la chica, rezando
porque ya se hubiera ido para cuando me despertara. Gracias a Dios, así fue. No la volví a ver de nuevo…

Los meses pasaron y la vida era buena. Después de terminar mi residencia en Nueva York, mi padre me ofreció un
trabajo en su hospital, en Port Angeles, Washington, mi ciudad natal. Honestamente, fue fácil para mí. Quiero decir, me
esforcé en la escuela, pero no muchos cirujanos tienen un trabajo cómodo esperando para ellos como yo. Sin
embargo, yo era el hijo de mi padre. Él tenía manos talentosas, y por algún milagro, me las había heredado a mí.
Demostré mis habilidades una y otra vez. Si no fuera un buen cirujano, no tenía duda alguna de que mi padre sería el
primero en decírmelo. Antes de contratarme oficialmente, fue a Nueva York a observar mi trabajo. Aparentemente
estaba impresionado, incluso me lo dijo.

—Entonces, ¿unos tragos esta noche? —Jasper, mi mejor amigo, me preguntó mientras yo llenaba un expediente.

Conocía a Jasper desde que teníamos seis años. Crecimos juntos junto con Emmett. De verdad eran los mejores
amigos que un chico podría tener. Aunque actualmente éramos casi siempre solo Jasper y yo. Emmett estaba casado
—con mi hermana, de todas las personas— y acababa de tener un hijo. Estaba feliz por él. Él sabía lo que quería de la
vida: una esposa hermosa, una linda casa, buen trabajo y niños. Estaba cumpliendo sus sueños. Jasper quería cosas
parecidas a las de Emmett, aunque nunca lo decía abiertamente. Después de que nos graduamos de la preparatoria
—Emmett dos años antes que nosotros— Jasper se fue a Seattle y obtuvo su Licenciatura en Enfermería mientras yo
me iba a Nueva York para ser médico y asistir a escuelas de medicina. Cuando regresé aquí hace diez meses, Jasper
y Emmett ya estaban trabajando en el Olympic Medical Center. Emmett era cirujano general como yo y Jasper era un
enfermero de la Unidad de Cuidados Intensivos. Supongo que al crecer todos alrededor de mi padre hizo que se nos
pegara algo de él.

A los doce años supe que quería ser doctor, igual que mi padre. Él era brillante. Todos lo respetaban y salvaba vidas.
No había una elección de carrera más honorable. Salvar vidas… Eso era lo que quería hacer. El cuerpo humano me
fascinaba infinitamente. Mi materia favorita era biología. Probablemente fui el niño más feliz de esa clase el día en que
sostuve un bisturí por primera vez para diseccionar una rana. Se sentía…, bien en mi mano. Eso era todo lo que quería.
Niños…, no era bueno con ellos, lo cual era la razón por la que casi me mato durante mis rondas en el área de
pediatría. Y sobre una esposa, disfrutaba los beneficios de no estar atado. No confiaba en mí mismo para estar con
solo una mujer por el resto de mi vida, y ciertamente no quería ser un bastardo infiel. No casarme era perfecto para mí.

—Sí, pero tengo que trabajar a primera hora mañana, así que no puedo quedarme hasta tarde —le dije.

—Entonces, ¿te quedarás el tiempo suficiente para conseguir una chica y partir? —se rió sacudiendo la cabeza—.
Como sea, ¿puedes dejar tu polla de lado y solo ir a tomar algo conmigo?

—Claro, Jazz. Creo que mi polla puede pasar una noche sin un coño envuelto a su alrededor.

—Vulgar.

Me reí y cerré el historial, metiéndome la pluma en la bolsa de mi bata. —Checo y luego nos vamos.

Corrí al vestuario para cambiarme en cuanto llegaron las siete. Con mi trasero solo cubierto por unos bóxers, mi padre
decidió que era el momento para hab lar. Malditamente genial.

—Necesito que te quedes y cubras en emergencias —dijo, acomodándose su corbata.

—Es una jodida broma, ¿verdad?

Sacudió la cabeza con una mueca. —Emmett pidió permiso. Ben está enfermo y necesita quedarse con él. Por favor,
Edward, solo quédate esta noche. Emmett cubrirá tu turno mañana.

—Lo más probable es que el niño esté resfriado. No necesita que un cirujano se quede con él. Tiene a su madre.

Suspiró. —Rosalie lo va a llevar al pediatra mañana. Últimamente se enferma mucho y Emmett está preocupado.
Estamos hablando de tu sobrino.

—¿Por qué no vas tú a quedarte con él entonces, huh? Es tu nieto.

—Tu madre y yo tenemos planes.

—Yo tengo planes.

—Emborracharse y terminar en la cama con alguna desconocida no es un plan, hijo.

Rodé los ojos recogiendo mi uniforme del suelo. —De acuerdo, pero esto va a contar como horas extras y no voy a
trabajar mañana. Más le vale al trasero de Emmett estar aquí anunciando con campanas su llegada cuando se den las
siete.

—Lenguaje, Edward. Y gracias.

—Sí, claro.

Después de cancelar con Jasper y prometerle mañana en la noche, me preparé para otras doce horas con un montón
de café. Afortunadamente la noche no fue un completo fracaso. Un accidente de carro entró por mis puertas de
emergencias y me dejó muy feliz, con los codos hundidos en sangre y tripas. El paciente sobrevivió, lo cual puso una
vieja sonrisa en mi rostro. Salvar una vida era agradable, más considerando que era un adolescente. Salvar la vida de
alguien era gratificante, pero cuando el paciente es joven y tiene toda su vida por delante, asegurarme de que
alcanzaría a llegar a la adultez se sentía jodidamente genial. Incluso puso un pequeño saltito en los pasos de mi
cansado trasero.

Aparte de unas pocas consultas, ninguna de las cuales requerían cirugía, pasé el resto de la noche en la sala de
descanso, dormitando de vez en cuando. Supongo que el turno de noche no era completamente horrible.

Mientras caminaba a mi apartamento la mañana siguiente vi a una mujer en el pasillo. Debía ser la vecina nueva de la
que había escuchado. Era pequeña con largo cabello café. Cuando levantó el rostro para verme, me quedé viendo sus
ojos. Eran enormes y cafés… Agradables, supongo. Se veía muy confundida, con una caja a los pies, al intentar abrir la
puerta de su apartamento.

—Creo que la puerta se atora —le dije—. Los antiguos vecinos a veces tenían que golpearla. Pensé que el encargado
del edificio ya lo habría arreglado.

—Oh, um, ¿gracias? —¿De verdad lo dijo en forma de pregunta? Rara—. Soy Bella.

—Edward. Te veo luego —dije, abriendo mi puerta y entrando.

Me di cuenta de que probablemente debí ofrecer mi ayuda o algo. Debí haber sido amable. Después de lanzar mi bolsa
al mostrador, salí para preguntarle si necesitaba ayuda, queriendo actuar como buen vecino y esas mierdas, pero ella
ya estaba dentro del apartamento. Me encogí de hombros y volví a entrar para recuperar algunas horas de sueño.

Vi a Chica Nueva otra vez cuando salí unas horas después a correr. Estaba sacando ropa del lado del pasajero de su
camioneta vieja. En serio, esa basura era antigua. No me había dado cuenta de que en realidad la gente seguía
manejando esas cosas. Parecía que pertenecía al depósito de chatarra o al patio frontal de un campesino. Cuando
cerró la puerta con el pie, su cuerpo se movió hacia adelante y quedó desparramada en el suelo.

Bueno, mierda.

—¿Estás bien? —pregunté, agachándome para recoger la ropa que había tirado.

Se sentó y me miró. Sus mejillas estaban tan rojas como era posible.

—Sí… gracias —dijo, levantándose del suelo, usando la puerta de su camioneta. Puso su pie en el suelo y cojeó.

—No pareces estar bien —comenté.

—Se torció, está bien.

Asentí. —De acuerdo, bueno…, deberías ponerle hielo y descansar, por si las dudas, para evitar que se hinche.

Se veía como un ciervo frente a los faros de un auto. —De acuerdo.

—Bien —suspiré, dejándola con su torpeza—. Adiós.

—A-adiós.

Chica Nueva torpe y tímida era rara. La dejé en paz y comencé a correr, sacándola de mi mente. Tenía cosas más
importantes por las que preocuparme… Como los tragos de esta noche con Jasper. Ya sabía que no iba a mantener
esa promesa de poner de lado mi polla. Era un caliente hijo de puta y no temía admitirlo.

Bueno, bueno, aquí llego con este nuevo proyecto... lo sé, Edward no parece muy agradable, pero apenas estamos
empezando. La historia consta de 37 capítulos y es contada en Edward POV.

Las fechas de actualización las pueden encontrar en mi perfil o en el grupo de Facebook, tanto de esta como de las
otras traducciones.

Isa, lo digo mucho pero en serio, ¡muchísimas gracias por tu ayuda!

¿Qué les parece este primer capítulo? ;)

Fungys
*Chapter 2*: Familiar Acquaintance
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Por: anhanninen

Capítulo 2: Me pareces familiar

Probablemente estaba teniendo uno de los peores días de mi vida, y solo podía rezar porque mejorara. Mi mañana
empezó siendo una mierda porque la chica no se había ido. Estaba en mi cocina…, jodiéndola al preparar huevos.
Huevos de mierda, por cierto. Ni siquiera estaba seguro de que ella supiera cocinar. Terminé mordiendo un pedazo de
cáscara. Solo empeoró cuando llegué veinte minutos tarde a trabajar porque tuve que limpiar el desastre. Mi padre
estuvo sobre mí en el segundo en que chequé la entrada.

—No has hablado con tu madre en una semana —dijo—, me dijo que intentó llamarte.

—He estado ocupado. La llamaré el fin de semana.

—Hijo, va a hacer una cena esta noche. Tú vas a ir.

Ladeé la cabeza. —¿Voy a ir?

—Vas a ir —sonrió—. La hará feliz.

Suspiré. Mi madre era demasiado dulce para negarle la felicidad. —¿A qué hora?

—Sales a las siete, ¿verdad?

Él sabía mi horario. —Sí.

—Entonces llega a las siete y media. Gracias, hijo. Ella de verdad te extraña.

—La vi hace unas semanas.

—Y estuviste lejos por doce años. Ahora te tiene en casa, así que solo quiere pasar tiempo contigo. Eres su bebito. —
Se rió al alejarse.

Cenar con mis padres no era nada malo. Esta noche tenía planes con mi televisión y mi sofá, no era un gran plan, pero
viviría. No, mi día se jodió horriblemente cuando perdí un paciente en la mesa de cirugías. No había nada que pudiera
odiar más que perder un paciente, incluso aunque haya intentado todo lo posible. Carajo, lo odiaba. Pasé el resto de la
mañana revolcándome en la culpa.

—Los resultados del análisis de sangre que querías —dijo Jasper, lanzándolos en el mostrador junto a mí—. Soy un
enfermero, sabes, no tu chico de los recados.

Levanté la vista, su rostro mostraba que no estaba bromeando. Genial. Ahora mi mejor amigo estaba enojado
conmigo.

—Lo siento. Solo quería saber si había algo que hubiera pasado por alto. Sé que no eres el chico de los recados.
Hemos sido amigos desde los seis años. No intentaba usarte.

Su rostro se suavizó. —Bien. Y lamento lo de tu paciente. ¿Tragos esta noche?

Sacudí la cabeza. —Iré a cenar con mis padres. Sin embargo, mañana en la noche puede ser, ¿sí?

—Suena bien. ¿Al menos quieres ir por un café? Voy a tomar un descanso.

—Sí, suena bien. Solo déjame leer esto primero.

Asintió y me dejó solo con la carpeta. Como imaginaba, no había pasado nada por alto. Era un mal caso desde el
principio. Aun así, había alcanzado mi límite de las cosas de mierda que podían pasarme en un día.
El día pareció mejorar después del café. Tuve una cirugía exitosa, lo cual me hizo sentir mejor. Después de eso, una
enfermera me llevó un muffin. Lo dejó con una sonrisa y luego se fue, sacudiendo su trasero solo para mí. Estaba
considerando seriamente romper mi regla de 'no follar con enfermeras'. Me quemé una vez, así que me lo había
prohibido, pero ésta… Ésta me gustaba un poco.

—Solo quiere decir que te follaría —dijo Jasper, tomando mi maldito muffin—. Yo no la tocaría ni con un palo de diez
metros.

—No iba a tocarla con un palo de diez metros. —Sonreí, quitándole mi muffin y lamiendo el betún.

—Estás enfermo y tienes un problema.

—Pero soy feliz. ¿Eres feliz, Jazz? Puedes desahogarte conmigo mañana en la noche.

—No, gracias —se rió—. En realidad acabo de conocer a alguien.

—Cuéntame.

—Su nombre es Alice y es maestra. Es diferente, pero en una buena forma.

—Ser diferente es…, bueno.

—Salimos en una cita el viernes pasado. Volveremos a salir este viernes.

—¿La conoceré?

—Demonios, no. Huirá asustada si descubre que mantengo amistad con alguien como tú.

—¿Qué hay de malo conmigo?

—Piensas con tu polla la mitad del tiempo. Además de que eres un cabrón.

—Eso es un poco…, grosero. No pienso con mi polla. Tengo cerebro, sabes. Fui a la escuela de medicina, a una
buena.

Se rió. —Entonces, ¿niegas lo de la polla, pero no lo de ser cabrón?

Me encogí de hombros. —Puede que eso sea verdad a veces. Pero no sería un cabrón con ella. Si te importa, debería
conocerla.

—Necesito gustarle lo suficiente para que te soporte. Tal vez en otra ocasión, ¿de acuerdo?

—Bien. Pero tengo que preguntar, ¿la escondes porque parece un animal o alguna mierda? Puedes decirme la verdad.

—Jódete. Es hermosa.

Me reí. —Tenía que preguntar.

—Yo tengo que regresar a trabajar. Tal vez tú deberías intentarlo. ¿No tienes post-operatorios que revisar?

—Sí. Después de que terminé de comerme mi muffin —dije, mordiendo la delicia.

Muffins de enfermeras sexys era sin duda una increíble ventaja de trabajar aquí. Decidí que debería sacarle todos los
productos horneados que pudiera antes de decidir si la cogería. Estaba pensando que no, pero dejaría que los muffins
decidieran si valía la pena romper mi regla por ella.

Salí del hospital justo a tiempo. Era bueno ya que decepcionar a mi madre era algo que no quería hacer. Cuando bajé
de mi carro, Tanya, palmeé su tablero como siempre. Mi bebé era un regalo de graduación. Era hermoso y negro, un
Porsche Cayman S, y tenía un lugar muy especial en mi corazón. Digamos que era mi tipo de chica.

El viaje a la casa de mis padres no me llevó mucho tiempo. Mi madre tenía una obsesión con la madre naturaleza, así
que la enorme casa estaba a las afueras de la ciudad en el bosque. Honestamente, parecía tener más ventanas que
paredes para poder ver todo lo que la rodeaba.

Mi madre me tuvo en un agarre de acero en cuanto entré por la puerta. Obviamente una semana sin llamadas
telefónicas era demasiado. Vi a mi padre caminar en el recibidor con una sonrisa presumida. Mamá todavía no me
soltaba, así que básicamente tuve que separarla de mí.

Se puso de puntillas y besó mi mejilla como siempre.

—Una semana no es compatible conmigo, señor —dijo, picándome el pecho con su dedo.

—Lo siento, mamá.

Sonrió y agarró mi mano. —Te perdonó, pero me lo compensarás. Necesito ayuda con el jardín este fin de semana.
Estarás aquí el domingo.

Suspiré. La jardinería apestaba, pero lo haría por ella. Mi debilidad secreta era mi madre. Cerca de ella regresaba a ser
el dulce adolescente niño de mami. Cada. Jodida. Vez.

—De acuerdo, ¿a qué hora me quieres aquí?

—Nueve de la mañana.

Mamá me llevó al comedor, donde estaba Rose con Ben, mi sobrino de once meses. Rosalie lo tenía en su regazo
mientras jugaba con una pelota roja. Él la estaba agarrando de su mano. Era un logro reciente. La verdad yo no veía
cuál era el gran logro.

—¿Ya se siente mejor el niño? —pregunté, sentándome frente a ella en la mesa.

Rodó los ojos. —Sí, Edward, Ben se siente mejor. Lamento que su enfermedad te hiciera trabajar doble turno. Llorón.

—Dios, solo preguntaba. No hay necesidad de ser tan maldita.

—Edward —me advirtió papá—. Lenguaje.

—Lo siento —murmuré—, pero ella empezó.

—Eres un hombre de treinta años —dijo Rosalie—, y aun así actúas como un niño insolente.

—Tengo veintinueve, muchas gracias.

—¿Por cuánto tiempo? ¿Dos meses más? Aww, ¿te estás preocupando por llegar a los treinta? —se rió.

—Solo si envejezco como tú. Tienes una arruga ahí, hermanita.

—No es cierto, cabrón.

—Es suficiente —dijo mamá, entrando con el asado—. No toleraré ese lenguaje de ninguno de los dos en mi casa.
Actúen como los adultos que son y no como los niños que fueron.

—Lo siento, mamá —dije.

—Lo siento —dijo Rosalie.

—Bien, ahora a comer. Es tan agradable tener a mis dos hijos y a mi nieto aquí en la cena. —Mamá sonrió—. Solo
desearía que también Emmett estuviera aquí.

—Yo también —dijo Rosalie—, pero papá sigue dándole turnos de noche.

—Tenemos un horario —dijo papá—. Cada uno toma turnos, y lo sabes Rose. Él está de guardia esta semana. Igual
que Edward estará la siguiente.

—¿Cuándo estás tú en guardia, papá? —pregunté.

—¿Recuerdas todos esos juegos de liguillas que me perdí cuando eras pequeño? En ese entonces. Además, soy el
jefe. —Sonrió—. Puedo hacer lo que quiera.

—Personalmente creo que Eddie-niño debería estar en guardia más seguido —dijo Rosalie—. A diferencia de Emmett,
él no tiene familia que lo necesita.

—No me digas así —dije—. Y también tengo vida. En realidad la mía es bastante divertida.
—No seguirá siendo divertida cuando una de tus zorras te contagie de herpes.

—Rosalie —dijo mamá—, eso fue innecesario. Incluso aunque no estemos de acuerdo con lo que hace Edward, es su
vida y sus decisiones para hacer lo que le plazca. Será él quien sufra las consecuencias.

—Vaya, gracias —dije—. Y no son zorras, Rosalie.

Se rió. —Llámalas como quieras, pero si se acuestan contigo, yo les diría zorras.

—Paren. Ahora —dijo papá—. Y para cambiar de tema, su madre y yo tenemos buenas noticias. —Sonrió, tomando la
mano de mamá sobre la mesa—. ¿Gustas decirles, querida?

—Claro. —Sonrió—. ¡Nos vamos a volver a casar!

—¡Es genial! —dijo Rosalie—. ¿Cuándo?

—Este verano. A tu padre se le ocurrió la idea para nuestro aniversario. No puedo creer que han pasado cuarenta años
—suspiró pacíficamente—, parece que fue ayer.

—Así es, mi amor —dijo papá, besándola suavemente.

—Felicidades —dije.

—Gracias cariño —dijo mamá—. Estamos muy emocionados. Ahora, Rosalie, necesitaré ayuda con la planeación.
¿Crees que puedas ayudarme?

No me quedé mucho después de la cena. Papá y yo tomamos un vaso de Brandy y hablamos un poco del trabajo antes
de irme. Todavía tenía esa cita con mi televisión y sofá. Después de desearle buenas noches a Tanya, subí a mi
apartamento. Mientras abría la puerta, la puerta de Chica Nueva se abrió, y ella salió de pronto.

—¡Oh, qué bien! Estás en casa. Tú uh…, tienes visita, y ya que no quería dejarla esperando en el pasillo, la invité a
entrar —dijo—. Por favor, no te enojes.

Ladeé la cabeza. —¿Visita? ¿Por qué estaría enojado?

—No sabía qué quería, pero creo que estarás feliz —dijo—. Quizás.

Una mujer que reconocía vagamente salió del apartamento de Chica Nueva. No podía identificarla, pero la conocía de
algún lugar. Sonrió, cambiando el porta bebé que llevaba a la otra mano.

—Mucho tiempo sin verte, Edward —dijo—. ¿Me recuerdas?

—Voy a… Sí, me iré —dijo Chica Nueva, apresurándose a entrar en su apartamento y cerrando la puerta.

—Um…, sí, tú eres… —dije, olvidando completamente su nombre.

—Kate. —Frunció el ceño—. Soy Kate. Tuvimos sexo la noche en que celebrabas haber terminado tu residencia. ¿Me
recuerdas ahora?

La chica que quería jugar al doctor. —Sí, lo siento. ¿Qué…, qué necesitas? —dije, mirando el porta bebé que tenía una
manta cubriéndolo.

Carajo, por favor no.

—Tengo buenas noticias. —De alguna forma dudaba que yo las encontrara tan buenas—. ¡Eres papá!

Y así fue como mi día de mierda se empeoró todavía más de lo que hubiera podido imaginar. Mi polla no era tan
fabulosa en ese momento.

Oh oh... creo que ya todas deducimos de que se trata esto. Ya veremos que se trae entre manos esta chica. ¿Qué les
pareció? ¿Era lo que esperaban?

Como dije, el capítulo pasado fue sólo una pequeña introducción, a partir del siguiente es cuando empieza la historia
de verdad.
Ya saben que esta y todas mis traducciones están siendo corregidas por Isa :)

Muchas gracias a todos los favoritos y alertas. En especial a mis niñas que comentan:

FherniieGL, Esmeralda C, Caniqui, Kjmima, Sky TwiCullen , Alive to Live a Lie, Elyy Pocoyoo, LizieRossemary12,
karenov17, mirylion, Giorka Ramirez Montoya, Robmy, solecitopucheta, Vero, anamart05, fati21, IsAbElA M CuLlEn,
Konnyxa, Karina Masen, Soemarie Grey, mv1824, Nessa610, Gabriela Cullen, Cami-twilighter, Paty06, hilarycullen17,
Zanzamaru, Clau

Nos leemos en el siguiente capítulo,

Fungys
*Chapter 3*: First Comes Baby
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 3: Primero el bebé

Apuré a Kate y al bebé —que aparentemente era mío— para que entraran a mi apartamento después de que salí de mi
sorpresa. No había forma posible en que estuviera diciendo la verdad. Yo me cuidaba, siempre me cuidaba. El bebé no
podía ser mío.

—No fue fácil encontrarte —dijo Kate, sentándose en el sofá mientras dejaba el porta bebé en el piso—. No sabía que
te ibas de Nueva York.

—Apenas hablamos. ¿Por qué te contaría de mi vida? —pregunté, sentándome y enterrando la cara en mis manos—.
¿Qué quieres?

—Ella se llama Sofía. Pensé que era lindo.

Levanté la cabeza. —¿Ella?

Asintió. —Sí, tienes una hija.

—¿Cuánto tiene?

—Nueve semanas.

Comencé a contar… Tuve sexo con ella hace aproximadamente diez meses y medio. Terminé mi residencia los
primeros de junio y ahora ya estábamos en abril. Eso significaba que el bebé tendría que tener alrededor de cuatro o
cinco semanas, no nueve. Juro por Dios que fue todo un momento de clarividencia.

—No es mía —dije, sonriendo triunfante.

—Nació con cuatro semanas de adelanto. Es tuya.

Carajo. —¿Qué quieres?

—Más bien es lo que no quiero. No la quiero. Lo intenté, pensando que podría hacerlo si la amaba, pero no lo hago. No
es nada más que cualquier otro bebé para mí, lo que significa que ahora es tu problema —dijo, poniéndose de pie—.
Su acta de nacimiento está en la pañalera, junto con todo lo demás que es probablemente importante.

Me paré y la agarré del brazo. —¿Qué demonios pasa contigo? ¿Vas a dejar a tu hija en el apartamento de un extraño?
¡Probablemente ni siquiera es mía!

—Haz una prueba de paternidad si quieres. Es tuya. Estoy segura de eso.

—Como si en realidad hubieras sido una virgen inocente cuando follamos.

Se rió. —Bueno, no, pero sé con quién he estado, a diferencia de ti. Mira su cabello, Edward. Claramente es tuya.

—¿Qué tipo de madre eres?

—Es eso. No soy una madre. Tengo veintidós años y no puedo hacer esto. Pensé en darte una oportunidad antes de
darla en adopción. Si tampoco la quieres, entrégala. Firmaré lo que necesites —dijo a la vez que sus ojos se llenaban
de lágrimas—. En realidad no soy una mala persona, ¿sabes? Quería amarla. Pasé todo mi embarazo intentando
amar a la cosa que crecía dentro de mí, pero nunca lo hice. No parecía que yo la hubiera traído a este mundo la primera
vez que la vi. No estoy lista para esto y no quiero ser madre de un bebé al que no amo. Ésa sería una mala persona.

—Puedes estar sufriendo de depresión post-parto —dije—, solo necesitas un poco de ayuda. Kate. Yo…, te conseguiré
ayuda. Todavía tengo conexiones en Nueva York.
Sí, no supe de dónde jodidos salió eso.

Sacudió la cabeza y se limpió los ojos. —No quiero ayuda, no es eso. Estoy bien. Solo que no puedo criarla. No puedo
darle una buena vida. Soy una estudiante de universidad, Edward, y tuve que perder un semestre completo por ella. La
resiento por eso, así que no soy buena para ella. Tal vez tú si puedas serlo.

—Yo…, yo no puedo ser padre. Ni siquiera me gustan los niños.

—Bueno, tal vez ella pueda gustarte. Lo siento, Edward —dijo, agarrando su bolsa y saliendo de mi apartamento antes
de que pudiera detenerla.

Me quedé sorprendido de pie en medio de mi sala. No tenía ni una jodida idea de que estaba pasando. Había un bebé
en mi apartamento. Estaba solo con una niña. Mi hija, al parecer. De repente, esa mierda se hizo real cuando ella
empezó a lloriquear. Dios, ¿qué carajo se suponía que iba a hacer?

Me acerqué, arrodillándome frente al porta bebé. Levanté la manta y me encontré a un bebé con la cara roja y un gorro
rosa. Mi mano se alzó sobre ella, sin tener ni idea de qué se suponía que tenía que hacer.

—Shh —dije, moviendo mi otra mano a la parte de arriba y meciéndola con gentileza—. Por favor, deja de llorar.

Ella siguió llorando. Agarré la hebilla y la desabroché, luego la cargué con gentileza, dándole soporte a su cabecita.
Dios, era pequeñita. ¿Todos los bebés eran así de pequeños? No parecía correcto. Había estado cerca de bebés
antes. Era doctor, después de todo. No me escapé de la escuela de medicina y residencia sin tener que asistir en el
parto y cuidarlos. Además, sí pasaba un poco de tiempo con mi sobrino. Solo que ella se veía…, chica. La acerqué a mi
pecho y comencé a mecerme. De verdad, estaba jodidamente meciéndome.

—Shh, pequeña —murmuré—. Solo deja de llorar por mí.

¿Por qué no paraba? Los minutos pasaron y ella seguía llorando. El tiempo pasó y no se detenía. Me estaba
preocupando, carajo. Probablemente extrañaba a su mamá o algo. Pero su madre hace mucho que se había ido.

—¿Qué quieres? —pregunté—. ¿Tienes hambre? Mierda… ¿Necesitas que te cambie? —Olí el aire pero no detecté
nada—. Tal vez tienes hambre, pero no sé cómo alimentarte.

Levanté la pañalera llena de cosas del piso y la dejé en el sofá. Acosté a la niña en un lado, poniendo un cojín a cada
lado de ella para que estuviera segura. Todavía no podía darse la vuelta, ¿cierto? De cualquier forma, quería
asegurarme.

Encontré biberones vacíos en la bolsa, junto con un bote de esa mierda de fórmula. No tenía ni una jodida idea de lo
que se suponía debía hacer. Necesitaba…, necesitaba a mi mamá. Ella sabía de estas cosas. Ella sabría lo que se
suponía que tendría que hacer.

—Aguanta, Sofía. Conozco a alguien que sabrá cómo ayudarte. Solo…, aguanta, pequeña —dije, sacando mi teléfono.

El teléfono sonó una y otra vez. No era tan tarde, así que, ¿por qué no respondían? Joder. La llamada se fue a la
contestadora, así que decidí marcar al celular de mi papá. Siempre respondía. Tenía que hacerlo. Sonó tres veces
antes de que su voz respondiera.

—¿Hijo? ¿Está todo bien? —preguntó, estaba un poco sin aliento.

—No, nada está b ien —espeté—. Necesito a mamá, ahora.

—Calma tus caballos. —¿De verdad acababa de decir esa estupidez? Estaba entrando en pánico, por amor a Dios—.
¿Qué pasa? ¿Lo que escucho es un b eb é llorando?

—Sí, oyes un bebé llorando. Necesito que mamá venga ahora mismo. Yo…, la cagué.

Escuché como movían el teléfono. —Edward, ¿de qué se trata esto del bebé? —preguntó mamá.

—Hay algo malo con ella. Por favor, mamá, ¿me ayudas?

Demonios, estaba rogando.

—¿Ella? ¿Quién es ella, Edward?

—Al parecer, mi hija.


¿Qué tan difícil era entender que tenía un bebé que no dejaba de llorar?

Mamá jadeó ruidosamente antes de escuchar cómo el teléfono caía con un estruendo.

—Edward, ¿sigues ahí? —preguntó papá.

—Sí, ahora por favor, los necesito a ambos. ¿La escuchas? Creo que tiene hambre, pero no sé qué demonios estoy
haciendo. Ayúdame, papá.

—Vamos en camino, hijo. Solo arrúllala hasta que lleguemos ahí. ¿Tienes fórmula?

—Sí, hay formula en la pañalera junto con biberones.

—Bien. Envuélvela con fuerza en una manta y mantenla cerca de ti. Sé…, suave.

—¿Yo? ¿Quieres que sea jodidamente suave? Una mujer acaba de dejar un bebé conmigo. ¡No estoy de humor para
ser suave!

—Bueno, inténtalo —dijo—. Y cuida tu lenguaje cerca de la niña. No me importa qué edad tenga. Necesitas parar.

Me mordí la lengua. —Bien. Por favor apúrense.

—Vamos en camino. Te amamos, Edward. Arreglaremos esto.

Levanté la manta del piso y la extendí sobre el sofá. Cargué a la niña, que seguía llorando, y la acosté, recordando
cómo jodidos se envolvía a un bebé. Yo era malísimo en eso. La envolví lo mejor que pude y la cargué de nuevo,
acercándola a mí.

—No pasa nada, pequeña —dije con suavidad, meciéndola de nuevo—. Ya viene la ayuda, ¿de acuerdo?

Sus llantos parecieron disminuir. La miré y abrió los ojos. Tenía unos enormes ojos de color azul grisáceo, como la
mayoría de los bebés. Aunque había algo más en ellos.

—Hey, eso es niña buena. Gracias —le dije mientras me miraba en silencio. Seguí meciéndola con gentileza—.
Puedes ser un bebé bueno, ¿verdad?

Se removió un poco en mis brazos, enterrando el rostro en mi pecho. Solo estaba agradecido de que los llantos
hubieran parado. Seguía pensando en el hecho de que había una buena posibilidad de que ella fuera mi hija. ¿Qué
demonios iba a hacer yo con un bebé? No era como si pudiera abandonarla. Su madre ya había hecho eso. ¿Y si no
era mi hija? ¿Entonces qué? ¿Entregarla a servicios sociales y decir que su madre la dejó en mi apartamento? Esta
mierda era muy confusa ahora. Respiré profundamente y seguí meciéndome, calmándome tanto a mí como a ella.

Afortunadamente mis padres llegaron bastante rápido. Caminé a la puerta, una vez más con un infante llorando en mis
brazos, y la abrí. Sus ojos cayeron instantáneamente en el bulto de mis brazos.

—En serio la cagué —dije.

—Déjame cargarla, Edward —dijo mi mamá, extendiendo sus brazos hacia Sofía cuando entraron al apartamento.

Le pasé gentilmente a la niña. Al parecer sí le gustaba mi mamá. Su llanto se detuvo mucho más rápido cuando estuvo
en los brazos de mamá. Papá me miró, con los ojos abiertos y de alguna forma, horrorizado.

—Dime qué pasó —dijo, sentándose en el sofá mientras mamá buscaba en la pañalera.

—Me acosté con su madre en Nueva York. Ella no la quería, así que supongo que decidió darme una oportunidad. No lo
sé, papá. Todo pareció pasar demasiado rápido. Solo la dejó aquí.

—Su nombre es Sofía, Carlisle —dijo mi mamá, leyendo el acta de nacimiento—. Sofía Anne Cullen. ¡Aww, tiene
nuestro apellido! Nació el tres de febrero, así que tiene dos meses.

—Hijo, ¿es eso posible? —preguntó papá.

—Solo si nació prematura, como dijo su madre. Si se embarazó de mí y tuvo un embarazo normal, el bebé debería
tener de cuatro a cinco semanas —dije.
Asintió. —Entonces puede que no sea tuya. ¿Qué crees? ¿Piensas que es tuya?

Me encogí de hombros. —¿Cómo se supone que debo saberlo?

—¡Tiene tu nariz! —anunció mamá—. ¡Oh! Y tu cabello.

—¿Por qué piensas que tiene mi nariz? Es…, chiquita.

—Edward, recuerdo tu nariz de bebé. Ella tiene el mismo botoncito lindo —dijo, tocando la nariz de la niña y sonriendo
—. Voy a prepararle un biberón. Carlisle, ¿la cargas?

—Claro, querida —dijo papá, extendiendo sus brazos para la niña.

Él lo hacía parecer tan simple. Ambos lo hacían. Yo sentía como si estuviera a punto de romperla al tocarla. Ella ni
siquiera hizo sonido alguno mientras él la mecía. ¿Qué carajo? Aparentemente mis padres eran los tranquilizadores de
bebés.

—¿Asumo que querrás un prueba de paternidad? —preguntó papá.

—Pues creo que debería, ¿verdad? —pregunté—. Eso es lo que la mayoría de la gente harían en esta situación, ¿no?

—¿Y luego qué, hijo? Te das cuenta de que es tuya, tendrás que responsabilizarte de ella, ¿verdad? Tú hiciste esto. Tú
la creaste.

—¿Qué se supone que voy a hacer con un bebé? —susurré, enterrando la cabeza en las manos—. Dios, ¿qué hice?

—Sabes, tengo que coincidir con tu madre. Ella me recuerda a ti. —Levanté la vista y lo vi sonriéndole a la niña—. ¿No
eres preciosa? Aunque no un poco pequeña.

—¿Verdad? Eso es lo que pensé. Es muy pequeña.

Sacudió la cabeza. —No dije que muy pequeña, solo que está del lado de los pequeños. Eso apoyaría el hecho de que
nació con un mes de anticipo.

—De todas formas, ¿crees que está…, bien?

—Parece estar bien, hijo. —Sonrió—. Estás muy bien, ¿verdad preciosa?

Estaba muy seguro de que mi padre iba a babear sobre la pequeña. Lo había visto portarse de esa forma con Ben,
pero era un poco extraño. Ni siquiera sabíamos si la niña era mía. Y aún así, ahí estaba, hablándole con suavidad y
meciéndola.

Cuando mamá regresó con la fórmula se sentó junto a papá y dejó el biberón a un lado, poniéndose uno de mis
limpiadores de cocina en el hombro. Papá le pasó a la niña. Observé atentamente, tal vez con demasiada atención,
mientras Sofía se alimentaba del biberón.

—¿Cómo uh… Cómo hiciste eso?

Mamá levantó la vista y sonrió. —Puedo enseñarte. Es muy simple. Hierves el agua, luego la dejas enfriarse a
temperatura ambiente, la vacías al biberón y luego agregas la fórmula. Sacúdelo para que se mezcle todo, y luego
pruebas la temperatura en tu muñeca.

¿Por qué parecía que estuviera hablando en un idioma diferente? Quiero decir, en teoría parecía simple, pero, ¿hacerlo
de verdad? Es solo que… Probablemente le agregaría mucha agua o lo arruinaría y lastimaría a la niña. Sí, eso sería
genial. Diluiría mucho la fórmula y le quitaría los nutrientes que necesita.

—Oh, qué niña tan buena —arrulló mamá. Lo juro por Dios, la arrulló—. ¿Terminaste, cariño?

—¿Se lo tomó todo? —pregunté.

—Se tomó casi cuatro onzas, lo cual es perfectamente normal para un bebé de dos meses —dijo, comenzando a
sacarle los gases a la pequeña.

—Hijo —dijo papá—, ¿has pensado en lo que vas a hacer?

Suspiré. —Supongo que hacer la prueba de paternidad y decidir a partir de ahí. ¿Qué más puedo hacer?
Asintió. —Tómate los siguientes días libres en el trabajo, pero ven mañana temprano y tomaremos las muestras.
Después de eso, hablaremos con un abogado. Por ahora tu nombre no está en el acta de nacimiento y tendremos que
arreglar eso.

—Va a necesitar algo donde dormir —dijo mamá—. Iré a Walmart por una cuna portátil y otras necesidades. Pronto
compraremos cosas permanentes. Oh, y necesitarás usar mi camioneta. No puedes llevarla en tu Porsche.

—Puede que no sea mía —dije—. E incluso si lo es, no es como si pudiera cuidarla.

—Edward —me regañó—, es tuya. Créeme; lo sé. Y te harás cargo de ella, jovencito.

La fiera mirada en su rostro me espantó. Otra vez, ¿cómo jodidos se suponía que iba a cuidar a un bebé?

—Tu madre tiene razón, hijo —dijo papá—. Es hora de que madures… Aunque desearía que no fueras obligado de
este modo, ya es tiempo.

—Cárgala, Edward —dijo mamá, poniéndose de pie y dejando a la niña en mis brazos—. Regresaremos lo más pronto
posible.

—¿Los dos? Papá, ¿me vas a dejar solo con ella?

Rodó los ojos. —Tendrás que acostumbrarte. Puede que sea bueno empezar desde ahora.

Me estaban lazando a los tiburones, los tiburones que eran un maldito bebé. Al carajo con mi vida.

¡Wow! ¡77 reviews en dos capítulos! De verdad muchísimas gracias a todas :D

Ni modo Eddie, eso te pasa por usar tu... ehm... miembro, más que tu cerebro. En el siguiente capítulo veremos que tal
le va a Edward en su primera noche solo con un bebé, y también tendremos la participación de cierta vecina ;)

Muchas gracias a todas por sus comentarios, ¡son las mejores!

Fungys
*Chapter 4*: Friendly Neighbor
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 4: Amigable Vecina

Una vez más me quedé solo con la niña. Afortunadamente estaba callada, pero me estaba mirando. Sus enormes ojos
parecían atravesarme. Era…, desconcertante. Intenté arrullarla para que se durmiera, pero solo parpadeaba y volvía a
abrir los ojos. Intenté sonreír, por alguna jodida razón, pero su expresión no cambió, y sus ojos no se movieron.

—Ellos eran mis padres —le dije. Estaba hablándole a un bebé… ¿Qué carajo estaba mal conmigo?—. Creo que les
agradas a los dos, lo que significa que es algo bueno si eres mía —dije—. Voy a ser honesto ahora. No tengo ni idea
de qué hacer contigo. No soy una…, persona de niños. Quiero a mi sobrino y todo, y estoy muy feliz por mi hermana,
pero yo no…, congenio con bebés. —Comenzó a parpadear más, dejando los ojos cerrados por periodos de tiempo
más largos. En serio estaba rezando porque se durmiera—. En realidad nunca planeé en tener hijos, así que eres una
jodida sorpresa —dije—. Lo siento. Supongo que no debería decirte eso… Me refiero a la palabra con J. Aunque no es
como si la pudieras entender. Aun así debería intentar detenerme. Mi papá ya se enojó por eso. —Más lentos
parpadeos. Quizás mi voz la estaba haciendo dormir. Genial, solo tenía que seguir hablando—. Sé que no entiendes lo
que estoy diciendo, y no hay problema. Probablemente es mejor que no sepas lo que pasó hoy. Me siento mal por ti,
¿sabes? El haber sido abandonada de esa manera… Es de mierda.

Sus ojos se quedaron cerrados. Su boquita estaba ligeramente separada. ¡Estaba dormida! Joder, sí. Me levanté
gentilmente y la acosté en el porta bebé que mamá había subido a la mesa. No hizo ningún sonido, y me sentí con
ganas de hacer un baile de victoria. Siempre y cuando no llorara me sentía emocionado. Solo necesitaba quedarse
dormida hasta que regresaran mis padres. No era tan difícil lidiar con un bebé dormido.

Saqué de la pañalera todos los documentos que Kate me había dejado. Había planeado esto por adelantado y dejó su
información para contactarla, de esa forma podría declarar legalmente que Pequeña era mía, si es que era el caso.
Incluso incluyó una copia del historial médico de la niña. Era algo que podría mantenerme ocupado. Leí todo
cuidadosamente. Pequeña estaba saludable, incluso al haber nacido un poco antes. Todavía no le ponían sus vacunas
correspondientes a los dos meses, así que eso tenía que hacerse. Si resultaba que era mía, necesitaría llevarla pronto
con el pediatra. Al menos eso era algo con lo que sí sabía cómo lidiar. En todo lo demás estaba jodido.

Después de unos veinte minutos de pacífico silencio, la niña decidió comenzar a gritar de nuevo. Mecí el porta bebé,
pero no servía de nada. Su cara estaba toda fruncida y se veía como si le dolería algo.

—Shh, Pequeña, no pasa nada —dije—. ¿Quieres que te cargue? —La saqué del porta bebé y la recosté sobre mi
hombro. Me puse de pie y camine en círculos, pero seguía llorando. Tenía la sensación de saber qué la estaba
haciendo llorar. Tenía sentido. Acababa de comer—. Estás mojada, ¿no? —pregunté.

Más gritos.

Alguien comenzó a tocar mi puerta. Me apuré en abrir rezando porque fueran mis padres. La abrí de golpe y encontré a
Chica Nueva. Probablemente el bebé había despertado a todo el complejo de apartamentos.

—Lo siento, pero no es mi culpa —dije.

—No hay problema —dijo—. Um… Escuché que alguien se iba y creí que necesitarías un poco de ayuda. No pareces
ser exactamente una persona que sepa de niños.

—No lo soy. ¿Tú sí?

—Solía trabajar en una guardería y cuidaba niños los fines de semana cuando era joven.

—¿Sabes cómo cambiar un pañal?

Asintió. —Sí.
—Entra. —Me moví para que pudiera entrar y luego cerré la puerta detrás de ella. Miró a su alrededor, pero no se movió
mucho—. En la bolsa hay pañales, toallitas y una crema —dije, señalando con la cabeza la bolsa rosa que estaba en el
sofá.

—De acuerdo. ¿Puedo cargarla? —preguntó, extendiendo las manos.

—Hay un baño por ahí. —Asentí hacia el pasillo—. ¿Puedes lavarte las manos primero?

—Sí…, lo siento.

Acosté a la niña en el sillón y desenvolví la manta antes de volver a cargarla y arrullarla un poco para intentar
tranquilizarla. Arrullarla la tranquilizaba, ¿cierto?

Chica Nueva regresó, agarró la manta del sillón y la extendió en el piso. Me paré y acosté a Sofía frente a ella. Agarré la
pañalera al sentarme y se la di a Chica Nueva.

»Oh, qué bien —dijo—, tiene otro mameluco aquí.

Sacó un pañal, toallitas, crema y una cosa rosa antes de empezar a desvestir a la niña. Pequeña no parecía estar muy
feliz con el procedimiento. Gritó más fuerte y agitó los brazos.

—Está tobo bien, corazón —dijo Chica Nueva, sonriendo y acariciando la pancita de Sofía—. Vamos a limpiarte.

—Entonces, ¿sabes de bebés? —pregunté.

Asintió. —Un poco. No he estado cerca de uno en años, pero como dije, cuando era joven trabajaba en una guardería y
a veces de niñera. No creo que uno se pueda olvidar de cómo cambiar un pañal.

—Yo nunca lo hice.

Ella desabrochó el pañal y comenzó a limpiar a Sofía. —No es de mi incumbencia pero, ¿es tu hija?

—Tienes razón. No es de tu incumbencia —dije.

—Lo siento —dijo, apartando la vista de mí.

—Pero ya que me estás salvando el trasero, te lo diré. No lo sé. Puede que sí.

—¿A dónde se fue su mamá?

Me encogí de hombros. —Probablemente de regreso al aeropuerto.

—¿La dejó aquí sin más? —preguntó, se veía horrorizada.

—Síp.

—Lo siento.

—Igual yo.

—Um… También lamento haberla invitado a pasar. Yo solo…, creí que sería amable. Dijo que era una amiga.

Asentí. ¿Qué jodidos debería decirle? "¿Desearía que no lo hubieras hecho porque ahora mi vida está jodida por
completo?" Eso hubiera sido muy maldito.

»Si sirve de consuelo, no veo por qué alguien querría separarse de esta pequeña. Es tan linda —dijo, poniéndole el
mameluco nuevo a la niña—. Probablemente debí mostrarte cómo hacer esto.

—Estuve viendo con mucha atención.

—¿Ha comido recientemente?

—Sí, mi mamá le dio un biberón. Ella y mi papá fueron a comprar una cuna portable y cosas que necesitan los bebés.

—Qué bien —dijo, cargando a la niña y poniéndosela contra el hombro al levantarse.

—Gracias —dije—, no tenías por qué ayudarme.


—Para eso estamos los vecinos. Si me necesitas de nuevo estoy al otro lado del pasillo.

—Es…, muy amable de tu parte.

Sonrió, meciendo a la niña ahora tranquila. Parecía que a Pequeña le agradaba también ella. Entonces, ¿por qué a mí
me odiaba?

—Supongo que ahora quieres que te deje solo, ¿huh? —preguntó.

—¿Conoces alguna manera fácil de ponerla a dormir?

Se rió suavemente. —No puedes hacerlos dormir, Edward. Pero mecerla ayuda con eso. Ten, cárgala.

Me pasó a Sofía y la niña empezó a llorar al instante. ¿Ves? Me odia. —Creo que no le agrado mucho.

—Es que eres alguien extraño. No te conoce.

—Tampoco te conoce a ti o a mis padres.

Se encogió de hombros. —Está en un lugar desconocido. Se acostumbrará a ti.

—Sí, bueno, gracias otra vez. —Sonreí.

Se mordió el labio y asintió. —Adiós.

Básicamente salió corriendo de mi apartamento. ¿De qué jodidos se trataba eso? Cuando estaba cambiando el pañal
de la niña estaba bien, pero luego se puso tímida. Aun así fue jodidamente amable de su parte ayudarme. Supongo
que después de esto le debía una.

—Dejas de llorar con otras personas —le dije a Sofía moviéndome por el apartamento, intentando hacerla dormir de
nuevo. Mis padres llevaban fuera casi dos horas—. Te juro que no soy una mala persona. Intento ser calmante y esas
mierdas.

Su llanto me estaba volviendo loco. Qué. Demonios. Estaba a punto de comenzar a jalarme el cabello. Si yo fuera su
padre, ¿no debería caerle bien? No a esta niña.

»Desearía que pudieras decirme lo que quieres —suspiré—. ¿Qué tipo de cosas quieren los bebés? Ya comiste y te
cambiaron. Busquemos en esta pañalera para intentar encontrar algo. —La acosté de nuevo en el porta bebé y excavé
por todos los bolsillos de la enorme y útil pañalera. Lo juro por Dios, toda la mierda que estaba metida ahí parecía no
tener fin. Encontré unos juguetitos y los agité frente a ella. Nada. Luego encontré un chupón. Joder, sí. Lo llevé a la
cocina para lavarlo antes de regresar y ponerlo frente a ella—. ¿Quieres esto? —pregunté, moviéndolo a su boca.

Sus gritos se detuvieron, pero las lágrimas no. Se lo puse en la boca y ella empezó a chuparlo. Las lágrimas se
detuvieron mientras chupaba contenta. ¡Punto para mí! Supongo que no andaba completamente perdido. Ella solo
quería chupar algo.

Me senté en el sofá pasándome las manos por el cabello. El reloj decía que eran casi la una de la madrugada, y ya
comenzaba a sentirlo. Quería que mis padres se apresuraran de una jodida vez. No podía hacer esto. No podía tener
una hija. Ella estaría jodida más allá de lo posible si intentaba criarla.

Los ojos se me salieron de las orbitas cuando, finalmente, llegaron mis padres. Al parecer, unas enormes cajas y un
montón de bolsas de mierda eran "necesidades". Había un columpio, una sillita mecedora, una cuna portable, bolsas
con ropa, pañales, biberones y más formula. Cuando terminaron, mi apartamento se veía como un maldito zoológico
de mierdas.

—¿Esas son necesidades? —pregunté.

—Bueno, el columpio y la sillita mecedora, no, pero le gustarán —dijo mamá sonriendo—. ¿Está dormida?

Se movió al otro lado de la mesa para ver a la niña. Hizo "Ohh" y "Ahh" a la niña.

—¿Te causó problemas? —preguntó.

—Santa mierda, sí —suspiré.


—Tienes que empezar a cuidar tu lenguaje con un bebé cerca —dijo—. Ahora, ¿qué pasó?

—Estaba mojada.

—¿Le cambiaste el pañal? —sonrió—. ¿Tú solo?

Me burlé. —Sí, claro. Mi vecina nueva vino a ayudarme. Escuchó que los gritos no paraban.

—Qué amable de su parte. Bueno, ahora esta cosita se ve tranquila ahora —dijo, besando la frente de la niña.

—Ya era hora.

—Ve a ayudar a tu padre a instalar la cuna en tu cuarto, yo la cuidaré.

—¿Necesita estar en mi cuarto? Tengo una habitación de invitados.

Rodó los ojos. —Va a estar en tu cuarto. No encontré un monitor para bebé de mi agrado, así que necesitas estar cerca
de ella hasta que vayamos de compras de verdad.

Cuando la cuna estuvo instalada, la niña decidió despertarse de nuevo y llorar. Mamá dijo que tenía hambre, así que
me llevó a la cocina para enseñarme cómo hacer un biberón.

»La última vez tomó cuatro onzas, así que intentaremos con eso de nuevo —dijo mamá—. Necesitará comer cada
pocas horas. Han pasado tres horas desde la vez pasada, eso es normal.

—¿Cada tres horas? —pregunté—. ¿Cuándo puedo dormir?

—Cuando ella lo haga. —Sonrió—. Te acostumbrarás.

—Genial —suspiré mientras ella me pasaba el biberón para que lo checara.

A mí me parecía estar bien, pero ella lo revisó de nuevo. Al parecer tenía razón. No era un total fracaso para saber la
temperatura del biberón. Viva yo. Regresamos a la sala y me senté en el sofá. Mamá me pasó a la niña y me dijo que le
diera de comer. Fue… Toda una experiencia.

Todo lo que sabía es que seguía sin tener ni una jodida idea, y esta niña y yo estaríamos fregados hasta que pudiera
pensar en algo. Ya sentía como si tuviera que despedirme de mi vida. Las posibilidades de que fuera mi hija eran altas.
De hecho, estaba bastante seguro de que sí lo era.

Les dejo rapidito el capítulo porque voy corriendo hacia la uni.

Un pequeño detalle, a lo largo de la historia Edward le llama muy seguido "Pequeña" a Sofía, es un apodo de cariño, lo
voy a poner con mayúsculas para que se distinga.

¿Qué les pareció la primera noche a solas, de muchas, de Edward con Sofía?

¡Muchas gracias por sus comentarios a todas!

Que tengan un buen fin de semana

Fungys
*Chapter 5*: Fatherhood for Dummies
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 5: Paternidad para principiantes

—Sí es tuya, hijo —dijo papá dándome los resultados de la prueba de paternidad.

Estaba claro, escrito en blanco y negro, que la niña era mi hija. Era mía. Mi carne y sangre. No quería admitirlo, pero lo
sabía. Tenía la sensación de que estaba conectado con ella. Sé que parecen patrañas, pero era verdad. Toda mi vida…,
todo lo que había planeado para mí…, se había ido volando por la ventana. Tenía una hija. Tenía una jodida hija. Una
hija que ahora solo me tenía a mí. Me sentía bastante mal por mí, pero me sentía aún peor por Pequeña. Me tenía a mí
de papá.

—¿Qué hago? —susurré, enterrando la cara en mis manos y dejando caer el papel al piso.

Después de tres exhaustivos días, tenía que pensar en el siguiente paso, y estaba completamente perdido.

—Vas a madurar y ser un padre —dijo—. Te ayudaremos lo más que podamos, pero es tu hija. Tienes que cuidarla.
Ahora ella es tu prioridad.

Sacudí la cabeza. —Carajo, no puedo hacerlo.

—No tienes elección. El hijo que yo crié es una buena persona. Es responsable.

—¡Yo no soy responsable! Follo con todo lo que sea sexy y se atraviese por mi camino en un bar.

—Ya no lo harás.

—Es quien soy. Es lo que me gusta hacer. No puedo ir a jodidas citas de juegos ni leerle historias para dormir a una
niña. Ése no soy yo.

—Mira a la hermosa niña que está a tus pies —dijo, recargándose en su silla—. Ahora depende de ti. Todo lo que
hagas le afectará de alguna manera.

—Genial. ¿Entonces soy responsable de arruinar su vida?

—Eres responsable de darle una buena vida.

—¿Y si no puedo? ¿Entonces qué?

Se quitó los lentes para leer, dejándolos frente a él. —Creo que puedes hacerlo, hijo. Tu vida ha cambiado
permanentemente ahora.

—¿Y si no quiero que cambie?

—Te lo repito, no tienes elección.

—Me haré la jodida vasectomía —suspiré.

Se rió. —Oh, Edward, si crees que tendrás tiempo para el sexo, tienes que reconsiderarlo.

Me enderecé pasándome la mano por el cabello. —No es divertido.

—Es un poco divertido.

—Para nada. Me gusta el sexo. No me gustan los niños.

—Van de la mano, hijo mío. Deberías saberlo. ¿Cuánto dinero gasté poniéndote en la escuela de medicina para que
olvidaras que el sexo te lleva a los niños?
—Estoy consciente de que es así como funciona, pero no para mí. Soy cuidadoso. ¿Cómo jodidos me metí en esto?

Sonrió. —¿El condón falló?

—Me estás haciendo enojar ahora. Esta mierda es seria.

—Vigila tu lenguaje cerca de ella. Antes de que lo sepas estará repitiendo esas palabras.

Rodé los ojos. —Tiene dos meses. Creo que tengo tiempo.

—Comienza ahora, será más fácil.

—Genial, no puedo tener sexo o maldecir. Ya estoy amando la paternidad.

—Mejora con el tiempo. —Sonrió—. Tampoco puedes tomar.

—¿Qué?

—¿Y si ella te necesita? No podrías ayudarla si estás borracho.

Gemí. —Jodidamente fantástico. —Me entrecerró los ojos—. Lo siento.

Tenía una lista, tenía una lista de verdad donde decía qué era lo que necesitaba hacer. Papá me la escribió. Yo era tan
incompetente que él tuvo que hacerme una jodida lista. Lo primero era contactar al abogado. Tenía que hacerlo oficial y
agregar mi nombre al acta de la niña. Afortunadamente el viejo abogado de la familia se encargó de casi todo. No fue
difícil hacerlo, teniendo ya los resultados del examen de paternidad, pero llevaría tiempo. El abogado contactó a Kate, y
ella firmó todo lo que se le envió por fax. Al menos estaba cooperando. Lo segundo en la lista era conseguir un
pediatra. Eso era simple. Hice una cita para el viernes. La tercera era ir de compras. Jodidas compras.

—¿De verdad necesitas mi opinión en esto? —le pregunté a mamá mientras caminábamos por la tienda.

—Sí. Además, ¡comprar cosas de bebé es divertido! —dijo sonriendo, ella iba empujando el carrito.

La niña estaba profundamente dormida en el porta bebé que yo cargaba. Dudaba que a ella le importara un carajo la
apariencia de su cuarto, pero tenía que llevarla a todos lados conmigo. No era necesario decir que últimamente evitaba
dejar la casa lo más posible. Ella complicaba las cosas. La mitad de las veces costaba más tiempo alistarla para salir
que lo que me tomaba en hacer los mandados.

—No encuentro esto divertido, mamá.

—Pues comienza a hacerlo porque ya estamos aquí —dijo—. ¡Oh, mira qué lindo!

Y así se pasó la tarde. Ella decía que algo era lindo, yo asentía, y luego ella decidía que no era lo que quería. Una hora
después, Sofía decidió molestarme haciéndose del baño. ¿Podría mamá llevarla al baño para cambiarla? No, ése era
mi trabajo. Detestaba los pañales sucios. Los que solo estaban mojados no me molestaban tanto. Pero los que tenían
mierda…, eran asquerosos. No tenía problema con meter las manos en sangre y tripas, pero cambiar un pañal sucio
era desagradable. Estaba por todos lados. Nunca fallaba en llenarme las manos. Después de la primera vez se me
ocurrió la brillante idea de usar guantes médicos. Agarré unos cuantos cuando papá me tomó las muestras para la
prueba de sangre. Genio.

—¿No pudiste esperar hasta llegar a casa? —le pregunté a Pequeña acostándola en el cambiador.

Sonrió un poco, burlándose de mí. Bueno, probablemente no era así. Sonreía mucho.

—Sí, lo que pensé —dije, poniéndome los guantes y empezando con el trabajo.

Estaba bastante seguro que su mierda apestaba peor que la mía. Le gustaba retorcerse, creando un mayor desastre.
Esa niña iba a ser mi muerte. Seguimos con las compras después de cambiarla y hacerla feliz de nuevo.

—Ha pasado casi una semana, Edward —dijo mamá—. Pronto tendrás que decirle a todos.

—Rosalie va a hacer un amable comentario sobre esto.

Asintió. —Es lo más probable, pero no dejes que eso te moleste. Sabes que ella podría ayudarte. Pasó por esto con
Ben.
—¿Crees que quiera cuidar a Sofía cuando yo trabaje?

Se rió. —Lo dudo mucho. Yo te ayudaré lo más que pueda, pero tendrás que encontrarle una guardería.

—Sí, pero aún así queda el problema de los turnos de noche.

—Diría que pensaras en una niñera de tiempo completo, pero tu apartamento solo tiene dos habitaciones. Ayudaré
cuando pueda con los turnos de noche, pero necesitarás encontrar otra alternativa.

Suspiré. —Papá quiere que regrese a trabajar la siguiente semana, así que solo tengo hasta entonces.

—Lo resolveremos. Mañana en la noche vamos a tener una cena —dijo—. Tú y Sofía van a ir. Es hora de decirle a la
familia.

Le temía a Rosalie. Iba a usar esto en mi contra. —¿Qué te parece que mejor sea la siguiente semana? —pregunté.

—No puedes seguir posponiéndolo. ¿Sabes lo mucho que detesto mentirle a mi hija? Emmett le dijo que no has ido a
trabajar. Está empezando a sospechar.

—Maravilloso —me burlé—. Pero supongo que ya es momento. No es como si pudiera esconder a mi hija.

—Exactamente, y puede que ella te sorprenda. —Sonrió.

—Sí, claro.

—Todo estará bien —dijo—. Creo que ya escogí un diseño para el cuarto.

Joder, ya era hora.

Pequeña estaba más berrinchuda que nunca. Hizo un gran alboroto al siguiente día mientras intentaba alistarla para ir
con mis padres. Al parecer sentía lo mismo que yo. Teníamos algo en común. Qué bien. Yo también quería hacer un
alboroto.

—Quizás debería olvidarme de llevar los pañales, así tendríamos una razón para venirnos temprano —dije mientras la
acostaba en el porta bebé—, aunque mamá sabría que lo hice a propósito, y se enojaría.

Me había acostumbrado un poco a hablarle a Sofía. Podía decir cualquier cosa y ella no tendría ninguna opinión. Solo
se acostaba y me miraba. No tenía nadie con quién hablar de esto, a excepción de mis padres. Todavía no le había
dicho a Jasper. Mi excusa por no ir a trabajar era que estaba enfermo, estaba seguro que no se lo creía. Me mandaba
mensajes a diario preguntándome cómo estaba y cuándo regresaría al trabajo. El plan era regresar el lunes. Hoy era
jueves así que no tenía mucho tiempo para descubrir a dónde iría Pequeña cuando yo estuviera trabajando. Sabía que
mamá haría lo que pudiera hasta que encontrara algo, pero no era su trabajo. Es solo que ahora tenía mucha mierda
en mí, y no sabía cómo lidiar con todo.

Cuando llegamos a casa de mamá y papá saqué el porta bebé de Pequeña de la parte trasera e intenté prepararme.
Demonios, tal vez Rosalie no sería una perra por esto. E incluso si actuaba así, ¿a quién carajo le importaba? Era mi
vida, no de ella. Me estaba haciendo responsable.

Mamá abrió la puerta y al instante me quitó a Sofía con una sonrisa, luego nos llevó a la sala donde estaban todos. En
el segundo en que mamá entró con el porta bebé en manos, los ojos de Rosalie y Emmett se quedaron pegados a él.

—¿Qué es eso? —preguntó Rosalie mientras yo me sentaba y mamá dejaba el porta bebé enfrente de mí.

Saqué a Pequeña y la sostuve en mi pecho.

—Edward, ¿planeas decirnos por qué estás cargando un bebé? —preguntó Emmett.

—Esta es mi hija, Sofía —dije.

—¿Tienes una hija? —preguntó Rosalie—. ¿Desde cuándo?

—Desde hace una semana cuando su madre la dejó conmigo.

—Amigo —suspiró Emmett—, es…, santa mierda.


—Sí, lo sé.

—Déjame aclarar esto —dijo Rosalie— ¿Embarazaste a una chica, y ella dejó a la niña contigo? ¿No se dio cuenta de
que no sabes nada de bebés?

—No creo que le importara mucho.

—¿Se dio cuenta de que serás el peor padre del mundo? ¿Qué le pasa? ¿Dejar a la bebita contigo? ¿Estaba loca?

—Gracias, hermanita. Ese aumento de confianza era justo lo que necesitaba.

—¿Qué tipo de madre dejaría a un bebé contigo? —preguntó sacudiendo la cabeza.

—Rosalie —dijo papá—, es suficiente. Tu hermano está haciendo lo mejor que puede con esta situación.

—¿Así que me mentiste sobre el pobrecito de Edward estando enfermo? —preguntó mirando a mamá.

—Edward quería tener los resultados del examen de paternidad antes de decirle a los demás —dijo mamá—, solo
estábamos siguiendo sus deseos.

—¿Y de verdad es su hija?

Asentí. —Sin duda alguna.

Se echó atrás y empezó reír. —Sabía que tu polla te metería en problemas. Es solo que nunca esperé que metieras
tanto la pata. ¿Alguna vez escuchaste de los condones, hermanito?

—Nena —dijo Emmett—, obviamente está consciente de que se equivocó. Tal vez no deberías recalcarlo tanto.

—¡Emmett, él ha estado hablando sin parar de que no le gustan los niños! Esto no tiene precio.

—¿Sabes algo? —pregunté—. Estoy muy consciente de que la cagué, no necesito que te comportes así.

—Dame una oportunidad más, ¿sí? Luego me detendré.

Moví la mano, indicándole que siguiera.

—¿Puedes solo decirme qué hiciste cuando cambiaste tu primer pañal lleno de popó?

—Casi vomito porque me llené las manos. ¿Feliz?

Se rió. —Sí, de acuerdo, ahora en serio lo siento.

—Bien.

—¿Cómo uh…, lo manejas?

—Estoy cansado, irritado y cansado.

—Te acostumbrarás a la falta de sueño —dijo—. ¿Qué harás con ella cuando estés trabajando?

—Supongo que buscar una guardería. No tengo muchas opciones.

—Yo he estado buscando algunas para Ben, te daré las mejores que he visto. ¿Ves? Puedo ser una hermana útil.

—Impresionante.

—¿Puedo cargarla?

Asentí y me acerqué a ella, acostando a Pequeña. Empezó a llorar y puede que en ese momento me haya sentido
orgulloso de ella. Rosalie me regresó rápidamente a Sofía y señaló que era tan bocona como su padre.

La tarde pasó bastante tranquila después de eso. Le di de comer a Sofía antes de cenar, y mamá me tomó fotos. ¿Por
qué lo hizo? No tenía ni puta idea. Dijo algo de que su bebito estaba creciendo. Le estaba dando de comer a un bebé
hambriento. No parecía ser un evento tan importante.

En la cena mamá y Rosalie hablaron sobre la próxima renovación de votos, próxima hablando de dos meses. Ahogué
la plática de flores e invitados comiendo la deliciosa comida casera y vigilando a Pequeña para asegurarme que
estuviera bien. Solo chupaba su chupón mirando a su alrededor.

—Regresas el lunes, ¿cierto? —preguntó Emmett—. Carlisle me atiborró todos tus casos.

—Sí, estaré ahí siempre y cuando resuelva qué hacer con Pequeña —dije.

Los ojos de todos me miraron. —¿Cómo la llamaste? —preguntó mi mamá sonriendo.

—Uh… ¿Pequeña?

—Es tan dulce —dijo Rosalie—. No sabía que podías ser dulce.

—No es para tanto.

—Es algo precioso —dijo mamá—. Y si para el lunes todavía no tienes a nadie, puedes traerla en la mañana. Carmen
se las ha arreglado bien con la tienda los días que me tomé libres de esta semana.

Mamá era propietaria de una tienda en la ciudad junto con su mejor amiga Carmen. Tenían unos cuantos empleados,
así que podía tomarse tiempo libre cuando lo necesitaba. De todas formas ni siquiera iba a diario. Abrieron la tienda
juntas cuando yo estaba en preparatoria, y en ese entonces mamá ya no sentía la necesidad de estar siempre en casa.
Disfrutaba de las flores y de tener algo en qué ocupar su tiempo. Papá la apoyaba porque quería hacerla feliz, y esto la
hacía feliz.

—Gracias mamá. Empezaré a buscar mañana. Sofía tiene su cita con el doctor en la mañana, pero luego comenzaré a
ponerme serio con esto.

—Llámame y te diré dónde comenzar —dijo Rosalie.

Esa misma tarde, cuando Pequeña y yo llegamos a casa, Chica Nueva estaba abriendo su puerta. Me miró y sonrió
antes de enfocarse en el porta bebé.

—¿Cómo va todo? —preguntó.

—Hasta ahora, bien. Todavía no me he matado —bromeé.

Alzó una ceja. —Qué…, bueno. Asumo que es…, ya sabes, ¿tuya?

—Sí, hace unos días hicimos la prueba de paternidad. Es mi hija.

Sonrió. —No sé si lo querías o no, pero felicidades. Estoy segura de que serás un buen padre.

Me reí. —Claro.

—En serio. Si fueras tan malo, no te la hubieras quedado, aun sabiendo que es tuya. Estás haciendo algo bueno al
asumir la responsabilidad. Va a necesitarte.

—Me va a odiar.

—Estoy hablando por experiencia propia. Un día te agradecerá por estar ahí. Yo lo hice.

—¿Qué significa eso?

Se encogió de hombros. —Digamos que conozco su lado de las cosas.

Con eso me dejó ahí en el pasillo. Chica Nueva era un poco misteriosa. Aparece cuando la necesito, conoce todos mis
asuntos, pero solo revela una pequeña cantidad de información acerca de sí misma. Aunque no era como si intentara
conocerla o ser su amigo. Honestamente ni siquiera sabía cómo ser amigo de una chica. Lo cual me recordaba que
había pasado ya ocho días desde la última vez que estuve con alguien, y no veía que esa necesidad pudiera ser
satisfecha en un futuro cercano. Parecía que de ahora en adelante solo seríamos mi mano y yo.

La vida era jodidamente cruel.

Pequeña si es su hija, ahora sí comienza el verdadero viaje, Edward.


Espero que les haya gustado. No he podido contestar reviews pero les agradezco a todas por sus comentarios:

Tata XOXO, PRISGPE, anamart05, Esmeralda C, solecitopucheta, Idta, jacke94, Soemarie Grey, Aryam Shields Masen,
twilight-love1694, Stephaniie15, VanerK, freckles03, carlita16, monica cullen whitlock, Manu Twifics, Kjmima, Chayley
Costa, yyamile, Giorka Ramirez Montoya, JusticeCullen, Robmy, LuluuPattinson, Denisse-Pattinson-Cullen,
hilarycullen17, IsAbElA M CuLlEn, Danii Belliner Cullen, Marie Sellory, Tellus, Dreams Hunter, maferpatts, Karina Masen,
alejandra1987, Celina Pttzon, Gabriela Cullen, flexer, TinaCullenSwan, azabella45, Frida, elia, nessiesiempredeblack …
*Chapter 6*: Figuring it Out, Kind of
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 6: Intentándolo, o algo así

Después de su cita con el doctor, deseé de verdad que Pequeña fuera lo suficientemente grande para comprarle un
helado o algo así. Creí saber lo más fuerte que podía llorar y gritar; estaba equivocado. Cinco vacunas después ella
estaba furiosa, pero a la vez protegida, así que intenté no sentirme mal. De todas formas no podía evitarlo, por eso es
que quería comprarle un helado.

Después de que me dijeran que estaba perfectamente sana y que la vigilara por algún efecto secundario, llevé a
Pequeña a casa e hice la única cosa que sabía que le gustaba, aparte de comer: la bañé. Le gustaba eso; se quedaba
toda floja y entraba en un raro estado de relajación con una pequeña sonrisa pegada a los labios. Sí, yo le agradaba
mucho a la niña cuando estaba pasando agua caliente sobre ella. Se quedó dormida después de que la cambié,
alimenté y acosté en el columpio.

Rosalie me mandó por correo la lista de las guarderías a las que tenía que llamar. Hice citas para ir a verlas en mi hora
de comida el lunes, martes y miércoles de la siguiente semana. Solo rezaba porque una de ellas fuera lo
suficientemente buena. Después de todo, mi hija merecía un buen lugar. Todavía no sabía si podría ser un buen padre,
pero al menos podría darle las mejores cosas en la vida. No la recompensaría por su madre o un papá de mierda, y
me sentía mal por eso.

Cerca de las cuatro de la tarde llegaron los muebles para el cuarto de Sofía y mamá vino a supervisarlo. Mi habitación
de invitados, que una vez acogía un escritorio y unos cuantos libreros, ahora era un cuarto de niñas. Mamá pasó la
tarde decorando, convirtiéndolo en un país de las maravillas color rosa. Nunca en mi vida había visto tanto rosa. Ya que
no tuvimos tiempo de pintar como ella quería, mamá hizo que las paredes color gris pardo combinaran con la ropa de
cama. Honestamente a mí no me importaba, y dudaba que Sofía si lo hiciera. Las cosas que necesitaban los bebés
me sorprendían. Había mucha mierda en este cuarto. Aunque sí me gustaba la mesa cambiadora, así ya no llenaría de
mierda las mantas recién lavadas.

La cantidad de ropa que esta niña me hacía lavar era algo ridículo. Todos los días tenía que lavar algo. Regurgitaba en
sus cobijas y su ropa. Además de sus cosas tenía que lavar mis camisas porque también las llenaba de popo, baba o
indeseada fórmula. Los bebés eran un jodido desastre. Parte de mí creía que Pequeña obtenía algún tipo de cruel
satisfacción al crear más desastre del necesario.

—Puede que no le guste dormir aquí de inmediato —dijo mamá mirando al mundo color rosa—. Cuando tú eras bebé
siempre te tuve en un moisés en nuestra habitación hasta los seis meses. Nos tomó un tiempo acostumbrarte a estar
solo.

—Entonces… —¿Qué debería hacer?

—Cuando la acuestes hoy en la noche acerca la mecedora y quédate con ella por un rato. ¿Cuál es el período de
tiempo más largo que ha dormido?

—Cerca de cuatro horas. Esas cuatro horas fueron el paraíso —suspiré, recordando la noche anterior cuando había
dormido decentemente. Puede que le haya dado un beso en la mejilla a Pequeña cuando se despertó. Mi madre
asintió.

—Dale de comer justo antes de dormir y quédate aquí con ella al menos una hora. Si se despierta, arrúllala en la
mecedora y acuéstala luego de un rato de que se haya dormido. —Asentí.

—Entendido.

—¿Encontraste alguna guardería?

—Sí, e hice citas para ir a verlas en mis horas de comida. Aunque dudo que alguna me vaya a dejar empezar antes de
la siguiente semana.
—Le diré a Carmen que no iré esta semana.

—¿Qué necesitas que lleve el lunes en la mañana?

—La cuna portable, la sillita mecedora, un cambio de ropa, pañales y formula.

—Bien, gracias, mamá. Sé que esto también te ha afectado a ti y lo lamento. —Ella sonrió.

—No pasa nada. La quiero, Edward. —Ladeé la cabeza.

—¿En serio?

—¡Claro que sí, tonto! ¿Cómo podrías no amarla?

Me pasé la mano por el cabello dejándome caer en la mecedora.

—¿Cómo puedo saber que la quiero?

—Oh, cariño —suspiró—. Es solo que te estás acostumbrando a esto. Puede que requiera algo de tiempo, pero no
tengo duda alguna de que la amas. En algún lugar dentro de tu corazón, la amas. Se muestra en todo lo que haces por
ella.

Me encogí de hombros.

—Siento que debería ser más…, obvio para mí, creo.

—Ya pasará —dijo—. Me voy a casa, ¿de acuerdo? Llámame si me necesitas.

—Sí. Gracias, mamá.

Se inclinó y dejó un beso en mi frente.

—De nada. Te quiero.

Me dirigí al hospital después de dejar a Pequeña con mamá. Le cambié la SUV por Tanya durante el día. Cuánto la
había extrañado. Todavía ronroneaba de manera justa para mí. Eventualmente me vería obligado a aceptar el hecho de
que tendría que deshacerme de ella. Ése sería un día triste. Pasé todo el viaje intentando descubrir cómo contarle a
Jasper sobre la niña. No era como si pudiera ocultar a mi hija de él. Mi hija… Todavía seguía intentando
acostumbrarme a eso.

Después de firmar y ponerme el uniforme, me propuse encontrar a Jasper. Probablemente estaría enojado porque le
mentí y escondí a mi bebé, pero en serio, ¿qué se suponía que debía hacer?

Lo encontré de inmediato saliendo de la habitación de un paciente.

—Estás de regreso —dijo, dejando en el mostrador el historial que llevaba.

—Así es, y necesito hablar contigo —dije—. ¿Puedes tomarte unos minutos?

—Uh, claro. Solo necesito revisar a un paciente primero y luego soy todo tuyo.

—Genial. Encuéntrame en el armario de suministros. —Él sonrió.

—Calma, Edward, ya sabes que no soy ese tipo de chica. —Rodé los ojos.

—Solo encuéntrame ahí, cabrón.

—Tan serio —dijo—. ¿Debería preocuparme?

—Pues he mentido sobre estar enfermo, así que piensa lo que quieras.

Para cuando Jasper llegó al armario de suministros, toda su actitud bromista se había ido y quería saber qué estaba
pasando. Creyó que estaba jugando cuando se lo dije, así que empezó a reírse. Cuando se dio cuenta de que era
verdad quiso saber por qué demonios no se lo había dicho. En realidad no tenía muchas excusas, excepto por el hecho
de que tenía suficientes mierdas en mi plato.
—¿No más tragos? —preguntó.

—No creo que dejen entrar bebés a los bares —dije.

—Estoy muy seguro que no —se rió—. Tal vez cuando estés más acostumbrado puedas conseguir una niñera. Hasta
entonces, sí necesitas ayuda, y no estoy diciendo que sepa algo de bebés porque la verdad no es así, pero te ayudaré
en lo que pueda. Te mantendré cuerdo.

—Gracias, hombre —dije—. Bueno…, dicen que se parece a mí.

—Debe de ser un bebé horrible entonces.

—Es…, bonita, supongo. La niña más bonita que he visto en mi vida.

—Aww, te estás poniendo todo paternal —se rió—. No me digas que tienes una foto de ella.

Me quedé callado. Yo no la tomé, pero mamá me mandó por mensaje la foto del jueves cuando le daba de comer a
Pequeña.

—¡La tienes! Debes dejarme verla.

—Creo que eso será usado contra mí, así que no.

—Amigo, dame tu teléfono o este encuentro en el armario de los suministros se va a poner muy incómodo cuando te lo
saque de la cintura.

—Tócame y lo lamentarás —dije, sacando mi celular de la funda—. Usa esto contra mí y nunca te volveré a dirigir la
palabra. —Le pasé el celular y se rió.

—Lo juro por Dios que nunca creí que llegaría a ver este día.

—Bueno, ¿crees que se parece a mí?

Seguía riéndose.

—No podría decirlo. Pero ella tiene un pezón en la boca, así que las similitudes son enormes.

—Eso no es gracioso, carajo —dije quitándole el celular—. Es mi niña. Nada de bromas sexuales sobre ella.

—Demonios, ya estás sensible por ella, ¿no?

Me encogí de hombros.

—¿Podemos mantener esto entre nosotros, por ahora? No quiero que todo el hospital conozca mis asuntos.

—Tu hija secreta está a salvo conmigo.

Para cuando recogí a Pequeña y me fui a casa, ya estaba exhausto. La falta de sueño no estaba nada bien. Si no se me
ocurría algo terminaría cagándola en el trabajo y lastimando a alguien. Pequeña y yo tendríamos una conversación esta
noche sobre tenerme despierto.

Cuando llegué a casa y ordené pizza, porque no tenía ganas de cocinar, Pequeña decidió iluminar mi día con un pañal
con mierda. Probablemente me lo estaba guardando solo a mí.

—Eres muy graciosa —dije poniéndome los guantes—. Es una ventaja que me haya hecho inmune al olor de tu
mierda.

Abrí el pañal justo cuando ella decidió hacer pipi. Estaba jodidamente agradecido de que no fuera niño, de otra forma
habría quedado bañado en eso, no solo mis manos. Esperé hasta que terminó, luego la limpié y le puse un pañal
nuevo. Últimamente había estado babeando cada vez más, así que dejé fuera el mameluco y le puse un babero. Idea
de mamá. ¿He mencionado que es una genio? Bueno, lo es. Incluso me suministró con paquetes de baberos.

Llevé a Pequeña a la sala, puse su manta sobre el piso y la acosté sobre su estómago. Se supone que era bueno para
la musculación o esas cosas. Eso decía el libro de bebé. Sí, estaba leyendo un libro de bebés que mamá me dio. Mi
principal meta era no estropear a la niña, así que intentaba hacer lo posible.
—El libro dice que te gusta escucharme hablar —dije, sentándome junto a ella—. Eso es algo bueno porque me gusta
hablar. Me han dicho que tengo una b uena voz.

Ella hizo algunos sonidos —gruñidos—, al levantar un poco la cabeza del piso. ¿Ven? Musculación.

—Pues hoy salvé el bazo* de un niño. —Sonreí—. Eso es lo que hago. No sé si ya te lo dije, pero soy un cirujano, y uno
bastante bueno. Puede que algún día estés orgullosa por eso.

Pateó sobre la manta y se movió un poco.

—Qué bien. Solo no empieces a gatear aún —dije—. No he puesto seguros contra bebé en nada todavía. Aunque creo
que darse la vuelta está antes de gatear. De acuerdo a esto debería esperar eso en algunas semanas.

Dejé el libro a un lado y la cargué, poniéndola de frente a mí. Ella hizo unos sonidos y sonrió. Puse la mano sobre su
pancita y la sobé suavemente.

—Necesitamos hablar sobre dormir. Si te las arreglas para darme cinco horas por noche, sin interrupciones, te
compraré un convertible cuando tengas 16. ¿Cerramos el trato? —pregunté—. Sí, eso no va a pasar, pero serían
agradables cinco horas.

Alguien tocó la puerta así que la agarré para dejarla en su sillita mecedora antes de agarrar el dinero del buró. Aunque
no era el chico de la pizza. Era Chica Nueva, y traía el correo.

—El cartero nos confundió —dijo dándome el correo.

—Gracias. De hecho también tengo el tuyo —dije—. Es de hace unos días. Solo que no he tenido la oportunidad de
regresarlo. Entra.

Abrí la puerta para ella y sonrió al entrar. Miró el apartamento y luego se acercó a Sofía.

—Me gusta lo que le hiciste al lugar —se rió dándose cuenta de todas las cosas de bebé.

—Sí, creo que refleja mi personalidad —me reí entre dientes a la vez que alguien más tocaba la puerta—. De verdad
espero que sea el chico de la pizza.

—Oh, pizza suena bien.

Le pagué al tipo y agarré mi pizza, oliéndola como hambriento. Carajo, tenía hambre. Chica Nueva estaba sentada en el
piso frente a Pequeña, hablándole suavemente mientras yo dejaba la pizza en el mostrador de la cocina. Agarré su
correo y regresé con ella.

—Se ha puesto más bonita —dijo y yo sonreí.

—Cada día veo más y más el parecido.

Aceptó el correo que le di y se puso de pie.

—Pues gracias —dijo mirando a la puerta.

—Claro, no fue nada. —Y entonces se me ocurrió una idea—. ¿Quieres quedarte a comer pizza? No me molestaría
hablar con alguien que sí pueda responderme —me reí.

Se mordió el labio y asintió.

—Me encantaría un poco de pizza.

Agarré unas rebanadas y las puse en platos antes de regresar a la sala. Chica Nueva estaba jugando con Sofía,
haciéndola sonreír y gorgorear. Mientras comíamos empezamos a platicar un poco. Ella empezó con el clima, diciendo
que pensaba que yo necesitaba una plática de adultos.

—La lluvia ha sido maravillosa —dije sonriendo.

—¿Sigues quedándote en casa con ella? —preguntó limpiándose la cara con una servilleta.

Sacudí la cabeza, mastiqué y tragué.


—Hoy volví al trabajo. He estado buscando guarderías y la que vi hoy parecía ser buena.

—Soy maestra de preescolar, muchos de mis estudiantes van a la guardería después de la escuela. Conozco algunas
que son buenas, por si necesitas ayuda.

—Tengo una lista, por si quieres decirme cuales serían las primeras opciones para ti. —Sonreí.

Se limpió las manos en la servilleta y me regresó la sonrisa.

—Veámosla.

Repasó la lista conmigo y me dijo que tachara algunas por ciertas razones. Le dije lo que estaba buscando y
disminuyó la lista a dos opciones. Necesitaba que estuviera cerca del hospital, con buena reputación y un lugar donde
Sofía no fuera solo una niña más. Pequeña merecía recibir atención, especialmente si yo no siempre podía dársela.

—Ésta es una de las mejores —dijo señalando la que había visto hoy—. Banbury Corner tiene una excelente
reputación. Ninguno de mis padres se ha quejado nunca de ella.

—También está a solo tres calles del hospital, lo cual es perfecto —dije—. Solo que… Ya sabes, me sentiría mejor si
ella estuviera cerca en caso de que algo pasara.

—Vaya, mírate. Ya eres un buen papá.

Me encogí de hombros.

—Estoy siendo lógico. Si se lastima, quisiera que recibiera ayuda lo más pronto posible. —Ella sonrió.

—Y yo que pensaba que solo eras un idiota con una puerta giratoria —se rió.

—¿Disculpa?

Se tapo la boca intentando dejar de reír.

—En las pocas semanas que viví aquí antes de la llegada de Sofía, veía a chicas irse cada pocas mañanas recorriendo
la caminata de la vergüenza cuando yo me iba a trabajar.

—¿Me estabas espiando? —Sonreí.

Se sonrojó de un brillante rojo.

—¡No! Yo… Era difícil no verlas, es todo. No te espiaba.

—Claro —dije.

—¡No lo hacía! —se defendió—. Solo noté el patrón.

—No era tan malo.

Ladeó la cabeza.

—¿Ahora quién es el que vive en negación?

—¿Eso significa que me espiabas?

Rodó los ojos.

—Yo no lo llamaría espiar.

—¿Entonces era observar atentamente?

—Quizás. Pero te repito, era difícil no ver el desfile.

—Pues se acabaron esos días —suspiré.

—Qué bien.

—¿Qué bien?
—Tienes que cuidar a una niña, así que el que se hayan acabado esos días es algo bueno.

Pequeña interrumpió la conversación de adultos con un berrinche. Era hora de su comida. Chica Nueva se despidió y
nos dejó solos. No era tan rara como había pensado. La primera impresión pudo haber sido equivocada ya que era
muy agradable platicar con ella.

También no lastimaba el hecho de que era muy atractiva. Después de todo yo era un hombre, así que era difícil no notar
esas cosas.

Por esas cosas me refiero a sus pechos.

*Bazo: el bazo es un órgano situado en la zona superior izquierda de la cavidad abdominal. Su función principal es la
destrucción de células sanguíneas rojas viejas, producir algunas nuevas y mantener una reserva de sangre. Forma
parte del sistema linfático y es el centro de actividad del sistema inmune.

Yo sé que muchas desean ver más interacción E&B, pero tranquilas, eso llegará con el tiempo. Primero Edward
necesita descubrir como cuidar a su hija antes de intentar algo con Chica Nueva. Les recuerdo que toda la historia está
en Edward POV, sólo el último outtake es Bella POV.

De momento no estoy contestando reviews, pero si tienen alguna duda pueden mandarme un MP o localizarme por
Facebook.

¡Gracias a todas por sus reviews! :D


*Chapter 7*: First Night Out
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 7: Primera salida de noche

Los días parecieron transcurrir en semanas y demasiado pronto Pequeña ya tenía las catorce semanas. Sí,
sobrevivimos nuestro primer mes. Ya me había hecho a la idea y habíamos construido una cierta rutina. La niña incluso
había decidido empezar a dormir por más tiempo en las noches. Usualmente conseguía cinco horas completas, a
excepción de unas cuantas noches cuando se despertaba mojada o con hambre.

Chica Nueva tenía razón sobre la guardería. Parecía ser buena así que Pequeña empezó a ir el lunes siguiente. La
dejaba a las 6:30 cada mañana y la recogía al salir de trabajar a las 7. Unas pocas veces mamá o papá la recogían si
yo salía tarde, pero usualmente todo funcionaba de acuerdo al plan. Papá me había quitado las guardias por ahora —
haciendo enojar a Rosalie y Emmett—, así que todavía no tenía que preocuparme por eso, pero había dicho que no era
permanente, y tenía que resolverlo pronto.

—¿Hay alguna posibilidad de que consigas niñera para este viernes? —me preguntó Jasper mientras yo llenaba uno
de los historiales.

Levanté la vista.

—No sé. ¿Por qué?

—Pues ya llevo un mes saliendo con Alice y quiere conocerte —dijo—, quiere conocer a mi mejor amigo. Le dije que
tenías las manos llenas ahora, así que entenderá si no puedes venir.

—Puedo decirles a mis padres. —Sonreí—. Entonces, ¿quiere conocer a tu mejor amigo?

Rodó los ojos.

—Sí, aparentemente pareces ser divertidísimo. —Me reí.

—Soy bastante increíble.

—Ella piensa que es divertido que un mujeriego como tú se convirtiera en padre. Quiere saber cómo funciona eso.

—¿Seríamos solo nosotros?

—Va a llevar a una amiga para que no se pongan las cosas incómodas cuando nos deshagamos de ti. —Levanté las
cejas.

—¿Una amiga?

—Sí, pero ahora eres papá. —Sonrió—. No puedes follarla. Además, Alice me mataría si su amiga se convierte en una
de tus aventuras.

—Bien —suspiré—. ¿Te he dicho que la paternidad no le hace ningún bien a mi polla?

—Pues tu polla te llevó a la paternidad, así que yo tendría cuidado al usarla. Quién sabe cuántos hijos más tienes por
ahí.

—Le ruego a Dios porque solo sea Pequeña. Con ella tengo más que suficiente —dije, bajando la pluma y pasándome
una mano por el cabello—. ¿Ya te conté lo que hizo hoy en la mañana?

—¿Es gracioso?

—Probablemente para ti sí.

Se sentó en el mostrador.
—Cuenta.

—Se dio la vuelta sobre el cambiador. Me asusté porque pensé que iba a rodar y caerse, así que solté el pañal con
caca y la agarré.

—Eh, eso no es muy divertido.

—Luego me olvidé del pañal y lo pisé. —Se rió un poco—. Estaba descalzo.

Casi se cayó del mostrador a causa de la risa.

—Apuesto a que la mirada en tu rostro fue graciosísima. Debería instalar una cámara en su habitación.

—Me mareé, hice un horrible trabajo limpiándolo de mi pie y luego vomité en el cesto de pañales sucios. Después tuve
que lavar la alfombra.

—¿Vomitaste? —Asentí.

—¿Por un poco de mierda?

—Estaba entre mis dedos.

—Amigo, es caca. Tú lo haces, yo lo hago, todos lo hacen. Supéralo —dijo—. Yo toco caca de adultos todos los días y
no vomito.

—Te repito, entre mis dedos a las 5:30 de la mañana. —Sonrió.

—Pobre de ti.

—Oye, deberías cambiar tú uno de sus pañales. Necesito cambiar su formula u otra cosa porque lo que sale de ella no
es normal, no puede serlo.

—Ya cambio muchos pañales, así que no voy a agregar los de tu hija a la lista —dijo—. Ahora necesito regresar a
trabajar… A menos de que quieras intentar cambiar uno de los míos.

—Joder, no.

—Entonces diviértete con los de la pequeña —se rió.

Tenía dos cirugías programadas después del almuerzo y luego una apendectomía de emergencia. Aun así pude salir
del hospital justo después de las siete. Pequeña ya estaba lista para irnos en cuanto llegué a la guardería. Estaba bien
despierta y chupaba su chupón cuando la cargué.

—Hola Pequeña —dije, haciéndole cosquillas en la pancita.

Joder, sí, había empezado a hacerle cosquillas a la niña. Se estaba acercando a reírse de verdad y, aunque pareciera
raro, quería escucharla. Gorgoreó un poco y sonrió, dejando caer el chupón de su boca, pero no se rió. En un mes
había decidido sacarle provecho a esto. Ella no se iba a ir a ningún lado, tampoco yo. Me gustara o no, tenía una hija y
no era tan malo. De hecho, a veces era jodidamente genial.

Aunque acepté el hecho de que no iba a tener relaciones en un futuro cercano, descubrí que cuando la llevaba a correr
conmigo las mujeres se me acercaban. Bueno, se acercaban a la carriola frente a mí, pero aun así me encantaba.
Usar a mi hija para obtener atención estaba horriblemente mal, pero extrañaba esa atención. Solo porque por ahora no
podía tener sexo no significaba que no podía coquetear. Y sí que coqueteaba. Además, la mitad del tiempo las mujeres
sexis que se agachaban para ver a Pequeña me exponían sus pechos. Amaba la primavera.

Después de darle de comer, bañarla y cambiarla, Pequeña y yo nos sentamos en el sofá para ver un documental. La
cargué en mis brazos y le di mi dedo como siempre. Descubrí que le gustaba más chupar eso que su chupón. ¿Quién
era yo para negarle algo de felicidad? Además la mantenía callada y así podía ver la televisión.

—He participado en ésas —le dije, mirando la televisión—. Es un trasplante de riñón. Cosas muy interesantes. Sabías
que seguí los pasos de mi padre al convertirme en doctor.

Ella siguió chupando y mirándome.


—Sería jodidamente fantástico si tú también siguieras mis pasos. —Sonreí—. Doctora Sofía "Pequeña" Cullen. Creo
que encaja.

Sonrió en mi dedo. Creo que le gustaba que le dijera "Pequeña". A mí me gustaba un poco decirle de ese modo, así
que era algo mutuo.

Le sonreí.

—Pequeña.

Hizo otro gorgorito, pero nada más. No risa. Ni siquiera un poco. El libro de bebés decía que debería pasar alrededor
de este tiempo. La arrullé un poco en mis brazos y la dejé seguir chupando mientras terminaba de ver el documental.
Ella tomó su siesta de siempre cuando me puse a ver televisión regular.

Hice el biberón de Pequeña justo antes de acostarla, lo cual últimamente parecía ser a las once. Eso es mucho mejor
que dos o tres de la mañana, como antes. La guardería era algo bueno para ella. Toda esa mierda de la rutina hacía
maravillas para mantenerme cuerdo.

En los últimos días Pequeña había empezado a usar sus manos para agarrar cosas. De vez en cuando me ayudaba a
sostener el biberón. En realidad no era un agarre muy firme, pero lo intentaba. A veces su manita se ponía sobre la mía.
Era…, dulce, creo.

La mecí suavemente en la mecedora mientras ella bebía y le sonreí. Había algo en ella que me hacía querer sonreír
cuando me veía. De ninguna jodida manera me iba a suavizar, aunque eso pareciera. No iba a empezar a hablarle
como bebé. Ella merecía algo mejor que eso. Las habilidades del habla eran algo importante.

—Le voy a preguntar a la abuela si quiere cuidarte el viernes en la noche —dije—. Necesito salir. Necesito más
interacción con adultos. Chica Nueva es buena compañía en ocasiones, cuando viene por su correo o para ver cómo
estás, pero necesito una conversación de verdad con un adulto que no te incluya a ti o al trabajo.

Limpié el exceso de fórmula que había alrededor de su boca y ella agarró el biberón para beber más.

—Serás buena con la abuela, ¿verdad? ¿Y no reirás para ella sin mí? —Sonreí—. Quiero escucharte reír pronto. El libro
de bebés dice que debería pasar en esta etapa. Ya sé, ya sé, no todos los bebés son iguales. Hay diferencias y todo,
pero desearía que pasara pronto. Así podría saber que eres feliz.

La vida de la niña ya había sido un torbellino de mierda por la desaparición de su madre. Quería darle una buena vida a
partir de ahora. Quería hacerla feliz. Quizás era una jodida estupidez pensar que eso era lo que indicaba una risa, pero
sería un buen comienzo. Las sonrisas eran geniales. Las sonrisas…, me daban calidez en el corazón o algo así. No
sé. Era algo así. Quería una risa, una risita.

—Supongo que pasará cuando estés lista.

Después de sacarle los gases y cambiar una vez más un pañal mojado, la acosté en la cuna y me quede con ella
veinte minutos después de que se durmió. A veces era solo una falsa alarma y se despertaba de nuevo, así que me
quedé para asegurarme.

Afortunadamente mamá accedió a cuidar a Pequeña el viernes en la noche. Ella y papá dijeron que me merecía una
noche libre, así que acordaron quedarse con ella toda la noche. ¿Estaba emocionado? Joder, sí. ¿Mi plan? Conocer a
Alice, esperar hasta que ella, Jasper y la amiga se fueran, y luego seguir tomando y follarme a una chica que no
planeaba recordar. Me lo merecía. Había sido bueno con Pequeña, así que era hora de que consiguiera algo. Habían
pasado casi cinco semanas desde la última vez.

—Tienes todo para ella, ¿verdad? —le pregunté a mamá pasándole a Sofía.

—Sí, Edward, tenemos todo. Estará bien con nosotros esta noche —dijo, sonriendo mientras mecía suavemente a la
bebé—. ¿No es así, Sofía?

Papá solo sonrió mientras yo revisaba una vez más la pañalera para asegurarme de que Pequeña tenía un chupón
extra, por si las dudas.

—Estás nervios por dejarla, ¿no es así, hijo?

—No —dije—, es solo que… No quiero que ustedes tengan problemas con ella.
Rodó los ojos mientras mamá sonreía.

—Claro, Edward —dijo ella.

—No es como si no hubiéramos criado dos hijos nuestros y viéramos regularmente a nuestros nietos —dijo papá—.
Creo que podremos con ella.

—Sí, de acuerdo, bien —dije—. Supongo que es hora de irme.

Acaricié con la mano la mejilla de Pequeña antes de despedirme de verdad e irme, llevando a Tanya conmigo. Todavía
no había reunido el valor para renunciar a ella. Había estado guardada en la cochera de mis padres durante el último
mes mientras que yo manejaba la SUV de mamá gracias a Pequeña. A mamá no le importaba. Rara vez conducía la
SUV desde que papá le compró un Coupe hace unos meses por su cumpleaños. Eventualmente tendría que
deshacerme de Tanya. Ya no era práctico tenerla. Eso rompía mi corazón.

Llegué al bar donde me encontraría con Alice y Jasper, estacioné a Tanya y entré. Le mandé un mensaje a Jasper para
hacerle saber que estaba aquí y él me encontró en la puerta.

—Hola amigo, me alegra que pudieras venir —dijo, palmeando mi hombro—. Alice está emocionada por conocerte. —
Sonreí.

—Claro que lo está.

—Ésta es una advertencia. Di algo ofensivo y te patearé el trasero. —Me miró mal—. Ella es importante para mí.

Alcé las manos.

—Seré un perfecto ángel, lo prometo.

—Y ni siquiera intentes acostarte con su amiga. Es muy dulce y no necesita que tú arruines eso.

—No follar a la amiga, entendido. ¿Podemos ir ya? Quiero una cerveza.

Al acercarnos a la mesa, una mujer pequeña con un puntiagudo cabello negro nos sonrió. Se bajó del taburete y se
apresuró a nosotros. Demonios, era chaparrita. Casi menor a 1.50 metros. Sus bracitos se envolvieron por sí mismos
alrededor de mi torso sin que yo me diera cuenta de lo que estaba pasando.

Cuando se alejó sonriendo, me dijo:

—Soy Alice. Es un gusto poder conocerte al fin, Edward.

—Lo mismo digo, Alice —sonreí.

Se giró y mis ojos la siguieron. Ahora, de frente a nosotros, estaba su amiga. Una amiga a la cual conocía. Una amiga
que me conocía a mí. Sus ojos se agrandaron cuando me vieron. Parecía que ella no sabía quién era yo cuando aceptó
venir.

—Hola Bella —dije.

Chica Nueva se sonrojó y Jasper maldijo por lo bajo, pensando que ya la había follado.

—Relájate, es mi vecina —me reí—. No me he acostado con todas las chicas de la ciudad.

Me miró mal.

—Iré por una cerveza.

Alice me obligó a sentarme entre ella y Chica Nueva mientras Jasper se iba hacia la barra. Chica Nueva estaba
jugando con el popote de su bebida frutal, evadiendo mi mirada. Creí que ya habíamos superado la timidez. Ella iba al
apartamento al menos una vez a la semana para darme mi correo o ver cómo estábamos Pequeña y yo. Incluso me
llevó esa sopa de pollo que había hecho la semana pasada.

—Entonces, ¿de dónde se conocen? —pregunté, mirando a Alice y a Chica Nueva.

—Trabajamos en la misma escuela —dijo Alice—. Yo doy clases a cuarto grado y Bella a los de preescolar. —Sonreí.
—Ya sabía eso.

—Bella, ¿por qué no me contaste sobre tu lindo vecino? —preguntó Alice, mirándola directamente.

—Alice —susurró Chica Nueva con aspereza—. Yo… No era para tanto.

—Bella se acaba de mudar a Port Angeles —dijo Alice—. ¿Te lo contó?

Sacudí la cabeza.

—No me dio muchos detalles.

—Suena a algo que ella haría.

—¿Llevan mucho tiempo conociéndose?

—Nos conocimos cuando ella empezó a trabajar en mi escuela —contestó.

Jasper regresó, me dio mi cerveza y se sentó junto a Alice, tomando su mano sobre la mesa. Eso era…, enfermizo. El
pobre bastardo se estaba enamorando de verdad. Joder, de verdad estaba agarrándole la mano.

Tenía que dejar de mirar así que le pregunté algo a Chica Nueva:

—¿Supongo que no te dijo mi nombre?

Sacudió la cabeza.

—No, solo dijo que eras amigo de Jasper. Lo conocí hace un par de semanas —dijo—. ¿Hace cuánto que ustedes son
amigos?

Bebí de la cerveza, dándome cuenta de lo mucho que extrañaba esto. Cinco semanas sin sexo y alcohol eran un asco.

—Nos conocemos desde niños —le dije.

Asintió mordiéndose otra vez el labio. La lección de esto era no sorprender a Chica Nueva. Obviamente no reaccionaba
bien a las sorpresas. O quizás solo no reaccionaba bien en grupos. Había estado bien con Pequeña y conmigo.
Tampoco es que hablara mucho de sí misma, pero al menos hablaba. Ahora se sentía tímida e incómoda.

Conforme avanzaba la tarde y bebíamos más alcohol, las cosas se aligeraron. En realidad, Alice era jodidamente
graciosa. Era completamente opuesta a Jasper. Extrovertida, muy abierta y jodidamente hiperactiva. Jasper la miraba
como un maldito gavilán, colgándose de cada palabra. Ella lo tenía envuelto alrededor de su dedo fuertemente. Era
bastante divertido.

—De acuerdo, déjame aclarar esto —dijo Alice—. ¿La chica se presentó a tu puerta con un bebé y lo dejó ahí contigo?

—Básicamente. Aunque en realidad salió del apartamento de Bella —dije.

Se giró hacia Chica Nueva.

—¿Y cómo es que no me contaste esto?

—No era de mi incumbencia —dijo Bella.

—¿Qué no sabes lo que es chismear?

—No es un chisme, es su vida.

Alice rodó los ojos.

—Bien —suspiró—. Al menos sé que si puedes guardar los secretos de un extraño, puedes guardar los míos.

—¿Tienes la boca chica, Bella? —pregunté.

Se encogió de hombros.

—Supongo que solo pensé que no era algo que debía compartir. —Sonreí.
—Gracias.

Sonrió un poco en respuesta mientras el sonrojo subía a sus mejillas. Pensándolo bien, cada vez que yo sonreía ella
se sonrojaba. Comenzaba a pensar que Chica Nueva tenía un enamoramiento conmigo.

Para cuando Alice y Jasper se fueron, Chica Nueva estaba más dispuesta a hablar. Nos quedamos un rato más,
bebiendo mientras yo le contaba cosas sobre mi vida, aunque sus labios no revelaron nada de ella. Quería cambiar
eso. Conocía todas mis mierdas, pero yo no sabía básicamente nada sobre ella.

—¿Dónde creciste? —pregunté, recargándome en la silla.

—En Forks —dijo—. Es un pueblito a una hora de aquí. —Asentí.

