Está en la página 1de 35

;1

1"
,: , ,
"

, ,
,1 , ,' ,
" ' ',!

:'
. .~
l~-;.}
"
•í
, ,1 ... ..
,~
~; r;
'I"

.. "'r
t...
,:~
:f',
, ~ " ',~

,' , ~. . ' ti
~. : ,, ) '" c:
"

..
~"

"."


. :-"
~ ..

, J ,

tr' Ir', 1' "


1' , ; , r o' u.
,' :"
',' , '

()
" "
0- , "
:¡ ,1 ",
' ..
, '1
,,'.1 , ',.,
... ­
l' ,'"
(. ~ \. .. , , ;¡ ..
:: i
,:,~
:~
r' 't
J',"
d :! .,
' 0. e;'
'
, l'
"
"
"

ro' r o' '


, - (' , " . , :,' ' i:
r;
.~ 1
"

Jo'

,1.. f .'
" l . ~
V
,; " 1 ' ¡'
,t 1' . "
(

"

de Mahoma, Cristianis
un punto privilegiado de enc
de occidente. Desde Monte
2, toda una tradición filosófic
un mundo distinto, ha coloc
" una mirada llena de esp
Sin embargo, nada más terre
, nada más atado a las circun
, zación en un área periférica; na
' ~ historia anterior de la comu
. se leerán a continuación, f
n más amplio que ab
la región. Intentaremos mostr
~ riencia realizada,por la ComBa
...procede paso a paso, abriéndose
en medio de las dificultades que
.· pidamente hostiLNi Utopía ni C
da cotidiana del indígena de las
en la realidad colonial graci
que no es una "invención" · ex
extranjera para un indígena de
dios que estaban en la región b
(

- No nos hallamos tampoco ante una realidad aislada totat­

mente del contexto colonial que lo rodea (la "República Jesuíti­


y finalmente, una últim~l
ca"). Nada de ello. Las reducciones funcionan estructuralmente
emos que esta experiencia estu
como un todo con el conjunto de la vida social y económica de
para los indígenas que la soport
la región. No sin contradicciones y enfrentamientos. La historia con toda una producción int
~ de esas contradicciones yesos enfrentamientos se verá solo par­
antropológica", que busca en
cialmente en este trabajo, pero hemos intentado tenerla siempre
nuevos paraísos donde supuesta
presente para definir cada uno de los aspectos que lentamente
presión s.ocial. Todas las veces
van constituyendo esta particular experiencia.
indígena a la realidad colonial,
Antes de COntinuar, algunas advertencias. La primera de ellas
ta vida anterior una situación
evoca la falta de exhaustivos estudios etnográficos que nos ha
explicar qué elementos de aquel
obligado a un procedimiento que haría sonrojar a más de un et­
nueva y cuales resultarán altera
nohistoriador: Poner dentro de la misma bolsa a un universo in­

dígena que debi6 tener y conservar innumerables diferencias in­

ternas. ¿O no se perciben acaso éstas al leer las Cartas Anuas de


l. Comunidad indígena, p
los primeros tiempos? Eri especial cuando se evocan las tribus de
y reducciones.
la región de los guayraes frente a la de los paranaes. ¿O no nos

recuerda SanchC'1. Labrador, en pleno siglo XVIII, como los des­


En el análisis de las formas
cendientes de indígenas que habían estado en los Itatines, recor­
producción en la época coloni
daban, casi setenta años más tarde, que esa había sido la tierra
sualizar dos procesos contradict
de sus antepasados? Estas simples percepciones de diferencias,
gena: uno, que llamaremos ce
anteriores y POsteriores a la fundación de las reducciones, nos
ción de esa comunidad- y otro
deben poner en gllardia contra las generalizaciones que nos ve­ en el cual se "protege" la exist
r mas obligados a hacer. No creemos que la maquinaria de iguali­ En realidad, estos dos movimi
¡~zación cultural impuesta por los jesuitas haya podido borrar to­
parte de la era colonial y su im
talmente estas diferencias, al menos, en todo aquello que no
ye todo un capítulo de la hist
enfrentaba los pilares de la estructura que impone la orden.
ciales.
Una segunda advertencia. Nos referimos aquí a una realidad r:;'. '
Algunos autores han descr
reduccional que se extiende por más de un siglo y medio. Tanto
dos fuerzas, sin definirlas de ,es
lac; misiones, como el mundo colonial en el cual están inmersas,
conflictiva en la cual los interes
...... serán profundamente sacudidos y transformados en ese lapso. merciantes, etc- se enfrentaría
• No pensemos entonces hallarnos ante una realidad estática. La­ piadada por el control de la fue
mentablemente, las fueñtes internas de la Compañía, no siempre que no siempre es posible hacer
'!
permiten dar cuenta de los cambios y evoluciones que sufren las roles -y las palabras "privad
~
reducciones. En lodo caso, hemos intentado marcar algu- ~
oscuras hasta tanto no hayamo
nos de los puntoll de ruptura y de cambio, tanto en la historia de t que ocupa el estado en la realid
las misiones, como en sus relaciones con el mundo colonial. ; miento es quizás asimilable al f
=­ do. En verdad la política de la
~
;
122
't
.-~

"'.
( (
ridad meridiana de apuntar a largo plazo. Mientras el encomen­ 6rdenes religiosas -yen especia
dero Pérez cuida únicamente de aumentar la renta que extrae de 1580, la acción de los francis~
su encomienda, la autoridad real o sus mandantes, piensan en ducciones, con una estructura q
los cientos de Pérez que deberán seguir viviendo del trabajo de la tendrán durante siglos, está colo
comunidad indígena -sean encomenderos o no- y velan de es­ tema de dominación que subsist
ta forma por la continuidad del régimen de explotación salva­ tiempo. _.
guardando su base de existencia. Por eso algunas de las caracte­ Es sabido que la encomienda
rísticas de las relaciones de producción en la región que analiza­ ce en el Paraguay por vez prim
mos, definen certeramente los intereses que se enfrentan/ Martínez de Irala realiza su tan
complementan frente a la comunidad indígena. será seguido, meses después, po
En el Paraguay, el movimiento que hemos llamado centrífu­ ras ordenanzas que le darán for
go se manifestará, a través de' toda la época colonial, en la "sa­ las encomiendas nacen los- prim
ca" de indígenas y en la persistencia del fenómeno del yanaco­ acepción hispana deUérmino-,
nazgo que no es más que una forma de servidumbre indígena lo­ la primitiva aldea guaraní: " ... o
calizada fuera de la comunidad. El yana vive y muere en la es­ los yndios Rep.tidos ... no se mu
tancia o la chacra de su seftor. , sas y pueblos a otros pueblos y c
Frente a esta fuerza que amenaza la existencia misma y la pmanezcan todo el tpo.q Dios le
continuidad del régimen colonial (el punto clave de la situación bemos actualmente, conduce a
es obvio: ¿puede la condición del yanacona ser suficiente para guaraníes, pese a una tradición
permitir la reproducción de sus condiciones de trabajo y la de fue más que negativa frente a los
sus descendientes y por lo tanto, a nivel de la formación, la vantamientos se suceden, ponie
reproducción de las relaciones de producción?), la corona se ve sobre la aldea ,guaraní. 5 Es así
obligada a proteger, reforzar o recrear a una comunidad que ve que tendrán el carácter de tales
como única garantía de esa reproducción. En cada región del im­ Bolaños y sus compañeros de la
perio hispano, la actitud concreta de la autoridad estuvo condi­ tenden ser una respuesta integra
cionada a la situación preexistente de la comunidad indígena diversos aspectos fundamentales
(dejando de lado aquí, las áreas demográficamente "vacías"); religión) que reasegure el contro
en la región que nos ocupa, la debilidad de la organización pre­ , mático, del blanco sobre la co
via, obliga a una especial fortaleza del control nuevamente im­ ~' no se dudó, cuantas veces fue:n
puesto. Es decir la comunidad debe. ser re':'edificada sobre el de las armas para convencer a l
sustrato indígena pero en función de los nuevos objetivos plante­ Es decir que la reducción c
ados por la colonización. Lamentablemente, las características mano de obra indígena, es ante
de la región (aislamierito, pobreza, "fronteras", etc) obligaron a dadas por los padres de la Com
dejar esta tarea de reconstrucción en manos de aquellos que son unos treinta años. Además, en
los primeros en operar de forma centrífuga, con lo cual caemos ciscanas de los años 1579-1580,
en lo del gato despensero ... que tenían desde antes, tanto el
y es por eso que surge como vital el papel de la iglesia y de las Eso no debería extrañarnos, dad
i!

124
,
".
~
'"'

~
(
al menos teóricamente, los encomenderos controlaban o queremos decir ento
controlar el funcionamiento de la comunidad. Todo esto prestar más atención ~
dica que la reducción franciscana misma ya se apoya en guaraní llevaba en su
trato preexistente más antiguo y muy rico en connotaciones los que se construirá de
pias. Hasta ahora se ha pasado excesivamente rápido por Mucción. Fue el lento desarroll
problemas que plantea la aldea guaraní original y la comunl esos elementos, ya existent
indígena preexistente -nosotros mismos, en otro trabajo :.rntido de control sobre la m
rior, hemos saltado alegremente sobre este problema-.s no por azar fue imposible
emos que esto es erróneo, pues parte de un supuesto etnocentris;tj grado de eficacia -exce
ta muy peligroso: la posibilidad de la construcción ex-nihilo Duc:olos Moxos y Chiquitos,
parte del blanco de una comunidad. (¿¿, o indígena similar-o O
- · Los propios jesuitas -que tendrán más tarde toda una de los grupos étnicos qu
1 Illl\o.auato y sólo un exhaustivo
sentación teórica acerca de su papel fundan te en la constitución
L de los nuevos pueblos- descubrieron los límites de lo que el 'j truir toda la riqueza de estas a
blanco podía realizar (aun cuando este fuese un fiel discípulo de . níes, dándoles su proyección
San Ignacio ... ) en su fracaso con la misión de los guaycurues. tos: no debe ser casual que co
Dos cartas del padre Diego González, uno de los sacerdotes de la . "provincias" por los nom
Compañía encargados de esta reducción, nos ayudarán a captar .. famosos ...). Por ahora, sólo u
~. una idea aproximada del esta
más profundamente lo que decíamos: (los guaycurues)" ...con
los rescates y ayuda del Pe. presto se haran labradores que es co­ ~_. Otro elemento que debe se
mo previa disposición para ser xpianos. porque sino tiene comi­ ca estatal. Ya desde las Leyes
da en la reducion vanla a buscar y no pueden ser cathequizados formación de pueblos de indio
porque andan todo el año muy lexos ca~ando y este es otro mi­ caz sobre la mano de obra ind
lagro de dios q.muden su naturaleza de ca~adores en el virrey Toledo quien dió gra
r - labradores... ". 9 Esta carta, fechada a principios de 1611, denota pamiento para ubicar en redu
una aguda inteligencia etnológica, pero así mismo, una excesiva ,. ese momento y durante el ink
confianza en la capacidad delbuen sacerdote para promover re­ des ciudades político-religiosa
voluciones profundas en el caracter de las relaciones entre rentemente en un tipo de hab
; hombre y la naturaleza. Un año más tarde, la dura realidad se · O sea que antes de la prim
: comienza a imponer y el mismo sacerdote nos relata: " ... son na­ Ignacio del Paraná en 1610-
- -turalmente ca~adores y por esto nunca estan de asiento, sino que veintena de pueblos y reducci
andan siempre en continuo movimiento con sus tabernaculos a parcialmente conocemos el
cuestas, ... que para sustentarse mudan lugares, porque la caca y .mostrar de que forma todo el
la pesca se les acaba o huye y van a otro puesto a buscarla ... y as­ tura misma de la reducción je
si esta mission de haura de dexar como inutil, porque no pueden la historia previa de la comu
consigo dexar la natural inc/inacion de ca~ar y pescar, ni darse al Por supuesto si bien hasta
trabajo de la labor... ".I 0 Y este fue el fin de esta experiencia. encomenderos confiados a clé

126
;~ .

