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CURSO

HISTORIOGRAFÍA PERUANA

Profesor: EUSEBIO QUIROZ PAZ SOLDAN

Realizado por:

Ruddy Daly Rosales Martínez

Arequipa, Noviembre 2017


¿BALDON O BLASON?: Reflexiones sobre la participación de
Arequipa en la guerra del pacífico”
Lic. Daly Rosales Martínez
“…Cuando tengamos pueblo sin espíritu de
servidumbre, i militares i políticos a la altura del siglo,
recuperaremos Arica y Tacna, y entonces y sólo entonces
marcharemos sobre Iquique y Tarapacá, daremos el golpe
decisivo, primero i último…  Pasaron los tiempos en que
únicamente el valor decidía de los combates: hoy la
guerra es un, problema, la Ciencia resuelve la
ecuación…”
…Discurso del Politeama: Manuel Gonzales Prada
En la historia de la participación de la ciudad de Arequipa en la Guerra del Pacífico, podemos
encontrar desconfianza, ambiciones, mentiras y traición en algunos de sus protagonistas, pero
ello contrasta también, con la entrega, el sacrificio y el heroísmo de un pueblo, que a causa del
peso de su historia, se convertiría en el último bastión de resistencia militar ante el invasor
chileno, y al mismo tiempo, representó junto al accionar de Cáceres, en los días más difíciles de
nuestra historia, la esperanza de todo un país que desangrado por la guerra, solamente
anhelaba justicia y venganza, pero cuyos hechos desencadenaron en un lamentable suceso,
oscuro dentro de la historia, que terminaría a mucho pesar de sus pobladores, en la ocupación
de esta tierra por el invasor chileno.

Estos acontecimientos, ocurridos en Arequipa, previos a la invasión del ejército chileno,


apuntaban sin duda, en un devenir épico dentro de nuestra historia, una epopeya que al llegar
a sus últimos y decisivos capítulos, virose hacia el drama y la tragedia, en la que todo lo
anterior fue calificado por algunos detractores, como una triste parodia, y que motivarían una
dura controversia sobre la actuación del pueblo de Arequipa, que en este informe a manera de
ensayo trataremos de aclarar.

Si, hubo responsabilidad y es necesario aclarar y denunciar ante la historia, con nombre
propio de quien fue esta, como decía Francisco Mostajo en su discurso del 7 de junio en el
colegio de abogados.

“… aquel arduo y doloroso periodo histórico de Arequipa, cuyos hechos


culminantes, que dejan marcados con fuego a políticos y militares que
estuvieron al frente del gobierno del sur, constan a la conciencia
pública, aunque los responsables y no responsabilizados todavía los
desfigurasen, a gusto de su cohonestación, fuera de la comarca que
abandonaron al frente del enemigo, y aunque hasta hoy no se haya
escrito acerca de acontecimientos tan punzantes la página integral y
definitiva que los presente, no a los propios, sino a los extraños con
toda la autoridad de la historia…” (Quiroz, Eusebio: pág. 146: 2002)

Si bien es cierto, los “estados – nación” y pueblos en general, buscaron y buscan hoy en día,
forjar una identidad propia, basada en una reinterpretación de su historia, que le sirva de base
para lograr la ansiada unidad de la sociedad. En nuestro caso, no será esta, nuestra directriz, ya
que no consideramos necesario, crear una historia regional oficial, ocultando o manipulando el
pasado, con el fin de configurarlo en una herramienta útil para enorgullecernos de él y así
acrecentar nuestra identidad. No sería necesario ya que propios y extraños han pregonado en
las páginas de sus obras, los no pocos acontecimientos de un pueblo como Arequipa, que se
ganó un sitial especial dentro de nuestra historia nacional, como Baluarte de la Libertad.
Sin embargo, la población de Arequipa, aunque reconocida su esencia de ciudad rebelde y
brava en los momentos más difíciles, ha sido duramente cuestionada en su participación en la
guerra del pacífico, no solamente en dichos y sentencias populares 1, sino también por
diferentes autores que prejuiciosamente calificaron negativamente la actuación del pueblo de
Arequipa en la Guerra del Pacífico. Es entonces que a partir de una revisión minuciosa de las
fuentes hoy podemos presentar ante ustedes lectores, algunas “reflexiones sobre la
participación del pueblo de Arequipa en la Guerra del Pacífico”, que estamos seguros
aclararan muchas de las controvertidas y hasta irrespetuosas acusaciones que se han hecho a
este pueblo y a su gente.
1. Una sentencia popular, creada por los críticos a nuestra ciudad reza así… “Arequipeño, que al pie del Misti naciste, En la
guerra con Chile… ¿dónde mierda te escondiste?”