—Sé donde está Forks. ¿A qué universidad fuiste?

—Universidad de Washington.

Era como sacar un jodido diente.

—¿Y supongo que tienes una licenciatura en educación? —Asintió.

—En realidad tengo una maestría.

—¿Quieres compartir algo más? —me reí.

—Um… Es mi primer año de maestra. Apliqué por todo el país y el otoño pasado fui contratada por el Consejo
Educacional de Port Angeles.

—¿Qué te hizo mudarte a mi complejo de apartamentos?

—El viaje diario desde Forks era demasiado. Me mudé de regreso con mi papá cuando conseguí el trabajo para
ahorrar dinero.

—Una inteligente decisión.

—¿Dónde creciste? —preguntó, poniéndose un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Aquí. Nací y crecí en esta ciudad.

—¿Es agradable estar de regreso? Me refiero a que tuviste que haberte ido por la escuela, ¿cuándo regresaste aquí?

—Regresé en enero cuando terminé mi residencia en Nueva York. Mi padre me ofreció el trabajo y lo acepté. Estoy feliz
de haber vuelto.

—¿Entonces tu papá también es doctor?

—Sí, supongo que seguí sus pasos. Misma especialidad y todo. —Sonrió.

—Apuesto a que se siente orgulloso.

—Eso parece. ¿Qué hay del tuyo? ¿Está feliz de que te convertiste en maestra? —Asintió.

—Sí. Siempre quise ser maestra. Mi mamá también era maestra.

—¿No fue tu padre quién te crió?

Se removió incómoda.

—Sí, fue él. Ella…, murió cuando yo era pequeña.

Mierda. Con razón no quería hablar del jodido tema.

—Lamento haberlo sacado a tema.

—No pasa nada —dijo con suavidad—. Se está haciendo tarde. Creo que ya me voy a casa.
Joder.

—¿Necesitas que te de un aventón?

Sacudió la cabeza.

—Perdí la cuenta de todas las cervezas que tomaste, así que no creo que deberías manejar.

Estaba sintiendo el alcohol. Ciertamente no estaba tan borracho como había planeado, pero probablemente ella tenía
razón.

—Buena idea —me reí.

—Yo puedo manejar si quieres.

—Entonces, yo sí he tomado mucho, ¿pero tú no?

—Me tomé dos margaritas en tres horas.

Huh, creí que había tomado más. Supongo que fue Alice quien estaba pidiendo todas las bebidas.

—Entonces sí, lo apreciaría mucho. —Sonreí, poniéndome de pie y sacando la cartera.

Pague la cuenta —ya que Jasper y Alice se saltaron esa parte— y seguí a Chica Nueva hasta su viejo pedazo de
mierda. Tanya estaba estacionada cerca de la parte trasera del estacionamiento debajo de un árbol. Saqué las llaves y
me aseguré de que estuviera cerrada antes de subirme en el lado del pasajero de la camioneta. Probablemente
hubiera podido manejar bien yo solo, pero Chica Nueva se ofreció.

—Deberías comprar un carro nuevo —le dije—. Sin ofender, pero esta cosa está decrépita y merece un descanso. —Me
miró frunciendo el ceño. Al parecer no podía decir estupideces de su camioneta—. Puede que no —dije.

—Mi camioneta está bien —dijo—, pero si prefieres caminar, adelante.

De acuerdo, Chica Nueva puede ser un poco irascible.

Sonreí, intentando aligerar su humor.

—Estoy bien así.

Ella miró a la izquierda, así que no pude ver si se sonrojo o no. Maldición. ¿Estaba mal querer ver si lo había hecho?
Había algo en ese sonrojo que me gustaba.

Nuestro complejo de apartamentos no estaba lejos del bar, así que el viaje fue rápido. Rápido y silencioso. Entré detrás
de ella al edificio, subiendo las escaleras hasta nuestro piso. Ella se fue a su puerta y quizás fue el alcohol, pero se me
ocurrió algo. En realidad, probablemente fue el alcohol y la falta de sexo.

—¿Quieres entrar? —pregunté, abriendo mi puerta.

—No, Edward —dijo—, así estoy bien.

Entró a su apartamento y cerró la puerta con demasiada fuerza. Bueno, lo jodí. Sacar el tema de su madre muerta,
insultar su camioneta y proponerle sexo probablemente no era la mejor combinación para hacer una amiga.

Me quité mi camiseta y vaqueros antes de meterme a la cama. Metí la mano en mis bóxers y me masturbé. Joder,
odiaba masturbarme.

¿Soy solo yo o será que Edward empieza a comportarse como un padre de verdad? Ya a partir del siguiente capítulo se
verá más interacción Bella&Edward, y obviamente no puede faltar nuestra pequeña Sofía.

Las siguientes dos semanas tengo exámenes, así que no sé si podré actualizar, y luego tengo dos semanas de
vacaciones, entonces espero poder ponerme al corriente. De todas formas el siguiente sábado les subo el capítulo de
Dark Goddess, ese sí ya lo tengo.

¡Muchas gracias a todas por sus reviews!


*Chapter 8*: Foreign Feelings
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 8: Extraños Sentimientos

Cuando me desperté esta mañana me dolía la cabeza. No bebí tanto —en realidad ni siquiera estaba borracho—, y aun
así tenía una pequeña cruda. Me tomé un Advil y preparé el café. El reloj en la estufa me decía que había dormido más
de ocho horas. Aparte del dolor de cabeza me sentía bastante descansado, aunque me habría sentido mejor sin el
dolor de cabeza. Mientras veía las noticias y revisaba mi celular, me di cuenta que mamá y papá no habían llamado, lo
que significaba que Pequeña había estado bien. De todas formas llamé a mamá para asegurarme.

—Pues buenos días, cielo —me respondió alegremente.

—Buenos días. ¿Cómo está Sofía? —pregunté mientras bebía mi café.

—Creo que te extraña, pero está bien.

—¿Me extraña?

—Le costó mucho dormirse anoche.

—Lo siento —suspiré—. Iré pronto para recogerla.

Eso me hacía sentir como mierda. Sabía que la niña podía ser un problema cuando estaba quisquillosa.
Probablemente mis padres no durmieron anoche gracias a ella.

—No te apures —me dijo—. Está mejor esta mañana. Me ayudó a hacer tostadas.

—¿Te ayudó a hacer tostadas? —pregunté—. ¿Qué hizo? ¿Batió los huevos? —Se rió.

—Bueno, no, pero fue buena compañía.

—No se rió, ¿verdad?

—No, cielo, no te perdiste de eso —dijo—. Ven por ella después de que hayas tenido un poco de tiempo para ti.

—De acuerdo, iré en una hora.

—Suena bien. Anoche hice galletas y te guardé un poco.

Me animé ante eso.

—¿Galletas? ¿De cuáles?

—De mantequilla de maní con chispas de chocolate, tus favoritas.

—Te quiero, mamá —me reí.

—También te quiero.

Antes de ir por Pequeña me serví un enorme tazón de cereal y me senté en el sofá, disfrutando de mi tiempo a solas.
Cuando terminé me puse a lavar la ropa y salí a correr. No había corrido sin Pequeña en tanto tiempo que se sentía
raro hacerlo sin la carriola. Un poco…, solitario, supongo. Joder, como que la extrañaba, por muy loco que sonara eso.

Cuando entré a la sala en casa de mis padres, me encontré a papá sentado en su sofá con Pequeña recargada sobre
su pecho. Ella estaba despierta, chupando su chupón como siempre. Pareció que agrandó un poco los ojos al verme.
Quizás lo imaginaba, pero no creía que fuera así. Papá me la pasó con gentileza, y la sostuve cerca de mí con una
mano detrás de su cabeza.
—Hola Pequeña, ¿te portaste bien con el abuelo y la abuela? —pregunté, sintiendo la repentina necesidad de besar su
mejilla.

Me estaba rindiendo jodidamente ante ella.

Papá sonrió al pararse.

—Estuvo bien —dijo—. Un poco renegona anoche, pero se solucionó.

—Perdón. Sé que puede ser bastante ruidosa.

—Estuvo b ien —dijo mamá entrando a la habitación con un recipiente lleno de galletas—. Nos encantó tenerla aquí en
la noche. —Asentí.

—Qué bien.

—¿Te divertiste? —preguntó ella.

—Fue agradable salir.

Me dedicó una mirada evaluadora.

—¿A qué hora llegaste a casa?

—Uh…, creo que a la una. La novia de Jasper llevó a una de sus amigas, que resultó ser mi vecina —dije—. Después
de que Jasper y Alice, su novia, se fueran, nosotros nos quedamos un rato a platicar. Ella nos llevó a casa ya que no
había bebido tanto como yo.

Mamá se veía sorprendida.

—¿Solo te llevó a casa? —Asentí.

—Yo me fui a mi apartamento y ella al suyo.

Ya sabes, después de que intenté meterla a mi apartamento.

—Huh.

—No me acosté con ella, ¿bien?

Alzó las manos.

—Nunca dije eso. —Sonrió—. Me alegra que te hayas divertido. Sé que es difícil para ti cambiar tan drásticamente por
Sofía, pero lo estás haciendo muy bien.

—Yo, uh,… gracias, mamá.

Sonrió y besó la mejilla de Sofía.

—Adiós, bebita.

Pequeña se quedó dormida en el carro y durmió pacíficamente todo el camino a casa y al meterla al apartamento. Eso
fue hasta que la acosté en su cuna. Comenzó a llorar al instante y a agitar los brazos. La cargué rápidamente y la
sostuve contra mi pecho. Acaricié suavemente su espalda mientras que ella recostaba la cabeza en el hueco de mi
cuello.

—Shhh, Pequeña, aquí estoy —dije, comenzando a caminar por el apartamento.

Me senté en el piso de la sala con ella y la acosté sobre una manta. Limpié las lágrimas de sus mejillas regordetas y
sonreí. Había dejado de llorar y me regresaba la sonrisa. Le hice cosquillas en la pancita e hizo gorgoritos como
siempre.

—Eres un bebé feliz, ¿verdad? —pregunté, moviendo mis manos a sus piecitos.

Le moví los pies, básicamente haciendo casi como una de esas mierdas de aerobics. Parecía que le gustaba. Se llevó
la mano a la boca y empezó a chuparse los dedos. Esa niña amaba chupar todas las mierdas. Su chupón, mis dedos,
sus dedos…, si podía llevárselo a la boca, se lo metía. Eso podría ser un problema algún día. Le saqué las manos y
las moví con las mías, chocándolas juntas, como si estuviera aplaudiendo. Hice una jodida cara tonta, y ella se me
quedó viendo, sin sonrisa, solo me miraba. Probablemente la estaba asustando.

—Sí, tampoco creo que mi cara deba hacer eso —me reí, agarrando un juguete de felpa y sosteniéndolo frente a su
cara.

Alzó la mano y lo golpeó, pero no intentó agarrarlo. Se lo quité y ella empezó a verse un poco enojada. Rápidamente se
lo regresé y la dejé pegarle un poco más. Eventualmente se cansó de eso, así que la cargué para recostarla en medio
de su centro de juegos, así podría divertirse sola mientras yo le preparaba un biberón.

Mientras preparaba el biberón me asomaba por la cocina para asegurarme que estuviera bien. No quería arriesgarme
más después de incidente en que se dio la vuelta sobre la mesa cambiadora. Ni siquiera tenía los cuatro meses y ya
estaba haciendo eso; estaba un poco avanzada comparada con lo que decía en el libro de bebés. No quería distraerme
y que algo le pasara.

Mientras examinaba el biberón en mi muñeca como siempre lo hacía, escuché un sonido. Regresé corriendo a la sala
y encontré a Pequeña pegándole al juguete que colgaba sobre ella. Estaba…, riendo. ¡La niña estaba riendo!

Sonreí como un jodido lunático.

—¡Lo hiciste! —exclamé, cargándola en mis brazos—. Te reíste, ¿verdad?

No hizo ningún otro sonido mientras yo la abrazaba y besaba el tope de su cabeza. Quería correr alrededor del jodido
vecindario gritando que al fin la pequeña se había reído. El sonido que hizo fue…, para ser honestos, fue jodidamente
lindo. Yo no digo que las cosas son lindas, pero esto sí lo era. No había mejor manera de describirlo.

—¿Lo harías de nuevo? —pregunté, aunque dudaba que fuera a escucharme. Después de todo ni siquiera me
entendía.

La acosté de nuevo en el piso y le hice cosquillas en la pancita. Nada. Agarré sus pies y sí hizo un sonidito, pero no
como el anterior.

—Ríe para papi —dije, sin darme cuenta de que esa palabra salía de mi boca.

Nunca antes me había llamado papá a mí mismo. Parecía algo loco referirme de esa forma a mí mismo, pero sí podía
hacerlo. Yo ayudé a crearla. En verdad no creía merecer el derecho de llamarme papá, no como mi propio padre
merecía. No era correcto ponerme en el mismo nivel que él. Él y mamá intentaron quedar embarazados por años,
querían muchísimo tener bebés. Rose nació seis años después de que se casaron, luego yo. Ellos nos querían más
que a nada en el mundo.

No era un secreto que yo no quería a Pequeña; en realidad era algo vergonzoso. Sentía que esto era más una carga
que una alegría, pero sí quería que fuera una alegría. No era lo suficientemente estúpido para no darme cuenta de que
deb ería estar emocionado ante la idea de tener una hija. Yo era un egoísta, lo único que me importaba era mi propia
felicidad. Sabía que eso tenía que cambiar, y lo estaba intentando. Aunque Pequeña merecía más que solo un intento,
ella merecía un papá que la amara.

Lo cual me regresaba a la pregunta, ¿la amaba? Honestamente todavía no lo sabía. Claro, me preocupaba por ella.
¿Pero eso era amor? Demonios, quién sabe. Amaba a mis padres y a mi familia. Conocía ese tipo de amor. No
conocía este amor. No sabía cómo se sentía amar a un hijo y eso me preocupaba. ¿Y si no la amaba? Eso sería una
mierda para ella porque merecía ser amada. Ella era…, especial.

Cuando bajé a agarrar mi correo esa misma tarde llevé a Pequeña conmigo. Había olvidado agarrarlo cuando
llegamos a casa, así que tuvimos que salir del apartamento de nuevo. Y como si alguien quisiera obligarme a
disculparme como es debido, Chica Nueva entró al edificio en el mismo instante en que yo estaba sacando los sobres.
Esperó pacientemente detrás de mí hasta que terminé y cerré mi buzón antes de abrir el suyo.

—Fui un cabrón —dije.

Giró la cabeza y alzó una ceja.

—De acuerdo —dijo. Suspiré.

—Intento disculparme por hacerte enojar.


Cerró su buzón, metiendo sus llaves y correo a su bolso antes de girarse para quedar de frente a mí.

—No me hiciste enojar.

—Hice algo mal porque apenas me hablaste después de que dije algo de tu camioneta —dije—. Solo estaba jugando.

—Incluso si hubiera estado enojada, no hubiera sido por la camioneta. Ya estoy acostumbrada a eso.

—¿Fue que te invité a pasar?

Se encogió de hombros.

—Eso no fue muy sorprendente, viendo tu historial.

—¿Qué es lo que sabes acerca de mi historial? —miró a Sofía, y luego a mí—. Bien, lo merecía.

—Si quieres que te diga que te perdono, bien, te perdono.

—Bueno, si no estás enojada supongo que no necesito disculparme. —Sonreí—. ¿No es así?

Rodó los ojos y bufó.

—Tú uh…, eres algo más, ¿lo sabías?

—¿Es un insulto o un cumplido? Porque lo he escuchado en ambos significados —me reí. Ella sonrió.

—No hablaba de cumplidos.

—Ah, entonces insulto. Eso duele. —Se rió suavemente.

—Estoy segura de que has escuchado cosas peores.

Me encogí de hombros.

—Sí —me reí entre dientes—. Entonces, ¿no estás enojada conmigo?

Sacudió la cabeza.

—No, Edward, no estoy enojada.

—Pero algo te molestó anoche.

Jaló el labio entre sus dientes y luego lo soltó rápidamente. Sonrió un poco y dijo:

—Estoy bien.

No le creí. Algo la molestó anoche, y si no fue su camioneta o invitarla a pasar, entonces tuvo que ser haber sacado a
tema a su madre. Podía entenderlo. Estaba seguro de que era un tema delicado, después de todo parecía serlo. Pero
si aclarábamos esto, ella lo mencionó, no yo. Ella dijo que su mamá había sido maestra. Aunque de hecho no fui yo
quien la molestó; aun así me sentía un poco mal.

—Oye, hoy haré mi especialidad para cenar —dije—. ¿Quieres compartir mis macarrones con queso? —me reí.

No quería, ya saben, dejarla enojada…, o algo así.

—¿No preferirías espagueti casero con albóndigas? Bueno, salsa cacera. Las albóndigas están congeladas —dijo
sonriendo.

—Sabes, eso suena mucho mejor. Me encantaría, y de todas formas a Sofía le encantará pasar tiempo contigo otra vez.
—Sonreí, girando a Pequeña para que pudiera verla—. Le agradas.

Chica Nueva se acercó y tocó la mejilla de la niña.

—Ella también me agrada —dijo.

Mientras Chica Nueva preparaba la cena, yo llevé a Pequeña a nuestro apartamento para bañarla y darle de comer. Era
un poco temprano para eso, pero al parecer no le molestaba. Ella se recostó cómodamente mientras yo usaba mi
mano libre para enjuagarla, con la otra mano estaba deteniendo su cuello. Pequeña nunca movía sus brazos para
salpicar de agua. Aparentemente éste era su momento de relajación.

—Creo que disfrutas demasiado de esto —dije, moviéndome a su cabello—. Pero prefiero esta extraña inmovilidad a
que estés salpicando y mojando todo.

Después de secar a Sofía y ponerle un mameluco, le di de comer. Luego de que quedó satisfecha la metí al porta bebé
y cruzamos el pasillo para llegar al departamento de Chica Nueva. Dijo que acababa de terminar la cena, yo tenía una
sincronización perfecta.

Su apartamento era…, agradable, supongo. Los muebles eran simples y no había fotos en las paredes. No parecía
muy personal, aunque solo había visto la sala y el comedor. Probablemente tenía ese tipo de cosas en su habitación.
Dejé el porta bebé de Pequeña junto a la mesa y me senté frente a uno de los platos que ya había puesto en la mesa.

—Espero que sepa mejor que tus macarrones con queso —dijo, dejando un vaso de agua en la mesa.

La comida estaba…, santa mierda, Chica Nueva sí que sabía cocinar. Lo que fuera la jodida cosa que llevaba esta
salsa era deliciosa. Me atrevería a decir que era mejor que el espagueti de mamá, y mira que amaba el suyo.

—Por la mirada en tu rostro me atrevo a suponer que te gustó —se rió suavemente.

—Está delicioso —dije—. Eres una buena cocinera.

Sus mejillas se sonrojaron un poco mientras tomaba un trago de agua.

—Gracias.

La conversación empezó fácilmente mientras comíamos. Le pregunté por su día y ella preguntó por el mío. Manejó
hasta Forks para visitar a su papá, como hacía una vez al mes más o menos. Él era el jefe de policía del pueblo, pero
ella quería que se jubilara. No podía creer que en realidad estaba hablando de sus cosas.

—Entonces, ¿cómo le va a Sofía en la guardería? —preguntó. Yo asentí.

—Parece que bien. Su horario es mejor, más predecible, lo cual es bueno para ella y para mí.

—Eso es bueno. —Sonrió—. ¿Qué está haciendo ahí abajo?

Miré a mis pies y encontré a Pequeña dormida.

—Al parecer es hora de su siesta vespertina.

Chica Nueva se asomó por un lado de la mesa hacia mis pies para ver por sí misma a Pequeña.

—Es muy bonita. —Sonreí; estaba algo orgulloso.

—Sí, lo es.

—¿Ya te…, acostumbraste? —Bufé.

—Demonios, no. No creo que pueda hacerlo nunca.

—¿Todavía no te ves como papá?

Me encogí de hombros.

—No estoy seguro. Accidentalmente me referí como "papi" con ella. Fue…, algo extraño. —Sonrió.

—Creo que es dulce. Ella necesita escucharlo para poder decirlo algún día.

—También se rió por primera vez hoy.

—Vaya, esos son pasos agigantados para ustedes dos. Apuesto a que fue algo precioso.

—Sí —me reí—. Nunca pensé que me referiría a algo como lindo.

—En verdad es algo bueno, Edward. —Sonrió y alzó su vaso de agua—. ¿Por más risas?
Me reí y choqué mi vaso con el suyo.

—Por más risas.

Me quedé en el apartamento de Chica Nueva después de la cena. Por la forma en que veía a Pequeña, podía ver que
quería cargarla. Aunque seguía dormida y una rabieta pudo haber comenzado, saqué a Sofía del porta bebé y dejé que
Chica Nueva —cuyo nombre en realidad era Bella, aunque yo prefería Chica Nueva—, la cargara. Ella se sentó en el
sofá y le sonrió a la pequeña. Afortunadamente ninguna rabieta comenzó. Pequeña se quedó perfectamente dormida,
incluso se acurrucó con Chica Nueva.

—¿He de suponer que, obviamente ya que eres maestra, te gustan los niños? —le pregunté sentándome junto a ella
mientras la miraba con mi hija.

Asintió.

—Me gustan.

—Um…, ¿por qué?

Levantó la vista confundida.

—¿Por qué me gustan los niños? —Asentí—. Pues, simplemente así es. Ven el mundo de manera diferente y desearía
algunas veces poderlo ver de esa manera. Sería bueno para nosotros.

—¿El ver solo lo bueno?

—Ellos también ven lo malo, solo que de manera distinta. Si le preguntas a un niño de cinco años qué hacer cuando
alguien está molesto, te dirían que le dieras un abrazo. Simple. Dale un abrazo. Si le preguntas a un adulto, ¿qué diría?

—Uh, supongo que intentaría descubrir la razón.

Probablemente no era la mejor persona para responder esa pregunta. Normalmente lo dejaría solo, a menos de que
fuera un paciente o alguien que me importara. Demonios, incluso si fueran un paciente o alguien que me importara,
probablemente también los dejaría solos. Yo no congeniaba bien con…, la tristeza. Me incomodaba.

—Harías un alboroto por eso, ¿cierto? —preguntó. Mentí con un asentimiento—. Pero la mitad del tiempo un alboroto
no es necesario. Solo necesitan saber que alguien está ahí. Un abrazo transmite ese mensaje.

—Huh —dije—. ¿Entonces te gustan los niños porque abrazan?

Se rió suavemente.

—Me gustan porque son inocentes. Ellos no saben lo que hacemos. Y porque son bastante adorables.

—No siempre. Pueden morder.

Las rotaciones en pediatría me habían enseñado eso.

Rodó los ojos y sonrió un poco.

—Probablemente te lo merecías si te mordieron.

—No es así.

—Y ahora discutes como uno de mis estudiantes.

—Touché.

—Claro, los niños pueden ser malos, pero son solo niños —dijo—. Aunque hay una razón por la que enseño a
preescolar.

—¿Y cuál es?

—Son muy dulces, además de que toman siestas. —Me reí.

—Tiempo de tranquilidad. — Ella asintió.


—Y entonces despiertan con esas caritas somnolientas. Hermosos —se rió suavemente.

Los ojos de Pequeña empezaron a abrirse, y levantó la vista hacia Chica Nueva. No protestó, solo bostezó y se estiró
un poco.

—Esa cara —dijo Bella.

—Sí que me gusta esa cara —estuve de acuerdo.

Pequeña y yo nos quedamos un rato más. En verdad parecía que le gustaba Chica Nueva, así que las dejé hacer lo
que se les diera la jodida gana. Pequeña hasta se rió un poco más por Chica Nueva, eso era lindo. Me gustaba la risa.
Valía la pena todo el tiempo que se tardó en hacerlo; no quería que se detuviera.

—Gracias por venir y traerla —dijo Chica Nueva, acostando a Pequeña en su porta bebé y abrochándola para el viaje de
veinte pies a través del pasillo.

—Gracias por cocinar —dije—. Y tendremos que hacer esto de nuevo. Creo que ella se divirtió. —Sonrió.

—Pues yo también, así que me encantaría repetirlo. Ella puede venir siempre que quiera. —Me reí.

—No me tientes. Todavía necesito pensar en qué voy a hacer con ella cuando vuelva a estar de guardia y tenga turnos
de noche.

Levantó la vista hacia mí.

—¿Necesitas alguien para cuidarla?

—Sí, porque me llamarán para ir si me necesitan. También algunas semanas tendré que trabajar de noche; va con el
paquete de ser cirujano.

—Oh —dijo—. Si alguna vez estás en medio de un apuro yo puedo cuidarla. Quiero decir, entiendo si te niegas,
después de todo apenas me conoces.

—¿Estarías dispuesta a cuidarla?

—Claro.

Joder, podría haberla abrazado.

—Ella puede causar muchos problemas.

Se encogió de hombros.

—No es como si fuera a ser siempre. Puedo cuidarla cuando no tengas a nadie más.

—No tengo a nadie más. Mi mamá dijo que ella podría cuidarla en ocasiones, pero no siempre puede hacerlo. Y tú
vives a un lado.

—Me encantaría ayudar.

—Gracias, Bella. Todavía no voy a regresar a las guardias o turnos de noche, pero te diré cuando lo haga. En serio,
gracias.

Sonrió y besó la mejilla de Pequeña antes de cargar el porta bebé y dármelo.

—Solo hazme saber.

Espero que les haya gustado.

¡Gracias a todas por sus comentarios! ^^

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*Chapter 9*: Frightening Ordeal
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a mi beta Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 9: Una experiencia espantosa

—Entonces, ¿cómo te trata la paternidad? —preguntó Emmett con una jodida sonrisa—. ¿Acaso no amas levantarte a
media noche para darle de comer?

Estábamos almorzando en la cafetería del trabajo. Acababa de terminar mi primera cirugía del día, una agotadora
experiencia de cuatro horas, cuando él salió de su quirófano y me preguntó si tenía hambre; dijo que él invitaba. Como
si fuera a desaprovechar esa mierda, incluso aunque podría haberlo pagado.

—En realidad ya duerme durante toda la noche —dije sonriendo al ver su cara decaer.

—¿Me estás jodiendo? Ben todavía me despierta a veces, y claro, Rose me hace atenderlo ya que ella lo cuida todo el
día.

—¿Qué puedo decir? Le agrado lo suficiente a mi niña para que me deje dormir.

—¿Cuánto tiempo te da?

—Cinco horas, a veces seis.

Apuñaló su comida con el tenedor.

—Ésas son mierdas. Cuando Ben tenía quince semanas tenía que levantarme cada noche al menos una vez, a veces
dos.

Me reí.

—Pues yo normalmente la acuesto en la cuna a las once, depende de si durmió lo suficiente durante el día. A veces es
más temprano si no toma su siesta en la tarde. Aun así siempre consigo al menos cinco horas.

—Cambiemos niños.

—Joder, no. Pequeña es algo genial. Ahora le caigo bien, así que ya nos llevamos mejor.

Pequeña solo necesitaba acostumbrarse a mí, y yo a ella. Ahora que ya dormía en las noches, con todas las risas,
sonrisas y felicidad a nuestro alrededor, Pequeña era probablemente la mejor niña en todo el jodido mundo.

Él sacudió la cabeza.

—Incluso si no te hubieras hecho la prueba de paternidad, hubiera estado seguro que era tu hija. Quiero decir, ¿a quién
más podrías agradarle?

—Soy de gusto adquirido —dije, dando otro bocado mientras que Jasper llegaba con su bandeja.

La dejó caer en la mesa y se sentó con un suspiro.

—Alice tiene miedo de no agradarle a tu familia, así que no sabe si quiere o no ir a la renovación de votos de tus
padres.

La renovación de votos de mis padres sería en dos semanas, el dos de junio. Obviamente Jasper estaba invitado y le
dijeron que podía llevar una cita, pero al parecer Alice no estaba muy interesada en eso.

—Pues eso es lo que dice —dijo—. Le dije que mi madre iba a ir, y dijo que se sentiría muy incómoda.

—Le tiene miedo a tu madre —Emmett se rió—. Y la verdad no la culpo.


—Mi mamá no es tan mala —dijo Jasper.

—Me disparó en el trasero con una pistola de aire comprimido cuando éramos niños.

—Porque intentábamos escaparnos y pensó que eras un ladrón. —Sonrió.

Me carcajeé.

—Eras un adolescente de quince años que medía 1.80, Em. Es un error comprensible.

—Jasper, eres mi amigo, así que creo que está bien decir esto —dijo Emmett—. Tu mamá está loca, tiene algo zafado
allá arriba.

—Amigo —dije—, sigue siendo su madre.

—Jódete, Emmett. No está loca —dijo Jasper—, solo es..., diferente.

—Deberías advertirle sobre eso a Alice —dije.

—Sí —suspiró—, pero no quiero ahuyentarla. La conoces, es genial.

Asentí.

—Lo es.

—¿Jasper se me unirá al oscuro lado de las relaciones serias? —preguntó Emmett antes de meterse más comida a la
boca.

Se encogió de hombros.

—Creo que por ella sí lo haría.

—Bien —dijo Emmett que seguía masticando—. Edward se saltó esa parte, así que necesito a alguien que esté
dispuesto a salir en una cita doble con Rose y conmigo. Últimamente me ha estado pidiendo mucho eso.

—Hablaré con Alice.

Le puse la tapa a mi agua.

—Ustedes dos hablan como señoritas. ¿Organizando una cita doble? ¿En serio? —me reí.

—Al menos no hablo constantemente de mi bebé —dijo Emmett.

—No hablo constantemente de ella.

—Claro que sí —se rió Jasper—. Y nos dices señoritas a nosotros.

—Jazz —dijo Emmett—, llamó a su mamá el otro día, Rose y yo estábamos ahí, para decirle que Sofía había logrado
darse la vuelta entera rodando.

—Oh, sí me contó.

Me paré agarrando mi bandeja.

—¿Saben qué? No es mi culpa que mi vida haya terminado en esto —dije—. Antes de que te folles a Alice, asegúrate
de que está en control natal y que el condón no se rompa.

—Lecciones que Edward tuvo que aprender de la manera difícil —se rió Emmett.

—Jódanse los dos.

—¿Por qué estás tan molesta, Pequeña? —pregunté intentando calmarla.

Eran las dos de la mañana y no había dormido casi nada. Ella me despertó gritando a todo pulmón. Probablemente me
había ganado eso por haberle echado en cara sus patrones de sueño a Emmett. Corrí más rápido de lo que creí
posible para cruzar el pasillo porque ya nunca me despertaba de ese modo. Una cosa era llorar, pero estos gritos
rompe-tímpanos eran algo muy diferente. Sonaba como si le doliera algo.

La acosté gentilmente en la cambiadora.

—Todo está bien —le dije, desabrochando su mameluco y su pañal, encontrándola completamente seca—. ¿Tienes
hambre? No te terminaste todo el biberón antes.

Le puse un pañal nuevo y la cargué, palmeando su espalda mientras la llevaba a la cocina. Siguió gritando y agitando
las manos. Logró agarrar el cabello de mi nuca y jalarlo.

Jodidamente doloroso. Definitivamente estaba mejorando con su agarre. Alejé su mano y la acosté en el columpio para
poder prepararle el biberón. Se enojó aun más cuando me fui para sacar del refrigerador uno de los biberones que
había hecho anoche. Mientras pasaba el biberón por agua caliente, regresé la vista a la pequeña. Se estaba tirando la
oreja izquierda. Nunca tiraba de sus oídos.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté, la miraba confundido.

Siguió tirando y giró la cabeza hacia ese lado para presionarse contra el columpio como si estuviera…

—Mierda —maldije.

Cerré el agua y dejé el biberón en el fregadero antes de abrir el gabinete y encontrar el termómetro digital. Por favor no,
joder.

—Por favor, no estés enferma —dije, arrodillándome frente a ella y sosteniendo su oreja derecha para meter el
termómetro.

Ella hizo una rabieta enorme durante los pocos segundos que tardó la lectura. Sabía que no era tan certera como
podría haber sido, pero su oído funcionaría bien. No quería traumatizar a la pobre niña haciéndolo de la manera más
certera. Bueno, tampoco quería traumatizarme yo.

Miré la lectura e hice una mueca.

—39.2 grados..., joder —suspiré—. Ahora ya sé por qué estás enojada.

La cargué de nuevo e intenté pensar. Tirar de su oído probablemente significaba que tenía una infección en el oído.
Probablemente pero, ¿y si no era tan simple? Mierda. Estaba seguro de que si estaba enferma era por mi culpa. Solo
Dios sabía qué tipo de gérmenes traía a casa cada día.

—Lo siento —dije, besando su cabeza mientras me movía de un lado a otro.

El movimiento era tranquilizador. A ella le gustaba cuando me movía alrededor con ella, aunque no se estaba
calmando. No es que esperara que lo hiciera. Ella estaba sufriendo, y me sentía jodidamente mal por eso. No quería
que Pequeña sufriera.

De repente alguien empezó a tocar mi puerta. Los gritos de dolor de Pequeña probablemente despertaron a mi vecino
de al lado, o a Chica Nueva. ¿Estaba mal rezar porque fuera Chica Nueva?

Cuando abrí la puerta suspiré aliviado. Era Chica Nueva. Nunca había estado tan feliz de ver a alguien, jamás.

—Está enferma —dije—. Entra por favor.

Frunció el ceño entrando por la puerta.

—Oh, no. ¿Qué crees que sea?

—De verdad espero que sea una infección en el oído, pero no sé. Ahora me siento jodidamente terrible. Traigo a casa
con ella todo tipo de gérmenes.

—Los bebés se enferman, Edward —dijo, acercándose a mi sofá para sentarse—. Y un montón de bebés contraen
infecciones de oído.

Me mecí con Pequeña.

—Sí, pero ¿y si no lo es?


—Pues la vas a llevar al pediatra, ¿no?

—Creo que la llevaré a emergencias y llamaré a mi papá.

Me miró con simpatía, frunciendo el ceño.

—¿De verdad necesita ir a emergencias, Edward?

Me encogí de hombros.

—No sé… ¿Quizás?

—¿Puedo cargarla?

Le pasé gentilmente a la niña que seguía llorando y corrí de regreso a mi habitación para buscar mi celular. Marqué el
número de papá, él sabría qué hacer; si debería llevarla a emergencias o esperar hasta en la mañana para llevarla al
pediatra. Solo que…, estaba jodidamente asustado. No sabía por qué, pero lo estaba. Con todo lo que no podría, o
todavía no sabía si podría, ofrecerle a Pequeña, esto era algo que debería haber sido capaz de manejar fácilmente. De
verdad, era un jodido doctor. Pero en este momento, cuando debí haber estado centrado, no fue así. Era una maldita
canasta llena de preocupación.

—¿Edward? —respondió papá—. Son las dos de la mañana. ¿Qué pasa?

—Está enferma —dije.

—¿Sofía?

—¿Quién demonios más si no?

—De acuerdo, cálmate. Los bebés se enferman. ¿Qué tiene?

—Tiene 39.2 grados de fiebre, está llorando sin parar y la vi tirando de su oreja.

—Entonces probablemente es una infección de oído, hijo. Dale algo para la fiebre y el dolor, y llama a su pediatra en la
mañana. Probablemente le darán antibióticos.

—¿No debería llevarla a emergencias? —pregunté caminando alrededor de mi habitación.

—No. Tienes Tylenol para niños, ¿verdad?

—Sí, ¿pero estás seguro que debería dárselo?

—Sí, hijo. ¿Sabes cuál es la dosis?

—Sí.

—Entonces dáselo. Le ayudará con la fiebre y el dolor.

—No sé —dije, pasándome la mano por el cabello—. Quizás debería llevarla a emergencias para estar seguros.

—No necesita ir a emergencias.

—¿Puedes venir?

—Hijo, escúchame, estará bien. Llama a primera hora de la mañana y haz una cita con su doctor para que la revise lo
más pronto posible. No necesitas que yo vaya.

Suspiré.

—Estoy…, preocupado.

—Ya me di cuenta —se rió entre dientes.

—¿Por qué te estás riendo?

—Porque suenas como yo la primera vez que Rosalie se enfermó. Yo sí la lleve a emergencias, pero no lo necesitaba.
También tenía una infección en el oído. Te lo prometo, Edward, todo saldrá bien.
—Pero no ha dejado de llorar y no es su llanto de siempre. Está gritando de dolor.

—Sé que es así como parece, pero estará bien. Dale el Tylenol.

Me pellizqué el puente de la nariz.

—De acuerdo.

—Bien. Ahora buenas noches. Llámame mañana para que me digas que dijo su doctor. Haré que alguien te cubra.

—Gracias, lo haré. Perdón por despertarte.

—No pasa nada.

Después de darle la medicina a Pequeña, solo la cargué. Eventualmente se quedó dormida en mis brazos, por lo cual
me sentía agradecido. El llanto empezaba a ser doloroso para mí.

—Puedes irte si quieres —le dije a Chica Nueva, que estaba sentada junto a mí en el sofá—. Estoy seguro de que
tienes que trabajar mañana.

—Sí —dijo—, pero me puedo quedar.

Sacudí la cabeza.

—Está bien, aunque gracias por venir.

Sonrió.

—Sonaba como si necesitaras ayuda.

Bufé.

—¿Cuándo no la necesito?

—Todos necesitamos un poco de ayuda a veces, y en realidad no hice nada esta vez.

Me encogí de hombros.

—Viniste, así que yo diría que eso ya es algo.

—Pues supongo que no fue nada —se rió suavemente—. Se ve mucho más pacífica.

Bajé la vista a la durmiente pequeña. Sí que se veía pacífica.

—¿Por qué siento que acabo de tener un ataque al corazón?

—Porque estabas muy preocupado por ella. Estoy segura de que eso es muy normal. La amas, y no quieres que sufra.
Es dulce.

—Yo uh…, ¿la amo?

Me miró con una ceja alzada.

—Eso parece, con toda la preocupación y esa obsesión.

—¿Es obvio?

Rodó los ojos y se rió.

—¿Para mí? La cosa más obvia del mundo.

—Ella es…, importante para mí, creo. Sé que me preocupo por ella, pero creí que..., ya sabes, me daría cuenta cuando
la amara.

—El amor es algo intrincado.


—¿Crees que ella me ama a mí? —pregunté, levanté la vista y la encontré sonriendo.

—Creo que definitivamente te ama —dijo, acariciando la mejilla de Pequeña—. Eres su papi.

—Qué afortunada ella —me reí rodando los ojos.

—Muy afortunada —me dijo—. Eres un buen papá, incluso si no puedes verlo.

—Estoy muy feliz de que no me conocieras antes de tenerla a ella.

—No creo que importe cómo eras antes. Lo que importa es cómo eres ahora. Y justo ahora, creo que eres un tipo
genial porque diste la cara. Cambiaste por ella.

—¿Puedo preguntarte algo?

Dobló las piernas debajo de ella y asintió.

—Claro.

—¿Por qué tu papá tuvo que dar la cara?

Se mordió el labio y suspiró.

—Te dije que mi mamá murió.

—Sí, ¿pero por qué tuvo que dar la cara? Él ya estaba ahí, ¿no?

Sacudió la cabeza.

—Mi papá no supo de mí hasta que tuve cuatro años. Servicios sociales lo llamaron después de que mi mamá murió.
Ella puso el nombre de él en su testamento, en caso de que algo le pasara.

—Maldición, lo siento.

Parpadeo rápidamente; estaba empezando a llorar.

—No me gusta hablar de eso, ¿sí?

—Sí, no, claro, entiendo. Lo siento por sacar el tema.

—Era una pregunta razonable después de un comentario como ése —dijo limpiando su mejilla.

—Supongo que ya veo porque tú, uh, querías ayudar.

Asintió.

—Conozco ambos lados de la historia; el tuyo y el de ella. Viví el de ella y miré el tuyo. Si puedo ayudar, entonces quizás
eso ya sea algo.

—Eres una gran ayuda, Bella.

Sonrió, y me di cuenta que me gustaba verla sonreír. Me agradaba Chica Nueva, y no solo porque estaba buena. Era
una buena persona y me aguantaba, aunque yo no lo hacía. Ella era una…, amiga. Tenía una amiga mujer.

¿Qué tal iba con ese progreso?

Yo sé que muchas quieren ver más acción entre ellos, no se preocupen, ya no faltan muchos capítulos para que
Edward vea a Bella como algo más que solo su amiga ;)

¡Gracias a todas por sus reviews! ^^

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*Chapter 10*: Found Out
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a mi beta Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 10: Descubriendo

En realidad Pequeña sí tenía una infección de oído. La mañana siguiente su pediatra me lo confirmó y me dejó verlo
por mí mismo. No quería creerlo ya que no estaba resfriada, pero ahí estaba, inflamación con ese color rojo enojado.

—Solo mezcla la amoxicilina con una onza de fórmula — dijo Maggie, la pediatra de Sofía—, debería tomársela más
fácil de ese modo.

Mecí a Pequeña que seguía llorando por la tortura a la que la habían sometido.

—¿Y si no funciona?

Levantó la vista del historial y me sonrió con simpatía.

—Tiene que tomarla. Si no le gusta con la fórmula, tendrás que echársela en la garganta—dijo—, aunque creo que no
te va a gustar su reacción.

Rodé los ojos sobando la espalda de Pequeña.

—¿Eso crees?

—Lo siento, Edward.

—¿Qué puedo hacer para el dolor?

—Sigue dándole el Tylenol o altérnalo con el ibuprofeno, es tu decisión. A algunos bebés les gusta un trapo cálido, no
caliente, en su oído. Los tranquiliza.

Asentí.

—¿Algo más?

—Inclina el colchón poniendo una almohada entre el colchón y el marco. Eso aliviará un poco de presión cuando esté
dormida.

—Bien, puedo hacerlo.

Arrancó la receta del recetario y me la dio.

—Termina el tratamiento, ¿de acuerdo?

—Soy doctor, sabes —le dije—. ¿Y estás segura de darle antibióticos?

—Sí, Doctor Cullen. Queremos desinfectar esto lo más rápido posible. No le doy antibióticos solo para darle medicina,
los necesita.

—Sí, sí, lo sé. Solo quería asegurarme.

Sonrió y se puso de pie, acomodando su estetoscopio y moviendo, convenientemente, su blusa para mostrar escote.
Miré, no mentiré diciendo que no lo hice. Si esto era todo lo que podía conseguir ahora, el escote de una pediatra, lo
tomaría.

—Llámame si tienes más preguntas —dijo.

Cuando se fue metí de nuevo a Pequeña a su porta bebé y besé su frente. Todavía seguía enojada, pero ya no lloraba.
—¿Viste eso? —le pregunté sonriendo—. Sí, todavía tengo el toque.

Pasé la tarde con Pequeña en mis brazos o en su porta bebé junto a mí. Le gustó el trapo cálido en su oído.
Probablemente le recordaba a cuando le daba un baño, el cual sí le di aunque no lo necesitaba. Estaba jodidamente
aliviado cuando se tomó la amoxicilina con la onza de fórmula. Ni siquiera pareció darse cuenta de la diferencia. Solo
se lo bebió, y luego bebió más fórmula normal. No tanto como siempre, pero no podía culparla. Yo también me negaba
a comer cuando estaba enfermo. La hija igual al padre, supongo.

—¿Sabes qué extraño hoy? —le pregunté, ella me miraba adormilada—. Trabajar. Amo mi trabajo. Si no, ya sabes, te
amara a ti también, estaría enojado. —Bostezó y estiró sus manitas para acomodarse en mis brazos—. Pero me
necesitas así que aquí estoy.

Poco después se quedó dormida, y la acosté en la cuna para poder conseguir yo mi propio descanso. Estaba
jodidamente cansado después de pasar toda la noche despierto con ella. Dejé el monitor para bebé junto a mí cuando
me acosté luego de programar la alarma a las cuatro; a esa hora era su siguiente dosis de medicina.

Aunque Sofía no me dejó tomar una siesta. Se despertó llorando otra vez a los veinte minutos, pero en cuanto la tuve en
brazos dejó de llorar y se durmió. Juraba por Dios que la pequeña intentaba matarme. La llevé a la sala conmigo y me
acosté en el sofá. Ella siguió dormida cuando la acosté sobre mi pecho.

Me quedé despierto con ella, luchando contra la jodida necesidad de dormir hasta las cuatro. Pequeña no estaba feliz
conmigo por despertarla para tomar su medicina, pero sí se la tomó, aunque no sin una rabieta.

—Sé que no te gusta, pero tienes que tomarla —dije, pasando la punta del biberón sobre sus labios fruncidos—. No
quieres experimentar la otra alternativa, y yo no quiero hacerte eso.

Después de que se tomó la medicina intenté darle un biberón normal, pero se negó. En realidad empezó a gritar
cuando intenté convencerla de que abriera la boca de nuevo. Eventualmente lo dejé de lado y me recosté otra vez con
ella. Al parecer ella solo quería seguir durmiendo.

Me desperté de repente por el sonido de alguien tocando mi puerta. Sofía seguía profundamente dormida en mi pecho.
La sostuve contra mí cuando me levanté, y caminé hacia la puerta. Estaba exhausto y hubiera estado enojado si
hubiera sido alguien más, pero el ver a Chica Nueva cuando abrí la puerta me despertó de inmediato y puso una
sonrisa en mi rostro.

Traía comida, después de todo.

—Supuse que no cocinarías esta noche —dijo con una cálida sonrisa y sus ojos se enfocaron en la pequeña que tenía
en brazos.

—Estás en lo correcto en esa suposición —dije—. Entra.

Chica Nueva entró y dejó la cacerola en el mostrador de mi cocina mientras yo acostaba a pequeña en su sillita
saltarina. Afortunadamente no lloró en el momento en que dejó mis brazos. Se quedó dormida, viéndose tranquila.

—¿Dónde tienes los platos? —preguntó Bella cuando entré a la cocina.

—En el gabinete que está sobre ti —dije, abriéndolo para ella antes de sentarme en un taburete.

—¿Cansado? —preguntó. Abrió tres cajones antes de encontrar los cubiertos.

—Exhausto —dije—. Me tuvo despierto toda la noche.

—Estaba dormida cuando me fui. ¿Se despertó de nuevo?

Asentí mientras ella servía el…, no estaba exactamente seguro de qué era lo que salía de la cacerola.

—Es comprensible. Tiene una infección de oído bastante mala.

—Aww, pobrecita. —Frunció el ceño, dándome el plato y un tenedor—. Es pastel de carne, ¿está bien?

—Comeré cualquier cosa —dije, tomando un bocado.

Me miró mientras masticaba, mordiéndose el labio. Quería reírme. Se sentía nerviosa porque no fuera a gustarme.
—Está delicioso —dije, haciéndola sonreír.

—Me alegra que te guste, Edward. Es algo así como…, mi comida de consuelo.

—Malditamente buena comida de consuelo —me reí—. ¿Alguna razón por la que hayas hecho esta comida de
consuelo?

—Creí que podrías necesitarla. Estabas bastante alterado anoche.

—Yo, uh…, estaba preocupado por ella.

Asintió, trayendo un plato y sentándose junto a mí.

—Ella va estar bien, ¿verdad?

—Sí, está tomando antibióticos, solo tengo que seguir dándole el Tylenol para el dolor y la fiebre. La fiebre no está muy
mal ahora.

—Qué bien. —Sonrió—. Oye, míralo de esta manera, ¿qué mejor padre que un doctor cuando estás enfermo?

Me reí.

—No estoy seguro de que sea algo bueno. Una molesta perra llamada "lo peor que puede pasar" sigue apareciendo
en mi cabeza.

—Pero estará bien. Tú lo dices.

Asentí mientras seguía comiendo.

—Entonces, ya viene el verano, ¿verdad?

—Estamos a mitad de mayo —bromeó.

—Ya no vas a trabajar, ¿no?

—Sí, así es. Dos meses completos sin nada que hacer… Voy a terminar limpiando la casa de mi papá, lo sé.

—¿Por qué?

—Porque él nunca tira nada, y cuando tengo tiempo libre, limpio. Mi apartamento quedará impecable en cuanto la
emoción de no tener que trabajar se termine.

—¿Quieres limpiar el mío? —Sonreí, esperando convencerla.

—No, gracias. Y parece que tú solo te las arreglas bien.

—Maldición.

Mientras comía otro bocado Pequeña empezó a gritar. Me moví para levantarme, pero Bella me detuvo.

—¿Puedo? —preguntó.

Sonreí.

—Sí, gracias.

Terminé mi plato cuando Chica Nueva trajo a Sofía a la cocina. Pequeña tenía recargada la cabeza sobre el hombro de
Bella y sus ojos enfocados en mí.

—Creo que está mojada —dijo cuando yo me limpiaba la boca.

—No me sorprende. Dame —dije, extendiendo las manos—, déjame ir a cambiarla.

—¿Ya acabaste de comer?

—Sí, y estuvo delicioso. Gracias —dije, tomando a mi hija—. ¿Quieres quedarte un rato? ¿Quizás ver una película?
Tengo una enorme colección.

Se mordió el labio y asintió antes de que una sonrisa apareciera en su rostro.

—Me encantaría.

—Elige una, están en el gabinete junto a la televisión.

Después de cambiarla chequé la temperatura de Pequeña. Tenía 38 grados, eso ya era algo bueno. Desearía que
fuera más baja, pero tenía que esperar a que los antibióticos hicieran su trabajo. La cargué de nuevo y ella movió su
mano a mi nuca para agarrar mi cabello. No me lo jaló así que la dejé hacer lo que quisiera. De todas formas lo soltó
con rapidez.

Cuando regresamos a la sala Chica Nueva seguía eligiendo una película. Sus dedos acariciaban las cajas de cada
película mientras leía los títulos.

—¿Encontraste algo? —pregunté, acostando a Pequeña en su sillita saltarina.

—No creo que tengamos los mismos gustos en películas —dijo sacando una.

—Mierda —dije, quitándosela—, fue un regalo de broma, lo juro.

Intentó esconder su risa.

—Estoy segura de que sí.

—No necesito porno, mujer.

Ella asintió sonriendo.

—No te estoy juzgando.

Iba a matar a Emmett la próxima vez que lo viera, y probablemente luego me mataría yo por ponerla ahí.

Después de tirar el viejo, lo juro por Dios, regalo de broma, regresé para encontrar a Chica Nueva poniendo una
película en el reproductor. Cuando le pregunté qué había elegido solo me dijo que mirara. Me senté en el sofá, y ella se
sentó más cerca a mí que al otro brazo del sillón. Su rodilla estaba cerca de mí, tocándome mientras presionaba
algunos botones en el control remoto.

No me molestaba.

—En realidad me sorprendió encontrar esa película — dijo mirándome—. No pensé que fueras del tipo de películas
animadas.

Mierda, había encontrado Happy Feet, ¿verdad? Me di cuenta que ya no debía seguir aceptando películas de regalo, y
de verdad no debía ponerlas en el gabinete. ¿Por qué no pudo haber elegido Transformers o alguna mierda así?

Como había esperado, el menú reveló que sí había elegido Happy Feet. Gemí cuando empezó. Cuando la miré me di
cuenta que estaba sonriendo.

—¿Te gusta esa película? —le pregunté cuando bajaba el volumen para no despertar Pequeña, que estaba durmiendo
otra vez.

—Sí —dijo—. ¿A ti no?

—Fue un regalo…, de mi mamá. Ella pensaba que estaba siendo graciosa.

—¿Entonces no la has visto?

Sacudí la cabeza.

—Me sorprende que no tuviera puesto el envoltorio.

—Pues no lo tenía. Y creo que te gustará, es linda. Probablemente deberías acostumbrarte a este tipo de películas.
Sofía las amará.
—¿Entonces no sería buena idea ver Saw con ella?

Se quedó boquiabierta.

—¡No! Si alguna vez la haces ver eso, yo personalmente te reportaré por abuso infantil.

—Qué salvaje. Estaba bromeando —me reí—. Y no estoy seguro de que eso sea considerado abuso infantil, para que
sepas.

—Debería serlo. Ese tipo de películas son horribles.

—¿No te gustan las películas de horror?

Sacudió la cabeza.

—No, para nada.

—Maldición. Entonces yo debí haber elegido la película. Podríamos haberte hecho superar esa aversión.

—Me hubiera ido —dijo—. Ahora mira los pingüinos bailarines e imagina tu futuro.

Los pingüinos bailarines no estuvieron tan horribles. Bueno, no fueron geniales, pero sobreviví. Al parecer Chica Nueva
tenía una cosa con los pingüinos porque amó la película. Obviamente no era la primera o segunda, posiblemente
tercera vez que la veía. Incluso Pequeña decidió despertarse a verla, no es que en realidad entendiera ni una maldita
cosa. Se recostó contenta en los brazos de Chica Nueva.

—Es hora de más Tylenol —dije, poniéndome de pie y estirándome luego de ver el reloj.

—Está actuando mucho mejor —dijo Bella pasando los dedos por las mejillas de Sofía.

—Sí, pero tiene sus momentos. Cuidado con el cabello.

—Ah, te jaló el cabello —se rió suavemente—. Supongo que eso es lo que pasa cuando tienes cabello loco.

—Oye, me gusta mi cabello, muchísimas gracias.

—No dije que a mí no.

Sonreí.

—Te gusta mi cabello.

Se sonrojó y se mordió el labio.

—Ve por la medicina de tu hija.

No estaba muy conforme con dejar a Pequeña en la guardería estando ella enferma, así que mamá aceptó cuidarla.
Era eso o no ir a trabajar, y papá no estaba muy de acuerdo con esa opción.

—Ya que no se siente bien últimamente ha estado durmiendo mucho —le dije a mamá—. También ha estado con
muchos cambios de humor.

—No la culpo —dijo mamá besando la mejilla de Sofía—. Pobrecita.

—Sí, no me gusta verla así.

Ella levantó la vista y sonrió.

—Es porque la quieres, y no te gusta verla enferma.

—Lo sé.

Alzó una ceja.

—¿Lo sabes?
—La amo, ¿bien?

Sonrió y lanzó un brazo alrededor de mi cuello, casi aplastando a Pequeña entre nosotros.

—Sabía que lo descubrirías. Es algo más, ¿no? — preguntó apartándose. —El amor por un hijo.

—Es…, diferente, pero es un buen sentimiento.

—Uno de los mejores sentimientos del mundo. Solo espera hasta que ella te lo pueda decir. Lo juro, cariño, tu corazón
se inflará.

Me pasé una mano por el cabello y sonreí.

—Mi vecina piensa que Pequeña también me quiere.

—Pues tu vecina es una mujer inteligente, porque sí te quiere. Esta niñita ama a su papi. —Sonrió, regresándome a
Sofía.

Besé la mejilla de Pequeña y le susurré que la amaba, probándolo. Todavía me parecía un poco extraño decirlo. Quiero
decir, lo descubrí apenas hace dos días, y no fui yo quién lo hizo, Chica Nueva me ayudó. Pero para ser honesto, el
amor era la única manera de describir lo que sentía por Sofía. Parecía ser…, correcto.

—Vendré por ella cuando salga —dije, entregándosela a mamá—. Llámame si tienes algún problema, o si su fiebre
aumenta.

—Lo haré —dijo.

—Y asegúrate de darle sus medicinas a tiempo.

—Ya me dijiste cuando le tocan. Lo haré, Edward. He cuidado bebés enfermos antes.

—Bien, bueno te veo más tarde. Gracias.

—De nada. ¡Qué tengas un buen día!

Estaba de pie en la estación de enfermería cuando vi a dos enfermeras mirándome. Giré la cabeza y ellas apartaron la
vista. Regresé la atención a mi historial, y escuché sus suaves susurros, pero no podía descifrarlos. ¿Qué carajo? Miré
de nuevo y vi a una con la boca abierta.

—¿Pasa algo? —pregunté.

La otra sacudió la cabeza.

—Nada en absoluto, Doctor Cullen.

Ladeé la cabeza.

—¿Algún jugoso chisme nuevo?

Ellas siguieron sacudiendo las cabezas mientras yo cerraba el historial y me iba. Estaba… ,bueno, tenía una jodida
curiosidad. Quería saber qué era lo que estaban diciendo de mí, y estaba seguro que Jasper lo sabría. Entré al
elevador y subí a la Unidad de Cuidados Intensivos para buscarlo. Lo encontré sentado y revisando algunos historiales.

—¿Qué se traen con ese chisme sobre mí? —pregunté.

Levantó la vista.

—Yo no lo llamaría chisme ya que es verdad.

—¿Qué?

—Jessica te vio con Sofía cuando salías de la oficina de su pediatra. Estaba haciendo un encargo.

Mi rostro decayó.

—¿Me estás diciendo que todos saben que tengo una hija?
Asintió.

—Pero en serio, Edward, ¿creíste que podrías esconderlo?

Dejé caer la cabeza sobre el mostrador y gemí. ¿Creí que podía esconderlo? Pues no, pero sí creo que mis asuntos
privados deberían permanecer privados. Ya podía escuchar los rumores sobre cómo la jodí, sobre quién sería la mamá
de Sofía.

—No te preocupes por eso, hombre —dijo Jasper—. Oye, ahora puedes presumir con otros todo lo que ella hace —se
rió.

—No "presumo".

—También algunas mujeres encuentran atractivos a los padres.

—Ya sabía eso, pero gracias.

Sonrió.

—No dejes que te afecte. Debes estar, ya sabes, orgulloso.

—¿Orgulloso de que embaracé a una chica de veintidós años y tengo una hija bastarda?

—Amigo.

—¿Orgulloso de que tengo una hija a la que amo?

—Exacto. Ahora ve con esas mujeres chismosas y enséñales una foto de Sofía y de ti. Estarán tan abrumadas al punto
del desmayo que ni siquiera pensarán en su procedencia —se rió.

Lo señalé y sonreí.

—Buena idea. Usarlo para mi ventaja.

—Solo no lo uses para llevártelas a la cama. Ahora intenta cambiar, jovencito.

—¿En serio? ¿Jovencito?

Jasper sonrió.

—Solo déjame en paz, tengo trabajo de verdad que hacer.

Yo sé que todas deseamos ver que la relación de Edward&Bella avance un paso más, pero todo a su tiempo. Para que
vean que no soy mala les diré que eso que tanto quieren leer sucederá en el capítulo 13 ;)

¡Gracias por sus comentarios! :D

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Zanzamaru, bellaliz, Tattys, JusticeCullen, Gabriela Cullen, Manu Twifics, Danii Belliner Cullen, solecitopucheta,
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*Chapter 11*: Food For Thought
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a mi beta Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 11: Comida por tus pensamientos

—No mamá —dije, cargando a Pequeña.

Ya que todavía no quería regresarla a la guardería, mamá seguía cuidando a Sofía por mí. Ya que era viernes y estaba
mejorando mucho, planeaba regresarla a la guardería el lunes, incluso aunque seguía tomando antibióticos. Llamé y
dijeron que podían acomodarse siempre y cuando ya no tuviera fiebre.

—¡Oh, vamos, Edward, será divertido! —dijo intentando darme el folleto.

—No voy a tomar una clase de Mamá y yo. No soy una mamá.

—Eso no importa. También los papás pueden ir —dijo—. Es divertido, cariño, te lo prometo. Yo las tomé con Rosalie.

—No tengo tiempo.

Me forzó a tomar el folleto.

—Encuentra el tiempo. Solo escoge un día que estés libre y revisa si tienen algún lugar libre. Es solo una hora.

—Bien —suspiré. En realidad no planeaba ir.

Sonrió.

—Qué bien. Sofía lo disfrutará.

—Sofía disfruta chupar mi dedo, bañarse y comer. No veo razón por la que tenga que ir a una clase para que disfrute.

Me miró con los ojos entrecerrados.

—Los únicos lugares que ve con regularidad son tu apartamento, la guardería y aquí. Ni siquiera la llevas a la tienda.
Todos en el trabajo lo saben, ¿no?

Rodé los ojos.

—Sí.

—Entonces no tienes excusa para esconderla. Ve a la clase, Edward, saca a tu hija a diferentes lugares.

—Lo haces parecer como si estuviera avergonzado de ella.

—Prueba que no lo estás.

Me metí el folleto a la bolsa de la chaqueta y me pasé una mano por el cabello.

—De acuerdo, iremos, pero puede que nunca volvamos a ir.

—Solo inténtalo. Hazlo por ella. —Sonrió—. Y por mí.

—No es como si pudiera negarte algo —dije sonriendo.

Se paró de puntillas a la vez que yo me agachaba para dejarla besarme la mejilla.

—No, no puedes.

Ya que Pequeña se sentía mejor, papá decidió ponerme de regreso en guardias. La verdad, probablemente fue Emmett
y sus malditas quejas los que lo obligaron a hacerlo. Así que por este fin de semana tenía que estar listo para regresar
al hospital si me llamaban.

—Entonces, tú podrás cuidarla, ¿cierto? —le pregunté a Bella que estaba jugando con Sofía en el piso de mi
apartamento.

Acabábamos de cenar juntos otra vez. En realidad ésta era la cuarta noche consecutiva. Amaba jodidamente su
comida.

—Supongo, pero mañana tengo planes con Alice —dijo.

—No en la noche, ¿verdad? Solo te necesitaré en las noches.

Alzó las cejas.

—Um…, bien. Supongo que puedo hacerlo.

Sonreí.

—Genial, gracias.

—Entonces, ¿hoy y mañana en la noche debo estar lista para recibirla a cualquier hora?

Asentí.

—Y el domingo en la noche. Estás bien con eso, ¿cierto?

Sonrió un poco.

—Uh, claro. Me gusta pasar tiempo con Sofía.

Le hice cosquillas a Pequeña en la pancita, haciéndola reír.

—Me alegra —dije—. Oye, ¿hay alguna manera de que puedas cuidarla el siguiente fin de semana? Bueno, solo el
sábado.

—¿También tienes que trabajar el siguiente fin de semana?

Sacudí la cabeza.

—No, pero mis padres van a renovar sus votos. Preferiría no llevarla conmigo.

—Oh, me alegro por ellos. Llegarás a casa en la noche, ¿verdad? ¿No será toda la noche?

—No es como si llevara una cita —suspiré—. Sí, llegaré a casa luego de que todo termine. Antes de las diez estoy
seguro.

—Bien, puedo hacerlo.

—¿Tenías planes para esa noche?

Sacudió la cabeza.

—No, solo tenía…, curiosidad.

—¡Genial! Eres la mejor, Bella.

Se sonrojó un poco y giró la cabeza de nuevo hacia Pequeña para jugar con ella de nuevo.

Afortunadamente no me llamaron el viernes en la noche. Pequeña y yo pasamos esa tarde solos luego de que Bella se
fue al otro lado del pasillo, aunque me dejó las sobras. Me di cuenta de que dependía completamente de ella para la
comida. Yo no era buen cocinero. En realidad ni siquiera me acercaba a eso, y dudaba tener siempre a Bella para que
me cocinara.

—Probablemente vas a terminar desnutrida —le dije a Sofía. Ella me miraba comer las sobras mientras estaba en su
sillita saltarina a mis pies—. Será eso o siempre comida rápida, y terminarás siendo obesa. Pero siendo yo un buen
doctor no puedo permitir ninguna de esas opciones.

Ella abrió la boca, riéndose y soltando su chupón.

—En realidad eso no fue gracioso —me reí, agachándome en el sofá para levantar el chupón de su pecho. Hizo
gorgoritos y lo aceptó de nuevo, levantando una mano para tocarlo—. Lo que intento decir es que debería aprender a
cocinar. Pronto vas a empezar a comer comida para bebé y cereal, pero con el tiempo tendré que cocinar para ti.

Pateó sus piernecitas y batió los brazos como si yo fuera el tipo más gracioso del mundo. Probablemente solo estaba
de humor juguetón.

Después de que terminé de comer me senté en el piso para jugar con ella. Ella estaba dispuesta a jugar, e intentaba
rodar sobre mí. Se estaba volviendo malditamente buena haciendo eso, y también a una edad bastante temprana.

—¿Qué opinas sobre ir de compras? —le pregunté, acariciando su espalda mientras ella levantaba la cabeza y el
pecho del piso—. Mamá dice que no te llevo a otros lugares, así que estoy intentando cambiar eso. Supongo que ir a
correr al parque no cuenta ya que nunca he visto ahí a nadie del trabajo.

Gruñó y se dio la vuelta de nuevo, sonriendo y agitando las manos como si fuera una tortuga acostada sobre su
caparazón, a excepción de que ella estaba feliz. En cierto modo podía volver a ponerse de costado, pero todavía no
dominaba el darse la vuelta de nuevo para quedar sobre su estómago. Aunque estaba cerca.

La cargué y besé su mejilla, haciéndola reír con más fuerza.

—Te gusta eso, ¿huh? —le dije antes de soplarle un beso en la mejilla. Ella se rió de verdad. Una carcajada que la hizo
temblar. Joder, amaba cuando hacía eso.

Luego de asegurar correctamente su porta bebé al carrito, Pequeña y yo empezamos nuestro camino a través de la
tienda el sábado en la mañana. Estaba empeñada en escupir su chupón. Afortunadamente yo era bastante ágil y lo
atrapé antes de que cayera en el asqueroso suelo; si fuera así terminaría en el bote de basura más cercano. Ella
jugaba felizmente con los juguetitos de peluche que colgaban sobre ella. La. Mejor. Adquisición. Del. Mundo. En serio,
toda esa cosa del entretenimiento independiente era jodidamente genial.

—Hola doctor Cullen —dijo una voz femenina captando mi atención.

Me di la vuelta y encontré a la enfermera que un tiempo atrás me daba muffins de pie ahí con una pequeña canasta en
manos. Honestamente, ¿era triste el saber que no podía recordar su nombre? No era como si trabajara mucho con
ella. Conocía los nombres de mis enfermeras pero era más que nada porque no quería ser un cabrón y decirles
enfermeras. Solo veía a la Enfermera Muffin si ella estaba trabajando cuando me tocaba asistir en su piso. No parecía
necesario aprenderme su nombre.

—Hola —dije, fingiendo como un experto.

—Vaya, ¿entonces los rumores son ciertos? —preguntó mirando a Pequeña—. ¡Es adorable!

Sonreí con orgullo. Era jodidamente adorable.

—Gracias.

Se acercó y le hizo cariñitos a Sofía, que soltó de nuevo su chupón y sonrió su sonrisa desdentada.

—¿Cuál es su nombre? —preguntó.

—Sofía.

—¡Aww, es precioso! ¡Es la niña más linda del mundo! —dijo, haciéndole cosquillas a Pequeña en su pancita.

Quería reírme ante el hecho que Pequeña no se rió. Si Bella o yo lo hubiéramos hecho estaría riéndose como loca. En
realidad empezó a ponerse renegona e inquita.

—Oh, supongo que está irritable —dijo la Enfermera Muffin.

No, quizás solo no le caes b ien, pensé, sonriendo para mí.

—Sí, probablemente —mentí.


Dejó en paz a Sofía y se giró hacia mí.

—Hace unos días te llevé algo al trabajo, pero dijo Jasper que pediste permiso.

—Infección de oído. Ella me necesitaba en casa.

Se mordió el labio, pero no era tan…, no sé, no era tan entrañable como lo que hacía Bella. Cuando Enfermera Muffin lo
hacía se veía extraño.

—Fue muy…, dulce de tu parte el haberte quedado en casa con ella —dijo.

Me encogí de hombros.

—No tenía otra opción.

—¿Irás el lunes?

—Sí.

Sonrió.

—Entonces supongo que tendré que agregar unas cosas a mi lista. Te llevaré muffins.

Obviamente había algo mal conmigo. No quería sus moffins o cualquier otra cosa que me ofreciera. ¿Qué jodidos
estaba mal con mi polla? ¿Es que acaso todavía funciona correctamente? Enfermera Muffin estaba buena. Tenía lindas
tetas —copa D, en realidad—; la blusa con escote que estaba usando las enseñaba perfectamente. Ya que recoger
chicas en los bares estaba fuera de cuestión, una enfermera debería estar bien. Mi polla debería estar rogándome,
pero no era así. Estaba rota. Mi polla…, mi parte favorita de mi cuerpo…, estaba rota. Todo por una niña que,
aparentemente, me había convertido en una chica.

Eran épocas de tristeza para mi polla.

—Suena bien —mentí—. Gracias.

Me sonrió y se fue, resonando sus tacones sobre el piso.

Me giré hacia Pequeña y fruncí el ceño.

—Te amo, pero tú tienes la culpa de esto.

Se rió y agitó un juguete en mi dirección antes de seguir con nuestras compras.

A causa de mi suerte fui llamado esa misma noche del hospital para atender un posible caso de apendicitis. Junté las
cosas de Pequeña y las metí a la pañalera antes de sacar la cuna portable del armario y sacarla a ella de su sillita
vibradora.

—Por favor, no te portes mal con Bella —dije—. Necesito que acepte cuidarte otra vez.

Puso la manita a mi boca y se rió. Suspiré y la quité, besándosela y haciéndola reír más mientras yo sonreía. El que
ella estuviera feliz de nuevo me hacía sentir menos como un caótico desastre. Yo me empezaba a volver loco con esas
mierdas, así que era bueno que se estuviera sintiendo mejor.

Cuando abrió la puerta, Bella sonrió simpáticamente.

—¿Te llamaron? —preguntó.

Asentí.

—El apéndice de alguien está a punto de explotar, así que probablemente debería irme.

Estiró los brazos y me quitó a Sofía.

—¿Cuánto crees que tardarás?

—Unas cuantas horas si en realidad es apendicitis. Regresaré durante la noche. ¿Quieres que pase por ella en la
mañana?
—Um…, mándame un mensaje para ver si sigo despierta. ¿Qué hay de su medicina?

—Ya le di su última dosis del día —dije, dejando la pañalera en su sofá—. Probablemente le dará hambre en unas dos
horas. Aparte de eso, acuéstala luego de darle de comer y, con esperanza, se quedará dormida. Te daré mi número
celular por si tienes algún problema para que puedas llamarme. Te regresaré la llamada en cuanto pueda.

Luego de poner la cuna en su sala e intercambiar números de teléfono, dejé solas a Bella y Sofía. Esperaba
jodidamente que Pequeña se portara bien con ella y no le causara problemas. O, ya sabes, que no le jalara el cabello
porque esa mierda dolía.

Llegué a casa cerca de las tres de la mañana y le mandé un mensaje a Bella como dije que haría. Ella no respondió, y
no escuché ningún grito salir de su apartamento, así que asumí que todo estaría bien. Me fui directo a mi apartamento,
puse la alarma para las siete y me quedé dormido en cuanto mi cabeza tocó la almohada.

La mañana siguiente crucé el pasillo y toqué en la puerta de Bella para recoger a Pequeña, pero no respondió. Revisé
mi celular pero no tenía ninguna llamada perdida ni mensajes.

Raro.

Confiaba en Bella, ¿cierto? Parecía ser de confianza, así que en realidad no creía tener nada de qué preocuparme.
Quizás ella y Pequeña seguían dormidas. Si logró mantener a la pequeña dormida después de las seis de la mañana,
su nuevo nombre sería Hacedora de Milagros. También me sentiría celoso y la obligaría a contarme sus secretos. La
niña nunca dormía mucho conmigo.

Casi a las ocho lo intenté de nuevo y esta vez sí abrió la puerta con una sonrisa.

—Nos acabamos de levantar —dijo—. Le estoy preparando su biberón. Entra.

Entré y encontré a Sofía en la cuna, con los ojos bien abiertos y sonriendo.

—¿Durmió hasta las ocho? —pregunté totalmente incrédulo.

—Así es. —Sonrió, agitando el biberón—. Aunque en realidad no se durmió hasta después de la una.

Cargué a Pequeña y presioné los labios en su mejilla.

—¿Te causó problemas?

—En realidad no. Lloró un ratito luego que se dio cuenta de que no ibas a regresar, pero jugamos un rato y se calmó.
Tomó una siesta de una hora a las diez, y luego le dio hambre.

—¿Qué hiciste con ella?

—Solo pasamos el rato. Se portó muy bien, Edward.

Al parecer la expresión de mi cara era muy graciosa porque empezó a reírse cuando estiró las manos. Le di a Pequeña
y se sentó en el sofá.

—Oh —dijo dejando el biberón en la mesita de centro—. Necesita sus antibióticos, ¿verdad?

—En una hora, pero puedes darle de comer ahora si quieres —dije sentándome junto a ella—. Entonces, ¿de verdad
se portó bien contigo?

Sonrió mientras le ofrecía el biberón a Sofía.

—Sí. ¿Es tan difícil creerlo?

—La última vez que la dejé durante la noche le causó problemas a mis padres. Es que… No puedo creer que se haya
portado tan bien.

—Pues así fue. Nos la pasamos bien, ¿huh, Sofía? —preguntó.

—Vaya…, ¿qué demonios hiciste?


Se rió.

—¿Qué?

—Solo estoy…, sorprendido, es todo. Y un poco celoso.

—Quizás es solo que le caigo bien —bromeó.

—Al parecer. —Sonreí—. Eres genial con ella.

—Es una buena niña, Edward. ¡Y es muy divertida! Hasta le leí, y creo que le encantó.

—¿Qué le leíste?

Bajó la vista hacia Pequeña, evadiéndome.

—Cumb res Borrascosas.

—¿Le leíste Cumb res Borrascosas a mi hija?

—Solo un poco.

—Estoy bastante seguro de que eso está sobre su nivel de comprensión —me reí—. Pero si eso es lo que se necesita
para hacerla dormir los fines de semana, lo haré.

—Creo que más bien le gusta cuando la gente le habla.

Sonreí y pasé el pulgar por la mano de Sofía.

—De verdad que sí. Aunque no le gustan las caras graciosas.

Levantó la vista hacia mí y sonrió.

—Sí le gustan mis caras graciosas.

—¿Oh, sí? Veamos.

Sus mejillas enrojecieron mientras se mordía el labio.

—Estaba bromeando.

—No es así. Haz una.

Bajó la vista a Pequeña, sacó la lengua y sacudió la cabeza. Me solté riendo. Sus mejillas enrojecieron más cuando me
vio. Un mechón de cabello le cayó en la cara y alcé la mano para quitarlo. Afortunadamente me di cuenta de lo que
estaba haciendo y me detuve antes de que esta mierda se pusiera incómoda. Ella misma se lo metió detrás de la
oreja, sin siquiera darse cuenta de lo que yo estaba a punto de hacerlo.

—Eso fue uh…, lindo —dije, intentando deshacerme de ese extraño sentimiento.

Rodó los ojos.

—Nunca más volveré a hacer eso, para que sepas.

—Vamos, a Sofía le gustó.

En realidad Pequeña ni siquiera se molestó en dejar de comer así que eso en realidad no probaba nada.

—Veamos las tuyas pues —dijo.

—No, pero solo porque las mías la asustan. Son muy aterradoras.

Se rió suavemente.

—Pues tú pareces ser un chico aterrador, después de todo.

—Completamente aterrador.
Cuando la niña terminó de comer Bella le sacó los gases por mí. La chica era encantadora con mi hija. Era…, mejor
que yo y probablemente incluso mejor que mi mamá. Pequeña la adoraba. Estaba claro por lo feliz que era cuando
Bella jugaba con ella, o incluso cuando solo la cargaba. Se reía muchísimo y nunca se irritaba.

No podía evitar estar de acuerdo con la opinión que Sofía tenía de Bella. El hecho de que fuera tan linda y cariñosa
hacían que me gustara. Ella era real y nada parecida a las otras chicas por las que usualmente me inclinaba. No tenía
duda alguna de que ella sí me enfrentaría por mis mierdas, a diferencia de otras chicas. Ella era un…, reto. Pero no un
reto de "quiero llevármela a la cama". Claro, me sentía atraído por ella; era difícil no estarlo, pero era más que eso.
Quería conocerla mejor.

Todo esto era jodidamente extraño para mí.

—Gracias Bella —dije cuando me regresó a Sofía.

Sonrió.

—De verdad que fue un placer para mí —dijo—. Si me necesitas esta noche, aquí estaré.

—En realidad me preguntaba si podrías ayudarme con algo más esta noche, si no me llaman del hospital más bien.

—¿Oh, sí? ¿De qué se trata?

Ésta era mi oportunidad.

—¿Podrías ir a cocinar otra vez, pero esta vez enseñarme cómo hacerlo?

—¿Enseñarte a cocinar?

Asentí.

—Conozco lo básico, pero no me molestaría aprender cómo demonios es que haces todo tan jodidamente delicioso.

Se rió suavemente.

—Esa oración pudo haber sido hecha sin las maldiciones.

—Sí —me reí entre dientes—, es cierto. Estoy intentando mejorar. Entonces…, ¿lo harás?

Se mordió el labio; eso causaba algo en mí.

—Claro, déjame buscar en mis recetas. Estaré ahí a las seis.

Sonreí.

—Gracias.

—No creo que me vea tan mal —le dije a Pequeña mientras me doblaba hacia arriba las mangas—. Es mejor que la
camiseta de siempre, ¿no?

Ella me miraba detenidamente mientras yo me aseguraba que la camisa de vestir se viera bien. ¿De verdad estaba
intentando impresionar a Bella usando una camisa formal? Sí, así era. Ésta era mi oportunidad para demostrarle que
no era un completo cabrón. Ella me conocía como padre, sí, pero como hombre solo me conocía como el chico con la
puerta giratoria. Si es que estaba considerando en hacer esto, intentando cambiar drásticamente, tenía que mostrarle
que yo era mucho más que eso. Era más que un hombre que se acostaba con muchas y decía joder muy seguido.
¿Será que esto me iba a estallar en la cara? Probablemente sí, pero oye, nunca llegarás a ningún lado si no te
arriesgas. Quería arriesgarme. Quería conocer más a Bella y dejarla a ella conocerme a mí.

Pequeña era la única razón por la que me hablaba. Ella fue mi entrada, pero necesitaría más que una niña bonita. El
asunto con Bella es que ella era diferente. ¿Pensé mucho en ella la primera vez que la vi? Joder, no. Pero ahora, ahora
ya estaba pensando. Ahora la veía más allá de una cara bonita…, y buenos pechos. La forma en que se portaba con
Pequeña; eso era importante. Lo poco que conocía de ella me hacía verla como una persona, no solo una chica. Solo
quería ver más de eso.

—De acuerdo —dije, mirándome una última vez en el espejo y pasándome la mano por el cabello—. Ya estás bañada y
alimentada, tu pañal está limpio, así que intentemos mantenerlo de esa forma por un rato, Pequeña.
La levanté de mi cama y la llevé a la sala, dejándola en el columpio. Se pondría a jugar o se dormiría. Estaba
esperando que se durmiera. En realidad no me importaba siempre y cuando se entretuviera sola.

En cuanto escuché el primer golpe me dirigí hacia la puerta —demasiado rápido en realidad—. La abrí con una sonrisa
y encontré a Bella con dos bolsas de mandado que rápidamente cargué. Ya sabes, siendo yo todo un caballero.

—Gracias —dijo, entrando mientras yo cerraba la puerta.

Se dirigió a la cocina y yo iba detrás de ella. Cuando solté las bolsas empezó a sacar todas las mierdas.

—Te prometo que no es muy difícil —dijo sonriendo—. Haremos pollo parmesano al horno. Creo que te gustará.

—Pues me gusta el pollo y el parmesano, así que empezamos bien —me reí.

—Genial. ¿Pondrías a calentar el horno a 350 grados?

Mientras el horno se calentaba Bella empezó a derretir mantequilla en un sartén. Me dijo lo que estaba haciendo, pero
más que nada yo le estaba prestando atención a ella, no a sus palabras. Era derretir mantequilla, después de todo.
¿Qué tan difícil era eso?

—Bien, mientras yo hago esto, ¿podrías tú poner el pan molido, el queso, tomillo, albahaca, pimienta y sal en un
cuenco por mí? —preguntó levantando la vista.

—Uh…, sí, claro —dije confundido—. ¿Qué es eso exactamente?

—Ya tengo todo medido. Solo vacía todos esos contenedores de ahí —señaló—, en un tazón y mézclalos.

Hice lo que dijo y eché todo junto, mezclándolo hasta que todo estuvo, ya sabes, mezclado. Lo miró y me dijo b uen
trab ajo, aunque estaba bastante seguro que eso era una prueba bastante tonta. Cuando la mantequilla estuvo lista se
acercó y le quitó la tapa a un recipiente, revelando tres muslos de pollo.

—¿Tres? —pregunté.

—Sé que te gustan las sobras —dijo sonriendo y se llevó el recipiente a la estufa—. Trae un plato y el tazón, por favor.

Preparó un muslo, enseñándome lo que tenía que hacer, y luego me dejó hacer los otros. Lo bañaba en mantequilla,
luego le daba vueltas en la mezcla hasta que quedara cubierto. Sencillo. Ella limpió el traste en el fregadero y luego
dejó los muslos en él de nuevo y lo metió al horno.

—¿Ves? —preguntó lavándose las manos—. Fácil, ¿verdad?

—Eso fue bastante sencillo —dije—. ¿Cuánto tardarán en estar listos?

—Entre 45 y 50 minutos. Empezaré con los ejotes en media hora. Esos son ridículamente fáciles de preparar porque
vienen en lata.

Sonreí.

—He preparado de esos antes.

Se rió suavemente.

—Qué bien, entonces esos los haces tú.

Ella se sentó en un taburete mientras yo sacaba una botella de vino. Fue un regalo de cuando compré mi casa de parte
de mamá y papá, pero ahora parecía un buen momento para abrirla.

—¿Gustas una copa? —pregunté.

—¿Y si te llaman a trabajar?

—Solo tomaré la mitad de una copa. No me hará nada.

—Entonces sí, me encantaría una copa. —Sonrió—. Al parecer Sofía está tomando su siesta.

Miré hacia la esquina y encontré a Pequeña dormida en su columpio. Pequeña era buena. Muy buena. Amaba
jodidamente a esa niña. Luego de darle su copa a Bella me senté junto a ella y bebí de la mía.
—Está bueno —me dijo—. Gracias por invitarme.

Bufé.

—Gracias a ti por hacer esto. Necesito saber cómo cocinar para cuando Pequeña sea más grande.

—Probablemente le gustará comer algo más que tus macarrones con queso —se rió.

—¿Y cómo te va en el trabajo? ¿Ya terminó el año escolar?

Asintió.

—El último día para los estudiantes es el viernes. ¿Qué hay de ti?

—Pues va bien, nada interesante que reportar.

Cruzó una pierna sobre su rodilla mientras seguía bebiendo.

—¿Qué se siente ser cirujano?

Sonreí, feliz de que haya preguntado. Era la manera perfecta de demostrarle que no era un completo cabrón. Antes de
que Pequeña llegara sí me preocupaba por otras cosas aparte del sexo.

—Es desafiante y gratificador. La verdad es la única cosa que siempre quise ser. El saber que yo soy la razón de que
alguien vivió, es una sensación que no puede compararse con nada. Siento que he hecho algo bueno. Estoy ayudando
a las personas. Aunque mi parte favorita es la medicina…, la ciencia detrás de ello. Como dije, es algo desafiante.

—¿Te gusta ser desafiado?

Asentí.

—Sí.

—Apuesto a que eres un excelente cirujano.

—Sí —me reí.

—Eres un poco presumido. —Sonrió.

—Supongo que no puedo negarlo.

—No, no puedes. Pero no es lo peor del mundo. Autoestima es algo bueno, especialmente en tu campo de trabajo. Yo
no querría a un cirujano que duda de sí mismo constantemente. Siempre y cuando no te pases de la línea.

—Creo que mantengo un saludable balance. Estoy en el nivel de presumido en el que puedo admitir cuando me
equivoco, aunque no me guste.

—¿A quién le gusta?

—Exacto. Ahora dime más acerca de ti. Conozco tu trabajo y por qué te gusta, pero dime algo más.

Se mordió el labio y levantó la vista pensativa.

—¿Cómo qué?

Me encogí de hombros.

—¿Alguien especial en tu vida?

¿Era muy obvio? Probablemente sí.

Se rió.

—Ah. No, Dios, no. Terminé con mi novio hace casi un año.

Soltera… Eso era bueno para mí.


—Entonces…, ¿podrías salir a algún lugar con alguien y a nadie le molestaría?

Alzó las cejas.

—No creo que nadie tenga ese derecho, no.

—¿Qué opinas de la renovación de votos?

Su boca se abrió de golpe, pero no salió ni una palabra. La copa de vino en su mano cayó y golpeó la barra,
manchándonos a ambos de rojo.

Mierda.

Joder.

Maldición.

—¡Oh Dios mío! Lo siento mucho —dijo levantándose con rapidez y yendo por servilletas.

La parte de enfrente de mi camisa quedó bañada en rojo, así que la desabroché y me la quité al levantarme. Cuando
ella se giró para regresar, dejó caer las servilletas y se quedó viéndome sin camisa frente a ella, aunque se recuperó
rápidamente y dejó las servilletas en la barra, agarrando una para ella.

Podrías haberse quitado ella también su blusa, sabes.

—¿Supongo que te sorprendí? —dije, todavía de pie ahí, intentando usar esto para mi beneficio.

Asintió.

—Yo… Lo hiciste.

—Pues ahora que tus manos están vacías, ¿te gustaría ir conmigo?

—Uh…

Mierda. Iba a decir que no, ¿verdad?


*Chapter 12*: For the Better
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 12: Mejorando

Me comencé a preocupar al ver que Bella no contestaba.

Pues joder.

—Eso no me hace sentir muy esperanzado —dije, riéndome con incomodidad.

Siguió evadiendo mi mirada mientras sus mejillas se ponían del rojo más brillante que había visto nunca.

—¿Puedes…, um, ponerte una camisa? —preguntó con suavidad—. Yo…, limpiaré esto.

—Sí, claro. Lo siento.

Corrí a mi habitación para ponerme una camiseta. Quería patearme por haberla invitado. Juro por Dios que ése no era
mi plan, solo que…, bueno, nos conocíamos en un ambiente tan seguro. Pensé que salir de ese ambiente sería
bueno.

De camino a la cocina revisé a Pequeña, asegurándome de que siguiera dormida. Afortunadamente sí lo estaba. Al
entrar a la cocina vi a Bella limpiando el mostrador, recogiendo con cuidado los pedazos de vidrio.

—Maldición —siseó, alejando el dedo y metiéndoselo a la boca.

—¿Estás bien? —pregunté, agarrando el bote de basura y usando un trapo para echarlo todo ahí.

Se sacó el dedo y lo miró.

—Sí, solo me corté con el vidrio —dijo.

—Déjame ver.

Vaciló al darme su mano, pero luego suspiró y la depositó en la mía.

—Es solo una cortada.

Claro que así era.

—Te traeré un curita…, mientras tú piensas en mi pregunta.

—Edward, ¿la renovación de votos de tus padres? ¿En serio?

—Sí, en serio —dije, sacando la caja del gabinete—. Déjame ver tu dedo otra vez.

—Es que…, no sería, ya sabes, ¿raro? —preguntó mientras le ponía el curita.

—¿Por qué? Te estoy invitando. Supongo que no tiene que ser una cita.

—¿No querías que cuidara a Sofía?

Me encogí de hombros.

—Ella puede venir. Estoy seguro que se portará bien.

Todavía no parecía muy convencida. Estaba bastante seguro que tenía un "no" en la punta de la lengua.

—¿Por favor, Bella? —le pedí, recurriendo jodidamente a las súplicas—. De verdad quiero que vengas. Nos la
pasamos bien en el bar, ¿verdad?
Asintió.

—Sí, fue agradable.

—Entonces ven. Si estás preocupada de que yo…, intente algo, te prometo que no será así.

—No me preocupa, creo que ya estás más allá de eso.

Sonreí.

—Entonces di que sí, ¿por favor?

Se mordió el labio pensando.

—Alice irá, ¿verdad?

—Síp. Ella y Jasper, así que tú... —Fui interrumpido por el sonido de mi celular—. Mierda. Ahora vuelvo.

Corrí a la sala y agarré mi celular de la mesita de centro. El identificador de llamadas decía que era papá, así que
respondí rápidamente, justo entonces escuché como sonaba mi buscapersonas en la habitación. Esto no podía ser
bueno.

—¿Sí? —respondí, avanzando por el pasillo hacia mi habitación.

—¿Ya te llegó el mensaje al busca?

—Acaba de sonar. ¿Qué pasa?

Mi busca remitió trauma mayor y un número cruzó la pantallita. Mierda.

—Varios vehículos accidentados —dijo—. Ya voy de camino al igual que Emmett. Necesitas apresurarte.

Qué manera de arruinar la noche; jodidos conductores idiotas.

—De acuerdo, voy en camino —suspiré—. Te veo allá.

Agarré mi cartera, me eché el celular y el busca al bolsillo del pantalón, y regresé a la cocina. Bella estaba poniendo la
cacerola con los ejotes en la estufa.

—Tengo que irme —dije—. Era mi papá sobre el hospital.

Se giró y dijo:

—Oh, bueno, si tienes que irte, tienes que hacerlo. ¿Quieres que limpie todo?

—Um… ¿Quieres quedarte aquí para cuidar a Sofía? Me refiero a que el pollo todavía ni siquiera está terminado. No es
como si pudieras sacarlo y terminar de cocerlo allá. ¿Cuál sería el punto?

Asintió.

—Puedo hacerlo, siempre y cuando tú estés de acuerdo.

Me encogí de hombros.

—No es como si me fueras a robar —me reí.

Rodó los ojos y sonrió.

—No, ése no era mi plan. Terminaré la cena y luego me llevaré a la niña mi apartamento.

—Suena bien para mí. No tengo ni idea de a qué hora llegaré a casa, pero si pienso que no podré llegar a casa para
cuando te tengas que ir a trabajar, le pediré a mamá que venga por Sofía para llevarla a la guardería.

—Bien. —Sonrió.

Regresé a la sala para despedirme de Pequeña, y ella me siguió de cerca. Aunque seguía dormida, saqué a Sofía de
su sillita vibradora y la acerqué a mi pecho, besando su cabecita. Empezó a removerse, despertándose.
—Papi tiene que irse —dije—. Pórtate bien con Bella, ¿bien?

Empezó a llorar y me arrepentí de haberla cargado, pero no me sentía bien dejándola sin decirle nada.

—Déjame cargarla —dijo Bella estirando los brazos.

Besé una vez más a Sofía y se la entregué.

—Adiós Pequeña —dije—. Muchas gracias, Bella.

Sonrió y asintió.

—No hay problema —dijo, y empecé a irme—. Oh y, ¿Edward?

—¿Sí?

—Me encantaría acompañarte a la renovación de votos de tus padres, siempre y cuando estés seguro.

Sonreí.

—Estoy completamente seguro. Nos la pasaremos bien, ya verás.

Sonrió y alzó la manita de Pequeña para despedirse.

—Dile adiós a papi.

—¿Cómo les va a ti y a Sofía? —preguntó papá.

Papá me invitó a comer, diciendo que necesitaba hablar conmigo. Ya que la comida de la cafetería estaba fuera de
consideración para él, vinimos al deli que estaba cruzando la calle. Si hubiera sabido que esto era solo sobre
Pequeña, no habría estado tan jodidamente nervioso. Creí que esto iba a ser acerca del trabajo. Para ser honestos,
mi…, desarrollo no era lo que solía ser. No había jodido ninguna cirugía ni nada, pero me había hecho perezoso. Es
solo que esta última semana había estado tan cansado al tener a la niña enferma y manteniéndome despierto. Su
horario de dormir todavía no era como antes —a excepción de esa noche en que Bella la cuidó—, ya que de nuevo se
despertaba a mitad de la noche, lo cual reducía mis horas de sueño.

Decir que había descuidado mi caligrafía sería decir poco. Habían acudido a mí múltiples enfermeras preguntándome
qué demonios era lo que quería que hicieran. Era peligroso y hoy vi de verdad el efecto que podía tener. Una enfermera
casi le dio a uno de mis pacientes la dosis incorrecta de medicamento porque no podía leer lo que había escrito.
Obviamente iba a mejorar a partir de ahora, pero creí que eso era de lo que papá quería hablar conmigo.

—Estamos bien —dije—. No está durmiendo tan bien como antes. Ayer regresó a la guardería, así que esperemos que
la rutina la ayude.

Asintió.

—Eso es bueno. Los niños necesitan rutinas. Esperemos que pronto regrese a la normalidad, aunque tú tendrás que
ajustarte si no sucede. A veces esa rutina cambia.

—Pues joder, ruego porque la nueva rutina no sea despertarse a media noche todos los días.

—Sabes, hijo, estoy orgulloso de ti. —Sonrió—. Has avanzado un largo camino en dos meses, aunque esa boca no lo
ha hecho.

—Sí, sé que necesito trabajar en eso, pero gracias. Intentó hacer lo mejor que puedo por ella.

—Se nota. Tu mamá me contó que dijiste que la amabas.

—Me sorprende que no te llamara en el segundo en que me fui para gritártelo —me reí.

—No, se esperó hasta que yo le llamé. —Sonrió—. Aunque sí gritó un poco.

Le di otra mordida a mi sándwich al mismo tiempo que él.

—¿Es todo lo que querías hablar? ¿De que estás orgulloso?


Le dio un trago a su agua y asintió.

—Sí. Estoy seguro de que sientes que he sido muy duro contigo, poniéndote de nuevo en guardias y prohibiéndote
tomar días libres, pero he hecho eso porque la vida real no es fácil. Puede que trabajes para mí, pero eso no significa
que te daré privilegios especiales. Pero la verdad, si no supiera que puedes manejarlo, no lo hubiera hecho. Aunque
por ahora no te daré turnos de noche. Estoy completamente consciente de que no tienes los recursos para trabajarlos y
asegurarte de que Sofía está bien cuidada, eso sin estar dependiendo de tu madre.

Pude haber dicho que tenía a Bella pero, honestamente, estaba bastante seguro que ella no llegaría tan lejos. Ya
estaba haciendo suficiente por mí al cuidarla cuando estoy de guardia. No era tan estúpido como para no darme cuenta
que aprovecharme de ella estaría mal. Pensándolo bien, se veía un poco sorprendida por lo que hice el fin de semana
pasado al asumir que cuidaría a Sofía. Claro que yo no me di cuenta en el momento. Quiero decir, le pregunté muchas
veces si estaba de acuerdo con eso. Aunque ahora que lo pensaba, sí se veía un poco rara, así que asumí que recurrir
a ella para todo no sería la mejor idea.

—El turno de noche me tiene preocupado, así que gracias —dije—. Y puedo trabajar con todo lo demás. Los fines de
semana de guardia son solo una vez al mes, y tengo a alguien para entonces.

—Tu vecina, ¿no?

Asentí.

—Bella. Y, de hecho, la voy a llevar conmigo el sábado.

Ladeó la cabeza.

—¿Vas a llevar una cita?

—Supongo que técnicamente es solo llevar una amiga.

Sonrió.

—Vas a llevar a una amiga… Es diferente.

—Lo sé, ¿verdad? —me reí—. ¿Qué te parece eso?

—Es bueno, hijo. Me alegra que empieces a ver de diferente manera a las mujeres. Aunque aún no entiendo cómo es
que llegaste a tener esa manera de verlas.

Me encogí de hombros.

—Están buenas.

Rodó los ojos.

—Tu madre y yo te educamos mejor que eso. Estabas bien hasta que te fuiste a Nueva York. Creo que te diste cuenta
de que podías usar tu aspecto para tu ventaja, pero en algún punto a lo largo del camino cambiaste completamente.
¿Entiendes lo mucho que eso lastimó a tu madre?

—¿Qué? ¿Que me acostara con mujeres?

—Que las usaras.

—Yo… —Realmente no tenía motivos para diferir. Sí las usaba—. Tienes razón, lo hacía, pero eso ya se terminó.

—El tener una hija te cambió de una buena manera.

—Sí, la verdad que sí.

Sonrió.

—Entonces, ¿cómo es ella? La chica que cuida a mi nieta.

—Es genial con Pequeña. Es mejor con ella que yo —me reí entre dientes—. Parte de mí tiene celos de que ella le
agrade más a mi hija.
Se rió.

—Te prometo que no es así. Pero aparte de cómo es con Sofía, ¿cómo es su forma de ser?

—Es amable, inteligente, de hecho es maestra, y realmente solo es…, diferente. Disfruto de verdad estar con ella, y
quiero conocerla mejor.

—Tu madre va a preguntar esto cuando la vea el sábado, así que te lo preguntaré ahora. ¿Te estás acostando con ella?

—Te juro por Dios que no. De verdad es solo una amiga; aunque estoy intentando conocerla mejor porque creo que
podría gustarme en serio.

Asintió.

—Qué bien, pero sé cuidadoso. Esto ya no es solo de ti, ahora está involucrada una pequeñita.

—Sí, lo sé, y mi hija está primero.

Sonrió.

—Exacto. Ahora regresemos a trabajar. Creo que tienes algunos historiales que corregir, ¿no?

Mierda.

—No pasará de nuevo.

—Será mejor que no. Pero si pensara que pudiera volver a suceder, habríamos tenido una conversación
completamente diferente hoy.

—¿Tengo una niña contra mi pecho y quieres que revuelva? —le pregunté a Bella.

Esta noche me estaba enseñando a preparar su espagueti, porque, enfrentémoslo, era jodidamente delicioso, y de
verdad lo quería. En realidad no estaba prestando tanta atención como debería cuando me dijo qué era lo que llevaba,
pero me había escrito la receta así que todo estaba bien.

Se rió, dejó el pan en el horno antes de acercarse a mí y empujarme a la estufa.

—Los humanos fuimos lo suficientemente afortunados para obtener dos brazos —dijo, quitando mi mano de la
espalda de Pequeña y poniendo en ella un cucharón de madera, llevándolo a la olla—. Estás cargando un bebé y
revolviendo. Es increíble.

—Oh, ¿ahora eres una sabelotodo? —Sonreí.

—Eres tú quien se niega a soltar a la niña.

—Ha estado renegona esta tarde. Creo que solo quiere pasar tiempo con su papi.

Sonrió y se rió suavemente.

—Deberías decir "papi" más seguido. Es lindo.

—¿Me dijiste lindo?

Rodó los ojos.

—No. —Tosió—. La palabra es linda. Es todo.

—Uh-huh, claro—bromeé.

—Sigue revolviendo —ordenó, regresando al mostrador donde estaba picando lechuga.

—¿Puedes creerlo, Pequeña? Está siendo un poco mandona, ¿huh?

—Ella está de mi lado —dijo, mirando sobre su hombro y sonriendo—. Las chicas necesitamos unirnos contra ti.

Definitivamente Bella ya había perdido la incomodidad de la otra noche cuando la invité a la renovación de votos. Ahora
parecía estar bien, pero yo seguía sin entender por qué había estado tan vacilante y tímida. O por qué me pidió que me
pusiera una camisa mientras evitaba mirarme. Por muy presumido que suene, estaba completamente consciente de
que no me veía mal sin camisa. Debió haber sido una distracción.

Cuando Bella dijo que la cena estaba casi lista, me adelanté y le preparé un biberón a Pequeña. Bella puso la mesa y
yo me senté para alimentar a mi hija, levantando la vista de vez en cuando para ver a Bella mirándome, aunque
apartaba la vista rápidamente, sonreí para mí.

—¿Ya encontraste lo que vas a usar el sábado? —pregunté para hacer conversación.

—Alice y yo fuimos de compras hoy al salir del trabajo —dijo—. Al parecer, y según ella, todos nos vamos a ir juntos.

—Oh, ¿en serio?

Asintió.

—Es lo que decidió. Sabes, está muy nerviosa. Nunca había visto a Alice entrar en pánico, pero hoy la vi.

—Le tiene miedo a la mamá de Jasper —me reí—, aunque no puedo culparla.

—Sí, Jasper le dijo que su mamá era…, un poco extraña. ¿Lo dijo de modo amable?

Pequeña necesitaba apurarse porque Bella acababa de poner los platos de espagueti en la mesa. Era cruel poner eso
frente a mí cuando no podía comerlo, ya que mis manos estaban ocupadas.

—Pues en definitiva es extraña —dije—. Emmett diría que está loca, pero no es tan mala. Solo que él le tiene rencor.

—¿Quiero saber?

—Involucra una pistola de aire comprimido y el trasero de Emmett.

—Ah, entonces no, no quiero saber —se rió—. ¿Ya terminó?

El biberón estaba casi vacío, gracias a Dios.

—Parece que sí.

—¿Quieres que le saque los gases?

Ángel. Juro por Dios que esta mujer era un ángel o una de esas mierdas.

Sonreí.

—Eso sería genial. Gracias.

Bella mejoró aun más cuando dijo que yo podía empezar a comer mientras ella le sacaba los gases a la pequeña. Yo
estaba a punto de babear, así que fue una buena decisión. Empecé a comer y me fui al cielo. Incluso estaba gimiendo
un poco, haciéndola reír suavemente.

—Actúas como si fueras un hombre hambriento —se rió.

—Quizás lo soy —dije con la boca llena, haciéndola reír con más fuerza.

—No te ahogues. Puedo sacarle los gases a un bebé, pero no estoy segura de poder hacer la maniobra de Heimlich
con un adulto —dijo, limpiando la boca de Pequeña—. Creo que ya terminó. ¿Quieres que la ponga en el columpio?

Asentí.

—Sí, jugará y se dormirá.

Mientras Bella iba a dejar a Sofía en el columpio yo me llené la boca con toda la comida posible.

—Entonces, Alice dijo que el sábado nos iríamos de aquí como a las cinco —dijo Bella, sentándose frente a mí—.
¿Está bien o necesitas llegar allá antes?

—Está bien —dije—. La ceremonia empieza a las seis, así que nos da tiempo de sobra.
—Bien. —Sonrió—. Alice va a llegar más temprano porque quiere arreglar mi cabello. Al parecer yo no soy capaz.

—Pues creo que se equivoca, tu cabello siempre se ve lindo.

Sus mejillas se sonrojaron de nuevo y se mordió el labio. Dios, esa jodida mordida. Me causaba algo, al igual que su
sonrojo.

—Siempre te sonrojas —dije—. ¿Por qué?

Se encogió de hombros.

—No puedo controlarlo. Siempre lo he hecho cuando me pongo nerviosa o…, ya sabes.

—¿Cuando te hago un cumplido?

