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Capítulo 9.

La dimensión del sector público 291

(a) y

Y=AF(K, L)

Le L

{b)

(W/PJ,

(WIP)e

(W!Ph

Le L

Producción y empleo en el modelo cl~ico

Fuente: B.. Snowdon, H. Vane y P. Wynarczyk: A Modern Guide to Macroeconomics. An Introduction to


Competing Schools of Thought, Gunbri-dge University Press, Crimbridge, 1994, Cap. 2.

Por tanto, el volumen de empleo (Le) corresponde a la situación de pleno empleo


porque todo aquel que desee trabajar puede hacerlo a ese nivel de salario.
La curva SL representa ]a cantidad de empleo ofrecido para cada nivel de salario real
y la Lr la cantidad de personas que integran la población activa también para cada nivel
de salario real. EN representa, por tanto, la suma del paro friccíonal y voluntario puesto
que, en el modelo clásico, no puede darse el paro involuntario.
El nivel de empleo Le, incorporado a la función de producción, permite obtener la
producción total Yr.
Aun partiendo de una función de producción similar, el pensamiento keynesiano,
al partir de supuestos distintos -precios y salarios no son flexibles-, sigue un camino
interpretativo diferente, que queda reflejado en el gráfico que sigue.
292 Economía mundial

(a} (d}
r WIP
LM,
(W/P)o

(W/P}¡

IS

y Lo LF L

(b) y (e) y

YF -----·····--- -·+·-·· -: --·-··· ·· ···· ··-··· ·· YF


'
'
Yo

y Lo LF L

Producción y empleo en el modeío keynesiano

Fuente: B. Snowdon, H. Vane y P. Wynarc1.yk: A Modern Guid,, tu Macroecono mics. An lntroduction lo


Compl'ting Schools ()j'fhought, Cambridge University Press, Cambridge. 1994, Cap. 2.

El cuadrante (a) no es sino el modelo IS-LM simple: niveles de renta y tipo de inle-
rés, en abscisas y ordenadas , y curvas de equilibrio en el mercado de bienes y de dinero;
(b) refleja; mediante la bisectriz de1 ángulo, el equilibrio entre producció n y renta; el (e)
muestra la función de producció n a corto plazo; y el (d) el mercado de trabajo.
Si, inicialmente, la econorrúa se encuentra en el punto Eo(a), con niveles de equilibrio
en los mercados de bienes y dinero pero con producció n, Ym por debajo de la situación
de pleno empleo. Y,,., la secuencia posible puede seguirse en los restantes cuadrante s:
producció n y renta se igualarán (b), el nivel de empleo L<> (e) será inferior aJ de pleno
empleo y los niveles salariales correspondientes (WIP)0 -cuadran te (d)- superiores al
nivel de equilibrio.
Dando por supuesto que precios y salarios no son flexibles -no hay reequilibr io
automáti co- una de las posibilidades abiertas a la polftica económic a consistirá en re-
ducir el tipo de interés para que la inversión aumente y la producción se lleva al punto Yr,
correspondiente a los niveles de pleno empleo.
10
Desempleo

10.1. DEFINICIONES
El análisis del desempleo, o del paro, requiere una precisión terminológica previa que
permita encuadrar el problema.
La población activa de un país viene constituida por el conjunto de personas en edad
laboral -de 16 años o más- que cuentan con un empleo o que lo buscan 1• En conse-
cuencia, los menores de 16 años, los estudiantes plenamente dedicados a sus estudios,
las mujeres que se ocupan de sus hogares, los jubilados o los desanimados -las per-
sonas que han decidido no buscar empleo- no forman parte de la población activa.
Se trata, como puede advertirse, de una población cambiante, puesto que, de manera
continua, se verá aumentada o disminuida: al terminar los estudios y buscar trabajo, los
estudiantes se incorporan a la población activa, muchas mujeres también lo hacen al
crecer sus hijos, parte de los desanimados se reincorporarán a la búsqueda de empleo;
y, en sentido contrario. habrá mujeres que decidan abandonar el trabajo para ocuparse
en exclusiva de Jas tareas de su hogar, y habrá nuevos desanimados, que ya no busquen
empleo, o jubilados que vivan exclusivamente de su pensión. Por razones demográfi-
cas, institucionales y culturales, el porcentaje de población activa -su proporción con
respecto al colectivo en edad laboral- varía de unos países a otros: en el año 2004 era
de un 76 % aproximado en Norteamérica, un 73 % en Japón y un 71 % en la UE-15.
En Bélgica o Italia, el porcentaje es algo más bajo debido a la menor participación de
las mujeres2 •
Los ocupados o empleados son las personas que, durante el periodo de referencia
- el que se computa en cada país para fijar, en la encuesta de población activa, quiénes
están empleados y quiénes no-- han tenido un trabajo por cuenta ajena o ejercido una
actividad por cuenta propia. Esas encuestas no tienen la misma periodicidad en todos los
países OCDE, puesto que en Norteamérica y Japón se llevan a cabo todos los meses, en
Italia y España se efectúan por trimestres, y en otros lugares, tienen lugar una vez al año.
Y el periodo de referencia tampoco es el mismo: puede variar de un año a una semana.

1
Las defuúciones sobre población activa, ocupada y parada, se basan en la Resolución I de la Décimo-
tercera Conferencia Internacional de Estadigrafos del Trabajo (OIT, 1982). Son, sin embargo, los gobiernos
los que fijan los límites nacionales y los que, en muchos casos, los sitúan entre 16 y 65 años.
2
OCDE: EmploJmt:nl Owlook 2005, datos del Cuadro B del Anexo Estadístico.

293
294 Economía mundial

En España, por ejemplo, el periodo de referencia de la encuesta es la semana anterior a


la realización de la misma3•
Los parados o desempleados son las personas en edad laboral que, en el periodo de
referencia, se encuentren sin empleo, estén disponibles para desempeñar un trabajo y
busquen un empleo remunerado o una actividad lucrativa. Esa búsqueda de trabajo im-
plica una serie de condiciones: solicitud de trabajo en empresas, inserción de anuncios
de solicitud de empleo, respuesta a las ofertas aparecidas en los medios de comunica-
ción y, sobre todo, haberse registrado en un servicio de empleo.
La tasa de paro o de desempleo vendrá dada por la relación entre parados y población
activa. Es decir, si para un determinado país se señala que la tasa de paro es del 12 %
al final de un año, debe entenderse que el 12 % de la población activa se encontraba
desempleada durante el correspondiente periodo de referencia.
Por todo lo manifestado anterionnente, resulta fácil concluir que la tasa de paro no es
una medida exacta, sino un indicador aproximado, y más aún si se tiene en cuenta que,
con el crecimiento del desempleo, el número de desanimados crece, que existen desem-
pleos inducidos por subsidios de paro y que en determinados países - Japón es el ejem-
plo primero- existen bolsas de subempleo porque, en general, las empresas prefieren
mantener sus plantillas aún en periodos recesivos. Si se tomaran en cuenta todas esas
situaciones, las tasa~ de paro aumentarían sustancialmente, si bien el empleo sumergido
-los parados que, en realidad, tienen un empleo, pero que no lo declaran para seguir
percibiendo el seguro de desempleo y para hurtarse a las obligaciones fiscales- com-
pensa.ría, en parte, el aumento.
Aunque la definición de parado o desempleado se aplique en todos los casos, los
grupos de edad se suelen tomar en cuenta porque califican la situación. Se suele hacer
referenci~ por tanto, al paro juvenil y al paro de edad avanzada. En el primero de los ca-
sos se incluyen los parados que no superan los 25 años y, en el segundo, los desemplea-
dos de 55 años o más. Cuando las tasas de paro juvenil son altas hay que suponer que la
generación de nuevos empleos es muy lenta; cuando son elevadas las tasas de los desem-
pleados de edad avanzada, lo probable es que el ritmo de destrucción de empleos sea
alto. Por razones similares se distingue entre el paro de corta y de larga duración. El de
corta no supera el año, el de larga corresponde a un año o más de paro. Lo que en este
caso está en juego es la gravedad del fenómeno: el paro de corta duración no afecta
gravemente a la persona que lo sufre, no modifica sustancialmente su comportamiento
o sus expectativas, a menos que caiga con frecuencia en la misma situación; el paro de
larga duración -del que, en muchos casos, no es posible escapar- tiene consecuencias
muy distintas porque expulsa, normalmente, a la persona de los circuitos de empleo y
porque puede sumirla en la pobreza, dado que todas las coberturas de desempleo tienen
un límite temporal.
Sin excluir otras posibles denominaciones, hay tres calificativos del paro común-
mente aceptados: paro fricciona!, paro cíclico y paro estructural.
Paro fricciona[ es el que se deriva de los cambios de trabajo de las personas o de sus
distintas decisiones a lo largo del ciclo vital. De forma continua, hay trabajadores que
abandonan su empleo para buscar otro o que necesitan trasladarse de lugar geográfico y
han de variar de empleo por tal razón; o mujeres que, liberadas del cuidado de tos hijos►
vuelven al mercado de trabajo. Ese tipo de paro, que se supone involuntario las más de

