Está en la página 1de 8

Trabajo final

Daniel Esteban Quiroz


Curso: Literatura y pedagogía. Un enfoque desde Martha Nussbaum
Profesora: Martha Elena Grajales
Fecha: 12/02/13

El cultivo de la fantasía y las emociones. Comentarios a Tiempos difíciles

1. Introducción.

La novela Tiempos difíciles de Charles Dickens es, fundamentalmente, una crítica


contra una visión cientificista y antiimaginativa del mundo; esto se hace bastante claro
cuando se la lee. Sin embargo, existen otras ideas que pueden estar más implícitas en la
obra pues implican una complicada relación entre la recuperación de la fantasía y la
imaginación por la que aboga el autor y la mezcla compleja de emociones que se entreteje
en la historia narrada. Dichas ideas pueden ser rescatadas a través de las consideraciones de
Martha Nussbaum sobre la fantasía y las emociones, puesto que en ellas se deja ver que la
racionalidad de la que ella habla tiene en cuenta todos los elementos particulares de la
historia de cada ser humano, no se limita solamente a una racionalidad instrumental y
objetiva. Esta razón tratada por la filósofa es la herramienta para proponer que existen
elementos fundamentales para el desarrollo del comportamiento moral y la concepción de
la vida buena que, en algunos momentos, son olvidados o incluso desdeñados por los
filósofos morales; dichos elementos tienen que ver con la imaginación, la fantasía y las
emociones. Como se puede ver, hay una relación importante entre la concepción de
Dickens y la de Nussbaum sobre estos tres elementos, pues según ambos, éstos son
fundamentales para el desarrollo de una sensibilidad que, posteriormente, contribuye a un
desarrollo moral más completo que el que pudiera ofrecer una razón instrumental y
científica.
Ahora bien, lo que nos ofrece la novela con respecto a lo anterior es una historia en
donde se pueden ver las consecuencias de la total ausencia de la imaginación en la vida de
los seres humanos; los hechos que se muestran llevan una relación causa-consecuencia de
esto último. En este sentido, y para lo que se quiere mostrar, hay unos personajes que son
cruciales en este argumento, los cuales muestran el contraste entre una imaginación
cultivada y una destruida casi por completo: Louisa, Sissy, Thomas Gradgrind y su hijo
Tom. Lo que se va a hacer entonces es comentar, siguiendo las ideas de Nussbaum sobre la
fantasía y las emociones, las consecuencias de su cultivo y ausencia que se muestran, en la
novela.