Antecedentes de la Guerra del Pacífico

Cuando en 1821, el Estado Peruano, nacía oficialmente a la vida independiente, se enfrentaba


a graves problemas económicos, sociales y políticos: económicos, dadas las deudas adquiridas
por las guerras independentistas; sociales, ya que no conseguíamos entonces, como no
conseguimos en la actualidad a pocos años de nuestro bicentenario, consolidarnos como una
nación unida socialmente; y políticos, ya que no teníamos una clase dirigente que nos
enrumbara al desarrollo, permitiendo así que caudillos y militares tomen el poder del estado; a
estos problemas se suman, el de la delimitación territorial, en la que tuvimos una mala gestión
por decir lo menos, de la política internacional, que nos llevó a ceder una gran extensión
territorial a todos nuestros vecinos.

Jorge Basadre,
identifico al “abismo social, junto al estado empírico” como los males, que no permitieron el
desarrollo del estado peruano, que a mediados del siglo XIX, tuvo la gran oportunidad de
lograr su desarrollo a partir de los grandes ingresos de las exportaciones del Guano de Isla,
pero los gobiernos de turno, que hicieron de este periodo uno de los más corruptos de nuestra
historia, y que además traería serias consecuencias, ya que los ingresos serian repartidos entre
unos pocos burócratas militares y civiles; la consolidación de la deuda interna y externa, cuya
corrupción escandalizó a la sociedad; y una política de empréstitos, desatinada para una
inversión ferrocarrilera mal planificada, que provocaría una aguda crisis fiscal previa a la
declaración de Guerra por el vecino país del sur.

En palabras de Carlos contreras: “…la era del guano, (con todos los
ingresos que traería), fue para el Perú como un sueño, que terminaría en
una pesadilla, de la cual nos despertamos cuando el ejército chileno
tocaba nuestras puertas…” (Sucedió en el Perú: Antonio Zapata).

A esto se sumaba la falta de previsión, ya que si durante el periodo del primer militarismo, los
gobiernos de turno se empecinaron en la compra de armamento para la defensa, al pasar al
periodo civilista, se dejarían de lado viejos principios, como el del Mariscal Ramón Castilla, que
decía “si Chile, compra un barco, el Perú, debe comprar dos”, para dar mayor importancia a la
diplomacia, anulando la construcción de dos blindados para el Perú, con lo cual perdimos
pasivamente el dominio marítimo ante Chile, que reforzaba a su escuadra con la construcción
de dos acorazados, así José Antonio Lavalle, nos cuenta que:

“… a su vuelta de un viaje a Europa y en la intimidad que le brindaba el


presidente Pardo que era su pariente, le insinuó a Pardo el peligro del
armamento chileno y ¿saben que le contestó Pardo al diplomático? “Yo
tengo dos blindados ‘El Buenos Aires’ y ‘El Bolivia’… pero Argentina no
quiso suscribir la alianza y Bolivia no tuvo una acción destacable en las
acciones aliadas… entonces, los “blindados de Pardo”, no fueron más que
cucuruchos de papel, navegando en el mar de la imaginación de nuestro
presidente…” (CARPIO MUÑOS, Juan. Pág. 36: 1981)
2. 3.
1.

