Está en la página 1de 2

ANTROPOLOGIA.

¿Cómo se relacionaría la definición de persona de Fernando Rielo con la experiencia


de Víktor Frankl; dicha experiencia corrobora o constata algún hecho o definición de
las que estamos estudiando?
Fernando Rielo nos señala una pista sobre el actuar humano. Dice: Es un hecho experiencial
que el ser humano, lejos de refugiarse en su propia identidad, tiene conciencia de que no es
solo “conciencia de sí”. Ni obra solo “para sí”; es, más bien, “alguien con conciencia de alguien”
y que “obra para otro alguien”. Este autor, también, dibuja el carácter de relación que posee el
hombre como persona, siempre abierto a la realidad; contrario a la posición egoísta y
egocéntrica que, si bien se presentan algunas veces en el ser humano, es causado por un
estado de disgenesia.

La concepción de Fernando Rielo es bastante diferente. En el hombre, hay una unidad entre
los niveles físico, psíquico y espiritual. Pero si buscamos un nivel que lo caracteriza
esencialmente, éste no es el alma, sino el espíritu, precisamente porque el espíritu es aquella
parte creada e inhabitada constitutivamente por Dios que abre al hombre de forma libre, o sea
personal, al diálogo con Él.

El espíritu es la sede de la personalidad. El hombre es persona porque posee un espíritu, a


diferencia de los demás seres vivientes, que tienen alma –porque tienen vida- pero no espíritu,
y en los que la presencia de Dios es solamente “extrínseca”. Para Rielo, sin embargo, ni la
noción de alma ni la de espíritu “en cuanto tal” sirven para indicar la parte esencial,
característica del hombre. El espíritu, de hecho, no existe “en cuanto tal”, sino solo inhabitado
por la divina presencia constitutiva del Sujeto Absoluto como principio concreacional. Siempre
es el acto divino el que define, transcendentalmente, a los entes, y la persona, que es el más
noble de los entes, es definida, transcendentalmente, por el acto de la divina presencia
constitutiva del Sujeto Absoluto, acto intrínseco a su esencia, haciendo posible un auténtico
“diálogo” personal, libre y amoroso, que consiste en el incremento de la unión entre el
hombre y Dios. Se podrían aplicar a tal unión las palabras que el Concilio de Calcedonia
aplicaba a la unión hipostática de Cristo: inseparable e inconfusamente . La persona y la
naturaleza humana, de hecho, no son aniquiladas por la presencia divina sino, al contrario, si
entendemos la sustancia como congénesis, la persona humana realiza la plenitud de su esencia
y existencia en la unión-comunión con Dios

Rielo distingue tres momentos en la creación: el primero, el de la creación de la materia,


podemos identificarlo con el big bang cósmico. El segundo momento es el de la creación de la
vida. Es un momento, según Rielo, que necesita la intervención directa de Dios. El origen de la
vida no se explica con la casual formación y combinación de aminoácidos y proteínas. Hay un
salto de la materia inorgánica a la vida que la ciencia no está en grado de explicar ni, mucho
menos, de reproducir en el laboratorio. La vida es consecuencia de la absoluta libertad del acto
divino, con el que se hace presente en el ente creado. Mientras los entes materiales, las cosas,
son fruto del libre acto creativo con la actio in distans , y son sólo fenómenos, cuyo estatuto
puede ser definido como doxistencia (existencia fenoménica), estando privados de real
consistencia ontológica (no pueden ni ser llamados sustancias, porque no son destinados a
perdurar); los seres vivient es son las verdaderas sustancias (por tanto, su estudio entra en la
ontología) y su vida, fruto de la animación producida por Dios con el acto de su presencia, está
destinada a perdurar. También los animales, a su modo, son inmortales.

LIRBO BASE

GUIA DIDACTICA