1
Véase la Encuesta de Población Activa del INE.
Capítulo JO. Desempleo 295

las veces, existe en cualquier país y en cualquier época, de forma que una economía
se encuentra en situación de pleno empleo cuando todo el desempleo es de carácter
fricciona!.
Paro cíclico es el que resulta del lento ritmo de expansión de una economía y que,
por tanto, puede reabsorberse con la elevación de ese ritmo. El paro cíclico aumenta
en los periodos recesivos y disminuye considerablemente en las fases de expansión.
Recibe también el nombre de paro keynesiano porque trae causa del nivel insuficiente
de demanda global.
Paro estructural es el que no puede reducirse con un má~ rápido crecimiento, lo que
significa que todo intento de recortarlo mediante los estímulos de demanda tendrá como
necesario resultado un aumento de la inflación. De ahí que el paro estructural reciba
también el calificativo de NAIRU (Non accelerating-injlation rate of unemployment, es
decir, «tasa de paro no aceleradora de inflación») y tasa natural de paro. El paro
estructural depende de una serie de circunstancias económicas y sociales, como son,
por ejemplo, )os mecanismos de fijación de salarios o la amplitud de la cobertura de
desempleo.
Existe influencia mutua entre las dos clases de paro, el estructural y el cíclico. Por
ejemplo, los esfuerzos de los trabajadores con empleo fijo por conseguir elevaciones de
su salario real harán que el desempleo, por elevado que sea, afecte relativamente poco
al nivel de salarios reales y que aumente, por tanto, el desempleo cíclico, dado que la
contención de los salarios requerirá niveles más elevados de ese tipo de paro; pero,
dado que el paro cíclico puede aumentar el número de trabajadores sin empleo fijo, la
consecuencia puede ser un mayor paro estructural.

10.2. LOS DETERMINANTES DEL NIVEL DE EMPLEO


Hasta finales de ]os años setenta del siglo xx, las ideas imperantes sobre el nivel de em-
pleo de una economía reproducían dos modelos simples: el neoclásico y el keynesiano
(Anexo 10.1). El primero, anclado en las características de los mercados y, el segundo,
en el ritmo de actividad económica.
Para los neoclásicos existe, en cada uno de los mercados de trabajo, una curva de
oferta y una de demanda. La curva de oferta (es decir, la que representa las pretensio-
nes de los trabajadores) es la que iguala, en cada uno de sus puntos, el salario real y la
desutilidad marginal del trabajo; es una curva creciente con el nive] de salarios reales
puesto que, a mayor salario, el trabajador estará dispuesto a realizar un mayor esfuerzo,
a soportar una desutilidad mayor. Por aplicación de la Jey de equilibrio de la produc-
ción, la curva de demanda de trabajo (la que representa las pretensiones de los empre-
sarios) unirá los puntos en los que el salario real iguale Ja productividad marginal del
trabajo y será decreciente con respecto al nivel de salarios reales: los empresarios esta-
rán dispuestos a contratar tantos ~ás trabajadores, más horas de trabajo, cuanto menor
sea el salario real, puesto que su productividad marginal es decreciente.
La intersección de las dos curvas fijará. por tanto, un punto de equilibrio que deter-
minará el nivel de empleo y el de salarios reales. Ahora bien, si los trabajadores, general-
mente a través de sus sindicatos, impusieran un tipo de salario superior al de equilibrio,
los empresarios ofrecerían una menor contratación y se producirá un paro de carácter
voluntario, paro que se reabsorbería tan pronto como se aceptase el salario de equilibrio.
296 Economía mundial

Adviértase que, para el pensamiento neoclásico, el nivel de empleo se determina en los


mercados; depende, por tanto, de factores microeconómicos, y que el paro tiene carácter
voluntario porque puede ser eliminado por una reducción de salarios reales.
Para los keynesianos, la formulación es radicalmente distinta, puesto que el nivel
de empleo no se determina en función de las curvas de oferta y demanda de trabajo.
El nivel de empleo es una demanda derivada que depende del nivel de actividad eco-
nómica, nivel de actividad económica que, a su vez, depende de la demanda global de
la economía. Aunque el pensamiento keynesiano parte de la rigidez a la baja de los
salarios nominales, a consecuencia de las presiones sindicales, la reducción de salarios
nominales podría no resolver el problema del paro, de no existir un nivel de demanda
global suficiente. De ahí que la receta básica del keynesianismo sea, como ya sabemos,
impulsar la demanda de consumo y de inversión, a través de las políticas macroeconómi-
cas, para, de esa fonna, acelerar el ritmo de expansión de la economía y reducir la tasa de
paro, un paro involuntario porque no resulta de la voluntad de los trabajadores, sino del
insuficiente nivel de demanda global. Adviértase, en este caso, que el nivel de empleo
se detennina en el conjunto de la actividad económica; tiene, por tanto, una dimensión
macroeconómíca.
Pese a su diferente enfoque, que requiere tratamientos distintos del problema del paro,
las dos líneas de pensamiento presentan por lo menos dos aspectos comunes: un claro
mecanicismo y la percepción de que los mercados laborales funcionan con un aceptab]e
grado de libertad. Las dos coinciden en el mecanicismo porque las relaciones causa-
efecto se concretan fácilmente: si los trabajadores aceptan una disminución de su nivel
de salario real, el empleo aumentará; si se dilata la demanda global de la economía, el
empleo aumentará también. Los otros condicionantes del nivel de empleo, como puede
ser la elasticidad de sustitución capital-trabajo, el efecto de la innovación tecnológica o
el impacto de anteriores situaciones, se mantienen en un segundo plano. Las dos parten
de unos mercados laborales con escasas interferencias y en los que la voluntad de las
partes influye decisivamente sobre Jos niveles de empleo o paro.
Cuando, hacia finales de los años setenta mencionados, el aumento del paro en e]
área OCDE empieza a presentar características alannantes, el análisis comienza a refi-
narse y a abandonar los dos presupuestos anteriores: las relaciones causa-efecto están
atravesadas por múltiples tensiones que pueden desnaturalizadas, y, sobre todo, ]os
mercados laborales distan mucho de ser mercados razonablemente libres; al contrario,
son ejemplos claros de mercados administrados en los que predominan todo tipo de
regulaciones. derivadas unas veces de la acción del legislador y otras del poder de los
sindicatos y de las organizaciones patronales.
Aunque es habitual, al examinar el problema del desempleo, analizar, por una parte,
sus determinantes microeconómicos y, por otro lado, los macroeconómicos, preferimos,
por razones de claridad expositiva, considerar primero los factores que más directamente
inciden sobre la curva de oferta de trabajo y, después, los que inciden sobre la curva de
demanda. En ambos casos se mezclarán elementos micro y macroeconómicos y, en ambos
casos, se toman en cuenta solo las principales fuerzas que afectan a oferta y demanda4 •

~ Para un análisis amplio del desempleo, véase eJ estudio clásico de R. Layard, S. Nickell y R. Jackman:
Unemplo_yment. Macroeconomic Performance aiul the LabClur Market, Ox.ford University Press, 199} , 2.• ed..
2005. También, por su claridad, Assar Liodbeck: (<Macroeconomic theory and the labor market », European
Economic Review. vol. 36, 1992.
Capítulo JO. Desempleo 297

