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Planteamiento del Problema

La homofobia es una enfermedad psico-social que se define por tener odio a los
homosexuales; es, de modo más extenso, la denigración en los hombres de cualidades
consideradas femeninas y, en cierta medida, de las cualidades consideradas
masculinas en las mujeres. Pertenece al mismo grupo que otras enfermedades
parecidas, como el racismo, la xenofobia o el machismo; Este grupo de enfermedades
se conoce con el nombre genérico de fascismo, y se fundamenta en el odio al otro,
entendido éste como una entidad ajena y peligrosa, con valores particulares y extraños,
amenazadores para la sociedad, y -lo que es peor- contagiosos.

La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las
condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de
referencias agresivo contra los gays y las lesbianas, identificándoles como personas
peligrosas, viciosas, ridículas, anormales, y enfermas, marcándoles con un estigma
específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal),
social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos).

Mientras que a lo largo del siglo XX los movimientos por la igualdad han conseguido
importantes avances en los derechos de otros colectivos estigmatizados o excluidos,
como las minorías raciales o las mujeres, la homofobia sigue perviviendo en la
sociedad impunemente, sin que haya una conciencia colectiva de su peligro. Muestra
de esta situación es que, por ejemplo, todavía en muchos países las relaciones
homosexuales están penalizadas, se escuchan chistes de mariquitas en los medios
de comunicación, lesbianas y gays son agredidos por bandas de neonazis, se hacen
redadas policiales en los locales de ambiente homosexual y sus derechos no están
equiparados a los de las personas heterosexuales. Todo el mundo recuerda que los
nazis exterminaron a varios millones de judíos; nadie recuerda que también
exterminaron a cientos de miles de homosexuales, y que tras la derrota nazi muchos de
ellos siguieron en prisión porque en Alemania la homosexualidad era delito durante la
2a. Guerra Mundial y continuó siéndolo hasta 1994.

A la actualidad, la homofobia sigue presente de forma alarmante en muchos países.


Según Anmistía Internacional en 2007 existen más de 70 países cuyas legislaciones
contemplan penas por la homosexualidad.

Sin embargo, también es cierto que en los últimos años las legislaciones en países
latinoamericanos han comenzado a sancionar la discriminación por orientación sexual.
Es así como en Brasil, Ecuador, Colombia, Uruguay y México además de la protección
otorgada contra las agresiones y discriminaciones, se ha buscado la manera de que a
los homosexuales se les reconozca el derecho a convivir juntos como un matrimonio
por medio de la Unión Civil.

En nuestro país, fue el 10 de noviembre de 2006, el día feliz en el cual la comunidad


homosexual mexicana pudo celebrar que por fin se le reconocía el derecho a la unión
jurídica para establecer un hogar común. Por supuesto, los comentarios por parte de
los principales líderes de opinión, no se hicieron esperar. El Director del Colegio de
Abogados Católicos, Armando Martínez Gómez, advirtió que la iniciativa de Ley de
Sociedades de Convivencia atenta contra los valores morales que sustentan la
sociedad y recordó que la Iglesia no rechaza a las personas homosexuales, pero sí los
actos homosexuales por ser "intrínsecamente desordenados". Muy a su pesar, en
diciembre de 2009, la Ciudad de México se convirtió en la primera capital de América
Latina que reconoce como matrimonio la unión de personas del mismo sexo,
otorgándoles todas las obligaciones y derechos que corresponden, incluyendo el
derecho a ser padres o madres adoptivos.
Sin embargo, según encuestas, sólo el 22% de los mexicanos respalda tal legislación.
El 74% de los encuestados menciona no conocer parejas homosexuales que convivan
y aun así, sin conocer caso alguno, el 44% de ellos se opone rotundamente a que las
leyes reconozcan como matrimonio la unión entre personas del mismo sexo, y el 70%
dice que por ningún motivo se debe aceptar que parejas homosexuales adopten.

Aunque las cifras corresponden a


estudios realizados en la capital del país;
en los demás estados de la federación, la
actitud homofóbica de la población,
especialmente joven suele ser
igualmente radical. Según la encuesta
“Exclusión, Intolerancia y Violencia
en Escuelas Públicas de Educación
Media Superior” Chiapas es el estado
con mayor índice de intolerancia hacia
compañeros homosexuales, con un
62.5% de rechazo; mientras que Baja
California se sitúa en el otro extremo, con
un -igualmente considerable- 42.3% de
opiniones negativas.

Éstas, aunadas a aquellas posturas de


indiferencia nos colocan como sociedad
en una situación verdaderamente
lamentable en la cual, valores como
respeto, tolerancia y libertad para vivir en
paz y armonía, simplemente no existen.
Una ciudad homofóbica es muy capaz de marginar a un buen vecino y conciudadano o
de prescindir de los servicios de excelentes profesionales, tan sólo por ser ellos,
diferentes a los demás. Paradójicamente, mientras esta sociedad actúa de forma
agresiva y violenta los derechos humanos de esta minoría, exige justicia y respeto
hacia sus propios hijos... Y esto se vuelve un círculo vicioso.