..
'."'\
( (
franciscanos y reducciones de la Compañía de Jesús, la división dero, quien presta el auxilio de
fundamental, en lo que hace a su funcionamiento en el marco re­ sus parientes -np necesariam~
gional, se da entre pueblos de clérigos y de franciscanos por un social- exigen de la comunid
lado y reducciones jesuíticas por otro. El hecho central que sepa­ pueblos de los franciscanos, tan
raa ambos tipos de pueblos, es la participación o no del enco­ den, que la hacen mucho men
mendero en la explotación de la fuerza de trabajo indígena. En locales -sin llegar jamás al gra
efecto y veremos que sólo lentamente los teatinos consiguen de J esús- como por la mayor
arrancar a sus indígenas de las manos de los encomenderos espa­ nencia a un ordo, la presencia d
:ftoles, aquello que coloca un abismo entre los pueblos controla­ tos límites, no muy fáciles de d
· dos por clérigos y franciscanos y las reducciones de la Compañía tes. 14 Mas, en ambos tipos de p
· de Jesús es la progresivaautonomización de éstas del mundo de que definen a este tipo de unid
¡ relaciones socio-económicas hispanas. Es evidente que esta auto­
control por parte del cura y, s
! nomización, como tendremos ocasión de comprobar, es sólo re­ de la burocracia indígena (cac
· lativa, pues será mediante la propia Compañía y a través de los cionamiento de la comunidad y
, mecanismos que ella misma establece que los pueblos participa­ indígena sufre la doble -habrí
rán, ya sea con sus productos, ya sea con sus hombres, en la re­ los mandamientos gubername
alidad económica y política de la región. Pero será solamente la dero y de la "comunidad", en
: Compañía quien especifique el cuando y el como de esta partici­ ta última se exigen prestaciones
¡ pación. ja comunitaria.
! y esta autonomización se exténderá también a los pedidos, Ahora bien, el carácter cen
, siempre reiterados e imperiosos, de los gobernadores y sus te­ ducción en el conjunto regiona
; nientes. Para los pueblos jesuíticos y exceptuando las tareas de surge del hecho de que sólo és
construcción de obras públicas y los auxilios militares -siempre accesible y la reproducción de l
realizados bajo la conducción de sus sacerdotes- no hay man­
ciones de producción. En una
damientos ni obligación de conchavo en beneficio de las perso­
caz por parte del blanco y la rep
nas especificadas por la autoridad. Y esta extensión de la auto­
sa productiva española.
nomía tiene capital importancia, pues explica la ausencia de los

pueblos jesuitas de la carga del beneficio yerbatero.

f- '
..­
El resto de los pueblos de indios de la región vive una si­ 11. Las reducciones ~esuít
tuación radicalmente diversa. Podríamos hacer quizás una dife­ ¿ un modelo ideal.

renciación interna entre pueblos controlados por clérigos y los


dirigidos por los franciscanos. En efecto, en aquellos, primero el 1. La progresiva constitución
poblero y más tarde el mismo clérigo, no son más que los ojos y
oídos del encomendero. Muchas veces y sería necesario contar "En la historia de las mision
con una larga lista de fojas de servicio de curas doctrineros para li un significado especial de ha
asegurarlo redondamente, el cura no es más que un alter ego del mentación, donde al calor de l
encomendero, a su vez hijo, sobrino, hermano o tío de encomen­ cia, virtud y celo misionero ... s

128
guó el mOdelo de las reducciones ~.: luego se fue aplicando con (MoJi. problema es el siguiente.
tan felices resultados para el evangelio en el Paraguay, Mojos y ración -al menos en la región a
en otras partes .. :'. Con estas palabras, un autor contemporá­ corta (lO a 20 afios), los dos ~
neo, nos explica como el modelo de la reducción jesuítica que se . sistema de relaciones que si bie
. instaurará en el Paraguay, surgió en el Perú en 1576..• para des­ mismo, tiene connotaciones tot
pués ser aplicado a la realidad guaraní .15 dictorias en el marco de cada u
Lejos de nosotros el querer darle una proyección única al ti­ Nos referimos obviamente al ca
po de experiencia surgida a orillas del alto Paraná (ya hemos in­ dígenas y los españoles.
tentado mostrar la íntima conexión de estas reducciones con ex­ Los guaraníes entregan sus
perimentos que las precedieron y, que a su vez, hundían sus miento de una alianza político-
j raíces en ciertos aspectos de la experiencia precolombina de la vi­ enfrentamiento común con los
l da indígena), pero este párrafo muestra uno de los más habi­ vedad para los indígenas y algu
i tualestraspiés, tefiidos de etnocentrismo, en los cuales suelen ca­ Clastres, han dejado ver aspe el
; er nuestros análisis cuando olvidamos las razones complejas y exogamia entre las tribus de la
.¡.profundas, ligadas a la evolución general de la vida colonial en los tupi-guaranLl6 De esta for
¡ la región paraguaya y rioplátense, que explican la constitución y una serie de obligaciones de int
¡ pervivencia del modelo jesuita. gada a la reciprocidad debida
" Para que quede claro: el modelo no es tal, salvo a posteriori y
pasar por alto el hecho de que l
\ después de una larga travesía realizada por los responsables de
el momento en que, según de
:.Ias misiones para compaginar las exigencias de la "evangeliza­ conjunto de las comunidades tu
ción de los salvajes" con la realidad de la comunidad guaraní,
bios de importancia, algunos d
con la historia inmediatamente anterior de las relaciones entre el
una específica utilización, por
. blanco y el indígena y con la situación colonial en un área perifé­
la organización del parentesco.
~ rica. Sumémosle a estos elementos la presencia de la ideología ig­
avezados etnólogos, compre
naciana y la vitalidad de la orden (vitalidad que se agiganta por político-económico encerrado e
la pobreza y el aislamiento regional); tendremos así un buen ra­ actúan con celeridad, llevando
cimo de "causas" para explicar este fenómeno. en su favor, los cambios que s
Asistimos de esta forma a
a. Indios y blancos antes de la llegada f" . ción que aparentemente es la m
de los jesuitas. gada por los dos grupos con c
prontamente "desvirtuada" '-
Es sabido que en la región se asiste a un fenómeno específico gena, claro está- por aquel q
en los primeros contactos entre el blanco y el indígena. En lugar fuerza militar. Mientras que p
de un enfrentamiento bélico, hallamos una particular alianza trabajo realizado en el marco d
entre los recién llegados y los carios asunceños; decimos "parti­ la satisfacción de sus necesidad
cular alianza", pues si bien no negamos su existencia, creemos ma tempranamente (al día sigu
que debe ser analizada en un marco mucho más riguroso. el carácter de una mercancía y

130
( (

. cado. De este modo, la institución del parentesco 17 que engloba teros, pero no pocas fuentes H
varios niveles de relaciones en el marco cultural indígena (rela­ res por cada espafiol,18 Adem
ciones sexuales, políticas, religioso-económicas) va siendo des­ ner un marcado carácter merc
nudada por el blanco y reducida exclusivamente -o casi, pues mercantil que ha adquirido su
no negamos la demostrada existencia de relaciones sexuales venden, se alquilan. Otro hech
I entre los blancos y "sus" indias, pero esto no está aquí en discu­ disíaco...
sión- a una relación económica. Y respecto al tan mentado Pero afirmábamos arriba
-"Paraíso de Mahoma" , no olvidemos algo esencial: es evidente también acumular parientes (l
que el blanco tiene más que fluídas relaciones sexuales con prestaciones al líder blanco, co
"sus" indias y la demografía asuncefia es un buen testimonio de deres guaraníes). De esta for
ello, pero estos blancos, que tienen 5, 8, 10 Y más mujeres, bus­ el momento, a realizar las tar
can una cosa harto diferente, buscan acumular trabajo vivo mente no ejecutadas por ~a m
-acumular mujeres significa también acumular parientes- y en la chacra o en la estancia, n
esta propiedad de la mujer presupone el libre acceso sexual a la asentarse o 10 harían de muy
misma. "amparo"- para escapar a l
r Las mujeres conviven con el blanco, trabajan la tierra, hilan contra los remisos y los que n
I el algodón, son cargadoras en las entradas, laborean el azúcar y de tempo económico ... Porque
1 así sucesivamente. violencia ocupó aquí, al igual
I O sea que esta relación de parentesco, que en el marco de la constitución de las nuevas rel
1 vida aldeana engloba una serie de funciones indispensables para A nuestro entender los tra
¡la reproducción del grupo desde lo político a lo ceremonial, ha pioneros en el sentido de desn
i sido convertida por el blanco en una relación "económica", en hispano-guarani. La violencia
i este caso, una relación servil. De este modo, en un proceso que nas, la muerte y el saqueo, no
-es difícil datar certeramente, pero que debe agotarse en los pri­ el contrario, fueron moneda
meros veinte años de contacto inicial -en la región asunceña, tiempos. Una larga lista de v
r repetimos- el blanco va convirtiendo a las primigenias rela- amigos (dejamos totalmente d
I ciones simétricas y positivas de reciprocidad del grupo indígena,; . tivas contra los indígenas no
I en una relación asimétrica donde la fuerza será el factor que de­ dente de lo que afirmamos,19
: terminará el peso específico de cada componente. nacida al día siguiente de la lle
- Es que y pese a que algunos parecen pasarlo por alto alegre­ ranchear. Un documento tard
mente, hemos cruz.ado la barrera de una cultura a la otra -de de la conquista, pero que es te
los guaranies a los españoles- y no tiene mayor sentido hablar ser similar al ocurrido en los c
de parientes, cuñados, esposas, sin poner como marco indispen­ pañoles, nos describe en form
sable del análisis del hecho. Estamos asistiendo a una ruptura soldados a un pueblo, a la sa
[ hombres hambrientos que se
del modo de producción indígena.
y cuando decíamos antes acumular mujeres, estábamos lejos genas, saqueos, indios puesto
de hablar en forma metafórica: no resulta fácil dar cálculos cer­ está fechado en 1616 y se refie

132
níos sobre la repetición de este tipo d( .echos en los primeros pauhuna extensión de alguno
tiempos del asentamiento hispano. 21 . azúcar, en esta primera etap
y el producto de . las malocas no se reduce únicamente a gional..
hombres, también se busca ropa, mantenimientos, etc. Este sis­ El conjunto de estos elem
tema era, además, a falta de mejor reemplazo, el medio de pago sobresalientes de lo que hemo
habitual con que se reclutaban los ejércitos en las entradas. Al­ frente a la aldea y que pued
gunos documentos harto explícitos, nos muestran como lá paga progresiva yanaconización del
más corriente que atraía a los soldados era el .cobro de unas de esta situación extremadam
cuantas pie~as " ... q.en buen romanze son esclavos ... " .22 Imagi­ mismo, como resultáao de la r
nemos entonces el espíritu que reina en estos ejércitos de mesti­ ra la continuación del control
zos pobres, prontos a apoderarse de algunas piezas como única comienza -y esto no es un az
paga establecida para sus desvelos. Y estas malocas de españoles los franciscanos. Esos inicios
-subrayamos para evitar confusiones cuando hagamos men­ rencia, con la llegada de los pr
ción a los resultados de las invasiones bandeirantes- conti­ de Jesús a la región del Parag
nuaron durante un período bastante largo; sesenta años después Las fuentes más antiguas
de fundada Asunción, todavía hay testimonios de su existencia años tempranos de la experien
en la propia región de la cápita1. 23 . generalmente a mostrar dos h
í Por supuesto que las comunidades guaraníes no contempla­ tes jesuitas se reduce en gene
: ron estos repetidos asaltos sin reacción y, al igual que ocurrirá entre los españoles como entre
! durante toda la época colonial, la guerra será la única respuesta vía moti~o alguno de friccion
¡ "política" de un sector de la sociedad que no tiene otros medios menderos acerca del trato al i
... de expresión autónoma: 1539, primera revuelta de los carios primera década del siglo XVI
asunceños; 1540-1543, levantamiento de los guaraníes de la re­ dicalmente alterados: la Com
gión del Jejuy; 1546, revuelta general de todos los indígenas de del gobernador Hernandaria
la región. Todas estas tempranas revueltas de indios "amigos" y San Ignacio del 'Paraná y un
"aliados", a las que seguirán muchas otras, fueron rápidamente don Francisco de Alfaro, pú
ahogadas en sangre y con impresionantes cantidades de nos -con sus efectos negativ
muertos... Tampoco estos hechos confirman la visión de una de servicio personal, al meno
conquista "pacífica" y colocan los términos de la alianza f" . produce una cuasi sublevació
hispano-guaraní en sus verd~deros límites, mostrando algunas y del Tucumán. Ello tendrá f
de sus consecuencias para la comunidad indígena. turas relaciones entre los enco
Si bien no tenemos aquí la intención de seguir paso a paso es­ ñía. Estos dos hechos son me
ta reacción de los guaraníes frente a la conquista, es adecuado cen. Cuando Hernandarias a
recordar que. con la promulgación de las encomiendas, en 1555, duccional de los jesuitas, pie
se acentúan y profundizan los movimientos de resistencia al sultados que están dando las
blanco. Ello se complicará además, en la década del ochenta, tenían más de vefnte años de
con el aumento de la presión sobre el indígena resultado de la de un éxito creciente en el co

134
1t
( (
autores han presentado a la experiencia jesuítica -y la francis­ zación social anterior- pueda
r cana- como el resultado del enfrentamiento entre 29"dos me­ pensable para acceder a esa Ti
: sianismos", es decir el de la Compañía y el guaraní. Sin em­ prometían esos poderosos he
\ bargo, un estudio posterior de Hélene Clastres trae ilgunas pre­ cuál es la visión que los mismo
, cisiones que nos parece importante hacer resaltar aquí. 30 · cias" de los sacerdotes).
~'- Según esta autora, existe una gran diferencia entre el profe­ Por supuesto que no pensar
tismo -y no mesianismo- tupi y el guaraní. En el primero de to un rol de explicación única,
ellos -gracias al análisis de las fuentes francesas y portuguesas en forma saludable, rechazar
del siglo XVI, que no tienen paralelo con las contemporáneas aquí y allá acerca del papel o
hispanas- Hélene Clastres afirma que asistiríamos a un fenóme­ tiana en el hecho de la conqui
no profético originado en la contestación de un cierto orden so­ por alto la complejidad de la v
cial y que daría corno respuesta o solución a ese orden contesta­ lombinos y el rol de la religión
do, la búsqueda material de un paraíso terrestre (se trat.a del co­ tinta a la nuestra, corno es la q
nocido mito de la "Tierra sin Mal"). En cambio, en el caso de pueblos precolombinos la vid
los ejemplos guaraníes tempranos -especialmente Oberá y del conjunto de su actividad c
Guariverá- estaríamos frente a un profetismo mucho más "po­ poco estaba separada la red de
litizado": "Podríamos confundir (así) dos fenómenos diferentes tar una explicación que fracci
que se producen, al mismo tiempo, entre los Tupí y los Guaraní; pectos de la cultura indígena, c
la búsqueda de la Tierra sin Mal y la lucha por el poder .y peligrosamente esquemática
político...", afirma la autora, criticando la visión, a su juicio la relación entre esos diversos
errónea, de Métraux que asimilaba los dos tipos de expresión poder político) constituye un
profética) I nuestra y paradójicamente,
. En todo caso y dado que no es nuestra intención extendernos español del siglo XVI...
! sobre el tema, no podernos dejar de subrayar la importancia de Y si quisiéramos subrayar
la cuestión religiosa en la constitución del modelo: la promesa de la cuestión y la persistencia d
un paraíso -aun cuando el paraíso cristiano fuera accesible so­ sublevación ocurrida en el
lamente después de muerto- no era para los guaraníes algo des­ 1660)2 Este levantamiento qu
conocido, sino que formaba parte de sus más antiguas creencias ~.. las exigencias de los encomen
religiosas. Y no solamente ello es así, sino que, en su cultura ori- . marco de una situación gener
ginal, esta búsqueda del paraíso afectaba fuertemente el orden estará dirigido por el corregid
social anterior (las fuentes nos muestran como los migrantes en adorar de los yndios por Dios
búsqueda de la Tierra sin Mal abandonan los cultivos, rompen la grande y a su hija por sant
con aspectos claves de su organización social -corno las reglas derrotado y sangrientamente
de parentesco- es decir, vernos corno estas migraciones tienden india del pueblo, entregada co
a alterar la estructura socio-económica de los grupos concerni­ en afirmar que don Rodrigo re
dos). No debe asombrarnos, entonces, que la experiencia jesuíti­ todos los indios de la servidu
- ca -que altera y a la ve~ retoma muchos aspectos. de la organi­ . Obviamente no es fácil de