10.2.1. Factores que condicionan la oferta de trabajo

Un primer factor es el ritmo de incremento demográfico porque detennina el número


de personas que. anualmente, se incorporan a la población activa. Aunque no todas las
personas que alcanzan la edad laboral pasarán a integrar la población activa, porque mu-
chas de ellas seguirán estudiando o, simplemente, no buscarán empleo, un crecimiento
rápido de la pob]ación supondrá, sin duda, un crecimiento también fuerte de Ja oferta de
trabajo y mayores posibilidades de que e] desempleo aumente. Un elemento añadido al
ritmo de crecimiento demográfico es la inmigración.
Puesto que no existe un único mercado de trabajo, sino mercados diversos, los rit-
mos de crecimiento demográfico afectarán, de forma distinta, a los diferentes mercados
y se harán sentir, también de manera diferenciada, en las diferentes regiones de un país;
pero, en términos generales, un ritmo elevado de crecimiento de la población afectará
primordialmente al nivel de desempleo juvenil y al empleo no cualificado, aunque, con
el transcurso de] tiempo, se ramificará por los distintos grupos de edad y por los dife-
rentes mercados.
Un segundo factor es la situación de los mercados de trabajo. Cuando aumenta la
dificultad de encontrar empleo y, por tanto, el proceso de búsqueda se alarga, aumenta
el número de los que renuncian a buscarlo de manera inmediata: son los estudiantes que,
terminada la licenciatura, deciden seguir estudiando para aumentar sus conocimientos
y optar así a mercados más especializados; o las amas de casa que. pese a desear un
empleo remunerado, no lo buscan porque saben de la dificultad para encontrarlo; o
los que, habiendo perdido su empleo, renuncian a buscar otro. engrosando así las filas
de los desanimados. Por el contralio, cuando los empleos abundan, la población activa
aumenta también por razones inversas: tenninados sus estudios. de los diferentes grados,
los estudiantes deciden solicitar un empleo, las amas de casa se incorporan a la búsqueda.
disminuye sustancialmente el número de los desanimados. El pulso de los mercados de
trabajo comprime o dilata, al modificar las expectativas. la oferta de trabajo.
En el mismo sentido actúan los niveles salariales: cuando el salario real disminuye,
generalmente en mercados no especializados, la oferta de trabajo tiende también a dis-
minuir porque aumenta la desutilidad del trabajo: a niveles crecientes de salario real
aumenta también la oferta de trabajo, puesto que se reduce su desutilidad.
Un cuarto factor, de especial relevancia, es la cobertura de] desempleo. De manera
progresiva, los países OCDE fueron instaurando, a lo largo del pasado siglo, pero muy
especialmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, sistemas de protección del
desempleo que tenían por objeto evitar las süuaciones de dureza extrema generadas
por Ja pérdida de los ingresos fundamentales. Esa cobertura, que se fue ampliando en
los años de rápido crecimiento ( 1950- 1973 ), permitió, durante ese periodo. facilitar la
movilidad laboral y suavizar las tensiones sociales, pero, en la presente etapa, genera
una cultura del desempleo que plantea toda suerte de problemas. Amparado por esa
cobertura, el trabajador deja actt.ivamente de buscar empleo, rechaza detenninados em-
pleos por no considerarlos suficientemente remuneradores o bien acepta otros, cuando
se acerca el límite temporal de Ja cobertura, para recuperar posteriormente. a veces con
]a aquiescencia del empresario, su derecho a la cobertura del desempleo. De esa fonna, la
oferta de trabajo queda sometida a variaciones que reflejan esa situación institucional,
distinta de unos a otros países porque las coberturas son también distintas, pero que se
traduce en mayores desequilibrios en los mercados de trabajo.
298 Economía mundial

10.2.2. Factores que condicionan la demanda de trabajo


El ritmo de crecimiento de una econorrúa incide sobre la demanda de trabajo y es po-
sible determinar, empíricamente, las tasas de crecimiento que un país necesita para
aumentar esa demanda, es decir, para generar empleo neto. En los años sesenta del
siglo xx, y para la economía norteamericana, Arthur Okun sostenía que, con un creci-
miento del producto total (PNB) del 2,5-3 %, la tasa de paro se mantenía constante y
que un aumento interanual de dos puntos de crecimiento, sobre la tasa interanual, redu-
ciría en un punto la tasa de desempleo. Una proposición que recibe el nombre de «Ley
de Okun»5 • En España, y en los tiempos actuales, se estima que la generación de empleo
neto requiere un crecimiento del PIB del 2-3 %6 •
Pero la generación de empleo, es decir, el aumento de la demanda de trabajo,
inducida por el crecimiento del producto, varía con el tiempo porque sobre la función
de empleo que relaciona las dos variables actúan el estado de la técnica y los niveles
salariales.
Tanto en la fabricación de nuevos productos corno en la incorporación de nuevos
procesos, la técnica desempeña, en la actualidad, un pape] de especial relevancia. No es
posible alcanzar determinados sectores de producción sin aplicar determinadas tecnologías
- piénsese, por ejemplo, en la investigación espacial-, ni es posible tampoco mejorar
sustancialmente determinados procesos sin recurrir a la tecnología de punta: muchos de
los servicios que la banca moderna presta a s us clientes no podrían prestarse, en modo
aJguno, sin apoyarse en la informática más avanzada. Por tanto, la evolución productiva
determina los ritmos de incorporación tecnológica y condiciona la demanda de trabajo.
Es lo que podernos denominar efecto tecnológico puro de las funciones de producción,
porque no depende del coste de la tecnología sino de los objetivos que se pretendan al-
canzar. La elasticidad de sustitución capital-trabajo es, por tanto, igual a cero.
Los niveles salariales son, sin embargo, los detemúnantes fundamentales del empleo
generado por el crecimiento del producto, puesto que, en Ja mayoría de las funciones
de producción, existe elasticidad de sustitución capital-trabajo: cuando los empresarios
estiman que el coste del trabajo es excesivo aumentan la densidad de capital y reducen
las horas de trabajo utilizadas. Lo cual nos remite directamente al núcleo del problema:
¿por qué se apartan los niveles sa1ariales de un teórico punto de equilibrio? y ha de
entenderse, naturalmente, que esos niveles salariales incorporan todos los costes que re-
caen sobre el empresario, es decir, las retribuciones directas y las cargas sociales.
Los niveles salariales se apartan de un punto de equilibrio por diferentes razones. En
primer lugar, por el poder de los sindicatos, especialmente en el área OCDE. El primer
objetivo de las organizaciones sindicales es, en la actualidad, conseguir aumentar el
salario real de los trabajadores aunque ello suponga reducir el nivel de empleo global;
es decir, las organizaciones sindicales defienden, preferentemente, los intereses de los
trabajadores ocupados, y, para ello, suelen disponer del mecanismo de la negociación
colectiva que permite fijar los incrementos salariales sin tomar en cuenta las diferentes
situaciones de las empresas. Cuanto más fuertes, en términos políticos, sean los sindicatos,

; A. Okun: «Upward Mobility in a High-Pressure Economy>>, Brookings Papen,· on Ecorwnúc: Activity. 2,


1973.
6 Véase. por ejemplo. E. Fuentes Quintana. V. Valle y J. Alcaide: «La ciudadela del empleo». Cuadernos
de lnfumuición Económica, núms. 80-81. 1993, Fundación FIES. Madrid.
Capítulo JO. Desempleo 299

mayor será su poder de negociación y mayor el impacto que, sobre el nivel de empleo 1
podrán tener sus decisiones.
La protección del trabajador, que deriva tanto del poder sindical como de la inter-
vención pública en los mercados laborales, actúa en la misma dirección porque estable-
ce una serie de normas y requisí tos que los hacen enormemente rígidos y que facilitan
la elevación continua del coste salarial: salarios mínimos, restricciones a la movilidad
laboral, plantillas rrúnimas, despido condicionado, etc. La rigidez de los mercados labo-
rales es mucho mayor en la zona europea de la OCDE que en el resto del área.
Pero la fuerza de las organizaciones sindjcales y la rigidez de los mercados no fa-
cilitan una explicación global de la existencia de salarios no equílíbradores. Muchos
trabajadores no están afiliados a los sindicatos y, sobre todo, hay que preguntarse por
qué los desempleados, que no suelen pertenecer a sindicato alguno, no consiguen puestos
de trabajo mediante el sencillo expediente de ofrecer sus servicios por salarios menores
a los prevalecientes.
Esa aparente contradicción ha sido explicada por dos vías: la teoria de los salarios de
eficiencia y la de los costes asociados al despido (insider-outsider). Aunque sea posible
abaratar los costes de personal, muchas empresas prefieren mantener niveles salariales
altos para elevar de esa forma la productividad del factor trabajo y maximizar, por esa
vía, sus beneficios. Aunque sea posible renovar la plantilla y sustituir parte de los traba-
jadores para reducir los costes salariales, las empresas tropiezan con dos tipos de costes
que, en la práctica, condicionan su decisión. El despido no suele ser libre y, por tanto, tie-
ne un coste que hay que afrontar, coste que, a veces, no puede calcularse anticipadamente
porque depende de la interpretación de los jueces. Pero, además, existen otros costes que
las empresas valoran también: e1 desánimo que se produce en una plantilla sometida a
frecuentes renovaciones, desánimo que reducirá, voluntaria o involuntariamente, la pro-
ductividad del factor trabajo.
Ambas teorías, la de eficiencia y 1a de costes de despido, son complementarias y
penniten entender, por el lado de las motivaciones empresariales, la permanencia de sa~
]arios elevados en un contexto de sustancial desempleo. Teorías, por otra parte, que pue-
den reforzarse con otra caracteristica de los mercados laborales de los países industria-
lizados: la falta de adecuación entre los conocimientos requeridos por la empresa y los
ofrecidos por los trabajadores (mismatch), falta de adecuación que se agudiza en épocas,
como la presente, de rápida innovación tecnológica. Los responsables de las empresas
aceptan niveles salariales elevados porque pretenden elevar la productividad de la mano
de obra, porque desean evitar los costes del despido y porque dudan de la solidez de los
conocimientos de los trabajadores que deberían reemplazar a los despedidos7.
La permanencia de niveles salariales elevados, características de los países OCDE,
aunque no en todos actúe con similar intensidad, produce otro efecto adicional que
recorta aún más la demanda de trabajo: ]a pérdida de competitividad. En un mundo
cada vez más abierto, las diferencias enormes de costes salariales totales -en términos
medios un trabajador indonesio, ruso o tailandés tiene un coste laboral que oscila entre
el 10-20 % de un trabajador alemán, norteamericano o español8- diferencias que no
reflejan las distintas productividades físicas en mu.chas ramas productivas, dan lugar a

