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Enseñanzas implícitas: Un análisis de los efectos extra académicos de la

educación en la formación de sujetos.


Estudiante: Daniel Esteban Quiroz
Curso: Nuevas sociologías de la educación
Profesor: Gabriel Jaime Murillo
Fecha: 15/06/11

Introducción

La experiencia escolar, tanto cuando se es alumno como cuando se es maestro,


va más allá del aprendizaje de unos contenidos académicos como preparación
para una vida universitaria o laboral; dicha experiencia tiene una influencia
importante en la formación de la psique de cada cual, así como cualquier otro
aspecto importante de la vida, ya sea una etapa o un momento específico. Pero
las actitudes y características de cada persona son todo un conglomerado de
detalles que resultaría muy difícil clasificar por causas o por momentos; sin
embargo, al ser la experiencia escolar algo por lo que la enorme mayoría de las
personas hemos pasado, además que dicho momento fue el más extenso y se
ubicó por cierto en la etapa más crítica de la vida, la niñez y la adolescencia, se
puede decir que la formación del sujeto de cada quien se debe en gran parte a la
experiencia de cada uno de nosotros tuvimos durante esos once o doce años que
estuvimos de lunes a viernes seis horas al día en ese recinto llamado colegio, no
sólo recibiendo contenido académico, sino formando los primeros pasos de una
vida en sociedad.

Ahora que se ha dicho esto, ¿por qué resulta tan difícil describir o caracterizar los
cambios o la influencia que ha producido en cada sujeto la experiencia escolar?
Como bien se había mencionado, la persona que es cada quien, con sus detalles,
características y actitudes específicas, son el resultado de todo un entramado de
sucesos ordinarios y extraordinarios que, a pesar del rápido olvido de la memoria,
dejan una marca importante en los rasgos psicológicos de la persona; de aquí
parte la pregunta base para el análisis de este trabajo: ¿cuáles son los efectos
visibles de la formación de los sujetos, tanto en la experiencia escolar como en la
práctica docente? No sólo las personas forman su subjetividad en su vida escolar,
los docentes, que son la otra cara de la moneda de lo que se vive en una escuela,
más exactamente en el aula de clase, a medida que adquieren experiencia en su
actividad, y tienen ese contacto social y académico constante con sus alumnos,
sus colegas y sus superiores, también forman unas características que no sólo
conforman el estilo de enseñanza, sino que también, como si éste extendiera su
experiencia escolar más allá de la condición que tuvo como alumno en su infancia
y adolescencia, asume las vivencias de la sociedad microscópica que es la vida
escolar, con las cuales adquiere unas particularidades de su personalidad, (una
idiosincrasia si se puede decir de este modo).

La formación de sujetos en la experiencia educativa

En la educación, como en algunos otros aspectos de la vida, hay que mirar al


pasado para pensar en el futuro; de esta forma, es necesario observar qué efectos
ha tenido para cada persona las diferentes formas como se vive la experiencia, es
decir, cada quien, según las diferentes experiencias que tuvo en la vida escolar,
cómo fue afectado por éstas en la formación de su subjetividad, para así pensar
en cambios en el estilo de la enseñanza de cada docente, en la formación que
tiene cada alumno según el ámbito institucional, entre otros aspectos.

Para empezar, tanto la perspectiva de los estudiantes como la de los


profesores ilustran una experiencia humana absolutamente corriente que se
resume en el sentimiento familiar de haber recibido una profunda influencia de
alguien o de algo, un sentimiento que sin embargo no nos permite decir con
exactitud cuáles son los efectos de tal influencia o cómo se produjeron.1

1
Jackson, P. Enseñanzas implícitas. Buenos Aires: Amorrortu, 1999. Pág. 118
A partir de este fragmento de Jackson, es necesario centrar la mirada
principalmente en el pasado, es decir, en esos aspectos que adquirimos y que se
instalaron en nuestra personalidad, primero gracias a la influencia de la
escolaridad en general, para luego concentrar los esfuerzos en tratar de detallar el
punto central de la influencia, que en la mayoría de los casos reside en un
profesor en particular que la mayoría de las personas recuerdan con cierto aprecio
y señalan que él de una u otra forma, los marcó para toda su vida, aunque no
saben con certeza el momento o el conjunto de momentos que fueron la causa de
ese recuerdo que sobrepasa al de otros profesores o a la experiencia escolar en
general.