1. Mariscal Ramón Castilla y Marquesado,


2. Manuel Pardo y Lavalle,
3. Mariano Ignacio Prado.

Causas de la Guerra del Pacífico

La cuestión limítrofe

Revisando la historia de los límites del Perú, del Profesor Raúl Porras Barrenechea,
encontramos curiosamente que los territorios perdidos durante esta guerra, algún día,
pertenecieron a la jurisdicción de Arequipa, así tenemos que:

“…Según el Almanaque Peruano, de D. Gregorio Paredes, para el año de


1811, la intendencia de Arequipa comprendía los partidos de: Arequipa,
Arica, Caylloma, Condesuyos, Moquegua, Camaná y Tarapacá…” (Porras,
Raúl; Pág. 108: 1930)

Según el derecho internacional americano que ha aceptado el “Uti Possidettis de 1810”, el


límite de Perú y Chile, estaba al sur del desierto de Atacama, en el Paposo, (situado a los
25º), hasta donde se extendía la Intendencia de Arequipa, según una real orden, expedida el
1 de octubre de 1803. Más adelante, al constituirse el nuevo estado de Bolivia, el general
Sucre, se apodero de una parte del desierto de Atacama, para darle costas a Bolivia,
estableciéndose los puertos de Cobija, Mejillones y Antofagasta, con lo que el estado
peruano dejaba de limitar con Chile y establecía en el sur, como nuevo límite con Bolivia, en
el rio Loa, hasta donde llegaba el departamento peruano de Tarapacá. (Porras, Raúl; Pág.
108: 1930)

El conflicto que se dio inicialmente, entre Bolivia y Chile, cuando en 1940 se descubrieron
depósitos de guano en la Punta Angamos, al norte de Mejillones, en el litoral boliviano, al cual
se atribuyó un valor de 60 millones de oro, al yacimiento encontrado a una legua de la costa.
Entonces contrabandistas chilenos, clandestinamente comenzaron a extraer guano de esa
zona, provocando la protesta de Bolivia, lo que terminaría con el envío de un buque chileno, y
la construcción de un fortín en Mejillones, así apareció Chile en Atacama al norte del Paposo.
(Maurtua, Pág. 17) y posteriormente mediante una ley chilena, declaran propiedad nacional,
los guanos situados al sur del paralelo 23. (Porras, Raúl; Pág. 110: 1930)

La política condescendiente del presidente boliviano Mariano Melgarejo, llevaron a la firma del
tratado del 10 de agosto de 1866, en el que se disponía que, el límite entre ambos países seria
el paralelo 24 y una comunidad territorial entre los paralelos 24 y 25, siendo este límite,
ratificado definitivamente con el tratado de 1874, en el cual además, Bolivia se comprometía a
no aumentar los impuestos existentes sobre el capital y la industria chilenas. Que al ser roto,
cuando durante el gobierno del presidente boliviano Hilarión Daza, el congreso boliviano,
aprobó un impuesto de exportación al nitrato, que gravaba con una participación de 10
centavos por cada quintal de salitre que se exportara. (Porras, Raúl; Pág. 113: 1930)

Este incidente particular, se convertiría en un problema nacional para Chile, desatando el


conflicto entre estas dos repúblicas, en la que se vio envuelto el Perú, ya que nuestro país
había firmado un tratado de alianza defensiva con Bolivia en 1873, que ante la negativa de
neutralidad exigida por Chile en los inicios del conflicto y bajo la acusación de tener intereses
por las salitreras bolivianas, Chile nos declaró la guerra dos días después de hacerlo a Bolivia,
de esta manera, tres gobiernos que no pretendían dejar pasar una oportunidad, para salir
rápidamente de su aguda crisis fiscal, desencadenaron una guerra fratricida, donde fueron las
clases sociales bajas de vencedores y vencidos, las más afectadas y las menos beneficiadas en
el reparto del botín. Esta situación fue descrita así, por los historiadores Cueto y Contreras:

“…Desatado el conflicto, con la ocupación chilena del litoral boliviano, Perú


se puso del lado de Bolivia, fuera en cumplimiento del tratado de 1873,
según la historiografía peruana; o porque también ambicionaba el salitre
del territorio boliviano, a fin de reconstruir su ansiado monopolio de los
fertilizantes, según la chilena. He aquí tres gobiernos, contemplando el
salitre como miraría un hambriento un trozo de carne tierna…” (Cueto y
Contreras, Pág. 167: 2013)

