Está en la página 1de 20

Amos y esclavos en las fronteras del espacio rioplatense (1835-1862)1

Karla Chagas, Natalia Stalla


Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación- Universidad de la República

Introducción
Este trabajo pretende bosquejar un cuadro comparativo de la hacienda y la
esclavitud en el espacio fronterizo durante los conflictos bélicos suscitados en la región,
para evidenciar las estrategias que amos y esclavos emplearon para beneficiarse de este
escenario. Las fronteras del espacio rioplatense fueron propicias, desde el período
colonial, para la fuga de esclavos de territorios portugueses hacia los dominios
españoles. Esta situación se acrecentó durante las coyunturas bélicas, casi
permanentemente en la primera mitad del siglo XIX, cuando el desorden brindó a los
esclavos la oportunidad de ampararse en la lógica de la guerra para obtener la libertad.
Tal vez, la más compleja de estas situaciones se suscitó durante la Guerra de los
Farrapos (1835-1845) y la Guerra Grande (1839-1851), cuando se generó una inusitada
dinámica migratoria de amos y esclavos entre Río Grande y Uruguay.
A partir de advertir que este fenómeno se superpuso al último período de la
esclavitud en Uruguay, también se procura rescatar los debates vinculados al tráfico de
esclavos y la esclavitud, generados tanto por el arribo como de la fuga de esclavos.
Durante la Guerra Grande se efectivizó la abolición de la esclavitud en el Estado
Oriental, impactando fundamentalmente en las comunidades de frontera tras la ley de

1
El presente trabajo integró la investigación “Esclavitud y trabajo entre la guerra y la paz. Una aproximación al
estudio de los morenos y pardos en la Frontera del Estado Oriental (1835-1855)”, realizada junto a Alex Borucki La
misma obtuvo en el año 2000 una beca de iniciación a la investigación de CSIC-UdelaR. Una versión del mismo

1
1846, dado que buena parte de los propietarios brasileños de la zona lograron evadir la
ley de abolición de 1842. Por otro lado, los esclavos brasileños aprovecharon la
coyuntura bélica para fugar a territorio oriental. Los reclamos de los propietarios
brasileños alimentaron las demandas del Imperio con las autoridades orientales. Hasta la
definición final de las alianzas, que devino en la invasión brasileña, el Imperio no
realizó una reclamación formal por la devolución de los esclavos.
El cierre formal del territorio oriental como destino de los esclavos huidos se
concretó tras los tratados de 1851 con el Brasil. Luego de esa fecha, mecanismos de
extradición permitieron a los brasileños, con cierto éxito, recuperar los esclavos que
huían al Estado Oriental. Por otra parte, los “contratos de peonaje” constituyeron una
vía legal que posibilitó a los brasileños perpetuar el empleo de esclavos a modo de
“peones contratados” en el Uruguay. La continuidad de las haciendas de frontera
implicó la creación de una legalidad de excepción que amparó la aplicación de trabajo
forzado. Los intentos del Estado para terminar con la introducción de “peones
contratados” desde Brasil, recién se concretaron en 1862.

1. El trabajo esclavo en la región tras 1830


Tras la finalización del ciclo revolucionario, el Río de la Plata experimentó una
intensa incorporación al mercado mundial. Los cambios en la economía europea
iniciaron una ascendente demanda de los productos pecuarios, incorporándose la región
a este mercado a través del complejo estanciero-saladeril e interconectando la dinámica
de Buenos Aires, Montevideo y Porto Alegre. En ninguna ocasión durante el
convulsionado lapso entre la Revolución de Mayo (1810) y el fin de la Guerra Grande
(1851), las tres ciudades estuvieron simultáneamente sujetas a asedios. Cada una se
benefició en su momento, de ciertas ventajas originadas en disímiles situaciones
políticas y económicas. El entorno rural que alimentó la dinámica de esos puertos,
sufrió algunos cambios tras la Revolución. El desarrollo de las grandes estancias en la
campaña bonaerense promovió la ampliación de poderes en sectores que terminarían
confiando el gobierno a Juan Manuel de Rosas. La expansión de las haciendas
brasileñas en el Estado Oriental, junto al avance de la ganadería en Río Grande, fue el
marco que propició el ensayo independentista de los farrapos.

integra el libro Esclavitud y Trabajo. Un estudio sobre los afrodescendientes en la frontera uruguaya 1835-1855,
Montevideo, Ed. Pulmón, 2004.

2
Estancieros y charqueadores promovieron durante la década de 1830, el empleo
de trabajadores forzados para incrementar sus dividendos. De este modo, se reactivaron
ciertas formas de trabajo coactivo. En Buenos Aires, las estancias sufrieron dificultades
para acceder a la mano de obra justo en momentos en que se abrían oportunidades de
expansión hacia el sur. Por un lado, las restricciones al tráfico de esclavos generadas por
la revolución provocaron una disminución de la población esclava, que se sumó a un
casi nulo crecimiento natural de la población negra en este período. En el censo de 1822
los afrodescendientes constituían el 24,7%, y en el de 1836 el 23,6% de la población
(Goldberg, 1976: 89-93). Aunque entre 1826-1828 y 1831-1833 arribaron en forma
ocasional esclavos a Buenos Aires, éstos no cubrieron la demanda de trabajo. Por otro
lado, los inmigrantes de las provincias del interior, que tradicionalmente eran
incorporados a los planteles de estancias, fueron forzadamente incorporados al ejército
durante el régimen rosista. Ambas situaciones promovieron prácticas de trabajo forzado
para disminuir los costes de las estancias. El empleo de cautivos indígenas y la
importación de colonos gallegos, obligados a trabajar para costear su pasaje, fueron las
soluciones ensayadas en Buenos Aires (Gelman, 1999:132-139).
Asimismo, es posible asistir tras 1820 al ciclo de auge de la charqueada
esclavista de Río Grande. Hacia 1821 el charque constituía su primer rubro exportable.
A inicios de la década de 1830 la actividad charqueadora comenzó a resentirse a causa
de continuas sequías e inundaciones. La crisis se agravó con el inicio de la Guerra de los
Farrapos, disminuyendo así la producción de charque en Río Grande, con relación a la
dinámica que iban adquiriendo Buenos Aires y Montevideo durante los la década de
1830. La recuperación de la charqueada riograndense se inició luego de 1840, cuando el
charque y el cuero nuevamente alcanzaron los volúmenes exportables de los años 1820
(Leitman, 1979:81-96; Cardoso, 1977:73). Los esclavos fueron empleados en la
agricultura triguera, en las estancias fronterizas y en las charqueadas. En base a
inventarios de estancias del período 1765–1825, Helen Osório concluyó que el 97% de
las haciendas poseía esclavos, en un promedio de 11 por establecimiento (Osório, 1999:
92-93, 142 y 116). Por otra parte, la charqueada fue la actividad que más requirió de la
mano de obra esclava. La mayor concentración de esclavos en la región se ubicó en la
ciudad de Pelotas, en donde vivían 5000 esclavos hacia 1830 (Leitman, 1979:98-99).
Las charqueadas integraban de 30 a 150 esclavos, llegando algunos a realizar trabajos