7
Véase, sobre estos temas. el artículo citado de Lindbeck.
R Cuadro número 4 del trabajo de David Roche: «2001: An Investmeot Odyssey», en lnternational lnves-
tment Research, Morgan Stanley, febrero 1994.
300 Economía mundial

dos situaciones que reducen la demanda de trabajo: o bien las empresas son ex.pulsadas de]
mercado por efecto de la competencia exterior o bien los empresarios deciden invertir
en países de bajo coste laboral, pese a los inconvenientes asociados a tal decisión, para po-
der mantener su actividad. El problema es más agudo en los segmentos laborales de baja
cualificación porque es ahí donde la mano de obra de detenninados países en desarrollo
ejerce una presión mayor, pero la rápida transmisión de conocimientos técnicos, que hoy
caracteriza nuestro mundo, hará avanzar el proceso y afectará a zonas más cualificadas
de la población laboral. La pérdida de competitividad, por diferencias salariales, pre-
senta además un efecto secundario que vuelve a incidir sobre la demanda de trabajo;
que, para no perder cuota de mercado, muchas empresas que trabajan en los sectores de
bienes comercializables internacionalmente sustituyen trabajo por capital, para reducir
los costes laborales, y hacen aún más escaso el nivel de empleo9•

10.2.3. Los condicionantes básicos


Hemos enumerado, del lado de la oferta y demanda de trabajo. los factores que determi-
nan el nivel de paro, pero puede advertirse que, en un esfuerzo de síntesis, esos factores
podrían reducirse a cuatro: el crecimiento demográfico, el ritmo de expansión de las
economías, la técnica y las características de los mercados laborales.
El crecimiento demográfico y las características de los mercados laborales --deter-
minantes, estos últimos, del nivel de paro- modulan la oferta de trabajo: cuanto más
rápidamente crezca la población, mayor será la oferta de trabajo; cuanto más elevado
el paro y más completa la cobertura del desempleo, menos crecerá la población activa;
cuanto más elevados sean los niveles salariales, mayor el estímulo para encontrar tra-
bajo.
El ritmo de expansión de las economías condiciona la demanda de trabajo, pero la
función correspondiente incorporará también las decisiones de sustitución provocadas
por la relación entre coste de capital y de trabajo.
Existe un efecto expulsor de la tecnología, ya lo hemos señalado, pero, además, la
rapidez de la innovación tecnológica acentúa la inadecuación (mismatch) entre capaci-
dades ofrecidas y demandadas y, por esa vía, tiende también a aumentar el desempleo.
Las caractelisticas de los mercados laborales son elementos clave en la fijación de los
niveles salariales y, habida cuenta de que esos niveles determinan las decisiones empre-
sariales y la competitividad de las empresas, en la amplitud del problema del desempleo.

10.3. LOS HECHOS


El Gráfico 1O. l permite observar la evolución del desempleo en el área OCDE desde
1950.

9 El análisis más pesimista, en este terreno, es el de Adrian Wuod, que sostiene que, a trnvés de] comercio,
los países en desarrollo han recortado en un 20 % la demanda de trabajo no cualificado en el mundo desarro-
Uado entre 1960 y 1990. habiéndose producido la mayor parte de la contracción en los años ochenta (North-
South Trade, Employment and lnequality, Oitford Uruversity Press, 1994), citado en The Economist, 1 de
ocn,bre de 1994.
Capítulo 10. Desempleo 301

40

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Fuente: Outlook 2004, OCDE.


Gráfico 10.1. Desempleo en el área OCDE: /950-2004.

Nótese que, a lo largo de dos décadas, los años cincuenta y sesenta, el desempleo no
supera nunca los 10 millones; es más, hasta el año 1966, la tendencia es decreciente. En
tan solo 10 años, de 1972 a 1982, el número de parados se triplica sin que la subsiguiente
expansión que dura, en promedio, hasta 1990 logre que las cifras de paro desciendan de
los 25 millones. A partir de ese año, la marea del desempleo sube de nuevo y se mueve
en la actualidad alrededor de los 40 millones. Una cifra muy elevada y que, además,
aumentaría si se computasen las distintas modalidades de subempleo --que, según un
informe OCDE, elevarian en un 10-20 % la cifra-, aunque la cifra real, como sabemos,
debería tomar también en cuenta el empleo sumergido.
La tasa de paro global roza el 7 % de la población activa, pero presenta una evolución
distinta en las diferentes regiones del área: el problema es mucho más agudo en países
del euro; manifiesta un perfil distinto en América del Norte -con tendencia a disnúnuir
en los últimos años-: y, en Japón, las tasas de desempleo siguen siendo muy bajas
(Gráfico l 0.2).

12

10

6
---··-----~-~--~---~~~~~---.-- "- ...... ~--,, ... ~

4
2-1--------,: - -- - - , -- -- -,---- -- - . -- -- - - ,
2001 2002 2003 2004 2005
- - -- Japón - Estados Unidos ~ Área Euro · ·- OCDE

Fuente: OCDE: Standarised Unemployme111 Rates 2005.


Gráfico 10.2. Tasas de desempleo por árear.
302 Economía mundial

El perfil del desempleo, en 2004 y para la OCDE, aparece en el Cuadro 10.l, en el


que pueden observarse los matices adquiridos por el problema.

Cuadro 10.1. Caracrerfsticas del desempleo en la OCDE


Tasa de desempleo (2004)
J ó\'enes: menores Parados de larga
de 25 años duración:
Total (por centaje M ujeres 12 meses o más
de su población (porcentaje sobre
activa) desempleo total)
Canadá 7,2 13.4 6,8 9,5
Estados Unidos 5.5 11.8 5,4 12,7
Japón 4.7 9.5 4.4 33,7
Bélgica 12,0 17,5 14.6 49,6
Dinamarca 5,7 7.8 6,2 22,6
Francia 10 , l 22.7 11.0 41 ,6
A le man ia 9,9 11.7 9.3 51,8
Grecia 10.2 26,5 15.9 54,7
Irlanda 4,4 8, 1 3,7 34,3
Italia 8, 1 23.5 10.6 49,7
Luxemburgo 2,8 18,3 3,2 22,6
HoJanda 5,0 7,8 5.2 32,5
Portugal 6,7 15.3 J9.1 43.2
España 11,0 22,0 15,0 37,7
Reino Unido 4,7 J0.9 4.2 21.4
Austria 5,0 6,5 5,5 24.5
Finlandia 8.8 20,8 8,9 23,4
Noruega 4.5 l l,7 4,0 9.2
Suecia 6.6 17.0 6,2 18.9
Suiza 4,2 7,7 4.6 33,5
Australia 5,4 11 ,7 5,5 20,7
Nueva Zelanda 3,9 9,3 4,4 11 ,7
OCDE 6,8 13,5 7.1 32,0

Fuente: OCDE in Figures. 2005 Edition.

Conviene destacar, de los datos del cuadro, las conclusiones siguientes:

1. Las tasas de desempleo varían, sustancialmente, de unas regiones a otras y de


unos países a otros, dentro de la misma región: el desempleo es, por lo general,
más elevado en Europa que en Estados Unidos, pero. además, la situación es
completamente distinta entre países comunitarios: el porcentaje español, el país
con mayor índice de paro de la OCDE, en ese año duplica, con creces, al inglés;
más aún, el paro juvenil es en España más del doble que el inglés.
2. Los jóvenes padecen una tasa de paro que, en términos aproximados, casi dobla
la media general: la situación peor se da en Europa, con disparidades notables de
unos pafaes a otros, tal como se ha puesto de relieve en el apartado anterior.
3. Aunque el paro femenino suele también ser superior al paro global, las diferen-
cias no son tan amplias como las del paro juvenil. Es la Unión Europea, también
Capítulo 1O. Desempleo 303

en este caso, la región que sufre el problema más agudo, de nuevo con diferen-
cias notables entre países: la tasa española duplica con creces a la inglesa.
4. El paro de Jarga duración es un problema de especial gravedad en la Unión Euro-
pea y Oceanía. En )os países comunitarios se aprecia, por otro lado, una disper-
sión notable de las tasas -se trata del porcentaje de paro de larga duración con
respecto al paro total-, puesto que el porcentaje de Italia. el país que presenta
el índice más elevado, es casi seis veces mayor que el de Noruega, el país con
menor índice.