Asintió.

—Entonces, cuando no te hago cumplidos y te sonrojas, ¿quiere decir que te estoy poniendo nerviosa? —pregunté.

—No sé. A veces solo pasa.

Sonreí.

—Pues me gusta, y mi misión será hacerte sonrojar lo máximo posible.

—¿Qué? —se rió—. Eso es cruel.

Me encogí de hombros.

—Entonces, quizás soy cruel.

Rodó los ojos.

—En ese caso yo haré mi misión el dejar de sonrojarme.

—Ah, pero no puedes. Es una función corporal sobre la que no tienes control. —Sonreí—. Pero al parecer yo sí tengo
algo de control sobre ello.

—Idiota.

Me reí.

—Lo estás haciendo de nuevo.

—Cállate y come.

Tomé otro bocado y la miré. Usó una servilleta para tapar su sonrisa. Maldición, era jodidamente linda. En realidad
estaba ansioso por verla el sábado. Si ahora ya se veía hermosa, no podría imaginar cómo se vería ese día.

¿Estaba…, enamorándome de ella? ¿Era así como se sentía? Maldición no sabía, pero estaba sintiendo algo que no
había sentido antes.

Lo repito demasiado pero en serio, muchas gracias por todo el apoyo y la paciencia que recibo.

¡Gracias a todas por sus comentarios! 448 en 11 capítulos, casi no me la creo :D

LuluuPattinson, Ale Pattinson Diaz, albi-yo, Zanzamaru, Marie Sellory, jacke94, valu03, BeLeNxiiiZzz, bellaliz, MonZe
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*Chapter 13*: Family Affair
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 13: Evento Familiar

—¿Estás nervioso? —preguntó Jasper riéndose.

Estaba arreglándome la corbata…, de nuevo. Estaba torcida y me irritaba. Odiaba las jodidas corbatas, pero la mirada
del mal que Rosalie me lanzó cuando le dije que iba a usar una de broche me hizo cagarme del miedo. Al parecer, las
corbatas de broche no eran aceptables en la renovación de votos de tus padres. ¿Quién lo diría?

—No, esto es lo que me encabrona —dije soltándola de nuevo—. ¿Crees que Rosalie se dará cuenta si me pongo una
de broche?

—¿Tu hermana? Claro que sí se dará cuenta. Yo ni siquiera lo intentaría.

—Pues entonces ella tendrá que hacerle el nudo a la jodida corbata cuando lleguemos allá —dije rindiéndome.

Sí, estaba admitiendo la derrota contra una maldita corbata. Jasper se rió pasándome a Pequeña, que se negaba a
que la soltaran. Estaba rezando porque dejara de actuar así pronto ya que, si interrumpía la ceremonia, yo sería
hombre muerto gracias a mi hermana. Rosalie había planeado cada pequeño detalle junto con mamá, básicamente
haciendo de esto su misión. Se volvió jodidamente loca cuando se casó y nunca pensé que podría empeorar, pero
estaba jodidamente equivocado.

Cuando le dije que iba a llevar a alguien —jodiendo efectivamente el orden de los asientos—, creí que saltaría por el
teléfono para estrangularme. Estaba encab ronada, y luego me hizo enojar al sugerir que Bella era otra de mis "zorras".
La mujer estaba loca de remate. Yo tenía que usar una corbata azul, y Sofía tenía que llevar un vestido azul porque,
aparentemente, necesitaba ir a conjunto con mi hija. Nada de esto tenía ni un poco de jodido sentido para mí, y estaba
malditamente feliz de que estuviera a punto de terminar. No me malinterpreten, estaba feliz por mis papás, pero mi
hermana estaba haciendo de ésta la segunda peor ocasión de mi vida, después de su boda, claro.

—Me alegra tanto que lleves a Sofía —dijo Jasper—. Ocupará a mi madre y evitará que interrogue a Alice.

Rodé los ojos.

—No tienes permitido usar a mi hija para mantener ocupada a tu madre.

—Vamos, ella ama a los bebés. —Sonrió—. Ambos ganamos. Podrás descansar de Sofía y mi novia no romperá
conmigo.

—¿Creí que tu mamá no era tan mala? —le pregunté cuando alguien tocó la puerta.

—Sí, mentí. Estoy jodidamente preocupado —se rió mientras yo abría la puerta.

Me quedé boquiabierto cuando mis ojos cayeron sobre Bella, que estaba ahí de pie con una sonrisa. Apenas me
percaté de Alice parada junto a ella. Su cabello estaba suelto y rizado, y llevaba un vestido azul que… Solo diré que
estaba hecho a la jodida medida. El hecho de que fuera azul me hacía querer reír. ¿Rosalie la había contactado? De
verdad, se veía hermosa. Se sonrojó con mi mirada y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Te ves…, hermosa —dije sonriendo.

—Gracias, Edward —dijo—. Tú también. ¡Y Sofía se ve tan bonita! ¿Puedo cargarla?

—Sí, por favor, tómala —dije, pasándole a Pequeña—. Ha estado pegajosa hoy.

—¡Oh, Bella! —dijo Alice—. Dijiste que Sofía era bonita, pero esta cosita es preciosa.

—Se parece a su padre —dije sonriendo.


—Oh, sí, Edward, tú también eres precioso —se rió.

Mientras ellas dos se encargaban de Sofía, terminé de meter las cosas a su pañalera para poder irnos. Llevaba cosas
extra de todo, solo por si acaso. Estaba preparado para cualquier cosa que Pequeña me lanzara, incluso metí una
camisa para mí en caso de que las cosas se pusieran sucias. ¿Más que preparado? No existía tal cosa tratándose de
la bebé.

—¿No vas a usar corbata? —preguntó Bella cuando me puse la pañalera sobre el hombro.

Jasper se rió.

—No pudo hacerle el nudo.

Entrecerré mis ojos en su dirección al tiempo que Bella preguntaba:

—¿Quieres que la yo le haga el nudo?

—Si no es molestia —dije, alejando mi mirada de Jasper y sonriéndole.

Agarré la corbata de la pañalera y se la di a Bella, que comentó que el color combinaba con el vestido de Pequeña. Sus
manos trabajaron rápidamente para hacer el nudo perfecto mientras yo miraba su cara. Se mordió el labio al
concentrarse en hacerlo bien. Cuando terminó puso su mano sobre mi pecho y levantó la vista, sonriéndome. Sus ojos
se veían diferentes, más brillantes creo; de verdad hermosos.

—Perfecto —dijo, dejando que sus dedos me acariciaran mientras sus manos se resbalaban. Su toque era agradable
—. ¿Estás listo para irnos?

—Sí —dije, echándome la pañalera al hombro—. Solo tengo que subir las cosas de Pequeña a la cajuela del carro.

Cuando llegamos a casa de mis padres subí las escaleras dirigiéndome a la habitación de mamá con Pequeña en
brazos. Estaba pegada a mí. Iba a dejarla abajo con Bella, que iba a adelantarse e ir a sentarse, pero empezó a llorar.
Nunca lloraba con Bella, así que no sabía qué demonios le pasaba. ¿Quizás era toda la gente? El patio trasero ya
estaba atestado, y Pequeña nunca antes había estado alrededor de tanta gente.

—Oh, qué bien, ya estás aquí —dijo Rosalie cuando nos encontramos en el pasillo—. Mamá quiere pedirte algo.

—¿Qué? —pregunté.

Sonrió y abrió la puerta, haciéndome una seña para que entrara.

—En realidad es algo muy dulce —dijo—. ¿Quieres que me lleve a Sofía?

Sacudí la cabeza.

—No quiere que la deje con nadie.

—Pues es mejor que se haga a la idea de despegarse de ti por un rato.

Nosotros entramos y Rosalie siguió por el pasillo para bajar las escaleras. Encontré a mamá de pie junto al espejo,
asegurándose de que su vestido se viera bien.

—Entonces, ¿te casarás con él? —bromeé—. ¿Estás segura?

—Considerando el hecho de que he estado casada con él cuarenta años, sí, estoy segura —se rió suavemente—.
¡Aww, se ven adorables!

Besé su mejilla antes de sentarme en la cama.

—Rosalie me ayudó. Y tú te ves hermosa, mamá.

Sonrió y estiró las manos hacia Sofía.

—Gracias, cariño. ¿Y cómo está hoy mi nieta?

Le pasé a Pequeña y esperé a que el llanto empezara. Asombrosamente no lloró.


—La verdad algo renegona.

—Solo está confundida, es todo. —La besó suavemente antes de regresármela—. El moño se ve precioso.

—¿Está derecho? Me causó problemas cuando se lo estaba poniendo.

Eso era una…, subestimación. En cierto punto jalé accidentalmente su cabello, haciéndola llorar. Bueno, más bien
gritar. Aunque no planeaba contarle eso a mamá.

—Está perfectamente torcido como solo un papá sabe hacerlo —se rió—. Entonces… ¿Bella está aquí?

Asentí.

—Sí. Ya está afuera con Jasper y su novia, Alice.

—Tu papá me contó todo lo que dijiste sobre ella. —Sonrió—. Preséntamela lo más pronto posible, ¿de acuerdo?
Quiero conocer a la chica a la que tú consideras tu amiga.

—La forma en que papá y tú muestran estar orgullosos de mí me hace pensar que deberían regalarme un pastel —me
reí.

—Puedes tomar un poco del mío. —Sonrió—. Incluso te dejaré llevarte un poco a casa.

Bufé.

—No planeaba pedirlo. ¿Y qué era lo que me querías preguntar?

—Pues, como tú sabes, papá y yo no tuvimos una gran boda la primera vez.

Asentí—. Fue en el despacho del juez para ustedes ya que el abuelo no estaba de acuerdo.

—Solo teníamos dieciocho años, pero sí —dijo. —Ya que no tuve esa primera vez, ¿me preguntaba si mi hijo favorito
querría llevarme al altar?

Sonreí.

—¿De verdad creías que me negaría?

Sacudió la cabeza.

—No, pero supuse que debería preguntar.

—Sí, mamá, te llevaré al altar.

Sonrió y se inclinó para abrazarme.

—Gracias, cariño.

—Bien, iré a intentar dejar a Sofía con Bella. Nos vemos abajo.

Bajé las escaleras con Pequeña, saliendo hacia el patio donde se llevaría a cabo la ceremonia. Encontré a Bella en la
primera fila; Rosalie debió llevarla ahí.

—Hey —dije, llamando su atención.

Levantó la vista y sonrió.

—¿Ya va a empezar?

Asentí.

—Sí, y yo llevaré a mi madre al altar, así que tendré que dejar a Sofía contigo, ¿está bien?

—Sí —dijo, estirando los brazos.

Le pasé a la pequeña.
—Si comienza a irritarse, ¿podrías llevarla adentro?

Asintió.

—Por supuesto.

—Gracias, Bella. Esperemos que no suceda, pero ya la has visto hoy. Mamá piensa que está confundida.

—Estoy segura que sí —dijo besando la cabeza de Pequeña—. Es una experiencia nueva y quizás aterradora. Ella
sabe que papi la protegerá.

Sonreí y pasé los dedos sobre la mejilla de Sofía.

—Claro que sí, pero Bella te mantendrá a salvo de la gente aterradora, Pequeña —me reí entre dientes—. Me sentaré
luego de entregar a mamá.

Sonrió.

—Es muy dulce de tu parte el hacerlo.

Me encogí de hombros.

—Puedo ser un chico dulce.

—Y tampoco te ves muy mal en traje de vestir.

Sonreí presumidamente.

—Pues gracias, Bella. Y ya te dije que tú te ves hermosa, ¿verdad?

Sus mejillas se encendieron de nuevo para mí.

—Sí, Edward.

—Qué bien, porque es verdad.

—Él ronca —dije, poniendo el brazo de mamá sobre el mío.

—¿De verdad intentas convencerme de no casarme de nuevo con tu padre? —se rió.

—Solo bromeo.

—Bien —dijo Rosalie—. Papá ya está ahí y todo está listo. Cuando la música empiece, comiencen a caminar.

—Deberíamos pavonearnos por el pasillo, solo para ponerla nerviosa —bromeó mamá.

Rosalie rodó los ojos.

—He pasado dos meses planeado esta cosa. Pavonéate y nunca te volveré a hablar.

—Tranquila, Rosalie —dije—. No es tu boda. Ni siquiera es una boda.

—Solo…, caminen, ¿sí? Voy a sentarme.

—Gracias, corazón, por todo lo que has hecho —dijo mamá.

Ella sonrió.

—De nada. Me divertí.

Cuando la música comenzó, mamá y yo empezamos a caminar. Cuando pudimos ver a través del pasillo levanté la
vista y miré a mamá sonreír con la vista pegada a papá, que también tenía sus ojos pegados en ella. Era lindo que
siguieran tan felices luego de cuarenta años de matrimonio. Lo hicieron bien, y a edad temprana. Cuando llegamos
con papá, besé la mejilla de mamá y la solté.

—Gracias hijo —dijo papá sonriendo.


—De nada.

Regresé a la primera fila y me senté junto a Bella, tomando a Pequeña y abrazándola en mis brazos.
Sorprendentemente se veía cansada. Sus ojos se cerraron cuando se acurrucó en mi pecho.

—Hora de la siesta —le susurré a Bella.

Ella me miró y sonrió.

—Eso es bueno.

Mecí a Sofía mientras mamá y papá decían sus votos, volviendo a contar sobre su amor y felicidad. Noté que Bella tenía
una sonrisa constante en el rostro mientras escuchaba. Incluso se rió con todos sobre algunas de las cosas ridículas
que mis padres se decían. Se veía realmente hermosa cuando se reía así; cuando sonreía así.

Cuando la ceremonia se terminó y todos empezaron a dirigirse hacia la recepción, llevé a mi hija durmiente adentro y la
acosté en una de las habitaciones extras donde había instalado su cuna portable. Puse el monitor junto a ella y cargué
el otro en mi bolsillo, para poder escucharla cuando se despertara. Probablemente tendría hambre o necesitaría un
cambio de pañal en una hora, así que sabía que no tenía mucho tiempo.

—Luego vuelvo, Pequeña —dije, inclinándome para besar su frente—. Te amo.

—La cena estuvo deliciosa —dijo Bella. Estábamos de pie a un lado de la pista viendo a mamá y papá en su primer
baile.

—Sí —dije sonriendo—. Es una pena que tengamos que esperar por el pastel.

Se rió suavemente y sacudió la cabeza.

—¿Sofía se terminó su biberón?

—Síp, y ahora la señora Whitlock está divirtiéndose con ella.

Miramos hacia una de las mesas donde actualmente se encontraba la mamá de Jasper besando la mejilla de
Pequeña. Se había despertado llorando justo cuando yo terminaba de cenar, así que tuve que bajarla conmigo.
Afortunadamente la señora Whitlock estaba encantada con ella, y se ofreció a cuidarla por mí. Jasper solo juntó las
manos y pretendió hacerme una reverencia, básicamente me agradecía por mantenerla ocupada. Hasta ahora ella
parecía adorar a Alice, pero él no quería tentar a la suerte dejando que toda la atención de la señora Whitlock estuviera
en ella. Bueno, ahora la mujer estaba completamente distraída con Sofía, así que él estaba a salvo por un rato.

—No puedes dejar que las mujeres sigan cargando a tu hija, sino se enamorarán de ella y te quedarás sin niña —dijo
Bella—. Es bastante imposible no quererla, especialmente luego de besar esas mejillas regordetas.

Me reí entre dientes.

—Esa mujer sí es capaz robarme de verdad a mi hija, así que hay que mantener un ojo en ella.

—Mis ojos están pegados —dijo—. Bueno, a medias. Justo ahora estoy viendo a tus padres. Están muy enamorados,
¿verdad?

—Sí, siempre se han visto así.

—Cuarenta años es un tiempo muy largo. Es,… conmovedor verlo. —Sonrió—. Te hace creer en almas gemelas.

Alcé la ceja con una sonrisita.

—Dime, Bella Swan, eres una romántica empedernida, ¿verdad?

Se encogió de hombros.

—En realidad no.

—Supongo que debí saberlo con tu selección de libros.

—Quizás solo tengo un gusto por los clásicos.


—No vi a ningún Homero en tu repisa. —Sonreí.

Rodó los ojos.

—Quizás no buscaste bien. No es como si te hubiera dejado entrar a mi habitación, después de todo.

—Encontraría Romeo y Julieta ahí, ¿cierto? —bromeé. Una vez más sus mejillas se pintaron de rojo—. Lo sabía. Eres
una romántica empedernida de cabo a rabo, ¿huh? No te juzgo.

—Bien —suspiró— Soy una romántica empedernida…, a veces.

—¿Es por eso que estás soltera? ¿No puedes encontrar a tu Romeo?

Levantó la vista y alzó una ceja.

—¿Qué? Quizás no…, lo estoy buscando.

Sonreí.

—Todas las mujeres buscan eso. Yo solía ser el hombre que las mantenía ocupadas mientras esperaban.

—¿Entonces estás diciendo que no eres el Romeo de nadie?

Me reí.

—No creo poder encajar en esa categoría.

Sonrió.

—Dos meses atrás hubiera estado de acuerdo contigo.

—¿Y ahora? —pregunté, fue entonces cuando me dio un codazo en el costado—. Ow.

—Tus padres vienen para acá.

Mi mamá se acercó con una sonrisa jalando a mi padre tras de ella. Al instante abrió los brazos y abrazó a Bella, que
abrió los ojos como platos por la sorpresa.

—Gracias por venir —dijo mamá soltándola—. Es un placer conocerte, Bella.

—Es un placer conocerla a usted, señora Cullen —dijo Bella—. Gracias por recibirme. Fue una ceremonia hermosa.

—Tendrás que asegurarte de decirle eso a Rosalie —se rió—. Y dime Esme, por favor.

—Gracias por venir, Bella —dijo papá, ofreciéndole su mano—. Y antes de que lo intentes, me llamo Carlisle.

—Claro —asintió.

—Felicidades —dije—. Estuvo lindo.

—Gracias hijo —dijo papá—. ¿Dónde está Sofía?

Señalé a la señora Whitlock.

—Si quieres cargar a Sofía, tendrás que arrancarla de los brazos de la señora Whitlock —me reí.

Mamá sonrió.

—Puedo con ella.

—Tranquila, tigresa —papá rió—. ¿Se están divirtiendo ustedes dos?

—Sí, la cena estuvo genial —dije—. Bella estaba a punto de llorar al verlos bailar.

Bella se sonrojó de nuevo mientras evitaba la mirada de mi padre.

—No, no es cierto. Solo decía que ustedes se veían muy enamorados.


Papá sonrió y acercó a mamá.

—Es porque lo estamos.

—Pues yo iré a intentar recuperar a mi nieta —dijo mamá—. Ustedes vayan a bailar.

—¿Te opones a bailar conmigo, Bella? —pregunté.

Sacudió la cabeza.

—No, pero no me hago responsable si te piso.

—Estoy seguro de que estaré bien. —Le guiñé un ojo y tomé su mano para llevarla a la pista de baile.

Deposité mi mano izquierda en su espalda baja, manteniéndola en un lugar respetable, aunque parte que mí quería
bajar un poquito más. Su mano se apretó en mi mano derecha cuando empecé a mecernos al ritmo de la música. ¿Ya
mencioné lo jodidamente hermosa que se veía esta noche? Era difícil evitar que mi mente divagara. Comenzaba
imaginando lo que estaría usando debajo del vestido, ya que..., ya sabes, soy un hombre. Quería apostar que, a pesar
de que se ve como una chica buena, tenía una traviesa en ella. Quizás estaba usando tanga…, o nada en absoluto. De
repente mi polla comenzó a regresar a la vida, y tuve que detener mis pensamientos.

—Así que, ¿ya se terminó el año escolar? —pregunté, intentando pensar en algo que sacara a mi mente fuera de ese
puto canal.

Asintió recargando la cabeza en mi pecho.

—Síp. Sobreviví a mi primer año como maestra.

—¿Qué te parece? Técnicamente también sobreviví a mi primer año como cirujano adjunto —me reí—. Deberíamos
celebrar.

—Estaba planeando en celebrar con helado de galleta y un maratón de películas. Al menos hasta que me invitaste
aquí.

—Hmm, quedarte en casa sola con un bote de helado o bailar conmigo… Estoy feliz de que me hayas elegido.

—Yo también estoy bastante feliz de haberte elegido.

Sonreí para mí cuando la música cambió por algo más, aunque seguía siendo lento, así que seguí moviéndome al
mismo ritmo. En realidad estaba jodidamente agradecido de que mi hermana haya elegido la música. A ella le gustaba
este tipo de mierdas. Esta lenta…, mierda romántica.

—Eres un buen bailarín —dijo Bella, levantando la vista al mismo tiempo que yo la veía.

Sonreí.

—Mamá me hizo tomar clases para baile de salón cuando era niño —dije—. ¿Quieres que te incline hacia atrás?

Se rió suavemente.

—Creo que así estoy bien. Entonces, ¿clases de baile? La verdad no pensé que fueras de ese tipo.

—Tengo algunas sorpresas ocultas. Sorpréndeme con algo sobre ti.

—Me gusta pescar.

Alcé la ceja.

—¿Pescar?

Asintió.

—Era algo que mi papá y yo hacíamos juntos. En realidad todavía lo hacemos. Somos…, personas calladas. Es
agradable sentarte a pensar en un bote. Pocas veces atrapo algo, pero cuando lo hago, mi papá demuestra estar tan
orgulloso. Honestamente solo me gusta atrapar algo para ver esa mirada.

—Pues definitivamente me sorprendiste. —Sonreí—. Entonces, a Bella Swan le gusta pescar, novelas románticas,
cocinar, los niños y dar clases a dichos niños. ¿Qué más?

—No, ahora es tu turno. Dime algo más que me sorprenda.

—Tocaba el piano cuando era joven.

—¿Eras bueno?

—Mi mamá piensa que sí —me reí—. Cree que debería seguir tocando.

—¿Cuánto tiempo duraste tocándolo?

—Comencé a tomar lecciones a los seis años. En realidad era un niño muy bien portado, no puedes culpar a mis
padres por cómo terminé siendo.

Se rió.

—No planeaba hacerlo. Pero de verdad, no eres tan malo. Si lo fueras, ni siquiera un bebé me haría disfrutar de tu
compañía.

—Es bueno saber que te gusto por más que solo mi bebé —me reí entre dientes—. Es tu turno de nuevo.

—Tengo un cactus, para recordar a mi madre.

—¿La recuerdas?

Recargó la cabeza en mi pecho.

—En realidad no, pero mantengo el cactus porque nos llevó a Arizona luego de dejar Forks. Mi papá dice que le
gustaba el sol y el calor. Siempre hablaba de cómo un día dejaría Forks e iría a un lugar así, por eso él no se
sorprendió cuando lo hizo.

—¿Estaban…, juntos?

—Sí, eran enamorados de preparatoria.

—¿Y ella lo dejó sin más? —pregunté—. Lo siento, sé que es un tema sensible.

Sacudió la cabeza.

—Está bien. Te lo diré cuando ya no quiera hablar más de esto. Y sí, solo se fue. Tenía un espíritu libre y quería irse de
Forks. Él sabía que no estaba bien detenerla, así que no lo hizo.

—¿Y ella nunca le contó sobre ti? Quiero decir, en lo personal, desearía que Kate me hubiera dicho que estaba
embarazada. Quizás así no habría estado tan cegado. Joder, en realidad no tengo ni idea de qué hubiera hecho.

—No sé por qué mi mamá no le dijo nada a mi padre, pero él deseaba que se lo hubiera dicho. Él dijo que hubiera
dejado Forks por ella…, por nosotros.

La música había cambiado de nuevo, pero Bella y yo seguimos bailando del mismo modo. Ella estaba hab lando
conmigo, dejándome conocerla, así que no iba a cambiar nada. Eventualmente ella regresó la conversación a mí,
preguntándome cuándo había sido la última vez que había tocado el piano. Joder, ni siquiera podría recordar.

—¿Hay un piano aquí? —preguntó.

—Sí, ¿por qué?

Se alejó, manteniendo mi mano en la suya.

—Quiero escucharte.

Me reí.

—¿En serio?

Sonrió asintiendo.
—Sí. Tócame una canción, chico del piano.

Miré a papá bailando con Sofía y a mamá mirándolos con una sonrisa. Supuse que tendríamos un rato libre, así que la
llevé por la casa hacia el viejo piano.

Saqué la banca para ella y dije:

—Siéntate, aunque no puedo prometer que esto sonara bien.

Caminó alrededor y se sentó en una orilla. Yo me senté en medio.

—No te juzgaré —dijo.

Me troné los dedos y presioné unas teclas, empezando con lo fácil, en realidad haciéndola reír.

—Incluso yo puedo tocar Mary tenía un corderito —dijo—. Impresióname.

Sonreí.

—De acuerdo. Creo recordar una canción que escribí para mi mamá. Intentaremos con esa.

—¿Le escribiste una canción a tu mamá? —Sonrió—. Qué dulce.

Me encogí de hombros.

—Me han acusado de ser un niño de mami —me reí.

Comencé a tocar, jodiéndola en gran medida. Me salté algunas teclas, olvidé algunas otras, pero seguí tocando. Para
cuando terminé no estaba ni cerca de ser perfecto, pero miré a Bella sonriendo con la vista en mis manos. Comencé
de nuevo, haciéndolo un poco mejor. Ella quería verme tocar, así que supuse que debería seguir tocando unos minutos
más. Seguí mirándola, equivocándome en la canción, pero valía la pena por verla.

—Entonces…, como puedes ver, ha pasado el tiempo —dije.

—Estuvo bien —dijo encontrando mi mirada—. Me gustó.

Sonreí.

—Me alegra.

Bajó la vista de nuevo a mis manos sobre las teclas, mordiéndose el labio, esa jodida mordidita que yo estaba
comenzando a amar. Su mano se posó sobre la mía, presionando una tecla. Se acercó, poniendo su otra mano entre
las mías y presionó unas teclas más. Aunque mantuve mis ojos en ella, sin importarme ni una mierda lo que estaba
haciendo.

Sin pensarlo ni un segundo más, bajé la cabeza, presionando sus labios con los míos. Sentí que se tensaba por un
momento, pero pronto sus labios comenzaron a moverse con los míos. Joder, no me alejó ni me golpeó, lo cual pudo
haber sido el resultado de esto. En lugar de eso levantó la mano y la puso en un costado de mi cabeza, volteando un
poco su cuerpo. Eventualmente ella rompió el beso. La miré y noté que tenía los ojos cerrados y que jadeaba
suavemente. Su mano seguía en mi cara, y yo moví la mía hacia su rostro, alejando un mechón de cabello de sus ojos.

—Yo…, um —susurró—. Eso fue…

Presioné mis labios de nuevo contra los suyos, deteniéndola de decir algo. Nuestras lenguas se encontraron en esta
ocasión. Ella estaba…, poniéndose agresiva. Movió la mano a mi cuello y me acercó más. Escuché un silencioso
gemido de su parte cuando acaricié detrás de su oreja con el pulgar. Nos separamos de nuevo y su mirada encontró la
mía. Tenía la boca abierta, pero no salió sonido alguno.

—No me voy a disculpar —susurré.

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—No iba a pedirte que lo hicieras. De hecho, ib a a decir que…, fue lindo.

—¿Edward? —me llamó mamá—. ¿Estás aquí? Sofía necesita... —Se congeló cuando vio la posición en que
estábamos—. ¡Oh! Lo siento mucho. Yo…, me iré.
Sonrió antes de darse la vuelta, saliendo de la habitación tan rápido como había entrado.

—Yo…, uh, creo que Sofía necesita un cambió de pañal —dijo Bella.

—Eso creo yo también. ¿Necesitamos…, hablar de esto?

—Más tarde.

Asentí.

—Bien, más tarde entonces. Nos vemos afuera, ¿sí?

—Sí, por supuesto.

Sonreí.

—Gracias por no abofetearme.

Se rió suavemente.

—De nada.

Dios, creo que Esme no llegó en buen momento…

Por las que tienen duda: no me manejo con días de actualización, subo capítulo cuando lo tengo, y este fic tiene 37
capítulos así que todavía nos faltan 24.

También me preguntan que en inglés cómo le dice Edward a Sofía, la traducción de "Pequeña" sería "Little One"

¡Gracias a todas por comentar! :D

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*Chapter 14*: First Step
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 14: Primer Paso

Después de cambiarle el pañal a Pequeña regresé afuera y encontré a Bella hablando con Rosalie. Me apresuré a
ellas, esperando evitar que le dijera algo grosero a Bella, aunque rápidamente me di cuenta de que la conversación iba
muy bien. Bella estaba comentando la ceremonia y la recepción, diciéndole a mi hermana lo hermoso que era todo.
Obviamente Rosalie estaba deleitándose con el cumplido.

—Ahí está —dijo Rosalie—. Y tiene a mi adorable sobrina. Hoy no la he cargado. ¿Puedo?

Le pasé a Pequeña.

—¿Dónde está Ben? —pregunté.

—Contratamos a una niñera para que lo cuidara. Sabía que yo estaría ocupada y no quería que Emmett tuviera que
cuidarlo toda la tarde. Además ha estado queriendo entrometerse en todo. Era mejor dejarlo con alguien.

¿Desearía haber hecho eso con Pequeña? Demonios sí, pero no se la confiaba a nadie aparte de Bella, mi familia o su
guardería. Además era lindo tener a mi hija conmigo. Joder, amaba como todos se acercaban a ella diciéndole bonita,
preciosa o adorable. Era verdad. De todas formas hoy no había causado muchos problemas, excepto cuando
llegamos, e incluso entonces no interrumpió nada.

—¿Qué edad tiene? —preguntó Bella.

—Acaba de cumplir un año —dijo Rosalie sonriendo—. Está creciendo mucho.

—Oh, ¿tienes fotos de él?

—En mi teléfono. Iré por él. —Sonrió regresándome a Sofía antes de darse la vuelta y apurarse hacia Emmett.

Pasé el brazo por la espalda de Bella y acerqué mis labios a su oído.

—Te das cuenta de que te acabas de ganar una nueva amiga al haber pedido ver una foto de Ben, ¿cierto? —me reí
entre dientes.

Ladeó la cabeza y sonrió.

—Es muy amable.

—Contigo quizá —bufé.

—¿Presiento por aquí problemas entre hermanos? —se rió.

—A veces me altera.

—Solo lo hace porque eres su hermanito, y creo que eso es lo que se supone que deben hacer las hermanas
mayores.

Me encogí de hombros.

—Quizás, pero puedo asegurarte que no dejará de hablar sobre Ben por un rato, así que sacaré a bailar a Sofía.
Pareció gustarle cuando mi papá lo hizo.

—Oh, los estaré viendo.

Ahora la música era más animada, así que sostuve en brazos a mi pequeña y me divertí con ella. Estaba haciendo el
ridículo, pero Sofía se estaba riendo así que decidí que no me importaba. Seguí mirando hacia Bella, que de nuevo
estaba hablando con Rosalie. Ella levantó la vista del teléfono que tenía en manos y sonrió, agitando su otra mano. Le
regresé el saludo con la mano de Pequeña y me reí cuando mamá se acercó. Tomó las manos de Sofía, aplaudiendo
con ellas.

—No sabes lo mucho que disfrutó con esto, ¿verdad? —preguntó.

—¿Con qué? —pregunté—. ¿Con Sofía y conmigo, o con lo que viste?

Sonrió.

—Bien, con ambos. Pero verte con tu hija es la felicidad que en realidad no puedo explicar.

—Sabes, ahora no puedo imaginarme mi vida sin ella.

—Qué bien. Y ahora con lo otro...

—Por favor, ¿no?

—Solo diré que creo que ella puede ser buena para ti. —Acarició la mejilla de Pequeña—. Buena para ambos. Parece
ser muy linda. Las mamás reconocen ese tipo de cosas.

—Apenas has hablado con ella.

Miró hacia Bella y Rosalie.

—Tienes razón, así que iré a platicar más con ella.

—No le digas nada, ¿de acuerdo?

Sacudió la cabeza

—No lo haré.

—Porque es tímida, y no quiero espantarla.

Se alejó riéndose suavemente.

Joder.

—Sabes, Jasper, quiero uno de estos —dijo la señora Whitlock. Estábamos sentados en la mesa y ella cargaba a
Pequeña.

—Mamá — le dijo mirándola mal.

—Está bien, Jazz —dijo Alice—. ¿Qué madre no quiere nietos?

Obviamente Alice era jodidamente perfecta para Jasper. Parecía manejar todo lo que su mamá le decía con una
sonrisa, incluso las cosas insultantes. Como cuando preguntó que si Alice era una enana. Yo casi morí de risa, y
también Alice. Aunque Jasper no lo encontró gracioso. Él se aseguró rápidamente de que su madre supiera que Alice
no era una enana y que era grosero decirlo. La señora Whitlock solo le dio otro trago a su vino y se disculpó a medias.

—Es inteligente —dijo la señora Whitlock—. Entonces, ¿quieres tener hijos?

Alice miró a Sofía y sonrió.

—Sí, algún día.

—Pues puede que quieras apresurarte. No estás rejuveneciendo en absoluto.

—De acuerdo —dijo Jasper—, creo que ya has bebido lo suficiente. Regrésale su hija a Edward.

La señora Whitlock rodó los ojos cuando me puse de pie para agarrar a mi hija.

—No he bebido tanto —me dijo regresándome a Pequeña.

—Claro que no, señora Whitlock —dije—. Solo estamos previniendo. Además necesito darle de comer.
—¡Aww, yo solía amar cuando le daba pecho a Jasper! Agarraba mi bubi como todo un experto.

Intenté con todas mis fuerzas no reírme porque sabía que Jasper se enojaría, pero una vez me alejé no pude evitarlo.
Esa mujer no tenía filtro, mierdas como ésas seguían volando de su boca durante toda la noche, avergonzando a
Jasper.

Luego de darle de comer a Pequeña fue la hora de partir el pastel. La noche estaba a punto de terminar y podía ver que
Sofía estaba lista para ir a casa. Estaba renegando mientras veíamos a mamá y papá darse de comer el uno al otro.

Palmeé suavemente su colita, meciéndola para intentar calmarla.

—Creo que está agotada —le dije a Bella.

Tomó la mano de Pequeña y sonrió.

—Apuesto que sí. Esta noche ha visto toda clase de cosas nuevas.

—¿Podemos, uh…, guardar la plática para mañana?

Para ser honestos estaba jodidamente nervioso sobre lo que fuera a incluir esa plática. ¿Quería estar en una relación?
No estaba seguro. Pero, ¿prefería escuchar las palabras "seamos solo amigos"? No. Joder no, en realidad temía eso.
Estaba siendo un cobarde al intentar posponerlo, pero no estaba listo para lo que ella pudiera decirme.

—Por supuesto, Edward —dijo—. Podemos hablar mañana. ¿De acuerdo?

Ella parecía estar aliviada, no sabía si eso era bueno o malo. Parecía ser una mala señal. Quizás estaba tan asustada
como yo por saber dónde podría terminar esto.

—Sí, suena bien. Solo quiero acostar a Sofía y quizás intentar conseguir unas horas extras para mí —mentí.

Asintió justo cuando papá comenzaba a hablar, llamando nuestra atención.

—Nos gustaría agradecerles a todos por venir y compartir este día tan importante con nosotros —dijo—. Ahora mi
esposa y yo nos iremos a nuestra segunda luna de miel. Si alguno ha bebido demasiado, siéntanse libres de usar
nuestro teléfono para llamar a un taxi. Una vez más, gracias por venir y hacer de este día uno memorable.

Rosalie y Emmett aceptaron quedarse para asegurarse de que todos se fueran a casa, así que Bella, Jasper, Alice,
Pequeña y yo fuimos los primeros en irnos. Cuando llegamos al edificio de apartamentos Alice y Jasper se fueron,
dejándonos a Bella y a mí para subir juntos. Me detuve afuera de nuestras puertas, intentando descifrar cómo debería
despedirme. Podría besarla de nuevo, ¿no? ¿O era demasiado sin haber hablado antes de la última vez?

—Descansa, Sofía —dijo, besando la mejilla de Pequeña—. Hablaré contigo mañana, ¿de acuerdo? —preguntó.

Asentí.

—¿Quieres venir por un café en la mañana?

Sonrió.

—Claro. Vendré a las nueve. ¿Está bien?

—Genial. Quizás ella me dejará dormir —me reí.

Acarició la mejilla de mi pequeña.

—Sé buena y hazle ese favor a tu papi.

—Pues buenas noches, Bella. Gracias por acompañarme.

—De nada. Me divertí así que gracias por invitarme.

Luego de unos incómodos segundos decidí inclinarme y besar su mejilla. Sí, eso funcionaba. Sus mejillas se
encendieron y se giró, abriendo su puerta mientras yo me dirigía a la mía.

Pequeña me miraba con ojos somnolientos mientras le quitaba el vestido y le ponía un mameluco rosa. Bostezaba
mucho, eso me hacía reír. Era jodidamente lindo, ¿de acuerdo? Su boquita era…, sí. Imposible no sentir algo cuando la
ves.

—Gracias por portarte tan bien —dije, abrochando su mameluco—. Y lamento haber dejado que la señora Whitlock
asaltara tus mejillas.

Pasé los dedos sobre su mejilla regordeta, y suspiró cerrando los ojos. La levanté de la mesa cambiadora y me mecí
con ella.

—Pues hoy besé a Bella —dije—. Dijo que le gustó, pero no estoy muy seguro de qué sigue a partir de ahí. No soy…,
una persona de relaciones, pero creo que podría serlo por ella. Ella es genial, ¿verdad? Te agrada. Parte de mí tiene
miedo de que la perderé como amiga si esto no funciona, y no quiero eso.

Se acurrucó más en mi pecho con su manita agarrando mi camisa. Me seguí meciendo, sabiendo que se dormiría
pronto.

—A veces desearía que pudieras hablar conmigo —suspiré—. Pero otras estoy feliz de que no puedas. Probablemente
tendrás unas cuantas palabras para mí —me reí—. Palabras que te he enseñado.

Bajé la vista encontrándome con sus ojos todavía cerrados. Probablemente todavía no estaba dormida por completo,
así que me senté en la mecedora con ella apoyando la cabeza en el respaldo.

—Te amo, Pequeña. Has mejorado mi vida. Me has hecho una mejor persona, una persona con la que alguien como
Bella podría querer estar. —Sonreí—. Creo que quiero intentar esto. Yo solo…, siento algo por ella. Gracias por
escuchar —me reí—. Bueno, por dormirte en mí.

Bajé la cabeza para besarla suavemente antes de levantarme e ir hacia la cuna, acostándola y deseándole una buena
noche.

Pequeña sí me dejó dormir, me dio ocho horas completas, lo cual me sorprendió. Estuvo lista para ser cambiada y
alimentada a las ocho. Luego de ponerla feliz la acosté en el columpio y me di una ducha rápida. Cuando terminé me
senté en el piso y jugué un rato con ella antes de preparar el café. Justo antes de las nueve sonó un golpe en la puerta.
Bella había llegado puntual, por supuesto.

Abrí la puerta encontrándola con una sonrisa.

—Buenos días —dijo.

—Buenos días —dije—. Gracias por venir.

Abrí la puerta por completo para ella, animándola a entrar. Ella se acercó a Pequeña, agachándose para besar su
mejilla en lo que yo iba por dos tazas de café.

—¿Cómo quieres el tuyo? —pregunté.

—Negro.

Alcé la ceja.

—¿Negro?

Se encogió de hombros.

—Agarré el gusto por mi padre.

Sonreí.

—Yo igual.

Luego de llenar dos tazas regresé a la sala, y la encontré sentada en el sofá con Pequeña en las rodillas. Seguía
besando su mejilla, soplándole besos para hacer reír con fuerza a mi hija. Me gustaba verla con Sofía. Era natural, y no
pude evitar pensar lo afortunado que era al tenerla como vecina.

—Entonces…, tenemos que hablar —dije, sentándome en el sofá.


Asintió y dejó a Pequeña en el columpio que estaba a sus pies.

—Creo que deberíamos. No estoy segura…, de qué significó eso.

Asentí tomando un sorbo.

—Pues te besé porque quería, porque me gustas —dije—. Sueno como un niño de catorce años, ¿huh? —me reí.

Sonrió, dejando de lado su taza luego de darle un trago.

—Esto es un poco incómodo.

—Estoy de acuerdo contigo. Nunca he tenido que hablar sobre porqué besé a alguien.

—Me alegra que lo hicieras, ¿sabes? Yo um…, quería que lo hicieras, pero para ser honestos no creí que fueras capaz.
Pensé que éramos amigos.

—Si es todo lo que quieres, podemos dejarlo ahí —suspiré, deseando que no fuera eso todo lo que quisiera. Me
gustaba Bella, y no de la forma normal en que me gustaban las mujeres, lo cual honestamente me confundía hasta el
carajo. Esto…, besar a una chica…, no era típico de mí. En realidad, ni jodidamente cerca. Pero con Bella no podía ser
ese hombre. No estaba bien.

—Eso no es todo lo que quiero —dijo—. Pero, siendo honestos, no sé qué es lo que quiero. Aunque sé que no seré
como esas otras mujeres con las que has estado.

Sacudí la cabeza.

—Si hay una cosa que tengo decidida es eso. No eres como ellas, y no te trataré de esa forma.

—Entonces ahí tenemos nuestro comienzo. —Sonrió tomando otro sorbo—. Podemos ver a dónde vamos a partir de
ahí, si quieres.

—¿Dejar que pase?

Asintió.

—Me gustas, y quiero ver dónde puede terminar esto.

—Entonces, ¿lo intentaremos?

—Me gustaría.

—Pues supongo que debería invitarte a una cita de verdad —sonreí—. Prometo que esta vez mi mamá no nos
interrumpirá.

Se rió.

—¡Dios, eso fue mortificante!

—Creo que le gustó —me reí.

Se sonrojó y se mordió el labio inferior. Me acerqué más, acariciando su labio con la punta de mi dedo.

—Joder, me encanta cuando haces eso, Mordelona.

Lo soltó rápidamente.

—¿Mordelona?

—Digamos que es una expresión de cariño.

Sonrió riéndose suavemente.

—No estoy convencida de que me guste.

Presioné mi frente con la suya, dejando mis labios a centímetros de los suyos.
—Dale una oportunidad —susurré antes de besarla de nuevo.

Envolvió su mano alrededor de mi cuello, enredando los dedos en mi cabello. La empujé contra el brazo del sofá,
acomodándome sobre ella. Bajé la mano por su costado, subiéndola de nuevo y subiendo junto con ella su blusa. Su
piel era suave y cálida. Amaba jodidamente sentirla. Al parecer subí demasiado porque puso su mano sobre la mía
para bajarla, pero no rompió el beso para detenerme, así que supuse que todo estaba bien. Solo tenía que mantenerlo
respetable. Podría hacerlo. Podría hacerlo ahora y esta noche pasar algo de tiempo en la ducha imaginando lo que me
gustaría haber hecho.

—Entonces…, ¿una cita? —preguntó cuando nos separamos.

Asentí.

—Sí, ¿quieres?

Sonrió y presionó sus labios con los míos por un momento.

—Me encantaría.

Esta será la última actualización hasta después del 24 de mayo.

Leí que sentían curiosidad por el significado del nombre de la historia, aquí les dejo a grandes rasgos lo que sería
cada parte del título:

Fatherhood sería Paternidad, la recién estrenada paternidad con la que se encontró Edward
Formula hace referencia a la formula con la que se hace la leche de bebé, se podría decir que esa parte es de Sofía
Y Other F Words, sería Otras palabras con F, palabras tales como Fuck - la palabra favorita de Edward xD -. También
hace referencia a los nombres de los capítulos, en inglés todos comienzan con F, aunque en la traducción se pierda un
poco de estos detalles, pero si quieren comprobarlo basta con abrir la lista donde te aparece el nombre de todos los
capítulos. En español el nombre perdería su sentido y gracia, por eso decidí dejarlo en inglés.

¡Gracias por sus comentarios! Ya llegamos a los 550 :D

Gabriela Cullen, yolabertay, Danii Belliner Cullen, Shibubi, albi-yo, LuluuPattinson, Aryam Shields Masen, Agustineti,
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*Chapter 15*: Fun For Little One
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 15: Diversión para Pequeña

No podía creer que en realidad estaba haciendo esto. Una jodida clase de Mamá y Yo, Dios mío. Yo no era una mamá.
Era un papá, pero ¿tenía Port Angeles una clase de Papá y Yo? Claro que no. Cuando llamé para buscar una clase
abierta me aseguré de preguntar si era el primer papá que tenían. Me juraron que no, pero al mirar por la habitación,
que estaba llena solo de mujeres, comenzaba a dudar eso. Estaba rodeado de mujeres y bebés llorando. Me di cuenta
de que aunque amaba a mi niña, seguían sin agradarme los hijos de otros. ¿Y por qué jodidos las mamás dejaban
llorar a sus hijos?

—Tú debes ser Edward —dijo una mujer sonriendo y ofreciéndome su mano—. Soy Irina. Bienvenido.

Tomé su mano e intenté sonreír, esperaba no verme tan miserable como me sentía.

—Un placer conocerte —dije.

—¿Y ésta es? —preguntó señalando a Pequeña en mis brazos.

—Sofía.

Le hizo cosquillas a mi pequeña en la espalda con una sonrisa. ¿Por qué demonios tocaba a mi niña?

—Es un placer tenerlos a ambos aquí. Toma un lugar en el círculo y prepárate. La clase comienza en cinco minutos.

El círculo ya estaba bastante bien formado, pero encontré un lugar entre dos personas con espacio suficiente. Solté la
pañalera y me senté con Sofía en mi regazo. Extendí su manta y la acosté sobre su espalda como otras mujeres
habían hecho con sus hijos. No tenía ni puta idea de lo que debería estar haciendo, así que solo me quedé sentado
jugando con los pies de mi pequeña para hacerla reír.

—Edward Cullen —dijo alguien—. No puedo creer lo que ven mis ojos.

Levanté la vista encontrándome con una cara vagamente familiar, aunque no podía identificarla. Tuvo que haber pasado
mucho tiempo.

—Soy Lauren —dijo—. ¿De la preparatoria?

—Oh, sí, claro —dije cuando me llegó la comprensión—. Es bueno verte.

Se sentó junto a mí con un bebé.

—¡Lo mismo digo! Dios, no puedo creer que hayas regresado. Y con una hija.

—Sí —me reí incómodo—. Ésta es mi hija, Sofía.

—Aww, es adorable. Éste es mi cuarto bebé y primer niño, Nick.

—¿Cuarto, en serio?

Asintió.

—Tyler no puede mantener alejadas sus manos de mí —se rió.

Oh, carajo. No necesitaba esa imagen.

—¿Tyler Crowley? —pregunté.

—Sí, nos casamos al salir de la preparatoria. ¿Qué hay de ti? Escuché que te mudaste a Nueva York. ¿Hace mucho
que regresaste?

—De hecho hace un año.

—Huh. Ésta debe ser tu primera vez aquí, ¿no?

Asentí levantando a Pequeña y llevándomela al pecho.

—Sí, mi mamá pensó que sería buena idea venir.

—Oh, te encantará la clase. Es muy divertido. También es una buena manera de crear lazos. ¿No va a venir su mamá?

—Soy padre soltero.

Frunció el ceño y acarició la espalda de Sofía. ¿Por qué carajos todos querían tocarla?

—Lo siento.

—No te preocupes. Estamos bien.

Antes de que pudiera decir algo más Irina llegó al círculo y se sentó frente a mí. Empezó a hablar con las mamás,
preguntándoles cómo habían estado. Escuché todo sobre pezones hinchados, distintos colores de popó de bebé, y
otras cosas asquerosas que en realidad debieron haber sido platicadas con un doctor. Al parecer éste era el tiempo de
compartir. Rápidamente siguió para señalar a le gente nueva, mencionándome solo a mí.

—Cuéntanos sobre ti y tu hija, Edward —dijo.

—Soy Edward y ésta es mi hija Sofía —dije.

Se rió.

—¡Oh, vamos! No mordemos. Cuéntanos sobre ti.

—Um… Soy cirujano, soltero y ella es mi única hija.

¿Qué demonios se suponía que tenía que decir? ¿Querían la historia de mi vida?

—Apuesto a que es difícil, ¿huh? Trabajar horario completo y cuidar un bebé. Sabes, como grupo, estamos aquí para
apoyarnos entre nosotros por si alguna vez quieres hablar.

—Tengo ayuda suficiente y personas con quien hablar, pero gracias.

En realidad no, porque esto era raro. Mamá no mencionó nada acerca de hablar sobre mí.

Asintió.

—¿Qué edad tiene Sofía?

—Tiene casi dieciocho semanas.

—Qué edad tan dulce. —Sonrió—. Ahora, ¡comencemos con la clase!

Irina puso música ridícula y comenzó a aplaudir, cantando junto con la canción. Qué. Jodidos. ¿Tenía que cantar? Con
Pequeña en mi regazo, aplaudí con sus manos como todos los demás estaban haciendo, pero mantuve la boca
cerrada.

Lauren me dio un codazo sonriendo y dijo:

—Canta. ¡Es divertido!

Jesucristo. Las palabras eran simples, pero no quería cantar. Moví los labios junto con la letra, pretendiendo cantar.
Incluso me avergonzaba hacer eso. Aunque Pequeña se estaba riendo. Al parecer le gustaba esto, al igual que le
gustaba cuando me tapaba la cara con las manos y jugaba "¿Dónde está bebé?". Le gustaban las cosas simples. No
había necesidad de avergonzarme en público por ella, pero lo hacía. Luego de que Lauren me dio otro codazo,
haciéndome enojar por completo, canté un poco. Nunca hablaría de esto. Le agradecía a Dios porque nadie que
realmente conociera estuviera aquí para ver esto.
Luego de que la jodida canción terminó, hicimos saltar a los bebés. Hacía esto en casa con ella, ¿entonces por qué
necesitaba venir a una clase para hacerlo? Pequeña se chupaba los dedos, sonriendo con ellos en la boca mientras
yo la hacía saltar sobre sus pies. Pateó con las piernas, pero en realidad no me fue de mucha ayuda. De todas formas
no era como si ya pudiera sostenerse de esa manera. Seguimos con más actividades parecidas a ésa, solo moviendo
a los bebés de un lado a otro.

—Entonces, ¿eres doctor? —preguntó la mujer que estaba al otro lado de mí.

—Sí.

¿No acababa de decir eso?

—Sabes, nosotros, los padres solteros, necesitamos unirnos —dijo—. Es tan difícil cuidar de un bebé mientras
trabajas.

Asentí.

—Sí, no es fácil.

—Y apuesto a que tienes un horario agotador, ¿huh?

—Sesenta horas por semana es la norma. En realidad a veces son más.

—Vaya, y creí que con cuarenta era difícil. ¿Cómo sacas tiempo para ella?

No sabía decir si en realidad sentía curiosidad o si solo quería hablar. Ella era más joven, probablemente rondaba los
veinte. La bebé frente a ella se veía de la edad de Sofía. Me di cuenta que debajo de sus ojos había oscuras ojeras, lo
que significaba que probablemente estaba cansada. Yo también estaba cansado. Hubiera preferido por mucho pasar
mi día libre en casa, relajándome, pero sí quería hacer algo para hacer feliz a Pequeña. ¿Por qué venía ella aquí? ¿Las
mismas razones; para intentar ser mejor madre?

—Paso las tardes con ella —dije—. Tenemos una rutina, creo que eso ayuda.

Asintió.

—Sí, eso es lo que yo hago con Kara, pero me siento mal por no estar con ella tanto como otras madres. Además voy a
regresar a la escuela en otoño y sé que eso reducirá mi tiempo con ella.

—Pero la escuela es importante. Estoy seguro de que ella prefiere estar bien cuidada que unas horas más en esta
época. Ni siquiera lo recordará.

—Aunque éste es el tiempo más importante. Es por eso que vengo aquí cada semana. Es tiempo en el que sé que
puedo crear lazos con ella. ¿No es por eso porque estás aquí?

Me encogí de hombros.

—No exactamente. Mi mamá quería que viniera. Dijo que sería bueno para ella.

—¿Entonces es una obligación? ¿Ni siquiera haces esto por tu hija? —me acusó.

Maldición. Al parecer la chica podía entenderme, y no estaba muy emocionada con lo que vio.

—Hago mucho por ella —dije—. Su mamá la dejó conmigo, así que tuve que renunciar a mucho por cuidarla.

—El papá de mi hija me abandonó cuando supo que estaba embarazada —dijo—. Pero no por eso creo que cuidarla
sea una obligación.

—Yo… Quiero decir, al principio así me sentí, pero ahora la amo. Hago estas cosas para hacerla feliz y darle una buena
vida.

—Qué bueno.

—No pretendía sonar como un cabrón.

—¡No groserías! —dijo Irina—. Es una de las reglas. —Señaló el póster en la pared.
—Lo siento —murmuré rodando los ojos.

No sabía por qué sentía que tenía que darle explicaciones a esta chica, pero ella tenía razón. No debería estar
haciendo esto solo por mamá. Y Pequeña lo estaba disfrutando, así que eso me hacía feliz.

—Lo siento —dijo—, tampoco pretendía decir eso. Empecemos de nuevo. Mi nombre es Angela.

Sonreí.

—Edward.

—Aunque es en serio, nosotros como padres solteros necesitamos unirnos aquí —susurró—. Se pone un poco…
competitivo.

¿Una clase de Mamá y Yo competitiva? ¿Qué? ¿Contaban el tiempo para ver quién podía cambiar un pañal más
rápido? Casi quería reírme de Angela. Era una jodida clase, no una zona de guerra donde necesitas unirte contra el
enemigo.

—Competitivo, ¿huh? —me reí entre dientes empujando las piernas de Pequeña para que sus rodillas se doblaran,
parecía que estaba pedaleando una bicicleta.

—No bromeo —dijo—. ¿Ya puede darse la vuelta?

—Nada más de estómago a espalda. Todavía está trabajando en volverse a poner sobre el estómago, pero ya casi lo
domina.

Se acercó para susurrar de nuevo.

—Algunas de las mamás se ponen bastante competitivas por logros como ése. Piensan que su hijo es el mejor, y
harían cualquier cosa por demostrarlo.

Alcé la ceja.

—Eso es… triste.

Yo ya sabía que Pequeña estaba avanzada para su edad, así que quizá por eso no me importaba. Quiero decir, mi niña
era bastante maravillosa. No decía que fuera mejor que los otros niños, pero ya estaba haciendo cosas que otros
bebés mayores que ella apenas comenzaban a hacer. Era inteligente, pero no me molestaría en demostrar que era
mejor.

Luego de un poco más de ejercicio y de "aflojar" a los bebés seguimos con los juguetes. Al parecer la meta era función
motora. Irina quería que los bebés intentaran agarrar los juguetes coloridos. Pequeña era buenísima en ello, aunque
intentaba llevárselo a la boca, así que tenía que quitárselo. Agarré su chupón de la bolsa y se lo metí a la boca para
evitar eso.

—Oh, ¿usas mucho el chupón? —preguntó Lauren.

—Sí, ¿por qué? —pregunté alzando una ceja.

Se encogió de hombros.

—Es que… Puede que se haga dependiente de él. También puede llevarla a más infecciones de oído y problemas
dentales. Muchos pediatras no recomiendan el uso seguido del chupón.

—Pues, ¿sabías tú que investigadores han descubierto que el uso del chupón mientras duerme disminuye el riesgo de
muerte de cuna? Por eso seguiré usando el chupón hasta que ella sea más grande y luego se lo quitaré cuando yo
sienta que es apropiado, pero gracias por preocuparte.

La perra se veía sorprendida por mi comentario. Qué bueno. ¿Me decía cómo debía cuidar a mi hija? He leído
bastantes libros sobre esas mierdas, y tenía a mi mamá y a Rosalie para consultarlas, así que no necesitaba sus
consejos. ¿Quién demonios se creía que era?

—Eso. Estuvo. Genial —susurró Angela junto a mí acercándose más—. Siempre hace lo mismo.

Me encogí de hombros.
—A Pequeña le gusta su chupón.

—¡Bien! —dijo Irina—. Hay que terminar la clase con un masaje. Estos bebés hicieron mucho ejercicio hoy.

Acosté a Pequeña sobre su espalda como todos los demás, sobando suavemente su pancita. Ella amaba cuando
hacía esto en casa. Me moví hacia sus piernas y brazos, solo sobando ligeramente su piel, haciéndola gorgorear y
sonreír alrededor de su chupón. Para cuando la acosté sobre su estómago para seguir con su espalda ya estaba fuera
de combate.

—Entonces, ¿regresarás? —preguntó Angela mientras guardaba las cosas de Pequeña.

—Puede. Pareció que le gustó mucho —dije.

No me mataría venir de vez en cuando con ella. Aunque no cada semana. Eso sí podría matarme. Odié cantar, pero el
resto no estuvo tan mal.

—Qué bien —dijo—. De verdad es bueno para crear lazos. Es una hora de tu día completamente dedicada a ella.

Asentí.

—Tendré que ver si puedo.

Después de la clase dejé a Pequeña con mamá. Ya que tenía libres el día de hoy y mañana, Bella y yo decidimos que
hoy sería una buena noche para invitarla a salir. No corríamos el riesgo de que yo llegara tarde a trabajar o que me
llamaran inesperadamente.

Tardé más de lo que esperaba dejando a Pequeña. Claro, mamá quería saber todo sobre la clase. Le conté todo a
excepción de cuando canté. No podía confiar en que no le diría a papá, que le diría a Emmett. Nunca me dejarían
olvidar esa mierda. Dijo que estaba orgullosa de mí por haber ido y esperaba que regresara. Se puso mucho más feliz
cuando le dije que quizá sí lo hacía, incluso aunque no estaba seguro de haberlo dicho de verdad.

—Son casi las seis —dije—. Tengo que irme. Oh, y me voy a llevar a Tanya.

Sonrió y me abrazó.

—Bien. Diviértete esta noche, pero no mucho.

Suspiré.

—No planeo tener tanta diversión. Seré un caballero, lo juro.

—Qué bien, y una cosa más. Tu cumpleaños es en una semana. ¿Tienes planes?

—Pues ya que ponerme lo suficientemente borracho para olvidar que cumpliré treinta está fuera de cuestión, no, no
tengo.

—Aww, no te pongas melancólico —se rió—. Ni que estuvieras tan viejo. Entonces, ¿no planes significa que quizá
quieras venir?

—¿Un cumpleaños con mis padres? —suspiré—. Claro, ¿por qué no? Nada dice mejor que estás envejeciendo como
regresar a los cumpleaños familiares.

Rodó los ojos y palmeó mi mejilla.

—Entonces no lo haremos aquí. Elige un restaurante e invita a Bella. Incluso cuidaré a Sofía para que puedas tomar
unos tragos. Pocos.

Sonreí.

—Está bien. Ahora tengo que irme.

Me abrazó de nuevo y besé su mejilla.

—Bien, te quiero, cariño —dijo.


Le dije a Bella que la recogería —lo que significaba que cruzaría el pasillo para ir por ella— a las siete. Eran las seis
cincuenta y tres. No estaba seguro de cuál era la etiqueta para citas, viendo que no había estado en muchas citas de
verdad, pero supuse que era lo suficientemente cerca… ¿Cierto? Decidí verme en el espejo una última vez.
Pasándome la mano por el cabello miré el reloj una vez más. Ahora ya eran las seis cincuenta y cuatro.

Suspiré para mí.

—¿En serio estoy jodidamente nervioso?

Joder no, no estaba nervioso… ¿O sí? ¿Por qué demonios tenía que estar nervioso? Pues estaba fuera de mi zona de
confort. Una cita, una maldita cita de verdad. No había estado en una verdadera desde mi primer año en la escuela de
medicina. Y no fue con una persona como Bella. Mi experiencia no se basaba en salir con mujeres. Era en meterlas a
mi cama lo más pronto que se pudiera, y luego en sacarlas de ahí antes de levantarme la mañana siguiente.
Básicamente estaba en blanco para esta noche, y odiaba estar en blanco.

Cuando miré el reloj de nuevo, y ahora marcaba cuatro minutos hasta las siete, así que dije joder, suficiente cerca, y me
dirigí a su apartamento. Toqué dos veces y esperé un minuto antes de que ella abriera la puerta. Se veía jodidamente
b ien en un vestido negro.

—Hola —dije sonriendo—. Te ves hermosa.

Se sonrojó un poco y bajó la vista para verse, luego me miró. —Gracias, y tú te ves muy guapo —dijo y de repente
sonrió—. ¿Qué, no hay flores?

Mierda. Flores. Sabía que se me olvidaba algo.

—Yo… Yo no… Lo sien...

Rápidamente me detuvo riéndose.

—Estaba bromeando. ¿Estás bien? Te ves un poco… nervioso.

Asentí.

—Estoy bien. ¿Estás lista?

Agarró un bolso pequeño de una mesita.

—Síp.

Puse mi mano en la parte baja de su espalda para guiarla hacia Tanya. Le abrí la puerta, siendo todo un caballero, y
ella se sentó con una sonrisa.

Bella miraba el menú con una sonrisa, diciendo que todo se veía bien; estaba bastante feliz conmigo mismo por haber
elegido este restaurante. Con todas las comidas italianas que ella me había preparado, supuse que le gustaría. Había
escuchado a las enfermeras hablando y diciendo cosas muy buenas de este lugar.

—Creo que tendré que elegir el raviolis de gambas —dijo Bella cerrando su menú—. ¿Qué hay de ti?

Deje mi menú sobre el de ella y le di un trago a mi vino.

—Fettuccine Alfredo con pollo. Supongo que elegiré algo simple y seguro.

Sonrió.

—Pues eso también está bien.

—¿Y qué has estado haciendo con tu tiempo libre?

—Como ya dije antes, limpiando y organizando. No he tenido mucho tiempo para organizar todo desde que me mudé.
Ha sido agradable. Finalmente puse algunas cosas en la sala. Fotos y esas cosas, ¿sabes?

Asentí.

—Sí, se veía un poco vacío.


—Sabes, no puedo evitar pensar cómo es que terminamos en el mismo edificio de apartamentos. Es solo que…
pensé que vivirías en algún otro lugar… más lindo.

—Soy una persona muy simple —se rió entre dientes—. No necesito mucho, y no creo que sea muy mal lugar. Es
seguro.

—Sí, por supuesto. Supongo que solo pensé que era raro que una maestra de preescolar y un cirujano vivan uno frente
al otro.

—Pues estoy feliz de no haber comprado una casa como mamá sugirió. Soy muy afortunado de tenerte como vecina.

Sus mejillas se encendieron.

—Digamos que también estoy muy feliz de haber elegido ese apartamento.

—¿Feliz por mí o por Pequeña?

Sonrió.

—Más que nada por ella.

—No puedo culparte —me reí.

Le dio otro trago a su vino cuando la mesera vino por nuestras órdenes. Mientras esperábamos la comida me preguntó
sobre mi semana en el trabajo.

—Papá regresó hoy, y estoy jodidamente agradecido —dije—. Emmett lo estaba cubriendo.

—¿El hombre que inició la conga en la recepción de tus padres? —se rió.

Asentí.

—Ves por qué estoy agradecido. Él no es exactamente material de liderazgo. El tablero ha sido un desastre. Les dio
turnos dobles a las enfermeras de emergencias, dejándome a punto de iniciar la cirugía de una hernia con tan solo
una. No estuvo bien.

—Eso parece. Al menos tu papá ya regresó. Además tienes el día libre. ¿Cómo estuvo la clase?

—Fue… interesante —dije, bebiendo más vino.

—¿Interesante bien o interesante mal?

—A ella le gustó, así que estoy feliz por haber ido, pero no estoy seguro sobre regresar. Parece que no tiene sentido
llevarla a un lugar para hacer las mismas cosas que hago con ella en casa, ¿sabes?

Se encogió de hombros.

—Pero es lindo sacarla, ¿no?

Asentí.

—Creo que le gusta visitar nuevos lugares.

—Entonces… ¿Te gustó cantar? —se rió suavemente.

Entrecerré los ojos.

—¿Cómo supiste eso?

—Sé de qué trata la clase, Edward. He trabajado con niños desde que era adolescente.

Hijo de perra.

—Por favor, no le digas a Alice que canté. Ella le dirá a Jasper. Intento mantener esto en secreto.

—Oh, no te avergüences tanto. Estoy segura de que fue adorable.


—No fue así. Fue vergonzoso.

—¿Sofía se rió?

—Sí —suspiré.

—Entonces no te preocupes. Mantendré la boca cerrada, ¿bien?

—Gracias —dije cuando la mesera finalmente trajo el pan de ajo.

No iba a decirle nada, pero estaba un poco lenta. Su propina no iba a ser buena. Bella partió un pan y se lo metió a la
boca. Alcé una ceja. Si no lo supiera mejor, diría que me estaba tentando. Aunque mi polla llevaba tanto tiempo sin
estar en la boca de una chica que probablemente solo estaba imaginando cosas. Probablemente. Pero a excepción de
la parte de masticar, desearía ser ese pan de ajo.

—¿Está bueno el pan? —pregunté, agarrando uno para mí.

Asintió tapándose la boca con la mano.

—Mucho.

—¿Cómo era Forks? —le pregunté.

—Oh, no muy interesante. Es un pueblo muy pequeño. Cuando era más joven no podía esperar para salir de ahí.
Supongo que puedo ver por qué mi madre quería irse.

—¿Eres… Crees que te pareces mucho a ella?

Solo esperaba que ésta fuera una conversación segura. No quería alterarla, pero quería saber más de ella.

Sacudió la cabeza.

—No, me parezco más a mi papá. Cuando me fui de Forks empecé a extrañar la sensación de un pueblo chico. Estaba
muy feliz de haber conseguido un trabajo en Port Angeles. Es pequeño, pero no demasiado, ¿sabes?

—Sí, aunque yo solo lo veo pequeño. Solo he vivido aquí y en Nueva York, así que no tengo mucho de dónde basarme.

—¿Extrañas Nueva York?

—En realidad no. Extraño la vida rápida, pero estar aquí no es muy malo. Es lindo estar de regreso con la familia y los
amigos con los que crecí.

—Apuesto que estás realmente agradecido de haber regresado ahora que tienes a Sofía.

—Dios, sí —me reí—. No estoy seguro de haber podido sobrevivir la primera noche sin mis padres y sin ti, claro.

Luego de que nos sirvieron la cena Bella y yo seguimos hablando. Era una conversación cómoda. Aprendí más acerca
de su infancia y su papá, y ella me preguntó sobre mí, consiguiendo escuchar historias graciosas sobre las cosas que
Jasper, Emmett y yo hacíamos. De alguna forma llegamos al tema de su último novio. Pasó por accidente. Me estaba
contando que pasaba mucho tiempo en La Push durante sus vacaciones en la escuela. Al parecer, el ex vivía ahí y lo
conoció por un amigo.

—Estuvimos juntos hasta hace un año —dijo—. Oh, probablemente no quieres escuchar sobre esto, ¿verdad? lo
siento. Ésta no es una conversación apropiada para una cita.

—No, está bien —dije. Sí quería saber sobre esto, por muy raro que sonara. Quizá solo quería saber qué era lo que
tenía que superar, pero quería saber cómo terminó—. ¿Por qué terminaron? Quiero decir, una relación de seis años no
parece algo a lo que renuncies con facilidad.

—Me engañó —dijo, entrecerrando los ojos y encajando el tenedor en el ravioli de su plato—. Eso fue todo.

Yo no era un santo, obviamente, pero engañar es algo que nunca, jamás haría. Es por eso que las relaciones serias
nunca fueron para mí, así que al menos ya era mejor que el último novio que tuvo.

—Bastardo —dije.
—Sí. Entonces, cambiando de tema, ¿tu mamá se quedará con Sofía toda la noche?

¿Estaba pensando lo mismo que yo?

—Sí.

—Qué bien. Podrás dormir.—Sonrió.

Carajo. No pensaba lo mismo que yo, y me estaba provocando bolas azules.

—Sí —suspiré—. Será agradable.

—Puedo hacerte de almorzar mañana, si quieres.

Sonreí.

—Me encantaría. Y, oye, ni siquiera tuve que pedirte una segunda cita —me reí.

—No creo que el almuerzo sea considerado una cita. —Sonrió—. Pero supongo que puedes decir que eso es.

—Es nuestra segunda cita. —Sonreí.

Cuando la mesera regresó para recoger nuestros platos, preguntó por el postre. Bella se negó, diciendo que estaba
llena. En realidad estaba jodidamente agradecido. No estaba seguro de poder lidiar con ella mientras lamía chocolate
de sus labios. Estaba intentando comportarme, y si lamía sus labios no me ayudaría en nada. Sabía que no iba a
acostarme con ella esta noche, y parte de mí —no mi polla, obviamente— estaba de acuerdo con eso. Ella merecía
algo mejor.

—¿Estás lista para irnos? —pregunté, firmando el recibo con mi nombre.

Sonrió y asintió.

—Cuando gustes.

Mientras manejaba de regreso al edificio de apartamentos, empezamos a hablar sobre Pequeña. Era difícil creer que
ya llevaba dos meses siendo parte esencial de mi vida. El tiempo parecía estarse yendo demasiado rápido, que me
dejaba preguntándome a dónde me dirigía.

—Antes de que lo sepa estará gateando —dije—. ¡Y luego caminando! No estoy seguro de estar listo para eso.

—No te olvides de que va a hablar —dijo—. Está empezando a balbucear un poco. Es adorable.

—Lo sé —me reí—. En realidad estoy emocionado por el día en que diga papi. Demonios, incluso aceptaría "pa".

Giró la cabeza y sonrió.

—Lo dirá.

—Eres parte importante de su vida, ¿sabes? No puedo agradecerte lo suficiente por todo lo que has hecho. —Volteé la
cabeza y noté su sonrojo, también se mordía el labio—. Vas a matarme, Mordelona.

Soltó su labio y se rió suavemente.

—¿Qué?

—Es por ese maldito sonrojo y cuando te muerdes el labio.

—Pues ya superamos el sonrojo. No puedo evitarlo, pero puedo intentar dejar de morderme el labio.

—Oh, no, no lo hagas. —Sonreí, entrando al estacionamiento—. Puede que me mate, pero me gusta.

Me moví rápidamente hacia el lado de Bella en cuanto salí del carro. Abrí su puerta por completo y le ofrecí mi mano. Se
sonrojó, sonrió y aceptó mi mano. Sostuvo mi mano todo el camino por las escaleras. Era tonto, de verdad, pero algo
lindo. Estaba sosteniendo su mano. Un cambio muy serio aquí.

Nos detuvimos frente a su puerta y pasé mis dedos por su mejilla. No pude evitar disfrutar de la forma en que se sentía
su piel. Estaba tan malditamente suave. Alzó la mirada para encontrarse con mis ojos y sonrió suavemente.

—Me la pase genial esta noche —dijo.

Bajé la cabeza acercando mis labios a los suyos.

—Yo también —susurré besándola suavemente.

Aunque no duró mucho tiempo inocente. Movió sus manos a mi nuca, jalando un poco mi cabello mientras yo la
empujaba contra la puerta. Mi mano se movió por su costado, acariciando su pecho. Gimió un poco en respuesta.
Joder, sí. Una de sus manos dejó mi cabello y bajó por mi espalda. De repente estaba en mi trasero. Así que Bella
también podía ponerse un poco picarona, ¿huh? Qué agradable.

—Yo… —jadeó—. Debería entrar.

Asentí, bajando la cabeza y besando su cuello. Probablemente ella debería entrar, pero yo no quería que lo hiciera.

—Oh —jadeó—. De verdad, Edward, debería hacerlo.

—Sí, deberías —susurré—, pero tu mano sigue en mi trasero.

Ella me soltó —maldición— y la movió hacia mi cara, haciéndome mirarla. Estaba sonrojada, pero sonreía tontamente.

—Buenas noches, Edward —dijo.

Sonreí.

—Buenas noches, Bella.

Me dio un besito una vez más antes de alejarse. Buscó en su bolsa, intentando encontrar sus llaves mientras la veía.

—Iré por la mañana —dijo.

—Te estaré esperando.

¡Gracias por sus comentarios!

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*Chapter 16*: French Toast and Conversations
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 16: Tostadas Francesas y Conversaciones

Desafortunadamente no pude dormir como quería. Estaba acostumbrado a levantarme por Pequeña. Me levanté a las
seis y decidí ir a correr, sabiendo que Bella no planeaba venir a almorzar al menos hasta las nueve. Mientras recorría el
sendero, mi menté regresó vagando hacia la noche pasada. Probablemente no fue la cita más emocionante que ha
habido, pero fue… agradable. Aprendí más de ella, como sobre su único y último novio. Jodido idiota. De verdad,
¿engañar a Bella? ¿Cómo es que alguien querría lastimar a una persona tan… linda, tan dulce? Parecía un crimen
hacer eso. Ahora no me preguntaba por qué llevaba un año sin estar con nadie más. Pudo haber sido por eso que
actuaba tan reservada conmigo.

¿Pensaba ella que yo podría hacer eso? Mi récord probablemente no me ayudaba a convencerla de otra cosa, pero yo
nunca haría eso. Si hacíamos que esto funcionara, tenía que asegurarme de que supiera que ella sería la única. Había
pasado dos meses sin acostarme con nadie, y sabía que ella se había dado cuenta de mi cambio, así que tenía la
esperanza de que me creyera. La única pregunta que tenía para mí mismo era si estaba listo para una relación. No
estaba listo para una hija, pero lo logré. Cambié por Sofía en maneras en las que nunca pensé que podría. Podría
cambiar por Bella si esto funcionaba. Tendría que dejar de hacer ciertas cosas, como mirar a las mujeres que pasaban
corriendo junto a mí, rebotando tan perfectamente. Pero supongo que podría hacerlo si significaba tener algo mejor. Al
carajo, no lo sabía. Demonios, apenas habíamos tenido nuestra primera cita así que, ¿por qué estaba pensando ya en
esto?

Sacudí la cabeza, cambié la lista de reproducción en mi iPod y seguí avanzando, decidiendo dejar eso de lado por
ahora.

Para cuando regresé a mi apartamento apenas eran las siete y media. Sabía que mamá y papá ya estarían levantados,
así que decidí llamarlos para ver si Pequeña había estado bien.

—Te levantaste temprano —respondió mamá.

—Buenos días para ti también —dije sirviéndome una taza de café—. ¿Sofía sigue dormida?

—No, se acaba de levantar. Tu papá le está dando el biberón ahora.

—¿Cómo se portó?

Suspiró.

—Renegó anoche cuando se dio cuenta de que no ibas a regresar, pero la calmamos. Se portó bien, Edward.

—Bella también dijo que estuvo renegona al principio cuando la dejé con ella.

—Solo extraña a su papi cuando él no está aquí —se rió suavemente—. Es dulce. Aunque se calmó con rapidez, así
que no te preocupes.

—Qué bueno. Probablemente iré por ella a medio día. ¿Está bien?

—Sí. Entonces, ¿cómo estuvo la cita? —Casi podía escucharla sonreír.

—Estuvo bien. La llevé a ese restaurante italiano que está frente al mar. Nos divertimos.

—¿Te comportaste? —Escuché que papá preguntaba en el fondo.

—¿Ambos se dan cuenta que eso no es de su incumbencia? —pregunté—. Es de mala educación preguntarle a tu hijo
si se acostó con alguien.

—Bueno, ¿lo hiciste? —preguntó mamá.


Suspiré y me pasé la mano por la cara.

—No, ¿de acuerdo? Y no me vuelvas a preguntar, porque no te voy a decir.

—¿Me dirás cuando lo hagas?

—¡No!

Se rió.

—Bien. Dios, estaba bromeando.

—Por alguna razón no te creo. Llámame si necesitas algo…, con respecto a Sofía.

—Está bien. Nos vemos más tarde. Te quiero.

—Sí, yo también te quiero —dije colgando el teléfono.

Decidí que mis padres —más específicamente mi madre— estaban demasiado interesados en la vida amorosa de su
hijo de treinta años.

—Llegas más temprano de lo que creí —dije, abriendo un poco más la puerta para Bella—. Y no traes comida.

Se rió suavemente dirigiéndose a mi cocina.

—Te estoy enseñando, ¿cierto? Por eso vamos a hacer esto juntos.

—Puedo preparar huevos —dije.

—¿Qué te parece tostadas francesas? ¿Tienes jarabe? ¿Azúcar? —preguntó buscando en mis gabinetes.

—Siempre tengo jarabe —dije riéndome mientras lo bajaba para ella de la repisa más alta—. Los Eggos son
esenciales en este apartamento.

Luego se dirigió a mi refrigerador.

—Qué bien, ahora necesito ir por azúcar, extracto de vainilla, canela y chorizo. Tú tienes todo lo demás, y todas las
fechas están en orden… Increíble —bromeó revisando dos veces.

—No soy tan malo… Al menos ya no. Pequeña requiere que haga viajes frecuentes a la tienda.

—Solías comprar leche en la gasolinera, ¿no?

—Probablemente. —Sonreí, empujándola contra el mostrador. Rocé mis labios con los suyos—. No me diste los
buenos días —susurré besándola.

Ella movió sus labios con los míos, subiendo su mano a mi rostro. Rascó la barba de tres días que todavía no me
rasuraba. La sentí reírse suavemente al alejarse.

—Tienes barba —se rió.

—¿Quieres que me rasure? —pregunté, pasando mi mandíbula por su mejilla.

Se rió más y me empujó.

—Tengo que ir por esas cosas —dijo. No me moví y ella entrecerró los ojos—. Es en serio.

—Bien —suspiré sonriendo—. De todas formas tengo hambre y no me voy a rasurar.

Cuando Bella regresó me explicó el proceso para preparar tostadas francesas. No dije nada pero, increíblemente,
sabía cómo prepararlas, aunque la dejé seguir hablando porque, estaba claro, que le gustaba enseñar.

—¿Cuántas piezas quieres? —preguntó, sacando el pan de la bolsa.

—¿Me vería como un trasero gordo si dijera que cinco? —me reí.
Sonrió y ladeó la cabeza, obviamente mirando mi trasero.

—Disculpa —dije—. De alguna manera creo que si yo hiciera eso, me abofetearías.

Rodó los ojos.

—No eres tan sutil como piensas, y todavía no te abofeteo.—Miré sus pechos mientras hablaba, solo porque sí—. Pero
puede que deba hacerlo —agregó, cruzando los brazos sobre el pecho.

—Si no quieres que te vea, no uses escotes —dije, me encogí de hombros y seguí batiendo los huevos junto con otras
mierdas para ella.

Dejó caer los brazos y sacó más pan de la bolsa justo cuando yo terminaba con los huevos y le daba el tazón.
Compartimos más risas cuando quemé las primeras cuatro piezas de un lado, las cuales ella dijo que eran mías. La
verdad era su culpa. Me distraía con sus pechos y su trasero, y era difícil concentrarme en un maldito pan. Estaba
jodidamente caliente. Esto…, iba a ser difícil. Podía besarla, podía tocarla, pero no podía follarla. No todavía, al menos.

Luego de devorar uno de los malditamente mejores almuerzos que había tenido en un tiempo, Bella y yo nos
acomodamos en el sofá a ver una película. Era martes en la mañana y no había ni una jodida forma en la que me
hicieran ver caricaturas o noticias, así que solo nos quedaron las películas. Me encontré estirado con Bella entre mis
piernas —no de la forma en que quería— y su espalda contra mi pecho.

Giró la cabeza para verme.

—Si te pregunto algo, ¿prometes no ofenderte?

—Que comiences una pregunta de esa forma no me da muchas esperanzas, pero está bien, no me ofenderé.

Giró su cuerpo para quedar con la espalda contra el sofá.

—¿Cómo es que terminaste siendo…, la persona que eras antes de Sofía?

Alcé una ceja y me enderecé un poco.

—¿Estás preguntándome por qué me acostaba con todas?

Asintió.

—Solo tengo curiosidad. Sé que es de mala educación preguntar.

—Um… Pues, porque me gustaba. Me di cuenta que a las mujeres les gustaba mi aspecto, así que las usaba. Ahora
que lo veo me avergüenza un poco, pero es la verdad. No me acostaba con todas por algún problema inconcluso o ese
tipo de mierdas. No lo hacía por otra razón aparte de que podía. Yo lo deseaba, las mujeres me deseaban, así que lo
hacía.

Parpadeó sorprendida.

—Oh —susurró.

—Era una mala persona. Puedes decirlo.

—Yo no…, no iba a decir eso.

—Bella, yo ya no soy así —dije, acariciando su mejilla con mis dedos.

—Han sido tan solo dos meses.

Alejé la mano al mismo tiempo que fruncía el ceño.

—¿No crees que he cambiado?

Se mordió el labio y bajó la vista a su regazo. No era esa entrañable mordida que me gustaba.

—Estoy preocupada —admitió—. Me gusta el hombre que eres ahora. Mi preocupación es que en realidad no lo hayas
superado, y si ése es el caso…, no quiero estar contigo.

—No te lastimaré —dije, alejando un mechón de cabello que había caído sobre sus ojos. Me miró de nuevo y sonrió un
poco—. Antes de que llegara Sofía, mi meta en la vida era divertirme lo más posible. El sexo es divertido; ambos lo
sabemos. Pero en el momento en que ella entró en mi vida, esa meta cambió. Tengo que darle una buena vida, y no
puedo hacerlo si voy de cama en cama. Así que no voy a volver a ser quien era antes. No por ti, aunque ahora ya eres
parte de la razón, sino por ella.

Se acercó más y me acarició la mejilla con la punta de sus dedos.

—Eres un buen papá. ¿Te das cuenta de eso?

—Estoy haciendo lo mejor que puedo por ella.

—No estás haciendo esto, salir conmigo, besarme, hacerme sentí bien, solo porque quieres acostarte conmigo,
¿verdad?

Suspiré.

—Quiero acostarme contigo, pero no, no es por eso que hago esto. Lo hago porque me gustas. Me gusta que seas
amable y cariñosa, como tratas a mi hija, como claramente eres una buena persona. Me gustas tú. Por una vez en mi
vida puedo decir con honestidad que no estoy usando a una mujer.

—Era eso lo que quería saber. —Sonrió, inclinándose para besar mis labios—. Gracias por decirme la verdad.

—Eres hermosa —dije, haciéndola sonrojar—. Muerde tu labio para mí. —Se rió suavemente antes de poner el labio
inferior entre sus dientes—. Ésa es la mordida que me gusta.

La acerqué a mí y presioné mis labios con los suyos. Nuestras lenguas se movían juntas mientras acariciaba detrás
de su oreja con mi pulgar. Carajo, ella amaba eso. Ya la tenía jadeando entre besos. Eventualmente la empujé para
que se acostara en el sofá conmigo sobre ella. Levantó la pierna y la envolvió en mi cintura mientras nuestros labios
seguían moviéndose, separándose de vez en cuando para respirar. Mi mano subió por su cintura como la última vez,
subiendo junto con ella su blusa. Esta vez no me detuvo. Metí la mano debajo de su sostén, levantándolo para acariciar
su pezón con mi pulgar. Oh, jodido infierno, sí.

—Mmm —gimió, echando la cabeza atrás mientras yo movía los labios por su cuello.

Quería quitarle la blusa y el sostén para poder verla, pero me detuvo cuando intenté quitarla por completo.

—¿No? —pregunté.

—No ahora —dijo. Se veía apenada—. Es solo…

—¿Rápido? —Asintió mientras yo bajaba la copa de su sostén junto con su blusa—. Bien, vayamos lento. Entendido.

—Lo siento.

Sacudí la cabeza y la ayudé a sentarse.

—No lo estés. Entiendo.

—No es que no quiera, ¿sí? —preguntó recargándose de nuevo en mi pecho—. Solo hay que tomarnos nuestro tiempo.

—Creo que puedo manejarlo —dije, besando su cabeza.

Podía manejarlo, pero de verdad necesitaba una jodida ducha fría justo ahora. Aunque sí podía esperar. Ella valía la
espera.

Bella y yo pasamos la mañana viendo películas y enrollándonos como jodidos adolescentes. Cuando llegó el medio
día, me acompañó a recoger a Pequeña de casa de mis padres. En el segundo en que entramos mamá estaba sobre
ella, abrazándola incluso antes de mirarme.

—¿Cómo estás, Bella? —preguntó mamá separándose.

—Estoy muy bien señora Cul-Esme —dijo Bella, corrigiéndose rápidamente ante la mirada de mamá—. Espero que
haya tenido una buena segunda luna de miel.

Mamá sonrió.
—Oh, fue maravilloso. Hawai es hermoso. Solo desearía poder habernos quedado más tiempo.

—Hola mamá, también es bueno verte —dije, agachándome para abrazarla.

—No me olvidé de ti —bromeó, besando mi mejilla—. Solo estaba más emocionada por ver a Bella.

Puse la mano sobre mi corazón cuando nos separamos.

—Ouch.

Se rió junto con Bella mientras nos dirigíamos a la sala. Papá tenía a Sofía sentada en el sofá, y él estaba arrodillado
frente a ella. Alcé una ceja al observar la escena. ¿Qué demonios estaba haciendo? Papá quitó la mano del hombro de
mi pequeña y ella comenzó a caerse de lado.

—Todavía no puede mantenerse sentada —dije.

Él giró la cabeza hacia mí y sonrió.

—Solo lo intentaba. Ya puede levantar por completo el pecho del piso, así que quería probar.

La levantó del sofá y se acercó a mí para dármela. La sostuve cerca de mi pecho y besé su cabeza un par de veces.

—Hola Pequeña —dije—. Papi te extraño. —La besé una vez más, murmurándole que la amaba antes de levantar la
vista. Por supuesto, mamá y papá tenían sonrisas ridículas en el rostro. Bella sonrió y puso la mano en la espalda de
Pequeña, acariciándola suavemente. La mano de Sofía se estiró hacia Bella, e interpreté eso como una señal de que
quería estar con ella, así que se la pasé.

—Entonces —comenzó mamá—, ¿ya decidiste a dónde quieres ir en tu cena de cumpleaños?

La cabeza de Bella se alzó cuando besaba a Pequeña.

—¿Es tu cumpleaños?

—La siguiente semana —dije—. De hecho te iba a preguntar si querías venir a cenar con mi familia, pero se me fue de
la mente.

Abrió la boca sorprendida. No sabía por qué.

—Oh, pues si tú quieres, iré.

—Qué bien —dijo mamá—. Ahora solo falta que Edward decida a dónde quiere ir. Podríamos ir a steakhouse*.

Asentí.

—Sí, está bien.

Sonrió.

—Bien, ¿vas a trabajar?

—Sí. ¿Está bien a las ocho?

—Maravilloso. Supongo que ustedes quieren irse, ¿huh?

Luego de una larga despedida, que incluyó a mamá haciendo planes con Bella para el sábado, nos fuimos de regreso
al apartamento. No estaba seguro de cómo me sentía respecto a que mi mamá y Bella fueran a comer juntas. En
realidad sí sabía. Me ponía jodidamente nervioso. Sabía que a mi madre le agradaba ella, así que no me preocupaba
de que espantara a Bella, pero estaba… Solo me sentía ansioso por eso.

También comentaron que Rosalie podría unirse a ellas, y eso no lo mejoraba en nada. Mi madre y hermana iban a
estar solas con mi… De todas formas, ¿qué demonios era Bella? ¿Amiga? ¿Novia? ¿Mujer con la que, supongo,
estaba saliendo? Estábamos saliendo, ¿cierto? Quiero decir, habíamos tenido una cita, pero ¿eso calificaba como
estar saliendo? Esta mierda era jodidamente confusa y me provocaba dolor de cabeza.

—Así que, ¿éste es el carro de tu mamá? —preguntó Bella mientras yo conducía.

Asentí.
—Tanya no es muy apta para niños.

—¿Tanya? —se rió, echando la cabeza atrás contra el respaldo—. ¿Le pusiste Tanya a tu carro?

—Pues ella es muy sexy, así que sí, le puse Tanya a mi carro. Estás celosa.—Sonreí.

Se tapó la boca con la mano para sofocar las risas y sacudió la cabeza.

—No es raro, ¿sabes? —dije—. La gente le pone nombres a sus carros.

Asintió bajando la mano.

—Lo sé. Es que… ¿Tanya? ¿En serio?

—Le queda.

—¿Y Tanya va a quedarse para siempre?

—Estás celosa de mi carro, ¿no?

Bufó.

—Te juro que no estoy celosa de tu carro, solo tengo curiosidad de por qué todavía lo tienes.

—La —corregí.

La miré justo cuando rodaba los ojos.

—Bien. Solo tengo curiosidad de por qué todavía la tienes. ¿No tendría más sentido venderla y conseguir un carro en el
que tu hija pueda pasear?

—A mi mamá no le molesta que use el suyo.

—Edward, ¿por qué no la vendes?

Suspiré y aparté una mano del volante para pasármela por el cabello.

—Supongo que no estoy listo. Tuve que cambiar la apariencia de mi apartamento, mi horario de trabajo…, mi vida
entera por Sofía. Solo intento aferrarme a la única cosa que me recuerda a… mi vida.

—Pero ésa ya no es tu vida —dijo con suavidad—. ¿De verdad quieres recuperar esa vida?

—Pues no, no si eso significa que pierdo a Sofía. Supongo que solo…, no sé. Todavía no quiero vender a Tanya. No
estoy listo.

—Lo entiendo —dijo sonriendo—, pero cuando estés listo, te ayudaré.

—No te ofendas, pero no estoy muy seguro de que tengamos los mismos gustos de carros —me reí.

Me golpeó el brazo.

—Mi camioneta fue un regalo de mi padre, ¿bien? Cuando exhale su último aliento, compraré uno nuevo.

—Presiento que eso va a ser pronto.

—Probablemente —dijo justo cuando entrábamos al estacionamiento.

Pasamos el resto del día juntos; solo Bella, Sofía y yo. Finalmente me puse a trabajar con algunos historiales y
dictados, mientras Bella y Pequeña jugaban en el piso. Eso…, me distraía, por decirlo así. No podía concentrarme en el
trabajo porque me detenía para verlas. Bella era… Las palabras no alcanzaban para describir lo buena que era con mi
hija. Era natural. Pequeña se reía constantemente de las cosas que Bella hacía, y la sonrisa de Bella lo decía todo.
Estaba feliz.

Cuando Sofía se quedó dormida, Bella se fue porque necesitaba ir a la tienda. Logré terminar gran parte de mi trabajo
antes de que Pequeña despertara, gritando a más no poder. Cuando entré a su habitación y miré su cuna, la encontré
agitando brazos y piernas mientras gritaba. La bebé feliz que había tomado su siesta hace hora y media ya no estaba.
Rápidamente me di cuenta de por qué estaba tan molesta al revisar su pañal.

—Guardaste este para mí, ¿no? —pregunté, poniéndome los guantes porque seguía sin estar dispuesto a tocar la
mierda—. Bella hubiera aceptado cambiarte, pero esperaste hasta que se fuera para poder darle a papi este regalo
especial. Pues a papá no le gustan este tipo de regalos, así que todos esos logros que has alcanzado a temprana
edad tienen que incluir saber hacer en bacinica.

En cuanto estuvo limpia y con pañal nuevo, llevé a Pequeña a la cocina para poder darle su biberón. Mientras la
alimentaba su humor mejoró mucho. Levantó la mano y la puso sobre el biberón mientras bebía con mucha felicidad.

—No puedo creer cuánto has crecido en dos meses —dije, acariciando su mejilla con mi dedo índice—. Pronto
empezaré a darte cereal. Creo que lo intentaremos mañana en la noche y veremos qué pasa. Aunque tengo miedo,
porque presiento que tus "regalos" van a ser más desagradables —me reí.

La moví un poco, sacándole la mamila de la boca para poder limpiar el exceso de saliva.

—Parece que las cosas con Bella van bien —dije, regresándole el biberón antes de que renegara—. Le gusto, pero le
preocupa que vuelva a ser como antes. No haré eso. —Sacudí la cabeza—. Y tengo que agradecerte por eso. En
realidad estoy jodidamente feliz de que hayas llegado a mi vida… Y sí, necesito dejar de maldecir cerca de ti. Debería
hacer una alcancía de maldiciones o algo así. Tu cuenta para la universidad estará completa para cuando empieces a
caminar —me reí y presioné mis labios en su frente—. Te amo, Pequeña. Todavía me siento un poco despistado sobre
esto de ser papá, pero por ti vale la pena descubrirlo.

Cuando terminó de comer la acomodé en mi hombro y palmeé su espalda. Demasiado tarde me di cuenta de que la
toallita no estaba tapando donde debería. Me estremecí cuando sentí la leche que devolvió filtrarse por mi camisa.

Las alegrías de la paternidad eran infinitas.

*Es un tipo de restaurante que se especializa en diferentes tipos de cortes de carne.

Disculpen la demora, espero que les haya gustado. El siguiente capítulo es la cena de cumpleaños de Edward ;)

¡Gracias por sus comentarios!

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*Chapter 17*: Fondling is the Best Gift
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 17: Las caricias son el mejor regalo

—¿Si te ruego te lo comerías? —pregunté, moviendo la cuchara de cereal sobre los labios de Pequeña—. ¿Por favor?

Hace unas noches había empezado a intentar hacer que Sofía se comiera estas mierdas, pero no estábamos teniendo
mucho éxito. Ella me dejaba metérselo a la boca a veces, pero rápidamente lo escupía, haciendo que chorreara por su
barbilla. Pensé en intentar en las mañanas para ver si así comía algo, pero eso no estaba pasando. Probablemente no
estaba lista, pero yo tenía la sensación de que se estaba burlando de mí. Se reía de mis intentos… Profundas
carcajadas en realidad.

Suspiré dejando la cuchara de nuevo en el tazón.

—Bien, no más cereal. Pero es el cumpleaños de papá. Al menos pudiste haber pretendido que te gustaba.

Se rió y le pegó con la mano a la cuchara, haciéndola volar por el aire y llenándome de las hojuelas del repugnante
cereal. Ella seguía riéndose mientras yo me limpiaba los ojos. Estaba intentando con todas mis fuerzas no enojarme.
Seguía repitiéndome que sólo era una bebé y que no sabía lo que hacía, pero parte de mí volvía a la teoría de sus
burlas.

—Tú… Vas a ser mi muerte —dije limpiándole la boca—. Y tienes mucha suerte de que Bella se haya ofrecido a
cuidarte hoy, de otra forma llegaría tarde y entonces sí estaría muy molesto.

Luego de limpiar el desastre corrí por el pasillo con Pequeña y su pañalera. Bella se ofreció a cuidarla hoy para que
esta noche yo no tuviera que apurarme al trabajo, luego a la guardería, luego a mi apartamento y finalmente al
restaurante. Así al salir del trabajo vendría directo aquí, me cambiaría y luego nos encontraríamos con mi familia allá.
La verdad creía que Bella sólo quería pasar tiempo con mi hija, y eso estaba perfectamente bien conmigo. La única
cosa que me preocupaba es que ella no tenía un carro en el que Pequeña pudiera viajar en caso de que algo pasara.
No había ni una maldita manera en que mi niña pudiera subirse a esa camioneta. Bella me aseguró que el hospital
estaba a sólo cinco minutos, así que si algo pasaba me llamaría y yo podría llegar aquí con rapidez. No era una
situación ideal, pero por ahora funcionaba.

—Hola cariño —dijo Bella, estirando sus brazos hacia Pequeña luego de abrir la puerta.

—Hola a ti también —dije sonriendo.

—Sí, buenos días y feliz cumpleaños, Edward —se rió, metiendo a Sofía con ella.

—Gracias. Ya tengo todo en esta bolsa que está a reventar, pero de todas formas voy a dejar la llave de mi apartamento
por si la necesitas. —Dejé la bolsa en el sofá y saqué la llave para dársela.

La tomó y asintió.

—Entendido. Oh, tienes algo ahí. —Señaló mi cabeza.

—¿Qué? —me pasé la mano por el cabello pero no encontré nada.

Se rió estirando su brazo libre. Jaló un poco mi cabello y me enseñó una hojuela de cereal.

—Esto.

Gemí.

—Jod–uh, genial. Ella decidió jugar a lanzarle cosas asquerosas a papi esta mañana.

Acostó a Pequeña en la cuna portable que había traído anoche y le limpió la mano con un babero desechable.
—¿Todavía no lo logras? —preguntó.

—Ni siquiera un poco.

—Sólo…, sigue intentando. Comerá cuando esté lista.

—Eso espero —suspiré—. Bueno, iré por su sillita saltarina.

—Bien. —Sonrió—. Y puede que quieras revisar por más hojuelas —se rió suavemente.

—¿Te estás burlando de mí?

—Sí, porque es divertido.

Sacudí la cabeza caminando hacia la puerta.

—Y yo que pensaba que estabas de mi lado.

Luego de volver para instalar la sillita en su sala, cargué a Pequeña y besé su mejilla, diciéndole que la amaba. La
acosté en la sillita, dejándola completamente feliz al disfrutar de los juguetes que colgaban.

—Estaré aquí pasadas de las siete —dije girándome hacia Bella—. Me daré una rápida ducha y luego nos podremos ir.

Asintió.

—Ambas estaremos listas.

Bajé la cabeza para besarla y con el pulgar acaricie su mejilla. Cuando me separé noté su pacífica sonrisa.

—Gracias, Bella.

—No es nada. Gracias por dejarme cuidarla.

Jasper era un cabrón. Simple y sencillo. Jodido cab rón. Le dijo a todo el hospital que era mi cumpleaños, así que
aunque no quería creer que ya tenía treinta, me lo recordaron una y otra vez durante el día. Incluso me dieron muffins —
hechos por la Enfermera Muffin— en la sala de descanso. No mentiré, sí comí algunos, y claro que ella se dio cuenta.
Todavía necesitaba aprenderme el nombre de la mujer, así que miré rápidamente su gafete mientras hablaba conmigo.
Era Becky, por cierto.

—¡No te ves de treinta! —dijo sonriendo—. ¿Estás pasando un buen cumpleaños?

Le di otra mordida al muffin y asentí.

—Uno genial —murmuré.

—¿Vas a…, celebrar esta noche? —Batió las pestañas—. Ya sabes, ¿con alguien especial?

—En realidad con mi familia.

—Oh, ¿y nadie más?

—Pues mi hija va a estar ahí. —¿Dónde estaba una pistola cuando la necesitabas? O un bisturí. Me cortaría la garganta
en este momento si con eso lograba dejar de hablar con ella.

Sonrió.

—Aww, ¿cómo está?

—Está bien.

—Bueno, me estaba preguntando, ya que tienes planes esta noche, ¿quizá podríamos tener nuestra propia celebración
privada este fin de semana?

Me atraganté con la mordida que le acababa de dar al muffin. Sacudí la cabeza rápidamente tosiendo un poco.

—Yo… Sabes que tengo una hija. No es un buen momento.


No quería deprimirla. Después de todo a veces tenía que trabajar con ella, pero Dios, incluso si no tuviera a Pequeña,
no me acostaría con ella. Ese pensamiento había cruzado por mi mente antes, pero ahora estaba más que claro que
no quería tener ni una mierda que ver con ella. Ella no era…, no sé. Simplemente ya no era lo que quería.

Su rostro decayó.

—Oh, bien —dijo—. Quizá en otra ocasión.

De repente, lo mejor que me pudo haber pasado, pasó: mi buscapersonas sonó.

—Tengo que irme —dije antes de darme la vuelta y correr por el pasillo, sacando el buscapersonas de la funda en mi
cadera.

No debería haberme alegrado tanto por un accidente. En realidad era una reacción horrible de mi parte, pero mierda,
estaba feliz. Cuando bajé las escaleras me encontré con una laceración esplénica, así que pasé toda la tarde en
cirugía intentando salvar el bazo del paciente. Todo terminó bien, eso mejoró mi humor y casi me hizo olvidarme que
estaba enojado con Jasper. Casi. Pero cuando él apareció junto a mí mientras trabajaba en el historial de un paciente,
lo recordé rápidamente.

—Estás muerto para mí —dije—. Vete.

Se rió y palmeó mi espalda.

—No es tan malo. Te dieron deliciosos muffins y la gente te puso atención. Dos de tus cosas favoritas.

—Oh, sí, estuvo genial. Excepto cuando la Enfermera Muffin me invitó a salir y tú tienes la culpa de eso.

Sonrió.

—Oops.

—Jódete —dije, regresando la atención al historial que tenía frente a mí—. Le dije que no por Sofía, así que dijo que
quizá en otra ocasión. Afortunadamente mi buscapersonas sonó antes de que tuviera que decirle que nunca, jamás
saldría con ella.

—Eres tan maduro. Tengo una lágrima en el ojo, para que sepas.

Levanté la vista y entrecerré los ojos.

—Una vez más, jódete.

Se rió más leyendo el historial sobre mi hombro.

—Parece que tuviste un día divertido.

Sonreí.

—En realidad malditamente bueno. Creo que deberíamos corregir mi lista de cosas favoritas. Me gustan los muffins y
la atención, pero esto está mucho más alto en la lista.

—Anotado. Cosas que hacen feliz a Edward: cirugías. Entre más difíciles más feliz es él.

—Maldición así es.

Le dio la vuelta al mostrador y se dejó caer en una silla, agarrando una pelota para el estrés que le pertenecía a una de
las enfermeras.

—Entonces, cena con Bella y la familia esta noche. ¿Te dijo cómo estuvo el almuerzo con tu mamá?

—Dijo que estuvo bien. También Rosalie fue. Todo debió haber salido bien porque sigue dirigiéndome la palabra —me
reí entre dientes.

—Es bueno que te siga hablando —asintió—. Y bien, ¿quieres salir esta semana? Alice se va a ir a Seattle para visitar
a su mamá.

—No puedo, estoy de guardia.


—Maldición. Pues tenemos que resolver esta mierda porque no hemos salido en mucho tiempo. ¿Vamos a las jaulas
de bateo una noche?

Amaba a Pequeña y Bella me gustaba, pero me vendría bien una tarde tranquila con Jasper. Él tenía razón; teníamos
tiempo sin salir. En realidad no habíamos salido desde la noche en que conocí a Alice.

Asentí.

—¿Una noche de la siguiente semana luego del trabajo?

