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VI.

La teoría moral: justicia y merecimiento

Hasta aquí, he examinado las actitudes básicas del per-


dón y el resentimiento y sus contrapartidas
autorreferenciales. Además de definirlas, he proporciona-
do una evaluación tanto moral como filosófica de ellas~
Pero mi análisis hasta el momento se ha centrado en las
actitudes que podríamos adoptar en la esfera personal -en
respuesta al mal causado directamente sobre nosotros, o
al que hemos causado nosotros-. Estamos ahora en dis-
posición de pasar a la esfera pública y considerar cómo
sería una sociedad que practicara el perdón de modo ade-
cuado. Pues una caracterización amplia de la respuesta al
mal debe indicarnos no solo cómo responder al daño que
hemos padecido, sino también qué leyes, políticas y prác-
ticas sociales deben adoptarse como respuesta pública al
mal.
En este capítulo me ocuparé, en primer lugar, de la
conexión entre las actitudes morales básicas y las diver-
sas teorías morales que pueden justificar las leyes, las po-
líticas y las prácticas sociales. Concretamente, sostendré
que las actitudes morales básicas del paradigma del per-

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dón conducen, al menos, a un esbozo general de una teo- mente, por lo tanto, en relación con la cuestión de si de-
ría moral estructurada en términos de justicia. En los bemos adoptar una teoría moral basada en la justicia o en
próximos capítulos me apoyaré, de hecho, en esta teoría el merecimiento; cuestión que es importante que exami-
para desarrollar la respuesta pública al mal propia del pa- nemos con detenimiento. En este capítulo defenderé que
radigma del perdón. Es importante reconocer que el tipo tenemos razones para preferir una teoría moral
de teoría moral que defenderé no se aparta del enfoque estructurada en términos de justicia, y que las teorías
sobre la respuesta al mal basado en la ética de las virtudes morales basadas en el merecimiento se enfrentarán a obs-
que vengo desarrollando; explicaré por qué eso es así. táculos estructurales importantes cuando intentemos jus-
Los retribucionistas creen que el castigo que impone tificar el merecimiento, determinar la carga o el beneficio
la ley constituye la respuesta pública intrínsecamente apro- merecidos y comparar atribuciones de merecimiento con
piada a las infracciones graves. Crean o no que las actitu- otras consideraciones morales, tales como las referidas a
des retributivas reactivas dan lugar a una teoría moral las necesidades, los derechos o la utilidad. Además, mos-
basada en el merecimiento, muchos retribucionistas pien- traré que muchos de estos problemas estructurales pue-
san que la justificación para castigar legalmente como res- den evitarse adoptando la teoría moral basada en la justi-
puesta pública a la mala conducta descansa, por lo menos cia que emerge del paradigma del perdón.
en parte, en la tesis de que el ofensor merece ser castigado Sin embargo, como señalé en el capítulo I, una razón
a tenor de la naturaleza de su ofensa. (Otros para el resurgimiento reciente del retribudonismo es que
retribucionistas ofrecen justificaciones más específicas del parece que puede explicar algunas de nuestras intuiciones
castigo; examinaré algunos de sus argumentos en el capí- morales más robustas acerca de la respuesta al mal, que
tulo VII). Russ Shafer-Landau explica así la posición re- normalmente expresamos en términos de merecimiento.
tributiva sobre el castigo: Samuel Scheffler (2002) ha sostenido que el liberalismo,
tanto político como filosófico, puede ser atacado sobre la
Los retribucionistas afirman que la justificación del castigo legal, base de que los liberales no conceden un rol preinstitucional
y la norma que debe gobernar la construcción de las instituciones, importante al merecimiento o no incorporan una concep-
las prácticas y las reglas penales, reside en que el culpable tiene que ción de este en sus teorías morales. Las concepciones
recibir su justo merecido. El castigo tiene que ser acorde con el institucionales del merecimiento son siempre posibles:
merecimiento moral. (2000: 189) dadas las reglas de cualquier institución social, si estas
asignan un beneficio a las personas en virtud de una ca-
Para los retribucionistas de esta especie, el merecimien- racterística positiva suya, o una carga debida a una carac-
to es un concepto moral fundamental y cualquier teoría terística negativa, podemos decir que los individuos con
moral adecuada estará estructurada, al menos en parte, las características relevantes merecen la carga o el benefi-
en términos de merecimiento. Los defensores del para- cio en cuestión. Pero la cuestión es que las teorías libera-
digma del perdón y estos retribucionistas difieren básica- les no conceden al merecimiento un carácter fundamental

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o preinstitucional, según el cual este sea considerado, en pn"- esfera de la justicia distributiva. Completaré esta explica-
mer lugar, un concepto fundamental de nuestro razona- ción en el capítulo VII al mostrar que también da cuenta
miento moral y, a consecumcia de ello, las reglas de nuestras de nuestras intuiciones acerca del merecimiento y la res-
instituciones sociales se formulen de tal modo que asig- ponsabilidad moral en la esfera de la justicia retributiva o
nen a las personas las cargas y los beneficios que de he- de la respuesta pública al mal. Empecemos, pues, exami-
cho merecen -tal y como especifican nuestras teorías mo- nando la conexión entre actitudes morales básicas y teo-
rales-. Además, un análisis moral de cómo debemos es- rías morales.
tructurar las instituciones sociales que no dé cuenta del
merecimiento de este modo fundamental o Actitudes básicas y teorías morales
preinstitucional puede entrar en conflicto con nuestros
juicios morales ponderados, dado que a menudo critica- La respuesta al mal basada en la ética de las virtudes
mos las instituciones públicas por no otorgar a las perso- que he desarrollado en este libro parte de las actitudes
nas los beneficios o las cargas que merecen. básicas. Mi posición se apoya en la tesis de que el perdón
Parece, por lo tanto, que debemos elegir entre suscri- incondicional genuino y el autoperdón genuino son siem-
bir una teoría moral formulada en términos de mereci- pre apropiados y deseables desde un punto de vista moral
miento (estructuralmente fallida) -como hacen los y que debemos tratar de desarrollar estas actitudes como
retribucionistas- o una teoría·moral formulada en térmi- respuesta normal al mal. He explicado cómo se aplica este
nos de justicia que no concuerda con nuestras intuiciones enfoque a la esfera personal y debo ahora extender estas
morales más profundas, que suelen expresarse en térmi- actitudes a la esfera pública.
nos de merecimiento. Pero este es un dilema falso, como Una conexión entre las actitudes básicas que adopta-
defenderé en este capítulo; hay un término medio entre mos unos para con otros y las leyes y prácticas sociales
estas dos opciones. La teoría moral basada en la justicia que consideramos justificadas ha sido sugerida por algu-
que emerge del paradigma del perdón es capaz de explicar nos retribucionistas, aunque, en mi opinión, ambos as-
muchos de los juicios morales ponderados que a menudo pectos de su posición están equivocados. Los
expresamos en términos de merecimiento; esto es, puede retribucionistas actitudinales sostienen que la actitud bá-
dar cuenta de muchos de nuestros juicios morales ponde- sica de resentimiento es necesaria en el caso de un ofensor
rados sobre merecimiento y responsabilidad moral a un no arrepentido o culpable de faltas muy graves. Como vi-
nivel fundamental o preinstitucional. Este capítulo es el mos, la perspectiva desde la que los retribucionistas
principio de mi explicación de cómo una teoría moral ba- actitudinales consideran al ofensor es la del juicio, y la
sada en la justicia da cuenta de las convicciones morales actitud de ~esentirniento que se le aplica incorpora un ele-
que a menudo expresamos en términos de merecimiento, mento de hostilidad, o por lo menos una retirada parcial
esbozando brevemente cómo esta teoría puede sistemati- de la benevolencia. En términos de Hieronyrni, esta acti-
zar nuestras intuiciones acerca del merecimiento en la tud supone una forma de protesta. Parece claro que, para

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muchos de sus defensores, del retribucionismo actituclinal tendremos razones para extender las actitudes de respeto,
se sigue una teoría del castigo. Por ejemplo, John Kleinig compasión y auténtica benevolencia a todas las personas
(1973) y Edmund Pincoffs (1977) han sostenido, inde- por igual. Y, si lo hacemos, querremos que la vida de cada
pendientemente, que podemos considerar las atribucio- persona sea tan plena como sea posible. Querremos que
nes de merecimiento como evaluaciones o juicios. Cuan- cada individuo tenga satisfechas todas sus necesidades,
do determinamos que un individuo que ha cometido una que tenga muchas oportunidades para crecer personal y
falta grave merece el castigo, evaluamos su falta. Por ello, moralmente y, en general, que tenga una vida tan rica,
sobre esta base, emparejamos la gravedad del castigo con con tantas recompensas y tan significativa como sea posi-
la gravedad de la ofensa. (Pincoffs explora la racionalidad ble. En este caso, hay solo un conjunto de circunstancias
de las atribuciones de merecimiento y de la teoría retribu- con respecto al cual podremos querer limitar el bienestar
tiva del castigo basada en el merecimiento, pero sin sus- del individuo o imponerle cargas: cuando nuestro com-
cribir el retribucionismo). Aquí, juzgamos al ofensor y a promiso con darle una vida buena a este individuo infrin-
su ofensa, e infligimos castigo como una medida de la ja de una manera igual o más importante nuestro compro-
gravedad de la infracción. Mientras que la actitud de re- miso con asegurar una vida buena a los demás. En otras
sentimiento proyecta la hostilidad o la retirada de la be- palabras, de las actitudes básicas de respeto, compasión y
nevolencia al ofensor sobre la base de una evaluación de auténtica benevolencia, extendidas a todas las personas
la falta cometida, la práctica jurídica del castigo aplica al por igual, podemos derivar el siguiente principio: cada
ofensor una respuesta más sustantiva y seria, basada en el individuo debe tener asegurados los beneficios más fun-
mismo tipo de juicio. La justificación para infligir castigo damentales de la vida compatibles con beneficios seme-
descansa, pues, al menos en parte, en la tesis de que el jantes para los demás, y ningún individuo puede estar
culpable merece el castigo sobre la base de la naturaleza de obligado a sacrificar un interés significativo para que otros
su ofensa, del mismo modo que el ofensor no arrepentido se beneficien de manera menos importante. Este princi-
merece la respuesta actituclinal de resentimiento. pio moral puede verse como el principio básico de una
Las actitudes morales básicas que fundamentan el pa- teoría moral estructurada en términos de justicia, en refe-
radigma del perdón también conducen a una teoría moral rencia a la cual cabría justificar nuestras leyes, políticas y
respecto a la cual podemos justificar las leyes y las prácti- prácticas sociales.
cas sociales. Como he defendido, una actitud de perdón Es importante comprender que no estoy abandonando
genuino incondicional incorpora la actitud de respeto, el enfoque de la ética de las virtudes como respuesta al
compasión y auténtica benevolencia hacia todos, con in- mal cuando adopto esta teoría moral, pues, en el contexto
dependencia de lo que hayan hecho o sufrido o de si han del paradigma del perdón, nuestra teoría moral procede
reconocido las faltas que han cometido. También he sos- de las actitudes de respeto, compasión y auténtica bene-
tenido que si adoptamos la perspectiva humana de Williams volencia hacia todos, que podemos ver como su exten-
y nos identificamos con las personas (en lugar de juzgarlas), sión. Consecuentemente, nuestro principio moral puede

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concebirse como un mecanismo heuristico que nos ayuda ginar con facilidad la diferencia entre una comunidad con
a determinar si una ley, una política o una práctica social policías, trabajadores de prisiones, jueces, etc., que con-
dadas extienden realmente nuestras actitudes de respeto, sideran a todas las personas con respeto, compasión y
compasión y auténtica benevolencia a todas las personas auténtica benevolencia, y una comunidad en la que estos
por igual. Dado que las leyes y prácticas sociales pueden trabajadores públicos simplemente tratan de aplicar los
ser muy complejas, especialmente en sociedades con gran- dictados de una teoría moral particular. Podemos también
des poblaciones y tecnológicamente avanzadas, es impor- imaginar fácilmente la diferencia entre una comunidad en
tante que tengamos un mecanismo heurístico de este tipo. la que aquellos que trabajan en la esfera pública respetan
En segundo lugar, no estoy sugiriendo que abandone- genuinamente y se preocupan por todas las personas, y
mos nuestras actitudes básicas y nos apoyemos exclusi- una comunidad en la que adoptan una perspectiva
vamente en la teoría moral cuando pasamos de la esfera enjuiciadora y retiran su benevolencia a aquellos que creen
personal a la pública, sino que para aquellos de nosotros que merecen un trato adverso.
que estamos implicados en la esfera pública es de la ma- Asimismo, como ha sostenido Alastair Maclntyre
yor importancia mantener las actitudes de respeto, com- (1981: 143-5), la aplicación de cualquier teoría, principio
pasión y auténtica benevolencia, hacia todas las personas o regla requerirá en algún momento el uso del juicio -y
por igual, en cada aspecto de nuestro trabajo. Es impor- cabe destacar aquí que este tipo de juicio no tiene nada
tante para los oficiales de policía, los jueces, los trabaja- que ver con ser critico o adoptar la perspectiva
dores de prisiones, los miembros del Congreso, del Tribu- retribucionista del juicio-. Es imposible articular reglas
nal Supremo, etc., tener estas actitudes en el desarrollo de que dicten precisamente qué decisión debemos tomar en
su respectivas tareas. Mantenerlas de manera regular es cada ocasión. Si cultivamos en nosotros las actitudes
importante por diversas razones. En primer lugar, como morales integradas de respeto, compasión y auténtica be-
han señalado John Stuart Mili y otros, es fácil distorsionar nevolencia hacia todas las personas, entonces es proba-
la aplicación de un principio moral en la toma de decisio- ble que los juicios que nos vemos obligados a hacer sean
nes que involucran nuestro interés personal o nuestros moralmente apropiados. En este caso, tendremos la com-
prejuicios. Si cultivamos en nosotros las actitudes moral- prensión, el afecto y la motivación para ejercer nuestro
mente integras de respeto, compasión y auténtica bene- juicio de un modo respetuoso, compasivo y benéfico para
volencia hacia todos, nos veremos sistemáticamente mo- todos los afectados por nuestras decisiones.
tivados a hacer que a toda persona se le aseguren los bie- Podríamos preguntarnos en este punto si la justicia es
nes más fundamentales en la vida compatibles con los tanto una actitud como un concepto para una teoría mo-
mismos beneficios para todos. ral. En el contexto del enfoque que propongo, desde la
Como defendí en el capitulo II, las actitudes moral- ética de las virtudes, ciertamente lo es. El componente
mente integradas también tienen un impacto significativo cognitivo de esta actitud incluye el reconocimiento de los
y continuo en la cualidad de nuestras vidas. Podemos ima- rasgos destacados de las personas que he descrito antes:

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nuestra capacidad para ser felices y desdichados, nuestro una actitud de respeto, compasión y auténtica benevolen-
deseo básico de felicidad, nuestra capacidad para la elec- cia extendidas a todas las personas por igual. Si mi razo-
ción, el crecimiento y la consciencia morales, nuestro namiento es correcto, podemos mantener, pues, un enfo-
estatus como seres autónomos que pueden llevar una vida que desde la ética de las virtudes a la respuesta al mal y al
significativa solo en tanto que autores de sus elecciones y mismo tiempo extender el paradigma del perdón e incluir
actitudes, y nuestra condición de seres limitados vulnera- una teoría moral estructurada en términos del principio
bles al error. También incluye el reconocimiento destaca- de justicia anterior. Y podemos apelar a esta teoría moral
do de que es moralmente apropiado identificarse con las cuando tratamos de determinar la articulación de nues-
personas -en contraposición a juzgarlas-, que cada perso- tras leyes, políticas y prácticas sociales. Examinemos ahora
na tiene un estatus moral igual desde esta perspectiva, y los méritos relativos de esta teoría moral en contraposi-
que cada cual debe tener asegurados los beneficios más ción con una teoría moral estructurada, por lo menos en
fundamentales de la vida compatibles con los de los de- parte, en términos de merecimiento.
más. Finalmente, incluye una consciencia aguda de lo cruel
y perjudicial que es para cualquier persona el ser excluida Teorías morales estructuradas en términos de mereci-
de nuestro esfuerzo por asegurar una vida buena a los de- miento
más, o, peor aún, ser usada como mero medio para un fin
ajeno. El componente afectivo de la actitud de justicia, La bibliografía reciente ha avanzado mucho en la cla-
como creo que debería entenderse, es un sentimiento de rificación del concepto de merecimiento. Hay ahora un
gran simpatía por todo aquel que es excluido o usado de consenso general acerca de que el merecimiento es una
estas maneras, y un sentimiento de preocupación apre- relación triádica entre una persona (P), un tipo de trato
miante por su bienest:ai24 • Y el componente motivacional (I) y una base (B) en virtud de la cual P merece T. La
consiste en un deseo de asegurar a cada persona los bene- base del merecimiento (B) se concibe por lo general como
ficios más fundamentales que están en juego en relación reveladora, en algún sentido, del agente. Schmidtz escri-
con la situación de cada cual, compatible con beneficios be lo siguiente al respecto:
iguales para todos. Asi, la actitud de justicia incorpora
No hace falta, y puede· que no sea factible, generar un catálogo
24 Sigo aquí a John Sruart :Mili al considerar la simpatía como la parte central del completo de todas las bases posibles del merecimiento. Basta con
componente afectivo de la justicia, pero me distancio de su análisis al omitir la ira. decir que nuestras atribuciones de merecimiento a las personas
Los argumentos de este libro sugieren que la ira es una respuesta inapropiada al
suelen basarse en el carácter, el esfuerzo y el logro. (2006: 34)
mal (por lo menos, para quien ha completado el proceso de afrontar el mal). No
veo razón alguna por la que no debiéramos sustituir la ira por una preocupación
apremiante por el bienestar de la persona que es tratada injustamente. Se ha Cuando realizamos una atribución de merecimiento,
defendido que la ira nos motiva a hacer algo acerca de la injusticia, pero se puede afirmamos o bien que es moralmente adecuado que esa
decir lo mismo de la preocupación apremiante genuina por el bienestar de la
víctima. persona que posee una característica deseable reciba un

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tipo de trato deseable, o bien que es moralmente adecua- ble (aunque no deja de ser controvertido) decir que por lo
do que una persona que posee una característica indesea- menos algunos delincuentes merecen castigo, que las per-
ble reciba un tipo de trato indeseable. Por lo que aquí nos sonas que trabajan duro merecen cobrar más que quienes
concierne, solo consideraré el merecimiento como no lo hacen y que los veteranos merecen beneficios espe-
preinstitucional, esto es, anterior e independiente de las ciales. Una teoría moral adecuada tendrá que incluir estas
reglas sociales. En vez de referirnos a las reglas que deter- tesis o proporcionar una razón convincente para recha-
minan lo que las personas merecen, nos referiremos a las zarlas. La cuestión que quiero plantear en esta sección es
consideraciones sobre el merecimiento que determinan la de si las teorías morales basadas en el merecimiento
cómo deben estructurarse las prácticas sociales. (En con- pueden proporcionarnos una justificación adecuada de es-
traposición, me referiré a las cargas y a los beneficios asig- tas tesis.
nados a las personas por reglas sociales en términos de La cuestión más fundamental que se plantea cuando
responsabilidades y derechos). tratamos de justificar las atribuciones de merecimiento es
Hay una larga tradición filosófica que mantiene que el por qué las personas que poseen características B deben
merecimiento es un componente fundamental e recibir el tipo de trato T. Esta cuestión puede plantearse
irreductible de la moral. Aunque las atribuciones especí- desde dos perspectivas. En primer lugar, cabe preguntar-
ficas de merecimiento pueden derivarse de otras más ge- nos por qué las personas que poseen esta característica B
nerales, en el análisis final no pueden derivarse de princi- deben recibir T, y no otros tipos de trato. Por ejemplo,
pios formulados en términos de otro~ conceptos morales podemos preguntarnos por qué los delincuentes merecen
tales como la utilidad, la· justicia o los derechos. Dado ser castigados, y no ser rehabilitados o tener otra oportu-
que el merecimiento es un componente irreductible de la nidad para hacer lo correcto. En segundo lugar, podemos
moral, tenemos que determinar el tipo de trato que mere- preguntarnos qué base para el merecimiento (si la hay)
cen las personas cuando abordamos la cuestión de qué debemos usar para fijar un tipo determinado de trato. Por
respuestas debemos darles en la esfera personal o en la ejemplo, podemos preguntarnos si la base del merecimien-
pública. Me referiré a las teorías morales que incorporan to para determinar las notas de un estudiante son el es-
esta posición sobre el estatus de las atribuciones de mere- fuerzo, el dominio de la asignatura, la capacidad natural
cimiento como teorías morales estructuradas en términos para la disciplina, la originalidad de pensamiento, etc. Y
de merecimiento o basadas en el merecimiento25 • podemos preguntarnos si la base para el merecimiento
Como ya he señalado, muchas de las convicciones apropiada para el castigo penal (si es que está justificado)
morales que expresamos en términos de merecimiento es la maldad de la intención del agente, la medida del daño
parecen bastante plausibles. Por ejemplo, parece plausi- que infligió en los demás, la medida en que perjudicó a la
comunidad, etc.
25 Con el uso de estos términos no pretendo implicar que la teoría en cuestión Es importante reconocer que el proponente de una teo-
esté basada exclusivamente en el merecimiento, sino solo que el merecimiento es
un componente irreductible de la teoría. ría basada en el merecimiento no puede responder a estas

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cuestiones simplemente refiriéndose a otro tipo de consi- (si las hay) pueden explicarse en referencia a este princi-
deración moral, pues la apelación al merecimiento se tor- pio. Y la tesis de que los estudiantes merecen ser evalua-
naría superflua. Por ejemplo, no puede decir que las perso- dos sobre la base de la originalidad de sus ideas explica un
nas que trabajan duro deben cobrar más que los que no lo espectro aún más limitado de nuestros juicios morales
hacen porque esto maximizaría la utilidad al dar a todos un ponderados.
incentivo para ser productivos. El defensor de tal teoría Como señala David Schmidtz, una teoría compuesta
sostiene que el merecimiento es irreductible y, por lo tanto, por una pluralidad de principios no es necesariamente in-
que las atribuciones de merecimiento no pueden derivar de ferior a una teoría monista. Nos recuerda que los astróno-
principios morales formulados en términos de otros con- mos trataron durante mucho tiempo de construir órbitas
ceptos morales. Así, parece haber dos estrategias básicas circulares para los planetas, con un solo foco, y finalmen-
disponibles para el defensor de una teoría basada en el te concluyeron que en realidad eran elípticas, con dos fo-
merecimiento cuando se le pide que justifique su afirma- cos, al margen del hecho de que las órbitas circulares son
ción de que un tipo particular de trato debe emparejarse más simples. Y una teoría que reduzca la tabla periódica a
con una base particular de merecimiento. cuatro elementos, o incluso a uno, no sería preferible a la
En primer lugar, podría responder que la atribución de que aceptamos hoy en día, de 115 elementos26 • Schmidtz
merecimiento que se le pide que justifique constituye un (2006: 4) concluye que: «simplemente es una virtud teóri-
principio fundamental en su teoría moral; uno que no pue- ca, pero cuando un fenómeno parece complejo ... la ex-
de derivar de otro o ser explicado en términos de un prin- plicación más simple puede ser que parezca más comple-
cipio más fundamental. Toda teoría moral tiene afirma- ja porque lo es». Schmidtz está, desde luego, en lo cierto
ciones de este tipo, de las que se derivan conclusiones al creer que no queremos que nuestras teorías sean más
específicas. Estos principios fundamentales pueden justi- simples que la realidad, o de lo que se requiere para que
ficarse, así, mostrando que explican nuestros juicios mo- expliquen adecuadamente la materia investigada. Sin em-
rales ponderados y guardan coherencia con las teorías re- bargo, también parece claro que tenemos razones para
levantes fundamentales. El problema de esta estrategia es preferir principios morales que expliquen un espectro
que las atribuciones de merecimiento que enlazan un tipo mayor de nuestros juicios morales ponderados, siempre
particular de trato con una base particular de merecimiento que sistematicen adecuadamente esos juicios. Cuanto
tienen un grado limitado de poder explicativo. Por ejem- menos poder explicativo tiene un principio, mayor es el
plo, la tesis de que las personas que son culpables de fal- riesgo de que sea ad hoc, o de que constituya una generali-
tas morales graves merecen castigo explica nuestra con- zación accidental de nuestros juicios morales ponderados.
vicción de que es moralmente legítimo castigar a los de- De hecho, si tuviéramos una gran confianza en estos últi-
lincuentes, así como algunas de nuestras convicciones
sobre el modo en el que una práctica de castigo debe 26 Aunque es irrelevante para el argumento, en realidad son 118 los elementos
estructurarse. Sin embargo, pocas creencias adicionales de la tabla periódica descubiertos hasta la fecha. [N del T.]

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mas, no haría falta que construyéramos teorías morales así sale de casa sin paraguas, no parece «bueno» que se
en absoluto. El presupuesto básico que subyace al proce- cale. Ni el estado de cosas en el que un montañero fallece
so de construcción teórica es que algunos de estos juicios en una avalancha parece «bueno» o <<Valioso», incluso cuan-
no son fiables como tales. Intentar sistematizarlos a la luz do el escalador sabe por adelantado que podría haber una
de consideraciones o principios morales más amplios y avalancha y que es posible que lo mate. Además, no está
examinar el modo en que estos principios son coherentes nada claro que el valor de la elección autónoma pueda
con las teorías fundamentales, supone avanzar en la di- mejorar el valor de un estado de cosas particular.
rección de saber cuáles de nuestras creencias intuitivas La justificación de la virtud como base del merecimien-
son fiables y cuáles necesitan ser revisadas. Así, cuando to de Sher no es más convincente. Él dice: «Si una perso-
simplemente reafirmamos una de nuestras intuiciones, o na virtuosa tiene un valor mayor que otras, entonces sus
formulamos una generalización sobre la base de una pe- deseos y esfuerzos sostenidos podrán otorgar, en corres-
queña muestra de ellas, avanzamos poco hacia esta meta. pondencia, más valor a sus objetos». (1987: 144) Por lo
Por lo tanto, una teoría moral basada en el merecimiento tanto, un estado de cosas en el que una persona virtuosa
que incorpore diferentes principios fundamentales que tie- tiene éxito tendrá más valor que un estado de cosas en el
nen un grado limitado de poder explicativo será poco ro- que una persona corriente tiene éxito. Pero, como defendí
busta en este sentido. en el capítulo V, la posición meritista en la que descansa
Por supuesto, es posible ofrecer argumentos a favor de este argumento debe rechazarse. Hay una diferencia im-
atribuciones específicas de merecimiento al tiempo que portante entre la afirmación de que debemos esforzarnos
afirmamos que estas son fundamentáles y que no pueden por cultivar virtudes o actitudes moralmente valiosas en
derivarse de un principio moral más básico. George Sher nosotros y la tesis de que el éxito a este respecto
(1987) ha desarrollado un análisis pluralista del mereci- incrementa nuestro valor intrínseco como personas y nos
miento, en el que ofrece argumentos independientes para da un estatus moral superior al de otras personas. He ar-
mostrar que la acción autónoma, la diligencia, la virtud y gumentado que el virtuoso adoptará la perspectiva de la
el mérito deben considerarse bases de merecimiento. En identificación, que responde a los rasgos más destacados
el caso de la acción autónoma, Sher arguye que, dado que moralmente de las personas, y considerará, desde esta
la acción autónoma misma tiene valor, mejora el valor de perspectiva, a los demás como iguales. Además, el modo
un estado de cosas en el que el agente recibe un resultado en que Sher cree que la persona virtuosa transfiere su va-
predecible de su elección. Sugiere, por ejemplo, que si Jones lor extra al objeto de sus deseos es oscuro, como también
elige salir de casa sin paraguas sabiendo que está llovien- lo es el modo en el que cree que una persona corriente
do, podemos decir que el estado de cosas en el que Jones transfiere valor a los objetos de sus deseos a través de un
se empapa por un chaparrón es bueno, y que Jones obtu- esfuerzo diligente. Parece, pues, que Sher no ofrece argu-
vo lo que merecía. Pero esta afirmación parece muy mentos claros y convincentes a favor de las bases del
implausible. Incluso si J ones sabe que podría llover, y aún merecimiento que él mismo propone.

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Finalmente, Sher reconoce que en su análisis «las atri- Esta concepción sugiere, a su vez, que las atribuciones
buciones de merecimiento más significativas no se funda- responsivas son las cosas básicas que merecen las personas y que
mentan en las obligaciones de uno, sino en el valor de que determinado «tipo de trato» se merece solo derivadamente, en
las personas obtengan lo que merecen». (1987: 195) Y tanto que medios naturales o convencionales de expresar las
aunque las atribuciones de merecimiento pueden tener actitudes moralmente adecuadas. Este castigo ... podria merecerlo
influencia sobre nuestras obligaciones, <<no hay razón al- el criminal solo porque es el modo habitual de expresar el
guna para esperar que la influencia sea sencilla o directa>>. resentimiento o la reprobación que le «corresponde» (Feinberg
(1987: 202) En respuesta a la cuestión de si podemos ex- 1970: 82; véase también Lucas 1980: 209ss.)
plicar cómo influye el merecimiento en nuestras obliga-
ciones, Sher dice que «claramente no podemos hacerlo en Este análisis del merecimiento parece sugerir un prin-
detalle, porque el grado en el que el valor de un resultado cipio moral que podría tener bastante poder explicativo:
potencial afecta a las obligaciones de una persona depen- grosso modo, el principio de que debemos situar la carga en
de de muchos factores». (1987: 203) Así pues, parece que aquellos que merecen actitudes reactivas retributivas, en
incluso si los argumentos de Sher fueran plausibles, su proporción a la fortaleza de esas actitudes, y los benefi-
análisis del merecimiento no sería de mucha ayuda con cios en aquellos que merecen actitudes reactivas positi-
vistas a construir una teoría moral a la que remitirnos para vas, en proporción a la fortaleza de esas actitudes. Esta
justificar nuestras leyes y prácticas sociales. posición de Feinberg parece natural e intuitiva. Sin em-
La segunda estrategia general que puede adoptar el teó- bargo, es problemática en dos aspectos, por lo menos. En
rico del merecimiento cuando se le pide una justificación primer lugar, he defendido en la primera parte del libro
de su tesis de que un tipo particular de trato debe empare- que las actitudes reactivas retributivas no son moralmen-
jarse con una base particular de merecimiento es derivar te apropiadas, al menos para quien ha completado el pro-
esta tesis de un principio moral más amplio y fundamen- ceso de afrontar el mal. En segundo lugar, incluso si estas
tal formulado en términos de merecimiento. Un principio actitudes estuvieran justificadas, no se seguiría sin más
de este tipo tendrá más poder explicativo que una atribu- que esté justificado castigar penalmente a los delincuen-
ción de merecimiento particular si consigue sistematizar tes. Podemos estar resentidos con el infractor por una fal-
adecuadamente los juicios morales ponderados que gene- ta que haya cometido sin encarcelarlo o multarlo, y pode-
ralmente expresamos en términos de merecimiento. Joel mos también expresar nuestro resentimiento, si nos senti-
Feinberg sugiere un análisis general del merecimiento en mos justificados al hacerlo, sin imponerle esas cargas
el siguiente pasaje, cuando dice que el merecimiento per- sustantivas. Se requiere una justificación adicional, pues
sonal podría ser «comparado o identificado con un t;ipo la decisión de expresar nuestro resentimiento es muy per-
de "adecuación" entre las acciones o cualidades de una judicial para el infractor. Asimismo podemos expresar
persona y las actitudes responsivas de otra>>. nuestra aprobación de las personas que tienen caracterís-
ticas buenas sin ofrecerles salarios altos, sino ofreciéndo-

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

les oportunidades especiales o dándoles beneficios de otro nos permita justificar las leyes y las prácticas sociales,
tipo. En la esfera pública, también se requiere una justifi- mientras que tenemos por lo menos las mismas razones
cación para expresar nuestras actitudes reactivas positi- para dudar que esto puede ser llevado a cabo por las acti-
vas, dado que nuestros recursos son finitos y que al pro- tudes básicas suscritas por los retribucionistas.
porcionar beneficios extra a alguien podemos afectar Eric Moore (2000) ha propuesto también un análisis
adversamente a otros. El hecho de que determinados ti- del merecimiento que se basa en un principio general ca-
pos de trato sean métodos de expresar nuestras actitudes paz de explicar un amplio espectro de atribuciones de
reactivas «naturales» o <<habituales» no es justificación. merecimiento. Afirma: <<Mi concepción es, a grandes ras-
suficiente para asignar cargas y beneficios sustantivos de gos, que todo merecimiento está basado en tener las vir-
una manera particular. tudes y los vicios, en la adecuación entre, por un lado, lo
Sería instructivo considerar en este punto por qué los merecido y lo recibido anteriormente y, por el otro, el po-
retribucionistas pueden encontrar dificultades especiales tencial para el desarrollo de la virtud en el futuro». El
al realizar la transición de las actitudes reactivas retributi- presupuesto central que subyace a esta posición es que
vas a la teoría moral que justificaría las leyes y las prácti- las personas virtuosas y las personas que realizan accio-
cas sociales. Como hemos visto, las actitudes reactivas nes virtuosas merecen que les vaya bien, mientras que las
retributivas toman una perspectiva enjuiciadora hacia el personas viciosas y las personas que realizan acciones vi-
ofensor. Sin embargo, una vez que se formula un juicio ciosas merecen que les vaya mal. Sin embargo, Moore sos-
preciso, la tarea de juzgar ha finalizado. Cualquier otro tiene que la aplicación de esta idea tiene que dar cuenta
paso que demos en esta dirección tiene que estar al servi- de lo que pasó. Por ejemplo, a quien le han asesinado a
cio de un fin ulterior y requiere una justificación adicio- una hija en el pasado, sufre una carga sustantiva inmere-
nal. Ciertamente, la expresión subsiguiente del juicio al- cida. Incluso no habiendo hecho nada especialmente vir-
canzado puede parecer un paso natural, pero la manera tuoso puede merecer un beneficio sustantivo en compen-
de expresarlo requiere justificación, especialmente si su- sación por un sufrimiento inmerecido. Además, tenemos
pone un daño grave para el receptor. Por otro lado, si adop- que dar cuenta del hecho de que los niños pequeños no
tamos la perspectiva de la identificación y las correspon- han tenido la oportunidad de cultivar la virtud o el vicio.
dientes actitudes de respeto, compasión y auténtica bene- En lugar de decir que no merecen nada, como tendríamos
volencia, no podemos simplemente limitarnos a expresar que decir si la única base del merecimiento reconocida
nuestras actitudes. En este caso, tenemos tanto razones son las virtudes y los vicios, deberíamos decir que mere-
como motivos para hacer cualquier cosa que garantice cen la oportunidad de desarrollar sus virtudes. Este razo-
beneficios vitales para todos, compatibles con los de los namiento puede ampliarse también a los adultos, siempre
demás. Tenemos razones y motivos para pensar que las que no sean culpables de no haber desarrollado las virtu-
actitudes que fundamentan el paradigma del perdón nos des. Aqui Moore toma las virtudes en un sentido muy
conducirán a una teoría moral robusta y coherente que amplio, que incluye cosas tales como el talento musical o

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

la capacidad de ser un buen corredor. Curiosamente, y a río helado para salvar la vida de alguien; una pobre perso-
diferencia de Sher, no proporciona un argumento para su na que ha dedicado su tiempo y un poco de dinero al cen-
análisis del merecimiento, sino que nos dice simplemente tro de acogida de animales de su localidad, etc. Si bien
que debemos aceptar este hecho como fundamental. podemos estar de acuerdo en que todas esas personas son
virtuosas, necesitaríamos una concepción mucho más de-
Creo que la virtud es una base para el merecimiento, pero no tallada y léxicamente ordenada de la virtud y el vicio para
puedo proporcionar un argumento directo que lo demuestre. La construir una teoría moral en referencia a la cual poda-
conexión entre lo que se merece y la razón de ese merecimiento -la mos justificar nuestras leyes y nuestras prácticas sociales.
base para el merecimiento- tiene que tomarse como una conexión Si consideramos detenidamente lo que se necesitaría para
primitiva. No hay razón por la que, por ejemplo, el merecimiento ello, empezaremos a comprender por qué el liberalismo
de los virtuosos vaya 171ÓS allá del hecho de que son virtuosos. filosófico no ha adoptado, hasta el momento, una con-
(Moore 2000: 421) cepción preinstitucional del merecirniento 27 • Además,
como ha señalado Jeffrey Murphy (1994), incluso si po-
La posición de Moore es admirable en tanto que pare-
ce subsumir las atribuciones de merecimiento bajo un prin-
27 Un lector anónimo para Cambridge University Press me planteó la cuestión
cipio de merecimiento global que tendría un poder expli- de si un teórico de la virtud no afrontaría problemas semejantes para clasificar las
cativo significativo. No obstante, una caracterización de virtudes. Este es un tema serio que merece una respuesta clara. Me siento inclina-
da a dar una respuesta que implica la tesis de la unidad de las virtudes, que costaría
este tipo afronta retos importantes. En primer lugar, una demasiado desarrollar aquí; dados los límites de espacio, reservaré este proyecto
tarea central que debe afrontar quien adopta esta posi- para otra ocasión. Solo puedo decir, brevemente, que no creo que sea necesario
ción es explicar cómo evaluaremos el valor relativo de clasificar las virtudes. La meta del enfoque de la ética de las virtudes que he
expuesto aquí no es juzgar a las personas según las virtudes que han conseguido
diversas acciones y características que constituyen la base desarrollar, como se requeriría en el contexto de una teoría moral basada en el
del merecimiento. No podremos aplicar el principio de merecimiento. Nuestra mera es, más bien, cultivar actitudes moralmente valiosas
Moore con éxito a menos que podamos hacer una evalua- que respondan a los rasgos de las personas (y de las situaciones que afrontamos)
más destacados desde un punto de vista moral. Toda actitud que sea plenamente
ción, aunque sea aproximada, de este tipo. Por ejemplo, valiosa desde un punto de vista moral conllevará el reconocimiento correcto de
para asignar adecuadamente beneficios, tendremos que co- Jos rasgos moralmente más destacados de las personas y las situaciones, y los
nocer quién debe recibir un incremento mayor en bienes- componentes afectivo y motivacional también responderán apropiadamente.
Cualquier virtud que desarrollemos debe basarse, pues, en el mismo reconoci-
tar: el trabajador que hace un esfuerzo diligente todo el miento cognitivo de la mayoría de los rasgos moralmente destacados en cuestión,
año, quizá sin mucho éxito; la madre que ha mostrado que no deben entrar, así, en conflicto mutuo. Por supuesto, tenemos que poder
una paciencia y una compasión excepcionales por sus hi- reconocer Jos rasgos moralmente destacados de las personas y de las situaciones.
Y, en esta linea, he sugerido cinco de estos rasgos personales en el desarrollo del
jos; el individuo que ha contribuido a la sociedad de ma- paradigma del perdón. Si el lector encuentra este paradigma razonablemente
nera importante inventando un nuevo producto, quizá sin coherente, tendrá al menos una modesta razón para creer que el enfoque de la
mucho esfuerzo o interés por los demás; una persona que ética de las virtudes adoptado aquí puede desarrollarse coherentemente; si bien,
para una defensa completa de esta tesis, tendrán que abordarse muchas otras
ha realizado un acto heroico, tal como zambullirse en un cuestiones.