El paro persistente, y en algunas regiones creciente, se ha convertido, por tanto, en


el problema de mayor alcance con el que tropiezan hoy todas las economías -hemos
presentado aquí los datos de la OCDE pero la situación es de carácter general-, un
problema que proyecta, hacia el conjunto de las sociedades, tres efectos altamente per-
niciosos. El paro tiene un coste económico que puede descomponerse en dos elementos:
pérdida de producción, de un lado, y crisis del sistema asistencial del otro. Si el stock
de capital varía al compás del ritmo de empleo y se acepta que la productividad media del
factor trabajo se mantiene en ténninos generales, la pérdida de producción a largo p]azo
viene a ser igual al porcentaje de paro; una hipóte.sis que revela el alcance del problema
en la zona OCDE, en la que se pierde un 7 % aproximado del producto, y que muestra
la situación dramática que caracteriza a muchos de los países comunitarios y , entre
ellos, a España, todavía con un 11 % de paro en 2004. La situación real requiere una
doble corrección dado que no es posible incluir el porcentaje de paro fricciona! y que,
en todos los países, exjste un cierto empleo sumergido. Pero la permanencia de altas
tasas de desempleo tiene, como ya se ha dicho, otro gran inconveniente: que es preciso
dedicar cuantiosos recursos a las diferentes fórmulas del subsidio de desempleo y tanto
más cuanto mayor sea el desempleo de larga duración porque suele ser el que goza de
coberturas más amplias_
El paro tiene también un coste social muy elevado aunque su medición sea extraor-
dinariamente complicada. Las familias afectadas por el problema ven reducirse su renta
disponible y, consiguientemente, su nivel de vida; en términos generales, y cuando las
tasas de paro son elevadas, las franjas sociales intermedias sufren un proceso de dete-
rioro que va minando su condición presente y sus expectativas; )as capas sociales más
débiles, por su parte, corren el peligro de quedar sumidas en Ja trampa de pobreza, de
la que difícilmente se librarán. Muchos de los desempleados de todas las condiciones
-puesto que el desempleo afecta, en buena parte de los países examinados, también a
trabajadores especializados- experimentan largos procesos depresivos que hacen toda-
vía más difícil su vuelta a un empleo estable. La cohesión social queda también debiH-
tada porque muchos ciudadanos entienden que los desempleados se aprovechan de los
impuestos que ellos pagan sin contribuir. en absoluto, al esfuerzo común. Buena parte de
las ciudades de los pafses citados están rodeadas por anillos de desempleados que cons-
tituyen un permanente factor de inseguridad. Medido a través del producto per cápita,
el nivel de vida medio de los países OCDE no ha disminuido con el aumento del paro
pero, sin duda, la calidad de la vida se ha resentido.
Y hay un tercer coste que no es posible ignorar: el político. Las democracias nece-
sitan, para mantenerse como sistema político viable, su aceptación por amplias capas
sociales; de lo contrario, la tentación totalitaria se hace recurrente porque cuenta con
una parte de la base social que lo cuestiona. El paro amplía esa parte de la base social
304 Economía mundial

porque el parado tenninará por considerar que el sistema lo rechaza y que la solución de
su problema pasa por cambiarlo. Sin el paro masivo que caracterizara a la Alemania
de los primeros años treinta, Hitler posiblemente no hubiera alcanzado el poder; si los
países OCDE no encuentran solución aJ problema del paro, los mecanjsmos democráticos
correrán serios peligros.
A partir de los datos reseñados, interesa ahora valorar el efecto de las cinco causas
a las que hemos hecho mención en el apartado anterior.

10.4. SOBRE LA IMPORTANCIA DE LAS CAUSAS

10.4.1. El crecimiento demográfico


El Gráfico 10.3 muestra el crecimiento de población de las regiones OCDE en dos pe-
riodos: 1975-1983 y 1983-1992. Crecimiento de población que es suma del incremento
demográfico y de los movimientos migratorios, mucho más importantes, estos últimos,
en el segundo de los periodos, movimientos que, además, se han intensificado en los
ú1timos tiempos.
Como demuestran las cifras entre paréntesis, correspondientes al incremento medio
interanual de cada región, el problema del paro no puede derivar de un rápido creci-
mjento de la población porque los porcentajes son bajos: tanto es así que, en la actua-
lidad, el problema demográfico que aqueja a la zona OCDE es el envejecimiento de su
población, que va a suponer desequilibrios más acusados de los sistemas asistenciales.
Los movimientos migratorios se han visto inlensificados, además, por la llegada masiva
de refugiados a los países de Europa Occidental a consecuencia de conflictos políticos
derivados de 1a transformación de los países del Este y de reagrupamientos étnicos.

... ¡ 1 (0,2)
EFTA
.. ...
... .... .·. .- - 1 1 (0,5)
1975-198"'
1 1 (0.4)
CEE 1 1 (0,3)
1983-199/
.. .. . .. . . . : 1 1 (1, 1)
Oceanía '
. .... ~.. -,.,:....,\ . .. ' '•, ,n
'J ...
. ,,.·•••••. ·• .• 1 1 (1 ,3)

América 1 1 (1 ,1 l
del Norte 1 1 (1,0)

1 10,9)
Japón 1 1 (0,5)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1
o 20 40 60 80 100

c::J Inmigración neta C]lncremento demográfico

Fuente: OCDE: Tfu• OECD Jobs Study: Evidence arul Explanations, 1994, pág. 15. Gráfieó 6.
Gráfico 10.3. Componen/es de aumento de población en las regiones OCDE.
Capítulo 1O. Desempleo 305

Una razón adicional que explica la escasa influencia del crecimiento de población en
las tasas de desempleo es que los países de la Unión Europea, los más afectados por el
paro (Gráfico l 0.2 y Cuadro 10. 1), son, precisamente, los que han tenido, en el segundo
de los periodos, el crecimiento de población más lento.

10.4.2. El ritmo de expansión de las eeonomías


El crecimiento económico, ya se ha señalado, influye sobre la generación de empleo
pero no existe una función única que ligue a ambas variables: puede haber crecimientos
más rápidos con menos empleo y más lentos que generen más empleo, dado que la
técnica y la situación de los mercados laborales inciden, considerablemente, sobre esa
relación.
El Gráfico 10.4 muestra, para el periodo 1970-1993, Jo ocurrido en diferentes paí-
ses y regiones de la OCDE: la economía norteamericana creció un 80 % en el periodo
y generó un considerable ni ve] de empleo y de empleo industrial; el crecimiento más
elevado fue el de Japón, con casi un 150 %, pero la generación de empleo fue baja, si
bien casi todo el empleo se logró en la industria; Canadá creció también rápidamente
-110 %-, con fuerte generación de empleo y de empleo industrial; Australia dobló el
tamaño de su producto y consiguió tasas elevadas de empleo, aunque destruyó empleo
industrial; la situación peor se da en los países europeos: la Unión Europea creció casi
un 75 %, a ritmo menor, por tanto, que los anteriores países y zonas. pero el nivel de
empleo adicional fue muy bajo y , lo que es peor, destruyó más del 25 % del empleo
industrial; los países EFTA siguieron un camino similar: menor crecimiento, de un
60 % apf<Oximado, con escasa generación de empleo y parecida destrucción de empleo
industrial.

Estados Japón Canadá


Unidos
150

125

100

75

50

25

o
-25
D Producción • Empleo • Empleo industrial

1 Doce miembros.
1
Con exclusión de Islandia y Liechtenstein.
Fuenle: BIS: Informe amuú 19<:t,i, pág. 21.
Gráfico 10.4. Producción y empleo en países y grupos seleccionados. Variación total 1970-1993.
306 Econom(a mundial

El panorama europeo se amplía aún más si tenemos en cuenta que la mayor parte
del empleo creado lo ha sido no en el sector privado sino en el sector público: de los
1Omillones de empleos creados en esos países, desde principios de los años setenta, dos
tercios aproximadamente corresponden al sector público; una tendencia que contrasta
notablemente con lo ocurrido en otras regiones y, especialmente, en Estados Unidos
y Japón: en los dos países la generación de empleo se ha producido básicamente en el
sector privado de la economía 10•
En todas las regiones se observa, además, que la mayor parte del nuevo empleo
corresponde al sector terciario de la economía, lo que ha hecho que la proporción de ese
sector en el total de empleo se haya elevado desde menos del 50 % en 1970 a un 65 %
aproximado en 1992. Por el contrario, la reducción de empleos se ha producido en el
sector agrícola, y especialmente en el industriaP 1•
Los datos hasta ahora aportados ponen de manifiesto que, por lo que atañe al ritmo
de crecímiento de las economías OCDE, los resultados pueden resumirse de la forma
siguiente:

l. Las tasas de crecimiento han sido djspares, en el periodo 1970-1993, correspon-


diendo la tasa más elevada a Japón y la menos a los países de Europa occidental,
suma de la Unión Europea y de los países EFTA.
2. El mayor número de empleos se ha creado en América del Norte, Estados Unidos
y Canadá, y el menor número en Europa occidental, especialmente en los países
de la Unión Europea.
3. Salvo en Japón, que ha generado la mayor parte del empleo en el sector indus-
trial, en todos los demás países o regiones se ha creado poco empleo industrial
-caso de América del Norte- o bien se ha destruido empleo industrial -caso
de Australia y países de Europa occidental.
4. La región que se encuentra en peor situación, desde el punto de vista de genera-
ción de empleo, es la Unión Europea: es la zona donde menos empleo se ha crea-
do y donde más empleo industrial se ha destruido. Añádase a ello que, a1 igual
que ocurre con los países EFfA, la mayor parte del empleo creado, dos tercios
aproximadamente, lo ha sido en el sector público; o, 1o que es lo mismo, no se
ha creado apenas empleo privado, en ese largo periodo, y solo la hipertrofia de]
sector público ha evitado que las tasas de desempleo fueran aún mayores.