3
especializados (Gutiérrez, 1993:88-89).
La coyuntura regional hacia 1830, así como la relativa paz del Estado Oriental
durante su primer decenio de vida independiente, favorecieron cierto desarrollo
económico de Montevideo, a partir de los ingresos del complejo estanciero-saladeril.
Esto permitió articular nuevamente la plaza montevideana con la campaña y situar a su
puerto como escala de las mercaderías del litoral argentino (Chiaramonte, 1991: 73) El
comercio de intermediación se practicó con el sur de Brasil especialmente a partir del
inicio de la farroupilha. Asimismo, el comercio correntino adquirió enorme importancia
luego de los tratados de alianza de 1839 entre esa provincia y Uruguay, que se
estableció como consecuencia del bloqueo francés al puerto de Buenos Aires (1838-
1840). El comercio montevideano no disminuyó sensiblemente tras el levantamiento de
ese asedio naval sino que su declive se produjo a partir del sitio que establecieron las
fuerzas de la Confederación Argentina al mando de Manuel Oribe en 1843 (Sala,
Alonso, 1986:49 y 62). La demanda externa y la floreciente actividad mercantil del
puerto reactivaron el complejo ganadero, el cual requirió mano de obra en forma
creciente. Hacia 1835 se instalaron en Montevideo las primeras graserías a vapor. El
número de saladeros aumentó de 31 en 1837 hasta 37 en 1842 (Arredondo, 1928:76).
Esta cifra devela también el establecimiento de charqueadas riograndenses en
Montevideo. Junto a la dinamización saladeril, creció la necesidad de incorporar
operarios de variada índole, servidores domésticos para los patrones y peones para las
estancias.
Las estadísticas sobre población tras la independencia del Estado Oriental son
variadas, pues si bien es posible obtener datos precisos sobre algunas jurisdicciones, es
difícil elaborar un panorama sobre el conjunto del país. Se estima que hacia 1829 vivían
en el territorio oriental aproximadamente 74.000 habitantes, siendo la población de
Montevideo de 14.000 (Villa, Mendive, 1980: 85 y 146). No se poseen datos sobre la
adscripción étnica o racial de esos totales, sin embargo, es posible advertir que la
población negra se concentraba en Montevideo y en la frontera con Brasil. Según
Andrés Lamas, en 1835 vivían en Montevideo 23.404 personas, representando la
población de origen africano entre el 20% y el 25% (Arredondo, 1928: 25 y 56).

2. El tráfico de esclavos y la abolición de la esclavitud en el Uruguay


La demanda de mano de obra de los establecimientos de comercio y producción

4
fue satisfecha en el Uruguay, en parte, por la introducción de esclavos africanos y
brasileños durante la década de 1830. Esto ocurrió mediante tres modalidades 1) el
arribo de “colonos” africanos a Montevideo y Maldonado, 2) la continuación
semiclandestina de la trata en pequeña escala y 3) la introducción de esclavos a través
del espacio fronterizo (Frega, Borucki, Chagas, Stalla, 2005:129-133).
El gobierno oriental promulgó diversas disposiciones para prohibir el tráfico, las
cuales resultaron infructuosas. La fundación republicana generó una coyuntura abierta
para el debate sobre los principios que debían imperar en Uruguay. En el caso de la
esclavitud, se debían establecer las bases para la abolición. No obstante, los
constituyentes de 1830 sólo se limitaron a incluir la libertad de vientres y la prohibición
del tráfico de esclavos en la Carta Magna, refrendando y ampliando a todo el territorio
las disposiciones que habían sido establecidas por la Sala de Representantes de la
Provincia Oriental en 1825.
La introducción de africanos tras 1830, ya fuera como “colonos” o “esclavos de
servicio” prolongó en la práctica, el tráfico de esclavos El arribo de “colonos” africanos
a Montevideo y Maldonado resultó del arreglo del gobierno de Fructuoso Rivera con
representantes del comercio de Río de Janeiro establecidos en Montevideo. Como
resultado del tratado de 1826 entre Gran Bretaña y Brasil, se estimaba que para el año
1830 se terminaría el tráfico de esclavos hacia el Imperio. No obstante, algunos
traficantes de esclavos desarrollaron estrategias para evadir las prohibiciones brasileñas
y la vigilancia británica en el Atlántico sur. De este modo, algunos comerciantes
brasileños firmaron contratos para introducir “colonos” africanos en Montevideo
(Borucki, 2003).
Ante la dimensión que adquirieron las actividades de los traficantes en torno a
Montevideo, la marina inglesa desplegó algunas medidas de fuerza contra los navíos
que hacían ese tráfico. Igualmente, el gobierno inglés presionó al Uruguay para la firma
de un tratado contra la trata de esclavos, de forma que los navíos orientales no pudieran
evadir la vigilancia británica. En 1839 se celebró ese tratado, el cual se ratificó y entró
en vigencia recién en 1842 (Armand Ugón, et alt: 150-151, 337-382).
Por otra parte, en Montevideo se estableció un debate en torno a la introducción
de esclavos de “servicio” o de “peculio”. En tanto estaba prohibida la introducción de
esclavos para su venta, los introductores declaraban al momento de arribar a puerto con

