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Exposición: Las emociones como juicios de valor. Apartados VI, VII, VIII, IX, X.

Daniel Esteban Quiroz


Curso: Literatura y pedagogía. Un enfoque desde Martha Nussbaum
Profesora: Marta Grajales
Fecha: 13/11/12

Características posteriores de la emoción como juicio valorativo

1. Introducción.

Lo concerniente a los apartados que se van a tratar son una serie de afirmaciones que
pretenden sustentar lo postulado anteriormente por Nussbaum, es decir, las preguntas y
posteriores tesis apoyan su aseveración principal sobre el carácter evaluador y cognitivo de
las emociones. Hasta el apartado V la autora expone las características que hacen de la
emoción un juicio valorativo; la cuestión sobre el eudaimonismo, la proposición como base
de toda emoción y la intencionalidad de ésta dejan unos supuestos establecidos para las
tesis que se van a tratar, con el fin de darle a las emociones un lugar fundamental para el
pensamiento humano, alejándolas de cualquier carácter de irracionalidad, aunque es verdad
que éstas tienen la condición de ser pasivas. Es del caso recordar, para lograr una cabal
comprensión del argumento, que las emociones tienen como punto de partida una serie de
creencias, hábitos y experiencias sobre distintos aspectos de la vida y objetos particulares;
dichos objetos son tratados de manera intencional, es decir, la emoción implica una
interpretación sobre la cosa en tanto ésta tiene un papel en el individuo, en sus objetivos y
proyectos, según Nussbaum, aunque no constituyen, contrariando la opinión de Aristóteles,
un sistema de creencias establecido, puesto que en ocasiones este entramado resulta ser
contradictorio, lo que constituye una serie de conflictos emocionales; en este orden de
ideas, la filósofa lanza la tesis de que las emociones siempre versan sobre las cosas en
relación con el “yo”, con el humano que las experimenta. Dicho esto, aunque dejando de
lado algunos otros detalles, ya se tiene un punto de partida para la comprensión de lo que
viene posteriormente. Es preciso destacar la interesante manera como Nussbaum pone el
cimiento de sus ideas a través de la historia de la muerte de su madre, pues a través de todo
el capítulo se mantiene este relato como ejemplo de lo que ella desea mostrar; en el punto
de inicio de este texto, Nussbaum concentra sus argumentos no sólo en el suceso de la
muerte de su madre, sino en la emoción de la aflicción que sintió durante ese momento; es
ésta, aunque involucra otras para reforzar sus aseveraciones, la que va a servir para trazar
las ideas sobre lo no cognitivo en la emoción, el papel de la imaginación en la misma, la
diferencia entre juicios1de fondo y juicios de situación, la pregunta por la reducción de la
emoción y, finalmente, la cuestión del conflicto emocional.

2. La contingencia de los elementos no cognitivos.

La pregunta con la que comienza el apartado VI resulta pertinente para una mejor
comprensión de las emociones, por lo menos en la concepción de Nussbaum. Ya está dado
el supuesto de que éstas son en tanto hay elementos cognitivos, pero la manera como se
manifiestan dice mucho más que lo que muestra un mero proceso mental, es decir, “todas
las emociones humanas son procesos corporales” (Pág. 81), se muestran de alguna manera,
suscitan algún tipo de sensación que se experimenta junto con la aceptación de la
proposición concerniente y el juicio valorativo respectivo. Ahora bien, es importante hacer
una diferenciación -que es necesaria en el idioma inglés, puesto que la palabra feeling
abarca lo que en español se concibe como sensación y sentimiento- que va a resultar
fundamental para responder a la pregunta que titula el apartado: “¿Hay elementos no
cognitivos necesarios?” (Pág. 79). Es necesario definir entonces las sensaciones con
contenido intencional definido y las sensaciones sin contenido intencional. Las primeras, al
tener como causa un evento ajeno al cuerpo, se basan en juicios sobre los objetos que hacen
parte de dichos eventos, lo cual hace que no se diferencien de la percepción y el juicio
valorativo, en suma, les da un carácter cognitivo; lo que se busca es precisamente lo
contrario en la emoción; las últimas se dan con relación a funciones meramente corporales,