2. Comentarios a la novela.

La novela, dice Nussbaum, proclama y demuestra que la eliminación de la fantasía


constituye una omisión de una actitud moralmente crucial, sin la cual se empobrecen las
relaciones personales y sociales (Nussbaum. 1997: 66). Esta afirmación da el punto de
unión para comparar los papeles de cada uno de los personajes de la novela en tanto cada
uno muestra de qué manera esto es así.
Desde la infancia de Tom y Louisa se pueden notar las consecuencias de la
insistencia constante de su padre en las “realidades”; desde la escena donde son
descubiertos mirando el circo de Sleary se puede notar el tipo de educación recibido por
Gradgrind; lo que va a venir con ello se resume en las siguientes líneas: “-Tom, me
asombra… Alguien la oyó, y ese alguien era el señor Gradgrind, que surgió a la luz, y le
dijo: -Louisa, no hay que asombrarse nunca.” (Dickens: 1982: 59). Del corte inmediato de
toda posibilidad de asombro por parte de su padre vendrán después las consideraciones de
Tom acerca de la educación que ha recibido; lo único que han hecho en él es engendrar un
desprecio por su vida, como él mismo lo expresa, y convertirlo en lo que Dickens llamará
después un “mequetrefe”. Por más que su padre lo quiso, no pudo crear esa perfección
matemática en Tom, al contrario, él siente en esta escena una profunda ira; ve muy bien que
se le ha hecho un daño considerable al despojarlo de toda posibilidad de diversión e
imaginaciones; con la aceptación de este hecho y la emoción que lo acompaña se anuncia lo
que será el hilo conductor de la narración: “Pero ya tendré mi desquite cuando vaya a vivir
con el viejo Bounderby. -¿Tu desquite, Tom? -Quiero decir que me divertiré un poco,
saldré, veré cosas y oiré algo, como compensación de esta educación que he recibido.”
(Ibíd.: 63).
Es del caso ahora hacer un salto en el argumento de la novela, aunque se sigue con la
misma idea del principio; Louisa ha seguido cabalmente con el ideal de educación de su
padre y ha aprendido todo cuanto se le ha enseñado y, aparentemente, ha logrado matar en
su interior todo cuanto tenga de fantasioso e imaginativo; sin embargo, hay dos puntos en
los que se logra ver que el pensamiento de Gradgrind no ha logrado terminar
completamente con sus emociones sino todo lo contrario, se puede ver que hay un
sentimiento de vacío en ella sobre el cual razona y posteriormente resulta una emoción de
aflicción en ella. Dichos dos puntos son, precisamente, dos conversaciones de Louisa con
su padre. En la primera de éstas, Thomas Gradgrind notifica a Louisa de la propuesta de
matrimonio hecha por Bounderby; en la conversación en torno a esta propuesta, Louisa
intenta, como lo expresa Dickens, traspasar las barreras artificiales de su padre; sin
embargo, éstas eran aún demasiado altas. El insistía en que viese las cosas del lado práctico,
aludiendo a las estadísticas sobre los matrimonios en Inglaterra. La reflexión de ella sobre
la brevedad de su vida no traspasa en lo más mínimo la mentalidad de su padre, y tampoco
lo hace la respuesta que dio a la pregunta sobre si había recibido otras propuestas de
matrimonio: “-¿Qué se yo, padre, de gustos y caprichos, de aspiraciones y cariños, de toda
aquella parte de mi naturaleza en la que hubieran podido alimentarse semejantes
frivolidades? […] De tal manera os habéis preocupado de mí, que jamás tuve corazón de
niña. Tan admirablemente me habéis educado, que jamás tuve ensueño de niña.” (Ibíd.:
117). Evidentemente Gradgrind, en lugar de tomarlo como un reclamo, lo tomó de la
manera contraria, como un elogio a la crianza realizada.
Aunque ya se puede ver en esta parte un conocimiento por parte de Louisa de lo que
falta en su vida, no va a ser sino hasta su matrimonio con Bounderby cuando ella va a poder
dar cuenta de la ausencia de las emociones en su vida, concretamente en dos momentos: el
primero de ellos es la visita que hace Louisa a Stephen Blackpool, a Rachel y a la anciana
que los acompaña en su casa. Luego de que aquél fuera despedido por Bounderby y que al
mismo tiempo fuera condenado al escarnio público por parte de sus compañeros obreros,
Louisa lo visita en su casa junto con su hermano Tom; al ver la casa y conversar con los
tres que estaban en ella, se da cuenta de algo crucial; los obreros, al igual que ella, son
personas con una vida y una historia concretas, y no simples máquinas para producir en las
fábricas. En este punto la fantasía empieza cobra una vital importancia, pues aquí se
muestra la conexión fundamental entre la formación de la fantasía y el desarrollo moral. En
este punto, Louisa trasciende del mero dato y proyecta su actividad interior hacia lo que