5
pequeños contingentes de esclavos, que los mismos eran para su “servicio” personal. La
coyuntura regional favoreció esta modalidad de tráfico dado el arribo continuado de
argentinos y brasileños. Tras el ascenso de Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires,
sucesivos contingentes de opositores al régimen se refugiaron en Montevideo.
Asimismo, la Guerra de los Farrapos impulsó a algunos riograndenses a establecerse en
Montevideo, siendo acompañados en numerosas ocasiones por sus esclavos (Guazzelli,
2004:45-63). Los introductores y quienes los defendieron, se ampararon en el artículo
constitucional que garantizaba el respeto de la propiedad de los inmigrantes, en el cual
se situó a los esclavos. Para el caso de la introducción de esclavos de los brasileños, el
discurso sobre los beneficios que los “brazos esclavos” podrían generar al país fue un
argumento en esta polémica (Borucki, 2003).
El crecido tránsito fronterizo y portuario generó condiciones que encubrieron el
tráfico de esclavos en pequeña escala. Con relación a la introducción desde Río Grande,
en 1836 el gobierno de Manuel Oribe advirtió a las autoridades departamentales que los
esclavos que arribaran junto a sus amos debían ser presentados a la policía para su
inscripción en un registro. El amo debía garantir que no transferiría la propiedad del
esclavo y que al retirarse del país no lo dejaría. Quienes no cumplieran esta exigencia
quedarían sometidos a las penas contra la trata de esclavos.2 Lamentablemente, no
sobrevivieron tales registros si es que fueron llevados a cabo por las autoridades.
La complejidad del problema nuevamente radicó en la supuesta contradicción
entre las disposiciones constitucionales que resguardaban la libertad y la propiedad. Se
entendía que una prohibición terminante no resolvería la situación, pues no eliminaría la
introducción clandestina ni contribuiría a emancipar a los esclavos de los riograndenses.
El 14 de julio de 1837 la Asamblea General aprobó la reglamentación del artículo
constitucional sobre prohibición del tráfico de esclavos. Esa disposición incluía un
estatuto sobre la tutela de “colonos” africanos, por lo que también definía la condición
de los africanos introducidos entre 1833 y 1835. Asimismo, quienes intentaran
introducir esclavos o “colonos” serían multados, quedando libres los africanos, pero en
condición de pupilos.
La liquidación definitiva del tráfico de esclavos se superpuso a las primeras
medidas de leva de negros libres y esclavos durante la Guerra Grande (1839-1851), que

2
Archivo General de la Nación -Archivos Judiciales, (en adelante AGN-AAJJ), Maldonado, Leg Nº23, Año 1836,

6
habrían de desembocar en la abolición de la esclavitud. El devenir de la guerra hacia
1841-1842, obligó a Fructuoso Rivera a plantear la defensa del territorio oriental ante
una posible invasión de Manuel Oribe y a reforzar la retaguardia en pos de avanzar
sobre la provincia de Entre Ríos. Para ambas operaciones era necesaria la formación de
cuerpos de infantería, por lo que se recurrió al enrolamiento forzado de negros libres y
esclavos. Si bien Rivera desde inicios de 1841, planteó la emancipación de los esclavos
del sexo masculino para su incorporación a las armas, los sectores propietarios lograron
posponer tales planes, afectando las primeras medidas sólo a los negros libres. La tenaz
resistencia de los amos sólo pudo ser franqueada mediante una manumisión general que
terminó por abolir la esclavitud. Al peligrar la situación del gobierno se procedió a la
leva general de esclavos por medio de la ley de abolición del 12 de diciembre de 1842.
Tras la abolición, las estrategias de evasión de los amos se redujeron a sacar a
los esclavos del país. Los riograndenses -legalistas- embarcaron sus esclavos en navíos
de guerra del Imperio, lo cual se efectuó la noche del 12 de diciembre. Por otra parte,
los simpatizantes de los farrapos afincados en Montevideo perdieron los derechos sobre
los esclavos, que fueron incorporados al ejército de Rivera. En ocasiones, los
propietarios orientales enviaron a sus esclavos a la frontera para evitar su liberación.
Una vez establecido en el territorio oriental el gobierno de Oribe (que se conocerá como
Gobierno del Cerrito) también aplicó medidas de alistamiento, tales como la
incorporación de los esclavos del enemigo o el reclutamiento de los negros libres y
colonos hasta concretar la abolición. La ley de abolición de 1846 promulgada por ese
bando no hizo mención explícita a que los esclavos liberados fueran enrolados. La
reglamentación y la puesta en práctica de la ley evidenciaron su carácter netamente
militar, similar al de la medida de 1842. Sin embargo, no sólo la coyuntura bélica
permite entender el proceso de abolición uruguayo, sino que también debe atenderse su
devenir intelectual. En otros conflictos, como la Farroupilha, también se había enrolado
a una parte de los esclavos, pero esto no devino en la abolición. En Río Grande, a
medida que la guerra se extendía fue necesario acudir a la leva de esclavos, que llegaron
a conformar la “espina dorsal” de las fuerzas republicanas (Leitman, 1985: 61).

“Comunicaciones” [Oficio del Ministro de Gobierno al Jefe Político de Maldonado], 29 de marzo de 1836.

7
3. Conflictos y resistencias en la frontera uruguayo-brasileña
La actividad económica del naciente Estado Oriental durante la década de 1830
estaba centrada en Montevideo. No obstante, la economía capitalina se vinculó
fuertemente a la campaña, a partir de la comercialización de los productos de estancias
y charqueadas. En este período, las estancias tuvieron que extenderse sobre superficies
cada vez mayores para asegurar su rentabilidad, explotar cifras cada vez más grandes de
ganado, asegurarse el acceso a trabajadores y disminuir sus costos. La mano de obra
esclava garantizó a los establecimientos el acceso al trabajo permanente, mientras que el
trabajo libre fluctuó según las necesidades estacionales y coyunturales.

Gráfico 1. Comparación de la población libre y esclava.


Frontera uruguayo-brasileña

3400
3200
3000
2800
2600
2400
2200
Individuos

2000
1800
1600
1400
1200
1000
800
600
400
200
0 Pob. Libre
Cerro Largo Pob. Esclava
1836 Tacuarembó
1822-1824 Minas 1836
Rocha 1834
Jurisdicciones y fechas

Tacuarembó 1822-
Cerro Largo 1836 Minas 1836 Rocha 1834
1824
Pob. Esclava 598 652 591 530
Pob. Libre 1817 1631 3485 1316

Fuente: Padrón de Tacuarembó de 1824, En: BARRIOS PINTOS, Aníbal, Rivera en el Ayer de la Crónica a la Historia,
Montevideo, Ed. Minas, 1963. Archivo General de la Nación, Fondo ex-Archivo General Administrativo, Libro Nº 273, Padrones
de Tacuarembó y Cerro Largo, 1822, 1834, 1836; Libro Nº 277, Padrones de Paysandú, 1821, 1823, 1827, 1832, 1836; Libro Nº
283, Padrón de Maldonado y su jurisdicción, 1820-1834-1836; Libro Nº 285, Padrón de Maldonado y su jurisdicción, 1834; Libro
Nº 287, Padrones de Minas de 1791, 1822, 1826 y 1834. Nota: La población negra de Rocha está integrada por 480 esclavos y 50
libertos.