1
En el apartado VII Nussbaum utiliza los conceptos de “juicio” y “emoción” indistintamente.
sin necesidad de eventos exteriores. En efecto, es en este último grupo de sensaciones en el
que hay que buscar la respuesta a la pregunta del apartado VI, sin embargo, Nussbaum nos
advierte desde el principio que el funcionamiento del cuerpo humano es totalmente variable
entre los diferentes sujetos, incluso en uno solo se puede dar esta versatilidad; por tanto,
buscar un estado corporal, en suma una sensación no intencional, que se equipare y haga
parte de la definición de la aflicción 2puede llegar a ser una empresa imperiosa, pues las
sensaciones pueden darse junto con el juicio como no darse; lo más que pudiera proponerse
en este sentido son asociaciones que se presentan con frecuencia -la autora pone el ejemplo
de la efervescencia respecto a la ira-, aunque evidentemente hay excepciones, lo que
confirma el hecho de que no hay ninguna sensación no intencional que se dé siempre y en
todos los casos de aflicción, lo cual haga de él una parte fundamental de su definición. En
este orden de ideas, Nussbaum propone dos consecuencias posibles sobre esto: la primera
de ellas es la existencia de emociones inconscientes; la segunda concierne a la emoción
consciente: la sensación no intencional es variable en ella.
No obstante, es necesario insistir en que la aflicción se debe manifestar de alguna
manera y no quedarse solamente en un mero proceso del pensamiento; ahora bien, ¿las
emociones tienen sensaciones sui generis? Nussbaum despacha rápidamente la cuestión
arguyendo que tal cosa debería ser captada de alguna manera, lo único común en la
emoción es un patrón de pensamiento. Lo único que queda es, como la misma autora lo
plantea, hacer concesiones; sin embargo, surge la pregunta por el placer y el dolor: ¿no es
cierto que ciertas emociones van siempre acompañadas de placer o dolor según el caso? La
objeción le pone a Nussbaum la tarea de definir estos conceptos para determinar si la
cuestión planteada supone una respuesta positiva.
El placer, en primer lugar, no se debe tomar como un sentimiento, mucho menos una
sensación no intencional; para esto, Nussbaum recurre a la definición de Aristóteles según
la cual el placer es una manera de hacer las cosas, que consiste en hacerlas “sin trabas”
(Pág. 87); esto significa que no es algo que se dé aparte del pensamiento, en suma, la acción
de pensar se puede ejecutar placenteramente, es decir, sin trabas; esto lo hace una categoría

2
En adelante se toma, en algunos puntos, el ejemplo de la aflicción para explicar el argumento tal como lo
hace Nussbaum.
que entra en lo cognitivo, por lo que no se incluye en la definición de ninguna emoción
como elemento no cognitivo, no responde a la pregunta del apartado.
El dolor, por otro lado, también es concebido por la autora como parte de la esfera
cognitiva, puesto que, dejando de lado el dolor como algo concerniente al solo cuerpo, si se
habla de él como “dolor por”, se está hablando en términos intencionales, es decir, en
términos de interpretación de un objeto al cual está dirigido la emoción, en el caso de
Nussbaum, la aflicción; en este orden de ideas, tampoco se puede hablar del dolor como
elemento no cognitivo definitorio de la emoción.
Ya no hay impedimentos para la tesis que busca la autora; en efecto, las emociones se
manifiestan a través de sensaciones no intencionales, pero no hay ninguna de ellas que
pueda darse en todos los sujetos cuando experimentan una emoción específica. Las
emociones se manifiestan de manera variable en la persona, lo único común son los
patrones de pensamiento que las suscitan. La pregunta del apartado VI puede ser entonces
respondida, sin inconvenientes, con un “no”.

