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CONCESIÓN DE SERVICIOS PUBLICOS

Con la concesión de servicio público es un contrato administrativo mediante el cual


el Estado encomienda a una persona -individual o jurídica, privada o pública-, por
tiempo determinado, la organización y el funcionamiento de un servicio público; dicha
persona, llamada "concesionario", actúa a su propia costa y riesgo, percibiendo por su
labor la retribución correspondiente, que puede consistir en el precio pagado por
los usuarios o subvenciones y garantías otorgadas por el Estado, o en ambas cosas a la
vez
Cuadra insistir en que la concesión de servicio público no sólo puede tener por objeto el
funcionamiento del respectivo servicio, sino también su organización.

La explotación del servicio público la hace el concesionario a su propia costa y riesgo.

Ello significa que toda la responsabilidad que derive de hechos que concreten


el ejercicio de la concesión, le corresponde al concesionario. Pero cuadra advertir que
la responsabilidad que pueda derivar del contenido de la concesión-de su texto y de sus
modalidades- no le corresponde al concesionario, sino al concedente.
La responsabilidad del concesionario se limita a los daños que causare en ejercicio de
la concesión, pero al margen de su texto y contenido.

La concesión del servicio público se otorga, m directa o inmediatamente, en interés


público. Sobre esto no hay controversia alguna. Lo contrario ocurre de la concesión de
uso de bienes del domicilio público, que se otorga, directa e inmediatamente,
en interés privado del concesionario.
El interés público que prevalece en la concesión de servicio público, y para
cuya satisfacción se otorga esta última, incide en todo su régimen jurídico. Es por ello,
por ejemplo, que la concesión de servicio público, contrariamente a lo que sucede con la
de uso de bienes del dominio público, no puede ser renunciada unilateralmente por
el concesionario; es también por ello que en materia de concesiones de servicio
público el control del Estado sobre la actividad del concesionario se acrecienta e
intensifica, en relación con el control estatal sobre la actividad del cocontratante en los
demás contratos administrativos; etcétera.

La concesión de servicio público es un contrato administrativo propiamente dicho,


carácter éste que cubre y domina todos sus aspectos y contenido.

No se trata de un acto mixto, contractual en un aspecto y reglamentario o legal en otro.


Trátese de un acto de estructura homogénea, contractual en todo su ámbito, lo cual en
nada obsta a que la Administración pública introduzca las modificaciones que juzgue
necesarias. Las consecuencias que se pretende derivar de la parte llamada reglamentaria
o legal-posibilidad de modificar la organización y el funcionamiento del servicio-no son
otra cosa que corolarios lógicos del carácter administrativo de dicha concesión que, peor
ser un contrato administrativo, comporta la indiscutible posibilidad de que, dentro de
los límites jurídicos pertinentes, la Administración pública, en ejercicio de
sus prerrogativas de tal, introduzca todas las modificaciones que juzgue menester en
la organización o en el funcionamiento del servicio. La posibilidad de tales
modificaciones es ínsita a la naturaleza el contrato administrativo stricto sensu, y hallase
contenida en las cláusulas exorbitantes virtuales del derecho privado inherentes a
tales contratos. Todas las posibles modificaciones que establezca la Administración
pública siempre tendrá por base esencial el contrato de concesión de servicio público,
cuya naturaleza consiste tales modificaciones.
CONCESIÓN DE RECURSOS NATURALES
La concesión de recursos naturales es un mecanismo a través del cual el Estado permite
a los particulares la explotación de dicho recursos. La norma establece que constituyen
bienes incorporales registrables y confieren el uso y disfrute del recurso concedido.
En este punto, la Constitución preceptúa en su artículo 66 que los recursos naturales,
renovables y no renovables, son patrimonio de la nación.  La norma establece además
que el Estado es soberano en su aprovechamiento. Así, se regula además que por ley
orgánica se fijan las condiciones de su utilización y de su otorgamiento a particulares. 

La ley Orgánica para el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, establece


que los recursos naturales mantenidos en su fuente, sean éstos renovables o no
renovables, son Patrimonio de la Nación.  Sin embargo, los frutos y productos de los
recursos naturales, obtenidos en la forma establecida en la referida norma son del
dominio de los titulares de los derechos concedidos sobre ellos.

En el Perú se aplica el denominado sistema dominalista, el mismo que considera que es


el Estado el titular de los recursos naturales, ejerciendo su soberanía sin que ello
signifique gozar propiamente un derecho patrimonial4.  Eso lo distingue del sistema
regalista, propio de algunos países, que más bien asigna la propiedad de los recursos
naturales al Estado, el cual puede incluso explotarlos por sí mismo.

En consecuencia, el Estado no es propietario de los recursos naturales, los cuales son de


propiedad del concesionario una vez que han sido extraídas de su fuente; siendo que
incluso el Estado requiere de concesión para explotar recursos naturales, lo cual a su vez
se encuentra seriamente limitado en aplicación del principio de subsidiaridad
empresarial.

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