tiene alrededor, y conoce de primera mano lo que es en realidad un obrero, de esta manera
amplía su visión del mundo; en la medida en que se le niega la fantasía metafórica a las
cosas, también se le puede negar a las personas; Louisa nunca le había dado vida a las
cosas, y tampoco le había dado humanidad a los obreros hasta ese momento (Nussbaum.
1997: 67). Ahora bien, este suceso comienza a abrir lo que se va a tratar después. Por ahora
es del caso observar el segundo punto importante en el descubrimiento de Louisa de sus
vacíos; la relación de ésta con James Harthouse resulta ser un punto crucial en el desarrollo
de la narración, pues él logra conocerla más de lo que hubiera podido hacerlo cualquiera en
muy poco tiempo y logra formar con ella una intimidad que nunca había formado con
nadie. Esto, más las diferencias cada vez más amplias entre ellas y su marido el señor
Bounderby, empezó a crear una gran confusión en Louisa; Harthouse cada vez la buscaba
más y la confianza mutua era cada vez mayor; sin embargo, el amor que le profesaba
Harthouse a Louisa no logró dominarla; era de esperarse que una mujer que había acabado
con toda emoción en ella no respondiera a las pretensiones de él; sin embargo, de alguna
manera sí lograron hacer un cambio en ella; se dio cuenta de que había algo en ella que
faltaba, o más bien, encontró en ella una contradicción insalvable que era imposible de
manejar con los métodos prácticos que le había enseñado su padre. Había en Louisa un
conflicto emocional; aunque estaba en ella lo que había recibido en su educación, en ese
momento tenía creencias totalmente contrarias; sentía que se le había despojado de algo y,
gracias a las pretensiones de Harthouse, se dio cuenta de lo que era; sentía, o así parece,
amor por alguien pero no sabía cómo asimilarlo; la razón instrumental fracasó
rotundamente en este punto.
Aquí llega la segunda conversación de Louisa con su padre; luego de haberse ella
reunido con Harthouse y haberlo dejado llega a la casa de Gradgrind en medio de la lluvia e
inicia la conversación de manera contundente: “-Padre, vos habéis sido quien me ha
educado desde la cuna. -Así es, Louisa. -¡Maldita sea la hora en que nací para un destino
semejante!” (Dickens. 1982: 246). En este punto ya no hay manera de que Gradgrind no
tomara las palabras de Louisa como un vehemente reclamo; el reproche de ella a su padre
por haber acabado con los dones inapreciables que distinguen la vida de un estado de
muerte inconsciente, como ella misma lo expresa, (Ibíd.) ya no es en lo más mínimo un
elogio a la labor educativa de Gradgrind; él, evidentemente, se da cuenta de ello y sufre la
misma contradicción insalvable que sufrió su hija al encontrarse con Harthouse: “-Crecí,
padre mío, poseída de un hambre y de una sed que no se han visto apagadas ni un solo
instante, con un ardiente impulso que me llevaba hacia alguna región en que las reglas,
los números y las definiciones no reinasen como señores absolutos; crecí, y cada pulgada
de mi camino me costó una batalla. -Nunca supe, hija mía, que fueras desdichada.” (Ibíd.:
249). Sería engorroso citar toda la escena, pues toda ella está cargada de contenido en lo
que se está tratando en este momento; pero lo que puede decir al respecto es que en este
punto hay un cambio fundamental; Gradgrind se desconoce y se da cuenta de que ha hecho
las cosas totalmente incorrectas y de que, contrario a lo que él esperaba, una hija brillante y
exitosa, consiguió que ella fuera una mujer desdichada y que vivía en constante
contradicción emocional.
Ya en la cama, después de haberse desmayado tras haberle soltado toda una vida de
desdichas a su padre, Louisa escucha las inclementes censuras de Gradgrind hacia sí
mismo; su sistema se había derrumbado totalmente. Las emociones halladas en este
encuentro entre padre e hija son notorias, y todas giran en torno a un hecho común; había
algo más que la simple racionalidad instrumental y el no haberse dado cuenta de ello trajo
consecuencias bastante negativas.
Con Louisa y Tom se han podido ver las consecuencias de no cultivar la imaginación
en la infancia; Dickens lo muestra a través de su narración y Nussbaum lo recoge
teóricamente en sus ensayos sobre la fantasía y las emociones. Estas, como son tratadas por
la filósofa, dan cuenta de lo que es el valor de las cosas por sí mismas; la fantasía y la
imaginación, como tales, no tienen ninguna utilidad práctica, que era en lo que se basaba la
vida de Gradgrind; precisamente en esto radica su importancia moral: existen cosas que son
valiosas por sí mismas y no por lo que producen. De esta manera, al trasladarse la