138
( (

esencial: los indígenas no seria


detrás de estos testimonios españoles, pero estos datos muestran cambio de ese privilegio -pu
la evidente imbricación del poder religioso Y político en la vida comparación a la situación de
guaraní -Arecayá era un pueblo muy tardíamente constituido, nas del imperio- pagarían un
es decir no tenía más de treinta años en la época del primer le­ los considera tributarios 4irect
vantamiento, ocurrido en 1650- ¿Deberá extrañarnos entonces dará ocasión para la activid
que cuando el padre Sepp, a fines del siglo XVII, nos cuente los Compañía, pues estos son los
progresos de la conversión entre los tobatines, los indígenas que versos productos a los efectos
dirigen la resistencia a la penetración blanca estén encabezados vemos, un círculo perfecto.
por un tal Pedro Pucu, a quien Sepp llama invariablemente fa­ Pero esta argumentación
moso cacique, mago Y tirano cruel o nigromante Y tirano ...? ¿Y sólo lentamente y gracias a un
que aún en 1726, al realizar una visita al pueblo de Los Altos, el últimas décadas del siglo XVI
'cuestionario incluya una pregunta acerca de los hechiceros, o en­ consiguen su propósito final:
cantadores? 35 indígena de 18 a 50 años y obt
\- Surge así otro aSpecto del modelo: desde los trajes resplande­ car la yerba -y otros product
cientes de los cabildantes en las fiestas religiosas hasta las gran­ jeto de poder pagar lo adeuda
des construcciones de templos, pasando por la música y las dan­ ¿Cómo se realizaba en la
zas, la componente religiosa, vital para el mundo cultural guara­ ción eIectuada por Vázquez d
ní, pero totalmente transformada en sus fines, tendrá lugar pre­ cia del gobernador paraguayo
ponderante en las reducciones. una visita al Río de la Plata e
;>' nos muestra la situación sigui
desde 1667 -año de la visita
c. El proceso de autonomización
Faría- el tributo correspond
de las reducciones.
padrón confecc~nado por el
10.700 pesos era necesario des
_ Decíamos antes que otra de las componentes del modelo je­ reducciones, con lo cual Vazq
suítico en el Paraguay, es la relativa autonomización de que go­ desagradable sorpresa que des
\, zarán las reducciones respecto del mundo de relaciones socio- ~..
2 reales anuales y ello sin tener
_1 económicas hispanas. La llamamos "relativa" autonomización, cimiento demográfico de las r
pues si bien a los ojos de los contemporáneos -en especial, los de lado que nos muestra el des
encomenderos criollos- y de muchos historiadores, el así llama­ ción colonial y.. .la habilidad
do Imperio jesuítico aparece como un ente separado y autónomo Sin embargo, pese a lo dic
en relación al conjunto regional, una mirada menos naive nos tencia de la encomienda. En
-muestra que ese aislamiento es sólo aparente y que, mediante los
ducciones del Paranapanema
mecanismos establecidos por la Compañía y sólo por ellos, las
bandeirante de los años 1628-
reducciones participarán activamente en la vida del espacio re­
cio de Ypaunbucú y Loreto
gional, tanto con sus productos como con sus hombres.
entregar la mita, si bien los je
Ahora bien, esta autonomización se basaba en un elemento

140
( (
~
cuitar esa entrega.J'J y no es en absoluto inverosímil suponer que

la gigantesca anabaiis dirigida por Ruiz de Montoya en 1632 para

1 tación encubierta de que era obj


y de la elite dominante india. N
retirar a los indígenas y llevarlos Paraná abajo, estuviera en rela­
sivamente en este aspecto de la
ción tanto con la invasión paulista como con el proyecto de
ducción en el área y remitirnos
arrancarlos definitivamente de las ma~os de sus encomenderos,
sobre el tema. 44
como efectivamente ocurrió"~O En todo caso, los efectos de esta
Volviendo a los jesuitas y s
retirada se hicieron sentir durante muchos años, durante los
ción -que se extiende también
cuales los encomenderos y sus herederos pidieron, en vano, la
si bien es real y debió haber sid
paga de la tasa por parte de los indios que habían estado en las
importancia superlativa para as
antiguas reducciones del Guayrá. 41
'de~e ser matizada. En efecto, u
Además de este caso, es evidente que, en los Itatines, los indí­
de hegociación entre la Compa
genas pagaban su tasa a los encomenderos y ello explicará des­
a la situación de excepción de l
pués todos los conflictos posteriores cuando también, en 1666,
to, edad de los indígenas tribut
estos pueblos sean mudados río Paraguay abajo.42 Y finalmen­
personal, no pago de ningún i
te, para mostrar como este modelo se construye necesariamente
muy peculiar en el pago de los
en forma progresiva, es indudable que en pleno siglo XVIII, los
deberían estar listos para acudi
indígenas de San Ignacio del Paraguay seguían encomendados a
indígenas intervendrían en la co
vecinos de Asunción.43
fortificación y acudirán a la g
Pero en términos generales, se puede afirmar que la norma vá­ por sus sacerdotes y justament
r
. lida para el conjunto de las reducciones jesuíticas es el ·de estar ra la salvaguarda de su autoño
i exentas de servicio personal.
dad una forma de mandamient
Ahora bien, dado que las reducciones y sus indígenas no vi­
al servicio" y controlada en sus
ven dentro de una campana de cristal, sino en la realidad colo­
Compañía. Decíamos arriba qu
nial de un área bien concreta, para comprender los efectos de es­
va, pues es indudable que al pa
ta autonomización sobre la comunidad indígena, es indispen­
trucción de un fuerte -dado
sable hacer una "rápida referencia a la situación del resto de los
guerra contra el indígena no re
¡ pueblos de indios y reducciones en la región.
gional- la Compañía, les gus
~ Ya desde fines del siglo XVI y a medida que los productos (". contribuye junto con el resto
paraguayos -vino, azúcar y más tarde, yerba y tabaco- hacen mientos, a un acrecentamiento
su irrupción en el mercado dominado por el eje Lima/Potosí, la vas. Y es por ello que, estruct
presión sobre la comunidad indígena de los pueblos se irá acen­ mucho más presentes en la vida
tuando. Dos .s erán los sistemas mediante lqs cuales los empresa­ toda una literatura "separatist
rios privados accederán a la mano de obra indígena: la enco­
d. El poder de la Companía d
mienda, es decir el servicio por turnos de los indios a su "señor"
y el rol militar de las misio
y el mandamiento, o sea la asignación de trabajo por parte del Es­
tado a encomenderos y a no encomenderos. Estos dos tipos de
. prestaciones presionarán sobre la aldea, agregándose a la explo­ Finalmente nos quedan dos

142
( 1 (
~

que suelen dejarse de lado habitualmente. La Compaftía de Je­


portó la corona en el siglo
sús, como es evidente para los que conocen la historia europea
mientos y movimientos de d
de la orden, no es una orden más entre otras. Nacida al calor de
historiadores vernáculos ha
la oleada de la Contrarreforma, plenamente embuida de su pa­
comienza en 1810... ), son al
pel central para la recreación de un cristianismo militante, forma
tuación.
a sus miembros en una concepción nueva de las relaciones entre
Pero, todo esto, en luga
el poder secular y el religioso. En América, es extraordinario
hablan de los pobres (?) en
comprobar la rapidez con que la Compañía coloca a sus
por los teatinos, nos debería
hombres cerca de las claves del poder político: de la misma for­
que esta manifestación mili
ma que los jesuitas son confesores de algunos reyes poderosos de
rienda suelta a dos aspectos
Europa, no pocos virreyes tendrán su padre confesor salido de
tianismo militante- sea par
las filas de la Compañía. Además, asombra la temprana voca­
la guerra en la que había sid
ción "política" -en cuanto a relaciones con las cabezas del po­
emos que este es verdadera
der- que tiene la orden: en Paraguay, ya en 1623, se dictan
gioso, un elemento que nos
ajustadas reglas internas spbre el comportamiento que deben se­
reconvertir un área de la cul
guir los jesuitas frente a los gobernadores y demás
nes propios: " ... esta tarea n
autoridades. 47
bíamos solamente transform
De esta forma comprendemos porque la Compañía consigue les habían transmitido por h
muchas cosas que eran totalmente inaccesibles para los francis­ ~io, en fuerza e ingenio cristi
canos o los capuchinos. 48 Se explica así la solidez con que se va cer que los indígenas deber
afirmando el modelo en cuanto a sus relaciones con los enco­ cuando eran conducidos a
menderos y el poder político local. Esta verdadera estructura -que llevaban como aliad
multiregional (y que se extendía rápidamente por casi todo el or­ liables de los guaraníes- o
be) es harto poderosa como para que los encomenderos para­ cuyos fines respecto al desti
guayos, dejados verdaderamente de la mano de dios en esa leja­ no les serian desconocidos.
na provincia fronteriza, pudieran hacerle frente. padre Sepp nos indica el pro
y es así como entenderemos el otro aspecto del problema: el suitas esta variable del mode
¡rol militar de las reducciones. Este papel militar debe ser consi- ('. en elogiarlos diciendo estas
1 derado en relación a dos variables que se complementan: la si­ cietatis Jesu sunt isti, verda
tuación fronteriza de las misiones en este área periférica del im­ cos hijos de la Compañía d
perio español y las tirantísimas relaciones que, a consecuencia ecclesiae militantis, y la com
del especial status de las reducciones, sostienen los jesuitas con litante" .51
los colonos hispanos y criollos. Y los jesuitas demostraron en Este aspecto de la cuest
1 muchísimas ocasiones -ya sea frente a los enemigos de España, un lado, los guaraníes de l
Lcomo frente a los colonos49- que sus tropas indígenas eran de dentro de la contradictoria s
cuidado. Cuatro expulsiones del Colegio jesuita de la ciudad de cerdote europeo, al monop
Asunción, más uno de los levantamientos más complejos que so­ blancos. El hecho de tener s

144
( (
diente del poder colonial local, debe haber conducido a valorizar
enormemente su propia existencia, aun cuando esa estructura ducidos. Mientras los prime
bélica esté, repetimos, conducida por un misionero. Y ello es no reducidos son invariablei
más importante si los indígenas de las reducciones comparaban misionero es, entonces, con
su situación con la del resto de los indios reducidos, quienes, una La conversión se apoya e
vez pasado el momento de las "eqtradas" épicas de la conquista, vamente o en forma conjun
pocas veces servían como tropa independiente. Uno de ellos, que podríamos
r Esto nos lleva a otra faz del problema: el peso extraordinario sado en la fuerza de convicci
, que tendrán las reducciones en la resolución de los graves utilizar un inagotable arsen
L enfrentamientos sociales y políticos de la región. Ya sea contra el desde los "regalitos" reparti
obispo Cárdenas y los encomenderos o contra los sublevados de ceremonial religioso, aparat
1721-1735, en sus diversas variantes, los indios tienen la oportu­ palabra uno de sus element
nidad de jugar frente a los blancos un rol relevant.e e inusitado palabra es un componente b
en el desarrollo de las luchas sociales de la colonia. Aun cuando indígenas, el sacerdote debe
este rol no sea 'el resuliado de la libre elección del indígena, ello largas horas, como medio fu
no obsta para que esa milicia tenga un peso absolutamente inédi­ conversos.
to en los enfrentamientos locales y que los mismos indígenas se­ . Pero muchas veces, impo
an conscientes de este hecho. argumentos no bastan y se a
na, como sistema de conversi
2. El mo.delo por dentro el curso de las primeras fun
1 fuerza armada hispana y má
Dejemos por un momento: las grandes líneas de análisis y para convencer a los remisos
entremos a considerar de cerca la realidad de la vida reduc­ tan con lujo de detalles este
cional. De esta forma, el modelo mostrará una vez más sus dife­ las palabras de este último:
rencias y semejanzas con el resto de las formas de encuadramien­ argumentos divinos, es toma
to de la vida indígena en el mundo colonial hispano. espléndida ceremonia prepa
..; meses de cadenas lo hacen en
(1' ro no debemos equivocarnos
a. El indio y el sacerdote terística específica de la Co
franciscanas y de clérigos de
¿Cuál es la visión que tiene: elsacerdote de la vida indígena? podríamos llamar una conce
¿Es ésta una visión raqicalmente diversa de la de los colonizado­ conquista, la fuerza es siemp
res españoles? ¿Y las consecuencias de esa visión son distintas versión del infiel. Un canónig
para las comunidades indígenas? dirá, en 1673, con palabras d
r Cuando leemos las memorias y escritos de los sacerdotes je­ mostrada la experiencia que
\ suitas, un primer hecho salta a la vista: la adjetivación. obligato­ que al amor, primero al arcab
\ riamente maniqueista, al referirse a indígenas reducidos y no re­ ran xpianos aquellos Pueblos
de las armas ... " .54
146
( j
(
!