Arequipa y la Leyenda Negra

Arequipa, tierra de tradiciones, discursos, barricadas y procesiones, alimentada por tu paisaje


al mismo tiempo hermoso y vigorizante para tus pobladores, formaste una personalidad
colectiva como pueblo, orgullosa y hasta arrogante de tu historia como baluarte de la libertad,
tierra de blasones, que piden ser renovados por estas y las futuras generaciones como reza tu
himno, y acertadamente etiquetada por uno de tus hijos predilectos, el doctor Guillermo
Galdós Rodríguez como “Una ciudad para la historia…”

La historia regional de Arequipa, ha dejado una marca indeleble dentro de la historia del Perú,
su población, forjadora de la una identidad cultural muy particular y un carácter regionalista de
la mano del Deán Valdivia a través de publicaciones como “El Yanacocha” o su “Historia de las
revoluciones de Arequipa” y los discursos del doctor Francisco Mostajo, está presente siempre
y de manera limpia y protagónica en los pasajes más destacados de nuestra historia nacional,
motivando la dedicada y encomiable labor de muchos de tus hijos, advenedizos, particulares y
detractores a escribir una historia, sobre “…La presencia de nuestra ciudad en la historia del
Perú” (Paz Soldán, Eusebio. Pág. 8: 1990). “…Arequipa es una pistola que apunta siempre al
corazón del Perú (Lima)…”, anotaba en su obra, Jorge Basadre, el más destacado de los
historiadores de la república, así como el caso de Luis E. Valcárcel, quien en la obra “Mirador
indio” la describía así:

“…Ella que a no dudarlo, procreó el mejor mestizaje del Perú, tenía que
ser lógicamente el centro de influencia clasista… Arequipa, es el foco
siempre activo de la política peruana. En el pasado lejano o reciente, de
Arequipa partieron las corrientes revolucionarias o en Arequipa
mordieron el polvo los más poderosos caudillos.
El romanticismo democrático de los arequipeños es una fuerza de
primer orden en la política peruana.
Porque ellos viven la realidad democrática y repugnan de toda lucha
clasista, los arequipeños están llamados a desempeñar principal papel
en el futuro…” (Valcárcel, Luís. Pág. 326: 2015).

Así mismo, además del reconocimiento y alabanza de muchos escritores a la hora de referirse
a Arequipa, existen también detractores, enemigos gratuitos de la ciudad, que con un facilismo
único, han estigmatizado y acusado a través de una “leyenda negra” a la ciudad de Arequipa,
especialmente en su participación en el proceso de la Guerra del Pacífico.
Negando la participación de la misma y con todo tipo de calificativos que van desde: la
cobardía, por no presentar batalla alguna al enemigo, abandonar posiciones “inexpugnables”
supuestamente, petitorios de evitar a toda costa la batalla; hasta la traición o felonía por
revelarse contra el ejército liderado por Lizardo Montero por “el Simple delito de querer
presentar batalla al enemigo”, (Como decía Nicomedes Santa Cruz: Permite que me sonría),
para luego rendirse al enemigo y recibirlo fraternalmente y sujetos a los mandatos de Iglesias.
Entre estos prejuiciosos escritores, a la hora de referirse a Arequipa tenemos a Rubén Vargas
Ugarte, de quien tomamos este pasaje:

“…En Arequipa… Más tarde, volvía sobre sus pasos y reconocía a D.


Francisco García Calderón, recibiendo a Montero en su calidad de
vicepresidente de la república. Con la presencia de este jefe se animó un
tanto el ambiente y sones marciales se escucharon como preparación
para la guerra. Sin embargo, el desenlace de toda esta parodia fue
fatal. A la aproximación de los chilenos, como vamos a verlo, el ejército
y, especialmente los guardias nacionales2, se negaron a resistir y hasta
amenazaron la vida de Montero.

