Está en la página 1de 4

David González, Resumen 4, Correspondencia con Isabel, Descartes.

En esta correspondencia se intenta responder al problema de la interacción entre mente y


cuerpo. Este problema puede verse reflejado en el siguiente cuestionamiento que Isabel de
Bohemia hace a Descartes:

(…) de qué forma puede el alma del hombre determinar a los espíritus del
cuerpo para que realicen los actos voluntarios, siendo así que no es el ama sino
sustancia pensante. Pues parece como si toda determinación de movimiento procediera
de la pulsión del objeto movido, a tenor de la forma en que lo impulsa aquello que lo
mueve, o dependiera de la calidad y forma de la superficie del objeto. Requieren
contacto las dos primeras condiciones, y extensión, la tercera de ellas. Excluís ésta por
completo de la noción que tenéis del alma, y a mí me parece aquél imposible en cosa
inmaterial. (p. 551)

Al respecto entonces, Descartes basará su respuesta en lo que él define como nociones


primitivas, las cuales son “como unos originales en cuyo patrón nos basamos para construir
todos nuestros demás conocimientos” (p. 553). Estas nociones primitivas son el
pensamiento para la mente, la extensión para el cuerpo y, la unión para la mente y el
cuerpo; siendo ésta última “de la que depende la de la fuerza con que cuenta el alma para
mover el cuerpo, y el cuerpo para influir en el alma, provocando en ella sensaciones y
pasiones” (p. 553). Ahora bien, estas nociones por ser primitivas son excluyentes entre
ellas, es decir no se puede comprender una sino aludiendo únicamente a ella misma y, por
esta razón, un fenómeno específico de un tipo determinado solo puede ser explicado por
una noción primitiva también específica y determinada y, no, por una mezcla entre éstas
pues “(…) cuando pretendemos solventar alguna dificultad recurriendo a una noción que no
le corresponde, no podemos por menos de equivocarnos. E igual nos sucede cuando
pretendemos recurrir a una de esas nociones para explicar otra” (p. 554).

Dado lo anterior, es un error pretender explicar la fuerza con la que actúa la mente en el
cuerpo (y viceversa) con base en la fuerza con la que actúa un cuerpo sobre otro cuerpo,
pues sencillamente ambos casos corresponden a nociones primitivas diferentes (el primero
al de la unión y el segundo al de la extensión) y, por consiguiente, no pueden ser explicados
de la misma manera. Esto puede observarse en la afirmación de Descartes según la cual “la
causa principal de nuestros errores reside en que solemos pretender recurrir a esas nociones
para explicar cosas a las que no le corresponden” (p. 554). Así pues, para explicar la
interacción entre mente y cuerpo, Descartes utilizará en un primer momento un ejemplo con
base en el concepto de gravedad aceptado en su época, según el cual la gravedad es una
fuerza que actúa sobre los objetos sin necesidad de que haya un contacto real entre ellos. Es
así como en el caso mente-cuerpo, es claro que entre éstos ocurre una interacción motivada
por una fuerza que similar a la gravedad puede actuar a distancia y sin necesidad de un
contacto real entre ellos.

Al respecto, sin embargo, Isabel de Bohemia replicará a Descartes que no consigue


comprender:

(…) cómo el alma (inmaterial y carente de extensión) puede mover el cuerpo


atendiendo a esa otra idea vuestra, anterior, referida a la gravedad; ni por qué ese poder
para impulsar el cuerpo hacia el centro de la tierra (…) debe persuadirnos más bien de
que algo inmaterial puede mover un cuerpo (…). Y confieso que me sería más fácil
otorgar al alma materia y extensión que concederle a un ser inmaterial la capacidad de
mover un cuerpo y de que éste lo mueva a él. (p. 556)

