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II.

FUENTES DEL DERECHO


MERCANTIL

1. CONCEPTO Y SISTEMA GENERAL DE FUENTES DEL DERECHO

Algún autor se atreve a asegurar que, en sentido técnico y de manera general, “las fuentes
jurídicas son aquellos medios de que se vale el Derecho objetivo para manifestarse
exteriormente” (URÍA).

No obstante, es afirmación extendida que la noción de “Fuente del Derecho” es equívoca, por
tal razón se suele hablar, con un poco más de precisión, de fuente material y fuente formal.
Por lo que respecta a la primera, esta se refiere a los elementos o fuerzas sociales que
contribuyen a la creación del Derecho, verbigracia: la tradición, la convicción jurídica de los
comerciantes, el Estado, entre otras. Ahora bien, cuando hablamos de fuente formal nos
referimos a la “forma externa de manifestarse el Derecho Positivo” (GARRIGUES).

De hecho, de los dos momentos que pueden distinguirse para la creación de la norma jurídica
―cómo se forma la convicción jurídica en la conciencia popular y cómo se exterioriza en un
momento ulterior―, a la teoría de las fuentes en sentido formal tan solo le interesa el modo en
que se manifiesta el Derecho, su lado externo. En tal sentido realmente no existen fuentes del
Derecho genuinamente productivas, más bien son, única y esencialmente, inventivas o de
descubrimiento. “La fuente del Derecho no produce el Derecho, se limita a descubrirlo, a
inventarlo, a exteriorizarlo” (GARRIGUES).

Una vez hecha la precisión anterior, estamos en condición de afirmar que realmente no existe
una teoría propia de las fuentes de Derecho Mercantil, ello obedece a que éste no ofrece
formas especiales de exteriorización distintas de las del Derecho Civil, ambos se revelan a
través de dos fuentes fundamentales: la ley y la costumbre. En otras palabras, no hay una
diversidad de fuentes, lo que sí hay es una diversidad de normas ―aquellas contenidas en la
ley o en la costumbre mercantil―.

Pero además de esas fuentes universalmente reconocidas, tanto por el derecho objetivo como
por la doctrina, existen otras formas de exteriorización cuyo carácter de fuente es discutido,
nos referimos especialmente a la Jurisprudencia y a las condiciones generales de los
contratos mercantiles.

2. JERARQUÍA DE LAS FUENTES DEL DERECHO MERCANTIL

En mi opinión, el artículo 2 del Código de Comercio nicaragüense establece el sistema y


jerarquía de fuentes imperantes en materia mercantil. Así, el susodicho precepto establece
que “En los casos que no están especialmente regidos por este Código, se aplicarán las
disposiciones del Código Civil; y en defecto de éstos, se aplicarán las costumbres mercantiles,
prevaleciendo las locales o especiales sobre la general”.
Por razones eminentemente metodológicas hemos creído oportuno tomar el precitado sistema
de jerarquía y de fuentes como guía de nuestra exposición.
3. LA LEY MERCANTIL

Con todo y que el artículo 2 Cc. hace alusión exclusiva a las disposiciones del propio Código
como aplicables a la materia mercantil, nadie es capaz de negar que junto con éste debe
situarse, como fuente primera del Derecho Mercantil, a las leyes especiales.

Ello obedece a dos poderosas razones, en primer término, a que dichas leyes especiales
vienen a complementar el contenido del Código de Comercio y, en segundo lugar, porque
resulta coherente interpretar que la ley especial debe anteponerse al Derecho Común y a los
usos y costumbres mercantiles.

Por lo que hace a su objeto, es posible clasificar a las normas mercantiles, tanto las
contenidas en el Código de Comercio como en las leyes especiales, en dos grandes grupos:
las que se ocupan de materias exclusivamente abordadas por la legislación mercantil (por
ejemplo, títulos valores, sociedad anónima, contabilidad mercantil) y, de otra parte, aquellas
que recaen sobre materias que también son reguladas por el Código Civil (especialmente lo
que hace a los contratos mercantiles).

Este segundo grupo de normas se caracterizan, como ya dijimos, porque suelen delimitar,
frente al Derecho Civil, el campo de aplicación propio, estableciendo los requisitos que la
respectiva relación jurídica ha de presentar para ser considerada como mercantil.

