Está en la página 1de 10

Firma o anonimato.

El dilema ético frente


al reconocimiento de la autoría en los
medios.
ABSTRACT

El presente trabajo tiene por finalidad analizar el tratamiento periodístico de las notas en
diarios, revistas y medios digitales en los que el escritor decide no firmar su propio trabajo.
El código de ética de diversos medios en la Argentina y en el mundo le da la posibilidad al
periodista de no comprometer su nombre con el material que este publica, cuando no
estuviere de acuerdo con el contenido. Es decir, le permite escribir desde el anonimato y sin
reconocer dicha autoría.. Teniendo en cuenta este contexto, a través de este trabajo se
intentará indagar acerca de la responsabilidad del periodista frente a su creación y el abuso
de este recurso para publicar datos que no estuvieran debidamente chequeados sin
comprometer su credibilidad.

Se reflexiona acerca del rol del periodista a la hora de ejercer su función, tanto frente a la
ciudadanía como frente a su empresa. ¿Debe cumplir con el mandato impuesto por sus
jefes, o debe respetar un mandato de veracidad para con los lectores? ¿Hasta qué punto el
periodista tiene un poder de decisión frente a este dilema? Se investigará, además, sobre los
casos en que quien decide no firmar lo hace para poder publicar un trabajo que carece de la
debida rigurosidad periodística. En esas ocasiones, ¿la responsabilidad recae sobre el medio
o sobre el periodista anónimo? ¿Qué dicen al respecto los códigos de los diferentes medios?
Los códigos de los diversos medios, ¿permiten un vacío ético para que los periodistas se
oculten detrás del anonimato?

PALABRAS CLAVE: autoría, ética, periodismo.

1
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

MARCO TEÓRICO

Los medios de comunicación, históricamente considerados como los proveedores de la


búsqueda de la verdad y de la intención de objetividad, cada vez más tienden a tomar
partido frente a las realidades sociales de forma directa u indirecta. En los Estados Unidos,
los principales diarios, frente a una elección, llegan al punto de admitir y advertir al lector
cuál es la postura del medio frente a la situación política. Si bien en el resto de los países
latinoamericanos esto no sucede de forma transparente, se hace cada vez más claro cuáles
son los conflictos entre los líderes de la nación y los líderes de la opinión.

Como es de esperar, los medios buscan instalar su postura a través de la información que
publican, ya sea a través de su agenda setting, de su editorial, o de su enfoque frente a
ciertas noticias. Frente a este escenario, los periodistas se ven forzados a tomar decisiones
día a día, para conservar su trabajo, para hacer valer sus ideas, o incluso para diferenciarse
de la opinión del medio. Al respecto, Adela Cortina explica: “Obviamente, no existe ningún
problema en que un profesional, además de intentar alcanzar los bienes internos de su
profesión, perciba a través de ella unos ingresos, logre un poder social y se gane un
prestigio si es excelente. Lo que, en cambio, desvirtúa cualquier profesión es el hecho de
que quienes la ejercen cambien los bienes internos por los externos: olviden la meta por la
que la profesión cobra sentido y legitimidad social, y busquen únicamente dinero, prestigio
o poder. En ese caso las profesiones se corrompen de forma inevitable” (CORTINA, 1997).

Esto atañe un dilema ético frente a las responsabilidades de cada comunicador a la hora de
responder a los pedidos de su propia empresa. ¿Debe cumplirse con el pedido si no se está
de acuerdo? A raíz de este dilema se ha instalado una solución, muy aceptada en diversos
medios, que es darle la posibilidad al periodista de no firmar una nota con la que no esté de
acuerdo.