Me lanzó la pelota y la atrapé con rapidez.

—Suena bien —dijo—. Y, ya sabes, feliz cumpleaños, amigo.

—Gracias.

Me apuré a salir del hospital en cuanto terminó mi horario. Ni siquiera me cambié, de todas formas me metería a la
ducha en cuando llegara a casa. Antes de ir a mi apartamento fui al de Bella para asegurarme de que Pequeña
estuviera bien. Bella ya le había puesto un vestidito con un moño en el cabello. Estaba perfectamente recto, a diferencia
de cuando yo se lo había puesto hace unas semanas.

—Estamos listas cuando tú lo estés —dijo Bella mirándome—. Supongo que te vas a bañar.

—¿Qué? —Sonreí—. ¿No te gusta mi uniforme? Me han dicho que mi trasero se ve genial en él.

Sus mejillas se sonrojaron cuando intentó esconder la sonrisa.

—¿No tenemos que apurarnos? Estás desperdiciando el tiempo al mostrarme tu trasero.

—Pues no te lo estaba mostrando, pero si apartas los ojos de la pequeña, podría hacerlo —sonreí guiñándole.

Agarró uno de los juguetes de Sofía y me lo lanzó mientras se reía.

—¡Vete!

—Bien, no hay trasero para ti.

Me bañé rápidamente y me puse algo de ropa decente para el restaurante al que íbamos a ir. Para cuando finalmente
llegamos ahí ya estaban todos sentados. Puse el porta bebé de Pequeña en su silla alta antes de sacar una para
Bella. Sonrió y se sentó, acomodándose el cabello para que cayera de un solo lado. No era una sorpresa que se viera
hermosa esta noche.

—Feliz cumpleaños, cariño —dijo mamá, y sonrió cuando besé su mejilla antes de sentarme entre Pequeña y Bella.

—Gracias —dije, dándole el chupón a Sofía.

La conversación fluyó como siempre entre mi familia, y Bella parecía encajar bien. Papá, Emmett y yo hablamos del
trabajo, como siempre, mientras que mamá, Rosalie y Bella hablaban sobre Ben, que estaba sentado en el regazo de
Bella. Rosalie hablaba sin parar sobre su hijo, y Bella parecía escucharla con mucha atención.

—Escuché que tuviste un buen día, hijo —dijo papá, bebiendo de su escocés mientras yo hacía lo mismo con mi
cerveza.

Ya que mamá se había ofrecido a cuidar a Pequeña esta noche, me estaba dando un lujo. No era mucho, pero era
bueno poder disfrutar de una cerveza, lo cual no había hecho en más de un mes.

—Sí —dije—. Y en cierto momento estuve seguro de que tendría que quitarle el bazo, así que tengo que admitir que me
siento bastante bien de no haber llegado a eso.

—Oye, ¿has escuchado sobre ese programa de trauma en Seattle? —preguntó Emmett—. Aplicaste, ¿no?

Sacudí la cabeza.

—No, supuse que no sería un buen momento. Además estoy feliz aquí.
—¿Otro trabajo? —preguntó Bella, regresándole Ben a Rosalie.

—Uh, en realidad es entrenamiento especializado —dije—. Apliqué para uno en Nueva York para después de la
residencia, pero no lo obtuve. No importó porque de todas formas quería venir aquí.

—Claro que sí —se rió Emmett.

Le lancé dagas con la mirada. Para ser honestos, sí quería entrar al programa. Luego de que me rechazaron me dije a
mí mismo que no importaba porque de todas formas papá ya me había ofrecido un trabajo aquí, pero sí importaba. No
había fallado en muchas cosas en mi vida. Tuve éxito en todos los deportes, entré a la universidad que quería y, por
supuesto, no tuve problemas con las mujeres, así que no estaba acostumbrado a ser rechazado. Sólo digamos que
era algo que no quería que me recordaran.

Bella debió notar que no quería hablar sobre ello porque cambió el tema.

—Creo que le está saliendo un diente a Sofía —dijo.

—¿Qué? —pregunté.

Sonrió.

—¿No te has dado cuenta que babea más de lo normal? También sus encías inferiores están más rojas que antes.

En realidad no me había dado cuenta, pero ahora que me lo decía tenía sentido.

—Quizá es por eso que ha estado teniendo problemas para dormir en las noches.

—Apuesto a que sí —dijo mamá, y Rosalie asintió para demostrar que estaba de acuerdo.

—A Ben no le fue tan mal —dijo Rosalie—. Estaba un poco más renegón, pero comparado con otras historias que he
oído, lo manejó bastante bien. Quizá también sea el caso de Sofía.

Pasé los dedos por la mejilla de Pequeña.

—Eso espero.

En el momento en que llegó mi cena y empecé a comer, Pequeña anunció que su pañal estaba sucio. Probablemente
debí sospecharlo antes, para ser honestos. La llevé al baño de hombres con su pañalera y me di cuenta de que allí no
había mesa cambiadora. Fantástico. Aunque no me sorprendía. En lugar de interrumpir la cena de mamá o Bella, me
escabullí dentro del baño de mujeres. Me aseguré de que nadie me estuviera viendo antes de entrar y apresurarme al
cubículo para discapacitados que tenía el logo a la vista.

—Si me meto en problemas, usaré tu dulzura para salir de esto —le dije a Sofía cuando la acosté—. En serio, te
sostendré frente a mí como si fueras un escudo.

Luego de que el pañal con popó estuvo fuera y ella quedara limpia, le puse el pañal nuevo y abroché su mameluco
antes de guardar todo lo demás en la pañalera.

La cargué y besé su mejilla, haciéndola reír y patear. La cargue contra mi pecho con un brazo mientras que con el otro
cargaba la pañalera para luego salir. Cuando abría la puerta del cubículo ahí estaba una mujer poniéndose labial frente
al espejo. Me vio y se giró, jadeando con una mirada de horror en el rostro.

—Bebé —dije levantando a Pequeña—. Culpa del restaurante.

Salí rápidamente del baño antes de que pudiera lanzarme algo. Parecía estar aferrándose a ese labial con un claro
propósito. Para cuando regresé a la mesa ya me estaba riendo. Todos me miraron cuestionándome qué demonios me
causaba tanta gracia.

—Bueno, Emmett, tenías razón —dije—. El baño de mujeres es mucho más lindo.

—Oh —dijo Rosalie sonriendo—. El de los hombres no tiene mesa cambiadora, ¿huh?

—Nop —dije, acotando de nuevo a Pequeña en el porta bebé y dándole su chupón—. Y a las mujeres en realidad no
les gusta ver a un hombre salir de un cubículo.

—Por favor, dime que gritó —se rió Emmett.


—No, pero estoy bastante seguro de que me iba a lanzar su labial.

Afortunadamente Pequeña se durmió con bastante rapidez, así que pude terminar de comer. De alguna forma mamá y
Bella llegaron al tema de mi infancia. Bella se reía con tanta fuerza de las cosas que mamá decía que hasta resoplaba.
Al parecer la historia de cuando me encontraron intentando beber del escusado junto con nuestro perro cuando tenía
cuatro años era así de divertida.

—Extraño a Snickers —dijo Rose—. Ese perro seguía a Edward a todos lados.

Me reí.

—Creí que lo odiabas. ¿No se comió tu par favorito de zapatos?

Bufó.

—Tienes razón. Odiaba a ese perro. Sólo que te metía en problemas y eso era divertido.

—De hecho, ahora que lo pienso, ¿no murió poco después del incidente con los zapatos? —preguntó papá.

—Probablemente Rose lo envenenó —dije.

Ella frunció el ceño.

—No fue así. Simplemente estaba viejo.

—Bella, de verdad, Edward y el perro eran tan lindos juntos —dijo mamá—. Tendré que sacar algunas fotos para
mostrarte.

Gemí.

—Fotos infantiles… Genial.

Bella se rió y palmeó mi brazo.

—Estoy segura de que eras adorable.

Me encogí de hombros.

—Bueno, sí, pero eso no significa que esté de acuerdo con esto.

De repente escuché aplausos que fueron seguidos de gente cantando y los meseros me rodearon.

—¿En serio? —le pregunté a mamá—. ¿En serio hiciste esto?

Se rió.

—No pude detenerme.

Me desearon un feliz cumpleaños y un pastel fue dejado en medio de la mesa ya limpia. Afortunadamente no tenía
velas. En realidad el pastel estaba bastante bueno, así que no estaba tan enojado, aunque encontré que fue
extremadamente innecesario. Luego de que nos dieron lo que sobró en cajas, cargué el porta bebé de Pequeña. Ella
empezó a llorar, probablemente por ser despertada de repente.

—Dame —dijo Bella—. Yo tomaré el porta bebé, tú cárgala a ella.

Dejé el porta bebé en la mesa y la cargué, sosteniéndola cerca de mi pecho y meciéndola suavemente mientras
besaba su frente. Bella cargó el porta bebé por mí cuando salimos para encontrarnos con todos afuera.

—Espero que hayas tenido un buen cumpleaños, hijo —dijo papá, estirando el brazo para palmearme la espalda.

—Sí, gracias por la cena. —Sonreí—. Fue agradable.

—¿Estás bien para manejar?

—Estoy bien —me reí—. Sólo bebí dos cervezas.

Mamá me rodeó con sus brazos para abrazarme suavemente.


—Feliz cumpleaños, cariño. Mi bebito ya tiene treinta —se rió.

—Gracias. ¿Eso significa que ya no me vas a llamar "bebito"?

Palmeó mi mejilla.

—Eso quisieras. —Estiró los brazos hacia Pequeña—. ¿Lista?

Besé la mejilla de Sofía unas cuantas veces más.

—Te amo, Pequeña. Sé buena con el abuelo y la abuela. —Se la pasé, dejando que mi mano agarrara su manita. Ella
me miró y sonrió, y le regresé la sonrisa—. Adiós, bebita. Te veo mañana.

Me sorprendió un poco que Bella no se fuera a su apartamento cuando llegamos a nuestro piso. Abrí la puerta de mi
apartamento y ella entró conmigo detrás. Soltó su bolso en la mesa que estaba junto a la puerta y se quitó los zapatos.

—Sabes que tienes una increíble familia, ¿verdad? —preguntó sentándose en mi sofá.

Me reí, quitándome también los zapatos para sentarme junto a ella.

—Vergonzosa, sí. ¿Increíble? No sé si yo usaría esa palabra.

Tenía una sonrisa en los labios, la hacía verse…, simplemente hermosa. Levantó las manos y desabrochó los
primeros botones de mi camisa.

—Te tengo un regalo —dijo—. Está en mi bolso.

Sonreí.

—Un regalo, ¿huh? ¿Algo bueno?

Se encogió un poco de hombros.

—Creo que te gustará.

—¿Me lo vas a dar? —me reí.

Asintió bajándose del sofá. Se acercó a la mesa y sacó una caja cuadrada del enorme bolso. Me lo dio antes de
sentarse de nuevo con las piernas dobladas debajo de ella.

No era muy grande, pero tampoco pequeño. Un cuadrado perfecto de unas seis pulgadas de largo y dos de ancho. Le
quité el moño y se lo pegué a su blusa, haciéndola reír. Rápidamente quité el papel, revelando una caja blanca. Levanté
la tapa, moví el papel china y encontré un marco.

—No tienes fotos de ella aquí —dijo cuando levanté la foto enmarcada de Pequeña. En la parte baja del marco decía
"Mi Bebita"—. Creí que necesitabas una.

Sonreí, mirando a mi hija durmiente en la foto.

—Es… perfecto.

—Tomé la foto hoy. La verdad no sabía qué comprarte, pero tu mamá me ayudó. Mencionó que no le gustaba que no
tuvieras ninguna foto aquí. Supuso que no tenías razón para tenerlas, así que pensé que éste sería un buen comienzo.

Asentí.

—Me encanta. De verdad, es perfecto.

Sonrió y acarició mi mandíbula con sus dedos, enderezándose y acercándose más. Sus labios tocaron los míos y
nuestras lenguas se entrelazaron por un momento antes de separarnos.

—Feliz cumpleaños —dijo.

—Gracias, Bella.

Su mano se fue a mi cabeza, pasando entre mi cabello.


—¿Puedo preguntarte algo?

—Dime.

—¿Por qué no aplicaste para ese programa en Seattle?

Suspiré apartando la vista.

—Porque no lo hubiera conseguido.

Presionó su otra mano en mi mejilla, moviendo mi cara hacia la suya. Su ceño estaba fruncido.

—¿Quién dice?

—No manejo muy bien el fracaso —dije—. No me voy a arriesgar de nuevo para ser rechazado.

—Entonces el programa no te aceptó, oh bueno. Si es lo que quieres no deberías rendirte. El rechazo es algo normal,
Edward. Le pasa a todos.

Sacudí la cabeza.

—No a mí. Entré a la universidad que quería, al programa médico que quería… A mí no me rechazan.

—¿Es por eso porque te mudaste aquí? —preguntó, poniéndose un mechón de cabello detrás de la oreja—. ¿Por qué
no conseguiste eso?

—Estaba seguro de que lo conseguiría. De hecho me reí de mi papá cuando me ofreció venir aquí mientras esperaba
la respuesta. No quería decirle, ¿sabes? El hijo de Carlisle Cullen no fracasa en nada.

Suspiró sonriendo ligeramente.

—¿Cómo reaccionó él?

Me reí con suavidad.

—Dijo, y estoy citando, "Lo siento hijo, pero esas cosas pasan. ¿Qué vas a hacer ahora?" No estaba enojado.

—Por supuesto que no. Entonces, ¿por qué no intentas de nuevo?

—Pues Sofía me necesita. No puedo hacer una especialización con ella ahora. Las horas me matarían y no me
dejarían tiempo para cuidarla.

—Contrata una nana.

—Tendría que mudarme a Seattle. Y, ¿sabes qué? Es discutible. El plazo ya terminó así que no importa.

—Entonces intenta de nuevo el siguiente año. Si es lo que quieres y lo que te haría feliz, deberías hacerlo.—

Sacudí la cabeza justo cuando su mano encontraba la mía.

—Soy feliz donde estoy ahora. Amo mi trabajo aquí. Aquí tengo a mi familia y…, a ti. Mi vida está aquí.

Se movió, pasando su pierna sobre mi regazo para quedar cara a cara. Su mano acarició mi mejilla y sonrió. —Sabes,
ahora te ves más… humano —se rió.

—¿Qué?—me reí entre dientes.

—No eres perfecto. Probablemente suena…, loco, pero eres un poco intimidante. Saber que has… fallado, supongo,
me hace darme cuenta de que eres como todos los demás. Aunque mucho más guapo, claro. —Sonrió.

—¿Así que mis defectos hacen que te guste más?

Se rió.

—Bien, digámoslo así.

—Tengo más defectos. Por ejemplo, la tapa de mi retrete siempre está levantada, no sé cocinar, como bien sabes, y me
encab rono cuando algo no sale a mi manera. Si no puedo descubrir qué está mal con un paciente, soy conocido por
empezar a lanzar cosas.

—Oh, tienes tantos defectos —bromeó.

—Mis pies huelen mal también.

Besó mis labios riéndose sobre ellos.

—Recuérdame nunca oler tus pies.

Sus dedos desabrocharon mi camisa por completo mientras seguíamos besándonos. Mi mano se fue a la parte
trasera de su vestido para desabrocharlo. Bajé los pequeños tirantes cuando rompíamos el beso. Sacó los brazos
cuando bajé más el vestido. Besé suavemente su cuello mientras intentaba desabrochar su jodido sostén. Jesucristo,
¿estaba cocido? Movió las manos hacia su espalda para ayudarme. Finalmente estuvo desabrochado y ella lo lanzó al
piso mientras yo la veía.

—Preciosa —susurré llevándome un pezón a la boca.

Gimió suavemente. Sus manos agarraron mi cabello tirando de él con suavidad. Mantuve una mano en su espalda
mientras que con la otra le acariciaba el pecho. Mi polla estaba dura. Tenía que contenerme. Probablemente esto era
todo lo que conseguiría esta noche, pero, joder, al menos era algo. Sus caderas se movieron contra mí y la escuché
jadear. Lo hizo de nuevo aunque más lento esta vez. Ella estaba tan cerca. Tan. Jodidamente. Cerca. Podía sentirla
contra mí, y sólo quería follarla, hacerla gritar mi nombre.

—Eso… Oh, eso es agradable —susurró.

Me moví para acostarla en el sofá conmigo sobre ella. Sus manos viajaron a mis pantalones, desabrochando el botón y
bajando el cierre. Jesucristo. Íbamos a hacerlo, ¿no? Me tocó sobre los bóxers y se me atoró la respiración. Había
pasado mucho tiempo desde la última vez que una mujer me había tocado, y joder, lo extrañaba. Mis labios encontraron
los suyos mientras ella seguía con esos movimientos que seguro terminarían conmigo. La deseaba tanto, pero
cuando mi mano se metió bajo su vestido con dirección a sus bragas, su otra mano me detuvo. Envolví mi mano
alrededor de la suya y la llevé sobre su cabeza.

—Bella, si no te detienes, me voy a venir —dije gimiendo.

—Ése es el punto —dijo, capturando una vez más mis labios.

Sí. Estaba intentando matarme. Su mano se movió debajo de mis bóxers para agarrarme. La deslizo arriba y abajo
lentamente unas cuantas veces antes de perderme. Gruñí su nombre moviendo mis labios a su cuello para chupar su
piel.

Jodido feliz cumpleaños para mí.

Sofía está nominada como Mejor Personaje Infantil en el grupo de Facebook FFAD, gracias por todo el apoyo que le han
brindado a esta traducción :D

¡Gracias por sus comentarios! ^^

DaniiStewart, VanerK, Nessa610, solecitopucheta, Soemarie Grey, freckles03, MaeCllnWay, Mary-Cullen25,


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*Chapter 18*: Flowers Fix Everything
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 18: Las flores arreglan todo

Bella y yo no avanzamos más esa noche en mi sofá. En realidad no hicimos más que eso. Demonios, ni siquiera lo
volvimos a repetir. En las pasadas tres semanas, pasamos más tiempo juntos…, saliendo. Desde entonces habíamos
salido tres veces, dos con Pequeña y una sólo nosotros. Aprendí más sobre ella, como su miedo a las aves.

Pasamos una tarde de domingo en el parque que estaba cerca de nuestro complejo de apartamentos ya que yo estaba
de guardia. En realidad fue su idea. Ella empacó comida y nos sentamos cerca del estanque de los patos con Sofía. En
ese momento, Bella me había asustado a morir, pero terminó siendo algo muy gracioso. Una camada de aves se
acercó volando y un ave intentó quitarle el sándwich de la mano. Un grito de esos que te paralizan el corazón dejó sus
labios mientras yo veía a Pequeña al darle su biberón. Juro por Dios, creí que la estaban matando o algo así. Cuando
levanté la vista, ella se estaba poniendo de pie para correr alrededor como un gallo al que le cortaron la cabeza.
Cuando finalmente se tranquilizó y se sentó —casi en lágrimas—, me explicó qué demonios había pasado,
haciéndome reír. Resultó que una vez la habían atacado unas gaviotas. Me pegó en el hombro, diciéndome que no era
gracioso, pero en serio, fue jodidamente cómico.

También descubrí otras cosas. Por ejemplo, sus flores favoritas eran los lirios y aparte de sus novelas de romance,
también disfrutaba las de misterio. Los libros de Sherlock Holmes eran sus favoritos. Descubrí que pensaba en
regresar un día a la escuela para poder enseñar literatura en preparatoria. Le encantaba dar clases en preescolar, pero
parte de ella quería compartir su amor por la literatura. Aunque dijo que no estaba segura, porque de verdad amaba a
los niños.

Esta noche íbamos a salir de nuevo, esta vez al boliche. Pequeña estaba, una vez más, pasando la noche con mamá y
papá. También iban a cuidar a Ben porque querían pasar tiempo con sus nietos. Estaba bien para mí, Rosalie estaba
feliz y Emmett estaba jodidamente emocionado. No quería escucharlo, pero básicamente estaba cantando el hecho de
que iba a "conseguir algo" esta noche cuando salimos del trabajo.

—Entonces, boliche —dijo Bella cuando estacioné justo después de las ocho—. No estoy segura de que sea una
buena idea.

Me reí.

—¿Mala jugadora de boliche?

—En realidad es mi horrible coordinación.

Sonreí.

—Pues es algo bueno que tengas a un doctor cerca, ¿huh?

Se rió suavemente sacudiendo la cabeza mientras yo apagaba el coche.

—En realidad también soy una mala jugadora de boliche.

—¿Quieres usar barreras?

Rodó los ojos.

—No tengo cuatro años. Puede que sea mala, pero creo que puedo arreglármelas sin barreras.

Me bajé del carro, moviéndome a su lado para abrirle la puerta. Le ofrecí mi mano y la aceptó con una sonrisa.

—Gracias —dijo.

Le puse el seguro a las puertas y metí las llaves a mi bolsillo, moviendo mi otro brazo a su cintura mientras
caminamos a la entrada. Ya que era miércoles en la tarde, el boliche no está muy lleno. Rápidamente nos dieron un
carril, nuestros zapatos y dos cervezas. Mientras Bella se ataba los zapatos, yo puse nuestros nombres en tablero.

Cuando se dio cuenta del nombre que le puse, Bella me golpeó el brazo y dijo:

—¿Mordelona? ¿En serio?

Me reí.

—Pues ya no puedo cambiarlo.

Entrecerró los ojos y presionó los labios en una delgada línea.

—Cabrón.

—¡Oye! Te estoy dejando tirar primero. Eso es lindo, ¿no?

Rodó los ojos, se puso de pie y agarró la bola sin decir nada. Cuando llegó a la línea, me miró.

—No te rías, ¿entendido?

Asentí alzando dos dedos.

—No me reiré a menos de que tú te rías. Palabra de scout.

—Nunca fuiste scout —dijo girándose hacia el carril.

Sorprendentemente no la lanzó directo al canal, e incluso logró tirar algunos bolos. Se volvió con una sonrisa
esperando a que saliera de nuevo su bola. Una vez más tiró unos bolos para juntar un total de ocho. Cuando fue mi
turno, se aseguró de decirme que sabría si la dejaba ganar. En realidad sí lo había considerado, así que me aseguré
de hacerlo lo mejor posible, y logré hacer una chuza. Seguimos jugando unas cuantas partidas más. Bella sí echó
unas cuantas bolas al canal, pero ella se rió de sí misma, lo que significaba que yo también podía reírme. Ya que yo la
superaba en puntuación —obviamente iba a ganar—, decidió distraerme. La mujer dijo algo acerca de sus pechos,
haciéndome fallar y lanzar la bola directo al canal.

—Eso fue cruel —dije cuando me volví a sentar.

Se rió.

—¿Te distrajo mi plática sobre mis pechos? Lo siento.

—Me la pagarás —dije, llevándome la cerveza a la boca.

—¡Estoy tan asustada!

—Además, ese truquito funcionó una vez. No funcionará de nuevo, y como puedes ver en la pantalla —la señalé—, aún
así voy a ganar. Sólo queda un juego, Mordelona. No puedes ganarme.

Ella también se llevó la cerveza a la boca, encogiéndose de hombros. La dejó en la mesa y se puso de pie.

—No, pero puedo divertirme.

Agarró su bola y caminó hacia el carril. Meneó su trasero sólo para mí, mirándome y guiñando un ojo. Me quedé
callado, tramando mi venganza para el siguiente juego. Increíblemente logró hacer una chuza. Saltó aplaudiendo de
felicidad. Me reí a carcajadas, algo que llevaba haciendo toda la noche. Se veía malditamente… bonita, emocionada
más allá de las palabras.

Cuando terminó el juego —que yo gané, obviamente—, comimos pizza y nachos antes de jugar de nuevo. Esta vez
estaba determinada. Dijo que el primer juego había sido un calentamiento, y esta vez ella patearía mi trasero. Cada vez
que se levantaba, me miraba pensando que iba a cobrarme mi venganza. No, estaba esperando la oportunidad
perfecta. A mitad del juego, encontré esa oportunidad. Bajó la guardia. No me miró, así que grité para darle un buen
susto. Sus pies se resbalaron bajo ella al mismo tiempo que la bola volaba al carril vacío que estaba junto al nuestro.
Escuché el crujido de su cabeza golpeando el piso antes de que pudiera levantarme de mi asiento.

Corrí hacia ella llamando su nombre. No se movió. No hizo sonido alguno. Me arrodillé junto a ella, presionando la
mano en un costado de su cara. Estaba asustado a muerte.
—Bella —dije—. Abre los ojos…, mierda, abre los ojos.

Aunque no lo hizo. No de inmediato, al menos. Mientras un empleado llamaba al 911, yo presionaba mis dedos en su
cuello y un suave gemido escapó de sus labios.

—Bella, ¿puedes escucharme? —pregunté acariciando su mejilla—. Abre los ojos, mi amor.

Apretó los ojos y después los abrió lentamente.

—Ow —gimió.

—No te muevas —dije, evitando que se diera la vuelta—. Te golpeaste muy fuerte la cabeza, te provocaste un desmayo.
Probablemente tienes una contusión. La ambulancia ya viene en camino. Lo siento mucho, Bella.

Parpadeó un par de veces con una mueca.

—Nada de ambulancias. La habitación da vueltas.

—Un golpe en la cabeza puede causarte eso. ¿Cuántos dedos ves?

Alcé dos y ella entrecerró los ojos.

—Um…, dos, creo, ¿quizá más? Todo es muy borroso.

—En realidad sí son dos. ¿Cuál es tu nombre?

—Bella Swan.

—¿Qué pasó?

Levantó la vista para verme a los ojos.

—Me resbalé. Edward, no ambulancia, ¿por favor? No digo que no iré al hospital, pero nada de espectáculo, ¿de
acuerdo?

Suspiré, intentando encontrar la voluntad para no ceder a sus deseos, pero no pude detenerme. Estaba alerta, se
movía —aunque le dije que no lo hiciera—, y al parecer no se había lastimado el cuello. Aunque primero la revisé, antes
de quitarle el celular al empleado del boliche. Les dije quién era yo y que la ambulancia no era necesaria, que la
llevaría yo mismo. Regresé con Bella y la ayudé a sentarse lentamente. Parpadeó, intentando aclarar la obvia
borrosidad que veía. La cargué con cuidado y la senté en una de las sillas, quitándole los zapatos de boliche a ella
antes de quitarme los míos. Intentó decirme que podía caminar, pero no la dejé. La cargué hacia afuera y nos llevé
rápidamente a emergencias.

—No puedo creer que no intenté protegerme la cabeza —dijo Bella, cerrando los ojos mientras yo nos llevaba de
regreso al complejo de apartamentos.

Habíamos pasado las últimas dos horas en emergencias. Fue diagnosticada con una contusión leve, y puede que yo
convenciera a su doctor para que ordenara una innecesaria tomografía. Sólo quería asegurarme de que sí fuera una
contusión leve. Por las siguientes veinticuatro horas, tenía que cuidar a Bella en caso de que se presentaran
complicaciones, así que planeaba quedarme con ella, aunque ella todavía no supiera eso.

—Quiero decir, ni siquiera intenté meter las manos —dijo mirándome—. Te dije que esto no era una buena idea.

Sonreí.

—Me lo dijiste, pero técnicamente fue mi culpa.

Giró la cabeza, abriendo los ojos ligeramente con una pequeña sonrisa tirando de sus labios.

—Entonces, ¿debería mandarte la cuenta a ti?

Me reí entrando al estacionamiento.

—Claro, ¿por qué no?


Se movió lentamente, subiendo las escaleras y entrando a su apartamento. Yo estuve cerca de ella, viéndola con
cuidado, listo para estirar los brazos si necesitaba ayuda. Aunque logró subir sola, haciendo muecas de vez en cuando.

Entramos a su apartamento y cerré la puerta tras de mí.

—Estoy bien, Edward —dijo—. Puedes irte.

Sacudí la cabeza.

—Necesitas que te despierten cada pocas horas para asegurarnos de que sigues respondiendo bien. Puedo… dormir
en tu sofá —dije, dejando su bolso en el mostrador.

—Es ridículo. Ve a casa. —Sonrió suavemente—. No tienes a Sofía así que necesitas dormir.

Una vez más sacudí la cabeza.

—Deberías acostarte. ¿Necesitas ayuda para desvestirte?

Una suave carcajada escapó de sus labios.

—¿Por qué, doctor Cullen, está intentando aprovecharse de mí en este frágil estado?

Rodé los ojos riendo.

—No, creo que puedo lograr que te desvistas sin necesitar esto.

Aunque todavía no lo logro, pensé.

—Estoy bien, Edward, en serio —dijo—, puedes irte. —Su mano se aferró al mostrador y cerró los ojos con fuerza—.
Ow.

—Vete a la cama —dije, poniendo mi brazo en su cintura—, y deja de discutir conmigo. Eres una terrible paciente.

Se alejó del mostrador, recostando la cabeza en mi pecho.

—Bien —suspiró—. Me rindo. Haz lo que quieras conmigo.

Sonreí para mí ayudándola a llegar a su habitación.

—El doctor que hay en mí piensa que probablemente eso no es una buena idea.

—Eres horrible, ¿lo sabes?

—Quizá un poco —dije, ayudándola a sentarse en la cama—. Estoy seguro de que prefieres estar cómoda así que…
¿shorts, pants?

—Shorts, ahí. —Cerró los ojos, asintiendo hacia una silla en la esquina.

Agarré los shorts que colgaban del brazo de la silla y se los traje, dejándolos junto a ella. Ella se acostó, moviendo sus
manos al botón de sus jeans. Logró desabrocharlos antes de suspirar.

—Mi cabeza duele cada vez que me muevo —dijo, llevándose una mano a la cabeza al masivo chichón que se estaba
formando.

—¿Tú, uh…, quieres ayuda? —pregunté—. Seré todo un caballero.

Me miró asintiendo.

—Sólo quítalos.

Jalé los jeans bajándolos por sus piernas, que por cierto, se veían muy lindas. Luego de que se los quité, puede que le
hubiera dado un rápido vistazo. Joder, lo sabía. Eran pequeñas, rosas y tenían un moñito. Encontré esto
completamente injusto. Aunque probablemente ésta era la manera en que el karma se cobraba todas las cosas de
mierda que les había hecho a las mujeres en el pasado. Aparté la vista, agarré los shorts y los subí por sus piernas.
Levantó el trasero con un gemido, y subí los shorts por completo.

—¿Otra camisa? —pregunté ayudándola a sentarse.


—Tengo un top bajo ésta, sólo quítamela —dijo levantando los brazos.

En cuanto estuvo cómoda la ayudé a acomodarse en la cama antes de ir por hielo y Tylenol para su cabeza. Se pasó la
pastilla con unos tragos de agua antes de recostar la cabeza en las almohadas. Suspiró cuando presioné el hielo en
su cabeza.

—No te vas a ir, ¿cierto? —preguntó abriendo un ojo.

—No. —Sonreí—. Estás atrapada conmigo. Puedes dormir, deb erías dormir, pero te voy a despertar en dos horas.

—Ya he tenido contusiones antes. Conozco las reglas.

—Qué bien…. Bueno, no qué bien, pero al menos entiendes.

—¿Por qué no te acuestas? —preguntó palmeando la cama—. Si te vas a quedar aquí, por lo menos deberías estar
cómodo.

Me quitó el hielo y yo le di la vuelta a la cama, sentándome junto a ella. Acomodé una almohada y me recosté. Ella giró
su cabeza hacia mí.

—Lamento haber arruinado nuestra cita —dijo.

—No la arruinaste, Bella. Necesitas dormir.

—Todavía me duele demasiado la cabeza. Quizá en un rato. —Se acercó más, poniendo su cabeza en mi hombro—.
Sabes, incluso aunque estaba algo confundida y con dolor, te escuché darle órdenes al doctor —se rió suavemente.

—Soy mandón por naturaleza. Además me importas, tenía que asegurarme que estuvieras bien.

Vi la pequeña sonrisa en sus labios.

—Tú también me importas. Y me gusta un poco que seas mandón.

Sonreí.

—Es bueno saberlo.

—Yo hubiera ganado.

—¿El juego? —pregunté y asintió—. Te dejaré creerlo porque estás herida. Ganaste ese juego, pero nunca más
volveremos a jugar boliche, así que supongo que siempre estaremos empatados.

—Bien, quizá para la próxima podríamos sólo salir a cenar y a ver una película.

—Suena bien. ¿Ya disminuyó el dolor?

—En realidad no, pero estaré bien. Te repito que no es mi primera contusión.

—¿Ya te has golpeado la cabeza unas cuantas veces?

—Un par, pero te juro que sigo aquí. Ésta es mi segunda contusión, y olvidé lo mucho que dolía. —Frunció el ceño.

Besé su frente suavemente, moviendo mi brazo por su hombro. Ella se movió hacia abajo en la cama para recostar su
cabeza en mi pecho y poner la mano sobre mi estómago. La escuché suspirar suavemente cuando le quité el hielo.

—¿Ya te vas a dormir? —pregunté.

—Quizá —dijo—. ¿Cómo va Sofía con los dientes?

—Hasta ahora no muy mal. Está de mal humor, pero es manejable. Tengo un poco de miedo de lo que va a pasar
cuando sea peor.

—¿Miedo de las noches en vela?

—Sí, pero más que nade de su dolor. Esa infección de oído me asustó a morir con los gritos de dolor que pegaba. No
quiero que vuelva a pasar.
Levantó la cabeza sonriendo un poco.

—Aww.

Alcé la ceja.

—¿Huh?

—Te estás convirtiendo en un sentimental. Es dulce.

Me reí poniendo la manta sobre sus hombros.

—No soy "sentimental".

—Claro que no —bromeó—. Tampoco eres una mala almohada. Un poco duro, pero cómodo.

—Qué bueno —dije, sacando el celular de mi bolsillo. Puse la alarma para que sonara en dos horas, ya que podía ver
que estaba a punto de quedarse dormida.

—Y bien, incluso luego de causarte una contusión, ¿me gané otra cita?

Se rió.

—Sí, pero nada que requiera esfuerzo físico.

—Cena y una película, como dijiste.

—No puedo esperar —suspiró.

Me quedé dormido no mucho después que Bella. La desperté cuando la alarma sonó y le hice unas preguntas para
asegurarme de que siguiera coherente. Estaba bien, por supuesto, aunque aprendí que no apreciaba haber sido
despertada. Gruñó y frunció el ceño hasta que la dejé volver a dormirse.

—Entonces le causaste una contusión a tu novia —se rió Jasper antes de meterse más comida a la boca.

Rodé los ojos agarrando mi agua. Él, Emmett y yo estábamos comiendo en la cafetería. Desde que llegué esta
mañana había estado ocupado sin parar ni un segundo, así que sólo intentaba disfrutar del hecho de que estaba
sentado, pero ellos dos seguían y seguían hablando de lo que pasó la otra noche.

—¿Es muy malo que quiera ver un vídeo de cómo se cayó? —preguntó Emmett—. Es que tú lo haces sonar como si
hubiera sido divertidísimo.

—Revoloteó los brazos —dije intentando no reírme. En realidad no fue divertido cuando pasó, pero pensándolo ahora
no podía evitar encontrarle lo gracioso—, pero de alguna manera no logró meter los brazos frente a ella. Golpeó el piso
tan fuerte que creí que me daría un ataque al corazón.

—No puedo creer que no esté enojada contigo —dijo Jasper—. La hiciste caer.

—Sólo me estaba vengando de ella. ¿Cómo iba a saber que se iba a caer?

—Pero sí te disculpaste, ¿verdad? —preguntó Emmett—. Si yo le hiciera eso a Rose, me arrastraría a ella con flores.

—¿Debería comprarle flores? —pregunté.

Asintió.

—Demonios sí. Me doy cuenta que no estás acostumbrado a estar en una relación, así que déjame ayudarte. Tú la
jodes…, ella obtiene flores. Simple.

Eso parecía razonable, entonces, ¿por qué no lo pensé antes?

—Le gustan los lirios.

—¡Ahí lo tienes! —se rió—. Usualmente también le doy una tarjeta a Rose, pero dudo que en la tienda vendan tarjetas
que digan "Lamento haberte causado una contusión".
—¿Así que cada vez que haces algo mal le das flores y una tarjeta y ella te perdona? ¿En serio?

—Si realmente meto la pata, como cuando me perdí de nuestro aniversario a causa del trabajo, me cuesta más. Pero
tú estarás bien con las flores.

Probablemente Emmett no era la persona de quien debería aceptar consejos sobre relaciones, pero él y Rose han
estado juntos desde la preparatoria. Algo debía estar haciendo bien.

—Las mujeres no son tan simples —dijo Jasper—. Dudo que esté enojada de verdad, pero cuando de verdad hagas
enojar a Bella, no creo que las flores y la tarjeta ayuden mucho.

—Las calman lo suficiente para que vuelvan a hablarte —dijo Emmett—. Aunque cuando empiezan a hablar sí te cuesta
más esfuerzo.

—Pues no es como si estuviera enojada conmigo —dije—, fue un accidente. Aunque creo que le gustarán las flores.

—También le doy flores a Rosalie sólo porque sí. Las mujeres aman esas mierdas. Es parte de ser romántico.

Sonreí.

—Tendré que recordar eso.

—Todavía seguimos con los planes del martes, ¿cierto? —preguntó Jasper.

Hace semanas le dije que iríamos a las jaulas de bateo, pero había estado pasando mi tiempo con Bella. Hace unos
días Jasper me lo recordó, así que le pregunté a Bella si le molestaría cuidar a Pequeña el martes en la noche. Para mi
sorpresa se ofreció a cuidarla todo el día para que Sofía no tuviera que ir a la guardería. Ella lo hizo parecer como si yo
le estuviera haciendo un favor, lo cual era absurdo.

—Sí —dije—. Bella va cuidar a Pequeña, así que incluso podemos ir por una cerveza después si quieres.

Asintió.

—Genial. De todas formas quería hablarles sobre algo.

—¿Qué?

Sonrió.

—No es nada malo. Deja de preguntar.

—Pues no puedes decir eso y esperar que no sienta curiosidad.

—Emmett, ¿vas a poder venir? —le preguntó.

—Le preguntaré a Rose —dijo Emmett metiéndose más comida a la boca.

Antes de ir a casa esa noche llegué a la tienda de mamá y compré un ramo de lirios para Bella. Por supuesto, Pequeña
quedó fascinada con las flores. Agarré una rosa color rosa y se la ofrecí, dejando tocarla.

—Qué dulce —dijo mamá sonriéndole a Sofía que jugaba con la rosa—. Aquí está tu ramo.

Miré el extravagante ramo que me había preparado.

—Es demasiado. ¿Por qué las rosas?

—Puede que su flor favorita sea el lirio, pero créeme, cariño, todas las mujeres aman las rosas.

Me reí.

—Confiaré en ti. Gracias, mamá.

—¡Oh, no, Sofía! —dijo, moviéndose para apartar mi mano que sostenía la flor. Pequeña tenía un pétalo de rosa en la
boca. Se lo saqué rápidamente y revisé su boca para asegurarme de que no tuviera nada más dentro.

—Oops —dije, y mamá se rió.


—Las flores son bonitas para verlas, bebita, pero no para comerlas —dijo mamá besando la mejilla de Sofía.

—¿Cuánto te debo? —pregunté sacando la cartera.

Agitó una mano.

—No te preocupes por eso. Sólo cuéntame su reacción.

—Mamá, tengo que pagarte —dije—. Estás llevando un negocio.

—Es un ramo. Siempre le doy flores gratis a Emmett para Rosalie.

Me reí.

—Ahora ya sé por qué se las da sin razón.

—Oh, no —dijo—. Siempre tiene una razón, créeme.

—Lo sabía —dije, inclinándome para besar su mejilla—. Gracias, mamá.

—De nada. Te quiero.

Agarré las flores, alejándolas de Pequeña que estiraba las manos por ellas.

—También te quiero.

Pequeña lloró todo el camino a casa, probablemente porque podía ver las flores pero no podía tenerlas. Cuando
llegamos a casa la cambié y le di de comer antes de cruzar el pasillo. Dejé el porta bebé de Pequeña en el piso,
escondí la flores detrás de mi espalda y toqué en la puerta de Bella. Ella abrió con una sonrisa y yo saqué las flores.

—Lamento haber hecho que te lastimaras —dije cuando ella las agarró.

—Qué dulce eres —dijo, oliéndolas—. Y son hermosas. Gracias.

La besé antes de cargar a Pequeña y entrar. Bella se fue a la cocina y sacó un jarrón. Dejé el porta bebé y saqué a
Sofía. Claro que sus ojos estaban pegados a las flores. No pude evitar reírme.

—A alguien le gustan las flores bonitas —dijo Bella cortando los tallos—. Tu papi es muy considerado, ¿no es así?

Asentí.

—Sí que lo soy, ¿no?

—Y un poco presuntuoso —se rió, agarró una flor y se acercó—. ¿Quieres tocarla?

—No —dije, sosteniendo el brazo de Sofía—. Se la comerá. Casi devoró una flor en la florería.

—Oh, entonces lamento haberte tentado, cielo. Quizá cuando seas más grande podrás volver a tocar las flores.

—Entonces, ¿tú… Te gustaron? —pregunté, moviendo a Pequeña hacia mi otro brazo.

Asintió, poniéndose de puntillas para besarme. Me incliné y presioné mis labios sobre los suyos, disfrutando del
momento. Mi pulgar acarició detrás de su oreja mientras el beso de profundizaba.

—Son hermosas —dijo cuando nos separamos—. No tenías que hacerlo, pero me encantan.

—Qué bueno, ¿y cómo te sientes?

Ella regresó con las flores y yo me senté en un taburete.

—Estoy bien. El chichón no es nada atractivo y todavía duele, pero voy mejorando.

—Es algo bueno. Y sigues estando hermosa. —Sonreí. Ella se sonrojó mordiéndose el labio—. ¿Quieres que cocine?

—Oh, no. Ordené pizza. Debería llegar en cualquier momento. No tenía ganas de cocinar.

—¿Y estás segura que te sientes bien? Los efectos de una contusión…
Me interrumpió.

—Estoy bien, Edward. En serio.

—De acuerdo, siempre y cuando estés segura.

Sonrió metiendo las flores al jarrón.

—Estoy segura.

Cuando llegó la pizza nos sentamos en el sofá a comer y a ver una película. Pequeña estaba jugando con su juguete
en la cuna portable, manteniéndose feliz y tranquila. Yo estaba sentado en una orilla del sofá y Bella estaba junto a mí
con las piernas en mi regazo. Toda la escena era…, cómoda.

Esto era cómodo y al parecer se había puesto cómodo con demasiada rapidez. Pasé de soltero y feliz a ser papá, y
luego a ser papá con novia en cuestión de meses. Pero la verdad, era más feliz ahora de lo que había sido nunca
antes.

Y, carajo, eso me asustaba.

Oh, oh, Edward empieza a tener miedo… ya veremos cómo reacciona.

¡Gracias por comentar! ^^

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Masen Pattinson Cullen, Annaniicolle, anamart05, Stephaniie15, Esmeralda C, Cullen-21-gladys, ALEXANDRACAST,
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*Chapter 19*: Fucked Up
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 19: Jodiéndolo

—Amigo, apenas has hablado —dijo Jasper, tomando un descanso del bateo—. ¿Qué pasa?

Sacudí la cabeza, alzando mi bate para el siguiente tiro.

—Nada —dije, golpeando la pelota y luego el control para que ya no siguiera lanzando más. Me giré hacia él—. ¿Qué
pasa contigo? ¿No tenías que decirme algo?

Emmett no pudo venir, así que sólo estábamos Jasper y yo en las jaulas de bateo. Llevábamos media hora aquí, y ya
estaba listo para tomar un descanso. En realidad estaba listo para irme. El trabajo me había dejado exhausto, y
Pequeña me había mantenido despierto hasta tarde a causa de sus dientes.

—Sí, pensé en decírtelo mientras tomamos una cerveza —dijo—. No estás… actuando normal ahora.

Le di un trago a mi agua antes de ponerle la tapa.

—Estoy bien. ¿Estás listo para irnos?

Se encogió de hombros.

—Si quieres.

En los últimos días habían cambiado las cosas con Bella. Bueno, habían cambiado para mí. Probablemente ella no se
había dado cuenta. No podía evitar sentir que esto no era lo que quería. Era feliz, pero quizá no era… ¿real? Joder, no
tenía ni idea de lo que estaba pensando. Todo lo que sabía era que las cosas se estaban moviendo muy rápido, y
estaba asustado. Quizá no estaba hecho para tener una relación.

Me bebí rápidamente mi primera cerveza cuando Jasper y yo llegamos al bar. Él sólo me miraba. Era jodidamente raro.

—¿Qué? —pregunté, cansándome de eso.

—Te conozco —dijo cuando la mesera trajo otra ronda de tragos—. Y sé que justo ahora algo está pasando, y está
jodiendo tu cabeza.

—No sé. Son algunas mierdas con Bella. Ahora, ¿qué hay de ti?

Me sonrió como idiota.

—Amo a Alice.

—Bien, ¿y teníamos que salir para que me lo dijeras? De todas formas ya lo sabía.

—Quiero casarme con ella.

Me ahogué con la cerveza.

—¿Qué?

—No digo que voy a pedírselo justo ahora, pero… ella es la elegida. Lo sé.

—¿En serio? —pregunté, parpadeando sorprendido—. Llevas pocos meses con ella.

—¡Lo sé! —se rió—. Y me siento loco por si quiera pensar en ello, pero yo sólo… lo sé.

Me quedé sin palabras. ¿Qué jodido se suponía que debía decir? Quería decirle que era un idiota y que esto era una
jodida locura, pero por la ridícula sonrisa de su rostro supe que no debía hacerlo.

—¿Ya han hablado sobre eso? —pregunté.

—No..., bueno, no en realidad. Hablamos un poco sobre el futuro. Ella quiere casarse algún día, yo quiero casarme
algún día, pero no hablamos sobre casarnos nosotros algún día.

—Yo… no vi esto venir —dije, dándole otro trago a mi cerveza.

—Sí, yo tampoco, pero hace unos días me llegó de golpe. La amo más de lo que alguna vez pensé poder amar. Ella es
la persona más importante del mundo para mí.

Torcí una sonrisa.

—¿Entonces yo ya no ocupo ese lugar?

Se rió agarrando un cacahuate.

—Nunca ocupaste ese lugar. Y bien, ¿qué piensas? ¿Debería hacerlo?

Me encogí de hombros.

—No sé, hombre. Creo que ésa es tu decisión.

—Sí. Supongo que sólo quería saber si sonaba tan loco como pensaba. —Su sonrisa se desvaneció mientras
masticaba el cacahuate.

—Es una locura —dije—, pero supongo… Tú eres el único que puede saberlo. Si sientes que es lo correcto, hazlo.

Bien, técnicamente no creía eso, pero no quería ser un cabrón. Jasper ha sido un buen amigo con toda la mierda que
he pasado en mi vida últimamente. Él me apoyó, así que estaba bien que yo hiciera lo correcto, incluso aunque quería
gritarle que no lo hiciera. Matrimonio… ¿en serio? Mi mejor amigo quería casarse, era feliz, y aquí estaba yo, intentando
descubrir qué demonios estaba haciendo.

—Quiero hacerlo —dijo asintiendo—, no todavía, pero pronto. Quizá comenzaré a buscar anillos. —Sonrió—. Alice es
particular. Espero no joderlo.

—Pídele ayuda a Bella.

—Ésa es una buena idea. Gracias. Entonces, están pasando algunas cosas con ella… ¿me vas a contar?

Me bebí de un trago el resto de mi cerveza.

—Soy feliz.

Se rió.

—Eso es bueno, Edward.

—Pero tengo… miedo por eso. No creo estar listo para una relación. Quiero decir, mira a nuestro alrededor. Podría
llevarme a cualquiera de estas mujeres esta noche. Bueno, podría si no fuera por Sofía. No sé si estoy listo para
renunciar a eso.

Rodó los ojos.

—Eres un idiota.

Ladeé la cabeza.

—¿Disculpa?

—No te llevarías a ninguna de estas mujeres a casa. No sé qué demonios pasa contigo, pero Bella ha sido increíble
para ti. Si jodes eso, en serio hay algo mal contigo.

—Es demasiado simple —dije—. Ella me salvó el trasero con Pequeña, así que quizá sólo me gusta por eso. Era fácil.

—Era fácil porque te gusta. Ella es buena para ti, para tu hija.
—Ése es mi punto. Si no tuviera a Sofía, quizá nunca la hubiera conocido.

—Le tienes miedo al compromiso. Y ahora que ya estás comprometido, lo estás jodiendo. No lo hagas. ¿Has hablado
de esto con Bella? ¿Sabe sobre esto?

Sacudí la cabeza.

—No.

—Pues deja de hablar conmigo y ve a casa, es ahí a donde voy yo. —Se puso de pie y lanzó dinero a la mesa—, Por
favor, Edward, eres mi amigo, y de verdad no quiero ver cómo arruinas esto. Piénsalo.

Asentí sacando mi cartera.

—Lo pensaré.

—Y la próxima vez que vayamos a las jaulas de bateo, no dures sólo media hora dentro.

Me reí entre dientes.

—El trabajo más una niña renegona me dejan exhausto.

—Como sea. Yo trabajo más que tú. Ustedes los cirujanos la tienen fácil —dijo mientras salíamos.

—Mierdas. Mi sueldo es más alto por una razón.

—Ego inflamado, sueldo inflamado… y aun así tengo que recordarte el nombre de tus pacientes.

Abrí mi carro riéndome.

—Buenas noches. Te veré mañana cuando me recuerdes el nombre de mis pacientes.

—Nos vemos —dijo subiéndose a su camioneta.

Toda mi vida había cambiado drásticamente por mi hija, y ahora había cambiado de nuevo por Bella. ¿Me gustaba? Sí,
la verdad que sí. ¿Pero estaba listo para esto? No estaba seguro. Hablar con Jasper no me había ayudado a descifrar
nada. Me dijo que no arruinara esto, pero quizá no lo arruinaría. Quizá lo mejoraría. Si no quería estar con Bella,
continuar con esto estaría mal.

—Ahí está —dijo Bella sonriendo cuando entré en mi apartamento. Estaba sentada en el piso con Pequeña,
señalándome.

Sonreí, me acerqué y me agaché para cargar a mi pequeña. Se rió cuando besé y soplé en su mejilla.

—Hola bebita —dije—. ¿Tuviste un buen día con Bella?

—Sí, a excepción de los dientes —dijo Bella poniéndose de pie. Besé sus labios antes de volver a mirar a Sofía.

—¿Estuvo mal? —le pregunté.

—Tuvo ataques de llanto, pero eso es normal. Su anillo para morder ayudó un poco. Leí que poner tu dedo en sus
encías aplicando un poco de presión también ayuda. Supongo que es la misma premisa.

Sonreí.

—Gracias Bella.

—No fue nada —dijo cuando nos sentamos en el sofá. Jugué con Sofía en mi regazo, haciéndola reír y sonreír—. Y
bien, ¿tuviste una buena noche?

Asentí.

—Sí, estuvo bien. Jasper tenía noticias nuevas.

—¿Oh? ¿Cuáles?
—No estoy seguro de poder decirte. Es sobre él y Alice.

—Él va a pedirle matrimonio. —Sonrió—. Alice me dijo.

Me reí.

—¿Alice sabe? Él dijo que no habían hablado de eso.

—Pues ella lo sospecha. Parece un poco rápido, ¿huh?

—Es lo que pensé.

—Pero supongo que cuando lo sabes, lo sabes.

La miré y noté que sus ojos estaban… apagados. Normalmente, cuando ella sonríe, se nota en sus ojos, se
iluminan… o esas mierdas. No estaban iluminándose ahora.

—Sí, supongo —dije.

—Hablé hoy con mi papá —dijo después de unos momentos—. Voy a ir a verlo por unos días.

—Oh, bien —dije—. ¿Todo está bien?

Asintió.

—Sí, es sólo que… pensé que unos días lejos estarían bien. Me voy mañana.

Mis ojos se movieron rápidamente de Pequeña a ella.

—¿Mañana?

—No sé qué está pasando, pero creo que necesitas un poco de tiempo a solas, Edward. No soy estúpida, ¿sabes?

Sacudí la cabeza.

—Claro que no lo eres.

—Has estado… distante. Como dije, no sé qué es porque no me lo has dicho. No sé si es el trabajo o Sofía… o yo,
pero claramente algo está mal.

Parpadeé.

—Por eso te vas.

—Regresaré en unos días. Si para entonces quieres hablar, lo haremos. Aunque cuando regrese es mejor que ya
hayas decidido qué es lo que quieres. Me gustas, me importas, pero no voy a esperarte sentada. Creí que las cosas
estaban bien, pero obviamente me equivoqué.

Suspiré, me puse de pie y acosté a Pequeña en su columpio.

—Estoy… confundido.

Asintió.

—Lo sé.

—Sí me gustas, y sí me importas.

Sonrió.

—También sé eso, como también sé que han cambiado muchas cosas en tu vida en muy poco tiempo, así que
entiendo que tengas que pensarlo.

—Aunque vas a regresar, ¿verdad?

—Por supuesto que sí. Tengo una vida aquí, Edward. No voy a huir de ello sólo porque lo nuestro no funcione. Adoro a
Sofía y quiero seguir siendo parte de su vida, sin importar nada.
—Ella te quiere —dije sonriendo suavemente.

—Y yo la quiero a ella. Así que tomate tu tiempo y piénsalo. Si no es lo que quieres, entonces no es justo para ninguno
de nosotros seguir con esto.

Asentí.

—Lo siento, Bella.

Se puso de pie y me envolvió en sus brazos. Me incliné y dejé un beso en su cabeza.

—No lo sientas —dijo—. Sólo piénsalo, ¿bien?

Levantó la cabeza y la besé.

—Lo haré —dije cuando nos separamos.

—Lo sé, Pequeña —dije, meciéndome por su habitación a las dos de la mañana—. Sé que te duele.

Todavía no había salido ningún diente y Pequeña ya estaba sufriendo por el dolor. Llevábamos horas levantados y
simplemente no podía calmarla. Intenté bañarla, intenté con su anillo para morder, pero no funcionaba. Incluso intenté
leerle, pero no era como si pudiera escucharme sobre sus gritos.

Limpié las lágrimas de sus mejillas rojas y abrí su boca para ver sus encías inferiores. Pasé mi dedo sobre ellas,
haciendo un poco de presión como me había dicho Bella.

—Estás bien —dije, besando su frente—. Lamento que te duela.

Me senté en la mecedora con ella y seguí pasando mi dedo por su encía. Me costó un rato, pero eventualmente se
quedó dormida. La recosté contra mi pecho y seguí meciéndome para asegurarme de que fuera a quedarse dormida.

Pequeña sí se quedó dormida, pero se despertó más temprano de lo normal… llorando otra vez. Si así iba a ser
nuestra vida por los siguientes meses, joder, ya quería matarme. Le di una dosis de Tylenol —primero llamé a su
pediatra para asegurarme de que estuviera bien—, antes de llevarla a la guardería. Afortunadamente para entonces ya
se había calmado.

Mi día en el trabajo también fue un infierno. Jodidamente terrible, en realidad. Perdí un paciente que trajeron luego de
sufrir un accidente automovilístico. Lo intenté con todas mis malditas fuerzas, pero no importó. Ella se fue y no hubo
nada que yo pudiera haber hecho. Sin embargo, eso no me detuvo de pasar la tarde intentando descubrir si hubiera
habido algo que pude haber hecho para salvarla. Si hubiera hecho algo diferente, quizá no hubiera muerto. Hacía esto
cada vez que perdía un paciente. Revisaba el historial, analizando todo en mi cabeza una y otra vez, e intentaba
descubrir una manera en que pudiera haber salvado al paciente.

—Eso —dijo papá cerrando el historial que estaba frente a mí—, no va a cambiar nada.

Levanté la vista y lo encontré con una taza de café para mí.

—Gracias —dije aceptándola—. ¿Y cómo sabes que no voy a descubrir algo?

Suspiró.

—Incluso si descubres algo, no va a cambiar el hecho de que tu paciente se fue. También sé qué hiciste todo lo que
podías, así que no descubrirás nada nuevo.

Me recargué en la silla, pasándome la mano por la cara mientras que él se sentaba junto a mí en la mesa de la sala de
descanso para doctores.

—No necesitaba esto hoy —dije—. Dormí muy poco anoche gracias a Sofía, Bella se fue con su papá, y yo estoy…,
confundido sobre nosotros.

—Ah, problemas en la relación. ¿La hiciste enojar tanto que tuvo que irse de la ciudad?

Me encogí de hombros.

—Estaba distante. Ella creía que yo necesitaba tiempo para pensar.


—¿Y lo necesitas?

—No sé. Quizá nos haga bien un tiempo separados. Siempre estamos juntos.

Asintió y yo bebí más de mi café. Me trajo del café bueno.

—Tu mamá me dejó una vez.

—¿Qué?—dije. Estaba jodidamente sorprendido.

—Fue una situación completamente diferente a la tuya, pero sí. Probablemente fue el tiempo separados lo que salvó
nuestro matrimonio. Me hizo darme cuenta lo que tenía y lo que estaba perdiendo. No hay necesidad de decir que no
estuvimos mucho tiempo separados. Rápidamente me di cuenta de que no podía vivir sin ella.

—No creo que Bella y yo estemos en ese tipo de situación, sólo llevamos mes y medio juntos.

—Es cierto, ¿pero desearías ir a casa esta noche y hablar con ella sobre haber perdido a tu paciente? ¿Ella te haría
sentir mejor?

Por supuesto que sí, ya lo había hecho antes.

—Sí.

—Deberías pasar los siguientes días pensando en lo que ella hace por ti, pensando en lo que tú haces por ella. Si
descubres que la quieres, y necesitas, durante alguno de esos momentos, entonces quizá ya no estés tan confundido.
¿Pero qué sé yo? Sólo he estado casado por cuarenta años.

—Tengo miedo —admití—. Nunca antes he estado en una relación, y tengo miedo de de involucrarme mucho y que
después ella descubra que esto no es lo que quiere. También tengo miedo de joderlo, de regresar a ser como era
antes. No quiero lastimarla.

—Pues ella no va a estar aquí en los siguientes días. ¿Has considerado en salir?

Fruncí el ceño.

—Por supuesto que no. Nunca... Oh.

Se rió entre dientes.

—"Oh" es correcto. No tengo dudas de que no volverás a ser como eras antes. Creo que más que nada tienes miedo
de enamorarte y perderlo.

—No creo amarla todavía, es demasiado pronto.

—Supe que amaba a tu madre en el momento en que la conocí —dijo sonriendo—. Creo que la amas.

—Me preocupo por ella, pero amar es otra cosa.

Se puso de pie acomodándose la corbata.

—Claro que sí.

—¿En serio te vas a ir después de decir eso? —pregunté lanzándole dagas con la mirada—. Ayúdame.

Palmeó mi hombro.

—Puedo ayudarte con muchas cosas, hijo, pero ésta no es una de ellas. Sólo piénsalo.

Antes de que pudiera decir algo más, él se giró y salió de la sala de descanso, dejándome incluso más confundido.

Ya que Bella se fue con su papá, yo me quedé solo durante la cena. En lugar de intentar preparar algo, ordené comida
mientras jugaba en el piso con Sofía. Pollo agridulce, ven con papá.

—Estás de un humor mucho mejor —dije, haciéndole cosquillas a Pequeña. Ella estaba sentada en mi regazo
recargada contra mi pecho.
Estaba algo sorprendido por lo mucho que había avanzado. Básicamente ya había logrado darse vuelta a ambos lados,
y ahora estaba aprendiendo a sentarse. Podía dejarla en el piso y se quedaría sentada por un buen rato sin ayuda de
nadie, y ya comenzaba a moverse cuando estaba sobre su pancita. Todavía no podía gatear —gracias a Dios—, pero
ciertamente comenzaba a descubrir ciertas cosas.

—¿Quieres jugar con la pelota? —pregunté besando su mejilla.

La moví de mi regazo y la senté en el piso frente a mí. Dejé mi mano en su espalda para que no se ladeara. Rodé la
pelota color amarillo brillante entre sus piernas y se rió, la agarró y se la llevó a la boca, babeándola toda. Cuando la
soltó yo la agarré y la rodé de nuevo. Seguimos haciendo esto por un rato hasta que se aburrió. La acosté sobre su
estómago y pateó, intentando moverse. Sus pequeños gruñidos eran… tan jodidamente lindos. No podía dejar de reír.

Cuando llegó mi comida me senté de nuevo junto a ella, y comí junto a ella mientras intentaba con todas sus fuerzas
poder moverse. Aunque no se iba a ir a ningún lado, así que sólo comí y la dejé intentarlo hasta que se agotó sola.
Cuando se cansó acerqué la manta de juegos y la acosté ahí, dejándola pegarle a los juguetes que colgaban sobre
ella.

Mientras estaba sentado ahí, sólo a excepción de Sofía, comencé a preguntarme qué demonios hacía antes de
conocer a Bella. Claro, la televisión estaba encendida, pero me sentía un poco… solo. Quería llamarla. Quería contarle
sobre mi día de mierda y que me hiciera sentir mejor. La verdad, después de hablar con papá y Jasper, empecé a
darme cuenta de que mis razones para actuar así con Bella eran mentiras. No quería estar con nadie más, y sabía que
no iba a joderlo ni engañarla. La comodidad de nuestra relación era lo que de verdad me asustaba, pero la comodidad
era algo bueno. Quizá me sentía tan cómodo porque era lo correcto.

Justo ahora mi cabeza estaba completamente revuelta. Ni siquiera podía explicarme a mí mismo cuál era el verdadero
problema. Parecía que estaba creando un problema de la nada. ¿Por qué no podía simplemente ser feliz? ¿Por qué
tenía que joderlo? Le tenía miedo al compromiso, pero ya estaba comprometido.

—Creo que amo a Bella —dije, dándole a Pequeña su cereal. Ya se había tomado su biberón, así que intentaba darle
el cereal en la noche como siempre. Y como siempre, no lo quería—. Y creo que tengo miedo de involucrarme mucho y
que al final no funcione.

Ella sólo me miró, y mantuvo la boca cerrada mientras pasaba la cuchara por sus labios.

—Estoy malditamente confundido, Pequeña. De verdad me gusta, quizá la amo, pero estoy jodi... Arruinándolo.
Necesito hablar con ella, pero no regresará hasta dentro de dos días. Yo…, la extraño.

Abrió un poco la boca, así que puse algo de cereal en su lengua. Sorprendentemente no lo escupió.

—Ésa es mi chica —dije, sonriendo al verla lamerse los labios. Le di un poco más y lo aceptó. Una pequeña victoria
seguía siendo una victoria. Desde que comencé a darle esto, apenas había comido, aunque planeaba empezar pronto
a darle esas mierdas de puré, pero justo ahora necesitaba comer esto primero.

—¿Entonces tienes alguno consejo para mí sobre Bella? —me reí.

Abrió la boca de nuevo, en realidad quería más. ¡Demonios sí! Quizá seguiría con esta actitud.

—Estoy pensando que, cuando regrese, lo primero que tengo que hacer es disculparme —dije, limpiando su barbilla y
dándole más—. La lastimé al hacer esto. No tengo las respuestas, pero sí quiero que funcione, y la necesito para ser
capaz de hacerlo.

Después de conseguir que comiera una buena cantidad, limpié la sillita y me llevé a Pequeña al baño para su actividad
favorita. Cuando lavaba su cabello usé el champú para moldearlo en forma de moja. Me reí y ella me miró como si la
estuviera molestando. Yo pensaba que era divertido. Rápidamente la lavé y le eché más agua tibia sobre el cuerpo
antes de sacarla.

Luego de acostarla regresé a la sala para recoger su desastre. Mientras guardaba las cosas sonó mi celular en mi
bolsillo. Lo saqué y encontré un mensaje de Bella.

¿Cómo está Sofía?-Bella

Está bien. ¿Cómo estás tú?-Edward

Bien. Papá se duerme temprano… igual que Sofía. Jaja. Sólo quería saber cómo estaba… ¿y cómo estás tú?-Bella
Sonreí, me senté y tecleé una respuesta.

Estoy bien, Bella. Ya pensé en todo y te extraño.-Edward

:-) También te extraño. Entonces, ¿estarás listo para hablar cuando regrese?-Bella

Le dije que sí y me disculpé por cómo había actuado. Seguimos mandándonos mensajes por un rato. Me preguntó por
mi día, y le dije que estuvo de mierda. Incluso a través de un mensaje me hizo sentir mejor. Estaba tentado a llamarla,
pero entonces dijo que ya se iba a acostar. Le deseé una buena noche y esperé su último mensaje.

Buenas noches, Edward. Regresaré en dos días.

Esos dos días no podían pasar lo suficientemente rápido.

Bueno, que quebradero de cabeza se traía este Edward, pero al menos parece que ya lo solucionó ;)

No tengo fechas de actualización, lo hago cuando puedo. Aunque voy a intentar que sea por lo menos un capítulo a la
semana.

Las invito a pasar por mi más reciente traducción, un OS llamado "Superhéroes y Segundas Oportunidades".

¡Gracias por sus comentarios! ^^

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*Chapter 20*: Flove and Stuff
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 20: Amor y Otras Cosas

Los siguientes días pasaron lentamente, incluso aunque me mantuve ocupado con el trabajo y con Pequeña. Bella y yo
nos habíamos mandado mensajes unas cuantas veces más, pero nada de llamadas. Me preguntaba sobre Sofía, y
nada se mencionaba sobre nosotros. Carajo, de verdad la extrañaba, lo cual era raro. Apenas hace unos días estaba
considerando terminar todo, pero ahora sabía que eso no era lo que quería. Lo nuestro funcionaría, siempre y cuando
ella nos lo permitiera. Me preocupaba que estuviera enojada conmigo por hacer esta mierda. Sería comprensible,
después de todo. Sólo esperaba que me dejara arreglarlo.

—Cómo es que una bebita puede tener tanta ropa va más allá de mi comprensión —dije, doblando la ropa de Sofía
que acababa de sacar de la secadora—. Sin mencionar las mantas.

Ella me miró desde su columpio, soltando la sonaja con la que había estado jugando.

—Sí, estoy hablando de ti —me reí cuando me imitó y también se rio. La risa era muchísimo mejor que los ataques de
llanto, los cuales seguían dejándome sin dormir.

Mientras dejaba una pila de ropa doblada en la canasta, mi celular sonó en el buró. Lo agarré y vi el nombre de Bella en
la pantalla. Respondí rápidamente y me lo llevé al oído.

—Hola Bella —dije—. ¿Ya vienes de regreso?

—Pues así era —suspiró. Sonaba frustrada—. Necesito tu ayuda.

Agarré la canasta de la ropa y comencé a caminar al cuarto de Pequeña.

—Claro. ¿Qué pasa?

—Mi camioneta se descompuso.

Sonreí, intentando no reírme de lo predecible que era eso.

—No me sorprende.

—Sí, sí, sí, era un pedazo de basura, lo que sea, pero era mía, así que no sigas.

—Yo la llamé un pedazo de mierda —me reí dejando la canasta en el piso—, pero ya me callaré. ¿Dónde estás?

—Como a diez millas de la entrada a la ciudad, en un lado de la 101. Me verás en seguida.

—De acuerdo, déjame cargar las cosas de Pequeña y estaremos ahí. ¿Ya le llamaste al remolque?

—Sí, pero no quiero…, ya sabes, viajar con un extraño.

—¿Peligro con extraños? —me reí.

—Mi papá es un policía, ¿recuerdas? Fui condicionada para no confiar en los extraños.

—Entendido —dije, agarrando el porta bebé y la pañalera antes de dirigirme a la sala—. Llámame si me necesitas.

—Gracias Edward.

—De nada.

Revisé el pañal de Sofía antes de ponerla en el porta bebé y meterle el chupón a la boca. De todas formas estaba a
punto de dormirse, esperaba que el viaje en carro la ayudara con eso. No fue así; de hecho en cuanto salí del
estacionamiento empezó a llorar.

—Te has portado tan bien hoy, Pequeña —dije—. ¿Por qué tenías que empezar a llorar ahora? Cuando sabes que no
puedo agarrarte.

Miré el retrovisor, el cual me mostraba su reflejo en el espejo que tenía pegado al reposacabezas del asiento trasero.
Su rostro estaba en su tonalidad normal de rojo cuando lloraba así. Joder. Su llanto era horrible…, era doloroso
escucharlo. Hace tiempo me había dado cuenta de que nunca podría dejarla llorar, así que no poder consolarla era un
asco. Quizá era un "sentimental" como decía Bella. Pequeña me había convertido en eso… Genial.

Cuando finalmente vi la camioneta de Bella me detuve en la orilla de la carretera, estacionándome frente a ella. Salió
de la camioneta mientras yo abría la puerta de atrás para sacar a Pequeña. De verdad no quería escuchar más llanto
en el viaje de regreso.

—Oh, ¿ha estado llorando todo el viaje? —preguntó Bella. Yo abracé con fuerza a Sofía y sobé su espalda.

—Sí, en realidad desde que salimos del estacionamiento —dije—. Y hoy se había estado portando tan bien. Incluso se
comió su cereal en la mañana.

—Pues eso ya es progreso. —Sonrió tomando la mano de Pequeña y acariciándola.

Aparté una mano de Sofía y la estiré para rodear a Bella con mi brazo, pero ella se alejó. Mierda.

—Voy por mi bolsa —dijo—. El remolque debe llegar en cualquier minuto. No tenemos que esperar.

Asentí.

—Está bien.

Acosté a Pequeña en su porta bebé y le puse el cinturón. Había dejado de gritar, pero obviamente seguía enojada.
Agarré su anillo para la dentición de la pañalera y se lo di, esperando aliviar su dolor. Afortunadamente de inmediato
comenzó a morderlo.

Mientras manejaba de regreso quedó más que claro que Bella no estaba feliz conmigo. Estuvo callada la mayor parte
del tiempo, pero respondía a mis preguntas con pocas palabras. Por alguna razón estaba bastante seguro que unas
flores no arreglarían esto. Emmett era un mentiroso.

—¿Qué vas a hacer con tu camioneta? —pregunté mirándola.

—Estoy segura que ya murió, entonces tendré que comprar un carro nuevo —suspiró—. La extrañaré, pero no fue nada
inesperado, supongo. Ya llevaba aquí mucho tiempo.

Sonreí.

—Era una antigüedad.

—Sí, Edward, lo sé —bufó. Justo en ese momento íbamos entrando al estacionamiento de nuestro edificio.

—Por favor, déjame explicártelo —dije, apagando el carro y girándome hacia ella—. Sé que estás enojada por cómo te
traté, y es comprensible, pero tiene que dejarme explicártelo.

Me miró mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad.

—Te dejaré hacerlo. Sólo déjame guardar mis cosas y hacer unas llamadas. Iré a tu apartamento en un rato.

—Haré de comer si quieres.

No me perdí de su sonrisita.

—Bien.

Pequeña no estaba lista para tomar su siesta cuando llegamos al apartamento, así que la dejé en su sillita alta
mientras hacía comida para Bella y para mí: macarrones con queso, mi especialidad a prueba de idiotas.
Probablemente debí haber usado lo que ella me enseñó, pero para ser honestos, en la mayoría de esas lecciones mi
atención estaba en ella, no en sus palabras. De todas formas era sólo comida. Quizá podría intentar prepararle una
cena de verdad en otra ocasión.

No tardé mucho en prepararlo, y Bella seguía sin venir. Pues mierda. Supongo que comería macarrones con queso
recalentados. Para cuando terminé Sofía se veía un poco cansada, así que la saqué de su sillita. La llevé a su cuarto y
me senté con ella en la mecedora; quería arrullarla para que se durmiera. Funcionó, jodidamente gracias a Dios. En
realidad casi me duermo yo también.

Eso hasta que escuché un golpe en la puerta. Acosté rápidamente a Pequeña en su cuna y agarré el monitor,
metiéndomelo al bolsillo trasero. Cuando abrí la puerta sonreí, pero Bella no me correspondió. Mierda. ¿Y si no me…
perdonaba por joderlo todo?

—Hola —dije, moviéndome para que pudiera entrar—. Ya está lista la comida.

Asintió.

—Oh, qué bien. Espero no haberte hecho esperar mucho. Tuve que llamar a la compañía de remolques. Necesito
sacar mis cosas de la camioneta y pagarles, y después ellos la mandarán al depósito de chatarra.

Obviamente estaba triste, y supuse que hacer una broma no sería la mejor idea.

—Lamento lo de tu camioneta.

Se sentó en un taburete y se encogió de hombros.

—Yo también.

Luego de calentar los macarrones con queso me senté junto a ella a comer. Le pregunté sobre su viaje para ver a su
papá, y dijo que estuvo bien, que lo extrañaba. Me contó que fueron a pescar y eso le dio tiempo para pensar.

—Fui un idiota —dije, agarré nuestros tazones y los dejé en el fregadero—. Me asusté.

Me miró con una ceja alzada.

—Sí lo fuiste y sé que te asustaste.

Vaya, qué honesta.

—¿Quieres… quieres ir a la sala para hablar?

Asintió poniéndose de pie. La seguí al sofá, sentándome de frente junto a ella. Se mordió el labio mientras esperaba a
que yo comenzara. Joder, esa mordida. Lo había extrañado estos días.

Supuse que sacarlo todo era lo mejor. Ya había desperdiciado suficiente de su tiempo.

—Tengo… miedo —Mierda, era difícil admitirlo—, de una relación.

—Lo sé —dijo—. No me sorprende, ¿sabes? He… estado esperando esto.

—¿De verdad? —pregunté con el ceño fruncido—. ¿Has estado esperando a que yo lo arruinara?

Sacudió la cabeza rápidamente.

—No, pero sabía que esto era diferente para ti. Esperaba que te lo cuestionaras, si es que eso tiene sentido. Aunque lo
que no esperaba era que me dejaras fuera. Eso me dolió, Edward.

—Fui tan obvio, ¿huh?

—Sí —suspiró—. Cambiaste completamente esa noche en mi sofá. Te fuiste temprano y ni siquiera fuiste la noche
siguiente, y cuando yo venía aquí tú me dabas la espalda. Hiciste eso por días. Fue algo de mierda.

Me froté la cara con las manos.

—Lo sé.

—Pudiste haber dicho que necesitabas tiempo.

—Lo sé, pero… nunca he estado en una relación, Bella —dije mirándola—. Estoy jodidamente indefenso con esto.
Tampoco nunca había querido estar en una relación.

—¿Y quieres estar en una ahora? Porque si no, ahora es el momento de decirlo. La verdad, Edward, estoy enojada
contigo —dijo entrecerrando los ojos—. Como dije, me lastimaste. Me hiciste sentir como si no fuera nadie especial, y
no estoy de acuerdo con eso. Me gustas, y quiero estar contigo, pero no voy a dejar que me uses.

—No lo haré.

Se acercó más, poniendo su mano en mi rostro para forzarme a verla a los ojos.

—Te dejaré en un segundo si vuelves a hacerlo. Entiendo que necesitaras… asustarte, o lo que sea, pero si pasa de
nuevo, se termina todo.

Asentí cuando bajó su mano.

—Quiero estar contigo, y lo siento muchísimo por lastimarte. Ésa no era mi intención, pero no sé como…, mierda, no es
fácil explicarlo —me reí incómodamente.

—Sólo dilo —dijo, sonriendo y agarrando mi mano con la suya.

—No sé cómo actuar. Estoy feliz, realmente feliz, y eso me asusta. Estaba preocupado de volver a ser como era antes,
que quizá extrañaba eso. Pero no. No lo extraño, Bella. Bueno, extraño el sexo.

Rodó los ojos bufando.

—¿En serio?

Sonreí.

—Pero no extraño el sexo con mujeres que no conozco.

—Pues eso me hace sentir mejor —se rio.

—Supongo que lo que intento decir es que no quiero estar con nadie más. Quiero estar contigo. Te extrañé cuando no
estabas. Extrañé hablar contigo. Eres… maravillosa.

Se sonrojó y sonrió.

—Gracias.

—De verdad, Bella. Eres única. Aunque honestamente no puedo entender por qué quieres estar conmigo —me reí.

—Eres divertido, y me encanta la persona que eres. Eres considerado, Edward, incluso si no lo crees. La forma en que
te quedaste conmigo la otra noche… Eso me demostró lo considerado que eres. Y juro que, cuando estás con Sofía,
es la cosa más dulce del mundo.

—En realidad no soy tan considerado.

—Eres un doctor. Si no te importara, ¿por qué serías doctor? —preguntó, sentándose sobre su pierna—. ¿Por qué te
afecta tanto cuando pierdes un paciente si no eres considerado? Debajo de tu caparazón, creo que te preocupas
mucho, y eres una gran persona.

Sonreí.

—Bien, soy "considerado".

Se rio.

—No lo hagas sonar como algo malo. Es algo bueno. Algo muy bueno.

—Está bien, no es algo malo. Me importas, Bella, más de lo que podría haber imaginado. Me asustaste a muerte esa
noche en el boliche.

—Probablemente no será el último incidente de torpeza que veas.

La jalé a mí para besarla suavemente.


—Lamento mucho la forma en que actué. ¿Me darías otra oportunidad? —pregunté. Sonrió, mordiéndose el labio al
asentir—. Gracias.

—Aunque hablo en serio —dijo—. No dejaré que lo vuelvas a hacer.

Acomodé un mechón de su cabello detrás de su oído.

—No lo haré de nuevo. Yo… te amo.

Abrió los ojos como platos y se quedó boquiabierta. Soltó un gritito, pero eso fue todo.

—Mierda —maldije—. Muy pronto. Mierda.

Puso su dedo en mis labios para callarme.

—¿Tú… me amas? —Asentí—. Oh. —Su dedo cayó y parpadeó.

—¿Lo acabo de arruinar de nuevo?

Se acercó a mí para pasar sus manos por mi cabello. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios, y luego fue
creciendo más.

—También te amo, pero no quería decirlo y espantarte.

Me reí antes de besarla por un momento.

—Entonces fue bueno que lo dijera yo primero —me reí entre dientes.

La puse en mi regazo. Presionó su pecho contra el mío mientras nuestros labios seguían moviéndose juntos. Mis
manos bajaron por su espalda, deteniéndose sobre su firme trasero, y le di un pequeño apretón. Se rio suavemente,
moviendo sus labios a mi mandíbula mientras sus dedos se enterraban en mi cabello, jalando y tirando ligeramente.

Alejó su boca de la mía para verme.

—¿Crees que Sofía duerma un rato más? —preguntó antes de morderse el labio.

Oh, Dios, eso espero.

—Más le vale —dije, sosteniéndola contra mí al ponerme de pie. Envolvió sus piernas con fuerza en mi cintura. Sus
labios viajaron por mi mandíbula de nuevo, me besaba… me distraía y no podía caminar. Casi nos chocó contra la
pared junto a mi puerta.

En cuanto entramos a mi habitación la ropa pareció salir volando. Le dije que la amaba, y ella comenzó a atacarme.
Bien, en realidad no, pero sus labios y manos estaban en todos lados. Estaba sobre mí, besando mi cuello. Moví mis
manos alrededor de su cintura, sobre el pequeño elástico de su tanga hacia su trasero. Necesitaba quitarle eso. Ya.

Le di la vuelta para quedar ambos de costado. Acaricié su mejilla notando su sonrojo. Su pecho estaba incluso más
sonrojado. Preciosa. Jadeaba suavemente mirándome a los ojos.

—Te deseo —dije besándola.

Asintió, murmurando una aceptación. Bajé mi mano por su estómago, metiendo los dedos bajo el elástico y bajando
su tanga. Se removió y se levantó para quitársela. La empujé sobre su espalda, abriendo sus piernas mientras mi
mano subía. Jadeó cuando toqué su clítoris. Sonreí, moviendo un dedo en lentos círculos. Besé su cuello bajando a su
escote mientras sus dedos jalaban suavemente mi cabello. Suaves gemidos escapaban de sus labios y yo seguía
sonriendo, sabiendo que ella lo estaba disfrutando. Metí mi dedo dentro de ella, entrando y saliendo lentamente. Se
sentía tan jodidamente bien rodeando mi dedo. Sólo quería estar en ella de verdad, pero ella merecía que fuera
paciente. Merecía sentirse increíble primero.

Santa mierda, eso fue nuevo.

—¿Te gusta? —pregunté susurrando en su oído. Se mordió el labio asintiendo fervientemente—. Te amo, Mordelona.

Se rio suavemente y yo embestí más rápido, agregando otro dedo. Froté su clítoris con mi pulgar otra vez. La risa fue
interrumpida por más gemidos. Jodido infierno, amab a los sonidos que hacía, no sólo los gemidos, sino también los
jadeos y murmuraciones que no podía entender también. Me di cuenta que movió la otra mano para aferrarse a las
sábanas. Escuché mi nombre una y otra vez cuando se vino, junto con unos cuantos Dioses.

Presioné mis labios en los suyos, silenciándola porque se estaba poniendo malditamente ruidosa. Aunque al parecer
no lo hice lo suficientemente rápido.

—Hijo de perra —maldije cuando escuché alto y claro los llantos de Pequeña.

Bella se rio, tapándose la boca con la mano. La miré con incredulidad. Esto no era divertido. Esto significaba que ya se
había terminado, y yo estaba jodidamente duro, sin un alivio a la vista.

—No es divertido —dije, moviendo mi mano a su costado para hacerle cosquillas.

Alejó mi mano todavía riendo.

—¡Lo siento, pero sí lo es!

Me senté mirándola.

—No eres tú quien tiene que ir por ella… con una maldita erección.

—Vuelve a dormirla y yo me encargaré de eso. —Sonrió.

Salí de la cama, me puse los bóxers y después mis jeans. —Maldición así será —murmuré intentando descubrir a
dónde había lanzado mi camisa. Mierda.

—¿Disculpa? —preguntó tapándose con la sábana.

—Pregunté dónde estará mi camisa —mentí.

Rodó los ojos.

—Claro que sí. Y está ahí —señaló—, junto a tu escritorio. ¿A dónde lancé mis bragas?

Agarré mi camisa encogiéndome de hombros.

—Checa en la cama. No creo que fueran muy lejos.

Me apuré hacia la habitación de Pequeña, encontrando una bebé enojada en la cuna. Rápidamente la cargué, oliendo
la razón de que mi tiempo fuera interrumpido.

—¿No pudiste esperar? —pregunté, acostándola en la mesa cambiadora—. Papi estaba… ocupado.

Cambié rápidamente su pañal antes de vestirla de nuevo. Cuando la cargué miré hacia la puerta y noté a Bella
recargada ahí con una sonrisa en los labios. Pequeña recargó su cabeza en mi hombro mientras agarraba mi camisa
con su puñito.

—Probablemente tiene hambre —dije, caminando hacia Bella. Me incliné para besarla suavemente. Se veía…
hermosa. Casi resplandecía, por muy raro que sonara eso.

Suspiró cuando nos separamos.

—Puedo darle el biberón. Ya sabes, si necesitas… una ducha.—Quería quitarle esa sonrisa de la cara. Sólo se rio de
mi ceño fruncido.

—Creo que ésa es una buena idea —dije—. Sabes, puede que se entretenga sola si la dejas en el columpio luego del
biberón. —Le guiñé un ojo—. Podrías unirte a mí.

Se rio suavemente.

—Aun con lo mucho que me gustaría, creo que paso. He extrañado a esta pequeñita.

Suspiré pasándole a Sofía, que se veía medio dormida.

—Bien. Saldré en unos minutos.

—No actúes tan devastado. —Sonrió rodando los ojos—. Buenas cosas les pasan a aquellos que esperan.
Abrí la ducha en fría, dejando que el agua me empapara. Tenía la esperanza de que quizá, solo quizá,la cortina se
abriera y encontrara a una preciosa mujer desnuda frente a mí. Eso no pasó, lo cual apestaba. Aunque no fue tan malo.
Hoy puse el placer de Bella antes que el mío, algo que nunca antes había hecho. Y, para ser honesto, se sintió… bien,
hacerla sentir así. Se lo merecía. Era malditamente hermosa. Su rostro quedó grabado en mi memoria.

Cuando salí de la ducha caminé hacia la sala y me encontré con que Bella seguía dándole el biberón a Pequeña. Le
hablaba suavemente, sonriendo mientras le hacía cariñitos a mi hija. La quería. Ella la quería como Sofía merecía ser
querida por una mujer. Y yo amaba a Bella. Amaba la persona que era. Amaba su amabilidad, su bondad. Cómo había
visto más allá de la persona que yo era, y sacó lo bueno en mí. Nunca pensé que podría enamorarme, nunca pensé
que sería ese hombre, pero ella me hizo serlo. Me mostró una felicidad que no creía que existía. Me hizo una mejor
persona, y ni siquiera me di cuenta de cuándo pasó.

Miré como ponía a Sofía sobre su hombro, palmeando su espalda suavemente. Bella le susurró a Pequeña que era
una niña buena después de que regurgitó y Bella le limpió la boca.

—Ahí está papi —dijo Bella, sosteniendo a Sofía de modo que su espalda quedaba contra el estómago de Bella. Bella
me señaló, Pequeña sonrió y levantó su mano también.

Me acerqué y me arrodillé frente a ellas, tomando la mano de Sofía en la mía.

—¿Ya vas a ser una niña feliz? —pregunté—. Presumiendo para Bella, ¿huh?

Bella besó su cabeza.

—Ella siempre es una niña feliz. Una niña feliz y buena.

Bufé.

—Deberías pasar la noche. No está tan feliz entonces.

Tomó la mano de Pequeña y la puso sobre mi rostro.

—Di, lo siento por mantenerte despierto, papi, pero te quelo —se rio.

Me reí entre dientes besando la frente de Sofía.

—Yo también te "quelo", bebita.

Comodidad… No era algo malo. De hecho, era algo bueno. Realmente bueno. Aún así Bella y yo teníamos mucho
camino que recorrer. Nuestra relación apenas comenzaba. Habían cosas que todavía no sabíamos sobre el otro, y yo
quería saber todo.

Al menos Edward parece saber cómo remediar las cosas.

Vengo haciendo otra vez promoción, por ahí me dijeron que sí funciona Jaja. Esta vez se trata de una nueva traducción
que estoy comenzando, se llama Strange Brew. Una Bella universitaria, un Edward siete años mayor que ella que
intenta no enamorarse de su empleada, una cervecería de por medio… más o menos por esos rumbos, espero que
les guste si la leen ;)

¡Gracias a todas por sus comentarios! ^^

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*Chapter 21*: Finally
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 21: Finalmente

—Tiene fiebre —dije, cargando a Pequeña mientras presionaba el dorso de mi mano en su frente—, aunque no creo
que sea muy alta.

Bella me pasó una toallita para bebé y la usé para limpiar el exceso de saliva de las mejillas rojas y la barbilla de Sofía.

—Es por los dientes, ¿verdad? —preguntó.

Me encogí de hombros.

—Sí. Al menos eso espero.

Pasó la mano por la cabeza de Pequeña, besando su frente. Era casi media noche y Bella estaba a punto de irse a
casa cuando el horrible grito de Sofía —algo a lo que ya estaba muy acostumbrado—, la detuvo de golpe. Me siguió
hasta su cuarto, queriendo revisar a mi pequeña por sí misma.

—Pobrecita —dijo suspirando—. Puedo quedarme.

—No tienes que hacerlo, Bella, ya estoy acostumbrado a esto. Lo detesto, pero no creo que vaya a cambiar pronto.

—Quiero quedarme. —Sus ojos sostenían una mirada de determinación. ¿Quién era yo para negarme?

Asentí.

—Bien, ¿quieres mecerla? Iré a sacar su anillo para morder de la nevera.

Extendió los brazos y le pasé a Sofía, que seguía llorando. Bella se movió por la habitación para sentarse en la
mecedora. Sostuvo cerca a Pequeña, hablándole con suavidad y meciéndola con gentileza. Besó su frente una y otra
vez. Era… una imagen que yo disfrutaba por alguna razón. Esta mujer era maravillosa con mi hija. Simplemente era
una persona maravillosa.

Me fue del cuarto hacia la cocina para agarrar el anillo para morder y el termómetro. Cuando regresé le di a Bella el
anillo de plástico y me arrodillé, metiendo el termómetro a la oreja de Pequeña. Se removió y, durante el momento en
que tardó para pitar, lloró con más fuerza.

—Ni siquiera pasa los 38 grados —le dije—. En serio creo que es sólo por los dientes.

Bella asintió y siguió meciendo con gentileza a Sofía. Afortunadamente Pequeña se metió el anillo de plástico a la boca
y lo mordió; eso ayudó a silenciar su llanto. Me quedé arrodillado con la mano en mi hija por un rato mientras se
tranquilizaba.

—Parece un ángel —dijo Bella.

La miré sonriendo.

—Un ángel ruidoso.

Se rió suavemente.

—Bien, sí, pero es tan hermosa. Hace bebés muy bonitos, doctor Cullen.

Sonreí.

—¿Qué puedo decir? De verdad que sí.


Cuando Pequeña se durmió Bella la acostó en la cuna. Besé la frente de mi hija antes de salir de la habitación. Bella
tomó mi mano en la suya con una sonrisa para jalarme por el pasillo.

—No te molesta si me quedo, ¿cierto? —preguntó.

Oh, todavía quería quedarse… qué bien.

—Para nada.

No volvimos a tener otra oportunidad después de que Pequeña nos interrumpiera hace unos días, y por la forma en
que Bella me estaba viendo, parecía que ella también lo quería. Dios mío, en serio que yo lo deseaba. Más bien lo
necesitaba. Mis bolas estaban tan jodidamente azules, que no era gracioso.

En cuanto estuvimos en mi habitación envolvió sus brazos en mi torso y se paró de puntillas para unir nuestros labios.
Fue un beso lento y suave. Nuestros labios se movían juntos mientras la acercaba más a mí. Deslicé mi mano por su
espalda y bajo su blusa para sentir su cálida piel.

—Te amo —susurró.

La besé de nuevo.

—También te amo.

En realidad eran palabras muy simples, pero nunca pensé en decirle esas palabras a una mujer, al menos no hasta
que conocí a Bella. Y aunque eran simples, sabía que ella entendía el peso que tenían al venir de mí. La hacían sonreír
y sonrojarse, y yo disfrutaba mucho de eso.

Nos quitamos la ropa el uno al otro y la acosté en la cama, moviendo mis labios sobre su pecho y su estómago.
Cuando la besé justo bajo su ombligo, tembló ligeramente. Subí por donde había bajado, tomándome mi tiempo para
adorar su cuerpo. Su cuerpo jodidamente perfecto del que no podía tener suficiente. Quería tocar cada centímetro de él.
Quería sentirla estremecerse bajo mi tacto y escuchar los suaves jadeos que escapaban de sus labios.

Puso una mano sobre mi mejilla cuando iba subiendo por su cuerpo. Se levantó para encontrar mis labios, dejando
que su otra mano bajara por mi pecho. Bajaba cada vez más y más. Rompí nuestro beso para inclinarme hacia mi buró
y abrir el cajón.

—Buen chico —dijo.

Sonreí, mirándola mientras sacaba un condón.

—Es suficiente con Pequeña, ¿no crees?

Asintió.

—Bastante.

Me quitó el condón y me empujó para caer sobre mi espalda. Lo abrió y me lo puso lentamente, poniéndome
dolorosamente duro. Jesucristo. La jalé hacia mí, dándonos la vuelta mientras presionaba mis labios sobre los suyos,
bajándolos lentamente por su mandíbula hacia su cuello.

—¿Estás segura? —le pregunté abriendo sus piernas con una mía.

—Sí —jadeó—. Sí.

Entré en ella tomándome mi tiempo. Maldición, había extrañado esta sensación. Pero cada movimiento se sentía mejor
de lo que recordaba. Bella era… Se sentía extraordinaria. Joder yo… Dios, carajo, lo amaba. Meció sus caderas contra
las mías, pasando su pierna alrededor de mí. Pasé mi lengua sobre su cuello, besando su suave piel mientras seguía
con mis movimientos. Echó la cabeza atrás, gimiendo al mismo tiempo que yo. Su mano se movió hacia mi hombro y
se aferró con fuerza a mí mientras la cama crujía.

—Jesús, amor —gemí, moviendo mis dedos a su clítoris—. Tan bueno.

Murmuró incoherentemente, apretando con más fuerza mi brazo cuando aceleré mi ritmo, meciéndome contra ella y
haciendo círculos en su clítoris. Moví mi boca de regreso a la suya, mordiendo su labio inferior mientras temblaba y
gritaba. No tardé mucho en llegar después que ella, gruñendo su nombre al colapsar sobre ella.
Jadeé y luego parpadeé mientras Bella se acurrucaba a mi lado, poniendo su cabeza sobre mi pecho. Me quité el
condón para tirarlo en el bote de basura que estaba junto a la cama antes de envolverla con uno de mis brazos. Miré
que en su rostro había una sonrisa.

—Eres hermosa —dije—, tan jodidamente hermosa.

Se rió suavemente.

—No sé si puedes verlo, pero me estoy sonrojando.

Alcé su mejilla para besarla suavemente.

—Mi misión para hacerte sonrojar lo más que pueda va muy bien.

Rodó los ojos.

—Cállate o me voy a casa.

La acerqué más envolviéndola con ambos brazos.

—Demonios, no. No te irás a ningún lado. Todavía no termino contigo.

Me desperté sintiendo un cuerpo cálido junto al mío. Abrí los ojos y vi a Bella que estaba acostada en mis brazos,
durmiendo pacíficamente. Levanté la manta, alzando la cabeza para ver debajo de ésta. Sonreí para mí, disfrutando de
la vista de su cuerpo jodidamente lindo. De repente se dio la vuelta sobre su estómago y ya no pude ver sus pechos.
Maldición.

Me bajé en silencio de la cama, revisando mi celular para ver si tenía llamadas perdidas del hospital. Nada, pero sí me
di cuenta de que eran las siete y media y Pequeña no me había despertado. Quería arrodillarme y agradecerle a Dios
por una noche de descanso ininterrumpido, pero no lo hice y opté por asegurarme de que ella estuviera bien antes de
celebrar.

Encontré mis bóxers tirados y me los puse antes de cruzar el pasillo. Revisé la cuna y encontré los ojos de Pequeña
abiertos; me estaba mirando. La saqué cargándola cerca de mí.

—Te amo, Pequeña —dije, besando su frente y encaminándome a la mesa cambiadora—. ¿Dormiste bien? Papá sí lo
hizo, así que gracias por eso.

Ella hizo gorgoritos, metiéndose una mano a la boca mientras yo desabrochaba su enterito y le cambiaba el pañal
sucio, sin guantes. Sí, había estado trabajando en eso. Bella me dijo lo jodidamente ridículo que era. Tenía razón, claro,
pero seguía sin gustarme la idea de tener mierda en mis manos. En cuanto Sofía estuvo limpia le revisé la
temperatura, sólo para asegurarme de que ya no tuviera fiebre. Afortunadamente así era, pero tenía la sensación de
que lo de anoche se repetiría.

—¿Tienes hambre? —pregunté saliendo de su habitación y dirigiéndome a la cocina.

La senté en su sillita alta mientras le preparaba un biberón y ponía una jarra de café. Ella sólo miraba a su alrededor,
haciendo sus ruidos de siempre mientras esperaba para ser alimentada. Este buen humor era… joder, me encantaba.
¿Quizá se daba cuenta de lo feliz que estaba yo? No sé, pero cualquiera que fuera la razón, no me quejaba. Ésta era la
primera mañana en casi una semana que no estaba renegona. Se tomó con facilidad el biberón, bebiéndoselo hasta
acabar. Le di unos momentos antes de prepararle el cereal y luego la volví a sentar en su sillita.

—No la escuche —dijo Bella entrando a la cocina vistiendo sólo mi camisa, por cierto. Mierda, sus piernas.

—No lloró —dije, ofreciéndole una cucharada a Pequeña—. Acabo de hacer café.

Sonrió abriendo el gabinete para agarrar una taza.

—Puedo olerlo. Gracias.

La miré moverse por la cocina, admirando sus piernas y trasero hasta que Pequeña hizo un sonido de enojo. Miré a mi
niña, sorprendido porque ese sonido hubiera venido de ella. Fue un gemido combinado con un grito. Rápidamente le di
más cereal, lo cual la hizo feliz de nuevo.

Bien, no te metas con Pequeña y su almuerzo.


—Ten —dijo Bella, dejando una taza en el mostrador junto a mí mientras ella se sentaba en el otro taburete.

—Gracias —dije, dándole un trago.

La miré llevarse la taza a la boca; respiró el aroma antes de tomarlo. De verdad era hermosa, y quería patearme el
trasero por no haberlo notado desde el primer momento en que la vi. ¿Por qué no lo había notado? ¿Cómo es que,
literalmente, no me había importado ella? Era un ciego idiota por no verlo. Y era un maldito afortunado por haber tenido
la oportunidad para hacerlo.

—¿Y qué vas a hacer hoy? —pregunté mientras seguía alimentando a Sofía.

—Tengo que ir al supermercado —dijo—. ¿Quieren venir? Ya sabes, ahora que Sofía puede montar en mi carro. —
Sonrió.

Bella había comprado un carro nuevo un día después de que el suyo se fuera al basurero de chatarra. De hecho yo la
llevé mientras Pequeña pasaba el día con mis padres. Eligió un nuevo Honda Civic, el cual dijo que amaba. No me
detuve en expresar el hecho de que era mucho mejor que su camioneta. Incluso hice unas cuantas bromas, lo cual me
hizo ganarme un golpe en el brazo.

—Claro —dije—. Ya que mañana tengo el día libre, Pequeña y yo regresaremos a la clase de Mamá y Yo.

Se rió.

—¿Es algo malo que quiera ir a grabarte?

Fruncí el ceño.

—Si te veo cerca de ahí, lo lamentarás.

—¡Estoy jugando! Pero sé que a ella le gustará. Me alegra que vayas de nuevo, incluso si no es en un horario regular.

—Sí, es una pena que usualmente trabaje entre semana —mentí. Estaba jodidamente emocionado de tener una
excusa para no ir a la clase.

—Sí, estoy segura de que estás devastado —dijo riéndose suavemente—. Voy a bañarme. Hice muffins ayer, ¿quieres
que traiga algunos cuando termine?

—¿En serio me estás preguntando eso? —me reí, limpiando la boca de Pequeña cuando terminó de comer.

—Entendido. No volver sin los muffins.

Me besó antes de irse de la cocina hacia la habitación. Cuando regresó ya traía puestos unos pantalones, pero mi
camisa seguía cubriéndola. Me gustaba verla con ella, así que no iba a decir nada. Antes de que se fuera la volví a
envolver con mis brazos.

—Gracias —dije, acariciando su mejilla y haciéndola sonrojar.

—¿Por qué? —preguntó.

Dejé suaves besitos en sus labios.

—Ya sabes por qué.

—Sí, bueno, no puedo decir que no recibí el mismo placer —se rió.

Me reí entre dientes.

—Es bueno saberlo. —Moví mis labios a su oído y le dije que la amaba antes de besarla una vez más.

Mientras ella no estaba me bañé rápidamente y vestí a Pequeña para el día. Me golpeó la realidad de lo mucho que
estaba creciendo cuando le puse su vestidito rosa para bebés de seis meses. Jesucristo, casi tenía seis jodidos
meses. ¿A dónde se había ido el tiempo? No podía creer que hace cuatro meses conocí a mi hija. De repente sentí que
estaba creciendo demasiado rápido.
—De verdad no creo que haya un bebé mejor que tú en todo el mundo, Pequeña —dije, poniéndole en el cabello una
flor que combinaba con su vestido—. ¿Sabes lo feliz que estoy por tenerte?

Balbuceó e hizo gorgoritos, haciendo sonidos que quería interpretar como palabras, aunque sabía que no lo eran. La
levanté de la mesa cambiadora y la sostuve sobre mí.

—Voy a necesitar escuchar ese "papi" pronto —dije, atrayéndola a mí y besando su mejilla.

Agarró un mechón de mi cabello con una mano mientras que metía la otra a mi boca. Pretendí morder sus deditos, y
ella se rió y alejó su manita. La llevé de nuevo a la sala para esperar a Bella.

Nos sentamos en el piso para jugar con la pelota. La dejé que se sentara sola con la espalda recargada en el sofá.
Sus piernas estaban abiertas en forma de V para ayudarla con su balance y en realidad lo estaba haciendo
malditamente bien.

—¿Ya nos vamos adiós-adiós? —pregunté. Ella ladeó la cabeza sonriendo. Le aventé rodando la pelota una vez más,
ella la agarró y después la soltó. Estiré la mano y la agarré.

—Buena niña.

Después de unos minutos se aburrió, así que la acosté sobre su estómago. Miré como lograba moverse de verdad.
Movió su cuerpo hacia enfrente, arrastrándose sobre su estómago. Mierda. Ya se estaba moviendo.

Se escuchó un golpe en mi puerta. Le grité a Bella que entrara ya que no quería moverme todavía. Esto era un asunto
jodidamente grande. Arrastrarse la llevaba a gatear, lo cual la llevaría a caminar. Y caminar significaba que Pequeña
empezaba a agarrar mierdas, para lo cual en serio no estaba preparado.

—¡Se está moviendo! —exclamó Bella, acercándose para sentarse junto a mí. Me dio la bolsa con muffins, y saqué uno.

—Esto es malo —dije—. Mi apartamento no es seguro para bebés.

—Pues haremos que sea seguro —dijo mientras yo comía un muffin—. Quiero decir, no es como si fuera a empezar a
caminar mañana.

—Sí —suspiré—. Mierda, ¿sabías que la siguiente semana cumplirá seis meses?

Asintió sonriendo.

—Sí. Dos de agosto.

Ladeé la cabeza.

—¿Te sabes eso de memoria?

—Claro que sí. Puede que sea tu hija, pero sabes que la quiero. Sé ese tipo de cosas. Además tu mamá me llamó ayer
para invitarme a ir de compras con ella esta semana. Pronto ya no le quedará la ropa a Sofía, y Esme dijo que ya no
tenía muchas cosas de su edad.