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MARGARET R HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

demos estar de acuerdo en una concepción del mereci- cas especiales para determinar el grado de merecimiento
miento detallada, léxicamente ordenada en una sociedad cuando tratamos con atribuciones de merecimiento
democrática, tendríamos después que sostener que el go- evaluativas, cuando las bases de merecimiento adecua-
bierno tendría que determinar el grado de virtud y de vi- das han sido especificadas. Por ejemplo, en una competi-
cio que cada uno de nosotros posee para establecer lo que ción de submarinismo, sabemos cómo determinar si un
cada cual merece. Sin duda, esta última tesis plantea mul:- submarinista merece un 9,85 o un 9,90, una vez hemos
titud de dificultades. decidido los criterios que usaremos para juzgar las
Si bien estos problemas por sí solos ya son lo suficien- inmersiones. El tipo de trato merecido en este caso es
te desalentadores, desafortunadamente, aún surgirán otros. simplemente una descripción precisa de las característi-
Es importante reconocer que hay diversas áreas en las cas relevantes de la inmersión del agente, en compara-
que creemos que los intereses de una persona deben pro- ción con las de otros submarinistas. Aquí nos movemos
tegerse con independencia del valor de su carácter o de dentro de los límites de la perspectiva enjuiciadora. Sin
sus actos. Por ejemplo, consideramos que todos los ciuda- embargo, la situación cambia cuando pasamos de este
danos deben tener libertad de expresión y libertad de reli- contexto al de la distribución de cargas y beneficios
gión. N o decimos que solo las personas virtuosas deban sustantivos.
tener estas libertades, o que las oportunidades para ha- Hay un tipo de situación en el que podemos determi-
blar o escoger su religión deban ser proporcionales al gra- nar sin problemas la cantidad de cargas y beneficios que
do de virtud. A menos que los teóricos del merecimiento merece un individuo, y esta es una situación en la que
quieran proponer que debemos revisar diversas de nues- hemos fijado la cantidad de cargas o beneficios que cabe
tras creencias básicas, tienen que explicarnos por qué este distribuir entre un número definido de individuos en refe-
principio básico del merecimiento no se aplica en estos rencia a una base para el merecimiento claramente defini-
casos. da. Por ejemplo, supongamos que dos personas, Jarre y
Asimismo, para aplicar los principios morales formu- John, han trabajado juntos para acabar un trabajo. Ambos
lados en términos de merecimiento, tenemos que tener trabajaron aproximadamente con el mismo nivel de efica-
un método para determinar en qt~é JJJedida se merece cierto cia, pero J ane lo hizo durante quince horas y J ohn durante
trato. A este respecto, será útil distinguir entre dos tipos diez. Cuando reciban sus salarios, será fácil calcular cuánto
de atribuciones de merecimiento: atribuciones de mereci- dinero merece cada uno.
miento evalttativas -que dicen que un agente merece cierta Sin embargo, algunas de nuestras atribuciones de me-
evaluación específica- y atribuciones de merecimiento recimiento distributivas más importantes se dan en situa-
distribtttivas -que dicen que un agente merece que se le ciones en las que no tenemos una cantidad fija de cargas y
asigne una carga o un beneficio específicos sobre la base beneficios para distribuir entre individuos que poseen una
de la evaluación que hacemos de él-. Aunque puede ser característica dada. En estos casos, parece que no tene-
difícil juzgar en los casos límite, no hay dificultades teóri- mos ninguna base teórica para determinar qué cantidad

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

de cargas o beneficios merece el individuo. John Kleinig renta años de prisión, u ocho años, o la pena capital, o
ha propuesto una solución a este problema relacionada diez años de tortura seguidos de la pena capital. Por su-
con su análisis del castigo basado en el merecimiento: puesto, el defensor de una teoría basada en el merecimiento
sugiere que podemos construir una escala ordinal de deli- puede proponer argumentos más específicos para estable-
tos, ordenados del más leve al más grave, y una escala cer qué grado de castigo merece el infractor. Considerare-
cardinal de castigos, ordenados de menor a mayor grado mos algunos de estos argumentos en el capítulo VII. (No
de severidad. Podemos, así, convertir la escala ordinal de creo que ninguno de los argumentos propuestos funcio-
delitos en una escala cardinal haciendo juicios razonables ne, y en este punto remito al lector a Shafer-Landau 2000;
acerca de la gravedad de un delito en comparación con el un excelente artículo que argumenta sistemáticamente que
siguiente. Pero el problema sigue siendo el de vincular no lo son). En general, sin embargo, a menos que el de-
férreamente ambas escalas de manera que nos sea posible fensor de la teoría basada en el merecimiento pueda iden-
asignar un castigo determinado a cada delito. Para ello, tificar dos puntos de contacto entre la escala cardinal de
deben establecerse al menos dos puntos de contacto; una base para el merecimiento dada y la correspondiente
Kleinig propone el siguiente procedimiento para identifi- escala cardinal de tipos de trato con los que se
carlos: correlacionaría, carecerá de un método justificado para
determinar qué grado de cierto tipo de trato se merece. Y
Nuestra condición humana establece ciertos límites, por arriba dado el impacto que la distribución de cargas y beneficios
y por abajo, en relación con las faltas que podemos cometer y con suele tener en las vidas de los individuos, este es un de-
los castigos que se nos pueden infligir ... Pat'á relacionat los castigos fecto grave.
con las faltas, sencillamente reservamos el castigo más leve que es Una vez más, es importante hacer notar que este es un
razonable imponet pata la falta menos grave, y el más severo pata problema para los retribucionistas debido a que adoptan
el acto más malvado. (Kleinig 1973: 123-124) la perspectiva enjuiciadora. Como he sugerido, las atribu-
ciones de merecimiento se formulan desde esta perspec-
El problema de esta solución es que parece completa- tiva y, tras alcanzar el juicio adecuado, la tarea de juzgar
mente arbitraria. El delito más (o el menos) grave puede ha finalizado. Esta tarea, por sí misma, no tiene nada que
emparejarse con cualquier punto en la escala de los casti- ver con el bienestar humano, pues cuando juzgamos lo
gos, sin que parezca haber un modo único de determinar incorrectas que son las acciones y actitudes de una perso-
-en el contexto del tipo de teoría basada en el mereci- na no estamos preocupados por ningún otro fin práctico.
miento que estamos considerando- qué punto representa Por ello, no hay ningún criterio accesible, interno a la ta-
el castigo realmente merecido (véase al respecto Holmgren rea de juzgar, en referencia al cual podamos determinar
1986; y Shafer-Landau 2000, para una crítica similar de qué grado de determinado tipo de trato es verdaderamen-
Kleinig 1973). Por ejemplo, no está claro cómo podemos te merecido por alguien. Por otro lado, cuando adopta-
determinar si un asesino en serie convicto merece cua- mos la perspectiva de la identificación y extendemos la

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iVIARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

actitud de respeto, compasión y auténtica benevolencia a miento chocan con dificultades estructurales muy im-
todos, nos preocupamos directamente por el bienestar portantes si tratan de justificar las atribuciones de mere-
inmediato de cada persona. En tal caso, tendremos un cimiento, de determinar qué grado de cierto tipo de tra-
criterio para determinar la cantidad de cargas y beneficios to se merece y de sopesar las consideraciones relativas
que cada individuo debe recibir: garantizaremos los inte- al merecimiento junto con otros tipos de consideracio-
reses más fundamentales en la vida de cada cual, compa- nes morales.
tibles con iguales beneficios para todos.
Por último, con independencia de cómo se formule una El paradigma del perdón, la justicia y el merecimiento
teoría moral basada en el merecimiento, parece evidente
que será inevitable sopesar el merecimiento en relación En la sección anterior, sugerí que las teorías morales
con otros tipos de consideraciones morales, tales como basadas en el merecimiento tienen problemas estructura-
las necesidades, los derechos y la utilidad. Por ejemplo, les importantes. Además, como se señaló en el capítulo V,
encontraremos situaciones en las que alguien merece te- Sher y Sandel (entre otros) sostienen que una teoría moral
ner el dinero que ha ganado, pero otra persona necesita basada en el merecimiento exige una concepción del yo
desesperadamente ese dinero; situaciones en las que uno «constituido densamente», o como parcialmente consti-
recibe una propiedad y parece tener derecho a mantener- tuido por valores, preferencias y habilidades, pero he de-
la, al margen del hecho de que no haya hecho nada por fendido que esta concepción del yo es problemática. Si
merecerla; o situaciones en las que un individuo ha traba- Sher y Sandel están en lo cierto -y mis argumentos del
jado duro para conseguir un puesto y quizá lo merece, capítulo V fueron convincentes-, entonces tenemos razo-
pero habría muchas personas que se beneficiarían si se lo nes para cuestionamos si una teoría moral basada en el
diesen a otro. A menos que el defensor de la teoría basada merecimiento será compatible con una teoría plausible de
en el merecimiento sostenga que el merecimiento es siem- la persona. Parece, pues, que tenemos por lo menos cier-
pre la consideración que se impone -cosa implausible-, se tas razones para cuestionarnos si una teoría moral basada
verá forzado a sopesar consideraciones sobre el mereci- en el merecimiento puede proporcionar un punto de refe-
miento con otros factores morales tales como las necesi- rencia adecuado para justificar nuestras leyes y nuestras
dades, los derechos y la utilidad. Y, si bien hay quien acepta prácticas sociales. Por otro lado, he reconocido que mu-
esta conclusión, el hecho es que presenta dificultades chas de las convicciones morales que expresamos en tér-
obvias cuando tratamos de justificar nuestras prácticas minos de merecimiento son plausibles y están firmemen-
sociales. En el contexto de este tipo de análisis, la estruc- te arraigadas, y que cualquier teoría moral satisfactoria
tura de diversas de estas prácticas dependerá de juicios debe poder dar cuenta de ellas, y, además, parece que tie-
intuitivos muy concretos sobre la ponderación relativa de nen que hacerlo de una manera preinstitucional, a tenor
factores morales que parecen inconmensurables. Resumien- de que solemos criticar las leyes y las instituciones socia-
do: parece que las teorías morales basadas en el mereci- les porque no dan a cada cual lo que merece.

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

En esta sección, defenderé que la teoría moral basada En la medida en que el postulado básico del utilitarista es que
en la justicia que emerge del paradigma del perdón nos la corrección de las acciones depende de sus consecuencias, tiene
permitirá evitar algunos de los problemas estructurales que mantener aún que castigar y premiar según el merecimiento es
más graves que se le plantean a una teoría moral basada incorrecto siempre que sus costes sobrepasen sus beneficios. Sin
en el merecimiento. Sugerité, a continuación, que esta teo- embargo, es un aspecto fundamental de nuestras creencias sobre el
ría también nos permitirá dar cuenta de muchas de las merecimiento que una persona merece recibir un premio o un
convicciones morales que expresamos en términos de me- castigo ... incluso si recibiéndolo no se maximiza la utilidad total.
recimiento, de una manera preinstitucional. Pero solo ofre- (Sher 1987: 12)
ceré una breve indicación de cómo esta teoría moral pue-
de dar cuenta de nuestras atribuciones centrales de mere- Además, como han enfatizado los retribucionistas, el
cimiento en la esfera de la justicia distributiva. Un análi- utilitarismo parece encarnar la actitud objetiva hacia las
sis análogo para la esfera de la justicia retributiva será personas de Strawson, además de que carece de argumen-
proporcionado en el capítulo VII, en el que doy cuenta tos para mostrar que no usamos a los demás como meros
más detalladamente de las leyes y las prácticas sociales medios para obtener beneficios sociales. Por supuesto, los
que suscribirá el paradigma del perdón como respuestas utilitaristas han ofrecido diversas réplicas a esta objeción,
públicas al mal. pero un examen detenido de estas nos alejaría del propó-
En este punto, un utilitarista podría argüir que su teo- sito central de este libro, que no es otro que desarrollar el
ría moral nos permite evitar los problemas estructurales paradigma del perdón y defender que es preferible al
que se le plantean a una teoría moral basada en el mereci- retribucionismo. Por lo que aquí nos interesa, asumiré sin
miento, y esto parece claramente correcto. El principio de más que los retribucionistas están en lo cierto al sugerit
utilidad es, desde luego, un principio moral amplio que que tenemos razones para cuestionar la adecuación de la
tendría un gran poder explicativo si consiguiera sistemati- posición utilitarista.
zar adecuadamente nuestros juicios morales ponderados. Sin embargo, parece que algunos retribucionistas .exa-
También proporciona un método inteligible para deter- geran sus argumentos contra el análisis utilitarista de la
minar la cantidad de cargas y beneficios que deben recibir respuesta al mal. Los utilitaristas también han planteado
los individuos. Por último, en el contexto de la teoría mo- una objeción importante a las justificaciones
ral utilitarista, no se nos requiere que sopesemos factores retribucionistas del castigo en relación con la tesis de que
morales inconmensurables. Los retribucionistas han obje- las personas culpables de una actuación delictiva mere-
tado, sin embargo, que el utilitarismo no consigue siste- cen sufrir el castigo con independencia de si esto reporta-
matizar adecuadamente nuestros juicios morales ponde- rá beneficio alguno para nadie. En concreto, los utilitaristas
rados expresados en términos de merecimiento, por razo- han objetado que esta posición no es más que una forma
nes ampliamente debatidas en la bibliografía. George Sher de venganza glorificada, y que es incorrecto infligir casti-
formula la objeción de este modo: go al delincuente meramente por mor de hacerle sufrir.

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j'vfARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

Sostienen que cualquier análisis moral que no esté ligado objetiva sino también la objetivación moralmente proble-
de alguna manera a intereses humanos concretos no tiene mática de las personas que se da cuando las confundimos
un fundamento racional y debe ser rechazado. Aunque con sus acciones y sus actitudes. Asimismo, como defen-
esta objeción no evita las dificultades que los deré en lo que queda de este capítulo y en el siguiente,
retribucionistas han hallado en la posición utilitarista, creo podremos dar cuenta de muchos de nuestros juicios mo-
que los utilitaristas están en lo cierto en este punto. Como rales ponderados que expresamos en términos de mereci-
el utilitarismo, la teoría moral que emerge del paradigma miento en el contexto de la teoría moral basada en la jus-
del perdón rechaza las atribuciones de merecimiento ticia surgida del paradigma del perdón.
retribucionistas que no van ligadas a intereses humanos Esta teoría moral nos permite evitar algunas dificulta-
concretos y que insisten en que es moralmente apropiado des estructurales graves que se le plantean a la teoría moral
hacer sufrir a las personas aún cuando del sufrimiento no basada en el merecimiento. El principio moral que hemos
puedan derivarse beneficios. Si mantenemos una actitud articulado es muy amplio y tendrá un gran poder explica-
de respeto, compasión y auténtica benevolencia hacia todo tivo si sistematiza adecuadamente nuestras convicciones
el mundo, siempre nos veremos concernidos por la meta morales más plausibles. Nuestra teoría moral basada en la
de proporcionar beneficios a las personas -los beneficios justicia puede proporcionarnos un marco teórico para de-
más fundamentales de la vida compatibles con beneficios terminar la cantidad de cargas y beneficios que cada per-
iguales para todos-. Y nunca tendremos razones o moti- sona debe recibir. De nuevo, el interés que debe guiarnos
vos para infligir sufrimiento a nadie, a menos que tenga- para ello es asegurar a cada individuo los beneficios más
mos que hacerlo para prevenir un daño igual o mayor en fundamentales en la vida compatibles con beneficios se-
otras personas. mejantes para todos. Además, esta teoría nos proporcio-
La teoría moral basada en la justicia que emerge del na un marco teórico para arbitrar entre muchos conflictos
paradigma del perdón evita algunos problemas fundamen- que se plantean comúnmente entre diferentes tipos de con-
tales señalados por los retribucionistas en el análisis utili- sideraciones morales 28 • Por ejemplo, supongamos que co-
tarista de la respuesta al mal. Nuestra preocupación se nozco un secreto militar muy delicado relacionado con
dirige por igual a todo individuo, asegurando que no usa- un movimiento de tropas que hay previsto, y que si lo
remos a las personas como meros medios para obtener
beneficios sociales. Así pues, nuestra respuesta al mal no
será dictada por cualquier curso de acción que maximice 28 No estoy afirmando aquí su completitud. Es obviamente imposible en este
la utilidad, ni que sea injusto para los individuos. Ade- contexto desarrollar una teoría moral basada en la justicia con el suficiente detalle
para que pueda dar respuesta a todos esos conflictos. En concreto, creo que los
más, como hemos visto, la perspectiva de la identifica- conflictos entre la justicia y la utilidad seguirán presentes. Por ejemplo, si el
ción que subyace al paradigma del perdón es diametral- interés X es considerado levemente más fundamental que el interés Y, y tenemos
mente opuesta a la actitud objetiva de Strawson. En el que elegir entre garantizar el interés X para una persona o el interés Y para mil
personas, podemos vernos obligados a sopesar consideraciones de justicia y de
contexto de este paradigma, no solo evitamos la actitud utilidad.

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

revelara pondría en peligro las vidas de miles de soldados. de merecimiento y atribuciones acerca de intereses hu-
Puede parecer que tenemos aquí un conflicto entre la manos concretos, entramos en una esfera en la que tene-
utilidad y mi «derecho» a la libertad de expresión. El prin- mos mucha experiencia. Los pluralistas acerca de los va-
cipio moral que hemos articulado resolverá este conflic- lores tienen poderosos argumentos a favor de la
to cuando reconozcamos que el interés de cualquiera de inconmensurabilidad de los valores (véase Kekes 1994),
los soldados que está en juego en esta situación es mu- pero incluso estos reconocen, por lo general, que estamos
cho más fundamental que mi interés por revelar esta in- de hecho muy versados en sopesar nuestros diferentes
formación públicamente. Habrá, desde luego, casos lí- intereses vitales, y que lo hacemos diariamente. Las elec-
mite de situaciones conflictivas en las que sea difícil de- ciones sobre nuestras actividades diarias nuestra carrera
terminar qué interés es más fundamental. Y de situacio- ' nuestras vaca-'
nuestra vida familiar, nuestras relaciones,
nes muy complejas -tales como el colapso de los merca- ciones y un largo etcétera de cosas, nos exigen sopesar
dos financieros globales- en las que puede ser difícil in- nuestros diferentes intereses. Por lo que sería implausible
cluso identificar qué aspectos de nuestras vidas se verán sostener que todas estas elecciones no responden a fun-
afectados por los diferentes cursos de acción posibles. damentos racionales y son arbitrarias.
Sin embargo, nuestra meta de garantizar a cada cual los Asimismo, si estas elecciones fueran arbitrarias e
beneficios más fundamentales en la vida compatibles con irracionales, nuestra concepción de la agencia moral se
los de los demás determinará qué tipo de información vería seriamente empobrecida, o quedaría completamen-
debemos tratar de obtener y cómo debemos usarla para te vacía de sentido. Una parte importante de lo que hace-
tomar decisiones. Por último, derivando nuestro princi- mos como agentes morales es determinar qué fines son
pio de justificar las actitudes básicas que responden a significativos en la vida -en la nuestra y en la de los de-
los rasgos moralmente destacados de las personas y de- más- y cómo deben priorizarse estos fines cuando no po-
fendiendo que estas actitudes son compatibles con una demos realizarlos todos. Como sugiere Korsgaard, desde
posición filosóficamente plausible sobre la naturaleza de la perspectiva deliberativa debemos concebirnos como
las personas, hemos proporcionado razones adicionales agentes capaces de hacer juicios de este tipo. Parece, pues,
para su aceptación. que cualquier teoría moral plausible (incluyendo una teo-
Podría objetarse aquí que algunos intereses que nos ría basada en el merecimiento) tendría que incluir la valo-
gustaría garantizar son inconmensurables y que desde el ración evaluativa de los diversos fines e intereses que te-
punto de vista de las políticas públicas no tenemos nin- nemos en nuestras vidas. Es importante resaltar que esto
gún método objetivo para determinar qué interés es más mismo no puede hacerse en el caso de las evaluaciones de
fundamental. Un examen completo de esta cuestión nos merecimiento. Los utilitaristas y quienes adoptan teorías
desviaría de nuevo de nuestro objetivo primario, por lo morales basadas en la justicia del tipo descrito aquí deben
que no lo emprenderé aquí. Sin embargo, cabe decir que, sopesar los diversos intereses (propios y ajenos) para fun-
en tanto que nos movemos entre atribuciones abstractas cionar como agentes morales, pero su perspectiva moral

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

no exige que sopesen atribuciones de merecimiento entre problemas estructurales que se encontrará una teoría moral
sí y con otras consideraciones morales. basada en el merecimiento. Pero aún hay que comprobar
Con respecto a las políticas públicas, puede que no si esta teoría puede dar cuenta de modo adecuado de las
tengamos ninguna fórmula objetiva para determinar si un intuiciones morales plausibles que comúnmente expresa-
interés es más fundamental que otro, pero podemos llegar mos en términos de merecimiento. Lo primero que cabe
a juicios plausibles de este tipo. Además, los rasgos per- señalar es que la teoría moral que he articulado acomoda
sonales destacados que hemos pergeñado aquí nos pro- con facilidad muchas de nuestras atribuciones evaluativas
porcionarán una guía respecto de qué intereses son los de merecimiento. Por volver a un ejemplo anterior, pode-
más fundamentales para nosotros. Por ejemplo, dado que mos decir que una inmersión merece un 9,85 si este nú-
somos agentes autónomos y podemos vivir vidas ~ignifi­ mero refleja fielmente la medida en la que su ejercicio se
cativas solo en tanto que autores de nuestras elecc10nes y corresponde con los criterios de juicio aceptados. Cual-
actitudes, tenemos un interés significativo en la libertad quier atribución evaluativa de merecimiento puede ser
individual. Y dado que somos seres sentientes que expe- acomodada en el contexto de esta teoría, sietJJpre q¡¡e la
rimentan la felicidad y la desdicha, y que anhelan la pri- actividad que se juzga esté sancionada por nuestro princi-
mera tenemos un interés fundamental en las necesidades pio moral básico. Puede decirse que las competiciones
básicas' de la vida indispensables para nuestra felicidad. atléticas garantizan intereses importantes de todos, y se
Podríamos también apoyarnos en la noción de bienes pri- sustentan en este principio. Por otro lado, si un grupo de
marios de Rawls para llegar a estas determinaciones. Y estudiantes se reuniera para juzgar qué persona en el
pueden también recogerse datos empíricos acerca de qué campus es la más fea, no diríamos que la persona P tJJerece
intereses se consideran en una soCiedad dada como los ser reconocida como la persona más fea del campus, in-
más importantes. Por supuesto, si deseamos. co.n~truir una cluso si el juicio es preciso y P es de hecho la persona más
teoría liberal de la justicia usando este prmc1p10 moral, fea. Esta actividad sería rechazada por el principio moral
habrá ciertas restricciones en relación a cómo pueden rea- que he citado, en tanto que impone una carga cruel en
lizarse estas determinaciones. Sin embargo, no seguiré con quienes son juzgados de este modo, sin que sustente un
estas cuestiones, pues solo estoy proporcionando un es- interés importante de nadie.
bozo muy general del tipo de teoría de la justicia que sur- Pasemos a situar las atribuciones de merecimiento en
ge del paradigma del perdón; un esbozo que debería bas- la esfera de la justicia distributiva. En esta esfera, algunas
tar para fundamentar la respuesta pública al mal moral de nuestras convicciones morales más profundas expre-
que desarrollaré en los dos capítulos restantes. En este sadas en términos de merecimiento tienen que ver con
punto, simplemente haré notar que podemos completar asignar cargas y beneficios sobre la base de nuestras elec-
este tipo de teoría moral de diferentes maneras. . . . ciones y esfuerzos pasados, o del mérito. Mi tesis es que
Parece, pues, que la teoría moral basada en la JUStlcla las atribuciones plausibles de este tipo pueden derivarse
que emerge del paradigma del perdón evita algunos de los de la teoría moral surgida del paradigma del perdón, una

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

vez que reconozcamos que todos tenemos intereses fun- diante nuestras decisiones y nuestro esfuerzo es un benefi-
damentales en poder regir nuestras vidas mediante nues- cio fundamental, debemos darle una cantidad mayor de re-
tras elecciones y nuestro esfuerzo. Centrémonos, en pri- cursos financieros, ceteris paribus, a quienes se esfuerzan
mer lugar, en la distribución de la riqueza y de los ingre- constantemente al máximo de sus posibilidades. Por lo tan-
sos. Si tuviéramos que distribuirlos equitativamente, cada to, una de las convicciones que solemos expresar en térmi-
uno tendría una determinada cantidad de dinero con el nos de merecimiento -en concreto, que quienes trabajan
que perseguir sus proyectos vitales. Pero consideremos más duro merecen más a cambio- puede derivarse de nues-
un individuo, Smith, que desea desarrollar su vida o em- tro principio moral. (Es importante caer en la cuenta de
prender sus proyectos de un modo que requiere más re- que no es legitimo que un trabajador vago, Jorres, que ha
cursos financieros de los que le han correspondido. Si la hecho muy poco, espere hasta que Smith haya trabajado
riqueza y los ingresos fueran distribuidos igualmente, en- muy duro, para afirmar que tiene exactamente el mismo
tonces Smith no tendría prácticamente ninguna oportuni- interés que Smith en recibir cierto incremento salarial. Si
dad de perseguir estas metas. Hacer horas extra, trabajar los intereses en competencia se valoran de este modo, que-
más eficientemente, inventar nuevos productos o proce- daremos despojados del interés fundamental de aprovechar
sos, no le serviría de mucho, pues todo esto seria distri- al máximo la vida por medio de nuestro propio esfuerzo).
buido por igual entre todos los miembros de la sociedad y En este análisis, la oportunidad de aprovechar al máxi-
los beneficios que recibiría a cambio de sus esfuerzos se- mo la vida mediante nuestras elecciones y nuestro esfuerzo
rian mínimos. se garantizará para todos, excepto cuando solo pueda serlo a
Ahora bien, si todos los miembros de la sociedad se es- expensas de otro interés que es incluso más fundamental.
forzaran al máximo, este estado de cosas no sería objetable. Debe reconocerse que situaciones de este tipo se plantea-
En tal caso, si la oportunidad de Smith para mejorar su rán con regularidad. Por ejemplo, no es razonable pedir que
vida aumentara, la oportunidad de otra persona resultaría nuestro interés en poder avanzar por medio de nuestros
disminuida. Sin embargo, cuando los demás no trabajan al propios esfuerzos sea tan importante como el interés del
máximo de su capacidad, a Smith, dada la igual distribu- discapacitado en tener un nivel de vida digno. Por ello, po-
ción de ingresos y de riqueza, se le está negando un benefi- demos limitar legítimamente esta oportunidad imponiendo
cio fundamental (compatible con beneficios iguales para impuestos a los ciudadanos para proporcionar un nivel mí-
todos) que se le podría conceder. Se le niega la oportunidad nimo de subsistencia a quienes no pueden proporcionárse-
de aprovechar al máximo su vida mediante su propio es- lo a sí mismos.
fuerzo, sin quedar empantanado por quienes no se esfuer- Una línea similar de razonamiento nos permite derivar
zan al máximo. Dado que nuestro principio moral requiere de este principio moral la exigencia de que los puestos de
que garanticemos los beneficios más fundamentales de la trabajo y los cargos sean distribuidos sobre la base del mé-
vida compatibles con iguales beneficios para todos, y dado rito. Los trabajos, los cargos y las oportunidades especiales
que la oportunidad de aprovechar al máximo la vida me- suelen distribuirse sobre la base de las destrezas y las capa-

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

cidades que cada cual posee. En la medida en que las per- David Schmidtz (2006: cap. 8) ha señalado que a ve-
sonas tienen control sobre el desarrollo de sus destrezas y ces también hacemos declaraciones de merecimiento
capacidades, las prácticas sociales estructuradas de este promisorias: declaraciones de que las personas merecen
modo también garantizan la oportunidad de perseguir el una oportunidad de cierto tipo, incluso si no han tomado
propio plan de vida a través de nuestras elecciones y de las decisiones ni han realizado el esfuerzo que solemos
nuestro esfuerzo. No obstante, hay cierta medida en la que considerar necesarios para el merecimiento positivo. Por
nuestras capacidades y destrezas están fuera de nuestro ejemplo, podríamos declarar que un estudiante promete-
control. Muchas personas sencillamente carecen del poten- dor merece una beca, que todos los niños (que alcanzan
cial para desarrollar las destrezas exigidas para ser un determinado umbral de capacidad) merecen acceder a
neurocirujano, profesor de física relativista, director de una la educación, o, siguiendo a Moore, que todo niño merece
orquesta sinfónica o delantero centro de un equipo de fút- una oportunidad para desarrollar sus virtudes. La deman-
bol. Sin embargo, estos puestos los consiguen quienes po- das de este tipo son también fácilmente justificables en el
seen las destrezas requeridas porque otras personas tienen contexto de la teoría moral basada en la justicia que emerge
un gran interés en que sea la persona competente quien del paradigma del perdón. Las oportunidades para conse-
ocupe ese puesto. Así pues, podemos derivar de nuestro guir una educación y para desarrollar las propias virtudes
principio moral la demanda de que el mérito debe ser la son fundamentales en la vida, por lo que deben
base de la distribución de trabajos y cargos, una demanda garantizársele a todo individuo en virtud del principio
que solemos expresar diciendo que los más cualificados moral que he propuesto. A las personas con habilidades
merecen conseguir los puestos en cuestión. De nuevo, es especiales que pueden dar lugar a beneficios significati-
importante reconocer que esta línea de razonamiento no es vos para los demás se les garantizará también la oportuni-
absoluta. Por ejemplo, los programas de acción afirmativa dad de desarrollar estas habilidades.
pueden constreñir el sistema de distribuci?n basado pura- Parece, pues, que la teoría moral que propongo aquí
mente en el mérito si resulta razonable afirmar que perso- explica claramente algunas de las convicciones centrales
nas que pertenecen a grupos que han sido discriminados que expresamos en términos de merecimiento en la esfera
tienen intereses más fundamentales en juego que quienes de la justicia distributiva. Además, lo hace de un modo
sacrificarían su interés si eligiéramos a alguien ligeramente preinstitucional, pues nuestra teoría moral dicta cómo de-
menos cualificado para ocupar el puesto en cuestión29 • ben estructurarse las leyes, las prácticas sociales y las ins-
tituciones. En el capítulo VII, defenderé que muchas de
29 Puede darse un resentimiento residual en los hombres blancos si se adoptan
las atribuciones centrales de merecimiento que hacemos
programas de acción afirmativa, pero si están justificados, tomándolo todo en en la esfera de la justicia distributiva, o como respuesta
consideración, para quienes están implicados, entonces este resentimiento no es pública al mal, pueden explicarse también en términos de
justificable a Jortiori, incluso para un retribucionista actitudinal. Lo más que pode-
mos pedir a todos, tanto a nivel inrlividual como social, es que hagan lo correcto, nuestro interés en sacar el máximo provecho a la vida a
dadas las circunstancias. través de nuestras decisiones y nuestro esfuerzo, por lo

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

que pueden derivarse de nuestra teoría moral. Si esto es la variación inevitable de las experiencias individuales de
así, tendremos razones sustantivas para preferir la teoría cada cual, no podemos esperar que en una sociedad mo-
moral que propongo a la basada en el merecimiento que derna pluralista todo el mundo esté de acuerdo con una
suscriben los retribucionistas. teoría filosófica particular (liberal o la que sea) o con una
Antes de finalizar este capítulo, desearía volver a la tesis concepción religiosa. Por ello, presenta su teoría de la jus-
de Scheffler de que el liberalismo tanto filosófico como ticia como una concepción política independiente de la
político han sido atacados por no otorgar un papel justicia (el liberalismo político) que puede ser ampliamente
preinstitucional significativo al merecimiento. Si los argu- aceptada por ciudadanos con muy diversas concepciones
mentos de este capítulo (y el siguiente) son correctos, en- porque es parte de un consenso por coincidencic?0• En otras
tonces la teoría moral basada en la justicia que emerge del palabras, las personas con posiciones filosóficas o religio-
paradigma del perdón explica de hecho muchas de nuestras sas diferentes pueden ser capaces de estar de acuerdo en
intuiciones sobre la responsabilidad y el merecimiento per- rasgos centrales de una concepción política de la justicia,
sonales a nivel preinstitucional. Además, el paradigma del aunque los suscriban por razones diferentes específicas a
perdón es igualitario e incorpora un respeto fundamental sus convicciones filosóficas o religiosas particulares. Un
por la autonomía individual. En conjunto, estos puntos plan- lector anónimo para Cambridge University Press expresa
tean la cuestión de si ciertas partes del paradigma del per- así los requisitos generales de una concepción política de
dón podrían defenderse en el contexto del liberalismo polí- la justicia en una sociedad pluralista:
tico, lo cual reforzaría quizá esta posici~n contra la obje-
ción central de la que da cuenta Scheffler. Es sencillamente un hecho que las sociedades pluralistas
Como Scheffer destaca, los filósofos liberales suelen ser modernas requieren formas de gobierno que sean lo bastante
acusados de mala fe porque afirman ser neutrales con res- neutrales respecto de las tradiciones morales (y religiosas) en
pecto a las diversas concepciones de la vida buena, cuando conflicto como para proporcionar una unidad estable y básica para
de hecho no lo son. una sociedad pluralista. No importa lo «objetivamente
verdadera>> ... que pueda ser una teoría moral, los ciudadanos que
Para sus críticos, el marco liberal mismo incorpora una suscriben estas teorías abogan por una tradición moral entre otras.
comprensión de aquello en lo que consiste ser un individuo
humano que es muy polémica, y que conduce inevitablemente al Por ello, para mostrar que partes del paradigma del
diseño de instituciones y a la creación de condiciones que son perdón podrían defenderse en el contexto del liberalismo
mucho más hospitalarias para ciertos modos de vida que para
otros. (Scheffler 2002: 317) 30 «OverlappiJJg coJJsetJJIIJ>>, término acuñado por Rawls en su Teoría de la j11sticia que
ha sido vertido al castellano de muy diversas maneras: consenso entrecruzado,
Además, John Rawls defiende en El liberalismo político por solapamiento, por intersección, por coincidencia parcial, etc. En todo caso, se
trata de un tipo de consenso basado en la coincidencia de las partes en un
que, debido a la complejidad de nuestras experiencias y a determinado aspecto, con independencia de las razones para ello. [N. del T.]