Los vecinos, al menos una gran parte de ellos, hicieron causa común
con esos malos patriotas y así Montero como Canevaro tuvieron que
retirarse a Bolivia…” (Vargas Ugarte, Rubén: pág. 247: 1971)

Pero, es sin duda alguna el señor Vásquez Bazán, quien falto de toda moral y respeto, en un
texto denominado “La traición de Arequipa en la Guerra del salitre” escribía:

“…La que sigue es la relación censurada y trágica de la deserción de


Arequipa y su sumisión voluntaria al enemigo chileno, capitulación que
constituyó el oprobioso capítulo final de la Guerra del Salitre. Es una
historia silenciada exprofesamente por los principales historiadores y
por tanto es ignorada por la mayoría de arequipeños y peruanos.
Muchos de los primeros, orgullosos de su tierra, se niegan a conocer los
hechos o simplemente no los aceptan. Intentan ocultar la felonía
arequipeña recordando cuántos hijos del Misti pelearon y entregaron la
vida en las batallas que sí se libraron durante la Guerra del Salitre. En
su estrecha ceguera histórica no perciben que esos sacrificios personales
no guardan relación alguna con la rendición de Arequipa sin combatir
al enemigo chileno, formalizada a través del Acta de Paucarpata,
firmada el 29 de octubre de 1883. A pesar de esas actitudes, se hace
necesario conocer los sucesos del golpe de estado y rendición de
Arequipa en 1883 para percibir el rol antiperuano jugado por la clase
dominante de esa ciudad, para precaver futuros comportamientos
similares, y para educar a la población acerca del interés nacional del
Perú y la necesidad de defenderlo ante las pretensiones del enemigo
externo…” (Vásquez Bazán, César: 2014)

El curioso aspecto fálico-eyaculante del volcán Misti y


la sangre del fondo de la enseña brillaron por su
ausencia cuando sin dar batalla, de
manera vergonzosa, Arequipa se rindió al enemigo
chileno el 29 de octubre de 1883. (Vásquez Bazán,
César: 2014)
En la descripción de nuestro emblema, podemos observar claramente la particular subjetividad
de Vásquez Bazán, para redactar su ensayo sobre el tema planteado, que en este texto
contestaremos, basados en fuentes acreditadas.
Esta “Leyenda negra” que dio pie a que algunos escritores afinen sus plumas, para apuntar sobre
Arequipa, tiene su origen, en la Guerra civil de 1883, cuando Andrés Avelino Cáceres, el único
y verdadero líder, representante de la resistencia ante los chilenos, reconocida por el mismo
tristemente célebre, contralmirante Lizardo Montero, al dejarle el mando político militar,
cuando abandono la ciudad antes de la revuelta de Arequipa, al decidir retroceder (para variar),
hacia puno, con los ejércitos de línea que motivaron justamente la rebelión como lo veremos
claramente más adelante.
Fueron pues los partidarios del verdadero Felón Miguel Iglesias, quienes difundieron estas
versiones, sobre Arequipa, que para ese entonces apoyaba a Cáceres y que terminaría por
derrocarlos y extirparlos de la vida política del país. Difundidas estas por la revista limeña
“Oiga” acomodada y repetida por cuanto capitalino, no resiste el orgullo del poblador
arequipeño, se han ido diseminando siempre con mala intención, hasta que al conmemorarse el
centenario de la ocupación de chile a la ciudad de Arequipa (1883), salieron a la luz, obras que
le devolvieron la justa dignidad que este heroico pueblo se merecía, y que hoy nos permiten
decir orgullosos que somos “más arequipeños que nunca”.

Participación del Pueblo de Arequipa en la Guerra del Pacifico

1. La reacción de Arequipa ante la invasión de Chile a Bolivia

Antes de iniciado el conflicto bélico, los ánimos de los tres países estaban a favor de la Guerra,
las propagandas que se hacían mediante la prensa, para nuestro caso (el PERÚ), las noticias de
los ultrajes a nuestros símbolos patrios en Valparaíso, la justificación de entrar en combate
dadas las versiones sobre Chile, como estado usurpador de nuestras riquezas y atropello de los
principios internacionales, la idea de una nueva victoria, (ya que teníamos frescos los
recuerdos de nuestras victorias recientes sobre todo en la del 2 de mayo de 1866, cuando
derrotamos a España en el Callao), la oportunidad de negocio que traería la guerra, para los
grandes comerciantes y también para los militares al buscar asensos por su participación en los
combates, que les permitiría así mismo oportunidades políticas, hacía que nos olvidemos de lo
tan mal preparados que nos encontrábamos para un conflicto ante un estado que había venido
reparándose para la guerra décadas atrás. (Sucedió en el Perú: Antonio Zapata).