3.1 El Código de Comercio

Ya hemos dicho en el capítulo anterior de esta obra que el Código de Comercio de la


República data del 30 de octubre de 1916, según Decreto de promulgación aparecido en la
Gaceta Nº 248, concediéndosele un período de vacatio legis de tres meses, para que entrase
definitivamente en vigor un 30 de enero de 1917.

También dijimos que nuestro Código, igual que el español de 1885, se divide en cuatro Libros:
el primero se intitula “Del Comercio en General y de los Comerciantes y Agentes
Internacionales del Comercio”; el segundo se ocupa “De los Contratos y Obligaciones
Mercantiles”; el siguiente trata “Del Comercio Marítimo”; y el último regula “De la Suspensión
de Pagos, Quiebras y prescripciones”. Los que a su vez se subdividen en Títulos, Capítulos y
artículos.

Además, reiteramos nuestra apreciación de que el Código es un cuerpo normativo que,


anclado en una concepción decimonónica, no se ajusta plenamente a las necesidades de los
nuevos actores económicos (industriales y prestadores de servicios); los cuales, a la par del
comerciante, conforman el género “empresario” que, como expresamos en el concepto que de
Derecho Mercantil ofrecemos en este estudio, se ha erigido en objeto de estudio principal de
esta Rama del Derecho.
Como prueba patente de esa falta de adecuación de las normas codicísticas, a las nuevas y
crecientes necesidades de los empresarios de nuestro entorno patrio, han sido los múltiples
intentos de “modernización” de éstas.
Así, en 1978 el Banco Central de Nicaragua patrocinó la comisión redactora de un nuevo
Código de Comercio, la cual tenía como documento base el texto elaborado unos años atrás,
más exactamente en 1971, por el jurista Rodolfo Fontanarrosa. Sobra decir que el trabajo de
la comisión fue infructuoso. Un poco más tarde, el especialista Joaquín Cuadra Chamorro
“remozó” el texto elaborado por la Comisión del setenta y ocho, sin producirse el tan ansiado
resultado.

Por enésima ocasión, en el año de 1995, se organizó una nueva comisión, presidida por el
Doctor León Núñez, para la redacción de un nuevo Código de Comercio. Una vez más dicha
comisión no pasó de ser una quimera.

En fin, con todo y que el gobierno de la República se comprometió oficialmente a modernizar


el Código de Comercio, a través de la Carta de Intención y Memorándum de Políticas
Económicas sometidos al Fondo Monetario Internacional bajo el servicio de ajuste estructural
(mejor conocido como ESAF por sus siglas en inglés), fechados el 9 de enero de 1998, tal
tarea, por razones que desconocemos pero que intuimos, todavía sigue pendiente.

3.2 Leyes mercantiles especiales

No podemos dejar de advertir que, junto con el Código de Comercio, coexisten un sinnúmero
de leyes especiales que, no obstante complementar y modificar a aquél, no siempre se
armonizan con su espíritu.

Entre estas leyes especiales se encuentran:


1. Ley General de Títulos Valores, Decreto Nº 1824 1.
2. Ley de Prenda Agraria o Industrial2, y su reforma, Ley Nº 1203.
3. Ley de Prenda Comercial, Ley Nº 1464.
4. Ley General de Bancos, Instituciones Financieras No Bancarias y Grupos Financieros, Ley
5615.
5. Ley de la Superintendencia de Bancos y de otras Instituciones Financieras, Ley Nº 316 6, y
sus reformas7.