—Sí, algunas de sus pijamas y enteritos le están quedando chicos. Entonces, ¿de compras con mi mamá? —Sonreí.

—Me agrada tu mamá… mucho, en realidad. Es muy amable.

—La mejor mamá del mundo.

—Aww, tú y tus tendencias de bebé de mamá son preciosas —se rió mientras yo terminaba mi muffin.

Me puse de pie levantando a Pequeña del piso. No había avanzado mucho, pero aún así me intimidaba que se moviera
aunque fuera un poco.

—Entonces, supermercado y luego más sexo, ¿verdad? —le pregunté a Bella.

Abrió la boca.

—¡Edward!

Me reí entre dientes pasándole a Sofía.


—Estoy…, bueno, iba a decir que estaba bromeando, pero no es cierto.

Sacudió la cabeza, caminando hacia la habitación de Sofía conmigo detrás de ella.

—Eres… algo más —dijo.

Me encogí de hombros.

—Sí, pero sé que estás pensando en lo mismo. —Le guiñé un ojo, agarrando la pañalera mientras ella acomodaba a
Pequeña en su porta bebé—. Necesito comprar pañales y toallitas para bebé. No dejes que se me olvide.

—Tengo una lista en mi bolso. Lo escribiré. ¿Algo más?

Sacudí la cabeza echándome la pañalera al hombro y estiré la mano para agarrar el porta bebé.

—No, creo que es todo.

Bella era una mujer con una misión. Yo llevaba a Pequeña en su porta bebé mientras Bella nos llevaba rápidamente
por la tienda, tachando cosas de su lista luego de agarrarlas. Sólo llevábamos media hora en la tienda cuando ya
íbamos pasando por la línea para pagar con el carrito lleno.

—Es preciosa —dijo la mujer de edad avanzada mientras pasaba nuestras compras.

Sonreí moviendo el porta bebé a mi otra mano.

—Gracias —dije.

—Se parece mucho a usted. No puedo distinguir a mami en sus facciones. —Miró a Bella moviendo la vista entre
nosotros.

Bella estaba sonrojada con los ojos abiertos como platos, insegura sobre qué decir.

—Sí —dije.

—¿Qué edad tiene?

—Casi seis meses.

Sonrió y presionó unas cuantas teclas, haciendo aparecer el total en la pantalla.

—Son tan dulces a esa edad. No pueden contestarte —se rió.

Me reí entre dientes dándole mi tarjeta de crédito. Bella me dio un codazo.

—¿Qué? —pregunté.

Me obligó a aceptar su dinero con una mirada letal.

—No.

Rodé los ojos y me guardé el dinero en el bolsillo antes de firmar el recibo. Lo dejaría en su carro para que lo
encontrara después. En cuanto el carrito estuvo lleno con nuestras bolsas, Bella lo empujó frente a mí en dirección al
estacionamiento.

No pude evitar preguntar:

—¿Te hizo sentir incómoda?

—¿Huh? Oh, um… no supe qué decir —dijo abriendo las puertas. Le pasé el porta bebé y comencé a guardar las
bolsas.

—Creo que va a ser una suposición normal —dije—; que eres su madre.

—No quiero excederme o algo así.

—No me molesta, si es lo que piensas. Quiero decir, sé que no eres su mamá, pero eres lo más cercano que tiene,
incluso antes de que empezáramos a salir.

Sonrió y se sonrojó antes de moverse hacia la puerta de atrás para meter a Sofía.

—No quise corregirla —dijo.

—Me alegra que no lo hicieras.

Cerré la cajuela y me moví hacia el lado del pasajero mientras ella terminaba de acomodar a Sofía. Aproveché su
momento de distracción para meter el dinero en la consola central, esperando que no se diera cuenta. Se metió al
asiento del conductor y encendió el carro; supuse que estaba a salvo, por ahora, al menos. Tenía la sensación de que
cuando encontrara el dinero no estaría tan feliz. Pero si lo piensas bien, la mayoría de esa comida me alimenta
también. Era justo que yo lo pagara.

—¿Necesitas ir a algún lugar? —preguntó—. ¿Quieres ir a comer?

Sonreí.

—Suena bien para mí.

Llegamos a mi apartamento a medio día, justo a tiempo para la siesta de Pequeña, algo que ella necesitaba con
desesperación, aunque por alguna razón no quería dormirse. Bella la cargó e intentó hacer funcionar su magia, pero
Pequeña gritó en protesta. Incluso le jaló el cabello a Bella.

—Shh, bebita —dijo Bella, meciéndola gentilmente en sus brazos. Movió una mano y abrió la boca de Sofía, pasando el
dedo por su encía inferior como me había indicado que hiciera—. Estás bien, sólo duerme.

Bella siguió arrullando y meciendo a Pequeña hasta que se durmió. Era tan malditamente buena en eso, natural en
cada forma. En cuanto Sofía estuvo profundamente dormida, Bella se levantó y la dejó en la cuna. Cuando Bella
regresó se recostó en mis brazos en el sofá.

—Creo que deberíamos intentar dominar el arte del rapidito —dije y ella bufó—. No, en serio. La práctica hace la
perfección, ¿cierto? Practiquemos. —Sonreí.

—Estás excitado —se rió.

—Maldita sea, sí lo estoy.

—Me das lastima.

—La lástima es buena. Lástima significa que conseguiré algo, ¿cierto?

Levantó la cabeza para besarme.

—Quizá —dijo con una sonrisa maliciosa.

—¿Prefieres que use el romance? Puedo usar el romance para sacarte de esas bragas.

—Vaya —se rio—. Esa declaración grita romance. Buen intento, doctor Cullen.

—Me gusta cuando me dices así. Pone pensamientos pervertidos en mi cabeza.

Se tornó de un rojo brillante y enterró la cara en mi pecho mientras se sacudía de risa. Acaricié su espalda, bajando
más y más hasta que mi mano estuvo en su trasero.

—Podrías ser una sucia enfermera… o paciente. Tú decides —dije.

—Por favor, detente —dijo. Su voz sonaba sofocada por mi camiseta.

—¿De mover mi mano o de hablar?

Levantó la cabeza capturando mis labios por un momento.

—Hablar —dijo—. Deja de hablar.

Asentí mientras ella acariciaba mi mejilla —y no mi polla, tristemente—, y me besó de nuevo, moviendo su cuerpo
contra el mío y dejándome jodidamente duro. Pasaron unos momentos y luego el beso se profundizó con más pasión.
La deseaba. Deseaba sentir cada centímetro de su piel de nuevo, como anoche. Quería que gritara mi nombre una y
otra vez mientras la hacía sentir de maravilla. Y cuando rompimos el beso y me miró a los ojos, supe que ella lo quería
también.

Nos fuimos a mi habitación sin decir ni una palabra. La desnudé, moviendo mis labios a su pecho desnudo y luego
bajando más y más. La acosté en la cama y bajé por su cuerpo, quitándole lentamente las bragas antes de mover la
punta de mi dedo de su pierna a la parte interna de su muslo. La separé, metiendo lentamente mi dedo en ella,
sintiendo que estaba perfectamente mojada para mí. Besé sus muslos antes de abrir sus piernas. Pasé mi lengua por
su clítoris y jadeó agarrando mi cabello.

La miré, pidiéndole permiso en silencio. Ella sólo asintió mientras yo seguía metiendo y sacando mi dedo, añadiendo
otro. Moví mi lengua sobre su clítoris de nuevo, haciendo lentos círculos, disfrutando de su sabor. Tan jodidamente
bueno. Mi lengua bajó, uniéndose a mis dedos y mi otra mano subió por su muslo, sintiendo la piel de gallina que yo le
estaba causando. Gemidos llenaron mis oídos, y amé ese sonido. Amaba saber que la estaba haciendo sentir bien.

Toqué su clítoris de nuevo con mi lengua, y su cuerpo tembló bajo el mío. Escuché mi nombre cada vez más fuerte, y
seguí sin detenerme. Se apretó alrededor de mis dedos al venirse, gritando.

—Oh… Dios —suspiró cuando la miré.

Sonreí y besé su estómago, subiendo por su cuerpo.

—Eres preciosa —dije acariciando su mejilla.

Estaba sonrojada; rostro, cuello y pecho. Ese toque de rojo en su piel pálida la hacía verse… deslumbrante. Simple y
sencillo. Luego de unos momentos se puso de costado, poniendo su brazo sobre mi pecho.

—Bueno, eso fue… nuevo —dijo.

Alcé la ceja.

—¿Nuevo?

—Sí, nuevo. Pero estuvo —suspiró sonriendo—, genial.

Besé su frente antes de que se subiera sobre mí y se estirara hacia el buró. Abrió el cajón y sacó un condón. Lo deslizó
sobre mi polla dura, y luego se movió, metiéndome en ella. Se movió lentamente. Se sentía tan jodidamente bien. Miré
sus hermosas tetas moverse junto con ella, subiendo mis manos hacia ellas. Gimió y echó la cabeza atrás. Nos di la
vuelta acelerando el paso. Tan. Malditamente. Cerca. Sus piernas se envolvieron en mi cintura, sosteniéndonos juntos.

Gemí besando su cuello al venirme.

—Te amo —susurré.

Y era verdad. Juro por Dios que la amaba.

Ahora Sofía sí los dejó hacer sus cosas en paz…

Me encantó la última línea de este capítulo. Espero que les haya gustado.

A este fic le quedan exactamente 17 capítulos. Llega hasta donde Sofía tiene 2 años y sí veremos cuando diga sus
primeras palabras. También hay una secuela que apenas está siendo publicada, lleva 9 capítulos y planeo traducirla
cuando esté terminada.

¡Gracias a todas por sus comentarios! ^^

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maru
*Chapter 22*: Feels Right
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 22: Se siente bien

El reloj decía que eran las dos de la mañana. Deb ería estar dormido, pero no era así. Bella estaba acostada junto a mí,
profundamente dormida, y no podía apartar la vista de ella. Se había quedado a dormir todos los días de la última
semana, y juro por Dios que no habíamos follado todas las noches. Era raro… pero supongo que un raro bueno.

Al parecer me gustaban los arrumacos. Los jodidos arrumacos. Me gustaba sostenerla en mis brazos mientras se
dormía. Era cálida junto a mí. Por alguna razón los silenciosos sonidos de su respiración eran consolantes. Todo era
tan… jodidamente extraño. Seguía pensando quién demonios era yo cuando pensaba esas cosas.

—¿Por qué tengo la extraña sensación de que me estás viendo? —murmuró Bella abriendo los ojos.

Sonreí tímidamente.

—Porque te estoy viendo.

Enterró más la cara en mi pecho y su brazo me abrazó con más fuerza.

—¿No puedes dormir?

Me encogí de hombros.

—Supongo que es sólo una de esas noches.

Mi pulgar acariciaba suavemente su espalda cuando suspiró.

—No soy yo, ¿verdad? Puedo irme si quieres.

—No, no quiero que te vayas. Es sólo que mi mente está trabajando tiempo extra o algo así. No puedo creer que hoy le
salió el diente a Pequeña.

—Está creciendo, pero eso es bueno. Entre más rápido le salgan, menos tiempo pasará con dolor. Esperemos que los
otros salgan pronto.

—Ojalá que sí —me reí—. No puedo soportar más gritos. Ha estado extrañamente callada esta noche, ¿sabes?
Debería… ir a checarla.

Levantó la cabeza y sonrió.

—Bien, apresúrate.

La besé suavemente antes de que se quitara de encima de mí para poder levantarme. Salí de mi habitación y caminé
la corta distancia por el pasillo. Abrí la puerta de Pequeña e intenté ser lo más silencioso posible al cruzar la habitación
hasta su cuna. Con el brillo de la luz de la luna pude ver que sus ojos estaban abiertos, y sólo se movían a su
alrededor antes de recaer en mí. Sus labios se curvaron en una sonrisa y dio pataditas, llevándose un pie al pecho.

Estiré las manos para cargarla.

—Es como si mis malditos sentidos arácnidos estuvieran activados —me reí entre dientes llevándola a la mesa
cambiadora. La acosté y abrí su mameluco junto con el pañal, este último estaba mojado—. Entonces es esto lo que te
tiene despierta, ¿huh?

Ella balbuceó sus incoherencias de siempre mientras la cambiaba. Era como si estuviera platicando consigo misma y
las caras que hacía acompañaban la conversación. Jodidamente bonita. Levantó el pie para llevárselo al pecho de
nuevo. Tomé su piecito en mi mano para besar sus deditos.
—Entonces, ¿mecedora hasta que te quedes dormida? —pregunté.

—Pa ba —balbuceó cuando la cargué.

Sonreí sentándome con ella.

—No sabes lo mucho que quiero interpretar ese "pa" como "papi". Deberías decirlo de nuevo para poder pretender. Di
Pa.

Ella sólo me miró mientras la mecía. Sonrió y estiró la mano para presionarla sobre mi mandíbula.

Suspiré.

—Bien, no más "pa". A pesar de saber que no te importa, estoy despierto porque yo… tengo muchas cosas en la
cabeza. Vas a tener que escucharme, ¿de acuerdo? Ayúdame a encontrarle sentido a esto.

La subí un poco más en mi pecho, palmeaba su colita mientras nos mecía. Parecía estar contenta, lista para escuchar,
por muy ridículo que suene eso. ¿Quién demonios necesita un psicólogo cuando puedes hablar con un niño?

—Como sea, ya superamos el hecho de que amo a Bella, pero soy nuevo en esto de las relaciones. Estoy seguro que
te has dado cuenta de que ahora pasa más tiempo aquí. Me gusta eso, pero se siente raro que me guste. Aunque,
¿qué demonios sé yo? Quiero decir, ciertamente no voy a jod... Arruinarlo de nuevo. Sólo intento entender. Ella está aquí
todo el tiempo y yo la quiero aquí todo el tiempo. Decirlo en voz alta hace que parezca simple, ¿verdad?

La imaginé asintiendo, incluso aunque no hizo nada.

—Me alegra que estemos de acuerdo —me río—. ¿Pero a dónde voy a partir de aquí? Siento que estoy estancado. Le
digo que la amo porque es verdad, y se lo demuestro, algo que no necesitas saber. ¿Qué sigue? La conozco bastante
bien, aunque todavía hay algunas cosas por las que siento curiosidad. Supongo que seguimos conociéndonos. Eso
parece lógico. Quizá… quizá necesito un tiempo a solas de Papi-Bella. No es que no te quiera, porque sí te quiero, pero
la abuela me ha estado pidiendo cuidarte de nuevo. ¿Estarías de acuerdo con eso?

Bostezó parpadeando lentamente.

—Voy a tomar eso como un sí, para que sepas. Bien, la llevaré a algún lugar. Quizá podría sorprenderla. Le gustaría
eso. Creo que a las mujeres les gustan ese tipo de cosas.

—Sí nos gustan —dijo Bella. Estaba de pie en la puerta sosteniendo el monitor para bebés. Sonrió al entrar.

—Así que mi plan se arruinó antes de que empezara a planearlo —me reí entre dientes.

—No pasa nada. Me gustaría ir a cenar, pero creo que puedo sobrevivir sin una cena sorpresa.

—No puedo creer que me olvidé de ese maldito monitor.

Se rió suavemente inclinándose para besar la cabeza de Pequeña.

—Sabes, cuando hablas con ella… no puedo explicar cómo me hace sentir. Es tan dulce.

—Ella es como mi psicólogo personal que no puede responderme. Bueno, al menos no con palabras reales.

—Oh, lo sé. Hablamos sobre ti todo el tiempo cuando la cuido durante el día.

Alcé una ceja.

—Huh, entonces haces que mi hija me guarde secretos. Qué amable.

Rodó los ojos y sonrió cuando se movió para sentarse en el brazo de la silla, pasando la mano sobre la cabeza de
Pequeña, quien, por cierto, estaba dormida una vez más.

—Pues ella guarda mis secretos y yo los suyos.

—¿Oh, en serio? ¿Ha estado hablando mierdas de mí? —me reí por lo bajo.

—Deberías escuchar sus balbuceos. Claramente es enojo dirigido directo a ti.

—¿Tienes quejas, Pequeña? ¿Ya estás cansada de que intente meterte guisantes a la garganta? —susurré.
—Odia en especial las zanahorias —dijo Bella.

—Eso sí lo sabía. Siempre terminan en mí.

—Y bien… ¿de qué se trata todo eso de querer saber más de mí?

—Escuchaste todo, ¿no?

Se mordió el labio evitando el contacto visual.

—Intenté apagarlo, pero luego… me entró la curiosidad.

Sonreí.

—De ahora en adelante tendré que tener cuidado con ese monitor. Tu cumpleaños se acerca. No querría que nos
escucharas planeando a Sofía y a mí.

—Shh, no hay que hablar de eso. Si lo hacemos, tendré que reconocer el hecho de que regresaré pronto a trabajar, y no
quiero hacerlo. Extrañaré los días en que me dejabas quedarme con Sofía.

—Bien, me callaré. Y… creo que ya es hora de acostarla. ¿Quieres hacerlo?

Sonrió asintiendo.

—Me encantaría.

Levanté a Pequeña y besé su frente con suavidad.

—Duerme bien, bebita. Te amo.

Se la pasé con gentileza a Bella, que se acercó a la cuna mientras yo me ponía de pie. Besó la frente de mi hija
diciéndole que la amaba. Joder, me encantaba escuchar eso. Ella amaba a mi niña. La trataba como… como si fuera
suya. No pude haber pedido más de su parte.

—Buenas noches, cielo —dijo acostándola. Le acerqué su peluche a Pequeña antes de salir de ahí.

—Ya no tengo café —le dije a Jasper recargándome en el mostrador frente a él—. Y ahora quiero de la buena mierda.

Tecleó en el teclado, levantando los ojos para verme.

—No soy tu mandadero. Ve tú por tu maldito café.

—Jódete. ¿Qué te pasa con ese mal humor?

Sacudió la cabeza recargándose en la silla.

—Tengo muchas cosas en la cabeza. —Checó su reloj—. Puedo irme a comer. ¿Te molestaría ir por café y a un lugar
conmigo?

Me encogí de hombros.

—Claro. Tengo una hora para no hacer nada.

—Gracias, necesito… tu opinión en algo —dijo, poniéndose de pie y saliendo de detrás del mostrador.

—Vamos a ir a la joyería, ¿verdad? —pregunté suspirando.

—Sí, allí vamos. Te compraré café por tu tiempo —se rió.

—Qué bueno porque me lo merezco.

Luego de checar nuestra salida nos fuimos al Starbucks en su camioneta. Además del café lo hice que me comprara
un sándwich de pollo. Iba a obligarme a ver anillos. Me gané el maldito sándwich.

—Apúrate —dijo, mirándome mal mientras yo me tomaba mi tiempo, comiéndome lentamente el sándwich.
—Buen sándwich —murmuré haciendo bolita el papel—. Gracias. Entonces voy a buscar anillos de compromiso,
¿verdad?

Asintió.

—Sólo… necesito una segunda opinión. No tengo ni una jodida idea de lo que estoy haciendo aquí.

—Necesitas a Bella, no a mí.

Se encogió de hombros.

—¿Podrías decirme sólo lo que piensas? Si no eres de ayuda, como creo que serás, le preguntaré a ella.

—Claro. Además conseguiste sacarme del hospital.

No estaba seguro de qué esperaba cuando entramos a la joyería. Jasper me llevó directo a los anillos y una vendedora
nos preguntó si necesitábamos ayuda. Él le señaló algunos y ella los dejó en el mostrador frente a él. Eran… bonitos,
supongo. Ya sabes, anillos de compromiso.

—Creo que le gustará más el solitario —dijo, dándome el anillo.

Asentí.

—Qué bien.

—¿Qué piensas? ¿Es bonito?

—Um… ¿creo? Aunque un poco pequeño.

Se lo regresé y él lo miró.

—Es, uh… lo que puedo comprar. Y en realidad es un poco más de lo que me puedo permitir.

—Amigo, ¿necesitas que te preste dinero?

—¡No! —dijo rápidamente—. No es por eso que te pedí que vinieras.

—Ya sé, ¿pero necesitas dinero? Quiero decir, ¿hay uno más grande que te guste más? Puedo ayudarte, lo sabes.

Sacudió la cabeza dejando el anillo en el mostrador.

—No necesito nada. Me gusta éste.

—¿Cuánto necesitas?

Para mí estaba claro que en realidad no le gustaba ese. Sin ofender, pero sí era pequeño y sólo… no era bueno,
supongo. No me molestaba ayudarlo. Demonios, después de todo lo que él ha hecho por mí en todos estos años, un
poco de dinero no era nada. Honestamente, Jasper era el mejor amigo que un hombre podría pedir. Me había
escuchado quejarme y maldecir por los últimos veintitantos años. Estuvo ahí para mí cuando me enteré que no me
aceptaron en el programa de especialización. Joder, voló hasta Nueva York y pasamos el fin de semana
emborrachándonos. Siempre estaba ahí. Como cuando éramos niños. Evitaba que yo hiciera mierdas estúpidas que
Emmett nos pedía. Si prestarle dinero era lo que él necesitaba ahora, lo haría. Sin necesidad de preguntar.

—¿Por qué me lo ofreces, hombre? —preguntó—. Sé que en realidad no estás de acuerdo con esto.

—No estoy ni siquiera cerca de estar listo para estas mierdas, pero… lo entiendo. Supongo que entiendo lo que es
estar enamorado. Entiendo lo que es querer hacer feliz a la persona que amas. Demonios, estoy intentando descubrir
cómo hacer eso para Bella. Si necesitas dinero, sólo tienes que pedirlo. No es que esté siendo cursi, pero… eres mi
mejor amigo. Me has ayudado. Déjame ayudarte.

—Jesucristo —se rió secamente—. El tener una hija te ha convertido en alguien a quien no reconozco.

—Creo que estoy madurando. —Sonreí—. Lo sé, es una jodida sorpresa.

Asintió.

—Es raro.
—Sólo dime cuánto necesitas. No te pongas cursi conmigo.

—Te pagaré.

—Espero café todas las mañanas. Del bueno.

Se rió.

—Creo que puedo encargarme de eso.

—Qué bien, ahora salgamos de una vez de aquí.

—Gracias, Edward. En serio.

—Dije que no te pongas cursi.

Luego de que regresamos al hospital mi día avanzó muy suavemente. Cerca de las seis, recibí una llamada de Emmett
diciendo que se había intoxicado con comida —honestamente no me sorprendía—, así que necesitaba que cubriera su
turno. No había trabajado doble turno desde que me dejaron a Pequeña, así que esto apestaba. Claro, Bella se había
quedado durante la noche con ella antes cuando estaba de guardia, pero eso era mayoritariamente planeado. No
quería que se sintiera obligada, pero cuando llamé y le pregunté si podía quedarse con Sofía esta noche, ella no vaciló.
Sólo me preguntó cuándo podía pasar por la llave de mi apartamento.

—¿Estás segura, Bella? —le pregunté una vez más al darle la llave.

—Sí, Edward —repitió—, estaremos bien. Yo la cuidaré esta noche.

—Me refiero a que has estado con ella todo el día —dije—. Si estás cansada, puedo llamar a mamá.

Rodó los ojos y sonrió, acomodando a Pequeña en su cadera.

—Estaremos bien, ¿verdad que sí, dulzura?

Estiré los brazos para cargar a mi hija, y Bella me la dio. En lugar de concentrarse en mí, su atención fue directa al
estetoscopio que colgaba de mi cuello. Tomó la campana en sus manos llevándosela a la boca.

—No —dije, quitándosela—. No puedes comerte eso.

Bella se rió, acomodando de nuevo el estetoscopio en mi cuello.

—¿Estás cansado? —preguntó cuando Pequeña movía sus manos a la pluma que salía de la bolsa de mi bata. Una
vez más alejé sus manos. Maldición, comenzaba a tener la maña de agarrar todo.

—Estoy bien por el momento —dije, besando la mejilla de Sofía—. Intentaré dormir un poco en la sala de guardia más
tarde.

—Bien, ¿entonces te parece bien que me quede en tu apartamento hoy?

Asentí, inclinándome para besarla suavemente.

—Sí, Mordelona, está bien.

Se sonrojó ligeramente.

—Esta vez ni siquiera me mordí el labio.

Me reí entre dientes.

—¿Y qué? Eres Mordelona. Mi Mordelona.

Eso hizo que lo hiciera. Sonreía triunfante y besé una vez más la mejilla de Pequeña. Ella seguía intentando agarrar
mis cosas a pesar de que yo tenía agarradas sus manos.

—Te amo, bebita —dije, soplando un beso en su mejilla, haciéndola reír y saltar en mis brazos—. Sé buena con Bella,
¿de acuerdo? Te veré en la mañana.
Se la pasé a Bella aunque seguía intentando agarrar mi estetoscopio. Ciertamente no entendía muy bien el concepto
de no, a pesar de que yo lo había estado diciendo más seguido.

—Dale un beso a papi —dijo Bella, poniendo la mano de Pequeña en su boquita para luego tocar mis labios con su
manita. Bella y yo sonreímos al escucharla reír—. Di, te amo, papi.

—También te amo, Pequeña.

Bella se había estado refiriendo a mí como "Papi" más seguido cuando hablábamos con Pequeña. Joder, me
encantaba. Entre más lo escuchará, más probable sería que lo dijera. En serio había disminuido las groserías cerca
de ella, esperaba que no dijera joder primero.

—Llegarás a casa poco después de las siete, ¿cierto? —preguntó Bella.

Asentí.

—Sí, llegaré lo más pronto posible. Nos vemos mañana.

Pasé mi brazo por su cintura para acercarla a mí, aplastando a Sofía entre nosotros. Nuestros labios y lenguas se
movieron unos momentos juntos antes de separarnos.

—Te amo —dijo Bella sonriendo.

—También te amo. Llámame si tienes problemas.

Asintió.

—Claro. Te llamaremos más tarde, ¿te parece?

—Sí, avísame cuando se duerma. Muchas gracias, Bella. Eres increíble.

La besé una vez más, y también a Pequeña, antes de que se fueran. Cuando me giré para subir las escaleras,
encontré a papá de pie con los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa muy aparente en el rostro.

—¿Qué? —pregunté, pasando junto a él. Me siguió.

—Oh, nada. Aunque estoy seguro de que tu mamá encontrará muy interesante esta fotografía. —Me acercó su celular,
enseñándome una foto que tomó hace unos momentos cuando le estaba dando un beso de despedida a Bella.

—Considero que eso es una invasión de mi privacidad —dije, presionando el botón del elevador.

—Veras, yo lo encuentro… conmovedor —se rio entre dientes entrando al elevador conmigo—. Aunque tu mamá la
encontrará completamente adorable.

—Yo encuentro extraño que me hayas tomado una foto con mi novia.

—Pues yo sigo encontrando toda la situación extraña. Buena, pero extraña para ti. Me alegra que hayan solucionado las
cosas. Estoy feliz por ti, hijo. —Me palmeó el hombro.

—Gracias. Estoy… muy feliz, la verdad.

—Eso es bueno. Y bien, en realidad estoy a punto de salir, pero quería hablar contigo primero.

—¿Sobre qué?

—Tu mamá quiere hacer una cena familiar. Necesitamos elegir un día que Emmett y tú tengan libre en la tarde.
¿Vendrás?

—Uh, sí, supongo. ¿Por qué la cena? ¿Se van a volver a casar? —me reí.

Salimos del elevador en la planta de cirugía.

—En realidad no hay una razón. Sólo queremos juntar a toda la familia. Y mamá espera que eso incluya a Bella.

—Le preguntaré, pero está bien. Estoy seguro que dirá que sí.

Sonrió. Estábamos de pie afuera de su oficina.


—Gracias, Edward. Ella estará emocionada.

Nos separamos, y yo me dirigí a revisar a mi último paciente con una sensación extraña en el estómago. Estaba
pasando algo que él no me estaba diciendo. Algo de lo que toda la familia debía enterarse al mismo tiempo. Claro, a
mamá le gustaban las cenas familiares, así que yo podía estar mal, pero tenía la sensación de que no era así. De
cualquier forma lo descubriría en esa cena. Si algo estuviera realmente mal, él me lo hubiera dicho, ¿cierto?

—¿Cómo te sientes, Cassie? —le pregunté a mi paciente de nueve años que se estaba recuperando de una
apendectomía, mientras yo revisaba su historial.

Sacudió la cabeza, cerró los ojos con fuerza y frunció el ceño. Mierda, conocía esa mirada. Rápidamente le siguieron
las lágrimas y pronto estuvo sollozando por completo. Joder. Presioné el botón para llamar a la enfermera para que ella
lidiara con esto.

—Estás bien —dije cuando estiró la mano para agarrar la mía—. Es sólo por la anestesia. Estás confundida.

Intenté alejar la mano, pero ella no la soltaba, joder, seguía llorando. Y claro que la enfermera todavía no llegaba.
Maldición.

—Estás bien —repetí, levanté mi otra mano y palmeé su hombro con torpeza. De verdad no era bueno consolando
niños. Bueno, supongo que con excepción de Pequeña. Intenté pensar en qué haría si esta niña fuera ella—. ¿Tú, uh,
necesitas algo?

—Mami —lloró—. Quiero a mi mami.

Sí, yo también quería a su mami. Presioné de nuevo el botón de la enfermera. ¿Por qué jodidos todavía no respondía
nadie?

—Iré por ella.

Lloró con más fuerza y con su otra mano se aferró su abdomen.

—Duele.

—Tuviste una cirugía y los sollozos no te ayudan con el dolor. Necesitas calmarte.

—¿Qué pasa, doctor Cullen? —dijo la enfermera que finalmente había llegado a la habitación.

Gracias a Dios.

—Trae a su mamá.

—Ella tuvo que irse a casa.

Entrecerré los ojos levantando la mano a la que la niña se aferraba como si de eso dependiera su vida.

—No me importa. Llámala o algo.

Se apresuró en irse, dejándome con una niña que lloraba. Palmeé su hombro de nuevo.

—Shh —dije—. Ya viene tu mamá. ¿Puedo ver tu estómago?

Soltó mi mano con reticencia, asintió y sollozó.

—Sí.

Hice lo que debía hacer; asegurarme de que todo estuviera normal. Lo anoté en su historial antes de verla.

—Estás bien —le dije—. Todo se ve bien, al igual que tus análisis. Te revisaré mañana.

—Espere. —Agarró mi mano de nuevo—. No me deje.

Suspiré, y me asomé por la puerta para ver si ya venía su mamá. No todavía, claro.

—Me quedaré hasta que llegue tu mamá.

Acerqué más la silla que estaba detrás de mí y me senté, manteniendo su mano en la mía.
—Tienes nueve años, ¿verdad? —sabía que sí los tenía, eso decía su historial, ¿pero de qué más podía hablar con
ella?

—Uh-huh —dijo—. Casi diez.

—Eso es… estupendo. ¿Cuándo?

—En dos semanas.

—Pues feliz casi cumpleaños.

—Todavía puedo tener una fiesta, ¿verdad?

—Um… claro.

Prob ab lemente ahora no era el mejor momento para mencionar que necesitaría unas cuantas semanas para
recuperarse antes de realizar actividades extenuantes. Después de todo ya había dejado de llorar. No quería que lo
hiciera de nuevo.

Sonrió un poco.

—¿Y qué te van a regalar? —pregunté.

—No sé. Pedí muchas cosas, pero mi mami me dijo que ella iba a elegir. De verdad quiero un perrito.

Me reí.

—Pues espero que te regalen uno.

—Yo también.—Bostezó, y la tapé de nuevo con las mantas.

—Deberías descansar. Te ayudará a recuperarte.

—No se irá, ¿verdad?

Sonreí ya más cómodo.

—Me quedaré hasta que tu mamá regrese.

Y sí lo hice, a pesar de que tenía mierda que hacer. Me sentía... mal por ella. Afortunadamente se durmió de nuevo y su
mamá regresó diez minutos después. La mujer me abrazó, como lo había hecho antes cuando le dije que Cassie
había salido bien de la cirugía, y me agradeció una y otra vez por quedarme aunque no tenía que hacerlo.

Aparte de la incomodidad de tener que consolar a una niña, mi tarde pasó con mucha tranquilidad. Bella llamó cerca de
las once y le di las buenas noches a Pequeña —Bella dijo que sólo miraba de manera extraña el teléfono—, y luego
hablamos un rato. Le pregunté sobre la cena, y ella dijo que no tenía problema alguno con ir. Dijo que le encantaría ir, y
hablamos sobre lo feliz que la hacía saber que mi familia la aceptaba. Claro que la aceptaban. Estaba bastante seguro
que a mi mamá le agradaba más ella que yo.

Luego de unas consultas en emergencias —que no requirieron cirugías—, y de asegurarme que todos mis pacientes
que habían salido de cirugía estuvieran bien, me dirigí a la sala de guardias para intentar dormir. Pero en el segundo
en que cerré los ojos, mi buscapersonas sonó, alertándome de ir a traumatología. Pasé el resto de la noche en el
quirófano. Cuando terminé estaba exhausto. Faltaba poco para las siete cuando estuve listo para irme, ya que otro
cirujano ya estaba a cargo.

—Hola doctor Cullen —dijo Enfermera Muffin sonriendo cuando me detuvo en el pasillo. Carajo, sólo quería irme. Me di
cuenta que había vuelto a olvidar su nombre.

—Hola… Ya me voy.

—Oh, bueno, ¿cómo está tu hija?

—Bien.

Sonrió mordiéndose el labio. Mi polla ni si quiera se removió. Cuando Bella lo hacía, sí que reaccionaba.
—Y bien, ¿las cosas ya se tranquilizaron?

Iba a invitarme a salir de nuevo, ¿verdad? ¿Por qué jodidos no le conté sobre Bella la vez pasada? Me hubiera salvado
de esta incomoda conversación.

—Mira estoy en una relación.

Eso le quitó la sonrisa del rostro.

—¿De verdad? No… lo mencionaste la última vez.

—Sí, no sé por qué no lo hice, pero es la verdad. Y es algo serio, entonces…

—Te dejaré en paz.

—No intento ser un patán. —No sé por qué sentía la necesidad de decir eso, pero no quería… ya sabes, herirla—. Es
sólo que la amo y no quiero darte alas.

Asintió.

—Sí. Tengo que irme.

Se giró rápidamente, dejándome para al fin poder salir de este lugar. Carajo, gracias a Dios. Me apresuré a mi carro
completamente exhausto.

Cuando llegué a casa revisé a Pequeña, que seguía dormida, y luego crucé el pasillo hasta mi habitación, encontrando
a Bella en mi cama. Me quité los zapatos y me subí junto a ella, envolviéndola con mis brazos.

—Mmm —murmuró—. Buenos días.

Se giró en mis brazos y la besé con suavidad.

—¿Dormiste bien? —pregunté.

—Sí. ¿Cómo estuvo tu noche?

—Extenuante. ¿Pequeña se portó bien?

Asintió.

—No hizo ningún sonido, estoy segura que se despertará pronto. —Movió la mano bajo la parte de arriba de mi
uniforme y hacia mi espalda para acercarme a ella—. No te cambiaste.

—Sólo quería llegar a casa. Estuve en quirófano desde las dos con un trauma mayor.

—¿Estarán bien? —preguntó con el ceño fruncido en preocupación.

Me encogí de hombros.

—No estoy seguro. Eso espero, pero… todavía no se puede saber. Sólo el tiempo lo dirá.

—¿Estás tú bien?

Subí la mano para acariciar su mejilla. La besé de nuevo, dejando que nuestros labios permanecieran juntos lo más
posible.

—Estoy bien, Mordelona —dije, ganándome una sonrisa tímida de ella—. Sólo cansado.

Por supuesto fue entonces cuando Pequeña comenzó a llorar. Suspiré, comencé a levantarme, pero Bella me detuvo.

—Yo iré por ella —dijo—. Tú duerme.

—Eres un jodido ángel, Bella.

Se rió suavemente levantándose de la cama.

—Creo que es el cansancio el que habla.


Cuando me desperté unas horas después, Bella ya no estaba en mis brazos, pero cierta pequeñita sí. Estaba
profundamente dormida y acurrucada en mi costado. Debía ser hora de la siesta y Bella la acostó conmigo. No podía
decir que me molestara. Me giré de costado con cuidado para no despertarla. Había una almohada detrás de ella para
que no se cayera de la cama.

—Hola —susurré, quitándole el cabello de la frente y besándola suavemente—. Me voy a levantar, pero tú sigue
durmiendo. No me dejes molestarte —me reí entre dientes.

Me bajé de la cama lentamente y puse otra almohada junto a ella luego de rodarla sobre su espalda. No se despertó.
Demonios, no hizo ningún sonido. La niña estaba exhausta. Me pregunté qué le habría hecho Bella para cansarla tanto.
Y también me pregunté si podría enseñarme.

Salí de la habitación dejando la puerta completamente abierta para escuchar a Pequeña, ya que no tenía su monitor.
Encontré a Bella en el piso de la sala rodeada de papeles. Estaba escribiendo algo en una libreta.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté, sentándome en el sofá detrás de ella.

—Estoy planeando. La escuela va a empezar pronto —suspiró.

—Lo siento.

Giró la cabeza sonriendo.

—No lo sientas. Amo mi trabajo, pero extrañaré el tiempo que paso con Sofía. Como sea, ya terminé por ahora.

—¿Hace cuánto tiempo acostaste a Sofía?

—Hace una hora. ¿Estuvo bien que lo hiciera? —preguntó guardando sus cosas en su bolso.

Asentí sonriendo.

—Estuvo bien. En realidad me gustó.

Se levantó del piso sentándose en el sofá junto a mí. Puse mi brazo alrededor de ella, bajando la cabeza para besarla.
Ella se acercó, pasando su pierna sobre mí y sentándose en mi regazo.

—¿Debo asumir que dormiste bien? —preguntó cuando nos separamos.

—Muy bien. Gracias por cuidarla, Bella. Sabes lo mucho que te aprecio y te amo, ¿verdad?

Se sonrojó sonriendo.

—Sí. Y yo también te amo.

La besé de nuevo.

—Y sabes lo hermosa que eres, ¿verdad?

—Quieres que me muerda el labio. —Sonrió.

Me reí suavemente y moví mis labios a su cuello para besarlo y chuparlo.

—Sabes, apuesto a que Pequeña estará dormida un rato más —dije al separarme.

—Está en tu cama, Edward.

Me encogí de hombros.

—No me importa.

Moví la mano bajo su blusa y subí por su espalda. Tembló y echó la cabeza atrás cuando moví mis labios de regreso a
su cuello, saboreando la sensación de tenerla en mis brazos, cerca de mí. ¿Quién hubiera pensado que hoy estaría
aquí, amando a una mujer y siendo contento al tenerla en mis brazos?

Se sentía… bien.
Ow, Edward ya está ansioso por esa primera palabra, ¿cuál creen que será?

En el siguiente capítulo se viene esa cena que Edward le comentó a Bella ;)

¡Gracias por comentar! ^^

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*Chapter 23*: For No Reason
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 23: Sin razón alguna

—¿Qué opinas, Pequeña? —pregunté, moviendo frente a ella la pulsera de dijes que le había comprado a Bella.

Estiró la mano para agarrarla con una enorme sonrisa. Ella estaba sentada en el sofá y yo estaba arrodillado frente a
ella. Joder, ya había logrado sentarse… casi por completo. Claro, todavía se tambaleaba un poco, pero la mayor parte
del tiempo lo hacía increíble. Sólo diré que yo era un papá orgulloso.

—Te estoy dejando que lo veas, no que lo pruebes —me reí, evitando que se lo metiera a la boca—. ¿Crees que le
gustará? Espero que sí, ya que más tarde vamos a salir, supuse que sería lindo sorprenderla con algo. Bueno,
además de las flores que va a traer la abuela.

Lo cual me recordaba, ¿dónde demonios estaba mamá? Cuando le pedí que cuidara esta noche a Sofía, dijo que
vendría a recogerla para que yo no tuviera que manejar hasta allá. Se suponía que debía llegar hace cinco minutos, y yo
debía irme con Bella pronto, con las flores que mamá prometió traer.

Quería que esta cita fuera… especial, supongo. Había hecho reservaciones en el restaurante más caro de la ciudad, e
incluso estaba usando corbata, lo cual fue una chinga para ponérmela, y estaba bastante seguro que se veía chueca.

—En realidad no supe qué dijes ponerle, así que pensé que el corazón y la manzana serían suficiente —dije, apartando
los deditos de Pequeña de la pulsera y guardándola en la caja—. El corazón es porque la amo y la manzana porque es
maestra. Supongo que es muy simple, pero funciona.

Sofía hizo un puchero cuando puse la caja en la mesita y la cargué cuando sonó un golpe en la puerta. Me acerqué, la
abrí y encontré a mamá.

—Lamento llegar tarde —dijo cuando me agache para abrazarla—. ¿Ya está lista para irnos, mi preciosa niña?

—Sí, tengo su pañalera lista —dije, guiándola dentro del apartamento. Acosté a Pequeña en el porta bebé y le puse el
cinturón de seguridad.

—Aquí están tus flores. Una docena de rosas, justo lo que querías.

—Gracias mamá. ¿Puedes ponerlas en la mesa?

—Claro… ¡Oh! —jadeó.

La miré y vi que agarraba la cajita de la pulsera.

—Ábrela —dije, cargando el porta bebé de Sofía.

Sonrió cuando levantó la tapa.

—Está hermosa, Edward. ¿A qué se debe?

Me encogí de hombros.

—No hay una razón en especial. Sólo pensé que sería lindo comprárselo.

Cerró la caja, dejándola junto a las flores, antes de avanzar unos pasos para cerrar la distancia entre nosotros. Palmeó
mi mejilla con una sonrisa.

—Te crié bien.

Me reí entre dientes rodando los ojos.


—Entonces, ¿te gusta? ¿Crees que le gustará a Bella?

—Le va a encantar. Pónselo en la muñeca, ¿de acuerdo? No sólo se lo des.

—Entendido —asentí, pasándole el porta bebé. Me agaché para ponerme al mismo nivel que Pequeña—. Pórtate bien
con el abuelo y la abuela, ¿de acuerdo? No te comas nada que no sea comida.

Mamá se rió.

—Tendremos cuidado.

—Te amo, bebita. —Me incliné para besar su mejilla, haciéndola reír.

—¡Ma na! —balbuceó.

—Claro, yo también te ma na —me reí, besándola una vez más antes de pararme.

—¡Diviértete en tu cita! —dijo mamá cuando la envolví con mi brazo.

—Lo haré. Llámame si tiene problemas. Pasaré por ella poco antes del medio día, ¿bien?

Asintió.

—Me parece bien, cariño.

Agarré la pañalera de Pequeña del sofá y mamá la tomó, poniéndola en el hombro. La acompañé a la puerta
preguntándole si necesitaba ayuda. Claro que dijo que no. Cuando se fue me puse mi chaqueta y me miré en el espejo
una última vez, pasándome la mano por el cabello. Agarré las flores y metí la caja en el bolsillo de mi chaqueta antes
de cruzar el pasillo.

Levanté la mano y toqué sólo una vez antes de que la puerta se abriera, revelando a una Bella hermosa y sonriente.

—Hola —dije sonriendo y ofreciéndole las flores.

Las aceptó y besé su mejilla, luego la seguí dentro de su apartamento.

—Gracias, Edward. Están hermosas.

—De nada. Pues mamá tiene a Pequeña y dije que iría por ella mañana a medio día. Tenemos la noche para nosotros
solos.

Entramos a la cocina y ella agarró un jarrón de debajo del mostrador para llenarlo con agua.

—¿Sofía se fue bien? No estaba renegona, ¿verdad?

—No, creo que estaba feliz por estar lejos de mí —me reí—. Creo que mi mamá la mima o algo así. Sofía estaba
demasiado feliz de irse con ella.

—Qué dulce. —Sonrió acomodando las flores—. Y, en serio, Edward, no tenías que traerme flores, pero me encantan.

—Pues entonces supongo que tampoco debí haber traído esto —dije, sacando la caja de mi chaqueta.

Sus ojos se agrandaron como platos al mirar la caja.

—¿Qué es eso?

Sonreí, moviéndome para ponerme frente a ella y abrir la caja.

—Es una pulsera de dijes. Quería… darte algo lindo. ¿Me permites tu muñeca?

—Edward —suspiró, ofreciéndome su muñeca izquierda mientras yo sacaba la pulsera.

Sonreí suavemente al ponérsela.

—¿Intentas decirme que te gusta pero no tienes las palabras para explicarlo?

Levantó la mano para ponerla en mi mejilla. Noté las lágrimas que había en sus ojos al sonreír.
—No debiste hacerlo, pero me encanta. Muchísimas gracias.

Bajé la cabeza, capturando sus labios. La acerqué a mí moviendo la mano a su cuello, envolviendo con ella su nuca
mientras con el pulgar acariciaba detrás de su oído. Se alzó, encontrándose conmigo y profundizando el beso.
Nuestras lenguas se movían juntas, al principio de manera lenta, pero pronto el beso se hizo más apasionado.
Nuestros labios se separaron y recargué mi frente en la suya, sonriendo.

—¿Y lo hice bien? —pregunté.

Se rió suavemente dejando un besito en mis labios.

—Lo hiciste muy bien —dijo, envolviendo los brazos en mi cuello para abrazarme.

Con una meticulosa planeación y con la ayuda de mi cuñado, Bella y yo estábamos sentados en una mesa apartada
cerca de la parte trasera del restaurante. Estaba tenuemente iluminada por una vela que parpadeaba entre nosotros,
creando lo que yo creía era una cena romántica. Al menos así parecía, y Bella lo estaba disfrutando, lo cual significaba
mucho para mí. Tendría que darle las gracias a Emmett. Si había una cosa que él sabía por haber estado tanto tiempo
con mi hermana, era cómo hacer mierdas románticas. No sabía de dónde lo aprendió, pero no me importaba. Él me
dio el nombre y el teléfono de dueño del restaurante, y me dijo qué debía pedir.

—Te superaste —dijo sonriendo mientras levantaba su copa de vino.

—Me ayudaron —admití—. Quería hacer que esto fuera romántico y ya que ciertamente no soy el hombre más
romántico del mundo, supuse que era mejor pedirle ayuda a alguien.

—Hubiera estado feliz con comida a domicilio y una película, pero esto, Edward… Trabajaste tanto por esto y me
encanta. ¡Y la corbata! —se rió.

—¿Está chueca? Joder, sabes que odio estas cosas.

—Está perfecta. Te ves… sexy todo arreglado. —Se sonrojó—. Me halaga que hayas luchado con una corbata por mí.

—Deberías. Me costó una eternidad ponérmela bien —me reí entre dientes—. En realidad Pequeña eligió ésta. Puse
dos frente a ella, y agarró ésta. Bueno, luego intentó agarrar la otra, pero decidí irme con la primera que eligió.

—¡Aww, estás haciendo que la extrañe! No la pude ver hoy. —Frunció el ceño.

—¿Pero terminaste de organizar tu clase?

Asintió.

—Sí, estoy completamente lista para que lleguen los niños la siguiente semana. Me alegra regresar a trabajar, pero no
esperaba que el verano se pasara tan rápido.

—De hecho el tiempo parece irse volando —dije, levantando mi copa.

—¡No puedo creer que en dos meses Sofía cumple siete meses! No parece posible. Y el hecho de que… —se detuvo.

—¿Qué?

—Que cumplimos tres meses de estar saliendo… el primero.

Mierda, ¿cómo no me había dado cuenta de eso? Quiero decir, no existía un aniversario de tres meses del que debiera
saber, ¿verdad?

—Lo siento.

Sus ojos regresaron de golpe a los míos y frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Yo no… Lo olvidé.

Suspiró, sonriendo y moviendo una mano.


—No lo dije porque esperaba que lo recordaras. En serio está bien. Creo que tienes cosas más importantes de las
cuales preocuparte.

¿No estaba enojada? Qué bien.

—Como sea, lo recordaré. Es el primero. No debería ser difícil.

Cuando llegaron los aperitivos y comenzamos a comer, la conversación regresó a su trabajo. Me contó sobre algunas
de las cosas que había planeado para los niños de su clase, y yo la escuché. Me di cuenta que ser maestro de
preescolar no era tan fácil como parecía. Todo contaba con una gran cantidad de planificación. Más de lo que me
hubiera imaginado, en realidad. Tenía que lidiar con muchos niños. Pequeña me dejaba agotado y ni siquiera había
cumplido los siete meses, así que no sabía cómo lo hacía Bella.

La conversación siguió después de que llegó la cena, y platicamos sobre otras cosas que no tenían mucha
importancia. A mitad de nuestra cena, decidí sacar a colación las cosas que quería saber, cosas que ella todavía no me
había dicho.

—¿Puedo preguntarte algo sobre tu pasado? —le pregunté, sintiéndome nervioso porque fuera a decirme que no.

Asintió.

—Tenía la sensación de que querías saber algo, así que adelante.

—Tu… ex novio.

—Su nombre era Jacob y fue mi único novio antes de ti. Lo conocía desde hace mucho tiempo.

—¿Y te engañó? ¿Fue por eso que dejaste Seattle?

—Es que no te he contado algo que probablemente debí decirte antes —dijo, bajando los ojos hacia su plato y
mordiéndose el labio.

—No mantienes contacto con él, ¿verdad?

Sacudió la cabeza.

—No, claro que no. Él no era, um… sólo un novio. Era mi prometido.

La miré por un momento, no sabía qué decir.

—¿Cuándo iba a ser la boda?

—Dos semanas después de que lo encontré en mi cama con mi dama de honor, Leah —bufó, pausó por un momento
y sacudió la cabeza. Puse la mano en la mesa para agarrar la suya. Envolvió sus dedos alrededor de los míos y me
miró a los ojos de nuevo—. Cancelé la boda de inmediato. Lamento no habértelo dicho, es sólo que no parecía haber
un buen momento para hacerlo… Y me da vergüenza.

—Parece que él es un jodido cabrón por haberte hecho eso. Tú no… te abres mucho a mí, ¿sabes? Supongo que es
por eso, ¿huh? Quiero decir, te conozco, pero no sé quién eres, supongo.

—Lamento no haberme abierto a ti como debería.

—Creo que no sé cómo deberías abrirte a mí. Pensé que lo habías hecho, pero esto es algo muy grande que nunca
me habías contado. Casi estuviste casada.

—Fui una estúpida. Pensé que lo que Jacob y yo teníamos era real, pero creo que era más por conveniencia. Él era
algo cómodo. Estaba ahí. Cada pocos fines de semana iba a casa de la escuela y ahí estaba él, queriendo hacer algo.
Se convirtió en una relación, y ni siquiera me di cuenta. Pero luego consiguió trabajo en una concesionaria en Seattle y
nos mudamos juntos. Estuvimos juntos por años y cuando me pidió matrimonio, parecía que era así cómo debían
suceder las cosas, así que acepté. Creí que estaba enamorada, pero… él era mi mejor amigo, Edward. Probablemente
fue eso lo que siempre fue, pero lo hicimos algo romántico porque parecía correcto hacerlo.

—Aunque lo amabas.

Asintió.
—Sí. Era un buen chico, y estoy segura que lo sigue siendo.

—Fue un cabrón que te engañó.

—Me engañó porque estaba enamorado de verdad. Sólo que no sabía qué hacer.

—¿No lo odias… o a tu amiga?

Suspiró.

—Ya no estoy segura. ¿Odio lo que me hicieron? Claro. Pudo haberme dicho la verdad, pero en lugar de eso los
descubrí yo. Pero no sé si los odio a ellos. Me di cuenta de algo gracias a ti.

Alcé la ceja.

—¿De qué?

—No odias a Kate, ¿o sí?

—Yo… no. Fue tanto mi culpa como de ella. Sí, haber dejado a su hija en mi apartamento fue algo horrible, pero gracias
a que lo hizo, yo tengo a Sofía. No puedo odiar a la persona que me dio a mi hija.

—Y yo no puedo odiar a Jacob porque, si él no hubiera hecho eso, yo no estaría aquí ahora. No te hubiera conocido a ti
o a Sofía. Y no estaría verdaderamente enamorada.

—¿Y de verdad me amas? ¿No es sólo por conveniencia? Me refiero a que vivimos cruzando el pasillo —me reí.

—Te amo. Intentas con todas tus fuerzas ser un buen hombre. Sé que es por Sofía, pero… quiero creer que también es
por mí.

—También es por ti, Bella, te amo. Ése era un concepto tan extraño para mí, ¿sabes? Quiero que seas feliz, y quiero ser
la persona que te hace feliz.

Me sentía como… como si me estuviera abriendo a Bella. Claro, ya había pensado antes en estas cosas, pero
decírselas era algo muy diferente. Lo hacía ser más real. No parecía tan ridículo cuando se lo decía.

—Me haces feliz, Edward. El sólo pasar tiempo contigo me hace feliz. Cuando llegas a casa del trabajo y terminamos
en el sofá, hablando sobre el día, se siente b ien. No es complicado, es fácil, aunque en realidad no es así. Tienes una
hija, y aunque no lo hablemos eso, complica una relación.

—¿Sabes cuál es mi mayor miedo? —pregunté suspirando—. Me preocupa que ella sea lo suficientemente grande
para recordarte cuando me dejes porque lo joderé en algo.

—Y ése… ése es mi miedo. Tengo miedo de que te canses de mí y sigas adelante. Te perderé, no sólo a ti, sino
también a ella.

—No quiero tener que preocuparme por eso.

—Yo tampoco, ¿pero tenemos que hacerlo? ¿De verdad crees que puedas… encontrar a alguien más? ¿Crees que
puedas, algún día, querer a alguien más?

Sacudí la cabeza, sonreí y apreté su mano.

—La verdad, no. No creo que vaya a joderlo.

—Yo tampoco lo creo, así que necesitas dejar de preocuparte por eso. Tú te detienes, y yo también. ¿Te parece?

—Me parece. Pero supongo que Sofía sí complica las cosas. Sabes que confío en tu juicio con ella, ¿verdad?

—También me preocupa eso. Tengo miedo de tomar cualquier decisión con respecto a ella porque puede que tú no lo
apruebes. Por ejemplo, hace unos días no me diste pañales suficientes. La llevé conmigo a la tienda y me di cuenta
que no revisé qué marca compras tú. Así que abrí su mameluco, a mitad del pasillo, por cierto, y revisé el pañal porque
tenía miedo de comprar la marca equivocada.

Me carcajeé y ella me miró divertida.


—Lo siento —dije, intentando controlarme—. Bella, era un pañal. Me importa una mierda qué marca use.

—¿Y si la marca que yo le compraba le provocaba salpullido o algo? ¿Te enojarías conmigo?

Sacudí la cabeza.

—No, porque yo podría haber cometido el mismo error. Pero si tuviera salpullido, querría que me llamaras. No porque
no confíe en ti para cuidarla, sino porque querría saberlo.

—Te llamaría.

—¿Entonces estamos en la misma página? Confío en tu juicio, así que no te preocupes de que me enoje. A menos de
que no me digas si está enferma, porque entonces sí puede que me moleste.

—Nunca te ocultaría algo como eso. Cualquier accidente o enfermedad será reportada tan pronto como me asuste.

—Podemos asustarnos juntos —me reí—. Estaba pensando en envolverla con plástico de burbujas cuando empiece a
caminar. ¿Parece buena idea?

Se rió conmigo ante lo absurdo de la situación, y todos los problemas pesados que habíamos discutido parecieron
desaparecer. La amaba. Ella me amaba. Ella había estado comprometida. Yo me había acostado con muchas. Pero
toda esa mierda ya estaba detrás de nosotros. Ésta era una relación seria, y lo admitimos discutiendo cosas que
debimos haber discutido antes.

Luego de terminar nuestra cena, Bella y yo caminamos un rato a lo largo del muelle. Tenía agarrada su mano y ella
recargaba su cabeza en mi brazo. Bajé la vista para encontrarla sonriendo. Se veía malditamente hermosa esta noche.
¿Y el hecho de que ahora llevaba puesta mi chaqueta? Joder. Verla con mi ropa se sentía… Me gustaba. Mucho.

—Está muy bonito aquí afuera, ¿verdad? —preguntó suspirando contenta.

—Sí —dije, mirándola a ella—, sí lo es.

—¿No estás molesto porque básicamente te mentí?

Sacudí la cabeza.

—No, Bella. Puedo… ver por qué no me dijiste. Quiero decir, definitivamente no me hace sentir bien, pero lo entiendo.
Aunque si alguna vez me encuentro con ese hijo de puta, le daré una paliza por ti.

Se rió suavemente.

—No estoy muy segura de que puedas, pero te dejaré creerlo.

—Soy fuerte.

—Claro que sí, Edward. Claro que sí.

—¿Se ejercita o algo así?

—Es… musculoso. No te preocupes por eso, ¿sí? Yo creo que puedes con él.

—Bueno, ahora mi ego está un poco herido. Primero me dices que no puedo y ahora me mientes para hacerme sentir
mejor.

Se detuvo y se movió frente a mí, poniendo sus manos a cada lado de mi cara.

—Tú eres mucho mejor en la cama. ¿Te sirve eso de algo?

Sonreí.

—Soy asombroso.

Me golpeó suavemente con una sonrisa.

—Creo que tu ego está muy bien.


Levanté una mano y acomodé un mechón de su cabello detrás de su oído. Me incliné para rozar mis labios con los
suyos.

—Creo que deberíamos irnos —susurré.

Asintió en silencio cuando tomé su mano de nuevo y comenzamos a caminar de regreso a mi carro. Como dije antes,
se veía malditamente hermosa esta noche. Quería llevarla a casa, desnudarla, tocarla y probar cada pulgada de su ser.
Una y otra vez. Quería que gritara mi nombre, que rogara por mí, y se viniera mientras yo la veía. Joder, la deseaba, y
parecía que no podía manejar lo suficientemente rápido.

En cuanto llegamos a mi apartamento y cerré la puerta, la empujé contra ella, moviendo mis labios sobre su cuello.
Enganché su pierna en mi cintura, subí mi mano por su muslo y hacia su trasero, dándole un apretón que la hizo reír.
Envolvió sus brazos en mis hombros, y la levanté, alejándome de la puerta con dirección a la habitación.

La dejé sobre sus pies cerca de la cama y me moví detrás de ella. Bajé la boca a su oído y susurré:

—Quiero follarte, hermosa.

Gimió cuando moví su cabello para besar su hombro. Bajé el cierre lentamente y cuando estuvo desabrochado, me
moví frente a ella para bajar los tirantes por sus brazos, y mirar cómo el vestido caía por su cuerpo. Se veía
malditamente hermosa.

Se quitó el vestido junto con los zapatos. Sus manos se movieron hacia la corbata rodeando mi cuello. La jaló y se
puso de puntillas para juntar nuestros labios. Levanté la mano y usé el pulgar para acariciar ese lugar que estaba
detrás de su oído. Gimió y podía sentir como tiraba de la corbata, intentando deshacer el nudo, pero estaba muy
distraída. Joder, amaba distraerla.

—Amo la corbata —dijo, liberándola de mi cuello. Se mordió el labio, sólo para mí.

Sonreí, me quité rápidamente la camisa y los pantalones antes de avanzar hacia la cama. Me tomé mi tiempo con ella,
quería darle todo el placer que pudiera. Además, su cuerpo era tan precioso, y yo quería disfrutar de cada centímetro de
ella.

La miré luego de sacarle las bragas por las piernas y tirarlas al piso.

—Quiero escucharte esta noche —dije besando su cadera—. Mi nombre, tus gritos, tus gemidos… no te calles nada.

Gimió, moviendo la mano entre mi cabello y enterrando las uñas en mi cuero cabelludo. Joder, eso se sentía bien.

—No lo haré —susurró— Te necesito, Edward.

Abrí sus piernas y besé el camino hasta su coño, separándola y metiendo mis dedos en ella. Estaba tan jodidamente
caliente, y amaba como se sentía alrededor de mis dedos. Moví mis labios hacia su clítoris, besándolo antes de hacer
círculos con mi lengua sobre él. Sus gemidos fueron cada vez más altos al incrementar mi ritmo.

—¿Te gusta? —pregunté, moviendo mis dedos dentro de ella y encontrando ese lugar. Supe que lo había encontrado
cuando gritó mi nombre—. Sí, te gusta que mis dedos te follen, ¿no?

—Ed-Edward —gimió, apretando su agarre en mi cabello—. Dios, sí.

Seguí golpeando ese lugar mientras que mi lengua volvía a trabajar con su clítoris. La mordí, la besé y la chupé. Mi
polla estaba malditamente dura. Quería estar en ella, pero quería más ver esto. Podía sentirla apretándose alrededor
de mis dedos, así que moví la cabeza hacia atrás para verla mientras mis dedos seguían follándola. Estaba cerca.
Podía verlo, sentirlo.

—Te sientes tan bien, hermosa —dije—. Tu coño cálido y suave rodeando mis dedos. Vente para mí.

Usé el pulgar para hacer círculos en su clítoris mientras metía mis dedos en ella de nuevo. Los saqué lentamente para
luego volver a meterlos agregándole la presión suficiente. Eso fue todo lo que necesitaba. Gritó mi nombre y enterró los
dedos en mi hombro. Se fue calmando lentamente mientras la miraba, mientras la sentía temblar. Se veía hermosa
jadeando suavemente. Después de unos momentos abrió los ojos que se encontraron con los míos. Sonreí y besé de
nuevo su cadera.

—Jesucristo, Edward —suspiró y me levanté para acostarme a su lado.


Me reí suavemente al besarla.

—Tomaré eso como un cumplido.

Sus mejillas e incluso su pecho estaban sonrojados mientras jadeaba; todavía no se recuperaba.

—Te amo.

—Yo también te amo.

Descansó por unos minutos antes de darse la vuelta hacia el buró para agarrar un condón. Se dio la vuelta y se subió
sobre mí. Me fue metiendo en ella lentamente, gimiendo al hacerlo. Me senté y metí su pezón a mi boca, lo chupé
mientras ella cabalgaba mi polla. La abracé con fuerza a mí, quería tenerla en mis brazos.

—Tan jodidamente buena, Bella —gruñí cuando aceleró el paso, moviendo su cuerpo sobre el mío.

Arrastró sus dedos por mi espalda gimiendo mi nombre. No podía satisfacerme de ella, así que subí mis labios por su
pecho y cuello hasta llegar a su boca, besándola con todo lo que tenía en mí.

No había ni una jodida manera en que pudiera llegar a desear a alguien más que a Bella.

Creo que la cena resultó muy bien ;)

Espero que les haya gustado, ¡Gracias por sus comentarios! ^^

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*Chapter 24*: Father Knows Best
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 24: Papá sabe lo que es mejor

—Vamos, Pequeña —dije, sentándome junto a ella en el piso—, sé que al menos puedes arrastrarte.

—No sabe qué es lo que le estás pidiendo que haga —dijo Bella, sentándose junto a mí. Puso su mano en mi espalda
y me sobó con suavidad—. No puedes obligarla a gatear, Edward.

—No la estoy obligando —me defendí—, es sólo que… sé que puede hacerlo. Sé que puede.

Sonrió riéndose un poco.

—Tiene siete meses. Eso es todo.

—El libro decía...

Puso un dedo en mis labios para callarme.

—Recuerdo haber leído que decía entre siete y diez meses. Tienes ese siete grabado en la cabeza, y puede que ella no
esté lista. Dale tiempo.

Suspiré asintiendo con reticencia.

—Bien —le dije—. Bien, Pequeña, no más presión. Papi te va a dejar hacer lo que se te dé tu regalada gana.

Bella la cargó para ponerla en su regazo.

—Papi está ansioso, ¿verdad, cielo? Tiene miedo de que vayas a gatear cuando él no esté en casa.

Ladeé la cabeza con curiosidad.

—¿Cómo sabes eso?

Sonrió encogiéndose de hombros.

—Me gusta pensar que te conozco. Deja de preocuparte, ¿de acuerdo? No sólo va a gatear una vez. Incluso si no estás
en casa la primera vez, seguirá haciéndolo cuando tú sí estés.

—Sí, está bien. Sólo quiero verlo, ¿sabes? No puedes culpar a papá por querer eso, ¿o sí, bebita? —pregunté,
haciéndole cosquillas a Sofía en su pancita. Se rió, dándome su sonrisita. Sus dos dientes inferiores se veían
fácilmente, la hacían ver… tan jodidamente bonita—. Es mejor que vayamos a casa del abuelo y la abuela. Están
escondiendo algo y quiero saber qué es.

Bella se puso de pie con Pequeña mientras yo agarraba la pañalera y el porta bebé. La metimos en este último y
después bajamos hacia mi carro. Bueno, el carro de mamá. En serio necesitaba comprarme uno propio, pero no
quería renunciar a Tanya. Probablemente nunca querré hacerlo, así que estaré conduciendo la SUV de mamá un
tiempo más. Afortunadamente a mamá no le molestaba.

Mientras manejábamos a casa de mis padres, Bella dijo:

—Sabes, estoy algo nerviosa. Quiero decir, no debería, ¿cierto? Les agrado a tus padres.

—Bella, llevas una tarta —me reí—. Estarás bien. Y sí les agradas. Mucho en realidad. Papá quería que vinieras.

—Lo sé, pero no puedo dejar de preguntarme por qué.

Asentí.
—Yo también. Algo está pasando, lo sé, pero no puedo descubrir qué.

Habían tardado unas cuantas semanas para que mi horario y el de Emmett coincidieran, así que pensé que si algo
realmente serio estuviera pasando, no lo hubieran mantenido en secreto por tanto tiempo. Bueno, eso esperaba al
menos. No podía quitarme esa sensación del estómago que me decía que algo estaba pasando. Fue la forma en que
actuó papá cuando me pidió que viniera. Claro, ya antes habíamos tenido cenas familiares y nada pasaba, así que
quizá me estaba equivocando.

—¡Oh, se ve tan bonita! —dijo mamá, sacando a Pequeña de los brazos de Bella en cuanto entramos a la casa—. Bella
te puso este moño, ¿verdad? Porque todas sabemos que tu papi te lo pone torcido.

—¡Oye! —dije—. Estoy mejorando.

Ella y Bella sólo se rieron sabiendo que eso no era verdad. Pobre Pequeña y sus moños torcidos. Entramos a la
cocina, y ahí estaba Rosalie. Papá, Emmett y Ben debían estar en la sala viendo algún juego.

—¿Puedo poner la tarta en el refrigerador? —preguntó Bella alzando la tarta—. Es Mousse de chocolate.

Mamá sonrió y se puso a revolver algo en la estufa con Pequeña en brazos.

—¡Claro, querida! Apuesto a que está delicioso.

—Sí, está delicioso —me reí palmeándome el estómago—. Hizo un poco extra para mí anoche.

—Oh, ¿entonces te está consintiendo? —preguntó Rosalie—. Pues espero que pueda ponerte gordo.

—Perra.

Se rió golpeando mi brazo.

—Estaba bromeando. Además, tu trasero flacucho no puede engordar, es por eso que te odio.

—Oigan ustedes dos —dijo mamá—. Tengo una delicada pequeña en mis brazos.

Miré a Bella, estaba sonriendo. Se veía hermosa esta noche, como siempre.

—¿Necesitas ayuda, Esme? —preguntó.

—En realidad la cena ya está casi lista —dijo mamá—. Si quieres, puedes ayudar a Rosalie a poner la mesa.

—Por supuesto.

—Necesito a mi niña —dije estirando las manos—. Es hora del biberón.

Mamá besó la mejilla de Pequeña y me la entregó. Bella sacó el biberón que ya estaba preparado de la pañalera y lo
pasó bajo agua caliente por mí. En cuanto estuvo listo, llevé a Pequeña a la sala con papá y Emmett.

—La cena está casi lista —dije, sentándome y acomodando a Sofía—. ¿Cómo van?

—Los Seahawks van perdiendo… por mucho —suspiró Emmett.

Papá sonrió.

—Siendo justos te dije que iban a perder.

Emmett rodó los ojos dándole un trago a su cerveza.

—Como sea.

—Entonces, ¿cómo está mi preciosa nieta? —preguntó papá mirando a Pequeña en mis brazos—. ¿Le han salido más
dientes?

Sacudí la cabeza.

—Sólo los dos de antes. Tampoco ha gateado aún.


—Ben no gateó —dijo Emmett—, sólo hizo esa cosa rara en que se arrastraba sobre su trasero. Aunque era muy
gracioso.

Me reí recordándolo.

—Pues ella sí va a gatear y va a esperar hasta que yo esté en casa para hacerlo.

—Sigue repitiéndotelo, hijo —dijo papá—. Yo me perdí de la primera vez que tú y Rosalie gatearon, junto con las
primeras palabras.

—Yo también me perdí de las primeras palabras de Ben —dijo Emmett.

Fruncí el ceño mirando a Pequeña que bebía felizmente en mis brazos.

—Estarás castigada si haces eso —dije.

Luego de que Pequeña terminó su biberón y le saqué los gases, todos nos reunimos en el comedor para la
maravillosa carne asada de mamá. Como siempre la conversación fluyó con facilidad. Papá, Emmett y yo hablamos
sobre el trabajo, mientras mamá le decía a Bella que se acostumbrara a eso. Todos parecían estar bien; en realidad,
incluso, diría que excelentes. No podía evitar seguir preguntándome qué demonios estaría pasando y por qué
estábamos en esta cena. Por un momento comencé a creer que sí me había equivocado, que nada pasaba, pero
entonces papá se aclaró la garganta para llamar nuestra atención.

Tomó la mano de mamá sobre la mesa y sonrió.

—Estamos felices de que todos pudieran venir esta noche. A veces es agradable tener a toda la familia en un solo
lugar. La cena estuvo encantadora, corazón —le dijo a mamá.

—Gracias —respondió ella sonriendo.

—Pues en realidad sí tenemos que decirles algo.

—¿Pasa algo, papá? —preguntó Rosalie, moviendo a Ben en su regazo mientras le daba de comer.

Él sacudió la cabeza.

—En absoluto. Espero que todos reciban esto como buenas noticias, como su madre y yo. El siguiente año voy a voy a
dejar el cargo de Jefe de cirugía.

Dejé que sus palabras se asentaran, sorprendido por ellas. Yo… no podía creer lo que acababa de decir. Se suponía
que todavía no se iba a retirar. Ése no era el plan, en realidad ni siquiera se acercaba al plan. Papá seguía hablando,
pero yo había dejado de escucharlo.

—¿Qué? —pregunté, interrumpiéndolo.

—Me voy a retirar, hijo —dijo.

Sacudí la cabeza; estaba enojado.

—No. No, dijiste...

Levantó la mano para detenerme.

—Sé que fue lo que hablamos, Edward, pero los planes cambian.

—¿Estás jugando? —me reí secamente—. Todavía no puedo ocupar tu cargo. No tengo la experiencia suficiente.

—No, no puedes. Pero si me dejaras explicarte...

Me puse de pie lanzando la servilleta a la mesa.

—Ésas son mierdas. ¡Lo prometiste!

—¡Edward! —me regañó mamá, mirándome con los ojos entrecerrados.

Empujé mi silla y salí de la habitación con dirección al patio. Estaba encabronado. Cuando acepté el trabajo aquí, me
prometió que cuando él se retirara, yo ocuparía su cargo. Se suponía que esto no debía pasar hasta dentro de otros
cinco o seis años, mínimo. Si se retiraba ahora, yo no conseguiría el trabajo. Joder, probablemente se lo darían a
Emmett, lo cual era una completa estupidez.

Caminé por el patio durante cinco minutos antes de que la puerta se abriera. Giré la cabeza, y encontré a papá
saliendo. Me pasé una mano por el cabello mirando hacia el bosque mientras intentaba controlar mi enojo.

—Me mentiste —dije.

—Los planes cambian, Edward, y el que actúes como un mocoso maleducado no nos ayuda en nada.

Lo miré con los ojos entrecerrados.

—¡Soy tu hijo! Debería ser mi puesto.

—No es tu derecho, hijo. Ahora, siéntate y hablemos como adultos, ¿de acuerdo? —Se sentó en una de las sillas del
patio y me hizo un gesto para que me uniera a él. Me recargué contra la barandilla por un momento y luego suspiré,
acercándome para sentarme junto a él.

—¿Por qué? —pregunté—. ¿Quién se quedará con el trabajo? ¿Emmett?

—Todavía no estoy seguro. No te mentiré, él es mi opción, pero es decisión de la mesa directiva. Edward, es tiempo
para que me retire. He trabajado duro toda mi vida. Nadie me dio nada a mí, a diferencia de ti.

Resoplé.

—No te pedí este trabajo.

—Tienes razón, pero aún así fui yo quien te lo dio. Eres un cirujano excepcional, por eso te lo di, pero eres mi hijo.
Ciertamente eso no te lastimó. Mi punto es que he trabajado muy duro. Cumpliré sesenta el siguiente año y quiero
disfrutar de mi vida. Yo…, fui al doctor hace unas semanas.

Me enderecé en mi asiento frunciendo el ceño.

—Papá, ¿estás bien?

Asintió quitándole hierro al asunto con un gesto de la mano.

—Estaré bien. He estado teniendo dolores en el pecho y ya sabes cómo es tu madre. Como sea, mi presión sanguínea
está por los cielos, pero ya estoy tomando medicamentos y trabajando para reducir el estrés. Mi trabajo es estresante,
Edward. Ni siquiera puedes comenzar a comprender qué tanto. Siempre estoy en el trabajo, y cuando no, me traigo el
trabajo a casa. Estoy listo para bajar el ritmo. Financieramente, puedo hacerlo. Necesito hacerlo, hijo. Quiero estar aquí
para ver crecer a mis nietos, y si sigo con este ritmo, no lo conseguiré. Quiero poder dedicarle tiempo a tu madre, el
tiempo que se merece.

—¿Qué medicamentos te dieron? ¿Cómo está tu colesterol?

—Edward, estoy bien. No te preocupes por eso. No planeé esto, ¿sí? De verdad creí que estaría trabajando por otros
cinco años cuando te lo dije. No te mentí. Lamento si así te sientes, pero en este punto de mi vida, necesito pensar en
mí. ¿Lo entiendes?

Me pasé las manos por la cara suspirando.

—Quiero ese trabajo, papá.

—No puedes tenerlo —dijo con simpleza—. Sé que algún día serás un excelente Jefe de cirugía, pero no estás listo.

—¿Y Emmett sí? Porque en serio no estoy de acuerdo con eso.

Se encogió de hombros.

—No estoy seguro, pero tengo un año para enseñarle la dinámica. Voy a empezar a darle algunas responsabilidades,
para quitarme un poco de estrés. Si para cuando me retire la mesa directiva no cree que él esté listo para el trabajo,
probablemente traerán a alguien nuevo. No estoy haciendo esto para lastimarte.

Asentí con reticencia.


—Sí, lo sé.

—Eres un cirujano excepcional, y creo que si de verdad lo quieres, podrías conseguir un trabajo donde sea. Aunque
espero que te quedes aquí. Esta comunidad te necesita, y esta familia también.

—No me voy a ir a ninguna parte, al menos no por ahora. Tengo que pensar en Sofía y… no puedo hacerle eso a Bella.
La amo y no la voy a dejar.

Sonrió.

—¡Mírate, hijo! Desde que te mudaste aquí has madurado. Te has convertido en un padre, en un novio, en un homb re.
Estoy muy orgulloso de ti. Honestamente, quería poder darte este trabajo un día. Era uno de mis sueños, pero las
cosas cambian. Espero que puedas entender por qué hago esto.

—Sí, papá. No me gusta, pero lo entiendo. No te vas a desvanecer aquí conmigo, ¿verdad? Porque en serio, eso sería
un jodido asco. —Sonreí.

Se rió sacudiendo la cabeza.

—No, no voy a ninguna parte. Y, conociéndome, el dejar el puesto de jefe no significará que deje de trabajar en cierta
forma. Sólo necesito bajar el ritmo un poco.

—Qué bien. Yo… lo siento por haber actuado como un niño mimado.

—Creo haber dicho mocoso malcriado, pero eso también funciona. Ahora necesitas disculparte con tu madre por lo
que hiciste en el comedor. Creo que tenemos que comer una tarta, ¿no?

Me puse de pie asintiendo.

—Y está deliciosa.

Después de disculparme con mamá fui con Bella a la cocina para sacar la tarta y los platos. Podía ver que estaba
enojada conmigo y lo entendía. No había actuado tan infantil en un largo tiempo, y lo lamentaba.

—Lo siento —dije, moviéndome detrás de ella—. Estuvo mal la forma en que actúe y espero que podamos hablar más
tarde.

Se giró en mis brazos y asintió.

—Sí, por supuesto. ¿Estás bien?

—Sí, supongo que sólo un poco decepcionado. Quería ser jefe algún día, pero probablemente eso ya no va a pasar
ahora, especialmente si Emmett consigue el trabajo.

—Pues, si te sirve de algo, estoy segura de que hubieras sido un maravilloso jefe. —Sonrió—. Te amo.

Me incliné para presionar mis labios con los suyos y acariciar detrás de su oreja.

—También te amo —dije cuando nos separamos.

Cuando llegamos a casa Bella entró directo a mi apartamento, donde básicamente había estado viviendo por las
últimas semanas. Pequeña se había quedado dormida en el carro, así que la acosté en su cuna y regresé a la sala
con Bella. Había dejado sus zapatos en el piso y tenía las piernas dobladas debajo de ella; me sonrió al verme. Me
senté junto a ella y la jalé a mis brazos.

—Pues fue una cena interesante —dijo.

Me reí suavemente.

—Mucho, y la verdad no lo vi venir. Lamento haber estallado de esa forma y haberte dejado ahí sola.

—Eso fue malo. Me recordaste a uno de mis estudiantes. —Sonrió.

—Mi papá me dijo mocoso malcriado, ¿puedes creerlo?


—Oh, sí puedo creerlo, actuaste como uno.

—Ouch —me reí.

—¿Estás bien, Edward? —preguntó. En sus ojos había una mirada de simpatía—. Sé que te molestó.

Asentí.

—Me enojó, pero después de hablar con él entendí los motivos de mi papá. ¿Sabías que mientras estudiaba medicina
también trabajaba porque mis abuelos seguían enojados con ellos por haberse fugado juntos? Él tuvo que
mantenerse a sí mismo y a mamá, incluso mientras se partía el culo en la escuela. Ha trabajado duro durante toda su
vida, así que merece retirarse temprano. No es lo que quiero, pero lo entiendo.

—Siempre podrías… conseguir otro trabajo, ¿no?

—Sí, pero no quiero. Si en unos años se presenta una oportunidad, lo pensaré. Pero justo ahora estoy donde quiero
estar. Él tiene razón, sabes. No estoy listo para el trabajo. Tampoco creo que Emmett lo esté, pero supongo que él es
una mejor opción que yo —suspiré.

—Si en unos años quieres un trabajo diferente, te seguiré.

Ladeé la cabeza; estaba sorprendido por sus palabras.

—¿Qué?

—Bueno, apenas estamos comenzando, pero te amo y quiero que seas feliz. Ni siquiera deberíamos hablar de eso
todavía, pero sentía que necesitaba decirlo. Olvidémoslo, ¿sí?

Sonreí besando su cuello.

—¿Crees que querrás estar conmigo para siempre?

Se sonrojó mordiéndose el labio.

—No sé. Quizá.

Moví mis labios a los suyos, liberé su labio inferior y la besé.

—Yo también creo que querré estar contigo para siempre.

La mañana siguiente dejé a Pequeña en el piso después de darle su comida para bebé. Mientras ella jugaba yo bebía
mi café y veía las noticias, estaban aburridísimas. Bella tenía que trabajar, pero yo tenía el día libre así que me quedé
con Sofía en lugar de llevarla a la guardería. Casi me ahogo con mi café al mirarla.

La vi levantar las rodillas debajo de sí misma y gatear. Juro por Dios que estaba gateando, aunque no se veía que lo
hiciera muy bien. Aún así se estaba moviendo, avanzaba por el piso.

—Santa mierda —dije, dejando de lado mi taza y poniéndome en el piso junto a ella. De repente se detuvo y se acostó
sobre su pancita—. No, no, te vi, Pequeña. ¡No te pongas tímida ahora! Necesito mi celular.

Me levanté con prisa del suelo y lo agarré de una de las mesitas, abriendo la aplicación de la cámara.

—Vamos, bebita. Bella querrá ver esto. Sólo gatea un poquito más.

Sí, estaba rogando, ¡pero, joder, mi niña había gateado! Me reí, seguí intentando animarla para que lo hiciera de nuevo.
Agarré uno de sus juguetes y lo puse frente a ella, esperando que intentara ir por él. Lo hizo. Incluso logré grabarlo.
Joder sí, mi niña gateó. A la fregada ese libro que decía entre siete y diez meses. Pequeña lo hizo a los siete, justo
como pensé.

—Ésa es mi niña —dije, levantándola del piso—. Sabía que podías hacerlo.

Besé su mejilla una y otra vez haciéndola reír. Le mandé el vídeo por mensaje a Bella, mamá y papá, porque, joder,
Pequeña acababa de gatear. Todos necesitaban saber sobre esta mierda.
Edward es tan lindo cuando se pone en modo Edward-Papi-Orgulloso :)

Espero que les haya gustado, en el siguiente capítulo Edward conocerá a alguien muy especial ;)

¡Gracias por sus comentarios! ^^

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*Chapter 25*: Forks
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

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Capítulo 25: Forks

Era un jodido idiota. Simple y sencillo. ¿Por qué demonios quería que Pequeña empezara a gatear? En el corto periodo
de tiempo que llevaba moviéndose, la perdí por un minuto bajo la mesa de la cocina y se golpeó la cabeza con la
mesita de la sala. Obviamente ahora la mantenía lejos de las mesas y le prestaba aún más atención. Esa niña iba a
ser mi muerte.

Ya que ahora estaba gateando —y no tardaría mucho en caminar—, Bella y yo pasamos el domingo haciendo mi
apartamento a prueba de bebés. Ni siquiera podía recordar la mitad de la mierda que le hicimos. Los gabinetes tenían
seguros, los muebles estaban asegurados a la pared, las mesas tenían protecciones en las esquinas, las tomas
eléctricas tenían tapaderas y, carajo, incluso mi taza del baño tenía un truco para abrirla. A las tres de la mañana la
maldita cosa era casi imposible de abrir. Pero al menos ahora Pequeña estaba a salvo, eso era lo importante.

Aparte de gatear, Pequeña estaba aprendiendo nuevos trucos cada día. Demonios, ya hasta había empezado a
aplaudir. Era jodidamente lindo. Sonreía y se reía, aplaudiendo mientras jugábamos en las noches. Mi juego favorito
era esconderle algo debajo de las mantas. La niña lo sab ía y empujaba la manta de un lado a otro hasta agarrar el
juguete. Tenía su propia risa de victoria, lo cual era lo más gracioso del mundo.

—¡Oh, mira quién llegó a casa! —dijo Bella cuando entré en el apartamento y cerré la puerta detrás de mí.

Bajé la vista al piso y encontré a Pequeña gateando hacia mí. Sonrió y balbuceó algo que quise interpretar como
palabras mientras yo soltaba mi maletín y la cargaba. Besé su mejilla varias veces, haciéndola reír como siempre.

—Hola Pequeña —dije—. ¿Me extrañaste?

Metió sus dedos a mi boca y se los mordí antes de que apartara la mano. Me senté en el piso junto a Bella y bajé a
Sofía para que quedara sentada frente a mí. Por supuesto, no se quedó quieta. Gateó hacia donde estaban algunos
juguetes y jugó, pegándole a una de las cosas para intentar abrirla.

Me incliné para besar a Bella mientras movía mi mano a su nuca, acariciando ese lugar detrás de su oído.

—¿Qué hay de ti? —pregunté sonriendo—. ¿Me extrañaste?

Presionó sus labios contra los míos de nuevo y dijo:

—Claro que sí. ¿Cómo te fue en el trabajo?

Me encogí de hombros.

—Supongo que normal. Emmett volvió a reprogramar otra de mis cirugías sin avisarme. Sabes, si va a ser jefe,
necesita comunicarse con un carajo. Está de mierda tener que explicarle a mi paciente el porqué no va a entrar en
quirófano hasta dentro de un par de horas.

Frunció el ceño, movió la mano a mi cuello y me frotó ahí.

—Lo siento. Aunque está aprendiendo. Quizá deberías hablar con él.

Asentí.

—Supongo que sí. ¿Y cómo estuvo tu día? ¿Algo interesante?

—En realidad no —sonrió—. Mis niños son bastante bien portados. Aunque sí tengo que decirte algo. ¿Qué te parece
durante la cena? Hice enchiladas de pollo.

—Suena delicioso —dije palmeándome el estómago—. Yo iré por la niña.


Se rió cuando me puse de pie y le ofrecí mi mano para ayudarla a pararse. Levanté a Pequeña del piso y la senté en su
sillita antes de agarrar mi plato y su puré. Esta noche le tocaba pollo con aderezo, y se veía tan asqueroso como
sonaba. Mientras Bella y yo comíamos, yo le daba a Pequeña de su comida, la cual parecía disfrutar. ¿Por qué? No
tenía ni idea.

Luego de la cena bañé y le puse su pijama a Sofía, y la dejé en su columpio para que se relajara un poco. Era nuestra
rutina nocturna de siempre, que funcionaba de maravilla. Si nos desviábamos, ella estaría renegona y no querría
dormir.

—Entonces, ¿qué pasa? —pregunté, sentándome en el sofá y rodeando a Bella con un brazo.

Se mordió el labio tomándose unos segundos antes de responder. Obviamente estaba nerviosa, lo cual me puso
nervioso a mí.

—Conozco muy bien a tu familia, ¿verdad? Hablo todo el tiempo con tu mamá y tu hermana.

Asentí confundido.

—Sí, ¿y?

—Hablé con mi papá hoy… sobre verlo de nuevo, y él te mencionó. Él... um..., quiere conocerte porque, por lo visto,
parece que vamos muy en serio.

Uh, ¿mierda? Sabía que eventualmente tendría que pasar por esto, pero conocer al papá de Bella me hacía cargarme
del miedo. Obviamente nunca antes había conocido a los padres de alguien. Además, el tipo era jefe de policía… tenía
una pistola y yo era, bueno, yo.

—De acuerdo, ¿sabes cuándo? —Por favor, deja que sea en Acción de Gracias u otra de esas mierdas. Necesitaba
tiempo para prepararme.

—Pues tienes el siguiente fin de semana libre, ¿verdad? —preguntó viéndose esperanzada—. Esperaba que
pudiéramos ir en mi cumpleaños.

Joder, o sea que no sólo significaba que tendría que conocer pronto al hombre, sino que tampoco podríamos pasar el
cumpleaños de Bella en mi cama como había planeado. Genial.

—Sí, pero… ¿y si no le agrado y se arruina tu cumpleaños?

Besó mi mejilla riéndose.

—¡Aww, estás nervioso!

—No, no, me estoy cagando del miedo. No le has dicho de..., ya sabes, como era yo antes, ¿verdad?

Apartó la vista mordiéndose el labio.

Suspiré y me pasé una mano por la cara.

—Bueno, no guarda las pistolas en la casa, ¿verdad?

—Claro que sí. Es policía, Edward. Mira, puede que le haya dicho algunas cosas, pero también le conté cómo eres
ahora. Y cuando le dije esas cosas fue antes de conocerte… y cuando estaba enojada contigo —suspiró—. Esto está
sonando mal, ¿cierto?

Asentí.

—Un poco. Así que ya me odia, ¿no?

—No, claro que no. Sólo son unos días. Manejaremos hacia allá el viernes en la noche y nos regresaremos el domingo
en la tarde. Te juro que no te va a disparar.

Alcé una ceja.

—Si Sofía conociera a alguien como yo, y yo tuviera una pistola, le dispararía.

Se rió suavemente.
—No pasará nada, ¿de acuerdo? Le he contado cómo eres ahora, que es todo lo que importa. Tienes que conocer a mi
papá, Edward. ¿Podemos ir, por favor? Lo extraño.

Lo juro por Dios, me hizo ojitos. Se veía tan malditamente llena de esperanza, no podía haberme negado. Además,
había una gran posibilidad de que no me matara si llevábamos a Pequeña.

—De acuerdo, iremos, pero Sofía viene con nosotros. No la dejaremos con mamá. Puede que la necesite en caso de
que tu papá comience con sus ideas.

Se rió abrazándome con fuerza.

—Gracias, Edward. Estoy segura de que estará menos inclinado a matarte frente a tu hija.

Cuando llegó el viernes comencé a considerar el pedirle a Emmett que me dejara cubrir su horario del fin de semana,
pero Bella estaba muy emocionada y de ninguna jodida manera me perdería de su cumpleaños mañana. No sabía
mucho de su relación con su papá, pero sabía que eran muy cercanos ya que él fue todo lo que ella siempre tuvo. Me
preocupaba cómo iba a reaccionar él conmigo, especialmente considerando cómo había terminado su única relación.
Joder, ¿se desquitaría conmigo por eso? Supongo que podía entenderlo. Él no querría que la lastimaran de nuevo.

—¿Entonces tu padre no va a trabajar este fin de semana? —le pregunté mientras manejaba por la 101 hacia Forks.

—Nop —sonrió—. Oh, y me preguntó si querrías ir a pescar con él el domingo. Ya sabes, para pasar tiempo a solas.
Puedes usar a Sofía de excusa. Por cierto, sigue dormida.

Miré por el retrovisor y sonreí.

—Supongo que fue el viaje en carro. Y sí, necesito quedarme con ella, ¿sabes? No quiero obligarte a cuidarla y que tu
papá piense que me estoy aprovechando o algo así.

—Oh, sabe que la quiero, pero te dejaré usarla como excusa.

El GPS me dijo que girara a la izquierda en Calawah Way, y sentí un nudo en la garganta. Ya casi llegábamos ahí y el
pánico me inundó como nunca antes.

—¿Hay algo que deba saber?

—¿Como qué? —preguntó.

—Um… ¿está de acuerdo en que… salgas? Ya sabes, por lo que pasó con Jacob.

—Oh, no menciones a Jacob. Es un tema sensible para él. Pero él entiende que voy a seguir saliendo, Edward. Sabe
que soy una mujer adulta.

Asentí.

—De acuerdo, no mencionar a Jacob. —Giré por otra carretera y busqué la casa.

—Es ahí —dijo Bella señalando una casa con una patrulla en el camino de entrada.

Sí, nada más obvio. Me estacioné junto al carro y apagué el motor, respirando profundamente.

—Nunca antes he conocido a los papás de alguien, Bella. Si comienza a parecer que voy a joderlo, detenme, por favor.
Preferiría no avergonzarme a mí mismo.

Puso su mano sobre la mía y sonrió.

—Estarás bien, pero intentaré evitar que te avergüences. Creo que le agradarás a mi papá.

Resoplé.

—Claro, Bella. Aun así me voy a proteger con Pequeña.

Salimos de la SUV, saqué a Pequeña, que seguía durmiendo, con todo y porta bebé y me eché su pañalera al hombro.
Por el olor que había supe que se requería de un cambio de pañal lo más pronto posible. Dejamos las bolsas en el
carro por el momento y seguí a Bella por los escalones del porche hacia la pequeña casa de dos pisos. Antes de que
pudiera abrir la puerta de tela metálica, la puerta principal se abrió revelando a su padre.

Era de estatura promedio con cabello negro y un… jodido pornstacho*. Lo juro por Dios, tuve que contener la sonrisa.
Estaba usando una camisa de franela, lo cual sólo le sumaba a la gracia.

Es policía, me recordé. Y el papá de Bella. No te rías. Puedes reírte con Jasper y Emmett el lunes.

—Bells —dijo, abriendo la puerta de tela metálica e invitándonos a pasar. Rápidamente la jaló para abrazarla y le dijo
que la extrañaba.

Con que Bells, ¿eh? Me pregunté si me mataría por usar eso.

—Hola papi —dijo Bella sonriendo y regresó a mi lado—. Éste es Edward. Edward, éste es mi papá, Charlie.

Asintió mirando el porta bebé en mi mano.

—Es un gusto conocerte, Edward —dijo ofreciéndome su mano.

Le acepté el saludo y me apretó la mano con más fuerza de la que creí necesaria.

—Igualmente, señor.

—Y, Bells, supongo que ésta es la pequeña de la que estás enamorada —señaló.

Bella asintió y se movió detrás de mí. Dejé el porta bebé en el piso y ella sacó a Pequeña, haciéndola renegar un poco,
aunque cuando se dio cuenta de que era Bella quien la cargaba, recostó la cabeza en su hombro y bostezó.

—Esta pequeña que huele mal es Sofía —dijo—. Y probablemente deberíamos solucionar eso —se rió.

—Me llegó el olor cuando la saqué —dije—. ¿Por qué no la cambio yo mientras tú hablas con tu papá? Iré por el
equipaje en unos minutos.

Asintió pasándome a Pequeña. Claro que fue entonces cuando empezó a llorar. Genial. Bella me dijo que subiera a su
vieja habitación, que era la única puerta de la izquierda, así que agarré la pañalera y subí con Sofía. Miré la habitación
un poco, estaba bastante vacía a excepción de los muebles comunes. Las paredes eran color verde y había una gran
ventana que daba al bosque. Acosté a Pequeña en la cama, que no estaba alzada, y saqué una manta de su pañalera
para cambiarla ahí. Seguía llorando así que sobé suavemente su pancita.

—Ya voy, Pequeña —dije, bajándole los pantalones y abriendo su pañal—. Necesito que te portes bien este fin de
semana, ¿de acuerdo? Tienes que mantener el llanto al mínimo en las noches porque no quiero que Charlie tenga
problemas para dormir.

La limpié y puse el pañal sucio en una bolsa de plástico antes de ponerle un pañal nuevo y subirle los pantalones. Se
estaba tranquilizando y se chupaba la mano, así que se la saqué de la boca y le di el chupón. La cargué y me mecí,
tranquilizándola más mientras ponía sus manos en mi cabello y me lo jalaba.

—Ésa es mi niña buena —dije besando su mejilla—. ¿También te asustó el hombre con el pornstacho? Porque papi
está bastante asustado. Ése es el papi de Bella, y tengo miedo de no agradarle. Ella le contó cómo era yo antes de
tenerte, lo cual es la peor pesadilla de todo padre —suspiré.

Escupió su chupón, pero afortunadamente había recordado abrochárselo a su camisa.

—Pa ma —balbuceó.

¿Por qué eso sonaba como "papi malo"? Bien, estaba exagerando mucho.

—Bajemos las escaleras y conozcamos a Pornstacho. Mierda, espero que no se me salga decirlo —me reí.

Luego de pasarle Pequeña a Bella, bajé las maletas del carro, y luego regresé a la sala. Charlie estaba sentado en el
sillón meciendo a Sofía en su regazo con una sonrisa y Bella le contaba todo sobre ella. Obviamente haber traído a
Pequeña fue la mejor idea del mundo. ¿Quién podría no amarla?

—Es muy bonita, Edward —dijo Charlie mientras Sofía estiraba la mano y le jalaba el mostacho.

Carajo.
—Lo siento mucho —dije.

Apartó su mano y se rió.

—No te preocupes por eso. Todas las damas aman el mostacho.

—¡Papá! —dijo Bella.

—Estoy bromeando, Bells. ¿Quieres que te la regrese, Edward?

—Pronto va a querer su biberón —dije mirando mi reloj—. ¿Quiere dárselo usted?

—Oh, no. —Sacudió la cabeza—. Esto es todo lo que puedo hacer con bebés.

—Iré a prepararle el biberón —dijo Bella parándose del sofá.

De repente me quedé solo con su padre y no sabía qué jodidos decir. Él seguía hablando con Pequeña, y la hacía reír
mientras yo me sentía incómodo ahí sentado.

Luego de un rato en silencio dije:

—Gracias por invitarnos a pasar el fin de semana.

Sí, esa era una buena manera de comenzar, ¿cierto?

—De nada —dijo—. Bells habla mucho de ti, supuse que ya era hora. Me dijo que eras cirujano, ¿no?

Asentí.

—Cirujano general.

—No tengo idea de qué significa eso, hijo.

—Oh, um, mi especialidad se centra en los órganos abdominales.

—Ah, ¿entonces supongo que no haces cirugías cerebrales? —se rió.

—No desde la residencia. De hecho seguí los pasos de mi padre.

—Qué bien. Estoy seguro de que se siente orgulloso.

Y luego hubo más silencio incómodo entre nosotros dos. Bella parecía estar tomándose su tiempo con ese biberón.

—Entonces, eres el vecino de Bells —dijo—. Ella te salvó el trasero con esta pequeña, ¿verdad?

Me reí en voz baja rascándome la nuca.

—Uh, sí, lo hizo. No sé qué haría sin ella.

—Es una gran chica, aunque estoy bastante seguro de que yo no tuve nada que ver en eso. ¿La amas?

Directo al grano, ¿eh?

—Sí, señor. Es amable, inteligente, divertida, y simplemente maravillosa. No sé cómo es que tuve tanta suerte para que
me hablara.

—Yo tampoco —dijo arrullando a Pequeña—. Eres la bebé más feliz del mundo, ¿no?

Pues eso solucionaba el problema. Él no creía que yo debía estar con Bella, y no podía culparlo. Aunque eso sí, ya
sabes, dolía jodidamente. ¿Me odiaría para siempre? Si le decía a Bella que yo no le agradaba, ¿rompería conmigo?
Mierda. Sabía que venir aquí era mala idea.

—Aunque me dijo que eres un buen papá —dijo mirándome—, eso es importante. Cambiaste tu vida por esta pequeña
y te hiciste responsable. Sabes, eso dice mucho sobre un hombre y puedo entenderlo.

Parpadeé, confundido sobre a dónde jodidos quería llegar. Entonces… ¿no me odiaba?
—Amo a mi hija con todo mi corazón, y no puedo imaginar mi vida sin ella ahora… o sin Bella. Sé que conoce mi
pasado, pero le juro que ya no soy ese hombre.

Asintió.

—Creo en segundas oportunidades, pero si lastimas a mi hija… pues lo pagarás —sonrió, y juro por Dios que su
pornstacho se torció. Puede que tuviera un nudo en la garganta.

—¡Aquí va! —dijo Bella llegando con el biberón—. ¿Puedo cargarla, papá?

—Claro, Bells —dijo, levantando a Pequeña para que la cargara.

Bella se sentó junto a mí y acostó a Pequeña en sus brazos para darle el biberón. Encontré a Charlie mirándola con
una sonrisa mientras ella le hacía cariñitos a Sofía y limpiaba la baba que tenía en la barbilla. Era todo un espectáculo,
así que no podía culparlo. Me pregunté qué pensaría él de ver a Bella así; como una mamá. Quiero decir, básicamente
era la mamá de Pequeña, incluso aunque todavía no hablábamos mucho sobre eso, con excepción de esa ocasión en
la tienda. Sabía que era pronto, pero esperaba que un día Sofía le dijera mamá.

Sí, jodidamente pronto.

—Actúas de forma natural, Bells —dijo Charlie sonriendo—. ¿Es todo lo que come?

Bella sacudió la cabeza

—No, también come comida para bebé. Ya le dimos la cena antes de venir para acá, ya que íbamos a llegar muy tarde.
Su favorito es la papilla de pollo, pero come de todo bastante bien.

—Menos las zanahorias —me reí—. Siempre logra embarrármelas a mí, así que ya dejamos de intentarlo.

Sonrió.

—¿Te avienta la comida?

—También le escupe —Bella se rió suavemente—. He encontrado todo tipo de cosas en su cabello.

—Qué divertido, ¿pero contigo no?

Sacudió la cabeza.

—No, come muy bien conmigo. Aunque no sé por qué. Sólo he tenido que limpiarme como dos veces.

—Como dije, totalmente natural. Y bien, ¿había espacio suficiente para la cuna allá arriba? —preguntó cambiando de
tema.

Asentí.

—Ya armé la cuna portable. Probablemente se irá a dormir en una hora más o menos, pero primero tiene que jugar un
rato más. Tomó una siesta ya tarde en el carro. Esperemos que no cause muchos problemas.

—Pues siéntanse libres de hacer lo que necesiten. Ya me voy a acostar, si les parece.

—Claro, papi —dijo Bella sonriendo—. Ya pasó tu hora de dormir.

Se rió.

—Sí, después de las nueve. —Se levantó del sillón y se puso frente a ella, se inclinó y besó su mejilla—. Feliz casi
cumpleaños, cariño. Gracias por venir a verme.

—De nada. Buenas noches. Te quiero.

—También te quiero. —Movió su mano hacia la cabeza de Pequeña para acariciarla suavemente—. Buenas noches,
calabacita.

Espera… ¿le dijo calab acita a mi niña? Me refiero a que, claro, era pelirroja y eso, pero eso era… grosero. No me
gustaba, pero Bella se rió y dijo que era lindo. Joder no, no era lindo. Mi niña no era una maldita calabaza.

Luego de que Pornstacho subió las escaleras, Pequeña terminó su biberón y jugamos un rato. No estaba cansada en
absoluto, lo cual no era bueno. Ahora su horario estaba todo jodido. Tuvo una siesta tarde, un biberón tarde, y el
ambiente era nuevo. Por alguna razón sabía que todo esto me olía a desastre. Tenía razón. Nada de lo que hicimos la
hizo querer irse a dormir. Bella la meció, yo la mecí, pero tenía los ojos bien abiertos y se portaba de manera juguetona,
riéndose en voz alta y balbuceando sus disparates de siempre.

Cerca de las once Bella subió por un libro para niños. Esperábamos que leerle fuera la solución, así que sostuve a
Sofía en mis brazos mientras Bella le leía. Tenía fotos y también texto, el cual Pequeña tocó con alegría. Sólo pareció
despertarla más.

—¿Qué te parece uno de tus libros? —pregunté, suspirando derrotado mientras Pequeña se removía en mis brazos.

—Traje Sensatez y Sentimientos —dijo—. Puedo intentarlo.

Me encogí de hombros.

—Funcionó antes, ¿cierto? En este momento estoy empezando a desesperarme.

—Bien, iré por él —sonrió, y se inclinó para besar la frente de Pequeña antes de levantarse.