Las anteriores consideraciones ponen de manifiesto que, en todos los casos, aunque
con distinto impacto, la tecnología y la situación de los mercados han debido influir en
las tasas de generación de empleo.

10.4.3. La tecnología
El efecto de la tecnología sobre el empleo no resulta fácil de medir, cuando contempla-
mos una economía en su conjunto, por las interacciones que desencadena el proceso de

10
The OECD, Jobs Study, pág. 21.
11 '
ldem, pág. 20.
Capftulo I O. Desempleo 307

incorporación tecnológica y por los retardos. que se siguen en la aparición de economías


externas 12 .
Es relativamer.te simple determinar cómo incide el cambio tecnológico en la deman-
da de trabajo de una empresa. Si se trata de una nueva tecnología de producto> lo normal
es que no se opere reducción alguna de la demanda de trabajo porque las ventajas au-
mentarán, se incrementará la producción y la plantilla se mantendrá o se ampliará; si la
innovación es de proceso -la función de producción es la que cambia- y no aumenta
el volumen de producción, la demanda de trabajo tendrá que reducirse porque la nueva
tecnología será, por regla general> ahorradora de factores productivos, especialmente
de trabajo.
Pero ese simple análisis de lo que puede suceder en una empresa no es válido para el
conjunto de la economía. Al incorporarse tecnologías de producto es posible que, en
las empresas correspondientes, no se reduzca el empleo e inclusive que aumente, pero
también es posible que la demanda adicional del producto, que beneficia a las empresas
innovadoras, corra pareja con una reducción de demanda de las empresas de la compe-
tencia y, por tanto, con una contracción de la demanda agregada de trabajo. Y; sí bien
es cierto que inicialmente las tecnologías de proceso reducen la demanda de trabajo,
la reducción del coste de los productos supondrá un aumento de la renta real de los
consumidores que puede dar lugar a aumentos de la demanda global que compensen
el efecto expulsor de la tecnología. Pero tales consideraciones constituyen un esquema
simplificado de lo que puede ocurrir en la realidad porque hacen abstracción de factores
de especial importancia como, por ejemplo, la naturaleza de la nueva tecnología, la forma
en que se incorpora al sistema productivo, el stock de capital humano preexistente y la
especialización de las econonúas.
Las tecnologías concretas -un nuevo tipo de motor de mucho menor consumo
energético- tienen un efecto más linútado que las tecnologías de amplia difusión porque
penniten un ajuste gradual de la oferta y demanda de trabajo. La tecnología crucial de
nuestro tiempo es, sin embargo, la tecnología de la información, que comprende tanto
los ordenadores como los programas y que se introduce por todos los resquicios de la
actividad económica, afectando a productos y procesos. Este tipo de tecnología omni-
comprensiva reduce el nivel de empleo por dos vías: facilita la automatización de los
procesos productivos y produce la rápida obsolescencia técnica de la mano de obra. Se
calcula que cada robot nuevo que se utiliza en la fabricación de automóviles suprime
casi un puesto de trabajo por equipo en Japón, un puesto en Estados Unidos y más de un
puesto en el Reino Unido 13 • Los mandos informatizados de las máquinas herramientas
vienen a eliminar de uno a tres puestos de trabajo 14• Naturalmente, el efecto neto sobre
el nivel de empleo dependerá de toda una serie de factores adicionales, entre los que
cuentan el ritmo de crecimiento global y los efectos renta y sustitución que desencadene la
automatización.
La tecnología omnicomprensiva desvaloriza los conocimientos de la mano de obra
porque su aplicación requiere nuevos conocimientos que, en muchas ocasiones> no se

12 Un análisis sucinto de la relación entre tecnología y empleo figura en el Cap. 4 de The OECD Jobs
Study: Evidence and Expúmmions, OCDE, 1994. Es el trabajo de apoyo del documento ya c itado. Las consi-
deraciones aquí plasmadas reflejan, en buena parte, el contenido de ese capítulo.
13 Cap. 4 del trabajo citado.
14
Ibídem.
308 Economía mundial

pueden ac;imilar fácilmente: ]os trabajadores de mayor edad no aprenden a manejar, ade-
cuadamente, los ordenadores de cierta complejidad y, consecuentemente, o tienen que
ser transferidos a otros puestos de trabajo o deben dejar el trabajo porque no responden
a las nuevas necesidades. Se producirá, por esa vía también, paro tecnológico y, además,
se ampliará la brecha existente entre capacidades ofrecidas y demandadas (misma.tch),
con lo que se dificultará el equilibrio de los mercados laborales.
La forma de incorporación de la tecnología influye, asimismo, sobre los niveles de
empleo. De dos maneras. Si la incorporación es activa, es decir. si la estructura produc-
tiva recibe una adición tecnológica tendente a mejorar la productividad y la competiti-
vidad de uno o varios sectores, su efecto sobre la demanda de trabajo puede ser positivo
en la medida en que los mercados se amplíen; si la incorporación es pasiva -responde
a la necesidad de seguir compitiendo en otros países-, el nivel de empleo tiende a re-
sentirse. Por otro lado, el ritmo de incorporación de nuevas tecnologías cuenta también
porque los ritmos rápidos destruyen mucho más empleo que los lentos. Con respecto
a la economía norteamericana, y por lo que atañe a la tecnología informática, el estudio
más compJeto hasta ahora realizado 15 concluye que, hacia el año 2000, la destrucción
de empleo derivado de su implantación oscilará entre un 5 % y un 12 % según el ritmo,
rápido a moderado, de difusión tecnológica.
Como puede advertirse en el Gráfico 10.5, la demanda de trabajo en la OCDE,
sector de manufacturas, aumenta suavemente para el trabajo cualificado y se reduce
para el no cualificado. Una evolución que dimana de los cambios habidos en la división
internacional del trabajo y de la competencia acrecentada que generan los transportes y
comunicaciones actuales. El paro generado por esa evolución de la demanda dependerá,
por lo menos, de dos elementos: de la mayor o menor cualificación de la mano de obra
y del ritmo de aprendizaje que pueda alcanzarse; en buena medida, por tanto, del stock
de capital humano preexistente.

130 - Manufacturas
- - - Empleos no cualificados
120 •······· Empleos cualificados
110

.. __ .,. _____ ... -


80.c..+----+-- -+-- -t-- - t -- - - - + - ---+- - - + - - - t -- ---4
1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988
FuenJe: Cap. 4 del trabajo citado de la OCDE (Gráfico 4.2).

Gráfico 10.S.