La búsqueda de esos aspectos que recibimos de la experiencia escolar o de ese


profesor que nos marcó, esa influencia que tuvimos más allá de un resultado
pedagógico raramente tiene un motivo en particular, pero es una búsqueda que
quienes se internan en ella buscan por todos los medios sacar a la luz, de una
manera que podría decirse sistemática, a través de una serie de indicadores
formales que quien los encuentre piense certeramente que esos fueron los puntos
clave de la influencia que tuvo en su vida ese profesor que evoca con tanto añoro.

La piedra en el zapato de dicha búsqueda es que ésta no admite método


sistemático alguno, a la hora de preguntar por la influencia que tuvo en cada cual
la escolaridad o un profesor en particular, resulta infructuoso tratar de detectar
aspectos definidos que se internaron en la psique en un tiempo concreto; quien
recuerda un momento en especial que de alguna manera marcó su vida, lo hace
porque dicho momento fue algo que se salió de lo común de ésta, fue algo
extraordinario que la persona recuerda con lujo de detalles y que sabe cómo y
porqué ese suceso cambió su existencia. Ahí está la clave, la formación de la
subjetividad de cada quien se da en mayor medida por sucesos que se
considerarían en primera instancia como triviales, los momentos triviales pero
constantes, esos afanes cotidianos en la relación con los otros alumnos y con el
profesor, ciertos detalles que en el momento fueron pasados por alto, pero que por
la constancia de éstos, fueron produciendo cambios inadvertibles en la
personalidad.

Esos cambios inadvertibles comienzan en la génesis misma de la vida en el aula


de clase, que es cuando el niño empieza a asimilar cada uno de los aspectos
generales de lo que será su vida durante los próximos once o doce años. Es
necesario empezar mencionando la formación del concepto de autoridad, antes de
ingresar a la primaria, la única autoridad visible y que el niño reconoce es la de los
padres; al momento de iniciar su vida escolar, asume que se debe subordinar a la
autoridad de una persona diferente de ellos. De esta relación de autoridad surge el
concepto de evaluación, de éxito, de fracaso, de compromiso ante algo que se
encomienda, en suma, el sentido de responsabilidad. Esta responsabilidad
requiere un trabajo que en principio es constante y dirigido, ahí es cuando se da
cuenta que la escuela es, como lo señala Jackson, algo serio; el niño se incorpora
a un ambiente de aprendizaje que tiene un carácter ritual, aprende que en
momentos determinados se hacen acciones determinadas, las cuales son
seguidas por un ente de autoridad como lo es el profesor, algunas de estas
acciones las disfrutará más que otras, o simplemente no disfrutará ninguna, de
acá que algunos niños tengan un disgusto manifiesto con sus compañeros, con el
profesor, con las actividades que se le imponen, en suma, con la escuela en
general; de todo esto, el niño ya ha incorporado en su psicología dos conceptos, a
saber, responsabilidad y rutina.

La responsabilidad y la rutina son sólo dos aspectos de la escuela en tanto una


actividad sistemática de la cual se espera una cantidad determinada de
resultados; la escuela también es necesario tomarla en tanto sociedad, en tanto un
espacio donde confluye una masa de personas, el niño entonces de aprender a
salir de la burbuja que hasta ahora era para él su único espacio de convivencia y
jerarquía, es decir, la familia. La escuela se convierte entonces en un segundo
espacio social, con una jerarquía establecida y con unas normas de convivencia
que se aplican no sólo a él, sino a todos los otros niños que están con él en ese
espacio, de esa igualdad de condiciones surge para el individuo que comienza su
experiencia escolar el concepto de masa y de igualdad, se da cuenta que no es
sólo él quien está en ese sitio, sino muchos otros, y que sólo en algunas
ocasiones la autoridad se referirá a él individualmente, pero mientras tanto, el
profesor tratará al grupo en general, como una masa. De esta masa resulta la
convivencia entre iguales, el niño asume que estará con ese grupo
constantemente y que para, digamos, hacer más llevadera la responsabilidad y
esa rutina, entabla relaciones sociales con sus compañeros; el niño aprende
entonces todo lo que tiene que ver con relaciones sociales, convivencia, el niño
aprende a vivir en sociedad en ese prototipo de la misma que es la escuela.

