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VELAD, PUES ORANDO

EN TODO TIEMPO
• Por el presidente M. Russell Ballard
• Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles
• Hoy extiendo mi invitación a orar a todas las personas de todos los países del mundo.
• Mis queridos hermanos y hermanas, durante la última semana de Su
ministerio terrenal, Jesús enseñó a Sus discípulos: “Velad, pues,
orando en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de escapar de
todas estas cosas que han de venir, y de estar de pie delante del Hijo
del Hombre”1.
• Entre las “cosas que han de venir” antes de Su segunda venida están
las “guerras y […] rumores de guerras[,] […] pestilencias, y hambres y
terremotos en diferentes lugares”2.
• En Doctrina y Convenios, el Salvador dijo: “Y todas las cosas estarán en
conmoción, […] porque el temor vendrá sobre todo pueblo”3.
• Sin duda, vivimos en una época en la que las cosas están en conmoción. Muchas personas temen el futuro y muchos corazones
se han apartado de su fe en Dios y en Su Hijo, Jesucristo.
• Las noticias están llenas de relatos de violencia. La denigración moral se publica en línea. Se han vandalizado cementerios,
iglesias, mezquitas, sinagogas y santuarios religiosos.
• Una pandemia global ha llegado prácticamente a todo rincón de la tierra; millones de personas se han infectado; han muerto
más de un millón. Graduaciones, servicios de adoración, casamientos, servicio misional y muchos otros acontecimientos
importantes de la vida se han visto interrumpidos. Además, infinidad de personas han quedado desamparadas y aisladas.
• Los reveses económicos han supuesto un desafío para muchos, sobre todo para los hijos más vulnerables de nuestro Padre
Celestial.
• Hemos visto a personas que ejercen con vehemencia su derecho a la protesta pacífica, y también hemos visto a masas
enfurecidas que causan disturbios.
• Al mismo tiempo, seguimos viendo conflictos por todo el mundo.
• A menudo pienso en aquellos de ustedes que sufren, que están preocupados, que
sienten temor o se sienten solos. Le aseguro a cada uno que el Señor los conoce, que
está al tanto de sus preocupaciones y de su angustia, y que los ama, de una manera
entrañable, personal, profunda y para siempre.
• Cada noche, al orar, le pido al Señor que bendiga a todos los que se sienten agobiados
por la aflicción, el dolor, la soledad y la tristeza. Sé que otros líderes de la Iglesia se hacen
eco de esa misma oración. Nuestro corazón, individual y colectivamente, está con
ustedes, y nuestras oraciones se elevan a Dios a favor de ustedes.
• El domingo 20 de octubre dirigí la palabra a una gran congregación cerca de Boston, Massachusetts. Estaba hablando, cuando
sentí la impresión de decir: “Les ruego […] que oren por este país, por nuestros líderes, por nuestra gente y por las familias que
viven en esta gran nación fundada por Dios”4.
• También dije que los Estados Unidos y muchas de las naciones de la tierra, al igual que en épocas pasadas, se hallan en otra
encrucijada decisiva y necesitan nuestras oraciones5.
• Esa súplica no estaba en las notas que yo había preparado. Esas palabras me vinieron al sentir que el Espíritu me impulsaba a
invitar a los presentes a orar por su país y por sus líderes.
• Hoy extiendo mi invitación a orar a todas las personas de todos los países del mundo. No importa cómo ni a quién oren, les
ruego que ejerzan su fe —cualquiera que sea su religión— y que oren por su país y por los líderes de su nación. Como dije el
pasado mes de octubre en Massachusetts, nos encontramos ante una importante encrucijada en la historia, y las naciones de
la tierra necesitan desesperadamente guía e inspiración divinas. Esto no se trata de política ni reglamentos, sino de la paz y la
sanidad que pueden recibir las almas, tanto de las personas como de los países —sus ciudades, pueblos y aldeas— por medio
del Príncipe de Paz y la fuente de toda sanidad: el Señor Jesucrist
• Durante los últimos meses he recibido la impresión de que la mejor manera de ayudar a
la actual situación mundial es que todas las personas confíen más plenamente en Dios y
vuelvan sus corazones a Él por medio de la oración sincera. El humillarnos y buscar la
inspiración de los cielos para perseverar y conquistar lo que nos aguarda será nuestra
manera más segura y fiable de avanzar con seguridad en estos tiempos difíciles.
• Las Escrituras recalcan las oraciones que ofreció Jesús, así como Sus enseñanzas acerca de la oración durante Su ministerio terrenal. Ustedes recordarán el Padrenuestro:

• “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

• “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

• “Danos hoy el pan nuestro de cada día.

