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El Testigo Fiel

formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de

2003 ~

San Bernabé, apóstol, memoria obligatoria


Salterio: jueves de la segunda semana

Nacido en la isla de Chipre, fue uno de los primeros fieles de


Jerusalén, predicó en Antioquía y acompañó a Pablo en su primer
viaje. Intervino en el Concilio de Jerusalén. Volvió a su patria, predicó el
Evangelio y allí murió.

Oficio de Lecturas - versión simple · sin opciones


Inicio
Si Oficio de Lecturas es la primera oración del día se reza el Invitatorio

(se hace la señal de la cruz sobre los labios mientras se dice:)

V/. -Señor, Ábreme los labios.


R/. -Y mi boca proclamará tu alabanza.

Salmo 94: Invitación a la alabanza divina

en el rezo privado, puede decirse la antífona sólo


al inicio y al fin

Ant: Venid, adoremos al Espíritu Santo,


que nos ha hablado por medio de los
profetas y doctores. corregir

Venid, aclamemos al Señor,


demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

-se repite la antífona

Porque el Señor es un Dios grande,


soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

-se repite la antífona

Entrad, postrémonos por tierra,


bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

-se repite la antífona

Ojalá escuchéis hoy su voz:


«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

-se repite la antífona

Durante cuarenta años


aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

-se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Venid, adoremos al Espíritu Santo,
que nos ha hablado por medio de los
profetas y doctores. corregir
Si no:

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V/. -Dios mío, ven en mi auxilio.


R/. -Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya

Himno

¡Guardadnos en la fe y en la unidad,
vosotros, que ya estáis desde el principio
en comunión con Cristo y con el Padre!

¿A quién acudiremos
cuando la fe va herida
sino a vosotros, testigos vigilantes,
que anunciáis con palabra poderosa
lo que era en el principio,
lo que vieron de cerca vuestros ojos
y lo que vuestras manos
tocaron y palparon del Verbo de la vida?

¡Guardadnos en la fe y en la unidad,
vosotros, que ya estáis desde el principio
en comunión con Cristo y con el Padre!

¿En quién descansaremos


la duda y la esperanza
sino en vosotros, cimientos de la Iglesia,
que habéis visto al Señor resucitado,
y oísteis al Espíritu
revelar por el fuego y la palabra
el misterio de Cristo
que estaba oculto en Dios desde los siglos?

¡Guardadnos en la fe y en la unidad,
vosotros, que ya estáis desde el principio
en comunión con Cristo y con el Padre!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Por los siglos. Amén. corregir

o bien:

Voceros de Dios,
heraldos de amor,
apóstoles santos.

Locura de cruz,
de Dios es la luz,
apóstoles santos.

Mensaje del Rey,


de amor es la ley,
apóstoles santos.

De Cristo solaz,
sois cristos de paz,
apóstoles santos.

Sois piedra frontal


del reino final,
apóstoles santos. Amén. corregir

Primer Salmo

Salmo 43 - I: Oración del pueblo en las calamidades


Ant: Nos diste, Señor, la victoria
sobre el enemigo; por eso
damos gracias a tu nombre.
corregir

Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron,


nuestros padres nos lo han contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años remotos.

Tú mismo con tu mano desposeíste a los gentiles,


y los plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a ellos.

Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,


ni su brazo el que les dió la victoria,
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro,
porque tú los amabas.

Mi rey y mi Dios eres tú,


que das la victoria a Jacob:
con tu auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.

Pues yo no confío en mi arco,


ni mi espada me da la victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros adversarios.

Dios ha sido siempre nuestro orgullo,


y siempre damos gracias a tu nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. corregir

Ant: Nos diste, Señor, la victoria


sobre el enemigo; por eso
damos gracias a tu nombre.
corregir

Segundo Salmo
Salmo 43 - II:

Ant: Perdónanos, Señor, y no


entregues tu heredad al oprobio.
corregir

Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,


y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea.

Nos entregas como ovejas a la matanza


y nos has dispersado por las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy alto.

Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,


irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones.

