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ESTADO Y POLITICA EN LA NOVELA NEGRA NORTEAMERICANA: HAMMETT

Y CHANDLER.

Nos gustaría trabajar aquí las relaciones entre la literatura y el estado, o cómo la literatura
postula la realidad de lo estatal, que es sin duda la forma conceptual en la que se ha
concentrado el pensamiento político moderno. Sabemos que Weber definió a la política
como la acción orientada a dirigir o participar en el estado. Pues bien, para realizar esta
propuesta, que es demasiado amplía y compleja, nos concentraremos en un tipo particular
de literatura, la denominada novela negra. Sin duda, ella es una de las más altas expresiones
de la literatura política del siglo XX. Claro, que debemos entender la literatura política, no
como la trasmisión o el reflejo de una ideología concreta al estilo Gorki, sino como la
invención de una realidad en la que la maquinaria política estatal y su producción de verdad
ocupan un sitio nodal. La novela negra es una forma novedosa de relato literario que
permite vislumbrar desde un ángulo original las tensas relaciones entre lo político y el
poder estatal; además su nacimiento y desarrollo se dio en el país políticamente
hegemónico en el siglo XX, un hecho no menor que posibilita por otra parte, ingresar de
manera inmejorable, por el revés del postulado ideológico de la democracia en América, al
corazón del poder mundial.
Dicho esto, nos adentraremos brevemente en las razones que dieron origen a la novela
negra o hard-boiled. Trabajaremos en una historia interna y otra externa del género por así
decirlo. En la primera, la historia interna, seguiremos libremente algunas coordenadas que
dejo Ricardo Piglia. Pues bien, la novela negra surge a partir del policial clásico creado por
Poe, desarrollado luego por los ingleses y concluido magistralmente por Borges en el
cuento La muerte y la brújula. El clásico relato de enigma tenía como regla principal el
poder de la inteligencia desplegada por el detective para resolver un crimen o un robo. Un
misterio insondable, un crimen en un cuarto cerrado, es dilucidado por la capacidad
analítica, lógico-matemática, de un detective aficionado que, de ese modo, vuelve a
equilibrar el orden burgués alterado. El Isidro Parodi de Borges y Bioy lleva al extremo
esta regla al resolver los enigmas desde la cárcel donde se encuentra detenido. En estos
relatos, el criterio de verdad es la racionalidad inductiva, y lo central es el enigma a resolver
no el sujeto que realiza el acto delictivo, que perfectamente puede ser cualquiera. El

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delincuente es elegido con el fin de dar eficacia literaria al cuento o la novela. El detective,
como dijimos, es por lo general un aficionado que resuelve los casos por puro placer; es un
burgués que colabora con la policía, siempre ineficaz. En suma, esta del lado del bien, del
orden.
El policial negro si bien comienza como un relato de enigma, va a ir corriendo del centro de
la escena al misterio, a través de un procedimiento por el cual logro su autonomía del
policial clásico. Chandler refiriéndose a Hammett, quizas el creador del genero negro, lo
definió así: “Hammett sacó al crimen del jarrón veneciano y lo arrojó al callejón (...)
Hammett le devolvió al crimen a la clase de gente que lo hace por un motivo, no sólo para
proporcionar un cadáver; y con los medios a mano (...). llevó al papel a esa gente tal como
es, y la hizo hablar y pensar en la lengua que usa habitualmente con esos propósitos.” Sacar
el crimen del jarrón veneciano, de mayordomos taciturnos, y arrojarlo a la calle tuvo sus
consecuencias en las reglas del relato de enigma que fueron alteradas por los autores del
policial americano. Ahora el criterio de verdad surge de la experiencia, el detective va en
busca de las pruebas y a menudo se enreda con los sospechosos provocando nuevos
crímenes, en todo momento queda claro que la razón analítica no alcanza, hay que salir,
moverse y arriesgar el pellejo. En Cosecha roja de Hammett dice el agente en un momento:
“ Los planes están bien algunas veces- dije-. Y otras, lo que está bien es simplemente
remover las cosas; está bien si eres lo suficientemente duro para sobrevivir y conservas bien
abiertos los ojos para poder ver lo que te interesa cuando sale a la superficie.” Los crímenes
o robos tienen un motivo o interés bien concreto, por lo general económico o político;
resolverlos implica remover las relaciones de poder establecidas. Por último, el detective
nos es un aficionado, sino un profesional, alguien que trabaja por dinero, y por ende tiene
un vivo deseo de cobrar por sus servicios.
Ahora bien, quitar a las novelas policiales de las mansiones o de los barrios elegantes y
arrojarlas al callejón, nos introduce en la historia externa del policial negro. Las ciudades
norteamericanas de los años 20’ y 30’ son el escenario. Como se sabe, aquellos años son los
del auge y consolidación de la sociedad de masas, y los relatos de la serie negra comienzan
siendo un producto más de esa sociedad junto con el cine, la radio y el periodismo
comercial. La revista Black mast agrupa a los nuevos escritores “duros”. Es una típica
revista de la sociedad de masas que se vende en los kioscos a bajo precio. El periodismo al