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

político, parece que tendríamos que argumentar que po- de respeto, compasión y auténtica benevolencia que fun-
dría ser razonable que algunos de sus componentes fue- damentan el paradigma del perdón son suscritas también,
ran parte de un consenso por coincidencia lo suficiente- al menos en cierta medida, por una amplia variedad de
mente amplio como para proporcionar estabilidad y uni- concepciones filosóficas y religiosas.
dad en una sociedad pluralista. Aunque no puedo debatir El segundo punto que quería enfatizar es que si un
aquí en detalle esta cuestión, hay dos puntos que deben análisis empírico relativamente completo mostrara que el
destacarse. El primero es que estamos ante una cuestión paradigma del perdón no puede ser parte de un consenso
empírica y, por lo tanto, un desarrollo completo del para- por coincidencia lo suficientemente amplio, el principio
digma del perdón tendrá que descansar de modo impor- de justicia emergente dictaría por sí mismo que las leyes y
tante en las ciencias empíricas. La investigación en las las políticas públicas suscritas por este paradigma debe-
ciencias políticas, la sociología y los estudios religiosos rían modificarse. Este principio de justicia requiere que
tendrán una importancia central para responder esta cues- garanticemos que cada persona disfrute de los beneficios
tión. Cabe añadir algunas consideraciones a favor de la más fundamentales en la vida compatibles con iguales be-
tesis empírica de que algunos componentes del paradig- neficios para todos. Dado que nuestro interés en la es-
ma del perdón podrían ser parte de un consenso por coin- tabilidad social es lo bastante importante, nuestro princi-
cidencia amplio. En primer lugar, si Scheffler está en lo pio de justicia nos exigirá que garanticemos a los ciudada-
cierto al pensar que el liberalismo filosófico y político ha nos este beneficio siempre que entre en conflicto con in-
sido atacado principalmente por no dar cuenta de nues- tereses menos fundamentales. Pasemos ahora a las leyes y
tras intuiciones acerca del merecimiento y la responsabi- a las políticas sociales que suscribirá el paradigma del per-
lidad personal a un nivel preinstitucional, tenemos razo- dón, asumiendo por mor del argumento que este paradig-
nes para creer que los componentes del paradigma del ma no tendrá que ser moclificado para crear estabilidad y
perdón podrían ser parte de un consenso por coincidencia unidad sociales.
si este paradigma consiguiera dar cuenta de estas intui-
ciones a un nivel preinstitucional. En segundo lugar, de-
fenderé en el capítulo VIII que el paradigma del perdón
incorpora las propuestas centrales del movimiento de la
justicia restaurativa (aunque quizá con algunas modifica-
ciones). Dado que este movimiento está haciendo incur-
siones sustantivas en la práctica del derecho penal en
muchas jurisdicciones a lo largo del mundo, puede haber
también razones para pensar que los componentes del
paradigma del perdón podrían ser parte de un consenso
por coincidencia. Por último, cabe notar que las actitudes

326 327
VII. La respuesta pública al mal

En el capítulo anterior sostuve que las actitudes básicas


de respeto, compasión y auténtica benevolencia que fun-
damentan el paradigma del perdón, dispensadas a todas las
personas por igual, conducen a una teoría moral estructurada
sobre la base de un principio central de justicia. Este prin-
cipio afirma que debe garantizarse a todas a las personas
los intereses vitales más fundamentales compatibles con
iguales beneficios para todos, y que no se debe exigir a na-
die que sacrifique un interés importante para que otros ob-
tengan un beneficio menor. También sostuve que una teo-
ría moral que toma como central este principio evitará al-
gunas de las graves dificultades estructurales que se le plan-
tean a las teorías morales basadas en el merecimiento de-
fendidas por los retribucionistas. Por último, expliqué bre-
vemente la manera en que la teoría moral que propongo
puede dar cuenta de algunas de las convicciones morales
centrales en la esfera de la justicia distributiva que solemos
expresar en términos de merecimiento.
No obstante, el interés principal de este libro es la esfe-
ra de la justicia retributiva. Estamos, ahora, en disposición

329
:NiARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

de considerar las implicaciones del paradigma del perdón nes del castigo tienen implicaciones diversas en el modo de
para las leyes y las políticas sociales que cabe adoptar como estructurar la práctica del castigo. Por lo tanto, examinaré
respuesta pública al mal. En otras palabras, estamos lis- algunas de las justificaciones centrales del castigo propues-
tos para preguntarnos qué tipos de leyes y políticas socia- tas por los retribucionistas (y por otros autores), y defende-
les suscribiría una sociedad que es capaz de perdonar de ré que tenemos razones para preferir la justificación que
manera adecuada. En este capítulo, arguyo que las actitu- surge del paradigma del perdón, junto con sus implicaciones
des básicas que fundamentan el paradigma del perdón y para la estructura de nuestro derecho penal.
la teoría moral asociada conducen a una respuesta públi- Hay aún otra cuestión que quiero tratar en este capítulo,
ca al mal con tres componentes centrales: la prevención que es dar respuesta a la tesis importante de John Kekes
de la comisión del mal, la restitución por el daño primario (citada en el capítulo V) de que la que él denomina «moral
y la restitución por el daño secundario. Si se dan determi- de la eleccióm> no responde adecuadamente al mal que ha-
nadas condiciones, el tercer componente comportará una llamos en el mundo. Kekes distingue entre dos tipos de
práctica de castigo legal. (Los detalles del segundo com- teorías morales, que llama «moral de la eleccióm> y «moral
ponente se considerarán en el capítulo VIÍI). También del carácter», y mantiene que solo la segunda nos propor-
defiendo que el análisis moral de la respuesta pública al ciona los recursos adecuados para afrontar el mal y prote-
mal que surge del paradigma del perdón explica muchas ger a las personas inocentes del daño inmerecido. Sucinta-
de las convicciones morales centrales que solemos expre- mente, las teorías morales que caen bajo la categoría de
sar en términos de merecimiento en la esfera de la justicia moral de la elección comparten dos características funda-
retributiva. Este análisis completará el argumento de que mentales. En primer lugar, son igualitaristas; esto es, sos-
la teoría moral basada en la justicia que incorpora el para- tienen que todas las personas tienen la misma dignidad in-
digma del perdón ofrece un explicación preinstitttcional de trínseca y que deben tener los mismos derechos para desa-
un amplio espectro de convicciones morales que solemos rrollar sus potenciales diversos. En segundo lugar, estas
expresar en términos de merecimiento, que al mismo tiem- teorías mantienen que solo es legítimo que pidamos a las
po evita las dificultades estructurales que se le plantean a personas que den cuenta de las acciones incorrectas que
las teorías morales basadas en el merecimiento. han elegido. Las teorías que caen bajo la categoría de moral
Los retribucionistas defienden la práctica jurídica de de la elección adoptan lo que Kekes llama <<reacción débil»
imponer penas en tanto que respuesta pública apropiada al mal. El problema de esta reacción débil es que mucho
a los delitos penales, y ofrecen una variedad de argumen- del mal que hay en el mundo no responde a la elección de
tos para justificar esta práctica. Aunque los defensores alguien, y por lo tanto la moral de la elección deja un am-
del paradigma del perdón también suscribimos la práctica plio espectro de conducta dañina sin control. Además, in-
jurídica del castigo bajo ciertas circunstancias, lo hace- sistiendo en que se nos garanticen derechos iguales para
mos por razones muy distintas a las de los retribucionistas. todos para poder desarrollar nuestros potenciales, la moral
Es importante reconocer que las diferentes justificacio- de la elección promueve de hecho el mal, al garantizar a quie-

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

nes lo causan la oportunidad de actuar según sus vicios. La carácter tiene defectos. Si queremos minimizar el mal, debemos
moral de la elección puede dedicar mucha atención a la preocuparnos por esto. Tenemos que tratar de obstaculizar estas
comprensión empática del perpetrador del mal, porque in- actividades, haciendo patente que son ejemplos de cómo no actuar,
siste en que tratemos de determinar si eligió perpetrar sus y usar nuestra influencia para impedir que los demás se vuelvan
actos y si, por tanto, cabe considerarlo responsable. Pero al como ellos. La censura moral es la expresión más clara de que
hacerlo, dice Kekes, «no da suficiente peso al hecho moral queremos todo esto. (1990: 101)
fundamental de que ha actuado mal. Esto es lo que debería
centrar nuestra atención moral; la tarea de la moral es pre- Finalmente, Kekes subraya la importancia de la dife-
venir esto». (1990: 98) rencia entre la reacción débil y la reacción fuerte al mal
Kekes defiende que, ante estos problemas, debemos re- diciendo que «el desacuerdo entre ellas muestra una de
chazar la moral de la elección y sustituirla por la moral del las divisiones morales más profundas de nuestro tiem-
carácter. Para esta última, las personas tienen grados dis- po». (1990: 85)
tintos de dignidad intrínseca, según su mérito moral. El El paradigma del perdón es igualitarista y nos anima
mérito moral es la base del merecimiento, y, en gran medi- a tener comprensión y compasión por los ofensores y
da, de las cargas y los beneficios que debemos distribuir sostiene que uno solo debe responder moralmente de las
según este último. Dado que hay tanto mal que no ha sido acciones que ha elegido (o debe haber elegido) realizar;
elegido, la moral del carácter sostiene que no debemos cen- por tanto, es una versión de la moral de la elección y
trarnos en determinar si los actos indebidos fueron elegi- supone una reacción débil al mal. Es importante, pues,
dos, sino en si los perpetradores de estos actos tienen de- que respondamos al reto que lanza Kekes y afrontemos
fectos de carácter, o disposiciones duraderas a actuar de la cuestión de si el paradigma del perdón protege ade-
manera destructiva para con los demás. Kekes defiende cuadamente a las personas del mal, o (en la terminolo-
que todos deberían dar cuenta de sus actos incorrectos tan- gia que adoptaré aqru) del daño innecesario. En general,
to si eligieron realizarlos como si no, si bien, quienes deci- parece natural preguntarse si el paradigma del perdón,
dieron llevarlos a cabo, merecen un grado mayor de censu- que parece tan atractivo, es lo suficientemente robusto
ra por sus transgresiones. De acuerdo con esto, cabría o resistente para hacer frente a la conducta dañina grave
redefinir la agencia moral sencillamente como la capacidad y generalizada que encontramos en el mundo. En este
de los seres humanos normales para causar el bien o el mal. capítulo y el siguiente defenderé que no solo hace un
El tipo de responsabilidad por las malas acciones suscrito buen trabajo respecto a la respuesta a los ofensores y a
por la moral del carácter constituye una <<reacción fuerte>> al la protección de las personas inocentes del daño moral,
mal. Para Kekes: sino que también tenemos razones para creer que será
más eficaz a este respecto que las posiciones
desde un punto de vista moral, el hecho sobresaliente es que retribucionistas.
hay muchas personas que sencillamente causan el mal porque su

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~UffiGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

Prevención de la realización del mal y otros tipos de conducta dañina. Por lo tanto, dedicaremos más espacio y
conducta dañina energía a examinar e instituir métodos no punitivos de pre-
vención de la conducta dañina.
Dado que el paradigma del perdón se basa en las actitu- Kekes se cuida de distinguir entre daño simp!iciter y
des de respeto, compasión y auténtica benevolencia, dis- «daño no merecido». Señala que el sufrimiento que asu-
pensadas a todas las personas por igual, en el contexto de mimos voluntariamente para lograr otro fin, tal como el
este paradigma el objetivo fundamental será prevenir que malestar que nos produce acudir a la consulta del dentis-
no se le cause daño a nadie. N os preocupará proteger a las ta, es un daño no merecido. También defiende que el daño
personas inocentes del daño innecesario, así como a los proporcional infligido en aquellos que muestran un carác-
ofensores reales y potenciales del sufrimiento innecesario. ter moralmente defectuoso a través de acciones dañinas
Dado que el castigo y la censura morales generalmente son es un daño merecido, que es, por lo tanto, bueno y no
muy dolorosos para quienes son forzados a soportarlos, debe evitarse. Por el contrario, en el contexto del paradig-
estaremos motivados a evitar esas respuestas en la medida ma del perdón, no concebimos ningtín sufrimiento como
en que podamos hacerlo sin incurrir en cargas iguales o más daño intrínsecamente merecido, y lamentamos todas las
graves para otras personas. Por lo tanto, no suscribiremos la formas de sufrimiento que puede experimentar un ser
reacción fuerte al mal de Kekes. Castigar y censurar a los sentiente -sean víctimas de conductas injustas, sus
ofensores es una manera de contribuir a proteger al inocen- perpetradores o simplemente seres desafortunados que se
te del daño, y muchos de los debates acerca de la respuesta cruzan con el mal-. Sin embargo, reconoceremos que a
al mal se han centrado en esta práctica. Sin embargo, en el veces es necesario asignar cargas en las personas para pre-
contexto del paradigma del perdón, la respuesta ideal al venir sufrimientos mayores o iguales en otros. (Defenderé
mal y al daño que sabemos que puede ocurrir es tratar de en breve que para lograr este fin debemos asignar a menu-
prevenirlos. En la medida en que podamos prevenir la con- do sufrimientos inevitables en función de la culpa). Acep-
ducta dañina, podremos mejorar las vidas de las víctimas taremos también las formas de sufrimiento que las perso-
de este tipo de conducta y de los perpetradores. Si bien los nas asuman voluntariamente como medio necesario o
utilitaristas comparten el interés primario de prevenir la conveniente para alcanzar los fines que persiguen. En to-
conducta dañina, muchos de ellos se han centrado en pre- dos los demás casos, tendremos razones y motivos para
venir los comportamientos delictivos por medio del casti- prevenir que el daño caiga sobre nadie. Uamaré «daño
go31. En el contexto del paradigma del perdón, sin embar- innecesario» a todo daño que no sea asumido voluntaria-
go, nuestro interés principal se sitúa en los medios no puni- mente para conseguir un fin ulterior, que no sea necesario
tivos de prevenir la conducta indebida y otras formas de para prevenir un daño mayor o igual en los demás, y que
pueda controlar de algún modo la agencia humana. En
31 Por supuesto, algunos utilitaristas se han centrado en la prevención de la
conducta dañina a través principalmente de la práctica de la rehabilitación, pero concreto, en el contexto del paradigma del perdón nos
nuestro examen de la prevención será más amplio y diverso. preocuparemos por prevenir el daño innecesario.

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

Para examinar los métodos no punitivos de prevenir el dad reducida para conseguirlo. En cualquier caso, pode-
daño innecesario, será de gran ayuda considerar algunos mos limitar el daño innecesario de este tipo si considera-
factores causales que contribuyen a la conducta incorrec- mos la enfermedad mental del mismo modo que la enfer-
ta o dañina. Desgraciadamente, una de las razones por las medad física. Debemos eliminar el estigma asociado a la
que unas personas dañan a otras es por carecer de recur- enfermedad mental y considerar a las personas que la su-
sos materiales para mantener un nivel mínimo de vida. A fren con más respeto y compasión. Pero esto puede ser
veces, las personas se apropian de las posesiones ajenas, más eficaz si les animamos a buscar la ayuda adecuada.
de manera furtiva o por la fuerza, sencillamente para cu- También podemos dedicar más esfuerzos y recursos a la
brir sus necesidades básicas32 • Este tipo de actividad su- investigación médica, farmacológica y terapéutica para ha-
cede desde el ámbito local (mediante actos de robo indi- llar métodos que alivien esas enfermedades, y desarrollar
vidual) hasta el internacional (por medio de actos de gue- técnicas de supervisión de los enfermos mentales que
rra). En ocasiones este tipo de acciones están justifica- maximicen su libertad y sus oportunidades, a la vez que
das, pero en otros casos implican diversos tipos de actos protejan a los demás del riesgo de sufrir un perjuicio.
injustos, si bien pueden estar mitigados por el estado de En tercer lugar, la conducta dañina suele ser conse-
desesperación del infractor. En cualquier caso, podemos cuencia de dificultades mentales o emocionales causadas
prevenir este tipo de conducta tomando medidas globales, por fuentes ambientales de estrés. Las situaciones de abu-
nacionales y locales que promuevan un nivel de vida so o estresantes en la vida de las personas pueden llevar-
mínimamente decente para todos. Si adoptamos actitu- les a infligir un daño innecesario en los demás. Como an-
des moralmente integradas· de respeto, compasión y au- tes, estas situaciones pueden proporcionar una exculpa-
téntica benevolencia para con todas las personas, tendre- ción de acciones dañinas o sencillamente resultar en la
mos razones y motivos para hacer todo lo que podamos a disminución de la capacidad para cumplir con las normas
este respecto. Cabe señalar que la acción global efectiva morales. En cualquier caso, podemos hacer mucho para
para mitigar el cambio climático es un paso que debemos prevenir el daño innecesario, si nos tomamos las dificul-
dar inmediatamente si queremos evitar la extensión de la tades mentales y emocionales tan seriamente como las
desesperación humana. físicas. Podemos garantizar el acceso universal a una sani-
Continuando en esta línea, el comportamie~to destruc- dad que se ocupe tanto de lo físico como de lo mental, y
tivo se debe a veces a una enfermedad mental congénita podemos dedicar recursos a la investigación de métodos
o genética, que hace que las personas sean incapaces de que alivien ambos tipos de sufrimiento. Además, pode-
cumplir con las exigencias morales o tengan una capad- mos tratar de hacer que el estigma que asociamos a acudir
a un terapeuta o a seguir un programa de salud mental sea
32 Recientemente, se detuvo en Iowa a una mujer que asaltaba casas y cuando se tan pequeño como el que asociamos a visitar a un médi-
le pidieron explicaciones contestó <iBien, ¿qué se supone que podia hacer si non>, co. Si proporcionamos un cuidado médico de excelente
pues la habían despedido del trabajo y no había conseguido ninguna clase de
asistencia social. calidad a quienes sufren problemas mentales y emociona-

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

les, reduciremos los casos en los que estas personas da- entre los alumnos, y sin duda este ejemplo será seguido
ñan a otras. por los demás. Los tiroteos recientes en las escuelas son
También podemos poner nuestro empeño en prevenir una demostración dramática del daño innecesario que
las condiciones estresantes del entorno que hacen que las puede resultar de este tipo de estrés. Por otro lado, pode-
personas padezcan problemas mentales y emocionales. Los mos asegurarnos de que las escuela~ establezcan progra-
niños son particularmente vulnerables a este respecto, pues mas de rehabilitación ante la drogadicción y el alcoholis-
carecen de los recursos necesarios para hacerles frente. mo que eviten el reproche para los alumnos que tengan
Es, por ello, especialmente importante que mejoremos las este tipo de problemas. Y podemos reducir las presiones
condiciones familiares y el sistema escolar. Podemos en- negativas asegurándonos de que haya programas de ase-
contrar maneras de instruir a los padres, actuales y futu- soramiento eficaces para ayudar a los alumnos a encon-
ros, en los daños sustanciales y duraderos que produce en trar una trayectoria educativa que se corresponda con sus
los niños el abuso físico, sexual, verbal y emocional. Al intereses y capacidades y a afrontar otros tipos de dificul-
mismo tiempo, el paradigma del perdón anima a la com- tades que puedan encontrarse.
pasión para con los padres que hayan abusado de sus hi- Tanto los niños como los adultos pueden sufrir un estrés
jos, a los que tenemos que respetar como agentes morales significativo de entornos vecinales en los que domine la
vulnerables que pueden cambiar. En vez de juzgarlos y pobreza, las tensiones raciales, el desempleo generaliza-
condenarlos -que sería darles razones para que oculten su do, el abuso de las drogas y del alcohol y la violencia. De
conducta-, les facilitaremos la ayuda necesaria. Si las per- nuevo, si tenemos respeto, compasión y auténtica bene-
sonas que participan en abusos son tratadas con respeto, volencia hacia todos, será más fácil que aliviemos estas
compasión y auténtica benevolencia, se les anima a que condiciones. Podemos empezar limpiando el vecindario,
aprovechen estas oportunidades. Sin duda, también tene- mejorando las escuelas, ofreciendo rebajas de impuestos
mos que poner en marcha programas eficaces que nos a las compañías que se establezcan en estas áreas y den
permitan intervenir compasivamente en las situaciones empleo a los residentes, que establezcan centros de reha-
en las que los padres dañan y ponen gravemente en peli- bilitación para drogadictos y alcohólicos, que ofrezcan
gro a sus hijos. programas deportivos y artísticos para niños y adultos,
En las escuelas, tenemos que instruir al cuerpo de pro- etc. En vez de juzgar y condenar a las personas de esos
fesores y al personal no docente para que respeten y sean barrios que realicen actos incorrectos, podemos tratar pri-
compasivos con cada uno de los alumnos. Los maestros mero de prevenir las transgresiones morales llevando a
constituyen un ejemplo para los estudiantes, y aquellos cabo acciones motivadas por el respeto, la compasión y la
maestros que les animan, que son amables y respetuosos auténtica benevolencia, aplicada a todos por igual.
con los alumnos, pueden tener un impacto importante en Los adultos están a menudo sujetos a factores ambien-
la mejora de sus vidas. Además, algunos colegios han adop- tales de estrés en sus entornos de trabajo, y hay mucho
tado ya programas eficaces para prevenir el acoso escolar que podemos hacer para eliminarlas. Como cuestión de

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MARGARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

mínima decencia, así como un medio para aliviar este tipo una negativa resignada, sino llena de odio, resentimiento
de estrés, los trabajadores tienen que ser tratados con el y rabia». (Kekes 1990: 80) Las personas que fueron vícti-
interés y el respeto suscrito por el paradigma del perdón. mas de abusos en su infancia, de acoso en la escuela, que
Proporcionando a los trabajadores expectativas razona- fueron humilladas en su entorno social o de trabajo, o es-
bles, un salario justo, beneficios adecuados y un respeto tuvieron sujetas al rechazo y al desprecio de los demás,
general de sus capacidades y de su contribución, haremos pueden reaccionar de este modo y, desde luego, esta ma-
mucho a este respecto. levolencia suele desembocar en un comportamiento muy
Quienes son miembros de grupos sujetos a discrimina- dañino. Pero lo que produce perplejidad de la posición de
ción, discapacitados o con alguna desfiguración y quienes Kekes es que, tras desarrollar este análisis sensato y con-
carecen de la capacidad o las oportunidades para triunfar vincente de la malevolencia, propone hacerle frente con
en nuestra sociedad pueden sufrir también un gran estrés, más condena y censura públicas. Causando más humilla-
debido a que son evitados o despreciados por los demás. ción y desprecio a quienes ya los han soportado hasta el
Es importante señalar que las personas que muestran es- punto de dañar maliciosamente a los demás, solo añadi-
tas actitudes desdeñosas adoptan la perspectiva mos más gasolina al fuego. Sería mucho más compasivo y
enjuiciadora. Podemos ayudar a aliviar estas fuentes de respetuoso, y también más eficaz en la prevención del daño,
estrés combatiendo las diversas formas de discriminación esforzarnos en reducir las causas del estrés que les lleva-
y animando a las personas a adoptar la perspectiva de la ron en primer lugar a la malevolencia. Los aliados recono-
identificación y las actitudes de respeto, compasión y au- cieron esto en su respuesta a Alemania y Japón tras la
téntica benevolencia propias del paradigma del perdón. Segunda Guerra Mundial, y ello fue muy beneficioso.
En su examen del mal no elegido, Kekes ofrece un Muchos historiadores han defendido que la gran humilla-
análisis muy perspicaz de cómo la malevolencia puede ción sufrida por Alemania tras la Primera Guerra Mundial
surgir en personas que han estado sometidas al estrés fue una de las causas principales de la malevolencia que
ambiental. Dice de estas personas que «de forma realista se desarrolló en esta nación durante la época nazi.
pueden ver el pasado como una condena incesante a la Finalmente, y quizá más fundamentalmente, la con-
humillación y el futuro como la continuación de lo mis- ducta indebida suele estar causada por no tomar las nor-
mo», y que «están en desventaja de diversas maneras ... mas morales lo suficientemente en serio, o por no dedicar
[y] forzados a hacerle frente en sus contactos constantes e la atención debida a cultivar las actitudes morales. Más
inevitables con los defensores de los estándares que ellos allá de que fuese una forma de negligencia, de debilidad
no pueden alcanzar>>. Kekes reconoce que hay ciertas . de la voluntad o una transgresión deliberada, la atención
maneras de afrontar la situación, una de las cuales es de- debida a la importancia fundamental de las normas mora-
sarrollar la malevolencia, lo que <<implica decir "no" a la les nos hubiera evitado actuar incorrectamente. Como se
vida; a la suya propia, a las vidas de las personas como ha dicho, muchos retribucionistas mantienen que una co-
ellos y a las de quienes les juzgan adversamente. No es munidad moral fuerte debe adoptar las actitudes retribu-

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N~GARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

tivas reactivas y el castigo retributivo como expresión de curramos al resentimiento y a la condena para expresar
su oposición a la mala conducta y de su compromiso fé- estos compromisos. Siempre es posible hacerlo de un modo
rreo con las normas morales. No hay duda de que es im- constructivo, respetuoso y compasivo; y en el contexto
portante para la comunidad moral mantener un compro- del paradigma del perdón, instaremos a que se haga así.
miso férreo con las normas morales y con aquellos que El deseo sincero de proteger a las personas de daños in-
son agraviados a causa de las infracciones morales. Sin justos nos hará expresar nuestra preocupación por quie-
embargo, cabe reconocer que la preocupación genuina por nes pueden ser perjudicados por una infracción moral; sin
las víctimas conllevará, en primer lugar, un esfuerzo ím- duda, por lo general antes de que suceda. Y nos hará desa-
probo para prevenir las infracciones morales. rrollar regulaciones, iniciativas políticas y procedimien-
Una preocupación profunda y duradera por quienes han tos claros y fácilmente accesibles para prevenir la con-
sido víctimas de una transgresión moral nos hará afianzar ducta dañina. La regulación es perjudicial cuando limita
nuestro empeño por cultivar actitudes moralmente valio- nuestra libertad para hacer cosas que no suponen un ries-
sas que nos aparten de querer dañar a los demás. Incul- go significativo, pero es necesaria para las actividades que
cándonos las actitudes moralmente integradas de respeto, sí que suponen un riesgo grave de daño a los demás.
compasión y auténtica benevolencia, no solo reducimos Podemos ilustrar esta cuestión analizando diferentes
el riesgo de dañar a otros, sino que también mejoramos ejemplos de la esfera local, nacional e internacional. En
las vidas de los demás y somos un buen ejemplo a seguir. primer lugar, consideremos un caso en el que un profesor
Las técnicas de meditación para inculcar actitudes com- impide los progresos de una estudiante de posgrado que
pasivas han sido utilizadas durante siglos con efectos ex- ha formulado una queja contra él por discriminación y
celentes en las culturas orientales, y hoy en día han lle- acoso, simplemente porque está resentido con ella por esto.
gado también a Occidente33 • Un interés genuino por quie- Si bien actuar así sería claramente incorrecto, el resenti-
nes sufren las consecuencias de las transgresiones mora- miento y la censura moral hacia el profesor serán de poca
les nos hará articular con más claridad nuestras reglas utilidad para ella, dado que el daño al desarrollo de su
morales, así como mantenernos firmes en la expresión de carrera ya está hecho. En una comunidad moral verdade-
nuestro compromiso con ellas de manera regular. Pode- ramente preocupada por el bienestar de sus miembros, se
mos articular nuestras reglas morales y la gran importan- favorecerá el esfuerzo disciplinado para evitar ese tipo de
cia que les concedemos de varias maneras: desde suscri- daños. La facultad o la universidad instituirá programas
bir documentos políticos que expresan esas normas hasta de formación obligatorios para los profesores sobre te-
debatir sobre nuestros compromisos morales con otras per- mas de discriminación, acoso y venganza. Los decanos y
sonas. Es importante observar qué no es preciso que re- los jefes de departamento aprovecharán las ocasiones que
se les brinden para recordar a los profesores la importan-
33 Una técnica muy eficaz para los principiantes es el tong,lm, o enviar y recibir.
Una descripción clara de esta técnica aparece en Yongey Ivfingyur Rinpocbe (2009:
cia de no perjudicar injustamente las carreras de los estu-
196-7) y en muchos otros textos budistas. diantes, y los profesores se advertirán entre sí cuando esto

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

pueda estar dándose. Habrá también regulaciones, políti- Trade Center, tendemos a reaccionar con una indignación
cas y procedimientos claros para evitar que esto suceda. moral intensa y con el deseo de venganza. Pero, una vez
Asimismo, si consideramos la crisis de los mercados más, la preocupación auténtica por las víctimas potencia-
financieros de los Estados Unidos de 2008, podemos ver les de tan horrendos actos hará que, fundamentalmente,
que preocuparnos genuinamente por las víctimas de com- pongamos nuestro empeño, de manera coordinada y pro-
portamientos injustos requiere, en lo fundamental, un es- longada, en evitarlos. Nos motivará a trabajar mucho más
fuerzo diligente y continuo para que esto no ocurra. La para reforzar la cooperación internacional, tratando de
desregulación de los mercados y la avaricia desenfrenada comprender las necesidades, los sentimientos y las pre-
de los ejecutivos de las grandes compañías fueron las cau- ocupaciones de las personas de otras culturas, ayudando
sas principales del derrumbe de los mercados, que supuso a otras naciones y reforzando nuestros lazos de amistad,
un daño grave y generalizado no solo para los ciudadanos aprendiendo de ellas y participando en proyectos mutua-
estadounidenses, sino también para personas de todo el mente beneficiosos, etc. Si, como nación, podemos culti-
mundo. Muchos perdieron su trabajo, su casa, gran parte var las actitudes moralmente valiosas de respeto, compa-
de los ahorros que tanto trabajo les había costado, su ca- sión y auténtica benevolencia hacia todas las personas,
pacidad para dar una educación a sus hijos o para poderse nos resultará natural emprender acciones de este tipo, que
jubilar, etc. Además, los grandes rescates financieros por es razonable pensar que contribuirán a evitar la guerra y
parte de los gobiernos han supuesto una carga en impues- el terrorismo. Por otro lado, responder con una actitud
tos que perdurará a lo largo de generaciones. Sin embargo, enjuiciadora, con odio y con la venganza no solo no ayu-
reaccionar con resentimiento y con la censura moral del da, sino que suele conducir a una escalada de la tensión
gobierno y de los responsables de las compañías no su- que acabará en más daño. Por lo tanto, parece que tanto
pondrán ningún bien. Una comunidad moral sana se cen- local, como nacional, como internacionalmente, una co-
trará mucho más en la prevención, instituyendo regula- munidad moral no se mantiene mejor, al menos primaria-
ciones en los mercados; preocupándose seriamente por mente, por medio de las reacciones negativas de resenti-
los perjudicados; advirtiendo a los ejecutivos de la nece- miento y castigo retributivo, sino a través de las actitudes
sidad de limitar sus salarios y de ser más generosos con · positivas y las medidas preventivas suscritas por el para-
sus empleados, sus accionistas y sus clientes; aprobando digma del perdón.
leyes que les obliguen a hacerlo, etc. Si estamos preocu- Finalmente, el compromiso cívico es el último recurso
pados genuinamente por las víctimas potenciales del com- para prevenir que se realicen actos dañinos. Si todo apun-
portamiento inmoral, velaremos, en primer lugar, por pre- ta a que un individuo supone un peligro evidente e inme-
venir esta conducta. diato para sí mismo o para los demás, podemos legítima-
En la esfera internacional, podemos reflexionar breve- mente confinarlo para evitar que cause daño. El paradig-
mente sobre la guerra contra el terrorismo. Cuando los ma del perdón suscribirá el compromiso cívico cuando
terroristas realizan ataques como la destrucción del World sea necesario, siempre que se lleve a cabo respetuosa y

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~UffiGARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

compasivamente y se evite todo perjuicio innecesario para moral y el castigo retributivo. El retribucionismo es, en
la persona confinada. realidad, parte del problema y no de la solución con res-
Desde luego, este repaso de los métodos no punitivos pecto al objetivo fundamental de proteger a las personas
para prevenir daños innecesarios es no exhaustivo ni defi- del daño innecesario.
nitivo, sino que, muy al contrario, el paradigma del per- Las medidas preventivas propuestas aquí suponen cier-
dón pretende incentivar la reflexión sobre esta cuestión. to avance con respecto a la posición de Kekes de que la
Hay razones y motivos suficientes para perseguir iniciati- moral de la elección no puede hacer frente al mal de ma-
vas locales, nacionales y globales que lleven al estudio de nera adecuada. No obstante, no cabe esperar que nues-
las condiciones causales que contribuyen al mal, y se de- tros esfuerzos no punitivos para prevenir la conducta in-
terminen los medios eficaces para mitigarlas. Aquí, las correcta sean completamente eficaces. Tenemos que de-
ciencias empíricas tienen mucho que decir: la investiga- terminar qué leyes y políticas sociales debemos adoptar
ción en economía, criminología, sociología, psicología, en respuesta al mal, el cual sin duda se dará. Abordaré
psiquiatría, trabajo social, ciencias políticas y muchas otras esta cuestión en lo que resta de capítulo.
disciplinas serán muy importantes para un mayor desarro-
llo de este componente del paradigma del perdón. Restitución por el daño primario
Resumiendo, en el contexto del paradigma del perdón,
el primer componente de la respuesta pública al mal es la Consideremos las leyes y las políticas sociales que de-
prevención. Kekes está en lo cierto al afirmar que la mo- bemos adoptar cuando las personas actúan mal e infligen
ral está fundamentalmente interesada en prevenir el daño un daño innecesario en los demás. En primer lugar, recor-
sobre quienes no deben sufrirlo. Sin embargo, si mi razo- demos que el resentimiento y el perdón son generalmente
namiento es correcto, es un error creer que «la censura respuestas a agravios que nos han causado a nosotros, o a
moral es la expresión más clara de que queremos esto». personas con quienes tenemos algún tipo de relación per-
Un interés genuino en la protección de las personas del sonal. La respuesta pública a la conducta incorrecta que
daño innecesario no nos conducirá directamente al resen- surge del paradigma del perdón, por lo tanto, no conlleva
timiento, la censura moral y el castigo retributivo, sino al el perdón per se. Como defendí en el capítulo II, es prerro-
nivel básico de dar los pasos no punitivos enumerados gativa de la persona agraviada determinar si perdona o no
aquí para prevenir este tipo de daño. Además, como he al ofensor. Pero, como también avancé, los gobiernos, al
sugerido al debatir sobre las actitudes retributivas igual que los individuos, son responsables de suscribir y
reactivas, y como defenderé en el resto de este libro, las adoptar actitudes moralmente valiosas. Nuestras leyes y
mismas respuestas retributivas al mal suponen un daño inne- políticas sociales deben reflejar uniformemente actitudes
cesario para las personas. Podemos protegernos del daño moralmente valiosas, que deben adoptar también quienes
innecesario si11 necesidad de producir el sufrimiento que las ponen en marcha. En el desarrollo de la respuesta pú-
acompaña al resentimiento, la autocondena, la censura blica a situaciones en las que se inflige injustamente daño