imaginación cultivada en las cosas hacia las personas, se abre un amplio espectro moral que
brinda a las personas un valor intrínseco y, en consecuencia, se genera una perspectiva
moral frente a ellas; así sucedió con Louisa y el obrero Blackpool y con Gradgrind y su
encuentro con las inconformidades de su hija.
Más arriba se trató que Tom planeaba “desquitarse” por la educación que había
recibido; y, en efecto, sus acciones trajeron terribles consecuencias; pero éstas se dieron así
para mostrar el caso contrario, es decir, una vez que Louisa y su padre se han dado cuenta
de lo que dejaron pasar por alto a lo largo de sus vidas y han obtenido una concepción más
amplia y, en cierto sentido, más moral, se muestra en la novela los resultados del cultivo
temprano de la imaginación y la fantasía. Así que hay que ver lo que sucede en la tercera
parte de la novela.
Tom ha robado dinero del banco de su cuñado el señor Bounderby; sin embargo,
todas las miradas acusadoras se posan sobre Stephen Blackpool, quien se encuentra
“prófugo” tras haberse ido de la ciudad después de la condena por parte de sus compañeros
obreros. Luego de haberse separado, Louisa y Bounderby se reúnen con Raquel, Tom y la
anciana que estaba en la casa de Blackpool. Lo que cabe resaltar es que, ya con una
percepción más amplia, Louisa y su padre, a diferencia de Bounderby, creen en la inocencia
de Blackpool, lo cual acerca a aquélla con Raquel y las hace amigas. Un día salen al campo
y se dan cuenta de que Blackpool, camino a la ciudad, había caído en un pozo; tras su
rescate y posterior muerte, que al final logra demostrar su inocencia, Gradgrind ya no puede
ocultarse el hecho de que su hijo había sido el culpable del robo; sin embargo, y para su
alegría, Sissy logró que Tom escapara de la ciudad y se fuera al circo de Sleary.
Posteriormente, Louisa, su padre y Sissy salen en su búsqueda y lo encuentran en el circo;
en el encuentro entre Tom y su padre, vuelven a salir a la luz los errores de Gradgrind en la
crianza de sus hijos, sólo que esta vez de manera mucho más cruel: “De tantas o cuantas
personas que ocupan cargos de responsabilidad, un tanto por ciento de tantas o cuantas
abusan de la confianza depositada en ellas. Esto es una ley, a vos mismo os lo he oído
decir centenares de veces. ¿Qué puedo hacer yo contra lo que es una ley? De ese
razonamiento os habéis servido más de una vez, padre, para consolar a otros. ¡Consolaos
ahora vos mismo con él!” (Ibíd.: 325). Esta gran condensación de nueve capítulos en un
párrafo sirve para hacer notar dos cosas: la primera ya se ha tratado largamente a lo largo
del texto; las consecuencias de no haber cultivado la imaginación en la infancia saltan a la
vista, aún más en Tom; su anunciado desquite se volvió contra él y lo convirtió en una
persona soberbia y desgraciada; Louisa y su padre comprendieron sus vacíos de una manera
dolorosa, aunque eso les serviría posteriormente. La segunda es lo contrario, se refiere a los
resultados del cultivo de estas cualidades en las personas; Sissy, desde que comenzaron los
problemas con Tom, fue una pieza clave para que las cosas no salieran peor de lo que
pudieron haber sido; su gran sensibilidad le dio una visión amplia para resolver los
problemas de Louisa y de Tom. Mientras que ésta y su padre, después de ese doloroso
encuentro, adquirieron, como ya se ha dicho, una visión más amplia de las cosas, y
supieron afrontar la situación de Tom. En este punto hay una respuesta clara a la pregunta
que plantea Nussbaum: “¿De qué manera precisa se conecta la fantasía con la caridad y
la generosidad, con la compasión por el género humano y con un uso benéfico de la
razón?” (Nussbaum. 1997: 67). Se conectan en la medida en que, gracias a la fantasía y a la
imaginación, se aprende a valorar las cosas por sí mismas y no por la utilidad que éstas
puedan ofrecer; todo esto se puede ver en la novela, principalmente en Sissy, Louisa y su
padre.
Para concluir, hay que decir que esta novela presenta una perspectiva bastante atinada
de lo que son las relaciones humanas y de los elementos que son indispensables a la hora de
formarse lo que llaman una “inteligencia emocional”; no por nada Dickens exhorta al lector
al final de su novela a trasladar las reflexiones suscitadas por la narración a la vida real, de
esta manera se puede tener un buen horizonte de lo que son la compasión y la generosidad
entre los hombres.

3. Bibliografía.
- Dickens, C. (1982). Tiempos difíciles. Bogotá: Oveja negra.
- Nussbaum, M. (1997). Justicia poética. Santiago de Chile: Andrés Bello.
- ___________. (2008). Paisajes del pensamiento. Una inteligencia de las emociones.
Barcelona: Paidós.