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estilo del ciudadano Hearst, con el privilegio que le otorga a las noticias con sangre, el
consabido amarillismo, es nodal en el estilo seco y directo de la novela negra. Por eso
Piglia sostiene que “el policial norteamericano se mueve entre el relato periodístico y la
novela de enigma”. El naciente gangsterismo producto de la ley seca oficia de contexto
propicio para situar la violencia en las novelas.
Ahora, hay dos hechos singulares, que podríamos agregar como síntesis de lo hasta aquí
relatado. El primero, es que la literatura negra se encuentra en un momento de transición
entre el estado liberal decimonico y el estado de bienestar típico del siglo XX. El policial
clásico se despliega en un contexto plenamente liberal. Pero el policial norteamericano hace
su aparición en ese momento de conflictivo pasaje, entre las guerras mundiales, los truts y
los sindicatos, y la crisis del 30’. La trilogía USA de Dos Passos es un inmenso fresco de
esta misma etapa de transición. Época marcada por el fin del ingenuo optimismo liberal,
por la perdida de antiguos valores, como sostiene la biógrafa de Hammett Diane Jonson, y
por el aplastante triunfo de la organización y la administración. El segundo hecho, que
denota el carácter distintivo de la novela Hard-boiled es el modo en que circula la
información. Obviamente esta particularidad es fundamental en cualquier policial. En este
caso, la información circula a lo largo de la ciudad, por sus zonas elegantes y sobre todo
por sus bajos fondos. La teoría política de la ciudad en la novela negra, su estética urbana
también, se define en las recorridas del sabueso en busca de información. Los personajes
que aparecen son los típicos de la ciudad moderna, en ellos no cabe la línea divisoria entre
el bien y el mal o la verdad como revés de la mentira, brindan información de acuerdo a sus
intereses, siempre contingentes y cambiantes. En la investigación surgida de la experiencia
no se trabaja con el registro de la verdad, al detective no le apetece su develamiento perse y
a los policías tampoco, por supuesto. Solo importa anudar informaciones que permitan
cumplir el objetivo, estas informaciones pueden coincidir con la verdad o no.
Marx dijo allá por 1863: “Hoy el delito es una rama de la producción capitalista y el
criminal un productor”. De esta definición concreta y concisa parte la novela negra, por lo
menos en su versión más consagrada, la que aquí nos interesa, la de Hammett y Chandler.
Son novelas capitalistas, afirma Piglia. La literatura de Hammett y Chandler expresan en
toda su crudeza las relaciones capitalistas, el dinero lo gobierna todo. En otras palabras, los
personajes, incluido el detective, se mueven por interés. Al leer sus novelas observamos el