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

a alguien, debemos considerar con respeto, compasión y formas de sufrimiento emocional, que puede durar más
auténtica benevolencia al causante del daño. Sin embar- que el tiempo necesario para recuperarse de las heridas
go, como he defendido, estas actitudes deben generalizar- físicas y de los reveses materiales. Además, como señala
se a todos por igual. Así pues, para determinar la respues- Bentham, cuando se inflige un daño grave a alguien, tam-
ta moralmente apropiada, hemos de invocar el principio bién se infligen formas de daño indirecto o derivado so-
de justicia, que afirma que deben garantizarse los intere- bre otras personas. Retomando un caso del capítulo II,
ses más fundamentales para la vida de cada individuo, el padre de un niño que ha quedado paralizado por cul-
que sean compatibles con los mismos beneficios para to- pa de un conductor ebrio es probable que sufra dos ti-
dos, y que no debe exigírsele a nadie el sacrificio de un pos de daño derivado: se sentirá, en primer lugar,
interés importante para beneficiar intereses menos impor- emocionalmente destrozado por el daño sufrido por su
tantes de otras personas. hijo y, en segundo lugar, sus propios intereses se verán
En su Introducción a los principios de la moraly la legisla- adversamente afectados en tanto que se ve obligado a
ción, Jeremy Bentham distingue entre daño primario, que sacrificar mucho tiempo, dinero y esfuerzo a atender las
es el que sufre la víctima inmediata del acto en cuestión nuevas necesidades de su hijo. El daño primario, tal y
y quienes tienen una conexión concreta con ella, y el como lo entiende Bentham, y como lo entenderé yo aquí,
daño secundario, que soportan los miembros de la co- incluye todos estos tipos de daño.
munidad de la víctima, tengan o no una conexión con- En nuestro sistema legal, son las leyes de responsabi-
creta con ella. En esta sección abordaré la cuestión de lidad civil las que se ocupan de las situaciones en las
cómo debemos responder al hecho de que un individuo que una persona inflige un daño primario a otra. El pa-
inflija daño primario sobre otro (u otros), y en la sección radigma del perdón requiere que respondamos a este tipo
final me ocuparé de la respuesta al daño secundario so- de situaciones de un modo que se solapa en gran medida
bre los miembros de su comunidad. con nuestro derecho de responsabilidad civil. Para este
Aunque el daño primario presenta muy diversas for- paradigma, la respuesta apropiada dependerá de las cir-
mas, por lo general estamos bastante familiarizados con cunstancias. En muchos casos, las personas que infligen
él. Algunas de ellas, como las pérdidas financieras pe- daño primario en los demás lo hacen injustamente: 110
queñas o los daños menores en la propiedad, son relati- deberían haber realizado (u omitido realizar) el acto que
vamente triviales. Otras, por supuesto, son más graves: resultó en el daño a la parte perjudicada, fuese a propó-
podemos sufrir un atraco, una violación, o ser asesina- sito, a sabiendas, imprudentemente o negligentemente.
dos; podemos lesionarnos unos a otros gravemente por En este tipo de situación, parece claro que la persona
culpa de una imprudencia o una negligencia; robar o que inflige un daño injustamente a otra debe compensar
malversar grandes cantidades de dinero; causar negligen- a la víctima por su pérdida, al menos en la medida de lo
temente grandes pérdidas económicas, etc. Las víctimas razonable. Esta es una de nuestras convicciones mora-
de actos dañinos graves suelen experimentar diversas les centrales en la esfera de la justicia retributiva que

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~~GARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

solemos expresar en términos de merecimiento34 • Como la pérdida, negamos a las personas la oportunidad de sa-
afirma Joel Feinberg: «Decimos que las personas mere- car el mayor provecho a sus vidas a través de sus eleccio-
cen ser compensadas por el daño injusto sufrido» y que nes y de su esfuerzo. Esta segunda práctica no nos da la
«el causante merece ser tenido por responsable del daño oportunidad de evitar el daño resultante del mal, y es pro-
que ha producido; merece que se le obligue a compensar bable que no podamos perseguir nuestros planes de vida
a su víctima inocente (o relativamente inocente)». (1970: a través de nuestras decisiones y de nuestro esfuerzo (véase
74 y 75) Edmund Piricoffs 1979) 35 • Así pues, la teoría moral basa-
La teoría moral basada en la justicia que suscribe el da en la justicia que incorpora el paradigma del perdón
paradigma del perdón también llega a la conclusión de sostiene que a quienes infligen injustamente un daño pri-
que nuestras leyes deben requerir a quienes causan un daño mario en otras personas se les debe exigir que traten de
moral primario en los demás que compensen por ello al reparar ese daño, dentro de unos límites razonables de
agraviado. Como vimos en relación con algunas de nues- sacrificio, como defenderé más adelante. Esto explica, a
tras atribuciones centrales de merecimiento en la esfera un nivel preinstituicional, una intuición central en la esfe-
de la justicia distributiva, esta conclusión se alcanza fá- ra de la justicia distributiva que solemos expresar en tér-
cilmente cuando reconocemos que cada uno de nosotros minos de merecimiento.
tiene gran interés en disfrutar de la oportunidad de sacar- Es importante reconocer, sin embargo, que en el con-.
le el mayor provecho a su vida por medio de sus decisio- texto del paradigma del perdón no mantenemos que el
nes y de su esfuerzo. Consideremos una situación en la ofensor merezca intrínsecamente sufrir, o que su sufrimiento
que A ha infligido un daño primario irijusto a B. Al llevar sea deseable o bueno, sino que lamentamos imponerle una
a cabo este acto, alguien debe hacer un sacrificio. O B carga, para prevenir un sufrimiento mayor en los demás. Es
tiene que aceptar la pérdida, o A o una tercera parte ino- importante también darse cuenta de que, cuando exigimos
cente tiene que asumir la carga de indemnizar la pérdida. al ofensor que haga reparaciones, no lo hacemos adoptan-
Si instituimos una práctica en la que quienes son respon- do la perspectiva enjuiciadora. No juzgamos que sea malo,
sables de causar la pérdida deben restituir a la víctima, malvado, que tenga un carácter moral imperfecto, etc. -como
creamos una situación en la que cada cual tiene la oportu- hace el enfoque tradicional retribucionista-, sino que adop-
nidad de evitar grandes sacrificios a este respecto. Garan- tamos la perspectiva de la identificación y lo consideramos
tizamos con ello que cada uno de nosotros tendrá la opor- con respeto, compasión y auténtica benevolencia.
tunidad de sacarle el mayor provecho a su vida simple-
mente eligiendo bien. Por otro lado, si adoptamos la prác-
35 Cabe señalar, de nuevo, que A no puede esperar hasta después de haber
tica en la que B o una tercera parte inocente debe asumir hecho una mala elección para decir que tiene el mismo interés que B en
conservar cualquier cosa que se ofrezca como restitución. En tal caso, nunca
podríamos garantizar el interés más fundamental de las personas de poder
34 Uso el término <<justicia distributiva>> en un sentido amplio, para refeórme a sacar el mayor partido posible a sus vidas a través de sus decisiones y de su
la respuesta al mal en general y no solo en el contexto del derecho penal. esfuerzo.

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Como en el caso de las atribuciones fundamentales de to de que cada cual está interesado en tener la oportuni-
merecimiento de la esfera de la justicia distributiva, la exi- dad de sacar el mayor partido a su vida por medio de sus
gencia de que la víctima haga reparaciones por el daño decisiones y de su esfuerzo, señalan una justificación dis-
primario que ha producido injustamente no es absoluta. tinta del principio de responsabilidad civil: la responsabi-
A veces podemos estar imponiéndole una carga mayor lidad objetiva en casos de riesgo no recíproco. Jules
que la que le impondríamos a otra persona obligándole a Coleman explica del siguiente modo la diferencia entre la
hacer lo mismo. Por ejemplo, supongamos que una perso- responsabilidad objetiva y la responsabilidad por daños
na pobre, A, se emborracha y tiene un accidente con el infligidos injustamente: «En el caso de la responsabilidad
coche dañando el carísimo coche deportivo de B. Supon- civil, los costes de los accidentes que no se deben a falta
gamos también que B es billonario y que A tendría que alguna cometida por nadie son cargas para las víctimas;
hacer horas extras durante el resto de su vida para poder en el caso de la responsabilidad objetiva, son cargas sobre
pagar el coche de B. En este caso, parece evidente que el los causantes del daño». (2008: 1 O) En algunos casos,
interés que tiene A de ser liberado de su obligación de permitimos, y debemos hacerlo, la realización de activi-
reparar la pérdida de B es más fundamental que el interés dades que comportan un riesgo importante para los de-
de B de ser completamente compensado, aunque debe más, inclttso despttés de haber tomado todas las precaucio-
haber algún tipo de restitución. Así pues, hay un límite en nes posibles. La teoría moral basada en la justicia del pa-
el sacrificio que puede exigirse legítimamente al ofensor. radigma del perdón llega a la conclusión de que la respon-
Además, podemos concluir que este límite es relacional: sabilidad objetiva puede ser moralmente apropiada, en este
depende no solo de la situación del ofénsor, sino también tipo de casos. Haciendo que quienes adoptan riesgos no
de la situación de la persona perjudicada. Aunque puede recíprocos por su propio beneficio o disfrute deban res-
ser difícil determinar con exactitud cuáles son los límites ponder de su responsabilidad objetiva, estamos garanti-
del sacrificio en una situación dada, la meta debe ser ase- zando que todos tendremos la oportunidad de sacar el
gurar los intereses más fundamentales de la vida de cada mayor partido a nuestras vidas a partir de nuestras deci-
individuo, compatibles con iguales beneficios para todos. siones y de nuestro esfuerzo. Al exigirles que se hagan
Esto nos proporciona un marco teórico para realizar jui- cargo de los costes asociados a sus actividades de riesgo,
cios de este tipo. damos a todo el mundo la oportunidad de evitar esos cos-
Aunque este libro se ocupa fundamentalmente de la tes si desean hacerlo.
respuesta al mal -y deriva del paradigma del perdón la Por supuesto, el daño puede producirse en situaciones
práctica social con la que cabe responder al daño prima- en las que no hay una conducta incorrecta, ni hay envuel-
rio injustamente infligido-, podemos referirnos brevemente to ningún riesgo no recíproco. En tales casos, desde el
a la aplicación de la discusión al derecho de responsabili- paradigma del perdón no tenemos razones para exigir la
dad civil. La teoría moral basada en la justicia que incor- restitución. Quizás la persona perjudicada tendrá pérdi-
pora el paradigma del perdón, junto con el reconocimien- das mayores de lo razonable, pero el autor del daño no

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:MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

tiene una obligación especial de compensar el perjuicio ca. En esta sección, examino algunos de los principales
en este caso, sino que es la sociedad en su conjunto la que argumentos propuestos por los retribucionistas como jus-
tiene la responsabilidad de garantizar que la persona per- tificación del castigo, y defiendo que no se sostienen. En
judicada no caiga en un nivel de vida ínfimo. la siguiente sección, desarrollaré la respuesta al delito que
Una vez más, tenemos razones para creer que la prác- surge del paradigma del perdón.
tica de exigir la reparación del daño primario que se ha La definición de castigo legal ha sido objeto de debate,
esbozado en esta sección supone un avance en la protec- pero para nuestros propósitos será suficiente la que ofrece
ción de las personas de daños innecesarios. Contribuirá, R.A. Duff: «el castigo legal comporta la imposición de algo
por lo tanto, a aliviar la preocupación de Kekes de que la que pretende ser oneroso o penoso, sobre el supuesto de-
moral de la elección es inadecuada para prevenir el daño lincuente por un supuesto delito, por parte de una persona
innecesario o inmerecido. Pero dejemos el derecho civil y o de un cuerpo que se considera autorizado para hacerlo».
pasemos a la batalla más difícil y controvertida del dere- (2008: 2) Como señalé en el capítulo primero, uno de los
cho penal. virajes más sorprendentes del reciente debate filosófico
sobre el castigo ha sido la resurrección del retribucionismo
Teorías retributivas del castigo «duro» o «positivo». No puedo dar debida cuenta aquí de
todas las teorías retributivas que se han propuesto en este
En la primera sección de este capítulo, esbocé el pri- marco, pero es importante tener claro cuáles son las razo-
mer componente de la respuesta pública al mal que emerge nes de su resurgimiento, así como los problemas básicos
del paradigma del perdón, que no es otro que la preven- planteados por sus versiones más conocidas.
ción. A continuación, examinamos el segundo componen- Empecemos con el desarrollo de las teorías sobre el
te, que es la reparación por el perjuicio que supone un castigo en las últimas décadas, y con las razones para el
daño primario, que afrontamos con el derecho de respon- resurgimiento del retribucionismo duro (sigo aquí a Duff
sabilidad civil. Los retribucionistas pueden estar de acuer- 2008 y a Ellis 199 5). La teoría utilitarista del castigo de
do con muchas de mis conclusiones sobre el derecho de Bentham tuvo un gran impacto en el ordenamiento legal
responsabilidad civil, aunque ellos y yo lleguemos a ellas tanto del Reino Unido como de los Estados Unidos, pero
por distintas rutas. Sin embargo, el paradigma del perdón sus criticas vieron graves problemas en esta teoría. Ini-
se aparta más significativamente de las posiciones cialmente, las objeciones que generalmente se considera-
retribucionistas en la cuestión de cómo debemos respon- ron más problemáticas afirmaban que, en ciertas circuns-
der a los tipos de ofensa de los que generalmente se ocu- tancias, el utilitarismo puede sancionar el castigo de per-
pa el derecho penal. Para los retribucionistas, el castigo sonas inocentes, así como el castigo severo por delitos
legal es la respuesta apropiada al delito, y los argumentos menores, y podía llevar a la abolición de exenciones am-
que ofrecen para justificarlo tienen implicaciones impor- pliamente aceptadas (como la eximente por demencia).
tantes con respecto a cómo cabe estructurar esta prácti- Las formas iniciales de retribucionismo «débili> o «negati-

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_MARGARET R. HOLI\,IGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

vo» estaban diseñadas para corregir estos defectos. Qui- Además, y lo que es más grave, la justificación utilitaris-
zás el defensor más destacado del retribucionismo débil ta del castigo también puede ponerse en solfa. Como he-
sea H.L.A. Hart, quien defendió que la justificación ge- mos visto, algunos autores sostienen que tenemos la intui-
neral del castigo es utilitarista -para prevenir infracciones ción moral profundamente asentada de que el castigo por
futuras y mantener el respeto por la ley-, pero esta justifi- delitos graves es merecido, independientemente de consi-
cación debe estar acotada por principios de distribución o deraciones acerca de la maximización de la utilidad. Tam-
equidad. Estos principios, que funcionan como condicio- bién en el contexto de la justificación utilitarista del casti-
nes limitadoras adicionales a la justificación general del go, incluso con el añadido de las condiciones limitadoras
castigo, proporcionan el contenido (débilmente) retribu- adicionales anteriores, se puede usar a quienes castigamos
tivo de la teoría de Hart, en tanto que reconocen que no como meros medios para nuestros fines. Imaginemos la prác-
debemos nunca castigar a sabiendas al inocente, que la tica de la esclavitud cuidadosamente acotada por princi-
severidad del castigo debe ser (al menos) proporcional a pios de equidad que rijan la distribución de los roles onero-
la gravedad del delito cometido, y que deben respetarse sos; quizá cabrá establecer un sorteo para determinar quién
las exenciones típicas del derecho penal para dar a cada es esclavo. Tal práctica sería de todos modos muy objetable
ciudadano una oportunidad justa de cumplir con las exi- desde el punto de vista moral. En términos kantianos, es-
gencias de la ley. taríamos violando la dignidad humana de los esclavos y
Si bien estos principios de equidad parecían inicialmen- usándolos como meros medios para nuestros fines de gene-
te corregir los defectos del análisis utilitarista, posterior- rar beneficios sociales. En general, para justificar una prác-
mente se detectaron también ciertos problemas en el tica social, se requiere un argumento que muestre que po-
retribucionismo débil. Como señala Duff (2008: 8-10), demos perseguir legítimamente los beneficios sociales de-
podemos plantear dudas acerca tanto de las condiciones seados por medio de esta práctica, por muy equitativamen-
limitadoras adicionales como de la justificación general te que esté implementada.
del castigo. Aunque estas condiciones adicionales que pro- Además, como he dicho, la justificación utilitarista del
pone Hart parecen plausibles, podemos y debemos pre- castigo, aún con el freno de las condiciones limitadoras
guntarnos cómo se justifican. Parece que hay dos enfo- adicionales mencionadas, parece adoptar la actitud obje-
ques principales que podemos adoptar aquí: intentar deri- tiva de Strawson hacia los delincuentes; parece suscribir
var las condiciones limitadoras adicionales de un princi- la postura de que tenemos que instruir, manipular, curar
pio básico de justicia o dar cuenta de ellas en términos de o tratar con precaución a los delincuentes, del mismo modo
merecimiento. En cualquier caso, se precisa un desarrollo que responderíamos a un perro que tuviese un problema
ulterior de la teoría (de la justicia o del merecimiento) conductual. Lo que se echa de menos es el respeto genui-
que, a su vez, bien podría divergir de la teoría moral utili- no por los delincuentes en tanto que agentes autónomos,
tarista en sus implicaciones para la justificación general o como miembros de la comunidad moral con un estatus
de la práctica del castigo penal. igual al nuestro.

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N~GARETR.HOu~GREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

En vista de este tipo de objeciones, muchos teóricos sentido peyorativo, sino para indicar que en estas teorías
han abandonado tanto el análisis utilitarista del castigo el merecimiento es un concepto moral fundamental o pri-
como el retribucionismo débil y se han convertido en mitivo. (Un ejemplo reciente y destacado de este tipo de
retribucionistas duros o positivos. Duff define esta posi- teoría retribucionista es la de Michael Moore 1987). Las
ción así: teorías basadas en el merecimiento simples se fundamen-
tan en el tipo de teorías morales basadas en el mereci-
El retribucionismo «positivo» mantiene no solo que no hemos miento que consideramos en el capítulo VI. Sostienen que
de castigar al inocente, o al culpable más de lo que merece, sino que las personas que son culpables de delitos graves merecen
debemos castigar al culpable en la medida que lo merece: el sufrir el castigo, y que esta es una atribución de mereci-
merecimiento penal constituye no solo una razón necesaria, sino miento fundamental o derivable de una atribución de
también suficiente en principio para el castigo ... (2008: 10) merecimiento más fundamental. El paradigma del perdón,
por supuesto, rechaza tanto la perspectiva enjuiciadora
La idea es que, en cierto sentido, es intrínsecamente adoptada en estas teorías como la noción de que es mo-
apropiado, desde un punto de vista moral, infligir sufri- ralmente apropiado dañar a las personas para que reciban
miento a quienes han cometido graves infracciones sin su merecido. El paradigma del perdón insiste, en cambio,
justificación ni condiciones eximentes. Desde la perspec- en que adoptemos la perspectiva de la identificación y
tiva del paradigma del perdón, podemos anticipar que es- dispensemos a todos una actitud de respeto, compasión y
tas teorías serán insatisfactorias. Si reconocemos que el auténtica benevolencia.
delincuente no deja de ser un ser húmano digno a pesar Las teorías basadas en el merecimiento simples se to-
de su delito, mantendremos que las actitudes moralmente pan con los problemas expuestos en el capítulo VI. Re-
apropiadas hacia este son el respeto, la compasión y la cordemos que allí se expuso que quienes sostienen que
auténtica benevolencia. En tal caso, no diremos que el las personas culpables de realizar actos graves merecen
delincuente merece el castigo, o que es intrínsecamente sufrir un castigo pueden o bien mantener que este es un
apropiado desde un punto de vista moral que el estado le hecho básico que no puede ser derivado de otro principio
inflija sufrimiento. Defenderé que las versiones más des- moral, o bien pueden tratar de derivar esta atribución es-
tacadas del retribucionismo duro no son satisfactorias. Se pecífica de un principio moral más general formulado en
han propuesto muchas versiones, pero para nuestros pro- términos de merecimiento. En cualquiera de los casos,
pósitos basta dividirlas en tres categorías: las teorías ba- aparecen dificultades. Si adoptamos la primera estrategia
sadas en el merecimiento simples, las teorías recíprocas y y consideramos la atribución de merecimiento como bási-
las teorías comunicativas o expresivas. ca, esta carecerá de poder explicativo. Tendremos que
Algunas personas suscriben versiones del preguntarnos por qué los delincuentes merecen castigo, y
retribucionismo duro que son teorías basadas en el mere- no, por ejemplo, ser rehabilitados o algún otro tipo de res-
cimiento simples. Aquí no uso el término «simple» en un puesta, y nos preguntaremos si nuestra atribución especí-

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

fica de merecimiento está equivocada, es ad hoc, o se trata víctima-. Sin embargo, este argumento también se ha con-
de una generalización accidental a partir de juicios mora- siderado problemático. Como defendí en el capítulo ID, y
les ponderados. Si adoptamos la segunda estrategia, tene- como sostiene el mismo I<ant en otros contextos, respe-
mos que proporcionar un principio general de merecimien- tar a las personas como agentes morales autónomos com-
to que sea plausible, y esto es muy complicado. La pro- porta el reconocimiento de su dignidad intrínseca como
puesta más plausible hasta la fecha parece ser que el me- persona y el compromiso con su desarrollo moral y flore-
recimiento se basa en la posesión de la virtud y el vicio. cimiento personal (véase el segundo capítulo de la
Sin embargo, para emplear este principio para justificar Fttndammtación de la metcifísica de las costttmbres). Este com-
una práctica de castigo legal, tendríamos que argüir -y esto ponente tan importante del respeto por las personas pare-
ya es menos plausible-, que el estado debe adoptar una ce chocar directamente con la tesis de que respetamos a
concepción específica, léxicamente ordenada, de la vir- los ofensores haciéndoles sufrir del mismo modo en que
tud y el vicio, y distribuir cargas y beneficios merecidos ellos decidieron hacer sufrir a sus víctimas. Además, como
entre los ciudadanos en razón de la evaluación realizada han defendido Scarre y otros, I<ant no parece suscribir
por el estado a la luz de tal concepción. Además, se adop- por completo su propio razonamiento:
te una_ u otra estrategia, careceremos de un método plau-
sible para determinar la severidad del castigo que se me- Kant parece ambivalente acerca de las condiciones del respeto.
rece. Por último, cualquier teoría moral general en la que Si no acaba de aceptar que un asesino que tortura a su víctima hasta
situemos este análisis del castigo requerirá sopesar consi- la muerte deba ser ejecutado con el mismo grado de crueldad con
deraciones de merecimiento contra otros tipos de consi- el que él trató a su víctima, entonces no puede estar plenamente
deraciones morales (necesidades, derechos, utilidad, etc.) comprometido con el principio de proporcionalidad. Además, no
que parecen ser inconmensurables. consintiendo castigos salvajes para c~enes salvajes, compromete
Este tipo de problemas ha llevado a muchos su posición de que debemos respetar a las personas considerándolas
retribucionistas duros a ir más allá de las teorías basadas completamente responsables de sus actos. (Scarre 2004: 118; véase
en el merecimiento simples y suscribir análisis más com- también Falls 1987)
plejos del castigo. Es sabido que Kant nos proporciona
una de estas teorías, pues defiende que, para respetar al Dado que no debemos consentir los castigos salvajes
criminal en tanto que agente moral autónomo, tenemos de crímenes salvajes, parece un error sostener que respe-
que castigarle según la máxima que decidió adoptar libre- tamos a los ofensores como agentes morales autónomos
mente al cometer su delito (véase Pincoffs 1966). Esta haciendo con ellos lo que ellos mismos decidieron libre-
linea de razonamiento conduce a la lry del talión -el princi- mente hacer a sus víctimas.
pio que afirma que debemos tratar al criminal del mismo Diversos retribucionistas duros han pasado, en conse-
modo que este decidió tratar a su víctima, o al menos cuencia, a abrazar una estrategia diferente para explicar
imponerle la misma cantidad de daño que él impuso a su por qué es intrínsecamente apropiado castigar a los delin-

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MARGARETR.HOLNIGREN

cuentes, que consiste en un argumento de reciprocidad. tiene que ser rechazado en el contexto del paradigma del
Esencialmente, estos teóricos defienden que es una fun- perdón: si adoptarnos las actitudes de respeto, compasión
ción legítima del estado mantener una distribución justa y auténtica benevolencia hacia el ofensor, no desearemos
de cargas y beneficios entre los ciudadanos, y que quienes infligirle daño, si no puede resultar de ello ningún benefi-
cometen un delito obtienen una ventaja injusta sobre quie- cio concreto para los demás; infligiremos sufrimiento solo
nes cumplen con la ley. Por lo tanto, el estado puede im- si es necesario para prevenir una pérdida igual o mayor de
poner un castigo al delincuente para deshacer esta venta- otra persona. No le castigaremos simplemente para que
ja injusta y restaurar un equilibrio entre cargas y benefi- <das cosas se reequilibrem> para «eliminar una ventaja in-
cios que sea equitativo. Quizás el defensor más destaca- justa>> que ha obtenido con respecto a los ciudadanos que
do de esta posición sea Herbert Mortis, quien defiende cumplen la ley.
que el derecho penal proporciona a cada uno de nosotros Los críticos han desarrollado al menos tres objeciones
un beneficio extremadamente importante: una «esfera de de peso a esta clase de retribucionismo. En primer lugar,
no interferencia>> por atracos, asesinatos, robos, etc., que como defiende Shafer-Landau, las teorías de la reciproci-
nos permite perseguir nuestros planes de vida positivos. dad (o de la <<Ventaja injusta>>) malinterpretan seriamente
Sin embargo, podemos obtener este beneficio crucial solo el tipo de daño implicado en los delitos:
si asumimos la carga correspondiente de no violar la ley.
Mortis defiende, así, que es un error pensar que lo incorrecto de la mayoría de delitos
contra las personas es una especie de ofensa oportunista. La violación
una persona que viola la ley tiene algo que los demás también no es inmoral a causa de la ventaja que el violador obtiene con
tienen -los beneficios del sistema-, pero, en tanto que estos otros respecto al resto de ciudadanos que cumplen con la ley, sino debido
renuncian a sobrepasar los límites que marca la ley, consigue una al daño que se le inflige a la víctima. (2000: 205)
ventaja injusta. Las cosas no se reequilibrarán hasta que esta ventaja
quede eliminada. Dicho de otro modo, este les debe algo a los Incluso si estuviese justificado infligir un castigo como
demás, pues tiene algo que no le pertenece. (Morris 1968: 34) retribución, parece que deberíamos hacerlo como retribu-
ción por el daño que el ofensor ha causado a la víctima, y
Resulta plausible afirmar que el estado debe mantener no por la ventaja injusta que este ha obtenido sobre quie-
una distribución justa de cargas y beneficios entre sus ciu- nes cumplen con la ley.
dadanos, y que los delitos perturban esta distribución, En segundo lugar, como señala Margaret Falls, no está
haciendo que se requieran medidas correctivas. Es tam- nada claro que debamos concebir al ofensor como alguien
bién posible afirmar que los delincuentes tienen una deu- que consigue una ventaja injusta sobre los ciudadanos que
da con la sociedad. En la sección siguiente, ofreceré un respetan la ley. Si aceptarnos la tesis socrática de que per-
análisis de la respuesta pública al delito que se hace eco der nuestra integridad moral es el peor daño que podemos
de estas tesis. Tal como Mortis lo presenta, su análisis sufrir, en tal caso el ofensor está de hecho peor que el res-

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lviARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

to de nosotros. Falls afirma que <da teoría de la reciproci- driamos garantizar que la gravedad del castigo fuera pro-
dad no funciona para la tradición que sostiene que el bien porcional a la gravedad de la ofensa. Para alcanzar este
humano supremo es querer el bien moral y, por lo tanto, resultado, Sher reformula así el argumento:
que el mal daña a quien lo hace». (1987: 31) Aunque esto
pueda sonar idealista, parece correcto. Pocos de nosotros Una persona que actúa incorrectamente obtiene un grado
nos cambiaríamos por el asesino, el violador o el secues- significativo de libertad extra: se libera de las exigencias de la
trador, incluso si supiéramos que nunca nos atraparían. prohibición que incumple. Dado que los demás se toman la
Ni siquiera diríamos (incluso para nuestros adentros) que prohibición en serio, carecen de esta libertad. Y conforme la fuerza
«¡No es justo! ¡Él consiguió cometer un asesinato y yo de la prohibición aumenta, también lo hace la libertad que conlleva
no!» su transgresión. (Sher 1987: 81-2)
Una tercera razón para dudar de la posición de Mortis
es que no se trata de un método plausible para determinar Sin embargo, esta posición tampoco parece satisfacto-
la gravedad del castigo que cabe administrar. Como sos- ria, pues es difícil comprender cómo exactamente obtiene
tienen muchos autores, el análisis de Mortis parece con- el ofensor un extra de libertad en comparación con los
llevar que el castigo debe ser proporcional a la carga que ciudadanos que respetan la ley. La interpretación más sen-
los ciudadanos que respetan la ley tienen que soportar cilla es que el ofensor obtiene un extra de libertad como
por no infringir la ley como ha hecho el ofensor. No obs- el resultado de permitirse cometer la transgresión, mien-
tante, la mayoría de nosotros se siente poco o nada incli- tras que el ciudadano que respeta la ley asume la carga de
nado a cometer delitos muy graves, tales como asesinar, contenerse. Pero esta interpretación parece que nos re-
mutilar, violar o secuestrar, a la vez que muchos lucha- torna a la posición de Mortis y a sus dificultades. Alterna-
mos diariamente (a menudo sin éxito) para no cometer tivamente, podríamos decir que el ofensor consigue un
transgresiones menores, como superar el limite de veloci- extra de libertad, o la <<libertad de no cumplir con la prohi-
dad o cruzar corriendo una calle. Parece, pues, que este bición>>, en tanto que no está atado a esa prohibición, mien-
análisis exigiría castigos graves para ofensas triviales y tras que los ciudadanos que respetan la ley sí que lo están.
castigos menores para los peores delitos (véase Burgh Pero como señala David Dolinko (1991: 547-8), esta te-
1982; Sher 1987: 80-1; y Dolinko 1991). sis es implausible, pues parece que tanto el ofensor como
George Sher reconoce esta última dificultad de la po- los ciudadanos que cumplen la ley están en la misma po-
sición de Mortis y trata de reestructurar el argumento de sición con respecto a la prohibición: ambos están sujetos
la reciprocidad proponiendo que la ventaja injusta que a la obligación moral y legal de no cometer la ofensa y
obtiene el ofensor sobre los ciudadanos que respetan la ambos son <<libres» de cometerla si eligen (incorrectamen-
ley debería calibrarse no por <da fuerza de las propias in- te) hacerlo. Una tercera interpretación del argumento de
clinaciones a transgredida>>, sino por <da fuerza de la pro- Sher consistiría en considerar que el ofensor obtiene efec-
hibición moral que ha transgredido». De este modo, po- tivamente un extra de libertad como resultado de cometer

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IvlARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

su ofensa. Por ejemplo, un atracador de bancos puede te- Pasemos ahora a la tercera categoría de teorías retribu-
ner más dinero para perseguir sus planes de vida como tivas del castigo: las teorías comunicativas y expresivas.
resultado de su delito, o un asesino puede conseguir un Estas teorías son especialmente interesantes, porque re-
extra de libertad eliminando a una persona que le supone flejan más estrechamente los argumentos ofrecidos por
un obstáculo. Pero, en este sentido, parece que la grave- los retribucionistas actituclinales para justificar las actitu-
dad del castigo puede divergir también de manera signifi- des reactivas retributivas. Las teorías comunicativas del
cativa de la gravedad de la ofensa. El ladrón de bancos castigo se basan en la tesis de que el estado tiene el dere-
puede perder muy rápidamente lo ganado y, con ello, su cho de comunicar al delincuente un mensaje moral rela-
extra de libertad, o el asesino puede creer que será más cionado con su delito. Además, este acto de comunica-
libre matando a esa persona y solo darse cuenta de que no ción tiene un propósito, tal como educar al delincuente
es así después de haber cometido el asesinato. Si se supo- con respecto a la incorrección de su acto, o inducirle a
ne que el castigo es un contrapeso a la libertad extra obte- arrepentirse, a expiar el mal y a reformar su personalidad
nida con la ofensa, parece que en estas circunstancias el moral.
castigo tendría que reducirse drásticamente. R.A. Duff ha desarrollado una teoría comunicativa del
Por último, Michael Davis (1983; 1993; 1992) ha de- castigo en detalle, insistiendo, sobre todo, en que tene-
sarrollado una propuesta para determinar el grado de ven- mos que respetar siempre al delincuente como agente
taja injusta, o de libertad extra, obtenido por el ofensor. moral autónomo. Para Duff, esta demanda excluye la
Defiende que esta determinación debería realizarse esti- disuasión como objetivo legítimo del castigo, en tanto que
mando la cantidad que pagaría una persona normal en todo intento de castigar con el fin de disuadir implicará
una economía de mercado libre por la prerrogativa de co- manipular al delincuente en vez de comunicarse racional-
meter el tipo de transgresión en cuestión sin ser castiga- ' mente con él. (Diré más sobrt: esto en la sección siguien-
do. Desafortunadamente, esta interesante propuesta es te). Duff defiende que la ley se diferencia de la mera tira-
también problemática, pues la cantidad que uno estaría nía en que conlleva atribuciones de obligación y autori-
dispuesto a pagar por conseguir esta prerrogativa no está dad, que a su vez tienen que justificarse ante quienes es-
directamente conectada con la gravedad del delito. Como tán sujetos a ellas. La ley se dirige al ciudadano «como
destaca Shafer-Landau, <<puede ... que ser eximido del robo agente racional y r.esponsable», y «busca su aceptación
de un millón de dólares alcance una puja mayor que la voluntaria y la obediencia a demandas que le pueden ser
exención de un asesinato». (2000: 206) Además, dada la justificadas». (1986: 97) Duff defiende, así, que la mejor
propuesta de Davis, parece que, si una sociedad atravesa- manera de concebir los juicios de lo penal es en términos
ra una crisis económica prolongada, los castigos se redu- de estos objetivos: un diálogo racional con el delincuen-
cirían significativamente, y aumentarían drásticamente en te, diseñado tanto para alcanzar un juicio preciso de sus
los períodos de mayor prosperidad; y esto es acciones como para comunicar y justificar ese juicio ante
contraintuitivo. él. Un veredicto de «culpabilidad>> sirve para condenar el

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NVffiGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

acto incorrecto del delincuente y constituye un castigo demasiado generoso, aquí. Incluso en el contexto de rela-
simbólico. Además, el trato adverso que está implicado ciones personales muy estrechas, las más de las veces se-
en el castigo puede justificarse como un tipo de <<peniten- ría inapropiado interferir en la vida moral interior de otra
cia secular» obligatoria. Para Duff, la penitencia obligato- persona de este modo, a no ser que lo hayamos acordado
ria concuerda plenamente con el objetivo del derecho específicamente entre nosotros para mejorar nuestro ca-
penal, pues cumple la función de <<hacer más eficaz nues- rácter moral.
tra empresa comunicativa, obligando al delincuente a pres- La reflexión sobre la naturaleza invasiva de esta clase
tar atención a las implicaciones de su delito». Además, «el de respuesta al mal nos conduce a un problema ulterior
dolor o el sufrimiento que empieza siendo una tentativa con respecto al tipo de justificación del castigo que Duff
coercitiva de atraer y dirigir la atención del delincuente propone. Parece que este llega a su teoría del castigo para
no arrepentido debería transformarse en el dolor propio evitar la manipulación del ofensor usando el castigo como
de la penitencia que el delincuente arrepentido acepta por disuasión. Suponga o no una manipulación imponer un
sí mismo». (1986: 261; véase también 2001) Según Duff, castigo como elemento disuasorio, parece claro que sí que
aunque el castigo así entendido es coercitivo, ello no nos lo es imponer un trato adverso a un ofensor para conse-
obliga a abandonar el respeto por la autonomía del delin- guir que responda internamente a su ofensa del modo
cuente. Sencillamente le forzamos a cumplir con una obli- moralmente apropiado. Mientras que Duff rechaza con-
gación moral: meditar sobre su ofensa y arrepentirse de cretamente el análisis utilitarista del castigo sobre la base
ella. A través de este proceso, nos relacionamos con él de que no respeta a las personas como agentes morales
como ser racional y agente moral autónomo. autónomos, en algunos aspectos él muestra menos respe-
Este razonamiento es interesante, pero también es vul- to por la autonomía individual que John Stuart Mili. En
nerable a una serie de objeciones importantes. Von Hirsch S obre la libe1tad, Mili insiste en que preservamos para cada
ha señalado que el tipo de respuesta al mal que defiende persona una libertad completa de conciencia, pensamien-
Duff es muy intrusiva: «Alguien se ha comportado de for- to, opinión y expresión pública de la opinión, al menos en
ma desconsiderada respecto a mí, y yo respondo de un el dominio privado. (Nótese que, aunque el delito es par-
modo crítico. Cuán lejos debo ir en mi intento por conse- te del dominio de la conducta pública, la respuesta inter-
guir una respuesta suya moralmente apropiada depende na al delito del delincuente es privada). De nuevo, el pa-
del tipo de relación que tengamos». (1999: 72) La idea de radigma del perdón concuerda con Mili, aunque en el con-
Von Hirsch es que resulta inapropiado, al menos entre texto de este paradigma llegamos a esta conclusión a tra-
desconocidos, tratar de intervenir en la vida interior de vés de un razonamiento diferente. Parece que si el respe-
otra persona con el fin de hacer que se arrepienta y expíe to por las personas como agentes morales autónomos sig-
una transgresión que ha cometido. Si esto está mal entre nifica algo, es que tenemos que respetar el derecho de
desconocidos, también debe estarlo que lo haga el estado cada individuo (adulto) a determinar sus propias creen-
(en especial, un estado liberal). Y Von Hirsch está siendo cias y actitudes, y a dirigir su propio desarrollo moral in-