Es necesario delinear ciertas características del panorama productivo de la

8
frontera para analizar la participación de los esclavos en su economía. Los padrones
estadísticos de esta década evidencian que las antiguas jurisdicciones de Minas, Cerro
Largo, Tacuarembó y Rocha concentraban gran parte de la población esclava del país,
constituyendo entre el 14% y el 30% de los habitantes en cada localidad. El entramado
social del sur de Minas y de Rocha probablemente emergió de la ganadería y la
agricultura típicas de la economía colonial rioplatense, mientras que la situación al norte
del Río Negro y el Olimar, se configuró en torno a una economía eminentemente
pecuaria, vinculada a la expansión de la charqueada riograndense. Los establecimientos
propiedad de brasileños, en particular las grandes haciendas que incorporaron mano de
obra esclava, se hallaron en Cerro Largo y Tacuarembó, así como en el norte de Minas y
de Rocha. En las unidades de producción que eran propiedad de orientales, situadas
básicamente en Minas y Rocha, el empleo de esclavos aparece junto a formas de trabajo
libre. En los medianos y pequeños establecimientos de ambas localidades también se
utilizó la mano de obra esclava. Se debe advertir que en algunas localidades de Cerro
Largo y Tacuarembó, la esclavitud constituyó el único medio a través del cual se
accedía a mano de obra por fuera del grupo familiar.
El concurso del trabajo esclavo (masculino y femenino) fue requerido tanto para
dominar rodeos como para realizar las diversas labores que requería la hacienda. Los
latifundios ganaderos también dieron cabida a labranzas y quintas, que si bien con sus
productos no participaban del mercado, necesitaban la incorporación de mano de obra
estable. A partir de trece inventarios de propietarios brasileños de Tacuarembó,
realizados entre 1837 y 1851, es posible apreciar la variedad de establecimientos que
emplearon trabajo esclavo.3 Al cruzar los datos de estos inventarios con las listas de
propietarios brasileños de la frontera realizadas en la década de 1850,4 es posible
conocer la extensión territorial de ocho propiedades, que tenían entre 2 y 4 leguas
cuadradas (de 5300 a 10600 hás aprox.).5 La producción de este grupo de haciendas no

3
AGN-AAJJ, Tacuarembó, N° 1, Exp. N° 109, “C nº1 Serafín Correa-Año 1837”; “S nº1 Manuel de los Santos-Año
1837”; “M nº3 Delfina Matilde Mederos-Año 1837”; “P nº1 Antonio Pereira Bueno-Año 1837”; “S nº2 Joaquín
Tomás de Silva-Año 1838”; “S nº3 Laureana Silveyra de Andrade-Año 1839”; “M nº7 Francisco Machado Alves-
Año 1841”; “O nº3 María Joaquina de Oliveira-Año 1841”; “S nº5 Francisco Silveyra Gularte y Bernardina Ignacia
de Silveyra-Año 1841”; “C. nº2 Manuel Luis Carneiro-Año 1841”; “M. nº6 Francisco Machado Suarez-Año 1841”;
“R nº2 Candida Fermina Rosado-Año 1841”: “M. nº14 Salicio Antonio Machado-Año 1851”.
4
Arquivo Nacional de Rio de Janeiro, material aportado por Helen Osório y Susana Bleil de Souza. Estas listas
fueron confeccionadas por las brigadas imperiales de frontera tras la Guerra Grande, para fijar el monto de
indemnizaciones a los brasileños.
5
Un legua cuadrada equivalía a 2.656,37 Hás. ISABELLE, Arsene, Tablas de Reducción de los Pesos y medidas de
la República a pesas y medidas del sistema métrico y viceversa, Montevideo, Imprenta tipográfica a vapor, 1864.

9
parece haber sido muy diversificada, sino que se centraba en torno a la pecuaria. El
cultivo se realizaba fundamentalmente para la subsistencia familiar.
En cuanto a la incorporación de trabajo esclavo a las estancias, los trece
inventarios de Tacuarembó señalan el empleo de entre 1 y 33 esclavos, reduciéndose el
rango de 1 a 7 si tomamos en cuenta únicamente la cifra de esclavos hombres en edad
laboral. Sólo 4 inventarios especifican el tipo de trabajo efectuado por los esclavos. El
propietario de una estancia de 200 reses empleó 2 esclavos campeiros, uno de los cuales
era “campeiro e tudo servicio”, así como otro esclavo roceiro, especializado en el
cuidado y mantenimiento de los cultivos. Además había una esclava que sabía “costura
y engomar”, la cual estaba acompañada por 2 hijos. La estancia en cuyo inventario se
había anotado a 33 esclavos, tenía uno curtidor y otro zapatero. Otro establecimiento
que poseía 3113 reses empleó sólo 3 esclavos hombres, uno de los cuales fue anotado
como campeiro, siendo los otros 2, un anciano y un joven de 12 años. De esta forma, los
niños y ancianos también cumplieron tareas menores pero indispensables para la
hacienda.
El enlentecimiento del proceso de abolición en el espacio fronterizo, en cierta
forma, se relacionó a la importancia del empleo de la mano de obra esclava. En la
frontera uruguayo-brasileña, la abolición de la esclavitud impactó fundamentalmente
tras la ley de 1846. La mayor parte de los propietarios brasileños lograron evadir la ley
de 1842, la cual tuvo escasa aplicación en esa zona. Asimismo, los esclavos brasileños
aprovecharon ambas leyes para fugar al territorio oriental. Las fugas de esclavos del
territorio portugués al espacio platense fueron corrientes desde el periodo colonial, ya
que la legislación española amparaba a los fugados extranjeros (Isola, 1975: 265).
Durante la Revolución Oriental, algunos esclavos de Río Grande se incorporaron al
ejército con el fin de quedar libres tras su servicio. Tomás Pereira había fugado de la
esclavitud en Río Grande para luchar en filas orientales en 1825. Tras la independencia,
Tomás y su familia, obtuvieron la libertad pero en 1836 nuevamente fueron
esclavizados por familiares de su antiguo amo.6
La Guerra de los Farrapos intensificó las fugas de esclavos hacia el Estado
Oriental. Fue corriente encontrar en los departamentos de la frontera uruguaya libertos
desertores del ejército republicano. El territorio oriental además de brindar abrigo a los