Arequipa, no fue ajena a esta situación, más aún cuando, cuando sus pobladores recordaban,
que durante la confederación Perú – Boliviana, en 1836, la expedición chilena BLANCO
ENCALADA, con sus tres mil trecientos soldados, fueron obligados a la rendición, cuando las
tropas del general Andrés de Santa Cruz, los envolvió y neutralizó, y luego de firmar el tratado
de Paucarpata, reconociendo la confederación, se retiraron a Chile, derrotados ante la vista del
Misti.

Arequipa estaba a favor de la confederación, políticamente era un anhelo de sus pobladores,


partidarios del descentralismo limeño, al conformarse el estado Sur Peruano, si bien es cierto,
la capital estaría en Sicuani (Cusco), eran los arequipeños, los llamados a liderar este nuevo
estado, que ya tenía como presidente a Pio Tristán, de casta mistiana, por eso ellos habían
apoyado activamente a las fuerzas de Santa Cruz y obtenido la victoria como tantas otras
veces.
Para 1879, ante la amenaza de Chile al invadir Bolivia, sus pobladores se hallaban resueltos a la
guerra, los ánimos se manifestaron a través de proclamas, discursos y todo tipo de
manifestaciones, de un variado grupo de ciudadanos que se reunía en el Salón General de la
Universidad, donde magistrados de la corte, honorables de la Municipalidad y del Consejo
Departamental, preceptores y comerciantes, artesanos y alumnos del Independencia y de la
Universidad; convocados por un hoja suelta, editada por la Bolsa y publicada por Juan
Guillermo Carpio Muñoz, que llamaba a la población, como lo hacía Dantón a los franceses,
cuando Francia necesitaba soldados para la defensa de su revolución, proclamaba:

“AL PUEBLO: Chile, ese pueblo que se ha preciado de ser


ilustrado e industrial, ese pueblo que ayer se presentaba a la
sombra de la paz como un foco de moralidad y progreso, hoy es
el escándalo de los pueblos cultos, y aun de las hordas más
bárbaras que se encuentran en las montañas de América. En un
momento ha cambiado el instrumento del obrero por el cañón
fratricida y consumado sin ningún miramiento social, la más
violenta usurpación del litoral boliviano, pretende todavía llevar
su atentado a las posesiones peruanas del Loa.
El gobierno y pueblo chileno, lleno de arrogancia y vanidad
con su invasión, en la que han dejado atrás a los araucanos, no
omiten miedo para envolvernos en una guerra, que más que
para los bolivianos, ha sido preparada en contra de nosotros. Su
prensa nos insulta y ridiculiza, el pueblo nos llena de invectivas y
lo más brutal de éste, ha hollado nuestro escudo nacional. Las
manifestaciones, todas de los chilenos, son pues un reto atroz y
humillante para la república.
Herida de muerte la dignidad y el honor nacional y
amenazada la integridad de nuestro territorio, parece criminal
nuestro silencio. Basta de moderación y prudencia. Que no se
diga que ellas son debilidad y cobardía.
Arequipa; la ciudad de las heroicas tradiciones; la primera en
defender las instituciones patrias, debe ser la primera en
defender la honra nacional.
De pie arequipeños, agrupaos en comicios para deplorar los
extravíos de una república hermana, allí censuraremos su
conducta, sin ultrajar su dignidad; lanzaremos un grito de
reprobación por sus odiosos hechos, sin traspasar la
consideración y respeto que aún nos merece Chile, sus
nacionales y todo lo que le pertenezca. Quien sabe, si a la voz de
Arequipa, y de los demás pueblos del Perú, que deberán
seguirle, despierte Chile de su ensimismamiento, reconozca sus
desmanes, los repare y con un brazo fraternal se encumbre más
alto de lo que ha querido. Así lo exige la confraternidad, la unión
y los intereses americanos.
Mistianos, reuníos pues en vuestra plaza de armas con tan noble
fin: la autoridad no se opone ni podía oponerse a que
manifestéis vuestro patriotismo. Los últimos restos de los
fundadores de nuestra independencia, vuestros hombres
públicos y la entusiasta juventud os hacen ese llamamiento a
nombre de la Patria. Luego se os designara el día. Arequipa 24
de marzo de 1879.” (La bolsa. 24. Mar. 1879. P.3)…” (CARPIO,
Juan: Pág. 9: 1981)

