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LOS EFECTOS DE LA FILIACIÓN1

I.- Generalidades.
Los efectos de la filiación dicen relación tanto con los aspectos personales que
vinculan a padre y a la madre con sus hijos, como también con los aspectos
patrimoniales. Nuestro CC engloba a los primeros dentro de lo que
genéricamente se denomina autoridad paterna (hoy llamada
“corresponsabilidad parental”) para evocar un ámbito en que ambos padres
interactúan y se responsabilizan de sus hijos; y a los segundos los trata a
propósito de la patria potestad.
Este principio de corresponsabilidad paternal se encuentra recogido en el
artículo 224 CC cuando señala que el cuidado personal de los hijos “se basará
en el principio de corresponsabilidad, en virtud del cual ambos padres, vivan
juntos o separados, participarán en forma activa, equitativa y permanente en
la crianza y educación de sus hijos”.
Hay que precisar que si bien la relación de filiación se extiende durante toda la
vida de sus protagonistas, los principales efectos que regula la ley aluden a la
etapa en que los hijos son menores de edad. Por ello es que en la generalidad de
los efectos de la filiación de que trata el Libro I del CC, las normas se refieren
a menores de edad.
Los criterios fundamentales sobre los que descansa todo el sistema de las
relaciones personales y patrimoniales paterno-filiales se encuentran en el
artículo 222 inciso 1º CC que señala: “La preocupación fundamental de los

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ADVERTENCIA: Este trabajo no pretende ser original sino tan solo un resumen ordenado de las enseñanzas
contenidas fundamentalmente en las obras de Derecho de Familia de los profesores Rene Ramos, María Sara
Rodríguez, María Soledad Quintana y los apuntes de los profesores Orrego y Céspedes, por lo que su uso es
exclusivamente académico.
padres es el interés superior del hijo, para lo cual procurarán su mayor
realización espiritual y material posible, y lo guiarán en el ejercicio de los
derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana de modo conforme a
la evolución de sus facultades”.
El interés superior de todo niño en alcanzar un pleno y armonioso desarrollo de
su personalidad, se identifica con un contexto familiar en el que participen
activamente ambos progenitores. Así lo consigna la Convención de los
Derechos del Niño en su artículo 7º.
En el análisis de estas materias seguiremos la sistemática del Libro I del CC,
comenzando por los derechos y obligaciones entre los padres y los hijos, para
abordar luego la patria potestad.
II.- DERECHOS Y OBLIGACIONES ENTRE PADRES E HIJOS
La ley regula ciertas obligaciones que los hijos tienen para con sus padres y
también ciertos derechos-deberes de los padres para con los hijos.
Trataremos estos temas en el mismo orden.
1.- DEBERES DE LOS HIJOS PARA CON SUS PADRES.
a) Deber de respeto y obediencia para con los padres
El artículo 222 CC establece que “los hijos deben respeto y obediencia a sus
padres” (inc. 1º).
Se trata de dos deberes con fuerte contenido moral. El primero (respeto) es
perpetuo e implica una conducta considerada y adecuada de los hijos hacia los
padres, ausente de insultos y menosprecios; el segundo (obediencia) que es
temporal y se extingue con la emancipación, alude a cierto grado de
dependencia y sujeción de los hijos respecto de los padres. El cumplimiento de
este deber ha de ser compatible con la autonomía progresiva del menor (según
su edad y madurez) lo que implica que la dependencia y sujeción del hijo será
mayor cuando el hijo es pequeño, y será menor (aunque no inexistente) a
medida que se acercan a la mayoría de edad.
El incumplimiento de este deber faculta a los padres para solicitarle al tribunal
“que determine sobre la vida futura del hijo por el tiempo que estime
conveniente, que no podrá exceder del tiempo que le falte para cumplir 18 años
de edad” (art. 234 CC).
Se trata de una facultad de los padres de solicitar el auxilio público con respecto
a un hijo que ya no pueden controlar, siempre que sea necesario para su
bienestar. El precepto se encarga de aclarar que las resoluciones del juez en este
ámbito no podrán ser modificadas por la sola voluntad de los padres.
b) Deber de cuidado y socorro a los padres.
Lo consagra el artículo 223 CC: “Aunque la emancipación confiera al hijo el
derecho de obrar independientemente, queda siempre obligado a cuidar de los
padres en su ancianidad, en el estado de demencia, y en todas las
circunstancias de la vida en que necesitaren sus auxilios” (inc. 1º).
Se trata de una manifestación de la solidaridad familiar que recae en los hijos
de cualquier edad, aún aquellos emancipados. De manera que la independencia
de los hijos respecto de sus padres no extingue su obligación o deber de cuidado
respecto de ellos.
Este deber de cuidado y socorro se extiende a los demás ascendientes (por
ejemplo, los abuelos) en caso de inexistencia o de insuficiencia de los
inmediatos descendientes. El inciso 2º del artículo 223 CC agrega que: “Tienen
derecho al mismo socorro todos los demás ascendientes, en caso de inexistencia
o de insuficiencia de los inmediatos descendientes”.
Este deber puede llegar a traducirse en la obligación de pagar alimentos, si los
padres o los demás ascendientes los necesitan y el hijo tiene facultad para ello.
Los dos incisos del artículo 223 CC son concordantes con lo dispuesto en el
artículo 321 Nº 3 CC, cunado señala que: “Se deben alimentos: (…) 3º A los
ascendientes”.
El incumplimiento de este deber de socorro origina sanciones civiles. Así, por
ejemplo, el artículo 968 Nº 3 CC declara indigno de suceder al difunto como
heredero o legatario, al consanguíneo dentro del sexto grado inclusive, que en
el estado de demencia o destitución del causante, no lo socorrió, pudiendo.
De igual forma, el artículo 324 CC establece que en el caso de injuria atroz,
cesará la obligación de prestar alimentos, agregando el precepto que constituyen
injuria atroz precisamente las conductas descritas en el artículo 968 CC. Por
ende, el hijo que no socorrió al padre o a la madre perderá el derecho a pedir
alimentos a sus progenitores. Con todo, si la conducta del alimentario (el hijo
en este caso) fuere atenuada por circunstancias graves en la conducta del
alimentante (el padre o madre, en este caso), podrá el juez moderar el rigor del
artículo 324 CC.
Finalmente, el artículo 1208 Nº 2 CC faculta al ascendiente para desheredar al
descendiente que en tales circunstancias no lo socorrió, pudiendo.
2.- DEBERES DE LOS PADRES PARA CON SUS HIJOS.
Tales deberes-derechos se traducen en cuatro acciones: criar, corregir, educar y
establecer a los hijos. Los tres primeros son de carácter imperativo, y por ende,
propiamente deberes, mientras que el último, es facultativo.
a) El deber de criar a los hijos.
Ya hemos señalado que en la crianza y educación de los hijos, los padres no
solamente deben velar por el interés superior de los hijos (art. 222 inc. 1º CC),
sino que además deben sujetarse en esa tarea al principio de “corresponsabilidad
parental”, que aparece consagrado en el artículo 224 inciso 1º CC que señala:
“Toca de consuno a los padres, o al padre o madre sobreviviente, el cuidado
personal de sus hijos. Este se basará en el principio de corresponsabilidad, en
virtud del cual ambos padres, vivan juntos o separados, participarán en forma
activa, equitativa y permanente en la crianza y educación de sus hijos”.
Esto viene a reafirmar que los hijos son responsabilidad del padre y de la madre,
especialmente en lo que se refiere a su crianza y educación, en la que deben
participar en forma “activa, equitativa y permanente”.
Al actuar de este modo, ninguno de los padres puede imponer su parecer por
sobre el del otro, pues lo equitativo supone igualdad entre ambos en la adopción
de las decisiones que conciernan al hijo común; y todo ello de manera sostenida
en el tiempo.
b) El deber de educar a los hijos.
Este derecho-deber se encuentra íntimamente ligado al anterior. Podría
afirmarse que una cosa lleva a la otra: el deber de criar implica el deber de
educar. Tiene su fuente principal en el artículo 236 CC que señala: “Los padres
tendrán el derecho y el deber de educar a sus hijos, orientándolos hacia su pleno
desarrollo en las distintas etapas de su vida”. Esto es coincidente con lo
prevenido en el artículo 222 CC cuando señala que este deber incluye el de
procurar “su mayor realización espiritual y material posible”.
El derecho preferente y el deber de los padres de educar a sus hijos tiene además
consagración constitucional en el artículo 19 Nº 10 de la Constitución Política
de la República que señala: “Los padres tienen el derecho preferente y el deber
de educar a sus hijos. Corresponderá al Estado otorgar especial protección al
ejercicio de este derecho”.
Antes hemos dicho que los gastos de educación, crianza y establecimiento de
los hijos son de cargo de la sociedad conyugal (art. 230 CC). Si no hubiere
sociedad conyugal los padres contribuirán en proporción a sus facultades
económicas. Y si el hijo tiene bienes propios, estos gastos pueden sacarse de
esos bienes (art. 231 CC).
En caso de encontrarse separados los padres, los gastos de educación y crianza
van a formar parte de los alimentos, los que como sabemos se deben hasta que
el hijo cumpla 21 años, a menos que se encuentre estudiando una profesión u
oficio, ya que en este caso se deben hasta los 28 (art. 332 CC).
Según el artículo 233 CC: “En caso de desacuerdo entre los obligados a la
contribución de los gastos de crianza, educación y establecimiento del hijo, ésta
será determinada de acuerdo a sus facultades económicas por el juez, el que
podrá de tiempo en tiempo modificarla, según las circunstancias que
sobrevengan”.