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ivlARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

terno. Como he mencionado, en el contexto del paradig- guiente, comprendiendo por qué estuvo mal actuar así,
ma del perdón, ser autores de nuestras vidas a través de reflexionando y tratando de erradicar las actitudes y los
nuestras propias decisiones y actitudes constituye un ras- patrones de conducta negativos, y disculpándonos y rea-
go moralmente destacado de las personas. lizando reparaciones significativas. Aunque deberíamos
Duff señala acertadamente que el ofensor está moral- centrarnos en el hecho de que hemos producido un daño
mente obligado a meditar sobre sus actos y a arrepentirse y debemos afrontarlo diligentemente, el paradigma del
de ellos. Sin embargo, no se sigue de esto que esté justifi- perdón rechaza la autoflagelación y el autodesprecio. Te-
cado usar la coerción para conseguir que lo haga. Presu- nemos, en cambio, que reconocer que, más allá de lo que
miblemente, está justificado usar la coerción (en cierta hemos hecho, conservamos nuestra capacidad valiosa para
medida) para conseguir que las personas cumplan con sus crecer, decidir y ser conscientes moralmente, y que he-
obligaciones morales cuando, al transgredir estas obliga- mos de usar esta capacidad de modo constructivo. Pero,
ciones, puedan causar un daño importante en otras perso- si nos confundimos a nosotros mismos con nuestras ac-
nas. No obstante, hay una amplia gama de obligaciones ciones y actitudes negativas, el resultado es el
morales que no pueden cumplirse por la fuerza. Por ejem- autodesprecio y, en consecuencia, la autoflagelación. Si
plo, nadie puede usar la coerción para conseguir que de- este razonamiento es correcto, infligir un trato adverso al
sarrollemos ciertas virtudes, para que tengamos un con- delincuente, como penitencia secular, no solo supone una
junto determinado de creencias morales, aunque sean manipulación injustificada de este, sino que es también
verdaderas, para ser idealmente sinceros sobre nuestros moralmente inapropiado.
pensamientos y sentimientos en nuestras relaciones per- J ean Hampton también ha propuesto una teoría
sonales, para potenciar nuestros talentos o para compar- comunicativa del castigo, basada en la importancia que
tir las tareas domésticas. Asimismo, no está nada claro tiene proporcionar una educación al delincuente. La teo-
que esté justificado que el estado use la fuerza para con- ría de Hampton es explícitamente no-retribucionista, pero
seguir que los delincuentes adopten las actitudes apropia- tiene en común con las teorías retribucionistas su énfasis
das hacia sus delitos. en la comunicación. Su teoría es también interesante por
Por último, incluso si estos problemas fueran resueltos cuanto que acepta un elemento central del paradigma del
(aunque no creo que puedan serlo), cabria preguntarnos perdón. Hampton subraya con aprobación que tanto
si asumir una penitencia, entendida como trato adverso, Platón como Jesús rechazaron el retribucionismo, <<por-
es de hecho una respuesta moralmente apropiada a nues- que insistieron en que lo único que los seres humanos
tra mala conducta. Defendí en el capítulo IV que, cuando "merecen" en esta vida es el bien, en que, con indepen-
hemos completado el proceso de afrontar el mal, lo mo- dencia de todo el mal que una persona haya hecho, nadie
ralmente apropiado no es la autocondena, sino el está justificado para infligirle un daño ulterior>>. (1984:
autoperdón. El proceso de afrontar el mal conlleva reco- 262) Por lo tanto, debemos ver el castigo como <<un bien
nocer el mal causado y asumir la responsabilidad consi- para el malhechor>> o como «algo hecho para y no a ellos,

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

algo diseñado para alcanzar una meta que conlleva su fligiendo un trato adverso al delincuente es también in-
bienestar». (1984: 260) Así pues, para Hampton el casti- compatible con el respeto por su autonomía como agente
go es una forma de comunicación con el ofensor que le moral.
explica que su acto fue inmoral y por qué lo fue. Propor- Christopher Bennett ha desarrollado una segunda ob-
ciona una educación moral al delincuente en su propio jeción a la posición de Hampton. Su argumento parte de
beneficio, si bien la sociedad en su conjunto puede tam- la distinción entre un aprendiz y un profesional cualifica-
bién beneficiarse de ello. do. El aprendiz está en proceso de aprender la práctica y
Para mí, esta posición parte de una premisa correcta, necesita, por ello, ser instruido y supervisado. Por otro
pero avanza erróneamente. Dado que la justificación del lado, «el profesional cualificado participa en ella, en un
castigo de Hampton está orientada a una meta -la de edu- sentido importante, de una manera autónoma e indepen-
car al ofensor y favorecer su personalidad moral-, pode- diente. El profesional cualificado sabe manejarse en ella
mos y debemos preguntarnos en qué medida la práctica sin la intervención o la formación de supervisores». (2008:
del castigo es buena para alcanzarla. Si la práctica rara- 95) Del mismo modo que seríamos irrespetuosos con un
mente contribuye a este fin, podemos cuestionamos legí- profesor experimentado que recibe en un curso malas eva-
timamente si está justificada. Pero, a un nivel más teóri- luaciones por sus clases explicándole cómo tiene que en-
co, hay dos objeciones importantes que pueden plantear- señar, «sería irrespetuoso con el estatus cualificado, inde-
se. En primer lugar, podemos reprocharle a Hampton lo pendiente y autónomo de los agentes morales responder a
mismo que Dolinko reprochaba a Morris: el paternalismo. su mala conducta tratando de educarlos moralmente».
Dolinko afirma que: (2008: 97) Así pues, parece que el razonamiento de
Hampton nos conduce al siguiente dilema moral: o el
110 es permisible, en general, conferir un beneficio a alguien ofensor es un agente moral cualificado y, por lo tanto, es
contra su voluntad. Ni es normalmente permisible tratar a una condescendiente e inapropiado tratar de educarlo moral-
persona de una manera que esta no consiente, y que violaría por mente, o no es un agente moral cualificado y, por lo tanto,
otro lado sus derechos, por el mero hecho de que esta clase de no es apropiado considerarle responsable (o plenamente
trato favorezca sus intereses o la conduzca hacia su propio bien. responsable) de su ofensa.
(1999: 354) Dadas las dificultades que se les plantean a las teorías
comunicativas del castigo, Bennett desarrolla una justifi-
Además, Dolinko señala que este argumento es inde- cación basada solamente en su función expresiva. Una
pendiente de que nos refiramos a bienes extremadamente característica interesante de su posición es que supone un
importantes: el respeto por la autonomía de una persona desarrollo de su retribucionismo actitudinal. Bennett adop-
conlleva respetar incluso su derecho a rechazar un trata- ta la posición de Strawson sobre las actitudes reactivas
miento médico que pueda salvarle la vida. Parece, pues, retributivas:
que imponerle el «beneficio» de una educación moral in-

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.MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

las actitudes reactivas retributivas son esenciales para la tos malvados: aquellos que son especialmente graves y
perspectiva desde la cual consideramos que las personas están sujetas que están particularmente relacionados con el estado.
a determinadas exigencias: las exigencias que se derivan de mantener Según Bennett, es una falta moral no condenar los actos
ciertas relaciones interpersonales o de ser miembros de la malvados. Además, la mera condena verbal no es sufi-
comunidad moral. Pero las actitudes retributivas nos predisponen ciente, porque no es «simbólicamente adecuada>>. En el
a retirar, parcial y temporalmente, al ofensor nuestra benevolencia; nivel individual, sostiene que «condenar no solo supone
lo cual va unido a causarle cierto sufrimiento o a que lo experimente decir que el acto es inmoral, sino mostrar la impottancia que
como un trato adverso. Por lo tanto, considerar que alguien está tiene la ofensa por medio de la manera en que tratamos al
sujeto a esta actitud en el caso de que actúe incorrectamente es ofensor». En el dominio público, sin embargo, Bennett
equivalente a considerarlo sujeto a estas exigencias en primer lugar. sostiene que no deberíamos expresar nuestra condena con
(2008: 53) ira, indignación o disgusto morales, pues podría tener un
efecto distanciador con respecto al ofensor, sino que <<Una
Bennett, por lo tanto, mantiene que debemos adoptar buena manera de expresar lo incorrecto que considera-
las actitudes reactivas retributivas hacia los ofensores no mos un acto sería obligando al ofensor a hacer lo que pen-
arrepentidos y retirarles nuestra benevolencia, al menos samos que una persona que se lamentara por su ofensa
parcialmente, si queremos respetarlos como agentes mo- consideraría necesario para reparar su acto». (2008: 149)
rales plenamente cualificados y miembros de la comuni- En concreto, esto implicaría pedir disculpas, reparar el
dad moral, además de exigirle el mismo respeto por la daño y cumplir una penitencia, de modo proporcional a la
moral. Bennett añade que: ofensa. Bennett cree que es mejor expresar la condena
pública desde esta perspectiva porque así comunicamos
la conducta indebida crea determinadas responsabilidades, y es al ofensor que cuando haya hecho todo esto recuperará
un hallazgo fundamental de la tradición retributiva que el su estatus normal en la comunidad. Es importante darse
reconocimiento adecuado del mal que se ha hecho (por contraste cuenta, sin embargo, de que el castigo no se inflige para
con su tolerancia ... ) conlleva no tratar con los ofensores en conseguir que el ofensor se arrepienta o se reconcilie con
términos normales hasta que no reconozcan estas obligaciones y la comunidad, sino para e:>..presar una condena proporcio-
den los pasos convenientes para cumplir con ellas. (2008: 103) nal a la mala acción del ofensor.
Quiero sugerir que la defensa del retribucionismo
A nivel individual, pues, somos responsables de afron- actitudinal de Bennett afronta problemas serios, que so-
tar el mal infligido en nosotros retirando nuestra benevo- cavan su análisis retributivo del castigo. Bennett está en
lencia hasta que el ofensor afronte adecuadamente su lo cierto al afirmar que <das actitudes reactivas retributi-
ofensa. Por supuesto, no podemos ni debemos preocupar- vas nos predisponen a retirar, parcial y temporalmente, al
nos por cada uno de los males que se hacen, pero tene- ofensor nuestra benevolencia>>. Sin embargo, se equivoca
mos la responsabilidad colectiva de condenar ciertos ac- al pensar que <das actitudes retributivas son esmciales para

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NVffiGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

la perspectiva desde la cual consideramos que las perso- o indignación hacia los ofensores. Bennett parece recono-
nas están sujetas a determinadas exigencias: las exigen- cer esto cuando rehúye la expresión pública de la hostili-
cias que derivan de mantener ciertas relaciones dad y la indignación y propone, en cambio, que el estado
interpersonales o de ser miembros de la comunidad mo- exprese esta condena aplicando al ofensor el trato adver-
ral>> (el subrayado es mío). También se equivoca al creer so que una persona virtuosa se impondría a sí misma como
que esas actitudes reactivas retributivas son esenciales para penitencia por la ofensa. Pero, como he dicho, la noción
no consentir el mal. Bennett explícitamente reconoce que de penitencia es en sí misma moralmente problemática.
las actitudes reactivas retributivas incorporan la perspec- Como la respuesta hostil o el odio moral, nos arrastra al
tiva enjuiciadora: <do que hacemos cuando tenemos acti- error moral de confundir al ofensor con la ofensa.
tudes reactivas hacia quienes han actuado mal es evalttar- Para que se aprecie con mayor claridad esta cuestión,
les en tanto que miembros de una relación ... » (2008: 61) examinaré el pasaje en el que Bennett explica por qué cree
Pero, si mi desarrollo del paradigma del perdón es correc- que es moralmente apropiado cumplir una penitencia
to, deberíamos rechazar la perspectiva enjuiciadora, que cuando uno ha actuado mal:
objetiva a los ofensores confundiéndolos con sus accio-
nes y actitudes, e identificarlos, en cambio, como personas. Si Uno se ve a sí mismo en la difícil posición de tener ciertas
adoptamos la perspectiva de la identificación, proyecta- responsabilidades y, por ello, un determinado estatus (que es
remos siempre sobre los ofensores (y sobre todo el mun- normalmente el fundamento del autorrespeto), pero habiendo
do) las actitudes de respeto, compasión y auténtica bene- actuado de una manera impropia para con ese estatus. Este
volencia. reconocimiento se expresa en la conducta poniéndose uno mismo
He defendido que adoptar la perspectiva de la identifi- en una posición inconsistente con la propia dignidad ... Esta es la
cación, así como una actitud de auténtica benevolencia razón por la que la conducta de penitencia puede parecer servil o
hacia el delincuente, no supone, de ningún modo, perder- masoquista: contraviene la propia dignidad. Pero esta es
le el respeto como agente moral, sino que esto se produce precisamente la cuestión; pone en acción el reconocimiento de que
precisamente cuando no reconocemos su agencia moral, uno ya no tiene, del todo, esta dignidad ... (2008: 116)
ni respondemos positivamente, con independencia de su
actuación moral en el pasado. También he sostenido que Pero este pasaje comete el error de confundir el
esto no supone de ningún modo consentir el mal . Si no autorrespeto evaluativo con el autorrespeto como reco-
confundimos al ofensor con la ofensa, es ciertamente po- nocimiento. Si mi razonamiento del capítulo IV era co-
sible condenar el mal y, al mismo tiempo, mostrar respeto, rrecto, la base de la propia dignidad y del autorrespeto
compasión y auténtica benevolencia hacia el ofensor. como reconocimiento no es el currículo moral, sino la
Bennett está en lo cierto cuando afirma que el estado es capacidad para la agencia moral. Y un ofensor que tiene
responsable de condenar determinadas acciones incorrec- dignidad y se autorrespeta en el sentido de reconocimien-
tas, pero para ello ni necesita ni debe expresar hostilidad to entenderá que mantiene su capacidad para la agencia

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MARGARET R. HOUviGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

moral y su estatus básico como persona, al margen de lo la idea de que determinadas acciones no son aceptables y
que haya hecho. En tal caso, usará sus capacidades de no serán toleradas. Y es cierto también que debemos pe-
manera digna y responsable, centrándose en cómo puede dir cuentas a los delincuentes por su conducta. Sin em-
contribuir al bienestar de sus víctimas y de los demás. No bargo, podemos hacer todo esto sin renunciar a las actitu-
se obsesionará en el horror de sus actos pasados, ni se des de respeto, compasión y auténtica benevolencia hacia
despreciará a sí mismo, humillándose con una penitencia el ofensor como persona. Si mis argumentos son correc-
masoquista e indigna. Parece, pues, que Bennett no nos tos, no estamos justificados para adoptar sin más una ac-
ofrece una justificación convincente ni del retribucionismo titud de hostilidad hacia el ofensor -a menos que seamos
actitudinal ni del castigo retributivo. la víctima inmediata de la ofensa y no hayamos pasado
Margaret Falls también rechaza las teorías por el proceso de afrontar el mal-. Siendo importante,
comunicativas y desarrolla una teoría expresiva del casti- como lo es, que el estado adopte y exprese las reglas y las
go basada en la tesis de que respetamos a las personas actitudes morales apropiadas, debe en primer lugar garan-
como :fines en sí mismas considerándolas plenamente res- tizar que estas reglas y actitudes sean las correctas.
ponsables de su conducta inmoral. El castigo, sostiene, es Asimismo, aunque esté justificado mantener una ac-
el modo con el que el estado obliga a los ofensores a dar titud de ira, hostilidad o resentimiento morales hacia el
cuenta de sus graves ofensas. El estado tiene que «expre- delincuente, expresarla mediante la imposición del trato
sar la condena [del delito], así como hacerle patente al adverso sería problemático desde un punto de vista mo-
delincuente por qué es incorrecto lo que hizo y lo grave ral. Este método de expresar nuestra condena del ofensor
que es». (1987: 42) Y, para ello, debemos infligir un trato o de su ofensa puede ser más dramático o impactante,
adverso al ofensor. Falls dice que: pero no está justificado que usemos al ofensor como mero
medio para expresar dramáticamente nuestras creencias.
así como decirle calmadamente a un amigo que no nos debeóa Nuestras creencias morales son importantes, pero es muy
haber mentido no comunica ni el dolor que ha causado ni nuestra problemático sostener que tenemos que expresar su im-
exigencia sin reservas de no ser tratados así, tampoco la reprimenda portancia imponiendo a los ofensores un trato adverso
verbal o escrita del estado seria suficiente. Se requiere un cambio durante años. Con ello no reconocemos su valor intrín-
conductual en el ofendido, que retire su benevolencia y suponga seco como personas. Podemos querer producir un gran
para el ofensor el tener que afrontar circunstancias difíciles. (1987: impacto en el ofensor para que reaccione y se preocupe
42-3) de sus obligaciones morales, pero hemos de hacerlo res-
petando su autonomía y su agencia moral. Aunque, en
Pero, una vez más, si mis argumentos del capítulo determinadas circunstancias, podemos controlar legíti-
III son correctos, no debemos abandonar la actitud de bene- mamente la conducta de agentes morales para prevenir
volencia hacia el delincuente. Es cierto que tenemos que que se produzcan daños, el respeto de su autonomía exi-
expresar nuestra oposición a los actos inmorales, así como ge que les consideremos responsables de stt desarrollo

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MARGARET R. HOI...JYIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

interior. Son responsables de sus creencias y actitudes y, retribucionistas duros no pueden justificar su tesis de que
si bien podemos hablar y razonar con ellos castigar a los delincuentes es, de alguna manera, intrínse-
constructivamente, no podemos imponerles legítimamente camente apropiado desde un punto de vista moral. El
un trato adverso para conseguir que adopten determina- paradigma del perdón rechaza la tesis de que es intrínse-
das actitudes o suscriban ciertas creencias. camente adecuado que el estado inflija un trato adverso a
Por ello, las teorías expresivas del castigo, aunque pue- los delincuentes. Como se ha indicado, en el contexto de
den evitar algunos problemas detectados en las teorías este paradigma asignaremos cargas a las personas solo con
comunicativas, también incorporan actitudes moralmen- renuencia, y solo cuando tengamos que hacerlo para evi-
te inapropiadas hacia los delincuentes, como son la falta tar un daño mayor o igual en los demás. Por lo tanto, la
de respeto, la hostilidad y la retirada de la benevolencia. respuesta pública al delito debe derivarse de nuestro prin-
Estas son actitudes que no debemos adoptar, ni sobre todo cipio básico de justicia, que sostiene que cada individuo
expresar mediante la imposición del trato adverso, sino debe tener garantizados sus intereses más fundamentales
que debemos tener respeto como reconocimiento por los en la vida compatibles con beneficios iguales para todos,
delincuentes, en tanto que seres humanos con dignidad y y que no debe exigírsele a nadie que sacrifique un interés
autores de su desarrollo moral interior. Y tenemos que significativo para que otros puedan obtener un beneficio
considerarlos con respeto, compasión y auténtica bene- menor. Algunos teóricos han tratado de derivar justifica-
volencia. ciones del castigo a partir de los principios de justicia que
En resumen, ninguna de las principales versiones del son similares o compatibles con el principio de justicia
retribucionismo fuerte examinadas parece suponer una que surge del paradigma del perdón, y, si sus argumentos
justificación adecuada de la práctica jurídica del castigo. son convincentes, los defensores de este paradigma no
Aunque el retribucionismo fuerte tiene buenas razones tendrían problemas en aceptarlos. Estos análisis del casti-
para rechazar el utilitarismo y el retribucionismo débil, no go basados en la justicia se pueden dividir en dos catego-
nos proporciona un fundamento sólido para su tesis de rías: teorías de la autodefensa social y teorías restaurativas.
que es intrínsecamente apropiado desde un punto de vis- Defenderé que debemos suscribir un análisis restaurativo
ta moral que el estado inflija un trato adverso a los delin- de la respuesta pública al delito. Para ver por qué este
cuentes. enfoque es preferible, consideremos en primer lugar dos
teorías de la autodefensa social.
Restitución por el daño secundario Erin Kelly (2002) ofrece el esbozo de una teoría de la
autodefensa social orientada al futuro en la que intenta
En la sección anterior sostuve que los retribucionistas desarrollar una posición compatibilista sobre la respuesta
no ofrecen una justificación adecuada de la práctica jurí- al mal. En lo que respecta a <das restricciones y las sancio-
dica de la imposición de una pena, que suscriben como nes», sostiene que nuestro interés central no debe estar en
respuesta pública a los actos delictivos. En particular, los el merecimiento moral, sino en la responsabilidad causal.

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~~GARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

Y afu:ma que «el principio rector es simple: por lo gene- la tesis de que el castigo promueve estos fines. Pero en
ral está justificado prevenir los daños interfu:iendo en este caso, para que la justificación propuesta tenga éxi-
sus causas. Que el agente haya causado un daño en los to, hace falta un argumento que muestre que no estamos
demás es motivo suficiente para restringir su capacidad utilizando a los delincuentes como meros medios para
de acción». (2002: 195) Kelly defiende que este princi- alcanzar estos fines; o, en el caso de la «reconciliación
pio nos permite dejar de lado la mayoría de preguntas del delincuente con la comunidad», hace falta un argu-
sobre las causas de la conducta antisocial y, sobre todo, mento que demuestre que no estamos violando la auto-
las cuestiones complejas en relación con el concepto de nomía del ofensor al infligirle un trato adverso contra su
libre albedrío. Si adoptamos la perspectiva que ella pro- voluntad con el fin de lograr para él este resultado. Kelly
pone, solo hace falta que consideremos qué tipo de in- sostiene que «el contenido de la moral está determinado
tervención es necesaria para prevenir un daño significa- por personas que se preocupan por las necesidades bási-
tivo en los demás. cas de los demás y que estarían motivados a razonar jun-
Como reconoce Kelly, este razonamiento parece fun- tos en pie de igualdad para llegar a un acuerdo sobre los
cionar bien en casos de autodefensa inmediata y en ca- principios morales para regular sus interacciones socia-
sos en los que tenemos pruebas suficientes de que un les». (2002: 181 ) 36 Así, Kelly parece suscribir una ver-
individuo planteará un riesgo significativo a los demás sión de la teoría del contrato social. Pero, entonces, la
en el futuro. Sin embargo, no funciona tan bien en los justificación del castigo que propone no será completa
casos más comunes de nuestro sistema penal. En la gran hasta que pueda establecer qué principios rectores de la
mayoría de casos penales, el ofensor ha cometido una respuesta pública al mal serían elegidos en las circuns-
infracción que no se puede prevenir ya y carecemos de tancias que esboza, y por qué. Esta es una tarea que
los datos suficientes para justificar la creencia de que queda por hacer, y que parece casi tan compleja como la
cometerá (o es muy probable que cometa) otra infrac- tarea básica de justificar el castigo.
ción en el futuro. Kelly reconoce, por lo menos, que ha- Por su parte, Phillip Montague ha propuesto una
brá algunos delincuentes que no planteen esta amenaza, justificación del castigo en términos de autodefensa so-
y sostiene que puede ser lícito castigarlos para promo- cial más plenamente desarrollada. Su análisis se basa en
ver los fines de la disuasión, la educación acerca de los un principio moral que es totalmente compatible con el
principios de conducta que esperamos que los ciudada- principio de justicia (y podría, de hecho, derivar de él)
nos acepten, la reconciliación del ofensor con la comu- que emerge del paradigma del perdón. Esencialmente,
nidad y la solidaridad dentro de la comunidad moral; el principio afirma que:
todo ello «subrayando el compromiso colectivo de lo-
grar una sociedad mejor». (2002: 194) Dado que la gran
36 Cabe señalar que Gary Watson cree que una teoría compatibilista de este tipo
mayoría de los casos penales son de este tipo, la justifi- -en la que la condena y el mereámiento derivan del análisis de la respuesta al mal-
cación del castigo de Kelly descansa, en gran medida, en se aplica al reproche moral pero no al castigo. Véase Watson 1996.

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~~GARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

cuando los miembros de un grupo de individuos se encuentran estos individuos instituyendo una práctica de castigo como
en peligro de ser dañados por culpa de algunos, pero no todos: los que no podemos reducir el riesgo de daño a ciudadanos
miembros de ese grupo, y cuando alguna persona ... esta en inocentes sin dañar a los ofensores, estamos en una situa-
· · · d e d eterminar la distribución del daño ... ; entonces,
dispos1oon . la ción de elección forzosa. Debemos, pues, o bien permitir
persona tiene el derecho ... de distribuir el daño entre qwenes son que ciudadanos inocentes sean perjudicados, o bien asig-
culpables. (1995: 42; he omitido algunos matices que no nos nar un daño a los delincuentes a través de la práctica pe-
conciernen aqw} nal. Montague también señala que el derecho a la
autodefensa de la sociedad se ha aceptado generalmente
Montague reconoce que a~qu~ ~odemos usar este en la teoría de la guerra justa. Muchos teóricos han soste-
principio para justificar casos mdiv:du~les d~ defe~sa nido que está justificado las sociedades libran guerras de-
propia, no podemos utilizarlo para ¡us~fic~r. mstanc1as fensivas si se cumplen ciertas condiciones.
individuales de castigo. En los casos mdiv1d':ales d: Si bien este argumento es ingenioso, creo que no pue-
defensa propia, hay razones para creer que el dano c~era de eludir los problemas planteados en la justificación de
inevitable sobre alguien y estamos, por lo tanto, obliga- los casos individuales de castigo. El problema no reside
dos a decidir cómo asignar este daño. Dado que el ofensor en la noción general de autodefensa de la sociedad.
ha creado injustamente la situación en la_ qu~ hay que Montague está en lo cierto cuando afirma que, si la guerra
elegir, está justificado asignarle. el daño a eL ~m ~~bar­ puede estar justificada, lo estará en forma de defensa pro-
go, en el caso del castigo, el delincuente ya ha mflig1do el pia por parte de la sociedad cuando se cumplan ciertas
daño a la víctima, y (normalmente) carecemos de las ra- condiciones. El problema reside, más bien, en la identifi-
zones necesarias para creer que seremos responsables cación del grupo de personas, S1, al que Montague cree
de cualquier daño futuro que tengamos que adjudicar a que está justificado asignar un daño. Recuérdese que los
alguien. Por lo tanto, no estamos en una «situación de individuos de S1 están fuertemente inclinados y son ca-
elección forzosa>>. . paces de dañar a los ciudadanos inocentes y lo harán si no
Pero Montague continúa argumentando que, s1 cam- les impedimos actuar. El problema central es que no co-
biamos nuestro enfoque de los casos individuales de c~s­ nocemos quiénes son estos individuos.
tigo a las elecciones sistémicas. que deb~ to.mar la socie- En una guerra defensiva, sabemos quiénes son los com-
dad, la práctica jurídica del castlgo p~tede ¡ustificars~ como batientes enemigos, así como quiénes son responsables
defensa propia por parte de la s~c1edad. N os p1de que de la creación de una situación en la que tenemos o bien
imaginemos una sociedad, S, q~e U:clu~~ una subclase de que agraviarles o bien sufrir un agravio nosotros mismos.
individuos, S1, «que tienen la mclinac10n y son capaces Pero en el tipo de situación que afrontamos en la justifi-
de matar injustamente o herir a miembros mocentes de S cación del castigo, no sabemos quién está fuertemente
y que lo harán si no se les impide direc;amente. actu~>. inclinado y es capaz de dañar a personas inocentes en el
(1995: 62) Si asumimos tanto que podríamos disuadir a futuro, y quién lo hará si no intervenimos. Solo sabemos

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

que los delincuentes condenados han hecho daño a ciu- do reconocemos que todos compartimos un interés fun-
dadanos inocentes en el pasado. No es el grupo de perso- damental en tener la oportunidad de sacar el máximo pro-
nas que ya han agraviado a otros el que hace inevitable vecho de nuestras vidas por medio de nuestras elecciones
que o bien ahora les perjudiquemos a ellos o bien permi- y de nuestro esfuerzo. Cuando exigimos a las personas la
tamos que en el futuro el daño recaiga sobre ciudadanos restitución por el daño que injustamente infligieron en
inocentes, sino que es, más bien, un grupo de personas S2 otros, garantizamos a cada individuo el beneficio funda-
(un grupo no identificado de personas significativamente mental de poder minimizar el sufrimiento que resulta de
distinto de los delincuentes condenados), cuyas decisio- ser víctima del mal simplemente decidiendo cumplir sus
nes incorrectas futuras infligirán daño en ciudadanos ino- obligaciones morales. En este caso, exigir la restitución es
centes. Por lo tanto, no podemos afirmar razonablemente totalmente compatible con las actitudes básicas de respe-
que es culpa de los delincuentes condenados que deba- to, compasión y auténtica benevolencia hacia todas las
mos instituir la práctica del castigo para infligirles ahora personas por igual, y de hecho surge de ellas.
daño a ellos o permitir que el daño recaiga en el futuro en Randy Barnett (1997) ha propuesto que deberíamos
los ciudadanos inocentes. Y en tal caso, el principio de reemplazar el paradigma del castigo como respuesta al
justicia de Montague no se aplica. En suma, parece que, delito por un paradigma de la restitución. El problema
si las malas decisiones de los delincuentes tienen que ser central de su propuesta es que aplica este modelo de un
un factor operativo en la determinación de su sujeción al modo incompleto. Barnett cree que los delincuentes solo
castigo, no podemos basar la justificación del castigo en deben ser considerados responsables de hacer reparacio-
una asignación de daño que sea consecuencia de decisio- nes por el daño primario injustamente causado a los de-
nes incorrectas que otros tomarán en el futuro (o de deci- más, y de pagar los costes de los procesos asociados a
siones que los delincuentes mismos aún no han tomado). esta obligación. Sin embargo, como muchos autores han
En cambio, haríamos bien en centrarnos en una asigna- señalado, las infracciones penales son, en un sentido im-
ción del daño que resulte de las decisiones incorrectas portante, actos incorrectos ptÍblicos. Cuando las personas
que los delincuentes ya han tomado, y de las que son cla- violan la ley, no solo causan un daño primario en sus víc-
ramente responsables. timas inmediatas, sino también un daño secundario en los
Si esto es así, tenemos buenas razones para tratar de miembros de su comunidad. Recordemos que Bentham
llegar a un análisis restaurativo de la respuesta pública a define el daño secundario como el daño que recae sobre
los actos delictivos. Ya he sostenido que un componente los miembros de la comunidad del infractor, independien-
de la respuesta pública al mal en el contexto del paradig- temente de si tienen alguna relación específica con la víc-
ma del perdón es exigir al infractor que repare el daño tima.
primario que ha causado injustamente en los demás. Como Ha habido un cierto debate sobre qué es exactamente
he señalado, esta práctica deriva directamente del princi- el daño secundario. Richard Burgh ha sostenido que este
pio de justicia que surge del paradigma del perdón cuan- debe entenderse como un tipo de daño que sufre la sacie-

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:MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

dad cuando sus valores centrales son rechazados por in- dose a sí misma si entra en una lucha de poder con el
fracciones intencionadas de la ley penal. Afirma que: ofensor en la que mantiene una actitud de resentimiento
hacia él con el fln de manifestar ante él que esta afirma-
en el sentido en el que la sociedad está, en parte, constituida ción implícita es falsa. La víctima que verdaderamente
por estos valores compartidos, tiene un interés en que estos valores se respeta y aprecia su dignidad como persona simple-
no sean rechazados. Por ello, el rechazo de estos valores, que mente reconoce el error del delincuente como lo que es,
constituye la invasión de un interés de la sociedad, puede concebirse en la perspectiva adecuada, y vuelve su atención a acti-
como un daño a la sociedad -determinándose el grado de daño vidades positivas. Lo mismo se aplica a la esfera públi-
por la posición relativa de los intereses que se valoran-. (1982: 329) ca. Si el estado ha pensado cuidadosamente sobre sus
valores y se compromete plenamente con ellos, no se
Los delincuentes deben restituir a la sociedad por este verá amenazado por el simple hecho de que una peque-
daño secundario. El castigo constituye un medio por el ña parte de la población los rechace. Por ejemplo, si al-
cual la sociedad puede obtener la restitución por este daño gunas personas argumentan contra la democracia en
secundario, porque reafirma los valores comparti~os al nuestra sociedad, no hace falta que les inflijamos sufri-
condenar su violación: «esta condena debe implicar la miento para reafirmar nuestros valores y expresar enfá-
condena del autor del delito y, al hacerle sufrir, el castigo ticamente la condena de sus afirmaciones, sino que po-
constituye la forma de expresar enfáticamente esta con- demos simplemente situar su desacuerdo en perspectiva
dena sin que haya ninguna duda de que es genuina». (1982: y seguir con las actividades que valoramos. Por lo tanto,
330) 37 . .
parece que si el daño secundario consiste nada más que
Se trata de un análisis ingenioso del daño secundano, en un rechazo de los valores socialmente compartidos,
pero, si mi argumento del capítulo III es corre~to, debe~ entonces no necesitamos la creación de un aparato legal
mos rechazarlo. Es plausible afirmar que la sociedad esta para obtener restitución por ello.
parcialmente constituida por los valores que se compar- Desafortunadamente, sin embargo, los que cometen
ten en su seno. Sin embargo, he sostenido que, en la es- infracciones penales infligen un tipo más grave de daño
fera individual, la víctima no tiene por qué centrarse en secundario en los miembros de su comunidad, y cuando
sí misma, para repudiar o protestar contra la afirmación comprendemos la magnitud de este daño secundario ve-
(implícita en el delito perpetrado contra ella) _de que :10 " mos que se trata de algo que no podemos pasar por alto.
es digna de pleno respeto. De hecho, no estara respetan- Según mi interpretación, el daño secundario que resulta
37 Richard Burgh publicó esta teoría restaurativa del castigo aproximadamente al
de un determinado tipo de infracción penal es un tipo
mismo tiempo que yo lamia (véase Holmgren 1983), a las quelle~os de manera de daño que sufren todos los miembros de la comunidad
independiente. Cabe destacar que, aunque compartirnos la nusma 1dea de con·c·e- que son vulnerables a ese tipo de infracción. Concreta-
bir el castigo como restitución por el daño secundano, nue.stra..caractenzacl~n
del daño secundario y nuestro análisis del castigo como resotucJOn de ese dano mente, los delincuentes dañan a los miembros de la co-
son significativamente diferentes. munidad, con independencia de si tienen una conexión

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Ñ~GARETR.HOLÑIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

específica con la víctima, al erosionar injustificadamente contra futuras infracciones penales. De hecho, destina-
su seguridad con respecto al tipo de transgresión de que mos enormes recursos a la creación de esta defensa: cons-
se trate. Cuando se cometen delitos de determinado tipo, truimos y mantenemos las prisiones a un gran coste para
los miembros de la comunidad quedan injustamente en nosotros como medio de disuadir la comisión de delitos y
una posición en la que tienen razones para creer que pue- para incapacitar a los delincuentes; financiamos las fuer-
den llegar a ser víctimas de infracciones similares en el zas policiales; instalamos cerraduras y alarmas en nues-
futuro, y que, por lo tanto, deben tomar medidas para de- tras casas, coches, negocios, etc. para proteger nuestras
fenderse. Este tipo de daño nos afecta tanto individual pertenencias; ideamos y ponemos en marcha engorrosos
como colectivamente: individualmente, porque razona- procedimientos de auditoría para impedir los delitos fi-
mos que podemos llegar a ser víctimas del tipo de infrac- nancieros; sacrificamos ciertas actividades para evitar
ción en cuestión y que sería mejor que tomásemos medi- ponernos en riesgo de victimización, y asf sucesivamente.
das que lo eviten; y colectivamente, porque razonamos Y, a nivel nacional, gastamos cientos de miles de millones
que las estructuras sociales pueden quedar debilitadas por de dólares cada año para la defensa contra potenciales
este tipo de infracción y que perderemos las instituciones ag(esiones de otras naciones.
justas y la ley y el orden que son tan necesarias para la Para entender que el daño secundario es una forma
calidad de nuestra vida en común. Por lo tanto, creemos grave e injusta de daño, debemos preguntarnos por qué
que hay que tomar medidas para evitar que esto ocurra. sentimos necesidad de hacer sacrificios y de distribuir
Es importante destacar que aquellos que sencillamente nuestros recursos de este modo: porque las personas de-
informan a otros sobre los delitos que se han cometido - cidieron cometer delitos en el pasado. Estimamos nuestra
los ciudadanos que denuncian delitos, los policías que los necesidad de defendernos contra el daño criminal sobre
descubren y los periodistas que informan al público sobre la base d~'rtuestras proyecciones sobre lo que sucederá en
ellos- no reducen indebidamente nuestra seguridad, sino el futuro, y nuestra mayor base para hacer estas proyec-
que nos dan acceso a los hechos que necesitamos cono- ciones es la observación de lo que sucedió en el pasado.
cer para tomar decisiones informadas y autónomas sobre Por supuesto, no tenemos modo alguno de saber si alguien
nuestras vidas. decidirá delinquir en el futuro, igual que no hay manera
Tal vez la mejor manera de comprender la naturaleza y de saber si el sol saldrá mañana, o que cualquier otra re-
el alcance del daño secundario es volver a las teorías del gularidad empírica seguirá dándose. Pero todas las perso-
castigo basadas en la autodefensa social o, para el caso, a nas racionales razonan inductivamente sobre estos asun-
un análisis utilitarista del castigo que está basado en gran tos, y podría decirse que es imposible no hacerlo. Por lo
medida en la necesidad de establecer un elemento tanto, todas las personas racionales decidirán, tanto co-
disuasivo contra futuras infracciones penales. Sea correc- lectiva como individualmente, la parte de sus recursos que
ta o no cualquiera de estas justificaciones del castigo, pa- quieren asignar a defenderse, así como las instituciones
rece innegable que sentimos la necesidad de protegernos públicas de las que se dotarán sobre la base de los delitos

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:MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

que se han cometido en el pasado. Si nunca hubiera habi- confiamos es en el fiable buen orden y seguridad del entorno. Me
do delitos en una comunidad determinada, las personas alegro de que podamos hacerlo cuanto más mejor. (2006: 83)
racionales de esa comunidad dedicarían muy pocos (si al-
guno) de sus recursos a defenderse contra el delito. Por Este pasaje creo que expresa muy bien lo que perde-
otro lado, si recientemente han tenido lugar infracciones mos cuando los delincuentes no cumplen con sus respon-
frecuentes y graves, los miembros de la comunidad esta- sabilidades y delinquen. La calidad de vida que todos te-
rán en una posición muy diferente: será racional que sa- nemos cuando cumplimos con nuestras responsabilida-
crifiquen una parte mucho mayor de sus recursos para de- des, como indica Walker, es un bien fundamental. De he-
fenderse de la delincuencia. (rengamos en cuenta que esta cho, podría argumentarse que la riqueza de nuestras vidas
'llínea.de razonamiento es independiente de que los miem- es directamente proporcional al grado en el que podemos
bros de la comunidad teman el tipo de delito en cuestión. confiar razonablemente que la gente se comportará como
Por ejemplo, los ejecutivos pueden no asustarse por la debería. Además, como señala Walker, son responsables
malversación de fondos, pero, si tienen razones para creer de hacerlo. Por lo tanto, cuando fallan a este respecto nos
que habrá personas que tratarán de cometer este delito en privan injustamente de este importante bien.
el futuro, sacrificarán recursos para proteger sus empresas Si este razonamiento es correcto, entonces cometer
de este tipo de daño). un delito supone infligir colectivamente una forma gra-
En su libro Moral Repair, Margaret Urban Walker enfo- ve de daño secundario a los miembros de la comunidad
ca el problema de la erosión de nuestra seguridad en tér- además de dañar a su víctima inmediata. En concreto,'
minos de confianza. Su análisis parte de la distinción en- los delincuentes dañan a los miembros de su comunidad
tre confianza y dependencia: poniéndolos injustamente en una posición en la que tie-
nen razones para creer que deben sacrificar ciertas de
Quien confía se fía de aquel en quien confía no solo como sus actividades y dedicar recursos a protegerse a sí mis-
alguien que es probable que haga cierta cosas, o como alguien que mos y a sus instituciones sociales de delitos futuros. En
quiere hacer algo por la consideración positiva por otro o la una comunidad regida por leyes justas, todos los ciuda-
preocupación por la dependencia de otra persona, sino también danos están obligados a abstenerse de delinquir. Por lo
como alguien respo11sable de comportarse de la manera en que se tanto, en una comunidad justa, el daño secundario su-
confía. (2006: 83; cursivas añadidas) pone una pérdida ilícita. Teniendo en cuenta que el prin-
cipio de justicia que surge en el paradigma del perdón
Walker continúa diciendo que exige a quienes causan injustamente pérdidas a otras
personas que les restituyan por ellas, la respuesta públi-
hay un sentido en el que, en un gran número de nuestras ca al mal en este paradigma incluirá esta exigencia, com-
actividades diarias, confiamos en la «gente>>. Confiamos en que se parable a la obligación de reparar el daño primario a sus
comportarán como deberían. A veces parece que en lo que víctimas inmediatas.