Mas Descartes utiliza de nuevo las nociones primitivas para explicarle a Isabel que si bien
para concebir la mente basta solo con el entendimiento y, para concebir el cuerpo, con el
entendimiento más la imaginación; en lo concerniente a la unión entre mente y cuerpo,
entendimiento e imaginación resultan muy oscuros, en cambio el solo uso de los sentidos
basta para concebir claramente esta unión. De ahí que “a quienes no filosofan nunca y no
usan nunca sino de sus sentidos, no les quepa duda de que el alma mueve el cuerpo y el
cuerpo influye en el alma, pero los consideran a ambos como una sola cosas, es decir,
conciben su unión” (p. 558). Así pues, Descartes concluye que:

No me parece que la mente humana pueda concebir con claridad al tiempo la


distinción entre el alma y el cuerpo y su unión, puesto que, para ello, es menester
concebirlos, simultáneamente, como una sola cosa y como dos, y en ello hay
contradicción [pero somos capaces] sin necesidad de filosofar, a saber, que lo que
existe es una persona única, que tiene a un tiempo cuerpo y pensamiento. (p. 559)

Finalmente, no del todo contenta con la respuesta de Descartes, Isabel le señala a éste
que si bien los sentidos le muestran que el alma mueve al cuerpo, no la instruyen
acerca de la forma en cómo lo hace. Y, dado que ha sido el mismo Descartes quien ha
dicho que “todo error procede del hecho de que nos forjamos opiniones de cosas que
no vemos con claridad suficiente” (p. 561), entonces Isabel pide a Descartes que la
instruya más, pues pese a sus explicaciones, éstas aun no le resultan a ella del todo
satisfactorias.

…….

Alguna vez leyendo a Damasio -si mal no recuerdo éste decía algo así como que
Descartes erró en afirmar que “Pienso, luego existo”, porque según Damasio es muy
claro que primero existimos y que después de ello pensamos-, tuve la impresión de
que si bien éste estaba afirmando algo que a mi parecer era intuitivo, esto es que
primero nace el humano, es decir existe y, que luego piensa; lo cierto era que también
me parecía que éste estaba haciendo una interpretación exagerada del “Pienso, luego
existo” en la medida que sentía la estaba ubicando en un nivel para el cual quizá
Descartes no se estaba refiriendo, es decir la estaba ubicando en un plano, si se me
permite, de la praxis o de lo biológico o de lo que simplemente de hecho es (para que
algo piense pues primero tiene que existir porque si algo no existe pues es obvio que
no puede pensar porque sencillamente no es). Mientras que, mi interpretación de esa
frase de Descartes, la ubicaba en un plano, si se me permite, de lo abstracto, de lo
teórico, de lo -tal vez- metafísico y, de este modo, me parecía que el “Pienso, luego
existo”, se estaba refiriendo más bien a una condición de partida, a una certeza
primera, sobre la cual poder -con confianza y seguridad- comenzar a filosofar.

Y, ahora, una vez que he leído lo que Descartes dice en su correspondencia con
Isabel, más me convenzo no solo acerca de que Damasio estaba equivocando la tesis
de Descartes, sino también acerca de que el dualismo aparente en éste, ese que separa
la mente del cuerpo, quizás sí sea una elaboración teórica en el plano de lo abstracto y
no tanto una elaboración práctica en el plano de nuestras vidas, de nuestra
cotidianidad, de nuestra experiencia del mundo. Porque que Descartes distinga la
noción de tres primitivos, si bien puede ser un recurso retórico, también puede ser el
planteamiento de una verdad tan simple como que la experiencia de nuestra mente y
de nuestro cuerpo unidos es la única a la que tenemos alcance, ya que considerar a
cada una de éstos (mente o cuerpo) individual o separadamente solo nos es posible
desde nuestra razón e imaginación pero no desde nuestra experiencia. Así, me parece
que puede leerse mejor a Descartes, que sus pensamientos guardan mucho más
sentido y que, dada su afirmación de que “sin necesidad de filosofar [podemos saber]
que lo que existe es una persona única, que tiene a un tiempo cuerpo y pensamiento”,
aun podemos o debemos seguir intentando comprender lo que él -no sin dificultad-
creyó haber entendido y, lo que nosotros, hoy y pese a todo, también seguimos
deseando entender.