r y es así como las dos variables que componen el meollo de la ¡os propios indígenas atribuY
. dominación blanca sobre el indígena, el control ideológico y la poderes a los sacerdotes de su
l fuerza desnuda, hacen su aparición en la experiencia de las mi- y es así como nos enfrenta
siones jesuíticas desde el comienzo mismo de las relaciones entre mente ligado a lo que venimos
l el sacerdote y el indio. ' el sacerdote para entender la
gena. Aun los más intelige
Otro aspecto que impresiona por Su reiteración, refiriéndo­ sin embages la habilidad del i
r nos ahora a los indígenas reducidos, es la constante apelación a rastreo de huellas, el desempe
¡ figuras del tipo padre/hijo en la relación entre el sacerdote y los vidad musical), se muestran tot
L,indígenas de las reducciones. Una buena cantidad de citas, que comprender qué relación pue
no pretende ser exhaustiva, cosa que sería absurda, nos muestra propio del indígena y la red de
la profundidad de este concepto en la mitología misionera: los ción de ese mundo. Incluso al
rindios son niiios grandes y tienen en realidad, una humanidad a
1medias -son" ...algo superiores a los animales ..."-, humani- los propios sacerdotes', donde
cuación entre tecnología indíg
dad; que se mantiene estacionaria. 55 Esta característica de infan­ recursos naturales disponibles,
\ tilidad (eterna, dado que la niiiez de los indígenas es algo cons­ el observador cuando este ac
tante y no sufre variaciones, sea con el paso ele las generaciones, europea de la cuestión. 59
sea en los diferentes individuos) ' es la que posibilita la existencia De este modo llegamos a u
de la figura que es su contrapartida, es decir el padre. Todo niño los aspectos del caracter de la
necesita un padre y toda niñez eterna exige una presencia pater­ lonial: la- negativa a consider
nal constante que vigile, oriente y corrija esa niiiez. mundo y su inclusión en un s
De esta forma pasamos al segundo aspecto de ese mito: el sa­ lleno de irracionalidad, donde
cerdote/padre, ante la incapacidad manifiesta de sus pupilos/hi- dote permite la llegada de un
jos se ve en la obligación de organizar la vida de la reducción.
Esta función totalizadora de organización es descripta con lujo La represión y sus formas
de detalles por muchísimas fuentes y es la que demuestra, en for­
ma de perfecto silogismo, la necesidad de la existencia de la re­
ducción. 56 No sólo el sacerdote está plenamente convencido de que (-" Más arriba hemos marca
·sus hijos se morirán de hambre, sed y enfermedades si no fuera reducciones jesuíticas y el rest
por sus cuidados, sino que, mediante una hermosa pirueta de la gión, pero no debemos supo
argumentación, no pocas fuentes que exaltan el accionar de los ciones de la Compafiía de Jes
sacerdotesjesuitas, como Xarque y Muratori, no dudan en acre­
" los pueblos de indios, en espe
ditar a los padres incluso el hecho de haber introducido la agri­ do regional-con las consecu
cultura o el hilado entre sus neófitos. 57 Y no importa aquí seiia- ción de la comunidad y con lo
lar si esto es un lapsus o una "maniobra" , sino mostrar la pro­ la segunda Villa Rica en 16
fundidad de la identificación del rol del sacerdote con el ele un verdaderos infiernos, las red
lverdadero héroe fundador. No debe extrañarnos,- entonces, que mismo que Muratori y alg

148
~.
...
,.>.~.:~~~ .~~}~ ~. ,

'il~ ' ~"f" (

periores de la orden son estric


impregnaron a la tradid ón occidental sobre el tema -, están le­ permita que los Indios lean nr
. jos del paraíso. La verdad es que desde el "Para íso. de en el Refitorio,sino en latín,
Maho ma" hasta "El cristianismo feliz", la región abunda en dones o cartas de los Supes .. .
campos eliseos ... al menos en la historiografía... "
variables que se compl ement an mu­ libros en manos de indios ...
La represión tiene dos dios ... "62
tuamente. Una, la menos visible -"cad enas invisib les" diría un

f cronista ilustrado al referirse a ella- tiene la habili dad de


No se trata aquí de "pres
arraigarse en aspectos muy profundos de la cultura indíge na. Es aislar al indio del entorno,
han fabricada y hablada en su pro
forma n
¡ así como aparecen todos los matices de esa reconversións que
! operado los jesuitas y la religión, )a músic a y las danza nos contradictorios de lo que
! un todo que acompaña cada tarea cotidiana de la vida reduc- zado y participará vicariame
r ciOnal: no hay acti..-idad colectiva, por nimia que sea, que no reducciones en la vida regio
. tenga una determinada carga religiosa o que no esté acompaña­ estará mucho más desprovist
l.da por una manifestación'musical. Desde pequeños, los indíge- pias para convertirse, aunq
nas aprenden a medir el paso de las horas por el tañer de las cam­ "integ rado" a ese mundo.
panas de su iglesia. Desde pequeños saben que la música acom­ Mas todo esto no es sufic
paña y ritma cada ocupación cotidiana. También la magnificen­ policía. Los palos son el agr
cia de las iglesias es un fenómeno cuidadosamente estudiado. No duccional. Ya desde las pri
pocos testimonios nos informan de la avidez de los indígenas por rada mención al problema en
¡emular en riquezas y ornamentos a un pueblo vecino. Y en este sulta obvio que en este paraí
en otorgar a
Icaso, también las fuentes de la Compañía no~duóndan del indígena. 6O aquí uno de los resultados d
!5ste despliegue su verdadero papel en la sujeci ducciones, hasta donde pod
Pero hay un aspecto de la represión ideológica que tiene una como las de Arecayá u otras
manifestación específica en las misiones de la Compañía: la ne­ de soldadura de una resiste
gativa a "que los indígenas aprendan el castellano. Parecería un caracter individual en el c
contradictorio tomar este elemento como formando parte de la huidas. Y para estas ovejas
represión ideológica y se podría suponer que nos hallamos ante ('" que recurrir, al igual que el
un intento de "pres ervar" la cultura .indígena. Pero nada más . región, a la mano dura: casti
alejado de las intenciones, por otra parte manifiestas, de la por otro indígena de la reduc
COmpañía. La negativa al uso del castellano es uno de los ele­ te-, cepos, cadenas, cárcel
r mentos que obliga al indio a la mediación del sacerdote. Pero co­ diano de los insumisos. Y m
mo es imposible suponer que ningún indígena aprendería cas~ de hechos banales: "Y por
teIlano y dado que en las reducciones mismas existen escuelas pobres experimentan, juzgo
(" ...no para que lleguen a hablar o entender el castellano o el la­ Iglesia en sus mandamientos
tín, sino para que sepan cantar en coro ... y"· para que los niños propias tradiciones; a nras.
que nos sirven puedan leernos lecturas españolas o latinas ... du­ nras. conveniencias y regalo
rante la comida en el refectQrio" fII), las instrucciones de los su­

150 ,
. :~. ,
,'; " .-!'!J':~'-~~"~"'.: ---.. :~ r';-!:F;(~:::"

.'

( (
~

yor fuerza de testimonio si recordamos que son del padre Jayrne distribución controlado ant~r
Aguilar, visitador de la Compañía en el año 1735.65 que ha sido "inflado" por los
En una palabra Y para retener aquí 10 fundamental de esta vi­ ducciones puedan autoabastec
i sión que se nos da del indígena: el indio es un ser niño/irra- el resto de las casas y Colegios
JI donal, cuyos patrones de comportamiento no son todavía -un
to de la Orden. O sea que esta
. "todavía" que es en realidad un "nunca"- civilizados y por 10 máximo y subvierte la figura
\ tanto sólo la presencia del sacerdote/padre/organizador asegu­ contemporánea ha dibujado
i ra la racionalización de la vida y de la producción en el marco de A nuestro entender, ha sido
1 las reducciones. Es este silogismo el que explica la necesidad mis­ las reducciones franciscanas e
I ma de la existencia de la reducción como institución para huma­ vez primera y claramente el í
\ nizar al indígena Y asegurar, en un plazo indeterminado, su paso ciones supuestamente jesuític
a un mundo don,de las concepciones de Dios. tiempo, trabajo Y redistribución. 66
l' Veremos ahora a través de
vida sean racionales.. ' el funcionamiento cotidiano d
ma en que se complejiza este
b. La vida económica de la reducción las raíces indígenas que conti
tos de esta economía y por e
Veamos ahora la forma en que se expresa, en la realidad patrones "racionales" en el c
concreta de la vida reduccional, esta práctica misionera que, sin na. Ambas vertientes de esa m
saberlo, realiza una activa mezcla entre 10 "viejo" Y10 "nuevo" claramente la simbiosis de fal
a los efectos de "integrar" al indígena en un mundo regido por las aserciones de los misioner
la razón.
Recordemos en unas líneas la organización económica inter­
na de la reducción jesuítica. Es sabido que el productor directo El rol económico de los jefes
trabaja una parte de su tiempo en la parcela nuclear que se le ha
asignado a su casamiento. Este trabajo ~l1amado abambaé, al ¿Cuál era el rol de los jef~
igual que la parcela fisica- está destinado a suplir la subsistenC' talmente un árbitro -un "ha
cia del productor Y su familia; su producto -maíz, legumbres Y grupo; su poder crece con tod
mandioca- integra la dieta cotidiana del indígena de las reduc­ convertirse en absoluta dura
generosidad y su capacidad or
ciones.
El resto del tiempo el productor trabaja en el tupambaé, cu­ poligamia, del resto del grupo
yo producto estará destinado por un lado, a la redistribución, que vale para la mayor parte
tanto en caso dé sequía o epidemia, como para el consumo de excesivamente general y debi
aquellos que por diversas razones -viudez, enfermedad. etc.­ tintos grupos guaraníes much
no integran una unidad doméstica. Por otro lado, quedará un res­ Veremos qué queda de este an
to a disposición de la Compañía que se encarga de su comerciali­ ducciones.
zación. Es decir que este sector no sería otro que el fondo de re­ Ya hemos visto que uno d

152
· '~ 'l~~· "··
\: '::~f~3~i';::~ ':' .

( (
debidas a su autoridad, el trabaj
delo jesuítico era su triunfo sobre los jefes/hechiceros; este de su unidad doméstica, sino ta
triunfo debe haber quitado considerable poder al cacique, pero tigio que sigue funcionando aun
es evidente que la institución sigue en pie. Y no nos referimos ción.
aquí a los aspectos establecidos por las leyes hispanas -el inten­ Pero veamos otro ~pecto del
to de reforzar el poder de los caciques sobre sus "vasallos" a los ilustrará acerca de la persistenC
efectos de convertir a los jefes en intermediarios de la relación ciprocidad tribal "Para que en ti
colonial- llH sino a la existencia de otra realidad, que va más la (1) gente se juntaran con cad
allá del papel de comparsa de la autoridad española. todos haran un dia la chacra de
El padre Sepp nos cuenta cómo, al intentar fundar un nuevo
cesario más días también; y des
pueblo dado el crecimiento demográfico de la reducción de San
otro y assi las de los demas vasa
Miguel de la cual él era el sacerdote, convoca a los caciques para
es transparente. Nos muestra
tratar el problema de la mudanza. Una vez convencidos éstos de
quieren dar reiteradamente de sí
la necesidad de la nueva fundación, Sepp afirma que resolvió
dores de la producción, los jes
" ... asignar a cada cacique los campos Y pastos que correspon­ una parte importante de ésta en
den al número de sus familiares Y vasallos ... " Y que a" ... un ca­ dad aldeana. Y este ejemplo est
cique que tenía sesenta a setenta indios en su poder le adjudiqué y no es casual que se señal
unas tierras fértiles atravesadas por un arroyo alegre ..." .69 Si fuerza en el abambaé: para el in
bien la fuente no lo afirma categóricamente, es evidente que las • comprender la necesidad de ayu
tierras en cuestión son las pertenecientes al abambaé Y que en­ cela doméstica de cada unidad;
tonces el jefe era el encargado' de poner en posesión de su parce­ compleja la situación del tupam
la a cada "vasallo"; éste recibirá de sus manos la tierra redistri­ mentos de carencias como redi
buida y no de manos del sacerdote. indio que él no controla en absol
Otro testimonio, de una época cercana al anterior, nos tos de su trabajo en ese sector.
muestra a algunos caciques quejándose a un padre visitador y pi­ pueblo no jesuítico, don Thom
diendo "que.:.se les restituyan algunos de sus vasallos que mo­ cuál podía ser la visión del indio
ran en otros Pueblos ..."; ello da lugar a una serie de medidas dad": " ... los dhos. (ura propie
para efectuar esa restitución.7o Por supuesto que la palabra v~· cavan ni hacia saver los tratos y
salios que las fuentes usan una Y otra vez -Sepp dice que el sus antepasados los curas hacia
cacique "... es un señor feudal que dispone de muchos va­ a la comunidad lo que gastaban
sallos ... "_71 no debe hacernos sacar conclusiones equívo­ su travajo personal no les pagav
cas. Pero este último testimonio nos dice algo más sobre el rol de ducido para el Pueblo y tamb
los jefes: si éstos piden que se les restituyan sus hombres Y los ellos ... "; este testimonio podrí
padres aceptan esa restitución, es que no solamente la institución indígena de las reducciones jesu
sigue muy viva, sino que el cacique continúa obteniendo positi­
vas ventajas con la presencia -y posiblemente el trabajo- de
sus subordinados. y no nos referimos solamente al hecho de que
el cacique, probablemente, reciba como parte de las obligaciones

154
...;.. ... : .... ~
- ~p~-:- I . .. ... -:~ . '-~7; "'~\::i~~" <":
.~':" >~'~"~?';.:;~: '.~y.; " ~<," '~"'~:;;~~~~:' .

