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“EL VALOR DE LA EXPERIENCIA

EN LA NEGOCIACION CON REHENES”

Por el Lic. Osvaldo A. Cuello Videla.


Licenciado en Criminalística.
Profesor de Negociación con Rehenes y
Propfesor de Criminología en la Universidad del Aconcagua.
Jefe de Negociadores del Grupo de Resolución de Incidentes y Secuestros G.R.I.S.
Desde 1999 a 2005
Mendoza – Argentina
ocuellov@yahoo.com.ar
osvaldo@cuello.com.ar

“EL VALOR DE LA EXPERIENCIA

EN LA NEGOCIACION CON REHENES”

Cuando analizamos las crisis con tomas de rehenes calificadas de alto y altísimo
riesgo, no debemos pensar en esos conflictos críticos como procedimientos de simple resolución y
evolución, sino como incidentes donde deben aplicarse técnicas complejas.

Aún cuando sepamos cómo montar los procedimientos, qué está ocurriendo y prever la
evolución de los acontecimientos en base a parámetros más o menos estandarizados; nunca
podremos predecir total y certeramente su desenlace si no hemos aquilatado un adecuado
desarrollo del aprendizaje. Esto es así porque al ser eventos caóticos, donde están en juego una
serie de elementos aleatorios, más la incertidumbre de la conducta humana, lo impredecible
siempre estará presente.

Estos eventos trágicos de alto riesgo, no debemos valorarlos como incidentes


circunstanciales de escasa o extraordinaria ocurrencia y en donde solamente la capacidad táctica y
habilidad del equipo que dirime el asunto, han sido el desencadenante de sus resultados cuando
son favorables; o en cambio apelar a la fatalidad cuando éstos no han sido prósperos con la
ocurrencia de muertes o lesiones de inocentes. Esta idea resulta demasiado simplista y
peligrosamente prescinde de valorar en su justa medida ese ingrediente que los hace sumamente
amenazadores: El riesgo de vida para las personas.
La distinción de ésta peligrosidad no depende de la naturaleza del acto en sí, sino de
las circunstancias que lo rodean. Lo cierto es que la frontera entre lo grave y lo peligroso es
movediza y no siempre fácil de trazar, sobre todo si no tenemos la experiencia que nos
determinará con algún grado de certidumbre las tendencias en los diferentes tipos de crisis y que
estrategias y tácticas emplearemos para llegar a buen puerto.

Los procesos para la solución de éste tipo de conflictos, tienen desde el punto de vista
dinámico un cometido o fin, y desde el punto de vista estructural una ordenación de secuencias
que debemos cumplir.

Ese último aspecto estático, que se denomina “Administración de Crisis”, nos indica
las pautas de acción que debemos seguir para asegurar los resultados operativos de un incidente.
El cariz dinámico, en cambio, es el empleo estratégico de esos conceptos en conjugación con otros
recursos y las estimaciones; más la modalidad de negociación aplicable y que varía según el caso
y sus circunstancias.

A su vez el aspecto estático, se lo llega a conocer por la asimilación del conocimiento.


El segundo se cultiva no solo por el aprendizaje teórico, sino fundamentalmente por el ensayo, el
ejercicio y en esencia por la experiencia.

Para la adecuada aplicación de esta doctrina, debemos pues tratar de comprenderla en


forma conjunta, tanto desde el aspecto estructural como de su dinámica.

Podemos decir que esta disciplina tiene:

• Una orientación: Salvar vidas y aplicar la Ley, es decir, la resolución del conflicto;

• Una actividad estratégica: Idear la aplicación oportuna de las diferentes tácticas y las formas
de negociación; utilizando el mínimo de violencia posible, evitando enfrentamientos;

• Un régimen de determinación: La responsabilidad única en una sola persona con amplia


capacidad de decisión, delegación y resolución (principio de la unidad de mando);

• Una función de realización: Asegurar el cumplimiento voluntario o compulsivo del respeto a


la ley, la libertad y vida de las personas; y

• Un producto de retro-acción: Que se logra, primero sobre la situación social existente luego
del conflicto; es decir, la imagen institucional al obtener mejores resultados sin poner en
peligro la vida de las personas; y el mensaje que aporta su solución para evitar la
reincidencia, si actuamos también con firmeza. En segundo orden por la actividad misma de
reciclaje que nos permite aquilatar experiencia.