Finalmente, no hay que olvidar que la obligación de alimentar y educar al hijo
que carece de bienes pasa, por la insuficiencia de los padres, a sus abuelos, por
una y otra línea (art. 232 CC).
Situación del hijo abandonado.
El artículo 240 CC establece que: “Si el hijo abandonado por sus padres
hubiere sido alimentado y criado por otra persona, y quisieren sus padres
sacarle del poder de ella, deberán ser autorizados por el juez para hacerlo, y
previamente deberán pagarle los costos de su crianza y educación, tasados
por el juez” (inc. 1º) A continuación el precepto señala que: “El juez sólo
concederá la autorización si estima, por razones graves, que es de conveniencia
para el hijo” (inc. 2º). En consecuencia, el tribunal sólo deberá devolver el hijo
a sus padres cuando ello fuere conveniente para el hijo. No interesa para estos
efectos el interés de los padres, ni tampoco el interés de la persona que haya
tenido al menor bajo su cuidado.
Es extraño que se condicione la devolución del hijo al pago de los costos de
crianza y educación. Es una especie de derecho legal de retención que recae
sobre la persona del menor, lo que no parece tolerable, más aun cuando el
derecho a reembolso parece ser más importante que la conveniencia para el
menor. Quizá debió eliminarse la condición de que el pago fuere previo.
Digamos finalmente que según el artículo 47 de la Ley de Menores “El solo
hecho de colocar al menor en casa de terceros no constituye abandono para
los efectos del artículo 240 del Código Civil”.
Situación del hijo al que alimenta un tercero.
El artículo 241CC trata de la situación del hijo menor que se ausenta de su casa
y que es auxiliado por terceros para que pueda subsistir.
Dice la norma: “Si el hijo de menor edad ausente de su casa se halla en urgente
necesidad, en que no puede ser asistido por el padre o madre que tiene su
cuidado personal, se presumirá la autorización de éste o ésta para las
suministraciones que se le hagan, por cualquier persona, en razón de
alimentos, habida consideración de su posición social” (inc. 1º). Luego
continúa el precepto: “El que haga las suministraciones deberá dar noticia de
ellas al padre o madre lo más pronto que fuese posible. Toda omisión
voluntaria en este punto hará cesar la responsabilidad [del padre o de la
madre]” (inc. 2º). Finalmente señala: “Lo dicho del padre o madre en los
incisos precedentes se extiende en su caso a la persona a quien, por muerte o
inhabilidad de los padres, toque la sustentación del hijo” (inc. 3º).
En definitiva, esta disposición contempla una presunción en el sentido de que
el padre, la madre o la persona que tiene al menor a su cuidado, autorizó al
menor para efectuar las adquisiciones que se le hicieron en razón de alimentos,
y por la misma razón deben responder de su pago. Se trata de una presunción
simplemente legal que para que opere supone el cumplimiento de los siguientes
requisitos:
i) Un menor ausente de la casa de su padre, madre o persona que lo tenga
a su cuidado;
ii) Que el menor se encuentre en urgente necesidad;
iii) Que no esté en condiciones de ser asistido por el padre, madre o por
la persona bajo cuyo cuidado está;
iv) Que un tercero haga al menor suministraciones a título de alimentos,
y
v) Que el que haga las suministraciones dé noticia al padre o madre lo
más pronto posible, de lo contrario el padre, la madre o Si por muerte
o inhabilidad de los padres, éstos faltaren, la noticia deberá darse a
quien corresponda la sustentación del menor.
c) El deber de corregir a los hijos.
Esta materia está regulada por el artículo 234 CC que establece: “Los padres
tendrán la facultad de corregir a los hijos, cuidando que ello no menoscabe su
salud ni su desarrollo personal”.
El precepto se encarga de aclarar que: “Esta facultad excluye toda forma de
maltrato físico y sicológico y deberá, en todo caso, ejercerse en conformidad a
la ley y a la Convención sobre los Derechos del Niño”.
En el inciso 2º del precepto citado se declara que: “Si se produjere tal
menoscabo o se temiese fundadamente que ocurra, el juez, a petición de
cualquiera persona o de oficio, podrá decretar una o más de las medidas
cautelares especiales del artículo 71 de la Ley Nº 19.968, con sujeción al
procedimiento previsto en el Párrafo primero del Título IV de la misma ley…”.
El inciso final de este precepto ya lo hemos cometado. Contiene la facultad de
los padres para pedirle al tribunal que disponga sobre la vida futura del hijo.
III.- EL CUIDADO PERSONAL DE LOS HIJOS
El cuidado personal de los hijos se refiere a los cuidados y atenciones diarias y
habituales del menor. Involucra las decisiones que se deben adoptar en la
convivencia habitual entre padres e hijos.
Este derecho-deber le corresponde a los padres, cualquiera sea su situación
convivencial, esto es, ya sea que vivan juntos o separados. Sin embargo, la ley
atiende a la situación en que pueden encontrarse los padres y a la relación
paterno o materno filial en que se encuentran los hijos para atribuir la titularidad
del cuidado personal. Desde esta manera, las situaciones que pueden
distinguirse son las siguientes:
1) Padre y madre están casados y viven juntos. Conforme al artículo 224 CC
toca de consuno a los padres, o al padre o madre sobrevivientes, el cuidado
personal de sus hijos. Si uno de los padreas fallece, el cuidado personal de los
hijos corresponde al otro padre o madre.
2) Padres viven separados. Conforme al artículo 225 CC los pares pueden
determinar de común acuerdo que el cuidado personal de los hijos corresponda
al padre, a la madre o a ambos en forma compartida. Al cuidado personal
compartido nos referiremos más adelante.
A falta de acuerdo los hijos continúan bajo el cuidado personal del padre o de
la madre que estuvieren conviviendo al momento de la separación.
Lo anterior debe entenderse sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 226 CC
que permite al juez, en casos de inhabilidad física o moral de ambos padres,
conferir el cuidado personal de los hijos a otra persona o personas competentes,
velando primordialmente por el interés superior del niño, de acuerdo con los
criterios legales, que se verán más adelante.
En resumen, son tres las reglas de atribución del cuidado personal de los
hijos que contiene el artículo 225 CC, a saber:
1) Atribución convencional:
Permite, mediante un acuerdo solemne, que los padres convengan el cuidado
personal para cualquiera de ellos o un ejercicio compartido. Este acuerdo debe
otorgarse por escritura pública o acta extendida ante cualquier oficial del
Registro Civil, y debe ser subinscrito al margen de la inscripción de nacimiento
del hijo dentro de los 30 días subsiguientes a su otorgamiento. Para revocar o
modificar el acuerdo deben cumplirse las mismas solemnidades. Este acuerdo
debe contener además un pacto sobre la relación directa y regular del padre o
madre que no tiene el cuidado personal con los hijos, con lo cual se asegura el
derecho del niño a relacionarse siempre con ambos progenitores.
En el marco de un proceso judicial pueden alcanzarse acuerdos sobre cuidado
personal en un proceso de mediación con aprobación judicial (art. 106 LTF); o
mediante conciliación o avenimiento (art. 21 LMC y 61.5 LTF). Estos acuerdos
deben subinscribirse al margen de la inscripción de nacimiento del hijo dentro
del plazo de 30 días de otorgamiento (art. 225 CC).
Hay que recordar que en estos acuerdos, cuando se otorga el cuidado personal
a uno de los padres, debe también pactarse obligatoriamente la frecuencia y
libertad con que el padre o madre que no tiene el cuidado personal mantendrá
una relación directa y regular con los hijos (art. 225 inc. 1º CC).
Además, toda resolución judicial que apruebe una forma de cuidado personal
exclusivo deberá asegurar la mayor participación y corresponsabilidad de
ambos padres en la vida del hijo, estableciendo las condiciones que fomenten
una relación sana y cercana del hijo con sus padres (art. 229 inc. 4º CC).
2) Atribución legal.
En ciertos casos la ley atribuye el cuidado personal de los hijos en forma
automática, sin pedir el consentimiento de los padres y sin intervención del juez.
Esto se puede dar en los siguientes casos:
a) La ley atribuye a los padres de consuno el cuidado personal de sus hijos (art.
224 inc. 1º CC). Esto sucede cuando los padres viven juntos.
b) La ley atribuye al padre o madre sobreviviente el cuidado personal exclusivo
de sus hijos (art. 224 inc. 1º CC)
c) La ley atribuye al padre o madre que ha reconocido voluntariamente a un hijo
el cuidado personal exclusivo de ese hijo si no ha sido reconocido por el otro
progenitor (art. 224 inc. 2º CC)
d) La ley le atribuye supletoriamente el cuidado personal exclusivo del hijo
a aquel de los padres con quién se encuentran conviviendo (art. 225 inc. 3º).
Esta atribución es supletoria e la voluntad de ambos padres.
3) Atribución judicial.
El cuidado personal de los hijos llega a juicio si no hay acuerdo entre los padres,
o si estos acuerdos han fallado; o si han cambiado las circunstancias que
justificaron la aceptación de un estado de cosas anterior (art. 225 inc. 4º CC).
La atribución judicial a un tercero, pariente o extraño exige siempre la
intervención judicial (art. 226 CC).
Las hipótesis de atribución judicial del cuidado personal son dos:
a) Atribución judicial a otro de los padres.