Cuando regresó comenzó a leer desde el principio hablando con voz suave. La verdad me importaba una mierda el
libro y nunca antes lo había leído. Por el aspecto que tenía la portada supuse que ésta no era la primera, o incluso
segunda vez que Bella lo leía. Luego de unas cuantas páginas Pequeña comenzó a bostezar y parpadear lentamente.
Había dejado de moverse y estaba quieta en mis brazos. Santa mierda, Bella era milagrosa. No sabía si era su voz, o
quizá Sofía encontraba el libro tan aburrido como yo, pero funcionó muy bien. Luego de veinte minutos estaba
completamente dormida.

Me levanté con cuidado y subimos las escaleras hacia la habitación de Bella. Ya antes había instalado la cuna, así que
acosté gentilmente a Pequeña mientras Bella preparaba nuestra cama. Me rasqué un poco la cabeza ante el hecho de
que Pornstacho estuviera de acuerdo en que compartiéramos cama, pero no había dicho nada. Supuse que ya se
había encargado de eso.

Luego de cambiarnos Bella y yo nos acostamos en la pequeña cama, y la jalé a mis brazos para besarla. No iba a
poder tocarla de verdad durante todo el fin de semana, así que agarré lo que pude y moví mi mano a su culo.

Se alejó de mí riéndose con suavidad.

—Eres terrible. ¿En la casa de mi papá? ¿En serio?

Sonreí.

—Iba a ir por tus pechos, pero sé cómo te pones.

Rodó los ojos y me besó de nuevo.

—Sólo tú, Edward. Sólo tú.

Pornstacho: combinación de Porno y Mostacho. En pocas palabras, Edward se burla mentalmente del bigote de Charlie
xD

¿Qué les pareció el encuentro de Edward con Charlie? Y esperen que todavía falta más...

Sobre las actualizaciones, intentaré que sigan siendo cada domimgo, cualquier cosa lo iré informando en el grupo de
Facebook: FungysCullen13-Traducciones, por si quieren unirse.

Espero que les haya gustado, ¡y gracias por sus comentarios! ^^

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*Chapter 26*: For Bella
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 26: Por Bella

Pequeña decidió esa mañana que seis y media era una hora suficientemente tarde para despertarse, así que me
despertó con sus balbuceos, aunque por alguna razón Bella no despertó. Ya que era su cumpleaños, yo felizmente me
apuré en salir de la habitación con Pequeña y su pañalera, para que Bella pudiera dormir más. Obviamente no era el
único regalo que le tenía, pero supuse que era una buena manera de comenzar el día.

El único problema de que ella durmiera más era que me quedaría solo con Pornstacho. Luego de cambiarle el pañal a
Pequeña en la sala, fuimos a la cocina y lo encontramos en la mesa bebiendo café y leyendo el periódico.

¿Todavía había gente que leía periódicos? Huh.

—Buenos días —dijo asintiendo mientras yo dejaba a Pequeña en su sillita para poder preparar su desayuno.

—Buenos días, señor.

Cambió de página y Pequeña se maravilló ante el nuevo sonido. Ojos brillosos, y jodidamente alegre no alcanzaban a
describir cómo se encontraba esa mañana. Ya estaba riéndose y aplaudiendo... todo por un periódico. Quizá yo estaba
cansado, pero a veces mi niña era rara.

—¿Bella sigue dormida? —preguntó Charlie mientras yo me servía una taza de café, y luego me sentaba para darle a
Sofía su papilla de fruta.

Asentí.

—Sí. Supuse que dejarla dormir en su cumpleaños sería un buen regalo de parte de Sofía.

Sonrió.

—Estoy seguro de que lo apreciará. ¿Durmieron bien?

—Sí, gracias. ¿Usted?

—También.

Y básicamente eso fue todo lo que nos dijimos mientras le daba de comer a Pequeña. Era un hombre callado, igual
que Bella. Ya sabes, supongo que algo incómodo. Cuando terminó su taza de café se fue a la sala y escuché que
encendía la televisión.

Luego de terminar con su fruta le di a Pequeña unas cuantas onzas de fórmula; estábamos solos en la cocina.

—Y, ¿cómo te va, Pequeña? —le pregunté mientras ella agarraba el biberón—. Espero que estés disfrutando del viaje.

Siguió bebiendo, me ignoraba como siempre.

—Es el cumpleaños de Bella, así que hoy debes comportarte mejor que nunca. Estoy seguro de que lo apreciará —
sonreí—, aunque siempre eres buena con ella. Puse tu nombre en la tarjeta, para que lo sepas. Aunque el collar es
sólo de parte mía. No creo que te moleste.

—Yo hacía eso —dijo Charlie, y alcé la cabeza de golpe. Mierda, era jodidamente sigiloso—. Hablaba con Bella sobre
todo con la esperanza de que ella me contestara.

Se sirvió otra taza de café y se sentó de nuevo en la mesa mientras yo le limpiaba la boca a Pequeña y le regresaba su
biberón para que se lo terminara.

—Siempre he hablado con ella —dije.


Asintió.

—¿Te ha contado Bella sobre la muerte de su madre?

—Uh, un poco. ¿Por qué?

—Tenía cuatro años cuando me la dieron. En realidad era una cosita. Estaba asustada a morir y no podía culparla por
no querer hablar. Ella y Renee estuvieron en un accidente de carros.

—Lo siento mucho —dije sacudiendo la cabeza—. No sabía cómo murió. Bella no habla mucho de ella.

—Sí, no la recuerda mucho. Como sea, estuvieron en un accidente de carros. Bella estaba acomodada en su asiento
de seguridad y salió con sólo un brazo roto, pero las heridas de Renée fueron fatales. Me llamaron porque Renée había
puesto mi nombre en su testamento. Estaba... sorprendido —suspiró parpadeando—. Quiero decir, un segundo era
soltero y estaba completamente solo, y luego de repente ya era el papá de una pequeña. Claro que di la cara, incluso
aunque no entendí por qué Renee nunca me contó sobre ella.

—¿Cómo lo manejó? Me refiero a que Sofía es una bebé. No sabe qué pasa. No puedo imaginar que tan... terrible fue
eso para Bella.

—Pues como dije Bells no me hablaba, ni a mí ni a cualquier otra persona. La llevé a un psiquiatra, y la mujer dijo que
era su manera de lidiar con lo que pasaba. Me sugirió unas cuantas cosas y Bella estuvo viéndola algunos años, lo
cual supongo que la ayudó. La sugerencia fue que hablara con Bells. Sin importar lo que estuviera haciendo, tenía que
hablar con ella. Ya sabes, decirle que iba a sacar la basura o que iba a sacar algo del refrigerador. También le hacía
preguntas. Un día me respondió y no fue sólo un encogimiento de hombros o un asentimiento —sonrió mirando su
taza—. Le pregunté que si quería jugo de naranja; llevaba un mes haciéndolo y siempre se encogía de hombros, pero
en esa ocasión susurró, "De manzana, por favor". A partir de ahí empezó a hablar más, bueno, no mucho más, pero
comenzó a hablar lo que era normal.

—Sigue siendo muy callada —dije.

Asintió.

—Supongo que es igual a mí. Su madre era ruidosa —se rió.

Sonreí para mí al verlo hablar sobre la mamá de Bella.

—¿En serio?

—Sí, pero era maravillosa. Hoy en día sigo lamentándome por no haber ido tras de ella. Aprendí de la manera difícil que
si amas a alguien, no debes dejarlo ir porque puede que no vuelvas a tener otra oportunidad. —Frunció el ceño
aclarándose la garganta—. Bueno, tengo que ir a envolver el regalo de Bells. Pensé en hacer lo que siempre hacemos;
una cena en The Lodge. ¿Te parece bien?

Asentí.

—Claro que sí. ¿Allá le damos los regalos?

Se encogió de hombros.

—Si quieres, hijo. Yo, uh... lamento si este viaje arruinó tus planes con Bella, es sólo que es mi niña y la he extrañado.

Sonreí cargando a Pequeña para sacarle los gases.

—Esto era lo que ella quería, y su felicidad es todo lo que me importa.

Cuando se puso de pie estiró la mano y me palmeó el hombro.

—Eres inteligente.

Charlie, Pequeña y yo nos sentamos en el sofá a ver un programa sobre pesca —que por cierto era aburridísimo—
hasta las nueve. Bella bajó con una sonrisa y se sentó junto a mí, presionó sus labios sobre los míos luego de saludar
a su papá.

—Feliz cumpleaños —le dije sonriendo.


—Gracias. Y gracias, Sofía. Anoche estuviste muy callada, e incluso logré dormir más.

Mecí la rodilla donde estaba sentada Pequeña mientras ella balbuceaba.

—Dice que no fue nada y que le alegra que te haya gustado su primer regalo.

Bella la cargó, levantándola sobre su cabeza para luego bajarla y darle un beso en la mejilla.

—Aww, qué dulce de tu parte, bebita. Pero primer regalo, ¿eh? ¿Qué tiene planeado tu papá?

Me reí haciéndole cosquillas a Pequeña en la pancita.

—Me alegra tanto que todavía no sepas hablar. Bella tendrá que esperar, ¿cierto?

Bella hizo un puchero y besó de nuevo la mejilla de Sofía antes de regresármela. Pasamos la mañana en la casa, más
que nada jugando con Pequeña. Sólo diré que Pornstacho amaba a mi hija, incluso se sentó en el piso con ella y Bella,
y la niña gateó hacia él. Se sentía atraída por su bigote, literalmente, en cualquier oportunidad que se le presentaba se
lo jalaba, haciéndolo reír. El hombre en realidad no daba miedo como lo había imaginado, aunque probablemente era
imposible dar miedo cuando dejabas que una bebé te dominara sólo para hacerla reír.

Luego de almorzar Pequeña se quedó dormida sin problemas. Incluso aunque no sabía cómo cambiar un pañal o
darle de comer, Charlie aceptó quedarse con ella por una hora ante la solicitud de Bella. Yo me sentía un poco
reticente, pero Bella quería enseñarme algo.

—Va a estar dormida, Edward —dijo preparando un biberón para más tarde—. Sólo tardaremos diez minutos, lo juro.
Sabes tan bien como yo que en cuanto se duerme, casi siempre lo hace por dos horas.

Suspiré vacilante mientras asentía.

—De acuerdo, pero llamará si se despierta, ¿verdad, Charlie?

—Claro que sí —dijo—. Mantendré el monitor junto a mí y la televisión con el volumen bajo para no despertarla.

—Papá sabe primeros auxilios —dijo Bella sonriendo. ¿Por qué carajo creyó que eso me haría sentir mejor—. No es
que los vaya a necesitar, por supuesto —agregó rápidamente al ver mi expresión—. Estará bien. Créeme.

—Bien, pero hablo en serio sobre llamarme.

Charlie se rió suavemente mientras asentía.

—Entendido. Diviértanse, y feliz cumpleaños de nuevo, Bells. —Se inclinó para abrazar a Bella.

—Gracias, papi. —Sonrió.

Resultó que el lugar al que Bella quería llevarme sí estaba a diez minutos saliendo por el porche de atrás. Iba
agarrando su mano mientras seguíamos un camino a través del bosque y hablábamos sobre Pornstacho y Pequeña.

—La adora —dijo sonriendo—. Creo que es lindo que ella capture los corazones de todos.

—Es igual a mí, sólo que más pequeña —me reí.

—Oh, claro, eres el hombre más adorable del mundo —bromeó—. Pero sí, le agradas a mi papá, eso me hace feliz.

—¿Te dijo eso él? —pregunté cuando llegamos a un río.

—Pues no, pero no tiene que hacerlo. Puedo verlo. Ven, siéntate conmigo —dijo, jalándome hacia un tronco que estaba
caído en un lado—. Y bien, ¿qué te parece?

Miré a mi alrededor sin encontrar nada remarcable. ¿Esto era lo que quería enseñarme? ¿Un río en medio del bosque?

—Um... está oscuro.

Respiró profundamente y cerró los ojos.

—Éste es mi lugar secreto. Solía venir aquí cuando era adolescente a... leer o pensar. A veces también venía a llorar.
Mi ceño se frunció y apreté su mano con suavidad.

—¿Llorar?

Sonrió con tristeza.

—Cuando extrañaba a mamá y sólo quería estar sola, venía aquí y hablaba con ella. Cuando tuve mi primer
enamoramiento con un chico y él no me daba ni la hora del día, vine aquí y le pregunté por qué era eso. Quiero decir,
obviamente no podía preguntárselo a papá, así que quería hablar con mi mamá. Claro que nunca obtuve una
respuesta, pero por alguna razón me sentía mejor. Estoy segura de que piensas que estoy loca, pero de verdad creo
que puede escucharme aquí.

Arrastré el pie entre la tierra mientras sonreía y miraba a mi alrededor.

—Hola Renée. Soy uh... Edward.

—Oh, ella te conoce —dijo Bella, acercándose a mí cuando la envolví con mi brazo—. Cuando vine aquí hace un tiempo,
le conté de ti. De hecho pasé dos horas aquí. Le conté sobre lo mucho que habías cambiado, pero que aún así tenía
ciertos miedos. Le conté que ya te amaba, incluso aunque no fuera una buena decisión. Y por supuesto que le conté
sobre Sofía. Para cuando regresé a casa, tenía la sensación de que necesitab a escucharte, a pesar de seguir molesta
contigo por haberme ignorado.

Asentí.

—Fue algo estúpido de mi parte. Entonces, ¿crees que le agradaría?

Se encogió de hombros.

—Si estuviera aquí y fuera como imaginó que es, diría que sí. Papá siempre dice que ella veía lo mejor de las
personas, así que creo que vería lo que yo veo. Vería que eres un papá maravilloso, incluso aunque tú mismo no lo
veas, y vería lo considerado que eres, aunque no te guste admitirlo. Creo que le encantaría tu sentido del humor.

Sonreí.

—Soy jodidamente gracioso.

Rodó los ojos sacudiendo la cabeza y con una sonrisa tironeando de sus labios.

—Sí que puedes hacerme reír, pero usualmente es algo que haces, no lo que dices.

Besé su cabeza.

—Lamento que no hayas conocido a tu mamá. Y ciertamente no creo que estés loca por pensar que puede oírte.
Espero que sí pueda.

Asintió.

—Yo también, si no quiere decir que llevo años hablándole a los árboles —se rió con suavidad.

—Bueno, puede que eso sí sea de locos —me reí entre dientes y ella recostó su cabeza en mi pecho—. Y bien, sobre
agradarle a tu papá... ¿cómo lo sabes?

—Pues aún no ha comenzado a limpiar sus pistolas frente a ti. Hizo eso con Jacob y con Eric, mi pareja del baile de
graduación. En serio, tenía la pistola en mano cuando Jacob me recogió para nuestra primera cita.

Me reí.

—De hecho sí puedo imaginarlo.

—En realidad esperé que hiciera eso anoche cuando llegamos, así que fue una grata sorpresa ver las pistolas en el
estante.

Pensé en el estante de pistolas que estaba en la sala de Pornstacho. Eran un poco... intimidantes, así como el cinturón
para pistolas que colgaba de la barandilla.

—Me encontró hablando con Pequeña esta mañana y comenzamos a hablar de cuando eras pequeña.
Ladeó la cabeza.

—¿En serio? ¿Sobre qué?

—De que él hacía lo mismo, pero por diferentes razones.

Sonrió.

—Sí, recuerdo vagamente sus charlas que no tenían fin. Cambió de ser tan callado como un ratón a hablar sobre cada
pequeña cosa que iba a hacer. Afortunadamente no duró para siempre. Supongo que se detuvo cuando las cosas
estuvieron un poco más normales, cuando nos conocimos el uno al otro. Aunque fue duro. Él no sabía lo que estaba
haciendo y sólo se dificultó más cuando empecé a crecer. Aún así intentó hacer lo mejor que pudo. Dios —se rió—,
comprar mi primer sostén fue humillante para ambos.

Casi resoplé ante esa idea.

—Te voy a dejar eso a ti, para que lo sepas.

—Oh, qué bien, pero entonces las aves y las abejas son tuyas.

—Joder no —dije sacudiendo la cabeza—. Me encargaré de enseñarle a manejar.

Me ofreció su mano riéndose.

—¿Trato?

—Trato —dije dándole un apretón a su mano.

Sí, no había nada de raro en esa discusión. Después de decidir que queríamos un futuro juntos, ¿por qué habría de ser
raro? Sí quería que Bella fuera la mamá de Pequeña, y por la forma en que actuaba, estaba seguro de que ella quería
lo mismo. Aun así todavía no hablábamos bien sobre eso y me pregunté si sería demasiado pronto. También me
pregunté si es que teníamos que hablar sobre eso. ¿Necesitaba preguntarle? Probablemente, pero decidí que eso
podía esperar un poco más. Demonios, todavía ni siquiera vivía conmigo.

Nos quedamos sentados en ese tronco en medio del bosque por un rato más. Hablamos un poco más, pero más que
nada disfrutamos del silencio y tranquilidad. También me di cuenta de que no tenía que mantener mis manos alejadas
de ella, así que aproveché la oportunidad y la besé como quería mientras mis manos agarraban cosas que Charlie
probablemente no querría ver. Tristemente ella dijo que sexo en un tronco sería peligroso, y no divertido como yo
sugería.

Maldición.

Cuando llegamos a la casa Charlie dijo que Pequeña seguía dormida, aunque eso no evitó que fuera a verificar. Claro
que ella seguía acostada en la cuna con la boquita abierta. Besé su frente y luego bajé las escaleras para unirme a
Bella y a su papá.

—Y bien, Edward, ¿Bella ya te dijo sobre ir a pescar mañana?—preguntó Charlie cambiándole el canal a la televisión.

Bella abrió la boca, pero yo hablé primero:

—Nunca he pescado, señor, pero supongo que puedo intentarlo.

Ella sonrió entrelazando sus dedos con los míos a la vez que musitaba:

—Gracias.

¿De verdad quería ir? Demonios no, pero sí quería hacer feliz a Bella. Además, ¿qué tan difícil puede ser? Me sentaré
en un bote por unas horas con una caña de pescar. Sencillo. Probablemente ni hablaríamos mucho. ¿No había una
regla que decía que debes guardar silencio mientras pescas?

Charlie asintió.

—Qué bien, nos vamos a las cinco. Te prestaré algunas cosas.

Miré la sonrisa en el rostro de Bella para recordarme por qué hacía esto, porque cinco de la mañana me parecía
jodidamente ridículo.

—Suena... divertido —mentí entre dientes con una sonrisa falsa.

Cuando Pequeña se despertó de su siesta, Bella y yo sacamos la carriola del carro y la llevamos a dar un paseo. Por
una vez estaba soleado en esta parte de Washington. Bella dijo que no podía creerlo. La calle en donde creció parecía
ser agradable, y unos cuantos de sus viejos vecinos estaban afuera haciendo cosas en sus jardines. Cuando
pasamos frente a una casa, una mujer grande saludó a Bella y nos detuvimos para que pudieran platicar. Por su
conversación descubrí que la mujer —cuyo nombre era señora Martha, por cierto— había cuidado a Bella cuando ésta
era pequeña. Claro que la señora Martha rápidamente preguntó por Pequeña, y Bella le contó con felicidad todo sobre
mi hija.

Alardeó sobre los logros de Sofía mientras dejaba que la mujer la cargara, que por cierto no me agradó mucho que lo
hiciera. Aún así lo dejé pasar porque ver a Bella hablar sobre mi hija como si fuera suya me hacía jodidamente feliz. Me
di cuenta de que probablemente yo sonaba como ella cuando hablaba sin parar sobre Pequeña en el trabajo.
Demonios, incluso había comenzado a enseñarles fotos de ella a las enfermeras. Les encantaban esas mierdas.

—Bueno, tengo que regresar a mi trabajo en el jardín —dijo la señora Martha regresándole Pequeña a Bella—. Fue
bueno volver a verte, cariño, y fue encantador conocerte a ti y a tu hija, Edward. Felicidades.

—Gracias —dije mientras Bella acomodaba a Sofía en la carriola.

Seguimos caminando mientras hablábamos sobre la infancia de Bella. Finalmente aprendí cosas que antes se había
mantenido guardadas. De verdad se abrió a mí hoy. Cuando comenzó a hablar sobre su época en la preparatoria no
pude evitar reírme de algunas de las cosas que decía.

—Oh, y en una ocasión Mike Newton intentó invitarme al baile de bienvenida —dijo—. Yo era tan torpe y accidentalmente
machuqué su mano con la puerta de mi casillero cuando me lo preguntó.

Me reí.

—¿Supongo que no fuiste con él?

Sacudió la cabeza.

—Oh, no. Retiró la oferta bastante rápido. Me refiero a que le rompí la mano, lo cual lo sacó efectivamente del primer
juego. Nuestro equipo de fútbol apestaba tal como era, pero sin él no tenían ninguna oportunidad. Sólo diré que
después de eso recibí algunas miradas bastante desagradables —se rió—. Te dije que era torpe. La preparatoria fue
horrib le para mí.

—Entonces supongo que es algo bueno que esas mierdas en realidad no importen.

—En realidad mi papá me hubiera dicho eso. Me dijo "Que se frieguen, Bells" y luego me llevó a cenar tarta con helado
para hacerme sentir mejor. Aunque ahora que lo pienso, creo que todo lo que él quería era comer tarta.

Sonreí.

—¿Al menos la tarta sirvió de algo?

—Sí, un poco —dijo asintiendo cuando giramos para regresar a casa de su papá—. Entonces, ¿cuándo me darás mi
regalo? —sonrió.

Me reí entre dientes sacudiendo la cabeza.

—Eres muy impaciente. ¿Qué se siente tener veintiséis? Pronto cumplirás treinta —bromeé.

—A diferencia de ti, yo no tengo miedo de crecer. Además todavía me faltan cuatro años. Para entonces tú tendrás 34,
no quiero ni pensarlo, viejito. —Se detuvo y alzó una mano—. ¿Es esa una cana?

Agarré su mano apartándola de mí.

—Eso no es gracioso.

Se rió soltando mi mano y envolviendo su brazo a mí alrededor.

—Estoy jugando. Tu cabello se ve más broncíneo que nunca.


Cuando regresamos a casa de Pornstacho, Bella le dio de cenar a Pequeña mientras yo me bañaba y me vestía.
Cuando terminé ella se metió a bañar y yo me encargué de preparar a Pequeña para esta noche. Sorprendentemente
se quedó quieta mientras le ponía el moño, aunque puede que eso haya sido porque estaba entretenida por las ondas
de su vestidito rosa. Estiraba los rizos y se sorprendía al ver como regresaba a su forma original de onda. Su expresión
era jodidamente adorable. Luego de ponerle los zapatos la cargué y saqué el collar de Bella de la maleta metiéndolo
en el bolsillo de mi chaqueta.

—De acuerdo, Pequeña —dije mientras agarraba su pañalera—, bajemos para esperar a Bella y Charlie. ¿Sabías que
te ves hermosa?

—¡Nahhh eee! —balbuceó aplaudiendo. Me reí y besé su mejilla antes de bajar las escaleras.

Charlie ya estaba sentado en el sofá listo para irse, con un regalo envuelto en su regazo. Me sorprendió ver que no
estaba usando algo de franela, en lugar de eso iba vestido... formal. Huh. Quizá The Lodge era más formal de lo que
imaginaba. Aun así no me sorprendería si tuvieran animales muertos colgando de las paredes.

Pornstacho nos miró y asintió sonriendo.

—El moño está un poco chueco.

Me senté y giré a Pequeña en mi regazo.

—Juro por Dios que estas cosas son imposibles. Me refiero a que, ¿de verdad tiene que usar moños?

Él se rió de forma ronca.

—Pues lo que sí es seguro es que se ve preciosa con los moños. Bella no era demasiado femenina, así que gracias a
Dios nunca tuve que lidiar con eso.

Le quité el moño y después se lo volví a poner, intentando asegurarme de que esta vez sí quedara derecho.

—Ella no tendría ningún moño si no fuera por mi madre. Fue ella quien compró todas las cosas de Pequeña cuando
me la entregaron. Hace un tiempo también se fue de compras con Bella. Compraron más moños y diademas. Ridículo.

—Entonces, uh... ¿qué piensan tus papás de la niña? Supongo que te apoyaron, ¿no?

Asentí.

—Sí, me ayudaron mucho. Mi papá esperaba que diera la cara, algo que sí hice, incluso aunque yo no creyera poder
hacerlo. Aunque ahora no sé qué haría sin Sofía. —La alcé y besé su mejilla para hacerla reír.

Mientras esperábamos a Bella, Charlie y yo platicamos un poco, más que nada sobre Pequeña, pero también sobre
Bella. Antes de que ella bajara y nos interrumpiera, él me estaba contando que Bella había heredado la torpeza de su
madre.

—No soy tan torpe —dijo Bella mirando a Charlie con los ojos entrecerrados.

Él se rió poniéndose de pie.

—No puedo contar la cantidad de veces que te tropezaste de esas escaleras, Bella.

Rodó los ojos y me quitó a Pequeña para meterla al porta bebé.

—Gracias, papi.

—No es como si no lo supiera —me reí—. Quiero decir, ¿recuerdas cuando nos conocimos? Te tropezaste ese día y
también está el incidente de boliche.

—Ja, ja, ja, todos ríanse de la torpeza de Bella. Es mi cumpleaños, sean amables conmigo.

Me incliné para besar su mejilla ya que Pornstacho nos estaba viendo. Una cosa era que ella me besara a mí, no
quería faltarle el respeto al hombre en su propia casa, además nos habíamos estado llevando bien, no quería
estropear eso.

En cuanto Pequeña estuvo lista para irnos nos subimos a la SUV de mamá con rumbo al restaurante. Charlie se sentó
enfrente conmigo para irme dirigiendo. Me puso jodidamente nervioso. Tenía a un policía viéndome conducir. ¿Podría
ponerme una multa aunque no estuviera en horas de trabajo? Por precaución manejé más lento que nunca y me
aseguré de usar todos mis señalamientos. En cierto momento escuché su risa, pero no le di importancia.

Cuando llegamos a The Lodge —que juro por Dios era su nombre—, descubrí que tenía razón sobre los animales
muertos. Sí, no eran para nada raros. Charlie fue recibido de manera cálida, todos le decían Jefe. Él sólo les dedicó un
asentimiento mientras nos llevaban a nuestra mesa.

Acerqué una sillita alta y puse sobre ella el porta bebé de Pequeña para que pudiera vernos. Miró a su alrededor con
una sonrisa en el rostro, admirando los nuevos paisajes y los nuevos rostros. Pequeña fue la protagonista cuando
llegó la mesera, como siempre. También resultó que Bella había asistido a la escuela con esa mujer; Tracey.

—No tenía ni idea, Bella —dijo—. ¡Felicidades por la bebé!

Bella se sonrojó, sonrió y sólo dijo:

—Gracias.

Pudo haberla corregido, pero no fue así. Por otro lado, Pornstacho la miró con la ceja alzada. Ella se encogió de
hombros y ordenó su comida, después ya no se dijo nada más. Me pregunté si a Charlie no le agradaría la idea de que
la gente asumiera que Bella era la mamá de Pequeña. Quiero decir, puedo ver por qué no le gustaría; ella no era la
mamá de Sofía, aunque yo la considerara eso.

Durante la cena Charlie y Bella hablaron mucho sobre su trabajo y los niños a los que daba clases este año. Él le
preguntó que si había pensado en regresar a la escuela, y ella dijo que por ahora estaba feliz así. La forma en que
hablaba de sus niños no dejaba duda de eso.

—¿Has considerado cuándo quieres retirarte? —preguntó Bella cortando su carne.

Charlie se encogió de hombros.

—No en un futuro cercano.

Ella suspiró suavemente. Ya habíamos hablado antes del trabajo de su papá. Ella quería que se retirara porque le
preocupaba, pero el hombre no quería hacerlo. Bella dejó el tema y comenzó a preguntar sobre nuestro viaje de pesca
de mañana, de lo cual él habló con mucha felicidad. Sonaba tan jodidamente aburrido. Estaríamos sentados en un
bote durante horas sin hacer nada. No entendía cómo es que alguien podría encontrar divertido eso.

Supongo que era mejor eso a que me llevara de caza.

Cuando terminamos de cenar la mesera trajo el pastel. Nadie cantó, y supuse que si hubieran cantado, Bella hubiera
muerto de vergüenza. En lugar de eso nos dejaron solos y Bella apagó las velas mientras cargaba a Pequeña, que se
había puesto un poco renegona.

—Feliz cumpleaños —dije inclinándome para besar su mejilla.

—Feliz cumpleaños, Bells —dijo Charlie—. Gracias por venir a pasarlo con tu viejo.

Sonrió.

—No fue nada, papi.

Mientras comíamos pastel, Bella metió el dedo en el betún y Pequeña lo chupó con mucha felicidad. Le encantó, así
que Bella le dio un poco más luego de preguntarme si me parecía. No le veía nada de malo, quiero decir, no es como si
hubiera comido mucho. Además, las jodidas risitas y su expresión no tenían precio. Tenía que tomar una foto para mi
mamá.

Cuando terminamos de comer Charlie fue el primero en darle su regalo. Fueron dos libros y un separador, que a Bella
le encantó. Obviamente el hombre conocía a su hija. Luego de que lo abrazó y se acomodó en su asiento, yo saqué la
caja del collar y se la di.

Pequeña vio fascinada como Bella arrancaba el papel. Cuando Bella abrió la caja se le desencajó la mandíbula y abrió
los ojos como platos.
—Edward —susurró, pasando un dedo sobre el dije en forma de corazón hecho de pequeños diamantes.

No era nada grande, y mamá me había ayudado a escogerlo. La verdad no sabía qué jodidos comprarle a Bella para
su cumpleaños, pero algo de joyería parecía ser una buena idea. Le había encantado el brazalete que le compré hace
un tiempo —el cual llevaba puesto—, así que decidí que un collar sería una buena idea.

—¿Quieres que te lo ponga? —le pregunté sonriendo al igual que ella.

Asintió pasándome la caja.

—Sí, por favor. Edward, es hermoso. Gracias.

Me puse de pie y lo pasé alrededor de su cuello, sacándole el cabello de la cadena. Jugó con el dije y se lo enseñó a
Sofía, que lo envolvió con sus deditos.

—De nada —dije, besando su mejilla una vez más. Giró la cabeza hacia mí y presionó sus labios sobre los míos—. Te
amo.

Sonrió.

—Yo también te amo.

Disculpen la larga demora, espero que les haya gustado.

¡Gracias por comentar! ^^

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*Chapter 27*: Fuck, I Fell Out of the Boat
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Este capítulo viene dedicado especialmente para Zanzamaru, cielo, ¡Feliz Cumpleaños! Espero que pases un día
divertido y lleno de bendiciones. Te mando besos, abrazos y mis mejores deseos.

Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 27: Carajo, me caí del bote

Más pronto de lo que pensaba, se llegaron las cinco de la jodida mañana. Demonios, Bella ni se levantó de la cama.
Les di un beso de despedida a ella y a Pequeña antes de salir con Charlie. Nos fuimos en una camioneta vieja —no
tan vieja como la de Bella, gracias a Dios— con un bote enganchado a ella y condujimos unos veinte minutos hasta el
lago.

Me explicó cómo meter el bote al agua e hice lo que pude para ayudar. Afortunadamente no tuve que hacer mucho, sólo
tenía que informarle cuando llegara a cierto punto con irregularidades en el suelo. Aparte de lo del bote no hablamos
mucho. Seguía jodidamente cansado, y él estaba muy... callado. Funcionaba bien para los dos.

—Nunca has pescado, ¿verdad? —preguntó Charlie cuando llegamos al centro del lago.

Sacudí la cabeza.

—Nunca. Mi papá no es... del tipo que anda al aire libre, supongo que ya lo adivinó usted.

Asintió pasándome una de las cañas.

—No hay problema. Primero te enseñaré cómo usar la caña.

Me dijo cómo lanzar la línea, enseñándome cómo hacerlo antes de darme la caña. Luego de joderlo un par de veces,
finalmente descubrí cómo hacerlo. En realidad no parecía ser tan difícil. Luego de que terminó de explicarme todo,
Charlie le puso un asqueroso gusano al gancho de mi caña y me la dio antes de preparar la suya. Luego sólo nos
quedamos sentados. Los únicos sonidos provenían de las aves y otras criaturas que estaban en las cercanías del
bosque.

Estaba a punto de quedarme dormido de lo aburrido que estaba. El tiempo pasaba lentamente cada vez que veía mi
reloj. Charlie sólo estaba sentado viendo la cosa moverse en el agua.

—Está muy tranquilo —dije chasqueando la lengua.

Gruñó asintiendo.

—Sí.

—Sí hay peces aquí, ¿verdad?

Me miró alzando una ceja.

—Sí, sólo necesitamos ser pacientes. Ya vendrán.

Y así seguimos esperando por más tiempo. Eventualmente él atrapó algo, aunque luego lo soltó y me dejó
preguntándome por qué carajo haría eso. ¿El propósito de esto no era atrapar peces?

—Revisemos tu caña —dijo poniéndole un gusano nuevo a la suya.

Enredé la línea y descubrí que ya no estaba mi carnada. ¿Cómo... qué demonios? Ni siquiera sentí nada. Joder, odiaba
que un pescado me hubiera superado.

—No sentí nada —le dije.


Se encogió de hombros.

—A veces los bastardos son bastante sigilosos.

Luego de poner nuevas carnadas, volvimos a lanzar nuestras líneas. Tenía que preguntar. No podía evitarlo.

—¿Por qué lanzó de regreso al primer pescado?

—Era demasiado pequeño. No me lo iba a poder comer, así que para qué matarlo. Además, hoy no se trata tanto de la
pesca. Quería un poco de tiempo a solas contigo... para hablar.

Tragué. Ayer se portó genial. Pensé que nos estábamos llevando bastante bien, así que me pregunté de qué querría
hablar. Jesucristo, si me preguntaba cuáles eran mis intenciones con su hija, podría morir de risa o de vergüenza. No
estaba muy seguro de cuál sería la definitiva.

—Oh —dije—. De acuerdo.

Miró hacia el agua antes de hablar.

—Es raro, ¿sabes? Ver como es Bella con tu hija. Parece tan... natural. Si no lo supiera, diría que ella es la mamá de
esa pequeñita.

—Siempre ha sido muy buena con ella, pero puedo ver por qué es raro para usted. Anoche se inquietó un poco cuando
esa mesera asumió que era hija de Bella.

Asintió.

—Así es, pero no es que tenga algo contra ti o tu hija, Edward. Sólo me preocupo por mi niñita.

—Yo la amo. Sé que he cometido errores en mi vida y no la merezco, pero ella significa mucho para mí. No quiero
perderla. No puedo sentarme aquí y decirle que sentiría lo mismo si ella no quisiera tanto a mi hija, porque eso es un
factor importante. Pero sé que la amo por más que sólo eso. Ella me ha hecho una mejor persona. Creyó en mí cuando
ni yo mismo creía en mí. Conoce mis defectos, pero aún así me acepta por quien soy.

Sonrió un poco y el pornstacho se removió.

—Ve lo mejor de las personas, igual que su madre.

—Es cierto, y amo eso de ella. La verdad, Charlie, no sé qué haría sin ella. Asumió el papel de mamá de Sofía y todavía
no hablamos sobre eso. Apenas llevamos unos meses juntos, pero sé lo que quiero; y es ella. La quiero a ella y a mi
hija. Quiero... que algún día seamos una familia.

—Hijo, ya lo son —se rió—. Aunque todavía no lo hablen, ella se ve a sí misma como la mamá de esa pequeña. Eso es
lo que me preocupa. Si te la llevaras, la destrozarías.

—Nunca haría eso. De verdad quiero pasar el resto de mi vida con ella. Yo sé que nuestra relación no es convencional.
Tengo una hija, y eso hace que las cosas sean diferentes, pero también las hace mejores. No estamos perdiendo el
tiempo, preguntándonos hacia dónde vamos; lo sabemos. En mi corazón sé completamente bien qué es lo que quiero.

Asintió.

—Eso era lo que necesitaba escuchar. Sabes, cuando vino ya hace un tiempo, estaba hecha un desastre. Lloró, y me
juré a mí mismo que no dejaría que otro hombre la lastimara al igual que Jacob. No quería que me agradaras después
de todo lo que ella me dijo, pero ahora que veo cómo eres y cómo actúas..., pues eres bueno para ella. Tú y tu hija lo
son.

—Creí que me odiaría —dije cuando sentí un tirón en mi línea. Santa mierda—. ¡Atrapé algo!

Puso su mano en la caña porque yo estaba a punto de soltar la maldita cosa.

—¡Dale vuelta!

Le di vuelta tan rápido como me era posible, sintiendo la resistencia. De repente un pez enorme salió volando del agua
causándome un susto de muerte. Me tropecé hacia atrás, cayendo fuera del jodido bote hacia el lago. Floté hacia la
superficie con rapidez gracias al chaleco salvavidas. Escuché su maldita risa antes de abrir los ojos.
Pornstacho estaba riéndose a carcajadas con los ojos cerrados y se aferraba a su estómago. ¿Qué. Mierda? Nadé de
regreso al bote poniendo las manos en la orilla para subirme porque él no se molestó en ofrecerme ayuda. Aunque en
cuanto el bote comenzó a mecerse se tranquilizó y me ofreció su mano.

—Ladea el bote y te odiaré —dijo cuando me ayudó a subir.

Luego de que estuve dentro del bote siguió riéndose mientras yo escupía el agua y encontraba a mi pescado saltando
a mí alrededor. Odiaba pescar, y para demostrar mi punto me iba a comer a ese cabrón

—Santa mierda, hijo —dijo intentando calmarse—, ¿estás bien?

Sacudí la cabeza salpicándolo de agua.

—Sí, estupendo —lo miré mal—. Por cierto, yo comeré a esa cosa.

Lo levantó para examinarlo y luego asentir.

—Una buena pesca. Lo prepararé para ti.

Me quité los zapatos para escurrirles el agua.

—¿Ya terminamos?

Sonrió.

—Claro, demos por terminado el día.

El camino de regreso a la casa de Charlie fue bastante incómodo, por no decir más. No me arrepiento de haber
mojado su asiento porque cuando me quejé de eso, él se rió de nuevo. Al parecer el hombre sí tenía sentido del humor.
¿Quién lo diría?

—Lo lamento, pero fue una de las cosas más graciosas que he visto en mucho tiempo —dijo mientras yo intentaba
encender mi celular. No funcionó, claro. La cosa había estado en mi bolsillo.

—Sí, definitivamente no lo olvidaré —suspiré.

—Aun así gracias por acompañarme. Me alegra que pudiéramos hablar.

Asentí.

—Por supuesto, pero no se repetirá.

Se rió entre dientes.

—No puedo culparte. Quizá podamos ir a cazar para la próxima. ¿Has usado una pistola antes?

Joder, rezaba porque estuviera jugando, pero tenía la sensación de que no era así.

—No, y me temo que no puedo decir que tenga ganas de hacerlo.

Se encogió de hombros.

—Lo entiendo. Además, si terminas pegándote un tiro, Bells me mataría.

Cuando llegamos a la casa también Bella se rió de mí. En serio, yo no le encontraba lo gracioso. Sólo Dios sabe qué
clase de bacterias había en el agua. Al darse cuenta de que yo no me estaba riendo, Bella se detuvo y me besó,
sonriéndome al separarnos.

—Lamento que te hayas caído —dijo—. Si te hace sentir mejor, yo también me he caído. Pero para ser justos, fue por
mi torpeza, no porque un pez me asustó.

—¿Ya lo viste? —le pregunté, abriendo las manos para enseñarle el tamaño—. ¡Tenía razón en asustarme! Iba volando
hacia mí, ¿de acuerdo?

Se mordió el labio intentando no reírse.


—De acuerdo, Edward. ¿Por qué no vas a bañarte? Papá va a preparar tu pescado monstruo y lo va a freír para la
comida. Estoy segura que para cuando termines Sofía estará lista para su biberón.

—¿Se portó bien?

Sonrió asintiendo.

—Fue una perfecta angelita como siempre, aunque creo que extrañó un poco a su papi.

Me agaché para besar sus labios por un momento antes de dirigirme a la ducha. Cuando terminé me senté en la sala
con Pequeña y le di su biberón. Bella estaba en la cocina con su papá, así que estábamos solos.

—Juro que nunca te obligaré a pescar —dije besando su frente—, pero la buena noticia es que le agrado a Charlie.
Básicamente me dijo eso. Tú también le agradas, pero eso se daba por hecho. No estaba seguro de qué tan ligada
está Bella con nosotros, pero creo que ya lo entiende.

Ella estaba agarrando el biberón, lo sostenía sin ayuda y me miraba.

—Ya estoy listo para ir a casa. He tenido suficiente emoción. Y, uh... creo que le preguntaré a Bella algo más tarde. —
Sonreí agachándome para susurrarle—: Esperemos que diga que sí, ¿de acuerdo?

Luego de que Pequeña terminó su biberón, me senté en el piso mientras la ayudaba a mantenerse de pie. Ella rebotó
felizmente con mi ayuda hasta que Bella llegó para avisarnos que la comida estaba lista.

—¿Puedo cargarla? —preguntó cuando me senté en la mesa.

Alcé a Pequeña y la niña estiró las manos hacia Bella, balbuceando con mucha alegría para ella. Bella le hizo
arrumacos y vi a Charlie sonreír un poco. Al parecer está empezando a acostumbrarse. Al menos eso esperaba. Bella
estaba claramente feliz, la sonrisa en su rostro lo demostraba.

Mi pescado sabía bien, pero aun así no valió la pena tanto como para tener agua de lago en mis pantalones. Aunque a
Charlie sí le gustó. Ya que estaban pasando un juego de los Seahawks, nos preguntó si queríamos quedarnos a verlo.
El día de mañana yo lo tenía libre, y Bella quería quedarse un rato más, así que miramos el juego con él. Los
Seahawks terminaron perdiendo, algo que no le causó mucha gracia a Charlie.

Era tan malo como Emmett.

Cuando llegó la hora de irnos, Bella abrazó a su papá con fuerza, prometiendo volver pronto.

—Qué bueno, y también tendrás que traer a la calabacita —dijo—. Supongo que a los dos.

Se rió junto con Bella abrazándola una vez más. Ella besó su mejilla y dijo:

—Te quiero, papá. Gracias.

—Claro. Manejen con cuidado y avísenme cuando lleguen a casa. Te quiero, Bells.

—Adiós, Charlie —dije, ofreciéndole la mano—. Gracias por invitarnos.

Asintió.

—No fue nada. Cuídense.

—Usted también. Di adiós, Pequeña —dije, agitando la mano de ella para él.

—Dios, qué bien se siente estar en casa —dije, dejando las bolsas en el piso de mi apartamento.

Bella dejó el porta bebé en el piso y sacó a mi hija durmiente, arrullándola cuando renegó un poco.

—Aunque te la pasaste bien, ¿verdad? Quiero decir, aparte del incidente del bote. —No me pasó desapercibida la
sonrisita en sus labios, pero decidí ignorarla.

—Sí, fue mejor de lo que esperaba. Le agradó completamente. —Sonreí sacando a Pequeña de sus brazos—. Y creo
que a ti te adora, Sofía.
—Oh, sí es así —dijo Bella sonriendo—. Fue tan lindo verlo con ella. Nunca antes había visto a mi papá con un bebé,
pero lo hizo bien, ¿sabes?

—Arrasó con él. —Me incliné y la besé suavemente—. Iré a acostarla. ¿Te quedarás esta noche?

Asintió.

—Claro que sí, pero iré a dejar mis cosas en mi apartamento y a agarrar algo de ropa. Buenas noches, bebita.

Besó la mejilla de Pequeña y luego se fue mientras yo me dirigía a la habitación de la niña. Recosté a Sofía en la
mesita cambiadora, le cambié el pañal y le puse su pijama. Estaba medio dormida, parpadeando lentamente mientras
la vestía y le quitaba la diadema.

—Mañana te baño, ¿de acuerdo? —le pregunté acariciando su pancita—. Papi te ama, ¿lo sabes? Gracias por portarte
tan bien este fin de semana. Eres una niña muy buena.

La cargué y me senté en la mecedora con ella. La recosté sobre mi hombro y palmeé suavemente su colita. Ella
bostezó e hizo un sonidito como de chillido. Jodidamente adorable. Enterró la cabeza en mi cuello y agarró mi camiseta
sin mucha fuerza mientras se volvía a dormir.

—Tengo miedo, Pequeña —susurré—. Tengo miedo de que Bella se asuste cuando le pida que se mude con nosotros.
¿Es demasiado pronto? Me refiero a que ni siquiera llevamos cuatro meses juntos, aunque Jasper decidió casarse
con Alice en menos tiempo que eso. Que la gallina de mierda no se haya decidido a pedírselo todavía es otra cosa.
Creo que ésta es una buena idea. Básicamente ya vive aquí, ¿qué es lo que cambia en realidad? Yo saco algunas
cosas y ella mete otras. Sin embargo quiero pedirle mucho más, obviamente no me refiero a matrimonio. Es
demasiado pronto para eso, pero... quiero preguntarle si se considera tu madre. Hablamos sobre eso tan causalmente
que todavía me pregunto qué es lo que realmente piensa. Yo la veo como tu mamá. También la veo algún día como mi
esposa.

Sonreí para mí, y seguí meciéndome aunque Pequeña estuviera profundamente dormida.

—Estoy muy feliz por donde se encuentra mi vida gracias a ti, princesa. Cuando seas lo suficientemente grande;
créeme, dejaré fuera la mayoría de los detalles, te diré lo agradecido que estoy contigo, y cómo es que me hiciste una
mejor persona.

Escuché que se cerraba la puerta de enfrente. Me puse de pie, acosté a Pequeña en su cuna y besé su frente antes de
dirigirme a la sala. Bella estaba en el sofá con una cerveza en la mano y me la ofreció con una sonrisa.

—Te la mereces —dijo.

Me dejé caer junto a ella, dándole un trago a la botella.

—Te dije que nunca más iba a volver a pescar, ¿verdad? —me reí, soltando la cerveza antes de pasar el brazo por sus
hombros y acercarla a mí.

—Creo que sí —se rió—. Aunque fue lindo de tu parte el intentarlo. Casi desearía haberte concedido el sexo en un
tronco.

—Teníamos tiempo antes. Pudimos haber regresado ahí.

Levantó su mano para palmearme la mejilla y luego me bajó la cabeza para poder besarme.

—Dije casi, pero sí he extrañado estar contigo. Sofía está dormida, ¿verdad?

Asentí.

—Sí, ¿pero podemos hablar primero?

Se sentó ladeando la cabeza.

—Esto es serio. Acabas de rechazar sexo.

Me reí entre dientes.

—Lo pospuse, no lo rechacé. Y sí, es serio, pero espero que bueno. Últimamente he estado pensando mucho sobre lo
feliz que soy y como finalmente siento que estoy donde debería estar en mi vida.
Sonrió.

—También estoy feliz. Estamos en un buen lugar.

—Es cierto, pero me gustaría estar en un lugar mejor... un lugar donde vivamos juntos.

Sus ojos se agrandaron un poco, pero la sonrisa no titubeó, así que seguí.

—Estás aquí todo el tiempo. En las últimas semanas, ¿cuántas veces has dormido en tu apartamento? Cero, ¿verdad?
Estás aquí y me encanta que estés aquí, así que me gustaría hacerlo permanente. Múdate conmigo.

—¿Estás... seguro?

Asentí.

—Sí. Estoy seguro de que te amo y que mi hija también te ama. Estoy seguro de que eres tú con quien quiero estar
para siempre, pero también sé que hay pasos para llegar allí. Sé que es un gran compromiso, pero estoy listo para él.
Por favor, dime que tú también.

—Yo... —hizo una pausa, parpadeando. Mi corazón martilleaba en mi pecho mientras rezaba porque dijera que sí—. Me
encantaría mudarme contigo.

—¿En serio? —pregunté sonriendo lentamente.

—Sí, pero... no sé. Parece rápido, ¿no crees? No quiero presionarte en algo para lo que no estás seguro.

—Bella, estoy seguro de ti. Sé que apenas han pasado unos meses, pero mira la forma en que actuamos; actuamos
como una familia. Tú... actúas como si fueras la mamá de Pequeña.

Carajo, eso se me salió.

Por favor, por favor, no te asustes, pensé al verla sentada allí, quedándose callada por un momento.

—Pienso en ella como mi hija —dijo suavemente—. Sé que no lo es, pero así la quiero. Sólo pasó, ¿sabes? Y la forma
en que hablamos de ella parece tan normal para mí.

—También para mí. La mitad del tiempo ni siquiera lo pienso.

—Desearía que fuera mía.

Sonreí tomando su mano y besando el dorso de ésta.

—También desearía que fuera tuya. Juro por Dios que no planeé en sacar el tema esta noche.

—Me alegra que lo hicieras, porque la verdad yo no tenía ni idea de cómo sacar el tema.

—Yo tampoco, así que estoy feliz de que se me haya escapado —me reí—. Entonces, ¿quieres ser su mamá?

Los ojos comenzaron a llenársele de agua, su sonrisa era preciosa.

—Claro que sí, Edward. No sabes lo feliz que me hace eso.

Pasó sus brazos por mi cuello y la abracé con fuerza.

Se iba a mudar conmigo. Quería ser la mamá de Pequeña. Jesucristo, esto era todo lo que no sabía que quería.

—Te amo tanto —dijo llorando.

Me aparté para limpiar sus lágrimas.

—Yo también te amo. Ahora sí ya terminé de posponer.

Se rió suavemente asintiendo.

—Qué bueno. Llévame a la cama, Edward... a nuestra cama.


Espero que les haya gustado, este Edward cada vez es más dulce.

En el grupo de Facebook iré reportando sobre las actualizaciones de las otras historias, pueden encontrar el link en mi
perfil.

¡Gracias a todas por sus comentarios!

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BarbyBells
*Chapter 28*: First Words and BooBoos
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 28: Primera palabra y Lesiones

—Dios, ha crecido mucho —dijo Jasper, que tenía agarrada a Pequeña para mantenerla quieta, sentada sobre el
mostrador en la estación de enfermería—. ¡Di tío Jasper!

Me reí mientras leía los postoperatorios de anoche.

—No te ilusiones, ni siquiera ha dicho papá. Aviéntale un beso, Pequeña.

Puso la mano sobre su boca y luego la empujó como aventando algo mientras se reía. Bella y yo habíamos estado
trabajando en enseñarle eso, y era bastante buena, casi siempre lo hacía cuando se lo pedíamos.

—Eres demasiado adorable —dijo—. ¿Cuánto tiene? ¿Nueve meses?

Asentí.

—Sí, los cumplió hace dos días.

—¡Dios mío, trajiste a tu bebé! —dijo Jessica, una de las enfermeras, que se apresuró en acercarse—. ¡Es tan linda!

Sonreí con orgullo al verla hacerle cariños y jugar con mi hija.

—Mi novia vendrá por ella más tarde —dije—. Tiene el día libre así que pensé en traer conmigo a Sofía mientras ella
salía a almorzar con una amiga.

—Observa esto —dijo Jasper—. ¡Aviéntale un beso, Sofía!

Estaba actuando como un jodido idiota, pero su buen humor era de esperarse considerando el hecho de que Alice le
dijo que sí anoche. Sí, luego de meses de estarlo considerando, al fin había reunido las bolas suficientes para pedirle
matrimonio. El teléfono de Bella sonó pasadas de las diez anoche, justo cuando estaba a punto de hacerla gritar mi
nombre. No contestó hasta la tercera llamada, pero cuando lo hizo hasta yo pude escuchar con claridad el grito de
Alice.

Ya que ambas tenían el día libre, ella y Alice se reunieron para almorzar. Yo ya había avisado en la guardería que
Pequeña no iría hoy, así que decidimos que traería a Sofía conmigo aprovechando que no tenía programada ninguna
cirugía. Bella vendría por ella en una hora, pero mientras tanto yo disfrutaba de toda la atención que Pequeña estaba
recibiendo.

Joder, me encantaba que la gente le dijera linda. Después de todo era cierto.

—A diferencia de tu papá yo sí tengo que trabajar —dijo Jasper cargándola y pasándomela sobre el mostrador—. Adiós
Sofía.

La metí al porta bebé que estaba junto a mí en el piso y volví a leer los historiales. No mucho después llegó papá y la
sacó de nuevo diciendo que quería presumirla.

—Te la regresaré pronto —dijo—. Además tienes pacientes que atender.

Asentí.

—Iba a hacerlo en un minuto. Supuse que una enfermera querría cuidarla —me reí.

Él besó su mejilla mientras ella agarraba su estetoscopio. La niña amaba las cosas brillantes.

—Pues ahora es mía. ¿Verdad que sí, preciosa?


Cuando se fue me levanté para hacer mis rondas, asegurándome de que todos los pacientes en el piso de cirugía
estuvieran bien y checándolos a todos. No fue hasta que estaba revisando a una mujer mayor que me di cuenta que
tenía uno de los juguetes de Pequeña en el bolsillo.

No hay necesidad de decir que rápidamente saqué mi celular para enseñarle una foto.

—De hecho está aquí hoy —dije—. Creo que le encanta toda la atención.

—Oh, apuesto que sí —dijo sonriendo—. Tengo un nieto de su edad.

—¿Y ya habla?

No era que me preocupara porque Pequeña todavía no hablaba... pero estaba ansioso porque pasara. Quería oír ese
"papi". Después de todo ya tenía nueve meses. Tenía tantos logros ocurriendo a diario, pero lo que más esperaba era
esto. El caminar... digamos que no necesitaba que hiciera eso en un futuro cercano.

Asintió poniéndome un poco celoso.

—No empezó hace mucho, pero ahora no se calla —se rió—. Mi hijo y nuera no se dieron cuenta de que una vez
comienzan ya no hay nada que pueda detenerlos. ¿La suya ya habla?

—No todavía —sacudí la cabeza—. Balbucea mucho, pero no ha hablado de verdad.

—Ya llegará.

Me paré de su cama para abrir su historial de nuevo y hacer anotaciones sobre su progreso. Estaba recuperándose
bien luego de su colecistectomía —cirugía de la vesícula biliar—, y probablemente dejaría el hospital mañana. Luego
de revisar a los otros pacientes me fui en busca de papá y de mi niña. Estaba presumiéndola en la estación de
enfermería de Cuidados Intensivos. Jasper estaba allí contándole sobre su compromiso.

—Qué bueno, Jasper —dijo papá palmeándole el hombro—. Felicidades. Esme estará emocionada de saberlo.

—Gracias, señor —dijo Jasper—. Y maldición, miré quién regresó por la niña bonita.

Pequeña me estiró sus bracitos y gritó emocionada cuando la saqué de los brazos de papá.

—Bella llegará pronto así que discúlpenme por robarme de regreso a mi niña —dije—. ¿Quién rayos le dio una pluma?

Se la quité de la mano y empezó a llorar porque la quería de regreso.

—Era eso o el estetoscopio —dijo papá—. Además le quite la tinta. Déjala jugar.

Se la regresé y ella balbuceó contenta, metiéndosela en la boca y mordiéndola, aunque la cuidé de cerca para
asegurarme de que no fuera a ahogarse. Para cuando Bella me mandó un mensaje diciendo que ya estaba abajo,
Pequeña se había aburrido de la pluma y la había tirado, sacando su juguete de mi bolsillo.

—Adiós preciosa —dijo papá besando su mejilla—. Te veré pronto.

Bella me estaba esperando en el recibidor, así que me dirigí allí luego de agarrar el porta bebé y la pañalera. A
Pequeña no le gustó que la metiera al porta bebé y se la pasó llorando todo el camino por las escaleras. Joder, odiaba
dejarla llorar, pero no tenía otra opción.

—Aww, ¿me trajiste a una nena llorando? —preguntó Bella con el ceño fruncido cuando dejé el porta bebé en el piso.
La sacó de ahí y Pequeña dejó de llorar de inmediato—. ¿Qué te hizo papá?

Me incliné para besarla antes de hacerle cosquillas a Sofía en la pancita para hacerla reír un poco.

—No le hice nada —dije—. Recibió mucha atención y ahora sólo quiere que la carguen, así que suerte con eso.

—Oh, genial. Entonces supongo que se ha portado bien.

Asentí.

—Síp, fue presumida a todos en el hospital. Fue declarado oficialmente que es la bebé más bonita del mundo, aunque
yo ya lo sabía.
Se rió.

—¡Por supuesto! ¿Cómo ha estado tu día?

—Hasta ahora tranquilo, pero dentro de poco tengo una cirugía. Llegaré a casa como a las siete, aunque puede que
llegue más tarde.

—Dejaré un plato en el microondas —sonrió—. ¿Lista para irnos a casa, bebita?

—Adiós Pequeña —dije, soplando un beso en la mejilla de mi niña—. Sé buena con mamá. Te amo.

Después de la plática que tuvimos hace un tiempo comencé a referirme a Bella como mamá, esperando que Pequeña
se acostumbrara y algún día le dijera así. Al principio fue un poco raro, pero encajaba bien. Bella era mamá. Siempre.

—¡Tírale un beso a papi! —dijo Bella.

Pequeña me aventó un beso, y aunque parecía idiota, lo atrapé. Siguió balbuceando mientras Bella la ponía de nuevo
en el porta bebé, afortunadamente sin lágrimas en esta ocasión. Luego de despedirme de Bella con un beso, subí las
escaleras para ver a mis pacientes preoperatorios.

Mi día estuvo normal, lleno de procedimientos simples. Al final ninguno de mis pacientes sufrió de complicaciones,
aunque cerca de las cinco llegó un paciente de trauma y estuve atrapado en quirófano por una hora más de mi hora de
salida. Cuando llegué a casa Pequeña seguía levantada y estaba muy alegre, así que no fue para tanto.

Comí en la sala viéndolas a ella y a Bella jugar con unos juguetes. Pequeña amaba el juguete que hacía sonidos de
animales. Bella tiraba del cordón y Pequeña rebotaba sobre su colita cuando se encendía ladrando o haciendo mu.
Los grititos que soltaba me tenían muerto de la risa junto con Bella. La niña era malditamente adorable.

Luego de lavar mi plato me senté en el piso con ellas. Sacamos los bloques y le ayudé a Pequeña a acomodarlos
poniéndolos uno sobre otro. Aunque decidió que prefería aventarlos. A mí.

La agarré y la acosté sobre su espalda, le hice cosquillas en su pancita y ella me pateaba con sus piecitos.

—¡Te tengo! —me reí—. No debes lanzarle bloques a papá.

Bella la cargó para ponerla en su regazo y besar su mejilla.

—Di: pero es divertido, papi.

Ladeé la cabeza sonriendo

—Oh, ¿crees que es divertido que me lance bloques? ¿Y si golpea mi hermoso rostro?

—Entonces supongo que serás menos hermoso, ¿no crees? —se rió—. Dile a papá que es un hombre muy tonto.

—¡Papá!

Bella y yo nos congelamos mirando a Pequeña. Acababa de... y me estaba mirando a mí. Santa mierda, no se trataba
de otro balbuceo.

—Dilo de nuevo, bebita —dije, abrí los ojos como platos y sonreí—. Di papá.

Me señaló sonriendo y dijo:

—¡Papá!

—¡Dios mío! —dijo Bella—. ¿Dónde está mi teléfono? ¿Dónde está tu teléfono?

Me pasó a Sofía y corrió hacia el buró para agarrar su teléfono. Besé la cabeza de Pequeña una y otra vez mientras ella
seguía repitiendo la palabra. ¿De verdad se refería a mí? No estaba seguro, pero eso parecía. Los libros decían que a
esta edad era posible que lo dijeran sabiendo lo que significaba, aunque aún así pudo haber sido sólo un balbuceo. Ya
antes había balbuceado eso, pero nunca dirigido a mí.

—¡Su primera palabra fue papá! —dije—. ¡Santa mie-Dios! Bella, ¿estás grabando esto?
Bella asintió sonriendo sentándose frente a nosotros con su celular alzado.

—¿Quién es papá, Sofía?

Pequeña se rió aplaudiendo.

—¿Yo soy papá? —le pregunté y ella me miró.

—¡Papá!

Me reí levantándola sobre mí, ella sólo agitó sus piecitos.

—Sí, yo soy papá, Pequeña. Dios, eres tan inteligente.

Bella y yo seguimos jugando con ella un rato hasta que llegó la hora de baño. Estaba jodidamente feliz. Mi niña me dijo
papá y estaba convencido de que se dirigía a mí. Luego de bañarla y cambiarla la arrullé hasta que se quedó dormida,
lo cual no tardó tanto.

La acosté en la cuna besando su frente.

—Gracias, Pequeña. Te amo.

Cuando regresé a la sala Bella estaba en su laptop, pero la apagó cuando me senté. Se recostó contra mí y la envolví
en mis brazos besándola.

Cuando nos separamos, sonreí y dije:

—Me dijo papá.

Asintió.

—Así es.

—Creo que ahora sí fue verdad. Incluso me señaló.

Se rió con suavidad.

—Eres el hombre más feliz del mundo, ¿verdad?

—Demonios sí. Ahora intentaremos que diga mamá.

—¿En serio? —sonrió y asentí—. Me gustaría mucho.

—He intentado decirte más seguido así, quizá de esa forma lo entienda más rápido.

—Oh, eso espero —suspiró abrazándome con fuerza—. ¿Y cómo estuvo tu día?

Como siempre, le conté a Bella sobre mi día y ella me contó el suyo. Ella y Alice hicieron planes para salir a tomar y
cenar esta semana en festejo por el compromiso. Parecía que la vida iba avanzando con gran rapidez, pero todo de
buena manera.

—A leguas se nota que se refería a ti —dijo Emmett mirando el vídeo donde Pequeña me decía papá.

—¿Verdad que sí? —pregunté—. Incluso me señaló antes de que empezáramos a grabar.

Se rió regresándome mi teléfono.

—Eres peor que yo.

—Secundo eso —dijo Jasper mientras comía su hamburguesa.

Rodé los ojos reproduciendo el vídeo de nuevo para mí solo.

—Quizá sí, pero es porque ella es la bebé más bonita de mundo. Es un asunto jodidamente grande. Ya está hab lando.

Emmett se rió sacudiendo la cabeza.


—Debería decirle a Rosalie que ponga a Ben al teléfono. No se calla. Muy pronto estarás deseando no haberle
enseñado a hablar, de la misma manera que ahora deseas que nunca hubiera aprendido a gatear. Todo regresa para
morderte el culo. Marca mis palabras.

Mi teléfono comenzó a sonar, así que me lo saqué de la cadera. Vi el nombre de Bella y rápidamente me lo llevé al oído.

—Hola, ¿qué pasa? ¿Ya llegaron Sofía y tú a casa?

—Edward, yo... lo siento muchísimo —dijo mientras escuchaba los gritos de Pequeña en el fondo—. Aparté la vista un
segundo y se paró pero luego... ya no estaba de pie. Es profunda y...

—¿Qué es profunda? ¿Por qué está gritando así, Bella? —pregunté frunciendo el ceño preocupado.

—Sofía se paró, pero perdió el equilibrio y se golpeó con la esquina de la mesita de centro. Tiene una cortada y parece
ser profunda. No puedo detener el sangrado. Vamos en camino para allá.

—¿Qué pasa? —preguntó Jasper.

—Sofía se lastimó —dije poniéndome de pie y dirigiéndome a emergencias—. ¿Se desmayó, Bella?

—No, empezó a llorar de inmediato. Saqué el kit de primeros auxilios y le tapé la herida, pero sigue sangrando mucho.

—Los cortes en la cabeza suelen sangrar mucho. Llegarás pronto, ¿verdad?

—Sí, en unos minutos. Lo lamento mucho, Edward.

Respiré profundamente porque sentía que estaba a punto de tener un jodido ataque al corazón. Pequeña estaba
herida. Jesucristo, quería tenerla aquí ya.

—No es tu culpa, Bella —dije cuando llegué al mostrador de la entrada—. Necesito que llame al doctor Carlisle Cullen
por mí.

Todavía podía escuchar los gritos y llantos de Pequeña. Joder, me estaba matando, pero no quería colgarle a Bella.
Jasper y Emmett me siguieron a la entrada, pero tenían que regresar a trabajar así que les dije que yo les avisaría qué
había pasado. Para cuando Bella y Pequeña llegaron a emergencias yo ya había conseguido una habitación para
examinarla y papá bajaría pronto. Cuando saqué a Pequeña del porta bebé vi que la venda que tenía sobre el ojo
estaba empapada en sangre, y por primera vez en mi vida me sentí enfermo al ver sangre.

—Shh, papá te tiene —dije, acariciando su espalda mientras entraba a emergencias con Bella detrás de mí.

—Papá —lloraba aferrándose a mi cuello como si fuera cuestión de vida o muerte.

—Aparté la vista por un segundo, Edward —dijo Bella llorando cuando acosté a Pequeña en la camilla. Agarré unos
guantes y le quité la venda para examinar la herida de una pulgada de largo que tenía sobre el ojo. Necesitaría
puntadas, pero fue una buena señal el hecho de que no perdiera la consciencia.

Revisé sus pupilas y me gritó. Ambas se veían iguales y reaccionaban bien, otro signo muy bueno.

—No creo que tenga una contusión —dije suspirando con alivio—, aunque necesita puntadas.

Bella asintió secándose las mejillas.

—El teléfono sonó... la deje por un segundo para contestar. Debió ponerse de pie usando la mesita.

—¿Qué pasó? —preguntó papá cuando entró apresurado a la habitación. Básicamente me empujó a un lado para
llegar a Pequeña.

—Se paró y perdió el equilibrio golpeándose la cabeza en la mesa de centro —dije—. No tiene signos de tener una
contusión, pero... no sé, papá.

Me quité los guantes y tomé la mano de Bella, la apreté con fuerza mientras papá revisaba la cabeza de Pequeña.
Llegó a la misma conclusión que yo y dijo que sólo necesitaría un par de puntadas, pero que estaría bien. Aún así el ver
a Pequeña herida y llorando me provocaba querer hacerme bolita en posición fetal. Nunca antes en mi vida había
estado tan asustado.

—Iré por una enfermera, ¿de acuerdo, hijo? —preguntó papá palmeándome el hombro—. Los accidentes suceden,
estará bien. Intenta tranquilizarla para mí. Yo mismo le pondré las puntadas.

Asentí sentándome en la camilla junto a Bella, que tenía a Pequeña en sus brazos. Me pasó a Sofía y limpié las
lágrimas de mi hija de sus mejillas rojas. Agarré un pedazo de gasa de la bandeja y le limpié la sangre lo mejor que
pude.

—Estás bien, Pequeña —susurré besando el tope de su cabeza—. El abuelo va a curarte.

—Lo siento muchísimo —repitió Bella.

La miré y tomé su mano.

—No es tu culpa. Yo también la he dejado sola en el piso por algunos segundos, así que fácilmente me pudo haber
pasado a mí. Demonios, casi pasa, ¿recuerdas?

—¿No estás enojado conmigo?

Sacudí la cabeza.

—Por supuesto que no. Aunque nunca antes había estado tan asustado.

—Yo también —suspiró—. Creí que mi corazón se había detenido al escuchar el golpe y después su llanto. Había
mucha sangre.

Pasé mi brazo alrededor de ella, acercándola a mí con Pequeña acurrucada en mi pecho. Había dejado de llorar, pero
seguía gimiendo. Al parecer sus manitas se aferraban a mi uniforme con un agarre de acero.

Cuando papá regresó con la enfermera Bella se paró de la camilla y yo me quedé sentado con Pequeña en mi regazo.
Ella intentó apartarse y gritó cuando le puso la anestesia tópica primero, antes de inyectarle la lidocaína. Odió todo el
proceso, y yo odié tener que detenerla. Ni siquiera pude soportar ver cómo le ponía las puntadas. La mano de Bella
estaba en mi hombro apretando con fuerza y ofreciéndome consuelo. Se veía tan malditamente avergonzada a pesar
de que yo le había dicho una y otra vez que no era su culpa.

No podía culpar a Bella por esto porque, como había dicho, ya iban varias veces que Pequeña se golpeaba con esa
mesa estando bajo mi cuidado. No había necesidad de decir que iba a tirar esa jodida cosa a la basura. Aun con la
protección para bebés había lastimado a Pequeña.

—De acuerdo, ya terminé —dijo papá cortando el hilo. Puso pomada antibacterial sobre las puntadas y las cubrió con
una venda—. Usé hilo de delgado y la junté lo más posible, de esa forma la cicatriz no será muy notoria. Es joven
todavía, así que debe sanar bien.

Asentí ajustando a Pequeña para que pudiera recargar la cabeza en mi hombro.

—Gracias papá.

Sonrió.

—De nada. Cuídenla minuciosamente esta noche, ¿de acuerdo? Le diré a alguien que cubra el resto de tu turno para
que puedas ir a casa con ella.

—Lo apreciaría mucho.

Sobó la espalda de Pequeña y besó su mejilla.

—Lamento haberte hecho enfadar, preciosa. La próxima vez que decidas pararte, espera a que esté tu papi o tu mami.

—Gracias Carlisle —dijo Bella.

—No fue nada, cariño —dijo abrazándola—. No te culpes por esto, ¿sí? Los accidentes pasan todo el tiempo y la
verdad pudo haber sido mucho peor.

Ya que tenía libre el resto del día, yo llevé a Pequeña a casa en mi carro mientras Bella manejaba el suyo. La verdad no
quería dejar a la niña fuera de mi vista. Para cuando llegamos a casa, y después de darle el Tylenol infantil que papá
había sugerido, ella ya estaba actuando como si nada hubiera pasado.
—¿Es seguro que se duerma? —preguntó Bella mientras bañábamos a Pequeña en el fregadero para limpiar la
sangre seca de su cuello y pecho.

Asentí pasando gentilmente la toallita sobre su pecho.

—Sí, pero por si acaso quiero mantenerla cerca de nosotros cuando lo haga.

Pequeña se rió y salpicó el agua, mojándonos a ambos.

—Ya está actuando como siempre —se rió Bella—. Ya eres nuestra niña feliz de nuevo, ¿verdad?

—¡Papá! —dijo poniendo su mano mojada en mi camisa.

—Sí, yo soy papá —me reí cargándola. Soplé un beso en su pancita haciéndola repetir mi nombre una y otra vez.

Dios, amaba ese sonido.

Luego de secarla y cambiarla, Bella y yo nos sentamos en el sofá con ella dejando la televisión apagada. Mientras
Bella sobaba su pancita con suavidad, ella suspiró contenta y lentamente se fue quedando dormida.

—No puedo creer que haya dejado que se lastimara —dijo Bella frunciendo el ceño—. Siempre la cuido muy bien, y la
única vez que la dejo sola en el piso, esto pasa. ¿Cómo es que no me odias?

Fruncí el ceño.

—Nunca podría odiarte, Bella. Ahora que está intentando ponerse de pie tendremos que cuidarla mucho más, aunque
esa cosa se va para afuera el día que pase la basura —asentí hacia la mesa.

Sonrió un poco asintiendo.

—De hecho había considerado en usar un martillo.

Me reí inclinándome para besarla.

—Me agrada la forma en que piensas. Su crimen debería ser castigado con la muerte, ¿eh?

—Sí. Nada lastima a nuestra pequeñita y vive para contarlo.

—Pero envolverla con plástico de burbujas sigue siendo mucho, ¿cierto?

Se encogió de hombros.

—Creo que lo venden por metro.

Nos reímos suavemente y pasé mi brazo sobre sus hombros cuando recostó la cabeza en mi hombro. Nos quedamos
sentados por hora y media viendo a Pequeña dormir. Incluso aunque odiaba con toda mi alma que se hubiera
lastimado, Pequeña se había parado por sí sola hoy. Era un gran paso y de verdad no estaba listo para eso. Habría
más tropiezos y probablemente unos cuantos moretones, pero tendría que dejarlo que pasara.

Pequeña estaba creciendo y yo tenía la sensación de que me saldrían canas a causa de eso.

Pequeña ha dicho su primera palabra y contrario a lo que muchas creían, no fue mamá. Aun así no pierdan las
esperanzas, todo llega a su tiempo.

¡Muchas gracias por todos sus comentarios! ^^

Gladiiz D'Kltz, Severla Masen Pattinson Cullen, jacke94, torposoplo12, Jade HSos, yolabertay, Zanzamaru, EmDreams
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*Chapter 29*: Feliz Navidad
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 29: Feliz Navidad

—Creo que le compramos muchos juguetes —dije mirando la montaña de regalos de Navidad para Pequeña que
Bella y yo teníamos que envolver—. Oh, y ropa.

Bella se rió y me golpeó en la cabeza con uno de los rollos de papel para envolver antes de sentarse junto a mí.

—Acepto la culpa por la ropa, pero ambos sabemos que los juguetes fueron cosa tuya —dijo.

Sonreí recordando nuestro viaje a la juguetería. Sí, en realidad es cierto que me divertí un poco allí. Bella terminó
avergonzada por mi culpa porque, ya saben, tenía que probar algunas de esas mierdas para Pequeña. Ella no podría
jugar con ciertos juguetes en estos momentos —como el cochecito en forma de mariquita—, pero dudaba mucho que
le importara. Tenía muchísimos juguetes con los que podría jugar ahora.

Me excedí un poco, pero era su primera Navidad.

—Entonces, ¿dónde rayos comenzamos? —pregunté.

Bella se mordió el labio, miró el montón de juguetes y lo pensó.

—Supongo que primero los juguetes grandes. Podemos poner la ropa y los juguetes pequeños en cajas. Sabes que
probablemente sólo le va a importar las cajas y los moños, ¿verdad?

Me reí.

—Conociéndola, sí.

Apestaba horriblemente en envolver regalos, pero por fortuna a Pequeña no le importaría la presentación. La verdad
estaba ansioso porque fuera ya la mañana de Navidad para ayudarla a arrancar el papel de regalo mientras chillaba
emocionada.

Cuando la llevamos a ver a Santa al hospital hace unos días, decidió que, al igual que el bigote de Charlie, la barba de
Santa necesitaba ser jalada. La niña no le tenía miedo a los extraños como la mayoría de los bebés. Ella disfrutaba de
la atención que le daban y Santa —o Tom, uno de los técnicos— le dio bastante. Era divertido verla balbucear y hacer
plática con él. Se despidió con la mano cuando nos fuimos y gritó adiós; su nueva palabra.

Bella y yo terminamos de envolver a la una de la mañana, luego metimos los regalos de nuevo en el armario para
esconderlos. Cuando se metió a la cama conmigo me di la vuelta y la atrapé debajo de mí mientras que mis labios
acariciaban y besaban suavemente su cuello. En últimos días no habíamos tenido mucho tiempo juntos. Yo ya estaba
de regreso en el horario de la noche una semana al mes y su mes había estado lleno de los preparativos para una
obra que iban a hacer los niños de su clase. Para la hora en que ella llegaba y dejaba todo listo aquí, terminaba
exhausta. La semana pasada habíamos ido a casa de Charlie para ayudarle a poner su árbol de Navidad ya que eso
era algo que él y Bella hacían juntos, así que extrañaba estar con ella.

—Te amo, Mordelona —dije, y sonreí cuando, al separarme, vi que se estaba mordiendo el labio.

Sonrió y se sonrojó.

—Yo también te amo.

Besé sus labios moviendo mi mano hacia su pecho. Gimió y se arqueó bajo mi toque cuando acaricié su pezón con el
pulgar.

—Te he extrañado un chingo —susurré.


Puso sus manos en mi cara, jalándome hacia ella con fuerza. Al parecer ella también me había extrañado. En cuestión
de minutos nuestra ropa desapareció y yo estaba separando sus piernas, listo para embestir mis caderas contra las
suyas. Sus dedos se enterraron en mi espalda cuando gimió pidiéndome que fuera más rápido y más profundo.

Su cuerpo era perfecto en todo sentido y, joder, amab a sentirla envuelta a mi alrededor. No fue lento y romántico, pero
estar juntos era malditamente perfecto. No tardó mucho en llegar con mis dedos acariciando su clítoris y yo llegué no
mucho después que ella.

Cayó sobre mi pecho, jadeaba suavemente mientras yo acariciaba la parte baja de su espalda.

—Desearía que no tuvieras que trabajar mañana —dijo—. Podríamos quedarnos despiertos toda la noche haciendo
esto. —Levantó la cabeza y encontré su hermosa sonrisa.

—Creo que estoy enfermo —dije fingiendo un tosido.

Me rió moviendo sus labios contra los míos.

—Pues todavía no estoy cansada.

Me di la vuelta volviéndola a poner bajo de mí con mis labios en su cuello.

—Yo tampoco.

Aunque me dieron libre el día de Navidad, tuve que trabajar hasta media noche en Nochebuena. Apestaba. No
teníamos nada que hacer y los pacientes en el piso de cirugía estaban estables, así que tuve que bajar para trabajar en
emergencias. Normalmente no me hubiera molestado, pero extrañé pasar la tarde con Bella y Pequeña, a pesar de
que mi niña no sabía que era época de Navidad.

Además las festividades parecían sacar a todos los borrachos, así que tenía las manos llenas intentando coser la
cabeza de un idiota que no sabía qué jodidos estaba pasando. Sí, deseaba mucho estar en casa.

—Bien, terminé —dije quitándome los guantes y dejándolos en la bandeja—. Bájenle la borrachera y sáquenlo de aquí.

La enfermera asintió.

—Por supuesto, doctor Cullen.

Salí de la sala de revisión con rumbo a la estación de enfermeras, donde encontré galletas en el mostrador. Bueno,
eso ayudaba un poco, aunque no eran las de Bella, las cuales actualmente estaban en mi cocina. Me pasé las manos
por la cara y suspiré luego de escribir mis indicaciones y devorar una galleta.

—Es diferente cuando tienes familia esperándote en casa, ¿verdad? —dijo Siobhan, una de las enfermeras veteranas.
Ella había estado aquí desde... joder, desde que yo era un niño—. No te molestó trabajar la Navidad pasada.

Me encogí de hombros.

—Supongo que extraño a mi niña. Probablemente ahora está dormida, pero Bella iba a ponerle la película de Rodolfo
el Reno. Estoy seguro de que se rió y aplaudió con las canciones, a pesar de que no puede entenderlas.

Sonrió agarrando una galleta y dándomela.

—Lo lamento, hijo.

—¿Qué hay de usted? ¿Va a trabajar toda la noche?

—Sí —asintió—. Mi hija y su pequeño van a pasar la Navidad con sus suegros, así que no me pierdo de nada.

Sabía que su esposo había muerto hace unos años, y sentí pena por ella. Siempre fue muy amable conmigo cuando yo
era más joven y venía a ver a mi papá trabajar.

—Lo siento.

—No pasa nada. Además así las enfermeras más jóvenes pueden pasar tiempo con sus familias. ¿A qué hora sales
de aquí?
Miré mi reloj.

—A media noche, sólo me faltan dos horas.

—Qué bueno. Estarás allí para ayudar a... Sofía, ¿verdad? —preguntó y asentí—. Estarás allí para ayudar a Sofía a abrir
sus regalos.

Me reí recordando la montaña de éstos.

—La consentimos mucho. Probablemente le tomará un rato terminar con todos, y luego mañana en la tarde iremos a
casa de mis padres. Oiga, ¿la conoce?

Asintió.

—Tu papá la trajo hace un tiempo, pero me encantaría verla de nuevo.

Saqué mi celular y le enseñé todas las fotos e incluso vídeos que tenía de Pequeña. A Siobhan le encantaron y se rió
de mí por algunos de los videos. Mientras se los estaba enseñando me llegó un mensaje de Bella, era una foto de
Pequeña en su pijama de Navidad, que Bella eligió, claro. Se veía jodidamente adorable en su mameluco de Rodolfo el
Reno.

Eventualmente el radio señaló que venía un paciente y al fin tuve algo interesante que hacer. Cuando ayudé a bajar la
camilla de la ambulancia me di cuenta de que era una niña. Una adolescente que había sido golpeada por un
conductor ebrio. Yo no era de los que me sentía afectado por mis pacientes. Odiaba con todas mis fuerzas perderlos,
pero... esto era diferente.

—¿Vitales? —pregunté mientras nos movíamos por el pasillo hacia una de las habitaciones de traumatología. Me los
dijeron y no eran buenos.

—Owww —se quejó la chica levantando su mano.

Puse mi mano sobre la suya para volver a bajarla.

—Vas a estar bien —dije pasando el pulgar sobre el dorso de su mano—. Soy el doctor Cullen y estás en Olympic
Medical Center.

La metimos a la sala de choque y la acomodamos. Trabajamos con rapidez en conectarla a nuestros monitores
mientras yo la cuidaba. Tenía una fractura abierta en la tibia y parecía que tenía sangrado interno, probablemente en el
abdomen. De repente perdió la conciencia y el monitor marcó fibrilación ventricular.

Sentí un golpe de adrenalina cuando llamé a código. Después de la desfibrilación logré estabilizarla, pero estaba al
borde del abismo.

—Pide un quirófano ya —dije, quitándole el ultrasonido portable a la enfermera para pasar el equipo sobre el abdomen
de la chica—. ¿Ya llamaron a sus padres?

—Sí, su nombre es Bree —dijo Siobhan—. Vienen en camino.

Miré la pantalla encontrando una gran cantidad de sangre en la parte superior izquierda de su abdomen; parecía ser el
bazo. Hubiera preferido hacer una tomografía para confirmarlo, pero no teníamos tiempo. En cuanto nos dijeron que el
quirófano estaba listo, la subimos. Comencé haciéndole una transfusión de sangre y dándole otros medicamentos,
pero tenía que abrirla rápido para detener el sangrado o moriría.

Chingado, era Navidad, y no iba a dejar que eso pasara. Era una niña, por amor a Dios... como mi niña.

Al final estuve en quirófano por cuatro horas, intentando reparar todo el daño que había sufrido la chica. Removí su
bazo, reparé una laceración hepática y cosí las múltiples laceraciones causadas por los vidrios. Incluso me quedé para
ayudar al cirujano ortopédico a acomodar su pierna rota. La verdad era afortunada por estar viva, yo rezaba para que
eso no cambiara.

Luego de dejarla en la unidad de cuidados intensivos, revisé mi celular y vi que eran las tres de la mañana. Tenía un
mensaje de Bella preguntándome dónde estaba, le respondí diciéndole que llegaría pronto a casa antes de ir a buscar
a los papás de la chica.

Abrí la puerta y me quité el gorro del uniforme al encontrarlos solos en el cuarto. El padre abrazaba con fuerza a la
madre, era más que obvio que habían estado llorando. Jesucristo, esto apestaba, pero al menos tenía buenas noticias.

—¿Señor y señora Tanner? —pregunté y ambos alzaron la cabeza—. Soy el doctor Cullen.

Los saludé antes de sentarme junto a ellos.

—¿Está...? —preguntó la señora Tanner.

Sacudí la cabeza y sonreí.

—No, se está recuperando. Sus heridas son severas, pero el hecho de que haya resistido la cirugía es una buena
señal. Hay algunas cosas que necesitamos hacer antes de que puedan verla, ¿de acuerdo?

Ambos asintieron y el señor Tanner dijo:

—Pero va a sobrevivir, ¿verdad?

—Yo creo que sí. Aunque, como dije, sus heridas son muy serias.

Comencé a hacer un recuento de lo que había pasado cuando trajeron a su hija y de lo que hice en quirófano. Luego de
responder sus preguntas, de las cuales la mayoría la respuesta fue que tendríamos que esperar para ver, los llevé a
cuidados intensivos.

—Gracias, doctor Cullen —dijo la señora Tanner lanzando sus brazos a mi cuello—. Usted salvó su vida... es un
milagro.

Le palmeé ligeramente la espalda antes de que regresara con su marido. Entraron a la habitación y los dejé solos para
que llenaran el papeleo. Para cuando salí del hospital ya casi eran las seis y estaba muerto de cansancio. Pero me
sentía bien. Quiero decir, salvé la vida de esa chica. Sus padres no recordarían Navidad como el día en que perdieron a
su hija.

Cuando llegué a casa me fui directo a la habitación de Pequeña, la encontré sentada en su cuna. Sonrió y estiró las
manos cuando me vio diciendo:

—Papá.

La cargué y la abracé a mí besando su mejilla.

—Nunca vas a manejar, Pequeña —dije, y me dispuse a cambiarle el pañal ya que estaba mojada. Luego de hacerlo
me acerqué a la mecedora y me senté—. Papi lamenta haberse perdido Nochebuena, pero fue porque salvó la vida de
una chica. Sí, eso hice. ¿Y sabes qué? Pensé en ti. Era una niña. Quiero decir, era más grande que tú, pero era la
pequeña de alguien, así como tú eres mi pequeña.

Puso sus manos en mi cabello y recostó la cabeza en mi hombro mientras yo le daba suaves palmaditas en la
espalda. Escuché su bostecito y sonreí.

—Feliz navidad... Sé que no sabes lo que significa, pero es una época especial del año. Te dan regalos —me reí con
suavidad—, lo pasamos en familia y nos hacemos saber que nos queremos. Al menos así me lo explicó mi mamá.
Sabes lo mucho que significas para mí, ¿verdad? Eres todo para mí y para mami.

Levanté la vista y encontré a Bella viéndonos con una sonrisa. Pequeña estaba dormida de nuevo, así que me levanté y
la dejé en la cuna antes de envolver a Bella con mis brazos.

—Perdón por llegar tarde y no llamar —le dije besándola.

—Eso escuché. —Levantó el monito de la bebé con una sonrisa.

—Al menos ahora no estaba planeando una sorpresa —me reí entre dientes.

—Vamos a la cama. Quizá ella duerma unas cuantas horas más.

Asentí agachándome para besarla una vez más antes de cruzar el pasillo. Me quité los zapatos y aventé la camisa de
mi uniforme al cesto de ropa sucia antes de acostarme con ella en la cama. La acerqué a mí rodeándola con mis
brazos mientras que ella recostaba la cabeza en mi pecho.
—¿Fue una noche dura? —preguntó besando mi pecho.

—Sí, pero al final terminó en lo mejor que podíamos esperar. Fue algo horrible, ¿sabes? Nochebuena y esta chica de
dieciséis años sufre un accidente a causa de un conductor ebrio. A veces odio de verdad a la jodida gente.

—Es algo trágico, pero al menos salvaste su vida. Estoy segura de que eso es todo lo que ahora les importa a sus
padres.

Asentí.

—Su mamá dijo que era un milagro, aunque yo no iría tan lejos.

Levantó la cabeza para mirarme sonriendo.

—Hiciste un milagro de Navidad.

La volví a acostar sobre mi pecho y besé el tope de su cabeza.

—No hay que llamarle así.

—De todas formas me siento orgullosa de ti. Me alegra que estuvieras allí, aunque te extrañamos.

—Yo también. Bueno, estoy exhausto. Ahora sólo me queda esperar que Pequeña no se despierte en una hora. Quizá
me dará tres horas... o cuatro si de verdad me ama —me reí.

—Te amo. —Levantó la cabeza de nuevo y me besó—. Feliz navidad.

—Yo también te amo. Feliz navidad, preciosa.

Bella se levantó con Pequeña para asegurarse de que yo tuviera mis cuatro horas de sueño. Además, no era como si
Pequeña se fuera a dar cuenta de que iba a abrir regalos hasta las once. Luego de que bebí una gran cantidad de café,
Bella se la llevó para vestirla mientras yo sacaba los regalos del armario y los ponía debajo del árbol que habíamos
decorado juntos.

—De acuerdo, ¡estamos listos! —grité mirando a la pila. Santa mierda, íbamos a tardar un buen rato con esto.

Bella entró a la sala con Pequeña, que llevaba un vestido rojo. Cuando Sofía miró el papel de regalo brillante sonrió y
abrió los ojos como platos. Puede que no supiera qué eran los regalos, pero amaba las cosas brillantes.

—Todo esto es para ti, cielo —dijo Bella besando su mejilla—. ¡Feliz navidad!

Estiré las manos y me pasó a Pequeña para poder darle un beso. Nos sentamos en el piso y comenzamos con el
regalo más grande: era un nuevo gimnasio para bebés. Levanté una orilla del papel y ella lo agarró, ayudándome a
arrancarlo. Yo hice la mayor parte del trabajo mientras ella jugaba con los moños de los regalos.

Los abrimos todos pero, como sospechamos, prefirió jugar con el papel y los moños y parecía no tener interés en
ninguno de los juguetes. Claro que Bella tomó un chingo de fotos de Pequeña riendo y jugando, y lanzando retazos de
papel al aire.

Aunque eventualmente se aburrió y con rapidez le di uno de sus nuevos juguetes.

—¡Mamá! —dijo, dándole el juguete a Bella.

El rostro de Bella se iluminó cuando lo aceptó, como pasaba cada vez que Pequeña le decía así. No sucedía muy
seguido, y empezó a hacerlo gracias a mí, pero aun así era perfecto. Yo... amaba escucharla decirlo, probablemente
tanto como Bella. Éramos una familia, incluso si todavía no lo hacíamos legal. Quizá algún día.

—Pero es tu juguete, Sofía —dijo Bella sonriendo de oreja a oreja—. Juguemos juntas, ¿sí?

Bella la ayudó a rodar el carrito por el piso mientras yo tomaba fotos. Pequeña no tardó mucho en cambiar a otro de
sus juguetes nuevos y luego se aburrió pronto también de esos. Luego de dos horas de desenvolver y jugar, acosté a
Pequeña para su siesta y después ayudé a Bella a limpiar el desastre.

—Oye, ¿ya es hora de nuestros regalos? —pregunté cerrando la bolsa de basura con el papel.
Bella asintió sonriendo.

—Moría porque lo dijeras. Ahora vuelvo.

Mientras ella se dirigía a la habitación, yo agarré la última caja que había mantenido hasta atrás en el armario del
pasillo. Juro por Dios que éste sí se me ocurrió a mí solito y no se trataba de joyería. Sorprendente, lo sé. Cuando Bella
regresó se sentó en el sofá junto a mí y me dio una caja pequeña y plana luego de que le entregué su regalo.

—Tú primero —dijo sonriendo—. No me contradigas.

Me reí y arranqué el papel, quitándole la tapa a la caja blanca que estaba debajo de éste.

—Sabes, es muy difícil comprarte algo —dijo—. Así que no lo compré.

Moví el papel china y encontré un marco para fotos. Aunque no tenía foto. En lugar de eso había un par de manitas y
piecitos pintados.

—Sé que no son sus huellas de recién nacida, pero pensé que quizá te gustaría —dijo.

Sonreí pasando los dedos por el cristal.

—Me encanta, Bella. Es perfecto.

—¿En serio?

Levanté la vista y sonreí.

—Sí. Creo que es... un regalo increíble y muy considerado.

Sonrió cuando me moví para besarla suavemente.

—A Sofía no le agradaba mucho la idea de quedarse quieta para dejarme hacer esto —se rió—. En realidad, manchó
las primeras dos.

Me reí entre dientes.

—Te creo. Gracias por esto. Te amo.

—Yo también te amo, y no fue nada. Sé que no es mucho, pero de verdad no sabía qué comprarte. Pensé que podrías
colgar esto en la habitación o algún otro lugar.

—Lo haré —asentí—. Ahora es tu turno. Por cierto, estoy muy orgulloso de mí. En esta ocasión no le pedí ayuda a mi
mamá.

Pasó las manos sobre la caja de tamaño mediano, riéndose con suavidad mientras abría cuidadosamente el papel.

—Estoy segura de que es algo maravilloso.

Luego de quitar el papel miró la caja.

—Es una estatuilla de sauce —dije—. La vi y al instante pensé en ti. Te gustan este tipo de cosas, ¿verdad?

Sonrió y asintió abriendo la caja para sacar la estatuilla. Era una madre cargando a su bebé... en mi mente era Bella
cargando a Sofía. Quizá era algo muy simple, pero me recordaba a ellas.

—Me encanta —dijo, pasando con gentileza la punta de sus dedos sobre la estatuilla.

—Sé que no es mucho, pero supongo que quería darte algo que me recordara a ti y a Sofía. Lo digo todo el tiempo...
que tú eres su mamá, pero esto lo demuestra. Es tonto, ¿no?

Sacudió la cabeza llevando su mirada a la mía. Tenía lágrimas en los ojos.

—No es tonto. Tiene mucho valor. La verdad nunca esperé algo como esto de ti —se rió con suavidad.

—¿Qué? ¿Algo con significado de verdad? —me reí entre dientes.

Se encogió de hombros.
—Sé que tus regalos tienen un significado, pero esto... significa más que una pieza de joyería. Me encanta, Edward.
Gracias.

Dejó la caja y la estatuilla junto a ella antes de envolver mi cuello con sus brazos y abrazarme con fuerza.

—Feliz navidad, Bella.

—Entonces, ¿a tus padres no les molesta que vaya yo? —preguntó Charlie, que iba sentado junto a mí mientras
manejaba hacia casa de mis padres.

Ya que Bella quería pasar Navidad con su papá y ya les habíamos dicho a mis papás que iríamos a su casa, la
invitación fue rápidamente extendida a Charlie. Él todavía no conocía a mis padres, no estaba muy nervioso, pero joder,
rezaba porque se llevaran bien. Quiero decir, Bella y yo planeábamos pasar el resto de nuestras vidas juntos, así que
de verdad necesitaba que ellos se llevaran bien.

—Claro que no —dije—. Están emocionados por conocerlo.

En realidad mamá estaba emocionada con la idea. No podía esperar para conocer al papá de Bella. Incluso ya decía
que era parte de la familia. Sólo me preocupaba que ella fuera demasiado para Charlie. Era la mujer más dulce del
mundo, pero podía ser bastante abrumadora.

—Oh... qué bien —dijo jalando de la corbata que llevaba en el cuello.

Sí, el hombre de verdad llevaba una corbata. Se veía un poco raro, pero supongo que quería dar una buena impresión.
No estaba seguro, pero casi me reí cuando lo vi hace rato. Ya que no sabía dónde vivían y la casa de mis padres era
jodidamente difícil de encontrar, quedamos en que iría a nuestro apartamento y de allí partiríamos juntos.

Pequeña lo recordaba claramente de las dos ocasiones en que se habían visto. Bueno, al menos recordaba el
pornstacho. Cuando él entró en el apartamento, ella rápidamente le extendió los brazos y se había apegado a él
mientras esperábamos que Bella terminara de alistarse. Charlie parecía haberse hecho a la idea de que Bella era
mamá. Aunque, era Pequeña de quien hablábamos, así que no era como si pudiera resistirse a ella. Jugó con ella todo
el tiempo en que estuvimos esperando a Bella, la hacía saltar en su rodilla mientras ella reía y balbuceaba.

—Aquí es —dije, deteniendo la SUV frente a la casa de mis padres. Mamá se tomaba muy en serio la Navidad, así que
la casa estaba iluminada con un millón de luces blancas y una enorme corona en la puerta. Incluso tenían un reno
falso en el jardín. Lo juro.

Charlie murmuró algo que sonó como "Santa mierda" cuando vio la enorme casa. De repente me preocupó que Charlie
pensara que mis padres eran unos cabrones engreídos y desagradables. Podría entender por qué pensaría eso, pero
era todo lo contrario.

—Carlisle y Esme son buenas personas, papá —dijo Bella saliendo del carro junto con él mientras yo agarraba el porta
bebé de Pequeña y su pañalera—. Son las personas más amables del mundo, creo que te agradarán.

Charlie asintió.

—Estoy seguro de que sí lo son, Bells. Si son buenos contigo, me agradarán.

Mamá y papá se apresuraron en recibirnos en cuanto entramos a la casa. De hecho me sentí un poco orgulloso de
mamá por no abrazar a Charlie en el instante. Las presentaciones resultaron bien y Charlie le dio a mi papá la botella
de vino que había traído.

—Espero que sea bueno —dijo Charlie.

Papá sonrió palmeándole el hombro.

—Luce genial. Gracias.

—La cena todavía no está lista, ¿por qué no vas con Carlisle a la sala? —dijo mamá tomando el vino—. Creo que están
viendo un juego de fútbol.

Charlie asintió y siguió a papá hacia la sala —donde de repente escuché a Emmett gritar—, mientras que yo seguí a
mamá y a Bella a la cocina con Pequeña. Quería darle de una vez la papilla que tanto le gustaba para así poder yo
comer como una persona normal aunque fuera una vez.
—Me gustaría decir que Sofía me ayudó a preparar las tartas, pero ella estaba ocupada lanzando Cheerios —Bella se
rió metiendo al refrigerador las tartas que había hecho.

—¡Ja! —Rosalie se rió, estaba sentada en la barra viendo una revista—. ¿Los pisaste? Porque a Ben le gusta
aventarlos justo donde sab e que voy a pisarlos.

—¡Oh, sí, fue un desastre! —dijo—. Aunque hice que Edward lo limpiara.

Dejé a Pequeña en su sillita alta y abrí la desagradable comida de bebé.

—Sofía decidió que todo debe ser lanzado —dije—. Fue así como Bella perdió un adorno.

Mamá se acercó para besar la mejilla de Sofía mientras se reía.

—Voy a disfrutar de esas historias, corazón. Tu papi se lo merece por todo lo que me hizo pasar.

—Gracias mamá —dije rodando los ojos mientras agarraba un poco de la papilla con la cuchara para darle de comer a
Pequeña.

Terminó justo cuando la cena estuvo lista, así que nos dirigimos al comedor. Rosalie tenía allí un corralito listo para
Ben, así que dejé a Pequeña con él. Él era bastante grande para ser un bebé de diecinueve meses, los estuve
vigilando en caso de que la lastimara, aunque claro que no lo hizo. En lugar de eso se puso a compartir sus juguetes,
no obstante a ella no le agradaba mucho la idea de compartir con él. Él lo ignoró y agarró otro juguete.

Obviamente se parecía más a Emmett.

La conversación fluyó con facilidad entre Charlie y mis padres. Parecían llevarse bien, pero noté que Charlie no hablaba
mucho. Supongo que así era su forma de ser. A pesar de eso algo no parecía estar bien. Se la mantenía tirando de su
corbata, aflojando el nudo. Se veía... más pálido. Qué raro.

—Está delicioso, Esme —dijo sonriendo un poco—. Gracias por invitarme.

Mamá sonrió.

—¡No fue nada! Queremos a Bella. Es una chica tan dulce y estamos felices de conocerte por fin.

—Gracias Esme —dijo Bella, y se sonrojó justo cuando Pequeña comenzó a llorar—. Ya terminé, yo voy por ella,
Edward.

Se inclinó para besarme antes de sacar a Pequeña del corralito.

—Gracias.

Luego de la cena seguimos con el postre y al final nos fuimos a la sala. Me senté en el piso con Ben y Pequeña, para
jugar con ambos. Había sido una tarde agradable y estaba jodidamente feliz de que mis padres y Charlie se llevaran
bien. Por primera vez me había gustado todo esto de "reunión familiar". Era lindo.

También contaba el hecho de que Rosalie no había estado chingando. Todo un premio extra.

—Ya vamos a abrir los regalos —dije entrando a la cocina donde estaba Charlie—. ¿Encontró el Tums?

Me miró y noté que se veía más pálido y estaba sudando.

—Yo, um...

Me acerqué a donde estaba, aferrándose al mostrador en busca de apoyo.

—¿Charlie? ¿Se encuentra bien?

Sacudió la cabeza.

—Sólo... uh, ayúdame a sentarme.

Abrí los ojos preocupado. Mierda, en serio no se veía bien. Dijo que tenía acidez, así que mamá le indicó donde podía
encontrar el Tums, pero esto no parecía ser solo acidez. Pasé mi brazo alrededor de él y caminó lentamente junto a mí
hacia una de las sillas. Luego de que se sentó presioné su cuello con mis dedos. Joder, tenía el pulso acelerado.

—¡Papá! —grité—. Charlie, ¿siente dolor en el pecho?

Asintió.

—Acidez.

—¿Sufre de problemas en el corazón? ¿Está tomando algún medicamento?

Sacudió la cabeza.

—Me, uh... me duele el brazo, Edward.

—Hijo, ¿qué pasa? —preguntó papá entrando en la cocina.

—Trae una aspirina y llama al 911... creo que está teniendo un ataque al corazón.

Charlie dejó caer la cabeza y lo miré jadear; le faltaba el aliento. Joder, otro síntoma. Papá se apresuró en ir al gabinete
para sacer el bote de pastillas y regresar con nosotros antes de gritar por Emmett.

—Charlie, necesito que mastiques esto, ¿de acuerdo? —preguntó papá metiéndole las pastillas a la boca.

La puerta se abrió de nuevo, pero no fue sólo Emmett quien llegó. Todos se amontonaron en la jodida cocina mientras
papá gritaba órdenes para que llamaran a una ambulancia y que salieran de allí. Revisé de nuevo el pulso de Charlie y
no hubo cambio aun después de masticar las pastillas. Maldición. Probablemente había sentido dolor todo el día, por
eso se veía mal. Con un carajo, debí haberme dado cuenta.

—¡Papá! —dijo Bella cuando mamá tiró de su brazo para evitar que se acercara. Sostenía a Pequeña contra su pecho y
se veía aterrorizada.

—Bella, estará bien —dije, rezando porque no fuera una mentira—. Llévate a Sofía a la otra habitación, ¿de acuerdo?
Ponte el abrigo.

—N – no puedo... respirar —murmuró Charlie estirando una mano para agarrarme el brazo. De repente se dejó caer a
un lado y perdió la conciencia mientras papá y yo lo recostábamos en el piso.

Mis manos estuvieron sobre su esternón antes de que incluso lo pensara, comencé con las compresiones mientras el
protocolo pasaba por mi mente. Mierda, esto no estaba pasando. No... no podía pasar.

Ya estamos entrando en la recta final de esta historia. Espero que les haya gustado el capítulo.

En este fic Sofía llega hasta los dos años y medio, pero todavía falta la secuela. Faltan 6 capítulos, el epílogo y un
outtake, en total faltan 8 capítulos para terminar.

¡Gracias por sus comentarios! ^^

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*Chapter 30*: Falling into Place
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 30: Todo cae en su lugar

Mientras caminaba hacia la sala de espera intenté procesar todo lo que había pasado. En un minuto todo estaba bien y
estábamos a punto de abrir los regalos, y al siguiente me encontraba haciéndole RCP a Charlie. El papá de Bella tuvo
un paro cardíaco. Un jodido paro cardíaco en Navidad.