1
Gacetas Nº 146 a la 150, y 170, de julio de 1971.
2
Gaceta Nº 174, de 14 de agosto de 1937.
3
Gaceta Nº 95, de 8 de mayo de 1973.
4
Gaceta Nº 60, de 27 de marzo de 1992.
5
Gaceta Nº 232, de 30 de noviembre de 2005.
6
Gaceta Nº 196, de 14 de octubre de 1999.
7
Reformada, primero, por la Ley No. 552, de Reformas a la Ley 316, Ley de la Superintendencia de Bancos y de Otras
Instituciones Financieras (Gaceta Nº 169, de 31 de Agosto de 2005); después, por la Ley No. 564, de Reforma a la Ley No.
316, Ley de la Superintendencia de Bancos y otras Instituciones Financieras (Gaceta Nº 228, de 24 de Noviembre de 2005);
y, finalmente, por la Ley No. 576, de Reforma a la Ley No. 316, Ley de la Superintendencia de Bancos y otras Instituciones
Financieras (Gaceta Nº 58, de 22 de marzo de 2006).
6. Ley del Sistema de Garantía de Depósitos, Ley Nº 5518, y su reforma9.
7. Ley especial sobre sociedades financieras, de inversión y otras, Decreto No. 15-L 10.
8. Ley de promoción y ordenamiento del uso de la tarjeta de crédito, Ley Nº 515 11.
9. Ley General de Instituciones de Seguros, Decreto Nº 1727 12, y su reforma13.
10. Ley de Mercado de Capitales, Ley N° 587 14.
11. Ley de Defensa de los Consumidores, Ley Nº 182 15.
12. Ley de Promoción de Inversiones extranjeras, Ley Nº 344 16.
13. Decreto de Zonas Francas Industriales de Exportación, Decreto Nº 46-91 17, y su reforma18.
14. Ley de Derecho de Autor y Derechos conexos, Ley Nº 312 19, y su reforma20.
15. Ley de Protección para las Obtenciones Vegetales, Ley Nº 318 21.
16. Ley de Protección de Señales Satelitales Portadoras de Programas, Ley Nº 322 22, y su
reforma23.
17. Ley de Protección a los esquemas de trazados de Circuitos Integrados, Ley Nº 324 24.
18. Ley de Patentes de Invención, Modelos de Utilidad y Diseños Industriales, Ley Nº 354 25, y
su reforma26.
19. Ley de Marcas y otros signos distintivos, Ley Nº 380 27, y su reforma28.
20. Ley de Medicamentos y Farmacias, Ley Nº 292 29.
21. Ley de Producción y Comercio de Semillas, Ley Nº 280 30.
8
Gaceta Nº 168, de 30 de Agosto de 2005.
9
Ley 563. Ley de Reforma a la Ley 551 (Gaceta No. 229, de 25 de Noviembre de 2005).
10
Gaceta Nº 77, de 10 de abril de 1970.
11
Gaceta Nº 11, de 17 de enero de 2005.
12
Gaceta Nº 270, de 26 de noviembre de 1970.
13
Ley Nº 227. Gaceta Nº 150, de 12 de agosto de 1996.
14
Gaceta Nº 222, de 15 de noviembre de 2006.
15
Gaceta Nº 213, de 14 de noviembre de 1994.
16
Gaceta Nº 97, de 24 de mayo de 2000.
17
Gaceta Nº 221, de 22 de noviembre de 1991.
18
Decreto Legislativo N° 2420. Aprobación de Reformas y Adición al Decreto N° 46-91, denominado Zonas Francas
Industriales de Exportación (Diario La Tribuna de 12 enero de 2000).
Dicha reforma fue vetada totalmente, el 14 de diciembre de 1999, por el Presidente de la República. No obstante, dicho
veto es dudosa legalidad ya que transgrede frontalmente lo señalado en el Artículo 141 Cn.: “No necesitan sanción del
Poder Ejecutivo las reformas a la Constitución y las leyes constitucionales, ni los decretos aprobados por la Asamblea
Nacional”.
19
Gacetas Nº 166 y 167, de 31 de agosto y 1 de septiembre de 1999.
20
Ley N° 577. Ley de Reformas y Adiciones a la Ley N° 312, Ley de Derecho de Autor y Derechos Conexos (Gaceta No. 60, de
24 de marzo de 2006).
21
Gaceta Nº 228, de 29 de noviembre de 1999.
22
Gaceta Nº 240, de 16 de diciembre de 1999.
23
Ley N° 578. Ley de Reformas y Adiciones a la Ley No. 322, Ley de Protección de Señales Satelitales Portadoras de
Programas (Gaceta No. 60, de 24 de marzo de 2006).
24
Gaceta Nº 22, de 1 de febrero de 2000.
25
Gacetas Nº 179 y 180, de 22 y 25 de septiembre de 2000.
26
Ley N° 579. Ley de Reformas y Adiciones a la Ley No. 354, Ley de Patentes de Invención, Modelos de Utilidad y Diseños
Industriales (Gaceta No. 60, de 24 de marzo de 2006).
27
Gaceta Nº 70, de 16 de abril de 2001.
28
Ley N° 580. Ley de Reformas y Adiciones a la Ley No. 380, Ley de Marcas y Otros Signos Distintivos (Gaceta No. 60, de 24
de marzo de 2006).
29
Gaceta Nº 103, de 4 de junio de 1998.
30
Gaceta Nº 26, de 9 de febrero de 1998.
22. Ley de Metrología, Ley Nº 22531.
23. Ley General de Transporte Terrestre, Ley Nº 52432.
24. Ley de Transporte Acuático, Ley Nº 39933.
25. Ley General de Aeronáutica Civil, Ley Nº 595 34.
26. Ley de Exploración y Explotación de Hidrocarburos, Ley Nº 286 35.
27. Ley Especial sobre Exploración y Explotación de Minas, Ley Nº 387 36.
28. Ley de Promoción, Fomento y Desarrollo de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Ley
MIPYME), Ley N° 64537