3. Modificación de la concepción cognitivo-evaluadora.

Dicho esto, es preciso mostrar ahora la cuestión planteada por Nussbaum en el


apartado VII; ya está claro que la emoción puede ser definida en los términos cognitivo-
evaluadores sobre los que ya se ha argumentado suficiente, sin embargo, lo que se quiere
mostrar acá es que la experiencia que conlleva la emoción tiene un carácter evaluador,
eudaimonista, y “algo más”; el ejemplo de la aflicción puede servir para comprender este
planteamiento. Ésta no es simplemente la aceptación de una proposición sobre la pérdida de
algo que era importante para una persona, también conlleva un conjunto de percepciones
que le dan contenido y fuerza a la emoción, o en palabras de Nussbaum: “la propia
experiencia de la emoción comporta una tormenta de recuerdos y percepciones concretas
que se aglomeran alrededor de ese contenido, pero añaden cosas a lo que estaba presente en
el mismo” (Pág. 88). La densidad dada por dichas percepciones, a diferencia de los
elementos no cognitivos, sí pueden ser definidoras de la vivencia emocional, aunque no en
todos los casos, lo cual se explicará después.
Ahora bien, ¿por qué elemento son proporcionadas las percepciones? La autora
propone que es la imaginación la que se encarga de llenar de contenido y de detalles
perceptivos a la aceptación de la proposición concerniente a lo que sucede con el objeto que
es parte de la vida de la persona. Esto logra explicar el porqué la persona se distancia o es
indiferente de algunos sucesos, mientras que se apropia de otros; y es que si no hay una
riqueza imaginativa que logre que el individuo adquiera un apego por el objeto, y lo
convierta en parte fundamental de su conjunto vital de objetivos y expectativas, lo que
suceda con la cosa no afecta, por lo menos no tan intensamente, a la persona; estas palabras
de Nussbaum pueden ayudar a comprender lo que se plantea: “las emociones humanas son
modeladas por el hecho de que somos criaturas perceptivas: su rica textura se origina en
nuestras capacidades sensoriales” (Pág. 89).
Se había advertido que las percepciones imaginativas pueden ser definidoras de la
vivencia emocional, pues le dan la fuerza y la densidad a la emoción; pero esto no se da en
todos los casos según lo aclara la autora, puesto que dichas percepciones se dan en una
imaginación particular, por lo que las figuraciones varían según la situación (Pág. 90).
Habrá entonces algunas situaciones en las que las percepciones no actúan con toda su
potencia, pero esto no quiere decir que el juicio sobre el objeto no se siga dando; siguiendo
el ejemplo de Nussbaum, una persona puede querer a su hijo en todo momento así esté
concentrada en cualquier otra cosa. Estas afirmaciones introducen la tesis de la filósofa de
que existen emociones inconscientes o juicios que permanecen en la mente de manera
constante, y que pueden ser despertados, o se puede tomar conciencia de ellos según
situaciones determinadas; este es el tema que ocupa el parágrafo que se va a tratar en lo que
sigue.