No se discute que en el inicio de cualquier actividad el interés en aprender comienza


por un primer conocimiento; pero no debe olvidarse que el principio rector de esta capacitación
apunta a objetivos de mayor envergadura que es rescatar personas en peligro y en esto el valor de
la experiencia es fundamental.

Victor Amran Cazes de la Brigada de Acciones Especiales de Venezuela, afirmaba


sobre las crisis en una entrevista que “Se trata de un siniestro en desarrollo, el cual puede originar
un desenlace lamentable cuando no se tienen conocimientos científicos. No se puede improvisar
pues la vida de rehenes, policías y secuestradores está en juego”.

Con muy buen criterio, el Comisario Inspector Víctor Sarnaglia (Jefe de la Ca. TOE de
Santa Fe) ha afirmado reiteradamente que una de las metas de la aplicación de la doctrina de la
negociación con rehenes es “Superar la improvisación, el protagonismo y las soluciones
empíricas” para casos extraordinarios de seguridad, que deben ser solucionados y resueltos por
especialistas.

Sin embargo la amplia difusión que se está dando en la Argentina, a la doctrina de


“Administración de Crisis” bajo el título de “Negociación para la liberación Rehenes” o
“Negociación con Rehenes” lleva en muchos casos a confusión.

La Administración de Crisis constituye ese elemento estático, formal o procedimiental


que referí en un principio. La Negociación, junto con el gerenciamiento, la psicología, las técnicas
de persuasión, comunicación, etc. constituyen partes de la dinámica de esta materia.

Es precisamente consecuencia de esa desorientación inicial para quienes están en


búsqueda de resultados más alentadores, que la doctrina está pasando por un momento crítico, que
hace temer por el abandono del asesoramiento especializado, el desaprovechamiento de los
avances alcanzados en la investigación de diferentes casos, los logros conseguidos a través de la
aplicación de metodologías adecuadas en la búsqueda de soluciones, y fundamentalmente de las
recomendaciones de los expertos; con la amenaza cierta de retornar a modelos ya supuestamente
superados. Muchas personas creen erróneamente que habiendo completado un curso de este
alcance ya están en condiciones que encarar una situación con rehenes o un secuestro.
De ahí la necesidad ineludible de la Experiencia y ésta se obtiene de tres fuentes:

• Del estudio de casos (sumando experiencia ajena),

• En segundo orden, simulando situaciones aproximadas a la realidad y sin guión o


argumento previo para obtener el constituyente impredecible que requiere un buen
entrenamiento; y

• La última fuente y más poderosa argumentación surge de la aplicación repetida y


concreta de las distintas estrategias y procedimientos en el campo de acción, es
decir la vivencia real de varios sucesos críticos que nos permitan adquirir pericia y
capacidad en la resolución de los hechos.

Las primeras dos son útiles para conocer y pulir errores e ir adquiriendo
paulatinamente práctica y habilidad, pero la última fuente no admite errores y sus resultados nos
dotan de solvencia operativa y hace a la garantía que deben significar un equipo de resolución de
crisis para la ciudadanía.

Preparar un equipo de negociación (porque no se puede hablar de individualismos),


lleva implícito en primer lugar seleccionar personas con un perfil particular, una adecuada
preparación teórica, un amplio conocimiento táctico y meses de entrenamiento, y aun así les falta
la experiencia todavía.

Como estudioso del tema, he hurgado y encontrado un sinnúmero de artículos y


cursos, muchos de ellos encarados por personas que no han tenido la oportunidad de negociar
jamás, es decir les falta experiencia. La negociación con rehenes no es sólo una actividad
intelectual o de estudio que se pueda enseñar en un salón de conferencias o aprender por libros o
por Internet. Como suele decirse en el deporte, todos somos críticos y muy buenos comentaristas
porque conocemos todas las reglas del juego y sus estrategias, pero no todos tenemos la habilidad
del buen jugador.

Las operaciones de éste tipo y la intervención en episodios de Alto y Altísimo Riesgo,


involucran como característica principal el “Peligro inminente sobre la vida”.