10
esclavos fugados de sus amos y a los desertores, también constituyó un refugio para
algunos propietarios que huyeron de Río Grande en pos de evitar la confiscación de sus
propiedades por el gobierno rebelde. Los esclavos brasileños aprovecharon la coyuntura
de la guerra para huir, de modo que las fugas aumentaron significativamente,
constituyendo la trasgresión por la cual fueron arrestados más asiduamente durante el
primer semestre de 1835 en Río Grande (Bakos, 1985:84). La fuga se convirtió en un
problema para las autoridades sobre todo hacia el fin de la guerra, cuando fue imperiosa
la incorporación de esclavos.
Aún cuando, los esclavos encontraban en las fugas la búsqueda de un mejor
destino, estas nos constituían una estrategia segura para evitar el esclavizamiento. En el
camino los huidos se enfrentaban a ser recapturados, al robo o a la muerte. Los riesgos
incluían un sinfín de posibilidades, además de la naturaleza salvaje, las gavillas de
salteadores representaban un peligro. Era frecuente el paso de partidas organizadas cuyo
fin era capturar esclavos, sacar provecho mediante su venta o integrarlos a los batallones
en formación. Asimismo, los esclavos desarrollaron estrategias de supervivencia
durante el trayecto, las cuales no se limitaron ni agotaron al momento de su llegada,
pues debían resolver donde establecerse y cómo asegurar su subsistencia. La mayoría de
los esclavos fugados de Río Grande -afirma Silmei Petiz- eran “campeiros”, es decir,
peones de estancia especializados en tareas ganaderas. A causa de su trabajo estos
esclavos eran quienes tenían fácil acceso a los caballos y estaban acostumbrados a
largas cabalgatas, lo cual favorecía sus intentos de fuga. Asimismo, este dato resulta útil
para comprender la supervivencia de los esclavos fugados en el medio rural fronterizo
(Petiz, 2001: 142).
Algunos esclavos se organizaron para realizar fugas colectivas. Hemos rastreado
la peripecia en territorio oriental de un grupo de esclavos brasileños fugados en 1845.7
Una parte de este grupo, constituida por dos libertos desertores, había sido capturada en
Tacuarembó por el Cap. Imperial José Fagúndez Oliveira, quién los amenazó de muerte
por haber evadido el ejército. Si bien los libertos rehuyeron al castigo fugándose
nuevamente, esta vez fueron apresados por soldados orientales, quedando incorporados

6
Archivo General de la Nación, Fondo ex-Archivo General Administrativo (en adelante AGN-AGA), Ministerio de
Gobierno, Caja 946, agosto de 1843, [Expediente de Tomas Pereira], 26 de agosto de 1843.
7
Arquivo Histórico de Rio Grande do Sul (en adelante AHRGS), Autoridades Militares do Rio da Prata, Lata 213,
Maço 6 1844-1864, “Sumario Información levantado por el Comandante Accidental del Departamento de
Tacuarembó, Don Jacinto Barbat, contra el Tte. Segundo […] Don Julián Romero[...]”, octubre de 1847.

11
a la guarnición de frontera dirigida por el Tte. Romero. Esta causa además da cuenta de
las gavillas que merodeaban en los campos fronterizos, como la cuadrilla comandada
por el brasileño Alejandro, que fuera acusado por la muerte del mencionado Cap.
Fagúndez. La gavilla compuesta por 7 integrantes, fue apresada por autoridades
orientales, comprobándose que esta había secuestrado a 4 hombres y 4 mujeres. Estos,
salvo dos negros libres orientales, eran esclavos brasileños fugados. Las operaciones de
la partida también incluyó el robo de una treintena de caballos.
Uno de los esclavos brasileños al ser interrogado sobre su llegada a territorio
oriental, relató que su intención era presentarse a las autoridades de Tacuarembó. Los
esclavos no habían huido para mantenerse aislados en el campo, sino que pretendían
integrarse a una comunidad de frontera, en donde podrían encontrar trabajo para
satisfacer sus necesidades. Por otra parte, el negro libre Manuel Antonio de Azambulla
señaló haber sido “[...] soldado de un Regimiento de Colorados, que tenían los liberales
alias Farrapos, de donde anda hasta la fecha desertor.”8 Su caso remite a las fuerzas
que acompañaron a Rivera al otro lado de la frontera, y que tuvieron suerte diversa
hacia mediados de la década de 1840.
Los libertos desertores de las fuerzas de los farrapos que llegaron al territorio
oriental fueron comúnmente integrados a los ejércitos durante la Guerra Grande. En
1845, Oribe le escribió al Cte. de Frontera Diego Lamas con el fin de organizar la
incorporación de los mismo a las fuerzas que sitiaban Montevideo: “[…] informado q.e
en esos destinos se hallan algunos negros y mulatos desertores de los farrapos… haga
una reunión de tod.s ellos, ymelos remita en primera oportunidad, me habra hecho un
serbicio q.e selo estimaré mucho, ymas q.e todo á la Patria.”9
La primera medida del Gobierno del Cerrito para aumentar las tropas fue
destinar a sus filas los prisioneros tomados en batalla. El triunfo de Arroyo Grande
(06/12/1842) fue el primer enfrentamiento que dio lugar a que los negros libres o
esclavos enrolados por las fuerzas de Rivera, fueran capturados por las tropas de Oribe.
En el transcurso de la guerra los soldados afrodescendientes del ejército enemigo
también fueron capturados a partir de sucesos particulares. En 1847, el pardo brasileño
Francisco Núñez, que había sido Alférez de un batallón del ejército de Rivera, fue

8
Ibid.
9
Documento citado en: MAGARIÑOS DE MELLO, M., (1948) El Gobierno del Cerrito. Colección de documentos
oficiales emanados de los poderes del Gobierno presidido por el Brigadier General D. Manuel Oribe, 1843-1851,