4. Juicios generales y concretos. Juicios de fondo y de situación.


En el apartado VIII Nussbaum pasa a hacer distinciones fundamentales para la
comprensión de las emociones; ya se sabe que éstas tienen un carácter cognitivo-evaluador,
eudaimonista, y que además, en ocasiones, están reforzadas con densas percepciones
imaginativas acerca de las cosas. Ahora bien, lo que es del caso introducir ahora es que las
emociones están determinadas no sólo por un juicio, sino por todo un entramado de ellos,
sobre los cuales la autora hace una distinción entre juicios “generales y concretos” y otra
entre juicios “de fondo y de situación”. Ya se había advertido anteriormente que Nussbaum,
por lo menos en este parágrafo, utiliza indistintamente los términos “emoción” y “juicio”,
puesto que también menciona emociones “generales y concretas” y “de fondo y de
situación”, sin hacer una diferencia específica entre los términos, lo que hace complejo, en
ocasiones, seguir el argumento de la filósofa; en este caso, habrá una avocación a la misma
indistinción.
En el caso de los juicios generales, se puede decir que son todo lo que se considera
que es bueno o no para el individuo y simultáneamente para los demás -aunque tomando en
cuenta siempre el elemento autorreferencial, cuestión que será explicada más adelante;
siguiendo el ejemplo de Nussbaum en el caso de la aflicción, un juicio general puede ser el
siguiente: “algunas personas y cosas fuera del yo poseen gran importancia para mi
florecimiento” (Pág. 91), además de todos los que se puedan desprender de éste que
también sean generales. Sobre esto, Nussbaum propone que hay unos “niveles” de
generalidad, que finalmente se desprenden en el juicio concreto, aunque ella no menciona
esto específicamente; si se quiere algo por características que bien pudieran trasladarse a
otro objeto, la aflicción, en el caso de la autora, sería muy diferente; pero es acá donde
puede entrar el elemento autorreferencial y el juicio concreto, además de contribuir a él la
percepción imaginativa, puesto que se trata de algo que concierne a mi “yo”, a mi
individuo, en suma, al conglomerado de mis objetivos y expectativas; el elemento
eudaimonista y la referencia al propio “yo” son los que logran aclarar la diferencia entre
juicios generales y concretos.
Ahora se pasa a la diferencia entre los juicios “de fondo y de situación”, que son
finalmente los que más interesan a la autora, y cuya explicación es bastante compleja. Una
definición sencilla de los juicios de fondo podría ser que son los que permanecen y
persisten en diferentes tipos de situaciones; esta clase de juicios son los que determinan el
curso de nuestras acciones, pues son los que están basados mayormente en creencias sobre
las cosas. Es del caso decir que son más duraderas, como dice Nussbaum, que los juicios de
situación; además de esto, en muchos casos, por su misma permanencia y omnipotencia en
el pensar y el actuar, son inconscientes, puesto que guían el comportamiento aunque no se
sepa que lo hace; sin embargo, Nussbaum aclara que esta clase de juicios pueden salir a la
luz en situaciones específicas y hacer que el individuo sea consciente de ellas, por ejemplo
el miedo a la muerte, el cual permanece en nuestra mente pero se pone delante de nosotros
en algunas situaciones de peligro. Se seguirá hablando de los juicios de fondo, pues son los
que más profundiza la autora, además de que aún quedan algunos detalles por mencionar
sobre ellos; pero por ahora es del caso definir lo que son los juicios de situación.
Estos juicios se producen en un contexto específico, en una situación determinada;
éstos también pueden ser conscientes o inconscientes según el caso; ejemplo de esa
inconsciencia es el hecho de estar enojado con alguien sin percatarse de ello. Parece
evidente, por el carácter situacional de esta clase de juicios, que éstos no se dan solos, sino
que necesitan primero de juicios de fondo para que se manifiesten más aún si estas
emociones de situación van a ser inconscientes, dicho con las palabras de la autora: “para
que se produzca una emoción de situación por lo general es necesario que un juicio de
fondo se combine con un juicio específico que sitúe el objeto de la emoción de una manera
concreta en un contexto real” (Pág. 97).
Es menester destacar que la interrelación que hay entre los juicios “generales y
concretos” y los “de fondo y de situación” se puede dar en todos los casos posibles, es
decir, un juicio de fondo puede ser general o concreto, lo mismo uno de situación; un
ejemplo de un juicio general y de situación puede ser acerca de la injusticia política en
algún país o contra un grupo específico -ejemplo que pone la autora; un modelo de juicio
concreto y de fondo puede ser el miedo a la propia muerte (Pág. 96).
Sin embargo, siempre y en todos los casos, los distintos juicios tienen como base uno
de fondo, puesto que está basado en creencias, por tanto es preciso profundizar en éstos,
sobre todo en sus bases. Ahora bien, ¿qué otras características tienen los juicios de fondo y
por qué se dan? Una cosa que se puede decir acerca de estos juicios es que son los que más
se conectan con el carácter eudaimonista de la emoción, puesto que, según Nussbaum, éstos
se forman a la par con la construcción del apego hacia lo que se quiere -en algunos casos- y
la formación del conjunto de objetivos y expectativas; según la autora, algunas de las
emociones de fondo se dividen en “un apego persistente y un componente situacional”
(Pág. 97); además de esto, también encierra el componente de pasividad, es decir, en ellos
está incluida la creencia de que hay ciertas cosas y sucesos que no están bajo el control del
individuo. Tal vez haciendo recapitulación se entienda mejor el argumento: los juicios de
fondo están basados en creencias, las cuales modelan el comportamiento de las personas;
también son los que sirven de cimientos para las emociones situacionales, pues éstas son
finalmente una concreción de la emoción de fondo en un contexto particular; éstos pueden
darse consciente o inconscientemente según la situación, lo importante es que siempre se
dan en los diferentes momentos en los que la persona actúa según el objeto de la emoción;
además de esto, es fundamental el componente de pasividad para que estos juicios se den,
puesto que es necesario, en la mayoría de los casos, el apego o la necesidad de algo cuya
existencia no depende de nosotros. Con todo, se puede decir que es la pasividad una suerte
de punto de unión entre los juicios de fondo y los de situación; Nussbaum lo explica mejor
en sus términos: “la emoción de fondo reconoce la dependencia o necesidad de algún
elemento incontrolable del mundo; la emoción situacional responde a la forma en que el
mundo colma o deja insatisfechas las necesidades propias” (Pág. 98). Además de la
pasividad, también está el elemento, ya mencionado, de la autorreferencia: cuando se da un
juicio sobre algo, no sólo se da con respecto al “yo”, sino también al objeto en general, es
decir, también hay elementos no autorreferenciales; ejemplo de ello es la muerte: no sólo se
le tiene miedo a la propia muerte, también se considera respecto a esto que la muerte en sí
misma es mala (Pág. 96).
Ya se empieza a tener un mapa completo de las emociones como las describe la
filósofa, hasta donde se tiene, se puede concluir, y así es la tesis de Nussbaum mencionada
más arriba de manera breve, que la emoción no es sólo la aceptación de una proposición
acerca de un objeto, sino que ésta incluye un conjunto completo de juicios, tanto de fondo
como de situación, tanto generales como concretos, en términos autorreferenciales y no
autorreferenciales, cuya densidad y fuerza depende en gran medida de la percepción
imaginativa acerca de la cosa sobre la cual versa la emoción; este mapa general permite
salvar la variabilidad de las emociones en cada individuo, puesto que no define con
especificidad los detalles sensibles y sensoriales de cada una de las emociones; el ejemplo
que pone Nussbaum de la aflicción es una muestra fiel de todo el mapa trazado a lo largo
del apartado.
En conclusión, las emociones tienen cuatro puntos fundamentales: la objetividad, es
decir, siempre se da en intencionalidad hacia algo, versa sobre algún objeto; la pasividad, es
decir, no depende de la persona sentir tal o cual emoción, son los sucesos del mundo en el
objeto los que hacen que se combinen los distintos tipos de juicios y percepciones para que
en él se dé la emoción; la mundanidad, es decir, la fuerza de las emociones la proporciona
el mundo y sus hechos en su trato con nosotros; y finalmente, cuestión que sólo deja
planteada, hay ciertas emociones que, por conocer la causa de ellas de una manera clara, no
son formulables lingüísticamente.