Si los niveles de cualificación de la mano de obra de un país son a1tos, el paro tec-
nológico derivado del cambio de de manda no será importante; por el contrario, lo será
si abunda la mano de obra no cualificada. Pero, además, la adaptación casi continua a

15
Leontief y Duchin: The Future lmpact ofAutomation on Workers. Oxford University Press, 1986.
Capítulo 1O. Desempleo 309

las nuevas tecnologías resultará más sencilla si se parte de niveles altos de cualificación,
porque los procesos de aprendizaje son acumulativos: es más fácil aprender cuanto más
se sabe. De ahí la importancia de la formación constante dentro de las empresas: puesto
que el impulso innovador difícilmente podrá detenerse, el empleo se mantendrá si se
logra una adaptación continua de la mano de obra a los nuevos requerimientos.
En un mundo abierto, como el actual, la relación entre tecnología y desempleo pre-
senta una amplia dimensión internacional porque la rápida asimilación de nuevas tecno-
logías, conducente a aumentar 1a productividad del factor trabajo de forma más rápida
que la alcanzada en países competidores, puede generar empleo neto; pero, sobre todo,
porque la asimilación de nuevas tecnologías determina la especialización internacional
de los países y esta, a su vez, influye considerablemente sobre el nivel de empleo.
La OCDE no facilita un cálculo global del impacto que la tecnología puede tener
sobre el empleo, del paro tecnológico, y se limita a señalar los aspectos fundamentales
de la relación entre las dos variables, aspectos que han sido resumidos en este apartado
y que permiten extraer las siguientes conclusiones.
A corto plazo, la innovación tecnológica, y en especial la tecnología de la infor-
mación, destruye empleos; más en el sector industrial y menos en el terciario. A largo
plazo no puede valorarse el efecto conjunto, pero la experiencia muestra que el progreso
técnico, en la medida que permite mejoras de la productividad y aumentos del producto,
termina por tener un efecto positivo sobre el nivel de empleo 16 •
La innovación tecnológica tiene un efecto mucho más destructor en la demanda
de trabajo no cualificado, de forma que la configuración productiva de un país, su es-
pecialización en suma, determina el impacto que producirá la tecnología: los sectores
tradicionales, generalmente intensivos en mano de obra, serán los más afectados. Con
una complicación adicional grave: que el desplazamiento tecnológico puede convertir
a muchos trabajadores de baja cualificación en desempleados definitivos porque no
se cree ningún nuevo puesto de trabajo similar y porque sus posibilidades de adquirir
nuevos conocimientos sean escasas o inexistentes.
Las comparaciones internacionales parecen poner de manifiesto que los países que
más rápidamente han asirrrilado las nuevas tecnologías, y cambiado más profundamente
su estructura productiva, son los que mejores posibilidades de empleo han ofrecido. Lo
que equivale a señalar que las rigideces existentes en una economía, y que normalmen-
te dificultan las transformaciones tecnológicas, constituyen también un freno para la
creación de empleo. Algunas de esas rigideces se encuentran en los propios mercados
de trabajo: la falta de movilidad geográfica, por aplicación de normas laborales, puede
constituir una rémora importante para evolucionar técnicamente y, por tanto, para
facilitar la aparición de nuevos empleos. La absorción de la tecnología nueva es, consi-
guientemente, una conclición necesaria para que la demanda de trabajo crezca; no la de
trabajo no cualificado pero sí la de trabajo de alta cualificación.
No es posible aislar el impacto de las nuevas tecnologías del marco institucional
en el que en cada país operan. Y, especialmente, no es posible desligar la tecnología
del funcionamiento de los mercados de trabajo, en la medida en que estos últimos
condicionan fuertemente los niveles salariales y la demanda de empleo: con mercados

16
Aseveración que requiere de múltiples matices. Véase, por ejemplo, Freeman, Clark y Saete: Desempleo
e innovación tecnológica.. Un estudio de las ondas largas y el desarrollo económico, Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social, Madrid, 1985.
31 O Econom(a mundial

rígidos, el incentivo para sustituir trabajo por capital es muy fuerte y débi] el estímulo
para producir. invertir e innovar. Todo lo cual nos remite a la última de las causas
mencionadas.

10.4.4. Las características de los mercados laborales

Las normas por las que se rigen los mercados laborales van a determinar cuatro aspectos
importantes que influyen sobre la demanda de trabajo: los costes no salariales, los aba-
nicos salariales, la protección del empleo y la cobertura del paro.
El salario puede no representar el coste del factor trabajo para el empresario y, desde
luego, no lo representa en el área OCDE. Empresarios y trabajadores deben hacer fren-
te a las cuotas de la Seguridad Social y a otras destinadas a financiar gastos sociales.
Cuanto mayores sean esos costes para la empresa, costes que representan en realidad un
impuesto sobre la nómina, menores serán los estímulos para generar empleo y mayor la
tendencia a sustituir trabajo por capital; a menos que el aumento de los costes no sala-
riales se vea compensado con una reducción de salarios.
Por lo que al empleo se refiere, importa no tanto el nivel salarial como el abanico de
salarios existente, un abanico que viene establecido por las normas que regulan los
mercados y, en parte, por los usos sociales. Hay muchos empleos que gozan de remune-
raciones elevadas porque su productividad es alta y porque la situación de la empresa lo
permite; pero hay muchos otros que no son viables sino con remuneraciones muy bajas.
En la medida en que los mercados no permitan diferencias amplias, porque el tipo de
negociación salarial lo impida, o lo impidan ]as regulaciones laborales o la sociedad no
las acepte, el resultado será el aumento del paro.
Aunque el ténnino pueda tener un contenido más amplio. la protección del empleo no
es, en el fondo, más que la regulación del despido. La permanencia en el empleo puede
ser defendida con varios argumentos: el bienestar de una sociedad depende del bien-
estar de sus asalariados; hay que garantizar el empleo para conservar los trabajadores
más cualificados y productivos (contratos implícitos); la estabilidad en el trabajo hace
que los trabajadores acepten, de mejor grado, el cambio tecnológico y la movilidad
interna, porque saben que su puesto no peligra; con empleos estables, los choques ma-
croeconómicos tienen menor repercusión porque la demanda global no se contrae tanto,
al mantenerse la capacidad de consumo de la sociedad, y la tasa de paro sufre menos
oscilaciones cíclicas.
Pero también existen argumentos que ponen en duda ]os beneficios que derivan de
la protección del empleo o, en cualquier caso, de la excesiva protección: las empresas
mantienen, por razones de eficacia, un cierto grado de estabi1idad de plantilla, pero la~
excesivas restricciones a la movilidad laboral pueden, de un lado, limitar su capacidad
de mejora -al impedirle contratar nuevas capacidades- y, por otro, perjudicar sus
cuentas de resultados hasta el punto de hacerlas desaparecer; la estabilidad macroeconó-
mica no se apoya protegiendo los puestos de trabajo, porque lo que sucederá, finalmente.
es que aumentará el número de contratos temporales y; por esa vía, la inestabilidad
en e] empleo; el gran argumento es, de todas formas, la posibilidad de que la protec-
ción del empleo dé lugar a una disminución del nivel general de empleo. Dado que los
empresarios no pueden prever ni la demanda futura de sus bienes y servicios ni la pro-
ductividad de sus trabajadores, los costes de despido pueden ejercer un efecto disuasorio
Cap(rulo 1O. Desempleo 311

sobre la demanda de trabajo. Y aún más, cuando los altos costes de despido coexisten
con fónnulas de empleo temporal puede perfectamente ocurrir que los trabajadores se
escindan en dos grupos: los que habitan en la ciudadela del empleo estable y los que no
podrán nunca, o casi nunca, acceder a un trabajo duradero 17 . Estos últimos serán. sobre
todo, los más jóvenes.
La cobertura del paro, el subsidio de desempleo en suma, desestimula la búsqueda
de empleo y, consiguientemente, aumenta el desempleo: muchos de los trabajadores en
paro alargan el periodo de búsqueda porque están, en parte, protegidos por esas ayudas;
cuanto mayores las ayudas, mayor el desestímu]o.
En el Gráfico 10.6 aparecen las cotizaciones a la Seguridad Social, en porcentaje del
coste laboral total, en varios países OCDE.

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Fuente: European Commission: Employment in Europe. 2000. Gráfico 96.

Gráfico 10.6. Contribución a la Seguridad Social: porcentaje del coste laboral toral en la
industria, 1996.

Adviértase, que las cotizaciones superan el 25 % del coste de mano de obra en una
serie de países: Francia, Italia, España y Suecia. Ese coste adicional constituye, sin duda,
un freno para la contratación que, además, pesa notablemente sobre las franjas no cua-
lificadas de trabajadores.
Los estudios hasta ahora realizados ponen, además, de manifiesto que la elasticidad-
precio de la demanda de trabajo no cualificado es alta: la demanda se contrae rápida-
mente si el precio (del que las cotizaciones empresariales forman parte) aumenta y se
eleva también rápidamente si el precio baja. E] valor de la elasticidad-precio se reduce

17 Véase OCDE: trabajo ci1ado, Cap. 6, parte III. El término «ciudadela». aplicado al caso español, pro-
cede del trabajo de E. Fuentes Quintana, Victorio Valle y Julio Alcaide: «La ciudadela del empleo>>, Cuader-
nos de Información Económica, núms. 80-8 1, FIES, 1993.
312 Economía mundial

en la medida en que los conocimientos aumentan pero, además, la demanda de trabajo


cualificada responde a razones más complejas que las de coste 18.
Como ya se ha señalado, las normas laborales, el poder sindical y los propios usos
sociales amplían o cierran el abanico salarial. Uno de los instrumentos de cierre es el
salario mínimo, que puede instaurarse mediante normas o por negociación sindical; pero
no es el único, porque el tipo de negociación salarial determinará también las diferencias
de retribución y la propia opinión pública pesará asimismo en ese terreno. Y prueba de
todo ello son las diferencias existentes de unas a otras zonas: más de una cuarta parte
de los trabajadores norteamericanos a tiempo completo gana menos de dos tercios del
salario mediano --es decir, del que tiene tantos valores por delante como por detrás-,
mientras que esa proporción se reduce a un quinto en la CEE y a una décima parte en
Australia. Pero, además, como muestra el Gráfico 10,7, los salarios reales de los traba-
jadores peor pagados han evolucionado de forma muy distinta de unos a otros países
durante los años ochenta, lo que ha significado variaciones del abanico salarial: por lo
general, el abanico es mucho más abierto en el mundo anglosajón que en los países de
Europa continental 19 .