Reunidos el 30 de marzo de 1879, en la plaza de armas de Arequipa, la población convocada


días antes, luego de proclamar el acta de protesta y rechazo a las inmerecidas ofensas de sus
enemigos gratuitos, se escucharon los discursos, entre ellos el del Dr. Lorenzo Montoya, quien
se dirigió a la población que lo escuchaba de la siguiente manera:

“… ¿y quereis saber ahora qué ha hecho Chile con la violenta


usurpación del litoral boliviano? Ha roto y pisoteado las tablas de
aquella ley, y como el genio del mal, al extender la mano sobre la
propiedad de una república hermana, ha dado un pernicioso
ejemplo, a las naciones poderosas, despertando en ellas la ambición
y codicia que siempre han tenido por los bienes y riquezas que con
profusión nos han dotado la naturaleza. Por sólo esto, señores, la
cuestión chileno-boliviana, es una causa eminentemente
americana.

¡Viva la hermandad de los pueblos americanos!

…¡¡¡Viva!!!
… Mas no es posible, que en este instante de animación, califique
cada uno de los ultrajes que se han inferido a la honra nacional;
porque ya siento que se conmueven todas las fibras de mi ser y el
sentimiento patrio quiere cortar la voz de mi garganta; pero no! El
sagrado fuego del patriotismo que a todos enardece el corazón, me
arrancará todavía con vosotros un grito de reprobación para decir,
con toda la emoción del amor patrio herido:
¡CHILE, ATRÁS! ¡!!CHILE…
- ¡¡¡ATRÁS!!! – rujió la multitud… (CARPIO, Juan: Pág. 9: 1981)

Arequipa ante el bloqueo y la invasión del puerto de Mollendo


Declarada la guerra, en sus primeras etapas, se produjo el bloqueo al puerto de Mollendo, el
jueves 17 de abril de 1879, el acorazado Lord Cochrane, dirigida por el comandante Enrique M.
Simpson y la fragata Magallanes, se presentaron en Mollendo, capturando a las naves
mercantes “Clyde Vale” de bandera inglesa y la “Juana Luisa” de nacionalidad francesa, que se
encontraban descargando carbón y perfumes en el puerto.

Los pobladores de Mollendo con sus escasos defensores al mando de Carlos Llosa,
respondieron con fuegos de fusil, y se posesionaron estratégicamente ante un posible
desembarco enemigo, lo que fue respondido con el hundimiento de algunas lanchas que se
encontraban en la bahía, como podemos verificar en los siguientes telegramas.
Misiva del comandante del acorazado Lord Cochrane al prefecto de Arequipa
17 de abril de 1879

Señor prefecto del departamento de Arequipa. Comandancia del `Almirante Cochrane’. Participo a Ud. Que de orden superior y
en vista del estado de guerra en que se encuentran las repúblicas de Chile y Perú, he venido aquí con el fin de impedir el
embarque de tropas y con ese motivo y llevado del espíritu de humanidad que distingue a las naciones civilizadas traté de llevar
a cabo la destrucción de los medios de embarque que existe en el puerto, sin dañar a persona alguna.
Estando ejecutando esta operación el vecindario hizo fuego sobre los botes y el buque obligándose a retornar el fuego desde a
bordo para proteger así a los tripulantes de las embarcaciones.
No debe ocultársele a Ud. Que una vez roto el fuego, pude haber reducido el pueblo a cenizas, junto con los habitantes
indefensos.
En vista pues de lo sucedido, prevengo a Ud. Que la renovación de un acto semejante, me obligará a llevarlo a cabo; lo que
pongo en conocimiento de Ud. Para que con tiempo tome las medidas necesarias, para evitar a los individuos indefensos los
males de la guerra.
Por lo demás debo comunicar a Us. que desde esta fecha queda bloqueado el puerto, debiendo hacerse a la mar, todos los
buques existentes en la bahía, antes del mediodía del 19 del actual.
Dios guarde a Us.
Enrique M. Simpson
Capitán de Navío graduado.”