Tengo siempre delante mi deshonra,


y la vergüenza me cubre la cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi enemigo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. corregir

Ant: Perdónanos, Señor, y no


entregues tu heredad al oprobio.
corregir

Tercer Salmo

Salmo 43 - III:
Ant: Levántate, Señor, y
redímenos por tu misericordia.
corregir

Todo esto nos viene encima,


sin haberte olvidado
ni haber violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se desviaran de tu camino nuestros pasos;
Y tú nos arrojaste a un lugar de chacales
y nos cubriste de tinieblas.

Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios


y extendido las manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra los secretos del corazón.

Por tu causa nos degüellan cada día,


nos tratan como a ovejas de matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión?

Nuestro aliento se hunde en el polvo,


nuestro vientre está pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. corregir

Ant: Levántate, Señor, y


redímenos por tu misericordia.
corregir

Lectura Bíblica

V/. Señor, ¿a quién vamos a acudir?

R/. Tú tienes palabras de vida eterna.


corregir

Destrucción de una fortaleza enemiga


Jos 5,13-6,21

En aquellos días, estando ya cerca de Jericó, Josué


levantó la vista y vio a un hombre en pie frente a él, con la
espada desenvainada en la mano. Josué fue hacia él y le
preguntó:

«¿Eres de los nuestros o del enemigo?»

Contestó:

«No. Soy el general del ejército del Señor, y acabo de


llegar.»

Josué cayó rostro a tierra, adorándolo. Después le


preguntó:

«¿Que orden trae mi señor a su siervo?»

El general del ejército del Señor le contestó:

«Descálzate, porque el sitio que pisas es sagrado.»

Josué se descalzó. Jericó estaba cerrada a cal y canto


ante los israelitas. Nadie salía ni entraba. El Señor dijo a
Josué:

«Mira, entrego en tu poder a Jericó y su rey. Todos los


soldados, rodead la ciudad, dando una vuelta alrededor; y así
durante seis días. Siete sacerdotes llevarán siete trompas
delante del arca; al séptimo día, daréis siete vueltas a la
ciudad, y los sacerdotes tocarán las trompas; cuando den un
toque prolongado, cuando oigáis el sonido de la trompa, todo
el ejército lanzará el alarido de guerra; se desplomarán las
murallas de la ciudad, y cada uno la asaltará desde su puesto.
»

Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les mandó:


«Llevad el arca de la alianza, y que siete sacerdotes lleven
siete trompas delante del arca del Señor.»
Y luego a la tropa:

«Marchad a rodear la ciudad; los que lleven armas pasen


delante del arca del Señor.»

Después de dar Josué estas órdenes a la tropa, siete


sacerdotes, llevando siete trompas, se pusieron delante del
Señor y empezaron a tocar. El arca del Señor los seguía; los
soldados armados marchaban delante de los sacerdotes que
tocaban las trompas; el resto del ejército marchaba detrás del
arca. Las trompas acompañaban la marcha. Josué había dado
esta orden a la tropa:

«No lancéis el alarido de guerra, no alcéis la voz, no se


os escape una palabra hasta el momento en que yo os mande
gritar; entonces gritaréis.»

Dieron una vuelta a la ciudad con el arca del Señor y se


volvieron al campamento para pasar la noche. Josué se
levantó de madrugada, y los sacerdotes tomaron el arca del
Señor. Siete sacerdotes, llevando siete trompas delante del
arca del Señor, acompañaban la marcha con las trompas.
Aquel segundo día dieron una vuelta a la ciudad y se volvieron
al campamento. Así hicieron seis días.

El día séptimo, al despuntar el sol, madrugaron y dieron


siete vueltas a la ciudad, conforme al mismo ceremonial. La
única diferencia fue que el día séptimo dieron siete vueltas a
la ciudad. A la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las
trompas y Josué ordenó a la tropa:

«¡Gritad, que el Señor os entrega la ciudad! Esta ciudad,


con todo lo que hay en ella, se consagra al exterminio, en
honor del Señor. Sólo han de quedar con vida la prostituta
Rajab y todos los que estén con ella en casa, porque escondió
a nuestros emisarios. Cuidado, no se os vayan los ojos y
cojáis algo de lo consagrado al exterminio; porque
acarrearíais una desgracia haciendo execrable el
campamento de Israel. Toda la plata y el oro y el ajuar de
bronce y de hierro se consagran al Señor: irán a parar a su
tesoro.»