EE UU Australia Austria Dinamarca Italia Alemania


1980-1989 1980-1991 1980-1991 1980-1990 1980-1987 1983-1990
Canadá Francia R. Unido Norue.9.a Suiza
1981-1990 1980-1987 1980-1992 1980-1991 1981-1991
Nota: Los trabajadores peor pagados son los que se encuentran en el último percentil de la distribución salarial
de trabajadores varones (ambos sexos en Dinamarca y Noruega). Los salarios brutos se ha deflactado con el
índice de precios al consumo.
Fuente: OECD Jobs S1udy, pág. 22, Gráfico 14.
Gráfico 10.7. Crecimiento de los salarios reales de los trabajadores peor pagados(% anual).

La amplitud o estrechez del abanico salarial produce efectos sobre el nivel de paro
porque amplía o reduce la demanda de trabajo no cualificado. Una situación que se
deduce del Gráfico 10.8: en países de abanico amplio, como Estados Unidos y Canadá,
las tasas de desempleo del trabajo no cualificado (en relación con la del cua]ificado) han
variado poco durante los años ochenta; en países con abanico más cerrado, como los
europeos, las tasas se han deteriorado.

18
OCDE: traba.jo citado, Cap. 9. parte VI.
19
The OECD Jobs Study, pág. 22.
Capítulo 1O. Desempleo 3 13

Nota: Tasas de desempleo masculinas del cuartil menos cualificado de la población activa comparadas con
las del cuartil más cualificado.
Fue11te: OECD Jobs S111dy. pág. 23, Gráfico 15.

Gráfico 10.8. Tasas de paro del trabajo no cualificado en relación con las del cualificado.

No resulta fácil encontrar vinculaciones directas entre protección del trabajo y


desempleo, porque las circunstancias que influyen sobre el nivel de empleo son muy
variadas y nunca es posible aislar el efecto de las que no se refieren a la protección
del trabajo. Pero sí es posible encontrar paralelismos reveladores, como los que surgen del
Cuadro 10.2.
Nótese, por un lado, que, en términos generales, el empleo total, en proporción de
la población que se encuentra en edad de trabajar, es menor en países con alto grado de
protección (Italia, España o Grecia) que en países donde la protección es menor (Ale-
mania o Estados Unidos): los empresarios son renuentes a ampliar las plantillas porque
topan con demasiadas dificultades para reducirlas20•
Por otro lado, el porcentaje de trabajo independiente tiende también a ser mayor
en países con legislación fuertemente protectora que en países más flexibles. Italia,
España o Grecia doblan con creces ese porcentaje frente a Alemania o Estados Unidos:
la dificultad para encontrar empleo asalariado induce a mucha gente a convertirse en
trabajadores autónomos.

io Las carac[eristicas de la protección del empleo en esos núsmos países puede verse en el Cuadro 6.7 del
mismo documento de la OCDE.
314 Economfa mundial

Cuadro 10.2. Indicadores del nivel de empleo y del trabajo por cuenta propia ( 1990)

Proporción de Propor- Horas


Porcentaje de trabajadores ci6n de perdidas
población en independien tes trabaja- Tasa de por
edad activa res pecto al dores a absentism o absen-
empleo total tiempo tismo
parcial (% del
Empleo Sin el respecto Menos horario
Empleo asala- Todos los sector al empleo Semanal de una normal)
total riado sectores agrícola total semana
Países de la CEE
Bélgica 55,0 45,0 l 8, 1 14,3 10,2 1,8 t,4 2,2
Dinamarca 75,7 67,2 11.2 6,8 23,4 7.6 24,0 13,6
Francia 57.9 49,3 15.0 9, 1 12,0 5,6 3.8 7,4
Alemania 62,9 56,0 11 ,0 8,0 13,4 3,8 2,8 4.5
Grecia 54,8 28,2 48.6 27,2 4,4 2,9 18,1 8,2
Irlanda 50,2 37,9 24,6 12,8 7,6 3,2 2,0 4,1
Italia 52,6 37,3 29,1 22,2 5,7 2,8 3,7 3,7
Países Bajos 59.2 52,4 l t,ó 8. 1 32,6 8,3 18, l 13, 1
Portugal 67,2 46,9 30.1 15,9 6,0 2,6 8,4 5.4
España 47,4 34,2 27,9 17,5 4 ,8 3.8 18,9 9,1
Reino Unido 70,4 60,5 14, 1 12,4 21,7 6,6 30,9 12,7
Países de la EFTA
Austria 65,0 55,7 14,2 6,5 8,8
Finlandia 73,5 62,6 14,9 8,8 7,4 12,S 8,3
Noruega 73,6 64,9 11 ,8 6, 1 26,4
Suecia 81.7 74,3 9,1 7, 1 24,0 17, 1 14, l 2 1,8
Suiza 79,S 66,J 16,9 28,0
Países no eu ropeos
Canadá 70,3 63.7 9.4 7.5 lS. 1 7,2 7,5 9,4
Estados Unidos 71,6 63,9 10.8 7,7 17,0 2,0 3,1 2,9
Japón 7 1,7 54,7 23,6 l 1,6 17,6 2,3 8.4 5,1
Australia 68,6 58,0 15.5 12.5 20.9 1,0 11.9 5,0
Nueva Zelanda 66,1 53,0 19,8 14,7 18.8 4,0 IS.O 9.2
Fuente: OCDE, trab. cit.. Cuadro 6.8.

Por último, el absentismo laboral y las horas de trabajo perdidas por esa causa son
también, por lo general, mayores en los países de alta protección que en los de menor
rigidez: e1 trabajador adopta una actitud más laxa cuanto menos teme perder su puesto
de trabajo. Italia es, en ese caso, una excepción, pero España y Grecia muestran, en este
terreno, porcentajes muy superiores a los de Alemania y Estados Unidos.
Layard, Nickell y Jackman ya han señalado, insistentem ente, que la amplia cober-
tura deJ desempleo es una de las causas básicas del alto nivel de paro que se observa en
los países europeos: cuanto más amplia es la cobertura. menor es la avidez por encontrar
un nuevo trabajo y mayor la duración del desempleo. Incluso ponen de manifiesto que la
eJasticidad de la duración esperada del desempleo con respecto a su nivel de cobertura
oscila entre 0)2 y 0,9, en función del tipo de país y de las características de los mercados
laborales21 •
21
Óp. cit., 2.' ed., pág. 255.
Capítulo JO. Desempleo 315

La OCDE, por su parte, utiliza un diagrama de barras para sintetizar, de un lado, las
diferentes coberturas de los países miembros y, del otro, la evolución de tales coberturas
desde los años setenta.

60 • Media de los 60
- Media de los 70
50 e: Media de los 80
• 1991
40

30

20
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Coste de reposición (beneficios antes de impuestos en tanto que porcentaje de ingresos brutos anteriores).
según queda definido por las normas vigentes, teniendo en cuenta las distint.1s circunsrancias que afectan a los
desempleados. Clasificación en orden descendente de la media de 199 L.
Nota: Los porcentajes reflejan la relación existente entre la cobertura antes de impuestos y el salario último,
también antes de impuestos. La relac16n toma en cuenta situaciones medias a partir de los derechos existentes.
Fuente: OECD Jobs Study, pág. 24, Gráfico l6.

Gráfico 10.9. CoberJura del desempleo: síntesis.

El indicador de cobertura y la evolución de las tasas de paro penniten los siguientes


paralelismos22 :

1) Los países con cobertura elevada ya en los años setenta, al igual que aquellos
que la aumentaron relativamente pronto (a más tardar en 1973) son, en términos
generales, los mismos que experimentaron una agravación considerable del paro
tras el primer choque petrolífero y en los que el desempleo permanece en niveles
elevados.
2) En Noruega) Suecia y Suiza, países en los que la cobertura era reducida en los
años sesenta, y en los que la equiparación al grupo anterior se produjo alrededor
de 1985, el aumento fuerte de la tasa de desempleo ocurrió a finales de los años
ochenta (Noruega) y a principios de los noventa (Suecia y Suiza).

22
Recogidos. en buena parte, en OCDE: trab. cit. . Cap. 8.