El artículo 225 inciso 4º CC comienza señalando que: “En cualesquier de los
casos establecidos en este artículo, cuando las circunstancias lo requieran y el
interés superior del hijo lo haga conveniente, el juez podrá atribuir el cuidado
personal del hijo al otro de los padres, o radicarlo en uno solo de ellos, si por
acuerdo existiere alguna forma de ejercicio compartido”.
Esto quiere decir que cualquiera sea la situación de atribución existente con
anterioridad (convencional, legal o judicial), si las circunstancias lo requieren y
es conveniente para el interés del hijo, el juez puede alterar el stus cuo vigente
y atribuir el cuidado personal del hijo al otro padre.
Lo anterior guarda armonía con lo prevenido en el artículo 242 CC que
previene: Las resoluciones del juez bajo los respectos indicados en las reglas
anteriores se revocarán por la cesación de la causa que haya dado motivo a
ellas, y podrán también modificarse o revocarse, en todo caso y tiempo, si
sobreviene motivo justo, y se cumple con los requisitos legales. En todo caso,
para adoptar sus resoluciones el juez atenderá, como consideración
primordial, al interés superior del hijo, y tendrá debidamente en cuenta sus
opiniones, en función de su edad y madurez.
En consecuencia, el padre demandante debe hacer valer circunstancias, justos
motivos, para que se modifique o revoque el estado de cosas. En definitiva,
deben existir circunstancias que lo requieran, todo lo cual debe ser probado.
Siempre que el juez atribuya el cuidado personal del hijo a uno de los padres,
deberá establecer, de oficio o a petición de parte, en la misma resolución, la
frecuencia y libertad con que el otro padre o madre que no tiene el cuidado
personal mantendrá una relación directa y regular con los hijos. En ningún caso
el juez podrá fundar exclusivamente su decisión en la capacidad económica de
los padres.
Para verificar que se satisface el interés superior del niño, el artículo 225-2 CC
contiene una serie de orientaciones que el juez debe ponderar al momento de
tomar la decisión de atribuir el cuidado personal al otro progenitor. Tales son:
- La vinculación afectiva entre el hijo y sus padres, y demás personas de su
entorno familiar.
- La aptitud de los padres para garantizar el bienestar del hijo y la posibilidad
de procurarle un entorno adecuado, según su edad.
- La contribución a la mantención del hijo mientras estuvo bajo el cuidado
personal del otro padre, pudiendo
hacerlo.
- La actitud de cada uno de los padres para cooperar con el otro, a fin de asegurar
la máxima estabilidad al hijo y garantizar la relación directa y regular, para lo
cual considerará especialmente lo dispuesto en el inciso quinto del artículo 229.
- La dedicación efectiva que cada uno de los padres procuraba al hijo antes de
la separación y, especialmente, la que pueda seguir desarrollando de acuerdo
con sus posibilidades.
- La opinión expresada por el hijo.
- El resultado de los informes periciales que se haya ordenado practicar.
- Los acuerdos de los padres antes y durante el respectivo juicio.
- El domicilio de los padres.
- Cualquier otro antecedente que sea relevante atendido el interés superior del
hijo.
b) Atribución judicial a un tercero.
El artículo 226 CC contempla la posibilidad de que el juez le confíe el cuidado
personal de los hijos a otra persona o personas competentes, en el caso de
inhabilidad física o moral de ambos padres (presupuesto de la acción), velando
primordialmente por el interés superior del niño conforme a los criterios
establecidos en el artículo 225-2 CC, antes mencionados (criterio judicial).
Hay que aclarar, sin embargo, que en estos juicios no es suficiente el interés
superior del niño de acuerdo a estos criterios. Es necesario demostrar la
inhabilidad física o moral de ambos padres, es decir, la falta de idoneidad para
el cuidado personal de sus hijos.
Con esta exclusiva finalidad, el artículo 226 CC debe concordarse con el
artículo 42 de la Ley de Menores (Nº 16.618). Esta norma expresa que “para el
sólo efecto del artículo 226 del Código Civil se entenderá que uno o ambos
padres se encuentran en el caso de inhabilidad física o moral”, señalando luego
las siguientes situaciones:
i) Cuando estuvieren incapacitados mentalmente;
ii) Cuando padecieren de alcoholismo crónico;
iii) Cuando no velaren por la crianza, cuidado personal o de la educación del
hijo;
iv) Cuando consintieren en que el hijo se entregue en la vía pública o en lugares
públicos a la vagancia o a la mendicidad, ya sea en forma franca o a pretexto de
profesión u oficio;
v) Cuando hubieren sido condenados por secuestro o abandono de menores;
vi) Cuando maltrataren o dieren malos ejemplos al menor, o cuando la
permanencia de éste en el hogar constituyere un peligro para su moralidad, y;
vii) Cuando cualesquiera otras causas coloquen al menor en peligro moral o
material.
Se trata de presunciones de inhabilidad física o moral de los padres (“se
entenderá que…”).
Señala el artículo 226 CC que en la elección de las personas a quienes se
confiará el cuidado personal de los hijos, se preferirá a los consanguíneos más
próximos y, en especial, a los ascendientes, al cónyuge o al conviviente civil
del padre o madre, según corresponda. Además el juez puede disponer que se
oiga la opinión del niño según su edad y madurez.
Si el cuidado personal es confiado a un tercero, el juez debe pronunciarse sobre
la emancipación judicial del menor (art. 271 inc. 4º CC). Y cesando la patria
potestad corresponde el nombramiento de un tutoro curador (art. 428 y 235 CC).
A modo de resumen:
Situaciones especiales en que el cuidado personal le corresponde a uno de
los padres:
a) Le corresponde al padre o madre sobreviviente el cuidado personal exclusivo
de los hijos (art. 224 inciso 1º CC)
b) Cuando el hijo ha sido reconocido voluntariamente por uno solo de sus
progenitores, corresponde a éste el cuidado personal exclusivo del hijo (art. 224
inciso 2º CC)
c) Cuando los padres viven separados y han convenido que tenga el cuidado
personal uno de ellos en forma exclusiva.
d) En la misma situación anterior, si no hay acuerdo entre los padres, tiene el
cuidado personal exclusivo del hijo aquel de los padres con quién de hecho esté
conviviendo (art. 225 inciso 3º CC)
IV.- EL CUIDADO PERSONAL COMPARTIDO
Es una forma en que puede ejercerse el cuidado personal de los hijos cuando los
padres no viven juntos.
La ley lo define como “un régimen de vida que procura estimular la
corresponsabilidad de ambos padres que viven separados, en la crianza y
educación de los hijos comunes, mediante un sistema de residencia que asegure
su adecuada estabilidad y continuidad” (art. 225 inciso 2º CC).
Las convenciones o acuerdos sobre cuidado personal compartido tienen por
efecto automático el ejercicio conjunto de la patria potestad (art. 245, inc. 1º
CC).
Nuestro ordenamiento ha establecido como única fuente de esta modalidad de
cuidado el acuerdo de los padres, sin que pueda ser impuesta por el juez o el
legislador en contra de la voluntad de quienes luego tendrán que ejercerla.
La ley no se inclina por un sistema específico de residencia o modalidad de
custodia compartida. Por lo tanto, podría darse una alternancia física de
residencia más o menos preestablecida del menor en los domicilios de cada uno
de sus padres, en la épocas y por los tiempos que ellos acuerden.
Procedimiento
En las materias a que se refieren los casos precedentemente indicados, el juez
oirá a los hijos y a los parientes.
Las resoluciones que se dicten, una vez ejecutoriadas, se subinscribirán en la
forma y plazo que establece el artículo 225 (art. 227 inc. 2º). Es decir, deberán
subincribirse al margen de la inscripción de nacimiento del niño dentro de los
30 días subsiguientes a su otorgamiento.
El juez podrá apremiar en la forma establecida en el artículo 543 del Código de
Procedimiento Civil (la referencia debe entenderse hecha al inciso 1º de este
precepto), a quien fuere condenado por resolución judicial que cause ejecutoria,
a hacer entrega del hijo y no lo hiciere o se negare a hacerlo en el plazo que se
hubiere determinado para estos efectos. En igual apremio incurrirá el que
retuviere especies del hijo y se negare a hacer entrega de ellas a requerimiento
del juez ( art. 227 CC).
Estos juicios sólo producen cosa juzgada formal, pues pueden modificarse las
resoluciones que se dicten siempre que se demuestre un cambio de
circunstancias, según lo prevenido en el artículo 242 CC.
V.- LA RELACIÓN DIRECTA Y REGULAR
1) Conceptos generales.
Es un derecho del padre o de la madre que no tiene el cuidado personal del hijo
para relacionarse con él; y también es un derecho del hijo a relacionarse con sus
padres (principio de coparentalidad). Su fundamento se encuentra en la relación
de filiación que une a padres e hijos.
El artículo 229 CC establece que: “El padre o madre que no tenga el cuidado
personal del hijo tendrá el derecho y el deber de mantener con él una relación
directa y regular”.
En el inciso segundo la ley se encarga de definir la relación directa y regular, al
señalar que: “Se entiende por relación directa y regular aquella que propende
a que el vínculo familiar entre el padre o madre que no ejerce el cuidado
personal y su hijo se mantenga a través de un contacto periódico y estable”.
El derecho de relación directa y regular cobra relevancia y notoriedad cuando
los padres viven separados y por tanto no pueden convivir ambos
simultáneamente con el hijo, ya sea porque sólo uno de los padres tiene
atribuido el cuidado personal, o bien porque lo tiene un tercero.