( (
¿Existe un sector de propiedad individual? bales silvestres- y debe entre
mosna.· \.
¿El modelo descripto, con su división entre tiempo de traba­ En la primera época de es
jo dedicado a la reproducción del productor y su familia y tiem­ visitadores de la Compañía pr
po de trabajo orientado hacia la comunidad, excluye la posibili­ se exija en forma compulsiva,
dad de apropiación individual de algunos recursos? La respuesta tupambaé, como parece insin
debe ser muy matizada. ción de 1655, el padre Thoma
Obviamente, cada unidad doméstica es propietaria de los vincia platense de la orden. 77
medios de trabajo indispensables que, excepto algunos instru­ Pero a medida que trans
mentos de hierro, es casi siempre el resultado del trabajo del pro­ inflexión progresiva en esa ant
pio productor, continuando de esta forma toda una tradición nas conservaran la propiedad
anterior. El resto de los utensilios, confeccionado por los artesa­ producida. En la carta del pr
nos del pueblo, es recibido de la comunidad y poseído por el pro­ se advierte que" ... alos Indios
ductor en su calidad de cabeza de una unidad doméstica. gistre los sacos o cestos ... ni m
. Hasta aquí no llayproblemas. Estos comienzan a surgir la casa del Pe. sino que volunta
cuando recordamos que algunos artesanos -por ejemplo, los te­ comprar algunas cosas de
jedores- reciben una porción del producto de su trabajo (en es­ yerba tocante al tributo o tup
te caso mínima, pues alcanza a 4 varas cada 200 varas tejidas), lo decir, hay aquí un cambio evi
que los coloca objetivamente en una cierta situación de diferen­ correspondiente al tupambaé
ciación social frente al resto de los indígenas de la comunidad. tributo- y esto lo hacen sin c
Pero. el asunto se complica cuando nos referimos a la produc­ tante, ya no puede ser vendid
ción yerbatera. Una serie de fuentes, bastante extendidas en el personas ... ", como afirmaba e
tiempo y harto claras en su significado, no dejan lugar a dudas: ser trocada con el sacerdote, q
en los primeros tiempos, el indio tenía derecho a apropiarse di­ mo lo hacían los curas (y más
rectamente de una cierta cantidad de yerba -todo lo que exce­ de los restantes pueblos indíge
día su "tributo" , como dicen las fuentes- y esa yerba podía te­ ras, hay aquí todavía una cons
ner cualquier destino,. incluso podia ser vendida. que tienen los indios de su yer
En una información de 1655, uno de los testigos es bastante ('. . A fines de este siglo el ca
explícito: " ... dixo que la dha. yerba es de los yndios particulares Una información de 1707, nos
de dhas. reduciones. La qual este testigo vio estando en dhas. Re­ ciadores [de la yerba] se les pag
ducciones la benden y truecan como cosa suya a diferentes per­ ba de yerba que traen para el c
sonas a xeneros _y este testigo lo esperimento con dhos. yndios Jayme Aguilar de 1735 confir
por haverles trocado muchos xeneros por dha. yerba y ansi mes­ el Indio qe. va al yerbal no se
mo le consta como en las ciudades donde llegan hazen lo propio entregue mas yerba qe. la qe.
canviandola y trocandola como cosa suya ..." .15 O sea, el indíge­ tributo si fuese tributario y n
na es propietario de la porción de yerba que ha contribuido a avio ... lo demas pagandoselo e
producir -no se olvide que estamos aún en la época de los yer­ yado nos da el sentido de esta i

156
, :.y~
• .~r ,
'!
~
( ,

al tributo/;upambaé es en;regada por ~ ":~í~~na sin't-ootrapar­ menor que la de las sociedade


tida (recordemos que, en los primeros tiempos. esto se daba co­ espacio de tiempo y con un rit
mo limosna .. .), pero el resto se entrega mediante el pago de las 2 más provisoria que sea csta"
varas de lienzo preestablecidas. un elemento de capital import
Resumiendo. Parecería que hay una clara tendencia a dejar meno de la reducción y el mu
de lado la práctica de permitir que el indígena poseyese una por­ Dejemos que un misioner
ción de yerba propia -la última fuente .no hace la más mínima -esta visión se repite, con alg
mención a la posibilidad de venta en otra parte e incluso, parece .en la literatura misional: "El
indicar que toda la yerba debe ser entregada, aun cuando será ven la tierra que se les señala.
pagada por el misionero- y' podríamos aventurar una explica­ capaces como Cahildantes, m
ción. Ante todo, estamos ya en la época de los yerbales cultiva­ pueblo llegarán a ser la cuart
dos en la mayor parte de los pueblos y ello, pensamos, acentuó el labran, siembran y recogen ab
dominio del misionero sobre todo el proceso de producción de la menester azotarlos una y mas
yerba. En las antiguas expediciones a los yerbales silvestres, los jan lo necesario.. ~ Los mas no
indios gozaban de una mayor autonomía Ypodían controlar me­ para pocos meses de sustento
jor un proceso del que conocían todos los secretos y vericuetos. He aquí, entonces, un fen
Pero, además. existe otro hecho importante: la yerba se sigue que se haya enfrentado con
utilizando en determinados contextos de la cultura indígena con rica en el siglo XVI hasta N
un claro sentido ritual yno sería arriesgado suponer que la posi­ nos describen un comporta
bilidad de repartir un poco de yerba haya seguido siendo una baja poco, a desgano, con un
fuente de respeto para algunos miembros de la comunidad. Alli­ tarea sin terminarla, intercala
mitar la posesión de partidas individuales, la Compañía de Jesús ta en medio del trabajo...Y, o
limita las fuentes de poder y de prestigio autónomas de algunos fundado en un específico tipo
indios. Una vez más, comprobamos que el tal "modelo" jesuita naturaleza, parece altamente
no existe a priori y se va construyendo lenta y trabajosamente... posibilidad de una utilización
Pasemos ahora a una redu
trabajo. Si bien las fuentes qu
..1 ritmo de trabajo ('­ viariación quizás traduzca re
entre los diversos grupos y a
Si bien hace relativamente poco que la etnología ha comenza­ reducción- el panorama ge
do a realizar estudios afinados sobre el ritmo y el tiempo de tra­ guiente: el hombre adulto -e
bajo en las sociedades "primitivas", los trabajos de Carneiro méstica- debe trabajar dos d
para los indígenas kuikurl! de la selva tropical amazónicaxo y la parcela, en tiempos de semen
síntesis de Marshall Sahlins, realizada a partir de los datos de mo jornadas completas, cont
una ' serie de grupos comparables,xI permiten arriesgar una zar. Cada una de estas tareas
conclusión provisoria: la cantidad de trabajo que los "primiti­ "celadores" y cuidadores qu
vos" dedican a su reproducción y a la del grupo es sensiblemente bor. 84 En el caso de los ar