Arequipa: Resistencia y ocupación.

Cuando la ciudad capital de Lima, fue ocupada por los chilenos y los ejércitos de Cáceres
fueron vencidos pero no derrotados en Huamachuco y el presidente de la Magdalena,
Francisco García Calderón, fue desterrado a Chile, para dejarla al colaborador Iglesias al Mando
del gobierno en Lima, La resistencia del Perú se trasladó hacia Arequipa, que por el peso de su
historia a través del prestigio ganado en innumerables ocasiones donde la acción heroica de
sus pobladores hicieron retroceder y morder el polvo a sus enemigos, le avían de poner en
esta difícil pero aceptada situación, por los pobladores que respondieron de manera entusiasta
la instalación de un gobierno de resistencia en apoyo a su conciudadano Francisco García
Calderón, al recibir a Lizardo Montero como Vicepresidente de la república y representante del
Perú durante el exilio de García Calderón.

Esta situación queda clara cuando se encuentra una publicación a manera de hoja suelta, en el
Cusco en la imprenta de Manuel F. Minotauro, bajo el título de noticias de Arequipa y las
frases escritas por el delegado de Lima ante el congreso de Arequipa de 1883, que dicen.

“En honor a al pueblo de Arequipa, debemos decir: que su actitud fue


esencialmente patriótica, cuando se discutió en el congreso la cuestión
internacional: que era opuesto a la paz con cesión de territorio; que
prefería la continuación de la guerra a suscribir la desmembración del
territorio; y que si al frente de ese pueblo se hubiera encontrado un
Bolognesi, un Grau o un Alfonso Ugarte, el ejército chileno no habría
osado siquiera profanar la histórica ciudad del Misti” (Bouroncle,
Alfonso: Pág. 221, 1985)

Lizardo Montero, no pretendía dar una resistencia al invasor chileno, por lo menos no él solo,
más bien estaba interesado más en su papel político con el cargo de presidente encargado y
veía en Cáceres, al líder militar a quien debía apoyar, así pues no supo aprovechar el apoyo
recibido en un primer momento de la ciudad de Arequipa, no contó con un informe real de las
posibilidades de resistencia en la zona de Huasacache y Jamata y prefirió conformarse con la
posibilidad de dilatar su gobierno en una posible alianza con Cáceres a quien estaba dispuesto
a entregar su ejército.

Fue Montero, que por no prevenir con fortificaciones la ciudad, confiando demasiado en los
informes erróneos de Canevaro y Godines, de lo inexpugnable de las defensas pobres de
Huasacache y Jamata, que al ser flanqueadas por los chilenos provocando la retirada, tomo la
decisión de abandonar la ciudad con el enemigo al frente, mandando a desarmar a los
Guardias Nacional y provocando un rechazo del pueblo que se sintió traicionado.

Luego de enviar refuerzos a Cáceres, trasladarse a Puno, para luego huir hacia Argentina, en
una entrevista a u medio de ese país, hace sus descargos y no vacila en desviar su
responsabilidad contra el pueblo de Arequipa, que sin embargo él mismo admite que estuvo
dispuesto a la batalla aun en el peor momento y circunstancia para la misma.

El sr. Juan Guillermo Carpio Muñoz hace los descargos de las acusaciones contra la actuación
histórica del pueblo de Arequipa durante la ocupación chilena y que no serán aceptadas por
los que no quieren ver la realidad y prefieren la división ante una situación común, ya que no
son los chilenos los que acusan de cobardía al pueblo arequipeño, sino algunos compatriotas.
Bibliografía

ARMENDARIS, Gloria Y BEDREGAL, Jorge: “Quequeña” Ed. Publicont. Arequipa. 2012.

BOURONCLE CARREÓN, Alfonso: “La tragedia del 79” Ed. Rocarme S.A. Lima 1985.

MARÍA MUNIZ, Carlos: “Arequipa y el gobierno de Montero” Ed. Comité de Yarabamba.


Arequipa 1983.

QUIROZ PAZ SOLDAN, Eusebio: “Arequipa: Pasado y presente” Ed. Acosta. Arequipa 1990.

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