Es que... todo parecía tan irreal.

En cuanto se abrió la puerta de la sala de espera Bella levantó la cabeza. Sus ojos estaban rojos y sus mejillas
estaban húmedas a causa de las lágrimas mientras se aferraba a la mano de mi mamá.

—¿Edward? —susurró ahogando un sollozo.

—Va en camino al laboratorio de cateterismo —dije arrodillándome frente a ella y tomando sus manos—. Está estable,
pero no sabemos qué tipo de daño ha sufrido su corazón. Está vivo, Bella, y justo ahora eso es todo lo que importa.

Lanzó sus brazos a mi cuello abrazándome con fuerza mientras lloraba. Acaricié con suavidad su espalda y besé su
mejilla.

—Papi —lloró.

—Va a estar bien —dije. Joder, no sab ía si lo estaría. Tuvo un maldito paro cardíaco. Si el cardiólogo de aquí no podía
abrir la arteria bloqueada con angioplastia, entonces lo llevarían volando hasta Seattle para practicarle un bypass en la
arteria coronaria. No teníamos los recursos necesarios para eso—. No pasa nada, Bella.

Mamá se apartó del sofá y me dejó sentarme junto a Bella, la sostuve en mi pecho mientras se tranquilizaba. Luego de
que sus sollozos se detuvieron preguntó:

—¿Qué le van a hacer? ¿Tu papá sigue con él?

Asentí, pasando la mano por su cabello.

—Sí, está en el laboratorio de cateterismo con él, pero no va a realizar el procedimiento. El cardiólogo, Doctor Jones, va
a usar una máquina de rayos-x y una tinta especial para mirar sus arterias, para ver si puede desbloquear la arteria con
una bomba. Si lo logra, puede que deje ahí un stent* para mantenerla abierta, pero existe la posibilidad de que el
bloqueo sea demasiado grave. Si ese es el caso, lo llevarán volando a Seattle para un bypass. Esperemos que pueda
solucionarse en el laboratorio de cateterismo. En emergencias le dieron algunos medicamentos para su corazón, eso
fue lo que lo estabilizó por el momento.

—¿Puede morir?

—Um... yo...

—No pensemos en eso, Bella —dijo mamá estirando una mano para palmearle la pierna—. Está en buenas manos.

Asentí.

—La verdad tuvo suerte de estar con nosotros. Se empezó a tratar rápidamente.

—Oh Dios, ¿y si hubiera estado solo? —lloró—. Podría estar muerto en este momento y yo no lo sabría. Es por esto
que no debí haberlo dejado. No puedo perderlo igual que a mi madre.

La abracé con fuerza y siguió llorando un buen rato más. Mientras esperábamos noticias fui por un café para ella y
llamé a Rosalie para saber cómo estaba Pequeña. Cuando llegó la ambulancia yo me fui con Charlie, y mi papá se
llevó a Bella y a mamá, dejando a Sofía con mi hermana y Emmett en casa de mis padres.
—¿Alguna noticia? —preguntó Rosalie después de contestar.

Suspiré poniéndole las tapas a las tazas de café.

—No, sigue en el laboratorio de cateterismo. ¿Cómo está Sofía? ¿Está dormida?

—Aún no. Emmett le está dando el biberón. Ha estado algo renegona al igual que Ben.

—Lo lamento. Si no puedes calmarla y dormirla, agarra uno de los libros raros de mamá y léeselo. Bella hace eso y
funciona.

Se rió suavemente.

—Romance raro, ¿eh?

—Siempre funciona. No me preguntes por qué.

—¿Cómo está Bella?

Me dejé caer en una de las sillas de la sala de descanso y me pasé la mano por la cara.

—Está hecha un desastre, obviamente. Mamá está con ella mientras yo preparo café. Va a ser una larga noche, sobre
todo si tienen que transferirlo. Bella querrá irse de inmediato a Seattle.

—Pues él está en mis oraciones. Parece ser un hombre fuerte.

Asentí para mí.

—Sí, lo es. Es mejor que regrese. Llámame si necesitas algo... y gracias, Rosalie.

—No te preocupes. Hazme saber cuando sepas algo.

Luego de colgar agarré las tres tazas de café y regresé a la sala de espera. Bella estaba ahora en medio del sofá y
mamá tenía un brazo a su alrededor, le estaba hablando de manera suave. Mamá había estado portándose genial
desde el principio, se quedó todo el tiempo con Bella y le repetía que Charlie estaría bien. Eso me hizo darme cuenta
de que en verdad Bella era parte de la familia. La habían acogido con brazos abiertos.

Les di sus tazas de café y me senté tomando la mano de Bella.

—Parece que esto se está tardando —dijo—. ¿Cuánto falta para que nos digan algo?

Miré mi reloj descubriendo que había pasado una hora.

—Deberíamos saber algo pronto.

—Supongo que no tener noticias es algo bueno —suspiró recostando la cabeza en mi brazo—. Dios, espero que esté
bien.

—Lo estará, Mordelona —dije, y por primera vez desde que esto empezó, los labios de Bella se curvaron en una
pequeña sonrisa. Sab ía que en secreto le gustaba ese apodo.

Nos quedamos sentados en silencio por otra media hora antes de que papá y el Doctor Jones llegaran a la sala de
espera. Sus expresiones no revelaban nada y la mano de Bella apretó la mía cuando dijo:

—Está vivo, ¿verdad? ¿Por favor? Tiene que estarlo.

Papá asintió acercando una silla y sentándose cerca de mamá.

—Está vivo —dijo.

El Doctor Jones comenzó a explicar que el bloqueo fue severo, pero creía que estaría bien con los medicamentos
administrados y poniendo stents en las arterias coronarias de Charlie que estaban bloqueadas, y que por ahora cirugía
de bypass no sería necesaria, aunque quizá algún día podría serlo.

—Tuvo mucha suerte, Bella —dijo papá—. Se realizó rápidamente el tratamiento necesario, lo cual minimizó el daño a
su corazón. Aunque eso no significa que ya esté fuera de todo riesgo. Está siendo minuciosamente monitoreado en la
Unidad de Cuidados Intensivos y si sentimos que corre algún riesgo, lo transferiremos a Seattle.
Ella asintió sollozando.

—Pero creen que va a estar bien, ¿verdad?

—Sí, eso creemos —dijo el Doctor Jones—. Pero esta es una señal de alerta. Tiene que cambiar su estilo de vida y su
dieta para evitar más bloqueos. Si pasa de nuevo, puede que no corra con tanta suerte y sufra un paro cardíaco masivo.

—Me aseguraré de que siga cualquiera que sean sus instrucciones.

—Bien. ¿Tienes más preguntas?

Bella preguntó todo lo que se le ocurría, y luego se giró hacia mí preguntándome si se le había olvidado algo. Luego de
tener todas las respuestas que el Doctor Jones y papá pudieron darle, esperamos hasta que nos avisaron que Charlie
había sido instalado en cuidados intensivos para subir ahí.

Fuimos sólo Bella y yo, sostuve su mano con fuerza mientras ella apretaba la mía intentando controlarse.

—Salvaste su vida —susurró cuando íbamos en el elevador.

—No fui yo, fue el Doctor Jones.

Sacudió la cabeza.

—Fueron tus manos las que estuvieron en su pecho, Edward, no las de tu papá o las de Emmett. Te vi saltar sobre él
sin dejar que siguiera ni un segundo sin sangre fluyendo por su cuerpo. Quizá el Doctor Jones arregló el bloqueo, pero
tú salvaste su vida al hacer eso. Yo... estaba congelada, pero tú reaccionaste. Gracias.

La jalé a mi pecho para besar su frente y abrazarla con fuerza.

—Lamento que estés pasando por esto, pero no estás sola. Aquí estoy, Bella.

Asintió.

—Lo sé, y no puedo ni explicarte lo mucho que significa el tenerte.

Cuando las puertas se abrieron la guíe por el pasillo hacia la habitación de cuidados intensivos donde estaba Charlie.
Eran las diez de la noche y técnicamente ya se habían acabado las horas de visita, pero con la posición de papá y el
hecho de que yo era cirujano aquí se hizo una excepción para que Bella pudiera estar con su padre todo el tiempo que
quisiera.

Cuando deslicé la puerta de cristal sentí que Bella caía contra mí, me abrazó con más fuerza al jadear. Ése era su
padre en esa cama, no sólo otro paciente. Joder, incluso era difícil para mí el verlo, no podía imaginar cómo se sentiría
ella. La llevé a la cama y le acerqué una silla, ayudándole a sentarse.

Ella tomo la mano de él que estaba sobre la manta y la apretó.

—Papi —susurró, y comenzó a llorar una vez más mientras yo miraba el monitor revisando sus signos vitales.

Eran decentes, pero podrían haber sido mejores. Finalmente lo miré a él, notando que su color no era mejor tampoco.
Obviamente tenía conectado el oxígeno, junto con los cables y las intravenosas. Ya había visto esto antes —más veces
de las que podía contar, en realidad—, pero ahora parecía... diferente.

—Por favor, no mueras —dijo Bella secándose las lágrimas—. No puedes. Prometiste que nunca me dejarías,
¿recuerdas? ¿Cuando tenía cuatro años? Dijiste que nunca volvería a estar sola como cuando mamá murió. ¿Por qué
no me dijiste que no te sentías bien?

Él estaba profundamente dormido así que no podía contestarle, pero yo también quería saber eso. Estaba en una casa
llena de doctores, por amor a Dios. Una simple mención de los síntomas que estaba teniendo y lo hubiéramos sabido.
No hubiera estado a punto de morir en el jodido piso de la casa de mis padres. Bella no estaría aquí, llorando a mares
y rogándole porque no muriera.

La verdad eso me hacía enojar. No podía soportar verla así. Ella siempre había sido tan fuerte conmigo, pero justo
ahora sólo era una hija llorando por su papá. Acerqué otra silla y tomé de nuevo su mano libre, apoyándola en silencio.

¿Qué demonios podía decir que no le hubieran dicho antes? Doctor Jones y papá estaban seguros de que estaría bien
y que no era tan grave como podría haber sido, pero para ella ésta era una de las peores cosas que podían pasar. Paro
cardíaco masivo o no, era jodidamente serio.

—Te quiero, papi —dijo recostando la cabeza en la orilla de la cama.

Bella y yo pasamos la noche en la habitación de Charlie. Papá y mamá se habían ido casi a las once, aunque papá
regresaría en la mañana para revisar a Charlie. Le di la llave de nuestro apartamento a mamá para que sacara algo de
ropa y las cosas de Pequeña, ya que yo no podía dejar a Bella ahora. Dijo que no nos preocupáramos por Sofía esta
noche, pero obviamente yo sí me preocupaba.

Aunque ahora ella no me necesitaba. Bella sí. Mamá la cuidaría esta noche, y ya mañana yo arreglaría las cosas.

Charlie no se despertó durante la noche, lo cual no era algo raro. Necesitaba descansar después de todo por lo que
había pasado. Sí gimió un par de veces y se movió un poco mientras dormía. En cada ocasión la cabeza de Bella se
levantaba de golpe para verlo.

A las tres finalmente se quedó dormida en la silla, la tapé con una manta y subí sus pies a la cama para que no
estuviera muy incómoda. Tendría que encargarme de conseguirle una silla más cómoda. A diferencia de ella yo no
podía dormir a pesar de estar exhausto. Revisaba constantemente los signos vitales de Charlie y hablaba con su
enfermera siempre que venía.

Todo parecía estar bien, y a pesar de sentirme exhausto, no pude dormir sin importar qué tanto lo intentara.
Eventualmente me levanté y salí de la habitación, necesitaba aclararme la cabeza. Cuando pasé por una de las
habitaciones de cuidados intensivos —la habitación donde estaba mi paciente, la que salvé anoche—, escuché un
llanto.

Eso no era bueno.

—¿No deberías revisarla? —le pregunté a la enfermera que estaba sentada en el escritorio.

—Eso hice, pero sólo quiere que la dejen en paz —dijo—. Creo que tiene problemas para asimilarlo, ¿sabe?

—¿Cómo está? Físicamente hablando. ¿Puedo ver su historial?

—No está en horario de trabajo.

Suspiré pasándome una mano por el cabello.

—Lo sé, pero es mi paciente. Mi nombre está en su historial.

Lo sacó del gabinete para pasármelo sobre el mostrador.

—Aquí tiene, pero si entra probablemente le va a decir que se vaya al carajo. Esa niñita tiene es una bocona.

—Parece ser mi tipo de chica —me reí entre dientes.

Abrí su historial viendo los resultados del laboratorio y las notas. Estaba bastante bien para tener veinticuatro horas de
operada. Genial de hecho. Era joven y estaba saludable, eso también le ayudaba.

Cerré el historial, crucé el pasillo y abrí por completo la puerta deslizante de cristal. La habitación estaba a oscuras,
pero Bree tenía la pequeña luz que estaba sobre su cabeza encendida. Joder, se veía... terrib le a causa de sus heridas.
El lado izquierdo de su rostro había sido cortado por los pedazos de vidrio, así que tan sólo allí tuve que poner cerca de
treinta puntadas. Ahora el moretón ya era más notorio, la hacía parecer que se había dado un round con Mike Tyson.

—Bree, ¿estás bien? —pregunté.

Me miró y levantó la mano para limpiarse gentilmente las lágrimas.

—Váyase —dijo.

Avancé unos pasos más.

—¿No me reconoces? Soy el Doctor Cullen, te atendí anoche.

—Estoy bien, ¿de acuerdo? No necesito un doctor.


—No dije eso. Estás llorando, y no me gusta que mis pacientes lloren. Como sea, sólo... pensé en venir a revisarte.

Sollozó bajando los ojos a la manta que tenía en el regazo.

—Me duele todo y estoy mutilada. Ya me dieron medicamento así que no puede ayudarme con el dolor y fue usted quien
masacró mi estómago, así que tampoco creo que pueda hacer algo con respecto a eso.

—La incisión es perfecta, muchísimas gracias. —Sonreí intentando aligerar el ambiente.

Sus labios se curvaron ligeramente.

—Estoy en desacuerdo.

Acerqué una silla sentándome junto a ella.

—Pues lo es. Y sanará de manera hermosa porque soy maravilloso.

Me miró incrédula.

—Vaya, es bastante presumido.

Me reí.

—Ya me lo habían dicho. Y respecto a dolor, tienes un gotero de morfina, no puedo darte nada mejor. ¿Has presionado
el botón?

Sacudió la cabeza.

—La última vez que lo hice dormí siete horas.

—Necesitas dormir, así que probablemente deberías presionarlo.

—Es que... no sé. Supongo que estoy molesta. Jodidamente enojada.

Asentí.

—Claro que lo estás.

Yo también lo estaría si algún bastardo borracho se pasara una luz roja y me golpeara.

—Sé que debería agradecer por estar viva, pero... míreme —lloró—. Antes era bonita y ahora mi cara se ve horrible.

Puse mi mano sobre la de ella, cuestionándome al hacerlo. Estaba llorando y odiaba eso.

—No eres horrible. Eres hermosa. Me gustaría decir que no te quedará ninguna cicatriz, pero... no puedo. Aunque hay
algunas cremas que reducen las cicatrices.

—¡Y mi pierna! Era una corredora, Doctor Cullen. Necesitaba una beca en atletismo para ir a la universidad y ahora
tengo unos jodidos tornillos y placas sosteniendo mi pierna. Yo-yo... ¿p-por qué?

El monitor de su corazón comenzó a pitar más rápido conforme sollozaba. La verdad no sabía qué demonios decir a
parte de "Lo lamento" y "No sé por qué", pero en realidad eso no ayudaba mucho. Así que sólo me quedé sentado ahí
agarrando su mano.

—Lo odio —dijo después de unos momentos—. Ese cabrón salió de aquí sin apenas un rasguño, a diferencia de mí.

—Será castigado.

Se limpió las lágrimas mirándome.

—Puede irse. Sé que tiene que trabajar.

—No, no estoy trabajando esta noche. El papá de mi novia tuvo un paro cardíaco hoy en la tarde, así que estoy aquí con
ellos.

—¿Va a estar bien?


Asentí.

—Eso creo. Sólo fue... sorprendente. No es tan viejo y, joder, pasó en Navidad.

—Eso... apesta. Lo lamento.

Sonreí suavemente alejando mi mano.

—Supongo que fue una Navidad bastante mala, ¿eh?

—Sí que lo fue. Yo, um... creo que presionaré el botón. Gracias por escucharme.

—De nada. Vendré a revisarte mañana.

Cuando regresé a la habitación de Charlie, Bella seguía dormida al igual que él. Me senté y dormité por un rato. A las
siete Bella sacudió mi hombro para despertarme. Tenía una taza de café en la mano para mí y sonreía con suavidad.

—¿Cómo está Charlie? —pregunté.

Se encogió de hombros cuando acepté la taza.

—Sigue dormido, pero ha estado gimiendo, quizá va a despertar pronto.

Asentí.

—Probablemente. ¿Cómo estás tú?

Se sentó en su propia silla suspirando.

—No sé. Creo que ya lloré todas las lágrimas que tenía. Tengo miedo por él, ¿sabes? Va a tener que cambiar su estilo
de vida y odia el cambio. Tengo miedo de que no lo haga y entonces lo pierda.

Tomé su mano y me la llevé a los labios.

—Cambiará, Bella.

—¿Cambiar? —murmuró Charlie girando la cabeza hacia nosotros—. ¿Qu-qué pasa? ¿Dónde estoy?

Me acerqué más al mismo tiempo en que Bella se levantaba de su asiento para lanzar los brazos alrededor de él
haciéndolo gemir de dolor.

—¡Papi! Oh Dios.

—Shh, Bells. No pasa nada.

Ella retrocedió y luego lo abrazó de nuevo.

—Tuviste un paro cardíaco, papi —dijo, sentándose de nuevo y sosteniendo su mano—. Casi mueres. Edward tuvo que
darte RCP.

Él me miro.

—Gracias, hijo. Sólo... gracias.

Sonreí asintiendo.

—Claro. Nos asustó bastante, Charlie.

Proseguí a explicarle lo que le habían hecho y lo que había dicho el Doctor Jones, sobre lo afortunado que había sido
porque el bloqueo no fue severo. Aceptó las noticias de manera solemne, escuchando con atención lo que le decía.

—Tienes que cambiar, papá —dijo Bella—. Comer mejor, hacer ejercicio y tomar los medicamentos que te recete el
doctor. Si no lo haces, podrías necesitar una cirugía o morir. No puedo perderte como perdí a mamá. Por favor, haz lo
que te digan.

Él levantó la mano para pasar el pulgar por la mejilla de ella.


—Lo haré, Bells. No me iré a ninguna parte en un futuro cercano.

Ella sonrió al limpiar sus lágrimas.

—Qué bien, y me mudaré de regreso contigo por todo el tiempo que necesites. Te cuidaré y te enseñaré a cocinar.

¿Qué? ¿Ella... se daba cuenta de lo que acababa de decir? ¿Mudarse a Forks? Probablemente yo tenía una mirada de
horror en el rostro porque no habíamos hablado de esto. Quiero decir, me había hecho a la idea de que se iría con él
una o dos semanas, pero no que se mudaría. ¿Y su trabajo? ¿Y su vida? ¿Nuestra vida?

Carajo, ¿estaba siendo egoísta? Probablemente, pero... la perdería, y no iba a dejar que eso pasara.

—Debería descansar, Charlie —dije—. El Doctor Jones vendrá en un rato para explicarle más.

Asintió.

—Me parece bien. Bells, ¿por qué no te vas de aquí un rato junto con Edward? Creo que estoy siendo cuidado por
bastante gente y ustedes necesitan un descanso.

Ella se puso de pie y dejó un beso en su frente.

—De acuerdo, pero regresaremos pronto. Te quiero.

—También te quiero. Gracias de nuevo, Edward, y agradécele también a tu papá.

Asentí.

—Por supuesto. Estoy seguro de que él también vendrá más tarde.

Bella y yo salimos de la habitación con las manos agarradas. Decidimos ir a desayunar al restaurante que estaba
enfrente. Me alegraba verla de mejor humor y ver que había dejado de llorar. En serio. Eso me destruyó.

Sus hermosos ojos no deberían estar nunca tan tristes.

La verdad no sabía cómo carajo iba a funcionar esto, pero ya que no quería estar sin ella, tendría que intentarlo. Luego
de sentarnos y ordenar la comida, tomé su mano sobre la mesa y me aclaré la garganta preguntándome brevemente si
esto era una buena idea.

—No creo que quieras estar tan lejos de tu papá incluso después de que se recupere —dije—. Quiero decir, está a
sólo cuarenta y cinco minutos, pero en una emergencia es toda una eternidad. Así que, yo uh... creo que deberías
quedarte en Forks. Más bien, deb eríamos quedarnos. Tú, Pequeña y yo. Me refiero a vivir ahí.

Me miró con ojos como platos y con la boca abierta.

—¿Mudarnos a Forks? ¿Todos?

Asentí.

—Puedo ir y venir a diario. Cuando esté de guardia tendré que quedarme aquí, pero durante la semana puedo viajar. O
podría buscar algo en el Hospital Comunitario de Forks. No es... muy grande ni nada por el estilo, pero estoy seguro de
que les servirá de algo un cirujano general. Todavía no sé todo muy bien, pero te conozco. Sé que tu papá significa
mucho para ti y después de esto te mataría estar tan lejos de él. Siempre estarías preocupada. Supongo que también
estoy siendo un poco egoísta con esto. Te amo y no quiero vivir sin ti, incluso aunque sea hasta que él se recupere. Te
amo y Sofía te ama, así que quiero que estemos juntos. Es un gran paso, pero...

Detuvo mi balbuceo con una sonrisa formándose en sus labios.

—¿Te mudarías por mí?

—Pues sí. Haría cualquier cosa por ti.

—Es algo importante, Edward. Es una decisión muy importante y no creo que sea buena idea apresurarnos.

—No, pero podemos hablarlo. Charlie no será dado de alta hasta dentro de unos días, y sé que te irás a casa con él,
pero probablemente para entonces ya habremos tomado una decisión. Mi mente está segura de una cosa, Bella, y es
que no quiero estar sin ti. Tampoco quiero que Pequeña esté sin ti. Ya somos una familia, ¿lo recuerdas?
—Sí, y yo tampoco quiero estar sin ninguno de ustedes. Aun así regresaría. Puede que me tarde un tiempo, pero
regresaría.

—Quizá un nuevo comienzo es algo bueno. Me mudé a Port Ángeles porque no conseguí el trabajo que quería y éste
estaba aquí para mí. Ahora quizá debería abrirme mi propio camino. No voy a ocupar el puesto de papá, ¿qué me está
deteniendo?

—Es que estoy... abrumada por el momento. Parece demasiado rápido. Al parecer tú ya tomaste la decisión.

Me encogí de hombros.

—En realidad no. Hay que pensar en muchas cosas, pero creo que podría ser una buena idea. Un nuevo comienzo,
sólo tú, Sofía y yo.

—Tus papás viven aquí.

—Cierto, pero no sólo me tienen a mí, a diferencia de tu papá. Sólo piénsalo, ¿de acuerdo?

Sonrió apretando mi mano.

—No tengo nada que pensar. Me encantaría mudarme a Forks. Puede que sea un problema encontrar trabajo, pero me
las arreglaré. Sólo me preocupa que tú no quieras esto. Quiero decir, quererlo de verdad, Edward. Yo regresaré si no
nos mudamos. Me encantaría vivir más cerca de mi papá, especialmente después de esto, pero no tengo problema
con quedarme aquí.

—Podríamos comprar una casa. Ya sabes, una con un gran patio y un columpio para Pequeña —sonreí ya viéndolo en
mi mente.

—¿Es una decisión que deberíamos tomar así de rápido? ¿En serio?

—No sabía que quería esto, pero ahora que lo imagino en mi mente, puedo verlo. ¿Tú no?

Se mordió el labio asintiendo.

—En realidad sí. Sólo... una cosa, ¿sí?

—Dime.

—Todavía no me propongas matrimonio —se rió—. Creo que hemos tenido suficientes cambios de vida por un día.

Levanté su mano para besarle los nudillos.

—Mi propuesta no será algo que surja en el momento. Créeme —le guiñé un ojo.

Luego de regresar al hospital y quedarme un rato más con Charlie, el Doctor Jones y papá, me fui a ver a Pequeña.
Papá me prestó su carro y, carajo, renunciaría a Tanya por éste. Probablemente no debí haber disfrutado tanto el
Mercedes, pero luego de toda la mierda de anoche, presionar el acelerador con un poco más de fuerza de la debida se
sentía malditamente bien.

Además me hizo llegar a casa de mis padres en tiempo récord.

Cuando entré a la casa, mamá y Pequeña estaban en el piso de la sala jugando. Mamá intentaba enseñarle "Papas
para mamá"... y estaba fallando ya que Pequeña no mantenía alzada las manos.

—¡Papá! —gritó y gateó para cerrar la distancia entre nosotros.

La cargué rápidamente y la levanté sobre mí escuchando su risa. La bajé para besar su frente, pero luego la volví a
alzar. Le encantaba eso.

—Te extrañé, Pequeña —dije, caminado al sofá donde se había sentado mamá.

—Gracias —le dije a mamá besando su mejilla—. ¿Cómo se portó?

—Bastante bien, pero seguía despierta cuando tu papá y yo llegamos anoche. Creo que sabía que estaba pasando
algo. ¿Cómo está Charlie?
Me encogí de hombros.

—Bien. No ha empeorado y eso es todo lo que importa. Sus niveles de oxígeno siguen bajos, así que se lo están
suministrando por ahora. Bella no quería apartarse de ahí, pero yo quería ver a Sofía. Regresaré más tarde con ropa
para ella.

Viendo que era hora de su biberón, dejé a Pequeña en el columpio que tenían mis papás y fui a la cocina con mamá.
Hablamos un poco más sobre Charlie y sobre las expectaciones que tenía el Doctor Jones, pero no supe qué decir
cuando preguntó qué iba a pasar cuando él regresara a casa.

Básicamente ya habíamos decidido que nos íbamos a mudar, pero todavía no hablábamos sobre cuándo. Además me
preocupaba que mamá se enojara porque me fuera a ir. Forks no estaba tan lejos, pero ciertamente no era un viaje de
diez minutos en carro.

—Bella va a quedarse con él un tiempo —dije revisando la temperatura del biberón y encontrándola perfecta.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó siguiéndome de regreso a la sala.

—Um... no estoy muy seguro. Al menos un par de semanas.

Cargué a Sofía para llevarla conmigo al sofá y sentarla en mi regazo. Ya sostenía ella sola el biberón, yo apenas lo
tocaba.

—Estás evadiendo mi mirada, Edward —dijo mamá.

Joder, eso hacía, así que levanté la vista. Tenía esa mirada. La que me decía que ya sabía que estaba escondiendo
algo.

Suspiré recargándome en el respaldo del sofá.

—Creo... bueno, Bella y yo hablamos sobre mudarnos pronto a Forks. En realidad yo comencé la plática. Es que la
conozco, mamá. Sé que su papá es todo lo que tuvo al crecer y la idea de perderlo la mata. Vivir tan lejos de él después
de esto sólo la preocuparía constantemente, ¿sabes?

Me sorprendió verla sonreír.

—Forks está como a cuarenta y cinco minutos, ¿no?

Asentí.

—Sí. ¿No estás... enojada?

—¿Extrañaré tenerte tan cerca? Por supuesto, pero no es como si fueras a regresar a Nueva York. Creo que podría ser
bueno para ti, aun así los veré seguido a ti y a mi nieta, ¿verdad?

—Sí, claro.

—Entonces... yo digo que lo hagas, pero sólo si estás seguro. ¿De verdad quieres comprometerte de esa manera con
Bella?

—Más que nada.

Sonrió estirando una mano para acariciar mi mejilla.

—Entonces haz todo lo que puedas por ella. Van a casarse, ¿verdad? No es que me oponga a la forma en que están
viviendo, pero... me gustaría ver a mi bebito casarse.

Me reí asintiendo.

—Quiero casarme con ella y ya sé cuándo se lo voy a pedir.

—¿Me lo vas a decir?

—No, al menos no todavía —dije, ajustando a Pequeña en mi regazo para que quedara con la espalda recargada en mi
estómago. Ella estaba sentada ahí ignorando todo menos su biberón.
—Sabes, todavía me sorprende lo diferente que eres. Eres papá y estás comprometido con la mujer a la que amas.
Hubo un tiempo en que pensé que había perdido al niño al que crié.

Fruncí el ceño al ladear la cabeza.

—¿Me perdiste?

—Cariño, odiab a saber cómo eras. Siempre te he querido, pero no me agradaba la forma en que te comportabas. Bella
y Sofía sacaron a relucir al hombre que crié. Quiero que seas feliz sin importar nada. Y si mudarte te hace feliz,
entonces quiero que lo hagas. Te ayudaré con lo que necesites.

—¿Entonces tú le darás a papá mi renuncia si consigo trabajo en Forks?

—¡Ja! —se rió—. Oh, no, eso es todo tuyo, pero lo aceptará mejor de lo que piensas. Creyó que querrías buscar otro
trabajo después de que decidió dejarle su puesto a Emmett. Por cierto, le dije que te lo dijera en privado, sólo para que
lo sepas.

—Dudo que hubiera reaccionado mejor en esa situación, pero gracias. Ahora estoy feliz por no haberlo obtenido. Es
divertido como cosas que creí querer, aunque fuese hace algunos meses, son cosas por las que ahora estoy
jodidamente emocionado de no tener.

—Jo-da —dijo Pequeña, sacándose el biberón de la boca y mirándome.

Mierda.

Y tenía que hacerlo frente a mamá.

*stent: un stent (endoprótesis vascular) de arteria coronaria es un pequeño tubo de malla de metal que se expande
dentro de una arteria del corazón.

Y pues sí, Pequeña tenía que heredar las malas costumbres de Edward...

Sobre la secuela, sí voy a traducirla y no será muy larga, creo que son menos de 20 capis.

¡Gracias a todas por sus comentarios! ^^

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*Chapter 31*: Feeling the Distance
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 31: Sintiendo la distancia

—¿Estás jugando? —pregunté acercando la cuchara a la boca fruncida de Pequeña—. ¡Te gusta esto!

Estaba... carajo, estaba frustrado y así había estado desde que Bella se fue hace cuatro días. Habíamos empezado a
buscar casa en Forks, pero todavía no encontrábamos nada. De todas formas no íbamos a poder mudarnos hasta que
dieran de alta a Charlie, pero no había estado preparado para su partida. Sabía que se aproximaba y ya teníamos un
plan en marcha, pero es sólo que... la extrañaba. Y por la forma en que actuaba Pequeña, sabía que ella también la
extrañaba.

—Tienes que comer, Pequeña —dije dejando de lado la cuchara y agarrando un Cheerio—. Yo también la extraño, pero
actuar de esta manera no ayudará.

Al parecer sí se le antojaban los Cheerios, así que me lo quitó de la mano y se lo llevó a la boca. No era lo que había
planeado darle, pero funcionaría por el momento. Mientras ella se quedaba en su sillita alta masticando eso, yo corrí a
vestirme dejando la ducha para más tarde en el trabajo, ya que ahora no tenía tiempo. Las cosas sin Bella eran
diferentes, y rápido me di cuenta de lo mucho que dependía de ella desde que se mudó aquí hace unos meses. Ella
era la que llevaba y recogía a Sofía de la guardería, lo que significaba que Pequeña pasaba menos tiempo fuera de
casa. Ahora Sofía pasaba allá más de doce horas, y odiaba hacerle eso.

Mientras limpiaba el desastre de la cocina y bebía otra taza de café, mi celular comenzó a sonar. Me apresuré en
contestar deseando que fuera Bella. Sonreí cuando vi que así era.

—Hola Mordelona —contesté.

—Buenos días para ti también —se rió suavemente—. Sé que no tienes mucho tiempo, pero esperaba hablar un poco
contigo y con Sofía. ¿Puedes ponerme en altavoz?

—Síp. —Me aparté el teléfono del oído y volví a sentarme frente a Pequeña—. Es mami —le dije.

Abrió los ojos como platos al verme.

—¿Mamá? —preguntó.

—¡Hola cariño! —dijo Bella—. Mami te extraña muchísimo, pero te veré en dos días, ¿de acuerdo? ¡Te amo!

—¡Mo!

Me reí entre dientes por la excitación de Sofía. Era debatible cuáles palabras entendía de verdad, pero yo quería pensar
que cuando decía eso se refería a que nos amaba. Su vocabulario consistía básicamente en repetir ciertas palabras,
aunque sabía muy bien lo que significaban unas pocas.

Como "no", aunque rara vez nos hacía caso cuando se lo decíamos.

—Adiós corazón —dijo Bella—. Mami te verá pronto.

Desactivé el altavoz llevándome de nuevo el celular al oído, lo sostuve con mi hombro mientras cargaba a Pequeña
para meterla a su porta bebé.

—Hoy en la mañana sólo quiso comer Cheerios aparte de su leche —dije—. Y ayer tampoco comió mucho. Creo que
es su manera de demostrar que sabe que no estás aquí y no está feliz por eso.

—Lo sé, pero los veré a ambos este fin de semana —dijo—. Sí van a venir, ¿verdad? Encontré unas casas que quiero
que veas.
—Sí, nos vamos el viernes en la noche en cuanto yo salga. Esperemos que una de ésas sea la indicada porque estoy
jod–cansado de esto. Por cierto, ¿cómo sigue Charlie?

—Está bien. Está siguiendo órdenes y todo. Bueno, la mayor parte del tiempo. Intentó hacer que uno de sus amigos le
trajera una hamburguesa —se rió—. No estoy muy segura de que le guste la comida que yo he estado preparando.

Me reí entre dientes acomodando a Sofía en el porta bebé antes de asegurarme de que su pañalera estuviera lista.

—Si quieres puedo explicarle de qué trata una cirugía de bypass. Juntar algunas fotos quizá.

—No creo que la táctica de asustarlo resulte bien para ti. Está mejor de lo que pensé, eso es bueno.

—Pues espero que no te cause muchos problemas. Te extraño.

Suspiró.

—Yo también te extraño.

—Tengo que llevar a Pequeña a la guardería y después irme a trabajar, pero te llamaré en mi hora de descanso, ¿de
acuerdo? Te amo, Bella.

—Yo también te amo. Adiós.

—Adiós —dije antes de colgar.

Sorprendentemente pude llegar a tiempo al trabajo después de dejar a Pequeña. Aunque lloró. Fue un llanto con gritos
incluidos cuando la dejé. Ella ya estaba teniendo problemas con la separación antes de que Bella se fuera, pero ahora
era peor. Necesitaba juntar de nuevo a mi familia, por su bien y por el mío.

Era una pena que no pudiera colgármela al pecho durante las cirugías, porque probablemente lo haría.

—¿Puedo verte en mi oficina cuando termines con tus rondas? —preguntó papá mientras yo revisaba unos historiales.

Ladeé la cabeza preguntándome de qué se trataría esto. Lo aceptó mejor de lo que pensé cuando le dije que Bella y yo
nos íbamos a mudar. Dijo que podíamos acomodarnos si yo viajaba a diario y que quería que me quedara aquí si
podía. Como me dijo eso ya ni me molesté en buscar trabajo en el Hospital Comunitario de Forks. El tener que viajar a
diario apestaría, pero un viaje de cuarenta y cinco minutos no era tan largo.

—Uh... claro —dije asintiendo—. ¿Algo importante?

Sonrió y sacudió la cabeza.

—Nada urgente, cuando tengas tiempo.

No le di importancia, supuse que sería algo administrativo, así que terminé con los historiales y me puse a hacer mis
rondas. Luego de revisar a todos me fui a ver a Bree, mi paciente de Nochebuena. Había sufrido de neumonía, así que
no fue dada de alta como se planeó hace unos días. Ya no estaba en mi área, pero había seguido visitándola. La
verdad era jodidamente agradable. Era honesta y no se daba por vencida; había prometido que volvería a correr y se
ganaría esa beca. Seguía enojada por el conductor ebrio —con justa razón—, y tenía unas cuantas opciones muy
interesantes de cómo debía ser castigado.

—Bree —dije acomodándome la máscara sobre la cara mientras me acercaba a su cama.

Abrió los ojos y sonrió ligeramente al verme.

—Hola —dijo con suavidad.

—Hola. ¿Cómo te sientes?

Se encogió de hombros.

—Mejor que ayer. Aunque el doc dice que mis pulmones se ven de mierda.

Miré al otro lado de la habitación esperando ver sus radiografías en la pizarra. Claro que no estaban allí.
—Pues eso apesta, pero si te sientes mejor es un gran paso en la dirección correcta.

Asintió.

—Sólo quiero salir de aquí. No sé cómo puedes soportar este lugar. Llevo tres semanas y ya me dan ganas de
estrangularme con una sábana.

Torcí una sonrisa aunque ella no pudiera verla. Cualquiera que entrara en su habitación debía usar máscara, guantes y
bata porque no podíamos arriesgarnos a que se enfermara más.

—Si hicieras eso estaría jodidamente enojado. Sigo enojado porque enfermaste de neumonía y pusiste en riesgo todo
mi esfuerzo.

—¿Lo lamento?

—Aceptaré tu disculpa si me das tu taza de Jell-O.

Me la pasó riéndose suavemente.

—De todas formas odio la verde.

Luego de sentarme en una silla —decidí guardar la Jell-O para más tarde—, ella me comenzó a platicar que pronto
regresaría a la escuela y tenía mucho trabajo por hacer. Me quedé media hora allí, ayudándola con su tarea de biología
y platicando un poco. No quería ver a un terapeuta, le dije que era algo estúpido de su parte. Eventualmente se haría la
idea. Al menos eso esperaba.

—Tengo que irme —dije—. Mi papá quiere verme en su oficina.

—Oh, estás en problemas —bromeó—. De todas formas pronto va a venir el especialista en pulmones. ¿Te veré más
tarde?

Asentí.

—Me pasaré por aquí cuando tenga oportunidad. Pide ver a un terapeuta.

Bufó y rodó los ojos.

—Estoy bien.

Sacudí la cabeza y suspiré antes de salir. Ella sabía que ya no podríamos platicar después de que la dieran de alta,
pero dudaba que ya lo hubiera aceptado. Aunque tendría que hacerlo. Luego de dejar su habitación me dirigí a la
oficina de papá y toqué su puerta esperando que dijera:

—Pase.

Cuando abrí la puerta lo vi sentado detrás de su escritorio, éste estaba lleno de historiales. Me hizo una seña para que
me sentara mientras buscaba entre todo para luego sacar un delgado folder amarillo.

Mierda, de verdad esperaba que esto no fuera una demanda.

—El Doctor Evan James es un buen amigo mío —djio—. ¿Sabes quién es?

Sacudí la cabeza.

—No, ¿por qué?

—Es el jefe del personal del Hospital Comunitario de Forks. Jugamos golf.

Alcé una ceja.

—¿Forks?

—No te estoy haciendo ningún favor, pero aquí está su número. —Me pasó un folder—. Y también un contrato nuevo. La
verdad no quería verte partir, así que si terminas aceptando un trabajo en Forks, quisiera mantenerte también como
miembro de este equipo en caso de ser necesario. Es mucho en qué pensar, así que no espero una respuesta en este
momento.
—Aunque todavía ni siquiera sabes si conseguiré trabajo allá.

Sonrió.

—El Doctor James me ha escuchado hablar de ti. Tengo la sensación de que saltará ante la oportunidad de tenerte en
su equipo si te muestras interesado. Lleva años queriendo un mejor departamento quirúrgico.

Miré el folder en mis manos. Papá no sólo estaba de acuerdo con que buscara un trabajo en Forks, sino que también
quería que siguiera trabajando aquí. Podría ser lo mejor de ambos mundos: trabajar regularmente allá, pero sin perder
la oportunidad de realizar procedimientos más complejos aquí. No estaría renunciando a esto, pero ganaría aquello; un
trabajo cerca de mi familia con el que podría estar en casa para Pequeña.

—No sé qué decir —dije.

—Sólo piénsalo y habla con Bella. Creo que esta decisión necesita ser tomada por ambos, ¿no?

Asentí.

—Por supuesto. No haría nada sin hablar con ella.

Sonrió como un jodido lunático.

—Qué bien. Ahora, ¿cómo está Charlie?

Le conté sobre Charlie y Pequeña. Estuvo de acuerdo en que probablemente era por haberla separado de su mamá,
pero que pronto se acostumbraría. Me deseó suerte en encontrar una casa, diciéndome que esperaba que Bella y yo
pudiéramos estar juntos pronto porque, al parecer, yo estaba actuando algo b ipolar. Cabrón. Si no fuera porque mamá
le deja comida ya preparada sólo para que la caliente cuando se va, él se moriría de hambre. Al menos yo sabía
cocinar un poco gracias a Bella.

—Hazme saber qué decidieron —dijo cuando me puse de pie—. Oh, sobre Bree Tanner. ¿Cómo está?

Me encogí de hombros.

—Dice que se siente mejor, supongo que sus pulmones todavía no se despejan. Ella, uh... sigue sin hablar con nadie
aparte de mí.

Frunció el ceño.

—Se está encariñando demasiado... igual que tú, eso creo. Por eso tardaste tanto, ¿no?

—Ha estado viviendo un infierno. Su vida entera cambió en un instante, así que me siento mal por ella. Es todo. —No
estaba haciendo nada malo al seguir viendo a Bree a pesar de que ya no fuera mi paciente. Le dije que eso no duraría
para siempre e intenté convencerla de que viera a un terapeuta. No era mi culpa que todavía no aceptara hacerlo—.
Estoy intentando hacerla que hable con alguien, ¿sabes? Sabe que no podremos platicar para siempre.

—No digo que sea malo. De hecho, ha sido bueno verte conectado con un paciente; me demuestra lo mucho que has
cambiado, incluso profesionalmente, sólo no quiero que te encariñes demasiado. Esperemos que dentro de poco la
den de alta.

—Así será. No se dará por vencida.

—Y he escuchado que es igual de bocona que tú —se rió entre dientes—. Dile que no está bien maldecir a mis
enfermeras.

Sonreí.

—Pero es divertido.

Sólo tenía dos cirugías programadas y ambas eran antes de mi descanso, así que esa tarde pasé un buen rato al
teléfono con Bella en la sala de descanso. Hablamos sobre Pequeña y sobre algunos trucos que podíamos hacer para
intentar que comiera como debería. Esta noche intentaríamos una video llamada para que pudiera ver a su mami.
Probablemente sólo la distraería más, pero valía la pena intentarlo.

—Más tarde voy a llamar al jefe de personal del Hospital Comunitario de Forks —dije recargándome en una silla—.
Papá me propuso algo hoy. Dijo que si conseguía trabajo allá, podía seguir trabajando aquí cuando se requiriera.
¿Crees que sea buena idea? Sería menos dinero, pero así no tendría que viajar a diario. No he hablado con el hombre,
así que todavía ni siquiera sé si me contrataría.

—Creo que es una buena idea siempre y cuando sea lo que tú quieres —dijo—. No quiero que renuncies al trabajo que
amas por algo menor. Ya te estás mudando por mí.

—Me estoy mudando por nosotros, y todavía no sé de qué trata el trabajo. Supongo que procedimientos más simples,
pero estaré feliz si puedo seguir trabajando aquí.

—Entonces llámalo, Edward. Quiero que seas feliz.

Sonreí para mí pensando en la sonrisa de ella. Sí, incluso por el teléfono podía oírla sonreír. Carajo, la extrañaba.

Dos días más, me recordé.

—Carajo, no puedo esperar para verte, Mordelona —suspiré—. Esto es una tortura.

—Sólo han pasado cuatro días —me recordó con suavidad—. También te extraño, pero te prometo que serás
recompensado.

Sonreí.

—¿Oh sí? ¿Voy a conseguir tener sexo en un tronco?

Se rió.

—Tienes suerte de que papá esté tomando una siesta, de lo contrario me vería sonrojándome y preguntaría la razón.

—Llevaré una manta y una almohada.

—¡No voy a tener sexo en un tronco, Edward! —susurró de manera dura entre risas—. Quizá... un carro.

Me animé ante eso. Sexo en un carro podría funcionar. Estaría totalmente de acuerdo con eso. Mi polla reaccionó ante
la idea de tener su cuerpo envolviendo el mío de nuevo. Joder, había pasado demasiado tiempo.

—No me tientes, mujer —dije cuando sonó mi busca. Peor. Momento. De. Todos—. Tengo que irme, pero terminaremos
esto más tarde. Después de que tu papá se vaya a dormir.

Podía verla sonrojándose.

—Lo estaré esperando. Te amo. Adiós.

—Adiós —dije, colgando el celular y cambiándolo por mi busca.

Era de emergencias, así que tuve que bajar rápidamente.

El resto de mi día pasó bastante rápido después de estar unas horas en cirugía. Tuve un descanso cerca de las cuatro,
así que decidí llamar al Doctor James del Comunitario de Forks. En realidad estaba jodidamente nervioso. Sí quería
este trabajo.

Mi pie repiqueteó sobre el piso mientras sonaba el teléfono. En serio estaba nerviosísimo. ¿Qué demonios?

—Habla el Doctor James —respondió un hombre.

—Hola Doctor James —dije—. Soy el Doctor Edward Cullen. Esperaba poder hablar con usted, si es que dispone de
algunos minutos libres.

—¿El hijo de Carlisle?

—Sí señor.

—¡Claro que tengo unos minutos! ¿Qué puedo hacer por ti?

Le expliqué todo; por qué me iba a mudar a Forks, cuándo y que me interesaba la oportunidad de trabajo. Él ni siquiera
me pidió que le mandara mi currículum, en lugar de eso me habló sobre las posibilidades que tenía en Forks. Me contó
sobre su departamento de cirugía y que deseaba expandirlo para darle un mejor servicio a la pequeña comunidad. De
verdad me emocioné al escuchar sus planes. Jesucristo, podría hacer una gran diferencia al trabajar allí. Sólo tenían
dos cirujanos generales, y él era uno de ellos.

—Si te tuviéramos podríamos ofrecer más opciones en cirugías en lugar de mandarlos al Olympic Medical Center —
dijo—. Ésta es una comunidad pequeña y muy unida, Edward. No me gusta mandar con extraños a gente a la que
conozco muy bien. ¿Estás seguro de que te vas a mudar?

—El papá de mi novia tuvo un paro cardíaco hace poco así que...

—¿Charlie? —preguntó interrumpiéndome.

—Sí, el jefe Swan. Bella quiere estar más cerca de él, así que definitivamente nos vamos a mudar. Tengo una hija de
once meses y de verdad no me gusta la idea de viajar cuarenta y cinco minutos de ida y venida a diario. Quiero verla, y
un trabajo allá me facilitaría eso. Y, la verdad Doctor James, la idea de ayudar y hacer una diferencia significativa me
emociona.

—Entonces ven a verme cuando tengas oportunidad. Hablaremos un poco más sobre las opciones, ¿bien?

—Muchísimas gracias. Iré este fin de semana si tiene tiempo.

—Intenta venir el domingo. Estaré aquí todo el día.

—De acuerdo. —Sonreí para mí—. Lo veré entonces. Una vez más gracias, señor.

Cuando colgué me dejé caer contra el respaldo de la silla sonriendo. Santa mierda, me iba a contratar. Es que... todo
parecía estar resultando de manera perfecta. Rápidamente agarré mi teléfono para llamarle a Bella y contarle las
noticias.

Afortunadamente el resto de mi día estuvo lleno de historiales y unas cuantas consultas, así que salí del trabajo a
tiempo para correr hacia la guardería a recoger a Pequeña. Joder, odiaba dejarla allí por tanto tiempo.

Me dijeron que había estado muy renegona y que se tomó la leche, pero se negó a comer la asquerosa papilla. Genial.
La chica me dijo que la sonrisa de Pequeña cuando me vio había sido la primera de todo el día.

—Vamos a casa para ver a mamá, ¿de acuerdo? —le pregunté besando su mejilla.

—Papá... ¿mamá? —preguntó.

Sonreí.

—Sí, la verás esta noche.

Se acurrucó en mi pecho mientras la llevaba al carro para ponerla en su asiento de seguridad. Gracias a Dios no lloró
durante el camino como lo había hecho en la mañana. Supuse que ya había llorado hasta el cansancio o algo así.

Me rompía el maldito corazón pensar en eso.

Cuando llegamos a casa le di un baño, ella mantuvo todo el tiempo una sonrisita y me salpicó de agua. Luego de que
ambos estuvimos secos y cambiados, llamé a Bella para ver si estaba lista. Dijo que sí, así que puse mi laptop en la
barra, acerqué la sillita alta de Pequeña mientras preparaba su comida. Entró su video llamada, la acepté rápidamente
y esperé a que apareciera su hermoso rostro. Cuando apareció, Pequeña gritó y la apuntó.

—¡Mamá! ¡Mamá!

—¡Hola cariño! —dijo Bella sonriendo y saludando con la mano—. ¡Creo que te ves más bonita! ¡Te amo!

—¡Mamá! —Pequeña intentó acercarse a ella, así que arrimé más mi laptop.

—Podemos ver a mamá, pero no podemos tocarla —dije con tristeza—. Aunque ya pronto podremos hacerlo.

—No puedo esperar para cargarte de nuevo —dijo Bella parpadeando con rapidez. Si lloraba, no podría soportarlo y
estaría manejando hacia allá esta misma noche—. ¿Lista para cenar?

Levanté la cuchara del tazón.


—Enseñémosle a mami que eres una niña buena, ¿sí? —pregunté—. Sólo come un poco para mí.

—Come para mí, cariño —dijo Bella cuando puse la cuchara en la boquita de Pequeña.

Ella balbuceó por un momento antes de que le pusiera un poco de comida en el labio inferior. Esta vez lo lambió, eso
era mejor que esta mañana. Logré meter la cuchara en su boca y se lo comió. Joder, sí.

—¡Qué niña tan buena! —la alabó Bella.

—Eso es, Pequeña —dije agarrando otra cucharada—. Sigue, ¿sí?

Entre Bella y yo hablándole, Pequeña logró terminarse todo. Era la primera vez en días que se terminaba todo el tazón,
así que estaba jodidamente emocionado. Luego de limpiarle la cara moví a Pequeña al piso y luego llevé también la
laptop. Ella jugó mientras Bella platicaba con ella, y le respondía con balbuceos que no tenían sentido alguno.
Decidimos que era hora de terminar la llamada cuando Sofía intentó darle su carrito a Bella y golpeó la pantalla de mi
laptop.

—Hagamos esto todas las noches —dije, tenía a Pequeña en mi regazo y mantenía alejadas sus manos de la pantalla
—. Gracias, Bella.

Sonrió asintiendo.

—También me tenía preocupada a mí. De una vez te aviso, no la soltaré para nada cuando lleguen aquí el viernes.

Me reí entre dientes.

—No esperaría menos. Te amo, te llamaré más tarde —le guiñé un ojo.

Se sonrojó y se mordió el labio. Carajo, yo quería hacerle eso.

—Te estaré esperando. También te amo. ¡Adiós Sofía! ¡Mami te ama!

—¡Adiós! —Pequeña se rió despidiéndose con la mano.

—Aviéntale un beso a mami —dije, y eso hizo, haciendo a Bella sonreír antes de terminar la llamada.

Luego de que Pequeña terminó de jugar y le di su biberón, nos sentamos en la mecedora para leerle su libro infantil.
Se quedó dormida al instante con la cabeza acurrucada debajo de mi barbilla.

Cerré el libro y lo solté en el piso antes de poner mi mano en su espalda y besar su cabecita.

—Sé que extrañas a mamá, pero pronto estaremos juntos de nuevo. Voy a comprarte una casa con un jardín enorme y
te construiré un columpio. Algún día seremos una familia de verdad. Me casaré con mamá y haré que todo sea legal.
Aunque necesito asegurarme de que eso no cause problema alguno. Quisiera que nunca supieras lo que Kate te hizo,
pero estoy seguro de que tendrás que saberlo —suspiré meciéndola con gentileza.

Kate hab ía renunciado a sus derechos, pero no sabía cómo afectaría eso si Bella quería adoptarla algún día. ¿Podría
causar problemas? No lo creía, pero tampoco estaba seguro. Tendría que hablar con el abogado de la familia sólo para
asegurarme... y quizá también hablar con Kate.

La única cosa de la que estaba seguro es que Bella era la mamá de Pequeña y eso necesitaba hacerse legal.

Pobre Pequeña, extraña a su mami. Intentaré actualizar esta historia cada sábado en la noche.

¡Gracias a todas por sus comentarios! ^^


*Chapter 32*: Finally Friday
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 32: Al fin es viernes

Jesucristo, finalmente era viernes.

De verdad nunca antes una semana había transcurrido tan lento. Estar una semana sin Bella apestaba, pero tendría
que hacerlo una y otra vez hasta que encontráramos una casa para mudarnos a Forks. O hasta que ella pudiera dejar
solo a Charlie con la confianza de que él no mandaría a uno de sus empleados para que le llevara una maldita
hamburguesa con queso.

—¿Te vas a ir temprano? —preguntó Jasper cuando le pasé el último historial que debía revisar.

Asentí.

—Sí, papá dijo que estaba bien siempre y cuando terminara todos mis pendientes, lo cual ya hice. Iré a revisar a Bree y
después me voy de aquí. Esta mañana subí al carro todo lo que Pequeña y yo necesitaremos, así que iremos directo a
Forks cuando la recoja.

—Qué bien. Entonces eso significa que no estarás de mal humor el lunes, ¿verdad? —se burló.

—Vete a la chingada, y da vergüenza que tengas que sonsacarle esas mierdas a mi papá.

Se rió.

—Pero tiene razón. Y de una vez te aviso que Bree está más malhumorada que nunca. Hoy fue a verla el Doctor Philips.

Suspiré, suponía que su cirujano ortopédico no le había dado buenas noticias.

—¿Qué tan mal le fue?

—Le espera otra cirugía en cuanto se recupere —hizo una mueca.

—Sí, estoy seguro de que está de mal humor. Te veré más tarde. ¿Salimos a tomar una de estas noches? Apuesto a
que mamá quiere cuidar a Sofía.

Asintió.

—Me parece bien.

Me puse la mochila en el hombro antes de caminar por el pasillo hacia la habitación de Bree. Cuando abrí la puerta y
entré, la encontré con los audífonos puestos y llorando. Mierda, ¿tenía que llorar?

Estiré la mano para quitarle uno de los audífonos y levantó la cabeza.

—Oh —dijo, quitándose el otro antes de limpiarse las lágrimas—. Pensé que ya te habías ido.

Sacudí la cabeza y me senté.

—Me iré pronto. ¿Qué, uh... por qué lloras?

—Por una canción triste —dijo obviamente mintiendo.

—Ésas son mierdas. ¿Qué te dijo el Doctor Philips?

Se le aceleró la respiración y volvió a llorar. Pues mierda. Estiré la mano y tomé la suya.

—Respira —dije con suavidad—. Inhala por la nariz y exhala por la boca.
No es bueno hiperventilar si tienes neumonía. Sus niveles de oxígeno ya son bastante malos, y no quería que
empeorara. Así que... la consolé. Bueno, mi estilo incómodo de consolación.

—Todo está bien —dije—. Sólo... cálmate.

—Y-y-yo... no podré... correr... en otoño —sollozó jadeando por aire—. Dijo... mínimo un año de t-terapia.

Asentí pasando el pulgar por el dorso de su mano.

—Lo lamento, pero hay una gran probabilidad de que puedas volver a correr con la terapia física.

—Es más... más que sólo la b-beca.

—Inhala por la nariz y exhala por la boca —le recordé y asintió.

—E-eso intento.

Siguió mis instrucciones —más o menos—, e intentó calmarse. Yo sólo... le dije que estaba bien. Quiero decir, ¿qué
más le podía decir? Cuando su respiración volvió a la normalidad, le pregunté:

—¿Qué más es aparte de la beca?

—Yo era buena —sollozó—. Puede que no sea la chica más i-inteligente el mundo, pero soy rápida y cuando corro me
siento... bien. Me ayuda a olvidarme de todas las otras cosas, ¿sabes?

—Sí, yo también corro a veces para aclararme la mente.

—¿Qué se supone que voy a hacer si no puedo correr? Es sólo que todo... se está desmoronando. Ni siquiera puedo ir
a casa por la estúpida neumonía. Estoy atascada en este lugar horrible y lo odio. Odio todo —dijo de manera dura
mientras se secaba las lágrimas.

—Lo lamento.

—Parte de mí desea... desearía... ¿por qué me salvaste?

Alcé la ceja intentando descubrir qué debía decir.

—Porque es mi trabajo.

—Mírame. En serio, sólo mírame. ¿Qué tan justo es que tenga que vivir con la apariencia de un asqueroso fenómeno?

Suspiré y me pasé una mano por la cara.

—No pareces un fenómeno.

—Mi amigo Riley vino a verme antes de que me diera neumonía. Lo amo. De verdad lo amo, pero él no lo sabe. Puede
que antes tuviera una oportunidad con él porque era bonita, pero ahora ya no lo soy. Ni siquiera podía verme a los ojos,
Edward.

—Entonces es un jodido idiota —dije. Esto estaba más allá de mi conocimiento. Chicos adolescentes, ¿en serio? —.
Porque eres hermosa, y si él no puede ver eso por unas cuantas cicatrices que se desvanecerán con el tiempo,
entonces no merece tu amor. Sigues siendo tú, Bree. Eres divertida, dulce y... buena onda. Los chicos todavía dicen
eso, ¿verdad? Me refiero a buena onda.

Sus labios se curvaron ligeramente.

—A veces.

Asentí.

—Entonces buena onda... eres una persona buena onda, y extrañaré verte cuando vayas a casa. Pero estaré más feliz
porque eso significará que estarás lo suficientemente sana para ir a casa. Estás viva, y aunque puede que ahora no lo
entiendas, es lo que más importa. La verdad no puedo ayudarte con todas estas cosas. Soy jodidamente malo para
tener conversaciones serias y desde ahora debería disculparme con mi hija. Pero sólo porque yo no puedo ayudarte no
significa que nadie más pueda. Estás pasando por muchas cosas. Y aunque ya ha pasado un tiempo, sé que ser
adolescente no ayuda mucho. Pero hay gente que puede ayudarte.
—No voy a...

—Sí, sí, no verás a nadie —la interrumpí—. Pero como ya te dije, eso es estúpido porque ellos te pueden ayudar. Tienes
que poder sacar todo esto de tu interior o terminarás siendo miserable. ¿De verdad quieres ser miserable por el resto
de tu vida?

Sollozó y sacudió la cabeza.

—Pero no estoy loca.

—Nadie dijo eso. Pasaste una experiencia traumática y casi mueres. Esas son mierdas bastante fuertes y
derrumbarían a cualquiera. No, ahora no puedes correr, pero puedes hablar.

—No quiero otra cirugía.

—Desearía que no tuvieras que pasar por otra, pero debes hacerlo. Todo es parte de mejorar, física y emocionalmente.
Estás enojada, asustada, confundida y Dios sabe qué más, pero nada mejorará hasta que hagas algo al respecto. Por
favor, Bree, habla con alguien que pueda ayudarte.

—Es que... no sé qué hacer.

—Es demasiada carga —dije poniéndome de pie—. No soy una persona que sepa abrazar, así que de una vez te pido
disculpas.

Me agaché y pasé un brazo a su alrededor mientras que ella hacía lo mismo conmigo. Dios, era un poco... extraño, pero
pensaba que lo necesitaba. Bella una vez me dijo que los niños abrazaban pensando que eso mejoraría las cosas. No
iba a solucionar nada, pero quizá la haría sentir un poco mejor, y al final eso era todo lo que quería.

Me agradaba Bree y quería que estuviera bien, más allá de lo físico, lo cual solía ser todo lo que me importaba. Cuando
terminaba mi trabajo me alejaba con una sonrisa, pero había más que sólo reparar órganos y coser a alguien. Bree me
hizo ver eso. Bueno, para ser honestos, fueron Pequeña y Bella las que me abrieron los ojos para poder ver de verdad.

—De acuerdo, ya se está poniendo algo incómodo —dijo Bree riéndose suavemente al separarnos.

—Sí, yo también lo sentí —sonreí—. Regresaré el lunes a verte. Estoy seguro de que estarás aquí unos cuantos días
más, ¿no?

Asintió.

—Eso parece. El Doctor Philips quiere hacer la cirugía en cuanto le digan que estoy suficientemente bien para ello.

—Genial, pasaré por aquí. Quiero escuchar buenas noticias, ¿de acuerdo?

—Le pediré a mis padres que me saquen cita con algún terapeuta.

Sonreí y agarré mi bolsa.

—Creo que eso te ayudará mucho. Nos vemos.

—Gracias por... ya sabes.

—De nada —dije simplemente.

Incluso después de pasar tanto tiempo con Bree, logré llegar por Pequeña a las seis y media. Una vez más me dijeron
que estuvo renegona todo el día.

—Ya vamos a ver a mamá, bebé —dije y besé su mejilla mientras me dirigía a la SUV. Al parecer se animó por eso,
estaba sonriendo mientras la sentaba en su asiento.

Ella balbuceó mientras yo manejaba, parecía que estábamos teniendo una conversación, una que ninguno de los dos
podíamos entender. Llamé a Bella y la puse en las bocinas de la camioneta para que pudiera escuchar la emoción de
Pequeña.

—¿Oh en serio? —preguntó Bella, riéndose un poco—. Dime más.


Y eso hizo Sofía, riendo y aplaudiendo. Era jodidamente difícil no voltear a verla. Probablemente se veía adorable.

—Llegaremos en quince minutos —dije—. Probablemente Sofía se cagará de felicidad cuando te vea.

Afortunadamente Pequeña no repitió cagar. Cuando le conté a Bella que básicamente había dicho joder frente a mamá
se soltó riendo, diciendo que sabía que Sofía diría algo malo en algún momento. Yo no le encontraba lo gracioso, más
que nada porque mamá me regañó de manera descomunal. Sí, me sentí como un niño que es atrapado con la mano
en el maldito jarro de las galletas. Sólo diré que desde entonces había estado intentando con todas mis fuerzas no
decir joder frente a ella.

—Estoy listísima para verlos a ambos —dijo—. Te amo.

Sonreí.

—También te amo. Adiós.

—Adiós.

Presioné el botón en el volante para colgar antes de mirar a Pequeña por el retrovisor. Se veía contenta, el resto del
viaje se la pasó jugando con uno de sus juguetitos. Cuando llegué al porche de Charlie, Bella ya nos estaba
esperando en la entrada.

Se apuró hacia la puerta de atrás mientras yo salía. Pequeña tendría su turno, pero yo iba primero. La jalé hacia mi
pecho, acaricié su mejilla con mi pulgar mientras la besaba. No fue rápido ni simple. Me tomé mi tiempo para
memorizar su sabor de nuevo. Joder, la había extrañado. Extrañaba todo, no sólo esto. Su aroma, su tacto, su hermosa
sonrisa y sus mejillas sonrojadas al separarme.

—Siento que ha pasado una eternidad —dijo, alzando la cabeza para besarme de nuevo—. Te extrañé.

Sonreí.

—Yo también te extrañe. Oh, y también ella, quizá quieras sacarla de allí —me reí al escuchar los gritos de Pequeña
desde adentro del carro.

Bella abrió la puerta con rapidez, desabrochó a Pequeña y la sacó del carro. Me fue imposible contar la cantidad de
veces que besó sus mejillas mientras Sofía decía "¡Mamá!" una y otra vez. Ellas entraron y yo me quedé afuera para
sacar la cuna portable y la pañalera de Pequeña de la cajuela, llevándolas adentro antes de regresar por las otras dos
bolsas. Cuando volví a bajar las escaleras encontré a todos en la sala.

Charlie se veía bastante bien. Se estaba recuperando bien de su ataque al corazón, pero se podía ver que estaba
cansado. Sonrió al ver a Bella y Sofía reconectarse.

—¿Cómo se siente? —le pregunté sentándome junto a Bella en el sofá.

Asintió.

—Bastante bien. Ella me ha estado cuidando bien, pero me alegra que por ahora tenga a la Calabacita. Los ha
extrañado a los dos.

Sonreí y puse mi mano en la cintura de Bella ignorando el horrible apodo.

—Nosotros también la hemos extrañado.

Mientras me platicaba de su salud y de lo que había estado pasando, Bella fue a terminar la cena de Pequeña y la
nuestra también. Carajo, extrañaba su comida. En estos momentos incluso aceptaría la comida saludable que Charlie
despreciaba siempre y cuando fuera cocinada por ella.

Afortunadamente preparó dos cenas, y ciertamente la mía no era saludable. Era su increíble espagueti. Me comí todo,
asegurándome de que supiera qué tan rico estaba. No pude evitar la mirada asesina de Charlie de su plato de pollo
hacia mí mientras me comía un champiñón.

Era venganza por lo que pasó en el viaje de pesca.

—¿Has aprendido alguna palabra nueva, cielo? —preguntó Bella, sosteniendo a Pequeña en su regazo mientras le
daba de comer. Estaba cumpliendo su palabra, no había soltado a Sofía desde que llegamos.
—¡Mamá, bee nah eee! —gritó.

Bella se rió y asintió.

—No sé muy bien qué significa "bee nah eee" pero claro que sí.

—Dile a mami que la cena estuvo rica —dije—. Rica, rica, rica.

—¡Iii caa! —repitió mirando a Bella.

—Me alegra —le dijo sonriendo y besó su mejilla.

Después de cenar y de bañar a Pequeña —ya que la había dejado mancharse de espagueti—, todos nos sentamos en
la sala. Sorprendentemente Bella dejó que su papá cargara a Sofía por un rato.

Ella llevó su mano directo al pornstacho, enorgulleciendo a papi con un buen tirón.

—Sí, estás más fuerte —Charlie se rió apartándole la mano—. Parece que también creciste mucho. Es difícil creer que
ya estés así de grande viendo que hace unos meses estabas pequeñita.

—No puedo creer que en dos semanas cumplirá un año —dijo Bella—. Si no hay algún percance, a papá le gustaría ir
a la fiesta que organizaremos en casa de tus padres, Edward.

—Prometo que esta vez no tendré un paro cardíaco en su cocina —dijo Charlie, sonriendo un poco—. Me estoy
comportando, ¿verdad Bells?

Ella rodó los ojos.

—Vuelve a intentar que alguien te traiga una hamburguesa y te haré comer tofú.

Me reí inclinándome para besar la mejilla de Bella.

—O podrías castigarlo haciéndome una a mí y dejándome comerla frente a él.

—Todavía tengo pistolas, hijo, no me provoques —dijo Charlie agachándose para dejar a Pequeña en el piso.

Gateó hasta Bella, se agarró de su pierna y se paró. Antes de que Bella pudiera agarrarla nos sorprendió
completamente al dar un paso y después otro y otro para luego caer sobre su colita no muy lejos de nosotros.

Santa mierda.

—Acaba... —dije mirando a Bella—. Caminó, ¿verdad? No fue mi imaginación.

—¡Dios mío! —dijo Bella sonriendo—. ¡Lo hizo! ¡Caminó!

Nos levantamos apurados del sillón y yo cargué a Pequeña levantándola sobre mi cabeza. Mi niña caminó, carajo.
Claro, ya no era nada nuevo que se pusiera de pie y había estado esperando esto en cualquier momento, pero no esta
noche. No con Bella aquí. Estuvo perfectamente sincronizado.

—Esa es mi niña —dije besando su mejilla—. ¿Caminaste esta noche sólo para que mamá pudiera verte?

Bella se rió y estiró sus manos hacia Pequeña. Se la pasé y Bella la abrazó con fuerza contra su pecho.

—¡Oh, gracias, corazón! —dijo—. No sabes el miedo que tenía de perderme esto.

Me incliné y presioné mis labios sobre los de Bella mientras Sofía se removía y se reía.

—¿Crees que pueda hacerlo de nuevo?

Asintió.

—Intentémoslo.

Pasamos la siguiente hora en el piso, dejando a Pequeña caminar entre nosotros a cambio de juguetes. Ciertamente
no era muy buena haciéndolo y siempre terminaba sobre su colita después de un paso o dos, pero aún así estaba
caminando. La verdad no podía creer lo que veía. Los recuerdos de nuestra primera noche juntos pasaron ante mis
ojos. Esa pequeña niña con la cara enrojecida que no podía hacer nada, ahora estaba caminando y hablando.

Estaba malditamente orgulloso.

—Va a llorar —dijo Charlie desde su sillón.

Levanté la vista y rodé los ojos.

—No es cierto. —Bueno, quizá podría hacerlo, pero no lo haría—. Es que no puedo creer que ya casi tenga un año.

—Crecen muy rápido —sonrió y miró a Bella jugar con Pequeña—. Antes de que te des cuenta, serán ellos los que te
cuiden a ti.

—Oh calla —dijo ella—. Pronto volverás a la normalidad.

—Eso espero —suspiró—. Entonces, ¿van a ir a ver casas mañana?

Asintió.

—Hay tres casas que quiero enseñarle y la señora Newton dijo que andaría por aquí, así que la llamaré en la tarde.
¿Estás seguro de que estarás bien si te quedas solo unas horas?

—Claro.

Pequeña bostezó y parpadeó de cansancio al mismo tiempo que soltaba el juguete que tenía en manos.

—Alguien está lista para irse a la cama —dijo Bella—. Yo la acuesto, si estás de acuerdo. He extrañado acostarla.

—Sí, adelante —dije.

La cargó y me la pasó para poder darle su beso de buenas noches.

—Descansa, Sofía. Te amo.

—Mo —dijo antes de regresársela a Bella.

Luego de que ellas subieron las escaleras comencé a guardar todos los juguetes en la bolsa. Charlie apagó la
televisión, así que supuse que también se iba a acostar ya, pero no se movió.

—¿Puedo hablar contigo? —preguntó.

—Uh, sí, por supuesto —dije, cerrando la bolsa para luego sentarme en el sofá—. ¿Qué pasa?

—Sólo quiero agradecerte todo lo que has hecho por mí... y por traer a Bella de regreso. Sé que probablemente Forks
no es tu lugar ideal para vivir, pero es un buen pueblo. La gente es amable y sé que te apreciarán mucho en el hospital.

Sonreí.

—La verdad nunca me imaginé viviendo en un pueblo más pequeño que Port Ángeles, pero creo que todo saldrá bien.
Me emociona lo que el Doctor James me ofrece. Ciertamente va a ser diferente, pero sé que es aquí donde
pertenecemos. Bella ama este lugar, y estoy seguro de que yo también lo haré. Además quiero que Sofía crezca en un
lugar como éste.

—Y hablando de eso... vas a casarte con mi hija, ¿verdad?

Asentí.

—Eso espero.

—Entonces... ¿Sofía será mi nieta?

—Yo... me gustaría que lo fuera. Entiendo que no es la hija biológica de Bella, pero lo es de cualquier otra manera. Se
aman. Esta última semana ha demostrado eso. Me refiero a que Sofía se negaba a comer si no veía a Bella.

—Eso escuché.

—Significaría mucho para mí si algún día pudiera considerarla parte de su familia. No puedo pedirle eso, queda a su
decisión.

Sonrió un poco.

—Claro que la considero familia, es la hija de mi hija. Sólo... supongo que quería saber qué pensabas de eso.

—Gracias Charlie —dije ofreciéndole mi mano.

Le dio un apretón.

—Gracias por hacer feliz a mi hija.

Luego de una aburrida mañana, Bella, Pequeña y yo salimos cerca de medio día para encontrarnos con el corredor de
bienes raíces que nos llevaría a ver las casas. Sólo diré que todas eran un asco. El pequeño pueblo no tenía mucho
que ofrecer, así que no sabía qué íbamos a hacer. Luego de terminar con el corredor de bienes raíces, llegamos a un
pequeño restaurante para comer y comentar lo que habíamos visto.

—No eran tan malas —dijo Bella, le estaba dando de comer a Pequeña mientras esperábamos nuestra comida—.
Quiero decir, puede que necesiten unas cuantas reparaciones, pero son habitables.

Alcé la ceja.

—¿Nos conformaremos con algo habitable?

—Sabes lo que quiero decir —bufó—. Me gustó ésta.

Me señaló en la lista una vieja casa de cuatro habitaciones. Era la más grande que habíamos visto, pero, carajo,
necesitaba muchas reparaciones.

—Tiene un patio grande —dije—. Y una cochera para dos carros, así que hay espacio para Tanya.

Se rió con suavidad.

—¿Ves? Podría funcionar. Y no está tan cara, así que hacer las reparaciones necesarias no sería un problema.

—Pero necesitamos mudarnos pronto.

—Como dije, habitable.

Solté la hoja y me pasé la mano por la cara mientras suspiraba.

—¿La quieres?

Se encogió de hombros.

—Es la mejor que hemos visto. En realidad creo que sería bonito. Remodelaríamos la cocina y los baños, pintar
adentro y afuera, poner pisos nuevos, y seguir a partir de ahí. Es lo suficientemente grande, ¿verdad?

Asentí.

—Sí, más de lo que necesitamos.

Sonrió.

—Hay que pensarlo, ¿sí? Está a unas calles de la casa de mi papá y del hospital. Bueno... supongo que todo está igual
de cerca.

Me reí.

—Cierto. Y sabes, mi mamá es buena con estas mierdas de las casas. Ella hizo todo en su casa, así que podría
ayudarnos.

—¡Perfecto! No vamos a encontrar una casa exactamente como la quieres, así que esta es la mejor opción. Está bonita
por fuera, ¿no crees?

—Uh... claro —sonreí.


Mientras comíamos seguimos hablando de la casa y de lo que podríamos hacerle. Bella me contó lo que podía "ver" y
me convenció. Habló un poco de Pequeña en el patio, o ayudándole a Bella a cocinar, y simplemente esas pequeñas
escenas que podía imaginar en nuestra casa. Para cuando regresamos a casa de Charlie, ya estaba decidido que
pondríamos una oferta el lunes a primera hora.

Lo único que me faltaba era hablar con el Doctor James del Comunitario de Forks y luego estaría todo listo. En realidad
estaba un poco nervioso por la reunión de mañana, la cual estaba planeada a las nueve de la mañana. Quería este
trabajo, y cuando le conté a Bella sobre lo que estaría haciendo, dijo que se me iluminaba la cara, sea lo que sea que
eso signifique.

Nunca imaginé este tipo de vida para mí, pero me encantaba la idea. Cuando decidí ser doctor, lo hice para ayudar a la
gente. Podía hacer eso en cualquier lugar, pero estar en Forks marcaría una verdadera diferencia. Ningún cirujano
recién salido de la residencia saltaba ante la oportunidad de trabajar en un pequeño pueblo, pero este era el tipo de
lugar en el que en realidad eran necesitados.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Bella, estaba recargada contra mí con Pequeña en brazos mientras veíamos
la televisión con el volumen bajo.

Charlie ya se había acostado, así que sólo quedábamos nosotros. Aunque probablemente Pequeña se dormiría
pronto. Cuando llegamos aquí no hicimos mucho aparte de hablar sobre la casa y las posibilidades que tenía. Fue una
tarde tranquila, un cambio bastante agradable.

—En el Comunitario de Forks —dije, pasando la mano por la espalda de Sofía—. No puedo esperar para escuchar lo
que tenga que decirme el Doctor James. Ya sabes, cómo me utilizarán y qué cambios podemos hacer.

—Es lindo verte así de emocionado. He estado preocupada de que nos mudemos aquí y tú seas miserable porque
esto no es lo que realmente quieres.

Besé su sien.

—No seré miserable, Bella. Ni siquiera se acerca al plan que yo tenía para mi vida, pero seamos honestos, ese plan
era un asco.

Se rió suavemente.

—¿Qué? ¿El plan de tener una chica diferente cada noche hasta que terminaras con todas?

—Sabes, ahora me odio por haber sido así. No lo extraño en absoluto.

—Más te vale.

—Pssh, te tengo a ti, ¿por qué carajo extrañaría eso?

—Buena respuesta —sonrió—. Y ciertamente yo tampoco me veía siendo mamá, pero es todo lo que quiero ahora.
Desearía haberla parido, pero estoy agradecida por tenerla a ella y tenerte a ti.

Cuando la miramos, Pequeña ya estaba profundamente dormida.

—Recuérdame agradecerle un día, ¿sí? —pedí.

—Oh, creo que ambos tendremos que hacerlo —me sonrió—. Te amo.

—Yo también te amo.

Se están acercando muchos cambios, parece que las cosas finalmente caen en su lugar. El siguiente capítulo
estamos de fiesta. ¡Pequeña cumple un año!

Espero que les haya gustado. ¡Gracias por sus comentarios!


*Chapter 33*: First Birthday
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 33: Primer Cumpleaños

Desafortunadamente mis dos días y medio con Bella pasaron demasiado rápido. Tuve una reunión con el Doctor
James el domingo en la mañana y salió muy bien. Estaba jodidamente emocionado por comenzar a trabajar en Forks.
Hace poco el consejo directivo invirtió un chingo de dinero para remodelar y modernizar el hospital, así que el área de
cirugía estaba mejor de lo que esperaba. Sólo había dos quirófanos, pero ambos estaban equipados con la última
tecnología y el Doctor James prometió que, al entrar yo a trabajar, intentaría adquirir cualquier cosa que sintiera que
hiciera falta. El hospital era pequeño y dijo que pasaría mucho tiempo en emergencias. Comenzó a contarme lo que
solían hacer y me convenció. Muchas veces mandaban a Port Ángeles a pacientes que necesitaban cirugías, él estaba
determinado en detener eso invirtiendo más dinero al hospital de modo de poder realizar más procedimientos aquí.

Vi la diferencia que yo estaría haciendo y me di cuenta de lo mucho que me necesitaban. Me ofreció comenzar a
trabajar a principios de abril —en unos dos meses—, y lo acepté firmando el contrato sin pensarlo más. Sólo esperaba
que para entonces el trato de la casa ya estuviera cerrado.

Pusimos nuestra oferta el lunes y fue aceptada, así que ahora sólo estamos esperando que se realicen los trámites
necesarios. Ya habían pasado casi dos semanas desde la última vez que vi a Bella debido a que me había tocado
trabajar el fin de semana pasado. Afortunadamente el cumpleaños de Pequeña era en dos días, ella y Charlie iban a
venir. Aprovechando que tenía la noche libre, Jasper y yo salimos a tomar mientras que Sofía se quedaba en casa de
mis padres.

—Esto es una jodida locura —dije riéndome—. Tú ya pusiste fecha para tu boda y yo le compré una casa a mi familia.
¿Qué carajo nos pasó?

—Mujeres —dijo Jasper sonriendo—. Es difícil de creer, ¿no? ¡Carnal, me casaré en diciembre! Santa mierda.

—Y yo te haré la mejor despedida de soltero del mundo.

Levantó su cerveza y la chocó con la mía.

—Claro que sí. Entonces, ¿cuándo te vas de OMC?

—El 31 de marzo es mi último día, y luego comienzo en Forks el nueve de abril.

Jasper y yo nos fuimos a las diez luego de unas cuantas cervezas y unas alitas. Sí... yo me fui de un bar a las diez.
Joder, sí que habían cambiado los tiempos. Aunque fue bueno salir con él de nuevo. Con lo mucho que habían
cambiado nuestras vidas ya sólo nos veíamos en el trabajo o cuando salíamos con Alice y Bella, lo cual no había
pasado muy recientemente. Ciertamente era difícil tener tiempo libre con Pequeña, pero no me molestaba. Prefería
pasar la tarde con ella y con Bella que salir.

Cuando regresé a mi apartamento y me dirigí a mi habitación me di cuenta de que las luces estaban encendidas.

—¿Qué carajo? —exclamé.

Sab ía que las había apagado en la mañana, así que me quedé a un lado y abrí la puerta, asomándome sólo un poco.
Ciertamente no esperaba encontrar eso que vi. Bella estaba en mi cama vistiendo un conjunto de encaje. Rápidamente
lanzó al piso el libro que tenía en las manos y sonrió al verme.

—Bueno... sorpresa —dijo.

Dejé mis llaves en la cómoda y me reí entre dientes.

—Sí, ¿qué haces aquí?

—Estoy bastante segura de que papá estará bien por una noche, así que decidí venir. Te he extrañado y quería
sorprenderte. ¿Qué opinas? —Jugó con el pequeño pedazo de tela que la cubría y sus mejillas se enrojecieron.

Jesucristo, ¿he mencionado que amo a esta mujer?

Rápidamente me saqué la camisa del uniforme por la cabeza, me quité los zapatos y me acerqué a la cama para
acostarme junto a ella.

—La verdad creo que se vería mejor en el piso —dije, pasando mis labios sobre los suyos antes de morderle el labio
inferior y besarla.

Carajo, ni siquiera quería pensar en cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había estado con ella. Sólo
diré que es demasiado tiempo. Mi mano se deslizó debajo de esa cosa de encaje, sintiendo su piel suave y cálida. Su
cuerpo jodidamente perfecto estaba aquí, junto a mí, y me sentía tan feliz de que ella hubiera hecho esto.

—Eres maravillosa —dije, alejándome ligeramente—. También te he extrañado y no sólo de esta manera. Vas a pasar
la noche aquí, ¿verdad? Carajo, Bella, por favor no te vayas.

Puso su mano en mi cara y sonrió.

—No me iré hasta mañana. Aquí estoy, sólo haz que dure, ¿sí?

Moví mis labios por su mandíbula.

—Lo haré, corazón. Me voy a tomar mi tiempo. ¿Eres consciente de lo bien que sabes?

Gimió cuando besé detrás de su oído.

—Te amo.

—También te amo.

Después de tocar y saborear cada centímetro de su piel mientras le quitaba el pequeño pedazo de tela que la cubría,
me quité los pantalones y bajé por su cuerpo. Disfruté de cada momento, me tomé mi tiempo para mover mis dedos
dentro de ella, chupé su clítoris mientras se venía gritando mi nombre. Teníamos toda la noche, pero yo... carajo,
necesitaba estar dentro de ella. Me moví lentamente, amando un chingo la forma en que se sentía envuelta alrededor
de mi polla. Su coño era perfecto, justo como todo centímetro de su ser.

—Oh Dios —gimió cuando subí su pierna para entrar más rápido en ella.

Estaba tan jodidamente cerca. Estaba chupando su cuello y frotando su clítoris cuando de repente se vino. Amab a oír
mi nombre salir de sus labios, y yo me vine después que ella, colapsando a su lado. Se puso sobre mi pecho, jadeaba
de manera suave igual que yo. Estábamos lejos de terminar, pero por el momento, sólo la abracé, deseando no tener
que dejarla ir nunca jamás.

No estaba listo para que Bella se fuera la mañana siguiente, aun sabiendo que la vería pasado mañana. Desperté con
ella junto a mí y la miré. Era tan malditamente hermosa, y lo que había hecho anoche contaba como una de las
mejores sorpresas de mi vida. Ella también me extrañaba y había venido aquí para que pudiéramos pasar la noche
juntos.

Probablemente debería sentirme mal porque dejó solo a Charlie, pero sabía que no lo habría hecho si no estuviera
segura de que él estaría bien. Miré el reloj sabiendo que tendría que irse pronto. Cuando besé su hombro, giró la cara
hacia mí y me sonrió adormilada.

—Hola —susurró.

Sonreí.

—Hola, ya casi son las ocho.

Suspiró asintiendo.

—Le dije a papá que regresaría a las nueve, pero no me quiero ir.

La besé con suavidad y la abracé con fuerza.


—Yo tampoco quiero que te vayas, pero te necesita, y yo tengo que ir por Pequeña.

—La extraño muchísimo, ¿sabes? Las video llamadas son buenas y todo, pero no es lo mismo. Ni siquiera se acerca.
Ella aprende y crece todos los días, y odio saber que me lo estoy perdiendo.

—Yo también lo odio, pero pronto estaremos todos juntos. Estoy seguro de que en unas semanas Charlie estará bien
si se queda solo, quizá te puedas regresar para acá hasta que nos den la casa.

Asintió sonriendo.

—Nuestra casa.

La besé de nuevo y luego le dije:

—No puedo esperar, Mordelona.

Luego de levantarnos ella se dedicó a guardar sus cosas en su pequeña maleta y se cambió mientras yo preparaba el
café. Llamó a Charlie para decirle que no regresaría hasta casi las diez y se quedó para beber unas cuantas tazas de
café mientras platicábamos. Al fin había avisado en la escuela que no regresaría después de que terminara su
permiso. Todavía no encontraba trabajo en Forks, pero decidió renunciar al suyo en lugar de manejar a diario. Lo
resolveríamos todo eventualmente, pero mientras tanto yo la mantendría.

Por cierto, ella detestaba eso. Demonios, cuando se mudó a mi apartamento hace unos meses, me obligó a dejarla
pagar la mitad de la renta y la despensa para poder contribuir. No le gustaba no poder mantenerse, pero ahora tendría
que ser así hasta que encontrara trabajo en Forks.

—Nos vemos mañana —dijo Bella, tenía su cabeza recargada en mi pecho y yo la estaba abrazando—. Desearía
quedarme, pero conociendo a Charlie para la cena ya estará ordenando comida de The Lodge.

Me reí entre dientes y asentí.

—Estoy seguro de que sí. Le pedirá a uno de sus ayudantes que se lo lleve.

—Sí, no dudo que pedirá un filete gordo y grasoso —se rió con suavidad antes de suspirar y abrazarme más fuerte—.
Vas a vestir a Sofía con el conjunto que elegí, ¿verdad? No puedo creer que mañana cumplirá un año.

—Es una locura ver lo rápido que pasa el tiempo, y sí, se lo pondré, aunque no puedo entender porqué compraste un
conjunto especial para su cumpleaños.

Me miró y sacudió la cabeza sonriendo.

—Porque es un día especial así que necesita un conjunto especial. Sólo hazlo.

Acaricié su mejilla.

—Lo haré. Te amo.

—Yo también te amo. Llegaremos a casa de tus padres a las once, ¿de acuerdo?

Asentí.

—Está bien.

Bajé la cabeza para besarla una vez más antes de abrirle la puerta. Luego de que ella se fue, me subí a mi carro para ir
a casa de mis padres por Pequeña. Todavía me sorprendía saber que mañana cumplía un año. Tenía diez meses con
ella, y parecían haber pasado jodidamente rápido.

—¿Puedes caminar hacia papá, preciosa? —dijo papá. Pequeña estaba de pie y él sostenía sus manos.

Yo acaba de llegar y los vi jugando a ambos en la sala. Papá soltó sus manos y ella caminó con paso tambaleante
hacia mí, para luego caer sobre su colita después de un par de pasos. Sólo se rió y se volvió a levantar para terminar
de recorrer el camino hacia mí.

La cargué y besé su mejilla.


—¡Qué linda niña! —la alabé—. ¿Me extrañaste, Sofía?

—¡Papá! —gritó—. ¡Papá, papá, papá!

Soplé un beso en su mejilla y se removió contra mi pecho riéndose. Aunque me empujó la cara con la mano cuando se
cansó de eso.

—De acuerdo, ya no te soplaré besos —dije—. Dale un beso a papá.

Puso sus manos en mi cara y dejó un beso lleno de baba junto a mi boca. Jodido Jesucristo, ¿podría ser más linda?
Me senté en el sofá con ella justo cuando mamá iba entrando a la habitación.

—¿Cómo se portó? —pregunté.

—Bastante bien —dijo papá—. Renegó luego de que te fuiste anoche, como siempre, pero luego se calmó. Ya está
caminando muy bien, ¿sabes? Y también ya está comenzando a descubrir cosas nuevas —se rió sacudiendo la
cabeza.

Mamá no parecía estar tan alegre como él, así que asumí que Pequeña no se había portado tan bien.

—¿Qué hizo? —pregunté.

—¿No ves que todas mis plantas están afuera? —preguntó mamá—. Tu papá decidió dejarla sola por unos minutos e
hizo un tiradero con la tierra.

Intenté con todas mis fuerzas no reírme ante la imagen de Pequeña cubierta en tierra.

—No se la comió, ¿verdad?

—No, la atrapé a tiempo —papá se rió entre dientes—. Sólo diré que fue bastante adorable. No volveré a cometer el
error de dejarla a solas para contestar mi teléfono.

—Sí, Bella y yo aprendimos eso cuando estaba gateando. Una vez sacó todos mis DVDs de la repisa.

—¿Y estás listo para tener una hija de un año? —preguntó mamá sonriendo—. Es difícil creer lo mucho que ha crecido.

—Dios, lo sé —suspiré—. Es una locura saber que la he tenido desde hace diez meses. ¿Ya están listas todas las
cosas de la fiesta? Bella y Charlie llegarán mañana como a las once, Bella quiere ayudar a preparar todo.
Probablemente nosotros también vendremos a esa hora.

Asintió.

—Me parece bien. Bella va a traer las decoraciones, y yo haré dos pasteles, uno chico y uno grande. Creo que será un
buen primer cumpleaños.

—No es como si ella fuera a recordarlo.

—Pero tú sí, y justo ahora ése es el asunto. Yo todavía recuerdo el tuyo —sonrió.

—Oh sí, le tenías miedo a las velas —papá se rió—. Gritaste y lloraste hasta que las apagamos.

—¡Fue tan adorable! —dijo mamá.

Rodé los ojos.

—Sí, lo que sea. Creo que ya nos vamos, ¿de acuerdo?

Se pusieron de pie junto conmigo y mamá cargó a Sofía mientras yo llevaba su pañalera al carro. Para cuando
llegamos a casa ya estaba comenzando a nevar un poco. Cuando nevó por primera vez este año, Bella y yo sacamos a
Pequeña. Carajo, le encantó e intentó agarrar los copos de nieve, así que antes de entrar me quedé afuera con ella por
unos momentos.

—Es nieve, bebita —dije mientras ella veía con fascinación e intentaba agarrar los copos de nuevo—. ¿Puedes decir
nieve?

—E-ve —dijo sonriéndome—. ¡E-ve!


Me reí y besé su mejilla.

—Perfecto. Eres muy inteligente. Lo sabes, ¿verdad? La pequeña genio de papá.

Nos quedamos afuera unos minutos más y le llevé hacia donde había un poco de pasto. La bajé para dejarla jugar con
la poca nieve que había en el suelo. Golpeó el suelo con sus manos cubiertas por sus manoplas, reía al disfrutar de su
momento. Luego de que se divirtió un poco la metí antes de que le diera demasiado frío.

El resto del día pasó rápidamente. Pequeña tomó su siesta mientras yo hacía un poco de trabajo, y luego tuvimos
nuestra video llamada de siempre con Bella mientras comía. Luego de bañar a Sofía y acostarla, llamé a Bella y
hablamos un rato. Ella y mamá habían planeado toda la fiesta a través del teléfono, y me enseñó las decoraciones que
había comprado.

—Es demasiado rosa —me reí.

—¡Por supuesto! —dijo—. Tenemos una hija, Edward, todo va a ser rosa. Creí que ya estabas acostumbrado.

Asentí.

—Creo que me acostumbré bastante bien considerando el hecho de que no me molesta cargar con un porta bebé
rosa.

—Y te hace ver muy masculino —se rió—. Oye, ¿me harías un favor?

—Lo que quieras.

—Sé que ella no notará la diferencia pero, ¿puedo llamarte a media noche para que pongas el teléfono junto a su oído?
Es que... quiero desearle un feliz cumpleaños. No la despertaré, es sólo que... —Se encogió de hombros—, quiero
hacerlo, ¿sabes?

Asentí sonriendo.

—Por supuesto.

Luego de hablar por un rato más mientras disfrutaba de poder verla, nos desconectamos de las computadoras. Me
bañé y luego llevé los regalos de Pequeña al carro; básicamente corrí para llevarlos porque el monitor no tenía señal
tan lejos. A medianoche hice lo que Bella me pidió y puse mi teléfono en el oído de Sofía. No se despertó, pero sí
comprendí por qué Bella quería hacerlo.

Puede que no estuve ahí para ver nacer a Pequeña, pero aún así era un día especial. Justo hoy hace un año no tenía ni
idea de que mi hija estaba llegando a este mundo. Me gustaba creer que si lo hubiera sabido, hubiera estado ahí.
Desearía haber visto a mi hija nacer, pero Kate me quitó esa oportunidad. En los documentos que me había dejado
había una foto; una de las primeras de Pequeña. La saqué del archivo y me senté en la cama con ella para ver a mi hija
recién nacida.

Se veía hermosa aún con las arrugas, la sangre y todo lo demás. Era tan pequeña y parecía estar enojada, no podía
culparla por eso. Aún así era hermosa y daría cualquier cosa por haber estado ahí, por haber podido cargarla en ese
momento. En lugar de eso pasé mis primeros momentos con mi hija rezando porque no fuera mía. Me odiaba de
verdad por eso. Por supuesto que esta pequeñita era mía. Mi corazón siempre lo supo, incluso antes de que los
exámenes lo confirmaran.

Era mi hija y le agradecía a Dios por eso. No la tuve los primeros dos meses de su vida, pero ahora la tendría para
siempre.

De repente escuché que empezaba a llorar a través del monitor. Dejé la foto en mi buró y crucé el pasillo hacia su
habitación donde la encontré sentada en su cuna.

—¿Qué pasa, Pequeña? —le pregunté cuando la cargué. Claro, fue entonces cuando me llegó el olor—. Oh, sí, yo
también estaría llorando si fuera tú.

Luego de cambiarle el pañal me senté en la mecedora con ella.

—Feliz cumpleaños —dije palmeándole la espalda—. Todavía no sabes qué significa eso, pero hoy es tu día. Vas a
tener una fiesta y te van a dar regalos. También pastel.
Me reí imaginando el desastre que probablemente haría. Levantó la cabeza y se rió, imitándome.

—Papá —dijo.

—Sí, soy tu papá y te amo muchísimo. Eres la mejor sorpresa que he recibido y estoy tan feliz de tenerte.

Dejé un beso en su frente y me mecí con suavidad. Luego de que se durmió la mantuve en mis brazos un rato más
antes de acostarla e irme a mi cama.

—¿Es muy necesario que uses un tutú? —pregunté mientras vestía a Pequeña en el conjunto que Bella había elegido.

Jesucristo, era un enterito blanco con un uno rosa en él y un tutú a juego de color rosa y verde. Parecía una
exageración, pero le prometí a Bella que se lo pondría así que no tenía otra opción. Y por supuesto, también había una
maldita diadema con una enorme flor. En serio, la jodida cosa ocupaba la mitad de su cabeza y ella no quería usarla.

—Bien —dije, rindiéndome—. Si mami quiere que lo uses, que ella te ponga la jodida cosa.

Estaba tan frustrado que no me detuve. Afortunadamente ella no repitió mi resbalón y en lugar de eso dijo:

—¡Mamá!

—Sí —suspiré—. Mami está loca porque piensa que papá puede ponerte esta cosa. ¿Qué me dices de un moño
normal, eh? Ya soy un experto en eso.

Me sonrió enseñando sus dientitos cuando agarré un moño rosa de la cómoda. Combinaba... creo. Total, era lo
suficientemente bueno. Había mejorado un poco al ponérselos ahora que tenía el cabello más largo, pero seguía sin
estar derecho y probablemente nunca lo estaría. Sin embargo tenía que admitir que se veía bonita. Aunque mi niña
siempre lo hacía.

—¿Lista para tu fiesta? —le pregunté al cargarla—. Todos los que te aman irán a celebrar, lo que básicamente significa
que podrás jugar con moños y papel de regalo porque ambos sabemos que no te importan los regalos —me reí.

Luego de juntar todo nos fuimos a casa de mis padres después de las once. Sabía que Bella y Charlie ya estaban allá
ayudando a preparar todo. Los demás iban a llegar a la una para la fiesta en sí. No invité a ninguno de mis
compañeros de trabajo, pero unos pocos sí me dieron regalos para Pequeña. Ya había anotado sus nombres para
enviarles una tarjeta de agradecimiento. En realidad Bella me recordó que debía hacerlo. Supuse que en la fiesta sólo
estaría la familia y algunos de mis amigos. Mamá nada más invitó a Carmen —la amiga que trabajaba con ella en la
tienda—, y a su esposo Eleazar.

Cuando me estacioné en la casa Bella salió rápidamente por la puerta. Se fue directo a la puerta de atrás para sacar a
Pequeña de su sillita. Para cuando salí a besarla ella ya tenía a nuestra hija en brazos.

—¡Se ve tan bonita, Edward! —dijo Bella—. Gracias por vestirla. Supongo que la diadema no resultó bien.

—Dios, no —dije agarrando la pañalera—. Está aquí adentro si quieres intentar ponérsela, pero en realidad no le
gustó.

Besó la mejilla de Sofía.

—Está bien. El moño se ve adorable y casi está derecho —se rió.

Sonreí lleno de orgullo.

—Estoy mejorando, ¿verdad?

Palmeó mi mejilla y se estiró para volver a besarme.

—Sorprendentemente, sí.

Cuando entramos descubrí que la sala se había convertido en una tierra de color rosado. En serio, todo era rosa.
Estaba lleno de serpentinas y otras decoraciones, y en la pared donde solía haber un cuadro ahora estaba colgando un
banner que decía "¡Feliz Cumpleaños, Sofía!". Ya había unos cuantos regalos en la mesa debajo del banner, así que fui
al carro para sacar los nuestros. Sí, la niña tenía un chingo de mierdas que abrir, y esto era sólo de parte de mamá,
papá, Charlie, Bella y mía.
Mi niña estaba mimada, pero también era muy amada.

—¿Te gusta? —preguntó mamá sonriendo.

Asentí.

—Sí, es genial. —Pasé mi brazo a su alrededor para abrazarla—. Gracias por hacer esto.

—De nada, pero todo fue idea de Bella. Me dijo que quería que esto fuera especial ya que ninguno de ustedes dos
estuvo ahí cuando Sofía nació. Edward, ella es en verdad la mamá de esa pequeñita.

Sonreí.

—Sí que lo es. Supongo que debería ir a ver qué está haciendo con nuestra pequeñita, ¿eh? Escuché algunos gritos.

Se rió y asintió.

—Buena idea. Yo tengo que regresar a la cocina. Te quiero.

—También te quiero.

Encontré a Bella y Pequeña en la sala con papá y Charlie. Tenía a nuestra hija en el piso jugando con unos muñecos
de peluche. Papá y Charlie tenían puesto un juego de baloncesto en la televisión, pero ambos estaban viendo a Bella y
a Sofía.

—¿Qué tienes ahí, bebita? —pregunté al sentarme con ellas—. ¿Es nuevo?

Tenía en brazos un conejo rosa que nunca antes había visto.

—Papá se adelantó y se lo dio —dijo Bella sonriendo—. En realidad era mío, él quería que ella lo tuviera.

—Bella solía cuidar mucho a esa cosa —dijo Charlie—. Fue uno de los primeros regalos que le di, y siempre lo tenía
cerca de ella para no dejar que le pasara nada.

—Su nombre era Señor Fluffington —Bella se rió—. Yo no le puse el nombre, fue papá.

Sonreí y miré a Charlie.

—Bonito nombre.

—Eso quiero pensar —se rió entre dientes—. Supuse que como Bella ya no lo usa, Sofía podría tenerlo. Ya sabes...
algo tipo de madre a hija.

Asentí.

—Gracias.

—¿No es suave, Sofía? —preguntó Bella cuando vio a Pequeña abrazar el peluche—. ¿Puedes decir conejo?

—Ne-jo —repitió.

—Es muy inteligente —dijo papá.

En realidad era normal que cualquier bebé de su edad intentara repetir las cosas, pero también me gustaba creer que
Pequeña era inteligente. Después de todo era mitad mía.

Luego de un rato Bella fue a la cocina para ayudar a mamá. Cargué a Sofía y me senté en el sofá con ella. Necesitaba
tomar su siesta antes de la fiesta, así que papá le bajó un poco el volumen a la televisión por mí. Ella estaba contenta
con su nuevo conejo mientras yo le sobaba la espaldita. Cuando estaba a punto de dormirse la llevé al segundo piso
para acostarla en la cuna portable que había instalado en una de las habitaciones y me traje el monitor de bebés
conmigo a la planta baja.

Afortunadamente sí se quedó dormida un buen rato. Emmett y Rose llegaron casi a la una seguidos por todos los
demás. Jasper y Alice llegaron con la mamá de Jasper, y Carmen y Eleazar llegaron al final. Todos trajeron uno o dos
regalos, agrandando el montón de regalos en la mesa.

Rosalie, Carmen, la señora Whitlock y Alice se unieron a mamá y Bella en la cocina, y cuando entré para agarrar algo
de beber las escuché hablando sobre la boda de Alice y Jasper. Salí en chinga de allí, ya estaba aburrido por su
discusión sobre flores.

Justo después de entregar el agua y las cervezas escuché a Pequeña a través del monitor, así que subí por ella.
Emmett y Jasper se soltaron riendo cuando vieron su tutú.

—En mi opinión, creo que Edward debería ir a conjunto con ella, ¿no crees Jasper? —preguntó Emmett.

Jasper asintió.

—Demonios, sí. Se vería genial en un tutú. Debería acostumbrarse. A las niñas les gusta disfrazarse, ¿no?

—¡Santo Dios, quiero ver eso! —dijo Emmett—. Te verás precioso, Edward.

Rodé los ojos y le tiré dedo.

—No puedo decirlo, pero sí... además, esto fue idea de Bella, no mía.

Ambos asintieron y Charlie sonrió diciendo:

—Lo que tú digas, Edward.

Luego de comer senté a Pequeña en su sillita mientras que mamá sacaba el pastel pequeño. Todos se reunieron a
nuestro alrededor y se rieron al ver los ojos de Pequeña agrandarse cuando dejaron el pastel frente a ella. Tuve que
sujetar sus manos para que no se quemara por la vela, pero ella lo quería. Le cantamos la canción de feliz
cumpleaños y luego Bella y yo la ayudamos a apagar la velita en forma de uno. Luego de que la quitaron solté las
manos de Sofía y rápidamente las enterró en el betún rosado.

Gritó mientras Bella y mamá tomaban fotos. Supuse que se llevaría las manos a la boca, pero no. Cuando menos lo
pensé ya tenía su mano llena de betún embarrada en mi cara mientras ella se reía de felicidad.