158
- ~~~ ;;'";

~ ..,... . ~' ~'.~ ~'"


f / ;. . ~ - ;":';"
!
'1'

( (
herreros, plateros, etc.-, a los efectos de evitar una interrupción cias, sus olvidos y sus siestas-
del trabajo en el oficio, el abambaé se intercala semana de por esfuerzo misional y es otro
medio, o sea que trabajan una semana en su taller y otra en la confluencia entre el mundo red
chacra. 8S court. Será gracias a este esfu
Fuera de la época de sementeras -seis meses aproximada­ que el indio, lentamente conv
mente, de julio a noviembre/diciembre-la ocupación principal tegrarse" algún día en el merca
se divide entre las expediciones a los yerbales (o en la tarea mis­ pese a lo que quiere una tradic
ma de producción de la yerba, si el pueblo cuenta con yerbales gada de la hagiografía, el indí
no silvestres) y los viajes a los oficios para llevar y traer las mer­ bosques", ni se "interna en la
cancías necesarias. Obviamente, estas tareas ocupan solamente a hábil marinero, arriero o peón
una parte de la fuerza de trabajo disponible, el resto está dedica­ otro marco, un estilo de vida d
do a " ... hacer barcos, fabricar canoas, componer puentes, ade,. ción.
rezar caminos, abrir zanjas en los pastoreos que suelen ser de
muchas leguas ... hacer tejas, ladrillos, adobes y en fabricar de
nuevo o renovar casas, iglesias y capillas ... "H6 También todas es­ 111. Las reducciones y la
tas tareas cuentan con sus celadores.
No escapan al trabajo aquellos que purgan una pena: "A los 1. La producción de las reduc
que están presos, o en grillos nose les tenga ociosos, sino es se en el mercado regional

aplicaran alguno oficio. "X7


La ocupación fundamental de la mujer, amén de la guarda y Pasemos ahora a otro asp
crianza de los hijos menores y el trabajo de la casa de la unidad siglo XVIII, toda una literatur
doméstica, es la de la hilanza, verdadera maldición que se abatió hincapié en las cantidades fab
sobre la mujer guaraní al día siguiente de la llegada de los espa­ cializaría en el mercado region
ñoles. Cada semana -los sábados y miércoles- se le entrega nas de las reducciones. 91 En re
media libra de algodón o de lana que ella traerá hilada la vez si­ ca de la riqueza de las misione
guiente. Cada ovillo llevará un cartelito con el nombre de la in­ con una detallada descripción
dia que ha realizado la tarea para evitar fraudes ... 88 pañía, está basada en la incapa
Los muchachos y las muchachas tienen la tarea principal de'" comprender el tipo de organiz
desherbar y carpir las malezas de los algodonales, maizales y ta­ reducciones y para entender qu
bacales durante la época de sementeras. 89 Además, un sinnúme­ sible de riquezas. Si analizamos
ro de pequeñas tareas les están reservadas. 90 Incluso los niños remos que la situación de las re
tienen un lugar en este mundo que bulle como un hormigue­ reciente. En especial, si compar
ro ... y por supuesto, cada una de estas tareas cuenta con sus in­ de otros sectores de la economí
faltables "celadores" . el peso que tienen los oficios d
¿Qué nos deja esta rápida visión del trabajo cotidiano en las cargados de traficar con la ma
reducciones? Una conclusión evidente: esta ruptura del ritmo de distribuida del tupambaé) en
trabajo indígena -que ataca sus "destiempos", sus alternan-
j
160 ¡
...,..... ~~.~ . : •.. : . -: -".'-)--. ,.'-.
..::w:~'":. < :.~
" '; <'~"!~liJ1~~~~~~r~;,'y~'>: ' , o, ...
:r, .

( (

pana), si bien no existen datos cu


Cuadro 1 cado regional.94 En 1645 se dictt
Promedio anual de envíos a los oficios desde las reducciones: o
mite a los jesuitas operar regular
1731-1745 la década del sesenta, varias disp
cia que entonces estaba ~n Bueno
yerba 11.745 arrobas cia de la Compañía en el comerci
lienzos 14.873 varas arrobas anuales la c'ántidad máxi
tabaco 811 arrobas cios. 96 En los años considerados
azúcar 194 arrobas puede comprobar, los jesuitas n
cueros 282 unidades demos que estos datos están tom
pabilo 104 arrobas Compañía). Obviamente, no es l
28 arrobas . cuando los asunceños envían 20
- - - - -algo<!ón
Fuente: véase oOla 92.
comercian alrededor de unas 40.
Pero. no debemos olvidar qu
suitas y cuyo destino fundament
Cuadro 2 del Pacífico, es del tipo conocido
Promedio anual de envíos a los oficios desde las reducciones: bería decirse kaamirí : kaá = pl
1751-1756
ración mucho más refinada y c
yerba por los asunceños y villenos, c
11.363 arrobas
lienzos 31.171 varas
Existe una sensible diferencia de
cueros yerba, que favorece evidentemen
4.584 unidades
tabaco yor parte de los productos locale
566 arrobas cios -comenzando una lenta p
pabilo 166 arrobas
azúcar rante todo el siglo siguiente- p
160 arrobas
miel sis potosina y de las sacudidas l
132 arrobas
XVII, todo hace suponer que la
Fuente: véa're nOla 93.
('­
su preeminencia frente a la de p
nos los efectos de la caída de lo
La yerba mate jesuitas tienen cuasi el monopoli
que operan únicamente en gran
De todos los productos que integran el sector comercializado paraguayos y jesuitas se acusará
mediante los oficios, éste es, indudablemente, el de mayor peso tes de la caída de los precios de l
y el que ocupa: en valor monetario, el primer lugar en forma in­ a la vista -que confirman, por o
discutible. Ya desde la década del veinte del siglo XVII, tenemos el siglo XVII- demuestran que l
noticias de los comienzos de la actividad en este rubro en las re­ y el 25 OJo del total de la yerba co
ducciones (habría que decir continuación y no comienzos, pues Santa Fe y de Buenos Aires. Ob
esta actividad prolonga~ considerablemente ampliada, la que ya cio de la caaminí, si convertimo
realizaban las comunidades indígenas antes de la presencia his­

162
'-~.~~: .....'.' :~;·~ :-Y.-:· ··
: ~
.

( :+
':/ (
rios, los porcentajes aumentan y se sitúan, aproximadamente, Los cueros al pelo

entre un 20 y un 30070 de ese total.97 Subrayemos que las cifras


presentadas en el cuadro 1 correspondc!n ' a una época de cri­ . Al menos de 1670 sabemo
sis local, tanto para las reducciones (fuerte inflexión de la curva queríaS en la región que se ext
demográfica) como para los productores paraguayos, que lenta­ Corrientes lOO yen la llamada
mente van emergiendo de la confusa situación ocasionada por ciones de la Sierra do Mar. Es
los levantamientos de la década del 20. 98 la década del treinta del siglo
Un hecho es indudable: la yerba mate es el producto clave en había sido un inmenso hato de
la relación entre las reducciones y la economía mercantil re­ bido a la explotación incansab
gional. ses y franceses. lOl Pero, como
tos de los afios 1751-1756, la
ciones (fundamentalmente, gr
Los lienzos de algodón ' de Yapeyú) vuelve a tomar i
nes de esa década, las reducci
Este artículo, que ocupa el segundo lugar en la jerarquía de del total de los cueros embarc
la producción comercializada, tiene también orígenes lejanos; ya
desde 1632 se nos habla de la posibilidad de enviar lienzos de al­
godón para "pagar el tributo".99 Es sabido que en todos los Otros productos
pueblos y reducciones indígenas las actividades de 'hilado y teji­
do ocupan un lugar de destacada importancia en esta zona. En el Del resto de la producción
resto 4e los pueblos de la región asistimos a un tipo de opera­ tendremos los dos artículos m
ciones conocidas como "'tejido a medias" o "hilado a medias" car. Estos dos rubros, prod
-participación de la comunidad y de empresarios ajenos al cuatro "pueblos de abajo" -l
pueblo-, que no es más que' una forma de compatibilizar la acti­ situados sobre el río Uruguay,
vidad de otras unidades productivas -la estancia, la pequefia las reducciones en el monto to
propiedad campesina- con el trabajo de los pueblos de indios. Fe y Buenos Aires, de un 30 a
En cambio, en las reducciones jesuíticas, la producción se desti­ un 30% para el tabaco.
na exclusivamente -o casi- al tupambaé y se comercializa el ... Como podemos comproba
resto una vez realizado el reparto de redistribución. tidades fabulosas manejadas
Las cantidades comercializadas por las reduccion:es son muy ciones, indudablemente, tiene
importantes y podemos calcular grosso modo que éstas oscilan ma en el tráfico de los principa
entre un 60% y un 90% del total de los lienzos de algodón que se que esta dominancia total en l
trafican en el mercado litoral. Y esta actividad tendrá un rol cre­ caaminí y ese segundo plano p
ciente a medida que la demografia pujante de Buenos Aires -es­ los cueros para un último lu
pecialmente en su sector mestizo y esclavo- así lo exija. mucho más sobresaliente si
cionan en forma monopólica,
grande frente a la dispersión

164
11
j
• . " ' . " ". '.,'.' '.'" .. , .•... -:'!'-' '
J ' aantes y productores del J»ai'aIu
11:
bajo los variados aspcctoSde'la
:a e la te que este caracter altamente c
~ ~
~..: ~
= .a la producción de ot-ros sectores
:~:e
....
lodos sus rubros, sumado a la l
deros paraguayos-opor el cont
produce esos mismos artículos,
desencuentros y enfrentamie
reducciones.
i.

• Grá

..
••
·· -..
!! ..
I

. .. :Ii.'SUIIIN TOIAL
e
!e \.'\.
(~ "
;8 '

••
.•

. - <::::211

166
~ ~:~;i¿~~,:1ft~Wl~j~;~4i¿~~~;¡,:, , ~!~;i~_~~~~~3:~:!~~~~~'[~~~~
Ya hemos ~~c) 'que los' produdoSqúC'cOm~raa,j~i(~
~ ,dos tienenun)xso particular en laeconolllía:déliife~"".f...
gional y criel,entero mercado' interno colonial. ' Per9 ;
mos suponer que todos lOs pueblos jesuíticos pÓSeen la misma .r: ·

esPecialización productiva. A fuerza de considerarlos como for­


mando parte de un "Imperio", se han pasado por alto las gran­
des diferencias internas que hacen de estas reducciones un mun­
do bastante complejo. Algunas de esas diferencias surgen de es­
pecializacionesanteriores a la conquista (tal el caso de los
pueblos del Paraná, que tendrán un rol importante en' el trans­
. pórte fluvial) y o~as son ~I resultado de una evolución producti­
va p9sterior a la llegada del blanco. Fundamentalmente, son
cuatro las grandes subregiones productivas.
=--
..
RegióD 1: predominancia del allodón

Si obserVarnos'dmapa adjunto, v=os que está región, que

abarca los pueblos de Mártires, Santa Maria, San JaVier, Após­


u
toles, Concepción, San Nicolás, San Luis, Santo Angel, San Lo­

renzo y San Miguel, va desde el límite sur del macizo de Brasilia

sobre, el río Aguapey, hasta las estribaciones de la Cuchilla

Grande,. actualmente en territorio brasileño. En esta subregión


Fuente: véase nota 102.
el dominio del algodón -es decir, el dominio de la producción r

de lienzos de algodón para el tuptUtibaé- es claro, al menos pa­


Región D: dominio total de l
ra los datos del largo periodo:(1131-1767) conque hemos con­

feccionado los gráficos. Este dominio se acompaña por un se­


Esta subregión que comp
gundo plano p~a la yerba mate y un tercer lugar, muy lejos de
Jesús, Trinidad,' Candelaria,
ambos, para el tabaco. Los cueros ocupan una posición total­
cio Miní y Santa Ana, se extie
mente despreciable por efectos de la desaparición de la famosa
~
entre las grandes islas de Apip
Vaquería del Mar a la que hacíamos mención más arriba. En el
cede a la desembocadura del I
período analizado, el 34Ofo del valor total de 10 enviado a los ofi­
de la yerba es total (al deci
cios pertenece a esta región.
de Loreto será de gran cele

168
:. ..{

.'" ~ -.. . . _~-c.:. : ,·~

m 'er.¡
. ~ -r 4 ,

;; Li~nzo
• laDaco
~
'13%111111111111111111111 ~ ~ Cu~rG5 - !DGHII 11
" 5$

I
I '-' .' ~ :

< < s 7M" ''


Fucnh:: ,·éa'IC nOla 102.
r
siglo XVIII). Este dominio se acompai'la con en~os de lienzos y

de cueros. en- forma casi igualitaria" pero en mucho menor im­ -.. < -...,- 38"1. !Ji -
portan cia que la yerba. No Pocos de estos cueros~se originan en

el puebl o de Itapua . paso obligado de las tropas de vacunos que 'j

van hacia los cuatro pueblos "del Parag uayu y que serán inter­

cambi ados pOr yerba de palos con los paraguayos; esos cueros .
;

son el produ cto de la ayuda de los itapua nos el dificil paso de los f
hatos río a través. En el périod o consid erado , el 32010 del monto

-,
o a los oficios,. provie ne de esta
- ..
. subreg ión.

-.'
-total de
. . ..-
. lo- enviad ~'~ '"

Fuenle: véase nOla 102.


170
Rellóu' nI:~Sidó.,. 'eDtte IaY~~~:éI: '" ,edO. '?~i;;;m
.. -•. '; h: :"' ," -" "o ; ':- . ··\~·~ ~"~45ir-'~~!3.:~:rrt:f:-~
.. _ Est~ sUbreglón que comprende ~s'púeblosd~SaI1!O ,"_ . _
San .Borja. La Cruz, San .José y~Carlos,: constitüyeiina' si-; :parté'de-J8prooucCió1i:payag
. tuación de transición entre la 'doulinancia de la yerba y la del al­
pueden también estar present
godón, si bien, como podemos ver en el Gráfico 4, la primera
menos esta. es 1 a sltuacl
· ····ó n
domina sobre éste. Es la región con menos '~personalidad" de . XVIl- se prefería este tipo
las cuatro y sus pueblos envían el 12 CfIo del total del monto co­
otra explicación menos evide
mercializado 'en los oficios. .
este tráfico, los superiores de
de una válvula de seguridad
Región IV: los cuatro pueblos "del P~guay" parcial, una comunicación
ciones y la economía paragua
Esta ' zona comprende exclusivamente los' cuatro pueblos
. portancia creciente que tendr
cercanos a ASunción y a Yillarica del Espíritu Santo: San Igna­
guranun posible aliado en s
cio Guaro, Santiago, Santa Rosa Nuestra Señora de Fe. La ca­

y los asunceños (no será nada c


racterística más importante de estos pueblos es el estrecho con­
muy mala gana en los levant
tacto que mantienen con las villas españolas.antes mencionadas.
Como se puede ver, la co
Es evidente que siendo estos pueblos los más cercanos geográfi­
cios es bastante peculiar: do
camente a Asunción y sobre los cuales los encomenderos encen­
mente yerba de paios, pues e