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N~GARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

En este punto, es importante dejar claro que cada todos lo más rica y gratificante posible. Una vez más,
ofensor contribuye al daño secundario sufrido por la co- nue~tro objetivo al requerir la restitución por el daño
munidad según el tipo de transgresión que ha cometido. secundario no es dar a los delincuentes su merecido, o
Dada la naturaleza del razonamiento inductivo, parece expresar hostilidad contra ellos o condenarlos, sino com-
claro que cada persona que ha cometido un delito en de- pensar la pérdida secundaria que han causado injusta-
terminado período contribuye igualmente a aportar fun- mente a los miembros de la comunidad. El objetivo es
damentos para que las personas racionales infieran que aliviar el sufrimiento de la comunidad y no infligir sufri-
tienen que tomar medidas para protegerse de este tipo de miento a los infractores.
transgresión en el futuro. Sin embargo, podría objetarse Puede haber diferentes formas con las que los delin-
que, una vez que se han cometido una serie de infraccio- cuentes puedan restituir a la comunidad por el daño se-
nes, la necesidad de defensa ya ha quedado establecida y cundario. En el contexto del paradigma del perdón, son
que los delitos adicionales no suponen una diferencia real. dos los desiderata para determinar cómo hacer esta restitu-
Sobre esto, cabe decir dos cosas. En primer lugar, dado ción: en primer lugar, que se compense a los miembros de
que la gravedad del daño secundario varía directamente la comunidad por el daño injustamente sufrido; y, en se-
en relación con el número de delitos cometidos, cada in- gundo lugar, que, al hacerlo, minimicen la carga que asig-
fracción adicional agrava el daño secundario. En segundo namos al delincuente. Por supuesto, estaremos obligados
lugar, si todos los delitos cesaran en este punto, nuestras en todos los casos a tratar tanto a los delincuentes como a
necesidades de defensa contra el delito empezarían a dis- las víctimas con respeto, compasión y auténtica benevo-
minuir. Por lo tanto, cada infracción adicional fortalece y lencia. En ningún caso podemos tratar al delincuente de
sostiene las necesidades de este tipo de defensa. De este una manera que no sea compatible con el respeto básico
modo, cada ofensor contribuye al daño secundario expe- por él como agente moral, ni tratar de compensar a las
rimentado por los miembros de su comunidad con res- víctimas inmediatas o a los miembros de la comunidad
pecto al tipo de infracción que ha cometido, y cada ofensor proporcionándoles algún tipo de venganza contra el de-
tiene que ofrecer reparación por este daño. lincuente, como ha propuesto recientemente David
En el contexto del paradigma del perdón, pues, el ter- Hershenov (1999l 8• En algunas situaciones, puede que
cer componente de la respuesta pública al mal será una los delincuentes compensen mejor a la comunidad reali-
práctica en la que se exige a los delincuentes restituir a zando algún tipo de servicio público. Esta opción es atrac-
los miembros de la comunidad por el daño secundario tiva, ya que puede reducir al mínimo la carga del ofensor
causado injustamente, en la medida en que puedan ha-
cerlo, y, al igual que con el daño primario, dentro de lí- 38 En su artículo, Hershenov propone una teoría restaurativa del castigo y un
mites razonables de sacrificio. Es importante tener en análisis del daño secundario que es el mismo que yo he propuesto. Por una ruta
totalmente distinta, él defiende que <da satisfacción vindicativa que da la "vengan-
cuenta aquí que el paradigma del perdón nos insta a mi- za" debería ser considerada como el pago de la deuda que la víctima recibe del
nimizar el sufrimiento innecesario y a hacer la vida de delincuente>>. (1999: 87)

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

y resultar constructiva tanto pru:a este como para los miem- de que se trate. A menos que se cumpla esta condición,
bros de la comunidad. En otros casos, sin embargo, pue- los miembros de la comunidad no tienen derecho a que se
de que se requiera una práctica de castigo legal con el fin les garantice que no serán afectados por tales actos en el
de aproximarse a un estado de cosas en el que los miem- futuro, y nadie les deberá restitución alguna por privarles
bros de la comunidad sean adecuadamente compensados de este tipo de seguridad. En segundo lugar, los miem-
por el daño secundario sufrido. Si la práctica del castigo bros de la comunidad deben experimentar un daño secun-
legal funciona razonablemente bien disuadiendo de que dario significativo a consecuencia del tipo de infracción
se cometan infracciones, constituirá un mecanismo por el en cuestión. En tercer lugar, los costes de cumplir la obli-
cual los delincuentes pueden compensar a los miembros gación en cuestión no deben imponer a las personas car-
de la comunidad por el daño secundario. Los ofensores gas que sean más fundamentales que las cargas que aspi-
infligen una pérdida en los miembros de su comunidad al ramos a aliviar promulgando la ley en cuestión. El análi-
darles motivos para creer que necesitan una defensa con- sis mostrará que la mayoría de las infracciones que gene-
tra el delito, y la práctica del castigo requiere que los de- ralmente clasificamos como penales satisfará estas condi-
lincuentes contribuyan a reparar esta pérdida proporcio- ciones. La mayor parte de delitos son actos en los que el
nando dicha defensa. Al someterse a un castigo por sus delincuente causa un daño sustancial a otra persona al
delitos, los delincuentes crean un elemento de disuasión violar la ley. En conexión con estas infracciones, los miem-
contra infracciones futuras. bros de la comunidad tienen razones para creer que de-
Hay tres cuestiones centrales que deben abordarse res- ben sacrificar ciertos recursos para protegerse de trans-
pecto a cÓmo articular la práctica de exigir la restitución gresiones futuras y, así, de sufrir un daño secundario sig-
del daño secundario. Estas tienen que ver con la determi- nificativo.
nación de qué tipos de infracciones se consideran ade- Russ Shafer-Landau (2000: 193) ha señalado que al-
cuadamente penales, qué exenciones deben reconocerse gunas de las infracciones que clasificamos como delitos
y cómo hemos de determinar el alcance de la indemniza- no tienen víctimas inmediatas. Por ejemplo, la evasión fis-
ción debida por el daño secundario producido. Conside- cal y la conducción en estado de ebriedad por lo general
remos cada una de estas cuestiones, una por una. En el no resultan en un daño directo a una víctima inmediata y,
contexto del análisis que he presentado, los tipos de trans- sin embargo, seguimos considerándolos actos que deben
gresiones que deben clasificarse como faltas penales son castigarse. En el análisis presentado aquí, estos actos se
aquellas para las que está justificado requerir al delin- clasifican como delitos. Nuestro principio de justicia, sin
cuente que haga algún tipo de reparación por el daño duda, los prohibirá, ya que son unos actos que también
secundario. Deben cumplirse tres condiciones para poder infligen un daño secundario significativo a los miembros
clasificar cierto tipo de acto como un delito penal. En de la comunidad. Dedicamos recursos importantes a de-
primer lugar, nuestro principio de justicia debe exigir que fendernos de la conducción ebria, lo cual es acertado si
las personas se abstengan de llevar a cabo el tipo de acto tenemos en cuenta que expone a las personas a un riesgo

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J'VlARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

irrazonable de sufrir daños graves. También dedicamos de las condiciones eximentes no será la evaluación del
recursos importantes a impedir la evasión de impuestos, grado de la maldad moral del delincuente, sino garantizar
cosa que, de nuevo, resulta razonable. Nuestras institu- a las personas sus intereses más fundamentales en la vida
ciones públicas son de gran valor para nosotros, y no du- compatibles con beneficios iguales para todos. En el con-
rarían mucho en el tiempo si no tomáramos medidas para texto del paradigma del perdón, hay dos tipos de situacio-
protegernos de estos delitos. Estos criterios también pro- nes en las que reconocemos las excusas exculpatorias so-
porcionan un fundamento para excluir de la categoría pe- bre la responsabilidad de tener que reparar el daño secun-
nal ciertos actos que puede parecer que producen algún dario. En primer lugar, reconoceremos las excusas
tipo de daño secundario, pero que no necesariamente te- exculpatorias basadas en la idea de que una persona care-
nemos que clasificarlos como delitos. Por ejemplo, la ven- cía de la capacidad sustancial para conformar su conduc-
ta de leche adulterada después de que se hayan tomado ta a las exigencias de la ley. Dado que deber implica po-
todas las precauciones legítimamente requeridas para evi- der, a las personas que carecen de esta capacidad no se
tar esta práctica no será un delito para este análisis inclu- les puede exigir en justicia que se abstengan de realizar el
so si los miembros de la comunidad experimentan un sen- acto de que se trate y, por lo tanto, los miembros de la
timiento de inseguridad por ello. Si una persona física o comunidad no tienen derecho a ninguna garantía de que
jurídica está realizando una actividad legítima y ha toma- no van a ser perjudicados por estos individuos. Las perso-
do todas las precauciones necesarias, los miembros de la nas de las que no se puede esperar que cumplan con los
comunidad no tienen derecho a la garantía de que nunca requisitos de la ley a causa de deficiencias físicas, cognitivas
se verán perjudicados por esta actividad, y cualquier inse- o conativas son, en consecuencia, excluidas .de toda res-
guridad que sientan no es un daño secundario injustamente ponsabilidad penal. Una vez más, el paradigma del per-
infligido. dón se basará en la investigación empírica hecha en medi-
Veamos ahora qué condiciones eximentes deben ser cina y psicología para determinar qué condiciones tornan
reconocidas en este componente de la respuesta pública a los individuos incapaces de cumplir con la ley.
al mal que emerge del paradigma del perdón. Es impor- En segundo lugar, en el contexto de este análisis, reco-
tante recordar aquí que, en el contexto de este paradigma, noceremos como excusas exculpatorias los accidentes y
no adoptamos la perspectiva enjuiciadora ni castigamos a los errores cuando el individuo en cuestión realiza una
las personas como retribución por su culpabilidad moral, actividad legítima y toma todas las precauciones necesa-
sino que castigamos o exigimos la restitución de daños rias. Hay ciertas actividades que encontramos valiosas a
secundarios injustamente infligidos solo porque garanti- pesar del hecho de que crean un riesgo de daño a los de-
zamos con ello que cada individuo obtendrá el beneficio más -como, por ejemplo, conducir, volar, practicar depor-
fundamental de poder sacar el máximo provecho a su pro- tes, etc. Ciertamente, podemos realizar estas activida-
pia vida a través de sus decisiones y de su esfuerzo. Por lo des, cuando son lo suficientemente" valiosas y el riesgo de
tanto, nuestra preocupación central en la determinación dañar a alguien es pequeño. Es justo que estemos obliga-

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

dos a tomar ciertas precauciones para evitar un accidente den temen te será castigado má~ severamente que si lo hizo
o un error que produzca un daño. Pero que tengamos la por negligencia. Los retribucionistas pueden argumentar
obligación o no de tomar estas precauciones depende del que deberíamos tener en cuenta el modo de culpabilidad,
coste que tenga tomar estas medidas y de los beneficios ya que este refleja nuestro juicio acerca de la maldad mo-
que otros pueden esperar obtener de ello. Cuando una ral del ofensor. Por su parte, el paradigma del perdón re-
persona ha realizado una actividad legítima y ha tomado chaza esta perspectiva y la sustituye por un intento de
todas las precauciones razonables, no viola ningún requi- garantizar a cada individuo los intereses más fundamen-
sito de la justicia. Todavia es posible que cause un daño a tales en la vida compatibles con beneficios semejantes
los demás por accidente o por error, pero ex I?Jpothese, los para todos. Por lo tanto, determinaremos si cabe o no ate-
miembros de la comunidad no tienen derecho a la seguri- nuar la responsabilidad penal del infractor considerando
dad contra este riesgo. Así pues, la persona que provoca los intereses importantes que estén en juego, tanto de los
daño en estas circunstancias no le debe a los miembros de miembros de la comunidad como del ofensor, en el tipo
la comunidad la reparación por los daños secundarios cau- de situación en cuestión. Más concretamente, trataremos
sados y no será penalmente responsable por ello. de equilibrar el interés de los miembros de la comunidad
Pasemos ahora a las excusas atenuantes, Estas no de ser compensados por el daño secundario con el interés
exculpan por completo al causante del acto lesivo de su del delincuente de poder rehabilitarse y tener otra oportu-
responsabilidad penal, sino que reducen su alcance. Nues- nidad para realizar sus planes de vida después de haber
tro sistema legal incorpora un atenuante en la forma de la actuado mal.
doctrina de la JJJeJJs recf 9• Cuando determinamos la magni- En este marco, cabe señalar dos razones por las que
tud del castigo que debe infligírsele a un individuo que ha debemos tener en cuenta el modo de culpabilidad cuando
causado cierto tipo de daño primario, consideramos sus determinamos la severidad del castigo, o el alcance de la
intenciones o el modo de culpabilidad característico de restitución requerida por el daño causado. En primer lu-
su ofensa. Si el delincuente actuó deliberadamente o a gar, el interés de los miembros de la comunidad de ser
sabiendas en la comisión del tipo de daño en cuestión, restituidos por el daño secundario varía con la forma de
será, por lo general, castigado más severamente que si culpabilidad característica de la transgresión del infrac-
causó el daño por imprudencia, y si lo provocó impru- tor. Cuando un individuo se propone dañar
intencionalmente a alguien, la probabilidad de que lo con-
39 La autora se refiere al derecho anglosajón, que con esta doctrina distingue siga es alta, mientras que si alguien acomete impruden-
diferentes grados o modos de culpabilidad delictiva: intención, conocimiento,
imprudencia y negligencia. La IJJe/JS rea (<<mente culpable>>) equivaldría tanto al dolo
temente una actividad sin la intención de causar ningún
(cuando hay voluntad deliberada o maliciosa de cometer un delito a sabiendas de daño, la probabilidad de que alguien resulte dañado es
su ilicitud) como a la c11lpa o 1Jeglige11da (cuando no la hay) de los ordenamientos menor; y esta probabilidad es aún menor cuando se trata
jurídicos iberoamericanos. La expresión forma parte de la frase latina <<aC/JiS 11011
fodt mmJ 11isi JJieJJS sil rem>, esto es, <<el acto no hace a la persona culpable a menos que
de una negligencia. Cete1is pmibtts, los miembros de la co-
su mente sea también culpable>>. [N. del T.J munidad tienen un interés mayor en defenderse del dolo

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

que de la conducta imprudente, así como en defenderse En muchas situaciones puede haber escasas razones para que
de la conducta imprudente que de la conducta negligen- el derecho penal distinga entre un hombre que lleva a cabo una
te. Por lo tanto, la severidad de la pena se reducirá según acción prohibida a propósito y un hombre que no realiza esa misma
el modo de culpabilidad sea menos grave. En segundo acción a propósito, pero sí a sabiendas de que está actuando así.
lugar, la importancia del interés que todos tenemos en Ambos están comportándose conscientemente de una manera
poder reinsertarnos tras haber cometido un error y haber que la ley prohfbe. (1973: 443-4)
actuado mal crece según el modo de culpabilidad sea
menos grave. La mayor parte de nosotros podemos decir Y añaden que «en la mayoría de los casos, será sufi-
con cierta seguridad que no dañaremos intencionalmente ciente para ser responsable que la persona actúe a
a nadie. Sin embargo, no estamos tan seguros de que no sabiendas, lo hiciese o no también a propósito». En se-
vayamos a dañar a nadie imprudentemente, y aún esta- gundo lugar, no está claro que haya una diferencia ~?tal­
mos menos seguros de que no podamos cometer una ne- mente significativa entre los dos modos de culpabilidad,
gligencia que cause un perjuicio a alguien. Por lo tanto, es de tal manera que la posición que he desarrollado aquí
más importante para nosotros asegurarnos de que tendre- puede considerarse claramente contraintuitiva. Como afir-
mos la oportunidad de rehabilitarnos después de haber man Sharlot y Dix, si un ofensor sabe que su acto produ-
cometido una negligencia que después de una impruden- cirá un tipo específico de daño y decide realizarlo de to-
cia, y, más importante aún, de asegurarnos de que podre- dos modos, parece que tenía la intención de perpetrar este
mos hacerlo tras cometer una infracción imprudente que tipo de daño, sea cual sea su propósito último al hacerlo.
tras cometer un delito doloso. Por lo tanto, ambos facto- Un análisis similar muestra que deben reconocerse las
res se combinan para reducir la severidad de la pena se- excusas atenuantes basadas en la participación de la víc-
gún el modo de culpabilidad disminuya en gravedad. tima. Esta categoría incluye las condiciones eximentes de
Se podría objetar en este punto que, aunque el razona- la provocación, la legítima defensa imperfecta y, t~ vez,
miento propuesto aquí basta para explicar la atenuación de el consentimiento de la víctima. El daño secundano que
la culpabilidad debido a la conducta imprudente y negli- resulta de una infracción en la que ha habido provocación
gente, no basta para explicar la diferencia entre la conducta no es muy vasto, porque podemos evitar convertirnos en
intencional y la que es meramente a sabiendas. Como la víctimas de este tipo de delito con relativa facilidad. Siem-
probabilidad de causar daño es la misma en ambos tipos de pre que haga falta una provocación sustancial, la mayoría
conducta, la necesidad de la comunidad de defenderse de- de nosotros puede evitar provocar a otra persona hasta el
bería ser la misma. Cabe señalar dos cosas en respuesta a punto de que nos infligiese un daño. Es aún más fácil evi-
esta objeción. En primer lugar, la ley no hace un uso exten- tar ser víctima de una infracción que implica la legítima
sivo de la distinción entre estos dos modos de culpabilidad. defensa imperfecta, pues solo tenemos que abstenernos
George Dix y Michael Sharlot, autores de un texto estándar de atacar a nadie. Debido a que el daño secundario dismi-
de derecho penal, comentan lo siguiente: nuye con estas defensas, el interés de ser restituido por

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NUffiGARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

este daño es menos importante, y queda justificada la re- metida de alguna manera. Por lo tanto, este factor sirve
ducción de la severidad de la pena o el alcance de la resti- para reducir la severidad del castigo.
tución. Además, es más importante tener la oportunidad Por último, consideremos cómo deberíamos determi-
de rehabilitarse después de cometer una infracción en es- nar la severidad del castigo o el alcance de la restitución
tas circunstancias. Una vez más, la mayoría de nosotros requerida con respecto al daño secundario. Lo primero
podría decir con cierta seguridad que no va a tratar de que hay que decir es que algunos castigos o exigencias
dañar deliberadamente a otra persona, pero no podemos son intrínsecamente incompatibles con las actitudes bási-
estar tan seguros de que no dañaríamos a alguien que nos cas que fundamentan el paradigma del perdón. Si tene-
provoca gravemente o si actuamos bajo la presión de te- mos genuino respeto, compasión y auténtica benevolen-
ner que defendernos de un atraco. Como antes, estos dos cia por los ofensores, aborreceremos la pena capital, así
factores se combinan para reducir la severidad de la pena como castigos que impliquen la tortura o el sufrimiento
o el alcance de la restitución requerida en esta categoría innecesario. No podemos tener genuino respeto, compa-
de excusas atenuantes. sión y auténtica benevolencia hacia una persona y al mis-
Una tercera categoría de excusas atenuantes son la mo tiempo desear que muera o que sufra. Además de la
coacción y la capacidad disminuida40 • En estos casos, el pena de muerte y los castigos inhumanos, cabe descartar
infractor no carece por completo de la capacidad de cum- los castigos o requisitos que no promueven los intereses
plir las exigencias morales, pero es significativamente más humanos concretos. La tesis de que los delincuentes me-
difícil hacerlo que para aquellos de nosotros que no esta- recen ser castigados incluso si el castigo no sirve a ningún
mos sometidos a esas condiciones. Cuando estas se dan fin debe rechazarse decididamente. Si adoptamos la pers-
el grado del daño secundario puede reducirse muy poco, ~ pectiva de la identificación, y no la perspectiva
nada. Nos hace tanta falta defendernos de transgresiones enjuiciadora, sostendremos que solo puede imponérsele
que tienen lugar en estas condiciones, como de las que no una carga al infractor si esto es verdaderamente necesario
dependen de ella. Sin embargo, el interés que tenemos en para evitar que una carga igual o mayor recaiga en otra
poder reinsertarnos cuando están presentes estas condi- persona. Por lo tanto, si tenemos razones para creer que
ciones es claramente mayor. Si bien podemos decir con un castigo dado o exigencia no será eficaz para alcanzar
cierta seguridad que no vamos a dañar a nadie en condi- los intereses concretos de los demás, hallaremos otra ma-
ciones normales, no podemos estar tan seguros de que no nera de hacer que el delincuente repare el daño que ha
lo haremos si nos encontramos bajo una presión severa, o infligido injustamente a la comunidad.
cuando nuestra salud mental se vea gravemente compro- Para infligir castigo en el contexto del paradigma del
perdón, determinaremos la severidad del castigo en rela-
40 La coacción, cuando es lo suficientemente grave, hace forzosos nuestros ción con nuestro principio de justicia. Aquí, hay que so-
actos y funciona como justificación de estos. Por ejemplo, si un delincuente
apunta con un arma a la empleada de una tienda y la amenaza con matarla si no le
pesar la magnitud del sacrificio que supone para el delin-
da 100 dólares de la caja, está, sin duda, justificada para darle el dinero. cuente el castigo (o la restitución por el daño secundario

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JYIARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

de alguna otra manera) con el interés que tenga un repre- En términos generales, la gravedad del daño secundario
sentante de la comunidad de ser restituido por un daño determinará la importancia del interés que tienen los miem-
secundario que se le ha infligido por el tipo de transgre- bros de la comunidad peor situados de ser restituidos por
sión de que se trate -una pérdida sobre la que no tenía el daño secundario sufrido debido al tipo de transgresión
control. Puede ser que algunos miembros de la comuni- en cuestión, y el alcance de la restitución adeudada por
dad resulten más gravemente afectados que otros por un este daño variará con este factor.
tipo particular de daño secundario. Por ejemplo, si las La severidad de la pena o el alcance de la restitución
mujeres tienen más probabilidades de ser violadas que los debida por el daño secundario depende también de la im-
hombres, son ellas las que pueden experimentar un daño portancia de los intereses del delincuente que están en
secundario mayor en relación con este delito. Para garan- juego. Por ello, no podemos decir que determinado casti-
tizar que a nadie se le exija un sacrificio desproporciona- go o restitución será necesariamente adecuado para toda
do, tenemos que comparar el interés del delincuente con persona que comete un tipo particular de infracción. Por
los intereses de los miembros de la comunidad más afec- ejemplo, seis meses de prisión será un sacrificio mucho
tados por el daño secundario. mayor para un individuo que tiene una enfermedad ter-
La gravedad del daño secundario depende claramente, minal y solo le queda un año de vida que para una perso-
de una forma directa y fundamental, de la gravedad del na relativamente joven que goce de buena salud. Por lo
daño primario producido por el tipo de infracción de que tanto, debemos tener en cuenta el sacrificio que cualquier
se trate. Debido a que delitos tales como el asesinato, el exigencia dada impone al individuo y hacer los ajustes
secuestro y la violación producen daños muy graves, será necesarios.
razonable que hagamos todo lo posible para protegernos Es importante reparar en el hecho de que este tercer
contra ellos. La necesidad de defendernos contra delitos componente de la respuesta pública al mal que se des-
menores será, evidentemente, menos urgente. Como se- prende del paradigma del perdón también explica algunas
ñalé al ocuparme de las condiciones eximentes, la grave- de nuestras intuiciones morales en el ámbito de la justicia
dad del daño secundario se reduce cuando la probabili- retributiva que normalmente expresamos en términos de
dad de sufrir un daño como consecuencia de un determi- merecimiento. Solemos decir que las personas culpables
nado tipo de infracción disminuye. Además, la gravedad merecen castigo. La práctica esbozada aquí requiere que
del daño secundario varia con el coste y la dificultad de impongamos al delincuente la responsabilidad de restituir
evitar el tipo de victirnización en cuestión. Por lo tanto, a quienes han sufrido un daño secundario a consecuencia
un tipo de delito que es muy difícil de prevenir, como la de su infracción, aunque nuestro objetivo es aliviar el daño
suplantación de la identidad, puede suponer un daño se- sufrido por las víctimas del delito y no hacer que el delin-
cundario mayor que un tipo de delito que es más fácil de cuente sufra. La restitución a la víctima inmediata del daño
prevenir, como el robo de coches. Por último, la gravedad primario también es necesaria. Asimismo, decimos que es
del daño secundario varia con la frecuencia de la ofensa. incorrecto castigar al inocente porque no se merece el

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iVIARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

castigo. En el análisis presentado aquí, las personas ino- delictivos del paradigma del perdón incorpora algunas
centes no han infligido injustamente daño a nadie y no de las ideas centrales de estas posiciones retributivas.
tienen ninguna responsabilidad con respecto a la resti- En primer lugar, el análisis restaurativo de la respuesta
tución. Decimos que las personas que tienen excusas al delito que vengo proponiendo parece incluir aspectos
exculpatorias no merecen ser castigadas, y que los que que preocupan a los retribucionistas débiles. H.L.A. Hart
tienen excusas atenuantes merecen una pena menor que pensaba, sin duda, que para que el castigo esté justificado
los que no las tienen. El análisis presentado aquí tam- debe proporcionar beneficios concretos a los miembros
bién llega a estos resultados. Por último, se dice que el de la comunidad. Para el paradigma del perdón, el castigo
castigo que merece el delincuente es proporcional a la o alguna otra forma de restitución por el daño secundario
gravedad de su delito. U na vez más, mi análisis requiere responde al objetivo de compensar a los miembros de la
qut1 el sacrificio impuesto a los infractores sea, por lo comunidad, y estos tienen, obviamente, el interés huma-
general, proporcional a la gravedad del delito. Dado que no concreto de recibir tal restitución. Además, el análisis
esta práctica deriva del principio de justicia que surge que propongo incorpora los límites al castigo en los que
del paradigma del perdón, podemos decir que nuestro insisten los retribucionistas débiles: nunca castigaremos a
principio de justicia explica, a un nivel preinstitucional, sabiendas a los inocentes, pues estos no han infligido in-
muchas de la intuiciones morales más importantes que justamente ningún daño secundario a los miembros de su
tenemos en el ámbito de la justicia retributiva, incluidas comunidad; reconoceremos las condiciones eximentes tra-
las intuiciones acerca de la respuesta a la conducta dicionales; y mantendremos, en general, una respuesta a
delictiva. Una vez más, eLinterés fundamental de todos los actos delictivos que sea proporcional a la ofensa. Como
en tener la oportunidad de sacar el máximo provecho de se puede ver, puesto que he derivado cada aspecto de
nuestras vidas a través de nuestras decisiones y de nues- nuestra respuesta pública al delito de nuestro principio de
tro esfuerzo subyace a la justificación de esta práctica justicia, tenemos razones para creer que la distribución
social. de cargas y beneficios será justa.
. , La respuesta, aquí propuesta, a los actos delictivos, Por otro lado, el paradigma del perdón puede evitar
diverge claramente de los análisis retributivos en aspec- algunos de los problemas centrales que se le plantean al
tos importantes, sin desatender las preocupaciones cen- retribucionismo débil. Dado que tanto el «objétivo justi-
trales planteadas por los retribucionistas. Concluiré esta ficativo general» de la práctica como las características
sección comparando el análisis de la respuesta al delito estructurales derivan de nuestro principio de justicia y de
del paradigma del perdón con los análisis retributivos las actitudes básicas que dan lugar a este principio, elimi-
que hemos examinado. Para ello, tendré en cuenta y res- namos el problema del potencial conflicto entre los dife-
ponderé a algunas de las objeciones que estos teóricos rentes componentes justificativos de la práctica que pue-
podrían plantear a la posición que he desarrollado aquí. den darse en un enfoque bifurcado como el de Hart. Ade-
También mostraré cómo la respuesta pública a los actos más, al eliminar el componente utilitarista de la teoría,

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iYLARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

podemos evitar la objeción de que usamos a los delin- Sin embargo, el análisis propuesto aqui tiene varias ca-
cuentes como meros medios con el fin de obtener benefi- racterísticas en común con este tipo de teoría retributiva.
cios sociales. En un análisis restaurativo de la respuesta Nuestro análisis asume la idea de que hay un precio que
al delito, parece claro que no usamos a los delincuentes pagar por las infracciones penales que va más allá de la
de esta manera, sino que solo tratamos de anular los efec- simple reparación del daño primario causado a la victima
tos nocivos de su infracción. No los utilizamos para pro- inmediata. Cuando el castigo no produce ningún benefi-
ducir beneficios sociales positivos o para alcanzar nues- cio sustancial en un conjunto particular de circunstancias,
tros fines. En el contexto del paradigma de perdón, el de- se requiere alguna otra forma de restitución. Nuestro aná-
lincuente nos preocupa tanto como lo que hacemos a cual- lisis nos lleva a reconocer como delitos la mayor parte de
quier otra persona, y nos guia siempre el deseo de garanti- los que actualmente están reconocidos como tales en nues-
zar a cada cual (incluidos los delincuentes) los beneficios tro sistema de derecho penal. Y, de nuevo, requiere que
más fundamentales en la vida compatibles con beneficios las condiciones eximentes estándares sean reconocidas,
para todos. que no castiguemos nunca a sabiendas a un inocente y
El análisis restaurativo de la respuesta al delito difiere que la severidad de la pena sea, en términos generales,
significativamente de las simples teorías retributivas del proporcional a la gravedad de la ofensa.
castigo basadas en el merecimiento. En el contexto de El único aspecto en el que una teoría restaurativa del
una teoría del castigo basada en el merecimiento, se adopta castigo diverge significativamente de una teoría retributi-
la perspectiva enjuiciadora y se evalúan las acciones y va simple es en que la severidad de la pena variará no solo
actitudes ilícitas del delincuente. A continuación, este con la gravedad del daño principal que típicamente resul-
juicio desemboca en la imposición de sufrimiento en el ta del hecho delictivo, sino también con la tasa de crimi-
delincuente de manera proporcional a la gravedad del de- nalidad que tenga ese delito en una comunidad dada. De-
lito. Si estamos de acuerdo con el paradigma del perdón, bido a que los miembros de la comunidad experimentan
nuestra actitud hacia el ofensor será totalmente distinta. una mayor necesidad de defenderse cuando la tasa de
En lugar de la perspectiva enjuiciadora, adoptaremos la criminalidad es alta, el daño secundario será mayor y la
perspectiva de la identificación. Tendremos compasión necesidad de restitución de esta ofensa, más significati-
por el delincuente como ser sensible y lo respetaremos va. Por lo tanto, la severidad de la pena aumenta justa-
como ser humano digno y agente moral. No querremos mente cuando la frecuencia de determinado delito es tan
que sufra, ni creeremos que merezca intrínsecamente su- elevada que los miembros de la comunidad experimentan
frir por su delito, sino que le desearemos lo mejor y nos un aumento significativo de daño secundario. Por ejem-
preocupará su realización personal y su desarrollo moral. plo, supongamos que la suplantación de la identidad se
Le impondremos la carga de restituir el daño primario y el vuelve muy frecuente en nuestra sociedad, que tenemos
secundario solo porque es necesario para evitar que otros que tomar grandes medidas para protegernos de este deli-
tengan que soportar una carga mayor. to y que el funcionamiento normal de nuestra econornia