Son titulares recíprocos del derecho el padre o madre que no tiene atribuido el
cuidado personal del hijo y el hijo menor de edad. Y el derecho se ejerce
respecto de quién tiene atribuido el cuidado personal del menor.
El artículo 229-2 CC hace extensivo este derecho a mantener una relación
directa y regular a los abuelos, lo que permite que el niño mantenga vínculos
con su familia extendida. Finalmente, la Ley de Menores faculta también a otros
parientes para visitar al niño, previa audiencia de los padres y de la persona que
tenga al niño a su cuidado, cuando aparezca de manifiesto la conveniencia para
el menor (art. 48 LM).
2) Formas de determinarla
El artículo 229 CC, después de señalar que el padre o madre que no tenga el
cuidado personal del hijo tiene el derecho y el deber de mantener con él una
relación directa y regular, aclara que ésta se ejercerá con la frecuencia y libertad
acordada directamente con quien lo tiene a su cuidado según las convenciones
a que se refiere el inciso primero del artículo 225 o, en su defecto, con las que
el juez estimare conveniente para el hijo.
La relación directa y regular puede ser acordada convencionalmente o
judicialmente.
a) Convencionalmente entre quienes tienen al niño a su cuidado (padre o
madre, abuelos, otros parientes) con el padre, la madre o el tercero que la
pretenda ejercer. Estos acuerdos pueden también estar contenidos en aquellos
acuerdos que tienen por objeto el cuidado personal de los hijos. Recordemos
que el artículo 255 CC previene que en dichos acuerdos se establecerá la
frecuencia y libertad con que el padre o madre que no tiene el cuidado personal,
mantendrá una relación directa y regular con los hijos.
b) Judicialmente, cuando a falta de acuerdo, el que pretende tener una relación
directa y regular con el niño, demanda al que tiene el cuida do personal para que
el juez regule ese derecho.
El artículo 229 CC contiene una serie de criterios y orientaciones para la
regulación judicial del régimen de relación directa y regular:
i) El interés superior del niño, criterio que si bien no aparece enumerado, si
está mencionado expresamente en el precepto, antes de la enumeración
(“…velando por el interés superior de este último…”).
ii) El derecho del menos a ser oído, que el juez debe respetar.
iii) El respecto que debe tener el juez a la evolución de las facultades del
menor. Esto se relaciona con la edad del menor, lo que sin duda incidirá en la
frecuencia y libertad que se conceda a quién ejerza este derecho.
iv) La vinculación afectiva entre el hijo y su padre o madre, según
corresponda, y la relación con sus parientes cercanos. Es decir la relación de
confianza y cariño que tenga el hijo con el progenitor y su familia.
v) El régimen de cuidado personal a que está sujeto el hijo. Por ejemplo, si
corresponde exclusivamente a uno de los padres o a un tercero, o bien, se trata
de un régimen de cuidado compartido.
vi) El juez puede considerar cualquier otro elemento de relevancia en
consideración al interés superior del hijo.
Sea que se hay decretado judicialmente el régimen de relación directa y regular
o en base a la aprobación de acuerdos de los padres, el juez deberá asegurar la
mayor participación y corresponsabilidad de éstos en la vida del hijo,
estableciendo las condiciones que fomenten una relación sana y cercana.
Además el artículo 229 CC previene que: “El padre o madre que ejerza el
cuidado personal del hijo no obstaculizará el régimen de relación directa y
regular que se establezca a favor del otro padre, conforme a lo preceptuado en
este artículo”.
Finalmente, el precepto establece que: “Se suspenderá o restringirá el ejercicio
de este derecho cuando manifiestamente perjudique el bienestar del hijo, lo que
declarará el tribunal fundadamente”.
3) Incumplimientos en materia de relación directa y regular.
El juez podrá apremiar con arrestos de hasta por 15 días (art. 543 CPC) al padre
o madre que no se allane a entregar a un hijo, o que retenga pertenencias del
hijo y se niegue a entregarlas al otro progenitor (art. 227 inciso 2º CC).
Ya hemos señalado que el padre o madre que ejerza el cuidado personal del hijo
no obstaculizará el régimen de relación directa y regular que se establezca a
favor del otro padre. En caso de incumplirse este deber el juez puede decretar
apremios contra el infractor.
Incluso, el artículo 48 de la Ley de Menores autoriza al padre o madre
favorecido con un régimen de relación directa y regular, para solicitarle al juez
que ordene la recuperación del tiempo no utilizado debido a un entorpecimiento
imputable a la persona a cuyo cuidado se encuentre el menor.
Por su parte, el artículo 49 de la Ley de Menores establece que el padre o madre
que tiene establecido un régimen de relación directa y regular podría perder el
derecho que tiene de autorizar la salida de menores al extranjero, si no cumple
regularmente con dicho régimen.
V.- LA PATRIA POTESTAD
1) Concepto y generalidades
El artículo 243 CC define la patria potestad como:
“El conjunto de derechos y deberes que corresponden al padre o a la madre
sobre los bienes de sus hijos no emancipados”.
Como se puede apreciar, nuestro Código restringe la patria potestad al ámbito
patrimonial en la relación paterno filial, cuestión que no es igual en la
generalidad de los Códigos del s. XIX, los que denominan patria potestad al
conjunto de deberes y derechos entre padres e hijos, tanto personales como
patrimoniales.
2) Hijos sujetas a patria potestad.
a) Todos los hijos no emancipados, sean de filiación matrimonial o no
matrimonial. El único límite que pone el artículo 243 CC es la emancipación de
los hijos, sin distinguir su filiación. Por cierto que si la filiación es no
matrimonial, la patria potestad la ejercerá el padre o madre que haya reconocido
voluntariamente al hijo.
b) Los hijos adoptados (art. 37 Ley de Adopción)
c) El hijo que está por nacer, en cuanto a sus derechos eventuales (art. 243
inc. 2º CC).
3) Hijos no sujetos a patria potestad.
No están sujetos a patria potestad:
a) Los menores de filiación no determinada (art. 248 CC)
b) Los hijos cuya filiación ha sido determinada en juicio contra la oposición del
demandado (art. 203 y 248 CC)
c) Los hijos sujetos al cuidado personal de terceros, parientes o extraños, a
consecuencia de la inhabilidad física o moral de ambos padres (art. 226 y 271
Nº 4 CC)
d) Los hijos cuyos padres tienen suspendido el derecho a ejercer la patria
potestad, por ejemplo, por menor edad. (art. 268 CC)
e) Los menores emancipados por resolución judicial por maltrato habitual, por
abandono o por condena que merezca pena aflictiva aunque recaiga indulto
sobre a pena (art. 271 Nº 1º, 2º y 3º CC)
En todos estos casos deberá nombrarse un tutor o curador a estos menores para
que los represente legalmente y administre sus bienes (art. 248 y 273 CC)
Todas las resoluciones judiciales relativas a estas materias deberán
subinscribirse al margen de la inscripción de nacimiento del hijo (art. 271 CC).
4) Titulares de la patria potestad
El artículo 244 CC dice que la patria potestad será ejercida por el padre o la
madre o ambos conjuntamente, según convengan; que a falta de acuerdo toca al
padre y a la madre en conjunto el ejercicio de la patria potestad; y que el juez,
en ciertos casos, podrá confiar el ejercicio de la patria potestad al padre o madre
que carecía de él, o radicarlo en uno solo de los padres, si la ejercieren
conjuntamente.
De lo anterior se desprende que la atribución de la patria potestad de los hijos
puede ser convencional, legal o judicial.
Cabe señalar además que será indiferente el régimen de bienes que pudiese
existir entre los padres, en el caso de estar casados (art. 247).
a) Atribución convencional de la patria potestad
Los padres pueden acordar que la patria potestad la ejerza exclusivamente la
madre o el padre, o que la ejerzan ambos conjuntamente (art. 244 inc. 1º CC).
Este acuerdo es solemne, siendo la solemnidad el que se haga por escritura
pública o en acta extendida ante cualquier oficial del Registro Civil, subinscrita
al margen de la inscripción de nacimiento del hijo dentro de los 30 días
siguientes a su otorgamiento (art. 244 inc. 1º CC).
b) Atribución legal (supletoria) de la patria potestad
Si no hay acuerdo, hay que distinguir si los padres que viven juntos o separados.
i) Si los padre viven juntos, la ley le atribuye la patria potestad a ambos
conjuntamente (art. 244 CC). Esto armoniza con la situación de tener ambos el
cuidado personal de sus hijos (art. 224 inc. 1º CC).
Con todo, los padres podrán actuar indistintamente (es decir,
separadamente) en los actos de mera conservación. Respecto del resto de los
actos se requerirá actuación conjunta (art. 244 inc. 3º).
Se entiende por actos de mera conservación aquellos actos de mera
administración, destinados a evitar la pérdida, menoscabo o disminución del
valor de los bienes del menor. Los actos conservativos pueden ser materiales o
jurídicos. Es un acto conservativo material, por ejemplo, ejecutar mejoras
necesarias en una vivienda; es un acto conservativo jurídico, por ejemplo,
interponer una querella posesoria. Esta conclusión se obtiene de la aplicación
de los artículos 391CC (en las normas de las guardas) y 2132 CC (en las normas
del mandato) pues ambos se refieren a actos conservativos.
Se entiende por “resto de los actos” aquellos actos de disposición, mediante
los cuales se enajenen bienes del menor y por tanto provocan una disminución
de su patrimonio, para lo cual se requerirá actuación conjunta.
En caso de desacuerdo de los padres, o cuando uno de ellos esté ausente o
impedido o se negare injustificadamente, se requerirá autorización judicial
(artículo 244, inciso 3º CC).