dieron un larg.o conflicto desde su mudanza de los ltatines en
con los paraguayos- con un
1666,103 los provinciales. de la Compañía deben aceptar. una
baco, azúcar y lienzos (record
práctica que rechazan casi enteramente para el resto de las re- ·
ducción de este último rubro
ducciones,I04 es decir. la presencia en lugares preestablecidos y
Durante este periodo, los pu
bajo estrecha vigilancia, de comerciantes españoles. La activi­
monto total de lo comerciali
dad fundamental de estos intercambios es trocar yerba de palos

-que entregan los paraguayos- por .lienzos y vacas de las re­

ducciones. Esta sed de lienzos de las misiones se acrecentara con f!'


Un caso particul~r: el pueblo
los efectos de la caída demográfica que afecta a los pueblos de .

indios paraguayos desde mediados del siglo XVII.


Esta reducción no form
' . Estos cuatro Pueblos tienen por lo tanto, ,debido a su ubica- .
subregiones que hemos deli
dón geográfica y a las. especiales relaciones que los unen con los
descubriremos rápidamente
. comerciantes y colonos, el perfü productivo más similar al de la -e165Cf1o del valor- para lo
región paraguaya. Este iráfICO además, tiene un peso superlativo gar para la yerba y pequeños
para la supervivencia de la desgraciada Villarica, recién estable­ viamente este gráfico no mue
cida a orillas del Ibitirizú. En efecto, gracias a este comercio, los reducción, pues es indudable
villenos pueden escapar al monopolio de los comerciantes asun­ con el resto de los pueblos.
ceños y de sus paniaguados en el gobierno pro~cial. Tal es así
1
172
" pués de la'exp ulsión de un inmenSo
' . mésti~o y salvaj e, I~ es quizá s '. un b,ieii:'ejéiDp lo' deío qiie' ~ d~
t
' . ..~
. ben haber sidol os' puébl os' que tenian~'accesO,oala Vaqu eriá:,í d ., ~ .~
. .-. ...;.".....;,.,
Mar ~onloel de San'M iguel - en subtié na 'cpoca . Todos ' los '
g 'g :- :" :j..
aftos, un rodeo de propo rcione s gigantescas (de 20.000 a40.00()" ~ N U ' ~
..a c: ni U ._
. animales) se organ izaba. En todo caso, la impor tancia de esta re­ J..
G.I _
.& ..a
ni N
= ,.. ftS
ducció n y su peso en el mund o misionero nos lo da el hecho de =--- ....::1
E-1 ce =>
que ella sola envía un 8OZo del total del' monto comercializado,
siemp re duran te el períod o que estam os estudi ando.

E3 RII IBI ~~ ~~
3. Las redacciones guann íes y las finanz as

de ,la, <::ompañia de Jesús.

¿Cuál es el destin o de los fondo s que queda n a disposición de


cada puebl o en los oficios de Santa Fe y de Bueno s Aires? No se
negar á que esta es una cuesti ón clave para comp rende r el carác­
ter de las reducciones coino fenóm eno colon ial. Sin embar go, no --
debem os caer en la tentac ión econo micist a de supon er que la do­
minac ión del indíge na' se limita a su explo tación econó mica.
Much os de los aspectos de lo que hemo s defini do como model o
jesuit a, son tan impor tantes para dibuja r el hecho colon ial como ::.o
la extracción de trabaj o excedente en benef icio de la orden . Es
decir que esta variable, es sólo una de las que confo rman el haz
-i!§
consti tutivo de este apara to de domin ación y no creemos que
estruc turalm ente sea la más impor tante. -
. - Decíamos antes que una parte de lo produ cido en la venta de f'
las merca ndas misioneras en los oficio s, volvía a los puebl os en = ~
distin tos produ ctos origin arios de la esfera merca ntil contro lada ~
por el capita l comercial colon ial.. Tres son los tipos de artículos ce
que comp ran con más asidui dad las reduc ciones : mater ias pri­
mas para la fabricación de herram ientas -hierr o., acero , etc.- ,
telas de lujo y semilujo y ornam entos eclesiásticos (en realid ad,
se trata en general de mater ias prima s para la constr ucción de
esos ornam entos, como plata y oro). La presen cia de estas telas .......

nos dice much o acerca del rol capita l que ocupa en la vida coti­ LL4!!2
Fuente: véa'le nola 102.
diana de cada puebl o el ~senal festivo, pues ellas están destina­

174
", , una
"'" '":": '" , 0

"'"lIS """ N
tas telaS:' En~to aladoma
" ': mos que el eiCédcntc acUmula
ca. ._
...."'" ,.
::.t ...:a tario, realizado en 1761 por un
mustra un volumen nada despr
;:"'.- .'
:/~--.:.~~
5Os.l 07 Volumen que. por otra
El 1[11161 0 por el propio provincial de la
"1 Ahora bien, asimismo, las
:1
"'"'!: sostenimiento de la orden. En
"' : ...... . son bastante parcas. Algunos
>~

"'.:.,:. bargo una idea del problema.


~" 'X"~
a los oficios Y éstos los venden
J una política habitual de la C
~1 por testimonios de diverso ori

.~ rías europeas. la cosa es simila
.'~ este caso, los precios de merca
~
(varias consideraciones es nec
no moneda metálica en juego;
tor de una casa peruana o lig
tano si hay trueque -en este
des que entran en cadéi. operaci
menos, que el conjunto de var
[1] ""~
colonial de este tipo en dond
.. mercial que, a su vez, es emisa
,. ;~- ~~
.:;.~
peso. Algunas Cuentes de la o
.":' para los operaciones entre los
. ~

";:. cos casos conocidos, estos po


muy lejos de ser los que prev
astronómicamente elevados.
suponer -no olvidemos el car
de algunos productos, como l
ta época- que los oficios pod
fuente: véa.o;e nota 102. ,~\~~'c ~[¿i ! porcentaje sobre el monto tot

176

".'":";:::-;~"!:~
." . . la com~de'1l.qo:~;. " '
, .", . '.. . ,.. .. ~' de la déc3dá'" , ~ .. . .. l~
. : ;. ~~·'Jlvlliffn'f '. ' .
;' ida ~~ bémos conSidétáaó~í&~lútalif~~': ' " ~
· · .·· :.F:hf;:b~Ü~~~;~~~~~~,1!

trata de un momento bastante critico'"enla historia de ~*ª


ciones. En todo caso, no se tratá de una "cifra'menospreciable en ' 'Es eVideilt~~cf1i~poi'Di
el marco de la economía regional. ~~d~cuft=a::~e!~~l
El destino de este excedente es, generalmente, la financiación occidentales; la conversión de
de las actividades de la orden. Si bien los ejemplos documenta­ apto para formar parte en u
dos son pocos .(el acceso a este tipo de material,es harto' dificil), libre de trabajo; la impresion
hay casos concretos en que conocemos, por ejemplo, el total de ideológica, son todos element
plata que transportan algunos padres procuradores en sus viajes misional y que dieron finalme
a Europa y tampoco en este caso las cantidades son insignifican­ ser un hombre.virtuoso, como
tes. ll3 Es evidente que estos fondos ·no pueden surgir solamente ces impresionados por la exper
del excedente extraido de las reducciones, también otros estable­ y dominado. Un ser que a fu
cimientos de la orden tienen que haber contribuido a ello; pensa­ como un niño, terminó dese
mos en especial en el riquísimo Colegio cordobés que, en 1687, rol que se le había asignado.
paga en veintenas de diezmos más del doble del monto total del Pero este experimento red
resto de los Colegios de la orden en la época.U4 y un hecho que hemos visto, de las otras form
demuestra, ya a fmes del período jesuita, el estado floreciente de trabajo excédenteque existía
las finanms de la Compaftía, es la creciente importancia de las decir en beneficio de aquél q
actividades de préstamo. Algunos pueblos, por intermedio de los formas de "control, uahorráb
oficios, también intervienen en estas operaciones. IIS En este sen­ afirmar, al igual que aqueDo
tido, las cantidades que determinados y poderosos personajes . Labrousse, que los indigenas
suelen depositar en las cajas de los oficios son francamente yan ganado la vida". Y evid
impresiommtes(el gobernador (:eballos deposita entre 1763 y f' tampoco obsta para Una clara
1764, la suma de 203.668 pesos fuertes) 116 más todo esto corres­ mo formando parte, en forma
ponde ya a una historia de la orden como empresa y no entra en lonial. .
el marco de este trabajo. Pensamos que el más clar
los jesuitas habían aculturado
Volviendo a las reducciones, es evidente que esta utilización experiencia misionera: cuand
del excedente, tanto en remesaS'enviadas fuera del espacio colo­ expulsados en 1767, y los indi
nial en función de los intereses de la Compañía, como en su races comerciantes y burócrat
orientación hacia las actividades de préstamo, es otro de los as­ supuestos curadores de los bi
pectos que marca el carácter típicamente colonial de esta singu­ . los indios otro reflejo que el q
lar experiencia misional. terior -la huida o el compo
ningún mo~nto tuvieron ~ p
178
nizada ante el asalto de que eranobjeto~ La

guideciendo durante inás de cincuenta aftos, siñ que nin~.JD~ .'

' . _.~~ - .... , . ..... '~ ,v.' .- ..... .... "t:.::;. ...- ..
gena se levantara para defenderla. Y ello no distingue a las ex­

I Sobre la rel-.ión enlre la ~on~~JX"


reducciones jesuitas del resto de los pueblos indígenas de la re­
los jesuitas en el Paraguay. véase el
gión. Era evidente que los indígenas no tenían armas para defen­
suites du Paraguay devanl la philoso
der algo que no podían considerar como propio. Era obvio que
maines. Lille, 149. enero-marzo. 19
hacía mucho tiempo que eran unos derrotados y uno~ veñcidos.
2 Gramsd. A., Quaderni del carcere
vol. 111, p. 2.177. Es interesante sub
menlario sobre el libro de ludovko
se prCOl:upa especialmeme por un su
en la experiencia de los jesuilas y d
quien, retomando una opinión de
influencia de las " ...abiludine comu
y rechaza toda relación entre este e
.. Croce, B., Materialismo storico e
Milano-Palermo, 1900, pp. 269-271.
3Sobre la encomienda paraguaya sé
mienda in Paraguay". Hispanic Am
230-252.
. .
4Ver las ordenanzas de Marllnez de
bernador Domingo Martínez de Ira
1939, apéndice. '
S los levantamienlos indígenas. qu
mismo en que se instalan los espai\ol
F. de, Discurso histórico que compr
cimiento de los Españoles en las pro
conoádus por el nombre de Río de l
Diaz de Guzmán. R., Historia arge
quista de las provincias del Rfo de
". Buenos Aires. tomo 1, 1969). reciben
do de la organización de las encomie
action des indiens Guarani ala I:onq
de la colonization de l' Argentine a l
Suisse des Américanistes, 38, 1974.
6 Al:erl:a de las reducciones francis
NCl:ker Indiens Guarani et eha,f,an
Paraguay (/580-1800), Editions A
tienen bastante claro el papel que ju
anse, en este senlido. algunos de los
datos en que se renuevan algunas "
especial. fjs. 42 y 42 vta.

180
7 Ver NC\:ker. L.lndiens Guarani..• ~'~" ..... , ' r -- " , MiliCétláiiéiíS,~álij
. . . .." " ':;,;:;:,"',.,>:¿'.-/,-; " ' ~: _~> _ ,.: ~ ";,,_, ~' -~~ ~ _ , ~
_ . .:I,.~ ,~:.·>;:' d .
11ef. nueslro Irabajo "Un modo de prodti,--iOn subsidiario: la órpnizadón'c..'o- . . -(:RuiZ ~MóñiOJa;'A~CcJftQit!iíi
nómka de las comunidades guarani/.ada~ dUraOlclo5 5islos XVII-XVIII en la , ' p¡,ñiti'¡r~' ~;;
, formación regional alloperuana-rioplalCD.o¡e··. en Assadourian. C. S. el al.• MI1­ -Reyno, -Madrid. -1639, fjs: 2.
dos de produn:ión ni Amiri(YI La,i"a. Cuad~rnos de Pusodo.v ~nl~. 40. la. 1'1 Ver:"Carla del pr\.'Sbítero t-"rancisc
ed .• Buenos Aires. 1973. 'tomo 11. pp. 448-449; "Relación esc
'1 er. la Tercera Carta Anua. Jla~re I)j~,!o dc Torr~'S. i" DHA. lomo XIX. p. 132. dem. pp. 395-396; "Carta del presbít
dem. pp. 417; "Carla de Gerúnimo
111 Consultar la cana del padre Gon/á!c/. 1M2. i" PASTo lomo l. p. 240. 417; "Carta del Factor Pedro de Or
11 Nos referimos en ~'Spedal a Susnik. B.• I:."mo/lru.lia IHlTU/lUa.,·a. PaTl. l. Ma­

"Relación.. .IdclDkgo Tellez.....1l5.


nuak'S del Mus~'O Elnográfico •• Andrés Barbero". A.'iunción del Paraguay. 1973
20 Véase el suplemento sobre Guayrá
Y a algunos ~'Studios de Pierrre Clastr~';' ~·\lmo. por ej\.'I11plo. "lndéJlendencc ct
Oftale/1616/. i" DHA. tomo'XX. p.
c~ogamic: structure el dynamiquc dcs !oOCiélés indie!ln~'S dc la rorel tropicalc".

L ·Homllle. 111(3). 1963. pp. 67-87.


, ..
2lVer: Bando de Caveza de VaealI54
I:! Cf.Zavala. S.• La 'e""olll¡e"da ;'uliu"u. Porrüa. México. 1973. p. :!3. por...Pero Hernández...../1545/, in
contador Felipe de Cáeeres ...../1545/
13 Sobre la historia de los pueblos de indios de la re~illn. "er nu\.'Stro libro Mercu­

que el factor hizo al Governador ....


do imemo y economía (·olonial. Grijalbo. Mé~ico. 1983.
Manín González..... , en BNBA-GG
1" VeT. por ejcmplo. la OI.'8ali,'a de la ord~.., a la continuación de la p'-'Squisa del

22Cf. la Octava Carta Anua. padre P


juei' de residencia Dionisio Romero. rc-•.dii'ada ~'11 1754. en AHNM-Consejos
p.52.
20.407. cuerpo 2. fjs. 314-334.
2JVeT la representación del capitán T
l~ Mateos...... '·p\.,.sonalidad y escritos del P. 8crnabé Cooo'" ¡" ObraSlM P.
cias del Río de la Plata. Asunción. 4
&mahi Cobo de la Compañia de JrslÍs. Bibliol\.'Ca de AUlor\.'S bpaftok'S. tomo

91. Madrid. 1956. p. XXI. 24Consultar las cartas que integran el


Tucuman y Paraguai ..... [ca. 1596], e
16 cr. Clastres. P .• "Indépendence el e~og.amie ...". op dI.
y las primeras cartas anuas. publicad
t7 Como se sabe. hoy existe una apasionada \,'Onlro\"\.,.sia 3\.'Crca del slalu.'i t\.·úri­
lSConsultar el capítulo 11 de la parte S
~'O del parentesco en este tipo de sociedades; remilimos alleclor a algunas de las

do interno y econom(a colonia/...


principales posicionL'S \.'11 d maR'O de la- antropologia mar~i.'ila y n\.'OCvoluclonis-".

ta: Godelier. M .• E,-onomia•./eli(.'hismo .",mi/fión en la.'r .'>O(:¡edad~ primüi\·u....


26A. d'E, Taunay ha relatado in exten
. Siglo XXI. Madrid. 1974 y dd mismo"Anlhropologie \.'1 économie. Um: anthro­ ria y de los encomenderos villenos, e
pologie économique est-elle po!i.'iible?'·, in Godelicr. M.(comp.). Un domai",' Cge5 Melhoramentos, Sáo Paulo, slf,
('ont~,é: /'anlhropoloRieéf.·onom;qur. Moulon, París. 1974. pp. 285-371: AUlfé.
M .• Symbole. fonC:lion. hisloire. Lrs inlerro[(u,ions de /'unlhro/JOloRie. Hachct­ 27Si bien desde 1611-1612, ya hay tes