4. EL DERECHO CIVIL

No obstante que el precitado artículo 2 del Código de Comercio prescribe sin tapujos que “En
los casos que no están especialmente regidos por este Código, se aplicarán las disposiciones
del Código Civil…” la mayor parte de la doctrina afirma, al menos en Derecho comparado, y a
decir verdad uno que otro autor patrio ―seguramente atendiendo a las razones de aquellos―,
que éste no ostenta el auténtico carácter de fuente de la materia mercantil.

Ello se explica por el carácter complementario del Código Civil en los asuntos mercantiles,
dicho de otra forma, el Civil se nos presenta, respecto del Derecho privado mercantil, como un
Derecho subsidiario.

5. LOS USOS DE COMERCIO

Antes de avanzar en nuestro estudio conviene hacer alguna precisión terminológica: aunque
la vieja doctrina distinguía meridianamente entre los conceptos de uso y costumbre,
señalando que “la costumbre consiste en los usos y habitudes jurídicas entre particulares,
establecidos en una localidad en una región o en todo el país, en vía de imitación o
propagación” (HEMARD); nosotros en esta obra, siguiendo los estudios más recientes,
trataremos a ambas nociones como sinónimos.

Lo primero que habrá que decir es que los usos de comercio son normas de Derecho objetivo
nacidas a partir de la observancia repetida, uniforme y constante de los empresarios en el
tráfico mercantil. En otras palabras los usos nacen en el seno mismo de la contratación
mercantil, ya sea con el ánimo de suplir la ausencia de regulación adecuada, ya para colmar
las lagunas que se presentan en el contenido de los contratos, o bien para resolver las dudas
que surjan de la interpretación de éstos.

31
Gaceta Nº 135, de 18 de julio de 1996.
32
Gaceta Nº 72, de 14 de abril de 2005.
33
Gaceta Nº 166, de 3 de Septiembre de 2001.
34
Gaceta Nº 193, de 5 de octubre del 2006.
35
Gaceta Nº 109, de 12 de junio de 1998.
36
Gaceta Nº 151, de 13 de agosto de 2001.
37
Gaceta N° 28, del 8 de febrero de 2008.
Esta noción de uso, parece ser la acogida, en mayor o menor medida, por el legislador
nicaragüense, cuando en el artículo 3 Cc. prescribe que: “Las costumbres mercantiles suplen
el silencio de la ley, cuando los hechos que las constituyen son uniformes, públicos,
generalmente ejecutados en el estado (sic.) O en determinada localidad y reiterados por un
largo espacio de tiempo, que se apreciará prudencialmente por los tribunales”.

5.1 Génesis y evolución de los usos

Como ya sabemos, la génesis misma del Derecho Mercantil, como derecho eminentemente
consuetudinario, resalta la importancia histórica de la costumbre como fuente de dicha rama
del Derecho. Si bien es cierto la “estatalización” y “legalización” del Derecho mercantil
relegaron a los usos al plano de fuente subsidiaria, cuyas normas sólo son aplicables en
defecto de la ley y por el reconocimiento e invocación de ésta; ello no obsta para que los usos
sigan ocupando un papel destacado en la regulación de nuestra materia, lo que obedece,
precisamente, al carácter dinámico y profesional de las actividades que integran a ésta. El uso
nace en la vida del tráfico y por obra de éste.
En un primer momento el uso se origina en la contratación entre mercaderes, en la repetición
de cláusulas pactadas por escrito en una misma clase de contratos. De esa forma ciertas
cláusulas se convierten en usuales, sobre todo en la contratación en masa. En este momento
todavía no podemos hablar de uso en el sentido técnico, la cláusula está expresa en el
negocio jurídico de que se trata. Nos encontramos aquí con la cláusula de estilo.