Además, tratándose de bienes raíces o de derechos hereditarios, éstos no se
podrán enajenar ni gravar sin autorización del juez con conocimiento de causa
(art. 254 CC).
Una excepción al sistema general sobre los actos que pueden realizar por
separado los padres no existiendo acuerdo, encontramos en la Ley número
20.679, publicada en el Diario Oficial de fecha 1 de julio de 2013, que modificó
la Ley General de Bancos y al Decreto Ley número 2.079, del Ministerio de
Hacienda, del año 1978, en lo que concierne a la apertura de una cuenta de
ahorro a favor del hijo. Para tal efecto, se agregó a la Ley General de Bancos
(Decreto con Fuerza de Ley número 3 del Ministerio de Hacienda, del año 1997)
el siguiente artículo 156 bis: “Las cuentas de ahorros para menores de edad,
ofrecidas por los bancos regidos por esta ley, podrán ser abiertas por el padre
o la madre, con independencia de quien tenga la patria potestad del menor de
edad”. En el mismo sentido, se agregó al artículo 35 del Decreto Ley número
2.079, un inciso final del siguiente tenor: “Con independencia de quien tenga
la patria potestad, la madre también podrá abrir cuentas de ahorro a favor de
su hijo menor de edad”.
ii) Si los padres viven separados, la titularidad de la patria potestad le
corresponderá a aquel de los padres que tenga el cuidado personal de los hijos
Dice el inciso 1º el artículo 245 CC que: “Si los padres viven separados, la
patria potestad será ejercida por aquel que tenga a su cargo el cuidado
personal del hijo, o por ambos, de conformidad al artículo 225”. Es decir,
tienen la patria potestad de los hijos el padre o madre con quién estén
conviviendo; y ambos padres conjuntamente si han pactado alguna forma de
cuidado personal compartido, o en cualquier caso, cuando así lo acuerden.
Como se puede apreciar, la ley permite que viviendo separados los padres, ellos
puedan acordar un ejercicio conjunto de la patria potestad, tengan o no el
cuidado personal compartido de los hijos.
Finalmente, en defecto del padre o madre que tuviere la patria potestad (por
ejemplo por muerte del padre o madre) los derechos y deberes corresponderán
al otro de los padres (art. 244, inciso 5º).
c) Atribución judicial de la patria potestad
Las hipótesis anteriores pueden variar, por resolución judicial. En efecto,
cuando el interés del hijo lo haga indispensable, a petición de uno de los padres,
el juez podrá confiar el ejercicio de la patria potestad al padre o madre que
carecía de él, o radicarlo en uno solo de los padres, si la ejercieren
conjuntamente.
Ejecutoriada la resolución, se subinscribirá al margen de la inscripción de
nacimiento del hijo, dentro del plazo de 30 siguientes a su otorgamiento (art.
244, inciso 4º CC).
5.- Oponibilidad a terceros de acuerdos o resoluciones sobre patria
potestad.
El artículo 246 CC señala que: “Mientras una subinscripción relativa al
ejercicio de la patria potestad no sea cancelada por otra posterior, todo nuevo
acuerdo o resolución será inoponible a terceros”.
VI.- ATRIBUTOS DE LA PATRIA POTESTAD.
La patria potestad de los padres comprende tres importantes facultades que se
denominan “atributos”. Los atributos de la patria potestad son:
1) derecho legal de goce (usufructo) del padre sobre ciertos bienes del hijo;
2) administración de los bienes del hijo, y
3) representación legal del menor.
1) DERECHO LEGAL DE GOCE (USUFRUCTO LEGAL)
El legislador precisa que “el derecho legal de goce recibe también la
denominación de usufructo legal del padre o madre sobre los bienes del
hijo…”, agregando que “en cuanto convenga a su naturaleza, se regirá
supletoriamente por las normas del Título IX del Libro II”, esto es, por las
reglas del derecho real de usufructo (art. 252 inc. final).
El mismo precepto, en su inciso primero define el derecho legal de goce,
diciendo que: “…consiste en la facultad de usar los bienes del hijo y percibir
sus frutos, con cargo de conservar la forma y substancia de dichos bienes y de
restituirlos, si no son fungibles; o con cargo de volver igual cantidad y calidad
del mismo género, o de pagar su valor, si son fungibles”.
No hay dudas que esta definición se inspira en la del derecho real de usufructo
contenida en el artículo 764 CC.
a) Características del derecho legal de goce.
Este derecho legal de goce se caracteriza porque:
i) Es un derecho personalísimo (art. 252 inc. 1º CC);
ii) Es inembargable (art. 2466 inciso final);
iii) No obliga a rendir fianza o caución de conservación y restitución ni tampoco
a hacer inventario solemne, sin perjuicio de lo dispuesto e el artículo 124 CC.
Esto significa que en caso de que enviudare quien gozare del derecho de
usufructo, para contraer nuevas nupcias deberá proceder al inventario solemne
de los bienes del menor (art. 252 inc. 2º CC).
iv) El padre o madre que tenga el derecho legal de goce deberá llevar una
descripción circunstanciada de los bienes que comprende el derecho desde que
entre a gozar de ellos (art. 252 inc. 2º CC)
v) Si quien goza del derecho legal de goce es la madre casada en régimen de
sociedad conyugal, se considerará separada de bienes respecto de su ejercicio y
de lo que en él obtenga, rigiéndose esta separación por el artículo 150 (art. 252
inc. 3º CC). Esto para evitar que los frutos ingresen a la socedad conyugal y
pasen a sr administrados por el marido. Esta solución legal le permite a la mujer
casada en sociedad conyugal administrar separadamente los frutos provenientes
del derecho legal de goce.
vi) Si la patria potestad la ejercen conjuntamente ambos padres, el derecho legal
de goce se distribuirá en la forma que ellos lo tengan acordado. A falta de
acuerdo se dividirá por partes iguales (art. 252 inc. 4º CC).
b) Bienes sobre los que recae el derecho legal de goce.
Dice el artículo 250 CC que: “La patria potestad confiere el derecho legal de
goce sobre todos los bienes del hijo”. Sin embargo, quedan excluidos los
siguientes bienes del hijo:
i) Bienes que integran el peculio profesional o industrial del hijo. Dice el
artículo 250 Nº 1CC: Exceptúanse “1º Los bienes adquiridos por el hijo en el
ejercicio de todo empleo, oficio, profesión o industria. Los bienes
comprendidos en este número forman su peculio profesional o industrial”.
Por su parte, el artículo 251 CC señala que: “El hijo se mirará como mayor de
edad para la administración y goce de su peculio profesional o industrial, sin
perjuicio de lo dispuesto en el artículo 254”. Por lo tato, respecto de estos
bienes, el goce lo tiene el hijo. Se deben tener en cuenta las normas relativas al
trabajo de los menors de edad contenidas en el Código del Trabajo.
ii) Bienes adquiridos por el hijo a título de donación, herencia o legado,
cuando el donante o testador ha estipulado que no tenga el goce o la
administración quien ejerza la patria potestad; o haya impuesto la condición de
obtener la emancipación; o haya dispuesto expresamente que tenga el goce de
esos bienes el hijo (art. 250 Nº 2 CC). Esto es lo que se denomina “peculio
adventicio ordinario”.
Para que estemos en esta situación de exclusión del derecho legal de goce es
necesario que se presenten las siguientes situaciones:
- Que el donante o testador haya impuesto la condición de que no tenga el goce
o la administración el padre o la madre que ejerce la patria potestad; o
- Que el donante o testador haya impuesto la condición de que el hijo obtenga
la emancipación; o
- Que el donante o testador haya impuesto la condición de que el goce de estos
bienes lo tenga el hijo (art. 250 Nº 2 CC)
En el primer caso, el goce pasará al otro de los padres que no tenga la patria
potestad, y será éste quién tenga el goce y administración de estos bienes.
En el segundo y tercer caso el goce pasarán al hijo y se le nombrará un curador
para la administración (art. 253 inc. 2º y 258 CC).
iii) Las herencias o legados que hayan pasado al hijo por incapacidad,
indignidad o desheredamiento del padre o madre que tiene la patria
potestad, caso en que el goce corresponderá al hijo o al otro padre (art. 250 Nº
3 CC). Esto es lo que se llama “peculio adventicio extraordinario”.
Al igual que en el caso anterior, el derecho de goce de estos bienes pasa al otro
de los padres que no tiene la patria potestad. Y si ambos padres están
inhabilitados, el goce le corresponderá al hijo y se le nombrará un curador para
la administración (art. 253 inc. 2º y 258 CC).
El fundamento de la ley para privar al padre o madre a quien correspondería
ejercer el derecho legal de goce de dicha facultad en los casos de los números 2
y 3 del artículo 250 CC, reside en que no puede permitirse que el padre o madre
se beneficie a través del mencionado derecho legal de goce, de una herencia o
legado que no ha podido recibir directamente, por las causas señaladas.
iv) Bienes del hijo sacados por resolución judicial de la administración del
padre o madre, por dolo o grave negligencia habitual (art. 257 CC)
Se trata de bienes que estaban en la administración del padre o madre, o de
ambos, pero son sacados de ella por resolución judicial, debido a dolo o grave
negligencia habitual. Por vía consecuencial se pierde el derecho legal de goce
sobre estos bienes, en virtud de lo prevenido en el artículo 253 CC, el que pasa
al otro padre o madre no inhabilitado, y en caso de inhabilidad de estar ambos
inhabilitados, el goce pasa al hijo, a quién se le nombra un curador para la
administración (art. 258 CC).
v) Bienes del hijo cuando se encuentra suspendida la patria potestad.