—Sí —dije al quitarme un poco—. Sabe bien, ¿por qué no lo pruebas tú?

Se lo embarré un poco en la cara y rápidamente salió su lengua para limpiárselo. Carajo, le encantó y volvió a poner
sus manos en el pastel intentando llevárselo a la boca. Aunque la mayoría terminó en su cara y en su babero... y en mí.
Al parecer también quería darme. También Bella se manchó un poco. Era un desastre. Un jodido desastre, pero mi niña
estaba feliz y eso era lo importante.

—¿El pastel de la abuela está rico? —le pregunté.

—¡Ii co! ¡Ii co! —gritó jugando con el pastel.

—Me alegra mucho que no tengamos que comernos eso —dijo Emmett metiéndose a la boca un pedazo del pastel
grande que había hecho mamá.

—Tengo la impresión de que no dejará de jugar hasta que no quede nada —dijo Bella—. ¿Qué tanto crees que ha
comido en realidad?

Me encogí de hombros.

—No mucho.

—¡Ii co! —gritó Sofía de nuevo extendiendo la mano hacia Bella—. ¡Mamá, ii co!

—Oh, lo sé, cariño —se rió dejando que le embarrara un poco en la cara—. Muy rico.

Mamá siguió tomando fotos hasta que Sofía terminó de destruir el pastel. Luego de bañarla y limpiarme —encontré el
maldito pastel hasta en mi cabello—, volvimos a bajar al primer piso. Le entregué Pequeña a Bella y le ayudé a mamá y
a Rose a limpiar el desastre que se había hecho.

—Es tan bonita, Edward —dijo Rose mientras me ayudaba a limpiar la mesa—. ¿Cómo se siente?

—¿Qué? —pregunté.

—Ya sabes, ser papá.


Me encogí de hombros.

—Supongo que se siente normal. Y en serio es jodidamente bonita, ¿verdad?

—Desastrosa, pero adorable. Vas a tener que prestárnosla a Emmett y a mí una de estas noches. Nosotros, uh...
pensamos en volver a intentarlo.

Rosalie y Emmett habían concebido a Ben por vía in-vitro, y no había sido fácil. Habían dicho que probablemente no
tendrían otro, así que esto era una jodida sorpresa.

Alcé la ceja.

—¿En serio?

Asintió sonriendo.

—Ya comenzamos a ahorrar. Quiero tener otro, sé que probablemente no va a funcionar, pero al menos quiero
intentarlo. Mamá y papá ya lo saben, pero no le hemos dicho a nadie más, así que no le digas a Jasper, ¿de acuerdo?
Si no funciona... ya sabes.

—Sí, mantendré la boca cerrada, pero espero que sí tengan otro —sonreí—. Aunque no seré niñero.

Rodó los ojos.

—Ya no puedes usar la excusa de "no me gustan los niños" así que sí serás.

Me reí.

—Supongo que ya no puedo, ¿eh?

Luego de que limpiamos el comedor, volvimos a traer a Pequeña para que abriera los regalos. Le dieron ropa, juguetes
y más peluches de los que podía manejar, pero al igual que en Navidad los moños y el papel fueron sus cosas
favoritas. Para cuando terminó ya se le había bajado la energía causada por el azúcar y se veía que estaba a punto de
dormirse, así que terminamos con la fiesta.

Después de despedirnos de todos —y de sacar de los brazos de la señora Whitlock a mi bebé, que ya estaba dormida
—, Bella y yo limpiamos todo y pusimos los regalos en la parte trasera de la SUV. Mamá había agarrado a Pequeña por
nosotros, la tenía cargada contra su pecho en la sala. Luego de terminar con todo nos sentamos de nuevo con mamá,
papá y Charlie.

Le agradecí a mis padres por dejarnos tener la fiesta aquí y por supuesto, le agradecí a Bella por todo lo que había
hecho. Mi hija tenía un año y había mejorado muchísimo mi vida en tan sólo diez meses. No podía esperar a ver de qué
otra manera cambiaría mi vida gracias a ella.

Ella era, simple y sencillamente, una bendición.

Este capítulo me parece tan lindo, ¡la bebita de Edward ya tiene un año!

¡Gracias por sus comentarios!


*Chapter 34*: Free to Love
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 34: Libres para amar

La verdad no sabía cómo hacer esto. Hace un mes que había sido el cumpleaños de Pequeña y abril se acercaba
rápidamente. Quería hablar con Kate antes de eso, pero no sabía cómo. Sentía que no sería correcto llamarla, así que
supongo que tampoco sería correcto el correo electrónico que le escribí. ¿Cómo le preguntas a una mujer si le parece
bien que alguien más sea la madre de su hija?

De acuerdo a Marcus, mi abogado —quien se había encargado de todo el año pasado—, no tenía que notificarle ni una
sola mierda a Kate. Ella había renunciado a sus derechos incluso después de informarle todas las posibles
consecuencias. Aun así no se sentía correcto hacerlo de esa manera. Puede que no fuera la mamá de Pequeña, pero
sí la dio a luz. Sólo quería asegurarme de que nunca causaría ningún problema, especialmente cuando Sofía fuera
mayor.

Quería que Bella pudiera adoptar a mi hija luego de que nos casáramos sin miedo de que Kate pudiera hacer algo. Mi
abogado dijo que las probabilidades de que en algún momento se le dieran derechos de visita a Kate eran
prácticamente inexistentes, pero no quería arriesgarme. Quería saber sin duda alguna que Kate no estaba interesada
en nada que tuviera que ver con Sofía, así que tenía que contactarla.

Sólo que no sabía cómo.

—¿Te pasaste todo el descanso aquí? —preguntó papá al entrar a la sala de descanso para doctores con una taza en
la mano.

Me pasé las manos por la cara y suspiré.

—Sí.

Puso una silla frente a mí y se sentó, frunciendo el ceño.

—¿Qué pasa?

—Planeo pedirle matrimonio a Bella pronto, pero antes de hacerlo quiero estar cien por ciento seguro de que Kate no
causará problemas cuando Bella adopte a Sofía después de casarnos. Marcus dijo que no podía causar problemas.

Asintió.

—Pues ahí tienes tu respuesta, ¿no?

—Sí, pero tampoco siento que sea correcto no decirle nada a Kate, ¿sabes? Me refiero a que ella dio a luz a Sofía.
Puede que algún día Sofía tenga preguntas y quiero que ella sepa que yo no la mantuve lejos de Kate. Lo haré si Kate
intenta algo, pero preferiría no tener que recurrir a eso.

—Me temo que no entiendo lo que quieres, hijo. ¿Quieres contactar a Kate?

—Sí —dije, girando mi laptop hacia él—. Le escribí un correo larguísimo, pero parece algo incorrecto decirle por este
medio, ¿no?

Escaneó la pantalla y agrandó los ojos.

—Pues, la verdad yo sí me ofendería si alguien me manda un aviso legal del porqué no puedo intentar ver a mi hija.

—Sí... ahora que lo pienso fue una idea tonta.

Cerró mi laptop y suspiró.


—Supongo que podrías llamarla, pero si de verdad quieres asegurarte de que elle sepa que no estás jugando, puede
que sea mejor verla en persona.

Eso era lo que había estado intentando evitar. No podía volar a Nueva York sin decirle nada a Bella. Obviamente no iba a
mentirle, pero tampoco quería que supiera por qué necesitaba asegurarme de que Kate no fuera a causar problemas.
Era como confesarle que no sólo planeaba pedirle matrimonio, sino también que adoptara a mi hija. Quiero decir, sí lo
iba a hacer, pero quería que fuera sorpresa.

—No puedo ir a verla sin decirle a Bella —dije—. No creo que esté bien hacerlo.

Asintió.

—Te entiendo. Sabes, puede que ella también quiera ver a Kate —dijo y luego continuó cuando ladeé la cabeza—. Bella
es la mamá de Sofía en cada sentido excepto de sangre, lo cual es Kate. Quizá a Bella también le gustaría esta
clausura. ¿Han hablado de Kate antes?

—No —dije sacudiendo la cabeza—. Kate está fuera de nuestras vidas, así que nunca ha sido tema de discusión, pero
creo que entiendo lo que dices. Ahora sólo tengo que descubrir cómo decirle que quiero hablar con Kate sin revelar mis
planes.

Se puso de pie sonriendo y se acercó para palmearme el hombro.

—Estoy seguro de que encontrarás la manera, o puedes decirle que quieres que algún día adopte a Sofía, pero sin
revelar tus planes exactos. No es como si fuera una completa sorpresa. Estoy seguro de que ella ya piensa que algún
día adoptará a Sofía.

—Cierto —suspiré—. Gracias por escucharme y aconsejarme. Regresaré a trabajar.

—Buena idea. El que estés a punto de irte de aquí no significa que puedas flojear —se rió entre dientes.

Luego de mis tres cirugías programadas y de ponerme al corriente con el papeleo, salí del hospital pasaditas de las
siete. Todavía me quedaba un mes aquí antes de empezar en Forks, pero aún así acabábamos de mudarnos a nuestra
nueva casa el fin de semana pasado. Afortunadamente no tardó mucho en cerrarse el trato. Los dueños ya se habían
salido, así que todo lo que querían era quitársela de las manos. El cambio de dueños pasó sin ningún inconveniente,
es por eso que en cuanto tuvimos las llaves comenzamos a pintar y a meter cosas.

La enorme casa estaba vacía en la mayor parte. Incluso después de acomodar todas las cosas que habíamos
guardado seguíamos teniendo habitaciones vacías. Aunque mamá ya se estaba encargando de eso. Ella y Bella
habían pasado un montón de tiempo eligiendo muebles y mierdas de decoración. La cocina y el baño de abajo serían
lo primero que remodelaríamos, pero no íbamos a hacerlo hasta junio. Por el momento todo estaba bastante bien así.

Logré llegar a casa justo antes de las ocho, lo cual apestaba. Mi tiempo en las tardes con Pequeña se había reducido
por los largos viajes, así que me apuré en entrar para verlas a ella y a Bella. Ambas estaban en la enorme sala jugando
con algunos juguetes que estaban esparcidos por el piso.

Pequeña se paró rápidamente al verme y caminó tambaleante hacia mí, casi pierde el equilibrio un par de veces. La
cargué, sosteniéndola contra mi pecho mientras besaba su mejilla.

—¿Me extrañaste, Sofía? —pregunté, y sonreí cuando me dio un beso lleno de baba.

—¡Papá! —gritó—. Papá a-sa.

Bella se había puesto de pie y se acercó a nosotros, así que bajé la cabeza para besarla.

—Sí, papi está en casa —dijo sonriendo—. Ahora mismo te caliento la cena, ¿de acuerdo?

Asentí regresándole a Pequeña.

—Iré a cambiarme. Te amo.

—También te amo.

—¡Mo! —dijo Sofía.

Me reí entre dientes besándola una vez más.


—También te amo a ti, bebita.

Luego de cambiarme y comer, Bella, Sofía y yo volvimos a sentarnos en el piso hasta que se llegó la hora del baño de
Pequeña. Ella se aseguró de mostrarme todos sus juguetes y animales de peluche, y me los prestó hasta que los
quiso de regreso. Cuando empezó a bostezar la llevé arriba para bañarla, lo cual terminó conmigo todo empapado y
ella riendo. Carajo, odiaba no poder pasar tanto tiempo como antes en las tardes, y era por eso que siempre
aprovechaba los momentos que pasaba con ella.

Luego de bañarla, la llevé a su nuevo cuarto. Era muchísimo más grande que el que tenía en mi apartamento; mamá y
Bella se habían tomado su tiempo para pintarlo. Ya antes pensaba que había suficiente rosa, pero esto era mucho
peor. Me senté con ella en la mecedora luego de vestirla. La sostuve contra mi pecho, acariciando con suavidad su
espalda a la vez que ella acomodaba su cabecita en mi cuello. Se durmió con rapidez mientras le contaba sobre mi día.

—Supongo que te aburro, ¿eh? —susurré besando su frente antes de pararme. La acosté en su cuna, acomodándole
su conejo de peluche bajo el brazo—. Dulces sueños, Pequeña. Te amo.

Luego de cerrar la puerta y agarrar el monitor, bajé las escaleras para buscar a Bella. Estaba sentada en el sofá
leyendo cuando me dejé caer junto a ella, pero marcó la página donde se quedó y dejó el libro a un lado. Se movió a
mis brazos, alzando la cabeza para que pudiera besarla.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó, recargando la cabeza en mi hombro.

Me encogí de hombros.

—Bien, no pasó nada interesante. ¿Y el tuyo?

Sonrió.

—Pues tu mamá vino e hicimos más planes, luego fuimos a casa de papá para ver cómo estaba. Se encuentra muy
bien, está tomando su medicina y hace el ejercicio que debe.

—Qué bueno.

Asintió.

—Sí, y luego Esme regresó a casa con nosotros y me ayudó a colgar las cortinas de nuestra habitación. Básicamente
fue un día normal. De verdad me encanta tener a Sofía todo el día conmigo, para que lo sepas. Va a ser difícil ponerla
en la guardería cuando regrese a trabajar.

Besé su frente.

—Lo sé, pero supongo que será bueno que esté cerca de otros niños.

—Cierto —suspiró.

Luego de platicar por un rato sobre Sofía y su búsqueda de trabajo —que no había dado frutos aún—, intenté encontrar
la manera de mencionar a Kate. Era jodidamente difícil encontrar una forma de sacar a colación el tema, y no podía
hacerlo. Tenía que decirlo de manera directa.

—Quiero hablar contigo sobre algo, ¿de acuerdo? —pregunté cuando me miró con la cabeza ladeada.

—¿Está todo bien?

Asentí.

—Sí, sí, no es nada malo. Es que... he estado pensando en Kate.

Abrió los ojos como platos.

—¿Ha intentado contactarte?

—No, pero necesito hablar con ella... en persona. Antes de que digas algo, déjame decirte por qué, ¿sí?

—De acuerdo —dije lentamente.


Respiré profundamente antes de continuar.

—Espero que algún día adoptes a Sofía. Sólo quiero asegurarme de que ella no causará ningún problema, ¿sabes?
Supongo que necesito cerrar ese tema. Necesito que ella sepa que no puede cambiar de opinión en un año o en diez.
Pequeña es nuestra, pero ella la parió. No quiero que Kate sea parte de su vida, y si alguna vez lo intenta pelearé con
uñas y dientes para evitarlo. Es difícil explicar exactamente por qué necesito hablar con ella, pero debo hacerlo. ¿Me
entiendes?

Parpadeó en silencio por un momento.

—Yo soy la mamá de Sofía —dijo—. Tienes razón en que Kate la parió, pero no quiero compartir a nuestra hija con ella,
Edward. ¿Y si cambia de parecer después de hablar contigo?

—Mi abogado dice que no puede hacerlo. Ella sabía qué estaba aceptando cuando renunció a sus derechos.

—¿Entonces por qué no dejarlo ahí?

Suspiré pasándome una mano por la cara.

—No sé exactamente por qué, Bella. Es que hay una parte de mí que quiere que ella sepa que Pequeña es amada y
está bien cuidada, y que no puede cambiar de parecer. Quiero que sepa que sí tomó la decisión correcta al renunciar a
ella. Siento que está colgando sobre nuestras cabezas, ¿sabes? Esta caja abierta que no se irá a menos de que haga
algo al respecto. Y, Bella, si voy a verla, quiero que me acompañes.

—¿Me llevarás contigo?

Asentí.

—Sí, por supuesto. Es por eso que te digo. Nunca haría esto sin tu permiso. Es algo que necesitamos hacer juntos,
¿no crees?

—Pues sí me gustaría decirle algo.

La abracé más fuerte y acaricié su brazo.

—¿Qué?

Me miró y sonrió.

—Gracias.

—¿Entonces vendrás?

—Sí. —Asintió—. ¿Cuándo quieres hacerlo?

Bella y yo decidimos ir a Nueva York lo más pronto posible, así que pedí libre el siguiente fin de semana y le pedí a mis
padres que cuidaran a Pequeña. Mi abogado me había dado la dirección de Kate, así que volamos hacia Nueva York el
viernes en la tarde, planeando verla la mañana siguiente. Luego de registrarnos en nuestro hotel en Manhattan, Bella y
yo pedimos comida al cuarto y platicamos más.

—¿Qué planeas decirle? —preguntó al mirar las fotos de Pequeña que habíamos traído.

—Uh... supongo que comenzaré diciéndole que Sofía tiene una buena vida. Le diré que la cuidamos y los planes que
tenemos para el futuro. Si intenta negarse, le mostraré lo que dice la ley. Supongo que todo lo que quiero es que sepa
que tomó la decisión correcta.

Asintió sonriendo.

—Creo que es una buena idea.

—Existe la posibilidad de que nos cierre la puerta en la cara —me reí—. Si pasa eso, entonces supongo que volamos a
través del país para nada.

—No la conozco, pero me da la impresión de que ella quiere lo mejor para Sofía. Nosotros somos lo mejor para ella.
Tú necesitas cerrar esto, quizá ella también.
—Sí, quizás —dije agarrando una foto del cumpleaños de Pequeña—. Ya la extraño, sabes.

—Yo también, pero estaremos pronto en casa.

Ya que habíamos llegado tarde, Bella y yo no nos quedamos despiertos por mucho tiempo. Bueno, primero
aprovechamos todo lo que pudimos el hecho de que nadie nos interrumpiría, y luego nos dormimos. Al despertarnos el
siguiente día esperamos hasta que se dieron las diez de la mañana para ir al apartamento de Kate. Para ser honestos
estaba muy nervioso.

¿Y si esto era una mala idea?

¿De verdad necesitaba cerrar esto?

¿Y si Kate ya no vivía aquí?

Cuando el taxi se detuvo en la dirección me sorprendí un poco al descubrir que vivía en un edificio y un área tan cara.
Sabía que era universitaria, así que supuse que sus padres eran ricos. Después de todo, se había tomado libre un
semestre de la universidad para tener a Sofía, buscarme y volar por el país para darme a mi hija, así que no podía estar
en la bancarrota.

La mano de Bella apretó la mía cuando presioné el botón que tenía el nombre de Kate. Tardó unos momentos, pero
luego una voz se escuchó por la bocina.

—¿Sí?

Una vez más la mano de Bella apretó la mía.

—Soy Edward... Cullen. Edward Cullen —dije con nerviosismo.

—Oh —dijo y escuché que quitó el seguro de la puerta—. Um... sube.

Bella y yo entramos al elevador. La abracé con fuerza y respiré profundamente.

—¿Deberíamos hacer esto? —pregunté.

—Ya vinimos hasta aquí, supongo que no hay vuelta de hoja —dijo, mirándome y sonriendo con simpatía—. Todo
saldrá bien.

Besé su frente.

—Gracias por venir. Te amo.

—También te amo, Edward. Estamos en esto juntos.

Cuando las puertas se abrieron, caminamos por el pasillo hasta la puerta de Kate. Apenas pude tocar antes de que
ésta se abriera. Kate se veía... diferente a la última vez que la había visto. La verdad se veía muerta de miedo.

—Hola —dije cuando nos miró a Bella y a mí.

—Hola, uh... entren —dijo.

La seguimos adentro —la mano de Bella apretó la mía una vez más—, y nos sentamos en el sofá. Kate se sentó frente
a nosotros removiéndose con nerviosismo.

—No la trajeron —dijo Kate—. ¿Está... bien?

Asentí.

—Sí, Sofía se encuentra muy bien. Está con mis padres.

—Oh, qué bueno.

—Ésta es Bella —dije—. Mi novia.

Kate sonrió un poco y asintió.

—Te recuerdo. Es bueno verte de nuevo.


—Igualmente —dijo Bella antes de morderse el labio.

Levanté la mano y me sobé la nuca antes de decidir... hacerlo. En realidad no había una manera fácil de comenzar con
esto.

—Vinimos a decirte algo —dije—. No hemos hablado desde esa noche, así que yo sólo... supongo que quería cerrar el
tema. Necesito que sepas que tomaste la decisión correcta.

—Sé que así fue, Edward —dijo—. Puede que sea joven, pero no soy estúpida. No la amaba como ella merecía, así
que yo no podía darle una buena vida.

—¿Cómo puedes no amarla? —preguntó Bella—. Lo lamento, pero no lo entiendo. Yo la amo más que a nada en el
mundo y ni siquiera la parí.

—Quiero que sea feliz, que esté sana y bien cuidada, pero nada más. No es amor lo que sentía. Me costó un tiempo
aceptar que no puedo amarla sin sentirme como una persona horrible por eso. Si han venido hasta aquí para hacerme
sentir así, ambos pueden irse.

—No vinimos por eso —dije rápidamente, apaciguando los problemas antes de que se crearan—. Vinimos porque
quiero saber sin duda alguna que no tienes interés en ser jamás parte de la vida de Sofía. No quiero que cuando ella
tenga diez años aparezcas en nuestra puerta. Quiero que Sofía tenga la madre que se merece, o sea Bella.

—¿No vas a contarle sobre mí?

Sacudí la cabeza.

—No le diré lo que le hiciste.

—Yo... no quiero que le cuentes de mí —dijo suavemente mirándose el regazo—. Estoy segura de que eso suena
terrible, pero sí me preocupo por ella. Puedo imaginarme el daño que le causaría si ella se entera de que la abandoné
porque no la amaba como debería. No quiero que interrumpa mi vida exigiendo explicaciones. La verdad, si pudiera
olvidarme de ella, lo haría.

De repente sentí ira. Una ira inmensa. Kate no había cambiado en absoluto. Ella deseaba poder olvidar a la niñita más
hermosa y especial del mundo. No quería sentirse como una persona horrible, pero ante mis ojos sí lo era. Quizá vine
aquí esperando que ella dijera que sí amaba a Sofía, pero que la quería lo suficiente para dejarla tener una buena vida
sin ella. Decía importarle Pequeña, pero yo lo dudaba. Probablemente abrió la puerta con miedo de que yo hubiera
cambiado de parecer.

—Pues puedes olvidarla —dije con la mandíbula tensa—. Quiero que sepas que Sofía es la pequeña más hermosa
del mundo. También es muy inteligente. Nosotros la amamos, y vine aquí para asegurarme de que tú supieras eso en
caso de que intentaras cambiar de opinión. Me alegra saber que no lo harás, pero también me ofende, en nombre de
mi hija, que ni siquiera quieres recordarla. Supongo que ya tengo las respuestas que estaba buscando, así que ya nos
vamos.

Me puse de pie todavía con la mano de Bella en la mía. Íbamos en camino a la puerta cuando Kate habló.

—Nunca cambiaré de opinión, si Bella quiere adoptarla yo no tengo ningún problema.

—¿Ni siquiera quieres verla? —preguntó Bella cuando yo abrí la puerta. Soltó mi mano y sacó una de las fotos de su
boso.

—No soy una persona desalmada —dijo Kate—. De verdad estoy feliz al saber que ella es amada porque eso es lo que
quería cuando fui a Washington el año pasado. Si pudiera sentirme de manera diferente, lo haría. Edward, ¿no crees
que quizá la razón por la que yo no la amo es para que Bella pudiera hacerlo? Quizá yo sólo estaba destinada a ser un
medio para que ustedes dos la tuvieran, porque a lo mejor eso era lo que se suponía debía pasar.

Me quedé allí por un momento asimilando lo que había dicho. Si no fuera por Pequeña, nunca habría conocido a Bella.
Kate tuvo que renunciar a Sofía para que eso pasara, así que podía tener razón. Seguía ofendido por Sofía, pero... lo
que decía tenía sentido.

—Gracias por darnos a nuestra hija —dije tomando la mano de Bella de nuevo. Ella le dio una foto a Kate antes de
seguirme, sacó su mano de la mía y envolvió mi torso con su brazo.

Ciertamente el encuentro no había resultado como esperaba, pero en realidad no estaba seguro de qué era lo que
había esperado. Ahora sabía que Kate no interferiría con nuestras vidas, lo cual era lo que quería. Me dolía saber que
algún día Sofía preguntaría por Kate y yo tendré que mentirle. Le diría que Kate la amaba, pero quería que tuviera una
mejor vida. Kate no la amaba —ella misma lo dijo—, pero sí quería que Pequeña tuviera una mejor vida.

Bella y yo nos aseguraríamos de eso. Le daríamos más amor del que alguna vez podría llegar a entender, nos
aseguraríamos de que estuviera saludable y bien cuidada, y la haríamos feliz. Le diré que ella fue la razón por la que yo
encontré a su mami, y me aseguraría de que supiera lo valiosa que era para mí.

—¿Estás bien? —preguntó Bella cuando estábamos de pie en el elevador.

Dejé un beso en el tope de su cabeza.

—Sí —suspiré—. Sólo... herido en nombre de Pequeña.

—Pues yo la amo más que a nada en este mundo y siempre lo haré. Ella nos tendrá a nosotros.

Asentí sonriendo un poco.

—Sí, nos tendrá. Eres una madre maravillosa, Bella; mejor de lo que hubiera podido esperar para mi hija... para
nuestra hija. Ahora vayamos a casa con ella.

Y esta historia va llegando a su final. Nos queda un capítulo, el epílogo y dos outtakes.

Espero que les haya gustado.

Muchísimas gracias por sus reviews :)


*Chapter 35*: Final Words
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 35: Últimas Palabras

No existía un sólo momento en que mirara a Bella y pensara "ésta es la mujer con la que me voy a casar". Más bien era
cada momento del día. Cuando la miraba darle de comer a Pequeña, jugar con ella y mecerla, cuando la sostenía en
mis brazos, cuando la besaba, cuando le hacía el amor... lo sabía por esos momentos, no se definía por uno sólo. No
podía imaginar no compartir mi vida con ella o criar a mi hija solo.

Ella siempre era parte de eso.

Cuando recuerdo como eran las cosas hace un año, veo todas las cosas que hice mal y que tan equivocadas eran mis
decisiones; una chica diferente cada noche, ir a trabajar crudo aferrándome a mi taza de café, pensar que la vida no
podía ser mejor. Era un jodido idiota. No era ése el yo que estaba destinado a ser. Esa no era felicidad, incluso aunque
me atonté hasta creer que sí lo era.

La felicidad estaba frente a mí, sentada en la cocina comiendo su desayuno. La felicidad eran los momentos que
compartía con ellas. Era Pequeña lanzándome su comida mientras se reía, ella diciéndome papá y diciendo "amor" en
su jodidamente adorable manera de hablar, y su sonrisa cuando llegaba casa en las noches. Era Bella recostando su
cabeza en mi pecho mientras hablábamos de nuestros días, ella diciendo las palabras más simples que me hacían
sonreír, era verla mientras le leía a nuestra hija, era ella estando allí al final de un día difícil.

Era amor.

Yo no era la misma persona que había sido hace un año. Claro, decía "joder" con demasiada frecuencia y seguía
admirando los pechos de Bella sólo porque podía hacerlo, pero ya no era egoísta. Ya no era sobre mí. Era sobre ellas,
y no lo cambiaría por nada.

—Supongo que debería irme, ¿eh? —dije mirando mi reloj.

Bella asintió sonriendo.

—¿Estás listo para tu último día?

La verdad sí lo estaba. Extrañaría trabajar para mi padre, con mi mejor amigo y mi cuñado, pero era hora de comenzar
mi carrera.

—Sí, estoy listo. Me pregunto si la Enfermera Muffin tendrá muffins para mí. —Sonreí.

Entrecerró los ojos.

—Cómete sólo uno de sus muffins y jamás volverás a probar los míos.

Me reí entre dientes al pararme de mi asiento para dejar mi plato en el fregadero. Me acerqué a ella y a Sofía,
agachándome para besar primero a Bella.

—Los tuyos son mucho mejores.

—Eso pensé —se rió—. Que tengas un buen día. Te amo.

La besé suavemente una vez más.

—También te amo —dije antes de agarrar una servilleta para limpiar la mejilla de Pequeña—. Sé buena con mamá,
bebita.

—¡Mo, papá! —se rió cuando besé su mejilla en repetidas ocasiones.


—También te amo, Pequeña. Adiós.

Sacudió la mano antes de llevársela a los labios y alejarla rápidamente.

—¡Adiós!

Mierda, era jodidamente bonita.

Incluso aunque era la última vez que trabajaba en Olympic Medical Center, no había nada diferente a cualquier otro día.
Aparte de unas cuantas palmadas en la espalda y deseos de buena suerte, fue un día normal. Todavía tenía trabajo
que hacer, igual que todos los demás. En realidad no esperaba mucho considerando que sólo había estado aquí por
un año y medio, así que no estaba sorprendido.

Luego de terminar mi última cirugía programada cerca de la una, subí a ortopedia para ver a Bree una última vez. Tenía
una cita hoy con su cirujano. Finalmente fue dada de alta luego de una segunda cirugía en su pierna. Había extrañado
verla a diario, pero estaba agradecido porque finalmente había podido irse a casa. Era un infierno pasar seis semanas
en el hospital, especialmente considerando que había pasado la mayor parte del tiempo en cuidados intensivos.

—Llegas tarde —dijo Bree saliendo de la oficina del Doctor Philips; venía frente a sus padres, cojeando con las
muletas apoyadas bajo sus brazos—. Te perdiste de noticias muy b uenas.

—¿Oh sí? —sonreí.

Asintió.

—¡No más cirugías! Finalmente el hueso está sanando bien.

Levanté la mano y chocó la suya con la mía.

—¡Demonios, sí! Esto merece un almuerzo. Yo pago, claro.

—No es necesario que haga eso, Doctor Cullen —dijo la señora Tanner sonriendo.

—Sí es necesario —dijo Bree—. Se irá y jamás volveré a verlo. Me lo debe.

Luego de que sus padres aceptaron, llevé a Bree al otro lado de la calle mientras ellos hacían unos mandados. Su
recuperación iba bien, pero ya que todavía se le dificultaba moverse, su mamá —que era maestra— le había estado
dando clases en casa. Ella lo odiaba y me agradeció por haberle otorgado este tiempo lejos de su madre.

—Son muy sobreprotectores —dijo Bree comiendo de sus papas fritas—. ¿Hay alguna posibilidad de que les digas
que se relajen un poco?

Me reí sacudiendo la cabeza.

—No, tienen derecho a ser sobreprotectores. Si fueras mi hija, no te dejaría apartarte de mi lado después de lo que
pasó.

Bufó y rodó los ojos.

—¡No morí! Te lo juro, Edward, esta es la primera vez que he estado lejos de mi madre desde que salí del hospital.
Bueno, exceptuando las sesiones de terapia, pero esas no cuentan.

—¿Cómo te va con eso? —pregunté dándole un trago a mi bebida.

Se encogió de hombros.

—Supongo que bien. No es divertido, ¿sabes? Ella, uh... me diagnosticó con trastorno de estrés postraumático. Sigo
teniendo pesadillas y si escucho la bocina de un carro, me altero.

Desafortunadamente eso no me sorprendía. Tenía pesadillas en el hospital, junto con los otros síntomas. Pasó por
una experiencia traumática, y eso le había afectado. Pero estaba recibiendo la ayuda que necesitaba, lo cual era lo
importante. Tomaría tiempo, pero Bree ya estaba trabajando en ello.

—Lo lamento —dije—. Sólo puedo imaginar lo difícil que es, ¿pero estás mejorando?
Asintió.

—Sí, eso creo. Es por ti, sabes.

—¿Por mí?

Sonrió.

—Si no fuera por ti, estaría muerta. Así que muy buen trabajo el que hizo usted, doc.

Me reí entre dientes dejando mi hamburguesa en el plato.

—Gracias.

Hablamos un poco más sobre ella y el progreso que estaba haciendo antes de que llevara la conversación a mí. Bree
era más que una paciente. Era importante para mí. La verdad ella me hizo un mejor doctor al demostrarme que hay
más en un paciente que sólo curar sus heridas. Ella era una persona; todos mis pacientes lo eran.

—Entonces, ¿esta es la última vez que te veré? —preguntó Bree mientras yo firmaba el recibo.

—Tienes mi email, ¿verdad? —pregunté—. Podremos platicar, y cuando vuelvas a correr, más te vale que me invites.

Sonrió.

—Por supuesto. ¿De verdad crees que volveré a correr?

Me paré y agarré sus muletas.

—Sí, lo creo. Si haces la terapia y los ejercicios que debes, no tengo dudas de que volverás a hacerlo. Eres fuerte y sé
que superarás esto.

—Gracias, Edward —dijo cuando la abracé rápidamente—. Me alegra que tú fueras mi doctor.

—Me alegra haber podido ayudarte. Vamos a ver si tus padres ya regresaron.

Luego de que Bree se fue, regresé al hospital. Para mi sorpresa, sí hab ía un pastel y una pequeña fiesta de despedida
esperándome en la sala de doctores. Mamá había hecho el pastel, así que estaba jodidamente delicioso y me aseguré
de guardar un poco para llevarles a Bella y Pequeña. Luego de cerrar mi sesión en la computadora por última vez, me
despedí de Emmett y Jasper para dirigirme a la oficina de papá.

Me dijo que estaba orgulloso de mí y que yo haría grandes cosas en Forks. No fue un gesto muy grande, pero significó
mucho para mí. Papá me dio este trabajo, lo cual me trajo a casa donde encontré a Bella. Puede que no durara mucho
tiempo trabajando aquí, pero siempre estaré agradecido por la oportunidad que me dio. E incluso más agradecido de
que él no me haya pasado el trabajo de mis sueños. Algún día ése me lo ganaría en Forks.

—Adiós, hijo —dijo papá tomando mi mano—. Te veremos el siguiente domingo, y espero ver un anillo en el dedo de
Bella.

Asentí riéndome.

—Y allí estará, siempre y cuando ella diga que sí.

Ya que tuve unos días libres, los aproveché lo más que pude pasando todo el tiempo posible con Bella y Pequeña.
Pasamos juntos el fin de semana y un día fuimos al parque ya que afuera no hacía tanto frío. Estaba a corta distancia
de nuestra casa, yo ya había corrido por ese camino unas cuantas veces. Pequeña amab a los columpios y gritaba de
felicidad cada vez que la empujaba un poco.

—¡Papá, papá! —dijo sonriéndome cuando la cargué—. ¡Yay!

Me reí entre dientes y besé su mejilla.

—¿Fue divertido, cielo?

—¡No!
—¿Quieres decir sí?

Se rió.

—¡No!

Estaba comenzando a ser molesto el amor que Pequeña le tenía a la palabra no, pero era de esperarse. Pregúntale
cualquier cosa y te diría que no. Mi niña ya estaba creciendo y parecía ir creciendo de acuerdo a su edad, a veces un
poco más avanzada en ciertos aspectos. Entre Bella y yo nos aseguramos de enseñarle como deberíamos. Quería que
tuviera una base fuerte para crecer, y ella parecía aprender las cosas de manera rápida, algo que a mí me encantaba.

—¿Es hora de comer, corazón? —le preguntó Bella cuando nos sentamos en la manta.

Pequeña sólo sonrió, estirando las manos hacia el contenedor que tenía Bella.

—Creo que eso es un sí —dije, tomándolo y poniéndolo frente a Sofía.

Metió la mano al contenedor, y se comió los pedacitos de pollo cocido sin problema alguno. Hace tiempo habíamos
hecho el cambio hacia la comida regular, y la transición había ido mayoritariamente bien. Hasta el momento el pollo era
su favorito. Era un poco renegona con algunas verduras, pero si estaban en su plato acompañadas de pollo,
usualmente también se las comía, como estaba haciendo en este momento.

—¿Y qué nos hará papá para cenar, Sofía? —preguntó Bella, sonriendo un poco.

—¿Crees que se lo dije? —me reí—. Sé que me delataría.

Bella fingió un puchero y yo sólo seguí riéndome. Esta noche era la noche. Hoy hace un año Kate dejó a Sofía conmigo,
lo cual fue el comienzo de mi relación con Bella. Era un día importante, así que sentía que sería el momento perfecto
para pedirle matrimonio a Bella. Lo había planeado todo con ayuda de mamá. Desde elegir el anillo, hasta decidir qué
cocinar, y encontrar una manera de incluir a Sofía. Mamá fue una gran ayuda. Hace unas semanas fuimos juntos a
Seattle, le dijimos a Bella que mamá necesitaba mi ayuda con un mueble antiguo que había comprado. Me ayudó a
encontrar lo que yo consideraba como el anillo perfecto. No era grande ni extravagante, sólo era un diamante de
decente tamaño en una banda de oro. Era del estilo de Bella, lo supe en cuanto lo vi.

Luego de medirlo usando un anillo que Bella ya tenía, la joyería lo envió al hospital hace unos días. Se lo enseñé a
Pequeña una noche mientras Bella se estaba bañando, quien, por supuesto, quería comérselo. Era brillante, así que lo
quería. Tuve que sacárselo de sus deditos regordetes antes de que pudiera llevárselo a la boca. Tomé eso como una
señal de que sí le gustaba.

—¿Prometes no incendiar nuestra nueva casa? —preguntó Bella dándole una mordida a su sándwich.

—Ja —dije, rodando los ojos—. Aprendí de la mejor, ¿no?

Asintió riéndose con suavidad.

—Eso me gustaría pensar.

—Entonces no tienes nada de qué preocuparte. Para cuando regreses de la cita de tu padre, la cena ya estará en la
mesa, jodidamente deliciosa y para nada quemada.

Se inclinó para besarme.

—Me ha encantado tenerte en casa los últimos días.

—A mí también —sonreí.

Luego de comer en el parque, regresamos a casa para que Pequeña pudiera tomar su siesta. Cerca de las tres Bella
se fue para llevar a Charlie a su cita con el cardiólogo, dándome tiempo de sobra para ir a la tienda y comenzar la cena.
Pequeña iba sentada en el carrito, era feliz diciendo todo lo que podía mientras yo agarraba los ingredientes.

Planeaba hacer la primera comida que Bella me enseñó a cocinar: pollo parmesano. La verdad no recordaba cómo lo
había hecho exactamente porque en ese momento sus pechos eran mucho más interesantes, pero encontré la receta
que usó en su cajita y supuse que no sería tan difícil.

Esa noche fue importante. Era obvio que no podía decirme ser el chico más romántico del mundo, pero parecía algo
romántico esto que estaba haciendo. Ella aceptó salir conmigo por primera vez esa noche. Sí, técnicamente no fue una
cita, pero fue el comienzo de nuestra relación. Mamá pensó que era lindo que recordara eso, así que pensé que Bella
opinaría igual.

—Creo que ya tenemos todo, Pequeña —dije, mirando mi lista—. Mami va a decir que sí esta noche, ¿verdad?

—¡No! —dijo riéndose.

Suspiré.

—Qué manera de aumentar la confianza de papá, amor.

Cuando llegamos a casa, dejé a Pequeña en el piso de la cocina con unas cuantas ollas y cucharas mientras yo
empezaba la cena. De todos los juguetes que tenía esa niña, esos eran sus favoritos, y ni siquiera eran juguetes. Ella
se divertía por sí misma mientras yo seguía la receta al pie de la letra, no quería joderlo.

—Sí, ¿ves? —pregunté mirando a Sofía luego de meter el pollo al horno—. Papi también sabe cocinar.

Ella golpeó la olla, riéndose en voz alta por el sonido que hacía.

—¿Es divertido? —programé la alarma y luego me senté en el piso frente a ella, agarrando una de las cucharas de
madera. Golpeé la olla y ella aplaudió—. Sí, es algo divertido. Hace bang. ¿Puedes decir bang?

—¡Baa-g, papá! —golpeó otra olla con su mano—. Baa-g.

Volví a pegarle unas cuantas veces más.

—¡Bang, bang, bang!

—¡Baa-g! —se rió, puso las manos en el piso y se paró. Agarró una de las cucharas y golpeó el gabinete antes de que
pudiera detenerla.

—Mierda, no —dije cargándola—. No le pegues a las cosas, ¿sí? Sólo a las ollas.

—Pa baa-g.

Levanté su camiseta para soplarle besos en su pancita mientras ella gritaba feliz. Seguí haciéndolo mientras ella
intentaba soltarse, se reía y decía mi nombre. Por supuesto que la tenía bien agarrada, así que no se iría a ninguna
parte. Cuando dejó de estar feliz y comenzó a quejarse como si estuviera empezando a enojarse, la llevé arriba para
vestirla.

Cuando le dije a mamá que quería involucrar a Sofía en mi propuesta de matrimonio, ella encontró un lugar que hacía
enteritos personalizados y pidió que le hicieran uno rosa para ella. Decía "¿Te casarías con mi papi?", a mí no se me
ocurrió ninguna otra idea, así que acepté la sugerencia de mamá y se lo puse a Pequeña bajo unos pantalones y una
chaqueta de cierre.

Sí, probablemente era muy cursi, pero involucraba a Sofía, lo cual era lo que me importaba. Pensé en hacer que
Pequeña le diera el anillo a Bella, pero probablemente terminaría comiéndoselo y no me gustaba la idea de llevar a
emergencias a nuestra niña la noche en que quería pedirle a Bella que se casara conmigo.

Luego de bañarla y vestirla, revisé el cronómetro en mi teléfono y descubrí que el pollo estaría listo pronto. Bella llegaría
a casa en cualquier momento. Puse de nuevo a Pequeña en el piso mientras terminaba de alistar todo lo demás, hice
la salsa de tomate y los ejotes mientras el pollo terminaba de estar listo.

—No huele a quemado, eso es bueno —dije, abriendo el horno con Sofía viéndome—. ¡Carajo, sí!

Increíblemente, no lo quemé. Luego de revisar la temperatura de una pechuga para asegurarme de que estuviera bien,
serví mi plato y el de Bella antes de cortar el pollo de Pequeña y meterlo al refrigerador para que se enfriara un poco.
Escuché que se abría la puerta del garaje, así que me apuré a llevar todo a la mesa y dejé a Sofía en su sillita alta.

—Oh, huele increíble —dijo Bella al entrar al comedor. Se quedó boquiabierta cuando vio la mesa y las flores que había
puesto en el centro—. Hiciste pollo parmesano.

Asentí, cerrando la distancia entre nosotros y llevando mis labios a los suyos.

—Y no quemé la casa —sonreí.


Se rió estirándose para darme otro beso.

—Bien hecho.

—Acabo de sacarlo del horno, ¿por qué no guardas tus cosas y luego comemos?

Asintió sonriendo.

—Me parece perfecto. Lo hiciste muy bien, Edward. Te amo.

—También te amo, Mordelona —bromeé y se sonrojó.

Luego de que Bella se cambió y volvió a bajar, me aseguré de que el pollo de Pequeña se hubiera enfriado lo suficiente
antes de ponérselo enfrente. Se comió el pollo y los ejotes, afortunadamente no aventó nada.

—Sabe increíble, Edward —dijo Bella comiendo otro bocado.

—¿En serio? Seguí tu receta al pie de la letra y básicamente recé para que saliera bien. Yo, uh... quería hacer algo
especial para ti.

Sonrió.

—Es muy especial.

—¿Sabes qué fecha es hoy?

Asintió.

—Cuatro de abril... hace un año que Sofía llegó a tu vida.

—Y tú también.

Miró su plato, luego las flores y después a mí con una sonrisa en sus hermosos labios.

—Es un día muy importante —dijo, poniendo la servilleta sobre su plato vacío mientras yo hacía lo mismo.

—Sí, lo es. —Sonreí poniéndome de pie con nuestros platos—. ¿Te molestaría quitarle la chaqueta a Pequeña? Se
llenó de comida.

Miró a Sofía, que tenía la cara y manos llenas de salsa – como había planeado.

—Claro —dijo.

Rápidamente me fui a la cocina, dejando los platos en el fregadero antes de apurarme en regresar mientras Bella le
limpiaba la cara y las manos a Pequeña para luego bajarle el cierre de la chaqueta. Saqué la cajita de mi bolsillo y me
puse en una rodilla cuando el estampado apareció a la vista.

Su jadeo siempre quedaría grabado en mi memoria, al igual que la sonrisa en su rostro cuando se giró hacia mí para
encontrarme con la cajita en las manos.

—Me hiciste un mejor hombre, me enseñaste cómo cuidar a mi hija, y me amaste, incluso con mis defectos —dije—.
Sin ti, no sé qué haría. Cuando pienso en el futuro, sólo puedo vernos juntos con nuestra hija. Nada más tiene sentido.
Te amo, Bella Swan. Amo todo sobre ti. Lo cariñosa que eres, lo amable, el que me hagas sonreír y reír, y el que me
hayas dado una oportunidad cuando pudiste haberte ido con facilidad. ¿Te casarías conmigo?

Asintió, y se acercó a mí cuando me puse de pie y saqué el anillo.

—Sí —dijo con suavidad, tenía la mirada clavada en el anillo mientras se lo ponía—. Oh, sí.

Había lágrimas en sus preciosos ojos, y era obvia la felicidad que sentía. En un instante tenía sus brazos alrededor de
mi cuello y sus labios en los míos. Acaricié su mejilla mientras nuestros labios se movían juntos, apenas y nos
separábamos para respirar.

—Tengo otra pregunta —dije sonriéndole al separarnos. La solté y me acerqué para sacar a Pequeña de su sillita—.
No sólo quiero que te cases conmigo, también quiero que adoptes a Sofía. Justo después de casarnos quiero que sea
legalmente tuya. Te amamos, Bella, ¿verdad corazón?

—Mo —dijo Pequeña sonriendo de oreja a oreja—. Mo mamá.

Bella asintió limpiándose las lágrimas.

—Sí, claro que la adoptaré —lloró, sacando a Sofía de mis brazos para besar su mejilla—. No puedo esperar para
casarme contigo y ser su mamá de verdad.

Me incliné para besarla una vez más.

—Gracias —dije—. ¿Ves, Pequeña? Te dije que diría que sí.

—¡No! —se rió.

Y colorín colorado... ah, ¿no verdad? Nos falta el epílogo y la secuela ;)

No tienen ni idea de lo agradecida que me siento con todas esas personas que apoyaron esta traducción. Si
comentaste, si pusiste en favoritos o si sólo pusiste la historia en alerta... ¡Gracias!

Sobre todo gracias a mi maravillosa beta, Isa, que siempre está más que dispuesta para ayudarme con esto. Cariño,
¡sabes que te adoro!

Ha sido una experiencia completamente única traducir esta historia. Las chicas con las que de repente hablo en
Facebook saben que me enamoré tanto de esta historia como ustedes, especialmente de nuestra Pequeña.

Mañana publico el epílogo.

Espero que me sigan leyendo con la secuela. Toda la información referente a eso la pueden encontrar en mi perfil,
cualquier duda, saben dónde encontrarme.

Besos, abrazos y mucho cariño,

Fungys.
*Chapter 36*: Fatherhood
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 36: Paternidad

Abrí los ojos escuchando los gritos de Pequeña y la hermosa risa de Bella. Si tenía que suponer, diría que el otro ruido
que escuchaba eran pisadas corriendo hacia la habitación.

—¡Papi! ¡Mamá no me atapaaaaaa! —gritó Sofía, que de repente estaba sobre mí y gateaba para meterse bajo las
cobijas luego de dejarme sin aire.

Moví las piernas para asegurarme de que anoche me hubiera puesto ropa interior. Qué bien. En mi lista de cosas por
hacer hoy no incluía que mi hija de dos años y medio me viera el miembro. No, hoy íbamos a celebrar. Pequeña ya era
oficialmente hija de Bella ante los ojos de la ley. Ayer el jurado lo legalizó y todos los documentos habían sido firmados.

—Sé que estás aquí —cantó Bella, sonrió al entrar en la habitación—. ¿Eso que tienes en el pecho es un bulto?

Sacudí la cabeza.

—Nop. —Picoteé el bulto en mi pecho y Pequeña se rió suavemente—. Es sólo una almohada.

—¿Oh sí? La última vez que revisé, las almohadas no se reían. —Se acercó y agarró la sábana.

Yo la levanté y Pequeña me vio sonriendo.

—Nos descubrió, corazón —me reí cuando Bella la quitó para hacerle cosquillas.

Siguió haciéndole cosquillas a nuestra hija cuando Sofía se bajó de mí y me rogó que la ayudara. Mejor decidí ayudar a
Bella. Ya sabes, tenemos que presentar un frente unido. Aunque nos decía que nos detuviéramos, los gritos de
felicidad que soltaba Pequeña demostraban que le encantaba esto, y a mí también.

—Dime que gané —dijo Bella mientras yo soplaba besos en la pancita de Sofía.

—¡Pipi! —gritó moviendo las piernas.

Ambos nos detuvimos y nos alejamos antes de que se hiciera pipi en nuestra cama. Aunque nuestra niña era
inteligente, puede que lo estuviera fingiendo.

—Dile a mamá que ella gana, Pequeña —dije, sentándola en mi regazo.

Se llevó las manos a la cara y siguió riéndose, sus rizos rojizos saltaban cuando sacudía la cabeza. Sí, cabello rojizo,
ojos verdes... era idéntica a mí. También jodidamente bonita y bien que ella lo sabía.

—¡B'en! —dijo cuando le hice cosquillas de manera suave—. ¡Mamá gana!

Bella se inclinó para besar su mejilla una y otra vez antes de cargarla y bajarse de la cama.

—Eso mismo pienso —se rió—. ¡Ahora vayamos a hacer pipi mientras papi se viste para pasar el día en la playa!

—¡Sí!

Me reí suavemente al escuchar a Sofía hablar sin parar sobre la playa mientras Bella la sacaba de la habitación.
Aunque Pequeña no sabía la importancia de lo que había pasado ayer, Bella y yo sí. Bella ya no era sólo mi mujer, sino
también la madre de mi hija.

Nos habíamos casado hace unos meses, el cuatro de abril —exactamente un año después de que le pedí matrimonio
— en una pequeña ceremonia aquí en Forks. Bella no quería un evento muy grande, así que sólo invitamos a nuestra
familia y amigos cercanos. La verdad a mí no me importaba qué tan grande fuera o dónde nos casáramos, siempre y
cuando ella dijera que sí al final del día. Fue perfecto y jodidamente gracioso, gracias a nuestra hija. Todavía podía ver a
Pequeña caminando por el pasillo frente a Bella, aventando los pétalos de rosa a la gente en lugar del piso.

—Ve con papi para que te ayude a guardar tus juguetes de playa mientras me visto, ¿sí? —le dijo Bella cuando ella y
Pequeña regresaron a la habitación.

Pequeña corrió hacia mí y la cargué, lanzándola en el aire y haciéndola gritar.

—¿Estás emocionada por ir a la playa? —le pregunté.

Asintió con fervor.

—¡Sí! ¿Ju'amos en adena?

Asentí y besé su mejilla.

—Sí, vamos a jugar en la arena, así que vamos por tus juguetes.

Bella cerró la distancia entre nosotros al envolverme con su brazo. Me agaché para besarla.

—Dame diez minutos, ¿sí? —preguntó—. Hace rato comimos panqueques con mucha miel, así que su energía a
causa del azúcar sigue al máximo.

—¿Panqueques? ¿Por qué yo no comí? —pregunté mirando a Sofía—. ¿Te los comiste todos?

—Tú domido, papi —dijo con seriedad—. Mami dijo no depetad.

Hice un puchero y ella me palmeó la cara diciendo "pedón". Claro que Bella sólo se rió, pero en serio quería probar los
panqueques de Mordelona. Dormí hasta tarde esta mañana porque anoche llegué pasadas de las tres de la mañana.
Luego de tramitar la adopción de Pequeña, recibí una llamada de Emmett pidiéndome ayuda en Olympic Medical
Center. Este año él había remplazado por completo a papá, quien decidió trabajar medio tiempo en una clínica gratuita
mientras disfrutaba de su retiro.

Era agradable trabajar en un hospital grande de vez en cuando, pero de verdad me gustaba Forks. Mis horas eran más
regulares, lo que significaba que pasaba más tiempo con mis chicas. También me di cuenta de que mis habilidades
eran más necesitadas aquí. Tan sólo en mi primera semana salvé la vida de un niño de ocho años al realizar una
cirugía de emergencia. Cirugía que no se hubiera realizado a tiempo si se lo hubieran llevado a Port Ángeles. Nunca
pensé que la medicina en un pueblo pequeño me llamaría, pero así era.

Me hacía más feliz de lo que había sido en Port Ángeles.

—¿Qué quieres hacer primero, Pequeña? —pregunté mirándola, iba agarrada de la mano de Bella mientras yo
cargaba todas sus mierdas a la playa.

—Um... ¡adena! —dijo sonriendo.

Asentí.

—Castillo de arena entonces.

Luego de poner la sombrilla en la playa —porque, sorprendentemente, estaba soleado—, Bella ayudó a Pequeña a
quitarse sus shorts y camisa antes de bañarla en bloqueador solar. Sofía se entretuvo un rato jugando con la arena y
ayudándome a construir un castillo de arena; en realidad no lo hacía, sólo se lo creía ella. Terminó siendo sólo un
montón de arena que ella destruyó mientras se reía.

Ese era uno de mis sonidos favoritos en el mundo, y haría cualquier cosa sólo por escucharlo, por eso la cargué en
brazos de repente.

—¿Qué te parece si nadamos, Pequeña?

—¡Sí! —dijo mientras Bella le ponía los flotadores en los brazos—. Me 'usta nada'.

Besé su mejilla y luego me acerqué a la orilla. La puse sobre sus pies, el agua apenas le cubría las rodillas, agarraba
mi mano mientras jugaba. Era jodidamente bonito verla saltar para intentar evitar la ola, y habló y habló sobre querer ver
los peces. En realidad culpaba a Charlie por eso. Pornstacho había corrompido a mi hija al hacerle pensar que era
genial ir de pesca, gracias al viaje que ella había tomado con él y Bella hace unas semanas.
Yo me aseguré de tener que trabajar el día que fue planeado.

—Se está divirtiendo mucho —dijo Bella sonriéndome cuando Pequeña se sentó para que el agua le tapara las
piernas al llegar las olas. Salpicar era una de las cosas que más le gustaba hacer.

Asentí.

—Así es, ¿y tú?

—¿Yo? Amo esto. —Entrelazó nuestros brazos y recargó la cabeza en mi hombro—. Cada día con ella es una bendición
y estoy muy agradecida de que ahora ya sea de verdad mía. Eres increíble, Edward. Ni siquiera puedo expresar lo
mucho que los amo a ti y a ella.

Sonreí al ver a Pequeña emocionarse cuando encontró una concha.

—Y nosotros te amamos a ti.

—¡Es bonita, papi! —dijo Sofía, ofreciéndomela.

Me agaché y sonreí al tomarla.

—Sí, es bonita, igual que tú.

No sabía qué me deparaba el futuro, pero siempre y cuando incluyera a mi preciosa esposa y hermosa hija, no podía
esperar para descubrirlo. Ellas eran mi vida, y cada día que pasaba a su lado era una bendición.

La paternidad era lo mejor que me ha pasado jamás.


*Chapter 37*: Outtake: First Momma
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Outtake 1: Primer mamá

Bella POV

Cuando Edward se despertó a mediodía después de su último turno de noche esta semana, yo ya estaba en la sala
buscando ideas de regalos para Sofía mientras disfrutaba de la paz y tranquilidad. Faltaban tres semanas para
Navidad y no habíamos empezado a hacer las compras.

—Pequeña se estaba chupando el dedo —dijo Edward al sentarse junto a mí—. Se lo saqué, pero creo que sigue
enojada porque le quitamos el chupón.

Asentí, lo vi y sonreí.

—Aunque apuesto a que se veía bonita.

—Jodidamente adorable —se rió bajando sus labios a los míos—. Entonces, ¿qué está pasando? Siento que llevo
días sin verte.

—Me viste hoy en la mañana y ayer en la tarde —dije—. Pero también te extraño. Pronto terminaré con el recital y luego
tendré unos cuantos días de vacaciones antes de que la escuela vuelva a empezar después de Navidad. Y hablando
de eso, tenemos que ir a comprar los regalos de Sofía. Escribí una lista de ideas.

Se rió entre dientes cuando le acerqué mi laptop para enseñarle el documento.

—Comprémosle todo. Quiero darle todo lo que pueda desear. Después de todo es su primera Navidad.

—¿Por qué tengo la sensación que va a ser una niña de papá muy mimada? —sonreí.

—Porque esa es mi meta. Me refiero a la parte de ser niña de papá. —Sonrió.

El cambio que había pasado en Edward de cuando lo conocí a ahora era… sorprendente, de hecho. A veces me
preguntaba si era el mismo hombre. Él cambió de ser todo un gigoló a ser un gran hombre y un gran padre.

La primera vez que lo vi me quedé… asombrada. Era increíblemente guapo. Alto, musculoso, con un poco de barba en
el rostro y esos hermosos ojos verdes. Me aceleró el corazón… pero luego me di cuenta de cómo era y su apariencia ya
no me pareció tan genial.

Claro, seguía siendo hermoso, pero su personalidad ya no lo era. Cada pocas noches llevaba a casa a una mujer
diferente. Algunas veces esas mujeres se iban en medio de la noche —ya sabes, después de que él se divirtiera—, y a
veces las encontraba saliendo de su apartamento cuando yo me iba a trabajar. Cada mujer era hermosa, delgada,
piernas largas y pequeños vestidos. Él tenía bien definido su tipo. Se les decía fáciles.

Pero luego llegó otra mujer. Se parecía a las otras, pero con una gran diferencia. Cargaba un bebé. Una pequeñita que,
juro por Dios, era la cosa más hermosa el mundo. Capturó mi corazón desde la primera vez que la vi.

Lo miré batallar —después de todo él ni siquiera sabía cambiar un pañal—, lo vi enamorarse de esa pequeña y lo vi
transformarse en el hombre que era hoy. Ya no había más mujeres en vestidos pegaditos, disminuyó la cantidad de
maldiciones que decía y se convirtió en un buen hombre. Le tomó un tiempo admitir el amor que sentía por su hija,
pero cuando lo hizo, fue como si se abriera una compuerta. Él adoraba a esa pequeñita. La forma en que se le
iluminaba el rostro era… lo hacía más hermoso y más increíblemente guapo que nunca.

La paternidad le sentaba bien.

Cambió tan drásticamente por su hija… y por mí. No podía negar que durante los primeros meses tuve un
enamoramiento con él, pero nunca soñé que se convertiría en esto. Estábamos viviendo juntos y completamente
enamorados. Parecía haber pasado tan rápidamente —y créanme cuando digo que lo cuestioné al principio—, pero se
sentía bien.

Nunca creí que alguna vez pudiera llegar a ser tan feliz con alguien. Lo quería, pero querer y creer son dos cosas
completamente diferentes. Él me hacía reír como nadie más. Ya fuera algo que decía o hacía, a veces me reía con tanta
fuerza que me dolía el estómago. Y créanme, lo más gracioso del mundo fue verlo descubrir cómo cuidar a Sofía al
principio, aunque también fue lo más dulce.

Ella lo cambió. Demonios, ella me cambió a mí. Esa pequeñita no lo sabía, pero ella era la niña más bonita y especial
del mundo. Y ahora era mía. No legalmente todavía, pero él me dijo mamá. Él quería que su hija fuera mía, y ese era el
regalo más precioso que alguna vez podría recibir.

Edward puso un documental y yo regresé a mi lista, pero no tardé mucho en escuchar a Sofía llorar a través del monitor.
Lo detuve rápidamente para que no se levantara, quería ir yo por nuestra pequeña. Ella estaba en una edad tan
adorable, y yo atesoraba cada momento que pasaba con ella. Cuando entré a su cuarto la encontré sentada en su cuna
y llorando.

—Oh, corazón —dije, cargándola—. ¿Qué te hace llorar? ¿Te toca cambio de pañal?

El olor confirmó mi sospecha, así que la acosté en la mesa y la aseguré allí antes de cambiarla. Le hice cariñitos,
sonriendo cuando su llanto cesó y comenzó a balbucear. Cuando estuvo limpia la volví a cargar y besé su mejilla.

—Supongo que ya se acabó la hora de la siesta, ¿eh? —pregunté—. Papi ya está despierto, vamos a verlo.

—¡Papá! —gritó.

—Sí, estoy segura de que él quiere a su Pequeña tanto como tú lo quieres a él —me reí suavemente.

La emoción que sentía por su papá era preciosa. De verdad que él era su mundo. Cuando él llegaba a casa de trabajo,
ella gateaba directo a él. Cuando él le hacía cosquillas y la besaba una y otra vez, su risa era diferente. Ella lo amab a, y
esperaba que a mí también me amara. Al menos eso parecía. Siempre se emocionaba al verme cuando la recogía de
la guardería, me estiraba los bracitos cuando alguno de los empleados me la traía. Durante las pocas horas que
estábamos solas durante las tardes, ella estaba pegada a mí.

Cuando regresé a la sala Edward nos miró sonriendo y estiró sus brazos, así que se la di.

—Hola amor —le dijo—. ¿Disfrutaste tu siesta?

—Iré a traerle algo de comer —dije, inclinándome para besarlo.

—Gracias Bella. Te amo.

—También te amo.

Luego de darle su comida a Sofía, calenté las sobras de Acción de Gracias para Edward y para mí. Habíamos ido a
casa de sus padres ese día, pero tuvimos que regresarnos temprano ya que Edward estaba trabajando el turno de
noche. El pavo de su madre sabía delicioso y era enorme, así que seguíamos disfrutando de lo que quedó.

—¿Qué quieres hacer hoy? —preguntó Edward cuando me senté en el piso con Sofía.

—Nada —me reí—. Creo que te mereces un día de descanso.

Sonrió, bajándose del sofá para sentarse con nosotros. Sofía gateó hacia él y él se la acomodó en el regazo.

—Creo que un día contigo y con Pequeña suena perfecto. ¿No es así, Sofía? Te he extrañado.

Miré sonriendo como él le besaba la mejilla una y otra vez mientras ella se reía. De verdad era la cosa más dulce ver
eso. Yo creía que ella lo había complementado. Puede que él fuera feliz antes de ella, pero estaba segura de que eso
no era nada comparado con esto. Era igual para mí. Todos los días me despertaba sabiendo que tenía un increíble
hombre y una hija que me amaban. Ese sentimiento era algo que hace unos meses no podía entender, pero estaría
agradecida por siempre.

Edward acercó la bolsa de los bloques con letras, acomodamos palabras y las pronunciamos, intentando hacer que
las repitiera. Aunque a ella le divertía más agarrarlos y lanzarlos.
—Intentemos con mamá —dijo Edward, deletreando la palabra—. ¿Puedes decir mamá, Pequeña?

Ella aplaudió y se rió balbuceando cosas sin sentido. Ahora sabía exactamente cómo se había sentido Edward cuando
él quería que dijera papá. Yo quería que al menos lo intentara, pero lo más que habíamos logrado era que dijera "ma" y
ya tenía tiempo balbuceando eso. Era un poco decepcionante que no lo dijera, pero intenté no darle importancia, sabía
que pasaría pronto.

Luego de que Sofía se aburrió con sus juguetes, volvimos a sentarnos en el sofá y pusimos una película animada
Navideña. La verdad, ésas eran mis favoritas. Es que… me gustaban, a pesar de que ya no era una niña; al menos
ahora tendría a Sofía para compartirlas con ella. Ella estaba muy fascinada con la televisión, la señalaba y se reía sin
razón alguna.

Edward, por otro lado, parecía que quisiera suicidarse.

Le pegué en el hombro y sonreí.

—Ésta es tu vida de ahora en adelante, así que acostúmbrate —bromeé.

—No me interesan los hombres de nieve parlantes —se rió—. Aunque a ustedes dos parecen gustarles.

—¡Claro! Es la magia que tiene, ¿sabes? Amo la época Navideña. Tenemos que poner pronto en arbolito.

Asintió.

—¿Qué te parece mañana? Estoy seguro de que a Sofía le encantarán las luces.

—¡Ya puedo ver su rostro! —me reí suavemente—. ¡Será adorable!

Mientras la película seguía avanzando, Edward y yo decidimos ir por el árbol y más decoraciones de navidad. Yo tenía
unas pocas, pero apenas eran suficientes para un árbol pequeño. Mientras él se bañaba Sofía y yo terminamos de ver
la película. Bueno, yo la terminé. Ella comenzó su siesta de las tardes en mis brazos.

Cuando Edward salió, él la tomó en brazos para que yo pudiera alistarme. Para cuando estuvimos listos, la siesta de
Sofía ya había terminado y ella aplaudió cuando él le dijo que íbamos a salir. Fue entonces cuando ella repitió su
palabra más reciente.

—¡Adiós! —dijo cuando la acomodé en su asiento—. ¡Adiós, adiós, adiós!

Me reí y me incliné para besar su mejilla.

—Sí, corazón, nos vamos a ir, adiós.

Ella no se cansaba de su nueva palabra y la repitió al subirnos a la SUV y de camino al lote de árboles. Yo la miraba por
el espejo sonriendo al ver su sonrisa por el otro espejo que estaba en el respaldo del asiento. Ella iba jugando con uno
de sus animales de peluche, estuvo agitándolo a su alrededor hasta que accidentalmente lo tiró. Fue entonces cuando
comenzó el llanto.

Sabía muy bien que Edward jamás dejaría que su hija llorara sin razón alguna, así que no me sorprendí en absoluto
cuando paró en una gasolinera para recoger el peluche. Me giré para verlo buscar el peluche debajo de mi asiento.
Cuando ella vio que papi lo tenía en sus manos, dejó de llorar.

—Aquí tienes, Pequeña —dijo él, le besó la frente y ella abrazó el animal de peluche contra su pecho.

—Papá —dijo, otra vez sonriente.

Luego se volvió a subir al carro y manejó hasta el lote de árboles. Llegando allí me puse la cangurera en el pecho y
Edward la metió allí adentro. Personalmente, amab a la cangurera, pero él se negaba a usarla, optando mejor por sólo
cargarla en brazos. Ya que hacía frío, él se aseguró de que su gorrito, manoplas y botas no se fueran a mover antes de
empezar a caminar por el lote.

Nuestro apartamento no era tan grande, así que nos aseguramos de mirar sólo árboles pequeños. Afortunadamente
no tardamos en elegir uno. Edward estaba apurado, quería sacar a Sofía del frío lo más pronto posible. Mientras él y el
encargado amarraban el árbol al techo de la SUV, yo entré al carro con Sofía y le di un poco de agua.

—Vamos a tener un árbol muy bonito, cariño —dije, ayudándola a sostener el biberón. No le di mucha, así que terminó
con rapidez—. Habrá luces y decoraciones brillantes que sé que amarás.
Soltó el chupón del biberón y junto sus labios. Le puse la tapa al biberón y lo metí en su pañalera antes de besar su
mejilla.

—Mami te ama —dije—. ¿Y sabes qué sería genial? Que me dijeras mami, incluso si sólo lo intentas sería
maravilloso.

—Eee naa —balbuceó—. ¡Adiós!

Me reí, acercándome para darle otro beso.

—Supongo que por ahora es suficiente con escuchar tu voz.

Luego de ir a unas cuantas tiendas y comprar las decoraciones y adornos para el árbol, nos fuimos a casa. Sofía
estaba exhausta por nuestra tarde afuera y se quedó dormida una vez más en el carro. Cuando llegamos a casa tuve
que ayudar a Edward a bajar el árbol del carro. Puede que no fuera muy grande, pero causó muchos problemas.

Yo sólo estaba feliz de que Sofía siguiera dentro del carro cuando salieron profanidades de sus labios. Sus guantes
estaban cubiertos de savia y no pude evitar reírme cuando se pasó la mano por la cara sin pensarlo.

—Hijo de puta —dijo, alzando el árbol con una mano—. El siguiente año compraremos uno artificial.

Asentí riéndome un poco.

—Claro, Edward.

—Te estás riendo de mí —dijo, ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos.

Alcé la mano, e hice el gesto de casi pegar mi dedo pulgar e índice.

—Sólo un poco.

Me pasó la mano por un costado del rostro sin advertírmelo, haciéndome saltar lejos de él y caer sobre mi trasero.

—¡Qué grosero! —dije, juntando una bola de nieve mientras él se reía de mí. Se la lancé sin atinarle porque se agachó.
Luego de limpiarme y juntar otra bola en mi mano, me aseguré de acercarme lo suficiente y le di en la cara con ella. La
mirada en su rostro no tuvo precio, y antes de que pudiera vengarse abrí la puerta de atrás de la SUV y saqué el porta
bebé de Sofía.

—Usar a nuestra hija para protegerte está mal —dijo sonriendo—. Me vengaré.

—Tú empezaste —me reí, poniéndome la pañalera al hombro—. Te veo arriba.

Me alejé dejándolo solo con el árbol. Edward apenas iba entrando cuando con el árbol cuando yo ya había dejado a
Sofía adentro acostada en su cuna para que pudiera terminar su siesta. Lo detuve rápidamente, haciéndolo dejar el
árbol en el pasillo hasta que pudiera poner la base. Cuando terminamos de poner el árbol y quitarle las cuerdas, el
piso quedó hecho un desastre al igual que nosotros. Pero sí se veía bonito. Medía cuatro pies, pero estaba muy tupido.
No podía esperar para decorarlo.

—¿Tenemos que esperar hasta mañana? —le pregunté cuando dejó el resto de las bolsas en el mostrador—. Se ve
tan vacío.

Se rió entre dientes y cerró la distancia entre nosotros, envolviéndome con sus brazos.

—Podemos hacerlo esta noche si quieres.

Me levanté de puntillas para presionar mis labios en los suyos.

—Gracias —dije—. Voy a bañarme y luego comenzaré a preparar la cena. ¿Está bien si hago espagueti?

Asintió.

—Me parece jodidamente increíble.

Presionó sus labios con los míos una vez más, acariciando ese lugar detrás de mi oído. Cuando nos separamos, me
apresuré hacia la ducha y luego comencé con la cena. Para cuando empecé a cocinar Sofía ya se había despertado,
así que Edward fue por ella para darle de comer y hacerme compañía en la cocina.

—Te portaste muy bien hoy, Pequeña —dijo, llevando la cuchara a sus labios—. Sólo renegaste en el carro, así que
gracias.

—Claro que no reniega alrededor de la gente —dije—. Ama la atención que todos le dan.

En serio que sí, y la gente la amaba. A donde quiera que fuéramos juntos, siempre nos decían qué bonita era y hoy no
fue diferente. Uno de los dueños de la tienda le dio un moño para que jugara, algo que ella adoró.

—Te pareces mucho a papá, corazón —se rió él—. Tengo un mal presentimiento de lo que eso significará cuando seas
mayor. Tendré que decirle a Charlie que me enseñe a disparar, ¿verdad? Así ningún chico intentará nada.

Rodé los ojos y sonreí.

—Creo que te faltan unos cuantos años antes de que tengas que preocuparte por eso.

Me miró y se encogió de hombros.

—Conozco a los chicos adolescentes, así que me estoy preparando con tiempo.

Terminé la cena justo cuando Sofía terminó de comer. Edward la dejó en su sillita alta, acercándola a la mesa mientras
comíamos. Cuando terminamos yo limpié la cocina y él sacó las cosas de las bolsas. Sofía, siempre la exploradora,
quería jugar con todo.

Para cuando me acerqué a ayudarlo, él ya había renunciado a intentar mantenerla lejos de las cosas y ella estaba
jugando con la escarcha en el piso. Fue divertido decorar juntos nuestro primer árbol, especialmente con la ayuda de
Sofía. Tardamos más de lo que deberíamos, pero ella se divirtió mucho con las cosas brillantes. Me aseguré de tomar
muchas fotos de ella y Edward juntos porque eran adorab les. Bueno, fue adorable hasta que ella decidió que las
esferas debían ser aventadas. Afortunadamente no se rompieron.

—¿Lista para ver las luces, Pequeña? —preguntó Edward, yo la tenía agarrada.

Le besé la mejilla y apagué la lámpara mientras él encendía el árbol. Las luces de colores se veían hermosas, y Sofía
estaba asombrada por todo. Su manita se estiró queriendo tocar, aunque estábamos muy lejos del árbol.

—Mami eligió cosas bonitas, ¿verdad? —dijo Edward, envolviéndome con su brazo y besando mi mejilla—. Dile a
mamá que está bonito.

—Mamá —dijo ella mirándolo.

Sentí que mi corazón creció ante su palabra, incluso si no me estaba viendo a mí. Lo dijo. Se me atoró la respiración en
la garganta y se formaron lágrimas en mis ojos. Era una palabra tan simple, pero significaba más para mí de lo que
podría explicar.

Edward sonrió y le movió la barbilla hacia mí.

—Ella es mamá —dijo.

—¡Mamá! —se rió.

Asentí intentando no llorar.

—Sí, corazón —dije—. Soy tu mamá y te amo muchísimo.

Estiró su manita para ponerla en mi mejilla mientras Edward lo volvía a decir. Ella repitió cada vez que él lo dijo, y en
ese momento me sentí la mujer más feliz del mundo.

Mi hija me dijo mamá.


*Chapter 38*: Outtake: First Broken Bone
Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.

Fatherhood, Formula and Other F Words

Outtake 2: Primer hueso roto

—Es negativo, ¿verdad? —pregunté, recargándome en el marco de la puerta del baño mientras Bella veía la prueba de
embarazo.

Asintió, agachó la cabeza y se secó las mejillas con su mano libre.

—Lo siento.

Apenas tenía dos días de retraso, no debí dejarla hacerse la jodida prueba. Ya llevábamos seis meses intentando
tener otro bebé, pero no pasaba nada. Supusimos que pasaría con facilidad, pero no era el caso. Seis meses. Seis
veces que Bella se había sentido decepcionada. Cada vez se hacía más y más difícil, ¿pero en esta ocasión?
Realmente creyó que ya había pasado.

—Lo siento mucho, Bella —dije, acercándome y arrodillándome frente a ella que estaba sentada en la tapa cerrada de
la taza. Le quité la prueba de las manos y la lancé al bote de basura junto a ella—. Oye, es que todavía no es tiempo,
¿de acuerdo? Eventualmente lo será.

—Lo sé —dijo suavemente—. Quizá si no me llega el periodo en unos días, me haré otro. ¿Qué piensas?

¿La verdad? No creía que estuviera embarazada. Si lo estuviera, esta prueba lo hubiera mostrado. En estos días esas
pruebas eran bastante certeras, especialmente las de este tipo. Aunque no quería aplastar su esperanza; así que
asentí y dije:

—Mejor espera hasta que regreses a casa, pero… si es el mismo resultado, sólo seguiremos intentándolo. No me
opongo a la parte de intentarlo. —Sonreí.

Sus labios se curvaron en una ligera sonrisa al asentir.

—Por supuesto que no. Supongo que sólo estoy triste. Quiero decir, no soy tan vieja. ¿Por qué no pasa? ¡Las mujeres
se embarazan a mi edad sin siquiera intentarlo!

—Algunas lo hacen, pero a veces toma tiempo. Prometo que no nos rendiremos. Algún día tendremos un bebé cuando
sea el momento adecuado. Quizá todavía no lo es. En unos meses Sofía empezará en la escuela, así que eso será
una buena carga.

Suspiró.

—Tienes razón. Perdón por estar tan… emocional por esto.

—No lo sientas —dije sonriendo al acariciarle la mejilla—. Aunque es mejor que pongamos manos a la obra. Me
sorprende que Sofía no esté golpeando nuestra puerta.

—Le puse las caricaturas —se rió—. Está muy ocupada.

—Por supuesto que sí.

Ya que eran vacaciones de primavera y la escuela descansaba durante una semana, Bella quería tomar un taller en
Seattle que la escuela iba a pagar. Duraba tres días completos y la verdad no sabía de qué jodidos se trataba. Era algo
sobre niños con necesidades especiales y cómo incorporarlos en clase. Al parecer el siguiente año tendría a un niño
autista en su clase, así que quería saber cómo ayudarlo. Después de todo, Forks no tenía clases para niños con
necesidades especiales.

Yo había tenido que salir de la ciudad antes por conferencias médicas, pero esta era la primera vez que era Bella la que
se iba. Pequeña estaba algo enojada por eso, pero ahora ya estaba mejor. Bella prometió llamarla todas las noches y
también hablarían por Skype. Sofía seguía sin estar feliz, pero viviría. Después de todo sólo serían unos días.

—¡Espera mami! —dijo Pequeña, corriendo hacia la habitación mientras Bella cerraba su maleta—. Olvidas a Fluffinton.
—Le ofreció el viejo conejo rosa que Charlie le había dado en su primer cumpleaños.

—Corazón, es tuyo —le dijo Bella, sentándose en la cama y tomando el conejo—. No lo olvidé.

—Quiero que te lo lleves. Te cuidará, ¿decuedas?

Bella sonrió y se agachó para ayudar a Sofía a subirse en la alta cama. Abrazó al conejo mientras besaba la frente de
nuestra hija.

—¿Estás segura de que no lo extrañarás mucho?

Sofía asintió.

—Papi me cuidadá mientdas él no está. Quizá puedo hablad también con él en la 'putadoda. ¿Cuántos días son hasta
que degdeses?

—Regresará el miércoles en la noche, Pequeña —dije, poniendo las manos bajo sus brazos para acomodármela en la
cadera—. Marcaremos cada día en el calendario, ¿de acuerdo? Se pasarán volando. Después de todo, nos
divertiremos muchísimo. No habrá hora de dormir, toda la comida chatarra del mundo, ¡y ni siquiera tendremos que
recoger tus juguetes!

Me reí cuando Bella me vio horrorizada por mis palabras. No podía prometer que no pediríamos pizza todas las jodidas
noches, pero probablemente la casa seguiría en pie para cuando ella regresara.

Espero.

—¡Sí! —Pequeña se rió—. ¿Ya te vas, mami?

Bella suspiró y asintió.

—Sí, tengo que recoger primero a la tía Alice, así que ya es hora.

Se puso de pie y cerró su maleta antes de que yo le pasara a nuestra niña. Agarré sus bolsas de la cama y luego las
seguí, bajamos las escaleras y nos dirigimos al carro. Obviamente, Pequeña ayudó muchísimo al meter al Señor
Fluffington —también conocido como Fluffinton— en su asiento para carro y ponerle el cinturón.

—¿Está seguro? —preguntó Bella y ella asintió—. Bien, dale besos a mami.

Aparte de unas cuantas lágrimas por parte de ambas, la despedida no fue tan mala. Cuando llegó mi turno, la abracé
fuertemente entre mis brazos. La última vez que se había ido fue cuando Charlie tuvo su ataque al corazón, así que esto
también me jodía un chingo a mí. Ya ni siquiera estaba seguro de saber cómo cuidarme a mí mismo.

—Te amo —dije, presionando mis labios contra los de ella. Lo hice durar, besándola profundamente y saboreando el
momento. Anoche tuvimos un sexo jodidamente fantástico de despedida, pero eso no era todo lo que extrañaría esta
semana—. ¿Estás segura de que sigues queriendo irte después de lo de esta mañana?

Ella sonrió tristemente y asintió.

—Estoy bien, Edward. Sólo… triste por ello. Seguiremos intentando hasta que pase.

—Me parece bien. —Sonreí besándola suavemente una vez más—. Llámame en cuanto tengas una oportunidad,
¿bien?

—Por supuesto. Cuida a nuestra niña por mí. Nada de perros o gatos sorpresa mientras no estoy, ¿entendido?

—Ni siquiera sus suplicantes ojos tristes me convencerían de ello —me reí—. Te amo, Mordelona.

—Yo también te amo. A los dos.

Luego de otro beso de Pequeña y mío, finalmente se subió al carro y salió del camino de entrada. Nos despedimos
con la mano hasta que giró en la carretera principal, y luego sólo nos quedamos parados allí por un momento.
—Y bien, ¿qué hacemos ahora, princesa? —pregunté, limpiándole las lágrimas de las mejillas.

Se encogió de hombros.

—¿Le llamamos?

Me reí entre dientes.

—Buena idea.

Quiero decir, ya hab ía pasado al menos un minuto desde que se fue.

Ya que Bella estaba fuera de la ciudad, reprogramé todas mis cirugías y decidí quedarme en casa con Sofía. Pequeña y
yo pasamos la mañana del lunes en mi oficina para poder encargarme del papeleo antes de estar realmente libre, y
luego fuimos a Port Ángeles a ver una película antes de irnos a casa. En realidad no era tan malo no tener a Bella
cerca.

Quiero decir, la extrañaba jodidamente mucho, pero… Sofía y yo no pasábamos mucho tiempo solos, no de esta
manera, al menos. Me recordaba un poco a sus primeros meses cuando sólo éramos nosotros dos, aunque ahora ya
podía hablar. Y santa mierda, sí que le encantaba hacerlo. Ya no tenía a mi terapeuta silenciosa, sólo eso diré.

—Y todos vivieron felices para siempre —leí, cerrando el libro y viendo a Pequeña – que seguía completamente
despierta conmigo en su cama—. Ni siquiera un bostezo, ¿eh?

—¿Puedo ver televisión? —preguntó sonriendo tontamente—. ¿Pod favod?

Prob ab lemente Bella me mataría si le dijera que dejé a Sofía ver televisión hasta las diez de la noche, pero lo que no
sabía no le haría daño. Además, usualmente Pequeña se dormía si apagabas todas las luces y mantenías bajo el
volumen de la televisión.

—¿En mi cama?

Asintió.

—¿También puedo dodmid contigo?

—Claro —me reí entre dientes sabiendo que no era una buena idea. Me paré de la cama y la cargué antes de llevarla a
mi habitación. La lancé en la enorme cama y se rió—. Mami no se enterará, ¿de acuerdo?

—¡No le didé! ¡Lo pdometo! —dijo, gateando hasta la parte superior para agarrar una almohada.

Aparté mi vista de ella un momento para apagar las luces y terminé con una almohada lanzada a mi espalda. Oh,
carajo. Giré la cabeza, sonreí cuando se rió y gateó bajo las cobijas.

—Pelea de almohadas, ¿eh? —pregunté, levantándola del piso—. Esconderte debajo de las cobijas no te ayudará si
puedo ver tu bulto.

—¡Yo no fui! —gritó—. ¡Sólo pasó! ¡Almohada mágica!

—¿Qué? ¿Es mágica? ¿En serio?

Asomó la cabeza y asintió.

—Síp. Voló por sí sola. Como en Aladdin.

—Esa era una alfombra —me reí caminando hacia ella—. No estoy convencido de que esta almohada sea mágica.
Creo que tú me la aventaste, lo cual me lleva a creer que quieres empezar una guerra. Y sólo para que lo sepas, papá
no pierde las guerras. Jamás.

Agarró otra almohada y me la lanzó, pero falló completamente. Su risita era jodidamente adorable, y aunque
probablemente debería estar durmiéndose, decidí divertirme un poco con ella. Ella amaba su jodida versión de luchar
conmigo. Yo siempre la dejaba ganar, después de todo.

Me subí a la cama, dirigiéndome directo a su bulto debajo de las cobijas donde intentó esconderse de nuevo y le hice
cosquillas en los costados mientras ella gritaba "¡Papi!" una y otra vez. La dejé levantarse y agarró otra almohada,
golpeándome suavemente en un lado de la cabeza.

Pretendí caer de cara contra la cama, haciéndole creer por un momento que me había derrotado antes de saltar. Gritó y
se rió, saltando lejos de mí. No me di cuenta de lo cerca que estaba de la orilla de la alta cama hasta que se cayó de
ésta.

Con fuerza.

Su grito de dolor fue instantáneo, o eso pareció, y apenas pasó un momento antes de que yo gritara su nombre,
bajándome de un salto de la cama para encontrarla en el piso. Se acunaba la muñeca contra el pecho, revolviéndose a
causa del dolor sobre su espalda.

—¡Papi! —gritó, el chillido se fue directo a mis huesos—. ¡Papi!

—Oh, bebita, lo siento mucho —dije, alejando su mano buena de la que tenía acunada contra el pecho. Gritó más
fuerte y en el momento en que vi la enfermiza deformidad en su muñeca, supe exactamente por qué—. Carajo.

La cargué en brazos, levantándola del piso y acostándola en la cama ridículamente alta. La cabrona era una locura,
pero fue lo que le gustó a Bella cuando redecoró nuestra habitación el año pasado. Estaba listo para quemar a la hija
de puta.

—Estás bien —la arrullé acariciándole la mejilla—. Todo va a estar bien.

Mi consuelo no pareció calmarla, por supuesto. Sus gritos seguían siendo igual de ruidosos cuando volvió a acunar la
muñeca lastimada contra su pecho. Por un momento se distrajo por el dolor, así que aproveche la oportunidad para
correr a la cómoda y agarrar el teléfono de ahí, marqué el número de Emergencias de Forks mientras agarraba mi
maletín de primeros auxilios del armario.

—Departamento de emergencias del Hospital Comunitario de Forks, habla Chelsea —respondió la voz en el primer
timbre.

—Chelsea, soy Edward Cullen —dije, sosteniendo el teléfono en mí oído con el hombro mientras buscaba en la bolsa,
encontrando la banda elástica que estaba buscando—. Necesito que me hagas un favor.

—Por supuesto. ¿Qué está pasando? ¿Alguien está gritando?

—Mi hija se acaba de fracturar la muñeca. Estaremos ahí pronto, pero necesito que llames al Doctor Embry Call por mí,
¿de acuerdo? Es un cirujano ortopédico de Port Ángeles, pero tiene privilegios.

—Um… sí, puedo hacerlo. ¿Necesita una ambulancia?

Una vez más alejé la mano buena de Sofía de su muñeca —haciéndola gritar más— y se la envolví con la banda,
estabilizando lo mejor posible la fractura.

—No, sólo llámalo. Probablemente se quejará por la hora, pero dile que es para mí. Vendrá.

—Entendido. ¿Algo más?

—Asegúrate de que radiología esté libre para cuando lleguemos ahí.

—Lo haré. Lo veo pronto, Doctor Cullen.

Colgando el teléfono, lo deslicé dentro del bolsillo de mi pantalonera y me concentré una vez más en la muñeca de
Pequeña. Carajo, era malo. No rompió la piel, pero obviamente estaba desplazada. Maldición, no debí haber estado
jugando con ella en la cama.

Bella va a matarme.

Los gritos de Pequeña se habían apagado durante el transcurso al hospital, pero sus lágrimas seguían cayendo con
toda la fuerza, y no podía culparla en absoluto. Había llamado a Emmett durante el viaje, pidiéndole que mandara a Call
para acá si intentaba negarse al pedido de la enfermera. Emmett era el jefe del tipo, después de todo, y juró que
mandaría a Embry a Forks lo más pronto posible.

Retrasé la llamada a Bella sabiendo que escuchar el llanto de Sofía sólo la alteraría más. Estaba a cuatro horas de
distancia, así que no había nada que pudiera hacer al momento. La llamaría en cuanto Pequeña estuviera hasta arriba
de drogas. Era una jodida pena que yo no pudiera consumir nada de esa mierda, porque mis nervios estaban
destrozados. Básicamente le había roto la muñeca a mi niña.

En cuanto entramos a emergencias, Chelsea ya estaba ahí para recibirme y guiarnos a una sala de examen. El
pequeño departamento de emergencias estaba casi vacío, con excepción de un borracho que se estaba curando la
cruda dormido en una de las camas.

—Tengo que bajarte, amor —dije, acostándola en una de las camillas mientras ella se aferraba al cabello que tenía en
la nuca fuertemente con su manita—. El dolor terminará pronto. Lo prometo.

—Duele, papi —lloró, soltando su agarre letal en mi cabello—. ¡Duele muchísiiiimo!

—Ya está abierto radiología —dijo el doctor Garrett Nichols, entrando en la habitación justo detrás de nosotros.

Él era un empleado contratado recientemente; nuestro cuarto doctor dedicado a emergencias. Era joven, pero parecía
competente. Aunque hubiera preferido que uno de los doctores más experimentados estuviera aquí esta noche, pero
no se le ve diente a caballo regalado, o una mierda así.

—Necesita medicamento —dije—. Está desplazada. Denle morfina intramuscular, ¿por favor?

Le asintió a Chelsea antes de avanzar un paso, diciéndole qué dosis poner. Luego de registrar los signos vitales de
Pequeña, se apuró en salir de la habitación mientras Garrett removía gentilmente el vendaje que había puesto en la
muñeca de mi bebé. Gritó; con fuerza. Me costó un gran esfuerzo no arrancarle la cabeza por causarle más dolor, pero
sabía que era necesario.

—¿Cómo se lastimó? —preguntó, examinando el hueso deformado que se levantaba hacia arriba.

—Se cayó de la cama. Estaba removiéndose al caer, así que debió estirar la mano al golpear el piso. No perdió
consciencia y busqué algún signo de dolor en su cabeza antes de meterla al carro; no creo que se la haya golpeado.

Asintió sacando su lámpara del bolsillo.

—Sólo hay que asegurarnos. ¿Cuál es tu nombre, cariño?

—S-Sofía —sollozó, agarrando fuertemente mi mano.

—Qué bonito. Mira aquí, ¿de acuerdo?

Revisó cuidadosamente sus ojos, confirmando lo que yo ya sabía: no había trauma en la cabeza. Mientras estaba
terminando, Chelsea volvió a entrar en la habitación con el medicamento. En cuando Pequeña vio la maldita jeringa en
su mano, comenzó a llorar con más fuerza. Deslicé mi brazo debajo de su espalda con mucho cuidado, acercándola a
mi pecho para agarrarla bien. Afortunadamente Chelsea fue rápida al inyectarle la aguja en el músculo, pero no lo
suficientemente rápido para que mi pequeña no lo notara.

Gritó en mi odio, casi rompiéndome el tímpano, cuando la aguja le perforó la piel.

—Shhh, está bien —susurré, besando su sien—. Ya terminó todo, princesa. Todo el dolor se irá pronto.

—Papi —lloró, acurrucando su cara en mi cuello—. Haz que pare.

—Parará pronto. Lo prometo. Lo siento mucho. Te amo, bebita.

Mientras esperábamos unos momentos a que la medicina hiciera efecto, Chelsea puso un paquete de hielo en la
muñeca de Sofía y la elevó sobre una almohada por ella. Garrett había salido de la habitación para mandar la orden de
los rayos x y llenar su historial. No tardaron mucho en mandar a alguien de admisión para darle a Pequeña su primera
pulsera de identificación del hospital. Ese era una primera experiencia que pudimos habernos saltado, por no decir
más. La vez en que necesitó puntadas siendo bebé había sido suficiente.

—Ya está —dije, sonriéndole tristemente a Pequeña que parpadeaba con lentitud, sintiendo la morfina hacer efecto—.
Está mejorando, ¿verdad?

Asintió lentamente.

—Sí, pedo… estoy cansada.

—Es algo bueno. Vamos a tomarle unas fotos a tu muñeca, ¿bien? Podrás ver tus huesos. Eso es genial, ¿no?
Era jodidamente horrible, en realidad.

—Supongo —dijo, bostezando—. Quiedo a mami.

—Le llamaré pronto.

—Y un perrito —murmuró.

No pude evitar reírme.

—Uh-huh, hablaremos de eso más tarde.

No le iba a dar un jodido perro.

Me quedé con Sofía, moviendo su muñeca de posición mientras le tomaban los rayos x. Las pocas veces que había
tenido que ponerme detrás de la pared fueron horrib les. Decía mi nombre y se la mantenía moviéndose, arruinando la
imagen. Cuando finalmente tomamos los rayos x, la cargué yo mismo de regreso a la sala de examen.

No se quedó dormida, pero estuvo bastante cerca de hacerlo en ciertas ocasiones; el milagro de opiáceos. En cuanto
pude ver las radiografías estuvo claro que tenía una fractura de radio distal desplazado, lo cual ya había supuesto. No
necesitaría cirugía, pero sí necesitaría una reducción cerrada para acomodar el hueso en su lugar. Era una herida muy
común, pero… eso no lo hacía menos terrorífico.

Ahora sólo teníamos que esperar a que llegara Embry Call para hacerlo.

Sacando el celular de mi bolsillo, mantuve el dedo sobre el nombre de Bella hasta que lo presioné, sabiendo que tenía
que hacerlo. Sonó y sonó hasta que me mandó a buzón de voz, y no pude decidir si era algo bueno que ella durmiera
como muerta y no lo hubiera escuchado.

—Hola Bella, soy yo —le dije a la máquina—. Necesito que me llames cuando escuches esto. No te alteres, pero Sofía
tuvo un accidente. Estará b ien. Te lo juro. Sólo llámame. Te amamos.

Se alteraría, y probablemente lo haría aún más porque le dije que no lo hiciera. Pensé en mandarle también un
mensaje para que lo viera primero.

Llámame cuando despiertes, ¿por favor? Es urgente. Te amo.

—¿Mami? —preguntó Sofía en la voz mareada más dulce del mundo. Parpadeó de nuevo, concentrándose en mí—.
¿Cuándo mami llega?

—Vendrá lo más pronto que pueda —dije, pasando mi mano por su cabello—. ¿Por qué no descansas un poco, eh?

—Me siento… divertida. Como, no sé.

—Lo sé. —Sonreí tristemente—. Aunque es por las medicinas. ¿Te duele?

Sacudió la cabeza, abriendo todo lo que podía sus ojos y exhalando un gran suspiro.

—Whoa.

—Cierra los ojos, bebé. Te sentirás mejor pronto y el doctor estará aquí para mejorar tu muñeca.

De hecho, Call necesitaba apresurar su jodido culo, pero supuse que decirle eso no sería buena idea. Ella asintió
lentamente, moviéndose un poco de costado hacia mí y cerrando de nuevo los ojos. Esperamos otra media hora hasta
que finalmente entró el jodido Embry Call. Era un cirujano ortopédico bastante decente, y sabía que podría manejar con
facilidad una reducción cerrada.

—¿Está dormida? —preguntó suavemente abriendo su historial.

Asentí.

—Sí, logré que cerrara los ojos. Gracias por venir.

—No hay problema —dijo, revisando su historial—. Perdón por tardar tanto. Entonces, ¿reducción cerrada? ¿Supongo
que no quieres que se quede?
—Demonios, sí. Ya arreglé las cosas con el anestesiólogo para que le ponga un sedante ligero. —Presioné el botón en
el control remoto de Pequeña, señalándole a Chelsea para que regresara—. ¿Ya viste sus radiografías?

—Les eche un vistazo, pero en un minuto las examinaré mejor. Seré gentil, pero necesito examinar su muñeca.

Asentí suspirando y apreté ligeramente la mano de Sofía cuando él movió el paquete de hielo, inspeccionando de cerca
la fractura. Cuando quedó satisfecho, se fue para ver sus rayos x mientras Chelsea regresaba. Le pedí que alertara en
quirófano y en menos de diez minutos ya llevábamos a Pequeña al piso superior.

Ya tenía puesta la intravenosa y los monitores, ella dormía pacíficamente. Me senté junto a ella, sosteniendo su mano
buena mientras el anestesiólogo le ponía el sedante para asegurarse de que se mantuviera inconsciente durante el
procedimiento, aunque la morfina parecía estar haciendo un trabajo jodidamente bueno para eso.

Embry se tomó su tiempo, manipulando el hueso para ponerlo de nuevo en su lugar. No fue muy brusco, lo cual me
había preocupado. Aun así apestó ver el hueso de mi bebé ser puesto de nuevo en su lugar. Luego de tener una
radiografía que confirmaba la colocación, le envolvió la muñeca en una tablilla. Le pondrían un cabestrillo cuando
bajara la hinchazón, y luego más rayos x mientras el hueso sanaba para asegurarse de que se formara correctamente.

—¿Tenemos cinta rosa? —pregunté mirando a Paul, el anestesiólogo, mientras Embry terminaba de envolver su
muñeca.

—Sí, tengo un poco —dijo Paul sacándolo de su carrito—. ¿Para la intravenosa?

—Sí. Ella… ama un chingo el rosa. Demonios, probablemente se decepcionará al no tener aún el cabestrillo rosa.

—Dámela —dijo Embry, riéndose al estirar la mano—. Le pondré unas cuantas banditas rosas en la tabilla. Aunque no
durará mucho.

—Gracias hombre —le dije sonriendo.

Luego de terminar con la tablilla, movimos a Pequeña hacia recuperación para que se despertara. Fue una
sincronización jodidamente perfecta que cuando estuvo acomodada, mi teléfono comenzó a sonar en mi bolsillo. La
cara de Bella apareció en la pantalla y suspiré, respondiéndolo y llevándomelo al oído.

—Hola —dije.

—¡No escuché el teléfono! —gritó—. ¿Qué pasó? ¿Sofía está bien?

—Va a estar bien. En realidad es mi culpa. Estábamos jugando en nuestra cama. Ya sabes, una estúpida pelea de
almohadas. La asusté y se cayó de la cama. Lo siento mucho, Bella. Se fracturó la muñeca muy feo, pero acaban de
terminar de acomodársela. Nos iremos a casa cuando despierte.

—¡Dios mío! Y-ya voy en camino a casa. Registraré mi salida y estaré ahí lo más pronto posible. Dios, ¡no puedo creer
que no escuché el celular!

—Está bien.

—¡No, no lo está! Ella está herida. No debí venir a esta cosa.

—Es mi culpa —suspiré, pasándome la mano por el cabello—. Chingado, Bella, lo siento mucho.

—No pretendías que eso pasara, Edward. ¿Estás seguro de que está bien? ¿Qué le hicieron? ¿Necesita cirugía?

—No, lo acomodaron sin cirugía. Estará de seis a ocho semanas con un cabestrillo y estará como nueva para cuando
comience el verano.

Exhaló largo y tendido.

—Bien. Llegaré pronto. ¿Ya se despertó? ¿Puedo hablar con ella?

—Uh… —miré a Sofía tararear suavemente, moviéndose un poco—. Sigue un poco desorientada, pero puede que te
oiga. Espera.

Puse el teléfono en el oído de Pequeña, manteniéndolo ahí mientras parpadeaba lentamente.

—¿Mamá? —murmuró—. Yo… mami… sueño.


—Está bien, Pequeña —susurré acariciándole la mejilla—. Dile a mami que la amas.

—Mo, mami.

Sonreí para mí, extrañaba ese "mo". Luego de unos momentos más, regresé el teléfono a mi oído.

—Supongo que todavía no está despierta.

—Está bien —dijo Bella, su voz se rompió un poco—. Déjame decirle a Alice y me pondré en camino, ¿de acuerdo?

—¿Por qué no esperas hasta en la mañana? Es un viaje largo ahora que estás medio dormida, y no necesito que tú
también salgas herida.

—Pero me necesita.

—Yo la cuido. Sólo duerme unas horas y luego regresa a casa. Me encargaré de instalarla y estoy seguro que de todas
maneras llegarás temprano.

Suspiró.

—No podré dormir. Estaré b ien. Iré a casa ahora.

Obviamente no iba a ganar esto. Yo tampoco podría esperarme, pero me preocupaba que manejara en medio de la
noche.

—De acuerdo, pero quiero que me llames seguido. Lo siento mucho.

—No fue tu culpa. Ella piensa que es invencible, así que un hueso roto era inevitable eventualmente. Ya no más juegos
bruscos en esa cama, ¿entendido?

—Al carajo con eso, compraremos una más baja. —Me reí en voz baja—. Te amo.

—También te amo, Edward. Dale besos de mi parte.

Cuando Sofía estuvo un poco más coherente y obviamente no mostró efectos secundarios por el sedante, dejamos el
hospital justo antes de las tres de la mañana. Seguía bastante mareada por los analgésicos, pero aún así de buen
ánimo. Sí pidió rápidamente un cabestrillo rosa. Sorprendente, lo sé.

—De acuerdo, puse almohadas a cada lado de ti, así que no te caigas de esta trampa mortal, ¿entendido? —le
pregunté, arropando las cobijas alrededor de su cuerpecito en mi cama.

—Uh-huh —bostezó—. ¿Mami llegadá a casa pdonto?

Asentí, quitándome los zapatos y subiéndome a la cama junto a ella.

—Síp, durmamos un poco para asegurarnos de que el tiempo pase rápido. ¿Estás cómoda?

—Síp. Tengo sed.

Sonreí, agarré la botella de agua en la que ya había pensado y le quité la tapa para ella. La empiné sobre sus labios,
dejándola tomar unos tragos antes de que juntara sus labios, satisfecha ahora que su sed había sido erradicada.

Estirándome junto a ella, tuve cuidado con su brazo izquierdo y la miré dormir. Bella llamó un par de veces en su
camino a casa, así que yo no pude dormir nada. Aunque no hubiera podido hacerlo. Estaba demasiado ocupado
viendo a mi bebita, asegurándome de que estuviera bien. Podría pasar el resto de mi vida sin ver a mi bebé con tanto
dolor de nuevo. De hecho, lo prefería.

Agregué una muñeca fracturada a mi lista mental de las cosas más terroríficas por las que había pasado, y sabía de
hecho que no sería la última. Podría intentar protegerla todo lo que quisiera, pero Sofía tendría tropiezos y caídas de
nuevo. Al menos tenía las habilidades para cuidarla cuando pasara por ellos.

Y si Bella y yo alguna vez teníamos otro bebé, tendría que lidiar con todo de nuevo. Aunque el miedo valía la pena. El tan
sólo tener a esta pequeñita en mi vida valía la pena por todas las canas que terminaría dándome.

Todas ellas y mucho más.


Quiero dejar algo claro: esta historia ya está terminada. Este capítulo y el anterior fueron outtakes que la autora agregó
después, pero en sí la historia termina en el capítulo 36. Ya no hay más outtakes, si en el futuro la autora agrega más,
entonces los traduciré, pero de momento este es el último.

Lo digo porque algunas personas dijeron que ya no perderían su tiempo leyendo el fic si no estaba terminado, no es mi
culpa que no se hayan fijado bien y no hayan notado que la historia ya estaba terminada. También, si me dejan reviews
anónimos y esperan respuesta a alguna pregunta, mínimo dejen una manera de poder comunicarnos, de otra forma
no podre responder.

Ahora sí, dejando atrás esas tediosas aclaraciones, ¿qué les pareció el outtake? ¡El primer hueso roto de nuestra
Pequeña! Sé que se los debía desde hace tiempo, y agradezco inmensamente a aquellas personas que me tuvieron
paciencia.

Recuerden que ya se está publicando la secuela de esta historia "A Few More F Words", por si quieren seguir leyendo
de las travesuras de esta Peque y sus papás. No está terminada aún, pero ahí está por si quieren ponerla en alerta
para cuando termine de traducirla.

Besos.