Tanto para intervenir, como para discernir sobre el tema hay que tener la autoridad de
la experiencia, pero que esa experiencia no sólo haya sido eficaz para quien la vivió por las
conclusiones que pueda arrimar a su entendimiento, sino también provechosa y eficiente en cuanto
a la resolución se refiere, porque en esto no se puede aprender en base a equívocos, sino seguimos
aplicando lo que llamo: “soluciones de gran riesgo”.

Para tener la autoridad del consejero, del educador y del formador; insisto en que hay
que cumplir esos tres requisitos que son inseparables: Conocimiento – Entrenamiento –
Experiencia.

• Si alguien tiene conocimiento, vivió una experiencia, pero carece de


entrenamiento; dudo que pueda salir airoso en los próximos episodios,

• Quien tuvo una experiencia pero no tiene conocimiento no puede saber lo que hace
y porqué, mucho menos qué estrategias aplicar y qué resultados obtendrá;

• Aquel que tiene conocimiento y entrenamiento pero no tuvo experiencia o ésta es


trágica, entonces tiene que asumir con humildad que todavía le queda mucho por
aprender.

Un antiguo proverbio chino dice:

Al que no sabe que sabe, despiértalo;

Al que sabe que no sabe, ayúdalo.

Al que sabe que sabe, síguelo;

Al que no sabe que no sabe, húyele.

Conforme lo dicho hasta aquí, y desde mi incipiente práctica en esta labor


especializada, observando las distintas doctrinas y del intercambio de opiniones con negociadores
activos de diversos países que comentamos la problemática y las acciones en nuestras
intervenciones; muchos coincidimos en que debemos actuar teniendo en cuenta siempre los
objetivos más que las formas; es decir; predominan por sobre los mecanismos estáticos, el
elemento dinámico a que hacía referencia.

La primera regla para los negociadores debería ser: “En el campo de la diversidad cada
secuestrador es un mundo y, por lo tanto, cada caso requiere una solución personalizada, nunca
generalizada”. Consecuentemente, los parámetros por los cuales las decisiones se toman son
mucho más complejos que aquellos que conforman los razonamientos empíricos y aún los
esquemas doctrinarios”.

Se trata de procesos de tal importancia que la intervención del comandante y los jefes
de grupos no puede limitarse al mero control de la formalidad, sino que junto a su equipo debe
entrar en el mérito de la cuestión. El comandante desarrolla una función activa y concreta
requiriéndose una decisión discrecional sobre la base de los elementos recogidos y no una suma
cuasi aritmética de éstos para llegar a un resultado prefijado.

Tampoco debe creerse que todavía estos casos siguen siendo una cuestión dispersa y
escasa, por el contrario, del estudio de casos que he realizado en los últimos años, puedo afirmar
con meridiana certeza que existe un alto índice de ocurrencia en nuestro país, considerando que
deberían ser crisis extraordinarias o excepcionales, y que, sin dudas, son muchos los casos de los
que no se tienen noticias.

Mi sana intención en este artículo es recomendar a aquellos que quieran capacitarse en


ésta materia, que una preparación adecuada no se agota solamente en el conocimiento del aspecto
formal o estático de los procedimientos para la administración de crisis, y a las administraciones
de Policía que sean cautelosas y precavidas al momento de preparar o entrenar a sus equipos de
negociadores, dejando ésta formación en aquellos que no han tenido oportunidad de aplicar en una
situación real lo que enseñan; porque la experiencia tiene un valor fundamental para conducirnos
más allá de los meramente estructural en la aplicación de éstos principios.

Por regla general los desatinos siempre nos conducen a consecuencias desagradables,
una de ellas y que podría verse a largo plazo es el escepticismo que generarán éstos métodos
cuando vemos que arrojan malos resultados, justamente porque su enseñanza y aplicación, por
falta de experiencia, no ha sido siempre abordadas desde una óptica completa de la materia, sino
que es tratada generalmente en base a su proceso de administración, dejando de lado su arista más
importante y que completa la integridad del asunto, que son los métodos de negociación y las
estrategias para el gerenciamiento de crisis.