En síntesis, el niño cuando se adentra en la experiencia escolar aprende nuevos


conceptos que necesitará para el resto de su vida, sin importar lo que haga en un
futuro, aprende que constantemente se le impondrán unas responsabilidades que
debe cumplir y que en algún momento serán evaluadas, para comunicarle en qué
está bien y qué debe mejorar; dichas responsabilidades son constantes y
rutinarias, aprende que durante su vida deberá repetir y repetir actividades, en
suma, la rutina; para sobrellevar esas “cargas” por decirlo de alguna forma,
aprende a entablar sociedad, pues se da cuenta que no es el único en ese
proceso, aprende pues, a convivir con sus iguales, de la misma forma aprende a
aceptar la autoridad. Todos éstos son conceptos claves que deberá manejar por el
resto de su vida.

Éstas son pues, las bases generales del proceso escolar, que influyen por igual en
todos quienes han pasado por una escuela, las cuales dependiendo de las
diferentes formas que tomen a través de la esta experiencia, forman las
características psicológicas de la persona. Las diferentes formas que toman
dichas bases se incorporan de manera distinta en cada alumno dependiendo de
muchos detalles que no solamente parten de la escuela, la familia entra a jugar un
papel muy importante en la formación de la personalidad con la cual el niño
logrará el éxito o por el contrario el fracaso en el proceso. Pero la escolaridad es
un proceso de moldeamiento constante, el niño a medida que crece y se adapta a
la escuela cambia sus características, cambia su subjetividad, todos estos
cambios son evidentemente influenciados, por los compañeros, por la institución
misma, pero principalmente por el profesor, éste tiene un papel clave no sólo en
que los alumnos aprendan los contenidos académicos que enseña, sino también
en la relación social que constantemente se vive en la escuela; la influencia del
profesor es sin duda un marcador de la vida futura del individuo y del recuerdo que
éste vaya a tener sobre su experiencia en la escuela. Existen algunos profesores
cuya marca es mucho más profunda que la de los demás, un hecho que lo
demuestra es cuando una persona adulta evoca los recuerdos de su vida en las
aulas de clase y lo primero que recuerde sea el nombre de algún profesor en
particular y las anécdotas que él y el grupo con el que estuvo en ese entonces
vivieron con ese profesor, eso es un indicio claro de la influencia especial que tuvo
este último en la persona. El problema principal reside en la búsqueda de los
momentos, las acciones o lo que sea que haya hecho el profesor exactamente
para quedar para siempre en la memoria de sus alumnos. Lo primero que hay que
aclarar, si seguimos por ejemplo el método que utiliza Philip Jackson, es el hecho
de tener la certeza de que el profesor dejó una marca en la personalidad del
individuo2 , estar seguro de ello, pues eso ya es un primer indicio de la veracidad
del planteamiento; el camino comienza a tomar rutas diferentes en la búsqueda de
una exactitud, de respuestas claras y distintas en el sentido cartesiano para la
pregunta por la influencia de un profesor en particular en la vida de alguien.

Las rutas que toma este camino a la evocación terminan, en la mayoría de los
casos (siguiendo a Jackson), en callejones sin salida, pues como ya se ha

2
Ibíd., Pág. 36
mencionado, los cambios que genera la escolaridad son inadvertibles, y al ser
inadvertibles, resulta limitado, por lo menos lingüísticamente, expresar con
palabras y de manera clara las acciones o palabras que hicieron que un profesor
marcase la vida de un alumno; pero también existe la posibilidad de un profesor
cuyas acciones hayan sido tan extraordinarias y que realmente éstas hayan
quedado en la memoria de manera tan clara, que sea fácil evocar no sólo el
nombre del profesor, sino que verdaderamente se pueda decir algo como “éstas
palabras que dijo él aquel día cambiaron mi vida para siempre”, pero
evidentemente son muy pocos los casos.