En base al análisis de diversos medios, tanto gráficos como digitales, a nivel local e
internacional, se puede detectar que muchas de las notas que allí se publican no están
firmadas. Existen múltiples casos por los cuales una nota puede salir en el medio sin su
respectiva firma.. El primero, es aquel en el que, por la naturaleza de lo que se escribe
(editoriales, horóscopos, etc) la pieza no lleva una firma. El segundo es aquel en el que el
periodista no está de acuerdo con el contenido de lo que se escribió o con las correcciones
pertinentes realizadas por un editor.. El tercer caso es aquel en el que el autor de una nota
no considera que esté completa, sin embargo, los tiempos y exigencias del medio requieren
de su publicación. ¿Es el uso de pseudónimos una alternativa viable para este tipo de casos?

2
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

DISCUSIÓN
El ejercicio de cualquier actividad requiere por parte del profesional que la realiza una
identificación con sus fines internos. (SUAREZ VILLEGAS, 2009)

En la vida cotidiana, la firma es un sinónimo de compromiso, veracidad y legalidad.


Teniendo en cuenta que la práctica profesional de un periodista en un medio de
comunicación social demanda de la reflexión ética acerca de los valores de veracidad,
objetividad, credibilidad y responsabilidad frente a la información que se brinda: la
autenticidad de cada material, la rigurosidad en el chequeo apropiado de las fuentes y la
propiedad intelectual sobre lo escrito. ¿Debiera el periodista firmar con su nombre cada una
de sus publicaciones?

PRESIÓN EDITORIAL

En una investigación llevada a cabo por Raquel San Martín, en busca de conocer la noción
de responsabilidad y la percepción sobre la función social que cumplen los periodistas, se
destaca a la firma como una aprehensión de estos conceptos. En ese sentido, la autora
reconoce las fuerzas de condicionamiento que existen en los medios y que llevan a los
periodistas a precarizar su trabajo y dejar de lado, por momentos, sus estándares de
rigurosidad. San Martín destaca que, frente a estas presiones, “quitar el nombre sería una
manera de salvar la conciencia del periodista individualmente”. No obstante, frente a este
tipo de prácticas, critica la facilidad con la que se elige esta salida, sin que aparezca de la
misma forma “la necesidad de defender lo que se considera un relato honesto que está
siendo tergiversado y que así será publicado”.

¿Es entonces una facultad ética la que se le otorga al periodista, al permitirle optar por la
libertad de su buen nombre? ¿O es tan solo una forma de permitirle una práctica más laxa y
menos estricta frente a los valores de información y búsqueda de la verdad? Frente a este
dilema, surge una nueva consideración, ya no orientada hacia el anonimato como último
recurso por parte del redactor, sino enfocada en la reincidencia y la aceptación de esta
atribución como un recurso más de la cotidianeidad. El medio se ve favorecido cuando, en
pos de su línea editorial, los profesionales elevan su capacidad de producción en detrimento
de los ideales de seriedad, amparados por la clausula de anonimato. Cuando esta forma de
trabajo se vuelve común, el periodista se desliga de su responsabilidad como comunicador,
pero se convierte en un valor para la empresa periodística, que puede premiarlo y alentarlo
a continuar con ese estilo. Pablo Duggan, es el ejemplo antagónico. En una conversación

3
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

realizada en el marco de la investigación, el ex conductor del noticiero de C5N admitió que


recibía bajadas de línea pero destacó que no las cumplía, lo que, aunque directamente no
afectó su puesto de trabajo, puede haber llevado a los dueños del canal a quitarle el horario
del prime time para dárselo a otro periodista.

La supuesta libertad que se le otorga a los periodistas puede entonces ser usado en su
contra. ¿Se alienta entonces desde los medios a los periodistas a priorizar el marketing por
encima de la concepción de la información como bien público? ¿Acaso la posibilidad de no
firmar una nota es un medio para llegar a esta concepción? De ser así, la cuestión del
anonimato debiera ser replanteada.

CLAUSULA DE CONCIENCIA: ¿LIBERTAD O CONTROL?