En una etapa ulterior, la cláusula tantas veces repetida acaba por sobrentenderse, bien entre
los mismos contratantes, bien entre un reducido número de personas dedicadas a idéntica
actividad.

En una tercera fase, denominada de objetivación generalizadora, la cláusula típica se eleva


por encima de la voluntad de las partes, se aísla de ella, para erigirse en norma objetiva de
derecho, quienes no pactando nada en contrario, quedan sometidos a lo prescrito por el uso.
La práctica individual se ha convertido en práctica social, es decir, en uso.

5.2 Clasificación de los usos

La doctrina tradicional ha venido afirmando que, en íntima relación con las distintas etapas de
la génesis y evolución de los usos mercantiles, se encuentra el tema de la clasificación de
éstos, en razón de la posición del uso frente al Derecho objetivo.

Así, el primer tipo de uso, que corresponde al segundo momento de formación de éstos, es el
uso interpretativo o convencional. Éste no es otra cosa que las prácticas profesionales que
dominan tácitamente la formación de los actos jurídicos y que se sobrentienden en todos
estos actos para interpretar o completar la voluntad de los contratantes.
El uso normativo constituye el Derecho consuetudinario propiamente dicho y, como tal,
corresponde a la última fase del proceso formativo del uso. Se trata de una regla de Derecho
objetivo que se impone a la voluntad de las partes, salvo pacto en contrario.

No obstante, se ha criticado esta clasificación alegando que todos los usos mercantiles son
normas de Derecho objetivo, independientemente de la función que realicen, de tal forma que
sólo es posible hablar de usos mercantiles normativos, sin distinguir entre unos y otros a
efectos de su condición de fuente de Derecho.

Con todo el artículo 5 de nuestro Código de Comercio recoge la distinción entre usos
interpretativos y normativos, de modo que: “Las costumbres mercantiles servirán, no sólo para
suplir el silencio de la ley, sino también de regla para determinar el sentido de las palabras o
frases técnicas del comercio, y para interpretar los actos o convenciones mercantiles”.

Adicionalmente cabría una ulterior distinción entre usos estatales y locales, de conformidad al
artículo 2 Cc., cuestión esta última sobre la que luego volveremos.

5.3 Significación del uso en el Código de Comercio

Según hemos adelantado, el artículo 2 del Código de Comercio coloca a los usos por debajo
de la ley en el orden de jerarquía de fuentes del Derecho Mercantil. Tal solución viene
refrendada por el carácter supletorio que a los usos de comercio les asigna la parte inicial del
artículo 3 Cc. (“Las costumbres mercantiles suplen el silencio de la ley…”).

En atención a las razones apuntadas, resulta coherente afirmar que la costumbre no puede,
en línea de principio, derogar a la ley. Empero, en los casos en que las partes, atendiendo al
juego de la autonomía de la voluntad, asuman el contenido normativo del uso contra legem,
prevalecerá el uso frente a la ley. Obviamente esto sólo es posible cuando la ley que entre en
contravención con el uso tenga carácter dispositivo, nunca cuando sea imperativa.

Sin perjuicio de lo anteriormente señalado, haciendo una correcta interpretación de los


precitados artículos 2 y 3 del Código de Comercio podemos concluir que la significación de los
usos en nuestro Código es la siguiente:

i. Efectivamente, los usos de comercio son fuente de Derecho objetivo, es decir, normas
que rigen la materia mercantil.
ii. Se trata de usos propios del tráfico mercantil, en otras palabras, propios del sector
sometido a la legislación mercantil, pero sólo aplicables, en principio, en defecto de
ella.
iii. Se trata de usos Estatales y locales (observados generalmente en cada plaza), aunque
nada impide que se trate de usos de ámbito geográfico intermedio o más extenso (por
ejemplo, regionales, internacionales), siempre que en ese ámbito quede comprendido
en el lugar del acto regulado (así, los usos internacionales marítimos observados en el
puerto de Corinto podrán ser invocados como válidos).
iv. Completando lo anterior, siempre prevalecerán los usos locales o especiales sobre los
generales.