5. “Frescura” y disminución de la emoción.

Luego de todo lo anterior, queda por explicar una cuestión sumamente legítima
cuando se va a hablar de emociones; y es que bien es verdad que éstas, en especial la
aflicción en el ejemplo de la autora, disminuyen su fuerza, aunque la proposición que
generó la emoción permanece intacta; es del caso preguntarse bajo qué elemento o cómo
disminuye ésta. Más aún, es preciso preguntarse, y ése es el tema central del parágrafo IX:
¿hay una diferencia cognitiva cuando se considera una emoción o una serie de juicios en
diferentes momentos? Nussbaum va a responder afirmativamente siguiendo su ejemplo de
la aflicción por la muerte de su madre, dando para ello cuatro puntos de vista diferentes.
El primero de ellos afirma que la emoción, con el paso del tiempo, adquiere el lugar
de juicio de fondo en vez de ser un juicio de situación, lo cual hace que permanezca
inconsciente hasta que alguna percepción o recuerdo despierte de nuevo el conjunto de
juicios que conllevan la emoción.
El segundo da a entender que las proposiciones relativas a la emoción cambian de
lugar con respecto a pensamientos de otro tipo; de esta manera, las creencias y los objetivos
son reorganizados con respecto a una asimilación del hecho que generó la emoción; en el
caso del ejemplo de Nussbaum, la vida de ella ya no se organiza con respecto a la
existencia de su madre, pues ésta ya no se da, sus creencias se deben organizar de otro
modo. Sin embargo, en este punto no hay cambio emocional alguno, puesto que la
modificación se da con respecto a otros pensamientos, y la emoción no se da en este
sentido; es del caso buscar la respuesta a cómo mengua ésta en sí misma, sin la
intervención u organización del esquema cognitivo.
El tercer punto sí responde la cuestión anterior, puesto que se basa en la explicación
del apego hacia las personas -es menester recordar que Nussbaum fundamenta su
argumento en el ejemplo de la aflicción-; también entra a jugar el elemento eudaimonista
en este sentido. Ahora bien, las personas son partes constitutivas del florecimiento del
individuo; algunos, como los padres, juegan este papel en la medida en que son relevantes
para la vida misma, puesto que no fueron escogidos, sino que están en nosotros en la
medida en que los necesitamos y el apego por ellos se va formando con las percepciones
sobre ellos. En este sentido, los juicios no sólo cambian respecto a otros, sino que lo hacen
ellos mismos, puesto que el elemento eudaimonista varía; la proposición ya no es “mi
madre es una parte importante en mi vida” sino “mi madre era una parte importante en mi
vida”. Este cambio, al modificar una parte sustancial del juicio, puede representar incluso
cambios en la vida misma, lo cual puede explicar por qué algunos tardan tanto en elaborar
un duelo o, en términos generales, asimilar el hecho ocurrido; en este orden de ideas, la
importancia del objeto puede hacer variar los juicios entre sujetos, es decir, si más de un
sujeto experimenta el mismo suceso respecto al objeto considerado, los juicios que se den
en cada uno y la emoción que los acompaña depende de la importancia que cada uno le
haya dado al objeto, los objetivos y expectativas que cada uno haya tenido con él modifican
la reacción a la proposición fundamental de la emoción.
El cuarto y último punto considera algo parecido al anterior, pero tiene en cuenta un
elemento adicional: la percepción imaginativa; lo que contribuye en gran medida a la
reducción de la emoción es que el objeto de ella ya no es percibido por el individuo; si una
buena parte de la emoción, como ya se ha tratado anteriormente, es que se tiene una
percepción de los detalles del objeto, la ausencia de esta acción hace que se reduzca
también la emoción. Esto puede explicar fácilmente la reducción de la emoción sin
necesidad de vincularla a otros pensamientos y manteniendo el carácter cognitivo de la
misma; a este respecto Nussbaum dice: “la imaginación se desvanece, lo cual provoca el
cambio del contenido de la emoción: ya no convierto a mi madre en una parte tan destacada
de mi vida porque ya no la tengo ante mí. (…) Las actividades cognitivas externas al
contenido proposicional desempeñan un papel dinámico en el cambio emocional,
influyendo en la variación de dicho contenido” (Pág. 107). Ahora bien, a este respecto,
Nussbaum plantea la pregunta por el papel de la percepción imaginativa en un posible
retorno de la emoción; ¿qué es primero, la variación imaginativa o el juicio eudaimonista?
La respuesta de la autora es que en parte se puede dar cualquier orden; pero en términos
generales, es más factible que dé primero el juicio eudaimonista, pues una percepción
específica, en cualquier otro objeto, no produce la emoción; es necesario que para que dicha
percepción tenga importancia se dé primero el juicio valorativo sobre el objeto hacia el cual
se da aquélla.
Luego de esto, y como conclusión de este apartado, se puede decir que el juicio
actualizado sobre un objeto que ha dejado de estar en la persona es una categoría cognitiva,
aunque siempre con respecto al pensamiento eudaimonista sobre el mismo. “El cambio
perceptivo deviene relevante en gran medida como corolario del reajuste de las
necesidades, objetivos y proyectos propios” (Pág. 109).