En el análisis comparativo realizado sobre la cláusula de conciencia en los códigos de ética


periodística, Porfirio Barroso y María del Mar López destacan la concepción de que
“cuando la línea ideológica empresarial y la individual no coinciden, el comunicador no
puede cumplir adecuadamente su deber de sinceridad y su libertad de expresión”. Si bien
desde la teórico esto parece cierto, en la práctica existe una gran cantidad de periodistas que
trabajan bajo estas condiciones, de lo contrario las redacciones de algunas empresas
estarían prácticamente vacías. En ese sentido, la cláusula de conciencia emerge como una
fuente de influencia del trabajador para con sus producciones, dado que, como bien
destacan estos dos autores, cada vez más se incluye en esta cláusula la posibilidad de “no
obedecer las órdenes del empresario cuando estas conculquen la deontología profesional”.
Ahora bien, si existe la herramienta necesaria para hacer frente a las presiones editoriales y
priorizar la deontología, respetada con claridad en este punto, no se entiende la existencia
posterior de un punto en la cláusula que destaque que el periodista “no estará obligado a
firmar artículos que vayan contra su propia conciencia”. ¿Cuál sería el caso en que una
pieza vaya en contra de la conciencia de un periodista? La respuesta lógica sería aquella
que destaque la situación en que un texto no cumple con lo que la práctica responsable
exige. De no ser así, la contrariedad en la conciencia del redactor podría tratarse más bien
de un capricho ideológico más que una cuestión deontológica. Si no se trata de una
situación de capricho, sino de una contrariedad en las formas, el periodista puede apelar a la
cláusula de conciencia. Sin embargo, este recurso puede ser presentado previo a la
realización de una nota, no solo después. Optar por escribir una pieza, para luego defender
la propia integridad y apelar a la conciencia parece un tanto demagógico. Hay una clara

4
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

intención, al aceptar un encargo empresarial, de profundizarse sobre la noticia o tema en


cuestión. ¿Qué lleva entonces a un redactor a cambiar de opinión, y optar por el
anonimato? Una postura crítica sugiere que el derecho o “permiso” del anonimato posibilita
al autor una flexibilidad a la hora de cumplir con las prácticas éticas de la profesión. Apelar
a este recurso, según esta postura, es tan solo una forma de salvaguardar el nombre y la
credibilidad propias del periodista al tiempo que se persigue la “necesidad de impactar” con
el trabajo frente a un lector que pide cada vez más a los diarios. Barroso y Del Mar por su
parte plantean la idea de que “En las relaciones laborales entre el periodista y el empresario,
este último tiene un dominio absoluto sobre el producto”. Esta visión, protege el derecho de
anonimato del periodista, aunque más importante, realza una pregunta central. ¿La
posibilidad de no firmar una nota, realmente favorece al periodista, o es una atribución que
otorga poder de influencia de los medios para con sus comunicadores? ¿Si un periodista
puede elegir no firmar una nota, tiene fundamentos para rechazarla desde un inicio? ¿El
derecho al anonimato, le quita su derecho a la integridad profesional?

CALUMNIAS, INJURIAS Y DATOS ERRÓNEOS


Permitir no firmar parece ser una herramienta para quitar rigurosidad para agregar
velocidad y dinamismo. El trece de Septiembre del 2014, Melina Romero lleva 21 días
desaparecida. Su caso cobró importancia en los medios de comunicación, motivo por el
cual el Diario Clarín decide publicar una reseña sobre la vida de la chica en cuestión. El
perfil comienza con la frase “La vida de Melina Romero no tiene rumbo” y la destaca como
una “fanática de los boliches”. El resto sigue una línea similar, donde se destaca que la
joven “ya había desaparecido unos días” en otra oportunidad. La nota genera el repudio de
la opinión pública en las redes sociales que se quejan de la estigmatización de la chica, pero
no está claro a quien deben dirigir el reclamo, el perfil se publicó sin firma alguna. Diez
días después, la joven “bolichera, fiestera y sin rumbo” aparece muerta. La justicia busca al
responsable del crimen, pero nadie busca al responsable de la nota.