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~UffiGARET~HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

resulta significativamente dañado por ello. En este caso, minación de la gravedad de un delito determinado, pues,
el análisis restaurativo del castigo apoya un incremento parecería seguirse que debemos tener en cuenta no solo el
en la severidad de la pena en relación con la suplantación daño primario de una acción que recae sobre una víctima
de identidad, siempre que quepa esperar que tal incre- individual, sino también el daño secundario acumulado
mento tendrá un efecto disuasivo con respecto a esta ac- que recae sobre los miembros de la comunidad. Si evalua-
tividad. mos la gravedad de un delito en términos de los dos tipos
Los retributivistas podrían objetar aquí que el castigo de daño que produce, el análisis restaurativo puede de
siempre debe ser directamente proporcional a la gravedad hecho funcionar tmjor que el retribucionista, que se fun-
del delito, y que no puede depender de la tasa de crimina- damenta en el merecimiento en términos de relacionar la
lidad. Contra esto, cabe hacer dos consideraciones. La severidad del castigo (o la magnitud de la restitución re-
primera tiene que ver con la manera en que se determina querida) con la gravedad de la ofensa.
la gravedad del delito. Presumiblemente, la gravedad de En segundo lugar, cabe señalar que las víctimas de las
la infracción se debe medir, al menos en parte, por el al- infracciones penales deben ser tenidas en cuenta tanto
cance del daño que este tipo de acto es de esperar que como los delincuentes. Las teorías retributivas basadas
inflija en los demás. El asesinato es más grave que el robo en el merecimiento suelen centrarse de forma miope en
porque el primer delito supone más daño para la víctima los delincuentes. Sin embargo, para respetar a todas las
que el segundo. Y el asesinato de cinco personas es más personas como fines en sí mismos, también tenemos que
grave que el de una, debido a que se causa más daño en el tomar en consideración a los miembros de la comunidad.
primer caso que en el segundo. Si esto es así, entonces es Si tenemos en cuenta el interés que estos tienen en ser
lógico pensar que un tipo de delito que produce mucho restituidos del daño secundario que han sufrido, parece
daño secundario es más grave que uno que no lo hace. claro que la restitución debería ser mayor cuanto más gra-
Además, cabe tener en cuenta, para calcular la gravedad ve sea el daño secundario. Calcular sin más la severidad
de una ofensa, el daño acumulado de quienes han sido de la pena en términos de alguna medida preconcebida y
perjudicados. Por ejemplo, la evasión fiscal es un delito abstracta de la gravedad del delito equivale a afirmar que
sin víctimas inmediatas y el daño producido por una sola los miembros de la comunidad no deben ser compensa-
persona que evade impuestos es probablemente insignifi- dos cuando el daño secundario que se les ha infligido in-
cante (suponiendo que no se trate de Bill Gates). Sin em- justamente aumenta con una creciente tasa de criminali-
bargo, la evasión fiscal no se considera un delito comple- dad; tesis que sería difícil de justificar, además de que
tamente trivial, como sería de esperar si consideráramos entraría en conflicto con la tesis sobre el merecimiento
solo el daño que un delincuente hace individualmente. citada por Feinberg de que las personas merecen ser com-
Como agentes morales, somos responsables de tener en pensadas por el daño que han sufrido injustamente.
cuenta no solo los efectos individuales de nuestras accio- El análisis restaurativo de la respuesta al delito que
nes, sino también sus efectos acumulativos. En la deter- emerge del paradigma del perdón también difiere

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

significativamente de las teorías de la reciprocidad o de la Morris de que el ofensor tiene una deuda con la sociedad.
ventaja injusta del castigo, sobre todo en que no se basa El delincuente ha infligido un daño de manera injusta a
en la anulación de la supuesta ventaja injusta que el de- su víctima y un daño secundario a los miembros de su
lincuente obtiene sobre los ciudadanos respetuosos con comunidad, y les debe restitución por ambas formas de
la ley. Como señalé en la sección anterior, Russ Shaffer- daño.
Landau objeta a las teorías de la ventaja injusta que Una vez más, la comparación más interesante es entre
malinterpretan el tipo de daño involucrado en las infrac- el análisis restaurativo de la respuesta pública al delito y
ciones penales. El mal más fundamental involucrado en las teorías comunicativas o expresivas del castigo. Como
un delito es el daño a la víctima y, por lo tanto, no es se ha señalado, las teorías comunicativas parecen excesi-
adecuado caracterizar los delitos como ofensas oportu- vamente invasivas y no logran ser lo suficientemente res-
nistas. A diferencia de las teorías de la ventaja injusta, el petuosas con los delincuentes en tanto que agentes mora-
análisis restaurativo de la respuesta al delito del paradig- les autónomos. Aun así, los defensores del paradigma del
ma del perdón se centra de pleno en el daño que el ofensor perdón coinciden en algunos aspectos con estos teóricos.
inflige en otros; tanto en el daño primario a la víctima Desde el paradigma del perdón, podemos estar de acuer-
como en el secundario a los miembros de la comunidad. do en que es bueno para el infractor entender que su acto
Para el paradigma del perdón, el aspecto más fundamen- fue incorrecto, así como por qué estuvo mal y lo erróneo
tal del delito es que supone un daño que su receptores no que fue. Podemos coincidir también en que sería deseable
deberían haber sufrido, y nuestra respuesta al mal debe que el ofensor se arrepienta de sus actos y reforme sus
exigir al delincuente que haga reparaciones por ese daño, actitudes y patrones de conducta incorrectos. Y estamos
tanto a la víctima directa de su delito como a los miem- de acuerdo en que sería conveniente que el delincuente
bros de su comunidad. repare el mal realizado en la medida de sus posibilidades.
Sin embargo, el análisis restaurativo de la respuesta al (En el capítulo VIII, diré más acerca de cómo el estado
delito del paradigma del perdón también tiene algunos puede ayudar legítimamente al delincuente a abordar es-
puntos en común con las teorías de la reciprocidad. En el tas tareas). Sin embargo, dado que el paradigma del per-
contexto del paradigma del perdón, suscribiremos las dón incorpora el respeto fundamental por el delincuente
premisas básicas de que el estado es responsable de man- como agente moral autónomo, no puede imponerle un tra-
tener una distribución justa de las cargas y los beneficios to adverso contra su voluntad y manipularle para que cum-
entre los ciudadanos y de que la actividad criminal trastoca pla estos fines. Además, como señala Bennett, debemos
esa distribución. Aquí aspiramos a restaurar una distribu- respetarlo como agente moral plenamente competente. Y
ción justa de las cargas y los beneficios exigiendo a quie- no reconocerlo como tal supondría no poder considerarlo
nes injustamente han infligido pérdidas en otras personas responsable de su ofensa.
que les recompensen por esas pérdidas. Además, el análi- Con respecto a las teorías expresivas de castigo, desde
sis restaurativo puede dar un sentido claro a la tesis de el paradigma del perdón podemos estar de acuerdo en que

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IviARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

el estado debe expresar su claro compromiso con las nor- rrectas, ni debemos adoptar la perspectiva enjuiciadora.
mas morales articuladas en el derecho penal. Debe expre- En todo momento hay que reconocer al delincuente en su
sar la importancia que concede a estas normas morales y calidad de ser sensible y de agente moral, y dispensarle
considerar a sus ciudadanos como agentes morales que una actitud de respeto, compasión y auténtica benevolen-
son plenamente responsables de adherirse a ellas. Sin cia. (La única excepción a estas exigencias es la de la víc-
embargo, el análisis restaurativo de la respuesta al delito tima que debe aún completar el proceso de afrontar el
del paradigma del perdón diverge de las teorías expresi- mal, y tiene que hacerlo).
vas del castigo en dos aspectos importantes. En primer Bennett (entre otros) se refiere a la benevolencia que
lugar, el paradigma del perdón no considera que el deseo manifestamos ante el delincuente después de que haya pa-
de expresar estos compromisos de manera drástica o en- gado el precio del castigo, abogando por la reinserción del
fática suponga una justificación suficiente para imponer delincuente en la comunidad moral. Desde el paradigma
un trato adverso a los delincuentes. Dado que extende- del perdón, podemos aplaudir el deseo de ver al delin-
mos las actitudes de respeto, compasión y auténtica be- cuente reinsertado en la comunidad a largo plazo, pero
nevolencia a todas las personas por igual, no podemos mantendremos que nunca debería haber sido excluido de
utilizar a los individuos como meros medios para este fin. ella. Aunque se requiere que el delincuente asuma la car-
Para el paradigma del perdón, la única manera de justifi- ga de restituir a los demás por las pérdidas que ha causa-
car la imposición de una carga es que nos veamos obliga- do injustamente, nunca le retiraremos nuestra benevolen-
dos a hacerlo para prevenir un sufrimiento mayor o igual cia ni dejaremos de considerarlo un miembro pleno de la
en los demás. comunidad moral. En todo momento, le mostraremos ple-
En segundo lugar, en el contexto del paradigma del no respeto, compasión y auténtica benevolencia.
perdón, no suscribimos ninguna actitud de hostilidad, Hay dos objeciones al análisis restaurativo de la res-
desprecio o retirada parcial de la benevolencia hacia el puesta al delito que los defensores de las teorías
ofensor. No solo debemos abstenernos de expresar direc- comunicativas o expresivas del castigo pueden plantear.
tamente hostilidad hacia nadie, sino también de expresar La primera de ellas se refiere al hecho de que en el análisis
indirectamente desprecio por medio de la imposición de restaurativo de la pena concebimos el castigo como un
un trato adverso que simbolice la penitencia que se co- medio para que los delincuentes restituyan el daño secun-
rrespondería con el autodesprecio que supuestamente dario, si esto funciona razonablemente bien como un ele-
merecía por el delito que ha cometido. Mientras que los mento disuasivo para futuras infracciones penales. Teóri-
defensores de las teorías expresivas del castigo creen que cos como Duff, Hampton y Bennett mantienen que infli-
es un imperativo moral responder al mal moral con la re- gir castigo solo como elemento disuasivo es tan manipu-
tirada parcial de la benevolencia, para el paradigma del lador como incompatible con el respeto al delincuente en
perdón es moralmente inapropiado hacerlo. No debemos su calidad de agente moral responsable que puede y debe
confundir al infractor con sus acciones y actitudes inco- cumplir con las normas morales. Para Hampton, por ejem-

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l'YIARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

plo, «si el objetivo fuera prevenir el mal solo disuadiendo rica benevolencia a cada persona y manifestamos estas
de su comisión, estaríamos tratando a seres humanos del actitudes mediante la adopción de nuestro principio de
mismo modo que tratamos a los perros». (1984: 259) Y justicia, que recalca que todo individuo debe tener garan-
añade que: tizados los beneficios más fundamentales en la vida com-
patibles con los de los demás. En tal caso, ningún indivi-
de acuerdo con la teoría de la educación moral, el castigo no duo es considerado como un mero medio para fines aje-
debe interpretarse como una forma de condicionar a un ser humano nos. Nadie es manejado o manipulado para lograr un fin o
para que haga lo que la sociedad quiere (de la manera en que una una meta ulteriores, sino que el castigo del delincuente
cerca eléctrica condiciona a un animal para que se mantenga dentro cumple solamente la función de reparación del daño in-
de un pastizal) ... » (1984: 260) justamente infligido en los demás. Es importante recalcar
que, incluso en el caso ideal, cuando se lleva a cabo la
En lugar de considerar el castigo como un método para plena restitución a todos los que han sufrido daños pri-
el condicionamiento, debemos concebirlo como un méto- marios y secundarios, el delincuente no ha sido utilizado
do de comunicación con las personas en tanto que agen- para protJJover intereses ajenos. Como mucho, quienes han
tes morales. sido agraviados se quedan igual a como hubieran estado
Desde el paradigma del perdón, compartimos, por su- de no haber sufrido la ofensa.
puesto, el objetivo de respetar en todo momento a las Asimismo, es evidente que hay que respetar la autono-
personas como agentes morales autónomos. Tenemos claro mía de las personas. A diferencia de los animales, noso-
que no está justificado que adoptemos la actitud objetiva tros somos agentes morales autónomos que debemos ser
de Strawson y consideremos a las personas meramente respetados como tales. Para el paradigma del perdón, las
como seres susceptibles de ser manejados de la misma personas son respetadas como agentes morales autóno-
manera que manejamos a los animales. Además, no estará mos en tanto que les ofrecemos una justificación clara de
justificado que usemos a los delincuentes como meros me- las leyes y de las prácticas sociales y, en especial, de las
dios para crear beneficios sociales, mediante el estableci- que les imponen ciertas cargas, y la justificación ofrecida
miento de una práctica de castigo, simplemente con el fin les otorga un estatus de igualdad con cualquier otro agen-
de disuadir futuras infracciones penales. Esta es la exi- te moral. La práctica del castigo, cuando está justificada,
gencia moral específica que viola el análisis utilitarista del no es una excepción a esta regla. N o castigamos a los
castigo penal. Para respetar a las personas como fines en infractores solo para condicionarles a hacer lo que quere-
sí mismos, tenemos que reconocer que todas las personas mos que hagan, sino que les explicamos que han infligido
tienen un estatus moral y una dignidad intrínseca iguales, injustamente un daño secundario a los miembros de la
y que nadie debe ser considerado meramente como me- comunidad y que, aunque les tenemos respeto, compa-
dio para la consecución de un objetivo ulterior. En el pa- sión y auténtica benevolencia, lamentablemente tenemos
radigma del perdón, tenemos respeto, compasión y autén- que imponerles castigos con el fin de proporcionar a los

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lYIARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

miembros de la comunidad la repara'ción de este daño. nal solo si es un medio eficaz de disuasión de futuras trans-
Respet~mos, además, la autonomía de las personas ga- gresiones, y solo si no hay otro medio para exigir la resti-
rantizándoles su derecho a tomar sus propias decisiones, tución a los miembros de la comunidad que sea más be-
en la medida en que podemos hacerlo sin perjudicar a otras neficioso para ellos y no resulte más costoso para el in-
personas en este aspecto. Y, quizás lo más importan~e, les fractor.
respetamos como agentes morales autónomos al recono- Creo que Metz está en lo cierto al creer que una teoría
cerles como los autores de su propio desarrollo moral. del castigo como censura es la que mejor explica la intui-
Por último, es importante reconocer que, si considerá- ción mencionada, y puede ser que mucha gente comparta
ramos el uso de la disuasión y los incentivos como, en esta intuición. Sin embargo, hay dos respuestas a este ar-
cierto sentido, intrínsecamente incompatibles con el res- gumento. En primer lugar, el análisis restaurativo del cas-
peto a las personas como agentes morales autónomos, tigo está más próximo a explicar esta intuición de lo que
tendríamos que hacer cambios radicales en la mayoría de Metz reconoce, ya que cuando no se exige el castigo para
las áreas de nuestras vidas. Utilizamos la disuasión y los las infracciones realizadas sin justificación ni excusa, el
incentivos de manera generalizada en el sistema educati- ofensor es responsable de realizar la restitución de alguna
vo, los negocios, los impuestos, las competiciones depor- otra manera. Además, el alcance de esta restitución es
tivas a todos los niveles, la economía de libre mercado y proporcional al daño secundario sufrido por los miembros
en muchas otras áreas. de la comunidad. Así pues, el delincuente que es (razona-
Una segunda objeción que podrían plantear los defen- blemente) capaz de realizar algún tipo de restitución por
sores de teorías comunicativas o expresivas del castigo la el daño secundario causado tiene siempre la obligación
desarrolla con claridad Thaddeus Metz (2000: 502). Metz pro tanto de hacerlo.
argumenta que muchas personas tienen la intuición de que En segundo lugar, los casos en los que no se exige el
el estado tiene una obligación pro ta11to de castigar a todos castigo serán aquellos en los que alguna otra forma de
los que son culpables de infracciones penales y que debe restitución sea más beneficiosa para la comunidad, den-
hacerlo proporcionalmente a su culpabilidad. Además, tro de los límites al sacrificio justo que podemos exigir al
sostiene que una teoría expresiva o que concibe el castigo delincuente. En casos de este tipo, tenemos un principio
como censura explica más adecuadamente esta intuición para abandonar el castigo e imponer en su lugar el requisi-
que cualquier otro análisis moral del castigo. Si sostene- to que sea mutuamente más beneficioso. Si extendemos
mos que el estado tiene la responsabilidad de censurar las la actitud de respeto, compasión y auténtica benevolen-
infracciones penales proporcionalmente a su grado de cia a todas las personas por igual, tendremos motivos para
ilicitud y que esto es lo que justifica el castigo, entonces hacer que la vida de todos sea lo mejor posible,
el castigo proporcional es, a jorti01i, una requisito pro tanto compatibilizando los mismos beneficios para todos. Así
en la respuesta a la infracción penal. Por otro lado, una pues, estaremos siempre motivados a reducir al mínimo
teoría restaurativa del castigo impondrá una sanción pe- las cargas que infligimos a las personas cuando sea posi-

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N~GARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

ble, sin perjudicar injustamente a los demás. Por lo tanto, Pero la objeción planteada aquí es correcta en lo que
tenemos razones de peso para creer que la creencia intuitiva respecta a las formas de restitución que no implican la
que Metz utiliza como base de su argumento debería prevención de infracciones futuras por medio de la inca-
revisarse de esta manera. pacitación o de la disuasión. El paradigma del perdón
Por último, alguien que suscribe una teoría retributiva no tiene com<D objetivo hacer que el delincuente sufra,
de cualquier tipo puede objetar al análisis que aquí se pre- sino aliviar el sufrimiento injusto de la víctima. Que al-
senta que la restitución la podría hacer una persona dis- guien que no sea el condenado quiera restituir a los agra-
tinta del delincuente. Un evaluador anónimo de Cambridge viados por el delito sufrido no impide que se realice este
University Press articula con meridiana claridad este tipo fin. Desde el paradigma del perdón, nuestra única pre-
de objeción: ocupación al respecto es que el delincuente podría cre-
cer moralmente si es él mismo quien realiza la restitu-
La lógica de la restitución no requiere que quien ha agraviado ción. Teniendo en cuenta la actitud de respeto, compa-
injustamente a otra persona tenga que ser él mismo quien realice la sión y auténtica benevolencia hacia el delincuente pro-
restitución; su tío rico puede hacerlo por él. Así, incluso si uno es fesada, no querremos que sufra, pero nos preocupará sin-
responsable, según la lógica de la teoría de la restitución, de ir a la ceramente su desarrollo moral y personal. Si el tío rico
cárce~ sería permisible, en principio, que alguna otra persona que adopta las actitudes de respeto, compasión y auténtica
no fuera el delincuente lo hiciera en su nombre. benevolencia hacia el infractor, tendrá en cuenta el cre-
cimiento moral de este cuando decide compensar él mis-
En respuesta a este argumento, cabe señalar que, en el mo a las víctimas. Sin embargo, independientemente de
contexto del paradigma del perdón, enviar a alguien a la la decisión del rico tío y de cómo nos gustaría que fuera
cárcel (cuando esta respuesta está justificada) supone pro- el desarrollo interior del delincuente, el respeto a la au-
porcionar protección a los miembros de la comunidad con- tonomía de los agentes morales nos impide usar el apa-
tra futuras infracciones penales, para compensar el daño rato coercitivo de la ley para tratar de forzar este desa-
secundario que han sufrido. N o está claro que sea efectiva rrollo moral en el delincuente.
algún tipo de disuasión general si enviamos a la cárcel a Mi examen de las leyes básicas y de las prácticas socia-
otros en sustitución de los delincuentes, bajo el supuesto les que surgen en el paradigma del perdón como respues-
de que tales voluntarios existieran. Y, lo más importante, ta pública al mal ha finalizado. He sostenido que esta tie-
parece claro que de esta manera no se da ningún tipo de ne tres componentes: la prevención del delito, la restitu-
disuasión especial. Por último, es evidente que los miem- ción por el daño primario injustamente infligido y la resti-
bros de la comunidad no estarían protegidos con respecto a tución por el daño secundario injustamente infligido. La
la incapacitación del infractor si va otra persona a la cárcel exigencia de restituir un daño secundario injustamente in-
en su lugar. Por lo tanto, parece muy improbable que se dé fligido, al igual que los dos primeros componentes de la
esta situación en relación con la práctica penal. respuesta pública al mal, refuerza la respuesta a la acusa-

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MARGARETR.HOLÑIGREN

ción de Kekes de que no seremos capaces de responder


adecuadamente al mal que encontramos en el mundo si
adoptamos una versión de la moral de la elección. Con la VIII. La justicia restaurativa: la respuesta pública al mal
combinación de estos tres componentes, creo que el pa- y el proceso de afrontar el mal
radigma del perdón es capaz de proteger adecuadamente
del daño innecesario a nuestros ciudadanos (y a otros se-
res u objetos que valoramos). Cabe señalar que el hecho
de que nuestra respuesta a la conducta criminal sea pro-
porcional al daño secundario que sufren los miembros de
la comunidad fortalece nuestra posición para hacer frente
a la acusación de Kekes sobre la protección de los ciuda-
danos inocentes. A medida que aumenta nuestra necesi-
dad de protección contra cierto tipo de delito, el daño
secundario crece y se justifica el aumento de la pena (u Nuestro escrutinio del paradigma del perdón no estará
otro tipo de restitución por el daño secundario) para este completo si no nos ocuparnos del movimiento por la jus-
tipo de delito. Además, el énfasis que el paradigma del ticia restaurativa o reparativa, ni aventuramos algunas
perdón pone en la prevención, así como nuestras actitu- indicaciones sobre cómo implementar la respuesta públi-
des coherentes de respeto, compasión. y auténtica bene- ca al mal. El movimiento por la justicia restaurativa ha
volencia para con los delincuentes mejorará nuestra ca- recibido mucha atención en la bibliografía reciente y su
pacidad de prevenir los daños innecesarios. Estas carac- desarrollo es cada vez mayor y está originando nuevas
terísticas del paradigma del perdón no solo eliminan el vías en la práctica de la justicia penal de muchas jurisdic-
sufrimiento innecesario impuesto por las actitudes retri- ciones en el mundo. Es importante percatarse del hecho
butivas de hostilidad y de desprecio, sino que también de que hay ciertas diferencias entre las diversas -y a veces
deben ser eficaces para motivar a las personas a lidiar con divergentes- propuestas hechas desde esta posición (véa-
el mal de una manera decididamente constructiva. Así se Johnstone 2002: 11), que no trataré de recoger aquí.
pues, podemos esperar que el paradigma del perdón fun- Para nuestros propósitos, será suficiente explicar cómo el
cionará, por lo menos, tan bien, o mejor, que las posicio- paradigma del perdón incorpora algunas de las tesis cen-
nes retributivas en este sentido. En el siguiente capítulo, trales de este movimiento, si bien con algunas precisio-
me ocuparé de cómo perfilar las prácticas que he propuesto. nes. El examen de estas cuestiones nos dará la oportuni-
dad de considerar con más detalle cuál debe ser la
implementación de la respuesta pública al mal en el con-
texto del paradigma del perdón, cuyos refinamientos deri-
van en parte del proceso de afrontar el mal descrito en los

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1-IARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

capítulos III y N, y en parte de las actitudes básicas que En concreto, Christopher Bennett resume las tesis
fundamentan dicho paradigma. centrales del movimiento por la justicia restaurativa de
Por lo general, asumimos que cuando un indivi- esta manera:
duo comete un delito se le debe juzgar en un tribunal
penal y castigar si es condenado. Los defensores de la (a) el derecho penal debería centrarse más en las necesidades de
justicia restaurativa consideran, sin embargo, que este la víctima de lo que lo hace actualmente; (b) el derecho penal debería
es un procedimiento indirecto, demasiado formal y con- centrarse más en las necesidades de los delincuentes para volver a
traproducente. En lugar del juicio penal formal seguido ser aceptados o integrados en la comunidad moral; (e) los
de algún tipo de castigo impersonal, los defensores de la delincuentes tienen la responsabilidad de reparar el daño causado a
justicia restaurativa proponen un encuentro cara a cara la víctima; y (d) estos objetivos pueden alcanzarse mejor si se deja
informal entre el ofensor y la víctima, y quizás entre el la justicia, tanto como sea posible, en manos de los ciudadanos.
ofensor y los miembros representativos de la comunidad (2008: 21)
.. afectados por el delito. Los responsables públicos deben
estar presentes en los encuentros, pero solo como inter- A esta lista añadiremos una quinta tesis central: (e) el
mediarios. Idealmente, en estos encuentros el ofensor estado no debería encargarse de administrar dolor y ten-
aceptará la responsabilidad de su ofensa, explicará a la dría que tratar de favorecer una resolución de los delitos
víctima por qué actuó como lo hizo, y pedirá sincera- que fuese más constructiva para todos los implicados que
mente perdón por haber actuado mal y haber dañado a las formas tradicionales de castigo.
la víctima. También se ofrecerá a reparar el daño produ-
cido. Por su parte, la víctima explicará con cierta pro- Las necesidades de la víctima
fundidad al ofensor cómo se ha visto afectada por la in-
fracción y cuál es su perspectiva sobre la cuestión de la Ya debería resultar evidente que el paradigma del per-
restitución por el daño sufrido. Las partes en el debate dón incorpora importantes elementos de cada una de es-
llegarán a un acuerdo sobre los pasos que el ofensor pue- tas tesis. La primera es que el derecho penal debería aten-
de dar para enmendar sustancialmente el daño produci- der más de lo que lo hace actualmente a las necesidades
do. Esta mismfl clase de comunicación puede tener lu- de la víctima. Sin duda, el paradigma del perdóh suscribe
gar entre el ofensor y los miembros de la comunidad afec- esta tesis. Cabe reparar en el hecho de que tanto las acti-
tados. Algunos defensores de la justicia restaurativa creen tudes reactivas retributivas como las teorías retributivas
que este tipo de procedimiento informal o personal de- del castigo se centran, a menudo, en el ofensor. La actitud
bería reemplazar, en buena medida, nuestro sistema pe- de resentimiento se focaliza en lo que este hizo y en que,
nal actual, mientras que otros piensan que debería ser como agente moral, podía y debía haber actuado de otro
solo un complemento para los casos en los que sea más modo. Y algunas teorías retributivas del castigo se cen-
prometedor y apropiado. tran en el hecho de que el delincuente ha actuado mal y

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~UffiGARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

merece sufrir por ello. Puede decirse que, al poner el foco re el daño secundario causado injustamente a los miem-
en el ofensor, nuestro sistema legal descuida a la víctima. bros de la comunidad no es infligirle un sufrimiento que
Por el contrario, en el paradigma del perdón, nuestras ac- creemos merece, sino sencillamente mitigar una pérdida
titudes tant~ hacia los ofensores como hacia las víctimas
1

injusta en todos aqttellos q11e han stifiido 1111 daiio secmtdmio.


son las actitudes sistemáticamente positivas de respeto, Entre quienes escriben sobre la justicia restaurativa,
compasión y auténtica benevolencia. Nos preocupan tan- se ha señalado, con acierto, que hacemos un flaco favor a
to las víctimas como los ofensores, en la medida en que la víctima directa de un delito respondiendo a la infrac-
podemos compatibilizar los intereses más fundamentales ción de una manera que hace improbable que esta sea
en la vida de todos. El único requisito que imponemos a restituida por su pérdida primaria. El paradigma del per-
los ofensores en el contexto de este paradigma es la resti- dón también nos lleva a esta conclusión. El estado no
tución por el perjuicio causado a los demás, concretamente tiene que pasar por alto la necesidad de la víctima de ser
en beneficio de quienes han resultado adversament~ afec- restituida por el daño primario cuando busca la restitu-
tados por estos actos. Así pues, nuestra respuesta pública ción del daño secundario a los miembros de la comuni-
al mal se centra en las víctimas de los delitos. dad. Nuestro principio básico de justicia nos dicta que no
De hecho, los tres componentes de la respuesta públi- debe exigírsele a una persona el sacrificio de un interés
ca al mal del paradigma del perdón se orientan hacia las importante para que otros saquen un beneficio menor. Por
víctimas, reales o potenciales. El primer componente es lo tanto cuando la necesidad de la víctima directa de ser
la prevención, que sirve a las necesidades de quienes se- '
restituida de un daño primario es más fundamental que la
rían, si no, las víctimas del mal. Una de las cosas más de la comunidad con respecto a un daño secundario, como
importantes que podemos hacer por los demás es tratar será el caso a menudo, el estado debe priorizar la restitu-
de prevenir situaciones que les convertirían en víctimas. ción a la víctima directa del delito.
Se trata de proteger a las personas del daño que no debe- En relación con esto, los defensores de la justicia
rían sufrir (así como, cuando sea posible, ahorrar a los restaurativa han defendido también que a la víctima del
ofensores potenciales la agonía del mal y sus dificultades delito debería otorgársele un estatus más importante que
concomitantes). El segundo componente atiende también al mero testigo de la ofensa. De nuevo, el paradigma del
las necesidades de la víctima: el ofensor debe restituir a la perdón suscribe esta tesis. En el contexto de la respues-
víctima por el daño primario que le ha causado injusta- ta pública al mal que surge del paradigma del perdón, la
mente. La víctima no debería haber sufrido la pérdida que víctima directa no es solo testigo de la ofensa, sino que
el ofensor le ha producido, y el ofensor es responsable de debe ser restituida por la pérdida primaria que ha sufri-
compensar esta situación. Finalmente, el tercer compo- do. Por ello, el estado debería garantizar que la naturaleza
nente de la respuesta pública al mal también atiende a las de su pérdida primaria sea plenamente reconocida, y que
víctimas del mal; en este caso, a los miembros de la co- se le pregunte de qué manera se vería mejor restituida por
munidad. Nuestra intención al exigir al ofensor que repa- esta pérdida. Además, el estado debería vigilar que el

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:MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

ofensor lleve a cabo, de hecho, la restitución, dentro de porcionar, por lo menos, el reconocimiento, la legitima-
los limites del sacrificio razonable. ción y la seguridad a las víctimas del mah>. (2006: 222) Si
También se ha señalado que deberíamos tratar a las la comunidad tiene respeto, compasión y auténtica bene-
víctimas de un delito de un modo mucho más respetuo- volencia por las víctimas, reconocerá claramente sus ne-
so de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Quienes han cesidades y les dará respuesta de la manera que propone
sido dañados por un delito suelen ser tratados de un Walker.
modo irrespetuoso, hasta el punto de que se sienten tan
victimizados por el procedimiento penal como por la Las necesidades del culpable para obtener la readmi-
ofensa original. Una vez más, el paradigma del perdón sión en la comunidad
exige que mantengamos una actitud de respeto, de com-
pasión y de auténtica benevolencia hacia las víctimas La segunda tesis central del movimiento de la justicia
del delito (así como hacia los ofensores) en todas las restaurativa es que el derecho penal debería centrarse
facetas de la respuesta pública al mal. El respeto, la com- más en la necesidad del ofensor de volver a ser aceptado
pasión y la auténtica benevolencia para con la víctima o integrado en la comunidad. El paradigma del perdón,
suponen el recordatorio de que, dependiendo del tipo que rechaza las actitudes reactivas retributivas, suscribe
de ofensa sufrida, la víctima puede haber sufrido un gran decididamente esta tesis. Aunque hemos reconocido que
trauma y necesitar una forma especial de ayuda. Tam- es probable que quienes son personalmente perjudica-
bién deberíamos recordar que es probable que la vícti- dos de manera no trivial sientan una actitud inicial de
ma sufra problemas emocionaks, inseguridad y baja resentimiento y puedan necesitar un proceso de asimila-
autoestima a resultas de la ofensa. Es importante, por lo ción del daño sufrido, hemos defendido que es apropia-
tanto, que se le ofrezca la ayuda que necesita y que to- do y deseable, desde un punto de vista moral, adoptar
dos los implicados en cualquier aspecto del proceso la una actitud de perdón genuino incondicional hacia el
traten de una manera respetuosa y compasiva que refle- ofensor. Además, es moralmente apropiado que quienes
je un interés genuino en su bienestar, así como el reco- no están afectados personalmente por el delito no dejen
nocimiento de su dignidad como persona y el respeto de de considerar al ofensor con respeto, compasión y au-
su autonomía. téntica benevolencia. Como he señalado, si todas las
Por último, Margaret Urban Walker ha señalado que personas mantuvieran las actitudes suscritas por el pa-
las comunidades tienen un papel importante en la satis- radigma del perdón, no sería necesario que el ofensor
facción de las necesidades de las víctimas, especialmen- fuese <<reintegrado» en la comunidad, porque nunca hu-
te si los ofensores no lo hacen. Afirma que «cuando quie- biera sido excluido de ella.
nes son más claramente responsables del daño están au- Si bien puede que ciertas personas no reaccionen ante
sentes, no están disponibles o no responden ... entonces el ofensor de esta manera ideal, el estado puede y debe
las comunidades deberían, por defecto, esforzarse en pro- asegurarse de que sus propias actitttdes hacia el ofensor

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MARGARET R. HOUviGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

sean las moralmente apropiadas. No solo deben respe- Dejemos que las cosas de la justicia las arreglen los
tarse sus derechos, sino que también todos los implica- ciudadanos por sí mismos
dos en el sistema legal deben considerar al ofensor con
respeto, compasión y auténtica benevolencia. Deben mos- La cuarta tesis central del movimiento de la justicia
trar un interés y un respeto genuinos por el ofensor como restaurativa -que debemos dejar que los ciudadanos arre-
persona, y tratar de hacer su vida tan buena como sea glen las cosas de la justicia en la medida de lo posible- es
posible dentro de los límites de las exigencias de la justi- la tesis que requerirá más reservas desde el paradigma del
cia. Adoptando las actitudes moralmente apropiadas ha- perdón. Se ha escrito mucho acerca de esta tesis y no la
cia los ofensores, los implicados en el sistema jurídico da- examinaré en detalle aquí. Para nuestros propósitos, será
rán ejemplo a los demás. Si el estado considera al ofensor suficiente reparar en los aspectos de esta tesis que pode-
con auténtica benevolencia, se verá motivado a hacer todo mos aceptar y en los que cabe matizar, desde el paradig-
lo que pueda, teniendo en cuenta la limitación de recur- ma del perdón. Ciertos participantes en el movimiento de
sos, para favorecer la reintegración del ofensor en la co- la justicia restaurativa pueden aceptar lo que se dirá aquí;
munidad. Como defenderé en breve, el estado puede pro- otros, no. Hay, sin duda, cierto espacio para el tipo de
piciar la readmisión del ofensor por parte de los afectados resolución personal de los delitos propuesto por los de-
por el delito por medio del tipo de encuentros cara a cara fensores de la justicia restaurativa en el contexto del pa-
propuestos por los defensores de la justicia restaurativa. radigma del perdón, pero empecemos examinando algu-
nos aspectos de esta cuarta tesis que requieren ser afina-
La responsabilidad del culpable hacia sus víctimas dos.
Lo primero que hay que señalar es que, para el para-
La cuarta tesis central del movimiento de la justicia digma del perdón, debemos respetar la autonomía tanto
restaurativa es que los ofensores tienen la responsabili- del ofensor como de la víctima. Las actitudes reactivas
dad de hacer reparaciones. Esta tesis es central para el retributivas incorporan la exigencia de que el ofensor re-
paradigma del perdón, pues dos de los tres componentes conozca sus actos indebidos y se arrepienta, y refuerza
de su respuesta pública al mal se basan enteramente en esta exigencia con la retirada de la benevolencia, al me-
esta premisa. En el contexto del paradigma del perdón, nos parcial y temporalmente. Por el contrario, desde el
no imponemos consecuencias negativas a los ofensores paradigma del perdón, consideramos, sin variación, al
más allá de requerirles que cumplan con su responsabili- ofensor con respeto, compasión y auténtica benevolen-
dad de reparar el daño que han causado a los demás. Pero cia. Aunque reconocemos que el ofensor debería arrepen-
esto es algo que se les exige, para garantizar un beneficio tirse y disculparse, también le respetamos como autor de
fundamental para todos: la oportunidad de sacar el mayor sus propias actitudes. No tratamos de forzarle o manipu-
beneficio de nuestras vidas por medio de nuestras elec- larle para que se arrepienta. Por ello, no podemos exigirle
ciones y de nuestro esfuerzo. o apremiarle a que participe del tipo de comunicación di-

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

recta, cara a cara, concebido por los defensores de la jus- desacuerdo entre los participantes sobre si el ofensor fue
ticia restaurativa. Si, como resultado de un juicio justo, responsable de la infracción y, si es así, en qué medida.
determinamos que el ofensor debe compensar a los de- También puede haber desacuerdo en la magnitud del daño
más por un daño primario y secundario, podemos exigirle causado a la víctima directa y a los miembros de la comu-
que lleve a cabo una restitución dentro de los limites ra- nidad, o en el tipo de restitución que cabe esperar. E in-
zonables del sacrificio. Pero sus actitudes las tiene que cluso si se alcanza el acuerdo en estos temas, el ofensor
determinar él. puede no seguir adelante con la reparación acordada.
Asimismo, aunque hemos defendido que es apropia- También es importante señalar que, incluso cuando
do y deseable que la víctima avance en el proceso de existe un acuerdo inicial en estas cuestiones, tanto el
afrontar el mal y alcance un estado de perdón genuino ofensor como aquellos a quienes ha dañado pueden cam-
incondicional, el respeto a la autonomía de la víctima biar de opinión según avanzan en el proceso de afrontar
requiere que no se la fuerce o presione a hacerlo. Puesto el mal. En el momento de la comunicación inicial, el in-
que deberíamos respetar su derecho de determinar sus fractor puede no reconocer todavía la magnitud del daño
actitudes, y dado que -como defendí en el capítulo III- que ha causado a los demás, o, por el contrario, puede
puede ser perjudicial para la víctima intentar perdonar sentirse excesivamente culpable y exagerar el alcance de
al ofensor antes de estar lista para ello, deberíamos per- su mala acción. También puede estar demasiado ansioso
mitir que las víctimas determinen libremente su actitud por complacer al infractor, o por asegurarse su perdón. A
hacia el ofensor en cada momento. A la luz de esto, los medida que avanza en el proceso de afrontar el mal, pue-
encuentros directos entre los ofensores y sus víctimas de conseguir una comprensión más realista de lo que ha
deben ser plenamente voluntarios. Un juicio penal for- hecho y de su deuda con la víctima.
mal en el cual determinamos con justicia cuánta repara- Del mismo modo, la víctima puede cambiar de idea
ción (si la hay) se le debe a las víctimas es la posición según avanza en el proceso de afrontar el mal. Inicial-
por defecto cuando una o varias de las partes implicadas mente, puede sentir demasiado resentimiento hacia el
no quieren participar en la clase de comunicaciones in- ofensor o tener una visión exagerada de la magnitud del
formales y directas propuestas por los defensores de la daño sufrido. Por otro lado, puede estar inclinada a con-
justicia restaurativa. ceder un perdón prematuro, de la manera descrita en el
En segundo lugar, tenemos que volver a los procedi- capítulo III. Puede tener una baja autoestima, no darse
mientos penales formales si el tipo de encuentro directo cuenta de que ha sido realmente agraviada o no recono-
propuesto por los defensores de la justicia restaurativa cer que se le debe una reparación por su pérdida. Puede
desemboca (o es probable que lo haga) en el desacuerdo sentir que sus necesidades y sus sentimientos no son tan
entre las partes involucradas o estas no siguen adelante importantes como los del infractor. O puede sentir que
con el acuerdo alcanzado. En el contexto de un encuen- tiene el «deber» de perdonar y creer, equivocadamente,
tro cara a cara entre el infractor y la víctima, puede haber que el perdón constituye una disposición a renunciar a la

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.MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

restitución41 • En este tipo de casos, la víctima puede que Dicho esto, no obstante, el paradigma del perdón sus-
desee modificar lo que ha dicho en su comunicación ini- cribe claramente el tipo de encuentros informales cara a
cial con el ofensor según avanza en el proceso de afrontar cara preconizados por el movimiento de la justicia
el mal. El mismo razonamiento se aplica a los miembros restaurativa en muchas circunstancias. Consideremos,
de la comunidad que sufren un daño secundario como pues, los encuentros de este tipo que son parte de la reso-
resultado del delito. lución del daño primario y del secundario. Ciertamente,
Para acomodar estas posibilidades, es aconsejable de- es posible que las comunicaciones directas, interpersonales,
jar pasar cierto tiempo entre la comunicación inicial en- entre el ofensor y su víctima inmediata funcionen bien.
tre el ofensor y la víctima y el momento en el que cabe Ambas partes pueden ponerse de acuerdo en la naturale-
dar por concluido el acuerdo, para asegurar que las par- za de la ofensa, la magnitud del daño primario y en la
tes involucradas sigan de acuerdo en cuanto a la natura- restitución justa, y el infractor puede realizar las repara-
leza del mal y su resolución adecuada. Cuando surge un ciones que se han acordado. Cuando sea de esperar que
desacuerdo entre las partes, o cuando el ofensor no lleva un encuentro entre el ofensor y la víctima proceda de esta
a cabo su reparación después de alcanzar un acuerdo cla- manera, el tipo de comunicación directo, interpersonal,
ro, el estado tiene la obligación de intervenir y resolver la propuesto por los defensores de la justicia restaurativa
disputa por medio de los procedimientos judiciales tradi- parece claramente preferible a un juicio formal. Además
cionales. de proporcionar una resolución justa del daño primario
Por último, debido a las complicaciones que pueden que fue infligido indebidamente en la víctima, un encuen-
surgir, es esencial para todas las partes ser informadas tro de este tipo proporciona oportunidades importantes
sobre sus derechos procesales antes de que se lleve a cabo tanto para el ofensor como para la víctima. Al ofensor, le
la primera la comunicación. Las partes deben saber que la da la oportunidad de expresar su remordimiento más sin-
participación en este proceso es estrictamente voluntaria cero ante la víctima, de saber cómo le afecta a esta la
y que pueden retirarse del mismo en cualquier momento. infracción y de conocer qué reparaciones sustantivas por
Y deben ser informadas de su derecho a un juicio penal y el daño primario sufrido desearía la víctima. A la víctima,
a asesoramiento legal durante todas las fases del proceso. le da la oportunidad de explicar al ofensor cómo se vio
No deben sufrir ninguna consecuencia adversa si deciden afectada por el delito, de saber qué le llevó a cometerlo y
volver a un juicio penal. Y deben ser informados con an- de confiarle sus necesidades y sentimientos actuales. Por
telación de la naturaleza del procedimiento informal y de último, un encuentro de este tipo proporciona una opor-
sus posibles resultados. tunidad de mantener una buena relación entre la víctima
y el ofensor; una relación caracterizada por el respeto, la
compasión y la auténtica benevolencia mutuos.
41 Como hemos visto, incluso una fllósofa consumada como Claudia Card
puede creer que el perdón comporta la voluntad de renunciar a la restitución.
En casos especiales también es pos~ble que la víctima
Véase Card 2002: 211. · que ha avanzado en el proceso de afrontar el mal elija, de .