6. El conflicto emocional.

La pregunta que se plantea a continuación, en el apartado X, es sobre el conflicto


emocional; desde hace mucho tiempo se ha considerado este conflicto como una especie de
pugna o pelea, por la cual las emociones buscan dominar al individuo. En este caso,
Nussbaum quiere dejar de lado esta explicación por la pugna, y desea permanecer en los
términos cognitivos; para esto, ella explica que los llamados conflictos entre emociones se
dan primero, evidentemente, porque no se sabe cómo reaccionar ante un evento específico;
dicho desconocimiento se da por una dialéctica afirmación-negación de los juicios o más
bien de la importancia de los mismos; hay, como dice la autora, una oscilación de
perspectivas cambiantes con respecto a la cosa. Estas perspectivas se dan en un debate del
individuo consigo mismo sobre lo que es importante en la vida. Esto con respecto al
conflicto emocional.
Ahora, con respecto al paso de una emoción a otra, Nussbaum afirma que ésta se
puede dar porque las emociones “establecen una relación dinámica entre sí” (Pág. 111) que
depende de los sucesos y los objetos sobre los que versen, los cuales hacen fluir los juicios
según su carácter de manera constante; haciendo paráfrasis de la autora, los motivos de las
emociones son suministrados por la vida, en combinación con la evaluación subyacente
misma (Pág. 111). Aquí se demuestra, una vez más, el carácter de pasividad de las
emociones.
Finalmente, Nussbaum hace una apelación por la importancia de las emociones y los
apegos sobre los que se cimentan éstas, arguyendo que, como lo propone Proust, las
emociones hacen la vida más enriquecida; sin ellas, la vida sería una llanura uniforme y
distante de los sucesos de la vida. Lo que logran las emociones, desde esta perspectiva, es
que nos dan una visión concreta del mundo, un reconocimiento del mismo y una manera de
entenderlo y valorarlo.