Cuando se suspende la patria potestad, la administración y goce de estos bienes
pasa al padre o madre no suspendido (art. 257 inc. 2º CC). Si está suspendida
respecto de ambos, el hijo entre en el goce de sus bienes y se nombre un curador
para la administración (art. 253 inc. 2º y 258 CC).
Paralelo del derecho legal de goce con el derecho de usufructo (Libro
profesora María Sara Rodríguez).
2) ADMINISTRACIÓN DE LOS BIENES DEL HIJO
De conformidad al artículo 253 CC, el que ejerza el derecho legal de goce sobre
los bienes del hijo tendrá también su administración; y el que se encuentre
privado de la administración también estará privado del derecho legal de goce.
Se trata, por consiguiente, de atributos vinculados, ya que por regla general le
corresponderá al padre o madre la administración de todos los bienes del hijo,
en los mismos casos en que le corresponde el derecho legal de goce sobre dichos
bienes. Y al contrario, no tendrá la administración en los casos en que esté
sustraído de tal derecho.
Es posible, sin embargo, que se tenga sólo la administración y no el derecho
legal de goce. Así se desprende de lo prevenido en el artículo 256 inciso 2º CC,
cuando señala: “La responsabilidad para con el hijo se extiende a la propiedad
y a los frutos, en aquellos bienes del hijo en que tiene la administración, pero
no el goce, y se limita a la propiedad cuando ejerce ambas facultades sobre los
bienes”.
Podría ser el caso en que el donante o testador dispuso expresamente que tenga
el goce de los bienes el hijo. En tal caso la administración podría estar en manos
de un curador y el derecho legal de goce en manos del hijo.
En síntesis, se puede tener el derecho legal de goce y la administración; también
se puede tener sólo la administración y no el derecho legal de goce. Pero resulta
discutido si se puede tener sólo el derecho legal de goce y no la administración.
Algunos sostienen que aquello no es posible porque el derecho legal de goce es
un beneficio que la ley confiere como contrapartida a la carga que supone
asumir la administración. Por ende, quien esté privado de la administración,
carecerá también del derecho legal de goce, ya que si se aceptare lo contrario,
no se tendría la carga pero sí el beneficio, lo que resulta inadmisible.
a) Facultades de administración.
Esta materia se encuentra tratada en los artículos 254 y 255 CC.
El artículo 254 señala que: “No se podrán enajenar ni gravar en caso alguno
los bienes raíces del hijo, aun pertenecientes a su peculio profesional o
industrial, ni sus derechos hereditarios, sin autorización del juez con
conocimiento de causa”.
Por su parte, el artículo 255 CC señala: “No se podrá hacer donación de
ninguna parte de los bienes del hijo, ni darlos en arriendo por largo tiempo, ni
aceptar o repudiar una herencia deferida al hijo, sino en la forma y con las
limitaciones impuestas a los tutores y curadores”.
A partir de estas disposiciones es posible distinguir las siguientes limitaciones:
i) Enajenación de bienes raíces.
De conformidad al artículo 254 CC, no se podrá enajenar ni gravar en caso
alguno los bienes raíces del hijo, aun pertenecientes a su peculio profesional o
industrial, sin autorización del juez de familia con conocimiento de causa.
No exige la ley que la venta se efectúe en pública subasta .
Aun cuando el artículo 254 CC no exige acreditar la necesidad o la utilidad
manifiesta de la enajenación, en el hecho deberá probarse, pues el juez debe
proceder con conocimiento de causa, de manera que no dará su autorización si
no se le justifica la utilidad o necesidad de la operación. El juez, al autorizar la
enajenación, fijará el precio mínimo, la forma de pago (usualmente de contado)
y el plazo dentro del cual ha de celebrarse la compraventa. Una copia de la
resolución, debidamente autorizada, suele insertarse al final de la escritura de
compraventa, para acreditar que se dio cumplimiento a la formalidad
habilitante.
Lo dicho respecto de la enajenación, se entiende también para constituir
gravámenes sobre el inmueble del hijo, como por ejemplo una hipoteca,
servidumbre, censo, etc.
ii) Cesión de los derechos hereditarios del hijo.
Exige la ley, igual que en el caso de los inmuebles, autorización judicial. Es
interesante señalar que carece de importancia la naturaleza de los bienes que
integran la herencia. Dicho de otro modo, aunque ésta sólo comprenda bienes
muebles, siempre será necesario obtener la autorización judicial para ceder el
derecho real de herencia (lo que demuestra, una vez más, que este derecho tiene
un carácter “sui géneris”, que no puede concebirse como mueble o inmueble,
sino que posee una naturaleza singular, se trata de una “universalidad jurídica”).
iii) Enajenación de bienes muebles.
El padre o madre que ejerce la patria potestad, no tiene limitaciones para
disponer de los bienes muebles del hijo o constituir gravámenes sobre los
mismos.
Cabe consignar que la ley es más estricta con el guardador, pues en el artículo
393 CC dispone que para enajenar o gravar “los muebles preciosos o que tengan
valor de afección”, se necesita obtener autorización judicial, debiendo
efectuarse la enajenación por pública subasta, igual que acontece con los
inmuebles del pupilo.
iv) Donación de los bienes raíces del hijo.
El padre o madre que ejerza la patria potestad sólo podrá donar los bienes del
hijo, conforme a las limitaciones impuestas a los guardadores (art. 255 CC).
El artículo 402 rige la materia, cuyo inciso primero prohíbe la donación de los
bienes inmuebles del pupilo, aun con autorización judicial. Si se donan, habrá
nulidad absoluta, pues se infringirá una norma prohibitiva.
v) Donación de dinero y otras cosas muebles del hijo.
En cuanto a los bienes muebles y los dineros del hijo, pueden donarse
cumpliendo con los siguientes requisitos:
- Autorización judicial;
- Dicha autorización deberá concederse por razones graves (como la de socorrer
a un consanguíneo necesitado o contribuir a un objeto de beneficencia, por
ejemplo);
- Que la donación sea proporcionada a los bienes del hijo y no menoscabe sus
capitales productivos (art. 402, inciso 2º CC).
vi) Arrendamiento de los bienes del hijo.
Esta materia está subordinada a las mismas normas que rigen para los
guardadores (artículo 255 CC en relación con el artículo 407 CC). Por lo tanto,
los predios rústicos no pueden arrendarse por más de 8 años ni los urbanos por
más de 5 años; y en ningún caso, por un plazo mayor que aquél que falte para
que el hijo llegue a la mayor edad.
La infracción de esta norma no origina la nulidad del contrato, sino la
inoponibilidad ante el hijo.
De lo expuesto, deducimos que no hay restricciones para arrendar los bienes
muebles del hijo.
vii) Limitaciones relativas a sucesiones en las que tengan interés los hijos:
- Las herencias tienen que ser aceptadas con beneficio de inventario (art. 255 y
397 CC)
- La repudiación de herencias, legados y donaciones se tiene que hacer con
autorización judicial dada con conocimiento de causa (art. 397, 1236 y 1411
CC)
- Para pedir la partición de bienes se requiere autorización judicial (art. 1322
CC)
- El nombramiento de partidor que no haya sido hecho por la justicia requiere
aprobación judicial (art. 1326 CC)
- La partición hecha por todos los interesados de común acuerdo requiere
autorización judicial (art. 1325 CC)
b) Responsabilidad que impone al padre o a la madre la administración de
los bienes del hijo.
Dispone el artículo 256 CC que el padre o madre es responsable, en la
administración de los bienes del hijo, hasta de la culpa leve.
Sobre el particular, debemos distinguir si el padre o madre tienen tanto el
derecho legal de goce como la administración, o sólo la administración:
- Si tienen la administración, pero no el goce: la responsabilidad del padre o
madre para con el hijo se extiende a la propiedad y a los frutos;
- Si tienen ambas facultades sobre los bienes del hijo: la responsabilidad se
limita exclusivamente a la propiedad. Esto se explica porque en este caso el
padre o madre se hará dueño de los frutos que produzcan los bienes del hijo.
Al término de su gestión, los padres que tengan la patria potestad deben poner
a sus hijos en conocimiento de la administración que han hecho de sus bienes
(art. 259 CC). Si resultan alcances contra el padre o madre e esta administración,
el hijo tiene contra él o ella un crédito de la cuarta clase, conforme a lo dispuesto
en el artículo 2481 Nº 4 CC.
Bien podría el hijo exigir una rendición de cuentas formal, en los términos
previstos en el artículo 693 y siguientes del Código de Procedimiento Civil,
acerca del “juicio de cuentas”.
c) Término de la administración.
Termina por las siguientes causales:
i) Emancipación del hijo: dado que pone fin a la patria potestad, y siendo la
administración una consecuencia de dicha patria potestad, termina con ella
(artículo 269).
ii) Suspensión de la patria potestad: establece el artículo 257, inciso 2º, que
se perderá también la administración si se suspende la patria potestad, en
conformidad con el artículo 267.
iii) Pérdida de la administración: habrá derecho para quitar al padre o madre,
o a ambos, la administración de los bienes del hijo, cuando se haya hecho
culpable de dolo, o de grave negligencia habitual (artículo 257, inciso 1º). Las
circunstancias anteriores deberán establecerse por sentencia judicial, la que
deberá subinscribirse al margen de la inscripción de nacimiento del hijo.