Como se ha dicho, y es necesario expresarlo una vez más, en la mayor parte de


las ocasiones las acciones del profesor evocado no son extraordinarias, los
alumnos en su momento se acostumbran rápidamente al accionar de su docente;
pero estas acciones triviales son formadoras, hacen que poco a poco los
individuos mejoren lo que tengan que mejorar en sus actitudes, hacen de sus
alumnos mejores personas. Para este caso, es considerable hacer un pequeño
resumen del tercer capítulo de Enseñanzas Implícitas de Philip Jackson, autor en
quien he basado la mayor parte de este trabajo; esto con el fin de dar un ejemplo
sencillo y evocador de las trivialidades que con el tiempo se convierten en no tan
triviales, puesto que son acciones formadoras, son acciones que crean en los
alumnos muchos sentidos que necesitarán para su vida como son la disciplina y el
trabajo en equipo.

Se trata de una visita que hizo Jackson junto con una asistente a una escuela de
primaria de Chicago, estaban interesados en observar un aula de primer grado
para observar cómo lo que sucede en las escuelas puede afectar positiva o
negativamente el bienestar moral de los alumnos, resulta interesante buscar ese
objetivo de bienestar moral en niños de primero, pues es precisamente la edad
más importante en la formación de la personalidad, y esa era precisamente la
finalidad de la visita, dando por supuesto que la cuestión moral concierne a
valores como el carácter y la virtud, se debía indagar cómo lo que sucedía en el
aula podía estimular o por el contrario, socavar dichos valores 3.

Eran bastantes los detalles diferentes que la profesora de este grupo tenía para
tratar con los niños, su franqueza y neutralidad hacía que su actitud fuese
agradable, tanto con los niños como con los observadores. De esa franqueza
partía una peculiaridad a la hora de resolver los problemas que tenían los niños:
cada vez que sucedía un problema, casi siempre agresiones físicas o verbales, la
profesora Martin nunca trataba de consolar a la víctima de dicha agresión en un
tono bajo ni buscaba después al agresor para reprenderlo o sancionarlo, por el
contrario, ella hablaba de manera simpática, pero de modo que todo el salón la
escuchara, todos los niños se percataban del problema y escuchaban la solución
que la profesora daba; a esto lo llamaba Jackson un intercambio semipúblico;
contrario a lo que se pensaría, los niños normalmente no detenían sus actividades
para escuchar lo que pasaba, ellos no le daban ese carácter de morbo a la
situación, sino que seguían normalmente en lo que estuviesen haciendo, aunque
sí habían algunos pocos que les daba curiosidad saber lo que sucedía. Dicha
forma que tenía la profesora de manejar las situaciones conflictivas hacía que en
el salón no hubiesen secretos, no había posibilidad de murmurar ni de hablar a
espaldas de los demás, si alguien tenía un problema, bien lo podía discutir
abiertamente frente a todos.

De forma similar trataba la profesora la indisciplina que a veces se daba en las


actividades, cosa totalmente natural en niños de primer grado: en algunas
ocasiones, la señora Evans iba al salón a ayudar a la profesora Martin para ayudar
a los niños con el tema de la ortografía, en cierta ocasión los niños estaban más
alborotados que de costumbre, a lo que la señora Evans le comentó a la profesora
(con un tono tal que todos los niños escucharan la conversación):

3
Ibíd., Pág. 66
La señora Evans dijo: “Esto no me gusta. No me gusta que los niños no hagan
más que jugar”. Aparentemente se dirigía a Elaine (la señora Martin).
Entonces Elaine le respondió que si los niños no se comportaban como
debían o no hacían lo que debían hacer, la señora Evans podía enviarlos a
sus asientos. “Me encanta ayudarlos”, continuó la señora Evans, “pero ellos
deben trabajar”4