La nota claramente no es una editorial. Sin embargo no lleva firma. El dilema ético consiste
en permitir a los redactores la libertad de elegir no firmar un trabajo con el que no están de
acuerdo sin dejar de cumplir con su deber para con el medio de escribir; o exigir la firma en
cada publicación, obligando al uso cuidado del lenguaje, sin imprecisiones, exageraciones
desmedidas, dado que es el nombre propio el que está en juego. ¿Debería el periodista
poner en juego su nombre cada vez que publica? ¿Es viable un medio en el que ningún
profesional quiera hacerse cargo de un tema por no querer poner su honor en juego? ¿Puede

5
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

el medio exigirle al periodista que adopte un foco específico frente a un tema, o es propio
del periodista hacerlo?

Las respuestas, según los medios, están levemente detalladas en los códigos de ética, y son
diversas. Hay medios que exigen la firma en cada publicación, y alertan sobre la falta de
autoría destacando que dicho trabajo no podrá ser publicado. Otros, en cambio, optan por
darle la elección libre de hacerse cargo o no de su material. En estos casos, la
responsabilidad (legal y social) recae sobre el medio. l repudio es contra la entidad, cuando
la falta de chequeo necesario, o cuidado suficiente es propio de un periodista y/o editor.
Son socialmente responsables. Al no firmar, dan cuenta de un saber consciente respecto a
estas falencias. En vez de corregir texto, optan por no firmarlo.

En los códigos de ética analizados de diversos medios no hay ninguna cláusula que obligue
a los periodistas a firmar su propia creación. Por el contrario, alienta a quitar su nombre en
caso de que la publicación no sea de su agrado. Sin embargo, en los códigos de ética de los
medios digitales, en el fragmento que refiere a redes sociales, hace ahínco en la
identificación del comunicador con el medio. Aquí puede notarse una fuerte contradicción
y un vacío (que deriva de la contradicción): mientras que en la nota no es necesario que el
periodista la firme, en las redes sociales que ese periodista utiliza es necesario que se
presente como de la empresa, al igual que todo el material que publique en ellas. ¿Hay más
regulaciones para la actividad del periodista en redes y no en su trabajo profesional en el
medio? Si se exige cierto nivel de compromiso o exposición en las redes sociales del
periodista, ¿no debiera exigirse lo mismo en el ámbito profesional de escritura en un diario
digital? ¿Se trata de dos éticas diferentes?

FUENTES

Todo periodista conoce, o pretende conocer la realidad a través de sus fuentes de


información. Estas son clave, por un lado, para el entendimiento de un problema, pero por
el otro, para que la información brindada tenga un fundamento que no provenga del
razonamiento de un observador (como es el comunicador social), sino del conocimiento
teórico y empírico de un especialista educado en el tema.

Cuando las fuentes escasean, se vuelve más compleja la comprensión de la realidad. No


obstante, la dinámica de la información en el mundo a veces pone en aprietos a los medios,
que se sienten obligados a publicar. Frente a estas necesidades, aparecen las exigencias a

6
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

los periodistas, del cual se desprende un dilema ético: ¿Qué hacer cuando a una nota le
faltan fuentes? Está claro que hay una comprensión incompleta de la situación a tratar. La
posibilidad de no firmar una nota parece resolver el dilema. El periodista puede cerrar la
nota, sin firmarla, evitando poner en juego su buen nombre, mientras que el diario tiene
material para llenar los espacios, y todos contentos. Ahora bien, es esta una práctica ética?
El código de ética de FOPEA destaca el esfuerzo que debe implementarse en hacerse de
esas fuentes, cueste lo que cueste, para poder publicar lo escrito. La posibilidad de no
firmar una nota, entonces, puede generar en muchos casos una flexibilización de las
obligaciones básicas de un periodista.