Privado uno de los padres de la administración de los bienes, la tendrá el otro;
si ninguno de ellos la tuviese, la propiedad plena pertenecerá al hijo, y se le dará
un curador para la administración (artículo 258).
3) REPRESENTACIÓN LEGAL DEL HIJO.
El tercer atributo de la patria potestad es la representación del hijo. El hijo
menor puede ser absolutamente incapaz (demente, impúber, sordo o sordomudo
que no puedan darse a entender claramente) o relativamente incapaz, si es
menor adulto (art. 1447).
En el primer caso sólo puede actuar a través de su representante legal; en el
segundo, representado o autorizado por dicho representante; e incluso, el menor
adulto puede actuar personalmente y sin requerir autorización, cuando actúa
dentro de su patrimonio profesional o industrial (art. 251CC), o en otros actos
jurídicos que se verán a continuación.
El hijo menor adulto tiene capacidad para realizar ciertos actos.
Podemos mencionar los siguientes:
i) El menor adulto puede administrar su peculio profesional o industrial; y
se le tiene por mayor de edad para efectos de esta administración (art. 251 y
254 CC). Hay que advertir que el impúber no puede tener peculio profesional o
industrial, por lo que respecto de él no se presentan los problemas “de doble
capacidad” que afectan al relativamente incapaz.
ii) El hijo puede testar, siendo menor adulto (art. 262 CC).
iii) Puede reconocer hijos sin autorización de sus padres, siendo menor adulto
(262 CC)
iv) Puede contraer matrimonio a contar de los 16 años (arts. 107 a 115 CC)
v) Puede demandar el divorcio o la nulidad de matrimonio (art. 58 y 46
LMC)
vi) Puede celebrar contratos de trabajo con autorización de su padre o madre
(art. 13 CT). Las remuneraciones que reciba forman parte de su peculio
profesional.
vii) Puede actuar como mandatario (art. 2128 CC)
viii) Puede actuar como depositario, en el caso del depósito necesario (art.
2238 CC)
ix) Puede hacer pedimentos o manifestaciones. Conforme al artículo 24 del
Código de Minería, los menores adultos podrán hacer pedimentos o
manifestaciones sin necesidad del consentimiento o autorización de su
representante legal.
x) Pueden adquirir la posesión de bienes muebles. De conformidad al artículo
723 CC, los menores adultos e incluso los impúberes propiamente tales, pueden
adquirir la posesión de cosas muebles.
Para un mejor estudio de esta materia, es necesario distinguir entre la
incapacidad del hijo par actos extrajudiciales y la incapacidad para actos
judiciales.
a) Representación extrajudicial del hijo menor
Fuera de los casos de excepción recién señalados, el hijo tiene que actuar
representado o autorizado por su representante legal. Se trata de una formalidad
habilitante, de aquellas que tienen por objeto completar la voluntad del incapaz.
Representan al hijo el padre o la madre que lo tengan bajo su patria potestad.
Si ambos tienen la patria potestad lo representarán conjuntamente. Y si ninguno
la tuviere lo representará el respectivo curador (art. 244 y 248 CC).
A pesar de que la ley no lo dice, se ha concluido que la autorización puede ser
expresa o tácita. Sólo en los casos contemplados en el inciso 2º del artículo 260
CC, exige la ley autorización expresa o solemne (autorización escrita para tomar
dinero a interés y comprar al fiado).
Nada impide, conforme a las reglas generales aplicables a los actos de los
relativamente incapaces, que la autorización opere a posteriori, a través de una
ratificación (como por lo demás queda en claro en el artículo 261 inciso 1º CC).
Tampoco ha resuelto el legislador el caso en que los padres o el curador adjunto
niega la autorización. Se ha señalado que el menor no podría recurrir a la
justicia, pues el juez sólo podría actuar a virtud de texto expreso, que aquí no
existe.
Efectos de los actos realizados por el hijo.
En esta materia hay que distinguir si el hijo actuó autorizado por sus padres o
no.
- Si NO actuó autorizado por su representante legal, la regla general está
contenida en el artículo 260 inciso 1º CC que señala: “Los actos y contratos del
hijo no autorizados por el padre o la madre que lo tenga bajo su patria potestad,
o por el curador adjunto, en su caso, le obligarán exclusivamente en su peculio
profesional o industrial”.
De aplicarse las reglas generales, los actos celebrados por el hijo en estas
condiciones deberían ser nulos relativamente, pudiendo llegar a generar
una obligación natural.
Sin embargo, la ley se ha puesto en el caso de que el hijo tenga peculio
profesional, lo que podría inducir a los terceros a contratar con él creyendo que
lo está haciendo dentro de ese peculio, y por ello, como manera de proteger a
esos terceros, establece que tales actos obligan al hijo en su peculio
profesional o industrial. Si no tiene peculio profesional o industrial se
vuelve a la sanción normal (nulidad relativa).
Excepción:
El inciso 2° del artículo 260 CC establece una excepción a la regla del inciso 1°
es decir, en ese caso no se va a obligar el peculio profesional o industrial:
"Pero no podrá tomar dinero a interés, ni comprar al fiado (excepto en el giro
ordinario de dicho peculio) sin autorización escrita de las personas
mencionadas. Y si lo hiciere, no será obligado por estos contratos, sino hasta
concurrencia del beneficio que haya reportado de ellos".
- Si el hijo actuó representado o autorizado por su representante legal.
Se entiende que se trata de actos celebrados por el hijo fuera de su peculio
profesional porque respecto de él actúa por sí mismo y se obliga como si fuere
completamente capaz.
En este caso hay que distinguir:
i) Si los padres se encuentran casados en régimen de sociedad conyugal.
Los actos y contratos que el hijo celebre fuera de su peculio profesional o
industrial y que el padre o madre que ejerce la patria potestad autorice o
ratifique por escrito o celebre en su representación, obligan directamente al
padre o madre en conformidad a las disposiciones de ese régimen de bienes, y
subsidiariamente, al hijo, hasta concurrencia beneficio que éste hubiere
reportado de dichos actos o contratos (artículo 261 inc. 1º CC).
Es decir, los terceros que contrataron con el hijo (autorizado, representado o sus
ctos ratificados) pueden exigir el cumplimiento de lo pactado contra el padre o
madre, y pueden embargar bienes de éstos. Se trata de deudas de la sociedad
conyugal (art. 1740 Nº 5 CC). Ese es el sentido de la frase “…en conformidad
a las disposiciones de ese régimen de bienes….”.
De no ser suficientes los bienes sociales, los acreedores pueden dirigirse
subsidiariamente contra el hijo, pero no por la cuantía del saldo impago, sino
limitada al beneficio que el hijo hubiere reportado de dichos actos o contratos;
es decir, la responsabilidad queda limitada al aumento de patrimonio que el hijo
pudo experimentar con el contrato.
ii) Si no hay sociedad conyugal
Los actos y contratos sólo obligan al padre o madre que haya intervenido, lo
que no obsta a que éste pueda repetir contra el otro padre en la parte en que de
derecho ha debido proveer a las necesidades del hijo (art. 261 inc. 2º CC).
Recuérdese que habiendo separación de bienes el artículo 160 CC previene que
ambos cónyuges deben proveer a las necesidades de la familia común a
proporción de sus facultades; y que el juez, en caso necesario, reglará la
contribución.
Contratos entre padres e hijos sometidos a su patria potestad.
La ley nada ha dicho sobre la contratación entre padre e hijo sometido a patria
potestad. Como el artículo 1796 CC prohíbe la celebración del contrato de
compraventa entre el padre o madre y el hijo sujeto a patria potestad, tenemos
que concluir que fuera de este caso (y el de la permuta por aplicación del artículo
1900 CC), la contratación entre ellos sería posible.
Naturalmente que si hay incompatibilidad de intereses no podrá autorizar el
padre, pues la representación legal llega hasta el momento que se produce esa
incompatibilidad.
b) Representación judicial del hijo menor
Deben distinguirse las siguientes situaciones:
i) Juicios en que el hijo es demandante o querellante.
ii) Acciones civiles seguidas contra el hijo.
iii) Juicios criminales seguidos contra el hijo.
iv) Juicios entre padre e hijo.
i) Juicios en que el hijo es demandante o querellante (artículo 264 CC)
- El hijo no puede parecer en juicio, como actor, contra un tercero, sino
autorizado o representado por el padre o la madre que ejerce la patria potestad,
o por ambos, si la ejercen de manera conjunta.
- Si el padre, la madre o ambos niegan su consentimiento al hijo para la acción
civil que quiera intentar contra un tercero, o si están inhabilitados para prestarlo,
podrá el juez suplirlo, y al hacerlo así dará al hijo un curador para la litis.
- Si el juicio versa sobre un derecho que dice relación con el peculio profesional
o industrial del hijo, puede actuar por sí solo, pues se le mira como mayor de
edad (artículo 251 CC).
ii) Acciones civiles seguidas contra el hijo (artículo 265 CC)
- Cuando se interponga una acción en contra del hijo, el actor deberá dirigirse
al padre o madre que tenga la patria potestad, para que autorice o represente al
hijo en la litis.
- Si ambos ejercen en conjunto la patria potestad, bastará que se dirija en contra
de uno de ellos.
- Si el padre o madre no pudiere o no quisiere prestar su autorización o
representación, podrá el juez suplirla, y dará al hijo un curador para la litis.