12
capturado y remitido a una comandancia departamental de las fuerzas oribistas.
Por otra parte, tanto las autoridades imperiales como los farrapos mantuvieron
contactos con el Gobierno del Cerrito en función de recuperar los esclavos fugados. Los
farrapos afín de mantener relaciones armoniosas con sus vecinos, devolvieron esclavos
orientales cuando éstos eran solicitados por sus dueños, de modo que hubiera
reciprocidad en relación a los libertos y los esclavos desertores (Leitman, 1985: 69).
Asimismo, los propietarios brasileños establecieron redes intercambiando información
sobre los esclavos en pos de acelerar su captura y traslado a Río Grande. Los reclamos
brasileños por los esclavos huidos prosperaron en 1847. Las autoridades imperiales
extendieron a las orientales un sinnúmero de misivas, alertando sobre el modo en que
los esclavos eran incentivados para huir hacia el Uruguay y solicitando su devolución.
El 12 de octubre de 1851 se firmaron los Tratados de alianza entre Uruguay y Brasil. El
tratado de extradición de los esclavos brasileños establecía que aquellos fugados a
Uruguay debían ser remitidos a sus amos, aún cuando la esclavitud había sido abolida
en el territorio oriental. El mismo expresó la debilidad de las autoridades locales en
torno a la esclavitud, a partir de la influencia de los propietarios brasileños de frontera.
Tras el fin de la Guerra de los Farrapos y de la Guerra Grande, se establecieron
flujos migratorios de población negra en ambas direcciones del espacio fronterizo. Por
una parte, continuaron las fugas de esclavos brasileños así como se inició el arribo de
“peones contratados” que eran traídos desde Río Grande por sus ex-amos para trabajar
en las haciendas situadas en territorio uruguayo. Por otra parte, gavillas de la frontera
realizaron raptos de orientales con el fin de llevarlos a Brasil en pos de venderlos como
esclavos.
Los contratos de peonaje constituyeron una vía legal que permitió a los
propietarios brasileños perpetuar el empleo de esclavos a modo de “peones
contratados”. Por este medio, se obligaba a los esclavos brasileños a trabajar durante
largos períodos en el territorio oriental, a modo de trabajadores forzados. Los contratos
serían asentados por las autoridades locales, en la jurisdicción en donde se estableciera
el patrón. Mientras que el esclavo fugado era devuelto por las autoridades orientales a
su amo, el esclavo introducido como peón continuaba bajo su servicio en territorio de la
República, a través del contrato de peonaje. Los esclavos debían pagar por su libertad,

Montevideo, El Siglo Ilustrado, Tomo I., p. 412.

13
trabajando para su antiguo amo tras manumitirse, a razón de determinada suma por año.
El incumplimiento quedaba penado, pues el peón estaba sujeto a multas que
prolongaban el lapso de trabajo.
La existencia de esclavos que ni siquiera habían sido registrados como peones
contratados generó tensión en las comunidades fronterizas. Por otra parte, las
autoridades orientales sospechaban que los peones contratados que retornasen a Brasil,
mudarían nuevamente su situación hacia la esclavitud.10 El pasaje continuo de esclavos
en ambas direcciones motivó la conflictiva situación. No era seguro que a su regreso al
Imperio, los peones continuaran en libertad, puesto que no había documentación allí que
así lo avalara. La crítica partió de autoridades locales y de los vecinos. El Jefe Político
de Minas, Diego Lamas, describió la situación de los contratos en 1853. Manifestó que
los contratos celebrados en el Brasil entre los llamados amos y esclavos carecían de las
formalidades legales para que pudieran reconocerse como tales por la autoridad.11 La
vigencia de los contratos subsistió incluso a la muerte de los patronos. Los peones
contratados figuraban en los inventarios de los propietarios rurales, remedando la
situación de los esclavos en las sucesiones testamentarias antes de la abolición.12

10
AGN-AGA, Ministerio de Gobierno, Caja 1004, marzo 1853, [Nota del Juez Ordinario de la Villa de Rocha al
Ministro de Gobierno], 24 de enero de 1853.
11
AGN-AGA, Libro Nº 472, Jefatura Política de Minas, Comunicaciones 1852-1859, 1862-1868, [Memoria de la
visita trimestral del Jefe Político a los partidos], 16 de junio de 1853.
12
AGN-AAJJ, Tacuarembó, Leg 1, Año 1854, [Testamentaria de José Díaz Gonzales.]

14
Gráfico 2. Cantidad de contratos de peonaje realizados por año.
Frontera uruguayo-brasileña (Cerro Largo), 1846-1860

50

45

40

35

30
Contratos

25

20

15

10

0
1846 1847 1848 1849 1850 1851 1852 1853 1854 1855 1856 1857 1858 1859 1860

Años
Fuente: Museo Histórico Nacional, Archivo del Cnel. José G. Palomeque. Jefatura Policial del Departamento de Cerro Largo.
Tomo III, (1860-1861), f. 93.

La nómina de 183 contratos de peonaje registrados e introducidos en Cerro


Largo entre 1846 y 1860 brinda amplias perspectivas para estudiar esta práctica.13 En
cuanto al sexo de los peones, 127 (70%) eran hombres y 55 (30%) mujeres. El valor de
los contratos fluctuó entre los 120 y los 2.000 patacones. La mayoría de los contratos
(134) se ubicó entre los 500 y 1.000 patacones. En los registros de mayor valor, las
edades de los peones fueron de 14 a 30 años. Los esclavos mayores de 50 años fueron
menos valuados. Es posible advertir una evolución ascendente en la introducción de
peones, desde 1 hacia 1850 hasta 45 en 1856, decayendo a partir de esa fecha y
manteniéndose en valores de entre 5 y 15 peones anuales hasta el final de la década. Por
otra parte, era muy baja la concentración de peones-esclavos por patrón, ya que fueron
123 patrones los que realizaron los 183 contratos. La mayoría de los propietarios
incorporó 1 (71%) o 2 (19%) peones, empleando al 72% del total de los peones-
esclavos de Cerro Largo. Sólo un par de estancieros contrataron 5 o más peones.
No resultaría extraño que algunos peones tuvieran que servir hasta 1898, lo cual
aunque extremo, da cuenta de la continuidad de esta práctica durante el siglo XIX. Es

13
Museo Histórico Nacional, Archivo del Cnel. José G. Palomeque. Jefatura Policial del Departamento de Cerro
Largo. Tomo III, (1860-1861), f. 93. En uno de los registros aparece también la hija de una esclava. Agradecemos a
Eliane Zabiela por la ubicación de este documento.

15
necesario advertir que existía una relación directa entre la duración del contrato y su
monto, la cual también variaba según la edad del peón-esclavo que era contratado. El
monto de los contratos realizados por un mismo período de trabajo, disminuía si los
peones eran niños o ancianos. Se alcanzó a emplear niños de 2 y 3 años, así como a
sujetos mayores de 60 años. La duración de los contratos disminuyó promedialmente
con relación a la edad de los contratados, quienes mayoritariamente se ubicaban en la
franja de entre 12 y 31 años. El monto de los contratos descendía cuando el contratado
era menor o mayor que la franja etárea que hemos señalado. Por otra parte, no se
establecieron diferencias de género al fijarse los montos de los contratos, pues se
estipulaban montos similares para hombres y mujeres contratados en iguales períodos.

Cuadro Relación de la edad de los contratados y el monto de los contratos.


Frontera uruguayo-brasileña (Cerro Largo) 1850-1860
Edad del contratado Monto promedio del Años de contratación Nº de contratos
contrato (en promedio)
(en patacones)
Menores de 12 años 666 22 10
De 12 a 21 años 821 20 51
De 22 a 31 años 682 16 62
De 32 a 41 años 616 14 18
Mayores de 42 años 412 11 11
Fuente: Ver Gráfico 2. Nota: En 32 contratos no figuró la edad del contratado. Para analizar la distribución
por sexo faltó contabilizar un contrato que sólo tenía el apellido.