5.4 La prueba del Uso

Según las voces del artículo 4 Cc.: “No constando a los tribunales que conocen de una
cuestión entre partes, la autenticidad de la costumbre que se invoque, solo podrá ser probada
por alguno de estos medios: 1. Por un testimonio fehaciente de dos sentencias que,
aseverando la existencia de la costumbre, hayan sido pronunciadas conforme a ella. 2. Por
tres escrituras públicas anteriores a los hechos que motivan el juicio en que debe obrar la
prueba, y otorgadas entre partes extrañas a la que la invoque”.

Esto supone que, salvo la circunstancia excepcional de que el juzgador conozca del uso
mercantil, la existencia y alcance de éste deberá ser probado por la parte que lo invoque,
como cuestión de hecho. Ello supone una importante excepción al principio iura novit curia, a
saber, el juez ha de conocer el derecho, de tal forma que éste no requiere alegación ni prueba
por las partes.

Con toda seguridad, la excepción se justifica por la variedad y el carácter local de los usos de
comercio. De hecho, en algunos sistemas jurídicos se han elaborado recopilaciones de usos
con la intención de facilitar la prueba de su existencia y alcance. Es lamentable que no
podamos decir que sucede lo mismo en nuestro país.

6. EL DISCUTIDO CARÁCTER DE FUENTE DE LA JURISPRUDENCIA Y DE LAS


CONDICIONES GENERALES DE LOS CONTRATOS MERCANTILES

Dijimos hace bastantes líneas atrás que, entre las pretendidas fuentes del Derecho Mercantil,
existen algunas cuyo ubicación como tales es, al menos, dudosa. Por eso es que los autores
han hecho correr ríos de tinta tratando de reivindicar o negando, tanto a la Jurisprudencia
como a las condiciones generales de los contratos, el susodicho carácter de fuentes de
nuestra materia.

Por lo que respecta a la Jurisprudencia, aunque no dejamos de reconocer el alto valor


persuasivo y ejemplar de ésta, en tanto en cuanto señala el modo de aplicar el Derecho; amén
de su valiosa contribución a la formación del Derecho consuetudinario, con la repetición
uniforme de un mismo criterio en diferentes fallos. Estimamos que tales decisiones no crean
Derecho objetivo y no vinculan fuera del caso concreto en que han sido dictadas, por tanto no
deben tenerse como fuentes del Derecho, aun y cuando indirectamente alcanzan en su
eficacia un ámbito de generalidad casi igual al de las fuentes en sentido propio (ley y
costumbre).
En apoyo de la tesis aquí esgrimida, basta con llevar a cabo una correcta lectura del artículo
443 del Código de Procedimiento Civil, el cual señala que sólo en detrimento de la ley es que
es lícito estar “a la doctrina legal admitida por la jurisprudencia de los Tribunales” 38.
Todavía más, si bien es cierto, en línea de principio, los Jueces y Magistrados deben resolver
de acuerdo a los fallos judiciales precedentes, éstos podrán modificarlos explicando
detalladamente las razones que motiven el cambio de interpretación 39.

Cambiando de tercio, para nadie resulta desconocido que la incesante repetición de los
contratos en el tráfico jurídico mercantil ha facilitado la predisposición de sus cláusulas, que
adquieren un carácter general y atienden a condiciones establecidas por el propio empresario
contratante (condiciones generales del contrato) o bien resultan impuestas a todo el sector por
grupos o asociaciones de empresarios (condiciones generales de la contratación).

La generalidad y el estilo de la formulación escrita de tales condiciones parecen acercarlas a


la naturaleza de verdaderas normas jurídicas, de tal forma que algunos estudiosos han
considerado que se trata de una nueva fuente de Derecho objetivo.

Si bien es cierto, cuando las condiciones generales vengan impuestas a los contratantes por
una autoridad administrativa (Estado, Corporaciones Locales, entre otras), tales condiciones
se exteriorizan como verdaderas normas jurídicas, de obligatoria observancia para los
contratantes (tanto para los empresarios como para los clientes), siendo, entonces, su
naturaleza equiparable a la propia del Derecho objetivo. Tal situación es más bien la
excepción y, en todo caso, se trata de una especie de “cláusula derivada” de una verdadera
norma de derecho objetivo (la Ley o reglamento que obliga a observarla).