PSEUDÓNIMO

En más de una ocasión, en la larga vida de los medios, han existido periodistas que escriben
a través de un pseudónimo. La práctica es muy aceptada en el mundo de la literatura, donde
el pseudónimo ha sido utilizado por escritores como Borges, J.K. Rowling, y hasta Jean
Baptiste Poquelin, más conocido como Moliere. Sin embargo, al escribir en un medio de
comunicación, uno pone en juego su propio nombre, y con él, la credibilidad. ¿Es acaso el
pseudónimo una firma válida? ¿O se trata de una forma indirecta, más discreta de no
firmar? Aquí el dilema ético se da porque a través del pseudónimo se le da una entidad
falsa a la publicación. ¿Se está engañando al lector al difundir información con otro
nombre? ¿Qué ocurre si un colega decide citarlo?

CONCLUSIONES

¿Escribir en periodismo, se trata de una mera acción automatizada? Los códigos de ética, y
los más de cien años de profesionalismo sugieren que no. Sin embargo, a la hora de tratar la
ética de la deontología, y de ser estrictos con ciertos criterios, de rigurosidad, veracidad,
credibilidad y honestidad, tanto las empresas de medios como quienes trabajan en ellas
parecen adoptar una postura más laxa frente a esta cuestión. La posibilidad de no firmar un
texto surge de esta precarización del trabajo, y emerge como un recurso, justificado, para
incumplir con los deberes que se supone, atañen a la ética périodística.

Sin embargo, desde los códigos de ética existe un aval para este tipo de práctica. Aval que
es sustentado por los grandes medios de comunicación, por los pequeños medios de

7
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

comunicación, por los periodistas que trabajan en estos, e inclusive, por quienes se supone
velan por la integridad profesional.

¿Es entonces el anonimato un recurso ético? ¿Acaso la aceptación general es signo de


legitimación? ¿O se trata de un vacío ético al que nadie está dispuesto a cambiar? De ser
así, ¿quién debiera exigir un tratamiento más extenso y exhaustivo del tema? La solución
debiera surgir del profesionalismo. No obstante, al parecer no queda otra respuesta sino que
el público sea el que exija una mayor sinceridad.

8
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

BIBLIOGRAFÍA

- ASNE (American Society of News Editors) (2011). Las 10 mejores prácticas para
medios sociales. Recuperado de:
https://knightcenter.utexas.edu/mejores_practicas_SPANISH_2011.pdf.
- BLÁZQUEZ, N. (2000). Ética ciberespacial o internética. El desafío ético de la
información (pp. 320-323) . Salamanca: Editorial San Esteban.
- CORTINA, A. (1997). Ciudadanos en el mundo: hacia una teoría de la ciudadanía.
Madrid: Editorial Alianza.
- MARTÍNEZ, T. E. (2005 - 09 - 10). Los titulares de mañana. Diario La Nación.
Recuperado de http://www.lanacion.com.ar/737489-los-titulares-de-manana
- SAN MARTÍN, R. Periodistas argentinos critican su trabajo. Chasqui, Revista
Latinoamericana de Comunicación, (97), 20-25. Recuperado de
http://chasqui.ciespal.org/index.php/chasqui/article/view/404/404
- SUAREZ VILLEGAS, J.C. (2009) La crisis de identidad del periodista y la ética
profesional. Estudios del Mensaje Periodístico (15), 119-134.

9
Universidad Católica Argentina | Ética y deontología profesional

Andrés Remón y Florencia Rodríguez Altube

SUMARIO

ABSTRACT……………………………………………………………………………………………………….......1
MARCO TEÓRICO…………………………………………………………………………………………..……..2
DISCUSIÓN…………………………………………………………………………………............................3
PRESIÓN EDITORIAL…………………………………………………………………………………..............3
CLÁUSULA DE CONCIENCIA: ¿LIBERTAD O PRESIÓN?..................................................4
CALUMNIAS, INJURIAS Y DATOS ERRÓNEOS……………………………………………................5
FUENTES…………………………………………………………………………………................................6
PSEUDÓNIMO……………………………………………………………………………………………………...7
CONCLUSIONES…………………………………………………………………………………………………….8

10