La mayor parte de los contratos, tanto para hombres como mujeres, establecían
plazos de trabajo de entre 15 y 20 años. Una vez que el contrato se firmaba se iniciaba
un largo período de trabajo. El empleo de esclavos en las haciendas era más rentable
para los brasileños que el trabajo de peones libres. El Jefe Político de Cerro Largo
exhortó en 1853 a las autoridades orientales a asegurarse de que los contratos se
efectuasen de libre voluntad y pidió una resolución para “evitar estos abusos.”14 La
impronta fronteriza y rural de los establecimientos que empleaban peones contratados,
probablemente dificultó la capacidad de reclamo de los afrodescendientes sujetos a esta
situación. Los intentos del Uruguay para terminar con la introducción de “peones
contratados” desde Brasil, recién se concretaron en 1862, debido a la incidencia política
y económica del Imperio sobre los sucesivos gobiernos uruguayos. La continuidad de

14
AGN-AGA, Ministerio de Gobierno, Caja 1003, febrero 1853, [Nota del Jefe Político de Cerro Largo al Ministro
int.de Gobierno], 24 de febrero 1853.

16
formas de trabajo semi-libres inhibió la conformación de un mercado libre de trabajo en
la frontera.
El cese del tráfico en el Brasil generó prácticas para disminuir sus efectos. Como
señalamos anteriormente, en la frontera se establecieron corrientes migratorias de
población negra en ambas direcciones. Por un lado, las ya analizadas fugas de esclavos
brasileños y los contratos de peonaje. Por otro, se iniciaron y sucedieron secuestros de
morenos orientales en el espacio fronterizo, quienes eran capturados para ser llevados a
Brasil, en donde serían vendidos como esclavos. En las capturas muchas veces se
tomaron a los morenos junto a sus familias o vecinos de la zona. En 1853 el grupo
comandado por el brasileño Laurindo José da Costa incursionó en Durazno. La partida
fue denunciada en el consulado oriental de Río Grande por el moreno Juan Rosa y su
mujer, que habían sido capturados junto a la familia del moreno Manuel Felipe, quien al
negarse a partir fue degollado. Laurindo arremetió en sus hogares diciendo “tener orden
del Gobierno Oriental para reunir todos los hombres de color y los que fuesen casados
con sus mugeres e hijos” 15 Tras el rapto, mientras la viuda de Manuel Felipe y su hijo
fueron llevados a Río Grande para ser vendidos, Juan Rosa, su mujer e hija fueron
comercializados en Pelotas. Estos últimos lograron fugarse, refugiándose en el
consulado oriental de esa ciudad.
De la incursión de la partida resultó la captura y venta en Río Grande de más de
5 afrodescendientes. Estando la familia del moreno Rosa en el consulado oriental, se
presentó su captor, alegando su propiedad junto a documentos que lo apoyaban. La
falsificación de documentos sobre propiedad de esclavos era común en Río Grande
como lo señalaban las autoridades consulares de Uruguay.16 Al comprobar el delito las
autoridades expidieron órdenes de captura para los raptores y pidieron información a
otras comandancias de frontera. No obstante, las actividades delictivas de Laurindo
continuaron. También hemos reconocido otra partida compuesta por 11 hombres y
capitaneada por el brasileño Ferminiano José de Macedo. La misma incursionó en
Tacuarembó, raptando “varias pessõas de côr, com o fim como se presupõe de redusil-
as a escravidão no territorio desta Provincia para ônde ao conduzirão”17

15
Reclamación de la República Oriental del Uruguay contra el Gobierno Imperial del Brasil, Montevideo, Imprenta
“El País”, 1864, p. 6.
16
Fragmento de carta de Andrés Lamas al Ministro de Gobierno hacia 1857. Ibídem, p. 7.
17
AHRGS, Correspondencia Expedida por el Presiente de la Provincia, A.2.10 (1849-1860), N°28, fs. 86v-88, 2 de
agosto 1854.

17
Los brasileños intentaron legalizar la situación de los pupilos orientales raptados,
bautizando a los menores -nacidos de vientre libre en territorio oriental- como si fueran
esclavos brasileños. En 1855 el Cap. Chagas fue denunciado por haber propiciado el
bautismo de 5 morenos orientales en la villa de Livramento. Los bautismos aseguraban
al raptor la propiedad de los mismos.18 Las autoridades orientales en Río Grande
reclamaron la devolución de los morenos. Algunos de los capturados vieron su libertad
postergada por varios años, mientras que los menos tuvieron mejor suerte y fueron
devueltos a la brevedad. A pesar de la preocupación que mostraron las autoridades
brasileñas no pudieron enfrentar las constantes demandas de sus pares orientales. Esta
problemática continúo hasta bien entrada la década de 1860. Por otra parte, las fugas de
esclavos brasileños se prolongarían hasta la abolición de la esclavitud en Brasil.

* * *
Hemos avanzado sobre ciertos aspectos de historia socio-económica en torno al
trabajo de los afrodescendientes; de historia rural al vincular sus actividades en los
establecimientos de campaña; y de estudios fronterizos al plantear la superposición de
legalidades y el uso que de las mismas hacían los habitantes de la frontera. Intentamos
así integrar al grupo negro al discurso historiográfico sobre población, economía y
estructuras básicas de la sociedad en el Río de la Plata.
Las fronteras no sólo implicaron una alternativa hacia la libertad, también
propiciaron la inserción de los esclavos en nuevas comunidades, pues los fugados
debían construir nuevos lazos con las villas y partidos que los resguardaban. Asimismo,
las fronteras implicaban la renovación de los lazos esclavistas, en tanto los
charqueadores podían movilizar con relativa facilidad sus planteles de esclavos a través
de la región de acuerdo a las diferentes coyunturas políticas. En menor medida, el
traslado de los esclavos como “peones contratados” a través de la frontera también
implicó la continuación de lazos esclavistas en diferentes comunidades de frontera.