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triunfo del más brutal materialismo. Los aparatos legales y represivos del estado están
maniatados también por el dinero y las relaciones capitalistas. La ley es un apéndice del
poder del dinero. En consecuencia, el crimen se va impersonalizando y transformando en
una incontrolada fuerza social.
Para ejemplificar estas cuestiones, tomaremos la primera novela de Hammett Cosecha roja.
En ella, el detective es contratado por un tal Donald Wilson. Cuando llega el sabueso a
Personville para entrevistarse con Wilson, éste es asesinado. El agente visita al padre de
Wilson, Elihu Wilson y se entera de su poder, es el zar de la ciudad: es dueño de una gran
empresa minera, de los dos diarios de la ciudad, propietario del banco de la ciudad, y
accionista en todas las empresas de alguna importancia; además es propietario de un
Senador de los Estados Unidos, del Gobernador del Estado y del Alcalde de la ciudad. El
problema radica en que Elihu Wilson se vio obligado a contratar a un grupo de matones
para reprimir una huelga minera persistente y audaz. Los mafiosos derrotaron a los
huelguistas, pero a cambio se quedaron con la ciudad. Ahora, Wilson padre ve debilitado su
poder, las organizaciones del crimen lo tienen acorralado. Nuestro sabueso se encargara de
limpiar Personville con la reticente anuencia del viejo Elihu. Pues bien, este es el
disparador de la novela (Gide y Malraux vieron aquí una alegoría del fascismo), que no
hace otra cosa que mostrarnos la sintomática visión materialista que tiene el autor de las
relaciones entre el estado y el capital. Es más, el jefe de policía Noonam posee una parte
del poder criminal en la ciudad. Noonam emplea su uniforme para realizar negocios y tiene
un comportamiento gansteril como el de los otros tres contrabandistas y pistoleros que
gobiernan la ciudad.
Personville es una tierra sin ley, o mejor, el lugar donde prima absolutamente el dinero y el
interés. El agente de la continental para cumplir su misión empleará los mismos métodos
que los delincuentes, su objetivo no es llevarlos ante la justicia, hecho imposible, sino
provocar un enfrentamiento a muerte entre ellos que los vaya liquidando uno a uno, y de
ese modo limpiar la ciudad. No hay posibilidad para comportamiento ético alguno: “el que
pretende vender ética en Personville, verá que se le oxida en el almacén”, dice en un
momento el agente. Elige, entonces, la mimetización con la ley que rige la ciudad para
lograr el fin buscado.

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Esta conducta nos hace recordar el viejo tópico sartreano de ensuciarse las manos para
hacer política concreta en la historia y no en un cielo ideal. Y en efecto, toda la discusión
acerca de la legitimidad de la violencia, las relaciones entre el humanismo y el terror, que
colorearon el itinerario del marxismo en el siglo XX pareciera tener una gran semejanza
con la literatura hammetiana. Sin embargo, lejos esta la novela negra de una visión marxista
de la relaciones entre el dinero y la ley. No hay jamás una critica ideológica al predominio
del capital. Es más, el detective con su acción busca reponer el dominio de Elihu Wilson
sobre la ciudad, es decir, el sabueso lucha del lado del empresario contra los advenedizos
pistoleros, y no lo hace por que considera a uno moralmente superior de los otros, el viejo y
los gansters son de la misma calaña, revés y derecho de una semejante fuente de poder.
Pero pareciera que, para el sabueso hay un orden aceptable cuando la corrupción se ejerce
dentro del marco “legal” de lo establecido. El detective de la novela negra trabaja siempre
en el interior de lo que Foucault llamo ilegalísmo diferencial. En un relato titulado
Corksrew, que es un antecedente de Cosecha roja, el agente de la continental viaja a un
pueblo fronterizo de Arizona para liquidar a unos traficantes de inmigrantes que estaban
con su violencia asolando al pueblo, lo hace contratado por los accionistas de una compañía
que busca explotar aquellas tierras y no puede hacerlo por el dominio de los gangsters sobre
el territorio.
Por tanto, no se debe buscar la politización del relato policial por el lado de una critica del
orden capitalista. La novela negra no es la novela proletaria americana, no es posible
encontrar la estructura ideológica de Viñas de la ira de Steinbeck, ni el estilo político de la
trilogía USA de Dos Passos. En este sentido, la novela negra es inocente. Pero esa
inocencia posibilita la efectividad de lo literario. Chandler fue animado a escribir una
novela proletaria, y contesto con sorna que no le interesaba ese animal, y que Marlowe
tenía tanto conciencia política como un caballo.
Piglia sostiene que la novela negra debe leerse como síntoma de la sociedad capitalista, y
no como si la hubiera escrito Brecht. Es decir, agregamos nosotros, la literatura de
Hammett y Chandler escenifican un mundo materialista donde el dinero colonizo al estado
a través de la evidencia experimental del detective. De ello, no se extraen consecuencias
criticas, se lo acepta con resignación cínica. La fuerza inconmensurable del dinero
permanece como el verdadero enigma irresuelto del policial negro, y quizas de ello se