Más bien, de manera general, no nos parece que las condiciones generales pueden elevarse
a la categoría de fuente, ya que sólo adquieren eficacia cuando forman parte de un contrato,
cuya validez requiere, forzosamente, el consentimiento de ambas partes. Así, no basta la
simple voluntad del proponente para que las condiciones generales rijan las relaciones
contractuales, puesto que no se trata de normas de Derecho objetivo, sino más bien de
Derecho Negocial, al que le son aplicables las normas sobre obligaciones y contratos.

BIBLIOGRAFÍA: BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, Alberto, Apuntes de Derecho Mercantil,


3ª edición revisada y puesta al día, Aranzadi, Navarra, 2002.- BROSETA PONT, Manuel,
Manual de Derecho Mercantil, Volumen I, 11ª edición a cargo de Fernando Martínez Sanz,
Tecnos, Madrid, 2002.- CHULIÁ, Francisco Vicent, Introducción al Derecho Mercantil, 17ª
edición, tirant lo blanch, Valencia, 2004.- DE SOLÁ CAÑIZARES, Felipe, Tratado de Derecho
38
Art. 443 Pr.: “Los Jueces y Tribunales no pueden en ningún caso dejar de resolver a las partes sus pretensiones. Cuando a
juicio de ellos no haya ley que prevea el caso o duden acerca de la aplicación del derecho, observarán las siguientes reglas:
1.-Aplicarán lo que esté previsto en la legislación para casos semejantes o análogos. 2.-A falta de esto, se estará a la
doctrina legal admitida por la jurisprudencia de los Tribunales.3.- En defecto de las dos reglas precedentes, se resolverá la
cuestión por los principios generales del derecho o por lo que dicte la razón natural. 4.- En último extremo, se aplicará la
opinión sostenida por los intérpretes o expositores del derecho o por lo que se disponga en legislaciones análogas
extranjeras, inclinándose siempre en favor de las opiniones más autorizadas”.
39
Véase Artículo 13 de la Ley 260. Ley Orgánica del Poder Judicial de la República de Nicaragua (Gaceta Nº 137, de julio de
1998).
Comercial Comparado, Tomo II, Montaner y Simón, S.A., Barcelona, 1962.- GARRIGUES,
Joaquín, Curso de Derecho mercantil, Tomo I, séptima edición revisada con la colaboración
de Alberto Bercovitz, segunda reimpresión, Porrúa, México, 1979.- NAVAS MENDOZA,
Azucena, Curso Básico de Derecho Mercantil, Tomo I, editorial Universitaria, León, 2003.-
OLIVENCIA RUIZ, Manuel, “Las fuentes del Derecho Mercantil” en Derecho mercantil, Vol. I,
6ª edición corregida y puesta al día, dirigido por Jiménez Sánchez, Guillermo, Ariel S.A.,
Barcelona, 2000, págs. 46ss.- ORÚE CRUZ, José René, Manual de Derecho Mercantil,
Hispamer, Managua, 2003.- RODRÍGUEZ DE QUIÑONEZ Y DE TORRES, Alfonso de,
“Fuentes del Derecho Mercantil” en Lecciones de Derecho Mercantil, 3ª edición, revisada y
puesta al día, coordinador Guillermo J. Jiménez Sánchez, Tecnos, Madrid, 1995, págs. 49ss.-
RUIZ DE VELASCO, A., Derecho Mercantil. Parte General, s/e, s/f.- SÁNCHEZ CALERO,
Fernando, Instituciones de Derecho mercantil, Volumen I, 24ª. Edición, McGraw Hill, Madrid,
2002.- SOLÓRZANO, Aníbal, Glosas al Código de Comercio de Nicaragua, concordancias y
jurisprudencia, segunda edición corregida y aumentada, Banco de la Vivienda de Nicaragua,
Managua, 1974.- URENDA ZEGERS, Carlos, La empresa y el Derecho, segunda edición,
editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1995.- URÍA, Rodrigo, Derecho Mercantil, vigésimo
cuarta edición, Marcial Pons, Madrid, 1997.- URÍA, Rodrigo y MENÉNDEZ, Aurelio, “Las
fuentes y la aplicación del Derecho Mercantil” en Uría-Menéndez. Curso de Derecho
Mercantil, Tomo I, Civitas, Madrid, 1999, págs. 45ss.-