18
Ibid, N° 7, f. 107v, 27 de febrero de 1855.

18
Bibliografía
ACEVEDO, E, (1933). Anales Históricos del Uruguay, Montevideo, Casa Barreiro y Ramos,
T. II.
ANDREWS, G. R., (1989). Los afroargentinos de Buenos Aires. Buenos Aires, Ediciones de la
Flor.
ARMAND UGÓN, E., CERDEIRAS ALONSO, J. C., ARCOS FERRAND, L. y
GOLDARACENA, R., (1930), República Oriental de Uruguay. Compilación de Leyes
y Decretos. 1825-1930, T II. Montevideo.
ARREDONDO, H., (1928). Los “Apuntes estadísticos” del Dr. Andrés Lamas, en: Revista del
Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, t. VI, N° 1.
BAKOS, M., (1985). “A Escravidão negra e os Farroupilhas” En: AA.VV. A Revolucão
Farroupilha. Historia & Interpretação, Porto Alegre, Mercado Abierto.
BENTANCUR, A., (1999), El Puerto Colonial de Montevideo. Los años de crisis (1807-1814),
Montevideo, FHCE.
BENTANCUR, A, APARICIO, F. (2006), Amos y esclavos en el Río de la Plata, Montevideo,
Editorial Planeta.
BORUCKI, A., (2003). Abolicionismo y esclavitud en Montevideo tras la fundación
republicana 1829-1853. Montevideo, inédito.
BORUCKI, A.; CHAGAS, K.; STALLA, N., (2004). Esclavitud y trabajo. Un estudio sobre los
afrodescendientes en la frontera uruguaya 1835-1855. Montevideo, Pulmón.
CARDOSO, Fernando H., (1977). Capitalismo y escravidão no Brasil Meridional, Rio de
Janeiro, Paz e terra.
CHIARAMONTE, J. C., (1991). Mercaderes del litoral. Economía y sociedad de la provincia
de Corrientes, primera mitad del siglo XIX, Buenos Aires, FCE.
FREGA, A., (1998). “La virtud y el poder. La soberanía particular de los pueblos en el proyecto
artiguista”, en: N. Goldman y R. Salvatore. (Comps.), Caudillismos rioplatenses.
Nuevas miradas a un viejo problema (101-133). Buenos Aires, Eudeba.
FREGA, A., (2004). “Caminos de libertad en tiempos de revolución. Los esclavos en la
Provincia Oriental Artiguista” 1815-1820; en: A. Bentancur, A. Borucki y A. Frega
(Comps.). Seminario Estudios sobre la cultura afro-rioplatense. Historia y presente
(45-66). Montevideo, Departamento de Publicaciones de la Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación.
FREGA A., BORUCKI A., CHAGAS K., STALLA N., (2005). “Esclavitud y abolición en el
Río de la Plata en tiempos de revolución y república”, en: Memorias del Simposio la
ruta del esclavo en el Río de la Plata: su historia y sus consecuencias, Montevideo,
UNESCO.
GARAVAGLIA, J. C., (1993). “Los labradores de San Isidro (siglos XVIII-XIX)”, En:
Desarrollo Económico, vol 32, N°128, enero-marzo.
GARAVAGLIA, J. C., (1999). Pastores y labradores de Buenos Aires, Buenos Aires, Ediciones
de la Flor.
GELMAN, J., (1998). “Campesinos y estancieros”, Buenos Aires, Ed. Los libros del riel.
GELMAN, J., (1999). “El fracaso de los sistemas coactivos de trabajo en Buenos Aires”; en:
Revista de Indias, vol. LIX, Nº 215.
GOLDBERG, M., (1976). “La población negra y mulata de Buenos Aires”, en: Desarrollo
Económico, Buenos Aires, vol. 16, Nº 61 (75-99).
GUTIÉRREZ, E. J., (1993), Negros, charqueadas & Olarias. Um estudo sobre o espaço
pelotense, Porto Alegre, Tesis presentada para aspirar al grado de Magister en Historia,
Pontificia Univ. Católica do Río Grande do Sul.
ISOLA, E., (1975). La esclavitud en el Uruguay. Desde sus comienzos hasta su extinción (1743-
1852). Montevideo, Publicaciones de la Comisión Nacional de Homenaje al
Sesquicentenario del los Hechos Históricos de 1825.

19
JOHNSON, L., SOCOLOW, S., (1980), “Población y espacio en el Buenos Ares del siglo
XVIII”, en Desarrollo Económico, Nº79.
LEITMAN, S., (1979). Raízes sócio-econômicas da Guerra dos Farrapos, Río de Janeiro,
Graal.
__________, (1985). “Negros Farrapos: Hipocrisia Racial no Sul do Brasil no Século XIX”.
EN: AA.VV: A Revolucão Farroupilha. Historia & Interpretação, Porto Alegre,
Mercado Abierto.
MAESTRI FILHO, M. J., (1984). O escravo no Rio Grande do Sul: A Charqueada e a gênesé
do escravismo gaúcho, Caxias do Sul, Editora da Univ. de Caxias do Sul, Escola
Superior de Teología.
MAGARIÑOS DE MELLO, M., (1948) El Gobierno del Cerrito. Colección de documentos
oficiales emanados de los poderes del Gobierno presidido por el Brigadier General D.
Manuel Oribe, 1843-1851, Montevideo, El Siglo Ilustrado, T. I.
__________, (1961), El Gobierno del Cerrito. Colección de documentos oficiales emanados de
los poderes del Gobierno presidido por el Brigadier General D. Manuel Oribe, 1843-
1851, Montevideo, El Siglo Ilustrado, T. II, Vol 1.
OSÓRIO, H., (2004). “Esclavos en la frontera: padrones de la esclavitud africana en Río Grande
del Sur, 1765-1825”, en: A. Bentancur, A. Borucki y A. Frega (comps.) Seminario
Estudios sobre la cultura afro-rioplatense. Historia y presente, Montevideo,
Departamento de Publicaciones de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación.
OSÓRIO, H.: (1999) Estancieiros, lavradores e comerciantes na constitição da estremadura
portuguesa na América: Rio Grande de São Pedro, 1737-1822, Tesis inédita,
presentada para aspirar al grado de Doctor en Historia, Univ. Federal Fulmínense.
PETIZ, S. (2001). Buscando a liberdade: as fugas de escravos da província de São pedro para
o além-fronteira (1815–1851), Tesis inédita presentada para obtener el grado de Master
en Historia del Instituto de Filosofia y Ciencias Humanas, Univ. Federal de Río Grande
del Sur.
SALA, L., RODRÍGUEZ, J. y DE LA TORRE, N., (1967). Estructura económico-social de la
colonia. Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos.
SALA, Lucía, ALONSO, Rosa, (1986). El Uruguay comercial, pastoril y caudillesco,
Montevideo, EBO, T. I.
VILLA, O. y MENDIVE, G., (1980). La prensa y los constituyentes en el Uruguay de 1830.
Montevideo, Biblioteca Nacional.

20

También podría gustarte