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deduzca la visión escéptica del mundo que tienen los investigadores privados. Nadie
expreso mejor que el Marlowe de El largo adiós las razones del delito en la sociedad
contemporáneo. En ellas, se confirma al mismo tiempo el párrafo de Marx, el enigma del
dinero, y la concepción del mundo de los escritores “duros”: “Nosotros no tenemos
rufianes, tahúres y gangsters y sindicatos del crimen porque tengamos políticos deshonestos
con sus representantes ubicados en la Municipalidad y en las legislaturas. El delito no es
una enfermedad, sino un síntoma. La policía es como el médico que receta aspirina para un
tumor de cerebro, con la diferencia que la policía lo cura más bien con una cachiporra.
Somos un pueblo grande, rudo, rico y salvaje y el delito es el precio que pagamos por ello y
el delito organizado es el precio que pagamos por la organización. Lo tendremos durante
largo tiempo. El delito organizado no es más que el lado sucio de la lucha por el dólar.
-¿Cuál es el lado limpio? – Nunca lo he visto. Vamos a tomar algo”.
Ahora bien, si sugerimos que en las relaciones entre el capitalismo y los aparatos de estado
no se encuentra el aspecto político de la novela negra, sino un síntoma de la sociedad de
mercado con su creciente colonización de la esfera pública, podemos preguntarnos si hay
un espacio de politicidad en estos tipos de relatos. La respuesta es afirmativa, y puede
hallarse, sobre la estructura de la vinculación entre el dinero y la ley, en la práctica del
detective. El private eyes busca distinguirse de las reglas sociales gobernadas por el dinero
y el interés particular mediante la autonomía de su praxis investigativa. El detective define
en el campo concreto de su investigación las reglas de conducta que lo regirán. Estas tienen
que mostrarse autónomas de los poderes del dinero, y por supuesto tienen poco que ver con
las visiones de los profesionales de la política o las ideologías coherentes y
omnicomprensivas. Dicha moral política autónoma se encuentra constantemente
amenazada por las mujeres que, con su belleza y sagacidad, tientan al sabueso. Las mujeres
son la materialización de la violencia arrolladora del capital, el enigma que siempre las
envuelve entronca con la misteriosa fuerza del dinero, la femme fatale es la sociedad
burguesa que busca integrar a los solitarios detectives. El memorable final del Halcón
maltes es un ejemplo de este combate, Sam Spade se ve tentado por la belleza de una mujer
sin escrúpulos que ha matado a su compañero y ha intentado engañarlo en todo momento,
sin embargo decide entregarla a la policía, aunque siente una irrestible atracción hacia ella,