Sonaron las trompas. Al oír el toque, lanzaron todos el


Sonaron las trompas. Al oír el toque, lanzaron todos el
alarido de guerra. Las murallas se desplomaron, y el ejército
dio el asalto a la ciudad, cada uno desde su puesto; y la
conquistaron. Consagraron al exterminio todo lo que había
dentro: hombres y mujeres, muchachos y ancianos, vacas,
ovejas y burros; todo lo pasaron a cuchillo. corregir

R/. Señor, mi Dios eres tú; te ensalzaré, te daré


gracias; porque convertiste la ciudad en
escombros, y jamás será reconstruida.
V/. Por fe se derrumbaron los muros de Jericó a
los siete días de dar vueltas alrededor.
R/. Porque convertiste la ciudad en escombros, y
jamás será reconstruida.
corregir

Lectura Patrística

Vosotros sois la luz del mundo


San Cromacio, obispo
De los tratados sobre el evangelio de san Mateo (Tratado 5, I.3-4: CCL
9,405-407)

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una


ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende
una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para
ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. El
Señor llamó a sus discípulos sal de la tierra, porque habían de
condimentar con la sabiduría del cielo los corazones de los
hombres, insípidos por obra del diablo. Ahora les llama
también luz del mundo, porque, después de haber sido
iluminados por el, que es la luz verdadera y eterna, se han
convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas.

Siendo él el sol de justicia, llama con razón a sus


discípulos luz del mundo; a través de ellos, como brillantes
rayos, difunde por el mundo entero la luz de su conocimiento.
En efecto, los apóstoles, manifestando la luz de la verdad,
alejaron del corazón de los hombres las tinieblas del error.

Iluminados por éstos, también nosotros nos hemos


convertido en luz, según dice el Apóstol: En otro tiempo erais
tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la
luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

Con razón dice san Juan en su carta: Dios es luz, y quien


permanece en Dios está en la luz, como él está en la luz.
Nuestra alegría de vernos libres de las tinieblas del error debe
llevarnos a caminar como hijos de la luz. Por eso dice el
Apóstol: Brilláis como lumbrera del mundo, mostrando una
razón para vivir. Si no obramos así, es como si, con nuestra
infidelidad, pusiéramos un velo que tapa y oscurece esta luz
tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los demás. Ya
sabemos que aquel que recibió un talento y prefirió
esconderlo antes que negociar con él para conseguir la vida
del cielo, sufrió el castigo justo.

Por eso la esplendorosa luz que se encendió para


nuestra salvación debe lucir constantemente en nosotros.
Tenemos la lámpara del mandato celeste y de la gracia
espiritual, de la que dice David: Lámpara es tu palabra para
mis pasos, luz en mi sendero. De ella dice también Salomón:
El precepto de la ley es una lámpara.

Esta lámpara de la ley y de la fe no debe nunca


ocultarse, sino que debe siempre colocarse sobre el candelero
de la Iglesia para la salvación de muchos; así podremos
alegrarnos con la luz de su verdad y todos los creyentes serán
iluminados. corregir

R/. Al llegar Bernabé a Antioquía y ver la acción


de la gracia de Dios, se alegró mucho, porque
era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y
de fe.
V/. Y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con
todo empeño.
R/. Porque era hombre de bien, lleno de Espíritu
Santo y de fe.

Final
Oremos:

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno


de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para
llevar a las naciones tu mensaje de salvación;
concédenos, te rogamos, que el Evangelio de
Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea
siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de
palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
corregir
Amén.


(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V/. Bendigamos al Señor.


R/. Demos gracias a Dios

En el rezo comunitario de ETF acostumbramos añadir:

V/. Desde la salida del sol hasta su ocaso...


R/. Bendigamos el nombre del Señor.

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