Todo esto lo decían de manera que todos los niños las escuchaban, con el
objetivo tal vez, de que al oír lo que decían, se sintieran aludidos y cambiaran de
actitud. Lo que haría la mayoría de profesores de primero sería regañar a los niños
por su comportamiento, en cambio lo que espera la señora Martin es que ellos se
den cuenta por sus propios medios de que están actuando de manera equivocada.
Y también lo hacía individualmente, si veía que algún niño se estaba portando de
manera no acorde con el desarrollo de la clase, lo confrontaba con su actitud de
una forma pausada y simpática, pero a la vez franca, y poco a poco lo hacía caer
en cuenta de su error y finalmente el niño cambiaba de actitud. Vemos entonces la
manera que tiene en este caso una profesora, de influir en la actitud de los niños,
buscando que ellos mismos se den cuenta de sus errores y que cambien de
actitud por su cuenta, en lugar de enfrentarlos en primera instancia con la
amenaza de una sanción disciplinaria; en suma, les enseñaba la autocrítica, la
reflexión sobre su propio comportamiento, y a tratar las cosas abierta y
francamente. Éstos son sin duda detalles que formarán la personalidad de los
niños, y aunque cuando crezcan, no sepan decir cómo los influyó la señora Martin
o incluso ni la recuerden, queda claro que ella de una forma u otra tiene parte del
crédito en cómo vayan a ser cada uno de los alumnos que tuvo cuando crezcan.

Luego de todo esto, cabe recordar que los alumnos no son los únicos que viven la
experiencia escolar y que son formados por ésta, el profesor, como una de las
figuras principales del proceso educativo, también vive la experiencia y es formado
por ella, tanto por su forma de enseñar, como por el trato con sus alumnos, como
4
Ibíd., Pág. 75
también por el aprendizaje que pueda obtener de ellos en algún momento, porque
la educación es un proceso recíproco, no es como se creía, la iluminación que un
maestro daba a sus ignorantes alumnos, por el contrario la reciprocidad es la
constante en la formación, tanto los alumnos como el maestro aprenden de las
experiencias del proceso escolar.

La pregunta por la influencia de la actividad pedagógica en el profesor tiene


bastantes similitudes con la pregunta contraria sobre la influencia en el alumno,
primero se debe tener la certeza de esa influencia, pero no como recuerdos o
sentimientos, sino como rasgos de la personalidad, características psicológicas
que se internaron a partir del ejercicio docente 5. Una de las primeras cosas que
puede ocurrir es evocar un antes y un después de la adquisición de experiencia en
la actividad docente, es decir, cómo enseñaba un profesor cuando recién comenzó
su labor y cómo lo hace en la actualidad después de haber adquirido una
experiencia considerable, Jackson conjetura con esta pregunta: “¿Sería posible
que alguien modificara su técnica pedagógica sin alterar al mismo tiempo las
cualidades perdurables que conforman su naturaleza psicológica?” 6 Esta pregunta
podría significar plantear una dualidad entre el docente en su actividad pedagógica
y el docente en otra clase de contextos, cosa que sería factible en algunos casos,
pero que por ahora resulta indemostrable.

Las experiencias, al igual que teniendo el papel de alumno, son marcadoras en el


ejercicio docente, al mismo tiempo, existen ciertas cualidades que más que
generales, se convierten en necesarias para un correcto y efectivo ejercicio
docente, como lo son la paciencia, la disposición a ayudar y una cierta filantropía;
éstas tres últimas se pueden decir de manera precipitada que son efectos de la
enseñanza, pero resulta un problema que ya se había mencionado anteriormente,
y es que la formación psicológica y la acumulación de experiencias se da un

5
Ibíd., Pág. 91
6
Ibíd., Pág. 92
entramado de contextos que hace que resulte casi imposible desenmarañar uno a
uno momento junto con experiencia junto con resultado psicológico. Teniendo esto
por supuesto, ya no hay que buscar un conjunto de características claras que se
puedan atribuir como la causa de la influencia de la enseñanza en el maestro, lo
que hay que buscar es otra cosa.