te. Parí.~. 1979; Meilla.~'iOu)(. C .• I-'tmmes. Rrr"iers & (·upilau.\'. Maspcro. París. propio hacia el Brasil (er. las cart
1975 y Terreins el 1ñiurif!S. Editions Anlhropos. París. 1977: Sahlins. M., Sume .' 153-161), en la invasión de 1676 es in
ARe E(·onomi('S. Aldine. Chkago•. IIJ72. mendados deciden seguir de buen gus
Alonso PantojalI680/, en AGI-Cha
18 Véanse las siguÍ\.'I1I~ f~ent\.'S: LÓpel de Veluco. J .•' Gru/lrajia .v drsai/J(';ófI Rui Díaz MeJgarejo, Villa Rica, 9/11
uniVf!rsal de las Indias (/571-1574J. Bibliot\.'Ca dc Autores Espaftoles. tomo 248. A, cuerpo 2, fjs. 114 vta.
Madrid. 1971. p. 283; la ordenan/a 41 del gobernador Ramire, de Velaz­
co/1597/. in Garc:ia Sántillán. J. c.. bRislución sobrr indios del Río de la Platu 2BCf. Métraux, A., La religion des.
en el siRIo XVI. BibliotC\.'3 de historia hispano-amcricana. Madrid. 1928. apéndi- '",
~
..
182
' r'"

' : tllltratribfii~•.

Yersiti de Paria, Paris. 1928

·qwdll SIId. (jallimaidr.

,;. "';",:':,' -, " :"'¿-"<'-: . - , ..:. ~...~..,.·.· I )." -'. ' . - ,' ,, " , ' . -, '.

2.9Ver Haubcrt. M.;lA Yk t¡IIotliiiiif'M l1li Paraguay soUs les Jbllites. Hachette.
Paris.I967. 'J "lDdicas el JáuiteS~au PUlluay. Rencontrc de deux messianis­
mes".Al'Ch;Ya.SodologiedesR~igioM. 27.1969. pp. 119-133; esa es la opi­
Di6n de Necker en Indkns GIIII11IIIL•• dt.
·lOVéasC de HCI~ · Oastres lA t~;;j"ns mal. Le prophétisme Tupi-Guarani,
. Editions du Seuil. Paris. 1975 YBalaro Squier, R. y Clastres, Heléne "Acultu­ ....Véase nuestro libro Meréádo interno
.
raci6n y mestizaje en las misiones Jesufticas del Paraguay" ,Aportes, 14, 1969, 4S El memorial de Juan Pastpr de la C
pp. 7-27. ., '":'i~"
: ,'~ exima a los indigenas de las reduccione
3lOastres, Heléne, La te"e mM mat.••• dt. damientos gubernamentales. en AGI-C
. . . .. " •.:, , . te en las disposiciQnes emanadas del
· 12 Ver el
anicu10 de R. E. Velázquez~ '''Rebelión de los indios de Arecayá en 1660. "Memorial del Padre Antonio Ruiz d
Reacci6n indigena contra 10$ exeesós de ia Encomienda en el Paraguay" , Revista Nacional de Buenos Aires. 1lI(l2)~Bu
Paraguaya de SociO/Olla,
. . 1(2), I~. pp. 21-56. " ,
. . .~

, , , '~ "'::
46 El memorial del padre Herr.án de 17
33Véanse los testimonios sobre un intento de levantamiento en el pueblo de Yuti, trabajos públicos y tareas de guerra
en AGI-Escribania de Cámara 882 y AGI-Escribania de Cámara 903 B. PAST, tomo VI, pp. 473-481); es de'no
terminan y conducen a los indios en est
34 Cf. el t~timonio de Sarmiento de' Figueroa en su causa, en AGI-Escribania de pretensiones de los gobernadores si
Cámara 882. · ejemplo, las discusiones acerca de la ay
35 Ver la información realizada en los Altos el 20/1/1726. en AGI-Charcas 374. fuerte portei\o en 1681/95, en AGI-C
. .'. '.~~ ;':;;4;:~,
47 Véase el punto Ide las ordenanzas
J6 El desarrollo de esta cuesti6ndurante el siglo XVII "en Morner. M.• Activida­ 391. · ..
des polfliazs y et:OItÓmiazs • hJs jesuitas en el Río de la Plala; La era de los
Habsburgo. Paidos. Buenos Aires. 1968, pp. 35-85.
41 Si bien es dificil. dada la ausencia d
37 AGI-Charcas 182 y AGI-Char~~ 217. damente. parece obvio que el poder de
38 Véanse,.en BNM-Mss. 20.05431 las cartas de Vázquez de Agüero y Josef Pati­ parado con el de las restantes ór4enes;
i'lo; estos informes dan como resultado la discusión en el Consejo de Indias del neral 3047. las disputas acerca de la c
18/5/1743 y la posterior RC del 28/1211743 (cf. PASTo tomo VII, pp. 483-548). Indias de la orden franci~-ana; in estos
. . . ..' . .. ;;'."
. .". un representante de la corona frente a
39 Si bien el provincial de la ConJp8rna. Nicolás Durán dicta, en 1623, una serie de los asuntos de Indias.. . ... ...
de ordenanzas para regular la pOli. . frente a los encomenderos y evitar proble­
49 Cf. el memorial del padre Herrán y
mas en la entrega de mitas (cr. ~ÁST.tomo l. p. 394), es evidente que los enco­
menderos no están nada con(orrricscoD el proceder de la orden; ver las peticiones sO Sepp, A., JardEn de ji~r~;Z~~ari
de Juan Alvear de Zui'liga. proc:unclor de Ciudad Real/I628/y de Francisco de "" . ' ~ " o. : • .:. =""1"f ,,,;" . t • . •

Villalba, procurador de Villa Rical1628/ ~ambas enAMPA, volumen 11, pp. 31­ SI Ibldem. p. 191. , . . . . l .·· ·. · ·.
'. " "-:,. ::. ... ~- ~ '''': ~

33 y 49-50. . . . ... : -;-;;.- " S2 Véase el ejemplo que nOs rdata 5ep
40 Ruiz de Montoya nos relata en su Conquista...• cómo los encomenderos inten­ cas, EUDEBA, Buenos'Aires, 1973,
taron impedir, incluso por la ruerza. el paso de los indios. reyra, en las páginas 11I-IIS;.también I
sión de Pedro. el Jefe de lostobatines;
41 Ver ia posieiónjcsúitaen la "Cana do Padre Francisco Días Tai\o ..... /1666/. missioneros de la Compaifiáde.,Jesus
in MCDA. tomo U.. pp. 286-287. . 1687. pp•. 366-371. ''' i.. (T",.jlil'.íOd ; , : ; ,

184

.! :." L . :
· .; .. ~!I:;r1~~~~~~.":I;·~;
: ~.~ ..... ~ =t,...:~ .;!~,-, .... ~:_ ;.~.;:.:
.• .: .
.;. : .. .-. :-

( ~t (
sanara... Además podríamos por medio
pos estériles. desviar graves tormenta~
S3 ef. Necker, L.. Indiens Guarani...• cit. y Morner. M.• A'·tividades...• cit, p. para siempre a las voraces langostas. a
demás alimañas." Asimismo, Dobrizh
38.
do, pero que ha estado en contacto co
S4 Opinión del doctor Gregorio Suárez Cordero. cura de la catedral de Buenos función del sacerdote es fertilizar la lie
Aires. en AGI-Chan:as 284. misma manera que lo habría hecho P
~~ Ver las fuentes siguientes: parecer del padre Tomas Dombidas sobre la reduc­ sincrética, véase la opinión de Métraux
ción de los indios del Tucumán. Paraguay y Buenos Aires/1679/. in PASTo to­ 7-30).
mo 111. pp. 235-236; Xarque. F.• Insignes mi$Sioneros...• cit. pp. 288. 304 Y347; ~9 En ese sentido. es interesante compro
Sepp. A.• Relación de viaje a las Misiones Jesuítkas. EUDEBA. Buenos Aires. ma en que el indígena "perezoso" siem
.1971. p. 215; Sepp. A.• Continuadón ...• dt. p. 174; ScPP. A.• Jardín de turaleza lo aprueba. pues los sembrado
flores..•• p. 178; "Carta del padre Matias Strobel a un Padre de Viena"/I729/. tal rendimiento que llena los graneros y
in Mühn. J. (ed.). La Argentina vista por viajeros del siglo XVIII, Huarpes. cultivados a la manera europea ...". CO
Buenos Aires. 1946, p. 60-61; carta del padre Antonio Machioni/ 17401. en
BNM-Mss. 6976. ljs; 290-291; la carta relación de Cardíel publicada por Guiller­ foil Cf. SePP. A.• Jardín de flores...• p.
mo Furlong en José Cardiel y su carta reladó" (1747). Buenos Aires. Librería del li'·e...• p. 45.
Plata. 1949. pp. 129-\30; Dobrííhofl.ocr. M.• HiSlOria de los abipo1les. Facultad 1\1 SePP. A .• Jardín de flores...• p. 196.
de Humanidades Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia. tomo l. 1967.
p. .105. Todo este arsenal es recogido al pie de la letra por Muratori. para quien el
1\2 Carta común del padre Andrés de R
cura es un "padre de familia" encargado de una numerosa prole que no tiene to­
1\3 Ver las disposidones del provincial
davía uso completo de razón. véase Muratori. L.A.• 11 crisliuIles;'lwfelice IIelle

missioni de'padri della Compag1lia di Gesu'"el Paraguai. Venezia. 1743. pp.


M Carta del padre provincial Tomás d
92-93.
118-119; carta del padre .Iayme Aguil
padre Antonio Ma.:hioni/1740/. ibide
~ Sepp, A.• Jardí" de flores...• cit .• p. 178: "Aquí diré solamente que los mi­

sioneros deben cumplir con la tarea apostólica. haciendo todo para todos (o",,,i­
M Carta del padre Jayme Aguilar 1173
bus omnia). Lo que el cielo fuera sin el sol. el municipio sin alcalde. un regimien­
M CL Necker, L.. Indiens Guaral/;...•
to sin coronel. el timoncl sin velas. las velas sin viento. el molino sin agua. la

huerta sin jardinero. las ovejas sin pastor. la escuela sin maestro. el alma sin
1\7 Véase la tipologia en Clastres. P .•
cuerpo. el cuerpo sin cabeza. la cabeza sin cerebro. esto seria el nl'\:io paracuario
ehefferie indienne". in La société (·olll
sin su padre espiritual." Quizás asombra ver l'Ste (transparente) calilkativo de
1974. pp. 25-42; desde ya que no estam
nedo en boca de un sacerdote jesuita al hablar de "sus" indios. pero ,"'Sta adjeti­
antropológicas de este (y otros) estudio
vación es bastante común en los escritores del siglo XVIII de la orden. cuya opi- ..
Augé. M.• Pouvoirs de vie et pouvoirs
nión sobrecl indio oscila siempre entre la del buen sal\'aje y la del tonto. La obra'
gie de la "pression. Flammarion. Pari
manuscrita de Cardiel abunda en estos pe'Z~.i di bruvura. Por ejemplo. en su ma­
por Jean-Loup Amselle. Le sauvage ti
nuscrito "reino encantado del Paraguay". que puede ser consultado en ASV.

tíII Una verdadera lluvia de disposicione


Fondo Bolognelli 324. en fojas 72. refiriéndose a su interlocutor. lo llama

" ...más bárbaro e ignorante que un (juaraní. .." Este l11anuscrito fue publicado
to del rol del jefe indígena; cf. las orde
(limpiándole la adjetivación excesivamente transparente) por Murid.
la Fuente Machain. R.• El gobernador.
de Velazco 115971. en especial, el capitu
~7 Véanse Xarque. F.• Insi~l/es missioneros...• cit .• pp. 302-303; Muratori. L.
dón ...• apéndice; de Hcrnandarias 116
A.• /1 "rislianesimo felice...• di.• p. 40.
ciones dictadas por Fran.:isco de Al fa
Sil ScPP. A.• Jardín de flores .. .• p. 110: "Ellcctor debe saber que nuestros indios

Buenos Aires. 111 (11). 1939. p. 590.


en su 'primer encuentro con los bárbaros les contaron toda da'ie de historias.
fN SePP. A., Continuadón de las labor
entre ellas cosas verídicas. pero también fábulas ... como por ejemplo que ha­

bíamos traído un elixir milagroso con el cual bastaba rociar d enfermo para que

186
i
li
( (

70 Ver la visita del padre Joseph de Aguirre (17221. órdenes generales. en AGN­ 112 Cardid. J .• 0/'. cíe., p. 140.
\
IX-6-9-5. 11.\ Ibidem, pp. 142-151.
71 Sepp. A .• Conlinuación de las labores•..• p. 188. 11-'
Ver. en este sentido. la opinión de G
72Véase la visita del padre Luis de la Roca (1714-151. disposiciones para el es necesario nombrar un cuidador: hay
pueblo de San Miguel. en AGN-IX-6-9-5. teroli, de los herreros. de los cocineros.
tin de todos los oficios. Lo mismo es
73 Cf.Cardiel. J .• op. cil .• p. 141 " ... les hice trabajar los Abambaés no'en parti­ de todas especies ... ". en su "Memoria
cular. sino divididos en gremios con sus Caciques. con uno o dos Cabildantes ca­ Guaranies". ill CPDEA. tomo V. pp.
da gremio ... Con esta industria Y usando de rilor hubo aquel afta mucha cosecha
de este genero." También ver lo que afirma Sepp en su "Gobierno Temporal": 85 Cardiel. J .• op. cil .• p. 139.
"En tiempos de chacras se han de dar los bueyes. o toros a los mismos caziques y 86/bidem. p. 15\.
no a cada Indio. El cazique los ha de poner en su corral. que ha de hacer con
tierra o junto a su chacra y todas las tardes cada vasallo ha de traer los suyos, al 81Véase la' visita del padre Luis de la
dicho corraL.", en Furlong. G.. Antonio ~pp, S. J. y su "Gobierno AGN-IX-6-9-5.
Temporal" (/732). Theoria, Buenoli Aires. 1962. p. 166. Obsérvese que, en todos
88 Cardiel. J .• O". cil .• pp. 145-146.
estos casos, la ayuda reciproca para el laboreo de las parcelas, aparece como una
idea del sacerdote. . • 89 Ver la descripción que hace Antoniu
cil. pp. 111-127.
74 Véase el interrogatorio realizado en el pueblo de Los Altos el 20/1/1726, en

AG1-Charcas 374.
90 Sepp.A.• Continuación de las labore
7S Declaración de Martín de Vera. Buenos Aires, 9/6/1655; también se pueden
91 Es fundamentalmente a través de la
consultar las respuestas de Francisco de Palacios y Juan Guerrero; todas en
Fran~ois Coreal aux /ndes Occiden/ale
BNRJ-I-29-2-4. Coinciden en que esta visión es la del punto 29 de las instruc­
quable pendunl son séjour depuis 1666
ciones incluidas en la carta común del padre Andrés de Rada del 19/12/1667, en
Amsterdam. 1722 y de Frezier. Relulio
BNM-Mss. 6976. fjs. 50, quien habla concretamente de la libre disponibilidad
du Chily el du Perou. Foil pendan/ lo
para vender la yerba donde los indios más lo deseen.
Geoffroy Nyon. Etienne Ganeau. Jaqu
de la literatura europea sobre el tema h
76Ver, entre otros: órdenes del padre Andrés de Rada/I665/. en ARS1-Fondo
vidad económica de la orden jesuita r
Gesuítko. legajo 720 11, 5 e.; órdenes aprobadas por el padre general Oliva

/1690/, en ARSI-Paraquaria-Historiae. volumen 12. fjs. 171 vta., etc.


92 Datos tomados de los libros de cuen
Aires de la Compañía de Jesús. conser
77" ... quedesta yerba que traen dhos. yndios tienen por costumbre desde que se
en Buenos Aires: AGN-XIIl-47-3-5 y
rreduxieron a dar el tupabae que es limosna lo qual es un sestillo o un porongillo
tá ordenado por visitas (realizadas gen
de dos o tres libras de yerba ... Esta limosna que dan se pone en un aposento de la·"
dispensable. para hacer utilizables las
comunidad como cossa de limosna ... ". en BNRJ-I-29-2-4. fjs. 16 vta.

93 AGN-XIIl-47-3-7 y AGN-IX-16-8-5
78 BNM-Mss. 6976; fjs. 119. zón de las partidas de los frutos que h
79En lo que se refiere a 1707. ver el informe del padre Bartolomé Ximénez de ese
que al no traer los precios de las merca
año. en AGN-IX-45-3-11; la carta del visitador Aguilar de 1735. en BNM-Mss.
su utilización en los gráficos. ver. má
6976. fjs. 278.
94Ordenes del pad~e Nicolás Durán
80Carneiro. R. L.. "Slash-and-Burn Cultivation among the Kuikuru and its
Historiae. volumen 12, fjs. 160; carta
Implications for Cultural Development in the Amazonan Basin". in Cohen. Y.
mayor. en ARSI-Paraquaria-Epistolae
(ed.). Man in Adaplalion: The Cultural Presenl. Aldine. Chicago. 1968.
en Roma el 1Oi7/1623; del mismo p
BNM-Mss. 6976. fjs. lO.
81 Sahlins. M., Slone Age ... , cil. en especial. pp. 41-148.

188