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N~GARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

una manera informada, lúcida y emocionalmente madu- cundario parece poco probable que todos ellos accedan a
ra, renunciar en parte o por completo a que se le restituya renunciar a la restitución por este daño.
por el daño primario. Una persona que adopta una actitud Sin embargo, el paradigma del perdón proporciona es-
de perdón incondicional genuino hacia su agresor puede pacio moral para el manejo informal de los delitos, como
querer participar en un acto de misericordia de este tipo, proponen los defensores de la justicia restaurativa. Como
o recibir completa reparación por su pérdida. Ambos cur- ya hemos señalado, en el contexto del paradigma del per-
sos de acción son totalmente compatibles con una acti- dón, la única razón por la que impondremos una conse-
tud de perdón genuino incondicional y la decisión de la cuencia negativa a un delincuente en el proceso de afron-
víctima es probable que dependa de su percepción de la tar el daño secundario que ha infligido injustamente en
importancia relativa de los intereses en juego, tanto suyos alguien es proporcionar algún tipo de beneficio a los miem-
como del ofensor. En cualquier caso, los actos de miseri- bros de la comunidad que les compense por la pérdida
cordia lúcidos, emocionalmente maduros, son admirables secundaria que no deberían haber sufrido. Por lo tanto,
y ejemplifican muy bien las actitudes básicas de respeto, con el fin de determinar la respuesta pública apropiada al
compasión y auténtica benevolencia. Y, cuando se llevan delito, debemos ocuparnos de una cuestión empírica: he-
a cabo en el contexto de la comunicación directa mos de determinar qué método de respuesta a una ofensa
interpersonal entre el infractor y la víctima, serán~ espe- dada producirá el mayor bien para los miembros de la co-
cialmente beneficiosos para ambas partes. Cada parte pue- munidad, dentro _de los limites del sacrificio razonable-
de experimentar un crecimiento personal significativo a mente exigibles al ofensor. Los economistas, los
resultas de este tipo de interacción. criminólogos y los sociólogos serán los encargados de ofre-
Consideremos ahora la resolución del daño secunda- cernos las mejores soluciones a este tipo de cuestión, y el
rio. Aqui, la situación es más compleja. Si nuestro análisis desarrollo completo del paradigma del perdón se apoyará
del daño secundario es correcto, los delincuentes infligen en gran medida en las ciencias empíricas a este· respecto.
daño a la comunidad en su conjunto, además de perjudi- Basta decir que el tipo de procedimientos informales pro-
car a las víctimas directas de los delitos cometidos. Con el puestos desde la justicia restaurativa será suscrito por el
fin de garantizar que los ciudadanos no reciben una carga paradigma del perdón siempre que constituya el método
injusta por tener que absorber las pérdidas secundarias más eficaz para restituir el daño secundario dentro de los
que se les inflige, el estado debería exigir al delincuente limites .del sacrificio exigible al ofensor.
que restituya el daño secundario, en la medida que sea Parece razonable creer que los procedimientos propues-
capaz de hacerlo y sin sobrepasar los limites de un sacrifi- tos por los defensores de la justicia restaurativa cumplen
cio razonable. Y, mientras que las víctimas individuales estas condiciones cuando hacemos frente a ciertos gru-
de delitos pueden decidir misericordiosamente renunciar pos de delincuentes -por ejemplo, los delincuentes juve-
a la restitución que se les debe por el daño primario sufri- niles, o aquellos que cometen delitos menos graves por
do, dado el número de personas que sufren un daño se- primera vez y luego muestran remordimiento genuino-.

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MARGARET R. HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

En algunos casos, la comunidad puede obtener benefi- encuentros informales ideados por el movimiento por la
cios más duraderos si solo se exige al delincuente que se justicia restaurativa en lugar de un juicio penal o como
reúna cara a cara con la víctima inmediata de su delito y requisitos impuestos al ofensor después de que el jui-
repare el daño causado. Si las reparaciones directas a la cio haya terminado, es probable, en cualquier caso, que
víctima son el procedimiento que más probablemente haga desempeñen un papel importante en este proceso. Tam-
del delincuente un ciudadano productivo y respetuoso de bién pueden proporcionar otros beneficios importantes
la ley en el futuro, tal vez la comunidad se beneficie en para el infractor en su desarrollo como persona y como
mayor grado adoptando este enfoque. En otros casos, el agente moral. Además, es probable que este tipo de en-
beneficio para la comunidad en su conjunto puede ser cuentros sea importante para las personas agraviadas (tanto
mayor si el delincuente se reúne cara a cara con algún para las víctimas inmediatas como para los miembros de
representante de la comunidad, además de con la vícti- la comunidad) en su avance en el proceso de afrontar el
ma, o solo con miembros de la comunidad, cuando la víc- mal sufrido, y para proporcionarles beneficios adiciona-
tima no quiere o no puede participar. En estos casos, es les. Consideremos, a su vez, los beneficios potenciales de
más probable, de nuevo, que el uso de un procedimiento estos encuentros para el infractor, la víctima inmediata y
informal convierta al delincuente en un ciudadano con- los miembros de la comunidad.
tributivo y respetuoso con la ley, y que este resultado sea Teniendo en cuenta que como agente moral el ofensor
el más beneficioso para la comunidad. Tanto la víctima es responsable de emprender el proceso de afrontar el mal,
inmediata del delito como los miembros de la comunidad y dado que el estado está obligado a respetarlo como agen-
pueden sacar provecho de una mejor comprensión del te moral, cabe afirmar que el estado debe hacer todo lo
motivo del crimen y del sentido de confianza renovada en posible (dentro de los límites impuestos por los recursos
el delincuente que puede resultar de estos encuentros. disponibles) para proporcionar al ofensor la oportunidad
Pero, independientemente de si un caso penal debe de completar este proceso. Una vez más, para respetar al
abordarse desde el tipo de encuentros cara a cara defendi- ofensor como agente moral autónomo, debemos recono-
dos por el movimiento por la justicia restaurativa o me- cer que es el autor de su propio desarrollo moral. N o de-
diante un juicio penal formal seguido de una sentencia, beríamos, por lo tanto, exigirle que lleve a cabo este pro-
los defensores de la justicia restaurativa señalan algo ex- ceso, salvo en lo respectivo a las reparaciones que debe
tremadamente importante al proponer que el proceso de hacer por el daño injustamente infligido sobre los demás,
afrontar los delitos no es mejor si se concibe como un ni deberíamos imponerle un trato adverso ni otro tipo de
procedimiento formal y burocrático en el que el ofensor y presiones diseñadas para manipularlo con el fin de que lo
la víctima solo desempeñan roles pasivos. Esto también haga. Pero es importante que proporcionemos a todos los
lo suscribirá el paradigma del perdón. Como defendí en el ofensores la oportmzidad de asumir sus responsabilidades
capítulo rv, el ofensor, como agente moral, es responsa- como agentes morales y, por tanto, que les apoyemos en
ble de afrontar el mal que ha producido. Tengan lugar los su afrontamiento del mal, si desean hacerlo. En suma, para

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¿PERDONAR O CASTIGAR?

afrontar responsablemente la ofensa, en primer lugar, el Este tipo de encuentros también puede ser muy bene-
infractor debe reconocerla, y asumir plenamente su res- ficioso para el infractor. Sostuve en el capítulo IV que el
ponsabilidad por haberla cometido; tiene también que lle- ofensor es responsable, en última instancia, de perdonar-
gar a entender por qué estuvo mallo que hizo y reconocer se a sí mismo con independencia de que la víctima le per-
y apreciar el estatus de la víctima como persona; debe done. Sea o no perdonado por esta, es importante para
permitirse a sí mismo sentir las emociones que experi- que él se respete a sí mismo como ser humano digno con
menta en relación con el mal causado, tales como un in- la capacidad para tomar decisiones, crecer y ser conscien-
tenso dolor y el remordimiento por haberlo hecho; debe, te moralmente. También es responsable de ir más allá de
así, identificar las actitudes problemáticas y los proble- sí mismo y de su currículo moral y de orientar responsa-
mas de conducta que le llevaron a actuar mal e intentar blemente sus capacidades con vistas a realizar activida-
erradicarlos; y, por último, debe dirigirse a las víctimas de des positivas. Dicho esto, el perdón de la víctima será, sin
su delito para disculparse sincera y completamente y ofre- duda, una experiencia gratificante para el infractor. Todos
cerse a reparar el daño, a menos que este curso de acción queremos ser comprendidos y sentir algún tipo de conexión
suponga más mal que bien para los agraviados. positiva con los demás. Si el encuentro con la víctima puede
Con el fin de apoyar a los delincuentes en este proce- conducir al perdón genuino, será, sin duda, muy valioso
so, lo ideal sería que el estado les ofreciera sesiones de para el ofensor.
orientación para ayudarles a ver honestamente su delito, Además de proporcionarle la experiencia gratificante
a lidiar con sus respuestas emocionales, a identificar sus de ser perdonado, los encuentros propuestos por los de-
actitudes y patrones de conducta problemáticos y a en- fensores de la justicia restaurativa también pueden tener
contrar técnicas para su erradicación. Lo ideal sería que un efecto positivo al estimular al delincuente a que traba-
el estado también ponga a disposición de los delincuen- je más duro en la reforma de sus actitudes y patrones de
tes una variedad de programas de crecimiento personal comportamiento. Es razonable pensar que podemos ha-
y espiritual entre los que elegir para apoyar y reforzar cer más progresos en la mejora de nuestro carácter moral
su esfuerzo por reformar sus actitudes y patrones en un ambiente de aceptación y apoyo que en uno de hos-
conductuales. Asimismo, el estado debería fortalecer los tilidad y rechazo. Si el infractor es perdonado por su vícti-
encuentros entre los delincuentes y las víctimas, en los ma, puede sentir que tiene una nueva vida, o una segunda
que los delincuentes puedan disculparse de manera direc- oportunidad de comportarse adecuadamente y de ser un
ta y sincera ante sus víctimas y ofrecerse a llevar a cabo miembro contributivo de la sociedad. Además he defen-
reparaciones en compensación del daño causado. Los de- dido que las personas siempre deben consider~ al infrac-
fensores de la justicia restaurativa han dado pasos muy tor con respeto, compasión y auténtica benevolencia, in-
significativos en esta dirección al describir la estructura dependientemente de lo que este haya hecho, aunque des-
de los encuentros que puede facilitar esta última parte del graciadamente muchas personas adoptarán actitudes
proceso. reactivas retributivas hada el infractor. En tal caso, el

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MARGARETR.HOLNIGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

perdón de la víctima puede ser beneficioso para el infrac- delincuente le explicará que fue su reacción ante las di-
tor en otro aspecto importante: al ver que la víctima le ha versas presiones sufridas en su vida. Si la víctima escucha
perdonado, los demás pueden ser más propensos a acep- al ofensor, idealmente llegará a darse cuenta de que el
tarlo también y a adoptar hacia él las actitudes moralmen- mal no tiene nada que ver con su falta de valor, sino con
te apropiadas de respeto, compasión y auténtica benevo- las necesidades del delincuente, que injustificablemente
lencia. Así pues, un encuentro entre la víctima y el infrac- optó por satisfacer dañando a la víctima. Por ejemplo,
tor, cuando va bien, puede conducir a una espiral ascen- quien comete una violación no lo hace en virtud de la
dente en la vida del ofensor que contribuya falta de valor de la víctima, sino de su necesidad de sentir
significativamente a su felicidad, a su crecimiento moral cierto tipo de dominio, control o poder sobre otra persona
y a su realización personal. Una vez más, es importante -tal vez como una manera de hacer frente a los abusos
hacer hincapié en que el ofensor puede beneficiarse de un que sufrió en el pasado o a la humillación de que fue víc-
encuentro cara a cara con la víctima con independencia tima-.Y, sin duda, el delincuente que asalta una casa no lo
tanto de si sustituye al juicio penal formal o de si supone hace en respuesta a la falta de estatus moral de su propie-
un requisito legal impuesto al infractor tras el proceso tario, sino por su propia necesidad de obtener dinero o
penal. propiedades, y por la falta de respeto hacia sí mismo como
Consideremos ahora cómo puede beneficiarse la vícti- persona capaz de labrarse su propio futuro. Es probable
ma inmediata de los encuentros cara a cara con el agresor. que, a medida que la víctima llegue a comprender por qué
El proceso por el que, normalmente, la víctima debe avan- el delincuente cometió el delito, avance en la recupera-
zar para afrontar el mal fue descrito en el capítulo III. En ción de su autoestima. Puede llegar a ver al delincuente
este proceso, la víctima de un mal grave debe convencer- como una persona separada de la ofensa cometida; una
se normalmente de que ella es una persona digna con un persona que tiene necesidades diversas, presiones y con-
estatus moral igual a los demás, y de que el acto realizado fusiones, como ella misma. En la medida en que la vícti-
contra ella fue injusto. Como se ha señalado, el delito lle- ma pueda identificarse con el agresor y verlo como una
va el mensaje implícito de que la víctima no merece un persona, avanzará hacia el perdón genuino.
respeto pleno, por lo que, cuando no ha avanzado lo sufi- Si el infractor se disculpa sinceramente con ella y se
ciente en el proceso de afrontar el mal, es probable que la ofrece a hacer las reparaciones necesarias para compen-
víctima se vea dominada por este mensaje. Es en esta sar el daño, la autoestima de la víctima se verá aún más
etapa del proceso en la que la víctima puede beneficiarse reforzada. Defendí que, en última instancia, la víctima es
significativamente del tipo de interacción con el ofensor responsable de reconocer su propia dignidad, y es impor-
que propugna el movimiento por la justicia restaurativa. tante para su bienestar que halle una manera de hacerlo.
En una conversación personal entre la víctima y el de- Pero la disculpa sincera de su agresor puede ser de gran
lincuente, aquella tiene la oportunidad de preguntar a este ayuda para que llegue a reconocer su dignidad por sí mis-
por qué hizo lo que hizo. Si responde con honestidad, el ma. Por lo tanto, un encuentro entre la víctima y el ofensor

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¿PERDONAR O CASTIGAR?
MARGARET R. HOLMGREN

beneficiosos para los miembros de la comunidad del de-


en el que este se disculpe sinceramente por su mala con- lincuente, y el paradigma del perdón nos permitirá garan-
ducta y se ofrezca a reparar el daño puede ser muy bene- tizar este beneficio cuando sea posible hacerlo sin violar
ficioso para qil.e la víctima supere el delito sufrido. los demás requisitos morales. Si mi razonamiento es co-
La víctima también puede ser capaz de avanzar en los rrecto, la víctima inmediata y todos los que tienen una
pasos restantes del proceso de afrontar el mal a raíz .de. re- conexión personal con ella no son los únicos seriamente
unirse con el ofensor. Ella puede expresarle sus sentlmlen- perjudicados por las infracciones penales, sino que los
tos sobre el incidente y decirle lo que no considera un trato miembros de la comunidad también sufren daños secun-
aceptable. Además, puede explicarle el tip.o de d~o que ha darios. En la medida en que estos alberguen un resenti-
sufrido a consecuencia de su delito y pedirle el tipo de res- miento personal por el perjuicio sufrido, puede que haga
titución que querria obtener. . falta que inicien un proceso de afrontar el mal muy simi-
Como en el caso del ofensor, un encuentro de este tipo lar al de la víctima inmediata. Y, más allá de si desarrollan
también puede conducir a una espiral positiva para la víc- cualquier tipo de res~ntimiento, los miembros de la co-
tima. Si la víctima puede completar satisfactoriamente el munidad afrontan la tarea de buscar la restitución del daño
proceso de afrontar el mal y consigue perdonar al agresor, secundario que han sufrido. Así pues, un encuentro cara a
saldrá significativamente beneficiada. Si los argumentos cara con el ofensor puede ayudarles a avanzar en este pro-
que expuse en el capítulo III son correctos, alcanzará una ceso de manera semejante a como este tipo de encuentro
actitud moralmente apropiada hacia el infractor. Además, ayuda a la víctima inmediata.
conseguirá la paz mental que acompaña al estado de per- Asimismo, es importante reconocer que los efectos
dón genuino incondicional. Dejará de obsesionarse por el del daño secundario pueden estar muy localizados. Ade-
incidente y la falta moral de su agresor, y se verá libre de la más de responder a nuestro conocimiento de la tasa de
ira corrosiva que acompaña al resentimiento. Podrá así cen- delincuencia en general, para determinar qué medidas
trar la atención en sus propias actividades positivas, con el vamos a tomar para protegernos de la victimización, a
resultado de que su autoestima saldrá aún más reforzada. menudo respondemos a las condiciones locales inme-
En el contexto del paradigma del perdón, tendremos razo- diatas. Si se ha cometido un delito (o una serie de deli-
nes y motivos para garantizar estos beneficios tan impor- tos) particularmente inquietante en nuestro vecindario,
tantes para las víctimas, cuando sea posible, s~ violar su es probable que dediquemos más actividades y recursos
autonomía o la del infractor. Como antes, es unportante a la seguridad. Walter Dickey (1998: 108-9) describe un
reconocer que estos beneficios pueden conseguirse con in- encuentro entre un delincuente y una víctima que sirvió
dependencia de que el encuentro entre la víc~a y el agre- para reducir significativamente el tipo de daño secunda-
sor se produzca como alternativa al procedimiento penal rio que acabamos de describir. La reunión fue entre el
formal o como requisito subsiguiente. delincuente Johnny Singleton y el pastor de la iglesia que
Por último, los encuentros propuestos por los defenso- había allanado, el reverendo Harry Davis. El delito se
res de la justicia restaurativa también pueden ser muy

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MARGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

cometió en un vecindario en el que recientemente había servas este tipo de interacción beneficioso por igual para
tenido lugar un tiroteo en otra iglesia, que tuvo como los ofensores y para los miembros de la comunidad.
consecuencia la muerte de uno de los feligreses. A resul- Por último, como han señalado los defensores de la
tas de este crimen y del robo posterior en su iglesia, justicia restaurativa, todos los involucrados en un delito
muchos de los feligreses tuvieron miedo de seguir acu- resultan empoderados si se les da un papel personal signi-
diendo. En el encuentro entre el reverendo y Singleton, ficativo en la resolución de la situación. En vez de espe-
este último explicó que había estado consumiendo dro- rar pasivamente a ver qué resultados se desprenden de los
gas en aquel tiempo y que no se había dado cuenta de procedimientos puestos en marcha por el estado, consi-
que el edificio era una iglesia. También expresó sus sin- derarán activamente la ofensa y las necesidades y los sen-
ceros remordimientos por el delito y se ofreció a dirigir- timientos que ha generado en ellos, con el consiguiente
se a la congregación para pedir disculpas y explicar los crecimiento personal y moral que esto puede comportar.
hechos. Además, se ofreció a restituir a la congregación
por el daño causado trabajando en el jardín de la iglesia Soluciones constructivas a los delitos
o en las obras de restauración. Al responder en esta ma-
nera, el delincuente fue capaz de reducir el daño secun- La quinta tesis central del movimiento por la justicia
dario sufrido por los miembros de la congregación a cau- restaurativa -la última que consideraremos aquí- es que el
sa de su delito. estado no debe encargarse de administrar dolor y tiene
Una vez más, es importante tener en cuenta que es- que tratar de favorecer resoluciones de los delitos que sean
tas interacciones pueden dar lugar a una espiral positi- más constructivas para todos los involucrados que las
va. No solo se redujo el daño secundario de los miem- formas tradicionales de castigo. Sin duda, el paradigma
bros de la comunidad, sino que también aprendieron más del perdón suscribe con rotundidad esta tesis. En primer
sobre las causas de estos delitos y, por lo tanto, sobre lugar, es importante reconocer que, en el contexto de este
cómo prevenirlos. Además, al perdonar a Singleton e in- paradigma, infligir dolor nunca será el propósito principal
corporarlo como trabajador, se beneficiaron de su com- de ningún tipo de respuesta pública o privada al mal.
pañía y de las actitudes positivas de compasión y respe- Quienes suscriben las actitudes reactivas retributivas y
to que reemplazaron a las actitudes de miedo y resenti- las teorías retributivas del castigo pueden considerar que
miento. También es posible que otros drogadictos de la infligir dolor sea una respuesta al mal intrínsecamente
comunidad vean esta reintegración de Singleton y pidan apropiada y, por lo tanto, el propósito principal de la prác-
ellos mismos ayuda y empiecen a asistir a la iglesia. Esto, tica del castigo, no así los defensores del paradigma del
a su vez, puede fortalecer a la comunidad y hacerla más perdón. Aunque este paradigma puede avalar la práctica
segura. Como antes, dado que el paradigma del perdón jurídica del castigo como respuesta al delito en ciertas cir-
se basa en las actitudes de respeto, compasión y auténti- cunstancias, el único propósito de cualquier exigencia im-
ca benevolencia hacia todos por igual, suscribirá sin re- puesta al delincuente tendrá como objetivo compensar

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MARGARET R. HOLMGREN
¿PERDONAR O CASTIGAR?

las pérdidas injustamente sufridas por los agraviados. En


un nivel mayor de abstracción, el único propósito de cada respuesta preferida. La segunda mejor respuesta es la que
uno de los componentes de la respuesta pública al mal es garantiza que el delincuente pueda restituir plenamente a
garantizar a todas las personas sus intereses más funda- quienes han sido agraviados sin sufrir ningún dolor él mis-
mentales en la vida compatibles con beneficios iguales mo. Solo si no está disponible ninguna de estas opciones
para todos 42 • cabe recurrir a las respuestas que imponen algún tipo de
En el contexto del paradigma del perdón, incen- pérdida o dolor en el ofensor. Y, cuando se requiere una
tivaremos decididamente a pensar creativamente acerca respuesta que exige la pérdida o el dolor del delincuente,
de la resolución de los delitos. Ciertamente, no debería- siendo el resto igual, preferiremos siempre la respuesta
mos asumir que nuestras formas tradicionales de castigo que minimiza sus pérdidas. De nuevo, la experimentación
son beneficiosas en grado máximo, ni para quienes han creativa y la investigación empírica tienen que contribuir
sufrido un daño como consecuencia del delito ni para el a determinar estas cuestiones. Así pues, en el contexto
ofensor. La experimentación creativa y el análisis empíri- del paradigma del perdón, el estado no se ocupa de im-
co nos ayudarán a determinar qué medidas de restitución partir dolor, sino de asegurar que obtengan reparación
son efectivamente más beneficiosas para quienes se han quienes han sido agraviados injustamente, y de que se les
visto injustamente agraviados. Además, dado que consi- garantice a todos los ciudadanos beneficios significativos
deramos al delincuente con respeto, compasión y auténti- para que puedan sacar el máximo provecho a sus propias
ca benevolencia, desearemos que sus circunstancias sean vidas a través de sus decisiones y de su esfuerzo.
tan buenas como sea posible, siempre que sean compati- En resumen, el paradigma del perdón incorpora mu-
bles con las exigencias de la justicia. Si podemos pensar chas de las propuestas del movimiento por la justicia
en una respuesta al mal que realmente beneficie al ofensor restaurativa. La respuesta pública al delito debe incluir la
en conjunto, al mismo tiempo que restituya plenamente a supervisión por parte del estado de los procesos de resti-
quienes han sido perjudicados injustamente, esta será la tución tanto por el daño primario como por el secundario
para garantizar que las víctimas inmediatas y los miem-
42 Esta afirmación es contradictoria para David Boonin. Evaluando mi teoría bros de la comunidad no se vean injustamente perjudica.:.
restauxativa del castigo, afirma: <<Pero esto es un error, y un error importante. No dos por los ofensores, así como que estos últimos no re-
todas las restricciones impuestas legalmente a la libertad de una persona son
sulten injustamente perjudicados por aquellos a quienes
castigos. Para serlo, deben responder al objetivo de hacer sufrir al infractor por su
ofensa>>. (2008: 233) Sin embargo, no encuentro contradicción alguna en la afirma- han hecho daño. Pero nuestra respuesta pública al delito
ción de que no imponemos el castigo, que implica cierta dificultad para el delin- también debe ser lo bastante flexible como para favorecer
cuente, porque deseemos, en última instancia, hacerlo sufrir, sino porque quere-
el tipo de procedimientos que se defienden desde el mo-
mos que los miembros de la comunidad sean restituidos por el daño secundario
que han sufrido. Igualmente, podemos enviar a un niño a su habitación, lo que vimiento por la justicia restaurativa, con el fin de ayudar
implicará algún tipo de sufrimiento, no para el propósito principal de hacerle a los delincuentes, a las víctimas y a los miembros de la
sufrir, sino para hacer que se convierta en un miembro de la familia con buen
comportamiento. Aun así, podríamos llamar «castigO>> a esta acción.
comunidad a que realicen progresos en el proceso de afron-
tar el mal, cuando quieran hacerlo, y para garantizar la

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MARGARET R HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

satisfacción de las necesidades de las partes reunidas del comparten al menos indirectamente el sufrimiento del
modo más eficaz posible en relación con los recursos dis- castigado». (1996: 7 6) En el contexto del paradigma del
ponibles. A veces, cabrá decidir cuál de las respuestas dis- perdón, esta es la actitud que debemos adoptar hacia cual-
ponibles al delito debe tener prioridad. Por ejemplo, po- quier ofensor a quien tengamos la obligación de imponer
demos preguntarnos si tenemos que encarcelar al hombre una exigencia que comporte dolor o una pérdida. Todos
que asaltó la iglesia para compensar a los miembros de la los funcionarios que intervienen en la justicia penal de-
comunidad por el daño secundario y establecer, así, un ben tratar de cultivar en sí mismos las actitudes moral-
elemento de disuasión para futuras ocasiones, o permitir mente integradas de respeto, compasión y auténtica be-
que él mismo restituya a la congregación de la iglesia dis- nevolencia hacia los delincuentes, y deben interactuar
culpándose y trabajando en el proyecto de renovación. sistemáticamente con ellos de una manera que explicite
Para resolver estos conflictos, podemos apelar a nuestro estas actitudes.
principio de justicia, que nos permite garantizar los inte- En resumidas cuentas, parece que el paradigma del
reses fundamentales de cada persona compatibles con in- perdón comparte con el movimiento por la justicia
tereses similares para todos. Si cultivamos en nosotros las restaurativa unos ideales morales muy semejantes, por lo
actitudes moralmente integradas de respeto, compasión y que cabe considerarlo un marco teórico posible para fun-
auténtica benevolencia para todos, deberíamos ser capa- damentar este movimiento.
ces de decidir estas cuestiones en casos particulares a la
luz de los datos empíricos relevantes.
Finalmente, vale la pena volver a insistir en el hecho
de que, en el contexto del paradigma del perdón, todas las
acciones concretas realizadas como respuesta pública al
mal deben llevarse a cabo bajo la guía de las actitudes de
respeto, compasión y auténtica benevolencia para todos
los concernidos. Sin duda, las víctimas siempre deben ser
tratadas con respeto, compasión y genuina preocupación
por su bienestar por parte de todos los funcionarios con
quienes tengan contacto. Y, sobre todo, los delincuentes
deben ser tratados siempre de esta manera. En el siguien-
te pasaje, Eric Reitan describe bellamente la actitud que
es apropiado adoptar hacia los delincuentes en relación
con el castigo: <<El castigo debe ser infligido sin afán justi-
ciero ni malicia, sino de tal manera que quede patente
para quien lo recibe que quienes le imponen el castigo

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Conclusión

En este libro, he caracterizado el paradigma del perdón


en tanto que respuesta coherente al mal. He defendido que
este paradigma es preferible a las versiones más influyentes
del retribucionismo actitudinal y de las teorías retributivas
del castigo. El retribucionismo actitudinal respeta a los
ofensores como agentes morales autónomos en algunos
aspectos, pero no en otros, pues objetiva al delincuente al
confundirlo con sus acciones y actitudes incorrectas. Esta
posición se descarría aún más al adoptar la perspectiva
enjuiciadora y, en consecuencia, reaccionar con hostilidad
o con la retirada parcial de la benevolencia ante el conglo-
merado formado por el ofensor y sus actos y actitudes ilícitos.
Para respetar plenamente al ofensor como agente moral y
ser sentiente, debemos distinguirlo claramente de sus ac-
ciones y actitudes indebidas. Debemos rechazar la perspec-
tiva enjuiciadora, adoptar la perspectiva de la identifica-
ción y relacionarnos con el ofensor como persona. Así, le
trataremos con respeto, compasión y auténtica benevolen-
cia, independientemente de lo que haya hecho o sufrido y
de si se arrepiente de ello.

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~ffiRGARETR.HOLMGREN ¿PERDONAR O CASTIGAR?

También he defendido que la actitud de perdón ge- Podemos ahora evaluar el enfoque de la respuesta al
nuino incondicional se fundamenta en análisis filosófi- mal desde la ética de las virtudes que he adoptado y ex-
cos defendibles de la naturaleza de las personas. Sostu- puesto en este libro. Empecé sosteniendo que las actitu-
ve que el paradigma del perdón se basa en un análisis des básicas del perdón genuino incondicional y del
plausible de la dignidad humana y del estatus moral, que autoperdón genuino son siempre apropiadas y deseables
es compatible con una posición convincente acerca de desde un punto de vista moral para quienes han avanzado
la identidad personal y que incorpora una concepción lo suficiente en el proceso de afrontar el mal. En otras
robusta y defendible de la responsabilidad moral. Por otra palabras, estas actitudes son virtuosas y dignas de ser cul-
parte, sugerí que el retribucionismo actitudinal puede ser tivadas como rasgos de carácter o respuestas habituales
problemático en cada uno de estos aspectos. Defendí, a al mal comportamiento. Defendí a continuación que,
continuación, que las actitudes básicas incorporadas en cuando se extienden a todas las personas por igual, estas
el paradigma del perdón conducen a una teoría moral actitudes nos conducen a una teoría moral basada en la
basada en la justicia, y que una teoría de este tipo es más justicia que nos obliga a garantizar los intereses más fun-
fácil de defender que una teoría moral basada en el me- damentales en la vida de una persona compatibles con
recimiento por la que abogan generalmente los beneficios iguales como para todos. A partir de esto, de-
retribucionistas. Por último, he derivado los tres compo- sarrollé un esbozo suficientemente detallado de cuál es la
nentes de una respuesta pública al mal a partir de esta respuesta pública al mal moralmente apropiada. Si mis
teoría moral basada en la justicia y de las actitudes de razonamientos son correctos, partiendo de las actitudes
las que surge, y he argumentado que las razones para morales que la ética de las virtudes considera fundamen-
respaldar esta respuesta pública al delito son más tales, he llegado a un conjunto integrado de conclusiones
defendibles que los argumentos ofrecidos por los sobre qué debemos hacer para responder al mal. En tal
retribucionistas para justificar la práctica del castigo. Y caso, habré respondido, en cierta medida, a los críticos
he sostenido que la respuesta pública al mal defendida que sostienen que la ética de las virtudes no puede pro-
en el paradigma del perdón suscribe las tesis fundamen- porcionarnos una guía de lo que tenemos que hacer. Tam-
t~es del movimiento por la justicia restaurativa. Si mis bién he brindado apoyo a la tesis del XIV Dalái Lama de
argumentos son correctos, estamos ahora en disposición que si nuestro estado global del corazón y de la mente es
de depurar nuestras actitudes hacia los ofensores de todo saludable, el resto de nuestra capacidad deliberativa y de
tipo de resentimiento, hostilidad y prepotencia. En vez toma de decisiones morales también lo será.
de confundirles con sus acciones y actitudes incorrectas
y mostrarnos hostiles o retirarles parcialmente nuestra
benevolencia, tenemos que considerar sistemáticamente
a todo el mundo con respeto, compasión y auténtica be-
nevolencia.

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