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justificando su elección con un discurso donde destaca la necesidad de mantener su
autonomía. En este caso: de no ser integrado por el amor.
Por tanto, la politicidad en la novela negra yace en la capacidad del detective para darse una
singular visión del mundo que lo vuelve independiente tanto de las distinciones cristianas o
victorianas entre el bien y el mal, como de la lógica pragmática de los sujetos ávidos de
ganancias. Se trata de la construcción de otra moral, que nos atrevemos a llamar política
por su insistencia en definirse a partir de la experiencia del mundo, y no de grandes relatos
proveedores de reglas de conducta.
Ahora, dentro de este marco general, podemos señalar algunos matices entre la literatura de
Hammett y la Chandler y también algunos desplazamientos hacia el interior de cada una de
sus obras. Los relatos hammetianos de los años 20’ y Cosecha roja nos brindan el punto
más alto en la politicidad de la autonomía detectivesca, el agente de la continental parece
actuar como el príncipe maquiaveliano, la moralidad de su práctica surge a partir de los
fines de la investigación y del contexto en que se realiza. En la otras novelas de Hammett,
notoriamente las protagonizadas por Sam Spade y Nick Charles, se acentúa la moralidad
del detective frente a un mundo corrompido. Los valores relacionados con la honestidad, el
honor y la amistad se ponen en juego en una sociedad utilitaria. Este aspecto va
prefigurando al Marlowe de Chandler que va ir acentuando progresivamente el moralismo
hasta llegar a El largo adiós donde ocupa el primer plano. Pero, cabe destacar que la
moralidad de los sabuesos poco tiene que ver con un recetario de buenas costumbres, ella
emerge de su praxis y es en todo caso una forma de oponerse a la vida burguesa.
De todas maneras, nos encontramos ahora ante otro problema: el de la relación entre la
soledad y la política. Como sabemos, la política supone la potencia de lo común, la
pluralidad humana, o el juego de las diferencias y las equivalencias en la constitución de un
pueblo; por tanto, a simple vista, la soledad es anti-política. Y los detectives son
esencialmente seres solitarios. La soledad es fundamental para llevar adelante su actividad,
ya que, la sociedad en que viven solo se integra y adquiere significación vía el
enriquecimiento dinerario. No ser integrado supone la elección de la soledad. ¿Hay política
allí? No, si pensamos estrictamente desde la filosofía política. Pero, estamos en el terreno
de lo literario. Y lo político en la literatura se observa en la resistencia de los personajes a
ser embarcados dentro de las reglas sociales dominantes. En consecuencia, la política de los

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sabuesos se expresa en su vida solitaria, contracara directa, de su rechazo al dinero y a los
ofrecimientos de amor de las hermosísimas mujeres con las que se cruzan. Política y
soledad no se oponen en la literatura, sino que se refuerzan, dándoles, de ese modo, a las
obras su belleza estética y su sentido critico. La novela negra es autentica literatura por
este, entre otros aspectos. Pero además nos brinda un plus: el de permitirnos pensar las
relaciones entre el estado y la política en la sociedad contemporánea.
Para terminar, un larga cita de El largo adiós, que ejemplifica este último tramo del trabajo
y nos da también un sentido general de la elección política de los detectives. Ahora habla el
gran Marlowe, escuchemos: “Por otra parte, lo único que quería era irme y no meterme más
en nada, pero ésta era la parte de mi personalidad, a la nunca llevaba el apunte. Porque si
alguna vez lo hubiera hecho, me habría quedado en la ciudad donde nací, y habría trabajado
en la ferretería y me habría casado con la hija del dueño y tendría cinco hijos. Les leería el
suplemento cómico el domingo por la mañana y les daría un coscorrón cuando se saliense
de la línea; discutiría con mi esposa sobra la cantidad de dinero mensual que darle para sus
gastos y qué programas podrían escuchar por la radio o la TV. Hasta habría podido llegar a
ser rico (un rico de ciudad pequeña), con una casa de ocho habitaciones, dos autos en el
garaje, pollo todos los domingos, la esposa con una permanente impecable y yo con un
cerebro como una bolsa de cemento Pórtland. Elíjalo usted, amigo. Yo me quedo con la
gran ciudad, sórdida, sucia, pervertida.”

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