• “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

• “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén”6.

• Esta hermosa y directa oración, repetida a menudo por todos los cristianos, deja claro que es apropiado pedir directamente a nuestro Padre que está en los cielos respuestas a
aquello que nos preocupa. Así pues, oremos para recibir guía divina.

• Les invito a orar siempre7. Oren por su familia; oren por los líderes de las naciones; oren por las personas valientes que se encuentran en primera fila en las batallas contra las
actuales plagas sociales, medioambientales, políticas y biológicas que afectan a todas las personas por todo el mundo: a ricos y pobres, a jóvenes y ancianos.

• El Salvador nos enseñó a no poner límites a las personas por quienes oramos. Él dijo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os
aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”8.
• En la cruz del Calvario, donde Jesús murió por nuestros pecados, Él puso en práctica lo
que enseñó cuando rogó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” 9.
• El orar con sinceridad por quienes se podrían considerar nuestros enemigos demuestra
nuestra creencia en que Dios puede transformar nuestro corazón y el de los demás. Esas
oraciones deberían reforzar nuestra determinación de hacer cualquier cambio que sea
necesario en nuestras vidas, familias y comunidades.
• Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas de fe que combinaron la oración con
los hechos a fin de marcar una diferencia en sus propias vidas y en la vida de otras
personas. En el Libro de Mormón, por ejemplo, leemos acerca de Enós. Se ha observado
que “unos dos tercios de su breve libro describen una oración o una serie de oraciones, y
el resto narra lo que hizo como consecuencia de las respuestas que recibió”11.
• En nuestra propia historia de la Iglesia tenemos muchos ejemplos del modo en que la oración marcó una
diferencia, comenzando con la primera oración en voz alta que hizo José Smith en el claro de un bosque,
cerca de la cabaña de sus padres, en la primavera de 1820. Al buscar perdón y guía espiritual, la oración
de José abrió los cielos. Hoy en día, nosotros somos los beneficiarios de José el Profeta y de otros fieles
Santos de los Últimos Días, hombres y mujeres que oraron y actuaron para ayudar a establecer La Iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
• A menudo pienso en las oraciones de mujeres fieles como Mary Fielding Smith quien, con la ayuda de
Dios, condujo valerosamente a su familia de la creciente persecución en Illinois a la seguridad de este
valle, donde su familia prosperó espiritual y temporalmente. Después de arrodillarse a orar con
sinceridad, ella trabajó arduamente para superar sus desafíos y bendecir a su familia.
• La oración nos elevará y nos unirá como personas, como familias, como Iglesia y como
mundo. La oración influirá en los científicos y los conducirá al descubrimiento de vacunas
y medicinas que acabarán con esta pandemia. La oración consolará a quienes hayan
perdido a un ser querido; nos guiará para saber lo que debemos hacer para nuestra
propia protección.
• La oración puede cambiar nuestras vidas.
Motivados por la oración sincera, podemos
mejorar y ayudar a otras personas a hacer lo
mismo.
• La caótica situación actual del mundo puede parecer abrumadora si tenemos en cuenta los muchos problemas
y desafíos, pero es mi ferviente testimonio que si oramos y pedimos al Padre Celestial la guía y las bendiciones
que necesitamos, llegaremos a saber cómo bendecir a nuestras familias, a nuestro prójimo, nuestras
comunidades y aun el país en el que vivimos.
• El Salvador oró y luego “anduvo haciendo bienes”13 al alimentar al pobre, infundir valor y apoyo a los
necesitados y tender una mano con amor, perdón, paz y reposo a todos los que viniesen a Él y Él continúa
tendiéndonos la mano.
• Invito a todos los miembros de la Iglesia, así como a nuestros vecinos y amigos de otras religiones en todo el
mundo, a que hagan lo que el Salvador aconsejó a Sus discípulos: “Velad, pues, orando en todo tiempo”14, a fin
de recibir paz, consuelo, seguridad y oportunidades de servirnos los unos a los otros
• ¡Cuán grandioso es el poder de la oración y cuán necesarias son hoy en día nuestras oraciones de fe en Dios y
en Su Hijo Amado! Recordemos y agradezcamos el poder de la oración. En el nombre de Jesucristo. Amén.