Como en el caso contrario, la mera convicción de que existe la influencia es un


primer indicio de que existe; otra manera de mirarlo es con los resultados del
trabajo, en toda profesión, quien tiene mejores resultados vive, si no más feliz, por
demás menos estresado que quienes no tienen tan buen desempeño.

Creo que lo que me mantiene en la enseñanza no son todos esos veinticinco o


treinta chicos que tengo cada año, sino uno o dos que finalmente y de repente
empiezan a ver a través de las cosas y ante quienes se abre el mundo. Creo
que en eso consiste, en el aprecio ganado de algunos niños y de sus familias
de un año a otro. Lo que de verdad vale la pena es ver progresar a un alumno
lento o a otro tímido7

En eso puede consistir cierta parte de la influencia de la actividad pedagógica en


el maestro, en esa satisfacción que produce un cambio notorio, un cambio
extraordinario en uno o dos alumnos que al principio tenían problemas; sentir que
el esfuerzo dio frutos valiosos aunque no en todos, sí en algunos más importantes
por decirlo así, pero sobre todo, el hecho de que el profesor será recordado por el
alumno, será uno que lo evoque fácilmente por el carácter extraordinario de la
influencia. El resultado final se da por un trabajo arduo y agotador para modificar
la conducta o ayudar a un alumno con problemas, el profesor tiene que reflexionar
constantemente sobre su trabajo, si lo hace bien o mal, se alegra cuando ve que
sus alumnos están interesados y se preocupa cuando ve bostezos, se preocupa
no sólo por transmitir conocimientos, sino también por el bienestar emocional de
sus estudiantes, el profesor debe procurar ser un modelo a seguir, y finalmente, el
7
Jackson, P. La vida en las aulas. Madrid: Morata, 1998. Pág. 167
proceso educativo es un proceso de experiencias, de reciprocidad, de cambios; lo
que sea que busque quien reflexione sobre la influencia de la enseñanza en su
personalidad, debe mirar al pasado y buscar los resultados de lo que en algún
momento esperaba que fuera su futuro.

Consideración final

Se prometió en la introducción responder a la pregunta sobre los efectos visibles


de la formación de sujetos en la experiencia escolar y en la práctica docente, y
más que conclusión, decidí llamar a esto consideración final porque no se sabría
aún decir con exactitud cuáles son esos efectos visibles, pues por lo que se
desarrolló, resulta casi imposible mencionar momentos, experiencias o cualidades
a manera de nombres propios, a manera de causas últimas; lo que se pudo decir
fue lo que de alguna manera conduce a esa respuesta que se encuentra cubierta,
que se encuentra borrosa y que requeriría de muchísima reflexión para llegar
siquiera a algún esbozo sobre ella; se pudo describir lo que implica el proceso
educativo, las bases de lo que éste hace en la personalidad de cada cual y una
forma de considerar la evocación de la experiencia escolar a través de algunos
eventos extraordinarios que recordamos con lujo de detalles. La pregunta oscura,
la indicación formal que diga, “éste fue el momento en que empecé a ser de esta
forma gracias a la escuela o éstas palabras que dijo mi maestro aquel día me
cambiaron para siempre”, eso sólo le corresponde a cada quien, por demás, que
esto sirva para analizar y pensar cómo se puede mejorar la educación desde el
punto de vista de ver resultados, de estudiar experiencias, para que así hayan
mejores profesores, mejor aprendizaje y por sobre todo, salgan mejores personas
de las escuelas.

Bibliografía
- Jackson, P. Enseñanzas implícitas. Buenos Aires: Amorrortu, 1999. 137
págs.
- _________ La vida en las aulas. Madrid: Morata, 1998. Págs. 27 – 77 y
149 – 187
- http://www.maestropsicologo.com/escolarizacion-en-los-ninos/
- http://javiermartinezprieto.blog.com.es/2011/01/15/los-efectos-generales-de-
escolarizacion-en-personalidad-10371238/