- Estas reglas no rigen respecto de aquellos juicios que versen sobre el peculio
profesional o industrial del hijo, pues en tales casos el hijo comparece y actúa
por sí mismo, reputándose mayor de edad.
iii) Juicios criminales en contra del hijo (artículo 266 CC)
No será necesaria la intervención paterna o materna para proceder
criminalmente contra el hijo; pero el padre o madre que tiene la patria potestad
será obligado a suministrarle los auxilios que necesite para su defensa.
iv) Juicios del hijo en contra del padre o madre que ejerce la patria
potestad (artículo 263 CC)
Siempre que el hijo tenga que litigar como actor contra el padre o la madre que
ejerce la patria potestad, le será necesario obtener la venia del juez y éste, al
otorgarla, le dará un curador para la litis.
Nada dice la ley sobre el caso en que el padre o la madre que tienen la patria
potestad sea quien demande al hijo. Frente a este vacío se estima que por el
hecho de que el padre o la madre demanden al hijo lo están autorizando para
litigar. En este caso se le debe designar un curador para que lo represente en la
litis. Así ha sido resuelto.
Expensas para la Litis (artículo 263 inc. 2º)
En el caso de juicios entre el padre que tiene la patria potestad con el hijo, sea
que el padre o madre actúen como demandantes o demandados, deben proveer
al hijo de expensas para el juicio, que regulará incidentalmente el tribunal,
tomando en consideración la cuantía e importancia de lo debatido y la capacidad
económica de las partes.
Recordemos que existe la obligación de otorgar expensas tratándose de los
juicios criminales seguidos contra el hijo, conforme al artículo 266.
VII.- SUSPENSIÓN DE LA PATRIA POTESTAD.
1) Casos
La patria potestad puede suspenderse sin extinguirse, lo que ocurre en los casos
del artículo 267 CC:
a) Prolongada demencia del padre o de la madre que la ejerce;
b) Menor edad del padre o de la madre que la ejerce;
c) Por estar el padre o madre que la ejerce en entredicho de administrar sus
propios bienes, cualquiera sea la causa de su interdicción; y
d) Larga ausencia u otro impedimento físico del padre o madre que la ejerza, de
los cuales se siga perjuicio grave a los intereses del hijo, a que el padre o madre
ausente no provee.
2) Forma en que opera la suspensión de la patria potestad
Hay que distinguir:
- Si se trata de la menor edad del padre o de la madre, la suspensión se producirá
de pleno derecho (art. 267 inc. 2º CC).
- En los demás casos, debe ser decretada judicialmente, con conocimiento de
causa, y después de oídos sobre ello los parientes del hijo y el defensor de
menores. Así lo señala el artículo 268 inc. 2º CC.
Esta gestión se sigue ante los Tribunales de Familia (art. 8º Nº 3 de la Ley Nº
19.968).
3) Reanudación de la patria potestad
Cuando cese la causa que motivó la suspensión de la patria potestad, podrá
judicialmente ordenarse su recuperación, considerándose el interés del hijo. Así
lo establece el inciso 2º del artículo 268: “El juez, en interés del hijo, podrá
decretar que el padre o madre recupere la patria potestad cuando hubiere
cesado la causa que motivó la suspensión”.
Como este inciso no hace ninguna distinción debemos entender que se requiere
decreto judicial aun en el caso en que la causal de la suspensión sea la menor
edad del padre o de la madre.
El inciso final del artículo 268 CC ordena que la resolución que decrete o deje
sin efecto la suspensión debe subinscribirse al margen de la inscripción de
nacimiento del hijo. Esta exigencia constituye un requisito de oponibilidad para
que dichas resoluciones afecten a terceros (art. 8º de la Ley Nº 4.808).
4) Efectos de la suspensión de la patria potestad
Si se suspende la patria potestad respecto de uno de los padres pasará a ser
ejercida por el otro
padre. Si se suspende respecto de ambos, el hijo quedará sujeto a guarda (art.
267 inc. final CC).
VIII.- DE LA EMANCIPACIÓN
El artículo 269 CC la define diciendo que: “…es un hecho que pone fin a la
patria potestad del padre, de la madre, o de ambos, según sea el caso”.
La emancipación puede ser de dos clases: legal o judicial (art. 269 parte final
CC).
Las normas sobre emancipación son de orden público. Por esta razón las
causales de emancipación las establece taxativamente la ley. Las partes no
pueden crearlas. Tanto es así, que cuando se hace al hijo una donación, herencia
o legado, bajo condición de que se emancipe, la condición se cumple por
equivalencia, es decir, el hijo no obstante la aceptación de la donación, herencia
o legado, no se emancipa, siendo el efecto exclusivamente que el padre o madre
pierde el derecho de goce sobre esos bienes (art. 250 Nº 2 CC).
1) Emancipación legal
Es la que se produce por el solo ministerio de la ley en los casos taxativamente
señalados en el artículo 270 CC:
a) Por la muerte del padre o madre, salvo que corresponda ejercitar la patria
potestad al otro;
b) Por el decreto que da la posesión provisoria, o la posesión definitiva en su
caso, de los bienes del padre o madre desaparecido, salvo que corresponda al
otro ejercitar la patria potestad;
c) Por el matrimonio del hijo
d) Por haber cumplido el hijo la edad de dieciocho años.
2) Emancipación judicial.
La emancipación judicial es la que se produce por sentencia judicial en los casos
taxativamente señalados en el artículo 271 CC:
a) Cuando el padre o la madre maltrata habitualmente al hijo, salvo que
corresponda ejercer la patria potestad al otro;
b) Cuando el padre o la madre ha abandonado al hijo, salvo el caso de excepción
del número precedente;
c) Cuando por sentencia judicial ejecutoriada el padre o la madre ha sido
condenado por delito que merezca pena aflictiva, aunque recaiga indulto sobre
la pena, a menos que, atendida la naturaleza del delito, el juez estime que no
existe riesgo para el interés del hijo, o de asumir el otro padre la patria potestad,
y
d) En caso de inhabilidad física o moral del padre o madre, si no le corresponde
al otro ejercer la patria potestad.
El inciso 2º del artículo 19 de la Ley Nº 14.908 señala que para los efectos de
este artículo se entenderá que hay abandono por parte del padre o madre por el
hecho de haber sido apremiado para el pago de pensiones de una misma
obligación alimenticia.
La Ley Nº 19.617 publicada en el Diario Oficial del 12 de julio de 1999 que
modificó el Código Penal en relación con los delitos de violación y otros de
significación sexual, intercaló en dicho Código el artículo 370 bis, que contiene
otra causal de emancipación judicial. Dice la norma:
“El que fuere condenado por alguno de los delitos a que se refieren los dos
párrafos anteriores cometido en la persona de un menor del que sea pariente,
quedará privado de la patria potestad si la tuviere o inhabilitado para
obtenerla si no la tuviere y, además, de todos los derechos que por el ministerio
de la ley se le confirieren respecto de la persona y bienes del ofendido, de sus
ascendientes y descendientes. El juez así lo declarará en la sentencia, decretará
la emancipación del menor si correspondiere, y ordenará dejar constancia de
ello mediante subinscripción practicada al margen de la inscripción de
nacimiento del menor”.
Agrega el inciso 2º que “El pariente condenado conservará, en cambio, todas
las obligaciones legales cuyo cumplimiento vaya en beneficio de la víctima o
de sus descendientes”.
La sentencia que declare la emancipación judicial debe subinscribirse. Así lo
establece el inciso final del artículo 271: “La resolución judicial que decrete la
emancipación deberá subinscribirse al margen de la inscripción de nacimiento
del hijo”.
Esta subinscripción es un requisito de publicidad para que dicha resolución
afecte a terceros (art. 8º de la Ley Nº 4.808).
3) Efectos de la emancipación
a) La emancipación no transforma al menor en capaz. Salvo que la causal
sea haber llegado a la mayoría de edad. De consiguiente, producida la
emancipación será necesario designarle un curador que lo represente y
administre sus bienes.
Lo dice en forma expresa el artículo 273 CC: “El hijo menor que se emancipa
queda sujeto a guarda”.
b) La emancipación en irrevocable.
El artículo 272 CC señala que: “Toda emancipación, una vez efectuada, es
irrevocable”.
Esta regla rige sea que se trate de emancipación legal o judicial, pues el artículo
272 CC es categórico: “Toda emancipación…”.
Excepcionalmente podrá ser revocada en los siguientes casos:
i) Emancipación por muerte presunta
ii) la emancipación por sentencia judicial fundada en la inhabilidad moral del
padre o madre.
Dice el artículo 272 inciso 2º CC que en estos casos la emancipación “podrán
ser dejadas sin efecto por el juez, a petición del respectivo padre o madre,
cuando se acredite fehacientemente su existencia o que ha cesado la
inhabilidad, según el caso, y además conste que la recuperación de la patria
potestad conviene a los intereses del hijo. La resolución judicial que dé lugar
a la revocación sólo producirá efectos desde que se subinscriba al margen de
la inscripción de nacimiento del hijo”.
Del artículo precedente se desprende que la revocación de la emancipación, en
los casos de excepción que se acaban de señalar, exige la concurrencia de los
siguientes requisitos:
a) Debe ser ordenada por sentencia judicial;
b) Sólo cabe cuando la emancipación se hubiere producido por las causales del
Nº 2º del artículo 270 y Nº 4º del artículo 271;
c) El tribunal sólo podrá decretarla cuando convenga a los intereses del hijo; d)
La resolución judicial que dé lugar a ella sólo producirá efectos desde que se
subinscriba al margen de la inscripción de nacimiento del hijo (art. 272 inc. 2º
parte final CC); y
e) Procede por una sola vez (art. 272 inc. 3º CC);